ERRORES DEL LABRIEGO. OMAR GONZÁLEZ

a mi padre

Su primer gran error estuvo
En compartirlo todo, hasta los sentimientos,
Y en desnudarse el alma creyendo que lo amaban.

El segundo, en dudar de la niebla
Y de los pobres diablos que nos pasan factura,
Cuando, a decir verdad, ellos mueren y mueren.
Son de humo y de sombras.

Pero el peor de todos,
El que más lo derrota, porque lo humilla y cuece,
Es haberla soñado como a la primavera,
Es saber que se muere y no poder salvarla.

Ilustración: “Cachalote”, dibujo de Sándor González Vilar

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