LO BELLO Y LA BESTIA. MADELEINE SAUTIÉ

Madeleine SautiéMADELEINE SAUTIÉ / GRANMA

«Traigo en mi tapasol –que no puedo dejar ni un solo día porque corro el riesgo de abrasarme en el camino al trabajo– la huella de su creyón de labios y traigo también algunos pisotones en los pies… La señora, que corre mi misma suerte, la de montarse en la primera guagua que pare, es impedida física. No lo supe hasta que unos cuantos golpecitos con el bastón, de esos que hubieran hecho a muchos mirar para atrás y decir tres cosas, me hicieron volverme para ver qué pasaba detrás de mí. La miro y veo en su cara la inseguridad de sus años y pienso en mi madre, que también es mayor, que también coge la primera A-50 que aparece, que viene cargada muchas veces, y con su natural nerviosismo, debe haberle dado no pocos empujones a los otros, que deben tal vez haberse virado y pueden (estoy segura) haberle dicho algo con desazón. Pienso en eso, sonrío, acomodo a la señora lo mejor que puedo, y callo».

Así posteé hace unos días en mi cuenta de Facebook una emoción que aún me dura, una impresión que me remite a la hermosura de los gestos, a la de hacer que prevalezca por sobre el impulso del enfado, la dosis de humanismo que a muchos está faltando, dejando que la irracionalidad se empodere de aquello que nos distingue de las bestias.

Muchas conductas cotidianas que tienen lugar cuando no se consigue echar afuera los demonios interiores, describen actitudes contrarias a la de pensar, observar, medir las palabras antes de soltar lo que una vez dicho, no tiene vuelta atrás.

Así, el tener mala leche, haber desayunado con vinagre, o ser lo más parecido a un batido de plomo, son poco para expresar, en términos de voces populares, la cólera con que pueden llegar a reaccionar los que, creyéndose sagrados, maltratan al que se les acerca, ya sea quien les habla, quien los roza o hasta al mismo del que necesita.

Encomiendas para los buenos modos abundan en cursos, manuales y métodos de cohesión grupal, y también en la gente que, aun sin estudiarlos, sabe que las buenas formas exigen respuestas similares. Pero nada de eso parece ser suficiente.

En cada una de sus capas la sociedad deja ver violencias verbales que avergüenzan a los hombres de bien. Amanece y lo mismo en la casa, en las aceras, en ómnibus o centros, puede suceder que, como si la palabra de orden fuera «lastima a tu prójimo como te lastiman», la gente decide agredir reaccionando furiosamente, dejando a un lado la dulzura con que le gustaría ser tratado, negando a los demás lo que aspira para sí, y alimentando un círculo vicioso que acrecienta un disgusto que se acumula y encona el bienestar común.

Los ejemplos abundan y se corre el riesgo de que poco a poco nos acostumbremos al grito, tanto que lleguemos a verlo normal; o a la disputa inútil, que no conduce a superar el malentendido; o al silencio sarcástico, que ignora y duele tanto como una ofensa.

A pesar de las tendencias, no es justo generalizar y es sano reconocer que tenemos alrededor buenos modelos de personas que eligen dar a los otros verdaderos soplos de alegría, para lo que no es preciso hacer demasiado. Como mismo una insolencia insulta y trae otra de vuelta, también las buenas acciones sirven para desarmar a los que no son capaces de ellas. Y aunque pueda pensarse que no las merecen, las muestras de probidad son lecciones que curan.

No solo es dulce refrenar impulsos que nos muestran como fieras ciegas y faltos de compostura; el control de las presiones es, si se quiere una felicidad colectiva, absolutamente ineludible. De arranques y enojos todos somos presa. Pero hay que sujetar las riendas y no bramar para que no se nos confunda –si no lo queremos– con aquellos seres irracionales que sostienen sus cuerpos sobre cuatro extremidades, y limitados de la palabra, emiten señales de tal naturaleza.

Es preciso rociar sobre los instintos torpes un poco de ternura, que es otro de los nombres de la belleza. Es la corona humana sobre la barbarie del espíritu, sin el que ningún proyecto podrá triunfar. No es nada nuevo, pero se nos olvida muy seguido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s