ESE SOL DEL MUNDO MORAL (Prólogo). CINTIO VITIER

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Cintio Vitier

PRÓLOGO

En su Filosofía del Derecho  Hegel  distinguió  entre la moralidad o voluntad  individual y subjetiva del bien, y la eticidad o realización del bien mismo —“elemento universal  y sustancial  de la libertad”— en objetivaciones históricas e institucionales  como la familia, la sociedad civil y, por modo culminante, el Estado. Sin entrar a discutir tan ilustre distinción, no nos consideramos obligados, en las páginas que siguen, a respetar estrictamente ése ni ningún otro vocabulario técnico o sistemático, de los muchos que se han  propuesto a lo largo de  la  vasta  y  secular elaboración  de la “ciencia de la conducta”. No es éste un libro de  indagación filosófica sino un conjunto de reflexiones que se orientan con ánimo empírico, y mediante un lenguaje abierto, hacia la captación de un proceso espiritual concreto: el de la progresiva concepción de la justicia, y las batallas por su realización, en la historia cubana.

vitierEl propósito hasta cierto punto “descriptivo” no significa que el autor, aspirante vitalicio a poeta y a cristiano, deje de influir para bien o para mal, inevitablemente, en el perfil que se presenta de los hombres, las ideas y los hechos. Perfil que no pretende ser exhaustivo ni siquiera completo. Faltan aquí, es evidente, innumerables nombres y sucesos, e incluso aspectos específicos del tema, como el tratamiento de los problemas morales, íntimos y públicos, en la narrativa cubana, o el papel desempeñado por la prensa en las diversas fases de la integración nacional, o el reflejo de algunos caracteres morales en determinados rasgos estilísticos (como los que pueden discernirse, por ejemplo, en la prosa de Varona). Falta, sobre todo, un aspecto fundamental que espera por autores especializados: el  de la gradual “concientización” de las masas obreras  a través  de sus propias luchas y experiencias. No sería nuestra menor satisfacción despertar el  interés de los estudiosos por esas y otras cuestiones conexas.

Así como pensamos que hay un modo peculiar de expresarse las esencias de cada país en la poesía y en el  arte, y que ese modo es su genuino aporte a la poesía y al  arte universales, creemos también que la conciencia moral existe y se desarrolla en cada  país con formas, argumentos y modulaciones propias que permiten conocer lo que puede llamarse una “ética en vivo” o “en acto” y entender por dentro la motivación espiritual de sus manifestaciones hitóricas. Por eso cuando hablamos de una eticidad “cubana”, no nos referimos a ningún fenómeno aislado, exclusivo y en ningún sentido excepcional, sino a la manera como los problemas morales del hombre se han presentado y afrontado, de hecho, en la historia intelectual y política de Cuba, igual que pudiera hablarse de una eticidad vietnamita, o francesa, o mexicana. Nuestro punto de partida es siempre la autoctonía como fundamento de la universalidad.

En cuanto a lo que hemos llamado “motivación espiritual”, no debe entenderse que situamos el factor “conciencia” como causa de la historia. Del mismo modo que no  creemos en ninguna poesía “pura”, no encarnada en palabras o hechos reales que a su vez corresponden a un contexto social, tampoco creemos que exista ninguna conciencia pura, previa y aislable, que actúe sobre  la realidad  humana.  Esa  realidad  es, en cada momento, el fruto de una interacción e interpenetración  de  fuerzas. Se sobreentiende entonces que, cuando aludimos a la posibilidad de una “historia de la eticidad cubana”, no se trata de la historia de una sustancia  autónoma, separable del acontecer económico, político y social, sino de una manifestación de éste, como cuando se hace la historia de la literatura o de la economía;  sólo que esta manifestación es aquella en que se clarifican los móviles y fines más generosos y creadores de la conducta.

Por otra parte, el autor no pretende tampoco haber hecho trabajo de historiador en el sentido riguroso del término. Para ello hubiera tenido que investigar la relación de los sucesos éticos más relevantes de la historia cubana con las estructuras socioeconómicas y con el devenir político y cultural en todas sus manifestaciones. Esta sería una tarea distinta, mucho más compleja y científica, que no es la que corresponde a un poeta sencillamente enamorado de su patria.

De lo que se trata aquí es sólo de señalar aquellos momentos claves en el proceso de forja de la nacionalidad que denotan un fundamento y una continuidad de raíz ética, es decir, una creciente, dramática y dialéctica toma de conciencia. En el punto focal de ese proceso — que desde luego, si no es toda la historia, es su porción más  lúcida y edificante — se sitúa la figura de José Martí, uno de aquellos hombres “acumulados y sumos”, como él llamó a otros, que llevan en sí la  agónica  rectoría  moral de  sus pueblos. En su discurso con motivo del vigésimo aniversario del asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro dijo de Martí: “En su prédica revolucionaría estaba el  fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.” Es ese “fundamento moral”, con  sus antecedentes premartianos y sus vicisitudes hasta nuestros días, lo que va a constituir el centro y el norte de nuestra pesquisa.

Conocer a Cuba y a su Revolución es imposible sin conocer a fondo a quien pudo decir de sí mismo con verdad: “Yo me llamo conciencia”, máxima encarnación de la eticidad  revolucionaria cubana, coronador de nuestras  mejores tradiciones y anunciador de nuestros mejores futuros. Su mirada hacia el pasado de la Isla será por  eso nuestra guía para entenderlo del modo más vivo y creador, así como su exigente proyección hacia el porvenir de Cuba y de América nos acompañará en la valoración  de los pasos — tantas veces convulsos y  ensangrentados — que a través de la República frustrada condujeron  al triunfo de la Revolución. Tendríamos así por lo menos  el esbozo de lo que pudiera llamarse una historia moral de Cuba, que esperamos sea útil, no sólo a los interesados en nuestra cultura, sino también, por sus lecciones  objetivas, para la formación revolucionaria de las nuevas generaciones americanas.

Finalmente queremos responder por anticipado, a los que desde una u otra posición consideren que en algunas de las páginas que siguen se “idealiza” la realidad, con  las palabras de Martí  en  La  Edad  de  Oro  que  encierran  el  criterio de recepción y valoración histórica en que se inspira este pequeño libro: “Los hombres no  pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas.Los agradecidos hablan de la luz.”

La Habana, marzo de 1974

HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG.

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