ESE NOMBRAR LAS COSAS DE ELISEO DIEGO. MAGDA RESIK AGUIRRE

MAGDA RESIK AGUIRRE

Hombre gentil, con un rostro que emanaba ternura y agudeza de pensamiento, fue sin dudas el gran poeta Eliseo Diego o Eliseo Julio de Jesús de Diego Fernández-Cuervo. Recuerdo la primera impresión de su persona ―de esas que duran para siempre― cuando se inclinó ante la poetisa Dulce María Loynaz, en su casa de El Vedado, para besarle la mano en hermosa reverencia.

En mi juventud temprana, no comprendía del todo la significación de esa escena de la cual tuve el privilegio de ser testigo en julio de 1993: el primer encuentro entre dos grandes de la literatura cubana y universal porque, aunque puede parecer insólito, a esas alturas de la vida adulta se habían leído mutuamente, pero nunca se habían encontrado.

En lo que sí me acompañó la osadía fue en solicitarle de inmediato una entrevista al autor de En las oscuras manos del olvidoDivertimentos y En la calzada de Jesús del Monte, entre otras producciones poéticas inolvidables. Justo cuando se hizo pública la noticia de que, entre 195 escritores de todo el mundo, un cubano recibía el premio Juan Rulfo, tercero en importancia después del Nobel y el Cervantes, el galardonado Eliseo encontró tiempo para la entonces reportera de Juventud Rebelde.

Su despacho, repleto de objetos maravillosos y libros por doquier, fue el escenario elegido por el también magnífico ensayista. Inició en la profunda comodidad de ese espacio el anecdotario que, a modo de libro, prometió tributar en varias entregas a la entrevistadora. No he conocido a alguien que supere a Eliseo Diego en esa exactitud matemática para emplear el vocabulario. Al transcribir sus declaraciones comprendí que no había necesidad de editar frase ni giro alguno, pues la poesía impuso una síntesis perfecta a su oralidad.

Eliseo Diego, de quien celebramos este año su centenario, era como un habitante del Tiempo. El universo todo fue su espacio para la inspiración, y los grandes escritores de otros siglos podían ser en el XX sus buenos amigos. Las palabras eran su medio natural, vueltas verso íntimo y lirismo infinito, hechas prosa que fluía en sustancioso anecdotario.

 “Recuerdo la primera impresión de su persona ―de esas que duran para siempre― cuando se inclinó ante la poetisa Dulce María Loynaz, en su casa de El Vedado, para besarle la mano en hermosa reverencia”. Imagen: Cortesía de la autora

Las mujeres fueron siempre muchachas para Eliseo, persona de cumplidos naturalísimos. Era de la estirpe de quienes no esconden la bondad a pesar de los más de sesenta años que tenía para la fecha. Sus libros resultaban para él tesoros de tanto valor como las fotografías familiares que acomodaba en cualquier rincón del cuarto donde escribía: un recinto en el que ocupaban lugar los sillones, sillas y armarios que salieron de la mueblería de su padre, y toda clase de figurillas, cuadros, papeles y pipas que se mantenían erguidas en jarras de barro.

No tuvo mucha suerte para los premios y nunca escribió pensando en ellos. Se negó a ingresar en la Real Academia Española, aun cuando mucho le insistió Dulce María, quien se desempeñó como presidenta de esa institución universal en Cuba. Solía justificarse Eliseo con la frase de otro inmenso poeta que también fue su amigo, sin haberlo conocido: “de las Academias líbreme Dios”, una expresión bastante usada por el nicaragüense Rubén Darío.

El que a continuación de seguro disfrutarán fue un diálogo trunco, un anecdotario que él pensó siempre estaría inconcluso, aun cuando habíamos planificado plasmarlo en un libro extenso. El intercambio comenzó una tarde de noviembre… o mejor, inició cuando en la universidad los poemas de Eliseo llenaron vacíos insospechados y que, gracias a Dios, como solía decir el amigo poeta, continuará por los siglos de los siglos mientras exista para los hombres esa necesidad de nombrar las cosas.

ANÉCDOTA PRIMERA: DE CÓMO EL POETA ENTIENDE A LA POESÍA

¿Qué no haría Eliseo Diego con la poesía?

No tengo certeza ninguna sobre esos temas, por eso he escrito un libro que se llama El libro del quizás y de quién sabe. Lo que uno no debe hacer es proponerse hacer una poesía de amor, sino esperar a estar enamorado y tener la necesidad de expresarlo. Se necesita la paciencia y la astucia del cazador. Paciencia para esperar a que se presente la presa y astucia para atraparla. Porque la poesía se presenta siempre donde menos se la espera, desde adentro, como una criatura.

El poeta trabaja con palabras. No hay nada más huidizo y fugitivo que la palabra humana. Son palabras que tienen sentido. Las mismas que usamos para hablar y conversar. Las mismas que usamos para insultarnos.

Ellas son un poquito como las mujeres, que no se sabe cómo van a reaccionar en un momento determinado. A veces crees que están diciendo una cosa y ellas están enseñando otro costado, expresando lo que tú no quieres decir. Entonces se ríen de ti.

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HUBO RACISMO, RECONOCE FINALMENTE DISNEY. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Lo estuvieron negando durante muchos años, pero los negocios, y el peso de la realidad, terminaron por inclinar la balanza: hubo estereotipos racistas y otras ofensas, reconoce finalmente Disney en su gigantesca plataforma de streaming donde, a tono con los nuevos tiempos de exhibición, presenta su amplia variedad de títulos.

Críticos y estudiosos lo señalaron desde siempre, pero los defensores de la casa productora alegaban que tales denuncias eran infundadas, al igual que los reproches de racista y misógino endilgados, en lo personal, al fundador de la empresa, Walt Disney.

Generaciones enteras habían crecido disfrutando esos clásicos del dibujo animado, y no todos estaban dispuestos a revisar un pasado infantil marcado por el entusiasmo, ni pedirle cuenta al bonachón Walter Elias Disney por dejar pasar, o incluir él mismo, escenas de contenidos ofensivos a la condición humana.

Pero los tiempos cambian, y los nietos y bisnietos de aquellos que no se percataron, o a los que no les importó el gato por liebre, comenzaron a darse cuenta de que, no obstante el empaque creativo de esos filmes, Disney no escapaba de la impronta racista, machista y xenófoba que, desde su nacimiento, había marcado a Hollywood.

El propio Walt Disney trató, muy temprano, de eludir responsabilidades declarando: «Hago películas para entretener y después la Academia de Hollywood me dice lo que significan». Pero ya desde los años 30 del pasado siglo, no faltaron especialistas en afirmar que en aquellas bellas historias para niños «había algo oscuro».

Las críticas abarcaban las tergiversaciones culturales de la industria Disney, como sucedió con la leyenda china Mulan (1998), y hace solo cuatro años con Moana, cinta en la que Maui, figura mitológica venerada en la Polinesia, era convertida en un chistoso gordito en taparrabos.

La lucha contra posiciones racistas que se libra en el mundo parece haber sido determinante para que la casa Disney se llamara a contar. En noviembre del pasado año, los filmes exhibidos en su plataforma empezaron a llevar la siguiente advertencia: «Este programa se presenta como se creó originalmente, puede contener representaciones culturales obsoletas».

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EL VERDADERO DILEMA DE LAS REDES SOCIALES. JOSÉ ERNESTO NOVÁEZ

JOSÉ ERNESTO NOVÁEZ

El documental The social dilemma (2020), dirigido por Jeff Orlowski, ha reavivado un debate cada vez más necesario sobre las redes sociales, su relevancia en las sociedades actuales y las implicaciones profundas que tienen.

Construido sobre el testimonio de numerosos exejecutivos de muchas de estas grandes compañías de comunicación, sicólogos y otros especialistas, el material audiovisual pretende diseccionar, desde una perspectiva fundamentalmente ética, el problema.

La gran verdad que nos reafirman todos los entrevistados, y que es uno de los problemas que desde hace años se viene denunciando, es que las redes sociales son, esencialmente, espacios para la manipulación. El objetivo fundamental de todas y cada una de sus numerosas prestaciones es lograr que pasemos cada vez más tiempo frente a las pantallas de nuestros dispositivos.

El lucrativo negocio detrás de estas empresas reside en vender nuestro tiempo y atención a terceros. Pero también, y esto a pesar de que algunos lo niegan, en vender las  gigantescas cantidades de metadatos que almacenan a gobiernos y compañías privadas que los usan con fines diversos.

La obra también pone el foco de atención en cómo están incidiendo estas redes en la mentalidad, autopercepción y percepción de la realidad de niños y adolescentes. Cómo, desde principios de la segunda década del siglo XXI, ha crecido exponencialmente la cantidad de adolescentes que atentan contra su vida como resultado de la interacción en redes sociales. Aunque los datos son solo de Estados Unidos, es fácil extrapolar a otras partes del mundo para comprender la magnitud de un problema que ya es global.

The social dilema se enfoca en cómo están incidiendo las redes sociales en la mentalidad, autopercepción y percepción de la realidad de niños y adolescentes.

Sin embargo, la principal limitación del documental reside en el hecho de quedarse solo en algunas de las implicaciones éticas de esta cuestión y no ir a las esencias del fenómeno. Las soluciones que propone, más bien escasas, competen, en primer lugar, al individuo: desconectar las notificaciones, regular el tiempo que tú y tus hijos pasan en internet, regular el uso que tus hijos hacen de esta herramienta, etc. Y, en segundo lugar, son un problema de derecho: aprobar más leyes que regulen la industria, gravar más significativamente los ingresos de estas compañías, etc.

Estas soluciones no pasan de ser paliativos y dejan sin tocar las cuestiones fundamentales. El documental no cuestiona el carácter monopólico que han adquirido las comunicaciones en la internet. Una abrumadora mayoría de los usuarios llega a la red de redes a través de alguno de los servicios del pequeño grupo de empresas conocido como GAFAM (Google, Apple, Facebook y Amazon). No es de extrañar entonces que en medio de la desoladora pandemia que golpea la economía mundial, altos ejecutivos como Jeff Bezos y Mark Zuckerberg hayan incrementado considerablemente sus patrimonios corporativos y personales.

Todas estas empresas son norteamericanas y todas, aunque lo nieguen, tienen agendas políticas. La primera y más evidente es la de legitimación del sistema capitalista y control o invisibilización de todas las voces y agendas contrapuestas. Los métodos para lograr esto son variados y van desde el cierre de cuentas hasta el uso de los algoritmos para aislar a usuarios conflictivos en pequeñas burbujas con otros usuarios que piensen como ellos, lo cual de hecho neutraliza la efectividad que pudiera tener un mensaje contrasistémico.

