NO CODICIAMOS LA MUERTE, DEFENDEMOS LA VIDA

CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS CRÍMENES ESTADOUNIDENSES CONTRA LA HUMANIDAD

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La Red en Defensa de la Humanidad (REDH) conmemora nuevamente la fecha en la que los crímenes de Estados Unidos son condenados por la sociedad global, afectada en grado sumo y diverso por las agresiones unilaterales, hegemónicas e indiscriminadas de una clase dominante con vocación y conducta imperialistas, la que resulta, a fin de cuentas, tóxica para la convivencia universal.

Hoy, 9 de agosto de 2020, se cumplen 75 años del lanzamiento, por parte de Estados Unidos, de sendas bombas atómicas sobre las poblaciones civiles japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en momentos en que ya había finalizado la Segunda Guerra Mundial, lo que refuerza el carácter alevoso del crimen.

En las actuales circunstancias que asolan el mundo, con una pandemia de incierto porvenir y el genocidio cotidiano de la administración de Donald Trump y varios de sus aliados contra sus propios pueblos, la Red en Defensa de la Humanidad no puede dejar de denunciar el deterioro ascendente de las condiciones civilizatorias como consecuencia de la práctica sistémica de los gobiernos estadounidenses desde hace más de un siglo. Las guerras continuas, eufemísticamente llamadas preventivas y –peor aún– ya privatizadas para beneficiar a las élites armamentistas de la mayor potencia global, no han hecho sino llevar muerte, degradación social y penurias de muy diversa naturaleza a infinidad de pueblos pacíficos del orbe. La imposición belicista que Estados Unidos practica como primera potencia armamentista, económica y financiera desde hace décadas, ha crecido hasta convertirse en un peligro para la continuidad de la vida en el planeta y para la existencia de relaciones constructivas entre lxs seres humanos, sometidxs a múltiples desafíos.

El mundo reclama el cese de las agresiones genocidas contra naciones que exigen paz y un tránsito histórico sin injerencias odiosas, violentas y doctrinalmente inaceptables. Ni Cuba, ni Venezuela, ni Irán aman la guerra o la confrontación, y aun así son sometidas a presiones diplomáticas, militaristas y económicas sin precedentes, ajenas por completo a toda forma de derecho internacional. La persecución que Estados Unidos perpetra contra aquel que se oponga a su avasallamiento criminal y opresivo –incluidos lxs jueces del Tribunal Penal Internacional con sede en La Haya– es prueba elocuente del carácter demencial e ideológicamente extremo de esa potencia imperialista. Se trata de un Estado bárbaro y fundamentalista, con un Gobierno y una clase política dominantes que han decidido convertirse en enemigxs de la Humanidad y de toda visión esperanzada de convivencia planetaria.

La REDH condena las nuevas formas delictivas de lesa humanidad con que Estados Unidos ha inaugurado este siglo XXI: el encierro y segregación de niñas y niños inmigrantes, los asesinatos selectivos con armas sofisticadas de última generación, especialmente con drones o aviones no tripulados, los buques-cárceles en aguas internacionales, y los centros de torturas diseminados extraterritorialmente en todo el mundo, para así eludir hipócritas leyes en su propio país. Tales conductas criminales, no son sino una nueva manifestación –entre otras– de la ideología antihumanista y nazificada de la clase dominante norteamericana. Que Washington no utilice hornos crematorios o no recurra a cámaras de gas, como lo hiciera en su tiempo la Alemania nazi para exterminar opositores y toda persona considerada “inferior”, es una cuestión de orden técnico, no moral. También la implicación de encumbradas corporaciones que saquean sociedades y recursos allí donde posan su mirada, resulta parte del repertorio de muerte y calamidades que Estados Unidos despliega por el mundo.

La Red en Defensa de la Humanidad convoca a las fuerzas progresistas del planeta y a toda persona digna y amante sencillamente de la verdad, a no olvidar lo sucedido hace 75 años en Hiroshima y Nagasaki, a no soslayar el inocultable rol imperial estadounidense –como expresión del estado mayor conjunto de los intereses del capital más concentrado– en la arquitectura global, pues sus viles acciones, continuas masacres y prepotencia unilateral han terminado por socavar sensiblemente la construcción de cualquier forma de convivencia política y humana a escala global. Las minorías de la plutocracia estadounidense han demostrado ser fanáticas de la muerte, de la degradación humana y medioambiental planetaria y, por si no bastara para convencer a lxs todavía incrédulos, planificadoras del brutal sometimiento de las mayorías y de su exclusión cotidiana, que encuentra en el auge del racismo su expresión más perversa y obcecada. No perdamos de vista, en este día, que el mundo se encuentra al borde de un colapso surgido del sistema capitalista-imperialista precisamente porque Estados Unidos ha elegido, en el colmo de su esclerosis política, esa vía autodestructiva de la Humanidad como paradójica solución a su irreversible decadencia.

No codiciamos la muerte, defendemos la vida.

Nuestra América, 9 de agosto de 2020

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