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REDES DE ONG: EL BRAZO “CIVIL” DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE QUE DEFINIÓ EL GOLPE EN BOLIVIA

Mediante campañas en los medios y manifestaciones masivas contra la “corrupción”, por los “derechos humanos”, la “democracia”, la “libertad”, dirigidos al gobierno objetivo, Estados Unidos hace un uso hábil de las ONG para llevar a cabo sus planes, que a menudo apelan a los valores y sentimientos apreciados de la izquierda liberal y el centro-convergente.

Estados Unidos busca derrocar a los presidentes elegidos democráticamente a través de campañas mediáticas de mentiras y medias verdades, incitando el descontento social, deslegitimando al gobierno, provocando violencia en las calles, trastornos económicos y huelgas.

El formato estándar implica el papel de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), el Fondo Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Nacional Demócrata (NDI, por sus siglas en inglés) para ayudar a financiar a las ONG para que hagan el trabajo sucio. Éstas se han convertido en la cara “humanitaria” de la intervención imperialista.

Detrás de la retórica de la “promoción de la democracia”, Washington aspira a imponer regímenes neoliberales que abran sus mercados a los Estados Unidos sin condiciones y se alineen con su política exterior.

En el caso del reciente golpe de Estado en Bolivia, el trabajo de las ONG es una demostración de cómo se aceleran los procesos de desconfiguración del tejido social mediante el financiamiento continuo y el trabajo sistemático de la diplomacia estadounidense en cooperación con actores locales.

ENTRE LO INDÍGENA Y LO AMBIENTAL: CAPÍTULO TIPNIS

El Centro para la Democracia, Avaaz y Amazon Watch, tres ONG financiadas en gran medida por los factores gobernantes de los Estados Unidos (Fundación Rockefeller, Fundación David y Lucile Packard, Fundación Ford y Soros, por nombrar algunas), lideraron en 2011 una campaña internacional contra el líder indígena-sindical Evo Morales y su gobierno. Aquello se centró en las protestas contra la controvertida propuesta del gobierno boliviano de construir una carretera a través del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS).

El referido territorio, que cubre más de 1 millón de hectáreas de bosque, recibió el estatus de territorio indígena por parte del gobierno de Morales en 2009, alrededor de 12 mil personas de tres grupos indígenas diferentes viven en 64 comunidades.

En agosto de ese año, representantes de organizaciones que unen a las comunidades, así como a otros grupos indígenas, comenzaron una marcha a la ciudad capital, La Paz, para protestar contra el plan de la carretera. La gente de TIPNIS tenía preocupaciones legítimas sobre el impacto de la carretera y hubo errores en el manejo del problema por parte del gobierno.

Se iniciaron peticiones internacionales declarando apoyo para esta marcha y condenando al gobierno de Morales por supuestamente socavar los derechos indígenas, entre ellas la del grupo de cabildeo internacional Avaaz y una carta a Morales firmada por más de 60 grupos ambientalistas, en su mayoría fuera de Bolivia, que tergiversaban los hechos y obviaban los repetidos intentos del gobierno de abrir discusiones con los manifestantes.

Ninguna de las peticiones mencionaba el apoyo de los manifestantes al programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD) de las Naciones Unidas, que busca privatizar los bosques convirtiéndolos en “compensaciones de carbono” que permiten que los países ricos y desarrollados continúen contaminando.

Además hubo una confrontación violenta entre los manifestantes del TIPNIS y la policía, fue la oportunidad vital necesaria para intensificar la campaña. Coordinadamente esta campaña se desarrolló en varios centros de medios alternativos como UpsideDownWorld, NACLA, In These Times, ROAR, CommonDreams, Jacobin, WagingNonViolence, Alternet, MintPressNews, incluso Naomi Klein y Real News Network.

Sin embargo, el investigador Federico Fuentes develó el financiamiento de USAID a las protestas de TIPNIS, indicando que “la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), la principal organización detrás de la marcha, no tiene tales reparos [sobre su conexión con Estados Unidos]. En su sitio web se jactaba de haber recibido programas de capacitación de la agencia de ayuda del gobierno de los Estados Unidos, USAID”.

En el sitio, el presidente de CIDOB, Adolfo Chávez, agradece la “información y formación adquirida a través de diferentes programas financiados por colaboradores externos, en este caso USAID”.

