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PATRIMONIO Y MEMORIA HISTÓRICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

BIBLIOTECA NACIONAL JM

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Recuerdo los tiempos en que un erróneo concepto de modernidad, junto con la codicia derivada de la especulación en torno al valor del suelo, causó la desaparición de valiosos monumentos arquitectónicos preservados en nuestras ciudades. A la Revolución se debió, en gran medida, la implantación de políticas orientadas al reconocimiento de la importancia de este legado y el diseño de acciones concretas para su rescate y restauración. Nuestros centros históricos cobraron nueva vida y se expandió la conciencia de su importancia.

Con el paso de los tiempos, generaciones sucesivas han seguido entregando construcciones que constituyen aportes indiscutibles a nuestra cultura, obras relevantes y conjuntos urbanos notables. Nosotros también lo hemos hecho. El patrimonio no subsiste en un ayer congelado. Es testimonio tangible del recorrido de la historia.

Durante algunos años trabajé en la Biblioteca Nacional, centro rector del patrimonio documental. Después de mucho tiempo de estancia penosa en el Castillo de la Fuerza, se acababa de trasladar al edificio que hoy ocupa en la Plaza de la Revolución. Como suele ocurrir en una mudanza de tales dimensiones, libros, periódicos, grabados, mapas antiguos descansaban en los almacenes carentes de registro y de organización. Cada exploración ofrecía un hallazgo feliz. Sin reparar en el calor y en el polvo, intelectuales de primer rango, como Juan Pérez de la Riva, Cintio Vitier y Fina García Marruz, subordinaban las tareas propias de su oficio para sumergirse en aquellos depósitos, al rescate de tesoros escondidos.

La posesión de un significativo patrimonio documental no es solo privilegio capitalino. Existe en todo el país, allí donde hubo periódicos de amplia o escasa circulación, donde escritores y artistas dejaron manuscritos, partituras, apuntes que testimonian su proceso creador, correspondencia reveladora de angustias personales y de redes de relaciones; allí donde hubo teatros y fueron quedando los textos de las obras representadas, allí donde se construyó y subsisten los planos originales, allí donde los registros notariales guardan el entramado secreto de la historia económica.

Aquí y allá, el transcurso de la Revolución también ha ido haciendo historia. Sustrato de los grandes acontecimientos, la marca de los cambios en el pensar y el hacer está en los numerosos documentos que hemos ido dejando, en la evolución de la prensa, en las revistas culturales y científicas, en publicaciones especializadas de organismos gubernamentales. Impresos en papel de pobre calidad, los periódicos de ayer subsisten en condiciones de suma fragilidad. Preservar y restaurar la enorme papelería acumulada es imprescindible, requerida de recursos y de la atención de expertos.

El desarrollo de nuevas técnicas acrecentó el ámbito de los registros patrimoniales. A su valor artístico intrínseco, la fotografía añade la capacidad de captar para la eternidad el paso de lo efímero. Sus imágenes recogen el modo de vestir y de comportarse en otro tiempo, la visión de los edificios hoy desaparecidos, la constancia de lo frívolo y de lo trágico, del batallar de las manifestaciones estudiantiles y de las grandes concentraciones masivas en nuestra Plaza de la Revolución. Más tarde llegó el cine, con desafíos renovadores en el campo del arte y de la comunicación y posibilidad sin precedentes de preservar la vida en movimiento. En el celuloide volvemos a encontrar los días de Girón y aquellos otros, también dramáticos, del ciclón Flora, que modificó, con su sacudida, la geografía del territorio oriental. Hecha al ritmo apretado de los acontecimientos, la obra de Santiago Álvarez ha entrado en la memoria del mundo.

La invención del disco ofreció otro modo de detener lo efímero. Nada sabemos de los areítos que, según los conquistadores, convocaban a los primitivos habitantes de la Isla. De ellos apenas han quedado las expresiones dejadas en algunas cuevas, la mención del bohío y del huracán, términos incorporados a nuestro vocabulario, y los nombres de algunos lugares que no pudieron ser suplantados por los nuevos ocupantes de Cuba. Ahora, en cambio, podemos escuchar las voces de la trova tradicional, de Rita Montaner, de Esther Borja, de Benny Moré. Las matrices originales de aquellas grabaciones forman parte de un patrimonio irrenunciable. Seguir leyendo PATRIMONIO Y MEMORIA HISTÓRICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL ‘MARICHIWEU’ ZAPATISTA. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

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LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

luis hernández navarro 3Un camino simbólico hermana la resistencia mapuche y la zapatista. Nace en un enorme auditorio de madera con una estrella roja y cupo para mil personas, en el nuevo caracol de Tulan Kaw. Un recinto que es una ballena en el sureste mexicano, construido en plena montaña, en la tierra recuperada a un cacique local de Amatenango del Valle. Y que fue bautizado por los rebeldes del sureste mexicano como Marichiweu, en honor al pueblo mapuche. Una palabra que significa cien veces venceremos en idioma mapudungun.

El auditorio Marichiweu fue la sede de dos de las cinco actividades político-culturales con las que el EZLN cerró el año, a las que denominó Combo por la vida: diciembre de resistencia y rebeldía. Una iniciativa político-cultural para defender su proyecto de vida de la ofensiva devastadora de los macroproyectos de la 4T. El primero, realizado del 7 al 14 de diciembre, consistió en la segunda edición del Festival de Cine Puy Ta Cuxlejalic. El primer CompArte de Danza Báilate otro mundo, efectuado entre el 15 y el 20 de ese mismo mes, fue el segundo.