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CARTA DE LA VERDAD. DISPUTAS SEMIÓTICAS EN LOS TERRITORIOS DE LA REALIDAD. FERNANDO BUEN ABAD

FERNANDO BUEN ABAD

“¿No es el primer deber del que busca la verdad dirigirse directamente a la verdad sin mirar a diestra o siniestra?” K. Mar

Conquistar la verdad es un trabajo… es una lucha. La verdad no es una moneda que pueda darse y recibirse, sin más, en el mercado de la información. No nos cuenten que la verdad es “incognoscible”, o subjetiva, porque el estado actual del conocimiento esté limitado, mientras fabrican escondites, o mentiras retorcidas, para dificultar el camino del saber. La verdad se alcanza, y se defiende, con el esfuerzo militante del pensamiento y la acción organizados. Se alcanza en la dialéctica tensional entre el error y la certeza. En el debate capital-trabajo. Al margen de reduccionismos. El problema de la verdad (tanto como la mentira) es un problema humanista de nuestro tiempo. Sólo se resuelve en la praxis.

Para nosotros es fundamental una concepción totalizante, e indisoluble, de la especie humana y el universo, en función, objetiva y subjetiva, transformadora del mundo. Para nosotros es fundamental un método crítico de toda información (sentido amplio) que produce la sociedad en que vivimos; por tanto, en función de esa crítica, como resultado de ella, necesitamos un plan de acción superadora, con un programa de transformación revolucionaria, para la creación de un tipo nuevo de relaciones entre los seres humanos hacia un nuevo orden mundial de la información y la comunicación. Con un punto de no retorno lógica y políticamente. La verdad al alcance de todos. La mejor contribución al proceso revolucionario es la crítica inspirada por la lealtad, la crítica científica que empodera a la razón de la lucha para profundizarla. La crítica sin complacencia, sin torpeza. La que alimenta a la revolución y esmerila al capitalismo. La verdad sea dicha.

Empeñarse en la búsqueda de la verdad, sobre una base semiótica concreta y científica es, en más de un sentido, un cambio histórico que revoluciona a la historia misma. Transforma a la búsqueda, y sus métodos, en un instrumento magnífico. No esperemos “bienvenidas” por parte de los poderes hegemónicos expresados en sus trincheras políticas, económicas ni académicas. La bienvenida deben darla, si se ofrecen resultados potentes, las bases en pie de lucha. Quienes asumen el deber de estudiar y defender el problema de la verdad, trabada en las luchas de clase que se verifican en sus entrañas, deben desarrollar métodos, hipótesis y teorías correctas capaces de ascender a la praxis correcta que no es otra más que la praxis emancipadora dirigida desde las bases.

Las premisas de una semiótica científica están íntimamente vinculadas al desarrollo histórico, a las condiciones objetivas de la economía y de la vida material determinadas por leyes objetivas y cargadas, a su vez, de significación histórica, aunque sea imperfectamente, explicado en su praxis misma. La base del carácter científico de la semiótica que debemos desarrollar exige, desde su definición, capacidades predictivas (y preventivas) sobre el destino marcado por el modo de producción de sentido que interesa a las clases dominantes y sus componentes esenciales. ¿Cómo están pensando y proyectando la “manipulación simbólica”?

Falsificar la realidad es una actividad sistémica del capitalismo, una religión en la que las falacias son esencia y necesidad vital para poner, fuera de la vista de la clase trabajadora, los modos y los medios de hurto contra el producto del trabajo. No sólo invisibilizan la plusvalía, además nos embriagan con ilusiones o espejismos que hacen de las víctimas cómplices solidarios de sus verdugos. La producción de embrutecimientos, borracheras y anestesias simbólicas tiende a expandirse y a producir mutaciones aberrantes, afamadas porque son muy rentables. A cualquier costo. No nos cansaremos de repetirlo.

Es una necesidad imperativa prever a dónde quiere llevarnos la maquinaria fabricante de falacias. Identificar sus horizontes, sus métodos, sus recursos y sus consecuencias. Es crucial la tarea de producir anticuerpos y desplegar de inmediato fuerzas para la defensa y para la vanguardia en el estudio de la realidad y la búsqueda de la verdad. Sin los relativismos tóxicos de las filosofías con sordina, sin las baratijas ideológicas de los individualismos ni las metafísicas del cangrejo. Ya está en el horno “el nuevo orden”, la “nueva normalidad”, el “happytalism” (capitalismo feliz y progre). Matrices teóricas y “categorías nuevas” de donde se desprenderán cifras y paisajes para anestesiarnos a golpes de silogismos espurios y “entretenimiento familiar”.       

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EL CHE EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA REVOLUCIÓN CUBANA. LEYDE E. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

LEYDE E. RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Son múltiples las dimensiones que trascienden de la personalidad y el ejemplo de Ernesto Guevara de la Serna (Che). Una de ellas lo constituye, sin duda, su activa participación en la formación y ejecución  de la política exterior de la Revolución cubana.

El profundo pensamiento político del Che dejó su huella imperecedera en el accionar cubano en el escenario internacional. En representación de la Revolución triunfante, desplegó un largo periplo, entre los meses de junio y septiembre de 1959, por un grupo de países afroasiáticos: Egipto, Japón, Indonesia, Ceilán[1], Pakistán, Marruecos, que incluyó también, en los Balcanes de Europa, a Yugoslavia. Luego, a fines del año 1960, presidió una delegación comercial cubana a los antiguos países socialistas de Europa del Este, la entonces Unión Soviética y, en Asia, la República Popular China y la República Popular Democrática de Corea.

De extraordinario valor histórico, para entender el alcance de la política exterior de Cuba, son los discursos pronunciados en los foros de carácter regional y mundial en los que participó. Por su trascendente actualidad, deben recordarse sus pronunciamientos en agosto de 1961 en Punta del Este, Uruguay, con motivo de la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados  Americanos (OEA). En aquella alocución denunció los nuevos métodos de dominación política y económica del imperialismo estadounidense para obstaculizar cualquier intento de unidad de los países de América Latina y el Caribe.

Desde fecha tan temprana, el Che abogaba por la necesidad de la unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños, una idea esbozada por Simón Bolívar y José Martí en el siglo XIX, para resistir, con dignidad y fortaleza, las crecientes ambiciones hegemónicas de la potencia norteña al sur del rio Bravo. Las palabras del Che estuvieron dirigidas a contrarrestar y denunciar una “novedosa política”, que en el siglo XXI  llamaríamos inteligente, diseñada para conquistar la “mente y los corazones” de los latinoamericanos y caribeños. A esta estrategia el gobierno de los Estados Unidos de la época, presidido por el demócrata John F. Kennedy,  denominó: “Alianza para el Progreso”, con el objetivo de conceder un total de 20 000 millones de dólares en diez años a los países de la región. Esto podríamos catalogarlo de un pago por adelantado a los gobiernos de América Latina y el Caribe, para lograr de ellos su complicidad en los intentos por aislar y hostigar en todos los ámbitos a la naciente Revolución cubana.

Lo inminente de esos planes hizo que el Che denunciara, en forma enérgica, los preconcebidos fines de la Conferencia, cuando dijo que se “quería separar a Cuba de América Latina, esterilizar su ejemplo y domesticar a los pueblos del continente”. En su magistral discurso también subrayó que la “Revolución cubana reafirmó la soberanía nacional del país, lo que permite denunciar para todos los pueblos de América, y para todos los pueblos del mundo, la reivindicación de los territorios injustamente ocupados por otras potencias”. A su regreso a la isla rebelde del Caribe comunicó al pueblo cubano sobre su denuncia al imperialismo en Punta del Este, donde por primera vez, en una conferencia latinoamericana, una voz discrepaba: Cuba.

Entre los años 1964 y 1965, el Che tuvo una intensa actividad en el plano internacional. El 11 de diciembre de 1964, en la XIX Asamblea General de la ONU celebrada en Ginebra, en nombre del gobierno cubano, acusó contundentemente las agresiones de los Estados Unidos contra Cuba, y dejó con toda nitidez los fundamentos latinoamericanistas de la Revolución que representó con cabal identificación. Para el Che, “no había enemigo  pequeño ni fuerza desdeñable, y como estableció la Segunda Declaración de La Habana: “Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres del mundo”.

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“REVOLUCIONES DE COLORES”, ¿LAS INVENTÓ LA KGB? JORGE WEJEBE COBO

JORGE WEJEBE COBO

WEJEBE

Bezmenov, periodista soviético de 36 años y colaborador de la KGB estaba designado en la India de donde desertó en 1970 para dedicarse el resto de su vida a revelar un supuesto plan del Kremlin para desestabilizar a los Estados Unidos desde dentro en una versión anticipada, pero al revés de las “Revoluciones de Colores” que se desarrollarían medio siglo después contra gobiernos incómodos para Washington y sus aliados.

El desertor se graduó en el Instituto de Lenguas orientales de Moscú y fue reclutado por la KGB y enviado como agente de propaganda en la embajada soviética en Nueva Delhi, en 1968-69 para atender a políticos, periodistas, escritores, artistas y hombres de negocios locales a quienes atiborraba de vodka en comidas y recepciones para convencerlos de las bondades del sistema soviético.

Según relató Bezmenov, preparó con antelación su fuga para Occidente que realizó en la noche del 8 de febrero de 1970 cuando cambió su traje de cuello y corbata, vistió un gastado vaquero, se puso collares de hueso, peluca y bigote y se diluyó entre la comunidad de hippies estadounidense quienes varados en Nueva Delhi disfrutaban de la cultura hindú, su música, el yoga, y la marihuana, mientras evadían el reclutamiento para ir a la guerra de Vietn Nam.

Lo que no pudo ni imaginar Bezmenov, fallecido  el 5 de enero de 1993 a los 54 años, que su teoría  que debía ser considerada una pintoresca reliquia de la Guerra Fría nunca  demostrada, será promovida como argumento de la nueva  saga de juego de guerra Call of Duty: Black Ops Cold War  presentado en agosto último.

Así volverán a sus andadas en el espacio virtual los agentes rusos presentados como continuadores de la KGB. que manipulan las elecciones presidenciales, chantajean al presidente estadounidense y socavan la seguridad nacional del país, como antes lo hizo el “imperio del mal”, como se refería Ronald Reagan a la URSS.

