EL RUIDO Y LOS DOMINGOS. JULIO MARTÍNEZ MOLINA

Se trata de una agresión fratricida, nacida de una triste combinación de irrespeto, incivilidad e ignorancia.

Los domingos son jornadas especialmente difíciles en tal sentido, mucho más que lo habitual. En 1931, el húngaro Rezsô Seress compuso una canción que hasta hoy se considera entre las piezas artísticas más amargas dedicadas al séptimo día: Gloomy Sunday.

Popularizada en los 40 del pasado siglo por Billie Holliday y conocida en la historia como «la canción del suicidio» (sobre todo a causa de sus características y el destino general de sus autores/intérpretes), Gloomy Sunday representa un réquiem a –¡vaya paradoja!–, una jornada bella, de unión familiar y solaz.

Pero en el epicentro barrial de algunas ciudades cubanas a veces da ganas de escuchar la canción del magyar cuando ese punto de encuentro –el exiguo rato semanal destinado al descanso, a la necesaria paz doméstica para que el equilibrio síquico del individuo no sufra alteración–, se ve afectado impunemente por quienes asaltan en solitario, o también en grupo, con su ruido. 

Cuando lo último sucede, un domingo puede convertirse, bien, dentro de un edificio multifamiliar, en lo mismo de la conocida película Infierno en la torre: en fuego. La adrenalina salpica, el estrés revienta, la presión arterial asciende…
A menos que tengas la posibilidad de insonorizar tu apartamento, serás cautivo sonoro de las montaraces predilecciones musicales vecinales; por norma las más estridentes y agresivas. Esto es un denominador común: ninguna persona educada revienta los tímpanos colectivos de ese modo. Es algo que aprendí hace mucho.

Escuchando el repertorio amplificado –qué remedio queda–, el receptor pasivo con un mínimo de discernimiento detecta los estados anímicos de los enardecidos dj locales: el electrocardiograma romántico, si todo marcha a pedir de boca, si hay algo nuevo en el ambiente…

Alejandro García (Virulo) decía en entrevista con Juventud Rebelde años atrás: «Hay algo inquietante que está sucediendo en Cuba (…): la gente que tiene más dinero es, a veces, la de menor nivel cultural, y creo que hay unas tendencias marginales en la cultura cubana actual que me parecen preocupantes».

Son a veces ellos –gente de desproporcionada correlación entre luces y solvencia–, quienes adquieren equipos de potente audio, y arremeten incluso sin la percepción clara de que contravienen normas ambientales y autoflagelan su mismo aparato biológico. Aunque no solo los antes aludidos; aquí hay de todo.

Si esta indisciplina social no continúa reprendiéndose o analizándose con más fuerza de forma puntual en los lugares donde tenga incidencia –por los mecanismos instaurados y cuando sea el caso con el necesario apoyo de las fuerzas del orden–, poco habrá que ganar en una batalla donde los afectados somos todos.

Incluso se perjudican, a la larga, hasta a sí mismos, pues con su daño implican hasta su misma descendencia, que luego reeditará su comportamiento. Y así la cadena será eterna. Luchemos, colectivamente, contra esta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s