LUIS EDUARDO AUTE: «Estamos absolutamente abducidos por la nueva religión: la tecnología»*

  • LUIS EDUARDO AUTE, cantante y compositor español.
  • Por ANTONIO ARCO, periodista español
  • Dibujos, especialmente para esta edición: Sándor González Vilar, artista cubano

LA VERDAD, 24 enero 2016

Luis Eduardo Aute
Luis Eduardo Aute

Luis Eduardo Aute (Manila, 1943), ha cumplido 50 años como compositor de éxito, medio siglo de letras que generaciones de españoles han hecho suyas y han cantado, o susurrado, frente al mar o en el lecho. Con este motivo, tras la publicación de ‘Giralunas’ (Sony-Music), el disco-vídeo con el que destacados artistas de la llamada ‘generación del milenio’ le rinden homenaje, el artista -también pintor y autor de cortometrajes- se ha embarcado en ‘La Gira Luna (de la luz a la sombra)’, la serie de conciertos que hoy le trae, a las 20.00 horas, al Teatro Romea de Murcia.
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-Está usted espigado perdido, seguro que no tendrá colesterol malo.

-Pues no tengo ni idea, porque huyo de los médicos como de los políticos. Y, mientras tanto, sigo sin dejar el tabaco.

-¿Se cree que hayan pasado 50 años desde que se estrenó en la música?

-No me queda más remedio, pero de lo que yo tengo la sensación es de haber cumplido 50 años de vida, o todo lo más 51.

-¿Qué se dice para llevarlo bien?

-‘Luis Eduardo, mucho ajo y mucha agua’.

-¿Sobre qué hablan sus nuevas canciones todavía no grabadas?

-Hay varios motivos que son nucleares. Uno, que en efecto el tiempo vuela. Otro, que es una lástima que el bosque no nos deje ver el árbol. Precisamente, una de mis nuevas canciones se titula así: ‘El bosque no deja ver el árbol’. Estamos como emboscados y somos totalmente incapaces de valorar lo que realmente tiene valor, que es el árbol. El árbol es la madre de todos los corderos: el de la vida, el del conocimiento, el del Bien y del Mal, el de la fruta prohibida; el árbol da sombra, madera, echa raíces. Es un símbolo muy de síntesis de lo que debe ser la vida, cuyo sentido hemos perdido de vista. El árbol es un bicho raro, no le damos importancia pero es la hostia.

-¿Usted qué intenta?

– Todavía me queda alguna fe en el ser humano que intento no perder.

-¿Aprovechó la vida?

-Posiblemente me habré equivocado muchas veces, pero de forma inconsciente. Intento ser coherente con mis ideas y con mi forma de entenderla, y me resisto a todo tipo de trágalas. Sigo andando mi camino y, bueno, intento estar no demasiado en contradicción con lo que pienso.

No traicionar

Raíces. Dibujo de Sándor González Vilar
Raíces. Dibujo de Sándor González Vilar

-¿Cuáles son las cosas verdaderamente importantes?

-Intentar ser leal a uno mismo y no traicionar a la gente que quieres y que te quiere.

-¿El amor nos hace finalmente más libres que esclavos, más esclavos que libres, más tontos que listos…? ¿Llegó a alguna conclusión?

-El amor nos hace, sobre todo, más vivos que muertos.

-¿Aprendió a manejarse bien con el desamor?

-No, no. Uno nunca aprende. Uno se cree que aprende, que las cicatrices ayudan a andar, pero no es así. Aunque, insisto, eso por otro lado es bueno porque significa que estamos vivos; si no fuésemos sensibles a ese dolor, sería terrible.

-¿Damos por cierto que los amigos son importantísimos?

-Sí, pero son muy pocos. Amistades, muchas, pero amigos de verdad yo diría que uno o ninguno.

-¿Desconectó ya de la preocupación por el paso del tiempo?

-Que pase el tiempo me da mucha rabia, porque cada vez queda menos y esa falta de tiempo me hace apresurarme. Tengo muchas cosas que hacer todavía, y sé que en el mejor de los casos me queda mucho menos tiempo que hace veinte años.

