PRODUCCIÓN, REVOLUCIÓN CULTURAL Y MOVILIZACIÓN SOCIAL

Texto: Edmundo Aray
Fotos: Claudia González Machado

El poeta, cineasta y periodista venezolano Edmundo Aray, escribió estas reflexiones en mayo de 2015. Desde entonces acá, han circulado entre sus muchos amigos y amigas, aunque esencialmente han permanecido inéditas. Las ofrecemos a nuestros lectores como parte del debate comprometido y responsable que ha tenido y tiene lugar entre los revolucionarios venezolanos durante los últimos años.  

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I

De una cultura rentista a una cultura de trabajo, decimos una y otra vez. ¿Qué hacer para salir de los pronunciamientos? Por mucho tiempo, al parecer, viviremos bajo la égida del capitalismo rentístico venezolano, que pudiera traducirse en modo peculiar de capitalismo de Estado.

Hemos avanzado en la diversificación de la economía, pero es urgente  abordar la revolución agraria y la modernización de la agricultura al nivel de las exigencias de provocar un salto en la producción que permita cubrir en un nivel superior no sólo la demanda de los sectores de la producción industrial, sino también la demanda creciente de consumo por parte de la población. Ello requiere una mayor inversión del sector público y el necesario estímulo a los sectores privados comprometidos con el crecimiento del país.

Actualmente (2015 y unos años antes), la demanda nacional es superior a la oferta nacional y. aún más, a nuestra capacidad de ofertar a través de la importación masiva, hecho éste que caracteriza nuestra economía desde los primeros años de la explotación petrolera hasta ahora, pero con carácter alarmante en nuestros días.

Una revolución de carácter socialista, en las condiciones de la Venezuela moderna, no escapa a una constante histórica, cual es la de crear una demanda creciente a la producción industrial mediante la revolución agraria. Fenómeno histórico, por cierto, del desarrollo del capitalismo. ¿Por qué el proceso iniciado con Hugo Chávez, a esta fecha, sigue arrastrando esta materia? ¿Por qué continúa la “dolorosa dependencia de las importaciones?”

El mayor reto de esta nueva etapa, la nuestra, es la cuestión agrícola,  la revolución agraria, la soberanía alimentaria, que de no ser asumida plenamente “nos traerá frecuentes y muy severos problemas pues se trata, nada más y nada menos, de una cuestión de soberanía y no solamente de economía”. Apunto que el Pacto Agrícola de la Unión Europea expresa enfáticamente que la agricultura no es un problema de precios, sino un problema de seguridad.

¿Cómo abordar un cambio sustancial a través del desarrollo de la infraestructura?

Tenemos tierras fértiles en cantidad, agua, contamos con “una producción de fertilizantes, tantos químicos como orgánicos, así como potenciales, para expandirla cuanto sea necesario”.

Contamos, ciertamente, con los medios para resolver los problemas de la completa mecanización de los suelos en su totalidad, a condición de diseñar y ejecutar un plan adecuado a nuestras particularidades tipográficas y climáticas –afirmaría Alí Rodríguez Araque.

Tenemos energía, y mucha. ¿Por qué no se ha alcanzado una adecuada distribución tanto de electricidad como de gas? ¿Por qué, además, no hemos desarrollado otras fuentes de energía como la fotovoltaica, eólica y de biomasa?

Hemos considerado los que llamamos requisitos para los desarrollos agrícolas. Pero existen otros, como: 1) la ciencia y la tecnología aplicadas a la potenciación de la producción alimentaria; 2) la aplicación del conocimiento de los componentes básicos para satisfacer la alimentación de la población.

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II

En pleno proceso de la Revolución preocupaba a Lenin los síntomas evidentes de la reproducción de la burocracia. Admitía que el viejo aparato estatal no había sido destruido y que la burocracia lejos de disminuir se incrementaba, alcanzando al propio partido. Escribió: hay burócratas no sólo en nuestras instituciones de los soviets, sino también en el partido.  La centralización de la dirección estatal se hiperbolizó y la burocracia se estableció como una nueva clase que asumió el poder estatal y político.

La eficiencia se percibe a través de la relación riqueza-productividad-bienestar.

Es preciso impedir que el Estado asuma la conducción de fuerzas productivas inmanejables socialmente, particularmente en el sector de la pequeña y media producción. Impedir que la ineficiencia se asocie o afecte al sector de la producción estatal.

Excelentes teóricos nuestros han planteado en los últimos decenios que en una economía rentista, la inversión y la producción están condicionadas por el estímulo al consumo sustentado en la distribución de la renta. El enorme esfuerzo para saldar la deuda social heredada se ha traducido en notables aportes al proceso de elevar el nivel de vida de las grandes mayorías, así como a la ampliación de la educación y del conocimiento de nuestra población, que debería redundar en una mejor y mayor calidad de la fuerza de trabajo, capaz de asumir los retos de la producción. En este sentido,¿cuánto hemos hecho con la organización y la educación para la producción? Mucho, cierto, mucho, pero no lo que el proceso exige.

