ALBERTO LESCAY: COMENTARIOS ACERCA DE SU OBRA

A la espera de un texto que me he propuesto escribir sobre Lescay y su relevante obra como escultor, dibujante, pintor, grabador y ceramista,  reproduzco algunas de las opiniones que aparecen en su Sitio Web (http://www.albertolescay.com/albertolescaycritica.htm), todas las cuales proceden de amigos comunes, en su mayoría importantes intelectuales cubanos. OG

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Alberto Lescay Merencio (1950) nació, vive y trabaja en Santiago de Cuba.

RÁFAGA EN ESPLENDOR
“El torbellino nos envuelve y transporta, nos conduce con una fuerza animal, nos proporciona un sacudimiento telúrico los volúmenes y el color en las obras de Alberto Lescay son una síntesis de la vida cubana. Es la violencia y la borrasca, los granates incendiados quienes proclaman la cólera y los turquíes serenos nos hablan de la prudencia. Aquí hay ondulaciones de la forma que nos entregan una sensualidad irreverente, remolinos ardientes junto a nieblas opacas que nos revelan las fases de la historia nacional. Las púas y cuernos acoplados a plumas y arcos funcionan como catalizadores del carácter. Nunca antes los clamores del bermellón sirvieron mejor para ilustrar el ímpetu delirante, el brío, la seducción perenne de la batalla, ni las cascadas de índigo fueron impulsadas por estas fugas rabiosas, conducentes a un destino de aristas conquistadas. El entrecruzamiento veloz del cobre con el añil nos arrastra hacia una aventura tentadora y nos impulsa al fervor. ¿Y qué decir de ese Antonio Maceo rodeado de insurrectos machetes enhiestos – un Maceo en plenitud de combate invocando el sostén de su pueblo -, o qué hablar de la nobleza lírica de un Martí sosegado, o de ese grito en bronce que es el Cimarrón? Son capítulos de la vida de una nación coagulados para la perennidad. La celeridad, el aliento presuroso de nuestro ritmo vital ya lo había expresado Carlos Enríquez y los arcanos de nuestras enérgicas raíces quedaron plasmados por Lam. En Lescay se unen ambos valores y toman una nueva dimensión la cepa permanente y el instante fugaz. En estas telas Cuba es una ráfaga incesante, un ímpetu espléndido y apasionado.”
Lisandro Otero, 2003.
Novelista y periodista cubano fallecido en 2008.
Premio Nacional de Periodismo de México, 1998
Premio Nacional de Literatura de Cuba, 2002.
Miembro de la Real Academia Española y de la
Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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“Asistimos a la profundidad, a la actualización estremecida por mirarnos en estos dibujos, en los verdes y leves azules en que parece erguirse el humus antillano y se escucha la intensidad del rocío. Siguiendo esta escala, observamos que no hacen gran suma los jóvenes pintores cubanos dadores de ejemplos en la utilización del rojo. No obstante, con el tono de la sangre, Alberto desgarra el día, hiere la sicología de los rostros y ofrece símbolos que desintegran y rehacen el mundo. En Sacrificio el cielo trastocado en púrpura semioscura, amenaza en los fondos mientras grises interpuestos vigilan las diagonales, sacrificadas en aras de un montaje en que el silencio añora pronunciarse. Algo similar se aprecia si nos detenemos en El palomar, La gran caída y Fuego del silencio; ellos y otros, con sus güijes, tambores y templos del vudú, implican en la poética del color, metáforas abarcadoras del mar, la flora, el aire y la fauna.”
Marino Wilson Jay, 1989.
Poeta. Preside la Asociación de Escritores en Santiago de Cuba.
Entre sus últimos libros publicados están Peligro: aquí se habla de poesía (ensayo) y los poemarios El libro terrible y Poesía funesta. 


Uno no se explica cómo Lescay es, paralelamente, escultor y pintor. No se lo explica (aclaremos) a primera vista, luego vamos descubriendo en los lienzos cierta idea de dimensiones infinitas, de lejanías que constituyen la imposibilidad del que trabaja los volúmenes. Entonces caemos en la cuenta de que lo visto es una verdad complementaria de aquel otro que el bronce (uno de sus más recurrentes materiales) y las raíces, las hélices, el alambrón no alcanzan a concretar.”
Alejandro Querejeta, 1986.
Periodista, poeta y narrador.
Reside en Quito, Ecuador.

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“Estos lienzos, cartulinas y esculturas tienen de leyenda, en sus colores y en sus formas, se asoman al sueño del artista. Ya una vez escribí que no sabía a cuál Lescay prefería, sí al escultor o al pintor. Ahora puedo contestarme a mí mismo: a los dos. Lescay ha logrado, a golpe de talento y de trabajo, convertir su obra maravillosa en una imagen y en un idioma. Usted va a un lugar y ve una pieza y puede decir: ese cuadro es de Lescay. Porque ha descubierto un lenguaje pictórico tan personal como colectivo. Ahí está la esencia del arte, ser y multiplicarse. Tener ese don no es fácil, porque a veces se acerca a lo genial.”
“Ahora Alberto Lescay nos regala su Mackandal, en éstos óleos líricos y musicales, donde la pintura parece que danza. Un Mackandal de color y de fuego. De ira y de ternura. De combate y de amor. De agua y de tierra. De sueño y de vigilia. De muerte y de resurrección real. Un Mackandal que se multiplica en cada pieza, ahora buey o caballo, culebra o tronco de árbol, hasta paloma si hace falta, cimarrón al fin. Siento en estos cuadros el perfume de las flores africanas y un tambor del Vodú, que desesperado, nos llama. He aquí a Mackandal incorporado ya para siempre a la plástica nacional y antillana. He aquí rota entonces la frontera entre la pintura y la poesía. He aquí rota también la frontera entre la pintura y la música. He aquí rota además la frontera entre la pintura y la danza. Son estos cuadros la poesía que se escapa, la música del aire y la danza del corazón.”

