REVISTA TEMAS, ÚLTIMO JUEVES: LOS CÓDIGOS DEL DISCURSO POLÍTICO

 

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TANIA CHAPPI DOCURRO / REVISTA TEMAS

Mientras esperaba el inicio del encuentro, en la sala Fresa y Chocolate, del ICAIC, pensaba escuchar únicamente sobre una práctica circunscrita a los actos partidistas y las tribunas públicas. Sin embargo, y para bien, el reciente debate de UJ presupuso una mirada más amplia al fenómeno, abarcando su presencia en disímiles ámbitos y reconociendo como protagonistas no solo a los líderes de un país, sino a toda la sociedad.  A tal efecto, con el público dialogaron Zaida Capote, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística, ensayista, escritora; Pedro García Espinosa, diseñador y especialista en Comunicación Política, dirigió la Oficina Nacional de Diseño y ha participado activamente en la conceptualización de campañas políticas; Aurora Camacho, lingüista y también investigadora del mencionado Instituto; Arístides Hernández, Ares, caricaturista, psiquiatra, periodista; y el moderador, Raúl Garcés, subdirector de Temas y decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Como resulta tradicional en estos debates, la primera ronda de intervenciones estuvo dedicada a acotar la problemática y definir conceptos. De acuerdo con Zaida Capote, el discurso político “abarca toda intervención pública intencional, provenga del gobierno, los medios o emisores individuales. Su efectividad depende de la capacidad movilizadora que logre desplegar”; para ello tiene que ser creíble y utiliza estrategias discursivas encaminadas a convencer a sus destinatarios. Con frecuencia, en el caso de los políticos profesionales, dicho discurso “se sirve de cierta opacidad”, o sea, evita la claridad, el detalle, de manera que pueda adaptarse a circunstancias disímiles. A menudo también “apela a la necesidad del secreto – al derecho a mantener información clasificada- y a la razón de Estado: al interés general debe sacrificarse el interés personal”. Analizar sus códigos –los cuales no son solo verbales, sino gestuales, de vestuario, y subyacen en la forma de organizar el espacio de encuentro entre la dirigencia y las masas- implica tener en cuenta a quién va dirigido, qué objetivos persigue, en cuáles “situaciones de discurso” acontece. “Y aquí entran en juego las jerarquías, el contexto histórico, social, e incluso los medios” donde ese mensaje ve la luz. Porque en determinada coyuntura un discurso específico puede considerarse ideal y ganar adeptos; mientras en otra, hasta se percibe como ridículo. “Inevitablemente, el estudio de los códigos, aun cuando sea de carácter estilístico, deviene examen del contenido ideológico”, pues siempre “terminará por aludir a la propuesta política explícita o no en él, a las condiciones de emisión, a las ideas que postula”. En Cuba se ha estudiado sobre todo el mensaje de los documentos o los medios oficiales, y la oratoria de Fidel Castro. Empero, “todavía no existen muchas indagaciones sobre el discurso político como un bien colectivo”. Añadió la ponente que en la Isla a lo largo de los años ese discurso se ha ido expandiendo, diversificando -y empobreciendo en algún sentido-, debido al acceso de la gente al espacio público, a título individual o a nivel local; y a “una incertidumbre notoria del discurso estatal”. El mensaje político aparece, además, en canciones, las artes plásticas, obras cinematográficas… a veces de modo directo y otras implícito. 

Pedro García Espinosa razonó: “El discurso político es una pieza clave y una resultante del rol que pueda tener un individuo, o ciertos grupos u organizaciones en la sociedad”. Desempeñar bien esa función política conlleva establecer un diálogo con las audiencias, construir un mensaje sustentado en ideas y concepciones que tienen puntos de enlace con esos públicos, las cuales se exponen de manera clara y seductora con el objetivo de conquistar al destinatario; y usar la mejor manera de comunicar dicho mensaje. “Negar esas tres dimensiones es negarse a sí mismos la capacidad como actores políticos. Muchas veces estos se mueven dentro de la demagogia –la realidad es diferente a sus palabras- o van hacia el polo contrario, o sea, creen que los resultados son los que hablan. Cualquiera de los dos extremos es negativo, pues las personas necesitan conocer a sus líderes, saber cómo piensan sobre temas que les atañen socialmente; necesitan escucharlos, dialogar con ellos y de alguna manera compartir o no sus enfoques”. Asimismo, resulta fundamental saber que en la actualidad el discurso político es multidireccional: el diálogo iniciado por quienes ostentan el poder siempre rebota desde los diversos sectores de la sociedad; ello “establece procesos de comunicación con una dinámica muy compleja, porque algunos grupos humanos pueden adherirse a tu pensamiento y otros tal vez no”. Para que el discurso político cumpla sus funciones, entre ellas despejar cuáles son los criterios de mayor valía entre los que se están discutiendo o estableciendo a nivel social, se deben utilizar medios y acciones de comunicación que van desde una arenga o una intervención pública hasta campañas.  “Nosotros hemos podido apreciar algunas con resultados más felices, otras no tanto”.

