“YA TE PUEDES IR QUE SE SALVÓ EL ICAIC”. MANUEL PÉREZ PAREDES


Este texto se lo mandó Manuel Pérez a Camilo Pérez Casal con esta introducción: “Hoy se cumplen 50 años de que Fidel fue a la 6B a apoyar al ICAIC. Va mi texto sobre aquella noche y el contexto".
Camilo me lo mandó con el siguiente mensaje: “Me atrevo a sugerirte este extraordinario testimonio de Manolito como entrada. Muy útil en los días que se avecinan”.
Lo he puesto en cuanto lo leí. Y recuerdo que Santiago filmó aquellas palabras de Fidel porque las vi en el ICAIC.

Silvio Rodríguez

MANUEL PÉREZ PAREDES

Quedó en nuestra Historia como el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (23 al 30 de abril de 1971). Se ha hablado y escrito bastante sobre sus repercusiones no solo en el ámbito de la cultura artística nacional.

Ahora, simplemente, me limito a recordar el clima que existía en el salón del Hotel Habana Libre donde sesionaba su Comisión 6B, y la importancia de lo que en ella sucedió.

Vale la pena alguna información previa para contextualizar ese momento.

El Congreso dividió su trabajo en siete comisiones, pero es la número 6 la que centró los debates, críticas y ataques más fuertes en torno a la actividad artística-intelectual en nuestro país en aquel momento. Su tema fue “La influencia del medio social sobre la educación”. La cantidad de ponencias (52) y recomendaciones (974), más la propia importancia del tema, determinaron que los organizadores considerasen recomendable dividir la Comisión. Así surgieron las 6A y 6B. 

El contenido de la Comisión 6A fijaba los siguientes temas: las modas, las costumbres, las extravagancias, la religión, la delincuencia juvenil, sexualidad y desviación.

Yo representé al ICAIC como vicesecretario de la Comisión 6B. En ella se discutieron ponencias e intervenciones especiales relacionadas con la importancia e influencia de la radio, la televisión, la música, el cine (particularmente las películas extranjeras que programaba el ICAIC en las salas de exhibición), y otros medios masivos de comunicación y manifestaciones artísticas. Se debatió con intensidad y pasión la influencia de estos medios en la formación de la población, en particular, la de los niños, adolescentes y jóvenes.

El ICAIC presentó al Congreso dos ponencias: “Para una definición del documental didáctico” de Julio García Espinosa, Estrella Pantín y Jorge Fraga, y “El Cine y la Educación”, escrita por Julio y por mí. Esta última, revisada por Alfredo, fijaba las posiciones de principios de la Institución en su política cultural, tanto en la producción del cine nacional como en la exhibición, desde su fundación hasta ese momento.

Este fue el único punto de debate de la noche del 27 de abril, cuya sesión presidió Raúl Roa.

Media docena de delegados del ICAIC estaban presentes, entre ellos Alfredo Guevara. También una cifra similar, o aproximada, de delegados de otras áreas de la cultura artística.

La inmensa mayoría de los presentes eran pedagogos, educadores y dirigentes de Organismos del Estado y las organizaciones políticas y de masas que atendían el área educacional o cultural. A las sesiones podían asistir también, de acuerdo con el interés de los asuntos a tratar, delegados de otras comisiones.

Por la experiencia de otras discusiones sobre diversos temas de la cultura artística desarrolladas desde el primer día en esta Comisión, se podía prever que esta sesión sería bien polémica. La realidad superó las expectativas.

El debate lo abrió un miembro del Comité Nacional de la UJC de la época. Lanzó, con pasión, una serie de interrogantes críticas sobre algunos planteamientos de la ponencia, en particular, sobre el criterio de diversidad en la política de exhibición del ICAIC, expresada en el cine que se estaba viendo en nuestras pantallas. En pocos minutos se sucedieron diversas intervenciones que añadían opiniones sobre el tema, y predominaron, con matices, las que se identificaban con el planteamiento inicial.

Alfredo comenzó a intervenir y a polemizar, y la discusión fue subiendo rápidamente de tono en el intercambio de criterios. La concepción del ICAIC defendiendo su política era tajante: solamente la diversificación de la exhibición, respaldada por un criterio de selección, tanto cultural como ideológico, teniendo en cuenta lo que ofrecía la producción internacional y, por supuesto, sin ignorar las limitaciones en recursos económicos del Estado, permitía descolonizar las pantallas y contribuir a la formación de un público más culto y preparado en todos los órdenes. No se harían cambios en este sentido, ni la Institución admitiría que comisiones de las organizaciones de masas o políticas (algo que se proponía con alguna insistencia y que también se había recomendado para la radio y la televisión) tuvieran voz y voto en el cine que se importaría para exhibirse en el país.

“Si esto último fuese una recomendación convertida en norma a cumplir, la actual dirección del ICAIC dejaría de existir”, dijo Alfredo. Así es como lo recuerdo, palabras más o menos: “Nosotros no nos vamos a hacer ninguna autocrítica por lo que hacemos, porque somos plenamente responsables de nuestra política cultural”.

