JORGE HERRALDE, EL ÚLTIMO MOHICANO DE LA EDICIÓN. MARTÍNEZ BOUZAS

Conservo un gratísimo recuerdo de la Editorial Anagrama, sobre todo de sus años fundacionales y de aquellos libros de hondo compromiso intelectual y acendrada sabiduría.  Este domingo, mientras recorría la blogosfera en busca de textos literarios de interés para unas charlas que preparo, di con esta entrevista que le hiciera, en 2003, el periodista y crítico Francisco Martínez Bouzas a Jorge Herralde, artífice de la gran editorial española. La comparto con innegable nostalgia por el libro impreso en papel y por los tiempos en que las editoriales más frecuentadas eran todavía independientes. (OG)    

FRANCISCO MARTÍNEZ BOUZAS / BRÚJULAS Y ESPIRALES

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El editor Jorge Herralde

  Hoy, 2 de enero de 2017, si las informaciones de los medios no están equivocadas, se producirá el relevo de Jorge Herralde al frente de Editorial Anagrama. La editorial independiente que más éxitos ha cosechado en España y en el mundo latinoamericano, pasará definitivamente  a manos de Feltrinelli, y será dirigida por Silvia Sesé, la editora que el mismo Jorge Herralde propuso. No será, sin embargo, una desconexión absoluta ya que Jorge Herralde seguirá colaborando con la Editorial, “apoyando, sin interferir, la labor de la excelente Silvia Sesé”, según las mismas palabras del fundador de Anagrama. Se despide pues de las labores editoriales directivas el último mohicano de la edición, el hombre insumiso  a la dictadura franquista y al poderío del mercado y de los megagrupos empresariales, el creador de tantas colecciones de éxito, desde las que aparecieron en aquellos años de finales de los 60 en los que Jorge Herralde aprendió a ser editor, con colecciones tan emblemáticas como “Argumentos”, “Documentos” (1969), “Cuadernos Anagrama”, también de aquellos años, hasta “Panorama de narrativas (1981), sí, esos libros de la “peste amarilla”  como los calificó José Manuel de Lara, “Narrativas hispánicas” que se estrena en 1983 con la creación del Premio Herralde de Novela, hasta las que han aparecido en los últimos meses o años: “Compendium”, “Otra vuelta de tuerca”, “Edición limitada o “La conjura de la risa”.

   En un día como este, reproduzco, traducida al español, una entrevista con la que Jorge Herralde me honró en el año 2003 y que con el título “Jorge Herralde, home insubmiso” fue publicada por el Suplemento Revista das Letras del periódico Galicia Hoxe. Paola Tinoco, jefa de prensa de la distribuidora de Anagrama en México, gestionó la publicación de esta entrevista en el país azteca.

JORGE HERRALDE, HOMBRE INSUBMISO

Más de treinta y dos años trabajando de forma incansable en el mundo de la edición. Más de treinta y dos años buscando la excelencia literaria. Miles de libros en la calle. Todo ello es un aval que convierte a Jorge Herralde en el principal editor literario independiente en español. Sobre el pasado, presente y futuro de la edición y de Anagrama, Jorge Herralde habla para Revista das Letras.

Martínez Bouzas: Para usted, según escribió Álvaro Pombo en diciembre de 1988, todo existe para convertirse en libro. Pero al mismo tiempo lo retrata como un ser misterioso y complejo, acostumbrado a tomar grandes decisiones editoriales. Entonces y para comenzar, ¿podría decirnos en pocas palabras quién es el editor Jorge Herralde?

Jorge Herralde: A efectos editoriales, el responsable del catálogo de Anagrama desde su fundación. Posiblemente no sea una respuesta adecuadamente misteriosa y compleja, pero sí diáfana.  

F.M.B.: ¿Y la “traición” a su carrera de ingeniero industrial y a la tradición metalúrgica familiar a cambio de una vocación “rectilínea” dedicada en cuerpo y alma a la edición?

