SARDIO EN LA MEMORIA. EDMUNDO ARAY

 CRÓNICA SARDIANA CON ARPÓN BALLENERO 

EDMUNDO ARAY

A los compañeros de Sardio, / a los entrañables de El Techo de la Ballena, / con el costillar de Rocinante.

La cultura no puede seguir siendo privilegio de élites ni de clases. Para asumir la gravedad de nuestro destino histórico requerimos la presencia de un pueblo luminoso y creador, sensible al imperio de las ideas y de la verdad. Sardio. 

En el bimestre de mayo-junio se cumplieron 59 años de la publicación del primer número de la revista Sardio (piedra roja del Apocalipsis). Había comenzado a prepararse su edición el año 1957, en medio de los ajetreos de la instalación de una Librería-Galería en un local situado al fondo del pasillo del edificio Fonseca, de Reducto a Municipal, en el centro de Caracas, y las tensiones del enfrentamiento a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.Participaron en Sardio Guillermo Sucre, Adriano González León, Salvador Garmendia, Luís García Morales, Gonzalo Castellanos, Ramón Palomares, Rómulo Aranguibel, Rodolfo Izaguirre, Manuel Quintana Castillo, José Salazar Meneses, Marcos Miliani, Perán Erminy. Hugo Baptista, Héctor Malavé Mata. A esta fecha quedamos pocos: Guillermo Sucre, Elisa Lerner, Rodolfo Izaguirre,Marcos Miliani, Perán Erminy).

Muy pocos trabajos se han escrito sobre SARDIO. No así sobre muchos de sus integrantes. He aquí algunos de  los libros o textos sobre el grupo: De Ángel Rama, La década renovadora venezolana. Papel literario. El Nacional, Caracas 9 de febrero de 1969. Alfredo Chacón. La Izquierda Cultural Venezolana. 1958-1968. Caracas: Editorial Domingo Fuentes, 1970. Juan Liscano: Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas/Barcelona: Alfadil Ediciones, S.A.1984. Ángel Rama: Ensayos sobre literatura venezolana. Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores, 1990. Una página introductoria de Juan Carlos Santaella, en su libro Manifiestos literarios venezolanos.Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores, 1992. José Ramón Medina: Noventa años de literatura venezolana. Caracas, Venezuela: Monte Ávila Editores. 1ª edición, 1993. Carmen Virginia Carrillo: De la belleza y el furor. Propuestas poéticas renovadoras de la década de los sesenta en Venezuela.Mérida, Venezuela: CDCHT ULA- El otro el mismo, 2007.Una cuartilla en el Diccionario general de la literatura venezolana. Coordinador General Víctor Bravo. Caracas, Venezuela: 1° edición en Monte Ávila Editores, 2013. Ernesto Pineda Díaz: Grupos literarios venezolanos del siglo XX. Mérida, Venezuela: Fundecem.  2014.

Ninguna revista de literatura publicada en Venezuela, siglo XX, contiene tal cantidad de autores nacionales, suramericanos y del resto del mundo, como Sardio, y en seis volúmenes, que, según decir de Rama, “pese a su corta vida tuvo fuerte ascenso sobre la renovada vida intelectual”.

Observo, en los libros y artículos consultados, que la mayoría de ellos repiten, de una u otra manera, sin referencia alguna,muchos de los juicios de Ángel Ramay un poco menos del texto de Liscano y, de paso, a Chacón. En otras palabras, priva la comodidad de obviar la apropiada revisión de los volúmenes en cuestión y la debida lectura de los textos publicados en ellos, para llenar algunas cuartillas repitiendo las apreciaciones de Rama y Liscano -atado a Rama-, quienes, por cierto, si acaso hojearon los volúmenes de la revista o leyeron los Testimonios y/o algunos de sus autores (ensayistas, narradores, poetas, críticos de cine, de autores, de artes plásticas). Por allá citan a Pedro Duno para dar lugar al cuño de esteticistas a los sardianos. Acepte mi excusa, estimado lector, enfadado, seguramente, pues ni Juan ni Ángel están para darme respuesta. Vainas de la vida -respondo. Su palabra es contagiosa.(Amigo, no me califique de “sobrado” o impertinente, pues no lo voy a escuchar, aunque de pronto leo algún comentario suyo, y para entonces yo también me habré ido al cementerio y, si no, les respondería que esta es una cuestión seria, y tanto, a mi entender, que no me podía permitir dejar a un lado el enfado, el mío, que me ha causado encontrarme en la penosa incertidumbre de la desmemoria respecto a la significación de Sardio). En todos los volúmenes de Sardio estuvo presente la participación de los integrantes del grupo.  A ellos se incluyeron textos de los más diversos autores. Nombro los venezolanos y latinoamericanos: Ramón Escobar Salóm, Oswaldo Trejo, José Salazar Meneses (en el número 1); Juan Liscano, José Luis Vethancourt, Héctor Malavé Mate (en el número 2); Mariano Picón Salas, Miguel Ángel Asturias, Pedro Duno, Rosamel del Valle (en el número 3-4);  Juan José Arévalo, Jorge Teiller, Caupolicán Ovalles, Francisco Álvarez, Octavio Paz, Elizabeth Schon, Alfredo Gerbes (en el número 5-6); Antonio Pasquali, Héctor Malavé Mata (en el número 7); Juan Antonio Vasco, Carlos Latorre (en el número 8).  Del resto del mundo los siguientes autores: Thomas Wolfe, Du boisHus(N° 1); Walter Benton, Claude Roy, J. Arnaud, Jacques Verges, Henry Alleg (N°2); Mao Tse Tung, Samuel Beckett, TristanTzará (N° 3-4);  Juan Goytisolo, OrsonWelles, Georges Ribemont-Dessaignes (N°5-6); Antonin Artaud, Jean Paul Sartre, Samuel Beckett (N°7); Wolfgang Borchert (N°8).  ¡Me abruma la  nostalgia! No estuvimos solos, lector. Cito a nuestro amado poeta Luis García Morales: “Pero algo transcurre y nosotros corremos/ hacia los días, hacia la vida, / todos corremos hacia donde terminan los viajes/ o comienzan”. 