Moscú y su “república bananera”

Una conferencia del ex KGB acompañará el juego bajo el precepto de “desconocer la historia es correr el peligro de volver a vivirla” que deberá inspirar a millones de usuarios, la inmensa mayoría jóvenes, para  que “dispararen ” contra de los invasores en defensa de EEUU.

Bezmenov repitió en libros, conferencias y entrevistas los principales argumentos sobre los pretendidos planes de “invasión silenciosa” de la URSS a los Estados Unidos de agentes de influencia dirigidos un gigantesco aparato de “subversión ideológica” y de “medidas activas” que consumía más del 70 por ciento de los recursos del espionaje soviético.

En su teoría precisó que esas acciones se desarrollarían en cuatro etapas para alcanzar la desmoralización del país en 15-20 años por medio del cual se adiestrarían a estudiantes, intelectuales, políticos, dirigentes sindicales y políticos para convertirlos en activistas de la ideología marxistas para enfrentarlos al gobierno junto a organizaciones y movimientos públicos secretamente apoyados por los soviéticos.

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BOLIVIA: OEA PREPARA FRAUDE ELECTORAL. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

Estados Unidos y la oligarquía boliviana temen mucho al regreso del Movimiento al Socialismo(MAS) al gobierno en las elecciones del 18 de octubre, dentro de diez días. Después del enorme esfuerzo que hicieron para derrocarlo el año pasado, cabe esperar que realicen desesperados intentos para evitar su victoria electoral. Sobran señales de ello. Recientemente, la autoproclamada Jeanine Áñez afirmó categóricamente que el “populismo autoritario”, como llaman a los líderes con arraigo popular como Evo Morales, no regresaría a Bolivia. Es cierto que su dictadura se resquebraja y es objeto del mayor repudio popular, pero el dicho sugiere planes golpistas de la oligarquía.

El fraude contra el MAS es una de las grandes amenazas para la elección boliviana del 18 de octubre, con el objetivo de impedirle su casi segura victoria en primera vuelta. Otra amenaza es que en los días que quedan se emprendan acciones judiciales contra el abanderado a la presidencia por el MAS, Luis Arce, exitoso ministro de economía del gobierno de Evo Morales. Arce lleva de candidato a la vicepresidencia al líder indígena David Choquehuanca, ex canciller de esa administración.  Ambos aparecen ganando la elección en primera vuelta en varias encuestas con más de 40 puntos. De concretarse, impediría la única posibilidad que parece tener la derecha de ganar la elección:  la unión de todas las fuerzas de ese signo en una eventual segunda ronda contra el MAS. En Bolivia, la fórmula que logre una votación de 40 puntos porcentuales, o supere por 10 puntos a la que le sigue, se adjudica el triunfo en el primer turno.

Precisamente, el cerco y hostigamiento que mantienen hace semanas organizaciones juveniles fascistoides contra la sede de la Fiscalía General(FG),  en Sucre, capital administrativa del país, busca, según sus participantes, “sacar” del cargo al jefe de ese órgano, Juan Lanchipa. Para los vándalos, Lanchipa sería el obstáculo para poder proceder penalmente contra líderes del MAS, en otro capítulo de la judicialización de la política, utilizado por la derecha regional para impedir la victoria de candidatos de izquierda, acotar su actividad o deponerlos. Las autodenominadas Resistencia Juvenil Cochala y Resistencia Chuquisaqueña, organizaciones surgidas con las protestas derechistas contra Evo Morales, antes y después de las elecciones de octubre del año pasado, son las que realizan la actividad intimidatoria contra la FG, que el 6 de octubre se recrudeció con pintas insultantes en el edificio del ente, ataques al mobiliario urbano y lanzamiento de petardos, realizados con la “permisividad” de la policía, como acusó la Defensoría del Pueblo. Estas organizaciones están dirigidas por los Comités Cívicos, grupos separatistas de extrema derecha y principales protagonistas del intento frustrado de golpe de Estado contra Evo en 2008.  

La semana pasada realizó una inesperada visita a Washington el ministro de gobierno, Arturo Murillo, hombre fuerte de la dictadura. Allí estuvo reunido con Luis Almagro, secretario general de la OEA, quien posteriormente expresó su preocupación por la amenaza de fraude(a favor del MAS) de que le habló Murillo. ¿Por qué estas dos peritas en dulce comienzan a hablar ahora de fraude cuando son ellas dos quienes tienen el control del Tribunal Superior Electoral y de la Misión de Observación Electoral de la OEA? Con razón Arce, el candidato masista comentó: Ojalá no estén recibiendo instrucciones de que no se lleven adelante las elecciones o finalmente, como ocurrió en Honduras, hacer fraude electoral.

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EL MITO DE PROMETEO A TRAVÉS DE LENNON. GUILLE VILAR

GUILLE VILAR

GUILLE VILAR

El 9 de octubre John Lennon cumpliría 80 años de edad, razón por la cual nos acercaremos a este popular músico británico que extendiera sus inquietudes como individuo hasta el compromiso con causas justas de estos tiempos. Por lo tanto, no haremos referencia a su obra con Los Beatles y mucho menos polemizaremos en torno a si Lennon era superior o no como músico en relación con Paul McCartney, cuando en realidad ambos funcionaron como los respectivos polos creativos del ying y del yang en el grupo, dinámica indivisible que los complementaba entre sí.

El propio Paul ha declarado recientemente que Los Beatles fueron como un cuadrado, en donde cada uno de ellos representaba a uno de sus lados, por lo que todos tenían la misma importancia como componentes del conjunto. Por otra parte, la presencia de Yoko Ono tuvo una incidencia significativa en la vida de Lennon durante su etapa posbeatle, por lo que resulta imprescindible desenmascarar la leyenda de Yoko como la mujer que separó a Los Beatles.

En realidad, hacia el final de la carrera del cuarteto, ya se habían acumulado suficientes tensiones entre sus integrantes como para querer disolver por ellos mismos semejante entidad, sin tener necesariamente que culparla a ella, difamación que en buena medida ha estado sustentada no solo por criterios racistas, debido a su nacionalidad japonesa, sino también por ser siete años mayor que Lennon y por supuesto, por no responder a los patrones de belleza imperantes en la cultura occidental.

No obstante, John reunía la suficiente integridad como ser humano, para superar todo tipo de obstáculos y convenciones que atentaran contra la estabilidad del amor que cada uno de ellos sentía por el otro, al asumir la plena igualdad de condiciones en una pareja, relaciones que todavía hoy día constituyen un ideal para muchos. Pues, es precisamente esta mujer la que induce en John actitudes en contra de la guerra de Vietnam, como fue la célebre Semana por la Paz, sin salir de la cama de un hotel de Montreal en 1969, momento donde Lennon compone la pieza Give Peace a Chance.

Valga recordar el impacto alcanzado por dicho tema al ser interpretado por el afamado cantautor Pete Seeger ante medio millón de manifestantes por la paz en Washington. Estos son los años en que la pareja de John y Yoko, radicada en Nueva York, hacen públicas otras canciones de carácter progresista como Imagine y Power to the People; participan en marchas en contra de la guerra, además de apoyar explícitamente a movimientos en favor de los derechos civiles de los negros estadounidenses como The Black Phanters, en específico a la activista Angela Davis, quien es homenajeada en el disco Sometime in New York City con la canción Angela.

 Para el entonces presidente de turno, el republicano Richard Nixon, el accionar político de Lennon, se le llegó a convertir en una obsesión al ver en peligro sus pretensiones de salir relecto en el cargo y trata de deshacerse de él por todos los medios, incluso mediante el acoso del fbi para impugnarlo de cualquier delito y así poder deportar a la pareja de Estados Unidos.

Si comparáramos la explosiva convulsión de la sociedad estadounidense de aquellos años 70 con la de nuestros días, veríamos que no hay mucha diferencia entre ambas, pues hasta encontramos matices de mayor agresividad por parte de la derecha reaccionaria que hoy ostenta el poder en las altas esferas de ese país. Tal situación nos conduce a un ejercicio de reflexión, donde trasladaremos imaginariamente a John y Yoko como recién acabados de llegar a Estados Unidos, con la voluntad de quedarse a vivir en Nueva York y motivados por aquel tipo de compromiso social que los caracterizara hace más de cuatro décadas. Seguro estoy de que podemos coincidir en cuál habría sido la incisiva denuncia por parte de un activista como Lennon, ante la indiferencia de un gobierno que hace crecer dramáticamente las cifras de fallecidos por el mal manejo de la pandemia de la COVID-19. Del mismo modo, estaremos de acuerdo con cuál habría sido la posición de John y Yoko ante el movimiento Black Lives Matter como un justo reclamo al cese de la violencia policial en contra de la población negra estadounidense.

Ante semejante escenario, no ponemos en duda que con un presidente tan carente de ética como Donald Trump, incluso más proclive que Nixon a hacer literalmente cualquier cosa con tal de repetir otros cuatro años como inquilino de la Casa Blanca, la supuesta presencia de un artista con la evidente capacidad de influir en multitudes como John Lennon, lo convertirían de nuevo en un sujeto altamente peligroso para la prevalencia de la cúpula gobernante.

Decididamente, quizá la dinámica que envuelve nuestra vida cotidiana no nos permita darnos cuenta de que en la persona de John Lennon somos testigos de la concreción contemporánea del mito de Prometeo. Es el precio pagado por un músico universalmente reconocido que, alentado por sus ansias de aliviar males latentes en una sociedad enferma como la estadounidense, esté condenado a ser asesinado una y otra vez hasta que sus sueños por un mundo mejor se conviertan en realidad.

Fuente: Granma

FIDEL Y LA CULTURA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

Soy una superviviente de aquellas intensas jornadas de debate en la Biblioteca Nacional clausuradas por el discurso de Fidel conocido luego con el nombre de Palabras a los intelectuales. Los participantes respondían a un variado perfil. La mayoría estaba conformada por escritores y artistas. Había también historiadores y arquitectos, en correspondencia con una concepción amplia de la cultura. Era junio de 1961, transcurridos apenas dos meses desde la victoria de Girón. Faltaba poco para la celebración del congreso que daría lugar al nacimiento de la Uneac.