Esta posición y el tono en que se expresaba, estaban en correspondencia con el que ripostaban algunos de los discrepantes. Desde mi punto de vista había intervenciones de pedagogos y educadores honestamente equivocadas, resultado de una relación muy reductora de la relación arte-medios de difusión masiva y rol del maestro en el aula; otras, estaban enmarcadas en una confrontación más profunda y tenían que ver con debates de política cultural que se estaban desarrollando, abierta y solapadamente, desde algún momento de 1968. Desde entonces, el ICAIC, por su dirección y por su personal artístico, se había definido como intérprete de una política cultural revolucionaria, enfrentada, por igual, a liberales y dogmáticos.

Sí me preocupaba, desde mi papel de vicesecretario de la Comisión, que Alfredo estaba sobregirado en su vehemencia y contestaba con idéntica crudeza a confundidos y a adversarios hostiles y en algunos casos malintencionados. No estaba a mi alcance, pero seguramente tampoco lo hubiese hecho de haber podido, pasarle un recado para que tuviese matices y mesuras atendiendo al carácter heterogéneo de los que intervenían. Se discutía un destino y él estaba en el vórtice.   

La temperatura estaba muy alta y no bajaba pese a la presencia de Roa. Fue entonces cuando Fidel irrumpió en la sala, acompañado de otros dirigentes del Gobierno y del Partido.

Explicó primeramente su especial interés por el tema que le correspondía esa noche a la Comisión. Se le hizo un resumen de lo acontecido hasta ese momento, y comenzó a orientar personalmente la discusión.

Por supuesto que la sesión prosiguió con mucha más serenidad. De alguna manera, se repitieron los argumentos en pro y en contra anteriormente esgrimidos, y se desarrollaron otros.

Cuando se consideró que la discusión había sido agotada, Fidel decidió hacer una intervención; fue la última de la noche.

De mi memoria y mis notas de vicesecretario, paso a escribir una breve síntesis de lo que él dijo y consideré medular.   

Empezó subrayando que al ICAIC le había tocado uno de los papeles más delicados y más difíciles en este país y pasó a abordar el tema de la responsabilidad específica de esta Institución en la programación de los cines de todo el país con las películas que se compran en el exterior.

Aquí recuerdo yo, para contextualizar el momento, que en la Cuba de principios de la década del setenta se había producido una asistencia desproporcionada del público a las salas de exhibición. La media del cubano como espectador cinematográfico era una de las más altas del mundo. Las razones se encontraban en que las opciones recreativas y culturales se habían reducido notablemente en el país a finales de los años 60, particularmente en las provincias, y el déficit de televisores en las casas era muy alto; terminaba la vida de los de fabricación norteamericana y todavía era muy limitada la entrada de esos equipos provenientes de Bulgaria y de la entonces Unión Soviética. En aquellos años, el entretenimiento y la relación visual y de confrontación con el mundo exterior se daba a través de las pantallas de los cines del país.   

Fidel expresó en un momento de su intervención que entendía que el ICAIC había hecho un trabajo responsable, serio y revolucionario y se le tenía plena confianza en el desempeño de su gestión. Estaba muy consciente de lo difícil que era programar las salas de exhibición de todo el país (120 a 130 títulos) anualmente. Sabía que lo que predominaba como oferta en la producción internacional era cine comercial, cultural e ideológicamente de baja calidad. A esto se añadían los limitados recursos económicos del Estado más la imposibilidad de adquirir, como resultado del bloqueo, el buen cine de los Estados Unidos o el de otras partes del mundo que distribuían sus grandes corporaciones. Apoyó la decisión del ICAIC de servirse de amigos en el exterior para obtener, a través de ellos, copias de algunos importantes filmes norteamericanos de aquellos años que se estaban exhibiendo en nuestras pantallas. Hizo referencia a “La Jauría Humana” (Arthur Penn) como ejemplo de un filme norteamericano que había disfrutado.

Frente a las preocupaciones de los educadores y pedagogos en cuanto a la influencia de los medios masivos en la educación, en particular el cine y la televisión, reconoció sus complejidades, pero subrayó que vivíamos en una etapa de fabuloso desarrollo tecnológico con capacidad para trascender las fronteras. Son las realidades del mundo de hoy, dijo, y no se sabe dentro de 10 o 15 años cómo serán. Llamó a todos a asumirlas como reto a enfrentar y no a esquivar o ignorar.

Más adelante, su intervención debe haber sido de veinte a treinta minutos, retomó el tema de la lucha ideológica en la relación medios masivos, cine y educación, y profundizó más, discrepando de los que aspiraban a una pureza ideológica abstracta, al margen del mundo en que se vive.

No veía otro camino que el de estudiar, criticar y analizar con rigor para aumentar la preparación de todos, jóvenes y adultos. Es la única alternativa posible, dijo, frente al mundo que se nos viene encima.