Hay un número de Sardio que ya pareciera incunable. De allí que haga una revisión del mismo para disfrute del lector -¿o no? Inicia con  un exquisito texto de Juan Liscano sobre la obra pictórica de Wilfredo Lam. He aquí un fragmento: “Europeo por el costado intelectual, por la formación estilística y las tendencias analíticas; Lam se descubre americano, cubano-americano, afro y chino americano, por el costado de la intuición mágica y poética. No sin razón Breton afirmará: ‘Nunca como en mi amigo Lam se ha operado con tanta sencillez la unión del mundo objetivo y del mundo mágico. Nunca como por él ha sido encontrado el secreto de la percepción física y de la representación mental, cualidades que hemos buscado en el surrealismo…’.”.  De Alejo Carpentier un fragmento  del capítulo XXV de la novela El siglo de las luces,inédita entonces. Expresión del espíritu que luego encontraremos en El Techo de la Ballena, (aunque los Balleneros no alcanzaron la virulencia de Artaud) es la nota  escrita para introducir unos textos (3) de Antonin Artaud: “Una obra perturbadora, inagotable fuente de controversias, en permanente trance espiritual, una vida apasionada e intensa, signada por lo trágico, y que se resume finalmente, en tinieblas similares a las de Holderling, Antonin Artaud y su obra se nos presentan como una de las conjunciones –entre hombre y artista, vida y creación– más armoniosas y significativas de la literatura francesa contemporánea. Rebelde a todos los sistemas, se afilia al Surrealismo. movimiento que presiden los aires ceremoniosos y pontifícales de Andrés Breton, para ser expulsado, en 1927, tras arduos debates que darían oportunidad, tanto a Breton como a Artaud, de poner en manifiesto, al desnudo, en un glorioso sistema de imprecaciones,  una de las más singulares acepciones del movimiento: el arte de injuriar; al profuso y maravillante Au grandjour –que pretende justificar la repulsa que los Surrealistas abaten sobre Artaud– de Breton, responde Antonin Artaud con el demoledor, arbitrario y elocuente  A la grande nuitou le bluffsurréaliste. “Sardio” presenta ahora algunos fragmentos de Artaud, que, al testimoniar su inquebrantable  espíritu de rebeldía, anuncia la publicación en nuestra revista, de futuras traducciones de algunas de sus obras capitales: L’Art et la Morte, Le Theatre et son doublé.”  Se insertan tres cartas de Artaud: “Carta a los rectores de unas universidades europeas”: (“No sabéis nada del Espíritu, ignoráis sus más ocultas ramificaciones y también las más esenciales, esas huellas fósiles tan próximas a las fuentes de nosotros mismos, esos trazos que logramos, a veces, levantar  sobre los yacimientos más oscuros denuestros cerebros”. “Carta al Papa”: (“No estamos en el mundo. Oh Papa abyecto, Papa ajeno a la sustancia del alma. Déjanos nadar en nuestros cuerpos, deja nuestras almas en nuestras almas. No necesitamos tu cuchillo de claridades”.  “Carta al Dalai-Lama”: (“Es con el ojo íntimo como yo te miro, ¡oh Papa!, en el vértice del alma. Es desde lo íntimo como te reconozco, yo, fiebre, idea, labio, sueño, grito, renunciación a la idea, suspenso en la totalidad de las formas, aguardando sólo el viento”).

Tomo aire, respiro el de la mañana en la Quinta Siguaraya. Voy con usted, lector, al encuentro de los poetas: Francisco Pérez Perdomo (“Amo los lenocinios/ que se abren al toque de las noches/ como grandes rosas de seducción”); a las preguntas de Luis García Morales: “Qué será de la carne, / sus dichas, sus pasiones, sus voces para siempre perdidas?/¿Qué será de nuestros amigos,/ sus sueños, sus injurias, sus esperanzas fraternales?/ Nada sabemos. Las imágenes están cautivas, el vagabundo silba por las plazas desiertas y su cólera/ es esa inocencia solitaria que arroja al viento.”)  Pregunto a García Morales: ¿Qué te hiciste, Luis?  ¿Acaso te perdiste en la bruma como el último barco?  De La Enlutada, acaso el único poema que ha publicado Rodolfo Izaguirre, a la fecha. Copio unos versos:

(Para Ella el rojo, los tenues vapores de la luz,

el perfume arrogante de sus brazos,

el oro que enaltece sus pechos,

Para Ella el amor como un águila enorme en el cielo).

Esta es mi bienamada, hermoso, perfecto poema de Walter Benton, la poesía en su más alto esplendor, al estilo de los poetas sardianos –con el perdón de Benton– aparece como traducciones Sardio. En realidad se trataba de una traducción de Rodolfo Izaguirre. Heme con la tentación de publicar un fragmento:

En todas las estaciones del año trataré para siempre de olvidarte.

En cada estación, todos los años.

Necesitaré olvidarte en cada verano, tú desnuda siempre

y tu cuerpo de bronce, bajo el fuego del sol.

Y tú, moviéndote en un adagio masivo como una foca que danza

en las aguas.

Tú, tendida bajo el sol –y bella en tus trajes de algodón.

Tú y las cometas. Connecticut… y tú.

(Alguna vez viajamos a Connecticut, tierra de la novia norteamericana de Bolívar,  sino en pos de las cometas, en la busca de la casa que habitara Jeannete Hart,  para siempre enlutada, varada ella en el puerto de New York con el periódico que notificaba de la muerte de su amado Simón  Bolívar el 17 de diciembre).

Con una severa carga política se incluye en la sección de Documentos,  un texto sobre DjamilaBouhired, firmado por George Arnaud y Jacques Verges. He aquí, previo, la palabra de Sardio: “El 26 de abril, la escápula destrozada por una bala, en el momento en que huía de una patrulla en la Alkaraza, DjamilaBouhired, 22 años, fue encontrada portadora de una importante correspondencia F.L.N, destinada principalmente a Yasef Saadi y a Alí la Pointe.  (Miembros de la Dirección del F.N.L).

“Levantada, llevada al Hospital y curada, sufrió su primer interrogatorio cuando aún se encontraba sobre la mesa de operaciones, en la cual la habían dejado los médicos”. Bien, denuncia Djamila: “Desde  mi llegada al Hospital fui interrogada por varias personas, entre las cuales se encontraban tres capitanes, tres inspectores de policía y tres paracaidistas de boinas rojas”. (…) “Ellos no vacilaron en golpearme a puñetazos para forzarme a hablar”…

La Question, es un Testimonio semejante al caso de Djamila Bouhired: el de Henri Alleg, director del diario “Alger Republicain”, sometido a las torturas más atroces, luego conducido a la Corte.A la fecha del número 2 de Sardio se le seguía un infame juicio “acusado de atentar contra la seguridad exterior del Estado” y se le mantenía confinado en la prisión civil de Argel.Ni la tortura ni la violencia genocida de la “culta Francia” pudo impedir laliberación de Argelia. (Numerosas mujeres de nuestro país llevan el nombre de Argelia como tributo a la lucha de liberación nacional del bravo pueblo africano. Honor Argelia Laya, camarada.)

