Pese al diálogo, las cosas entre Cuba y EU no se resolverán a corto plazo

El diálogo entre Estados Unidos y Cuba es un proceso indetenible que tiene su propio camino y no se verá afectado por el conflicto entre el poderoso país del norte y Venezuela.
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Así lo afirma el escritor Omar González, intelectual que, en su calidad de coordinador del capítulo cubano de la Red de Redes en Defensa de la Humanidad (Redh), cuenta con información de primera mano sobre la realidad latinoamericana.

Por Arturo Cano

Fuente La Jornada

Ese entrenado ojo le permite decir que tras décadas de conflicto, tanto Estados Unidos como Cuba están buscando que el diálogo no se vea afectado por otros factores, aunque será un proceso necesariamente muy demorado.

González, amigo de intelectuales como Gabriel García Márquez, guarda las distancias pero recuerda que, por ejemplo, los encuentros entre EU y Vietnam, para reparación de los daños de guerra, se llevaron la friolera de nueve años. Tenemos que conversar con EU, pero es un proceso largo sobre el que no hay que hacerse ilusiones ni pensar que las cosas se van a resolver pronto.

Enseguida, fragmentos de la extensa conversación que González sostuvo con La Jornada.

–Resulta paradójico que Barack Obama parezca favorecer a Nicolás Maduro, entre otras cosas porque el chavismo es una fuerza que se fortalece en la confrontación.

–Ah, claro. Está entrenada, muy bien preparada. Tiene un adiestramiento indiscutible en ese tipo de lucha de confrontación con una oposición muy virulenta. Con la orden ejecutiva de Obama, la imagen de Venezuela se fortalece, incluso de cara a la Cumbre de las Américas. Una medida de este tipo es inconcebible, pero es claro que Obama está entrampado, tratando de dividir a la izquierda, cuando trata de mostrar al mundo que conversa con Cuba pero con Venezuela no hay diálogo posible.

Otra lectura de la declaratoria de Obama de Venezuela como una amenaza es, sostiene González, que el presidente estadunidense extiende por esa vía una suerte de autorización: Es como una señal que le dice, a la ultraderecha, que tienen libertad para hacer lo que quiera, aunque EU no intervenga. El escritor pide recordar que a las órdenes ejecutivas siempre les sucede una escalada, aunque ésta pueda ser, como ahora, mediática, o tener la forma de una guerra económica.

México, país de la crispación

Desde hace más de una década, González ha participado en decenas de encuentros con intelectuales, escritores, científicos y periodistas de todos los países de América Latina. Con esa carga dice que en el subcontinente se avizora un futuro muy explosivo, donde se observan situaciones preinsurrecionales en algunos países y con cambios en curso en otros, donde existen gobiernos progresistas. Los cambios están ocurriendo, aunque las formas de lucha hayan cambiado y no se den con la radicalidad de los manuales. Son las revoluciones de ahora.

En un recorrido a vuelo de pájaro por lo que ocurre en América Latina, González llama la atención sobre el tono muy a la derecha de las protestas contra el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, donde algunos piden la intervención de los militares. “Allá vi manifestaciones con visos facistoides muy extremos, piden sangre, piden que se desbarate todo, no es un cambio light lo que están promoviendo”.

–¿No le parece que es un sector minoritario el que demanda eso en las protestas?

–Lo es, pero también hay mucho coro.

–La derecha y sectores de la izquierda latinoamericana siguen planteando el dilema Lula o Chávez. ¿Qué le parece?

–Esa dicotomía no tiene sentido. En México, por ejemplo, la intelectualidad de izquierda gira, desde mi punto de vista, alrededor de tres ejes: los zapatistas, el Partido de la Revolución Democrática y ahora Morena. Los otros no estaban demasiado preocupados por la cultura de manera sistemática. Hoy existe una crisis indiscutible en las fuerzas de izquierda, y eso va a tener repercusiones entre la intelectualidad. Es hora de pensar el mundo desde México, a la manera de una iniciativa que llevamos a cabo en Bolivia. Es posible porque la situación que hay en México es muy convocante. Se vive aquí crispación muy grande; yo sólo sentí algo similar en las etapas más difíciles de Colombia.

Venezuela y sus intelectuales

La Redh ha girado buen tiempo en torno al proceso venezolano, desde que en 2004 se realizó una importante reunión de intelectuales con el presidente Hugo Chávez.

A pregunta, González reconoce que un sector de la intelectualidad venezolana se alejó del llamado proceso bolivariano. Entre los factores que condujeron a esa situación, el escritor menciona el malestar por las leyes habilitantes, lanzadas por Chávez vía decreto, que fue capitalizado por la oposición, pero añade que un sector de los intelectuales venezolanos estaba de por sí muy ligados a la oligarquía y se caracterizaba por tener una fuerte dosis de racismo, de modo que no tragaban al primer mulato presidente en la historia

–El pataenelsuelo, decían los carteles en las marchas opositoras.

–Sí, eso eran muchos de esos intelectuales, dueños de periódicos, amigos nuestros de toda la vida.

–¿Habla de Teodoro Petkoff?

–Y de otros, como Miguel Henrique Otero (dueño El Nacional, el principal periódico venezolano), cuya madre, María Teresa, fue una persona muy allegada a Cuba, amiga de Alejo Carpentier. En el seno de la familia Otero hubo un conflicto fuerte por Chávez. Pero llegó un momento en que El Nacional era casi el líder la oposición.

–Bueno, no casi, durante el paro petrolero los medios y la cúpula de Petróleos de Venezuela eran los líderes opositores.

–Yo siempre los minimizo, no tanto.

–La oposición venezolana parece haber aprendido: volvió al terreno electoral con un candidato único.

–Creo que fue muy torpe cuando renunció a las elecciones.

–La historiadora Margarita López Maya sostenía que el problema es que Chávez abandonó la Constitución para imponer el modelo comunal que fue derrotado en el referendo de 2007.

–Chávez fue siempre muy constitucional. Hizo tantas elecciones, tantos referendos, tantas pruebas de democracia.

–Un venezolano me decía que lo mejor del chavismo es el pueblo negro, sudoroso y desdentado.

–Los que están en los cerros.

–Sí, el chavismo popular.

–No, hay intelectuales de nuevo tipo. Una visión nueva requiere un nuevo tipo de intelectuales. Por ejemplo, los medios han creado intelectuales mediáticos, que no tienen nada que ver con ese modelo clásico de los enclaustrados en su torrecita.

“La venezolana es una revolución a la que le hace falta pensarse y repensarse. Tú notas esa ausencia de un pensamiento, que había mucho con Chávez, en muchos procesos políticos. Debe ser la dinámica, el ritmo de estos tiempos. Habría que ordenar esa profusión de fragmentos que tanto tiene que ver con la propia identidad, articularlos, y ahí pudiera haber un discurso político.

“Cada vez está más disperso identificar un discurso político coherente en cualquier proceso, y hay una desazón, un abandono de aquello que caracterizó a la izquierda en los 60: casi podría decirse que primero pensaba y después actuaba o que era simultáneo.

Puede ser bueno recurrir al pasado para entender el presente, porque sin memoria no se puede visualizar el futuro, pero también indica una ausencia muy grande de nuestros contemporáneos.

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