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AQUELLOS DÍAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

FIDEL EN GIRÓN
Fidel en la batalla contra la invasión mercenaria por Playa Girón, abril de 1961

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2A partir del triunfo de la Revolución, la Biblioteca Nacional se había convertido en uno de los centros más activos de la vida cultural habanera. Cumplía su función de rescate, ordenamiento y preservación de libros, periódicos, grabados, mapas y otros documentos que constituían su patrimonio esencial.

La Biblioteca favoreció el desarrollo del interés por la lectura en niños y jóvenes, al ofrecer las novedades literarias en calidad de préstamo. Abrió áreas especializadas para la difusión de la música y de las artes visuales. Impulsó un trabajo de extensión cultural con los sindicatos. En su teatro, ciclos de conferencias abordaban las más diversas temáticas y se escuchaban las voces de los más prominentes intelectuales que visitaban la Isla.

Bajo la dirección de María Teresa Freyre de Andrade, un modelo similar se implantó en la red de bibliotecas, organizada a través de todo el país. En medio de la efervescencia revolucionaria, abiertas oportunidades hasta entonces inimaginables, se multiplicaba la voluntad de aprender, que incitaba un espíritu de superación permanente.

Por sus dimensiones, por la cercanía existente entre el estrado presidencial y el lunetario destinado a los invitados, favorecedor de un diálogo ágil y carente de excesivas fórmulas protocolares, el teatro de la Biblioteca Nacional fue utilizado para el necesario intercambio de ideas entre la dirección del país y los escritores y artistas, a fin de establecer aspectos sustantivos de la política cultural de la Revolución.

El discurso conclusivo de Fidel se conoce con el nombre de Palabras a los intelectuales. Mucho se ha escrito al respecto en panfletos, publicaciones periódicas y hasta en el mundo académico. Poco se ha hecho para intentar el rescate del decisivo e impalpable ambiente epocal. Corría el Año de la Alfabetización. Acababa de producirse la victoria de Girón. Después de haber implementado fórmulas de subversión de toda índole: asesinatos de milicianos, la explosión del vapor La Coubre, quema de campos de caña o la distribución de un fraudulento documento según el cual las familias habrían de ser privadas de sus derechos de patria potestad, la conocida operación Peter Pan –que envió a un destino incierto a miles de menores de edad– la invasión confirmaba que el imperio había declarado una guerra a muerte contra una revolución popular, agraria y antimperialista.

FIDEL 5

El bombardeo al aeropuerto de Ciudad Libertad indicaba el inicio de la agresión armada. Ante una multitud fervorosa, con los fusiles en alto, Fidel declaraba el carácter socialista de la Revolución.

Transcurridos apenas dos años y medio desde el triunfo de enero de 1959 se habían establecido instituciones fundamentales para ofrecer el sostén indispensable al desarrollo y la difusión de la creación artístico-literaria. Cuajaban proyectos que los creadores habían ido forjando, mediante enormes sacrificios personales, desde tiempo atrás.

En su inmensa mayoría no se habían comprometido con la dictadura batistiana, que tomó represalias con el Ballet Alicia Alonso al privarlo de una magra subvención gubernamental, a la vez que los artistas plásticos de todas las generaciones se opusieron a la bienal patrocinada por los regímenes totalitarios de Franco y Batista.

Nada debían a un capitalismo periférico, vuelto de espaldas al patrocinio de una cultura popular nacional. Sin embargo, existían preocupaciones respecto a la doctrina estética del realismo socialista, implantada como política de Estado en la Europa socialista, devenida freno de la experimentación en el terreno del arte, con graves repercusiones en la vida y en la obra de personalidades de alta significación.

Tal y como se refleja en numerosas publicaciones de la época, entre vanguardia artística y vanguardia política había un vínculo raigal, ratificado en las arenas de Playa Girón, donde la resistencia armada dio lugar a la reafirmación de la unidad entre soberanía nacional y proyección socialista, descolonizadora y tercermundista.

En esas condiciones precisas se configuraba un modelo político afincado en la tradición independentista y en el pensamiento martiano, latinoamericanista y antimperialista. José Martí había sido el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada.

La formulación doctrinaria del llamado realismo socialista se derivaba de errores conceptuales de base. Ante las primeras manifestaciones de extremismo, Lenin percibió la necesidad de defender la obra de León Tolstói. Para algunos, el arte quedaba reducido a un instrumento de propaganda, asentado en las demandas de la coyuntura más inmediata, sin tener en cuenta que cuando la creación alcanza su mayor envergadura se constituye en vía específica de conocimiento que, abierto a numerosas lecturas, sobrepasa las contingencias de su tiempo. Por ese motivo, Don Quijote no ha dejado de cabalgar sobre Rocinante. Por lo demás, la noción de cultura en su dimensión sociológica y antropológica incluye al arte y se extiende mucho más allá.

La composición de los convocados a las reuniones de la Biblioteca era heterogénea. Respondía a distintas orientaciones filosóficas y estéticas. Integraban el conjunto escritores, cineastas, artistas. Entre estos últimos se contaban arquitectos que desarrollaban proyectos de una modernidad que no desdeñaba la continuidad de una cubanía atemperada a las demandas del vivir actual, sin omitir tampoco la edificación de obras requeridas por la industria y la agricultura. Participaron asimismo historiadores.

En esa atmósfera, fueron numerosos los temas sometidos a debate, además del documental que suscitó una significativa confrontación institucional. El modo de abordar la historia fue uno de ellos, centrado en el propósito de dilucidar la contradicción fundamental que había prevalecido en el siglo XIX cubano. Estaba latente, aunque nunca llegó a delinearse del todo, un concepto amplio e integrador de cultura. En ese sentido, el título Palabras a los intelectuales para el discurso final de Fidel resulta particularmente adecuado.

Contiene un resumen de mucho de lo hablado en largas horas de diálogo. Apunta, también, al replanteo de las relaciones entre cultura y sociedad. En su voluntad inclusiva, margina tan solo las posiciones irreductiblemente contrarrevolucionarias. Se coloca en el contexto en el que la agresión imperial planteaba un horizonte de lucha armada, aunque no hubieran llegado todavía los días de la Crisis de Octubre, cuando el mundo bordeó el peligro letal de una confrontación nuclear.

Mucho después, en las duras circunstancias de los 90, Fidel plantearía que la cultura era lo primero que debía salvarse. Treinta años antes, cuando desde la Alfabetización hasta la Reforma Universitaria se impulsaba una transformación educacional a la que todos tendrían acceso, sostenía que la cultura era uno de los tantos derechos históricamente conculcados al pueblo.

La historia no recorre una carretera trazada de manera lineal. En el curso de los años se cometieron errores en la aplicación de los lineamientos definidos en aquella etapa inicial. Más que nunca, las expresiones contemporáneas del gran debate ideológico nos sitúan ante la exigencia apremiante de hurgar en lo más profundo del concepto de cultura para definir su alcance verdadero, desde una perspectiva dialéctica que despeje el complejo entramado de sus interrelaciones en el terreno de la sociedad y de los valores.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA REPÚBLICA NEOCOLONIAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

graziellaMuchos se alegraron al ver izarse la bandera nacional un 20 de mayo. Al mismo tiempo, la desilusión se iba apoderando de las conciencias. La guerra había desembocado en la intervención norteamericana, la imposición de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad Comercial. La Isla quedaba en lo político y en lo económico subordinada al mercado norteamericano y con las tierras invadidas por el latifundio.

El panorama se tornaba más sombrío ante el ascenso arribista y el avance desaforado de la corrupción. El escepticismo, que se fue adueñando de las conciencias, se expresó en la voz de los intelectuales y en una tradición costumbrista que venía del siglo XIX. La imagen gráfica del chivo se asoció al fenómeno de la malversación de fondos públicos. La guataca simbolizó al adulador en procura de privilegios.

La narrativa que emergía entonces centró la mirada en lo social. Desde esa perspectiva, hay que repasar la obra de Carlos  Loveira. El protagonista de Juan Criollo nace en la miseria en tiempos de la colonia. Huérfano, recibe la protección humillante de una familia acaudalada. Al estallar la insurrección emigra con sus protectores a México. Obligado a valerse por sí mismo, se instala en un medio situado en los linderos entre la clase obrera y el hampa. Con el fin de la guerra, regresa a Cuba. Padece la pobreza extrema y el desempleo. No tiene contacto con los poderosos que dispensan favores y trabajo. La representación del espectáculo fraudulento de la justicia decide su cambio de rumbo. Entra en el juego de la politiquería. En pocos años conquista fortuna y poder. Para el novelista, Juan Cabrera se ha convertido en Juan Criollo. La visión amarga del proceso no puede ser más derrotista.

Otros ángulos lacerantes, legado fatal del medio siglo republicano, quedaron fuera de la mirada de los narradores. El racismo se afianzó. La base combatiente del Ejército mambí quedó en el abandono. Las creencias de origen africano fueron satanizadas. Las comparsas se prohibieron. Leyendas atroces en torno a los abakuá se divulgaron por todos los medios. La policía secuestró los tambores rituales. Al cumplirse el centenario del sacrificio de Aponte se desató la llamada Guerrita de los negros, contra los Independientes de Color. Fue un genocidio. Aún no se conocen las cifras de las víctimas.

La discriminación se impuso en el otorgamiento de empleos y en el acceso a muchos lugares. En la década de los 50 —lo recuerdo por haberlo vivido— hubo que librar batallas para que las tiendas aceptaran empleadas no blancas. La fragancia de El Encanto incluía el color de la piel. Entonces, simbólicamente, contrataron a una o dos mestizas. Los  bares adquirieron el nombre de club, con porteros que descartaban a los no admisibles.

Un comité de estudiantes universitarios, animado por Walterio Carbonell y respaldado por Fidel, encabezó una campaña contra esa arbitrariedad violatoria de los principios constitucionales. Algo similar ocurría con el alquiler de los apartamentos en la década de los 50.

La Habana reflejaba la típica imagen de las capitales del mundo subdesarrollado. Mostraba una hermosa vitrina con elegantes edificios de apartamentos, hoteles, cabarés y salas de juegos (algunos en poder de la mafia). Tras esa   vitrina anidaba una pobreza extrema y una extensa geografía prostibularia, y unos pocos burdeles destinados a la clientela rica, con cuidadosa aplicación de medidas sanitarias.