Con el título de NOTAS los artículos sobre Rómulo Gallegos, de Rómulo Aranguibel; Alejo Carpentier: guerra del tiempo, de Guillermo Sucre; Andrés Mariño Palacios, de Elisa Lerner;Dylan Thomas, de Edmundo Aray; Cabiria, de Rodolfo Izaguirre;Un Rey en Nueva York, de Rodolfo Izaguirre;Moisés y Aarón, de Salvador Garmendia y Berliner Ballet, de Gonzalo Castellanos.

Para cerrar esta Memoria del número dos de la revista Sardio, permítanme recordar unos versos del divino Ramón Palomares, que es de dioses su palabra: “¿Adónde irá la nave que vimos ayer/ por el mar o sobre las nubes/devorando las aguas y el azul?” (…) “¿Qué nuevas, gratas o ingratas/ hallarán los tanto tiempo ausentes? “.

Vamos al grano, diría un exigente lector, para abordar, acaso con estilo ballenero, la significación de SARDIO, en mayúsculas. Procedo, pues, transcribo algunos fragmentos de la nota introductoria de Juan Carlos Santaella a los Testimonios de la Revista, escrita en 1992. (Santaella apenas reproduce el Testimonio del número uno y el del número ocho. ¿Y por qué no los de los números2, 5-6,y 7).

He aquí los fragmentos: “1958 fue un año decisivo para la vida social venezolana. Después de una década de gobierno represivo y arbitrario, sucumbía el actor principal de esta terrible y larga dictadura: Marcos Pérez Jiménez, quien con Delgado Chalbaud había derrocado al gobierno constitucional de Rómulo Gallegos. De una manera similar a 1935, el pueblo entero se lanzó a la calle para recuperar sus derechos civiles usurpados por la tiranía e iniciar un proceso de apertura democrática. Fruto de este estado de cosas, la juventud estuvo completamente radicalizada en la lucha clandestina contra la dictadura y, consecuentemente, se volcaba ahora a una revisión de valores que comprendía los aspectos políticos, culturales, humanísticos y sociales.

“De esta juventud surgió un grupo de escritores que quisieron expresar los sentimientos generales de su generación a través de una revista: Sardio. Como en otros períodos, Sardio fue una generación cuya afinidad de ideas e intereses intelectuales, propició un espacio cultural insistentemente polémico y cuestionador.

“…han pasado más de treinta años y sin embargo esos planteamientos siguen, en cierta medida, siendo válidos porque en ellos impera una actitud que hoy por hoy se reivindica desde todas las posiciones intelectuales del país, a saber, el distanciamiento del pasado, el compromiso político y la vocación universal con respecto a la literatura”.De acuerdo Juan Carlos.

En 1970, como asesor de la Editorial Fuentes, dirigida por un editor de formación marxista, Domingo Fuentes, propuse la edición de la Antología de textos políticos, económicos y literarios con el título: La izquierda cultural venezolana. 1958-1968. Ensayo y antología de Alfredo Chacón. (Caracas: Editorial Domingo Fuentes, 1970). Entonces no compartía las opiniones de Chacón. Tampoco ahora. Consideraba, que la publicación de la obra generaría polémica, pero ésta lamentablemente se quedó varada en las cafeterías de la Universidad Central de Venezuela, mientras El Techo de la Ballena y los arpones de sus balleneros daba en la diana de la aletargada y/o fosilizada cultura nacional, y en la brillantina deZona Franca,al punto de aumentar las pesadillas y los rencores de Liscano, en algún tiempo aspirante a liderar el movimiento Sardio para luego convertirse en fiscal de los sardianos y abogado defensor de los cuarteles.

Leamos a Chacón: “Desde su nacimiento hasta el momento de la crisis interna que finalmente se resolvió en su desaparición como grupo y en el surgimiento de El Techo de la Ballena, Sardio es un ejemplo típico del esquema practicado por las agrupaciones de vanguardia que se han sucedido en América Latina desde las primeras décadas del siglo.” (p.24).(Repite a Rama sin pudor. La década renovadora venezolana. Papel literario. El Nacional, Caracas 9 de febrero de 1969).

Apunta Chacón que las primera iniciativas que los sardianos “trataron de llevar a cabo” en la librería-galería “estuvieron ayudados por intelectuales ya reconocidos, como los escritores Antonio Márquez Salas y José Salazar Meneses, y el pintor Mateo Manaure, el más poético de los abstraccionistas geométricos”. ¿Por qué trataron? ¿Por qué no cuenta que se hicieron varias actividades –entre ellas, colectivas de pintura con la participación de artistas y poetas como Loló Soldevilla, Fayad Jamis, Pedro de Oráa, de nacionalidad cubana-. hasta que se produjo el cierre de la librería debido a la persecución de algunos compañeros por parte de la Seguridad Nacional? Bien lo sabía Chacón o mal se lo contaron cuando llegó de Europa. Luego agrega el crítico: “Durante el último año de la dictadura algunos de ellos participaron en actividades de tono conspirativo, ligados a los dirigentes clandestinos de Acción Democrática, los cuales, junto con los del Partido Comunista, desempeñaron papel importante en este sentido” (p.25). ¿Y entonces?

Montado en el trasero del carromato sureño de Ángel Rama, Chacón escribe: “El grupo Sardio irrumpe pregonando novedades y repitiendo patrones de comportamiento como el sectarismo organizado para la competencia con antecesores y coetáneos por el predominio en la escala de prestigio cultural; rechazando viejos esquemas como el folklorismo y aceptando otros, si no tan arcaizantes por lo menos igualmente sumisos a las imposiciones del sistema neocolonial, como es el reformismo modernizador y mimético; proclamando una actitud de compromiso ante el país y reduciendo la interpretación de su drama a declaraciones de ampuloso idealismo que en nada se diferencian de la racionalidad liberaloide(sic) dominante”. (p.26). (La década renovadora venezolana. Papel literario. El Nacional, Caracas 9 de febrero de 1969).