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Foto: Carolina García Salas/Temas

¿Para un lingüista es posible, cuando analiza la estructura del discurso, inferir el contexto donde se produjo, o las expectativas de su audiencia?, sondeó el moderador.

La lingüística exhibe una tradición de estudios del discurso que tiene larga data. Sin embargo, en Cuba no es un disciplina muy explorada, solo contamos con aisladas incursiones en ese ámbito, y aún más escasas son las investigaciones –emprendidas en la Universidad de Las Villas, la de La Habana, y el propio Instituto de Literatura y Lingüística- acerca del discurso político en particular. “Esta carencia revela la dispersión y la no profundización en un tema esencial para nuestro proyecto de nación”, consideró Aurora Camacho. En general, las indagaciones foráneas y nacionales recientes suelen apelar a una herramienta de trabajo denominada análisis crítico del discurso y no van “solo al examen de la forma, de los recursos que la lengua pone al servicio de los distintos actores interesados en expresarse, sino que examinan los contenidos y, por ende, revelan los contextos de producción, de enunciación”. Incluso así, es difícil establecer patrones, dada la amplia diversidad del mensaje político.

Sobre el peso que ostenta hoy internacionalmente el humor político, y su presencia en los MCM, conversó Ares. El mencionado discurso se halla en un amplio abanico que incluye, además de la oratoria, la conducta del político y cómo es presentado por los medios de comunicación. Ahí se inserta la caricatura; “a partir de las que veo en la prensa puedo tener una idea de la política y la estructura de un país” –dijo-, aunque los diversos medios adopten visiones diferentes. Por ejemplo, al publicar constantes sátiras contra el Islam, el semanario Charlie Hebdo (en la que integrantes de su equipo murieron debido a un acto terrorista) secunda la política externa de Francia. Al mismo tiempo, el discurso político presente en el humor gráfico está condicionado por la dinámica de la comunicación, es decir, la existencia del emisor, el receptor, el entorno, el impacto. Cualquier análisis debe tomar en cuenta todo ese espectro. “Así puedo diseccionar el discurso por partes, estudiar el vínculo entre la estructura, el contenido y el contexto en que funciona”. Entre otras referencias a los procederes mediante los cuales el mensaje político es conducido en los medios, según la idiosincrasia de cada lugar, el panelista citó la habitual participación de los líderes estadounidenses en programas humorísticos.

Detenido (o no) en el tiempo

Raúl Garcés evocó la Campaña de Alfabetización en Cuba, acontecida a inicios de los años 60, su fuerza movilizadora y cómo un equipo dirigido por la publicista Mirta Muñiz concibió su imagen, desde los uniformes hasta el himno y la gráfica. La remembranza concluyó en interrogantes: “¿Hemos conseguido modernizar nuestro discurso político? ¿Usamos las nuevas tecnologías en función de conectarnos con los jóvenes y movilizarlos junto a otras audiencias?