La conmemoración de las efemérides no puede congelarse en un ritual evocativo de un conjunto de fotos fijas detenidas en el tiempo. Ofrece la oportunidad de convocar a la reflexión productiva, volcada hacia los grandes temas de la contemporaneidad. Raudales de tinta se han derramado en torno a un acontecimiento que sentaba las bases de la política cultural de la Revolución Cubana. Animados por intereses políticos contrapuestos, se han centrado en el análisis de la célebre fórmula “dentro de la Revolución todo, contra la Revolución, nada”, síntesis de uno de los aspectos abordados en el examen del ancho campo de la cultura. Se daba así respuestas a las interrogantes sobre la libertad de creación, planteada a partir del veto interpuesto por el Icaic a la exhibición en los cines del documental PM.

El enfoque segmentado prescinde del contexto. La victoria alcanzada en Girón no implicaba el abandono del asedio al que estaba sometida Cuba. La subversión que alentaba el uso de la violencia prosiguió. Con ese respaldo, los alzados subsistían en el Escambray y en otros territorios rurales. Imponían la concentración de recursos militares y paralizaban el desarrollo económico en esas zonas. El reclamo del cese de las agresiones condujo a la Crisis de Octubre. Por lo demás, la Revolución no renunciaba a la singularidad de su proyecto. La opción socialista se fundía orgánicamente con la fidelidad a la causa descolonizadora y al compromiso internacionalista, tal y como se ratificaría en la II Declaración de La Habana, a comienzos de 1962.

El camino socialista garantizaba la defensa de la siempre postergada soberanía nacional. Sin embargo, como lo afirmaría Fidel en numerosas ocasiones a lo largo de su vida, quedaba por dilucidar el mejor modo de hacerlo. Son bien conocidas las polémicas de la época al respecto, muchas de ellas estimuladas por el Che. Sin acallar la pluralidad de puntos de vista, había que construir consenso en la vida pública y en la cultura, lo cual no significaba la imposición de la homogeneidad en el pensar, sino la conjunción de voluntades diversas en función del logro de un proyecto social.

En el ámbito de la cultura, la directiva de la Uneac ratificaba el reconocimiento de la convergencia generacional y el compromiso activo de los portadores de distintas orientaciones estéticas. Alrededor de Nicolás Guillén se congregaban Lezama y Carpentier, así como Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero y Fayad Jamís. Pablo Armando Fernández sería el portador de las llaves de la casona de 17 y H.

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QUINO Y SU SIEMBRA. ATILIO A. BORÓN

ATILIO A. BORÓN

Quino abrió sus alas y voló, dejando tras sí una estela de luminosas enseñanzas. Durante nueve años, en su tira de Mafalda y sus amigos, retrató con maestría la vida cotidiana y los estereotipos de la sociedad argentina de los sesentas y comienzos de los setentas, cuestionados por la niña rebelde, crítica, de oportunos e incisivos comentarios. Luego, cuando en plena dictadura Mafalda tuvo que ser puesta a buen recaudo para que no desapareciera como tantas otras argentinas, su creador amplió el foco de su análisis social y descargó toda su finísima ironía para exponer y denunciar las injusticias de este mundo. El recuerdo que ha dejado impreso entre quienes tuvimos la fortuna de disfrutar de su humor político es imborrable y, me atrevería a decir, casi universal. Digo “casi” porque ignoro si en Asia y África se conocen sus viñetas, aunque creo que en Japón sí. Lo que queda fuera de toda duda es que Quino, con su lápiz y plumín, contribuyó a crear una conciencia crítica con más eficacia y alcance que cientos de sesudos escritos. Fue un incansable sembrador de ideas “incorrectas”, es decir, contestatarias; no conforme con eso fue también un empecinado cultor de utopías. Su sutil burla a las dictaduras, sus hampones y sus beneficiarios y su crítica a la prepotencia de ricos y poderosos, dentro del país y en el terreno internacional, penetró en la conciencia de millones de personas y cambió, para bien, su forma de ver el mundo. Su obra, demostró por enésima vez, la eficacia del humor como instrumento de crítica social ante el cual las clases dominantes se quedan sin respuestas. Sólo atinan a recurrir al “entretenimiento” y tratar de estupidizar a las masas, embotar su cerebro, desconectar sus neuronas, fomentar su ignorancia y pasividad. Todo al revés de lo que hacía el ilustre mendocino, que en la gran mayoría de las veces interpelaba nuestras conciencias sin decir una sola palabra, o hablando en voz baja, como musitando sus dibujos que por eso mismo rugían con voz atronadora. Los ejemplos seleccionados para acompañar esta despedida son elocuentes. Quino, se nos ha ido, pero su inmenso legado permanece entre nosotros como alimento de futuras generaciones y como un acicate en la inconclusa tarea de entender el mundo … y cambiarlo, de una vez por todas. Antes de que sea demasiado tarde.

Fuente: Blog del autor

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT: “YO PREFIERO EL RIESGO”

FLOR DE PAZ

A los 72 años Rolando Pérez Betancourt casi se muere. Pero logró sobrevivir a una infección nosocomial contraída en una sencilla intervención quirúrgica. Tres años después llega a los 75 y, como hace tiempo, cada viernes en la noche se nos asoma en la pantalla a través de su programa televisivo La séptima puerta, esa que abre al mundo de un cine sustentado en valores ideoestéticos.

Nació en La Habana, el 25 de septiembre de 1945, cuando apenas había finalizado la Segunda Guerra Mundial. Recuerda haber escuchado hablar de la guerra y también cómo en Cuba se sentían sus estragos: las carencias materiales, la falta de alimentos… Su abuela y su madre se lo contaban.

A la izquierda, en los talleres del periódico Hoy

Es hijo de una familia muy humilde, de un padre sin trabajo y de una madre ama de casa: “viví una pobreza extrema”. Al terminar el octavo grado empezó a trabajar como aprendiz de caja en el periódico Hoy (órgano oficial del Partido Socialista Popular). Allí se hizo tipógrafo.

Fueron los viejos comunistas de aquel rotativo —que vieron a Rolando desarrollarse en los talleres de Hoy—, quienes lo llevaron al Diario de la Marina, donde se hizo diseñador empírico, a partir de lo que había aprendido en las cajas. Luego, cuando tenía 16 años, cuando Hoy Granma se unieron, el joven formó parte de los fundadores de la publicación.

—La primera página la hizo Fidel en 1965. Y a partir de ese momento empiezo a hacer las primeras páginas del periódico Granma como diseñador, aunque también escribía.

Fue cronista deportivo, porque practicó deportes. Sin ser periodista todavía —desde que trabajaba en las cajas—, subía a la redacción de madrugada, cuando la gente se iba, y practicaba en la máquina de escribir. En 1962, o principios de 1963, hizo sus primeros textos. Y un día se decidió a tocar a la puerta de Blas Roca Calderío, y le dijo:

—Blas, yo quiero ser periodista

—¿Qué nivel de escolaridad tienes?, le respondió.

—Octavo grado

—Con octavo grado puedes hacer ciertas cosas, zanjó.

Escribió en esa época algunos trabajos sobre deporte. Blas lo ayudó mucho, también Gabriel Molina, que era jefe de información del periódico, y algunos compañeros más.

Durante la entrevista. Fotos: Flor de Paz.

Más tarde, ya como periodista, hizo coberturas nacionales. Iba a las provincias y descubría todo lo que estaba haciendo la Revolución allí: los muchachos que ya tenían escuelas, el desarrollo de la salud pública…

—Escribí muchas crónicas; fui un cronista por excelencia en aquella época. Ganaba muchos premios de crónica y reportaje. Me fui formando en el periodismo literario y en lo que realmente me interesaba, ahondar en lo humano de quienes participaban en la Revolución. Aprendí, como todo periodista, a hacer periodismo noticioso, que es elemental, pero no daba la vida por una buena noticia. Canté muchas loas a la Revolución.

Cuenta que luego quiso escribir sobre ciertas contradicciones que empezó a percibir, aunque le resultó muy difícil. “No es fácil hacer un tipo de periodismo a noventa millas del imperialismo, tenemos que desarrollar un periodismo que nos cuide de ellos, pero que al mismo tiempo sea lo suficientemente crítico para ayudarnos en la formación de nuestros valores”.

—Siempre he dicho que la Revolución es verdad y que el periodismo revolucionario es la verdad, y hay que trabajar con esa verdad siempre en función de esclarecer y de que la gente participe.

Pero entonces no pudo hacer el periodismo que quería y se decidió por el cultural, por la crítica de cine. “Hace más de cuarenta años hago la sección Crónica del espectador. No existe en Cuba una sección de cine tan vieja como esa”.

En el periódico Granma, fue jefe de la página cultural y jefe de redacción por veinticinco años, hasta que se cansó y se dedicó a escribir.

La crítica de cine, un nuevo capítulo

Haberse dedicado a la crítica de cine ha sido para Rolando una especie de sueño realizado: de muchacho había sido un gran cinéfilo. Por otra parte, su determinación a dedicarse al análisis de ese arte desde el periodismo coincidió con otra circunstancia: Granma necesitó tener un crítico de cine que respondiera a los intereses del periódico.

—Porque criticar una película cubana en Cuba en aquella época no era nada fácil, como no lo era criticar la política de exhibición que tenía el ICAIC. Fue en ese ambiente que empecé como crítico de cine, y desde entonces hasta ahora he sido crítico de Granma, durante más de cuarenta años.

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ONU 75: COOPERACIÓN O APOCALIPSIS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

Esta semana se desarrollala Asamblea General de la ONU dedicada a conmemorar el 75 aniversario de la organización. Entre los temas a debate, los desafíos multifacéticos de la pandemia, la pospandemia y gravísimas amenazas como el colapso climático o la carrera nuclear. Por eso menciono en el título de este trabajo, con plena deliberación, el apocalipsis; según el diccionario de la RAE: situación catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos que evoca la imagen de la destrucción total. Aquí me refiero a agentes humanos, pues su enrolamiento forzado en el sistema capitalista ha hecho a nuestra especie causante y víctima, a la vez, de las pandemias, del colapso climático y de la carrera nuclear, fenómenos que la empujan a su desaparición de la faz de la Tierra. Aunque ese trágico desenlace podría evitarse si avanzáramos a una radical transformación social que ponga freno al derroche capitalista y estimule la construcción de un mundo solidario y fraterno. Se trata del acto más democrático posible: hacer que prevalezca el derecho a la vida de la inmensa mayoría del género humano sobre el ilegítimo afán de lucro de una cada vez más exigua élite de magnates financieros.

