DIOSVANY ACOSTA ABRAHANTE: “HAY QUE ESTAR DONDE ESTÁN LOS JÓVENES”

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Entrevista a Diosvany Acosta Abrahante, Primer Secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC)

YUNIEL LABACENA ROMERO

yuniel-labacenaPreguntar por Diosvany Acosta Abrahante en Mal Tiempo es eso casi, aunque nos parezca una ironía con el nombre del lejano pueblecito enclavado en el municipio cienfueguero de Cruces. Muy distinto es entonces si indagas dónde vive o cómo era «el Niño», ese que comenzó en el mundo laboral cuando apenas había dejado atrás la adolescencia.

Por eso aquel apodo con que lo bautizó Damisley, su hermana jimagua, se afianzó cuando con 17 años se convirtió en un ser entrañable en el área de generación de vapor del ingenio del otrora batey azucarero, gracias a un primo «que me ayudó y enseñó todos los secretos que atesoraba.

«Mis abuelos, padres, tíos… casi toda mi familia pasó su vida trabajando por y para el central. Y yo seguí sus pasos, como hicieron otros jóvenes. El sector azucarero da mucho sentido de pertenencia», cuenta Diosvany, mientras recuerda aquel mágico lugar donde la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) lo conquistó para siempre.

«Los tiempos de zafra eran una gran fiesta. Cada inicio de temporada parecía un acto de magia cuando las máquinas arrancaban y todo echaba a andar. Eso enamora, y cuando ya tienes la edad de incorporarte a trabajar, es allí para donde va el que se queda en el asentamiento», dice el actual Primer Secretario del Comité Nacional de la UJC.

Resultó breve el tiempo que estuvo el Niño en el área de generación de vapor. Deseoso siempre de aprender, de superarse, no tardó en descubrir los cursos de Computación en los que matriculó con su hermana. «Había solamente dos computadoras ubicadas en la sala de análisis donde se controla el proceso agroindustrial y prácticamente nadie sabía andar en ellas. Así nos ganamos esos puestos que hacía rato estaban vacantes, mas no fue un proceso fácil, porque no se trataba solo de escribir números y ya, sino que había que dominar cómo funcionaban todos los sistemas».

Enredado en esas faenas ingresó a las filas de la UJC en un centro donde existía un movimiento juvenil fuerte. Pronto sería orientador político de su comité de base hasta que, como parte del proceso orgánico del 8vo. Congreso, sus compañeros lo eligieron secretario general del Comité UJC, y participó en la asamblea de balance del municipio, de la provincia y se sumó a los delegados a la cita nacional.

Donde se es más necesario

A más de 200 kilómetros de distancia del sitio que lo vio nacer en 1983, Diosvany accede a dialogar con Juventud Rebelde mientras revisa minuciosamente cada uno de los documentos del proceso de entrega, lo cual le permitirá asumir a plenitud sus nuevas responsabilidades al frente del Comité Nacional de la UJC, «una decisión que hubo que tomar diferente a como se tenía planificado por la situación que enfrentamos con la COVID-19, sin que por ello se perdiera el rigor», asegura.

Los teléfonos suenan insistentemente, pero el joven licenciado en Derecho, amante de la música y padre de dos pequeños (Mariange y Luis Ángel, de cinco y nueve años de edad, respectivamente), mantiene su ecuanimidad aunque sus ojos delatan su espíritu inquieto.

Quienes más lo conocen aseguran que es sumamente tímido, pero cuando se está a su lado es difícil creerlo. Según cuenta, ese fue uno de los grandes retos a los que tuvo que sobreponerse en el central, pero no había otra salida: «Mis compañeros contaban conmigo. Superé cada “miedo” con el trabajo diario, en las discusiones de nuestras inconformidades, en los intercambios llenos de camaradería y sinceridad, apoyándonos mutuamente, desarrollando más y más actividades que no solo estimulaban nuestra labor, sino que nos mantenían muy unidos.

«Desde entonces comprendí que lo fundamental cuando adquieres una responsabilidad tan grande, es no perder el vínculo cercano con quienes confiaron en ti, tratar de participar en sus espacios. Cierto que era un poco complejo, porque los jóvenes trabajaban por turnos y en áreas diferentes, pero no imposible, sobre todo porque no estaba solo, sino que contaba con la entrega absoluta del resto de los miembros del Comité y de los secretarios generales que estaban en la base. Éramos como un puño cerrado que se apoyaba, además, en un grupo de activistas que contribuían para que se cumplieran las tareas, las cuales formaban parte de la vida cotidiana de los jóvenes».

