CARTAS A UN JOVEN POETA (Carta # 2). RAINER MARIA RILKE

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Rainer Maria Rilke
CARTA NÚMERO 2

Viareggio, cerca de Pisa (Italia)
5 de abril de 1903

Habrá de perdonarme, querido y apreciado señor, que hasta hoy no haya recordado, agradecido, su carta del 24 de febrero. Durante todo este tiempo no me he sentido en forma, no exactamente enfermo, pero sí acosado por una debilidad de tipo gripal que me incapacitaba para todo. Finalmente, como este estado no quería cambiar de ningún modo, me vine a este mar del sur, cuya benignidad ya me ayudó en otra ocasión. Pero aún no estoy restablecido del todo; escribir se me hace pesado. Por lo mismo, debe aceptar estas pocas líneas como si, en realidad, fueran más.

Naturalmente, usted ha de saber que siempre me alegrará recibir carta suya y deberá ser también benévolo con la respuesta, que quizá le dejará a menudo con las manos vacías. Porque, en el fondo y precisamente en las cosas más profundas e importantes, estamos indeciblemente solos y, para que uno pueda aconsejar o ayudar a otro, tienen que ocurrir muchas cosas, muchas cosas han de producirse, toda una constelación de acontecimientos ha de suceder para que por una sola vez el consejo llegue a buen puerto.

Hoy quería decirle tan sólo esto:

Sobre la ironía: no se deje arrastrar por ella, especialmente en los momentos no creativos. En los creativos, intente utilizarla como un medio más para captar la vida. La ironía, utilizada con autenticidad, es también auténtica y usted no tiene por qué avergonzarse de ella. Y si se siente demasiado confiado en su compañía, tema esa creciente confianza y vuélvase entonces a objetos grandes y serios, ante los cuales usted se sentirá pequeño y débil.

Busque lo hondo de las cosas. Allí no desciende la ironía. Y si la lleva al límite de lo grandioso, compruebe si esa forma de comprensión surge de una necesidad de su ser. Porque, bajo la influencia de lo que es serio, le abandonará (cuando sea fortuita) o, de lo contrario (si pertenece verdaderamente a algo nacido en su interior), se fortalecerá como una herramienta muy firme que usted pondrá entre los medios con los que configurará su arte.

Lo segundo que quiero contarle hoy es esto:

De todos mis libros sólo algunos, más bien pocos, me son indispensables. Pero hay dos que siempre están entre mis cosas y que me acompañan vaya donde vaya. Los tengo aquí, al alcance de la mano: son la Biblia y los libros del gran poeta danés, Jens Peter Jacobsen. Me pregunto si usted conoce sus libros. Puede conseguirlos fácilmente, porque una parte de su obra ha aparecido en Reclams-Universal Bibliothek, muy bien traducida. Adquiera el tomo Seis Novelas de J. P. Jacobsen y su novela Niels Lyhne. Comience con el primer tomo de la primera novela que se llama Mogens. Acudirá a usted un mundo, la dicha, la riqueza, la incomprensible grandeza de todo un universo. Viva un tiempo en esos libros, aprenda de ellos todo lo que le parezca digno de ser aprendido, pero, sobre todo, ámelos. Este amor le será mil veces recompensado y, cuando su vida llegue a desarrollarse, estoy convencido de que este amor irá a través de la trama de su devenir como uno de los más importantes hilos conductores de sus experiencias, decepciones y alegrías.

Si tengo que decir con quién experimento algo de la esencia del crear, de su profundidad y eternidad, sólo puedo dar dos nombres: el de Jacobsen, el gran, gran poeta, y el de Auguste Rodin, el escultor incomparable entre todos los artistas de hoy.

¡Y mucha suerte en su camino!

Suyo,

Rainer Maria Rilke

Traducción: Antoni Pascual i Piqué y Constanza Bernad Ribera

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