GREGUERÍAS (I) RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA 

Al cocinero inexperto se le caen los ajos.

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¡Qué extraña es la vida! Siempre queda pincel para la goma, pero ya no hay goma.

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Cuando la mujer pide ensalada de fruta para dos, perfecciona el pecado original.

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«Idem», buen seudónimo para un plagiario.

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El único fruto pasional que se entreabre ansioso de ver la vida es la granada.

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La ametralladora nació del loco deseo que tenía el cazador de meter su cinturón-cartuchera entre gatillo y cañón.

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Los húsares van vestidos de radiografía.

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El tren parece el buscapiés del paisaje.

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No se sabrá nunca si la cresta del gallo quiere ser corona o gorro frigio.

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La luna de los rascacielos no es la misma luna de los horizontes.

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La linterna del acomodador nos deja una mancha de luz en el traje.

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El fotógrafo nos coloca en la postura más difícil con la pretensión de que salgamos más naturales.

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Los hongos y las setas vienen del mundo de los gnomos.

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El Dante iba todos los sábados a la peluquería para que le recortasen la corona de laurel.

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Las espigas hacen cosquillas al viento.

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La gallina es la única cocinera que sabe hacer con un poco de maíz sin huevo, un huevo sin maíz.

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El que se pone la mano en la oreja para oír mejor parece querer cazar la mosca de lo que se dice.

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Miércoles: día largo por definición.

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Pingüino es una palabra atacada por las moscas.

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Sólo el poeta tiene reloj de luna.

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La pala es la primera y la última amiga del hombre, primero en la arena de los juegos infantiles y por fin descansando sobre el último montículo en el cementerio.

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El tábano pasa cantándoles el responso a las flores.

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Monólogo significa el mono que habla solo.

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Los hay-kais[1] son telegramas poéticos.

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La T es el martillo del abecedario.

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Lo más importante de la vida es no haber muerto.

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Hay más millones de microbios en un billete de Banco que los millones que el Banco dice tener de capital.

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Debía de haber unos gemelos de oler para percibir el perfume de los jardines lejanos.

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La magia se ha perdido. ¡Ya hay zapatos de cristal para todos los pies!

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Los halcones son los perros de caza para el cielo.

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Los académicos debieran tener derecho a usar en las sesiones gorros de dormir.

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El Cid se hacía un nudo en la barba para acordarse de los que tenía que matar.

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El cocodrilo es una maleta que viaja por su cuenta.

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El orador es un instrumento de viento que toca solo.

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El sábado inglés es un injerto de domingo y lunes.

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El demonio no es más que el mono más listo de los monos.

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La luna es el ojo de buey del barco de la noche.

Tomadas del libro Greguerías, de Ramón Gómez de la Serna, Edición de Rodolfo Cardona
ePub r1.0 Titivillus 10.02.17.
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