J. H.: En realidad no hubo ninguna traición, siempre me consideré un ingeniero industrial accidental. Tuve la suerte o la desgracia de que, a pesar de que siempre me apasionó la literatura, las matemáticas no me resultaron territorio hostil, por lo que pude cursar la carrera, sin ningún entusiasmo. Recuerdo que en el último año de estudios tuve mi primer proyecto editorial, que a la postre se frustró, como tantos otros en aquellos tiempos difíciles. Después de una época vegetando en la empresa familiar y fantaseando con proyectos culturales, finalmente decidí lanzarme al ruedo y puse en marcha Anagrama.

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En Turín después de recibir el Premio Grinzane Cavour junto a Inge Feltrinelli y Loli Gubern (2005)

F.M.B.: ¿Qué modelos editoriales tiene en mente cuando fundó Anagrama?

J.H.: Más que modelos, podría citar editoriales para mí admirables. En lengua española estaban Seix-Barral en España, Losada en Argentina, Siglo XXI y ERA en México. O Minuit y Maspero en Francia, Einaudi y Feltrinelli en Italia, o Grove Press en Estados Unidos.

Mi idea era combinar la radicalidad política (de izquierdas, claro) con la vanguardia cultural. Estábamos a finales de los 60 y editoriales como Feltrinelli, Wagenbach o Christian Bourgois se movieron en direcciones similares a Anagrama en los años 70.

F.M.B.: Y aquella fascinación por los libros y por las películas de aquel inquieto Jorge Herralde de los años sin corbata, de aquellos primeros títulos (Detalles y L’ofice de viure) o de la colección “Cuadernos Anagrama” que recogían la sustancia de la época, ¿se mantiene todavía ahora con la misma vigencia?

J.H.: Con los libros, sí. Por fortuna o por algún gen testarudo me sigue apasionando la lectura y sigo teniendo algo parecido a un shock cuando descubro a una nueva voz, véase el ignoto Andrés Barba o mi lectura tardía pero febril de Ricardo Piglia, o cuando constato la imparable progresión de un escritor: un caso reciente: Expiación de Ian McEwan.

En cuanto al cine, voy mucho menos, la vida editorial y la lectura me tienen algo así como placenteramente secuestrado. Me encantan Tim Burton o los hermanos Cohen, preferencias obvias, y repaso títulos antiguos en televisión, como el estupendo cine negro norteamericano o el gran Orson Welles.

F.M.B.: Los primeros tiempos de Anagrama fueron tiempos dedicados al ensayo y al libro político o teórico de una forma muy especial. Será después de la muerte de Franco, hacia 1981, con “Panorama de narrativas”, y en 1983 con “Narrativas hispánicas”, cuando se produce un acercamiento a la narrativa, a una narrativa tanto hispánica como universal. ¿A qué se debe esta ampliación del camino o esta reorientación de la Editorial?

J.H.: En efecto, me pareció a la vez prioritario y estimulante dedicarme preferentemente al ensayo político y cultural, aunque la literatura estuvo presente desde sus inicios en la “Serie Informal” iniciada en 1970 con Ojos, círculos, búhos de Luis Goytisolo, mi primer autor español, y donde aparecieron textos tan diversos como Sonetos de amor de Shakespeare, libros de Kafka, Stendhal y Sade, o los primeros títulos de Tom Wolfe. Luego en 1977 se inició “Contraseñas”, la colección de literatura marginal, “out-law” y “off-off”, con Bukowski, Copi y los ases del Nuevo Periodismo que conectó de inmediato con el espíritu libertario  de la época.

Luego, tras el llamado “desencanto” y el contagioso desinterés por el libro político, regresé a mis primeras amores (mi proyecto inicial pre-Anagrama había sido fundamentalmente literario). El primer paso fue “Panorama de narrativas”, en 1981, una colección con vocación explícitamente panorámica, seguida en 1983 por su colección hermana, “Narrativas hispánicas”. Ambas tuvieron de inmediato una excelente acogida.