También el investigador y analista Nil Nikandrov afirmó:

“Según la periodista y escritora Eva Golinger, USAID invirtió al menos 85 millones de dólares para desestabilizar el régimen del país. Inicialmente, los Estados Unidos esperaban lograr el resultado deseado arrastrando a los separatistas del distrito de Santa Cruz, predominantemente blanco. Cuando el plan colapsó, USAID pasó a cortejar a las comunidades indias con las que las ONG orientadas a la ecología comenzaron a ponerse en contacto unos años antes. Se informó a los indígenas que la construcción de una autopista a través de su región dejaría a las comunidades sin tierra, y que las marchas de protesta de los indígenas hacia la capital que siguió se comieron la imagen pública de Morales. Pronto se supo que muchas de las marchas, incluidas las organizadas por el grupo TIPNIS, habían sido coordinadas por la embajada de los Estados Unidos. El trabajo fue realizado por el funcionario de la embajada Eliseo Abelo, curador de USAID para la población indígena boliviana. Sus conversaciones telefónicas con los líderes de la marcha fueron interceptadas por la agencia de contraespionaje boliviana y se hicieron públicas, de modo que tuvo que escapar del país mientras el enviado diplomático de Estados Unidos a Bolivia se quejaba de las escuchas telefónicas”.

También la Liga para la Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA) se creó con fondos del gobierno de los Estados Unidos. Tanto los cables diplomáticos secretos publicados por WikiLeaks como los archivos desclasificados de Washington han demostrado que USAID apuntó directamente a las comunidades indígenas en un intento por alejarlas del apoyo a Morales y acercarlas a los intereses del Estado profundo estadounidense.

La ONG Amazon Watch se sumó a la campaña de propaganda sin mencionar el papel de Estados Unidos en las protestas, ni que el gobierno de Morales había despedido a varios policías responsables de la violencia no autorizada contra los manifestantes, ni que estuvo de acuerdo con las demandas de los manifestantes.

  • Los financistas de Amazon Watch y Rainforest Action Network (RAN) incluyen a Charles Stewart Mott Foundation (que trabaja con la NED), Richard and Rhoda Goldman Fund, The Overbrook Foundation, Moriah Fund (directores relacionados con USAID y la administración de Bill Clinton), Rockefeller Brothers Fund, la Fundación David y Lucile Packard, entre otros.

En 2013, Pedro Nuni, uno de los indígenas líderes centrales de estas protestas del TIPNIS, defendido por muchos medios alternativos occidentales, anunció que se uniría al partido de derecha Movimiento Demócrata Social (MDS) opositor a Morales, que promovió al gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas. Este junto al fugitivo Branko Marinkovic calcularon mal su nivel de apoyo cuando avanzaron hacia una rebelión violenta contra el gobierno de Morales luego de que no fuera reconocida su iniciativa de estatuto departamental redactada a puerta cerrada.

En el intento de infiltrarse en las comunidades indígenas, la USAID buscó nuevos actores para promover la agenda de Washington con una imagen más representativa de la mayoría indígena boliviana. Un documento desclasificado que divulgó la periodista Eva Golinger esboza claramente la necesidad de dar “más apoyo a los pasantes indígenas de la USAID y la embajada para construir y consolidar una red de graduados que aboguen por el gobierno de los Estados Unidos en áreas clave”.

El documento analiza además la necesidad de “fortalecer la ciudadanía democrática y el desarrollo económico local para los grupos indígenas más vulnerables de Bolivia”. Para USAID, “este programa muestra que ningún país ni gobierno tiene el monopolio de ayudar a los indígenas. El programa muestra que los Estados Unidos es un amigo de Bolivia y de los indígenas…”. Seguir leyendo REDES DE ONG: EL BRAZO “CIVIL” DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE QUE DEFINIÓ EL GOLPE EN BOLIVIA

BOLIVIA: EL GOLPE DENTRO DEL GOLPE. KATU ARKONADA

TUTO QUIROGA 4
Jorge “Tuto” Quiroga,  principal articulador del golpe de Estado en Bolivia y avieso representante de los intereses de EE.UU.
KATU 1¡Yo no soy cualquiera, soy artesano, carajo!

Este grito desesperado del padre de Pedro Quisbert Mamani, asesinado por la represión gubernamental en la masacre de Senkata, sintetiza un proceso de cambio boliviano que los golpistas no terminan de entender. Si algo hicieron Evo Morales y el MAS, por encima incluso de la nacionalización de los recursos naturales o la convocatoria de una Asamblea Constituyente, fue devolver la dignidad a las y los condenados de la tierra, a los nadies, a las clases populares de una Bolivia convertida en Estado Plurinacional.

Mientras tanto, como ha escrito Álvaro García Linera, en el lenguaje político de la clase media tradicional se impone el odio racial. El odio al indio. Se constata que Evo Morales siempre fue la cristalización de los sueños e imaginarios de las mayorías sociales, y por eso el odio focalizado contra él, que es el odio contra todo un pueblo. Pero, además, esa clase media está unida en su odio, y por eso permiten los asesinatos con bala y justifican un gobierno demencial en el que un señor misógino y maltratador de mujeres es puesto a la cabeza de la cacería contra el MAS.

En cambio, lo popular es por definición fragmentado. Pero en esa debilidad está su potencia, y por eso la insurrección popular al golpe, como la del año 2003 en El Alto, está conformada por una red de microliderazgos regionales que ni siquiera el mismísimo Evo Morales puede controlar, mucho menos el gobierno golpista.