Cuando el triunfo de la dictadura de Batista, la represión  política se añadió a la violencia social. La República entregó héroes y mártires. Muchos sucumbieron bajo torturas atroces. Otros sobrevivieron con sus cuerpos marcados por las laceraciones.

Tras la fachada ostentosa subsistía un mundo campesino de precaristas, carentes de acceso al mercado, a la educación y a la medicina, sujetos a la amenaza del desalojo, con los niños devorados por los parásitos y el raquitismo. La tuberculosis alcanzaba cifras exorbitantes. El país transitaba por una crisis política, social y económica.

Mi padre admiraba en su pueblo la capacidad de reponerse de los golpes infligidos por la historia, de recuperar la esperanza y preservar los ideales de República soberana con justicia social, con voz propia en los foros internacionales y transparencia en la gestión administrativa.

La República nació bajo el signo de la intervención norteamericana. Se estrenaba con ella el primer experimento neocolonial de la historia. Vino el desencanto de la demagogia chambelonera de José Miguel Gómez y con los intereses hegemónicos del mayoral de Chaparra Mario García Menocal; algunos como Enrique José Varona se retiraron de la vida política. Fue una etapa transitoria de escepticismo.

No había concluido el segundo decenio del siglo XX cuando  se manifestaron los síntomas de recuperación. Con las cenizas todavía ardientes renacía el espíritu de lucha y se forjaba una cultura de resistencia. El concepto parece algo abstracto. En mi próxima entrega, intentaré descifrar algunos de sus componentes para entender de dónde venimos. Es preciso recorrer una historia que, si bien tuvo sus altibajos, mantuvo una línea de continuidad.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2019-06-01/la-republica-neocolonial

TENÍA APENAS 42 AÑOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARTÍ RANCA
Obra de Ernesto Rancaño

graziellaCuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

Antes, en los días del Hanábana, José Martí había contemplado con espanto el castigo impuesto al negro esclavo. Desterrado en España, prosiguió el aprendizaje de la historia. Comprendió los rejuegos políticos de liberales y conservadores que en nada se diferenciaban respecto a la necesidad de preservar su dominio sobre la Isla.

Descubrió también la naturaleza del país profundo, por lo cual llegada la independencia, los cubanos no guardarían rencor a los peninsulares que optaran por permanecer en Cuba, modestos trabajadores muchos de ellos. Examinó al detalle la historia viviente de las repúblicas latinoamericanas recién liberadas, para detectar las causas que obstaculizaron la plena realización del proyecto emancipatorio.

Al instalarse en Estados Unidos valoró los avances de la nación en desarrollo en relación con Europa, donde prevalecían regímenes autocráticos, pero descubrió muy pronto el peligro latente en el país que emergía para el futuro de la América Latina. Su saber enciclopédico e integrador y su preclara visión de la naturaleza de los fenómenos financieros le permitieron detectar los peligros que se cernían con la Conferencia Monetaria Panamericana. Su pensamiento de entonces conserva plena vigencia.

En ese contexto, José Martí tenía pendiente la asignatura  Cuba. Había que despejar a fondo las razones del fracaso de la Guerra Grande. No se conocía entonces el patético diario de Francisco Vicente Aguilera, uno de los más poderosos terratenientes de la zona oriental del país. Entregó la fortuna toda a la causa mayor. Por sus contradicciones insalvables con Céspedes y Quesada, fue enviado a representar los intereses de Cuba en el exterior. De una honestidad impoluta, llevaba al detalle las cuentas de los gastos incurridos. Nada guardaba para sí. Se privaba de las atenciones médicas elementales.

A pesar de los bienes heredados, Vicente Aguilera no había completado su aprendizaje en otros países. Desconocía los rejuegos de la alta política. Se vio atrapado en las maniobras de los Aldama, que mucho ofrecían y nada entregaban. Invirtió esfuerzos inútiles con políticos norteamericanos sin desentrañar los intereses reales de los vecinos del norte, nunca dispuestos a reconocer la República en Armas en espera de que la fruta madura cayera en sus manos. Enviado luego a Europa, desconocedor de sus lenguas y culturas, menos pudo hacer. Murió solo, en atroz agonía, devorado por el cáncer.

Martí se dio a la tarea de juntar voluntades, de devolver la fe a quienes la habían perdido. Para ganar la confianza de los veteranos sabía que habría de vencer obstáculos de toda índole. Para los antiguos combatientes era un intelectual inexperto, un improvisado sin experiencia alguna en las armas.

Se dedicó a una incansable labor persuasiva. Inmerso en el dominio de la realidad concreta, en Nueva York, en Cayo Hueso, en Tampa, se volvió hacia los de abajo. Contó con la generosidad extrema de quienes entregaban, sin pedir nada a cambio, los escasos ahorros y ofrecían alojamiento y comida al peregrino de la levita raída.

Centavo a centavo, obtuvo los recursos necesarios. Evitó contraer compromisos que lastraran el futuro de la nación. Trabajaba con sigilo, porque se sabía sometido a una vigilancia permanente. La traición de La Fernandina corroboró sus sospechas. Pero la suerte estaba echada. Había que iniciar la lucha con las manos vacías.

Para hacer patria era indispensable ganar la guerra con esfuerzo propio, libre de intromisiones y compromisos. Parejamente, era impostergable construir conciencia y nutrir el imaginario de la nación. Su palabra fue incansable, para liberarnos del lastre perverso del racismo. Teníamos que librarnos. No hay razas. El combate y la lucha  por la supervivencia en la manigua sería un crisol. La frontera del color era un instrumento del dominio hegemónico que horadaba desde la conciencia prejuiciada la unidad de la nación.

Martí fue reseñando las obras de nuestros escritores y artistas, aunque lo fundamental se revela en su creación personal, en su poesía y en su prosa, desbordante como los grandes ríos del continente, siempre seductora, aunque con frecuencia utilitaria. En sus últimos diarios accede a lo más alto de las letras hispanas. El recorrido de Playita a Dos Ríos, trazado con prisa en los momentos robados al descanso, encuentro tangible con el suelo añorado, con la naturaleza y el escalar montañas que hermana hombres, expresa la plenitud del ser en la fusión del sueño y la realidad.

En lo más profundo del desamparo de la República neocolonial, los intelectuales de la vanguardia iniciaron el rescate de su inmensa obra dispersa. Con el triunfo de la Revolución el trabajo se sistematizó; fueron saliendo sus Obras Completas. Es un capital que no podemos desperdiciar en la reiteración de las mismas citas reducidas a axiomas descontextualizados. Como hiciera en vida, tiene que seguir enseñándonos a pensar, con la pasión que animó su existencia gigante.

Sobrecoge contemplar cómo pudo hacer tanto en vida tan breve. Ante la áspera orilla de Playita de Cajobabo, me sobrevino la imagen del cuerpo endeble, remero inexperto, con las manos ampolladas, que se mantenía impulsando la embarcación al ritmo de sus compañeros de viaje. La férrea voluntad se sobreponía al dolor. Debió sentir una felicidad suprema. En la oscuridad de la noche, percibía la patria cercana.

Fuente. JUVENTUD REBELDE

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

graziella 2La semana laboral transcurre devorada por las múltiples tareas impuestas por mi centro de trabajo. Reservo para los fines de semana el disfrute de establecer este diálogo con interlocutores conocidos y desconocidos.

Es lo que me impide ofrecer respuestas inmediatas a los acontecimientos de la actualidad.

En esta ocasión, aunque hayan pasado muchos días desde su desaparición física, no puedo renunciar a la evocación, desde mi perspectiva personal, de uno de los fundadores de nuestra cultura nacional, de Ramiro Guerra y su contribución efectiva a redondear la imagen de lo que somos.

Todavía muy jóvenes, nos conocimos probablemente en Nuestro Tiempo, agrupación de escritores y artistas progresistas, soñadores de un futuro mejor para la nación y orientada por el Partido Socialista Popular.

Aspirantes a cineastas, teatristas, músicos, escritores y artistas de la Plástica, representantes todos de una vanguardia prometedora, confrontaban ideas y se aventuraban en la experimentación en sus campos respectivos.

Nuestra relación devino amistad verdadera cuando coincidimos en una larga travesía marítima que nos llevaría desde La Habana hasta las costas de Francia. Entonces la aviación civil no era de uso corriente, sobre todo para quienes disponían de pocos centavos, ahorrados trabajosamente, con el propósito de abrirnos a horizontes más amplios, aprender y regresar a Cuba para incorporar los nuevos conocimientos a proyectos de gestación.

El Reina del Mar, con bandera británica, salía de Valparaíso, recogía en los puertos del Pacífico a jóvenes latinoamericanos movidos por inquietudes similares a las nuestras y terminaba el recorrido en Liverpool. En esa ocasión, viajaba también Violeta Casal, la actriz que había representado, con la poderosa expresividad de su voz, los protagónicos de las tragedias griegas estrenadas por Teatro Universitario. Sería más tarde la voz inconfundible que identificaba a Radio Rebelde desde la Sierra Maestra.

En aquellos días difíciles, el ballet Alicia Alonso –despojado de ayuda oficial– sobrevivía con dificultad, aunque hubiera conquistado un sector del público, admirados del talento excepcional de la gran intérprete de Giselle.

En tan ingrato ambiente, Ramiro Guerra soñaba con sentar las bases para el desarrollo de la danza moderna en Cuba. Con el triunfo de la Revolución, los obstáculos se allanaron. Se constituyó el Ballet Nacional de Cuba y en el primer semestre del 59 Isabel Monal recibió el encargo de echar a andar el Teatro Nacional. El edificio de la Plaza de la Revolución era un elefante blanco. Los planos habían desaparecido. La sala Covarrubias resultaba un espacio sordo. Sin embargo, la recién estrenada directora de la institución supo desplegar su capacidad de animadora cultural. Sabía escuchar y se rodeó de un grupo que, desafiando los tiempos difíciles, movido por la fe y la esperanza, había acumulado saber y experiencia. Seguir leyendo EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

 

GRAZIELLA POGOLOTTI

Tenía apenas siete años. Vivía en Italia con mi tía abuela. En la escuela gozaba de mucha popularidad entre mis compañeras. Me sentía muy feliz. En aquel verano de 1939, como siempre, estaba pasando las vacaciones en la aldea natal de mi abuelo paterno. Con el grupito de amigos salía a buscar setas en los bosques. Jugábamos en la yerba recién cortada, apilada para preparar el heno que alimentaría a los animales en el duro invierno nevado. Algunos de aquellos muchachos, lo supe mucho después, se alzarían en la resistencia antifascista y morirían en la contienda.