-Eso que se dice de que uno vivirá siempre en sus canciones, o en su caso también en su pintura o en sus películas animadas, ¿consuela?

-Es un consuelo de tontos y una tontería.

-Tiene que dar mucho gusto encontrarse con gente cantando, deleitándose, tarareando, gozando o entristeciéndose con lo que uno ha escrito y ha hecho canción.

-Nunca he sido demasiado consciente de eso, y prefiero no serlo. No sé por qué, pero prefiero no serlo. Escribo las canciones que me apetece escribir, y si después los demás las hacen suyas, pues no sé.

-¿Qué cree usted que no se pierde nunca?

-La necesidad de ser importante para alguien, de saber que te quieren. Que te quieran es una de las condiciones indispensables para desear seguir viviendo.

-¿En qué intento anda metido?

-Cada vez más intento hacerme los menos enemigos posibles, porque es muy incómodo tenerlos.

-¿Ganas de batallar?

-No; batallas, las menos posibles. Bastante batalla es ya la supervivencia. A mí que me dejen de batallas y, sobre todo, de batallitas.
-¿Qué es verdad?

-Que miente quien diga que tener que morirse le resulta indiferente; mentiroso compulsivo, seguro.

-De la infancia, ¿qué le fascina?

-Que al no tener ninguna experiencia de la vida, la ves de una manera mucho más apetecible.

-Dibuja usted muy bien los dragones, ¿los hay a nuestro alrededor?

-Sí, estamos rodeados de dragones muy peligrosos, pero no los vemos porque son maestros en el arte del camuflaje; suelen llevar ropajes caros y se suelen presentar como importantes.

-¿Qué tiempos vivimos?

-Muchas veces da la impresión de que están todos los cables cruzados y de que lo más probable es que se vaya a producir un cortocircuito de cojones. Ay, España de mis amores, ¡cuánto te odio! Hermoso país el nuestro, tan hermoso como detestable. También es cierto que somos ya muchos en este planeta, que empieza a quedarse pequeño; y que, estando en el siglo de la comunicación inmediata, con internet y todo lo demás, estamos cada vez más incomunicados, cada vez más solos y absolutamente abducidos por la nueva religión, que es la tecnología. Y la tecnología está bien, pero siempre y cuando nos sirvamos de ella y no nos convirtamos en sus súbditos. Abunda la información pero escasea el conocimiento. Nos desconocemos cada vez más los unos a los otros y estamos totalmente huérfanos de conocimiento.
-¿Cuándo dejó usted de creer en los políticos?

-A partir del momento en que me di cuenta de que los políticos no creen en los seres humanos.

A la fuerza ahorcan

Dibujo de Sándor González Vilar
Dibujo de Sándor González Vilar

-¿Y no está ahora más esperanzado tras la nueva situación política que vive el país?

-Bueno, a la fuerza ahorcan. O te lo tomas con un cierto optimismo o si no para qué. La política debería ser un arte, pero la realidad es que los que no tienen solución son los políticos, que son harina de otro costal y que no tienen remedio. De momento, en la política española corre un aire más fresquito y vamos a ver lo que va a dar de sí. Los intereses estructurales del sistema político en el que estamos son férreos.

-¿Sigue hablando de izquierdas y derechas?

-No, hablo de puteadores y puteados, que está claro que los hay en todos los ámbitos. Decía Albert Camus, hablando de los artistas, que estos debían estar siempre con aquellos que padecen la Historia y no con los que la hacen. Y por ahí creo yo que va la cosa. El tema del puteo es muy complejo; ya se putearon en los orígenes Caín y Abel, sin olvidar lo que puteó Eva a Adán con la manzanita. Lo de putear al otro es genético, yo creo.

-¿Alguna solución a la vista?

-Solución no hay ninguna, pero creo que tenemos que intentar conseguir una supervivencia menos traumática.

-Me parece que escuchar algunas de sus canciones contribuye a ello.

-Gracias. Lo que más me gusta es cuando alguien me dice que con una canción mía se ha sentido mejor, menos solo o con la sensación de que por ahí, por el mundo, tiene un cómplice.

