HOLLYWOOD, ¿Y AHORA QUÉ? ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Para muchos, Parásitos es el mejor filme de todos los realizados en el año 2019. Foto: Fotograma de la Película

 

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

ROLANDITO¿Cambiarán para bien los tradicionales premios de la Academia de Hollywood tras el aplastante triunfo de Parásitos, primera vez, a lo largo de 92 años, que el Oscar a la mejor película y al mejor director se rinden ante una producción extranjera, hablada «para colmo» –dirían los más conservadores de la institución– en coreano?

Cortarles las alas de la exhibición a las buenas películas extranjeras que no sean habladas en inglés ha sido larga costumbre en Hollywood. Pero como atenuante a lo que pudiera considerarse una soberbia comercial, nunca faltaron proposiciones –indecorosas, después de todo– dirigidas a aquellos filmes que pudieran funcionar en la taquilla nacional: comprarles los derechos de autor y confeccionar remakes muy «a la americana».

Ya al recibir la Palma de oro en Cannes por su drama social Parásitos, el director Bong Joon-ho sacó a relucir un tono cáustico para recomendarle a la audiencia bajar los ojos unos centímetros y acostumbrarse a leer los subtítulos, lo que le permitiría descubrir filmes maravillosos realizados en otras lenguas.

El coreano tenía un antecedente muy próximo, pues en el Oscar de 2019, Alfonso Cuarón, director de Roma, había estado a punto de lograr la hazaña de combinar el doblete de mejor película y mejor director, lo que pareció demasiado a los académicos, que optaron por otorgar el más apreciado de los Oscar al filme estadounidense El libro verde, comedia de aceptables tintes dramáticos, aunque a ojos vista muy inferior al filme mexicano.

Asentado en grandes estrellas, fabulosas producciones y un marketing internacional que no admite comparación, Hollywood terminó de monopolizar el cine mundial tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Impusieron las reglas de un gusto abierto lo mismo a la reiteración masiva que a los aportes del arte y crearon un sistema de premios dominado, en lo fundamental, por una narrativa clásica. Cierto que hubo etapas en que se «infiltraron» al Oscar películas con aires de renovación, pero fue el peso de industria lo prevaleciente.

Y he aquí que solo un año después del malabarismo esquivo con RomaParásitos, una película excepcional, hay que remarcarlo, ajena al gran sistema de producción y con artistas por entero coreanos, penetra el bunker de Hollywood y luego de erigirse en la gran triunfadora (cuatro Oscar en total) le lanza una señal al mundo: la llamada Meca del cine y su academia, están cediendo. Una transformación dada por las circunstancias, porque los tiempos son otros y el cine es mucho más que sentarse en una butaca frente a una gran pantalla.

Las nuevas tecnologías y la expansión de internet, las plataformas streaming, como Netflix, negadas en un principio por Hollywood y finalmente aceptadas, la globalización cinematográfica, con una inmediatez impresionante que nada tiene que ver con esperar a que las grandes producciones estadounidenses lleguen a los países, han ido conformando una audiencia diferente y bien informada, que sabe dónde está lo bueno y sale a buscarlo.

Se irán acabando los tiempos de la vieja escuela, en que Hollywood forzaba a que le compraran internacionalmente una película taquillera convoyada de cinco o seis desastres, para al menos sacar los costos de producción de estas últimas.

 No será de la noche a la mañana, pero el negocio del cine obliga a la transformación de Hollywood, lo que no quiere decir que se renuncie al dominio de las riendas. No pueden negarse los cambios de la Academia en estos últimos años, con puertas abiertas a representantes foráneos, también el hecho de que la edad promedio de los votantes haya bajado considerablemente, pero si ahora Parásitos resultó premiada como ninguna otra, compitiendo frente a varios pesos pesados de la industria, se debió también a que un público conocedor no hubiera perdonado otro desliz mayúsculo.

 En tal sentido, Bong Joon-ho tiene el mérito de haber sido el primero en quebrar el techo de una industria centenaria habituada, entre afeites y argucias, a vivir solo para ella.

GRANMA

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