De repente, estalló la tormenta. En la frontera de Polonia había comenzado la guerra. Para mí, Polonia era el nombre desconocido de un lugar ignoto. Con extrema urgencia había que recoger los pocos bártulos que me acompañaron en las vacaciones, marchar a París y seguir viaje a Cuba. En el tren se mostraban las señales de aquelarre. Jóvenes turistas británicos, convocados al servicio militar, llenaban los pasillos portando shorts y raquetas de tenis. Quizá algunos marchaban hacia la muerte.

En París conocí las ventanas tapiadas, la alarma por amenaza de ataques aéreos a cualquier hora, el refugio apresurado en los sótanos, las máscaras antigás. Después de muchos avatares que he contado en otra parte, llegué a Cuba, junto con mis padres. Portaba una hoja con una foto y un sello oficial que se llamaba pasaporte. Nada sabía de la Isla. Caí en medio de un idioma ininteligible, entre personas y costumbres desconocidas. Tuve que esperar por septiembre del año siguiente para integrarme a la escuela. Un mes más tarde ya había aprendido el significado del 10 de Octubre y algo sabía de Carlos Manuel de Céspedes. Pero el trauma del desarraigo tardó mucho en superarse. Fueron noches de dormir inquieto, de irritabilidad siempre a flor de piel. Me llegaron cartas de mis 40 compañeritas de clases que me recordaban y me echaban de menos. Luego, la guerra impuso el silencio.

Comprendí entonces que cualquier acontecimiento político ocurrido en algún lugar del planeta podía tener consecuencias en mi vida y mi destino. Tenía que aprender y entender.

Fui siguiendo el desarrollo de la guerra en un mapa de Europa. Escuchaba la lectura de prensa. En la medida en que mi nueva identidad me iba entrando en la piel y en el alma, me involucré en los sucesos de la nación. Mientras iba madurando, se acrecentaban mi conciencia ciudadana, mi necesidad de explorar las esencias del país y mi voluntad participativa, mi sentimiento solidario con el dolor de nuestra especie.

Mi vivencia personal contribuyó a que me estremeciera la lectura del diario de Ana Frank, culpable tan solo de haber nacido judía. Comprendí la violencia brutal ejercida a través de todas las formas de racismo. Sobre todo, porque pude palparlo desde la cercanía, me indignó el crimen cometido contra la inocencia de la infancia a través de la llamada operación Peter Pan.

Ante la falacia propagada acerca de la supuesta privación de la patria potestad, miles de niños fueron enviados hacia lo desconocido. Muchos de ellos padecieron las ásperas condiciones de los orfanatos. La gran mayoría quedó marcada para siempre por una experiencia traumática.

Me concierne la política porque tengo que discernir la verdad en un planeta amenazado por la depredación, por la supresión de la diversidad cultural, por la propagación del racismo, por el arranque doctrinal contra los derechos de la mujer, por la imposición de una filosofía basada en el todo vale, por el ascenso de ideas sustentadas por sectas fanáticas, por la reivindicación de las dictaduras que asolaron buena parte de Nuestra América en nombre de una falsa versión de democracia. Seguir leyendo POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

EN LA OPOSICIÓN SE VIVE MEJOR. ROBERTO MALAVER

ROBERTO MALAVER 2

ROBERTO MALAVER 

Amenodoro Valcárcel Villamediana es el presidente de la Organización No Gubernamental –ONG- Organizados Para Pedir Libertad –OPPL-. Está sonriente. Se acaba de bajar de su Mercedes Benz y le dijo a su chofer: “te puedes dar una vuelta por ahí mientras parloteo con este medio masivo de comunicación”. Después de saludarnos, tomó asiento y pidió tomar un café: “si hay, porque con esta situación de desabastecimiento solo se puede pedir libertad, y eso es lo que hace nuestra ONG”- dijo.

“Me voy a sincerar contigo porque eres un viejo amigo -siguió diciendo Valcárcel Villamediana- . En la oposición se vive mejor, porque uno monta su ONG y listo, al momento empiezan a llamarte de todas partes para entrevistarte y lo mejor es que empiezan a llegarte ayudas financieras. Y lo bueno es que, como en este caso, que el Gobierno de Estados Unidos está tratando de salir de Maduro, y eso para nosotros es muy conveniente, porque uno se ofrece, y ellos nos invitan y hasta nos premian, y nos sacan en sus medios de comunicación y eso no da mucha credibilidad. Así que vivimos entregados a luchar por todas las libertades: libertad de prensa, de expresión de pensamiento, de presos políticos, de precios, y somos muy abiertos en eso, y en este país todas esas libertades han sido restringidas, y para eso estamos nosotros”.

Prueba un poco del café que ya, sin darnos cuenta, alguien colocó en la mesa, y dice: “Qué bueno está este café, seguro que es colombiano, porque aquí no se produce nada. Y te sigo diciendo. También uno puede fácilmente colocar un familiar en uno de esos partidos políticos que están luchando a favor de la democracia, y al poco tiempo ese familiar está allí viajando y dando declaraciones y percibiendo un buen sueldo por su trabajo político a favor de la libertad. Porque claro, a medida que vamos trabajando y que conocemos a los dueños de los medios y a los dueños de las empresas y de los partidos políticos, así ampliamos nuestro espectro, y vamos creciendo en familia, eso sí, luchando siempre a favor de la democracia, tú sabes, ese es nuestro caballito de batalla”.

En eso, Valcárcel Villamediana recibió una llamada. Atendió. Esperó y dijo “si, como no”. Me dijo que se iba porque tenía que defender la democracia y me dejó allí con la cuenta del café.

Fuente: ÚLTIMAS NOTICIAS

EN ESPERA DE SILVIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Haydée y Silvio

GRAZIELLA POGOLOTTI

grazkiella-2-1.jpgEl próximo 26 de abril Silvio ofrecerá uno de sus ya habituales conciertos en la esquina de Tercera y Avenida de los Presidentes, en pleno corazón del Vedado. Será  horas antes del sexagésimo aniversario de la Casa de las Américas, la institución fundada por Haydée Santamaría para tender puentes entre Cuba, la América Latina y el Caribe.

El lugar escogido para nuclear a hombres y mujeres de Nuestra América, hasta entonces aislados, era un edificio que había permanecido silencioso durante años. Se nombraba Sociedad Colombista Panamericana y en su denominación podía reconocerse el rezago de plataformas conceptuales de raigambre colonial y neocolonial. Según algunos investigadores, había algo más. Era una pantalla para el trasiego de sobornos, procedentes en ciertos casos, de la atroz tiranía de Trujillo.

En el año del triunfo de la Revolución el país vestía ropajes nuevos. La deuda con el pasado era inmensa. Simultáneamente, la impaciencia por hacer  y el impulso creador contenido se desataron en todas las direcciones. Se rediseñaba y se expandía la educación y se abrían nuevos cauces para la cultura. La visión resultaba integral e integradora. A la necesaria cohesión interna se añadía el proyecto de afianzar la siempre soñada unidad latinoamericana.

Al volver la mirada hacia atrás, la tarea realizada adquiere dimensiones gigantescas. Articulada a un proyecto transformador de enormes dimensiones, la Casa de las Américas acompañó a la Revolución Cubana en el campo de la cultura. Contra todo pronóstico, en la Isla un puñado de guerrilleros había logrado vencer a un ejército profesional armado y sostenido por Estados Unidos.

En las Naciones Unidas, Fidel afirmaba un programa descolonizador y tercermundista. Desde todas partes las miradas se volvían hacia un pequeño país conocido hasta ese momento, acaso, como productor de azúcar y tabaco. En América Latina la resonancia fue aún mayor. Los escritores y artistas cobijaban propuestas renovadoras desprovistas de vías de realización concreta.

Estaba madurando una literatura que muy pronto conquistaría preeminencia más allá de nuestras fronteras. Para la Casa de las Américas la acción inmediata se tradujo en la convocatoria a un premio literario que amplió progresivamente su perfil y ha subsistido, con rostros ajustados a las demandas de cada época, hasta nuestros días. Ofrecía en recompensa una modesta remuneración y la posibilidad de publicar las obras seleccionadas. De esa manera se dieron a conocer autores que hoy son nombres establecidos en nuestras letras.

La capacidad movilizadora se extendió a las artes visuales, a la música, al teatro. No hubo fronteras entre lo culto y lo popular. Resultado de esos vínculos solidarios y de la apertura hacia los más anchos horizontes, la Casa acumula en la actualidad una excelente colección de arte y de artesanía latinoamericanos.

En su sexagenaria trayectoria ha brindado apoyo a la auténtica alternatividad, aquella que anda a contracorriente del poder hegemónico y subsiste en la precariedad material, silenciada por los medios de comunicación dominantes.

Así ocurrió con los teatristas que estaban construyendo nuevos públicos en el continente, bajo las dictaduras y entre las comunidades chicanas y puertorriqueñas de Estados Unidos. Al convertirse en hogar de la nueva canción, obtuvo mayor alcance popular. Su línea editorial fue entregando un panorama de nuestra literatura y de nuestro pensamiento desde los orígenes hasta la actualidad.

Las revistas Conjunto y Casa constituyen desde hace tiempo referencia obligada para los estudiosos  de América Latina. Casa ha concedido siempre espacio a las artes y a las letras, sin soslayar por ello los debates fundamentales en lo concerniente a las ideas. Al repasar sus páginas, se redescubren las complejidades de un pensamiento en permanente desarrollo, registra las señales de cambio sin perder el rumbo del irrenunciable propósito emancipador. Entre los autores que allí aparecen encontraremos una amplia nómina de intelectuales, escritores, científicos sociales, políticos. Muchos, apenas conocidos cuando firmaban sus primeras colaboraciones, se han convertido en figuras de rango internacional.

Pertenece a la vanguardia, término que se ha vulgarizado un tanto, quien se sitúa en la avanzada de una formación. Son los exploradores que perciben lo que otros no advierten. Tal ha sido el papel esencial desempeñado por la revista, encarnación del espíritu esencial de la institución.

