DE AGNÈS VARDA

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Agnès Varda

El director y productor de cine argentino Aníbal Garisto, circuló recientemente entre los integrantes de la Red de Documentalistas de América Latina y el Caribe (EnDocXXI) la nota que Iván Zgaib escribiera a propósito del diálogo que acaban de sostener la legendaria directora francesa Agnès Varda y el crítico y programador Roger Koza en el Talents Buenos Aires, efectuado entre el 15 y el 19 de abril de 2016 en la capital argentina.

La lectura del detallado reporte que hace Zgaib y la gentileza de Garisto, me llevaron a revisitar la película SIN TECHO NI LEY, de Varda,  y al recuerdo de otra nota, reproducida en noviembre de 2015 en el periódico digital CUBADEBATE, en la que se daba cuenta de la exposición  de fotos que Agnès Varda tomara en Cuba durante la visita que hiciera a la Isla a finales de 1962 y comienzos de 1963, a la sazón inaugurada en el Centro Pompidou, obviamente en París. O sea, estamos hablando de las postrimerías del año de la Crisis de Octubre (o de los Misiles, como también se la conoce); de ahí la extraordinaria importancia que tiene el corto documental que la cineasta francesa realizara entonces en Cuba, titulado SALUT LES CUBAINS, al cual se puede acceder al final de la nota de CUBADEBATE.

Los dejo entonces con este laberíntico y placentero recorrido por la memoria.

Omar González
Fotos: AGNÈS VARDA

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BAFICI 2016

Crónica de la charla Sin techo ni ley a cargo de Agnès Varda (Talent Press)

Por Iván Zgaib
Publicada el 16-04-2016

En el marco de las actividades del Talents Buenos Aires (15 al 19 de abril) se realizó este sábado 16 en el auditorio de la Universidad del Cine una videoconferencia con la legendaria directora francesa moderada por el crítico y programador Roger Koza. Es que esta edición del TBA lleva como título y leit-motiv “Sin techo ni ley”, el mismo de uno de los clásicos de la realizadora de “Cléo de 5 a 7” y “La felicidad”.

“Imaginate que tuvieras que hacer Sin techo ni ley actualmente, ¿qué tipo de película creés que sería?”, pregunta Koza. En frente suyo, el rostro de Varda se proyecta sobre una pantalla gigante en la sala de la FUC en San Telmo. Es sábado por la tarde y los asistentes observan desde las butacas la figura amplificada de la directora francesa, que se conecta vía Skype para formar parte de las actividades del Talents Buenos Aires.

La pregunta inicial de Roger Koza hace referencia a la película que Varda hizo en 1985 y la reubica para dialogar con el presente cinematográfico: se trata, en ese sentido, de un film que supera las barreras del tiempo y aún hoy puede actualizar discusiones sobre las posibilidades narrativas y estéticas que tiene el cine para acercarse al mundo circundante y pensarse a sí mismo.

Es quizás por esto que la nueva edición del Talents Buenos Aires toma prestado el título Sin techo ni ley, que sirve como disparador para reinstalar la reflexión sobre el cine independiente en la actualidad. Las preguntas que Varda y su obra despiertan sobre el escenario actual son múltiples: ¿Qué líneas de fuga pueden abrir los nuevos realizadores en un contexto cada vez más marcado por la estandarización de la industria? ¿Cómo encender la libertad y la rebeldía desde una posición que busque salidas hacia un cine joven e innovador?

El film Sin techo ni ley devuelve, para este contexto, resonancias tanto formales como narrativas; desde el aspecto más literal: la protagonista es una joven que transita los días sin atarse a espacios fijos ni límites precisos, sino que se aparta de la sociedad para evitar las reglas que podrían restringir su vida. Varda se remite en la charla a las primeras imágenes que despertaron su interés en la historia del film, y describe a las personas que empezó a encontrar en las rutas de Francia a comienzos de la década de 1980. “Investigué mucho en ese entonces. Levantaba a los hombres y mujeres que estaban viviendo en la carretera y les preguntaba cómo hacían, por qué vivían de ese modo. Y la mayor parte de ellos estaba en contra de la sociedad”, comenta la directora francesa.

Lo periférico es, de este modo, un eje central en la obra de Varda en general y de Sin techo ni leyen particular, ya que las relaciones sociales se ven tramadas por la distancia entre la protagonista y el resto de los personajes. “Las debilidades que las personas marcan en Mona (la protagonista interpretada por Sandrine Bonnaire) no la describen tanto a ella, sino a la sociedad que la rechaza”, sostiene Varda.“Es más un film sobre la sociedad o una parte del país que rechaza a los extranjeros, a la gente diferente como Mona, a las personas que viven en la ruta”, agrega.

La experiencia marginal que la directora había retratado 30 años atrás es, aún hoy, una realidad que no se agota, sino que adquiere nuevos sentidos: “Tenemos miles de inmigrantes que llegan a Europa (…) y ya no es por el deseo de ser libre o vivir en la ruta. Quieren escapar de sus países para ganar dinero, pero ahora están atrapados en una situación terrible”, opina.

Más allá del conflicto narrativo que atraviesa la película, Koza hace hincapié en el abordaje formal que la directora utilizó para acercarse a Mona y a los personajes que la rodean. En Sin techo ni ley, afirma Koza, hay travellings y personajes que miran y hablan directo a la cámara, generando un quiebre en la concepción de la representación y de la narración ficticia. Para Varda, esta decisión contempla a los personajes como “testigos”, un rol semejante al que asume la audiencia cuando observa las travesías de Mona mientras intenta sobrevivir en la ruta. “En cierto modo -comenta la creadora de Las playas de Agnès- a vos te podrían preguntar al finalizar la película: ¿y qué pensás de esta mujer?”.