Las movilizaciones regionales piden en primer lugar la renuncia de la autoproclamada presidenta, Jeanine Áñez, identificación de los autores materiales e intelectuales del golpe de Estado y las masacres posteriores en Sacaba o Senkata, y el retorno de la democracia y el estado de derecho a Bolivia.

Entre todas estas demandas, quizás la más importante para entender lo sucedido en Bolivia es la de esclarecer quiénes son los responsables intelectuales del golpe de Estado.

No lo es ciertamente Jeanine Áñez, un títere desechable como en su momento lo fue Michel Temer en Brasil. Tampoco Carlos Mesa, que nunca tuvo ningún liderazgo en los días posteriores a las elecciones presidenciales del 20 de octubre, y quien de hecho ni siquiera se puede atribuir el 36 por ciento de los votos obtenidos, pues sabe perfectamente que él sólo concentró el voto anti-Evo, sin que eso implicara ninguna adhesión a su proyecto. Y a pesar de su proyección mediática, tampoco el actor principal de este golpe es Luis Fernando Macho Camacho, a quien le tocó justamente interpretar ese papel, el de un toro que embiste y concentra los focos para que otros puedan moverse en las sombras pasando inadvertidos. Ni siquiera Vladimir Yuri o Kaliman, comandantes en jefe de la Policía y Fuerzas Armadas, detonadores de un golpe cívico, político, policial y militar, se pueden otorgar la responsabilidad principal.

El golpe dentro del golpe de Estado se ha ejecutado de manera impecable, de modo que los anteriores líderes opositores, policiales y militares, creen que son los responsables de haber forzado el asilo político de Evo Morales. Pero las responsabilidades trascienden Bolivia y apuntan directamente a Estados Unidos.

Es sabido que Yuri Calderón fue agregado militar en la embajada de Bolivia en Washington hasta diciembre 2018, y Kaliman fue agregado militar entre 2013 y 2016. También es de sobra conocido en círculos políticos la relación de la Fundación Nueva Democracia, de Óscar Ortiz, con la Fundación Atlas, el IRI del Partido Republicano y la NED.

Sin embargo, el principal articulador del golpe se llama Jorge Quiroga. Tuto Quiroga fue vicepresidente del dictador Banzer, y presidente de Bolivia entre 2001 y 2002. Desde entonces sus vínculos con las diferentes agencias del Departamento de Estado no han dejado de crecer, así como con la OEA, siendo el responsable de la misión de observación electoral que avaló el fraude cometido por Juan Orlando Hernández en Honduras.

Ahora mismo, las principales instrucciones del Departamento de Estado respecto de Bolivia llegan por medio de Tuto Quiroga, quien ha sido no sólo el principal articulador del golpe, sino también el responsable de la autoproclamación de Áñez por medio del ex diputado de Podemos (partido de Tuto) Luis Vásquez Villamor, jurista que encuentra un fallo del Tribunal Constitucional de 2001 (basado a su vez en la Constitución de 1967, sin validez desde la aprobación de la CPE en 2009) que permite a la derecha justificar legalmente el golpe de Estado.

La principal misión de Tuto Quiroga ahora es operar el retorno de la DEA y la Usaid a Bolivia, expulsadas durante el gobierno de Evo, para poder deshacer la situación de poder dual que se vive, donde los golpistas controlan el ejecutivo, pero si siguen manteniendo la represión pronto van a comenzar las fisuras en la policía, y, sobre todo, en el ejército. Del lado del proceso de cambio la situación no es fácil tampoco, pues, aunque hay un control de una parte del territorio y de dos tercios en la Asamblea Legislativa Plurinacional, la polarización se ha transformado en odio y la amenaza de represión gubernamental, también contra diputados y senadores, es un hecho.

Si la contrarrevolución ha triunfado, al menos momentáneamente, por un exceso de democracia, entendida esta como igualación y distribución de la riqueza, como afirma García Linera, la respuesta sólo puede ser una radicalización de las posiciones democráticas. Una radicalización que implique no sólo la rebelión contra la dictadura, sino también el regreso de Evo Morales para pacificar el país.

El factor Evo es decisivo en esta ecuación, si no regresa y se pierde la cohesión en el movimiento popular, lo que ahora es un factor de pacificación, puede ser en el futuro de desestabilización.

Ahora es cuando, toca cuidar a Evo, pero también garantizar su regreso a Bolivia con el debido acompañamiento de la comunidad internacional. El futuro del proceso de cambio boliviano depende de ello.

*Politólogo especialista en América Latina

Fuente: LA JORNADA

RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD: #NoAlGolpeEnBolivia

PRONUNCIAMIENTO URGENTE DE LA REDH

Nuestra América, 9 de noviembre de 2019

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