Anoté textualmente par de momentos de sus palabras, uno es el que sigue: “Hay algunas actividades del mundo moderno donde el vicio está en el aire igual que esos gérmenes patógenos que están en el aire, que están en el ambiente. Y el cine es una de esa manifestaciones que nos traen los gérmenes patógenos que están en el ambiente, y de los cuales realmente por la época en que vivimos no podemos sustraernos”.

Hoy, a más de cuarenta años de aquel debate, con todo lo sucedido a escala planetaria en todos los órdenes, más el extraordinario desarrollo del mundo digital y su incidencia en las nuevas tecnologías de la información, reproduzco el otro momento de su intervención, del cual tomé nota, cuando explicaba la complejidad de la confrontación de ideas e ideologías en el mundo en que vivimos: “Pues entonces nosotros, queriendo mantener al pueblo en una asepsia pura, nos pasaría como a esos muchachitos que los tuvieran en una especie de torre de marfil donde jamás vieran una bacteria, carecerían de anticuerpos de todo tipo y el día en que los sacaran al aire libre, se mueren a las 24 horas. A nosotros desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista moral, nos pasaría exactamente lo mismo, tendríamos un pueblo en asepsia pura”.

Fidel no dejó margen a dudas al valorar el papel desempeñado por el ICAIC y por su dirigente fundador, su alta valoración tanto de la Institución como la de Alfredo, calificándolo como un dirigente serio, responsable y muy capacitado.

Concluyó diciendo que había llegado a esta sesión por una cuestión de justicia a la tarea y el esfuerzo realizado por esta Institución y su dirigente principal, sabiendo los problemas delicados, difíciles, “peliagudos”, recuerdo que dijo, “y por eso yo decidí mi vueltecita por aquí”.   

Creo que sus palabras tuvieron un valor circunstancial importantísimo en aquel momento tan complicado de nuestra realidad, pero también, como se desprende de lo que he recordado y reproducido, emitió criterios que conservan plena actualidad.

Después de concluida la sesión, Fidel conversó informalmente con los asistentes que le rodearon durante un buen rato. 

Pasaba ya la medianoche. Yo empecé a recoger mis notas y papeles de la mesa directiva y Roa, que hacía otro tanto con los suyos, y que estaba a mi lado, me dijo: “Ya te puedes ir, que se salvó el ICAIC”.

Septiembre 22, 2013.

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Comparecencia del comandante Fidel Castro en la Comisión 6-B del Congreso Nacional de Educación y Cultura, 1971. 

Nadie se asuste, que voy a hablar de 15 a 10 minutos nada más. Voy a explicar que en primer lugar nosotros habríamos deseado poder asistir lo más posible a las reuniones, pero realmente por otras actividades que teníamos no era posible. Y desde luego, de haber asistido a nosotros nos habría gustado mucho asistir a ésta… a la famosa… cómo se llama esta Comisión… la 6 ¿no? la famosa Comisión. Porque la Comisión 6 se ha vuelto famosa porque está discutiendo el peliagudo problema de los medios masivos y que viene a ser el problema en general de la cultura y entre la serie de cuestiones que preocupan a la revolución, y entre la serie de cuestiones que preocupan a la revolución, nosotros llevábamos unos cuantos días anteriores al Congreso, discutiendo problemas de este tipo aunque estábamos esperando al Congreso e realidad. Pero como hoy estaba también el problema del cine por medio, yo hubiera querido llegar un poco más temprano para oír todo el debate, pero tenía aquí realmente un interés espacial, lo quiero decir honradamente. 