Siguiendo su práctica usual, la OEA intentó aislar a Cuba del continente. Sabido es que, sometidos a dictados, todos los países, salvo México, rompieron las relaciones con Cuba. En tan difíciles circunstancias, los intelectuales mantuvieron su fidelidad a los llamados de Casa de las Américas. Ante los obstáculos interpuestos, los amigos de la Casa cruzaban el Atlántico dos veces. Tenían que llegar a una capital europea para emprender desde allí el vuelo  hasta La Habana. Nada impedía seguir juntándose en la Casa de las Américas, la Casa de Haydée, nuestra Casa, el sitio donde la sabiduría de Haydée Santamaría animó un espíritu de quehacer colectivo, despojado de burocratismo, anclado en la pasión, la inteligencia  y la intuición.

El 26 de abril disfrutaremos el cantar de Silvio. En sus piezas más célebres nos uniremos a su voz para rendir homenaje a la Casa de las Américas.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA LECTURA TIENE QUE CONVERTIRSE EN HÁBITO DESDE LAS PRIMERAS EDADES. GRAZIELLA POGOLOTTI

A propósito de la fiesta del libro

NIÑOS LEYENDO

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Arrancó en La Cabaña y prosigue su andar a través de todas las provincias del país. La Feria del libro, como tantas otras que se presentan por el mundo, ofrece la oportunidad para el intercambio entre especialistas de distintos lugares. Es la ocasión propicia para concertar negocios editoriales.

En Cuba constituye, ante todo, una fiesta popular. En la fortaleza situada en la entrada del puerto de La Habana adquiere visos de campismo, de diversión grupal para la familia y la muchachada. Rompe la rutina de la cotidianidad. De esa manera, una vez al año, el libro se convierte en el centro del acontecer. Ocupa un espacio privilegiado en los medios de comunicación. Luego dormitará en los almacenes de las librerías y las bibliotecas.

Sin embargo, en la batalla por conquistar nuevos lectores, ciudadanos activos, bien informados, motivados por la curiosidad y el hambre de conocimientos, dotados de espíritu crítico, capaces de escapar a la manipulación mediática y al imán seductor de la tontería, se impone la necesidad de concretar las políticas culturales en encadenamientos productivos y eficaces con la participación de todos los factores que dinamizan la vida. Poco importa el soporte utilizado, aunque la impresión en papel dista mucho de haber desaparecido.

La lectura tiene que convertirse en hábito desde las primeras edades. Contra la modorra mental, el acomodamiento al uso de resúmenes simplistas, el empleo fraudulento del corta y pega, acicatea la búsqueda de la verdad, desarrolla la capacidad de concentración e impulsa la imaginación creadora. No pueden concebirse una sociedad del conocimiento y una respuesta adecuada a las demandas de innovación científica prescindiendo de esas cualidades. Subestimados por muchos, el arte y la literatura alientan la facultad de soñar. Los sueños preceden la búsqueda de soluciones técnicas. Adelantado de su tiempo, Leonardo da Vinci diseñó artefactos que, siglos más tarde, habrían de convertirse en realidades tangibles. En pleno siglo XIX, Julio Verne relató las aventuras de viajes submarinos y de exploraciones de la luna que cristalizarían mucho después. Ya Félix Varela advertía en su Miscelánea filosófica que los gustos no brotan espontáneamente. Se forman según el espíritu de una época y la consiguiente instauración de modelos.

Para nosotros, las políticas culturales deben orientarse hacia la revitalización de un clima creador. En ese caso, el encadenamiento productivo tiene como punto de partida los planes editoriales formulados en consulta con los consejos asesores y ejecutados por verdaderos editores encargados de la revisión del texto y la elaboración de pautas para el diseño gráfico, atendiendo a las características del destinatario potencial.

Recuerdo al respecto los maravillosos Cocuyo, serie conducida de la mano de Ambrosio Fornet con austero e inconfundible diseño de Raúl Martínez. De formato pequeño conjugaban lo más avanzado de la literatura mundial con páginas olvidadas de autores cubanos. Despertaban en el lector la tentación del coleccionista.

La implementación de una política editorial con el propósito de rescatar los hábitos de lectura, para llegar, como decía la publicidad de un conocido dentífrico, hasta donde el cepillo no toca, requiere conceder la prioridad debida a las librerías y al sistema de bibliotecas públicas y escolares.

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TIEMPOS DE FUNDACIÓN. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Con un inmenso respaldo popular, la Revolución llegó al poder libre de compromisos que la ataran a los desmanes de la política del pasado. Los tenía tan solo con el pueblo y con una historia de independencia mutilada, de inequidad y frustración de un proyecto republicano delineado en un batallar contra el dominio colonial que prosiguió en el siglo XX, a lo largo del cual se forjó un imaginario que alentaba sueños y aspiraciones.

Al arribar a los 60 años de aquella victoria y volver la mirada hacia atrás para valorar un recorrido lleno de obstáculos, la arrancada se perfila como un tiempo de fundación. El nacimiento del Icaic, el 24 de marzo de 1959, colmó muchas expectativas y contribuyó, simbólicamente, a definir el rumbo que tomaría la política cultural revolucionaria.

Las primeras salas de cine se habían abierto entre nosotros casi inmediatamente después de la aparición del nuevo invento. Aparente representación de la realidad  percibida a través del ojo de la cámara, abría las ventanas hacia un universo ilusorio.

Al principio, la imagen mítica de sus grandes días llegaba de Europa. Luego, con la Primera Guerra Mundial, su centro emisor se desplazó hacia Hollywood. Muy pronto sedujo a las grandes mayorías. Con la sustitución del silente por el sonoro apareció un sector del público que se acomodaba mejor a seguir el curso de la narración en español.

La distribución comercial sirvió entonces de base a una producción procedente de México con soporte de corrido y el perfil machista de algunos de sus personajes más reconocidos, así como de la Argentina, consecuente con la gran expansión del tango. Era, sin duda, la expresión artística que por su alcance, su capacidad innovadora y comunicativa configuraba decisivamente la cultura del siglo XX.

Nosotros, los cubanos, pertenecíamos a esa parte de la humanidad condenada, por la falta de respaldo industrial y por nuestra subalternidad dependiente y periférica, a la condición de meros receptores de historias contadas en otras partes. Las pantallas mostraban un universo ancho y, en gran medida, ajeno. Necesitábamos también reconocernos en nuestra voz, nuestra imagen, nuestra sonoridad y nuestros conflictos.

La generación nacida alrededor de los años 30 estaba poblada de cinéfilos y aspirantes a cineastas. Aparecieron los cineclubs y el cine adquirió rango académico en la escuela de verano de la Universidad de La Habana. El tema convocaba al estudio y a la formulación de un pensamiento teórico. En espera de las posibilidades de hacer, ambos fueron madurando en la década del 50.

La Revolución entregó los recursos necesarios. Había que producir con rapidez y eficiencia. Solo Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa habían pasado por un aprendizaje en Roma. Los nuevos cineastas, directores, encargados de la fotografía, sonidistas, productores, todo el equipo técnico oculto tras el resultado final, se formaron sobre la marcha, a través de la realización de documentales y de largometrajes de ficción.

También se fue desarrollando un intenso debate intelectual, animado por el intercambio entre teoría y práctica, por el análisis de las tendencias que dominaban la contemporaneidad, por la relación entre los nuevos lenguajes y la creación artística, y por los desafíos impuestos en un proceso descolonizador.

Investigaron zonas poco exploradas de nuestra realidad, afrontaron la construcción de un relato histórico, plantearon en términos críticos los problemas que entorpecían el crecimiento de un proyecto socialista. Elaboraron, además, un pensamiento original en torno a la relación entre la obra y su destinatario, considerado factor activo en una dialéctica de la creación, nunca consumidor pasivo de un mensaje didáctico y adormecedor. Reaccionaron contra cualquier intento de subestimación del sujeto, potencialmente autocrítico, que ocupaba una butaca en la sala oscura y el que se estaba entrenando en las regiones remotas, carentes de electricidad, donde ese espectáculo estaba llegando por primera vez.

Esencialmente comprometidos con las ideas de la Revolución, se interrogaron acerca del diálogo entre cultura y sociedad con el propósito de encarrilar sus búsquedas en la misma dirección, sin acudir a fórmulas simplonas, sin eludir los desafíos de la complejidad y sin desmedro de la calidad artística.

El sexagésimo aniversario del Icaic coincide con el centenario del nacimiento de Santiago Álvarez, innovador de las fórmulas comunicativas del noticiero y el documental. En el primer caso, estábamos acostumbrados a recibir una información plana, reseña inocua del desfile de los acontecimientos. Santiago propuso al espectador un acercamiento comprometido y crítico de la realidad, mediante el empleo del montaje y de una dialéctica contrastante entre el sonido y la imagen.

El instrumental artístico de la contemporaneidad se puso al servicio del empeño por sacar al espectador de la modorra, de activar la inteligencia y la sensibilidad y hacerlo partícipe del descubrimiento del trasfondo oculto tras los sucesos más significativos de la época. La aventura del conocimiento se sustentaba en el disfrute de la obra hecha con rigor y sin concesiones.

El cine cubano se adentró en la investigación del complejo entramado de la Isla. América Latina, entendida como patria grande, fue su referente inmediato. Estableció un vínculo orgánico con los cineastas que emergían en nuestro ámbito mayor. Con esas premisas, auspició la formación de un público que, todavía hoy, seis décadas más tarde, inclina su preferencia a la obra de nuestros creadores.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA HISTORIA CONTADA POR LOS JÓVENES. GRAZIELLA POGOLOTTI

VILMA 1

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1En lo personal y en lo colectivo, la amnesia constituye una patología caracterizada por la pérdida de identidad. En lo personal se traduce en el olvido del nombre, la procedencia, el lugar donde se habita, los recuerdos que eslabonan nuestra existencia, el conocimiento adquirido y los sentimientos que alientan lo más íntimo del ser. Es un vaciado de cerebro.

La desmemoria corroe, a otra escala, el sentido de una existencia que hemos compartido en el barrio, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la alegría, el dolor y el desaliento. Los recuerdos conforman un legado que se transmite a través de las generaciones en variadas narrativas que evocan las anécdotas del abuelo desaparecido, al álbum de fotos que recoge la imagen juvenil de nuestros padres y fija el rostro olvidado de los niños que alguna vez fuimos.

En la narrativa histórica, lo personal y lo colectivo se entrelazan y la visión del presente se amplía hasta encontrar los pasos perdidos en el pasado más remoto. La desmemoria se convierte así en una forma de castración. Por eso, la necesidad de preservar ese legado concita creciente preocupación.

