MARADONA Y EL REPROCHE DE MACRON. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Como muchos en el mundo, el presidente francés Emmanuel Macron lamenta la muerte de Maradona y da a conocer un texto demostrativo de conocimientos futbolísticos y no poca sensibilidad poética. Cuarenta y cinco líneas en las cuales traza un perfil del hoy reconocido como el mejor futbolista de todos los tiempos. Sin embargo, en el penúltimo párrafo, pareciera como si un aire inclasificable penetrara por alguna abertura del lugar donde redacta y le tensa el pulso: «Diego Maradona –escribe el presidente– también vivirá esta alegría popular en otros terrenos. Pero sus visitas a Fidel Castro y Hugo Chávez tendrán el sabor amargo de la derrota; es en la cancha donde Maradona hizo la revolución».

La afirmativa tiene el clásico sabor del pistoletazo en medio de un concierto.

¿Cómo es posible estropear el estilo de esa manera?

¿Sabrá el presidente lo que fueron las relaciones humanas entre Maradona, Fidel y Chávez?

Los cubanos lo sabemos muy bien y por eso tenemos el derecho a ofendernos.

Habría que empezar aclarándole que no fueron «visitas», porque no pueden calificarse como tales aquellos encuentros reiterados a lo largo de los años, a cualquier hora del día, o de la noche, y en los cuales irradiaba una admiración propia de hermanos.

Todas esas imágenes, palabras, declaraciones dentro y fuera del país –muchas a lo largo del tiempo– se recuerdan muy bien y desde la muerte del astro argentino han vuelto a cobrar actualidad en el mundo, donde se muestran como testimonio de una fraternidad sin fisura, porque Maradona no solo apostó por las causas de los humildes inherente a cualquier Revolución que se respete, sino que las defendió hasta el último segundo de su vida.

¿Por qué ofender entonces la memoria de nuestro 10 y afirmar que aquellas visitas tendrán «el sabor amargo de la derrota»?

¿Sabor amargo para quiénes y desde qué perspectivas?

Reconocer la Revolución de Maradona solo en el campo de juego y fuera no, ¿por qué?

En fin, y con el mayor respeto para el señor presidente, habría que recordarle que sobran ejemplos de lo que la Historia recogerá como una amistad sincera y libre de habladurías, ejemplos que –como dijera Voltaire– «corrigen mucho mejor que las reprimendas».

Fuente: Granma

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