F.M.B.: En la segunda mitad de los años 70 desaparecieron prácticamente todas las revistas políticas y se produce el colapso de la mayoría de las editoriales progresistas, ¿cuál fue la estrategia de Anagrama para poder sobrevivir ante la precariedad de esos años?

J.H.: Anagrama se salvó por los pelos, gracias en parte a no ser una editorial sólo de textos políticos. La colección “Contraseñas” ayudó significativamente a capear el temporal.

F.M.B.: En estos primeros años tuvo lugar no solamente la lucha contra la censura a base de una política de hechos consumados que Anagrama practica de forma arriesgada y que facilitó no sólo una cadena de secuestros que Perich refleja de forma magistral, sino también el enfrentamiento con otro tipo de censura, la practicada por los grupos nazis con la permisividad gubernamental, ¿podría evocar para los lectores de hoy el clima de aquellos años, hechos como el incendio de la sede de Distribuciones Enlace?

J.H.: Anagrama tuvo el discutible honor de ser una de las editoriales más represaliadas por la censura franquista, pero pudo sobrevivir, lo que no lograron otros compañeros de fatiga. Fue un período duro en el que se descabezaron o mutilaron proyectos editoriales, pero al mismo tiempo muy estimulante: parafraseando una frase de Manolo Vázquez Montalbán, “contra Franco peleábamos mejor”. Ahora la pelea es contra la teocracia del Mercado, los delirios megaempresariales y sus visibles secuelas en agentes, autores, literatura menos exigente, etc.

F.M.B.: Con usted trabajan una serie de autores, tanto ensayistas como narradores, que alguien ha llamado “escritores de culto”. Así mismo, se ha ganado el apoyo de un selecto grupo de lectores que son absolutamente fieles a los productos de Anagrama. ¿Cómo explica usted este hecho, que en una época en la que se ha impuesto la literatura de género, la literatura de consumo que no arriesga nada, Anagrama siga vendiendo productos basados en la calidad del texto con independencia de su comercialidad?

J.H.: Anagrama, por fortuna, no es un fenómeno aislado. En todos los países hay sellos en los que los lectores “fuertes” confían y se convierten en sus propagandistas.

F.M.N.: Anagrama practica una “política de autor”. En sus catálogos figuran muchos autores con más de diez títulos. Pero a la vez, otra constante de la Editorial es la búsqueda de nuevas voces -la apuesta por los clásicos del futuro- ¿cómo compagina el editor ambas vías?

J.H.: En el fondo son los proyectos incompatibles entre sí, ya que hay un “numerus clausus” bastante estricto de novedades al año. La clave del sabor del cóctel es intentar mantener los mejores autores del fondo editorial e incorporar las nuevas voces más prometedoras. No es fácil, tampoco es la cuadratura del círculo, pero sí requiere atención constante al bebedizo.

F.M.B.: Lo que ven en Anagrama la tribu de sus lectores es un faro de referencia frente al best-seller y a los grandes consorcios editoriales. ¿Es suficiente la “excelencia literaria” para resistir al imperio de los megagrupos? ¿Su globo puede ser realmente pinchado como ha manifestado usted últimamente?

J.H.: Los pronósticos son azarosos por definición. Pero situándonos en el estricto presente, se observan algunas editoriales independientes que apuestan inequívocamente por la “excelencia literaria” que resisten mejor el actual momento, bastante difícil, que los grandes grupos, cuyos crujidos los vocalizan sus propios portavoces: reducción de novedades y despido de colaboradores, como síntomas inequívocos.

F.M.B.: Usted tiene experiencia de que no existen fidelidades con mayúsculas (caso Javier Marías entre otros). ¿Podríamos llegar entonces a la conclusión de que el mercado “poluciona” y amenaza a la literatura?