En esta asamblea no han faltado palabras lúcidas de algunos de los líderes mundiales, comenzando por las iniciales del portugués Antonio Guterres, secretario general de la ONU, verdaderamente acertadas: Veinticinco años después de la Plataforma de Acción de Beijing, la desigualdad de género sigue siendo el mayor desafío individual a los derechos humanos en todo el mundo. Se avecina una catástrofe climática. La biodiversidad se derrumba. Añadió el peligro que entrañan las armas nucleares, así como las amenazas que crean las nuevas tecnologías y las fragilidades que ha expuesto la pandemia. Sólo podemos enfrentarlas juntos, dijo, y puso el dedo en la llaga: hoy en día tenemos un superávit de desafíos multilaterales y un déficit de soluciones multilaterales. Guterres volvió a pedir que callen las armas.

No podían faltar discursos totalmente contrarios a los del secretario general, como los de Trump ( America first) y sus títeres Bolsonaro, Duque (conocido como el mentiroso), Piñera, Moreno y sus homólogos, exponentes de la decadente derecha latinoamericana por no hablar de los deprimentes líderes de la Unión Europea.

Contienen contribuciones muy importantes al logro de la paz, la cooperación, el multilateralismo y la solidaridad internacional los mensajes de Putin, Xi Jinping y el iraní Hassan Rouhani. Ahora bien, de todos los que leí, que no fueron pocos, el que me pareció más completo e integral fue el del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, porque sintetiza, además, muchas de las mejores ideas expuestas ahí:

Tanto como la solución a la pandemia, urge ya la democratización de esta indispensable organización, para que responda de manera efectiva a las necesidades y aspiraciones de todos los pueblos. El anhelado derecho de la humanidad a vivir en paz y seguridad, con justicia y libertad, base de la unión de las naciones, es constantemente amenazado. Más de 1.9 billones de dólares se dilapidan hoy en una insensata carrera armamentista sustentada en la política agresiva y guerrerista del imperialismo, cuyo máximo exponente es el actual gobierno de Estados Unidos, responsable del gasto militar global. Hablamos de un régimen marcadamente agresivo y moralmente corrupto, que desprecia y ataca el multilateralismo, emplea el chantaje financiero en su relación con las agencias del sistema de Naciones Unidas y con una prepotencia nunca antes vista se retira de la Organización Mundial de la Salud, de la Unesco y del Consejo de Derechos Humanos. Hoy somos dolorosos testigos del desastre a que ha conducido al mundo el sistema irracional e insostenible de producción y consumo del capitalismo, décadas de un injusto orden internacional y de aplicación de un crudo y desenfrenado neoliberalismo, que ha agravado las desigualdades y sacrificado el derecho de los pueblos al desarrollo.

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INTERVENCIÓN DE MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EN EL DEBATE GENERAL DEL 75 PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE NACIONES UNIDAS.

MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ

Señor Secretario General;

Señor Presidente:

Una epidemia global ha cambiado drásticamente la vida cotidiana, de un día para otro se contagian millones y mueren miles de personas cuya esperanza de vida era superior gracias al desarrollo.  Sistemas hospitalarios de alto nivel de prestaciones han colapsado, y las estructuras de salud de países pobres sufren de su incapacidad crónica.  Drásticas cuarentenas convierten en virtuales páramos a las ciudades más populosas.  La vida social no existe fuera de las redes digitales; teatros, discotecas, galerías e incluso escuelas son clausurados o redimensionados.

Nuestras fronteras se han cerrado; nuestras economías se contraen; nuestras reservas se agotan.

La vida sufre un radical rediseño de costumbres ancestrales y la incertidumbre desplaza a la certeza; hasta los mejores amigos se desconocen bajo las mascarillas que nos salvan del contagio.  Todo cambia.

Tanto como la solución a la pandemia, urge ya la democratización de esta indispensable organización para que responda de manera efectiva a las necesidades y aspiraciones de todos los pueblos.

El anhelado derecho de la humanidad a vivir en paz y seguridad, con justicia y libertad, base de la unión de las naciones, es constantemente amenazado.  

Más de 1,9 billones de dólares se dilapidan hoy en una insensata carrera armamentista, sustentada en la política agresiva y guerrerista del imperio, cuyo máximo exponente es el actual Gobierno de Estados Unidos, responsable del 38 % del gasto militar global.  Hablamos de un régimen marcadamente agresivo y moralmente corrupto, que desprecia y ataca al multilateralismo, emplea el chantaje financiero en su relación con las agencias del sistema de las Naciones Unidas y con una prepotencia nunca antes vista se retira de la Organización Mundial de la Salud, de la Unesco y del Consejo de Derechos Humanos.

Paradójicamente, el país que aloja la sede de la ONU también se aparta de tratados internacionales fundamentales como el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, repudia el consensuado Acuerdo nuclear con Irán, impulsa guerras comerciales, pone fin a su compromiso con instrumentos internacionales de control en la esfera del desarme, militariza el ciberespacio, multiplica la coerción y las sanciones unilaterales contra aquellos que no se pliegan a sus designios, y patrocina el derrocamiento por la fuerza de gobiernos soberanos mediante métodos de guerra no convencionales.

En esa línea de comportamiento, divorciado de los viejos principios de la coexistencia pacífica y del respeto al derecho ajeno a la autodeterminación como garante de la paz, el Gobierno presidido por Donald Trump además manipula con fines subversivos la cooperación en el ámbito de la democracia y los derechos humanos, mientras en su propio territorio proliferan prácticamente sin control las expresiones de odio, racismo, brutalidad policial y las irregularidades del sistema electoral y el derecho al voto de los ciudadanos.

¡Urge reformar las Naciones Unidas!  Esta poderosa organización que emergió del millonario costo de vidas de dos guerras mundiales y como resultado de la comprensión universal de la importancia del diálogo, la negociación, la cooperación y la legalidad internacional no puede demorar más su actualización y su democratización.  El mundo actual necesita tanto de la ONU como aquel en el cual nació.

Algo muy especial y profundo ha fallado cuando se asiste de modo cotidiano y permanente a la violación de los principios de la Carta de la ONU y cuando es cada vez más frecuente el uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales.  

No hay modo de sostener por más tiempo como algo natural e inamovible un orden internacional desigual, injusto y antidemocrático, que antepone el egoísmo a la solidaridad y los intereses mezquinos de una minoría poderosa, a las legítimas aspiraciones de millones de personas.

A pesar de las insatisfacciones y la demanda de transformación que junto a otros Estados y a millones de ciudadanos del mundo pedimos a las Naciones Unidas, la Revolución Cubana defenderá siempre la existencia del organismo al que debemos el poco pero imprescindible multilateralismo que sobrevive a la prepotencia imperial.

Más de una vez, ante este mismo foro, Cuba ha reiterado su voluntad de cooperar con la democratización de la ONU y con la defensa de la cooperación internacional que solo ella puede salvar.

Como dijo el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz: “Podrá contar siempre la comunidad internacional con la sincera voz de Cuba frente a la injusticia, la desigualdad, el subdesarrollo, la discriminación y la manipulación; y por el establecimiento de un orden internacional más justo y equitativo, en cuyo centro se ubique, realmente, el ser humano, su dignidad y bienestar.”

Señor Presidente:

Retomando la gravedad del momento actual que muchos atribuyen únicamente a la pandemia de la COVID-19, considero fundamental advertir que su impacto rebasa con creces el ámbito sanitario.  Por sus nefastas secuelas, la impresionante cantidad de muertes, el daño a la economía mundial y el deterioro de los niveles de desarrollo social, la expansión de la epidemia en los últimos meses angustia y desespera a líderes y ciudadanos de prácticamente todas las naciones; pero la crisis multidimensional que ha desatado demuestra claramente el profundo error de las políticas deshumanizadas impuestas a ultranza por la dictadura del mercado.  

Hoy somos dolorosos testigos del desastre al que ha conducido al mundo el sistema irracional e insostenible de producción y consumo del capitalismo.  Décadas de un injusto orden internacional y de aplicación de un crudo y desenfrenado neoliberalismo que ha agravado las desigualdades y sacrificado el derecho al desarrollo de los pueblos.

A diferencia del excluyente neoliberalismo que separa y desecha a millones de seres humanos condenándolos a sobrevivir con las sobras del banquete del 1 % más rico, el virus de la COVID-19 no discrimina entre unos y otros, pero sus devastadores impactos económicos y sociales serán letales entre los más vulnerables, los de menos ingresos, lo mismo en el mundo subdesarrollado que en los bolsones de pobreza de las grandes urbes industrializadas.

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FUNDACIÓN CAGUAYO, UNA OBRA DE ARTE INTERMINABLE. OMAR GONZÁLEZ

Mensaje con motivo del XXV aniversario de la constitución de esta prestigiosa entidad cultural

La Habana, 21 de septiembre de 2020

Buenos días, queridos amigos y amigas en Santiago:

Ahora, cuando tanta falta nos hace no olvidar, quisiera contarles una historia, diríase que una historia de amor: la de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, que hoy está de cumpleaños, y la de su álter ego y creador, Alberto Lescay Merencio, quien tiene sobradas razones para sentirse el hombre más feliz de la tierra en este día. Al fin y al cabo, con independencia de algunos sinsabores –hasta cierto punto previsibles pero jamás paralizantes si media una voluntad como la suya–, la experiencia de Caguayo y Lescay ha sido una victoria, un tributo a la patria de la noción más fecunda y trascendente de la cultura, la de fundar y compartir, y una innegable fiesta de los sentidos, incluyendo el arisco y a veces paradójico sentido común. Porque aquí de lo que se trata es de la conjunción de arte e historia, de identidad, trabajo (mucho trabajo) y poesía (mucha poesía). Y esto, que me perdonen los conformistas, jamás ha sido ni será fácil. En cultura, un desafío siempre da lugar a otro, y así sucesivamente; de ahí que llegar una vez no sea lo más difícil, sino continuar llegando.

