¿CUÁL ES EL LÍMITE PARA TRANSFORMAR EL CUERPO HUMANO? VARIOS AUTORES

DARCY BORRERO BATISTA / GABRIELA ÁVILA GÓMEZ / DAYRON RODRÍGUEZ ROSALES

límite - barbie humana
La «Barbie humana» más conocida y la más parecida a la muñeca, es Valeria Lukyanova. Foto: Instagram

Aunque el cuerpo es para muchos el templo sagrado de lo que son, otros lo mutilan y destruyen para convertirse en algo totalmente distinto.

Las prácticas de transformación corporal no pueden llamarse novedosas. Historias de tiempos remotos cuentan cómo los seres humanos han recurrido por tradición a las modificaciones, desde el cráneo hasta los pies.

La pregunta entonces es ¿hasta qué punto resulta válida una transformación corporal y dónde se dibuja la línea de autoagresión y de daño injustificado al cuerpo?

Muchas tradiciones ancestrales se mantienen vivas en la sociedad moderna. Entre ellas se pueden incluir los tatuajes y hasta el fisiculturismo. Pero tampoco ellas están libres de polémica.

Otras prácticas antiguas son aún más polémicas. En la antigua Birmania –hoy Myanmar– la costumbre de las mujeres del grupo étnico o tribu Kayan, denominadas «padaung» o mujeres de cuello de jirafa, trascendieron y cruzaron los límites fronterizos para llegar y tomar posición en Tailandia.

Huyendo de un conflicto político, muchas fueron desplazadas hacia ese territorio, donde son vistas como espectáculo circense o esa suerte de zoológico humano que atrae a turistas foráneos. Los especialistas apuntan que la práctica de extender el cuello puede tener resultados nefastos en la salud.

Algunos lo ven como una práctica bárbara de autoflagelación. Pero estas mujeres muestran un compendio de aros en sus cuellos no para parecerse a algo o alguien más allá de su cultura, sino por los valores de identidad que representan. Ello, de alguna forma, las legitima.

Para el profesor y antropólogo cubano Antonio J. Martínez Fuentes, «cada cultura puede y de hecho tiene miradas internas y externas que las califican de diversas maneras. Viene de hace mucho tiempo».

Sin embargo, no niega que algunas puedan ser consideradas bárbaras, salvajes, primitivas, y por lo tanto muy criticadas e inaceptadas hoy día.

Entre las que más estupor generan en la actualidad y son consideradas dañinas por los organismos internacionales, Martínez Fuentes cita «la mutilación genital femenina, que ya se ha llevado a Europa y América, y es causante de traumas y millones de muertes, así como la circuncisión en los niños como rito de paso de edad, con resultados muchas veces letales».

«¿Qué hacer entonces?», se pregunta Antonio Martínez mientras analiza las costumbres del lado no occidental del mundo, para luego decirnos: «Hay prácticas muy admitidas culturalmente, que ocurren con la morfología y la fisiología de las bailarinas profesionales de ballet y las modelos: anorexia, bulimia, retraso en la maduración, trastornos en la menstruación, modificaciones en articulaciones, óseas. Igual con las practicantes de gimnasia de alto rendimiento que se inician a edades muy tempranas».

«¿Hasta dónde se autoagreden también en esos casos?», se pregunta.

Al respecto, el profesor nos hace reflexionar sobre una arista medular: «a menudo se ven como bárbaras las costumbres de tierras no occidentales como las asiáticas y las africanas, e incluso las americanas precolombinas, donde han encontrado cabida la deformación craneana; los sacrificios humanos de los mayas; el consumo de carne humana y de animales como perros y gatos, insectos; las vacas sagradas en la India… ¿pero qué hay de las costumbres occidentalísimas modernas que también conllevan riesgos médicos?».

En Occidente, las transformaciones del cuerpo han alcanzado niveles extravagantes. 

MUÑECOS DE CARNE Y HUESO

Uno de los juguetes preferidos, al menos hace algunos años antes de la gran irrupción de dispositivos tecnológicos, eran las muñecas Barbie, y su versión masculina llamada Ken, distribuidos por la empresa Mattel.

Hay quienes sienten adoración por ellos, y buscan la forma de parecérseles: se tiñen el pelo, se visten de modo similar y retocan sus fotos en computadoras o celulares. Sin embargo, hay jóvenes que se transforman completamente recurriendo a numerosas cirugías.