El esfuerzo realizado no ha logrado superar las paradojas de la economía venezolana: a) Un ingreso que supera varias veces la productividad nacional; b) Una capacidad de compra que supera ampliamente la capacidad de producción del país. De allí la necesidad de acudir a instrumentos como MERCAL y PDVAL a fin de satisfacer esa capacidad de compra. Se trata de políticas de subsidio y protección que, inevitablemente, acentúan el crecimiento de una demanda parasitaria, pues resulta de ingresos que no se han obtenido por la participación en el proceso productivo, política ésta que contribuye al aumento de una población infecunda, pero que, al mismo tiempo, nos debe impulsar por el camino de aumentar la producción alimentaria mediante la revolución agraria, también con una revolución en la producción industrial, al igual que en el universo científico y tecnológico. Tres revoluciones que han sido sustanciales en el desarrollo capitalista, e igualmente en un proceso como el nuestro, que requiere de un proceso de acumulación ampliada mediante el capital y la fuerza de trabajo.

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III

Y si de revoluciones se trata, urge la revolución cultural. Hemos avanzado en sentar bases para que ésta se produzca. Por cierto, la convocatoria del Ministerio del Poder Popular para la Cultura se orienta en este sentido cuando nos llama a inventar formas más audaces de intervenir la realidad, dígase la escalada de violencia física, simbólica y espiritual que el capitalismo mundial ejerce contra los pueblos, contra el nuestro por su empeño de inclusión de millones de venezolanas y venezolanos a planes sociales de alfabetización, educación a todos los niveles, alimentación, vivienda, deporte y salud. Por la disposición a lograr el protagonismo consciente y real de  nuestro pueblo en el proceso revolucionario que hoy alienta nuestras vidas.

Somos, aún con el pesar de las inconsecuencias, ejemplo para numerosos pueblos del mundo, lo hemos sido desde 1810, -y mucho antes-, y no dejaremos de serlo. Ni el imperio ni sus agentes nacionales, la oligarquía servil, racista, incapaz de reflexionar con cabeza propia, al punto de acudir al gobierno invasor de siete naciones en el período del presidente Obama, tal su sujeción a los valores del imperio, conformada por el tesoro nacional, dígase la renta petrolera; ni el imperio ni sus agentes, reitero, perdonan el extraordinario esfuerzo de inclusión social y papel protagónico de los desposeídos, generado por el proceso que iniciara el Comandante Chávez. Sienten que han perdido su poder político, las prebendas y desafueros de ese poder. Historia la nuestra de enfrentamiento permanente entre los propietarios y los desposeídos, Historia que quisieran desbaratar a través de la infamia, el terrorismo, el desprecio, la sostenida guerra impúdica contra nuestra existencia social.

La sociedad del capital trata de imponer el caos,  de trastocar la verdad, trastocar los valores; todo cuanto es amoral convertirlo en ética, la ética del mercado, dígase la ética de la mercancía. A través de los medios penetra en nuestro inconsciente, a fin de apropiarse de nuestra existencia, de corromperla al punto de convertir la deshonestidad como un modo normal de actuar  en  la vida cotidiana.No es posible construir una sociedad nueva con valores viejos; con valores de la sociedad del capital. Bien lo sabe el enemigo.

Oigamos las advertencias deFidel: Las carencias, los errores y las desviaciones de la política ideo-educativa y divulgativo-propagandística conducen a que se identifique como conducta y valores éticos positivos posturas, ideas, actos que llevan componentes de individualismo, discriminación, egoísmo, extranjerismo, simulación, doble moral.

¿Qué hacer? Dar la batalla con la verdad por delante.A cada golpe contragolpear con la verdad. Asumir a plenitud la ética del trabajo, de la cooperación y de la solidaridad. Actuar cada día de nuestras vidas, conscientes de los aciertos y debilidades del proceso, en el ejercicio de la  creación de un nuevo modelo de relaciones humanas, fin supremo de una revolución social, cuando es auténtica.

¿Descansa Bolívar tranquilamente en el sepulcro? ¿Descansa Hugo Chávez tranquilamente en el sepulcro, sabiendo él, a la hora de su muerte, que apenas había contribuido, pese a su descomunal esfuerzo patriótico, a iniciar el camino de la liberación nacional y el socialismo?

Todos somos Bolívar, todos somos Hugo Chávez. ¿Cómo hacer, qué hacer para alcanzar esta condición, este propósito de los mejores hombres y mujeres de Venezuela, que son, somos. la inmensa mayoría?

Ahora mismo Hugo encarna la utopía de la redención universal del hombre. Palabra de un poeta.

A lo largo de nuestra historia el pensamiento latinoamericano y caribeño  ha estimulado el amor a la justicia, a la verdad, a la  belleza y el compromiso de realizarnos en la lucha por la plena soberanía, dígase el poder del pueblo. Palabra de un antropólogo.

No hay revolución sin cultura ética y sin paradigmas culturales y morales.

No hay revolución sin una ideología de profundo contenido humanista arraigado en la conciencia del pueblo.

Convoquemos, una vez más,  a la imaginación, a  los poetas, a los profetas, a los poderes creadores del pueblo y al ejemplo de nuestros héroes en la gran batalla contra los genocidas de la humanidad.

Permítanme, finalmente, citar a Rosa Luxemburgo: “las masas deben aprender cómo usar el poder usando el poder. No hay otra manera”.

Tal es, compañeros, la sagrada tarea de la movilización social.

Mayo, 2015

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