La conversación llega a su fin y Varda expresa su gratitud al saber que aún hay gente que quiere ver su película tres décadas después. Aquella apreciación nos devuelve al presente, a esta sala copada de nuevos realizadores, y pone de manifiesto el valor que la obra de la realizadora sigue teniendo en relación al cine y su historia. La rabia de Mona, dice Koza, habla de un tiempo histórico y de una manera de mirar ciertas problemáticas. Y hoy, tanto tiempo después, echa luz para interrogar al cine del presente.

(Esta nota fue realizada en el marco del taller del Talent Press del Talents Buenos Aires)

Aníbal Garisto

Director / Productor

Cinematográfico

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Inaugurada exposición de Agnès Varda sobre Cuba en Centro Pompidou (+ Fotos y Video)

12 noviembre 2015

Agnès Varda en el CAAC de Sevilla. Foto tomada de Arte Y Cultura Universal.

La cineasta documental Agnès Varda —nacida en Bélgica en 1928 pero nacionalizada francesa y considerada por algunos como la “abuela de la nouvelle vague”, el movimiento fílmico más importante de su país de adopción— lleva un año agitado e imprevisto cuando acaba de cumplir 87 hace unos meses: después de recibir en el Festival de Cannes la Palma de Oro al conjunto de su carrera, ahora inaugura en París una exposición de fotos sobre su estancia en Cuba entre 1962 y 1963, en los primeros años de la Revolución.

La muestra Varda/Cuba ofrece hasta el uno de febrero de 2016 una visión inédita en el Centro Pompidou de París: una selección de las miles de fotos que hizo Varda en la República caribeña cuando fue invitada oficialmente por el Comandante en Jefe, Fidel Castro.

Por aquella época llegaban a la Isla a intelectuales y creadores para mostrar al mundo los logros de la Revolución, opacados por la propaganda negativa que  de los Estados Unidos. Algunos de ellos fueron los escritores Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Marguerite Duras y los fotógrafos Henri Cartier-Bresson y René Burr. Varda fue a Cuba a trabajar.

Llegó al país a finales de 1962 y permaneció durante varias semanas, hasta principios del año siguiente. Con las imágenes culminaría en 1963 un documental basado en fotomontajes. La idea inicial, como recordó ella misma en la presentación de la exposición del Pompidou, era rodar un documental, pero había viajado sin ayudantes y el manejo de la cámara de cine se le hacía imposible por el peso. Decidió entonces hacer fotografías. Con las imágenes culminaría en 1963 el documental, Salut les Cubains.

“Vi enseguida a Cuba como un movimiento”, contó Varda, que optó por hacer fotos con la misma intención con que hubiese rodado un documental: mostrar el país, sus habitantes, artistas y líderes políticos de la aún joven Revolución que había acabado con la dictadura plutocrática y corrupta de Batista que campaba en la Isla.

Fue una cuestión de puro “sentido común”, porque era “la única solución, divertida e inteligente a la vez: hacer fotografías para filmarlas”, explicó la artista.

La muestra del Pompidou, que es gratuita e incluye la proyección ininterrumpida del mediometraje documental, permite ver por por primera vez una selección de sesenta de las imágenes que tomó Varda.

Todas son copias originales, reveladas en su día por la artista, que retrató a Fidel Castro, a quien pidió, como a todos sus modelos, “no sonreír”. La documentalista recordó que el líder cubano “era guapo, simpático y tranquilo, y hablamos en español”.

Entre las obras expuestas hay escenas de la vida cotidiana en las calles y en el campo, de campesinos cortando la caña de azúcar, adolescentes en plena campaña de alfabetización de adultos y estudiantes de cine vestidos con uniforme militar revolucionario.

Varda quiso captar también el funcionamiento de las instituciones y la vida de los intelectuales y artistas.

Destacan los retratos que hizo a Benny Moré, el Bárbaro del ritmo, un mito de la música cubana que fallecería prematuramente pocas semanas después de su encuentro con la francesa.

(Con información de 20 Minutos)

Agnès Varda retrata al cantante Banny Moré, que murió pocas semanas después de la sesión.

Agnès Varda retrata al cantante Banny Moré, que murió pocas semanas después de la sesión.

Asistentes al acto de celebración del cuarto aniversario de la Revolución cubana en una foto de Agnès Varda.

Asistentes al acto de celebración del cuarto aniversario de la Revolución cubana en una foto de Agnès Varda.

Dos chicas cubanas en una verbena retratadas por Agnès Varda.

Dos chicas cubanas en una verbena retratadas por Agnès Varda.

Escena callejera en Santiago de Cuba fotografiada en 1963 por Agnès Varda.

Jóvenes patinando en las cercanías del puerto de La Habana retratados por Agnès Varda.

Jóvenes patinando en las cercanías del puerto de La Habana retratados por Agnès Varda.

Escena callejera en Santiago de Cuba fotografiada en 1963 por Agnès Varda.

Escena callejera en Santiago de Cuba fotografiada en 1963 por Agnès Varda.

Primer plano de Agnès Varda al músico Benny Moré

Primer plano de Agnès Varda al músico Benny Moré

Sesiones del Congreso de Mujeres de Cuba en una foto de Agnès Varda.

Sesiones del Congreso de Mujeres de Cuba en una foto de Agnès Varda.

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