Al decir de García Espinosa, existen dos dimensiones dentro de la comunicación política: el proyecto político y el proyecto de comunicación. “La primera, debe ser el resultado de un conocimiento exhaustivo de la realidad, incluidas sus principales motivaciones, dificultades, y quiénes intervienen; como consecuencia, debe representar una propuesta que beneficie a la mayoría. El segundo de los proyectos mencionados traslada el programa político a ideas y mensajes para relacionar con el mayor rendimiento comunicacional a todos los actores –los políticos y los sociales-; al hacerlo, maximiza lo positivo, y minimiza lo negativo, de los efectos de las relaciones económicas y sociales. Uno de los grandes déficits que tiene hoy el proyecto político cubano, en términos de comunicación, es que no hemos sabido traducir a los códigos modernos” los cambios inevitables en cualquier proceso. Esto implica que los medios no han generado formulaciones creativas capaces de impactar realmente en las audiencias; que no aprovechamos todo el potencial latente en las redes, donde hay maneras de interactuar y lenguajes específicos; y no hemos logrado -en algunos casos no hemos tenido la oportunidad- traducir las vivencias sociales, para establecer el diálogo necesario con los interlocutores, sin subestimar ninguno de los modos y vías posibles. Esa es una tarea de mucha urgencia, porque de no hacerla corremos el riesgo “de estar alejándonos de la gente, de esa multidireccionalidad característica del pensamiento dentro de una sociedad”. Este diseñador agregó que entre los problemas vigentes se encuentra el poco entrenamiento de nuestros actores políticos para efectuar presentaciones públicas; la responsabilidad no es solo de ellos, sino también de quienes organizan y promueven las acciones de comunicación.

“No es solo un problema de estrategia de comunicación –puntualizó Zaida Capote. Resulta fundamental el contenido del discurso, o sea, la práctica intelectual de nuestros dirigentes, que por lo general es deficiente. Entonces, cuando van a expresarse en público les cuesta trabajo”. Luego desplegó reflexiones bien maduradas antes de arribar esta tarde a la sala: en la Cuba de hoy “el discurso político más difundido y mejor jerarquizado comienza a parecer obsoleto a buena parte de sus destinatarios, y testimonio de solo un segmento de la sociedad”; mientras emergen “otros espacios de circulación que suelen llamarse alternativos, donde se exponen ideas y perspectivas diferentes, o simplemente complementarias”. A la par, “quizás por esa misma garantía de preponderancia en la esfera pública”, ha declinado “la calidad estilística del discurso político dominante; hay en él un aligeramiento de los referentes, y presumiblemente de las ideas”, que lastra el mensaje “y lo convierte en algo huero. Cuando leía el documento Conceptualización del modelo económico y social cubano que ha estado circulando para su discusión, en primer lugar pensé en la distancia estilística que lo separaba de programas previos como el del Partido Revolucionario Cubano o La historia me absolverá”. Una decisión desafortunada, según la ensayista, fue cambiar el logo identificativo de la Federación de Mujeres Cubanas. “De la miliciana sin rostro con un niño en brazos se pasó a la imagen de Vilma con un fusil al hombro y las manos cruzadas al frente en lo que, de estar sentada, sería su regazo; es un síntoma de los tiempos que corren, donde la movilización ha cedido paso a la alabanza de sus líderes. Se ha limado la calidad combativa que podía tener la imagen original, para dar paso a la placidez. Eso no ayuda a la FMC”. Finalmente alertó sobre la repetición mecánica y desmedida de consignas y conceptos cuyos códigos “parecen vaciados de sentido”, pues soslayan las transformaciones surgidas en el país durante las décadas más recientes.

Esta última preocupación fue recalcada por Garcés –en numerosas campañas observamos los mismos adjetivos y frases gastadas, apuntó- y por Aurora Camacho, quien planteó: “Sin dudas uno de los rasgos actuales es esa adjetivación huera, vacía, que las nuevas generaciones están utilizando”. Proliferan estereotipos, expresiones a las que sus antecesores otorgaron contenido, pero “se han vaciado” de él. El mensaje político más frecuente “no se ajusta a los tiempos que corren, a sus interlocutores”. No obstante, empieza a incorporarse en el discurso un nuevo modelo de sociedad; lo evidencia el acto de incluir en la definición del proyecto de socialismo al cual aspiramos, los términos próspero y democrático.

¿En Cuba cómo puede contribuir el humor gráfico a abordar el discurso político desde una arista diferente?, se interesó el subdirector de Temas. ¿Explotamos la potencialidad que puede tener para hacer política con un estilo más atractivo y menos clichés?

