LUIS SUARDÍAZ Y SU CURA DE CABALLO


CURA DE CABALLO

LUIS SUARDÍAZ* / PALABRA DEL MUNDO

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Para  que salga de su melancolía el animal
se le baña con ensañamiento
desde los belfos a la luna casi llena de los cascos.

Las ramazones, los guijarros trazaron cangilones desiguales
en el trapecio, la grupa, las coronas y en ellos entró con rapidez el                                                                                                                                          foete.

Para que despeje los agrios olores del monte,
se le baña de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores.

Es una ciencia aguda, una cura barbara
que despliega una herida grande sobre las muchas  heridas                                                                                                                               imprevistas.

Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios.

Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros,
de nuevo a  los arroyos, de nuevo a la rosa de los vientos.
Para que monte en pelo la aventura en su lomo, para que no haya                                                                                                                                    lejanías
más duras que sus ancas.

La cura es un dolor desnudo y es un rayo
que alza en dos patas la bestia y le hace morder y cargar contra el                                                                                                                                             viento.
La cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia
en sus ollares.

Para que se enderece el animal,
para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos.

luis-suardiaz-7sep13-jpg-thumb* Luis Suardíaz. Poeta, ensayista, crítico, editor y periodista. Nace el 5 de febrero del año 1936. En 1953 se vincula a los grupos literarios de Camagüey junto a Severo Sarduy, Rolando Escardó y otros escritores camagüeyanos. Fallece en La Habana el 6 de marzo de 2005.

LUIS SUARDÍAZ Y SU CURA DE CABALLO

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS/ CUBALITERARIA

virgilio_lopezSi no llega a la veintena de verso (tiene diecinueve), ¿por qué «Cura de caballo» de Luis Suardíaz (1936-2005) pareciera un poema más largo y denso? Quizás por esa densidad, por sus largos versos libres a veces versiculares, su lenguaje fuerte de palabras sonoras e imágenes que se quedan vibrando tras la lectura.

La frase popular: «Le hicieron una cura de caballo» se aplica ante una herida honda que se curó por métodos rudos, poco científicos muchas veces, pretendiendo curar el mal de raíz, arrancando las partes malas y las buenas que le rodean, de una manera bárbara y dolora. También se dice frente al amor desgarrante, el alma necesita a veces una cura de caballo, una ruptura violenta. Pero la del poema de Suardíaz parece literal. El animal que sufre se somete a una cura dolorosa, enérgica, brutal, y el poeta ha conjugado el lado simbólico con la realidad punzante. El caballo sufre una cura que el poeta admira rodeándola de poesía.

Pareciera al mulo lezamiano, cuando José Lezama Lima en su «Rapsodia» describe el paso del mulo en el abismo: «paso es el paso del mulo en el abismo», literalmente fajado con Dios, con su carga sobre el lomo, lento, venciendo sobre la posible caída. El poeta es ese mulo antes que el albatros de Baudelaire, paso lento y seguro, con su carga lírica andando al filo del abismo. ¿El poeta siente la cura del caballo como propia? La cura de caballo se describe como una poética.

El poema de Luis Suardíaz comienza y termina indicando para qué es la cura: «Para que salga de su melancolía el animal», «Para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos». La cura es un proceso de restitución, un saneamiento, un corte profundo contra el mal que aqueja. La Revolución puede parecer una cura de caballo social. También la escritura del poema precisa de cortes palabras, método soberbio para hacer nacer el texto. El poema de Suardíaz se torna multiexpresivo. Esa cualidad polisémica le ofrece un valor especial a la lectura. Pero puede hacerse una lectura de intención recta, sin otro miramiento que el cierto caballo al que hay que sanar una llaga, una herida, un mal infectado… Por encima de la belleza expresiva, el poema se expresa con crudeza al grado de que «Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios». Hay que salvar al animal, pero «Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros […] para que monte entero la aventura de su lomo…» debe pasar por «la cura», que «es un dolor denudo y es un rayo». Véase que el poeta no describe la feroz curación, véase que no se trata de un texto «de ciencia», en el que se describa los procesos de la curación, los métodos aplicables, los medicamentos o hierbas o cualquier tipo de material de saneamiento, salvo el fuego. El poeta no apela a la descripción detallada, ni se ve sujetar al animal, ni cómo se aplica el remedio. Pero quizás la parte más bella del texto sí describe: «se le baña con ensañamiento / desde los belfos a la luna casi llena de los cascos».

