CRÍTICOS Y CRITICADOS

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT/GRANMA

Fotograma de la cinta inglesa El vestidor, con Anthony Hopkins e Ian McKellen.

En el filme inglés El vestidor (Richard Eyre, 2015) hay una escena en la que un viejo actor especializado en Shakespeare (Anthony Hopkins) desbarra contra los críticos, en especial aquellos que no supieron considerar su obra, y le dice a su asistente (Ian McKellen) no haberlos tenido nunca en cuenta. Avanzado el metraje, sumido en un estallido de emotividad, el actor muestra una agenda donde conserva —finamente clasificadas— las críticas recibidas a lo largo de su carrera.

«Solo faltan las que fueron muy agresivas», le confiesa socarrón a su fiel ayudante.

El filme podrá verse pronto, pero la anécdota sirve para volver a indagar hasta qué punto es justo que allí donde concluya el esfuerzo y dedicación de un artista sobrevenga, con una opinión crítica, el inicio de un derrumbe.

Todavía hoy día, en que la crítica tradicional es «infiltrada» (o me­jorada, o enriquecida) por aquellos que ven, leen, escuchan y con todo derecho quieren opinar gracias a las posibilidades ofrecidas por las llamadas «nuevas tecnologías», el crítico profesionalizado se sigue observando por algunos como un parásito que vive de la obra del artista. El concepto es una suerte de pecado original que, vulgarizado, se arrastra desde tiempos inmemoriales: «Si yo no existiera como artista, tú te morirías de hambre».

Después de todo, y por suerte, el artista fue el primero en aparecer sobre la Tierra y pocos discutirían su continuación en el acto creativo con, o sin críticos. Lo que cabe preguntarse —y ya lo han hecho no pocos especialistas en el mundo—es si el desarrollo, evolución y enriquecimiento de las diferentes tendencias artísticas hubieran sido igual de faltar el ojo interrogante, o deslumbrado, del crítico.

El arte, la crítica y el público son tres partes integrantes de un mis­mo fenómeno comunicativo encaminado a fomentar el intercambio de voces, la confrontación de gustos y la reflexión.

De ahí la importancia de que ese público crezca intelectualmente junto a lo que se le esté proponiendo, tanto en lo artístico como en lo reflexivo.

Cierto es que la historia del arte recoge algunas grandes equivocaciones de análisis críticos; artistas que fueron incomprendidos y a quienes el juez tiempo colocó en su justo sitio.

Menos espacio encuentran en esos anales los casos en que los críticos dieron en el blanco y los artistas no quisieron comprender.

Las reacciones han sido diversas:

David Lean, trascendente director de cine inglés, estuvo 15 años sin realizar un filme luego de que la crítica internacional, acostumbrada a aplaudirlo, arremetiera contra su cinta La hija de Ryan. «Tardé demasiado en reponerme de aquellos juicios», dijo.

Picasso no le hacía mucho caso a las críticas, «pero las leo para divertirme», insistió en más de una ocasión. El maestro Antonioni aseguraba no haber leído nunca una opinión relacionada con su vasta obra, y Buñuel decía respetarlas y seguirlas para descubrir asuntos en los que ni siquiera había pensado. «Algunos tienen más imaginación que yo», dijo divertido en una entrevista.

Más recientemente, el maestro iraní Abbas Kiarostami (fallecido este año) estuvo bastante tiempo alejado del cine de ficción, luego de que algunos críticos aseguraran que su penúltimo filme «estaba muy bien, pero el director se repetía».

La vuelta del maestro fue tan apabullante como reverenciada, Copia certificada, 2010, un filme en el que sin dejar de ser él, era otro, renovado.

Sobran casos de artistas y escritores que —como el actor del filme que dio pie a estas líneas— aseguraron toda su vida no leer nada relacionado con sus obras y más tarde, entre los papeles conservados, se encontraron recortes de periódicos y revistas con párrafos subrayados, analizados, vituperados, o con pa­labras de elogios hacia ciertos juicios críticos recibidos.

Novelas, películas y obras de teatro han tratado esa vieja y difícil armonía entre la crítica y el artista y el tema, si bien sin la trascendencia de otros, como la vida, el amor y la muerte, pareciera tener la misma cantidad de tela y tijera para que nuevas generaciones lo sigan asumiendo.

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG, LO QUE SIGUE ES DE WORDPRESS.COM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s