Felices los poetas

Roberto Fernández Retamar
Roberto Fernández Retamar

La presentación del cuaderno His­­toria antigua, de Roberto Fer­nández Retamar for­ma parte de la serie de homenajes que ha recibido durante todo el año el prominente poeta.

Fuente: Granma

La presentación del cuaderno His­­toria antigua, de Roberto Fer­nández Retamar, en la sede del Fes­tival de Poesía de La Habana (ubicada frente a la Fragua Mar­tiana), for­ma parte de la serie de homenajes que ha recibido durante todo el año el prominente poeta.

El Festival, que al decir de su presidente, el poeta Alex Pausides aho­ra tiene un lugarcito en La Ha­bana para pensarse y servir de espacio a la poesía, publica con su sello Co­lec­ción Sur este añejo pero siempre fres­co manojo de poemas, que prologa Guillermo Rodríguez Rivera.

Presentado por el poeta Ricardo Alberto Pérez,  la velada resultó un verdadero agasajo a la poesía,  a juzgar por la esperada pero a la vez impresionante acogida que hicieron de estos versos varias instituciones presentes (Uneac y  Casa de las Amé­ricas, entre otras) y una notable asis­tencia de la comunidad, que en palabras de una de sus vecinas, Miriam del Carmen Fernández, agradece la feliz idea de haber concebido este espacio poético que es la sede del Fes­tival, en ese entorno habanero donde el hálito de José Martí custodia esa altísima gracia que es la poesía.

Historia antigua es un cuaderno sorprendente porque 50 años después de escrito, cuando uno se acerca a él y lo lee, siente que está leyendo poemas escritos ayer mis­mo, comentó a Granma su presentador, quien explicó que la vitalidad tremenda que alcanza su obra está en la capacidad de transferir a otras generaciones conocimientos a través de los recursos poéticos que em­plea. Se trata de un diálogo con la poesía escrita durante siglos, pues Retamar es además un gran lector de filosofía, cuya médula está en lo que crea, esgrimió.

La prueba más evidente de que un libro no envejece es la identificación de los jóvenes con su mensaje. Por eso cuando leyó muchos de estos versos que tocaron fibras  sensibles en el auditorio el aplauso fue rotundo. La lectura de Felices los normales, incluido en el libro,  exigió una vez más, pero como recién estrenado,  el “supuesto”  permiso para que “los que hacen los mundos y los sueños (…) las palabras que nos desbaratan y nos construyen”  tengan reservado “su sitio en el in­fierno, y basta”.

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