CABALLO BAYO. HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

Los caballos se cansan
De galopar
Sobre tierra sombría.
De comer manzanas, azúcarraza19
Y alguna rala ración
De hojas de hierba.
Los caballos se cansan
De volar
Por valles oxidados,
Páramos inhóspitos, paisajes
Montaraces. Secretamente
Anhelan
Algún derby glamoroso,
Tal vez una pasarela victoriosa,
Y no fiambre y no fiebre y no fuete.
Ah, los caballos. Los solitarios,
Los buenos para nada. Esas
Mulas insufribles.
De rato en rato
Beben en abrevaderos
Amables, extraviados
En tardes para el olvido.
Beben para calmar sus ansias
Y apagar la sed
Que les quema el pellejo
Cuarteado
Por el sol
Y alguna mano bruta.
Sólo
Las yeguas
Descifran los relinchos y los golpes
Que al aire sueltan
Para aplacar
Sus furias y sus penas.
Sólo
Las caballinas, las cavillacas.
Ay, mi torpe lenguaje
Caballuno. Sólo
Ellas les regalan
La dicha
Infinita de caracolear
Bajo las ramas
De aquellos huarangos marchitos,
Que sin preguntarles sus nombres
Ni dónde vienen ni para dónde van,
Les abren las puertas
De la eternidad
Que dura apenas más que un relincho
Espumoso,
Como las olas de la mar. Fieles
A su doctrina
No son corceles divinos,
Ni bereberes criollos. Pero
Sí, amantes incurables.

Inútil
Trote, compañero, inútil
Tu cantar. Tarde
O Temprano,
La muerte
Acabará
Contigo
A caballazo limpio.
A quema hueso.
A mata sueño.

¡A caballar! ¡A caballar! ¡A caballar!

Hildebrando Pérez Grande nació en Lima, Perú, en 1941. Premio de HildebrandoPoesía Casa de las Américas, 1978, por su libro Aguardiente y otros cantares.

Profesor Principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. -Actualmente Director de la Escuela de Literatura de San Marcos y Codirector del Taller de Poesía de San Marcos. Director Académico de la revista de Arte y Literatura MARTIN, dedicada a poetas y narradores peruanos contemporáneos. Ha sido director de la revista de poesía PIÉLAGO, codirector de la revista de poesía HIPOCRITA LECTOR, y Sub-Director de la revista de Cultura PUENTE-NIPPI. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, alemán y portugués. Como lo afirma Raúl Hernández Novás: “…Hallamos en sus versos la conciencia milenaria del hombre de los Andes, tal como ha vivido en las formas poéticas folklóricas: sentido de la tierra y del paisaje, sensibilidad que se expresa a través de delicadas menciones a elementos de la naturaleza, honda solidaridad humana, comunal. Elementos naturales de tradición folklórica como la paloma, el agua, el trigo, las retamas, etc., se integraban en fragmentos que no constituían un calco, sino una recreación de formas populares como el huayno… Hildebrando Pérez Grande ya muestra una voz propia que se nutre, no de una sola tendencia determinada, sino de muchos afluentes… Uno de los valores fundamentales del poemario radica en la capacidad de imaginación. Él no es un conceptista, es un poeta que se expresa por imágenes, y estas se encuentran nítidamente recortadas. Sus imágenes no son símbolos convencionales que poco a poco van apagando su brillo, lexicalizándose; son referencias directas al mundo circundante…”.

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