Muchos se interrogan acerca del modo más eficaz de contar la historia. Valdría la pena recordar que la literatura precedió a la historiografía. Un señor conocido por el nombre de Homero relató la guerra de Troya a partir de la cólera de Aquiles y, más tarde, las aventuras sorprendentes de Odiseo en su regreso a Ítaca. Los recursos de la narrativa contribuyen a despertar el interés del destinatario.

Pero ese no es mi tema de hoy. Adultos al fin, pensamos en el modo de dirigirnos a los jóvenes, apuntalados en nuestro saber acumulado. Sería incitante, sin embargo, dar vuelta a la cámara y estimular a los jóvenes a centrar su mirada en el ayer y proyectarlo hacia el presente desde su propia perspectiva.

La editora Ocean Sur ha realizado un experimento en esta dirección. En su Colección Vanguardia, 60 años de Revolución en Cuba, ha publicado ocho libros de pequeño formato que abordan figuras de indudable relevancia histórica como José Martí, de Yusuam Palacios; Mella, de Yosvani Montano; Fidel y Che, ambos de Rodolfo Romero; Camilo, de Daniela Fernández; Celia, de Daily Sánchez; Haydée, de Ana María Cabrera, y Vilma, de Mónica Corrieri. El espacio no me alcanza para detenerme en cada uno de ellos. Todos responden a similar estructura. Una breve introducción, una cronología y una selección de textos en los que alternan lo documental y lo testimonial.

Prefiero centrarme en la figura de Vilma, por su trayectoria en la clandestinidad, en la Sierra, por su desempeño de avanzada en la construcción del socialismo y por la reciente conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Un lugar considerable en el texto ocupa una larga entrevista. Ahí está Vilma en primera persona, viviente y auténtica, narrando en tono familiar el proceso de su formación. Destinada al ejercicio de una carrera profesional, razones éticas la fueron implicando en la lucha revolucionaria hasta empeñar la vida en las más riesgosas acciones.

La brega por la creación de la Universidad de Oriente formó una verdadera comunidad de profesores y estudiantes. Libre de las ataduras que sujetaban al bicentenario centro de estudios habaneros, Santiago pudo integrar al claustro las personalidades del exilio español y se abrió a un amplio espectro ideológico. La formación en una carrera técnica  no fue un obstáculo para que Vilma desarrollara una refinada sensibilidad artística. Pero el contexto social le imponía otras inquietudes. Al rechazo a los gobiernos corruptos se unió el brutal golpe de Estado de Fulgencio Batista. Involucrada en ese compromiso mayor, Vilma se adhirió al Movimiento 26 de Julio. El 30 de noviembre de 1956 ocupaba, junto con Frank País, altas responsabilidades.

El mismo hablar pausado revela indirectamente el rigor de un pensamiento que presidió las directrices fundacionales de la Federación de Mujeres Cubanas y los ajustes sucesivos a tenor de los cambios introducidos en la sociedad.

Para definir las tareas concretas, el respaldo conceptual dimana del conocimiento de la realidad  del país, del análisis pormenorizado de la historia del movimiento feminista cubano y de las tendencias de avanzada dominantes en el mundo. De esa manera, la práctica se sustenta en una base científica. Los factores subjetivos y objetivos son asumidos en su integralidad y en su interrelación.

En efecto, la mujer cubana, en un contexto de subdesarrollo y cultura machista, había sufrido las consecuencias de la pobreza y la marginación. Era portadora, al mismo tiempo, de una tradición de lucha que germinó en las guerras de independencia, prosiguió durante la República neocolonial, con formas organizativas diversas y con la participación activa en acciones revolucionarias de los años 30, así como en el enfrentamiento a la dictadura de Batista en la Sierra y en la clandestinidad.

Con esos antecedentes, se dotó de oficios a las campesinas, se enfatizó en el acceso a altos niveles de educación y se acrecentó su presencia en cargos de dirección. Pudo entonces elaborarse nuestro primer Código de Familia.

En esa brevísima recopilación, volvemos a encontrar la voz de Vilma, cercana, íntima, viviente y, sobre todo, auténtica, traspasada por la visión de una joven autora que, desde su generación, habla para ella. Tiene  presente los códigos comunicativos de quienes no vivieron en carne propia la lucha insurreccional, los días de Girón y de la Crisis de Octubre.

Para asegurar la continuidad de proyectos revolucionarios en tiempos difíciles, la narrativa histórica tiene en cuenta a los testimoniantes de ayer, pero ha de ser conocida también desde la perspectiva de los que ahora emergen, impacientes por levantar vuelo y asumir, con plena responsabilidad, el papel que les corresponde.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LEO. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Procedentes de distintos lugares, emprendíamos el regreso a La Habana desde el aeropuerto de Berlín. Al llegar, nos sorprendió una mala noticia. Por una de esas frecuentes irregularidades  en el cumplimiento de los horarios establecidos, tendríamos que pasar una larga noche en una triste sala de espera, sin  acomodo previsto para echar un sueñito, privados de alimentos y de agua para saciar la sed. El conglomerado humano era diverso. Creo recordar a la bailarina Josefina Méndez. La irritación acrecentaba el cansancio y el peso de la ropa ajada. Pero, ahí estaba también el maestro Leo Brouwer. Alguien le pidió que tocara algo. Accedió gustoso. Se produjo el milagro. La noche se convirtió en día.

Conservo en la memoria, como tesoro bien guardado, otro encuentro íntimo. Con motivo de un cumpleaños de Alejo Carpentier, Saúl Yelín reunió en la biblioteca del Icaic a unos pocos amigos. Leo tocaría, en un ambiente informal, algunas piezas de su repertorio renacentista, homenaje cómplice a ese músico que el novelista llevaba dentro. A pesar de la distancia generacional existían entre ambos afinidades esenciales. A poco de llegar a Cuba, después de una prolongada estadía en Caracas, Carpentier  descubrió el talento excepcional de un artista que rondaba los 25 años. Había maestría en la ejecución, aportes técnicos que multiplicaban las posibilidades expresivas del instrumento. Había, sobre todo, una inquietud insaciable por explorar nuevos caminos soslayando las tentaciones de la moda, siempre efímeras y veleidosas.

Habían pasado los años de una necesaria reafirmación nacionalista animada por Caturla y Roldán, incorporado el rigor en el dominio de los recursos del oficio por el Grupo de Renovación Musical, llegaba el momento de conquistar la plena libertad en síntesis de lo local y lo universal, de lo clásico y lo contemporáneo. A pesar de su lenguaje aparentemente abstracto, la música, creación artística ante todo, incorpora un sentido de la vida. Leo no cesa de plantearse interrogantes  en su percepción de la literatura, de las artes visuales, del cine. No renuncia tampoco a hacer obra de servicio social. En constante replanteo de una cosmovisión, coincide también con Carpentier.

Discípulo del maestro Isaac Nicola, a los 16 años ofreció su primer concierto en la Sociedad Lyceum. Se vinculó con la Sociedad Nuestro Tiempo, proyecto cultural que agrupaba a artistas progresistas de todas las manifestaciones. Después del triunfo de la Revolución, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para completar su formación en Julliard. De regreso al país, asesor musical del Icaic, ejerció un magisterio al margen de ataduras academicistas. Se trataba nada menos que del Grupo de Experimentación Sonora, a punto de cumplir medio siglo en el año que corre.

El prestigio de su obra como intérprete, compositor y director de orquesta traspasó las fronteras de la Isla. Le otorgó una capacidad de convocatoria que garantizó el éxito de los concursos de guitarra. En los últimos años, ha promovido conciertos protagonizados por figuras de renombre, todo lo cual favorece romper el aislamiento y divulgar las tendencias renovadoras de la música contemporánea.

El talento es una gracia que se nos otorga al nacer. Si no se cultiva, muere por inanición o se estanca, reducido a la repetición de las mismas fórmulas. La cristalización de una obra requiere entrega, disciplina, empeño paciente y sistemático, capacidad autocrítica, antenas abiertas a los más anchos horizontes del mundo, sin dejar por ello de escuchar los rumores de la tierra propia.

Lector insaciable, Leo se vale de su rigurosa formación musical para adentrarse, en plenitud de disfrute, en las entrañas de la literatura. Conservo una carta suya donde comenta que, junto a los textos de autores cubanos, explora los trabajos de Umberto Eco y los cuentos más reciente de Ítalo Calvino.  La vida del espíritu se nutre de los sonidos y los colores de la naturaleza, de la creación humana de acá y de allá, de ayer y de hoy. Por eso, no es una figura mediática. Se mantiene  distanciado de la frívola  espectacularidad  que invade, pervierte y hunde en la desmemoria el mundo en que vivimos.

Por encima de la distancia generacional, el acicate omnívoro de conocer, de indagar acerca del sentido de la vida y acerca de la posible trascendencia de la obra del hombre sobre la Tierra alentaron su diálogo íntimo y cercano con Carpentier. Los textos del narrador cubano le inspiraron las partituras de El reino de este mundo, La ciudad de las columnas, Viaje a la semilla, El arpa y la sombra. Algunas de ellas se conservan en la Fundación.

Leo Brouwer acaba de llegar a sus 80 años. Saberlo vivo e inquieto es una fiesta para todos nosotros, agradecidos por la envergadura de su obra, por su constancia en el hacer una  tarea  que se agiganta con el tiempo y por su  generosa disposición a entregar saber y acción al desarrollo de la cultura nacional.

DIÁLOGO CON FREI BETTO. GRAZIELLA POGOLOTTI

No lo conozco personalmente. He seguido sus pasos a través de su modo de obrar y sus publicaciones. Recién lo escuché en el espacio de la Mesa Redonda de nuestra Televisión. Compartimos, en lo fundamental, nuestras preocupaciones sobre el mundo contemporáneo y el enfoque de los problemas de la educación, situados a contracorriente de las tendencias dominantes en la actualidad.

Coincidimos en defender, cuando gran parte del planeta bordea el abismo, la necesidad de reafirmar la posibilidad de un mundo mejor en el batallar martiano a favor del mejoramiento humano, razones de mi apego tozudo al magisterio como vía de diálogo con las generaciones emergentes.

Junto a Frei Betto, a riesgo de parecer anacrónica, sostengo el rescate de un proyecto humano volcado hacia un horizonte utópico, y por la búsqueda de una felicidad verdadera cimentada en el derecho a soñar, en la participación social responsable y en los valores del espíritu. Lo hago sin desconocer los datos de una realidad que a veces nos abruma, signada por carencias materiales y conductas condicionadas por apetitos insaciables, la envidia, la mezquindad y el arribismo.