Y es en relación al papel del ICAIC. Porque al ICAIC le ha tocado uno de los papeles más delicados y más difíciles en este país. Que es el papel, no como creador, porque el ICAIC tiene la tarea de desarrollar el cine en Cuba. Y tiene además una tarea administrativa de las más peliagudas de todas que es el problema de la contratación, distribución y divulgación de las películas, la administración de todos los cines que teníamos en este país, y el mantenimiento de estos cines con una situación de creciente asistencia del público a estos cines. Y es un medio masivo de una importancia grande, sin discusión. El ICAIC, y hay una cosa…  como se ha estado discutiendo todos estos problemas, yo sí tenía interés en expresar nuestro concepto acerca del trabajo del ICAIC en la cuestión del desarrollo del cine cubano. Y nosotros entendemos que el ICAIC ha hecho un trabajo responsable, serio y revolucionario en este campo, y que nosotros le tenemos confianza al ICAIC en el trabajo que ha estado haciendo es más, nosotros consideramos que el cine cubano puede ser un formidable instrumento revolucionario y de gran influencia en la lucha revolucionaria de los pueblos y que una de las mejores formas que ha tenido la revolución de expresar es el cine y de cooperar al movimiento revolucionario. Por ejemplo esos documentales premiados sobre Viet Nam y una serie de documentales muy combativos y de fácil penetración en los países latinoamericanos puesto que se ponen en un lugar donde se habla español, que se expresa en muchas formas, que son fácilmente comprensibles por los pueblos latinoamericanos. Es más, nosotros creemos que en el campo del cine hay muchos valores revolucionarios en América Latina y que en la lucha contra esas tendencias reblandecientes, y esas tendencias colonizantes, que se han dado en llamar __________________, de una manera muy correcta, en los muchos cineastas latinoamericanos vamos a tener aliados en la lucha contra los que han estado representando esa corriente contra nuestro país y contra los países latinoamericanos. Incluso los documentales nuestros se vuelven armas combatientes. Hablo por ejemplo de los documentales. Y también las películas pueden tener el mismo carácter y ayudan mucho a la interpretación, a la comprensión de la Revolución cubana. Los mismos documentales se vuelven instrumentos combatientes. Ese documental que se mandó sobre el asesinato de Schneider que se envió a Chile antes de las elecciones del 4 de abril y que salió por televisión en Chile, fue una verdadera arma en manos de la Unidad Popular y un instrumento político en vísperas de un acontecimiento tan importante como eran las elecciones y porque en realidad el cine tiene esa manera de expresarse tan gráfica que llega tan directamente a las masas. El cine además cubano, no ha hecho más películas por un sentido de la responsabilidad, porque muchas veces nosotros hemos estado urgiéndolo a que trabaje en ese sentido pero ellos han preferido ir despacio por el problema de darle calidad a las películas. De manera que yo quería dejar bien aclarado esto: el papel que ha estado desempeñando y el concepto que nosotros tenemos del trabajo que hace el ICAIC y la confianza que nosotros tenemos en el compañero Guevara, en su trabajo serio, responsable, en su capacidad, que nosotros reconocemos, todos nosotros, en el compañero Guevara. Ahora ellos tienen otro trabajo que es quizás el más polémico de todos que es el problema relacionado con la administración y abastecimiento de los cines en todo el país y no ha duda de que las películas es uno de los vehículos que más influyen. Es más, puede decirse que es uno de los vehículos que más pueden trasmitir el virus de todas aquellas cosas que nos preocupan en el mundo de la ideología capitalista. Porque en el cine, incluso en las películas críticas, las propias películas críticas europeas, son portadoras a la vez de la manera de vida, del estilo, de las modas, de las costumbres de mucha gente. Además siempre están señalando las peores partes y ejercen por un cierto mimetismo una influencia tremenda en la gente y sobre todo en la juventud, porque muchas  veces hasta se les pega lo peor de la película. De manera que no hay duda, y yo estoy seguro que un gran número de familias y prácticamente una gran parte de la ciudadanía tiene que tener preocupaciones serias con relación a las películas que se exhiben. Pero sin embargo, nosotros debemos comprender perfectamente bien cuáles son las condiciones, cuáles son los medios, mediante los cuales nosotros debemos y podemos contrarrestar estas influencias negativas. Porque partimos de un hecho real: estamos viviendo