J.H.: Sería ilusorio pensar que existen fidelidades con mayúsculas (aunque haberlas haylas como las esquivas meigas), pero sí con versalitas. En Anagrama estamos razonablemente satisfechos al respecto, y en algunos casos nos quedamos muy descansados ante ciertas “infidelidades”.

F.M.B.: ¿Cuál es la lógica y cuáles son los peligros de la concentración editorial sin precedentes que estamos observando en los últimos tiempos? ¿Cabe algún tipo de optimismo?

J.H.: Diría, quizá exageradamente (pero no mucho), que la “lógica” consiste en la “huida  hacia delante”, con el peligro del abismo, nada infrecuente. Se puede confiar en la alternancia sístole-diástole y observar la buena salud de varios proyectos independientes.

F.M.B.: Parcelemos un poco el diálogo. ¿Sigue opinando que la novela británica (la del British Dream Team) es la mejor que se escribe actualmente en el mundo?

J.H.: No recuerdo haber hecho una afirmación tan rotunda, pero resulta obvio que en los años 80 surgió una generación extraordinaria en el Reino Unido, la de Martin Amis, Julian Barnes, Ian McEwan, Graham Swift, Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi, publicados por Anagrama, a los que deben añadirse Salman Rushdie o Wiliam Boyd.

Como fenómeno colectivo de impacto en los años noventa fue muy celebrada la literatura angloindia con el precursor Rushdie, seguido de Wikram Seth, Arundhati Roy, Amitav Gosh o Rohinson Mistry. Y en los últimos años la narrativa francesa parece defenderse eficazmente de las acusaciones de catatonia y ombliguismo, véase Houellebecq, el ejemplo más impactante.

De todas formas la literatura está compuesta, como es sabido, por las obras de cada escritor “en solitario”. Finalmente, los grupos o generaciones tienen escaso interés, salvo el académico, la facilidad taxonómica.

F.M.B.: Y la gran literatura hispanoamericana actual ¿es aquella que poco a poco se aleja de la “sombra del boom”?

J.H.: Se ha comparado, precisamente, la explosión de la literatura angloindia de los 90 con el glorioso boom latinoamericano de los 60. Ahora, tras años de reflujo, aparecen nuevas voces y se consolidan otras. En conjunto parece un período muy fértil, tras la “muerte del padre” o su digestión más o menos accidentada.

En el caso de Anagrama hemos publicado en los últimos años, además de otros muy valiosos, dos autores de una categoría unánimemente reconocida como excepcional: el argentino Ricardo Piglia y el chileno Roberto Bolaño.

F.M.B.: No hace mucho usted manifestaba que le sigue motivando el mismo espíritu de los inicios: encontrar un texto de calidad de un autor desconocido. De hecho usted los ha buscado en las literaturas de todo el mundo. Así descubrió a Paul Auster, a Raymond Carver, a Pedro Juan Gutiérrez, a Roberto Bolaño, a Pedro Lamebel y a tantos otros. ¿Por qué no dirigir la mirada a las literaturas periféricas españolas? El sistema literario gallego, por ejemplo, publica de vez en cuando, narrativa que se ajusta plenamente a los criterios que conforman las colecciones de Anagrama, y su editora se convertiría entonces en un trampolín de prestigio para dar a conocer las literaturas periféricas en versión española. ¿Podría ser una idea válida dentro de los proyectos futuros de Anagrama?

J.H.: Por una parte, dirijo la mirada, de forma muy preferente a las literaturas que puedo leer. Y así Anagrama es la editorial que más autores catalanes ha traducido al castellano, con diferencia. Y con resultados poco entusiasmantes, por cierto, excepto en el caso singular de Quim Monzó.

F.M.B.: Una última pregunta. Los títulos que publique en el futuro Anagrama ¿continuarán siendo apuestas personales de Jorge Herralde?

J.H.: Me temo que sí, salvo ausencia forzosa.”

(Entrevista publicada en el periódico Galicia Hoxe el 12 de junio de 2003)

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