RUBÉN DARÍO

Edmundo Aray

Rubén Dario

RUBÉN DARÍO
1867-1916

“He aquí el heraldo del país del ensueño. He aquí al hombre-águila que viene a nosotros cargado de laureles y pletórico de poesía.
“¡Tapizad de flores el camino por donde ha de cruzar el triunfador!
¡Descubrid vuestras cabezas ante el divino poeta!
¿Quién es?

Este es aquel que ayer no más decía
El verso azul y la canción profana
En cuya noche un ruiseñor había
Que era alondra de luz por la mañana.

“¡Gloria al excelso artista! ¡Gloria al altísimo trovador! ¡Gloria a Rubén Darío!”.

He aquí el ferviente modo de saludar Vicente Huidobro al gran poeta nicaragüense. Artículo publicado el 16 de junio de 1912.

Luego expresa: “La característica de Rubén Darío es la individualidad, la personalidad, ya él lo dijo: mí poesía es mía en mí. (…) Su obra es plena de ansia, sensación pura y vigor natural; está hecha sin falsía, sin comedia y sin literatura. Rubén Darío percibe lo oculto, su sensibilidad exquisita siente lo que para otros pasa inadvertido”…

Huidobro cita a Elisio de Carvalho: (…) “no es sólo un poeta eminente, el príncipe de los poetas de lengua castellana, sino el primero, el más completo… Rubén Darío es un precursor, un creador, un predestinado”.

Darío publicó su primer libro en 1885 con el título de PRIMERAS NOTAS, Epístolas y poemas. Al año siguiente publica ABROJOS. Y al siguiente RIMAS. Aún no había aparecido el Rubén Darío que asombraría los ámbitos de la poesía. El Darío con toda su personalidad, con su arte nuevo y magnífico se revelará al través del libro AZUL, editado en Chile en 1888. Huidobro comenta: “Es éste un libro saturado de Naturaleza, con verdadera adoración por ella. Diríase la obra de un panteísta. Es un libro voluptuoso, sensual. (…) AZUL es un libro ardiente, lleno de vitalidad, de sangre, de fuego”.

Estamos ante un poeta que hace suya una estética de la novedad, una pugna dentro de la alienación instaurada, la necesidad de inventar en todas sus piezas un paraíso artificial en el cual sin embargo fuera posible lo imposible: resguardar la subjetividad más viva –palabra de Ángel Rama.

Octavio Paz considera que el poema VENUS es el primero que realmente sea una creación, con un verso final que es “uno de los más punzantes de nuestra poesía: ‘Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar’. La altura se vuelve abismo y desde allí nos mira, vértigo fijo la mujer’”. Acaso sea VENUS el poema primigenio de Darío que descubre su concepción erótica del mundo.

VENUS

En la tranquila noche mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
Como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
Que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín.
O que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
Triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

“¡Oh, reina rubia! –díjele-, mi alma quiere dejar su crisálida,
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar”.
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde la noche, me miraba con triste mirar.

He aquí el poeta de la palabra encantada y del verso encumbrado. “No sólo fueron los ritmos insólitos sino el brillo de las palabras, la insolencia del tono y la sensualidad de la frase lo que irritó y hechizó”. (Octavio Paz). Pero, al mismo tiempo, deslumbró a jóvenes escritores y críticos de inaugural entendimiento.

En 1898 escribe sobre el espíritu nuevo que entonces animaba a un pequeño grupo de escritores y poetas de la América española, triunfante y soberbio, ya definido por él con el nombre de modernismo diez años antes. Modernidad y cosmopolitismo eran términos sinónimos para Darío y sus amigos. Proclamará Darío: “Los poetas nuevos americanos de idioma castellano hemos tenido que pasar rápidamente de la independencia mental de España (…) a la corriente que hoy une en todo el mundo a señalados grupos que forman el culto y la vida de un arte cosmopolita y universal”. Avidez de presencia más que de presente – escribiría Octavio Paz. También nostalgia de la unidad cósmica, fascinación ante la pluralidad en que se manifiesta.

“Ama tu ritmo y rima tus acciones”, ordena Darío. Para Octavio Paz “el modernismo se inicia como una estética del ritmo y desemboca en una visión rítmica del universo. (…) Su revolución fue una resurrección. Doble descubrimiento: fue la primera aparición de la sensibilidad americana en el ámbito de la literatura hispánica; e hizo del verso español el punto de confluencia entre el fondo ancestral del hombre americano y la poesía europea”. (…) Y hay algo más: (…) “la poesía es una revelación distinta a la religiosa”. Darío fue conciencia, espectador, crítico del movimiento, lo sobrepasa. Afirmará Octavio Paz: “Darío no es únicamente el más rico y amplio de los poetas modernistas: es uno de nuestros grandes poetas modernos. (…) su poesía es viril: esqueleto, corazón, sexo”.