En Lescay la cultura se nos ofrece como una fiesta interior –y también anterior, si tomamos en cuenta el peso de la memoria en su obra–, y la Fundación Caguayo, desde que surgió como idea allá en los albores de la década de los noventa, estuvo arropada no sólo por la perseverancia de su gestor, sino por la sensibilidad de seres extraordinarios como Fidel, Raúl y Armando Hart, entonces Ministro de Cultura, quienes no sólo jamás dudaron del significado prominente del proyecto, sino que vieron en él la referencia más completa y compleja de un emprendimiento no  gubernamental que merecía apoyo y reconocimiento por el alcance de sus objetivos y el bien ganado prestigio de su autor. Porque Caguayo ha sido y es eso, un desafío y una obra de arte felizmente interminable. De hecho, todas las fundaciones jurídicamente existentes en Cuba se han distinguido por sus aportes a la cultura nacional y universal y al crecimiento de nuestra sociedad civil, lo que constituye una prueba inequívoca de las bondades de esta fórmula organizativa para encauzar el trabajo artístico y literario en nuestras condiciones concretas. Así lo atestiguan los resultados conseguidos por las fundaciones del Nuevo Cine Latinoamericano, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Antonio Núñez Jiménez, Fernando Ortiz, Ludwig de Cuba, la propia Caguayo y con seguridad la muy reciente Ariguanabo, animada por Silvio Rodríguez en su natal San Antonio de los Baños. O sea, a juzgar por la cosecha, no advierto razón de peso alguna que nos impida seguir avanzando en este campo sobre bases bien fundamentadas. Como pruebas al canto, debo señalar que tengo la dicha de haber participado activamente en el surgimiento de tres de estas instituciones, hoy emblemáticas en el ámbito cultural.

Alberto Lescay

Pero bien, yo quería estar ahora en Santiago para darles un abrazo, no precisamente virtual, a mis hermanos Lescay y Marino –tengo entendido que Luisito comparte mi suerte en La Habana– y, por supuesto, a muchos y muchas amigas y amigos de los que laboran actualmente o trabajaron alguna vez en la Fundación durante estos cinco lustros o, para decirlo como suele medirse y pesarse el tiempo cuando es histórico: durante este primer cuarto de siglo. Sin embargo, no fue posible. Heme aquí, a más de 900 kilómetros de ustedes, cumpliendo al pie de la letra los rigores del aislamiento epidemiológico, aunque, para qué dudarlo, con unos deseos enormes de que la COVID termine y la humanidad, incluido este servidor, tome conciencia de que la normalidad conocida no debería ser jamás la normalidad esperada, de modo tal que nunca se repita lo que estamos viviendo ni encuentren espacio entre nosotros los vaticinios de que todo pudiera ser peor, pues, a juicio de algunos entendidos, nos esperaría un siglo de pandemias. Apocalípticos y desintegrados, cabría decir parafraseando a Umberto Eco.  

Hace más de 30 años, en el contexto de una reunión de artistas plásticos que efectuábamos en Santiago de Cuba, Lescay me habló por primera vez de la idea de encontrar un mecanismo, una solución, para que no se disipara la mística que había empezado a crecer un poco antes allá, en el camino –o en los Dos Caminos, para ser más exacto— entre Santiago y San Luis, en un sitio nombrado Caguayo, donde estaban cosiéndose los metales del conjunto escultórico que preside la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales, cuya figura ecuestre es obra del propio Lescay, y los veintitrés machetes hirsutos que corresponden al también escultor Guarionex Ferrer Estiú, otro hermano de mil batallas, lamentablemente fallecido a la temprana edad de 59 años.  

Si bien Lescay y otros compañeros nunca estuvimos conformes, la mayoría de los remedios que nos llegaban o sugeríamos nosotros mismos para preservar la vitalidad del taller, no pasaban de ser eso, remedios, en algunos casos tan indefendibles como bien intencionados. Se pretendía inaugurar un camino muy diferente a los que prevalecían en aquellos momentos, el de una fundación cultural dotada de una sociedad mercantil que le permitiera ser sustentable desde el punto de vista económico y financiero y que garantizara el imprescindible carácter no lucrativo de su actividad. Una persona como Ricardo Badía González, a la sazón director de Economía del Ministerio de Cultura, fue clave para encontrar el diseño económico que viabilizara la propuesta. Del mismo modo, Manolo Fernández Retamar, con su genialidad, desenfado y sabiduría, a quien vinculamos al Consejo Nacional de las Artes Plásticas prácticamente con la única misión de llevar adelante este y otros proyectos afines. Manolo jamás se dio por vencido ante los obstáculos que ponía la hidra burocrática.

Sin embargo, a pesar de la insistencia, la receptividad limitada y los esfuerzos por encontrar una solución al problema, para algunos compañeros la idea parecía mortalmente herida por efecto del tiempo y la opacidad de los obstáculos; cuando pensaban en el taller de fundición, imaginaban un dinosaurio que agonizaba a las puertas del monte. Entonces fue que se impusieron el realismo y el sentido común, y Lescay decidió aceptar la fórmula económicamente menos ventajosa, pero la única que dejaba el taller en manos de los hacedores del proyecto de monumento. Mientras ganábamos tiempo y la propuesta seguía su curso de espera y asimilación por parte de otras instancias, algunas muy prejuiciadas, incluso dentro del propio Consejo Nacional de las Artes Plásticas, el taller y los trabajadores continuaban en actividad gracias a los escasos ahorros del proyecto inicial, los fondos del propio Lescay y la colaboración inestimable del Partido y el Gobierno de la provincia de Santiago de Cuba, entonces encabezados por Esteban Lazo Hernández y Reynaldo Endy Endy, respectivamente. Lazo, con su proverbial instinto de clase y su manera sencilla y sincera de relacionarse con los artistas, supo percatarse enseguida del alcance de aquella idea y la acogió y defendió como propia. Endy, por su parte, abrió las puertas del Gobierno provincial a Lescay y al grupo rector del proyecto, y les ofreció todo cuanto pudo.  

En el caso de Hart, a quien Lescay siempre distingue cuando recuerda aquellos años y aquel fatigoso proceso, toda gratitud sería poca. Su audacia, lealtad y apego invariable al pensamiento de Fidel, fueron decisivos para iniciar el camino y llegar hasta el punto en que se halla la Fundación actualmente, luego de haber transitado 25 años de aprendizaje, fidelidad a la Revolución y aportes trascendentales a la cultura nacional en la representación de la historia y del imaginario social cubano. Con la orientación y apoyo de Hart, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas hizo suyos los presupuestos conceptuales y los objetivos del proyecto Caguayo, al igual que sucediera con los de la Fundación Ludwig de Cuba, concebida en Aquisgrán y La Habana a principios de los años noventa, junto al propio coleccionista alemán Peter Ludwig y Helmo Hernández, su presidente desde que se constituyera oficialmente en 1994.

Desde su surgimiento, la Fundación Caguayo se ha distinguido por su defensa y aplicación de la política cultural de la Revolución cubana. Aunque con sus lógicas especificidades, trabaja intensamente en el establecimiento y defensa de las jerarquías artísticas y literarias establecidas y en las suyas propias. Llama la atención la labor que realiza en aras de la validación y conocimiento de las jerarquías menos favorecidas, lo que se expresa a través de la programación de su sistema de galerías, premios, talleres, encargos de obras artísticas y de investigaciones históricas, literarias y científicas y otras formas y espacios ideados para la promoción y el crecimiento de la cultura cubana en su dimensión cotidiana. Asimismo, considero muy importante la labor desplegada por Caguayo a favor del reconocimiento del diseño como parte de las disciplinas artísticas, lo que también se extiende a la cerámica, la arquitectura y la visualidad simbólica en los espacios urbanos, siempre en interacción creadora con las tradiciones, la comunidad y el imaginario social en movimiento.

Son de saludar empeños como la Galería René Valdés Cedeño, donde han expuesto muchos de nuestros principales artistas plásticos, y el Iris Jazz Club, en el que se han presentado figuras de renombre nacional e internacional, por lo que es considerado uno de los mejores y más exigentes de su tipo en el país. De igual manera me ocurre con el proyecto Somos, una iniciativa performática de dimensiones y formato variables que involucra al propio Lescay, a sus hijos Albertico y Alejandro y a otros artistas. Son actos de fe para pensar al ser humano y su espacio desde la capacidad renovadora de los valores estéticos modernos contenidos en las artes plásticas y la música, principalmente.

Créanme que sería interminable la simple enumeración de las acciones culturales que ha llevado adelante la Fundación Caguayo en estos veinticinco años, las que le han permitido cubrir un espectro temático y formal que va desde las artes plásticas y aplicadas hasta el audiovisual, la literatura, la música, la historia, el diseño y la formación de públicos, entre otros ámbitos. Del mismo modo, su sistema de relaciones con las más diversas instancias y entidades del sector cultural, lo que le permite estar presente en su actividad cotidiana y en eventos de gran significación, como el Festival del Caribe, la Bienal de La Habana, los salones de Diseño, ferias de artesanía, los festivales de Jazz, ferias del Libro, entre otros. También merece subrayarse su participación en los planes y proyecciones internacionales de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, cuyo nodo santiaguero acoge la Fundación y preside Lescay.

Mas no quiero finalizar sin referirme a la que constituye la primigenia razón de ser de esta institución: el ejercicio creativo y la promoción inteligente de las artes monumentales. Al ser su actividad más conocida, ello me releva de tener que mencionar, por ejemplo, a todas las obras en que la Fundación ha intervenido y que considero importantes para la cultura cubana y de otros países.

Uno de los conjuntos más impresionantes realizados por Lescay, ya desde la Fundación Caguayo, ha sido el Monumento al Espíritu Guerrero Venezolano, inaugurado en 1996 yemplazado en el Estado de Carabobo, en esa hermana nación bolivariana. Otra pieza que clasifica entre las más originales y mejor resueltas de cuantas se han dedicado al Che, es la escultura que le hiciera al Guerrillero Heroico en 1997, ubicada en la entrada al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, en La Habana. Entre los numerosos bustos que nos ha legado Lescay está el consagrado a Julio Antonio Mella, una de cuyas tres copias está emplazada en la ciudad de México, donde fuera asesinado, en 1929, este excepcional joven luchador comunista por órdenes del dictador Gerardo Machado. Ahora bien, la obra que a mi juicio define mejor el estilo de Lescay y el espíritu de la Fundación, es el Monumento al Cimarrón, realizado en 1997 e izado en la localidad de El Cobre, muy cerca de la ciudad de Santiago de Cuba. La fuerza de la imagen en su verticalidad firme y ascendente, su relación crítica y al mismo tiempo amable con el entorno, y la trascendencia del peso y el volumen, en una ilusión provocada de cercana rebeldía, le confieren a esta obra valores excepcionales. Para nada es fortuito, entonces, el hecho de que esta escultura forme parte de La ruta del esclavo: resistencia, libertad, patrimonio, instituida por la UNESCO, a propuesta de Haití, en 1994, en Benin.