Sin embargo, la realidad no se define por el contraste primario entre blanco y negro. Tras la tempestad, se ilumina la hermosa variedad cromática del arcoíris. Las secuelas del devastador tornado que se abatió sobre La Habana ofrecieron una muestra palpable de la diversidad de comportamientos. Se manifestaron los indiferentes y los aprovechados. Se manifestaron también quienes entregaron horas de desvelo a las tareas restauradoras más urgentes y quienes movidos por el impulso de una solidaridad espontánea prestaron ayuda a los más necesitados, ofrecieron agua al sediento y pan al que nada tenía, quienes contribuyeron, en el fango y a mano limpia, sin demandar reconocimiento alguno, a levantar escombros. Muchos eran jóvenes, de esos que observamos con mirada crítica por el modo de vestir y de acomodarse el cabello.

Las palabras de Frei Betto me inspiran una reflexión. La ciencia pedagógica es uno de los puntales básicos de la filosofía. Ambas tienen como propósito desentrañar el sentido de la vida de los seres humanos en la Tierra.

Por ese motivo, no son neutrales. Se comprometen en la política, considerando este término en su acepción más abarcadora, aquella que procede de su origen etimológico, la polis griega. Maestro itinerante, Sócrates fue condenado a muerte. Asumió su destino con la mayor serenidad. Tuvo que beber la cicuta. Giordano Bruno fue condenado a la hoguera. Para proseguir su obra, Galileo Galilei se retractó.

En los días que corren, neoliberalismo y humanismo —concepto este que no debe confundirse con humanitarismo— responden a posiciones antagónicas irreconciliables. En el terreno específico de la enseñanza, el primero propone la producción de especialistas al servicio de las demandas transitorias del mercado laboral. En el segundo caso, se trata de formar a personas para alcanzar el pleno desarrollo de sus facultades, conscientes del proceso histórico, capaces de discernir con espíritu crítico entre la diversidad de caminos que se bifurcan, responsables de sus actos en lo personal y en lo social. Ambas posiciones tienen su correlato ético. El neoliberalismo exacerba la competitividad, el individualismo exalta el triunfo de los más fuertes sobre los perdedores, débiles y vulnerables. Para lograr esos fines todo vale.

Pocos recuerdan a Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Acogió al niño para nutrir su inteligencia, su espíritu y su corazón. Adelantado a su tiempo, fue un precursor. Viajero infatigable, su mirada se proyectó hacia el futuro de nuestra América cuando aún no se habían iniciado las guerras de independencia. Conocía a fondo las tendencias de pensamiento dominantes en Europa. Intuyó las fisuras en la obra de los enciclopedistas, la empresa gigantesca que definió el llamado Siglo de las luces.

En una Francia que incorporó las ideas mercantilistas a partir del programa implantado por Colbert, intendente de hacienda de Luis XIV, los enciclopedistas establecieron una noción de progreso bajo el impulso de la técnica divulgada a través de las espléndidas ilustraciones que acompañaban su gran libro. Discrepante, pobre y solitario, Juan Jacobo Rousseau indagó acerca del origen de la desigualdad entre los hombres, renovó los conceptos prevalecientes sobre la educación y rindió culto a la naturaleza.

Al emprender el camino hacia Roma, donde el Libertador haría su célebre juramento, en marchas emprendidas en gran parte a pie, como peregrinos del saber y de la emancipación humana, Simón Rodríguez impuso un rodeo. Había que pasar por Ginebra, patria chica de Rousseau, para inclinarse ante la memoria del autor de Las ensoñaciones del paseante solitario, Las confesiones y Emilio.

Quise ser maestra. Cuando me someto, como siempre lo hice, al cotidiano examen de conciencia, no dejo de preguntarme si he cumplido mi propósito de manera cabal. Subestimado, mal remunerado en todas partes, el magisterio, más que oficio, es tarea de misionero. Se ejerce dentro y fuera del aula. Lo hizo Fidel con sus compañeros en la prisión de Isla de Pinos. Lo siguió haciendo ante las multitudes de la Plaza, a través de las pantallas de la televisión y en los grandes foros internacionales. Nos estaba enseñando a pensar.

Coincido con Frei Betto en que el cerebro no se reduce a un almacén de conocimientos inertes. No predico la ignorancia. Todo lo contario. Pero, el saber verdadero pasa por la mente y el corazón, es el nutriente esencial de la vida y del espíritu, lo más hermoso que guardamos oculto en nuestro interior, tal y como decía Martí a María Mantilla.

Mi residencia está en la Tierra, cuando mi tiempo se abrevia, cumplido ya mi tránsito mayor. Reclamo junto a Frei Betto la necesidad de no caer en las trampas seductoras de una supuesta modernidad, de seguir andando con la mirada puesta hacia adelante, hacia un horizonte donde perdura la llama de una utopía que ha de convocarnos a la salvación de un planeta amenazado.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

EL PASO DE LOS VIENTOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

Dicen que, en días claros, desde Punta de Maisí puede observarse la costa de Haití. Es nuestro vecino más cercano. Hace poco, una breve nota informaba que en el año en curso se conmemoran los 215 de su independencia, la primera en la América Latina y el Caribe. Fue mucho más. Inició en el nuevo mundo las luchas por la emancipación. Liberó a los esclavos, lo que no ocurriría en Estados Unidos hasta la época de Lincoln. Muchos olvidan, además, los estrechos vínculos del devenir económico, social y cultural de la isla vecina con la historia de Cuba.

Privados de sus privilegios por la insurrección armada, numerosos colonos franceses emigraron a Cuba. Con ellos llegaron algunos de sus esclavos. Fundaron cafetales donde construyeron mansiones que en unos pocos casos sobreviven y constituyen hoy parte de nuestro patrimonio cultural.  Introdujeron costumbres, así como expresiones  musicales y danzarias. Dejaron su marca en el Tivolí santiaguero.

Esa presencia, unida al trasiego de los militares, dio lugar a que llegaran a la Isla noticias de la insurrección libertaria. La censura  española no pudo contener el andar de las ideas. Hubo que implantar el terror mediante la represión, que llegó a su punto máximo con la Conspiración de la Escalera. Su ramalazo colateral se hizo sentir en los criollos reformistas.

Domingo del Monte se marchó de la Isla para no regresar. El golpe mayor se abatió sobre la capa de negros y mestizos que se desempeñaban como músicos y artesanos, entre ellos, como figura prominente, Gabriel de la Concepción Valdés, el poeta Plácido.

Las consecuencias de la insurrección en la isla vecina tuvieron repercusiones en el diseño de nuestra economía. Sus efectos configuraron los avatares de nuestra historia. Cuba desplazó a Haití como proveedor de materias primas, devino productora de azúcar subordinada a las demandas del mercado mundial, a la vez que importadora neta de alimentos y de bienes manufacturados multiplicados por la primera Revolución Industrial. Con ello, acrecentó  su demanda de mano de obra barata. Por vías legales e ilegales, se agigantó la trata de esclavos.

La deformación estructural se agudizó en el amanecer de la república neocolonial. Sobre un país arruinado por la guerra, el capital norteamericano expandió la producción azucarera con la compra de latifundios y la erección de grandes centrales en las provincias orientales. No faltó la United Fruit, la célebre Mamita Yunai, ya instalada en Colombia y en la América Central.

Con la primera conflagración mundial, el alza de los precios del dulce estimuló el aumento de la producción. Hizo falta mano de obra barata. Abolida la esclavitud, contratos leoninos reclutaron antillanos. En virtud de la cercanía, fueron  numerosos los  haitianos. Con la caída de los precios al término del conflicto bélico se impuso la repatriación forzosa, aunque algunos lograron radicarse definitivamente en Cuba. Fundaron familias y contribuyeron a la configuración de nuestra diversidad cultural. A pesar de todo, a través de los años, siguieron llegando como trabajadores temporeros o como emigrantes.

A la vuelta de los 40 del pasado siglo, según los reclamos del mercado laboral, los trabajadores temporeros haitianos seguían viniendo a Cuba. La influencia de las ideas recorrió un camino inverso.

El movimiento sindical había cobrado fuerza en la Isla, sobre todo en el sector azucarero.  Los que regresaban a Haití eran portadores de la lección aprendida entre nosotros. Dos narradores fundamentales de la nación vecina, Roumain y Alexis, relataron en sus obras el impacto recibido por esa experiencia. Entonces, ya se había establecido una relación entre los intelectuales de acá y de allá.

Como suele suceder en un contexto neocolonial, esos vínculos se anudaron en territorio metropolitano. En París, donde se instalaron por motivos de estudio o de persecución política, compartieron inquietudes y descubrieron en ese intercambio la plataforma subyacente en la América Latina y el Caribe. Encontraron en la antropología una herramienta útil para entender las claves de nuestras culturas.

La Segunda Guerra Mundial motivó, en términos del poeta martiniqués Aimé Césaire, «el regreso al país natal» y su redescubrimiento a partir de la perspectiva adquirida desde la distancia. La coyuntura propició asimismo el desarrollo de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Haití, que tuvieron un efecto significativo en el plano cultural.

Una suave, tierna línea de montañas azules. Nicolás Guillén y Haití, estudio premiado por la Casa de las Américas, de Emilio Jorge Rodríguez, uno de nuestros más prestigiosos investigadores sobre asuntos caribeños, aborda con detalles este tema. Nicolás Guillén viajó a Haití. Alejo Carpentier lo hizo algo más tarde. La presencia de ambos escritores dejó una marca profunda en el país vecino, donde desplegaron una extensa actividad, ahondaron las relaciones con los intelectuales al otro lado del Paso de los Vientos y profundizaron en el conocimiento de la singular contribución de sus antropólogos.

En Carpentier, las consecuencias de ese impacto cristalizarían en la escritura de El reino de este mundo, punto de partida de su obra mayor, texto renovador de la novela histórica articulada a través de un hilo conductor trazado por el esclavo Ti Noël, puente tendido entre la creación literaria del Caribe y la América Latina.