en el siglo XX, y aproximándonos al siglo XXI, con un desarrollo tecnológico fabuloso de los medios de comunicaciones de masa, que son el radio, la televisión, algunos de ellos pasan todas las fronteras. No se sabe dentro de 10 o de 15 años cómo será y esas son realidades del mundo de hoy. Otra realidad del mundo de hoy es el propio cine. En la Edad Media no existía el cine, existía el teatro, existían los circos, pero el cine no existía. Incluso el teatro jugaba un papel mucho más destacado, porque era el medio ese de comunicación de masas de siglos pasados. El cine es un invento más reciente y es un espectáculo de masas tremendo. Y ya era un hábito, además estaba ya todo el… los cines construidos, es decir, que como medio moderno de distracción, como se quiera llamar, o de educación, ya existía el cine. Se podría cuestionar el cine y decir: bueno señores, ¿es conveniente que Cuba tenga o no tenga cine? Dadas las circunstancias determinadas se hace del cine un problema. En realidad nosotros no podemos plantear que no haya cine, es decir, que tenemos que plantearnos el problema partiendo de la realidad de que el cine existe y es una necesidad. Es decir, no es suprimible el cine, no es suprimible, tenemos que partir de esa primera premisa. Ahora, no siendo suprimible el cine, las fuentes que nos abastecen de películas, son fuentes muy complicadas. Al no poderse suprimir, entonces se  nos plantea el otro problema: ¿Cómo puede seguir funcionando el cine en nuestro país? Y cuando vamos a las fuentes que nos dan las películas nos encontramos todos estos problemas algunos de los cuales estaban explicados aquí. Hubo una época en que había un cúmulo de películas de donde se podían sustraer algunas películas de distintos años. Y nos encontramos con estos problemas que caracterizan al cine mundial. El cine socialista solo no nos puede abastecer a nosotros de buenas películas, no nos puede abastecer. Hay algo más. Hay películas socialistas que no son buenas y hay que decirlo, tal vez el compañero Alfredo pues tenga muchos más… pueda considerar que no sea correcto decirlo, yo no considero incorrecto decirlo, porque también realmente hay algunos lugares en que ha habido problemas en algunos países socialistas y hay algunas películas que no son exhibibles, y que se parecen mucho a otras películas capitalistas, sin duda. Esto lo digo aquí, entre nos, si fuera un acto público no lo decía, porque entonces va a parecer que está queriéndose herir, zaherir, agraviar. De ninguna manera. A diez millones de kilómetros de distancia del propósito de herir a nadie. Pero son realidades que nosotros tenemos que comprender. Entonces, hasta el propio mercado abastecedor de cine socialista es limitado. Después queda el cine capitalista con todos sus inconvenientes e incluso muchas de esas películas que son portadoras, como decíamos, de los gérmenes, manifestaciones de las contradicciones de los vicios de esa sociedad. Y después tenemos el cine americano. Quiero decir, que de las mejores películas políticas que he visto en los últimos tiempos se encuentran esas películas pirateadas al cine americano. Y de esa sustracción, o de esa búsqueda, o encuentro, o hallazgo, como lo quieran llamar, de películas americanas de que habló Alfredo, que calificó de robo, yo realmente me considero en parte, en buena parte, autor intelectual de ese robo. Porque cuando hace 10 años los americanos nos bloquearon en materia de cine y no nos contrataban ninguna película y al haber películas americanas científicas, técnicas, de la naturaleza, de muchas cosas, y algunas películas buenas que a veces salen de los propios Estados Unidos, incluso antes, entonces yo le recomendaba que teníamos que buscar la manera de piratearles las películas a los americanos. Tampoco comenten esto demasiado, aunque en realidad hay un buen número de películas americanas pirateadas. Ahora ellos las están administrando con cuidado, porque es un stock y una reserva que tienen y algunas películas son magníficas y quién puede olvidar por ejemplo La Jauría Humana. Esa fue una película que se exhibió bastante y de ese tipo hay ya mejores películas, porque como allí se dan las contradicciones más terribles, algunos cineastas, algunas producciones han sido fenomenales, fenomenales, y plantean problemas. No todas, nadie vaya a imaginarse que entre las cientitantas películas pirateadas, hurtadas, robadas o halladas o conquistadas, como lo quieran ustedes, todas son de ese tipo. Van bajando porque en 100 hay una que es óptima y la última que es ya discutible. Pero hay muchas. Esa es una de las fuentes de películas que ellos han tenido que buscar.

