EL MITO DE PROMETEO A TRAVÉS DE LENNON. GUILLE VILAR

GUILLE VILAR

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El 9 de octubre John Lennon cumpliría 80 años de edad, razón por la cual nos acercaremos a este popular músico británico que extendiera sus inquietudes como individuo hasta el compromiso con causas justas de estos tiempos. Por lo tanto, no haremos referencia a su obra con Los Beatles y mucho menos polemizaremos en torno a si Lennon era superior o no como músico en relación con Paul McCartney, cuando en realidad ambos funcionaron como los respectivos polos creativos del ying y del yang en el grupo, dinámica indivisible que los complementaba entre sí.

El propio Paul ha declarado recientemente que Los Beatles fueron como un cuadrado, en donde cada uno de ellos representaba a uno de sus lados, por lo que todos tenían la misma importancia como componentes del conjunto. Por otra parte, la presencia de Yoko Ono tuvo una incidencia significativa en la vida de Lennon durante su etapa posbeatle, por lo que resulta imprescindible desenmascarar la leyenda de Yoko como la mujer que separó a Los Beatles.

En realidad, hacia el final de la carrera del cuarteto, ya se habían acumulado suficientes tensiones entre sus integrantes como para querer disolver por ellos mismos semejante entidad, sin tener necesariamente que culparla a ella, difamación que en buena medida ha estado sustentada no solo por criterios racistas, debido a su nacionalidad japonesa, sino también por ser siete años mayor que Lennon y por supuesto, por no responder a los patrones de belleza imperantes en la cultura occidental.

No obstante, John reunía la suficiente integridad como ser humano, para superar todo tipo de obstáculos y convenciones que atentaran contra la estabilidad del amor que cada uno de ellos sentía por el otro, al asumir la plena igualdad de condiciones en una pareja, relaciones que todavía hoy día constituyen un ideal para muchos. Pues, es precisamente esta mujer la que induce en John actitudes en contra de la guerra de Vietnam, como fue la célebre Semana por la Paz, sin salir de la cama de un hotel de Montreal en 1969, momento donde Lennon compone la pieza Give Peace a Chance.

Valga recordar el impacto alcanzado por dicho tema al ser interpretado por el afamado cantautor Pete Seeger ante medio millón de manifestantes por la paz en Washington. Estos son los años en que la pareja de John y Yoko, radicada en Nueva York, hacen públicas otras canciones de carácter progresista como Imagine y Power to the People; participan en marchas en contra de la guerra, además de apoyar explícitamente a movimientos en favor de los derechos civiles de los negros estadounidenses como The Black Phanters, en específico a la activista Angela Davis, quien es homenajeada en el disco Sometime in New York City con la canción Angela.

 Para el entonces presidente de turno, el republicano Richard Nixon, el accionar político de Lennon, se le llegó a convertir en una obsesión al ver en peligro sus pretensiones de salir relecto en el cargo y trata de deshacerse de él por todos los medios, incluso mediante el acoso del fbi para impugnarlo de cualquier delito y así poder deportar a la pareja de Estados Unidos.

Si comparáramos la explosiva convulsión de la sociedad estadounidense de aquellos años 70 con la de nuestros días, veríamos que no hay mucha diferencia entre ambas, pues hasta encontramos matices de mayor agresividad por parte de la derecha reaccionaria que hoy ostenta el poder en las altas esferas de ese país. Tal situación nos conduce a un ejercicio de reflexión, donde trasladaremos imaginariamente a John y Yoko como recién acabados de llegar a Estados Unidos, con la voluntad de quedarse a vivir en Nueva York y motivados por aquel tipo de compromiso social que los caracterizara hace más de cuatro décadas. Seguro estoy de que podemos coincidir en cuál habría sido la incisiva denuncia por parte de un activista como Lennon, ante la indiferencia de un gobierno que hace crecer dramáticamente las cifras de fallecidos por el mal manejo de la pandemia de la COVID-19. Del mismo modo, estaremos de acuerdo con cuál habría sido la posición de John y Yoko ante el movimiento Black Lives Matter como un justo reclamo al cese de la violencia policial en contra de la población negra estadounidense.

Ante semejante escenario, no ponemos en duda que con un presidente tan carente de ética como Donald Trump, incluso más proclive que Nixon a hacer literalmente cualquier cosa con tal de repetir otros cuatro años como inquilino de la Casa Blanca, la supuesta presencia de un artista con la evidente capacidad de influir en multitudes como John Lennon, lo convertirían de nuevo en un sujeto altamente peligroso para la prevalencia de la cúpula gobernante.

Decididamente, quizá la dinámica que envuelve nuestra vida cotidiana no nos permita darnos cuenta de que en la persona de John Lennon somos testigos de la concreción contemporánea del mito de Prometeo. Es el precio pagado por un músico universalmente reconocido que, alentado por sus ansias de aliviar males latentes en una sociedad enferma como la estadounidense, esté condenado a ser asesinado una y otra vez hasta que sus sueños por un mundo mejor se conviertan en realidad.

Fuente: Granma

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