En la página 27 reitera con el cuento de la “concepción elitesca” de Sardio, y para tal fin cita a Rama cuando escribe sobre “la imperiosa necesidad de élites rigurosas que tenía la cultura venezolana, no para educar las masas solamente, sino para modernizar el país y ponerlo al día”. “Es decir, anota Chacón, elitismo portavoz de una burguesía vertiginosamente desarrollada y necesitada de una imagen sublimadora de su carácter periférico y neocolonial”. (p.27) (Tal afirmación, Alfredo, me produce náuseas).

“Obsesivo afán de conducción ilustrada que, aún dentro de la superficialidad de su contacto con la ‘cultura occidental’, delata una palmaria contradicción entre las verbalizaciones alusivas al drama nacional y las actuaciones directamente encaminadas a difundir el lujo de la cultura importada”. (p.27) Chacón sigue dando tumbos en el carromato del crítico uruguayo: “Como el primer paso consistía (expresa Ángel Rama en su estudio “Salvador Garmendia y la narrativa informalista. En: Ensayo sobre literatura venezolana, antes citado), en ponerse al día, romper con el pasado insertando corrientes universalistas que lo cancelaran bruscamente, y como al mismo tiempo su formación cultural todavía se hizo en la órbitade la influencia francesa con muy escasos atisbos de la aportación renovadora norteamericana, se remontaron a las vanguardias de la primera post guerra en París”. (pp. 27-28). Hay un poco de más páginas del calibre censor de Chacón, pero me resisto al abundamiento.

Cuando se abre un grifo no siempre sale agua, a no ser de cañería. Pienso en Javier Marías, el novelista: para permanecer en pantalla no hay mejor arma que la de desplegar una mala leche descomunal. ¿Acaso pensaba Alfredo Chacón que por el tema y sus intenciones gozarían del aplauso incondicional de la crítica, en manos de gente de izquierda,de los poetas de Tabla Redonda, o de Jesús Sanoja Hernández, su líder? A estas alturas del partido no anda del todo bien mi memoria, pero me permito sostener que mayor fue el aullido que el eco. Cuando publica el Prólogo de 48 páginas titulado “Trayectoria ideológica de la izquierda cultural venezolana 1958-1968”, junto con la Antología, cada uno de los integrantes de Sardio, -a excepción de Gonzalo Castellanos, quien falleciera tempranamente-,sostenían su trabajo de creación o su actividad como críticos del hecho literario, en particular, ajenos a las impertinencias de Chacón; los poetas de Tabla Redonda profundizaban en su gesta como tales, mientras los balleneros hacían de las suyas en la narrativa, la poesía,las artes plásticas y en su asombrosa capacidad de escandalizar a la “gente decente” y funcionarios de la democracia representativa. Unos y otros, los balleneros,encaramados en la historia de la cultura del país.

Liscano, desde su púlpito social demócrata,en su Panorama de la literatura venezolana actual (p. 367)dedica media carillade aplauso a Teodoro Petkoff, por su acto de contrición como marxista-estalinista -que así lo conocimos- en la que incluyó un párrafo sobre Chacón, de “perfecta agresividad”. Leo: “Mientras un político como Petkoff abre una brecha hacia aquella necesaria autocrítica regeneradora y con ello hace obra de intelectual esclarecido, un intelectual que ha escrito hasta poemas, Alfredo Chacón, con el tentador título de La izquierda cultural venezolana 1958-1968 (1971), intenta un llamado a fila de escritores, de artistas dispersos en sus labores creadoras, recordándole con actitud de comisario ideológico, y con la publicación de notas y escritos publicados por ellos en un momento de violenta confrontación política, y los cuales carecen de toda virtud doctrinaria y seriedad crítica -simple material de combate, proyectil disparado en la barricada, pedrada arrojada contra el enemigo- que es tiempo de volver a aquel estilo llamado por él ‘replanteamiento de la responsabilidad cultural revolucionaria’”. ¿Cómo le quedó el ojo del entendimiento, querido lector? ¿Cómo creen que les quedó a los autores de “esas notas y escritos”, Héctor Malavé Mata, Orlando Araujo, Héctor Silva Michelena, José Agustín Silva Michelena, Pedro Duno, Antonio Pasquali, Adriano González León, José Vicente Rangel, Juan Nuño, Germán Carrera Damas. Oswaldo Capriles, y algunos otros más? No creas, Alfredo, que Liscano me hace gracia. Punto y aparte, amigo Alfredo.

Cómo no citar a Juan Antonio Vasco, argentino, ballenero. Hilvano su palabra: “23 de enero de 1958… Después de 10 años opresivos, Venezuela vuelve a respirar. (…) Pasaron tres meses de ebullición política y social y de golpes frustrados. (…) Llega Nixon y no es bienvenido. Aparece el primer número de Sardio: Nadie que no sea militante permanente de la libertad puede sentir la portentosa vida creadora del espíritu… No se vive, ni se deja de vivir, impunemente. Cito: “Sardio nacía como empeño literario y político a la vez, uniendo esfuerzos de escritores afiliados a la ideología del partido Acción Democrática con hombres de pensamiento más radical.

“La mezcla de adecos e izquierdistas era una emulsión de aceite y vinagre y se fue desligando a medida que el remezón emotivo y aglutinante del 23 de enero, se alejaba en el tiempo”. (p.11) (Noviembre-diciembre 1971) Introducción a El Techo de la Ballena. Universidad de Carabobo. Dirección de Cultura.

Cito a Liscano: “El grupo Sardio, hacia 1955, empezó a canalizar las nuevas inquietudes literarias” (…) “Con el correr del tiempo este grupo llegó a ser el núcleo principal de las nuevas tendencias y de los propósitos de revisión literaria y cultural que nunca faltan, cuando se inicia la gestión de nuevos escritores pero que, en este caso, coincidían con una crisis de escala mundial. Sardiosufrió los rigores de la dictadura imperante, pero derrocada ésta, en 1958, resurgió con mayores bríos y con la publicación de una revista”. (p.122). Otras dos páginas y media dedica Liscano a reproducir algunos párrafos de Rama y de los Testimonios de Sardio. (Anoto que en el número 2 de la revista se le publicó un largo artículo sobre Wilfredo Lam). ¡Basta!,a no ser mi insistencia sobre lacólera de Liscano para con la mayoría de los sardianos cuando sintió el deslinde de los mismos, luego de unos pocos meses de actividad literaria conjunta que presumió bajo su orientación.