Entonces tenemos esta realidad en el cine, tenemos esa realidad. Ahora, no hay películas de niños, ya eso se explicó. El cine refleja la violencia, a veces refleja una violencia insensata. De verdad que yo me preguntaba cuando se hablaba de los samuráis, los samuráis son películas para menores y para mayores, si esto es verdad, rebela violencia, rebela… si ni siquiera los samuráis se exhibieran aquí, dudo que encuentre el ICAIC películas entretenidas de ese tipo para exhibir en los cines. Dudo que la encuentren. Porque así vamos prácticamente a cerrar los cines. Esa es la verdad. Y después de todos estos problemas un descontento tremendo porque las películas no sirvan. Incluso me recuerdo una época en que había muchas películas de guerra y nosotros habíamos… y ya se empezó a regar la opinión de que era deprimente el cine que se estaba exhibiendo. Esto puede ser más o menos discutible; nosotros teníamos que ver cuanta película de guerra apareciera por ahí, y es lógico. Pero a veces nosotros mismos hemos promovido las películas de guerra. Por ejemplo: La Guerra y la Paz, es una película que tiene bastante violencia, pero ahora viene Liberación. ¿Ustedes quieren película con más violencia que Liberación? Que son batallas de tanques y las más colosales batallas de tanques. Tenemos la violencia en sí misma. Hay dos violencias y hay una violencia que nosotros predicamos y es la violencia revolucionaria, y hay una violencia que nosotros exaltamos, la violencia de los vietnamitas en su guerra de liberación; y hay una violencia que nosotros condenamos, la guerra imperialista en Viet Nam y los bombardeos y toda la violencia imperialista contra los pueblos, y en cambio enaltecemos la otra violencia. De manera que en realidad lo que decía Alfredo era verdad que la violencia está en la vida. Esto no quiere decir, muchas de esas violencias que aparecen en esas películas son insensatas, son locas, son manifestaciones de mentalidades enfermas, de estas películas. Y cada vez que nosotros podamos evitarnos una película de esas, debemos evitarla, pero no están precisamente en la de los samuráis, hay otras películas donde aparecen violencias que al final uno ni entiende aquello y últimamente se pusieron de moda incluso algunas películas en que hasta las mujeres eran violentas: mataban, asesinaban, estrangulaban, dije ¡ay! si en este país se promueve ese hábito entre las mujeres que han sido hasta ahora tan sufridas y todo, óigame, va a haber hasta descuartizados a la inversa porque por lo general hasta ahora todos los descuartizados han sido mujeres, todavía no hay un hombre descuartizado, pero si alguna de esas películas se divulgan aquí va a haber más de un hombre descuartizado, porque más razones van a tener por lo general las mujeres que los hombres para llegar a tales medidas extremas. Esto con el posible voto favorable de las mujeres aquí presentes y algunos hombres honrados. Así que todos estos problemas los tenemos y con estas realidades desde luego van a ser muy difíciles, yo saco esto a relucir porque va a ser muy difícil. Independientemente de que Ichi mate la mosca o no la mate, que es una cosa absurda, creo que hay algunas manifestaciones de violencia más graves y más negativas que las que pueden aparecer en este tipo de película, un poco de entretenimiento. Pero yo a lo que voy es a lo siguiente: como no podemos suprimir el cine, puesto que no podemos partir de la premisa de que el cine debe ser suprimido sencillamente porque las fuentes de abastecimiento no alcanzan para mantener esos cines abiertos y porque la inmensa mayoría de las películas, muchas de las películas van a ser discutibles, creo que nosotros solo podemos seguir la siguiente línea: extremar si se quiere el rigor en la selección de las películas. Hay una cuestión: la reducción de 500 películas a 120 es ya una reducción de verdad… casi máxima. Dentro de estas 120 la selección que pueda hacerse teniendo muy en cuenta todos estos factores que hemos señalado y hacer una selección óptima para mantener los espectáculos abiertos y con alguna calidad hacer eso y entonces que nosotros trabajemos en el sentido de orientar y educar a estos millones de espectadores: por todos los medios a nuestro alcance que van desde la discusión en los círculos de cineastas, que se puede incluir como un círculo más de actividad cultural en todas las escuelas y en todas esas secundarias y en todas partes para orientar, para alertar las conciencias, para crear los anticuerpos en la mente y en la cultura de nuestros ciudadanos a fin de que el efecto nocivo que el espectáculo pueda traer por esas vías no penetre. Desarrollar las defensas en la conciencia del individuo, en la educación del individuo, en la formación del individuo. Desarrollar al máximo a través del análisis, de la crítica, de las discusiones que se puedan hacer, ampliamente, por nuestros medios de divulgación masiva, y en nuestras organizaciones de masas, en nuestras organizaciones estudiantiles, en nuestras organizaciones obreras, CDR, todos. Incluso sería bueno algún debate sobre estos problemas, porque algunas de estas cosas de las que nos enteramos aquí no las conoce el pueblo. Yo no sé las que puedan decirse porque no sé qué trampas hacen los compañeros del ICAIC, de qué manera estafan ellos a los que les contratan las películas, porque creo que tienen que pagar no sé cuánto y más cuánto por el número de lo que ven, y creo que no dan ni los números porque si no van a tener que gastarse no sé cuántas divisas.