Por vías del azar, las efemérides sugieren coincidencias que incitan a la reflexión. En el 215 aniversario de la independencia haitiana se cumplen 60 años de la publicación de El reino de este mundo. El entrecruzamiento de ambos aconteceres evidencia la profundidad de los ligámenes históricos y culturales que unen nuestro Caribe.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

HOMENAJE A LA CIENCIA CUBANA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

graziellaCiencia, cultura y educación son ramificaciones de un mismo árbol. Las raíces se hunden en lo más fecundo de la tierra y el tronco se nutre de lo más avanzado del mundo, tal y como pensaba José Martí. Cuando la idea de la nación era todavía sueño de poetas que empezaba a adquirir voz propia en el verso de José María Heredia, la matriz de todo había estado en el pensamiento filosófico de José Agustín Caballero y Félix Varela, que sacudía las prisiones del dogmatismo imperante para afincar acción y prédica en la enseñanza.

Se comenzaba entonces a pensar y sentir en cubano. Con vocación de servicio, volcado hacia la salud y el bienestar del país, Tomás Romay introdujo la vacuna contra la viruela. Para conocer el perfil de la Isla, Felipe Poey se dedicó al estudio y descripción de los peces. Como ocurría en los campos de la cultura y la educación, se trataba de esfuerzos individuales, mientras la universidad permanecía anquilosada. Unos pocos podían marchar al extranjero para completar su formación e introducir en la Isla las ideas de renovación.

El médico Albarrán entregó sus aportes a otros países. Poco reconocimiento ha tenido, más allá de nuestras fronteras, la decisiva contribución de Carlos J. Finlay en beneficio de la humanidad, toda vez que viabilizó, entre otras cosas, la construcción del canal de Panamá al descubrir las vías de contagio de la letal fiebre amarilla.

El panorama no cambió mucho durante la República neocolonial. El coloniaje se traduce en subdesarrollo. La dependencia opera en el campo de la economía, reduce los países a la condición de productores de materias primas con escaso valor agregado y coarta el impulso a la formación de un pensamiento científico propio.

A pesar de las buenas intenciones de Enrique José Varona y del impulso transformador de Julio Antonio Mella, la Universidad alentó el espíritu revolucionario, pero no pudo modificar su estructura y sus funciones. Egresaba médicos, abogados y contadores. No había lugar para economistas, biólogos, sicólogos o sociólogos. Preparaba graduados en ciencias físico-matemáticas y físico-químicas cuyo destino profesional se limitaba al ejercicio de la docencia en la enseñanza media. No había laboratorios ni demanda laboral para la investigación científica.

La Revolución asumió el desarrollo de la educación y de la ciencia como elementos sustantivos e inseparables de su proyecto emancipador. La Campaña de Alfabetización ofreció nuevas oportunidades a los marginados de ayer. Seguir leyendo HOMENAJE A LA CIENCIA CUBANA. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS

MARLON BRANDO
Marlon Brando Autor: LAZ 

CIRO BIANCHIDicen que aquella visita fue consecuencia de una apuesta. Marlon Brando compartía con amigos en un cabaret de Miami cuando uno de los del grupo se explayó sobre la música cubana, el danzón, el bolero, el novedoso chachachá y de la música afro con sus tumbadoras, bongoes, quijadas de burro.

—Con gusto me iría ahora mismo a La Habana —exclamó el famoso actor de Nido de ratas y Un tranvía llamado Deseo, que había escuchado extasiado el recuento. Vestía pantalones de vaquero, zapatos tipo tenis y abierta camisa deportiva.

—¿Por qué no lo haces así como estás vestido? —inquirió alguien.

—¿Apuestas algo?

—Lo que quieras…

—Pues… a La Habana me voy.

Con aquel vestuario informal, Brando se fue al aeropuerto para coincidir en la sala de espera con Gary Cooper que, vestido de manera impecable, era como el reverso de la medalla. También viajaría a la capital cubana el laureado intérprete de El sargento York. En la terminal aérea habanera los entrevistaría el periodista Alfredo Guas para la emisora radial del aeropuerto.

—Vengo a visitar a mi amigo, el novelista Ernest Hemingway —declaró Cooper.

Brando expresó por su parte:

—Vengo a ver bailar la rumba. A practicar el toque de las tumbadoras y a comprarme un par de bongós.

Iba a hacer realidad un sueño largamente acariciado. Desde sus días de estudiante en Actor Studio, y tal vez desde antes, sentía afición por la música afrocubana, y no era raro que acudiera al Palladium, en Broadway, a bailar al compás de ritmos llegados de la Isla. No pocos de los que volvían de La Habana lo hacían deslumbrados por los tambores que les fue dable escuchar en las casi marginales «fritas» de Marianao, aquellos pequeños y rústicos centros nocturnos que se alineaban entre las dos rotondas de la Quinta Avenida, desde el Rumba Palace a El Niche; paradójicamente frente por frente al Coney Island y al Habana Yacht Club, la instalación recreativa más exclusiva de la capital. Se moría, sobre todo, por conocer y escuchar a Silvano Shueg, el percusionista santiaguero, más conocido como Chori, y que era capaz de sacarle música a los objetos más insospechados.

Puñetazos en Sans Souci

Marlon Brando desconcertaba a los que lo trataban. Ídolo de las multitudes, parecía sin embargo vivir agobiado por su nombre y cansado de la fama. No era remiso a confesar sus ganas de abandonar el cine para, libre de miradas y opiniones ajenas, vivir su propia vida. Se sentía demasiado escrutado por gente que llevaba la cuenta de los pocos romances que se le conocían y el tibio entusiasmo que mostraba por sus parejas. Un día se sintió tan desconcertado que corrió a esconderse en casa de su sicoanalista. Después de todo, él no era culpable de que le exigieran más de lo que quería dar, como aquella vez que el director cinematográfico Elia Kazan le pidió que visitara a Tennesse Williams. El afamado dramaturgo se deslumbró con la buena pinta del muchacho y demoró menos de un minuto en ofrecerle el protagónico en Un tranvía llamado Deseo.

Tratando de mantenerse en la sombra, Brando  buscó alojamiento en La Habana en un hotel de tercera fila en el que se registró como Mr. Baker. Era el 19 de febrero de 1956. No demoró en ponerse en contacto con Clemente «Sungo» Carrera, un pelotero cubano que jugaba en las Grandes Ligas. Esa misma noche irían al cabaret Sans Souci, en la carretera de Arroyo Arenas. Brando quería saludar a la actriz y cantante Dorothy Dandridge, la estrella del show que el centro nocturno tenía en escena, y de paso explorar si alguien conocía de algún bongó en venta. Un bongó ya «curado» por un buen músico cubano.

El bongosero de la orquesta no quiso vender el suyo, y no había nada en venta, que se supiera. Brando no se interesó por ninguno de los instrumentos que los integrantes de la orquesta trataron de meterle por los ojos. Pero el ir y venir de los músicos hasta aquella mesa, llamó la atención del fotógrafo del cabaret, que no demoró en identificar al actor y comenzar a acribillarlo a flashazos. La intrusión sacó de quicio al artista; hubo palabras fuertes y algún que otro puñetazo, mientras que Dorothy trataba de calmar los ánimos desde la pista y Sungo sacaba del establecimiento a su indignado amigo.

Tampoco tuvo suerte Brando en Tropicana, pero allí el maestro Armando Romeu, director de la orquesta de la instalación, le informó que su amigo Armesto Murgada tenía unos bongós muy buenos, aunque desconocía si los vendería. Seguir leyendo MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS

EL COLOR DE DICIEMBRE. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

Graziella-Pogolotti-ddsilueProbable señal del cambio climático que se cierne sobre el planeta, el frío de nuestro invierno tropical demora cada vez más en llegar. Las temperaturas bajan en un breve parpadeo, aunque los días son más secos y persiste la particular transparencia del aire con su característica luminosidad que matiza el color de diciembre, definido también en el plano de la subjetividad por las expectativas  del asueto en el año que termina. Se formulan proyectos, variables según las edades, los grupos sociales y los rasgos individuales.

Hay hábitos que se transmiten por tradición. Los puntos cardinales se sitúan en extremos no excluyentes como la búsqueda de la euforia y la evasión en los festejos sobrecargados de alcohol y el rencuentro en el terreno más íntimo del grupo familiar, apremiante en los  provincianos que habitan la capital y regresan a su lugar de origen.

Pero el mundo es más ancho de lo que parece. Ofrece otras opciones de disfrute que requieren un proceso de aprendizaje que debiera comenzar por la familia y la escuela y sostenerse en una política informativa orientada en esa dirección.

Semana tras semana, existen numerosas propuestas musicales, de espectáculos, muestras de nuestras artes visuales, presentaciones de libros novedosos. Las carteleras, necesarias, se limitan a nombrar las cosas. Son útiles para el destinatario informado, quien busca en ellas lo ya conocido, lo que le interesa de antemano. Poco ofrece al que carece de las referencias indispensables. Seguir leyendo EL COLOR DE DICIEMBRE. GRAZIELLA POGOLOTTI

FESTIVAL 40. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Muchos reservaban sus vacaciones para disponer, en ese suave diciembre invernal nuestro, del tiempo necesario para ingerir, desde horas tempranas hasta la noche bien avanzada, la variedad de opciones que animaban el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Para los cineastas del subcontinente, la ocasión propiciaba el encuentro excepcional con espectadores ávidos, críticos, entrenados en la lectura de propuestas reveladoras de realidades complejas. Ocultos en el anonimato de la sala oscura recibían la más codiciada compensación, al cabo de un arduo trabajo para procurar los recursos mínimos y completar el proceso de realización de la obra con las reacciones del público ante cada secuencia. Habían encontrado al interlocutor deseado, capaz de dar feliz término  al proceso de creación.

Ese público cualificado se había ido formando mediante la aplicación de una política implementada en los intensos años 60 del pasado siglo. Los cubanos habían sido consumidores de cine en los territorios dotados de electricidad desde la aparición del séptimo arte. Había, sin embargo, extensas zonas de silencio, como nos lo recuerda Por primera vez, el clásico documental de Octavio Cortázar.

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REPENSAR LA PEDAGOGÍA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTICuando volvemos la mirada hacia la infancia, el recuerdo personal, preñado de nostalgia, nos devuelve la imagen de un paraíso perdido. Olvidamos asperezas, borramos las huellas de los conflictos que atraviesan el aprendizaje de la vida en las relaciones con los coetáneos y las rivalidades latentes, en los vínculos familiares con las demandas insatisfechas de afecto y consuelo, en el trato con el maestro que no entiende a veces las razones de las pequeñas indisciplinas.

