UN GUION REPETIDO. WALDO LEYVA PORTAL

PALOMA MUERTA

WALDO LEYVA PORTAL

En qué minuto de la historia se pervirtieron los conceptos.
Desde cuando dejó la palabra de importar,
o el estrechón de manos enemigas para cerrar un pacto
que sería inviolable.
Cuando dejó la ética de guiar las conductas.
Donde se desvió la ruta que dio a los pícaros voz en la asamblea
y tribuna al corrupto para que decidieran por todos
desde su hambre infinita de poder.
Desde cuando el honor no tiene patria,
o la fama no es el reflejo del triunfo en las artes o la ciencia,
sino un vínculo on line con lo banal o el crimen más atroz.

Hoy he visto en la televisión a un adolescente de 17 años,
parado en el borde de una alta terraza de Chicago,
mientras dos policías (ella de origen latino y él descendiente de árabe)
lo conminaban a entregarse para que diera noticia
de la muchacha que había secuestrado con un cómplice tan joven como él.
Nada decía. La cámara, enferma como el tiempo que la guía,
se detuvo en sus ojos donde no había tristeza, ni arrepentimiento,
solo una meticulosa soledad que hiere.
Antes de dejarse caer, de espalda a la indiferencia de la ciudad,
a la memoria de la estirpe, a sí mismo,
respondió sin estridencia a los agentes, a nosotros, a su época,
en un tono de queja inexplicable: “yo solo quería ser famoso.”
El programa seguía con el mismo guión repetido muchas veces.
La cámara bajaba hasta la acera, donde el cuerpo roto
perdía la sangre y la muerte detenía el movimiento de los ojos.
Luego, con el ritmo vertiginoso que resulta atractivo,
entre coches que suben y bajan sin sentido
mientras suenan sirenas y se aprestan soldados
equipados para una batalla que no existe,
los mismos policías de este cuento, llegan a la escuela
donde el cómplice del muchacho que acaba de morir,
con la pistola del padre en sus manos vírgenes,
manos que no han tocado todavía un seno de mujer,
se dispone a matar a otros adolescentes,
por la sola razón de que no lo veían cuando pasaba.
Se repite la historia de la alta azotea de Chicago y de otros guiones:
los policías lo conminan a que entregue el arma
y él los mira desde algún punto de su memoria,
desde la soledad del ignorado, desde el vacío existencial
inoculado por la época, y solo le repite a los agentes,
a la cámara que vive de su angustia, a los televidentes
que vemos con indiferencia criminal estas escenas:
“No puedo, este es mi día, por favor no lo arruinen,
yo solo quiero que me vean, yo solo quiero ser famoso”

25 y abril de 2020

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