-¿Qué le propone al público con sus canciones?

-Nada, simplemente invito a la reflexión, a la imaginación y a los sueños como actos de resistencia.

-¿Qué defiende usted?

-Todo aquello que nos aleje de la indignidad, la estupidez y la fealdad. Apuesto por todos los valores que no confundan valor con precio.

-¿Canciones, hoy, para qué?

-Una excelente pregunta que quedará sin respuesta. Ojalá la tuviera.

-¿Qué no soporta?

-La mayor parte de las veces, a mí mismo.

-Feliz, ¿qué le hace?

-La difícil felicidad que uno pueda procurar a los demás.

-¿Y qué le indigna?

-Sin duda, la estupidez en todas sus acepciones.

-¿A qué cosas no le da ya ninguna importancia?

-A todo aquello que no tenga importancia, que es casi todo.

-¿No hay nada que hacer?

-Hay todo por hacer, lo terrible es no saber qué hacer con todo ello.

-¿Qué persigue?

-Que nadie me persiga.

-¿Va Aute a pecho descubierto?

-El que esté libre de máscaras que se tire la primera piedra.

-¿Se puede vivir de recuerdos?

-Sí, aunque mejor evitarlo.

-¿Resulta que, a veces, se da miedo usted mismo?

-Más que miedo, agobio.

-Cuando se mira a fondo, sin temor, ¿qué es lo que encuentra?

-Un agujero negro, o similar.

-¿Qué da más vértigo?

-El hecho de vivir.

Dibujo de Sándor González Vilar
Dibujo de Sándor González Vilar

-Dice usted que el enemigo tiene muchas caras. ¿Cuál es la que ha elegido hoy para despistarnos?

-La del cinismo y el simulacro. Se camufla de buen amigo, incluso. No le importa nada ser un hipócrita, un falso, no tener coherencia, no estar del lado de la Justicia; no le da ningún valor a la verdad, ni a la honradez, ni a nada.

-¿Qué le mantiene despierta la curiosidad?

-El incomprensible hecho de estar vivo.

-¿Cuál es la última pregunta que se ha hecho?

-¿Vale la pena hacerse preguntas?

-¿Y la última a la que ha encontrado respuesta?

-Ninguna.

-¿Su gran obsesión?

-Aprovechar cada segundo de la vida.

-¿Tiene tentaciones de ser dócil?

-Me temo que no sufro tentaciones al respecto, las tentaciones son para todo lo contrario.

-¿Para qué sirve la paciencia?

-Es una importantísima virtud para la supervivencia.

-«¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!» (Ricardo III). ¿Por qué daría usted su reino?

-¡Un ser humano, un ser humano, mi vida por un ser humano!

-¿Qué es lo peor de sentirse a la intemperie?

-Desear estar dentro de un túnel para ver si aparece alguna luz al fondo.

-¿Qué cosas le provocan un soplo de alegría?

-No sentirse solo.

-«Aunque creas que tu vida es un deshecho, ve, y pelea, y sácale al deshecho, pecho», canta usted. Eso está muy bien, pero, ¿cómo lo hacemos?

-Probablemente, engañándonos a nosotros mismos.

-¿Qué salvaría usted de Atenas en llamas?

-La luz de la sabiduría, del conocimiento, de la belleza.

-«¡La felicidad, ja, ja, ja!» . ¿Le damos la razón a Palito Ortega?

-Esa es una frase con múltiples lecturas, a pesar de Palito Ortega.

-¿Cómo deberían ser las sirenas por las que estaría dispuesto a dejarse naufragar?

-Soñadoras.

-¿Qué le diría usted a los lectores para que se animen a ir a su concierto [de hoy, las entradas cuestan 28, 24 y 20 euros] en el Romea?

-Que si aprecian mis canciones, que vengan para hacernos buena compañía mutuamente.

*Entrevista ofrecida por Luis Eduardo Aute al periodista Antonio Arco a pocas horasde ofrecer un concierto en el Teatro Romea, de Murcia, España. Si bien han pasado algunos días de su publicación, no por ello el diálogo deja de ser inteligente, comprometido e inspirador.

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