EL ASESINATO EN LA GUERRA. ERNEST HEMINGWAY

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Durante los últimos 15 meses he visto asesinatos en España, cometidos por los invasores fascistas. El asesinato es diferente de la guerra. Se puede odiar la guerra y ser contrario a ella como un modo de vida cuando se lucha para defender el propio país contra un invasor y por el derecho a vivir y trabajar como un hombre libre. En este caso ningún hombre que merezca el nombre de tal concede mucha importancia a su vida porque están en juego cosas mucho más importantes.

Así pues, cuando el Messerschmitt alemán baja en picado sobre tu coche, disparando sus cuatro ametralladoras, te desvías bruscamente hacia la cuneta y saltas del coche. Te echas bajo un árbol, si hay un árbol, o dentro de una zanja, si hay una zanja, o a veces en el campo abierto. Y cuando el avión vuelve para intentar matarte de nuevo y sus balas levantan surtidores de polvo sobre tu espalda, y yaces con la boca seca. Pero te ríes del avión porque estás vivo. guerra-civil-6

No sientes odio. Es la guerra. No hay amargura cuando los fascistas intentan matarte. Porque tienen derecho a hacerlo. Incluso por error. Sin embargo, sientes cólera y odio cuando los ves asesinar. Y los ves hacerlo casi todos los días.

Los ves hacerlo en Barcelona cuando bombardean los barrios obreros desde una altura tan grande que es imposible que su objetivo sea otro que los bloques de apartamentos donde vive la población. Ves a los niños asesinados con las piernas retorcidas, los brazos doblados en direcciones absurdas y los rostros espolvoreados de yeso. Ves a las mujeres, a veces sin marcas cuando mueren por conmoción, con las caras grises y una sustancia verde brotando de sus bocas. Y odias a los asesinos italianos y alemanes que hacen esto, como no has odiado nunca.

Cuando bombardean el edificio de la Telefónica de Madrid, está bien porque es un objetivo militar. Cuando bombardean puestos de artillería y de observación, es la guerra. Pero cuando bombardean la ciudad indiscriminadamente en plena noche para matar a los civiles en sus camas, es asesinato.

Cuando bombardean al público del cine, concentrándose en las plazas adonde saldrá la gente a las seis de la tarde, es asesinato.guerra-civil-3

Ves una bomba de nueve pulgadas caer sobre un tranvía lleno de obreros. Después del fulgor, el estallido y el polvo, el tranvía yace de costado. Dos personas están vivas, pero sería mejor que hubiesen muerto, y las otras deben ser retiradas con palas. Antes de que caiga la próxima bomba, un perro se acerca al tranvía volcado. Olfatea el polvo de granito. Nadie se fija en el perro mientras se llevan a las dos víctimas indeciblemente mutiladas y, cuando la próxima bomba llega silbando en una caída vertiginosa, el perro sube corriendo la calle con un metro de intestinos colgado de sus mandíbulas. Tenía hambre, como todos, en Madrid…

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