Y de pronto algo impensado lo sorprendió, poco después de regresar del 8vo. Congreso, el cónclave tras el cual quedó como miembro no profesional del Buró de Cruces, su municipio, con solo 21 años. «Me mandaron a buscar, así que agarré mi bicicleta y me dirigí al Comité Municipal de la UJC, donde me plantearon una nueva misión: dedicarme al trabajo profesional de la organización. Estaba tan sorprendido que ahora no recuerdo la expresión de mi rostro cuando me lo dijeron.

Como instructor en la zona de Potrerillo fue su debut en la nueva tarea, «muy diferente a lo que estaba acostumbrado. Me tocaba ahora ganarme el reconocimiento de jóvenes de distintas edades, oficios y profesiones, pues había un comité de base lo mismo en una cooperativa, que en el banco, en gastronomía, en la sala de videos, en las escuelas, la empresa eléctrica…

«Sin dudas, fue una etapa de aprendizaje constante, de tratar de implementar lo que había sistematizado en los cinco años en el central, de crear un equipo fuerte con todos los secretarios. Una etapa bonita, pero que duró poco».

—¿Por qué? ¿Fue entonces que te convertiste en Ideológico del Buró Nacional de la UJC?

—Bueno, no tan rápido. Después me tocó ser el Presidente de la Organización de Pioneros José Martí, de Cruces. No era maestro, y hacía mucho tiempo que había salido de una escuela… Otro desafío enorme que me exigió prepararme con dedicación, estudiarme con seriedad los documentos rectores, escuchar a los más experimentados… Más tarde me dediqué por dos años a atender la esfera ideológica, y durante tres fui Primer Secretario del municipio.

«Todas esas responsabilidades fueron esenciales para entender mi crecimiento en lo profesional, en lo individual, como ser humano. En ese período me hice licenciado en Derecho en la Universidad de Cienfuegos Carlos Rafael Rodríguez, lo que significó un avance tremendo desde el punto de vista intelectual, cultural, y en eso debo agradecerle mucho a la organización, pues del central había salido con 12 grado.

«Recuerdo esos años en que se generó un movimiento muy fuerte con la militancia que atrajo a aquellos que no militaban. Eran tiempos de numerosas iniciativas que consiguieron llamar la atención y mover a unos y a otros. Después vino la provincia: en un principio como Educador, luego como primer secretario en Cienfuegos.

«Durante esos tres años impulsamos entre todos las más diversas tareas… Cierro los ojos y me vienen a la mente las iniciativas de cada uno de los territorios; las experiencias que siguieron incidiendo en esa formación que nunca acaba. Pienso en cómo cada una de esas responsabilidades por las que he transitado ha representado un reto inmenso para mí».

—¿Cómo se produjo ese salto de lo local a lo nacional?

—Dar el salto de lo local a lo nacional es tremendo. Juro que jamás me pasó por la mente algo así. No olvido que después me enviaron a superarme al Colegio de Defensa Nacional (Coden) y cuando terminé, al Buró Nacional de la UJC a atender la esfera ideológica. Estaba consciente, sin embargo, de que no podía alejarme ni un minuto de la experiencia vivida, de lo que había aprendido en mi tránsito por la base en un centro laboral, por un municipio, por una provincia, porque ese conocimiento me iba a permitir enfrentar las tareas y, a la vez, ajustarlas al nuevo contexto que se está viviendo.

«Mi llegada a esta nueva estructura coincidió con el desarrollo que ha llevado a cabo el país en el proceso de informatización de la sociedad, con la apertura de internet, el auge de las redes sociales. En este sentido, mi preparación en el Coden ha sido muy valiosa porque me ofreció herramientas para, estando a tono con estos tiempos, poder impulsar las acciones que me correspondían desde la esfera, buscando la manera de propiciar la participación, el debate; de estimular la inteligencia colectiva y aprovechar las ideas de mis compañeros, porque uno por su cuenta no tiene todo el conocimiento ni puede resolver todas las tareas. Eso siempre lo he tenido como una máxima».

—A veces escuchas el criterio de que quienes escalan en posiciones de dirección se distancian de la base…

—Puede darse, pero entonces no eres un buen dirigente juvenil. Jamás lo serás, primero, si olvidas de dónde saliste, quién eres, cuáles son tus raíces; y, segundo, si pierdes de vista que el principal método y estilo de trabajo de un cuadro político, un dirigente, es su vínculo con la base, el diálogo, en este caso, con los jóvenes miembros de la organización; hay que motivarlos con el ejemplo para que participen, para que se transformen en los verdaderos protagonistas de las acciones que se emprendan.

