Pequeños cambios a la altura del mar

Ayer llovió en la Sierra

Y ríos de lodo llegaron a la playa.

Los visitantes se fueron cuando el olor a monte

Y a tierra humedecida inundaba las casas.

Dejaron tras de sí una mezcla de arcadas y suspiros,

De música y desvelos, de ancestrales pasiones ahora redimidas.

María dijo en la tarde que echáramos al mar lo que nos sojuzgaba,

Pero nadie fue capaz de elegir su propio maleficio.

Yo me perdí en los míos.

 

¿Cuál es la causa de tales mutaciones?

Dicen que Adela bailó en el escenario,

Y que Nubia durmió con más de dos turistas.

 

¿Qué fue lo que pasó?

¿Acaso los prodigios, acaso el descontrol?

 

Los dos tristes mancebos se cotizaron alto,

Y los que ya ven pasar su lozanía,

Remediaron el morbo con el sexo de las desconocidas.

Perdieron el pudor, entregaron su rabia a las mozas del valle.

 

El santo y el vidente, quizás salieron limpios,

Aburridos igual.

Pudo más el deber.

 

Lo cierto es que ayer llovió en la Sierra

Y ahora no queda ni siquiera el recuerdo.

 

Playa de Siboney, Santiago de Cuba, mayo de 1996.
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