En el libro AZUL Darío dedica algunos poemas a poetas de su mayor admiración. De ellos se alimenta, nutre a muchos de ellos. He aquí el poema que suelen relacionar con el texto publicado por Martí en 1887 sobre el gran poeta norteamericano:

Walt Whitman

 

WALT WHITMAN

En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro tiempo mejor.
Dice al águila: “¡Vuela!”; “¡Boga!”, al marino,

y “¡trabaja!”, al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

En 1896 publica PROSAS PROFANAS. El título, entre erudito y sacrílego, irritó aún más que AZUL. Paz escribió: “Llamar prosas –himnos que se cantan en las misas solemnes, después del Evangelio- a una colección de versos predominantemente eróticos era, más que un arcaísmo, un desafío”. Confiesa Darío: “Después de AZUL (…), después de LOS RAROS, voces insinuantes, buena y mala intención, entusiasmo sonoro y envidia subterránea –todo bella cosecha-, solicitaron lo que, en conciencia, no he creído fructuoso ni oportuno: un manifiesto”. Pues Darío no lo escribió, sin embargo, sus palabras liminares escandalizaron a muchos: “Mi respeto por la aristocracia del pensamiento, por la nobleza del Arte siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura estética, apenas si se aminora hoy con una razonada indiferencia”. (…) “Al seguir la vida que Dios me ha concedido tener, he buscado expresarme lo más noble y altamente en mi comprensión”. Entre paréntesis escribió: (“Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en Palenke y Utatlán, en el indio legendario y el inca sensual y fino, y en el gran Moctuzuma de la silla de oro. Lo demás es tuyo, demócrata Walt Whitman”.)

Vicente Huidobro
Vicente Huidobro

PROSAS PROFANAS es, en palabras de Huidobro: obra perfecta, optimista: “Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la harmonía verbal, una melodía ideal”. Huidobro encuentra entonces al místico refinado, sincero, profundo. Llenas, dice, están sus páginas de luz y sombra extraordinariamente nerviosa y sobremanera límpida y transparente. “Es un prodigioso repertorio de ritmos, formas, colores y sensaciones”-afirmará Octavio Paz en 1964.

SONATINA, escribe Darío, “contiene el sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso”. Es algo más, es el encuentro del sueño con su poeta, del poeta con su sueño –agregará Enrique Anderson Imbert.

SONATINA

LA PRINCESA está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-¡Calla, calla, princesa –dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderse los labios con su beso de mármol!

[1893]

¿Quién niega el encantamiento, la melodía sublime de Rubén, su verbo sin par, como arrancado a los dioses? Música de las ideas, música del verbo. En Darío el imperio de la música tuvo un valor absoluto, manera de atestiguar – escribiría Rama – la humanidad del hombre, la expectativa de su sacralidad.

En 1905 –sólo nombramos sus libros de poesía-, publica CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA, LOS CISNES Y OTROS POEMAS, en donde surge en toda su fuerza el pesimismo de Darío –decir de Huidobro. Esta es la obra culminante del poeta, la obra gigantesca del genio. En 1907 EL CANTO ERRANTE; POEMA DEL OTOÑO Y OTROS POEMAS (1910), CANTO A LA ARGENTINA Y OTROS POEMAS (1910).

Inicia el libro CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA con el poema YO SOY AQUEL QUE AYER NO MÁS DECÍA, acaso búsqueda del arte puro, expresión de su visión estética, hambre de espacio y sed sincera, encuentro con la selva sagrada, emanación del corazón divino. Domine la emoción. ¡Cuánta belleza, cuánto conjuro, cuánta voz sublime!

I
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud… ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia…
una fragancia de melancolía…

potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melancolía…

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de “te adoro”, de “¡ay!” y de suspiro.

Y entonces era una dulzaina en juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de notas de Pan griego
y un desgranar de músicas latinas.

Con aire tal y con ardor tan vivo,
que la estatua nacía de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina
Me encantó la marquesa verleriana,
Y así juntaba a la pasión divina
Una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura…
si hay una alma sincera, ésa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libre de pensar bajo,
bañó el agua Castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye de ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor -¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol -¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
Pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
Y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén… ¡la caravana pasa!