«No se puede llevar adelante la labor ideológica por casi tres años en una oficina detrás de un buró. Se tiene que materializar en ese intercambio constante con las estructuras, en el trabajo hombre a hombre, como nos enseñaron Fidel y Raúl. Ello se evidencia en las tareas que hemos asumido en los últimos tiempos con escenarios muy complejos para este país. Hay que estar donde están los jóvenes».

Protagonismo en tiempos complejos

—El 1ro. de mayo último, en medio de complejas circunstancias del país, se hizo pública la decisión del Buró Nacional de no celebrar las sesiones finales de su 11no. Congreso… ¿Crees que esa decisión deja en alguna medida algún proceso incompleto?

—Es inevitable que cuando se habla de un congreso, de inmediato se piense en las sesiones finales, olvidando que ese momento es el cierre de un amplio proceso y un ciclo que abarca todos los niveles, pero que lo más importante ha ocurrido, sin dudas, en la base. En los meses previos nos centramos en el llamamiento a los jóvenes a participar en la construcción del país que soñamos. La convocatoria no fue exclusiva para la militancia y ajustamos el trabajo de la organización al entorno digital, en el que convive la mayor parte del universo juvenil, sin renunciar a los principios y a la misión histórica de la UJC.

«El proceso orgánico se aseguró de tal manera que cumpliera con los objetivos propuestos: proyectar la nueva estrategia a seguir y elegir las estructuras de dirección, cuyas candidaturas se seleccionaron y consultaron desde la base. Solo restaban las sesiones finales, el encuentro entre las provincias, el intercambio entre los delegados, todos juntos…».

—De cualquier modo, las sesiones finales ayudaban a focalizar y consensuar los objetivos esenciales del período siguiente. ¿Quedó bien delimitado cuáles serían esas metas esenciales en lo adelante?

—Como se explicó en la nota publicada en este diario, existen 53 objetivos que constituyen la plataforma de trabajo para esta nueva etapa, y se presentaron a los 103 miembros del Comité Nacional, quienes tuvieron diez días para estudiar y aportar criterios sobre estos. El proceso de consulta se efectuó en todas las provincias y el municipio especial de Isla de la Juventud, lo cual arrojó que de ese total, 38 recibieran 125 propuestas de modificaciones, 51 de adiciones y 27 supresiones.

«En lo fundamental, son sugerencias de redacción e ideas para continuar fortaleciendo el funcionamiento de la vida interna de la organización; la atención a nuestros movimientos juveniles y organizaciones estudiantiles, así como a las universidades; y la vinculación a las comunidades. Tras el análisis de dichos señalamientos (ya en ejecución) se conformará el documento final para su implementación en cada organización de base de la UJC. Les corresponderá al Buró Nacional y al Comité Nacional darles seguimiento, de manera permanente, a estos objetivos y velar por su cumplimiento».

—Como resultado del proceso orgánico del 11no. Congreso se eligió no solo un nuevo Buró Nacional, sino también el Comité Nacional…

—El Comité Nacional es el máximo órganismo de dirección de la UJC entre congresos. Está integrado por 103 militantes, jóvenes muy destacados que representan todos los sectores, y nuestros movimientos juveniles y organizaciones estudiantiles. De ellos, 50 son mujeres y el 43 por ciento, negros o mestizos: la proporción más alta en esa composición que ha tenido la UJC a ese nivel. El 83 por ciento son universitarios y el 94 militan en las filas de nuestro Partido.

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Diseño: Eliécer A. Torres Batista

—Hay quienes consideran que todavía el proceso de crecimiento en la organización y hasta la incorporación al Partido sigue apuntando esencialmente hacia las cifras…

—Esta ha sido una cuestión que durante años han esgrimido algunos para demeritar el hecho de que la membresía de la UJC se ha mantenido firme, aun en los momentos más complejos. Si bien en algunos lugares el proceso de crecimiento no se realiza todavía con la profundidad que exige y se piensa más en la cantidad que en las cualidades que deben reunir los aspirantes, de manera general la selección ha sido de calidad, más cuidada. Se nota al recorrer el país y comprobar su valía cuando intercambiamos con esos militantes.

«Con quienes pasan a las filas del Partido la calidad es siempre mayor, pues ya los jóvenes tienen experiencia, lo cual permite más madurez en el proceso. Comprendemos muy bien que el Partido necesita crecer con su Juventud y debemos hacerlo con compromiso, rigor y sentido de pertenencia.

—¿Cómo atiende la UJC las preocupaciones que tienen los jóvenes sobre sus proyectos de vida en el país?

—De manera paulatina nos hemos insertado cada vez más en espacios de los ministerios, organismos e instituciones, donde se define o discuten temas relacionados con el empleo, la continuidad de estudios, los proyectos científicos, la recreación…, desde allí defendemos esas oportunidades con objetividad y respeto, sin hacer distinción si son militantes de la UJC o no, pues ese es nuestro encargo constitucional reflejado en el artículo 6to. de nuestra Carta Magna.