Jesús Cos Cause, 1998.
Poeta e investigador de la Casa del Caribe fallecido en 2007.
Fue Coordinador del Taller Internacional de Poesía que auspicia esta institución.

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“Se ha señalado la relación de la obra de Lescay con manifestaciones mágico-religiosas del área del Caribe -esencialmente el vudú-, así como la carga erótica que perméa su figuración; sin embargo, ni este pintor es un devoto del vudú, ni un artista de lo erótico, y ambas visiones parecen servir de vehículo a una tercera inquietud. En Lescay, la reiteración el tema del vuelo es totalmente consciente y, a mi modo de ver, posee valor metafórico.”

Antonio Desquiròn Oliva, 1998.
Poeta, escritor y crítico de arte. Labora en la Fundación Caguayo.
Cómo criar a un perro, es su último libro de poesía publicado por la Colección La Rueda Dentada de la editora UNEAC.

“El artista reconoce que su obra se desplaza dentro de un gran contraste “de momentos violentos a momentos de lirismo, de mucho cuidado en la elaboración”. Somos, El Nido, son ejemplos de esta reflexión, en ellas el expresionismo abandona un tanto la abstracción para intentar definir con líneas sinuosas rostros y cuerpos que se funden en la sensualidad del dibujo. Aquí hay un regodeo en la factura, precisión en el detalle, el color de suaviza, la luz se sosiega, el autor pasa del universo de colores cálidos a zonas más tranquilas, no frías, sí expectantes.”
Inés Viacava. 1993.
Promotora cultural. Actualmente trabaja en el Departamento de Extensión Universitaria del
Instituto Superior de Ciencias Médicas en Santiago de Cuba.

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“Traducida en planos, colores, figuraciones humanas y zoomorfas, así como volúmenes escultóricos, la obra de Alberto Lescay de marcado sabor expresionista, sintetiza el legado espiritual africano, en cuyas composiciones la tendencia hacia la verticalidad en perenne movimiento y ascensión, alude sin dudas a la cosmogonía de loas, espíritus y orichas que trascienden la realidad para el religioso y conviven con él en la expresión matérica y objetiva de los trance de posesión.”
Raúl Ruiz Miyares, 1998.
Investigador de la Casa del Caribe.

“El artista nos aproxima a ese mundo, diríamos que fantasmagórico que es el Caribe en nosotros, a ese mundo como suspendido en el aire batiendo desde los cuatro puntos cardinales simultáneamente, presente siempre en un tiempo que no envejece porque es el tiempo de la luz, con un dominio del oficio, una rigurosidad y una capacidad de emoción que se inscriben con nombre propio en lo más consecuente del expresionismo dentro de la plástica cubana contemporánea.”
Joel James Figarola, 1988.
Escritor e historiador. Fue Director de la Casa del Caribe.
Sus últimos títulos publicados son Alcance de la cubana y Sistemas mágico-religiosos cubanos, principios rectores. Falleció en 2006.

“Tal vez seríamos más elocuentes si definimos el proyecto creativo de Alberto Lescay dentro de las márgenes de un ambientalismo totalizador tanto en lo pictórico como en la escultura de gran formato; esa fascinación por lo aéreo, por trascender el peso, se registra en toda su obra, tanto más trascendente en la escultura por cuanto ésta carece generalmente de esa veneración por lo intocable que sí tiene la obra de Lescay, aún en los casos en que lo físico, el volumen, se interpone como escollo inevitable.”
Felix Suazo, 1994.
Escultor y crítico de arte.
Reside actualmente en Caracas, Venezuela.


“Dos factores dan una firme unidad a esta obra tan variada: la madurez del oficio, igualmente señero en todas sus proteicas manifestaciones; y la evidencia de una intensa y rica vida interior, capaz de abarcar desde la meditación profunda ante el universo de las formas hasta la protesta encendida contra una guerra injusta.”
Ricardo Repilado, 1977.
Escritor e historiador.
Eminente profesor de la Facultad de Artes y Letras en la Universidad de Oriente. Falleció en 2003.

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“En Visiones, Magias y Ritos, recoge Alberto Lescay no solamente su personal vivencia, sino la herencia cultural de su pueblo, la presencia de elementos mágicos ancestrales y el sentimiento de la elevación espiritual en busca de la más absoluta libertad como desideratum eterno del hombre. La recurrencia del vuelo, como metáfora, así como las múltiples lecturas mediante el magistral manejo de materiales, conceptos e intuiciones, aparecen como final toque de magia y luz. Sin duda alguna, la “metáfora” existe. Lescay logra hacerlo porque es un verdadero maestro, un artista.”
José Joaquín Burgos,1994.
Periodista. Profesor de la Universidad de Carabobo, República Bolivariana de Venezuela.

“Así el cubano se identifica en esta obra, en la génesis del mar, en el intento del vuelo nocturno a la nganga viva, nos reproducimos en el descanso o en el ritmo del tambor Iyá. Somos luna, unicornio, Eva o Romeo bajando los espíritus cabalgando entre luces al palomar, a la escalera a masacurraman. Somos la metamorfosis del cimarrón: Tierra, Agua, Beso. Ascendiendo en el tambor de una danza Vodú al fuego.”
M. Lourdes Jacobo García (Chachi), 2003.
Poetisa.

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