Se ha dicho que la poesía de la corriente coloquialista no es tropológicamente activa. Que huye de la metaforización y de crear imágenes que no expliquen directamente la realidad. Estos dos versos antes citados de Suardíaz son de hecho imaginativos y apelan a los recursos metafóricos, pues si bien no es nada complejo decir que al caballo se le baña «con ensañamiento», y usar la bella palabra «belfos» en lugar de labios u hocico, el suceso posee un engalamiento inevitablemente retórico, puesto que ver una «luna casi llena» en los cascos, en el sitio donde se diría más directamente «la herradura», reviste un interés sin duda alguna estético, con claro recurso metafórico.

Entonces, sin desertar del testimonio sobre el suceso, sin renunciar a la manera comunicativa directa del tono conversacional, Suardíaz describe a su manera poética la cura de caballo y le deja espacio a la polisemia, a lo que se dice sea lo que directamente se describe o signifique otra cosa. Decíamos que no es el método lo que importa en lo que describe, sino la rudeza (de fondo poético) del bien que se le hace al animal mediante una «ciencia aguada, una cura bárbara» (¿no diría mejor «una ciencia aguda»?). Para ello «se le baña «de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores». Insiste en el baño, pero de cierta manera pensamos ahora en la herida, larga, «de norte a sur», de arriba abajo, y a ella «se le aplica el fuego». Es natural que durante tal curación, de la que, repito, no se nos dan más detalles, la bestia se alce en dos patas «y le hace morder y cargar contra el viento». El efecto es estremecedor, pues «la cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia en sus ollares».

Quizás sea uno de los mejores poemas de la corriente coloquialista, y uno de los más decorados, de los que posean un sentido estético superior en la elección del léxico, en el juego de las metáforas, en la intención directa de un poema adornado mediante un lenguaje preciso y a la vez precioso. Mediante palabras corrientes, se alzan las patas del caballo, se domina el poema, salta de la cura del caballo un texto poético severo y a la par hermoso: melancolía, ensañamiento, luna, belfos, foete guijarros, cangilones, grupa, «agrios olores del monte»… El vocabulario agreste se mezcla con palabras tomadas de la poesía íntima, y se procede a combinar ese lenguaje con frases cotidianas: «despliega una herida grande sobre las muchas heridas imprevistas», salvo este «despliega» quizás un poco más «literario», la frase es absolutamente hija de la cotidianidad. Montar a pelo el caballo es una frase ciertamente corriente, pero no «…que no haya lejanías / más duras que sus ancas».

Esa combinación de lenguajes le ofrece al poema un encanto especial, como de sorpresa, rico en frases inesperadas en medio de una curación salvaje y seguramente efectiva. Los verbos pueden no ser oraciones gramaticales completas, simples complementos circunstanciales que se dejan al aire, solos, muy expresivos, como la manera en que el poema cierra: «Para que se enderece el animal, / para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos». Esos «para» ya hacen ver subliminalmente el resultado: feliz y sano, el animal trota por los caminos del mundo. La idea queda sugerida. El poema coloquial acude aquí a la sugerencia, al no decir directo, a lo que se imagina.

Luis Suardíaz logró en «Cura de caballo» algo más que un texto polisémico. Pero es la polisemia la que lo deja vibrando. Sea directamente el animal que se describe, o la cura del amor, o el fuerte mecanismo de «curación» social, o la conformación del poema a la manera de una cura de caballo, el resultado es precisamente un bello texto que ha disfrazado su rudeza sin dejarla de exponer.

Recuérdese que su «Arte poética», que abre Como quien vuelve de un largo viaje (1975), es coincidente: «Lo mismo que otros alfareros / conservo fragmentos vencidos por el fuego.»  El fuego curador interviene en el poema. Visitemos «Cebra», poema de ese mismo libro, donde este animal «mueve los belfos, los párpados y el rabo en señal de aprobación». El zoo de Suardíaz acude a reforzar su qué decir lírico. En todos los poemas advertimos su marca estilística: el verso amplio, casi a modo de versículo sin serlo, libre, pero centrado en un arte mayor limítrofe con la prosa. En prosa se decide la conformación de un poema casi relato como «Sociología con apariencia de zoopsia», el motivo animal retorna.

«Cura de caballo» no es un texto insólito dentro de la obra de Suardíaz, ni único, los recursos expresivos que en él emplea, son propios de su manera de construir el poema, amén de que el motivo zoológico aparece bastante seguido a lo largo de su obra. Pero con este poema, el poeta alcanzó una «definición mejor», que no se le escapó. Asido como el animal, capaz de resistir la cura dolorosa, el poema de Suardíaz también deja que brillen sus ijares y vuelve «entero a los caminos».

Este texto fue escrito con motivo del setenta y cinco aniversario del nacimiento del poeta cubano Luis Suardíaz y publicado el 23 de junio de 2011.

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG, LO QUE SIGUE ES DE WORDPRESS.COM
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