Poseemos una rica tradición de humor político, desde el siglo XIX. Para argumentar su aseveración, Arístides Hernández aludió a la obra de Landaluze, Massaguer, Abela, Nuez, entre otros artistas.  Dicha práctica no concluyó tras 1959, pero se modificó. “El humor gráfico actual no tiene que ver en muchos aspectos con el de principios de la Revolución. Hay dos caminos: uno sigue anclado en códigos viejos, reiterados –los de la patada en el fondillo del Tío Sam-, que funcionan para la prensa y son muy fáciles de seguir; el segundo busca fórmulas novedosas. La caricatura, como herramienta del discurso político, está netamente vinculada a los órganos periodísticos; por lo tanto, se debe a las características de estos” y es más posible que ellos la acepten cuando coincide de manera literal con la línea editorial de la publicación. En la Isla los MCM del Estado suelen esgrimir el humor panfletario; mientras en ellos la crítica se inclina al costumbrismo. Por otro lado, se crean en Internet blogs donde aparece “un humor gráfico que cuenta con muchísimo público”. La imagen es una herramienta del discurso político que puede y debe ser mucho más utilizada en el país. Ares recuerda como positivas “las caricaturas de Tomy sobre la Ley Helms-Burton, con ellas se hicieron unas postales, era la mejor vía para explicar, llegar a la gente. Y hubo una campaña en torno a la deuda externa, que funcionó muy bien” por la utilización de ese género.

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Foto: Carolina García Salas/Temas

Asimetrías, vacíos, perspectivas

Entregado el micrófono a la concurrencia, inició la ronda un profesor especializado en historia de las religiones. Él solicitó a los panelistas que reflexionaran acerca de las transformaciones que se están produciendo en el mundo, y en la Isla, con relación al mensaje religioso de contenido político. ¿Qué madurez expresiva y emotiva debe alcanzar un discurso para alcanzar el nivel de la deliberación, teniendo en cuenta que ello representaría el equilibrio de las diferencias?, indagó otra persona. La siguiente manifestó: “Los políticos que tenemos en Cuba muchas veces no son oradores y a la hora de dirigirse al público resultan contraproducentes sus no discursos, o teques. Si, además, el receptor no conoce los códigos, no los puede decodificar”. Asimismo, expuso que para la mayoría de los cubanos el acceso a Internet todavía es una aspiración; por consiguiente, el mensaje político se comunica sobre todo durante el contacto directo con las bases y en medios masivos de comunicación, como la TV; “pero para mí, una conversación en una esquina puede contener también un discurso político”.

Un disertante cuya presencia ya es tradicional en Último Jueves insistió en que son cardinales tanto el contenido, la esencia, del discurso como su formulación. Y en que los políticos deben emplear conceptos claros y acordes con las nuevas realidades del país. Cierta señora, nacida en Inglaterra, refirió que si presentan buenas políticas, los dirigentes no necesitan ser grandes oradores para atraer adeptos. Y añadió otra interrogante: ¿En el discurso político hasta qué punto se pueden considerar los actos sin palabras, como la abstención en un voto?

Durante los minutos siguientes los ponentes se empeñaron en comentar todos los puntos abordados por el público, aunque fuera con una breve frase. Zaida Capote llamó la atención acerca del papel fundamental jugado por la Iglesia en el inicio del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos; a ello Aurora Camacho añadió que esa intervención “quedó bastante opacada” en los MCM cubanos, lo cual es sintomático de que la actual práctica religiosa en la Isla dista mucho de su reflejo en los medios y en el discurso político nacionales. En cuanto al discurso de deliberación, continuó la primera de las dos invitadas, “funcionaría en dependencia de la calidad del debate previo”, en el cual debe participar toda la sociedad. A esta investigadora le inquieta una asimetría: en lo referido a las campañas de contenido político (entre ellas el reciente Avisperocontra el bloqueo), somos muy participativos, coherentes y efectivos hacia afuera, en el ciberespacio. A tal efecto, el Estado concede recursos importantes. Sin embargo, en el entorno nacional “¿dónde está el debate, la movilización?, ¿por qué no podemos discutir los problemas entre nosotros?” Más adelante afirmó que es muy difícil establecer algún tipo de empatía con dirigentes o funcionarios sin la menor gracia comunicativa y carentes de una campaña o un tema de discusión política propios, característicos.