Pero me pregunto de si incluso fuera posible algunos debates televisados con motivo de las cosas que se discutieron aquí y que sirvieran para orientar al público, sería muy bueno. Qué problemas hay, cuántas películas de niños se hacen, cuántas películas de entretenimiento, para que todo el mundo sepa y no culpe al ICAIC de que no traen películas de niños cuando en realidad algunas de ellas como decían, no se podían traer, y porque no hay producción de este tipo para que la gente no piense que pueda ser el resultado de una mala política, de una falta de voluntad, y explicar en general los problemas del cine y explicar además todos estos problemas. Porque señores, hay que decir que este es un pueblo que vive en Revolución, un pueblo como este que ha hecho una Revolución, que tiene tantas necesidades que ustedes los maestros conocen más que nadie, y la ven allí en la escuela, la ven en el pupitre, la ven en los medios audiovisuales, en los libros, en las libretas, en todas esas cosas y que saben que nuestro país no se puede gastar hoy por hoy el lujo de vivir como viven las sociedades capitalistas desarrolladas de Europa que son sociedades de consumo. Hay que ver que a este país han entrado 1 000 automóviles en 10 años, 1 000 automóviles, y digamos 50 000 tractores. Yo quiero que alguien me diga si esto hubiera podido ser a la inversa y traer 1 000 tractores y 50 000 automóviles. Nuestras calles están llenas incluso de cacharros viejos, de que a uno le falta el guardafangos, otro está abollado, otro le falta la puerta, incluso se ven por ahí, cacharros de hace 15, 16, 17, 20 años, cacharros viejos. Incluso algunos de los visitantes que vienen de afuera acostumbrados a la fachada capitalista de los carros de último modelo llegan aquí y se traumatizan. Algunos de esos intelectualoides pierden la cabeza, pierden el juico incluso. Porque ellos no salen de aquí de La Habana, ni de La Rampa, ni de ninguno de los lugares esos, ellos no ven una secundaria, una escuela, una campaña contra la poliomielitis, contra la gastroenteritis, ellos no ven el aspecto de las escenas de miles de vidas de niños salvados todos los años por los servicios médicos, la educación generalizada, todos esos problemas ellos no los ven. Incluso la posibilidad de que pueda ver un película un campesino en el Escambray, aunque pueda ser una película de samuráis, incluso. Y con muchachos colados allí, porque lo que pasa es que en el campo cuesta mucho trabajo controlar esos muchachos, eso no quiere decir que haya que abandonar la lucha para que los muchachos… hay que seleccionar las películas en el campo, realmente hay que saberlas seleccionar.  No sé dentro del limitado stock que tiene cómo lo podrán hacer. Pero algunos de los problemas materiales no exoneran a nadie del deber de luchar contra todo esto. Por eso les decía que algunas personas se traumatizan y que esas sociedades capitalistas son la expresión de los consumos de minorías de los consumos de las burguesías, de los consumos de las clases explotadoras. Muchas veces dan sensación de abundancia y entonces muchas de esas cosas pueden hacer una influencia. ¿Qué hacer frente a todo esto? ¿Suprimir el cine? No. Educar, explicar, utilizar todos estos argumentos, hacer conciencia para que precisamente nadie se deje deslumbrar. Un cubano no se debe deslumbrar por lo que aparezca en las calles de Roma, en el corre-corre aquel, en el tipo que le enseña al otro los dos dedos haciéndole bromas por la carretera, queriéndoselo pasar y toda esa competencia, como es la señita esa que le hacen los choferes por allá, la que hacen los italianos esos que corren como loco por las carreteras, ¿no? Y todos esos insultos. Porque muchas de estas películas rebelan eso, lo que está pasando, gente burguesas, parásitos, e incluso las películas que critican a los tipos y que ponen a los tipos que terminan en el suicidio o en muerto en un accidente, todas esas cosas. Películas que tienen un propósito, que sé yo, digamos El Médico de la Mutual, en que denuncia toda la asquerosidad mercantilista que hay en la medicina y que yo creo que es una película muy ilustrativa, pero no por eso deja de aparecer allí la dulce vida de los burgueses y aquella sociedad reblandecida y calles llenas de letreros, edificios fastuosos, automóviles por dondequiera, locos corriendo por las calles, playas llenas de mujeres en bikini, etc., etc. No se trata de ninguna condenación a los bikinis, no quiero que se interprete mal, me refiero a lo que se ve en las pantallas del cine, ¿comprenden? Que son realidades, que hasta incluso esas películas, y pongo por ejemplo El Médico de la Mutual, que vale la pena mostrarla 100 veces porque rebela hasta la falta de armas, la falta de escrúpulos del mundo de la sociedad capitalista, todo el egoísmo que encierra y sin embargo ahí aparecen las otras manifestaciones de la sociedad de consumo capitalista. Y creo que frente a eso tenemos que educar, no tenemos otra alternativa que la educación, la crítica, el análisis, el señalamiento. Creo que es el único camino que nos queda en este cambio. Y hay que tener en cuenta además que nosotros no sabes qué día y por qué medio a lo mejor todos los televisores que se encienden aquí sintonizan todas las películas americanas que debe ser lo peor de lo peor y todos los espectáculos americanos que deben ser lo peor de los peor. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos un pueblo bien formado? Si a esos jóvenes, si a esos trabajadores, no los tuviéramos con una conciencia alerta, bien preparados, y que esas precisamente son las manifestaciones de las contradicciones y de las asquerosidades de esa sociedad. Pues entonces nosotros queriendo mantener al pueblo en una asepsia pura nos pasaría como a esos muchachitos que los tuvieran en una especia de torre de marfil donde jamás vieran una bacteria, carecerían de anti-cuerpos de todo tipo y el día que los sacaran al aire libre se mueren a las 24 horas. A nosotros desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista moral, nos pasaría exactamente lo mismo, tendríamos un pueblo en asepsia pura. Esto no quiere decir ni mucho menos que traigamos el vicio para crear el anti-vicio. No. Pero hay algunas actividades del mundo moderno donde el vicio está en el aire igual que esos gérmenes patógenos que están en el aire, que están en el ambiente. Y el cine es una de esas manifestaciones que nos traen los gérmenes patógenos que están en el aire, que están en el ambiente. Y el cine es una de esas manifestaciones que nos traen los gérmenes patógenos que están en el ambiente, y de los cuales realmente por la época en que vivimos no podemos sustraernos. Por eso el camino es el de seleccionar bien, el de desechar todo lo que no sirva, el mantenernos en un mínimo de películas que tengan calidad, pero además como eso no sería suficiente ni mucho menos, educar. Educar masivamente y educar por todos los medios y evitar que el veneno penetre ante gente inadvertida, ante gente sin argumentos, ante gente que no tenga conciencia y que realmente pueda inferir un daño de este tipo de película. Esto es aparte de los demás problemas menores, de todas esas cuestiones, que realmente la compañera que expresó aquí el problema puede decirse que expresó un ansia de la familia que resulta que el día que pudieran ir al cine, no pueden ir. ¿Cómo hacerlo? Pues también habrá que pensar en soluciones de algún tipo, de alguna manera, las madres trabajadoras que quieran ir a ver una película. Desde luego, también esto tiene que ver con el hecho de que en el país apenas hay lugares de recreación, en el campo, aunque se han ido creando. Nosotros hablábamos del Parque Lenin que sin duda es uno de los lugares, incluso allí en el Parque Lenin tienen un lugar donde pueden jugar los niños. Puede ir el matrimonio y dejar los niños en un punto que se los cuiden y van ellos a ver una película si quieren ir a verla, o van a hacer cualquier otra actividad en el Parque. De manera que tienen quien los cuide. Quizás pueda llegar el día en que incluso al lado de cada cine podamos poner un lugar donde las madres puedan poner, no voy a decir que lo haga el ICAIC, pero puede llegar en barrios obreros, en barrios obreros, yo no dudo en que en uno de esos barrios obreros que estamos haciendo podamos poner el circulito con un turno el domingo a los muchachos. Aunque en general las madres, porque lógicamente puedan tener en un momento dado, el deseo de ver una película, de tener un entretenimiento, pueden invertir los días de recreación con los hijos. Los muchachos se divierten más llevándolos al Zoológico, llevándolo a montarse en un botecito, en general suele ocurrir eso, pero tenemos que contemplar los otros casos, ¿no? de la necesidad. Pero son otros problemas de otro tipo. 