Leamos a Ángel Rama.“Proclamarse afiliados a un ‘humanismo político de izquierda’ no disimula la concepción elitista que le será reprochada -como a sus congéneres colombianos de Mitoya desde antes- y que se evidencia en esa proclividad de los intelectuales a esperarlo todo de la pura y exclusiva enunciación de las ideas en un reiterado obsesivo afán de conducción ilustrada. Tantas veces en tierras latinoamericanas, desde su primera aparición en el ‘Salón Literario’ románticode 1837 en Buenos Aires, hemos visto repetir esta esperanza que no nos sorprende su previsible fracaso”. (p.103) Más adelante agrega:“Si hubo deformación, tristemente frívola a veces, del afán de modernización, respondía éste, a una exigencia real y auténtica del momento. Las remanencias folklóricas resultaban agobiantes, así como la literatura a la que sigue adherida una clase burguesa cuando ya de facto la ha invalidado en la estructura económica y social que ha logrado crear. Los jóvenes de Sardio hicieron un distingo correcto: ‘No confundimos universalidad con cosmopolitismo, pero se nos hace evidente que el exceso de color local, con todos sus derivantes, ha viciado de raízgran parte de manifestaciones artísticas, con lo cual apuntaba al agobiante modelo de Rómulo Gallegos o Andrés Eloy Blanco que, válidos en su tiempo y respetables en su honrada invención artística, ya no servían a los jóvenes creadores”. (p.104). Rama diferencia a Sardio de la gente de Crítica Contemporánea, revista de un grupo de profesores de la UCV.(Juan Nuño, Germán Carreta, Gustavo Luis Carrera, Rafael Di Prisco).Los sardianos, dice, fueron básicamente literatos: “poetas y narradores, ante todo; en segundo lugar, críticos de letras y artes, más el previsible descubrimiento del cine artístico y de las escuelas plásticas”. (p. 105). Pero su punzón crítico lo clava en la formación cultural de los sardianos cuando afirma que en la “órbita de la inteligencia francesa con muy escasos atisbos de la aportación renovadora norteamericana, se remontaron a las vanguardias de la primera postguerra en París”… (p.106). Finalmente reconoce la obra narrativa de Salvador Garmendia, de “rara unidad y originalidad”. Su obra de una década (1959-1968) -escribe- “lo sitúa a la cabeza de la nueva narrativa venezolana, con una literatura difícil, sin concesiones, tercamente personal y auténtica”. El ensayo de Rama, Salvador Garmendia y la narrativa informalista, (pp.99-219), agudo, brillante, aunque rumboso, nos inhibe de mayores comentarios sobre su análisis respecto a Sardio. (En este ensayo Ángel aborda, con  esmerada atención y rigor el movimiento generado por Sardio (pp. 101-107)  y  el inevitable estallido de El Techo de la Ballena (pp.117-143).

“Lo que le ocurre a la literatura venezolana a partir de Sardio-señalará Garmendia a la analista Díaz Orozco- es que ella se interesa por los problemas del hombre: la situación del país ha cambiado, se vive definitivamente el paso de lo rural a lo urbano y en ese sentido, lo que se le reclama a la literatura es su necesidad de universalización. La nueva literatura, afirma Garmendia, debe sumergirse en la interioridad del hombre, debe suspender su interés hacia lo externo a favor de los problemas que atañen al individuo de la ciudad”. Oportunidad que le brinda Garmendia a Carmen Díaz para que exprese: “Lo que le ocurre a la literatura venezolana, a partir de Sardio, es que esa otra manera de expresarnuestra nueva realidad, está estrechamente vinculada a otras formas de decir las cosas, totalmente separada de Gallegos”. Por eso la paradoja, el absurdo, la ironía o lo grotesco se convierten en fieles instrumentos de la expresión literaria. En resumen: ruptura de la forma y ruptura con el contenido. ¿No es estosuficiente para hablar de una literatura escindida de la tradición galleguiana? Oportunidad también para que Díaz Orozco escriba, en atención a la ‘transformación epidérmica’ que atribuye Chacón a Sardio, lo siguiente: “Amparado en el análisis de Ángel Rama, ‘La década renovadora venezolana’ (Papel Literario de El Nacional. Caracas, 09-02-69), establece juicios negativos absolutos sobre la contribución del grupo Sardio, cuando en realidad las pretensiones de Rama son precisamente opuestas: mediante la denuncia objetiva de algunas posturas, un tanto ligeras por parte del grupo, Rama nos muestra a Sardio como el iniciador de un proceso de interesantes transformaciones culturales. Quizás éste no sea el objetivo de Chacón por eso sus afirmaciones no sirven para mostrar el comienzo de lo que gusta en llamar ‘la izquierda cultural venezolana’ pero, al descontextualizar el análisis de Rama, se olvida de que la intención del crítico uruguayo va más allá: hacia la búsqueda y ubicación de los movimientos que hicieron posible una definitiva transformación de nuestra literatura”.(Carmen Díaz Orozco. El mediodía de la modernidad en Venezuela. Fundación Casa de las Letras “Mariano Picón Salas”. CDCHT-ULA. Mérida, 1997) (pp. 31,32) Bien, Carmen, pero Ángel Rama, de ángel tenía el nombre, aunque en muchas ocasiones celebramossu pujante aleteo, al punto de invitarlo a Venezuela, y aquí, en esta tierra permaneció hasta que el azar dispuso de su vida que no la muerte.(Apunto que el artículo de Ángel sobre El Techo de la Ballena, en el Semanario Marcha, año XXVII, N° 1.307, 1966, Págs. 30-31,provocó un gran entusiasmo entre los balleneros). Siempre admiramos su escritura, su provocador, apasionado espíritu, en busca permanente.  Nuestros vínculos con Rama fueron tales que, en tiempos de la Ballena, Juan Calzadilla y yo proporcionamos al investigador y crítico la mayor parte de los textos que luego, después de su desaparición, dio lugar allibro Antología de El Techo de la Ballena, (Fundearte, 1987), que lleva una introducción de Rama –texto publicado en la revista de la Asociación de Escritores Mexicanos (1974), según le comentaraa Luis Alberto Crespo en entrevista que éste le hiciera para el Papel Literario de El Nacional, 13 de octubre del mismo año de 1974- y que generó reacciones polémicas nuestras y, en especial, de Adriano González León, Juan Calzadilla y, posteriormente, del crítico español Héctor Brioso.