“En el contexto cubano tenemos que barrer todas las opciones, todos los modos de comunicar el discurso político y su propuesta, incluso aunque tengamos limitaciones extremas en cuanto al acceso a las redes de Internet”, aconsejó Pedro García Espinosa. Después de convenir, en algunos aspectos, con lo enunciado por el auditorio y sus compañeros de mesa, declaró: “¿Cuál es la proyección de un proceso como la Revolución cubana para que las jóvenes generaciones le den continuidad a partir de nuevos escenarios, de cambios trascendentales y peligros que atañen a la humanidad? Es una pregunta que debemos contestar, como gobierno y como sociedad. ¿Cómo mantener las garantías del ser humano en Cuba? Eso forma parte de un proyecto político” que es necesario traducir muy bien en términos de comunicación, de lo contrario ocurren distorsiones espontáneas o quedan espacios para que los adversarios las produzcan. Es preciso aprender de las buenas prácticas. Y no olvidar que en el extranjero muchos políticos tal vez no tengan dotes de oratoria, pero los respalda un potente equipo de comunicadores.

Luego de hablar sobre los elementos negativos y positivos de los shows políticos acostumbrados en la televisión estadounidense, Raúl Garcés preguntó al orador si los cubanos mantenemos el criterio de que profesionalizar la comunicación política es un recurso de los norteamericanos, británicos y en general los manipuladores contemporáneos.

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Foto: Carolina García Salas / Temas

“Esa manera de pensar está cambiando”, aunque urge una actualización del modo de ver el nexo entre comunicación y política. Resulta primordial saber que una cosa es el show y otra las técnicas y herramientas para poder establecer el diálogo entre diferentes actores. No debemos confundir ambas cosas. Las técnicas y herramientas son útiles. Sin embargo, no todos están preparados para aprovecharlas. El propósito de dominarlas no sería hacer demagogia, sino encontrar formulaciones que permitan conectarse mejor con las audiencias y ofrecer un discurso político que se parezca a la vida de estas, sin teques, sostuvo el interpelado.

“Con respecto a la deliberación –prosiguió Aurora Camacho-, creo que la sociedad cubana está madura, nos hallamos en condiciones de dar un salto cualitativo, en nuestro escenario político y como ciudadanos, para ser escuchados y escuchar”. Ahora bien, a veces la esfera política no se pone a tono con el universo juvenil. Si queremos ganar a los jóvenes tenemos que hablar su lenguaje, asumir sus estilos de comunicación. “En el Avispero reciente la Doctora Josefina Vidal mencionó que había escrito en twitter su opinión sobre el bloqueo. ¿Por qué verlo como algo tan novedoso si es una de las modalidades en que hoy circulan los discursos?” También se pronunció la lingüista sobre la hechura del texto que denominamos Conceptualización del modelo económico y social cubano: “Ciertamente, la densidad y la redacción opaca, cargante, limitan su capacidad discursiva”. Y finalizó el parlamento dirigiéndose a quien preguntara sobre el significado de la abstención. “Para los estudios lingüísticos en particular, el silencio, el cero, es un dato, con una interpretación, por lo tanto, debiera ser considerado en cualquier modelo político”.

Estrechos vínculos entre el discurso político y la religión encontramos no solo en la iglesia católica. La campaña de terror y comunicación política del Estado Islámico, ha sido súper bien pensada, planificada en función de un supuesto islamismo, observó Ares. Acerca del impacto de divulgar el mensaje político, en Cuba, a través de las nuevas tecnologías, su posición es que la mayoría de los cubanos no tiene acceso a ellas, y quienes utilizan Internet principalmente “hacen llamadas y se comunican con la familia en el exterior”; es en el entorno universitario, intelectual, donde sí ocurren conexiones que ostentan otro cariz, incluida la búsqueda de informaciones vinculadas con la política. El caricaturista enlazó tal pensamiento con su criterio sobre el uso del ciberespacio para enviar al exterior una imagen de la Isla: al hacerlo, “constituye un error en el discurso político” reproducir los mismos códigos manejados internamente por la prensa nacional. “He revisado en la web nuestros periódicos y reproducen noticias que me dan pena; por la manera de redactarlas la gente afuera no entiende de qué se está hablando, o les parecen ridículas”. El uso adecuado de los códigos es esencial; y se emparenta con la necesidad de la deliberación. “Ahí uno tiene que retornar a Martí: ‘Con todos y para el bien de todos’. Y lo principal del discurso político no es solo la forma o las vías, sino la verdad; cuando hay sinceridad en el mensaje, la gente lo entiende, lo recibe; porque siente esa realidad en carne propia”.