Una de ellas, la «Barbie humana» más conocida y la más parecida a la muñeca, es Valeria Lukyanova, una joven que vive en Ucrania, y que ha logrado esa apariencia mediante un maquillaje excesivo combinado con cirugías estéticas para aumentar su pecho, rinoplastia, implantes de colágeno en los labios, y por si fuera poco utiliza el photoshop para retocar sus imágenes en las redes sociales.

Sin embargo, tal parece que lucir como una Barbie tampoco logra complacer pues, hace unos meses, Valeria Lukyanova decidió dejar atrás esa parte de su vida.

En declaraciones a la prensa dijo que ya no podía sonreír, que gastaba mucho tiempo en maquillarse para parecer de plástico y que era muy rigurosa la dieta que llevaba.

Otro que tampoco está a gusto con su apariencia original es Rodrigo Alves, conocido como el «Ken humano», un sujeto que se ha sometido a más de 50 procedimientos quirúrgicos y la gastado medio millón de dólares en operaciones.

Ahora, y como parte del propio círculo vicioso, este hombre, de 34 años de edad, se realizó varias cirugías de nariz, liposucciones, implantes de pecho, abdominales y hasta de cabello.

límite - rodrigo
Rodrigo Alves, conocido como el «Ken humano», se ha sometido a más de 50 procedimientos quirúrgicos. Foto: Twitter

Todo para lucir como el afamado muñeco novio de Barbie, pero ¿a qué precio? Pues según los especialistas los resultados son «simplemente aterradores».

De hecho, tras una de sus últimas visitas al quirófano, Rodrigo recibió una de las peores noticias de su vida, ya que sus médicos le aseguraron que por el exceso de cirugías en su nariz estaba a punto de perder esta parte de su rostro.

No obstante, y de acuerdo con el propio Alves, su deseo por cambiar su físico era tan fuerte que «valió la pena». Desde que era niño el brasileño fue víctima constante de bullying, incluso le llamaban «nariz de papa».

Por ello, siendo adolescente inició su transformación estética asumiendo el riesgo de dañar su piel y adquirir numerosas infecciones.

ELFOS FUERA DE LA LITERATURA Y OTROS «DEMONIOS»

Mara Kristine es una estadounidense de 23 años que se operó en marzo del 2015 para hacer sus orejas puntiagudas. A ella, según dijo a medios de prensa, siempre le gustaron los elfos, pero se aferró a la idea de hacerse cirugía en las orejas tras una búsqueda en Google sobre «¿cómo ser un elfo?».

Dijo en aquel momento que nunca pensó que lo haría, pero finalmente se acostumbró a la idea de la cirugía estética y finalmente la joven de Minneapolis pagó más de mil dólares por una primera operación que requirió del recorte del tejido de su oreja, la eliminación del cartílago sobrante hasta unir luego las dos puntas de sus orejas.

Sin embargo, a medida que la intervención cicatrizó, la unión antinatural comenzó a separarse y Mara precisó dos cirugías más para lograr la intervención de manera permanente.

Durante el proceso, cuenta la estadounidense que estaba despierta y marcaron su oreja donde recortarían. Dice que no le dolió tanto como esperaba, pero era como una migraña concentrada en la punta de sus orejas. Para parecer completamente un elfo, además de la operación, Mara gastó otros miles de dólares en piercings y tatuajes.

límite - elfo
Para alcanzar ideales de belleza recreados por la literatura algunas transforman totalmente su apariencia y no escatiman en gastos Foto: AFP

Otro joven con las mismas intenciones de Mara, tiene una historia similar. Medios de prensa cuentan que ha gastado más de 5 000 dólares para lograr su propósito de verse como un elfo; pero él ha llegado más lejos, en tanto pretende operarse para eliminar sus costillas, alargarse la cara, los ojos y hasta la estatura.

Mi objetivo primordial es dejar de parecer humano; ser etéreo, delicado y gracioso, sin importar cómo ni a qué costo, ha dicho el joven llamado Luis Padrón.

En este caso, se trata de un ideal de belleza y modo de vida recreado por la literatura e importado a la realidad. De ahí que expertos consideren que las nuevas tendencias «culturales» de la posmodernidad también nos están perjudicando mucho la salud.

EL FENÓMENO MEITU

La estereotipación de la belleza ya ha sobrepasado la realidad y ahora se ha instalado en el escenario virtual. La apariencia en el mundo de internet se ha vuelto tan importante como la física real.