La bonhomía de José Ramón Medina se dilata en su escritura, poco atiende a los afanes polémicos. Registra actividades. Prefiere el candor. Lo celebro a esta altura del partido. Tiempo de dictadura -dice- para abrir paso a su relato. Hostigada, vejada se siente la generación que intenta emerger. “Un grupo de escritores comienza a hacerse sentir (…) a partir de 1950. Trae un mensaje,posee una mística de lucha. Acorralada por el tiempo, no desespera. Estudia, se prepara, discute, escribe. Porque las circunstancias permiten solo eso, se dedican con fervor inusitado a la acción literaria. En el transcurso de pocos años se definirán las vocaciones y las actitudes. Al principio, sólo un impulso emocional los une. Son estudiantes liceístas que van camino de la Universidad, unos; otros ya enderezan sus esfuerzos por la disciplina de los estudios superiores. Pero todos tienen de común la inquietud del momento. Inquietud intelectual, literaria, pero también ideológica, política. Es una etapa de lecturas intensas, de discusiones y hasta de un poco de bohemia. Un café, el Iruñaservirá de base de operaciones. (…) Hay pasión en el esfuerzo. La pintura de vanguardia, la nueva literaturay el teatro experimental consiguen una audiencia cada vez más creciente en exposiciones, conferencias y mesas redondas. Una actitud desafiante y polémica, que trasciende incluso al campo político, será la nota relevante de los integrantes del grupo. Sin embargo, Sardio, como grupo estructurado -tal vez el grupo más cohesionado y orgánico de los últimos años- se hará presente solo en 1958” (p 261). Aun así, era un grupo heterogéneo, no exclusivista -afirma Medina-, “rechaza la naturaleza del cenáculo”. (José Ramón Medina: Noventa años de la literatura venezolana (1900-1990). Monte Ávila Latinoamericana, C.A, 1991. Caracas, Venezuela. (Pp. 305-306, pp. 308-309).

Hago mención del Café Iruña, situado al final del pasillo del edificio Fonseca, aunque en el aviso publicitario de la revista (N° 2), se anuncia Fuente de Soda IRUÑA, Café-Bar Restaurant. Hago esta aclaratoria por el empeño de demostrar que en la mayor parte de los textos consultados, cuando hacen referencia a la Fuente de Soda, la denominan Café, prueba de que los autores no tuvieron interés por los anuncios publicitarios, algunos de antología, ni tampoco tenían por qué, o, como sostengo, simplemente se copiaron de quien inicialmente habló del Café Iruña. “Banalidad” que dejo a la consideración de los autores, y, además, me da pie para citar a José Ramón Medina cuando se refiere a una generación que califica de insurgente e iconoclasta, consecuenciadel “cerrado horizonte de la dictadura perezjimenista y la quiebra, o al menos la postergación de los valores fundamentales del espíritu. El escritor está acorralado o escarnecido, cuando no impedido de ejercer libre y creadoramente su ministerio”. (Generosas y nobles las apreciaciones de José Ramón Medina. No me sorprendería que algún crítico, al estilo de Chacón, comente que las apreciaciones de Medina son propias de un intelectual representante de la “burguesía ilustrada”).

He aquí una joven belga, investigadora, Yasmine Vandorpeque estuvo de pesquisa literaria en Mérida, Venezuela. Su ensayo tiene por título: Sardio: un compromiso artístico y político.(En: Voz y Escritura (Mérida), (6-7):26-39. Enero, 1996). Señala Yasmine que: “El medio intelectual venezolano reconoce la importancia fundamental que tuvo en el proceso cultural del país, este grupo que Liscano describe como ‘el núcleo principal de las nuevas tendencias y de los propósitos de renovación literaria y cultural’.”. Sin embargo, observa, nunca se ha estudiado de manera sistemática su revista.Y dispone hacerlo, pero a través de los Testimonios de la revista, sin dejar de observar la aseveración de Ángel Rama en su trabajoLa novela informalista, (p 11), sobre la “proclividad de los intelectuales a esperarlo todo de la pura y exclusiva enunciación de las ideas, de un reiterado y obsesivo afán de conducción ilustrada”. Yasmine destaca las “tomas de posiciones concretas que asume el grupo de acuerdo con sus convicciones”, al abordar, además,“una reflexión sobre la cultura, la sociedad y el hombre”. Ciertamente, Sardio enfatiza, a lo largo de sus Testimonios, el ineludible compromiso del artista con la sociedad de su época. Sigo a Yasmine: “Sardio explica que la historia invade la vida individual, irrumpe en el ámbito personal y requiere la participación de todos en la construcción de la nueva sociedad (…) Sardio exige a todo artista el ejercicio del intelectual, manifestar la conciencia dramática de la realidad y del hombre. Exige estudio, rigor, disciplina, lucidez para que pueda conocer ‘la verdad’ de su momento. El compromiso determina la validez de su creación, la calidad de su escritura y la trascendencia de su temática. Al mismo tiempo, Sardio objeta las limitaciones y exigencias que se quiera imponer al artista, trátese de ‘consignas nacionalistas o políticas’”. No se trata de proteger el ego del artista, su personalidad como tal, “Sardio, rompiendo con toda la tradición del individualismo burgués -afirma Yasmine-, confiere al arte una dimensión colectiva, al tiempo que rechaza las acusaciones de ‘elite ilustrada’, pues, como bien asevera en sus Testimonios, el artista y menos los Sardianos no pretenden abstraersede la sociedad y ‘mirarla con el ojo de Dios’, vivos y actuantes son dentro de la dinámica de las ideas, actuando a imagen y semejanza de la vida, de nuestras vidas, ‘con toda la enigmática y contradictoria grandeza de nuestras vidas’”. Hasta aquí Yasmine.

Valiosa investigación la de Carmen Virginia sobre las propuestas poéticas renovadoras en la década de los sesenta en Venezuela. Respecto a los sardianos observa, a diferencia de otros autores comentados en esta Crónica, que los sardianosrechazaban la “postura idealista”para resolver los problemas de la sociedad. Aún más: Sardio, apunta Carmen Virginia:“Resalta la necesidad de que los intelectuales asuman una postura crítica, polémica y orientadora. La libertad fue considerada el más importante de los valores, ‘suprema aspiración de nuestro tiempo’”. (…) “Para los sardianos no hay arte auténtico sin libertad”.

“El grupo -dice CVC- se definió y expuso su ideario en cinco textosprogramáticos llamados “Testimonios” (…), en los que sus integrantes “dirigen un ataque directo a los valores burgueses, no exentos de contradicciones respecto a sus prácticas”.