Y en este apresurado recorrido por la obra escultórica de Lescay –para no hablar de la pintura, el dibujo, el grabado estrechamente ligados al proceso de consolidación de Caguayo–, no pudiera dejar de mencionar otras tres piezas capitales: el Monumento a Wifredo Lam, inaugurado en 2009, en el contexto de la Bienal de La Habana; la pieza Martí crece, donada por la Fundación a la ciudad de Santiago de Cuba en su 495 aniversario, y, por último, el Retrato escultórico de Mariana Grajales, colocado en el santuario de Santa Efigenia, en 2015. En todos los casos, los derechos de autor y el valor de estas esculturas monumentales, han sido donados por la Fundación y por Lescay a la comunidad y a las instituciones públicas donde están enclavadas.     

Por último, mencionaré sucintamente otros artistas cuyas obras han sido reproducidas o realizadas por primera vez en el Taller de Fundición Artística y Cerámica surgido en 1987 y devenido desde entonces escuela y fuente de trabajo para los lugareños de Dos Caminos, Santiago de Cuba y San Luis. Ellos son: el escultor martiniqueño René (Kho Kho) Corail, los escultores cubanos Juan José Sicre Vélez (1898-1974), José Villa Soberón (varias piezas, entre ellas las dedicadas a John Lennon, William Shakespeare, Enriqueta Favez), Tomás Lara, René Negrín, Estereo Segura, Andrés González, Luis Mariano Frómeta, Martha Jiménez, Belisario Eduardo Álvarez Collado, Juan Carlos Pérez Bermúdez, Julio Carmenate y José Rolando Montero Hernández.

Llegados a este punto, es fácilmente discernible que la trayectoria de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas da motivos más que suficientes para celebrar sus veinticinco años de espléndida y refulgente lozanía. Debe ser razón de orgullo no sólo para sus iniciadores, colaboradores y trabajadores actuales, sino para la cultura cubana en sentido general y para la entrañable Santiago, ejemplo de buen vivir y de arraigadas lealtades humanistas y afectivas, en este mundo convulso y tantas veces incierto y desnaturalizado donde discurre el presente de la especie humana. Santiago es siempre amable; por eso da gusto visitarla.  

Al tiempo que los felicitamos por lo mucho que ustedes han hecho, querido Lescay y demás compañeras y compañeros, les agradecemos esta alegría que nos proporcionan, precisamente ahora, cuando Cuba lucha y vence en la batalla contra un enemigo invisible y en la otra guerra contra el mismo enemigo de siempre.

Dice la Organización Mundial de la Salud que el saludo más seguro no es el de juntar los codos ni rozar los puños con los brazos extendidos, sino el de llevarse la mano a la zona del corazón y bajar ligeramente la mirada. Siendo así, a las 10 y algo más de la mañana de este lunes 21 de septiembre de 2020, yo sería muy feliz si me permitieran, como prueba de afecto y gratitud, inclinarme ante ustedes.

Muchísimas gracias y, por qué no, un abrazo enorme e ineludiblemente virtual a mis hermanas y hermanos de Caguayo.

Omar González Jiménez

Monumento al cimarrón, 1997

DE EMILITO A EUSEBIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

El primer Historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring, en su despacho. Foto: Archivo de Granma

GRAZIELLA POGOLOTTI

Todos le decían Emilito, más por afecto que en razón de su estatura. Cursaba todavía el bachillerato cuando empecé a asistir, por iniciativa propia, a los ciclos de conferencias que auspiciaba en el Palacio Lombillo. En las noches, pasando de Peña Pobre a Cuba, desembocaba por Empedrado, en la Plaza de la Catedral, apacible y silenciosa a pesar de la mala fama que envolvía al solar del Chorro. Pude observarlo desde la distancia, inquieto, nervioso, en ocasiones explosivo, como cuando los marines ultrajaron el monumento a Martí en el Parque Central. Entonces, desde la radio, pronunció en inglés palabras que dichas en castellano no podrían transmitirse por ese medio por violar las normas morales en torno al uso del léxico impropio. Sons of a bitch eludía la censura existente.

En obediencia a las leyes de la dialéctica, en la República neocolonial los Gobiernos sumisos al imperio se bañaban en la corrupción más desvergonzada aunque salpicaran un poco. El desmesurado crecimiento del latifundio azucarero acrecentó la deformación estructural de la economía y acentuó la dependencia a la merced de las cuotas otorgadas por nuestro principal comprador. El pensamiento anexionista se infiltraba por diversas vías. Cuando el panorama crítico amenazaba con provocar estallidos, el injerencismo auspició tiranías sangrientas.

Por otra parte, la memoria del legado independentista se mantuvo vigente y nutrió distintas formas de resistencia que adoptaron una característica de acentuada radicalización en los sectores obreros, campesinos, femeninos, estudiantiles y también entre los intelectuales. Estos movimientos sociales se hicieron visibles y forjaron alianzas en los años 20 del pasado siglo, la denominada por Juan Marinello década crítica, preludio de la Revolución del 30.

El complejo panorama socioeconómico del país y la consiguiente radicalización política determinaron que, en 1934, una comisión de especialistas estadounidenses emprendiera una investigación acerca de la situación cubana.  Publicada con el título de Problemas de la nueva Cuba, la obra contenía recomendaciones al Gobierno del país vecino, entre ellas, la supresión de la base naval de Guantánamo

Ese contexto permite valorar en su integralidad la trayectoria de Emilio Roig. Como historiador, para contrarrestar las influencias anexionistas, insistió en demostrar que Cuba no le debe su independencia a Estados Unidos. Su papel en el campo de la cultura fue fundamental.  Desarrolló una intensa labor periodística de claro acento político dirigida a un amplio público lector en la revista Carteles y se hizo cargo de la revista Social, de peso decisivo en la configuración del paisaje, en tanto vocero de las ideas de la primera vanguardia. Fue uno de los puntales del Grupo Minorista, informal en su estructura, pero sustentado en una plataforma inspirada en gran medida por Rubén Martínez Villena, que conjugaba renovación artística y compromiso político.

Desde sus funciones como historiador de la ciudad, Emilio Roig batalló para preservar La Habana colonial. Valoró la importancia de ese tesoro patrimonial, también reconocido por escritores, artistas y por los arquitectos Bens Arrate y Joaquín Weiss. Tropezó con poderosísimos intereses creados. La injerencia norteamericana en la República neocolonial había convertido esa área de la capital en nuestro minúsculo y subdesarrollado Wall Street, con las sedes matrices de los principales bancos y oficinas de abogados al servicio del poder hegemónico. El precio del metro cuadrado de terreno se agigantó. Así pudo derrumbarse la Universidad de San Gerónimo con uno de los mejores artesonados mudéjares de América Latina para edificar la insípida estructura rectangular destinada a constituirse en terminal de helicópteros.

Dotado de inmensa fuerza de voluntad, Eusebio superó las limitaciones debidas a su origen humilde. Con esfuerzo propio, se hizo historiador. Fiel al legado de Emilito, reverenció su memoria y extrajo del olvido buena parte de su obra. La Revolución detuvo el mercado especulativo en torno al valor de los suelos. A pie de obra, Eusebio rescató la Plaza Vieja, la preciosa capilla de la Alameda de Paula. Su verbo brillante despertó en el pueblo el amor por lo propio y convenció a los decisores de la imperiosa necesidad de conceder prioridad al salvamento del patrimonio aún en las circunstancias económicas más difíciles. Su logro mayor residió en demostrar la factibilidad práctica de la aparente utopía. Los gastos de gran magnitud se revertían en inversiones para afrontar las acuciantes demandas financieras de un país cercado por un bloqueo implacable. El encanto de la ciudad rescatada imantó el desarrollo de un turismo de ciudad en una isla caribeña condenada a depender tan solo de las bondades del sol y la playa.

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MADURO: DEMOCRACIA CONTRA BLOQUEO. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

El 6 de diciembre hay elecciones en Venezuela para elegir la totalidad de diputados a la Asamblea Nacional(AN), hecho de extraordinaria trascendencia política. Pero antes de entrar en ese tema mencionaré las elecciones que se desarrollarán en varios países latinoamericanos en los próximos meses, todas ellas muy importantes en la disputa por nuestra América entre la derecha y las fuerzas populares.  El 18 de octubre, elecciones generales en Bolivia, donde el MAS de Evo Morales es favorito para ganar en primera vuelta pero queda la gran pregunta de si el mismo grupo oligárquico y racista que, apoyado por Washington derribó a Morales e instauró una dictadura, está dispuesto a reconocer la victoria electoral de los “salvajes”, como llaman a los indígenas. El 25 de octubre, plebiscito nacional en Chile para decidir si se redacta una nueva constitución que sustituya a la pinochetista, sentida demanda de la rebelión popular de octubre de 2019, viva, aunque momentáneamente congelada por la pandemia. El 15 de noviembre, elecciones municipales en Brasil, donde la izquierda va dividida pero acaso podría conseguir algunos triunfos importantes, uniéndose en segunda vuelta. El 7 de febrero de 2021, elecciones generales en Ecuador, donde el correísmo está bien posicionado y podría ganar en primera vuelta pero igual cabe interrogarse si la dictadura del traidor Moreno continuará la guerra judicial sin límites para impedir la victoria de los candidatos de la Revolución Ciudadana.

Los comicios del 6 de diciembre en la patria de Bolívar son estratégicos, porque se decide quién controla el Legislativo con todo su contenido simbólico adicional, en el país con las mayores reservas mundiales de petróleo. Y es que la pérdida de esa herramienta en 2015 fue muy costosa en el plano nacional, como internacional, para un chavismo acostumbrado a radiantes victorias electorales. El enemigo imperialista y la oligarquía pasaron a la ofensiva y aprovecharon la  coyuntura para arreciar su guerra total contra la Revolución Bolivariana.  No fue más lesivo el golpe por que la oposición quiso convertir su victoria electoral en golpe de Estado contrarrevolucionario y siguió insistiendo en esa senda, subordinada a Estados Unidos. Mientras, el chavismo demoró un corto periodo en encajar el golpe, pero cuando reaccionó recuperó la iniciativa política y así se ha mantenido hasta hoy. La prueba es la derrota aplastante por el pueblo del terrorismo guarimbero de 2017 y la capacidad demostrada por el presidente Nicolás Maduro y la dirección político militar de la revolución de derrotar una por una las acciones del autoproclamado Guaidó desde el intento de invadir el país con el pretexto del paso de la “ayuda humanitaria”, el atentado con drones contra el presidente Maduro, pasando por el frustrado golpe de Estado del 30 de abril de 2019, la derrota de la Operación Gedeón  y desde antes, el vacío vergonzoso de concurrencia a los mítines de Guaidó. Si esto fuera poco, el autoproclamado y su gobierno de opereta se han revelado como unos vulgares ladrones y entreguistas, hechos millonarios con los fondos y empresas públicas venezolanas, como Citgo en Estados Unidos y Monómeros en Colombia, lo que les ha granjeado la inquina de la mayoría de diputados opositores dejados fuera del saqueo, y la sublevación de un grupo de diputados que depuso a Guaidó como presidente de la AN. La pertinaz obediencia a Trump del “presidente encargado”, el incumplimiento de sus promesas y fracaso de sus planes, unido a la negativa ordenada por Washington a participar en las venideras elecciones han terminado por aislarlo de un importante sector opositor, que nucleado por el dos veces candidato a  presidente Henrique Capriles sí va a concurrir a las elecciones y ya tiene inscriptos a sus candidatos.  Guaidó podrá tener el apoyo de Trump y actuar a las órdenes de un energúmeno y criminal de guerra como Elliot Abrams, pero ya en Venezuela es un don nadie. Capriles ha calificado a su interinatura como “gobierno de Internet”  que “no ha dado resultado” y ha dicho que “hay que abrir camino” y concurrir a las elecciones. Previamente, en agosto, la muy conservadora Conferencia Episcopal se pronunció contra el abstencionismo guaidocista al que calificó de error.

