CÉSAR VALLEJO

EDMUNDO ARAY

1892-1938

índiceNació en Santiago de Chuco, Perú, el 18 de marzo de 1892. Murió en Paris, el 15 de abril de 1938. Poeta que sorprendió a los críticos y lectores con su primer libro, LOS HERALDOS NEGROS, publicado en 1918. Tenía entonces una gran presencia de los modernistas (Darío) y del vanguardismo.

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!
 
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
 
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
 
Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Escribe Alfredo Silva Estrada: “Vallejo ya afinca en LOS HERALDOS NEGROS – y a menudo con sobrecogedora energía creador – las terribles brechas de su dolor perplejo, del hallarse cortado a tajos del mundo, y no saber, no poder comprender el por qué de todo esto. Hay golpes en la vida tan fuerte…Yo no se”.

En los Heraldos dominan la espesura erótica-amorosa, la familia, la conflictividad existencial y religiosa. También la naturaleza y las costumbres de la comunidad andina. Poemas de intensidad mayor, tocados por una sensibilidad extrema y una viva, estremecida  angustia. Apunto que en los últimos poemas de LOS HERALDOS Vallejo abandona cualquier presencia modernista para entrar en la naturalidad de la vida real y ordinaria, pues así lo requería su palabra, la sorprendente verdad del alma.

Poema desgarrador, hondura del vacío, duda de sí que pareciera ser de Dios, acaso herético, acaso humanización de Dios es el poema

Espergesia:

YO NACÍ un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
 
Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Indaga  la verdad del hombre, de su pozo hondo, de su herida abierta, a la intemperie, de su légamo triste, de sus mortales rosas.

AMOR PROHIBIDO

SUBES centelleante de labios y orejas!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.
 
Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso es la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!
 
Espíritu es el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
 
Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!
 
¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
…Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el amor es un cristo pecador!

índice2Poesía atravesada por los recuerdos, los más íntimos, los más dolorosos, por espinas hincadas. Poemas vertidos de recóndito amor, jirones del alma.

Voz, la de Vallejo, estremecida por las tribulaciones del espíritu, como salida de su abismo. Palabra franca, macerada como el pan en el horno de  casa, cotidiana, sí, cotidiana, verdadera. (…) “La punzante vivencia (…) del distanciamiento, de la separación, lo hace concebir la propia individualidad, y la unidad misma, como algo incompleto: una soledad que se confunde con la orfandad”.

Cuatro años después DE LOS HERALDOS NEGROS la sorpresa es mayor, con carácter de revelación: su libro TRILCE, (1922),  prólogo del crítico Antenor Orrego, quien escribe sobre: “la técnica renovadora y distinta, la vocalización de la palabra original, la edénica puerilidad del vocablo con que el poeta rompe a hablar porque acaba de descubrir el verbo”.

Hombre retraído, ajeno a las capillas literarias, renuente a todo lo que pudiera parecerse al auto bombo y la publicidad. En vida alcanzó a publicar muy poco. Sus primeros poemarios – LOS HERALDOS NEGROS, TRILCE – los publicó en Lima, antes de viajar a Europa. Luego de su muerte se editaron POEMAS HUMANOS y ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ.

TRILCE y POEMAS HUMANOS se resisten a la lectura fácil. Hay un Vallejo duro de roer como sus huesos andinos, áspero como su tránsito terrestre, pero al final, deleitoso como todo fruto auténtico de la sensibilidad y la inteligencia humanas. Utiliza un lenguaje lo menos literario posible. Incorpora el coloquialismo, el feísmo, salidas de tono. Lenguaje suyo, de todos, del andar y sentir la calle, sencillo, veraz.

TRILCE fue considerado el libro más original y fecundo de la vanguardia posbélica, con un lenguaje inaudito, atípico,  altamente expresivo. Inescrutable, a veces. Como de un saco extrae las imágenes del pasado.

 POEMA  LII

(fragmento)

Y NOS levantaremos cuando se nos dé
la gana, aunque mamá toda claror
nos despierte con cantora
y linda cólera materna.
Nosotros reiremos a hurtadillas de esto,
mordiendo el canto de las tibias colchas
de vicuña ¡y no me vayas a hacer cosas!

TRILCE significó la ruptura total con la tradición. Casi todos los vínculos con el simbolismo y el modernismo –dígase el postmodernismo latinoamericano- quedan deshechos.

En POEMAS HUMANOS, (1939), Vallejo alcanza una evidente unidad estilística, sin fisuras. Un estilo maduro, definitivo. Conforma un todo de notable homogeneidad. El humanismo es su factor común, dígase una indagación sobre el ser humano, sobre la condición humana a partir de bases muy concretas y reales.

FUE DOMINGO EN LAS CLARAS OREJAS

FUE DOMINGO en las claras orejas de mi burro,
de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza)
Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal,
experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho,
de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho.
 
Tal de mi tierra veo los cerros retratados,
ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de visita,
que tornan ya pintados de creencias,
cerros horizontales de mis penas.
 
En su estatua, de espada,
Voltaire, cruza su capa y mira el zócalo,
pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos
un número crecido de cuerpos inorgánicos.
 
Y entonces sueño en una piedra
verduzca, diecisiete,
peñasco numeral que he olvidado,
sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo,
lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo!
¡cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales!
y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano,
quiero decir mi trémulo, patriótico peinado.

“El lenguaje de Vallejo muestra una riqueza inacabable. Una poesía que se hace desde adentro y en contra de la lengua. Vallejo se instala en el corazón del castellano y nos fuerza a comunicarnos con medios verbales desusados. Emplea todos los extractos del idioma: arcaísmos, cultismos, regionalismos, vulgarismos, tecnicismos, neologismos. De todo extrae una singular expresividad”.

Un excelente y descomunal poeta, como pocos en nuestra lengua. Poema magistral, UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO, escrito poco antes de morir, sintetiza perfectamente la cosmovisión vallejiana.

UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO…

UN HOMBRE pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
 
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?
 
   Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
 
   Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después del infinito?
 
   Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
 
    Un comerciante roba un gramo en el peso de un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
 
   Un banquero falsea un balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
 
   Una paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
 
   Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?
 
  Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
 
   Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

Un hombre pasa con un pan al hombro. Se pregunta Vallejo: ¿Voy a escribir después sobre mi doble? Dispone en su Testamento: todo lo que dejo: /tener hambre del hombre en agonía,/beber el cáliz de la poesía /ser este sin cesar César Vallejo.

La lectura de sus poemas siempre será una revelación, un aguijón en el pecho.  Murió en Paris, donde siempre fue un extranjero. He aquí su Auto epitafio:

César Vallejo ha muerto. Le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le dieron duro con un palo y duro también con una soga;
son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos.

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG, LO QUE SIGUE ES DE WORDPRESS.COM

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