De esclavo a Mayor General

Pedro Antonio Díaz Molina, el único esclavo cubano que llegó al grado de Mayor General fue, además, el Jefe del 6to. Cuerpo del Ejército Libertador de Cuba y combatió en las tres guerras

Luis Hernández Serrano
Fuente: Juventud Rebelde

El Mayor General, junto al coronel Augusto Arnao, con la bandera de la invasión. Foto: Juventud Rebelde
El Mayor General, junto al coronel Augusto Arnao, con la bandera de la invasión. Foto: Juventud Rebelde

El único esclavo que llegó al grado de Mayor General en el Ejército Libertador de Cuba (ascendido a propuesta del General en Jefe Máximo Gómez) fue Pedro Antonio Díaz Molina.

El bravo mambí —cuando el 6 de abril de 1897 el también Mayor General Juan Rius Rivera fue capturado y encarcelado, gravemente herido en combate— asumió su responsabilidad como Jefe del 6to. Cuerpo de Ejército de Pinar del Río, cargo en el que concluyó la guerra independentista.

Justamente en aguerrida tropa, compuesta por orientales, villareños y pinareños —antes de que concluyera la contienda bélica— le dedicaron con afecto y reconocimiento una pieza musical patriótica denominada Himno de libertad, de seis estrofas decasílabas, la última de las cuales decía:

«General, nuestro canto a su gloria/ Dedicamos con gusto y placer,/ Que recoja sus lauros la historia/ Y su lema de honor al vencer».

Vino al mundo en el poblado de Mayajigua, término municipal de San Juan de los Remedios, en la provincia de Las Villas, el 17 de enero de 1850, del vientre de la esclava Cesárea Regla.

Como no supo nunca quién había sido su padre, tuvo que asumir el apellido de su dueño, Domingo Díaz.

Pedro Díaz hizo trizas las cadenas de la esclavitud desde los 19 años. Foto: Archivo Juventud Rebelde

Tenía solo 19 años cuando hizo trizas las cadenas de la esclavitud e integró el 20 de abril de 1869, las tropas victoriosas del general venezolano Salomé Hernández, al que vio morir de extrañas y fuertes fiebres en una zona del oriente cubano.

Tras el fallecimiento de Salomé se subordinó a otro corajudo jefe extranjero, el Mayor General Francisco Villamil, al servicio de la lucha cubana, aunque nacido en Galicia, España.

A la muerte de su jefe directo tras una larga enfermedad causada por una grave herida en combate, siguió peleando en territorio camagüeyano, hasta terminar la guerra de 1868 en su natal provincia villareña, ya con el grado de Comandante.

Pedro Díaz, al concluir la Guerra de Independencia de 1895, tenía surcada su piel por varias cicatrices de heridas de bala y armas blancas sufridas en diferentes combates.

Siempre admiró y sintió un gran aprecio por la figura del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, ante los ejemplos de sus éxitos combativos y luego de caer abatido en la manigua de San Pedro, el 7 de diciembre de 1896.

La llamada Guerra Chiquita contó con el entusiasmo, el corazón, el caballo, el revólver y el machete de Pedro Díaz, quien el 9 de noviembre de 1879 se lanzó nuevamente a la manigua bajo el mando del Coronel Francisco Carrillo Morales.

Al terminarse esta etapa de lucha, se le vio en una parcela pequeña de tierra en San Juan de los Remedios, dedicado en su provincia natal —con el mismo afán que lo caracterizaban— a las labores pacíficas de la agricultura.

Como era de esperar, no se cruzó de brazos cuando escuchó la clarinada libertadora de José Martí, y 14 días después de que el Delegado del Partido Revolucionario desembarcara en Playitas de Cajobabo, se alzó de nuevo en armas, encabezó el alzamiento de Remedios y se puso a las órdenes del Coronel Joaquín Castillo López.

Precisamente, en esa misma fecha al corajudo combatiente se le reconocieron los grados de Teniente Coronel.