Nos interesa observar el seguimiento que la investigadora hace a los Testimonios, pero, en particular, al que aparece en el segundo Testimonio, con fecha 8 de septiembre de 1958, titulado “Ante la grave situación política del país”, impresa en hoja suelta y que se inserta en la revista. Carmen Virginia cita el párrafo inicial: “Ya estaba fuera de prensa nuestra Revista cuando graves acontecimientos subversivos colocaron al país al borde de una guerra civil. Frente a estos hechos, Sardio quiere reafirmar su posición”. En este documento -escribe Carmen Virginia-, el grupo cuestiona los acontecimientos ocurridos el 7 de septiembre, reprocha “el trágico balance del último brote insurreccional aplastado, con su irreparable saldo de víctimas en las filas del pueblo” y destaca “la decidida actitud del Comité Sindical Unificado al decretar y mantener en forma positiva la huelga general de los trabajadores” . (s/p/. El texto finaliza ratificando la solidaridad del grupo con el movimiento popular y el repudio a las fuerzas represivas del país -palabras de Carmen Virginia. (Carmen Virginia Carrillo: De la belleza y el furor. Propuestas poéticas renovadoras de la década de los sesenta en Venezuela. CDCHT ULA- El otro el mismo. Mérida, 2007.)

Llamola atención del lector: Ninguno de los autores citados en el curso de esta Crónica hace referencia a este segundo Testimonio, publicado en hoja suelta. Nuestra acuciosa investigadora tuvo el acierto de hacerlo en el libro De la belleza y el furor, libro que nos ha permitido citar algunas de sus opiniones sobre Sardio, de cual afirma que “se caracterizó por sus proposiciones renovadoras, su espíritu libertario y su carácter ecuménico”. Demos gracias -no al Señor, claro,- a nuestra estimada investigadora de la Universidad de Los Andes.

Héctor Brioso destaca la continuidad íntima de Sardio y El Techo. Sardio -escribe- brindó a la estética de la Venezuela de comienzos de los 60 un cambio de estilo justo antes del final de la dictadura. Piensa Brioso en la Galería Librería de los sardianos. Sostiene, además, que: “Este grupo se concentra temáticamente en la alienación ciudadana (…), las influencias existencialistas y, en general, los graves problemas universales del individuo de la ciudad moderna y otros motivos que la Ballena también hará suyos. Sardio introduce lo universal, desarrolla lo absurdo, rescata el surrealismo ataca el costumbrismo, lo folclórico, lo galleguiano. Garmendia despacha hábilmente este estilo en Los pequeños seres- y lo regionalista” (…) “Devuelve a la vanguardia venezolana elcompromiso político, que será parte de la acción ballenera”. Anótese, además,“para beneficio del futuro inventario ballenero, el romanticismo (‘alma de los pueblos’), el culturalismo y las lecturas de este movimiento: tabú, Minotauro”. Con todo, considera Brioso, Sardio exhibe un tono moderado en sus Testimonios, pedagógico y ecuánime que estará ausente de las producciones de la Ballena, mucho más polémicas, estentóreas e intuitivas. Su tono ilustrado y educativo -casi digno de un discurso inaugural de la UNESCO, decir de H. Brioso-, está todavía a años luz del desgarro, la visible alienación, la ironía y el humor cáustico deEl Techo. (Héctor Brioso Santos: Estridencia e ironía. El Techo de la Ballena: un grupo de vanguardia venezolano (1961-1969).Universidad de Sevilla. Sevilla,2002. (Pp. 44-46. p. 301. p. 309)

Del Diccionario General de La Literatura Venezolana,(2013), me permito incluir un comentario de Ihana Riobueno, redactora de un texto sobre las Revistas Venezolanas, desde La Gazeta de Caracas (1811) hasta Poda. Revista Latinoamericana de Poesía. (Barcelona, 2005).A partir de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez y el inmediato triunfo de la gesta cubana comandada por Fidel Castro, afirma Riobueno, “la revolución y la inminencia de su triunfo, la intemperancia política y las polémicas ideológicas son el sustento de la poesía, en ensayo y la narrativa, lo que nutre a esas publicaciones de fugaz aparición, cuyos promotores serán conocidos como la ‘izquierda cultural’” (p.509).Esa izquierda cultural, comento, se unió para crear “Clarín de los Viernes”, pues estuvo dirigida por Adriano González León (Techo de la Ballena) y Jesús Sanoja Hernández (Tabla Redonda). Respecto a los integrantes de Sardio, afirma que “se impusieron las razones ideológicas más que la pasión que los unía por el arte y la literatura”. (p.509). (Por cierto, una publicación de los balleneros en “Clarín de los Viernes”, dio lugar a nuestra excomunión y a una convocatoria de la iglesia para que el domingo siguiente se rezara por la salvación de nuestras almas).

Ernesto Pineda acredita a las posiciones tan diversas, y algunas veces bastante drásticas, la inculpación de “agrupación aburguesada y elitesca, de insuficiente compromiso”. (p.40). Advierte Pineda que Sardionunca pretendió ser moralizante. (p.41) Destaca además, que sus integrantes lograron “universalizar sus comarcas nativas”, lo cual se “percibe muy bien en Palomares (1935) con su Trujillo natal, y en Efraín Hurtado (1934-1978)con su extenso y luminoso llano guariqueño. (Se refiere Pineda al libro Dos palmos apenas, 1972, publicado por Rocinante, y Escampos, (1979). Esto significa la reivindicación de su venezolanidad, aunque evitando la retórica costumbrista que casi un siglo antes el criollismo, es decir, su paisajismo impresionista y sus moralismos nacionalistas. En general a los sardianosse les puede adjudicar una revitalización de lo nacional en muchos aspectos, le cantaron al Libertador, a sus ciudades o regiones, a los ríos y a las maravillosas posibilidades de la poesía venezolana”. (Pp.41-42)

Pineda destaca el rescate, estudio y reivindicación de la obra de Ramos Sucre. “Además -dice-, algunos poetas de Sardio se vieron inicialmente influidos por el cumanés, sobre todo Francisco Pérez Perdomo (1930), aunque pudiendo encontrar posteriormente su propia identidad. Así pues, Sardio fue el comienzo de un masivo movimiento creador y renovador de nuestras letras y de las concepciones del arte venezolano, a partir de ellos nada fue igual.” (P.42). (Ernesto Pineda Díaz: Grupos literarios venezolanos del siglo XX. Fundecem. Mérida, 2014).