[París, 1904]

“Eco del clamor de todo un Continente contra el férreo cazador del norte al cual no se podía hablar de otra manera es el poema A Roosevelt”. Según Darío: “preconizaba la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas imperialistas de los hombres del Norte”. Poema que rinde homenaje a José Martí, al centrar su tema en los valores de “Nuestra América”, expresión inaugural.

A ROOSEVELT

¡ES CON VOZ de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría de llegar hasta ti, Cazador!
¡Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
Con un algo de Washington y cuatro de Nemrod!

Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aun reza a Jesucristo y aun habla en español.

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
Eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.

Ya Hugo a Grant lo dijo: “Las estrellas son vuestras”.
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva-York.

Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española
la América en que dijo el noble Guatemoc:
“Yo no estoy en un lecho de rosas”; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor;
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!,
hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenerlos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo. Falta una cosa: ¡Dios!

[Málaga, 1904]

El amor, la tristeza, la muerte sustancian su existencia. Por amor pecó en pensamiento, palabra y obra. Encuentra el secreto del vivir “en el sacro incendio universal amoroso”. Sortilegio. Permanente fulgor.

XXX
AMO, AMAS

AMAR, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo obscuro del lodo;
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

Asaltan al poeta las celadas de la vida consciente -opresiva como una sombra temerosa, fantasma de desolación y duda. He aquí un poema de hondo pesimismo: la tumba aguarda con sus fúnebres lirios.

XLI
LO FATAL
A René Pérez

DICHOSO el árbol que es apenas sensitivo,
Y más la piedra dura porque esa ya no se siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
Ni de dónde venimos!…

Con la misma carga pesimista, acosado por la soledad, preso por la melancolía, Darío escribe:

TRISTE, MUY TRISTEMENTE…

UN DÍA estaba yo triste muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente;

era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba

la noche. Y crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

[1916]

Nos tienta Huidobro: “Honremos al genio y demos gracias al maestro de las nuevas generaciones. Al que tiene en su poesía todas las tonalidades posibles, desde el gorjeo divino del ruiseñor hasta el rugido del león feroz, al que rompió las cadenas de la retórica, los férreos grillos de la métrica fija, al que nos enseñó a valorar libremente”. Darío transformará la lengua en plenamente americana y por lo mismo en profundamente hispánica. En el decir de Rama: Con Darío, América se apropia de la lengua castellana a través del canto. Luego escribirá: “Hacia donde mire, el poeta registra el desorden del universo, la injusticia de la sociedad, la subversión de los valores, una desarmonía generalizada que parece regir a la propia naturaleza y permitiría enjuiciar incluso a Dios”.

Recuento de su vida, recuento de sus obsesiones literarias, de sus fantasmas del corazón, pesimismo vital, acaso temperamento de Eclesiastés. La melancolía, delicado manto. Poema que en los días de tristeza adolescente aprendimos de memoria:

Gregorio Martínez Sierra
Gregorio Martínez Sierra

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA.
A [Gregorio] Martínez Sierra

Juventud divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alma pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor lecho de armiño,
Herodías y Salomé…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía…

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé…
y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe…

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siembre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también…

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro…
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que esperaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín..

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro…
y a veces lloro sin querer…
¡Más es mía el alba de oro!

Se ha escrito sobre el erotismo pagano de Darío. Cintio Vitier escribe: “Poeta pánico, dionisíaco, por eso su visión del amor, que oscila entre la galantería, la lujuria y en panteísmo, acaba en ´Lo fatal´ abriendo la visión trágica de la muerte”.

Para Octavio Paz el erotismo de Darío es pasional. Es una visión mágica del mundo. Las mujeres en la poesía de Darío “concentran el misterio del corazón del mundo”. “Misterio, corazón, mundo: entraña femenina, matriz primordial”. En la mujer “se respira el perfume vital de cada cosa”. Ese perfume -señala Paz- es lo contrario de una esencia: es el olor de la vida misma.

Sin duda, dice Rama, Darío es el poeta de la sensualidad, “ como un ropaje bello de una fuerza mucho menos dependiente de la materia de lo que podría esperarse: es pura energía”. Esa energía anima vida y poesía, pero es además la misma que anima el universo…

Con Rubén Darío el idioma se echa a andar. Cierto. Su revolución fue una resurrección. Cierto. “Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Cierto. Es el fundador. Murió en su casa, el 6 de febrero de 1916. El médico que le atendió intentó robarle el cerebro. Pudo haberle robado el corazón.

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