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CIENCIA, CONCIENCIA Y CONSECUENCIA. PEDRO DE LA HOZ

Fernando Ortiz

PEDRO DE LA HOZ

Por los días en que el joven poeta y etnólogo en formación, a punto de irrumpir en la lírica con paso firme y sentar los pilares de la novela testimonio, visitaba al sabio en la casona de L y 27, en el Vedado, tenía muy claro ya la enorme trascendencia de la obra de aquel hombre y el valor imperecedero de sus lecciones, pero distaba mucho de imaginar que tres décadas después, alentado por Armando Hart y Abel Prieto, asumiría a plenitud la misión de multiplicar el legado del maestro, a partir de la creación, el 21 de septiembre de 1995, de la Fundación Fernando Ortiz.

Miguel Barnet y sus colaboradores, y junto a ellos la comunidad académica y el movimiento intelectual y artístico cubanos, pueden mirar con orgullo la cosecha de la Fundación a lo largo de estos 25 años, y la consecuencia con que han desplegado los objetivos y proyectos de una institución que prestigia a la sociedad civil insular.

Si como ha dicho el presidente de la Fundación, Don Fernando fue «un espejo de lo cubano que nos hizo descubrir y revalorizar zonas ocultas de la realidad», también cabe decir que, en el tiempo transcurrido, sobre la base del principio orticiano de cultivar «ciencia y conciencia», han sido fecundas las contribuciones a la vida cultural y al tejido social de la nación.

Esa labor, metódica, sistemática, persistente, muchas veces fuera del foco de los reflectores y renunciando a  golpes de efecto mediáticos, se ha sostenido desde el entendimiento de una vocación de servicio en la que el ejercicio científico dinamita compartimentos estancos para debatir e insertarse en procesos de cambio tan complejos como los que ha registrado el país en el cruce de uno a otro siglo.

Un primer anillo de interés se sitúa, por supuesto, en la promoción de la obra de Don Fernando: reediciones, rescate de textos inéditos y desarrollo de estudios acerca de los diversos campos en los que actuó el sabio. Entre las más recientes novedades destaca el ingente trabajo de clasificación, ordenamiento y depuración del epistolario del polígrafo en cuatro tomos, que abarcan el dilatado plazo de 1920 a 1963. Tantos empeños cristalizaron con la proclamación de la obra y el legado de Fernando Ortiz como Patrimonio Cultural de la Nación. 

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LEIVA: LA HISTORIA DEL BANDIDISMO EN SU MEMORIA. NARCISO FERNÁNDEZ RAMÍREZ

.foto de Andrés Leiva Castro
Andrés Leiva Castro. Foto del autor

NARCISO FERNÁNDEZ RAMÍREZ

Conversar sobre el bandidismo en Cuba con el General de Brigada (r) Andrés Leiva Castro es revivir los épicos años de la década del 60, del pasado siglo.

Leiva tiene 82 años y una memoria prodigiosa. Con lujo de detalles habla de las operaciones realizadas contras las bandas contrarrevolucionarias que operaban en el Escambray, y de los horrendos crímenes cometidos por esos asesinos subvencionados por el gobierno de los Estados Unidos, en su afán de destruir la Revolución

Sufrió en carne propia la crueldad de esos hombres convertidos en fieras, y en una de sus piernas y parte del cráneo, de platino desde entonces, conserva las huellas indelebles de aquel terrible encuentro donde recibió un balazo de calibre 45 en el muslo y un culatazo de pistola en la cabeza, que lo dejó prácticamente muerto.

Como creador y fundador del grupo operativo El Molino, cuyo modus operandi permitió capturar a más de 30 bandidos, incluida la famosa banda del cabecilla contrarrevolucionario Osvaldo Ramírez, sus vivencias fueron utilizadas por los realizadores del serial LCB: La otra guerra que acaba de pasar la televisión cubana, en la que sirvió de asesor sobre la epopeya miliciana contra el bandidismo.

Acerca de esa experiencia, y sus valoraciones sobre la gustada serie televisiva, conversamos en la sala de su casa del reparto Escambray, en la ciudad de Santa Clara, provincia donde reside y en la que fuera delegado territorial del MININT.

Una taza de café hecha por su esposa, hizo aún más agradable la amena charla con tan conocedor y locuaz interlocutor.

General, usted tuvo protagonismo en el serial LCB: la otra guerra en su condición de consultante. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué hizo? ¿A cuáles lugares fue?

A mí me consultaron, pero lo principal que tomaron para el serial fue el grupo especial operativo denominado El Molino. Al trabajo del grupo le dedicaron el capítulo 7, cuyo tema central fue la captura de Osvaldo Ramírez.

Les expliqué cómo se creó y cómo actuábamos. El grupo fue constituido el 6 de octubre de 1961. Éramos cuatro miembros de los Órganos de la Seguridad del Estado y seis exalzados capturados por nosotros que se nos unieron. Para engatusar al enemigo, la mayoría nos vestíamos como bandidos, con el pelo largo, barbudos y hasta con su misma peste.

Cogíamos al colaborador y preparábamos un paripé de interrogatorio. El hombre no decía nada, pero le hacíamos una carta donde afirmábamos que había cooperado con nosotros. Por la noche salíamos con él, custodiado por dos o tres hombres, como de traslado a otro sitio.

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¿CÓMO VA LA VIDA, QUERIDO TONY? RICARDO RIVERÓN ROJAS

2009, durante la celebración del aniversario cuarenta de la revista Signos. Foto: Cortesía del autor



RICARDO RIVERÓN ROJAS

En la noche del 14 de septiembre de este horrible año, en la funeraria Las Villas, nos reunimos más de cien amigos para despedir a Antonio Pérez Santos (Tony), nuestro presidente de la Uneac tan tempranamente ido. Yo ni sabía qué hacer, no me atreví a darle el pésame a Lía, la viuda, pero casi todo el tiempo estuve pendiente de sus dos jóvenes hijos, en quienes busqué, ansioso, rasgos que me lo devolvieran. Y sucedió: Tonito y Leo dejan ver en su mirada la misma nobleza que le permitió al padre ganar el corazón y la energía de todos nosotros.

Cada vez que me encuentre a esos muchachos de ahora en adelante, recuperaré algo del hermano que acabo de perder, porque sé que también cumplió bien su tarea de trasladarles, con toda la serenidad y paciencia que lo caracterizaron, el amor por la cultura y por las causas justas. Los vi y me conmovió pensar que la orfandad que les tocaría padecer en lo adelante no solo sería la del padre, sino también la del guía espiritual.

Yo, que he perdido a dos hermanas y a todos mis mayores, con Tony se me va uno de los más cercanos y empáticos amigos que, además, me concedió el privilegio de convocarme para que juntos construyéramos diálogos insólitos, luminosos, rotundos, fértiles. Con Tony todos los sueños cambiaban de categoría porque él siempre consiguió, en grado superlativo, que las utopías devinieran realizaciones. La fecundidad de su espíritu, quizás iluminado por esa luz campestre del Jobo Rosado de su infancia y los fervores con que se formó en la Universidad de La Habana, le permitía involucrarse, en debates sobre literatura, artes visuales, audiovisuales, música, filosofía, economía, pedagogía… Actuaba con el deslumbramiento del principiante y la sabiduría del experto. Su capacidad para concluir con buenas propuestas los más enrevesados diferendos contribuyó mucho a la enorme autoridad moral que lo distinguió.

Su liderazgo se estructuró desde la honestidad; en él mezcló perfiles en apariencia contrapuestos. Supo conciliar su concepto del arte y el papel de los artistas con una claridad política y un dominio en la conducción de procesos de todo tipo –incluyendo los administrativos– que casi nos obliga a suponer imposible su clonación en estos tiempos y estos dominios.

Desde 2002 actuó como presidente del Comité Provincial de la Uneac. Yo lo acompañé como vicepresidente desde 2008. Siempre me dijo que me quería en esa posición, no para cumplir tareas (que algunas me encomendó) sino para que dos, y hasta tres veces por semana conversáramos sobre lo divino y lo posible en pos del crecimiento cultural de nuestra querida aldea letrada. Cuando por algún apremio cotidiano yo incumplía el ciclo, rápidamente me entraba su llamada, con el consabido saludo-muletilla: “¿Cómo va la vida?”. Por mal que estuviera nunca le dije: “Muy jodido”, porque solo de oírlo la gravedad de mis problemas se diluía en el horizonte.

No hay manera en que podamos consolarnos por su pérdida, por eso lo seguiré buscando en la mirada de sus hijos, cruzando el patio de la Uneac, de espectador en nuestros recitales, en su oficina, en las lúcidas fantasías que, a mis años, ya hasta me hacen suponer que los regresos imposibles se hacen posibles cuando sabemos que el que se va no nos abandona totalmente.

No he podido (ni creo que pueda) dejar de pensar en sus hijos y en su inconsolable Lía. Espero tener aún suficiente tiempo para que en cualquier momento no lejano, solo a medio rebasar este doloroso instante, alguno de ellos me llame por teléfono y, con la nobleza que vi en sus ojos y la voz de Tony, me desdibuje esta tristeza con aquella pregunta, ya para mí infinita: “¿Cómo va la vida?”

Santa Clara, 15 de septiembre de 2020

Fuente: La Jiribilla

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