—Ante los actuales desafíos económicos que vive el país, en el sector productivo crece, todavía más, la necesidad del protagonismo de la UJC. ¿Cuáles son las prioridades en tan complejo escenario?

—El pensamiento fresco y la creatividad de las nuevas generaciones son esenciales para alcanzar prosperidad en el socialismo. Hay una realidad irrefutable: la mayoría de los servicios descansan en los hombros de los jóvenes, contrario a lo que muchas campañas difaman.

«Lo percibimos al llegar a una cooperativa, un policlínico, una escuela, un hospital, o a diversas actividades del sector no estatal… El país no se ha paralizado ni en los días más difíciles y es, en parte, por el aporte de ellos. Una de las esencias de la organización es estar allí donde se cultiva la tierra, se garantiza la producción azucarera, se construye… en esas ramas que hacen crecer la economía».

—¿Qué distingue a nuestra juventud de hoy de la de otros momentos?

—Ninguna generación es igual a la anterior, como la actual no lo será a la futura. Cada época nos marca por las circunstancias, por los contextos históricos. Quienes hicieron la Revolución y los que forjaron los primeros y épicos años del proceso revolucionario, obraron con un valor a toda prueba en consecuencia con el momento que les tocó vivir.

«Hoy, sin embargo, tenemos un escenario sumamente complejo, al enfrentar una agresividad imperialista a niveles nunca antes visto, un mundo sacudido por una profunda crisis social y medioambiental, que pone en riesgo al planeta; peligros que nuestro Fidel anunció con su extraordinaria visión de futuro. Pero asumimos esos retos, sabiendo que nos corresponde darle continuidad a la obra que nos han legado.

«Nuestros enemigos apostaron por una ruptura, pero esa ha sido una de sus más grandes equivocaciones, ahí está nuestro Presidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, firme y seguro, genuino representante de los cubanos que nacimos después de 1959. Están en igual condición muchos de nuestros dirigentes del Partido, el Gobierno y otros cuadros a todos los niveles.

«Ha sido un gran estímulo y a la vez un enorme compromiso que al intercambiar con los delegados e invitados a las asambleas provinciales del 11no. Congreso, José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido, ratificara que la generación histórica se sentía tranquila con el futuro de la Patria.

«Es el mayor reconocimiento que puede recibir un joven de estos tiempos, sobre todo si esa apreciación nos llega de una persona tan valiosa y querida. Cuando se aprecia lo que los jóvenes están haciendo en la producción, en la educación, en la ciencia, la cultura, el deporte y en la defensa del país, en el enfrentamiento a la COVID-19, entonces no hay chance para los escépticos».

—Este domingo evocamos una de las fechas más entrañables de nuestra historia: los natalicios de Maceo y Che…

—El Che está en nuestro emblema, como Camilo y Mella. Así fue desde 1968, seis años después del nacimiento de nuestra organización, pues los jóvenes de entonces, como los de ahora, encontraron verdadera inspiración en esos humanísimos héroes, vieron en sus vidas y obras a sus paradigmas, a los mejores ejemplos de compromiso con su pueblo; de amor pleno por la Patria, al punto de estar dispuestos a morir por ella; de querer serle siempre útil.

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«Como ellos, mostrándonos sus grandezas más cercano en el tiempo al surgimiento de la UJC, pudieron haber sido los rostros de Martí, Céspedes y, por supuesto, de Maceo, el eterno Titán de Bronce, los que presidieran nuestro querido distintivo, tan llenos de significados. De hecho, la mayor aspiración de cada militante es parecérseles en su bravura y entereza, en su dignidad y decoro, en ese principio de no claudicar jamás cuando nos quieran arrebatar nuestra libertad.

«Por eso, el 14 de junio siempre constituirá una fecha de reafirmación para los jóvenes cubanos, herederos del legado de Maceo y del Che, ellos nos guían y alientan en las luchas cotidianas, en nuestra batalla porque la Revolución nos siga dignificando como seres humanos».

—¿Alguna vez imaginaste encabezar a los jóvenes cubanos? ¿Cómo asumes esta nueva responsabilidad?

—Siempre me han sorprendido las responsabilidades. Nunca un cargo ha estado en mis aspiraciones. Lo asumo como un deber. Cuando me han encargado una nueva tarea, me ha quedado la insatisfacción de que todavía había mucho por hacer, problemas por resolver, sueños que materializar. Pero la Revolución  y el Partido me convocan y mi deber es estar donde se decida y crea que soy más útil.

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Fuente: JUVENTUD REBELDE

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