Re-Cuerda, un regreso a la identidad.

Por Lianet Hernández

Fuente Cuba contemporanea

RecuerdaSolo la indiferencia es intolerable para el artista. Su arte puede gustar o no, pero jamás debe pasar desapercibido. Quizás por eso la pauta fundamental en la obra de Sándor González sea el ser humano. Partiendo de un dibujo fuerte, agresivo muchas veces, y tomando como asideros sus acciones individuales para llevarlas a planos sociales, Sándor nos acostumbró a ver en sus piezas la relación explícita entre el hombre y la ciudad de la cual es protagonista, así como los diálogos y relaciones que se establecen entre ellos. Todo esto de manera cruda, sin muchos adornos estéticos, pero con una sensibilidad a la medida.

La ciudad una y mil veces representada es la temática y el contexto ideal para este artista, quien inmediatamente después de graduarse de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, hace ya unos 15 años, hizo de las dinámicas sociales del ser humano un criterio diferenciador en su proceso creativo.

Solo si se mira de manera rápida y superficial, su más reciente exposición en el Miramar Trade Center pudiera plantear algún falso conflicto con aquellas bases conceptuales. En una mirada rápida, Re-Cuerda no muestra al espectador ningún cuadro exorbitante con edificios angostos, suspendidos sobre árboles, combinados con otros detalles citadinos, o rodeados de pequeños hombrecitos negros portando escaleras. Esta vez no se divisan los claroscuros ni las líneas gruesas en el dibujo. Es una exposición predominantemente instalativa y en lugar de lienzos recibimos relojes, proyectores y otras piezas antiguas.

Sándor González. Nostalgia. Proyector de 8mm, acrílico, acero, madera, cinta de celuloide de 8mm, 2015.
Nostalgia. Proyector de 8mm, acrílico, acero, madera, cinta de celuloide de 8mm, 2015

Se trata de una mirada mucho más conceptual y contemporánea a las nociones del tiempo y la memoria, un ejercicio de rescate de las tradiciones, una vuelta a la identidad primera de cada persona a partir de los recuerdos -y acaso añoranzas- del propio artista. Un descubrimiento transversal, no solo de las sensaciones más carnales, sino incluso una alusión a lo más primario de la tecnología que hoy disfrutamos y palpamos. Un camino de regreso en la vida, una recuperación de la memoria acumulada.

Sin embargo, y respondiendo a la inquietud de Cuba Contemporánea sobre una posible ruptura temática en su obra, el propio artista aseguró: “Nunca me alejo de mis ciudades. Una ciudad lo incluye todo. Esta expo es un close up de mi ciudad, un acercamiento a su historia -que es también la mía, la imagen desde el visor del microscopio. Una muestra de mis entrañas, donde develo parte significativa de mi intimidad y mis tesoros más preciados”.

Nos dice también que en Re-Cuerda pretende criticar el facilismo del arte contemporáneo actual, donde el artista muchas veces ni toca la obra a no ser para firmarla. “Imagínate un artista que no sepa dibujar, o un músico que no sea capaz de sacarle ritmo a una lata o un cajón… Desgraciadamente hoy en día cualquiera con un poco de recursos y una computadora puede ser artista. Cuba no se libra de ello. No rechazo la tecnología, para mí es un color, una herramienta más, pero prefiero ir al fondo del asunto, a sus raíces, solo así puedo comprender realmente lo que me propongo”, destaca.

Sándor González. Mi flor. Maquinaria de caja de música, rosa, gota de oro, acrílico, espejo, madera, 2015.
Mi flor. Maquinaria de caja de música, rosa, gota de oro, acrílico, espejo, madera, 201

Las piezas que componen la muestra constituyen verdaderos objetos museables y fueron coleccionadas y restauradas por Sándor desde hace varios años. Los relojes cucú resaltan en la exposición, así como los proyectores de ocho y 16 milímetros, a los cuales el artista incorpora otros elementos de acuerdo con la intencionalidad que pretenda mostrar. Es así que vemos lentes de cámaras fotográficas, maquinarias de relojes de bolsillo, pinzas, espejos, balines, papel, acrílico y hasta cascabeles. “Son piezas que ni siquiera en un museo se podrían ver funcionando. Aquí tenemos el lujo de apreciarlas en vivo y trabajando con sus mecanismos originales”, recalca Sándor.

Le comento que las piezas “Abuelo” y “Mi flor” pudieran ser de las más sinceras de la muestra, e incluso las que mejor traducen la poética de la exposición.

“Son piezas hechas con objetos personales de mis abuelos. El reloj de ‘Abuelo’ lo compraron entre todos sus trabajadores para regalárselo el día que se retiró, mientras que la cajita de música y la dormilona de oro de ‘Mi Flor’ son algunos de los humildes tesoros que heredé de mi abuela. Esto le aporta mucha fuerza a las obras, pues cada objeto tiene una historia muy personal que consigue transmitirse al espectador. Ambas constituyen un homenaje a mis abuelos y a sus generaciones, así como al propio desarrollo de la humanidad. Y es algo que se extiende a toda la exposición, porque esos equipos voluminosos hoy día los tenemos sintetizados y sincronizados en un celular de apenas 10 cm, pero tuvieron que existir primero para lograr lo que hoy tenemos. Eso mismo sucede con las generaciones, las actuales son frutos de las pasadas y estas formarán las venideras. Mis abuelos fueron muy importantes, sus enseñanzas y el ejemplo están presentes en mi cotidianeidad. Son parte de mí”.

Sándor González. Contratiempo. Reloj cucú, lentes, madera, acrílico, llaves de metal, tuercas de diferentes tamaños y reloj de bolsillo, 2015.
Contratiempo. Reloj cucú, lentes, madera, acrílico, llaves de metal, tuercas de diferentes tamaños y reloj de bolsillo, 2015.

Esa sensibilidad que apreciamos con facilidad en muchas de las piezas hace que Sándor posea una perspectiva particular en torno al arte y sus destinos. “Hago lo que tengo ganas de hacer sin pensar en el mercado”, subraya quien nunca ha conseguido desligarse del dibujo, aun en una exposición plenamente instalativa como Re-Cuerda, donde coloca cuatro dibujos realizados en varios soportes y vuelve a recurrir a la línea básica, que es ya forma de expresión inexcusable.

Más allá de la crudeza con que se nos muestren otras de las manifestaciones creadas por él, ya sean los propios dibujos o la intensidad de sus últimos videoartes, Re-Cuerda muestra una faceta del artista eminentemente afectuosa, interactiva, capaz de ahondar en sensaciones fuertes sin rozar los lugares comunes y, sobre todo, consciente de que “somos fruto del pasado, nos guste o no”.

La manera en la cual esta obra se inserta en el panorama actual del arte contemporáneo cubano, Sándor González prefiere dejarla en manos de los críticos. Es un hombre de 38 años con mucho por aprender -afirma-, y por el momento prefiere quedarse con la sinceridad, la defensa del oficio y la constancia hacia él.

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