Desde luego yo creo que ustedes los han estado analizando, que los han estado contemplando, pero sí quería advertir y sugerir algunas ideas relacionadas con esta sección del cine, y creo que tal vez fuera conveniente algunos debates públicos pero creo que estos debates realizados por personas bien preparadas sobre determinadas películas pudieran ayudar a crear conciencia en el pueblo y a prepararlo para nosotros optar, y casi sin optar, para nosotros hacer lo único que podemos hacer, que es mantener los cines funcionando y hacer que la población participe y disfrute del cine, que es por otro lado una invención que tiene… magnífica, y que puede aportar grandes ventajas y que puede aportar muchas cosas, porque el cine y todas estas cosas aportan entretenimiento. Y el problema del entretenimiento viene a ser una necesidad vital del pueblo. Es decir, que nosotros en nuestra lucha por fortalecer la conciencia, en luchar contra todos los factores reblandecientes no podemos escapar a las realidades, no podemos olvidarnos de algunas de estas realidades y tenemos que desarrollar las armas idóneas para enfrentarnos a estos problemas.

De manera que eso es muy importante, que nosotros sepamos cómo nos vamos a enfrentar aquí al problema y cómo nos vamos a enfrentar en otro lado al problema y en el otro lado, y creo que cada una de las cuestiones va a tener su modo adecuado y su modo específico de abordarse. El problema de la cultura en general, el desarrollo de las actividades culturales masivas, desde el círculo infantil, que empiece con la música allí, siguiendo por la primaria, por la secundaria, que es lo que queremos hacer, va a sustraer las actividades culturales de manos de élites, va a dejar de ser una cosa tabú, una cosa misteriosa para las masas y que es algo que tiene que ver con las influencias muchas veces negativa de esas pequeñas minorías que ejercen sobre las masas. Y este problema es muy complejo y cada uno de sus aspectos debe recibir un tratamiento especial y el cine tiene estudio y la literatura, y nosotros hemos cometido errores en esto, hemos sido demasiado tolerantes en todos estos problemas, y en realidad hay una cosa que aclarar: hay que luchar contra todas las manifestaciones ideológicas burguesas, capitalistas, imperialistas, en todos los terrenos, en todos los órdenes. Hay que acabar con toda esa tarea de reblandecimiento y luchar por todos los medios contra esto. Pero cada uno de los problemas que son diferentes, requerirá un tratamiento determinado. Y por eso nosotros quisimos una cuestión de justicia a la tarea que ha realizado el ICAIC y el esfuerzo que el compañero Guevara al frente de ese organismo ha hecho y sabiendo los problemas delicados, difíciles, complejos, peliagudos, incluso algunas cosas que él no podía plantear, por eso yo me di mi vueltecita por aquí. Estaba preocupado en determinado momento, que había dicho el compañero Guevara, que estábamos discrepando en casi todos los puntos. No se puede eso interpretar sino como todo lo contrario realmente de lo que pasa y de lo que ocurre, que ha sido el reconocimiento por parte de los compañeros de la Revolución de la tarea que ellos han realizado. Esta es la razón fundamental de mi presencia por aquí. Yo mismo no me explico cómo yo terminé discutiendo ahí puntos del Bloque 1, del Bloque 2. Debe ser el hábito, la manía de parte de uno, discutir sobre estos problemas. Pero en realidad yo no debía haberme metido en esto. El objetivo de mi visita era este, y también por supuesto un contacto con el Congreso, saludarlos a ustedes y además expresar lo siguiente: que yo no estoy aquí porque he tenido que hacer otras cosas, y yo me habría pasado el tiempo metido en esta Comisión 6. Y no es que me desagraden las otras pero sé que aquí está uno de los problemas más difíciles, más peliagudos de todos y más complejos y por donde hay más fariseísmo y por donde más atacan a la Revolución y por donde más la van a atacar a la Revolución. Pero hay una serie de materiales ya elaborados sobre todas estas cuestiones que se van a someter a la consideración del Congreso y que van a justificar el que este Congreso se llama de la Educación y de la Cultura y que en el futuro se siga llamando así. 

Muchas gracias. 

Fuente: Segunda Cita

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