Meitu es una aplicación móvil de selfies (autofotos), creada en China y usada por alrededor de 450 millones de personas. Su éxito radica en proponer un «maquillaje virtual» que aclara la piel, corrige las imperfecciones y agranda los ojos para hacerlos más redondos.

Fundada en el 2008, la empresa está ubicada en los tres parques tecnológicos en la sureña isla de Xiamen, uno de los laboratorios más importantes de China para la promoción de las empresas emergentes.

Está valorada en 4 400 millones de dólares y compite con sus rivales extranjeros Instagram y Snapchat, que solo ofrecen filtros y pegatinas.

Meitu, que significa foto bonita en chino, promete embellecer los más de 6 000 millones de imágenes y selfies que sus usuarios –fundamentalmente mujeres jóvenes– publican al mes, con eslóganes como «conviértete en una modelo de Vogue» y «haz tu nariz más bonita».

«Queremos ser una comunidad global donde la gente de todo el mundo pueda explorar y descubrir nuevas ideas relacionadas con la belleza y, mediante el uso de nuestras herramientas virtuales, tener más confianza para llevar estas nuevas ideas al mundo real, explicó a Granma Inway Ni, presidente de Meitu y socio de LongLing Capital, empresa de capital de riesgo que invierte en decenas de empresas emergentes.

límite - meitu
Meitu promete embellecer las imágenes y selfies de sus más de 450 millones de usuarios Foto: Internet

La aplicación permite eliminar imperfecciones en la piel, hacer la piel más tersa y blanca, cambiar la forma de tu cara para que parezca más fina e incluso hacer los ojos más grandes. Además ofrece maquillaje, bronceado e incluso alargar las piernas o hacer que el cuerpo tenga más curvas.

En sus redes sociales, los creadores de Meitu comparten las «increíbles transformaciones» de sus clientes y aseguran que «nuestra misión es hacer del mundo un lugar más bello».

De acuerdo con una investigación iResearch cerca de un 70 % de los usuarios de redes sociales en China publican al menos una foto cada semana y más de la mitad de las selfies y otras fotos publicadas en este tipo de plataformas digitales del país fueron editadas por Meitu, asegura.

Más allá de su éxito, la aplicación ha recibido diversas críticas por  fomentar un falso estándar de belleza idealizado que promueve y refleja una sociedad obsesionada con la cirugía plástica y que resulta inalcanzable para la mayoría de las personas; a lo que ellos responden que «su aplicación tiene que ver con la idea personal de belleza de sus usuarias, a quienes ayudan a sentirse más seguras de sí mismas y más bellas en la vida real».

«Tenemos que ampliar la idea de belleza», dijo el director financiero de Meitu, Gary Ngan, a The New York Times. «No se trata solo de una determinada forma de pensar sobre la belleza asiática. Se trata de hacerte feliz. Y la belleza es sinónimo de felicidad, de alguna manera, porque normalmente te sientes más feliz cuando te ves más bello».

Al respecto Inway dijo a nuestro diario que simplemente investigan los estándares actuales. La clave de su éxito, aseveró, «es entender lo que los jóvenes quieren cuando miran una foto, cuando se miran a ellos y se sacan esa foto».

Estas prácticas posmodernas que emergen en distintas latitudes son también fruto de la occidentalización del mundo y la llamada interculturalidad. Así dicho, esconde muchas veces un trasfondo de deculturación y modificación de los patrones simbólicos que identifican a cada sociedad.

El tema no está exento de polémicas, pues muchos sicólogos y especialistas en el mundo apuntan que la satisfacción personal es un proceso independiente del aspecto físico.

Asimismo, existe un sinnúmero de padecimientos asociados a la forma en que las personas se perciben a sí mismas, que va en aumento en la sociedad moderna, desde la dismorfia hasta la bulimia y la anorexia.

¿No son acaso las esencias internas –y no las externas– las que nos definen?; ¿por qué insistir entonces en transformaciones que, si bien muestran un cambio fenotípico, mantienen invariable nuestro genotipo, ese conjunto más intrínseco de lo que somos? Aun cuando el límite de su ser físico lo establece cada persona, existe una identidad étnica y humana, en general, que parece gritar «pare» a las transformaciones del cuerpo, mucho más si conllevan daño y autoflagelación injustificados.

Fuente: Granma

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s