Su conducta personal, su respetuoso y cariñoso trato a los hombres bajo su mando y su valor combativo, determinaron que al paso de la columna invasora por el territorio de Las Villas, ya como jefe del Regimiento de Caballería Narciso López, Pedro Díaz no solo se incorporara a la Columna Invasora, encabezada por el Generalísimo y el Titán de Bronce, sino que, el 14 de agosto de 1895, fuera ascendido a Coronel.

Ya en tierra habanera, le confiaron la responsabilidad de la Brigada Sur, el 17 de enero de 1896, y sumó a sus indiscutibles méritos de guerra el haber participado con repetidos éxitos en la campaña de la Lanzadera, que el Generalísimo dirigió magistralmente, y se unió al Mayor General Antonio Maceo en el ingenio Peñalver, en los alrededores de Batabanó, y en su compañía combate en la segunda campaña pinareña.

Ante la escasez de fusiles y municiones, la audacia del coronel Pedro Díaz lo llevó a realizar, el 2 de febrero de 1896, el asalto a un convoy ferroviario en el sur de la provincia de La Habana.

Su éxito en ese arriesgado suceso posibilitó —solo seis días más tarde— el haber sido ascendido a General de Brigada, y el 16 de marzo del propio año mereció por su temeridad y cargo, la condición de General de División.

Posteriormente Pedro Díaz participó en nuevos combates como los de El Galope, Laborí, Cayajabos, La Palma y en el ataque e incendio de San Andrés de Caiguanabo, en los que sobresalió de tal manera que elevó considerablemente su prestigio militar.

Ya a fines de agosto, es uno de los altos oficiales mambises que acompañan al Titán de Bronce a la península de Guanahacabibes con el fin de dar la bienvenida y colaborar y apoyar el desembarco del vapor Three Friends, conducido por el general puertorriqueño Juan Rius Rivera, uno de los más destacados héroes de la guerra de 1868.

Mas no se quedó ahí su hoja de servicios, pues más tarde participó en los combates de Montezuelo y Rubí, en ese momento ya como miembro del Estado Mayor del Ejército del Lugarteniente General.

Teniendo en cuenta la necesidad de enviar junto a Máximo Gómez a un alto oficial de mucho prestigio personal hacia la provincia de Las Villas y el hecho de que él era nativo de esa región, Antonio Maceo decidió enviarlo para estimular las acciones contra los españoles.

Por ese motivo, él acompañó al Titán de Bronce, el 4 de diciembre de 1896, en el cruce por mar de la trocha de Mariel a Majana y estuvo relativamente cerca de él en el trágico desenlace de su caída el 7 de diciembre de ese año, pues su jefe directo le había pedido que se adelantara a reconocer el terreno.

Fue precisamente en aquellas duras circunstancias que el general de División Pedro Díaz se da cuenta de que algo sumamente grave ocurría en el sitio donde se encontraba Maceo y, al regresar, conoce la tragedia.

Increíblemente, algunos de sus contemporáneos acusaron injustamente al general Pedro Díaz de haber tenido cierta responsabilidad en la muerte de su jefe, aunque tales opiniones no impidieron que el Generalísimo lo propusiera para ser ascendido a Mayor General, el 3 de enero de 1897.

Este héroe de nuestras luchas libertadoras recibió su licenciamiento del Ejército Libertador el 20 de noviembre de 1898 y —de modo insólito— los interventores estadounidenses le ofrecieron el simple cargo de «comisario de montes», aunque, por supuesto, el pueblo pinareño pensó en él para ser candidato a la Presidencia de la República y en abril de 1904 resultó electo como Representante a la Cámara.

Pedro Díaz combatió a los alzados en Consolación del Sur en la denominada Guerrita de agosto y por el hecho mismo de ver pelear a los cubanos entre sí, se apartó de la política y se dedicó a la agricultura en su finquita de Artemisa. Falleció en La Habana el 15 de mayo de 1924.

FUENTE: «Sudando la guerra”, René González Barrios, presidente del Instituto de Historia, revista Verde Olivo, No. 3, Junio 2014.

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