CHARLOTTESVILLE, EL ROSTRO BLANCO DEL EXTREMISMO

SERGIO ALEJANDRO GÓMEZ / GRANMA

Mientras el discurso hegemónico viste el terrorismo con turbante y le pone rostro árabe, hechos como el de este fin de semana en la ciudad estadounidense de Charlottesville, Virginia, nos recuerdan que el extremismo tiene semblantes muy diversos y se esconde a veces bajo las mismas narices de Occidente.

Marcha ultraderechista

El detonante de la violencia en Charlottesville, una localidad famosa por su pluralidad universitaria en medio de un estado conservador, se remonta al siglo XIX y las heridas que quedan abiertas de la Guerra Civil norteamericana.

Miles de nacionalistas blancos salieron a protestar el sábado pasado por la remoción de una estatua del general Robert E. Lee, quien comandó las fuerzas proesclavistas del sur en la guerra contra La Unión norteña liderada por Abraham Lincoln. Organizaciones defensoras de los derechos civiles, entretanto, se movilizaron en apoyo a la medida.

Los grupos colisionaron el fin de semana y hubo ataques con gas pimienta desde ambos lados, según reportan medios locales. Pero la tensión escaló cuando un automóvil envistió contra los opositores de la manifestación ultraderechista causando la muerte a una persona y heridas a otras 19.

James Fields, el supuesto conductor de 20 años, se encuentra detenido por el FBI bajo sospecha de asesinato en segundo grado. Profesores suyos del estado de Ohio revelaron a la prensa que Fields estaba fascinado con el nazismo y Adolf Hitler.

El ataque, considerado como un acto terrorista, generó indignación a lo largo de Estados Unidos. Sin embargo, el pronunciamiento del presidente Donald Trump hizo poco por calmar los ánimos y en su lugar levantó una ola de críticas.

«Condenamos en los términos más claros esta escandalosa demostración de odio, fanatismo y violencia procedente de muchos sitios», dijo Trump en su primera reacción desde el complejo de golf veraniego en el estado de Nueva Jersey.

Miles de comentarios en las redes sociales y figuras políticas de ambos partidos exigían al presidente ser más explícito en sus críticas y llamar a los extremistas por su nombre.

Finalmente, este lunes el mandatario dijo en una comparecencia desde la Casa Blanca que «el racismo es malo y los que causan violencia en su nombre son criminales y matones, incluyendo al Ku Klux Klan, neonazis, supremacistas blancos y otros grupos de odio que son repugnantes a todo lo que queremos como estadounidenses».

La vaguedad inicial de Trump tiene mucho que ver con su popularidad entre el sector más radical de los blancos estadounidenses que fueron claves en su victoria el año pasado frente a la demócrata Hillary Clinton.

«Le recomendaría que se mire al espejo y recuerde que fueron los estadounidenses blancos los que lo pusieron en la presidencia, no los radicales de izquierda», le dijo a Trump el exlíder del grupo supremacista Ku Klux Klan (KKK), David Duke.

Nacido tras la Guerra Civil, las distintas manifestaciones del KKK, cuyos integrantes eran conocidos por usar capuchas blancas y protagonizar linchamientos públicos, se extendieron por Estados Unidos a lo largo del siglo XX. En su momento de auge, se calcula que llegaron a tener cerca de cinco millones de miembros, si bien en la actualidad las cifras giran entre los 5 000 y 8 000.

La campaña presidencial del candidato republicano, marcada por las críticas a los inmigrantes, comentarios misóginos y repuntes nacionalistas, fue un impulso para las ideas extremistas en Estados Unidos.

De hecho, parte del grupo asesor de Trump se clasifica dentro de la corriente Alt-right (derecha alternativa), que supuestamente critica la corrupción de la política pero que ha sido asociado con ideas radicales y supremacistas.

Miembros del ejecutivo como el fiscal General, Jeff Sessions, también tiene un pasado conflictivo. Sessions no logró la aprobación en 1986 para convertirse en fiscal general luego de que se filtraran declaraciones suyas reconociendo el trabajo del Ku Klux Klan y solo recriminándoles el hecho de que fumaran marihuana.

Según datos de la organización de derechos civiles Southern Poverty Law Center, en los diez días siguientes a la elección de Trump se registraron casi 900 incidentes relacionados con prejuicios contra las minorías.

En la actualidad, la organización monitorea cerca de 1 600 grupos extremistas como los que provocaron los disturbios en Charlottesville.

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