MIS LECTURAS EN CUARENTENA Y UN AK- 47. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

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OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

Omar OlazabalSigo en mi autoaislamiento físico y aprovechando sus ventajas en relación con otros momentos. Me permito leer más de lo que normalmente hago. Mis amigos en las redes sociales comparten también lo que leen. Y heme aquí descubriendo a Douglas Kennedy, un novelista norteamericano, que vive entre Estados Unidos y Europa. Ahora, según relata a un periódico europeo, está pasando la cuarentena con su hija en Maine. Le sigo los pasos en Internet y me encuentro con una serie de análisis sobre la sociedad norteamericana que no tiene desperdicio. Primero, porque el que los hace es un estadounidense. Y segundo, porque difícilmente se le pueda acusar de socialista, ese término al que tanto acude el actual presidente de la Unión Americana para denostar a otros.

Les invito a que leamos lo que dice Kennedy (el escritor) sobre su país en la actualidad:

“..echando la vista atrás, (Richard) Nixon parece un progresista comparado con este payaso (Trump). El problema ahora es que hay dos Estados Unidos y se odian entre ellos.. Nixon empezó a dividir el país para poder ganar la Casa Blanca en 1968. Él entendió que tenía que dividir al país en un período en el que había grandes manifestaciones contra Vietnam, sexo, drogas, rock and roll… ya sabe. Se decía que había una mayoría silenciosa en el país, los verdaderos estadounidenses, y no esta banda de snobs y hippies feministas quemando sujetadores o estos gays.

Reagan siguió con aquello y las dos Américas empezaron a separarse. Lo cierto es que el 20 % de los estadounidenses son gente como yo, educada, con pasaportes… ¿Sabe que solo un 35 % de los estadounidenses tiene pasaporte? No lo necesitan porque no pueden permitirse viajar. Si tienes dinero puedes ir a las mejores universidades del mundo, si no, estás jodido (sic). Soy muy pesimista sobre mi país, vivo allí la mitad del año y lo amo, es mi hogar, pero, dios mío, es un lugar angustioso…”

Esa síntesis tan descriptiva podría explicar mucho lo que está ocurriendo en el vecino del Norte. Un país dividido en sectores muy antagónicamente opuestos, lo que se refleja de manera continua en las encuestas elaboradas para las elecciones de noviembre. No importan los errores y absurdos dichos del mandatario de la Casa Blanca en su manejo de la actual crisis sanitaria, esa Norteamérica que lo ve como su representante casi roza la mitad de los encuestados. Entre esos, los cinco millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), la organización creada supuestamente para defender la Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana, que estipula el derecho a portar armas para defenderse y entretenerse. Exacto, sí, entretenerse matando.

Trump y Marco Rubio, el ejecutor y el promotor, respectivamente, de la agresiva política hacia Cuba de estos tiempos, son admiradores, protectores y receptores de bondadosos donativos de esa organización. Participan de sus Asambleas, donde son agasajados y vitoreados. Trump firma decretos delante de los embelesados asistentes a las convenciones y Rubio los defiende en cada momento en que su desvergüenza se lo permita. Recuerdo cuando fue increpado por uno de los estudiantes de la escuela Stoneman Douglas de la Florida, aquella que fue víctima de una masacre que costó la vida a 17 jóvenes en 2018. El alumno le reclamó por qué no dejaba de recibir las donaciones de la NRA para su campaña, y el senador no supo qué responder. Así son ese tipo de políticos, sí, esos mismos que se proclaman cristianos y suben en sus tweets semanalmente salmos del Nuevo Testamento.

No importa que el Presidente de la NRA haya sido hasta el año pasado, nada más y nada menos, que Oliver North.  No se sorprenda, es el mismo Teniente Coronel del Ejército norteamericano que, en la época de Reagan, fue encarcelado por dirigir el operativo mediante el cual se le suministraba armas y dinero a la contrarrevolución nicaragüense. Para los más jóvenes que no conocieron esa historia: el oficial North trató con contrabandistas de armamento y narcotraficantes para lograr sus objetivos. Fue condenado, pero la sentencia se anuló en 1991, como es usual en estos casos. Esos son los “héroes” con los que comparten Trump y Rubio, por solo citar dos ejemplos de los que reciben dinero de esa infame organización.

Y al escuchar hablar a Trump y Rubio, se enaltecen entonces el odio y el deseo de venganza de muchos. Si el presidente y su asesor lo dicen, entonces debe ser cierto. Y como tienen luz verde para comprar y usar armas, pues adelante. Es la manera que tengo de explicarme que un hombre haya atravesado en su carro el país, con un AK 47, para tratar de matar a diplomáticos cubanos en Washington. O sea, el terrorismo en territorio norteamericano. Manejarán la teoría del asesino solitario, no es la primera vez, pero todos sabemos que detrás de él hay otros que impulsan estos hechos. Desde los podios de actos con electores o desde programas de radio y televisión de dudosa factura, y aún más dudoso financiamiento.

No podemos cansarnos. Hay que denunciar y denunciar. Porque un político como Rubio, que recibió 3 millones de dólares de la NRA para su campaña, sí es responsable del odio y los deseos de venganza de algunos. Y con él los que están en el poder ahora. Cada palabra contra Cuba de Pompeo y Trump, de Kozack y Rubio, enaltecen a los desesperados. Y en medio de una pandemia, que provoca 30 millones de desempleados y decenas de miles de muertos, la incitación al odio se convierte en AK 47 o en un fusil R 15, como el usado contra los escolares de la Florida.

Por eso, para los que todavía tienen sueños guajiros con la sociedad norteamericana, les recomiendo que lean lo que lapidariamente sentencia Douglas Kennedy, el escritor estadounidense con el que comencé hoy:

“Aunque reciben una ayuda financiera simbólica del Gobierno federal, saben que, cuando Estados Unidos vuelva al trabajo, ellos estarán hasta el cuello de deudas. Y una vez que la moratoria de desalojos termine, corren el riesgo de irse a la calle. Gracias a los defensores de la economía de suministro y a los adoradores de Milton Friedman que han dictado la política fiscal americana durante los últimos cuarenta años, ahora vivimos en una versión high-tech del capitalismo del siglo XIX, alimentada por un poderoso subtexto de darwinismo social. Dentro de algún tiempo, cuando todos seamos polvo, no me sorprendería que los historiadores del futuro escribieran: “Cuando una amenaza viral invisible se extendió por el país a principios de 2020, mostró con despiadada claridad lo moribundo que se había vuelto el tan elogiado sueño americano”

Más claro, ni el agua.

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