Como cada una de las etapas de la existencia, la infancia constituye un universo con perfiles sicológicos específicos. La cultura occidental comprendió tardíamente las particularidades del ser humano en desarrollo. Durante siglos, el niño, sujeto a un rígido autoritarismo, fue considerado como un adulto en miniatura. Marginados por las clases pudientes, y por necesidades de la subsistencia, los humildes tuvieron que afrontar desde temprano, tal y como sucede lamentablemente en muchos lugares del mundo, los más duros trabajos.

El siglo XIX conoció una expansión sin precedentes en la historia, la sicología, la sociología, la antropología y la pedagogía. El desarrollo de esta última debe mucho al pensamiento herético de Juan Jacobo Rousseau.

Se sentaron entonces las bases conceptuales de la nueva escuela en ruptura con el memorismo y el dogmatismo, muy pronto asimiladas por los cubanos, de manera trascendental en la labor formativa emprendida por José de la Luz y Caballero. Desde el maridaje orgánico entre información y formación, en pleno coloniaje, los criollos hicieron de la escuela un espacio idóneo para el crecimiento de valores éticos y la siembra del  espíritu de la nación.

La historia transcurre por etapas de ritmo aparentemente reposado, seguidas de otras dominadas por cambios signados por una vertiginosa aceleración. Inmersos en la búsqueda de soluciones para afrontar los problemas concretos que afectan la adecuada cobertura docente, no podemos permanecer ajenos a las realidades que configuran una contemporaneidad de la que formamos parte.

Avanzamos hacia el acceso progresivo a internet, fuente abierta a una información inabarcable, actualizada en el acontecer del instante en que estamos respirando. En extremo útil para investigadores y especialistas aliviados de las cargas de las penosas búsquedas de antaño que devoraban un tiempo precioso, tiene su contraparte negativa en el empleo de fórmulas diseñadas para la manipulación de las conciencias.

La comida  chatarra induce a la obesidad, uno de los males de nuestros días. La información chatarra promueve adicciones, fabrica íconos de breve duración, alimenta vanidades que, en virtud de las aspiraciones a un reconocimiento público insustancial, rompen los muros otrora bien resguardados de nuestra intimidad.

Con la más cándida ingenuidad, entregamos claves  esenciales de nuestra personalidad al Gran Hermano que las procesa con fines comerciales y con propósitos políticos, consciente del papel decisivo de la subjetividad, vale decir, de la conciencia, en la conducta de los individuos y de las colectividades humanas.

El problema despierta preocupaciones no solo entre aquellos dinosaurios supervivientes de otras épocas. Se manifiesta ya en sectores académicos del Primer Mundo, sumidos desde hace varios decenios en el contexto de esta realidad virtual. Por eso, el debate en torno a la formación de las nuevas generaciones ha pasado a ocupar un primer plano, articulado al proyecto de sociedad que nos proponemos construir.

Desde la perspectiva neoliberal, se trata de entrenar a los educandos para ofrecer fuerza de trabajo según las demandas de las empresas en el aquí y el ahora. En un mercado laboral restringido, se favorece la adquisición de habilidades en detrimento de la formación integral, a la vez que se estimula el espíritu competitivo.

En otra dirección, considerando las exigencias del batallar histórico en favor de un proyecto emancipador en lo individual y en lo colectivo, se promueve el replanteo del pensamiento pedagógico a tenor de las realidades que configuran el presente y habrán de repercutir, como siempre ocurre en la educación, en el futuro.

No podemos olvidar nunca que el niño que inicia ahora su primer grado en la enseñanza elemental comenzará su práctica profesional dentro de varios lustros. En ese mañana todavía nebuloso, tenemos que pensar en medio de las incertidumbres y los apremios del día de hoy que transcurre de manera inexorable.

Fidel propuso que Cuba fuera un país de hombres de ciencia y de pensamiento. Parecía utópico cuando se libraba el combate contra las secuelas del analfabetismo y escaseaban los bachilleres. Trascendiendo una visión utilitarista, el impulso a empresas de mayor alcance rindió frutos en instituciones de reconocido nivel y se tradujo en resultados económicos tangibles.

La necesaria informatización de la sociedad exige repensar los enfoques pedagógicos con visión transdisciplinaria, sustentada en la filosofía, la sicología y la sociología, sin desdeñar las ciencias de la comunicación.

Ante la avalancha de datos, el énfasis  ha de colocarse en la formación de la personalidad y en la adquisición de herramientas para viabilizar el acceso a un amplio espectro informativo disponible en el ciberespacio con el espíritu crítico entrenado para descartar la paja y encontrar lo esencial en el grano.

Hay que despertar el alma dormida en favor del estímulo a  la creatividad y la imaginación, indispensables para entender el mundo en que vivimos y construir, de la ciencia y la tecnología,  una producción rentable por su alto valor agregado, afincando así nuestra independencia y nuestra soberanía.

 

UN LARGO BATALLAR POR LA SOBERANÍA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

 “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt […] y lo único indicado ahora es buscar la anexión. […] No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites. […] Por todo lo cual, es evidente que están en lo absoluto en nuestras manos. […] Con el control que tenemos sobre Cuba, un control que pronto se convertirá en posesión, en breve controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. Creo que es una adquisición muy deseable para Estados Unidos. La Isla se norteamericanizará gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que hay en el mundo”.

El texto es de la autoría de Leonard Wood, interventor gubernamental de Cuba en los días aciagos que sucedieron al fin de la Guerra Hispano-cubana-norteamericana. Muestra, de manera descarnada, el modo de implementar la anexión de la Isla de acuerdo con la doctrina del Destino Manifiesto. Resalta la férrea dependencia económica y política y las vías para complementarla mediante la construcción de mentalidades.

La cita procede de un artículo de Antonio Núñez Jiménez, publicado a inicios de los 60 del pasado siglo y rescatado en el más reciente número de La Gaceta de Cuba. Su lectura resulta particularmente oportuna en el contexto de la conmemoración del comienzo de nuestras guerras por la independencia y de la última batalla librada en las Naciones Unidas a favor del cese del bloqueo, expresión contemporánea del tradicional propósito de apoderamiento de Cuba por parte del vecino del Norte.

En efecto, pocos países como el nuestro han estado sometidos a tan prolongada lucha por la conquista de su plena soberanía.

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HOMENAJE A BERTA. GRAZIELLA POGOLOTTI

BERTA 1

GRAZIELLA POGOLOTTIDe manera recurrente, en los últimos años Berta Martínez evocaba la época de Prado 111 cuando en los 50 del pasado siglo el grupo de teatro Prometeo, bajo la dirección de Francisco Morín, ofrecía regularmente sus funciones a un grupo reducido de fidelísimos espectadores. Cuentan que en una ocasión, antes de iniciar el espectáculo, un actor intentó dirigirse al «estimado público». «El público soy yo», respondió desde la penumbra una voz solitaria.

La sala era pequeña, escasamente amueblada y sujeta a las condiciones de la temperatura ambiente. Se disponía también de un escenario reducido. Atenidos a un repertorio contemporáneo, no tenían que invertir en vestuario de época. Carecían del respaldo de la prensa acreditada en los medios de más amplia circulación. Con empecinamiento de fundadores, ensayaban con rigor, seguían estrenando mes tras mes.

Trabajaban con vistas a afinar un oficio, definir un modo de hacer y conquistar, con paciencia y sistematicidad, un público potencial. Al margen de tentaciones comerciales, confiaban en el porvenir.

A contracorriente, en medio del silencio y de la soledad aparente, Prometeo pudo convocar a un notable elenco de actores. Era un tiempo de espera y de preparación. No buscaban en el teatro un medio de vida, sino un sentido de la existencia volcado hacia la necesidad de tender puentes hacia un público en formación, ese interlocutor necesario. Con el triunfo de la Revolución fue posible desplegar de nuevo la experiencia acumulada. El respaldo gubernamental abrió espacios para la profesionalización del movimiento teatral cubano. Desaparecido Prometeo, Berta Martínez se integró a Teatro Estudio, fundado en 1958, hace ahora seis décadas, surgido también en aquellos años de espera y preparación de la mano de Raquel y Vicente Revuelta.

Berta Martínez pudo desarrollar su labor de actriz en ese ámbito. Hizo mucho más. Se implicó en la dirección escénica. Con la presencia de figuras de rango notable, entre las que se contaban Abelardo Estorino, Raquel y Vicente Revuelta, coexistían en Teatro Estudio distintas concepciones acerca del modo de establecer un diálogo productivo con el público.

Coincidían todos, sin embargo, en que el disfrute de la obra tenía que remover la conciencia del espectador en lo intelectual y, al mismo tiempo, en el territorio de la sensibilidad. Para dotar de sangre y vida renovadas a los clásicos de la literatura dramática, se imponía redescubrir, mediante el estudio y la investigación, las interrogantes vigentes tras la superficie de la letra. Exigía analizar textos y contextos, transmitir ese aprendizaje a los actores y buscar eficaces fórmulas de comunicación. Berta Martínez comprendió la necesidad de conjugar gesto, palabra y música con una imagen visual impactante. Recuerdo todavía su interpretación de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, allá por los 80 del pasado siglo.

La firma del contrato matrimonial concebido como alianza de intereses se agigantaba en el centro del escenario. Con una composición inusual de fuerte impacto, la secuencia de acciones subrayaba el inminente desencadenamiento de la tragedia.

Hace muchos años, la lectura de Los miserables, de Víctor Hugo, me reveló la existencia inquietante de una realidad sumergida bajo la superficie de la ciudad. El arte auténtico constituye una vía específica de conocimiento de las zonas más profundas de la realidad.

En medio de la soledad, el desamparo y la adversidad, una generación de artistas cubanos entregó noches sin sueño a la tarea de ir edificando las bases de un oficio, al estudio y a la experimentación.

Aspiraban a contribuir con su obra al crecimiento espiritual de la sociedad en la que habían nacido. Creían en el mejoramiento humano, en la posibilidad de transformar, desde lo más íntimo, el mundo que los rodeaba. Así germinó nuestro Ballet Nacional y se exploraron los caminos de la danza contemporánea. No tenían la percepción, por aquel entonces, del alcance de la tarea fundacional que habría de cristalizar con el triunfo de la Revolución de enero. Con ese auspicio, su obra encontró, en el público naciente, el interlocutor deseado.

Integrada a esa generación fundadora, Berta Martínez se ha marchado. Pero el sello personal de su obra permanece y contribuye a configurar la historia del movimiento teatral cubano.

Fuente: JUVENTUD REBELDE