Comentario final:

Estoy llegando al término de este trabajo. Cuánto desearía que haya logrado cautivarloso enojarlos o, mejor, inducirlos a una lectura total de cuanto contiene los volúmenes de la revista Sardio, auténtico hito en las publicaciones literarias (¿sólo literarias?) periódicas de nuestro siglo XX, no solo por su contenido, sino también porque ella incluye autores que hoy son paradigmas de la literatura, de la crítica y del ensayo del país, del continente y de otros países del resto del mundo, además de significar un lúcido movimiento que, inevitablemente, dio paso a otro movimiento, igualmente multidisciplinario, especie de escalón superior de los artistas y escritores de esa misma generación, urgidos por las exigencias de un tiempo nuevo de las artes, de la sociedady la atmósfera de muerte impuesta por la lucha política, la rapacidad de los burócratas y de la seudoburguesía, dígase amamantada por el Tesoro Nacional,  la violencia social demócrata de las clases poseedoras y del imperio opresor contra los humillados y ofendidos, -vindicadores de la gesta de nuestros héroes y de una razón fundamental de la existencia: cambiar la sociedad para cambiar la vida, que, en nuestra pasión rimbaudiana se expresaba en cambiar la vida, cambiar la sociedad. Ciencia de la historia y poesía cara a cara.

Leo un párrafo del Testimonio del número 7 de la revista, que lleva por título El intelectual de izquierda y cierta estética revolucionaria:“Para bien o para mal de su propia obra, el escritor se ha visto impulsado a asumir posición activa en la dinámica de las ideologías y en la pugna de los movimientos de nuestra sociedad. (p. 429).En ningún momento los Sardianos se consideraron miembros o creadores de una “escuela de iluminados”, que así lo advierte en su Testimonio inicial. Al contrario fue terminante cuando exigió que la obra del escritor siempre proyectara una visión nunca contaminada ni recelosa sobre la creciente redención de nuestro pueblo y el ennoblecimiento de su historia. La palabra sardiana fue justa y necesaria frente a quienes, de una u otra manera, pretendían evadir las “realidades ineludibles de la historia”: “No importa que, celoso de su precaria y sin embargo regocijada libertad individual, el llamado hombre de letras pretenda evadirse, situarse en una especie de suspenso privilegiado e intocable del espíritu. Ya sabemos cuánta secreta esclavitud hay en esa aparente liberación”. Rama, Liscano, Chacón, por aquí o por allá, según sus visiones “ilustradas”, en el primero;de activo ejercicio “social demócrata” el segundo; y de arrogante postura cuestionadora, que no marxista, el último, fueron claramente desmentidos por las exigencias creadoras de los Sardianos y sus sentenciosos Testimonios, alineados con las transformaciones en la dinámica social y los combates contra la violencia, la mentira y los aturdimientos de la “democracia representativa” y sus oficiantes intelectuales, incluidos los radicales de la “Izquierda crítica” -¿o no?.

Los tiempos cambian, –lo único inmutable es el cambio: palabra de Carlos Marx–. La dinámica de la sociedad venezolana no sólo estaba condicionada por la coyuntura política nacional, caracterizada por la opresión betancourista, de signo pro yanqui, empeñado como estaba el presidente Betancourten complacer al Imperio y ahuyentarle cualquier identificación con su pasado “comunista”. Si en los tiempos de regocijo ciudadano por la caída del régimen de Pérez Jiménez se identificaba la libertad con la democracia, en los del gobierno de Betancourt, significaba represión, tortura, muerte, suspensión indefinida de las garantías establecidas en la Constitución. A todas estas enel Caribe triunfaba la Revolución Cubana, esperanza de auténtica liberación en el Continente. Sardio no sólo asume posición, sino identidad. Denuncia la política norteamericana, pues trastoca el sagrado principio de la libertad, al ultrajarla mediante la sujeción y la servidumbre en nombre de los derechos humanos. El imperio sólo reconoce la libertad de degradarse;mientras sus subalternos desahogan su desnacionalizada miseria en  la violencia de clase contra los sectores populares.

Atento estuvo Sardio a los movimientos de liberación nacional. Solidario. Alerta ante las provocaciones golpistas contra el orden constitucional en nuestro país, sin otro afán que el retorno a la dictadura militar. Los sardianos cumplieron con sus postulados sobre laresponsabilidad del artista, del intelectual en cuanto al compromiso ineludible con los más altos valores del hombre y delpensamiento. “Sería vana toda postura idealista para resolver los convulsionados problemas que nos impone la política. Ya ésta ha dejado de ser tabú o amenazante Minotauro, para convertirse en vasto dominio de la inteligencia y del alma de los pueblos”.

Por conspirar contra la dictadura algunos de sus integrantes fueron perseguidos. El 23 de enero de 1958 manos del pueblo abrieron las rejas de la Seguridad Nacional –luego Hotel Hilton, hoy Hotel Alba–que mantenían prisionero a Luis García Morales. Discurso dinámico, elegante, claro, por amor a la palabra, alejado de toda fijación dogmática; discurso renovador, de profunda éticahumanista. El número 8 de la revista será la más alta expresión de su compromiso.

He aquí algunos fragmentos del Testimonio sobre Cuba, publicado en el número 8, mayo-junio 1961, que da pie para la ruptura del grupo. Es una auténtica requisitoria contra los Estados Unidos. Leamos: (…) “los EUA han dejado de intervenir en todas partes en nombre de la Libertad, sólo podrán hacerlo en nombre de la tiranía, de la bajeza, del miedo, de la cobardía de la crápula bancaria de que habla Miguel Hernández. En todo sitio donde quieran pronunciar la palabra libertad , sólo podrá decírseles:

Fuera, fuera, ladrones de naciones,

guardianes de la crápula bancaria…

arrojados seréis como basura,

de todas partes y de todos lados…

sólo se quedan los hombres

al calor de las batallas,

y vosotros, lejos de ellas,

queréis ocultar la infamia

pero el color de los cobardes

no se os irá de la cara”.

Y he aquí el párrafo último: “Finalmente, no vacilamos endeclarar a la revolución cubana como un anticipo de la REVOLUCIÓN IRREMEDIABLE, pues, ya no se trata de un cambio en los métodos, sino de un vuelco radical del ser humano a la conquista de otras maneras y otras relaciones y vínculos que establecerán las bases de un nuevo lenguaje, de una nueva vida que preparará, mientrasse espera el advenimiento de la sociedad sin clases, ‘la preponderancia de la única clase que tengaaún misión universal, pues sufre en su carne de todos los males de la historia, de todos los males universales: el proletariado’”. (Cita final de Aimé Cesaire. Discurso sobre el colonialismo.).

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