Seguidamente escuchamos nuevos juicios provenientes de la concurrencia. Además de insistir en que la repetición indiscriminada del mensaje aburre y lleva a la pérdida de sentidos, un participante habitual introdujo un nuevo elemento: durante décadas hemos sostenido “un discurso de barricada, intransigencia, burla y descalificación del otro. Eso tiene una sedimentación en la sociedad”. Descollaron los razonamientos esgrimidos por una joven periodista, quien en síntesis opinó: Se está diversificando el discurso político nacional y existen distintos escenarios: el virtual, el real; también hay varios actores, contenidos y proyectos de nación en esos discursos. Debemos conocerlos y estudiarlos. Un reto es deliberar en común. Dialogar implica riesgos, y nos pondría a reconocer las relaciones desiguales de poder. Pero pienso que en eso nos va el futuro.

A la reflexión final instó entonces el conductor del encuentro, interesado en que sus invitados propusieran “un referente, un camino, una brújula que deberíamos tomar para la comunicación política futura del país”.

“El discurso político es un espacio en construcción. Valdría la pena dar una mirada abarcadora a sus más disímiles manifestaciones. Analizar cómo cada quien interviene en la vida pública, en la discusión sobre la sociedad, podría contribuir a hacer más eficaz la comunicación. Quienes tienen en sus manos los monopolios de los medios deberían no solo dar cabida a otras perspectivas, sino aplicarse algo más a pulir el lenguaje o la representación gráfica. La prensa escrita, la televisión y la radio siguen siendo la fuente de información mayoritaria y terminan por imponer no solo la ideología y la visión política, sino incluso modos de expresión”, formuló Zaida Capote (e intercaló muestras recientes de mal uso del lenguaje en el periodismo escrito y en la TV). “La hegemonía en ese campo no debería venir dada por la desigualdad en el acceso al espacio público –es lo que está pasando-, sino por la claridad, eficacia y belleza del discurso político, por su inteligencia, en suma”.

Bien concisa fue la aseveración de Pedro García Espinosa: “El mejor discurso político es el que representa a cabalidad la vida de la gente y compulsa a participar y construir”.

Se debiera evaluar el discurso político cubano de las últimas cinco décadas. “Desde los estudios lingüísticos ponernos al día en la identificación y clasificación tipológica” de los mensajes, así como en la evaluación de su impacto. “En la medida en que los describamos mejor, podremos contribuir a generar un mejor discurso”, sugirió Aurora Camacho.

“Entendido no solo como la oratoria, el discurso político tiene que acomodarse a los tiempos; reflejar la sociedad en la cual se encuentra”, reiteró Arístides Hernández. “Las nuevas tecnologías no pueden ser olvidadas, pero hay otros espacios que son mayoritarios para el cubano de a pie y debemos aprovecharlos”. Nuestro discurso político no puede mantener alejado el humor, porque este último forma parte de la manera de ser del cubano.

“No sé si existe en Cuba alguna investigación acerca de los cuentos de Pepito, personaje muy exitoso en materia de discurso político. ¿Por qué? Él está pensando constantemente en las audiencias, en la realidad; y usa la ironía, el sarcasmo. No es que los medios de comunicación deban parecerse a Pepito, pero sí a la realidad; igual que necesitan hacerlo los políticos y funcionarios. Me gustó mucho algo expresado por Ares: cuando el discurso político es honesto, sincero –y si además de eso tiene gracia comunicativa-, rápidamente surge una conexión con las audiencias que nadie puede cuestionar”, concluyó Raúl Garcés.

Casi cien personas dejaron entonces la sala Fresa y Chocolate.  Sin dudas muchas regresarán el 24 de noviembre, para asistir a la discusión de un asunto muy llevado y traído en la cotidianidad nacional, desde los más altos niveles hasta las conversaciones familiares: La información, del dicho al hecho.

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG.

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