Durante la fiesta fílmica se proyectaron más de 50 películas, muchas documentales que difícilmente llegan a salas de cine comercial. El acto fue un espacio de reunión y diálogo entre artistas, realizadores, bases de apoyo y responsables de la comunicación zapatistas conocidos como Tercios Compas. Según el actor Daniel Giménez Cacho, participante en el encuentro, “aquí el cine se vive como una experiencia de hacer comunidad, de hacer colectividad […] esta es una experiencia que enriquece mucho, que anima mucho, que da mucha esperanza. Aquí se ve más allá de rollos, se ve en la realidad concretamente qué se puede hacer cuando la gente está organizada para compartir. Cuando se piensa en el bien común florece este lugar de encuentro, de respeto” (https://bit.ly/2sBH9nr).

Al CompArte Báilate otro mundo asistieron más de mil bailarines y bailarinas de géneros distintos. Según Argelia Guerrero, “la pluralidad de estilos, lenguajes y contenidos sorprendió a neófitos y expertos: danza clásica, neoclásica, contemporánea, butoh, árabe, acrobacia, bailables zapatistas, circo, aérea, performance, participativa, belly dance, hip hop, manipulación de fuego y hula hula. Talleres de danza contemporánea, expresión corporal, salsa antirracista, malabar, danza árabe y danza africana” (https://bit.ly/2SQAyQB ).

El baile tiene una enorme importancia en las comunidades rebeldes. A finales de noviembre de 1996, en un evento cultural en la antigua Ciudad Real, el comandante Zebedeo detuvo las canciones y la lectura improvisada de diarios y poemas y contó la historia de cómo, cuando estaban enmontañados y las bases de apoyo les llevaban el arroz y los totopos, aprendían a organizar bailando. Cada uno de los insurgentes debía sacar a otro más a danzar y aprender con él o con ella los pasos, porque si no, se tropezaban. Y, ya que le habían hallado el modo, se separaban para meter a alguien más al baile. Explicó cómo la lucha era justo como el baile. No había que parar de moverse, necesitaban encontrar el ritmo, no podían perder el paso, tenían que ser cada vez más. Y, nada más terminar su historia, pidió música, y con los primeros compases de la guitarra escogió a su pareja y se dispuso a poner en práctica su decir. La fiesta dio inicio. Marichiweu

Eso de danzar se da mucho en aquellas tierras. La primera vez que Cuauhtémoc Cárdenas llegó por Guadalupe Tepeyac en 1994, rápido lo sacaron a bailar y hasta alternó una pieza con doña Rosario Ibarra. Al salir la comandante Ramona rumbo a la ciudad de México, la comunidad de San José del Río la detuvo con música y baile para despedirla. Cuando los mil 111 regresaron a dar cuentas de los avatares de su marcha sobre la Ciudad de México, La Realidad era puro baile. La marimba no falta cuando se necesita, y eso que se necesita a cada rato. Bailan de día y de noche, con secas y con lluvias, hip hop, rap, cumbias y rancheras. Durante años bailaron sin parar La del moño colorado.

Como parte del Combo por la vida, se efectuó el 21 y 22 el Foro en Defensa del Territorio y la Madre Tierra, con la participación de 921 personas de 24 países y 25 estados. También, del 26 al 29, el segundo Encuentro Internacional de Mujeres que luchan, al que asistieron alrededor de 5 mil participantes, entre ellas la cantante Mon Laferte.

El 31 de diciembre y 1° de enero de 2020, se celebró el 26 aniversario del inicio de la guerra contra el olvido. El acto tuvo dos momentos. En la tarde, el subcomandante Moisés leyó un duro pronunciamiento político ante 2 mil milicianos zapatistas. En la medianoche, las comandantas Elizabeth Dalia y los comandantes Zebedeo y Tacho hablaron de la necesidad de mantener la organización y la lucha y defender la tierra y la autonomía. No les tenemos miedo, dijeron (https://bit.ly/2QoRpZ1).

El EZLN es una realidad del México profundo. No desapareció por las elecciones presidenciales de 2018. El mensaje que envió este fin de año es claro: en su lucha por la vida contra la maquinaria de muerte que se llama sistema capitalista y de los megaproyectos que buscan destruir todo en nombre del progreso, están dispuestos a ser golpeados, encarcelados, desaparecidos, asesinados como individuos e individuas zapatistas.

Cuando el subcomandante Moisés preguntó a los milicianos en lengua tzeltal –en la que pronunció todo su discurso– si estaban dispuestos, ellos le respondieron: ¡sí! El marichiweu mapuche está en su horizonte.

Twitter: @lhan55

Fuente: LA JORNADA

CLAVES DE CONTINUIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

sándor, bandera, expo Mi Habana
Imagen: obra de Sándor González Vilar

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1En el criollo surgió la conciencia de la cubanía cuando inició los primeros sueños de hacer un país. Los aires de la independencia se manifestaron en América Latina y el influjo del Iluminismo había llegado a nuestras costas. El dominio de la metrópoli española extraía los bienes de la Isla. A diferencia de sus mayores, el criollo se abrió a los más anchos horizontes del mundo. Había accedido a la información y a la cultura. Se sentía dotado de la capacidad para dirigir nuestros destinos. Fracasados los esfuerzos por obtener ventajas a través de los «lobbies» que operaban en la corte, para traducir los sueños en realidades concretas resultaba indispensable formular una plataforma de ideas.

El primer paso reclamaba el socavamiento de las ataduras del dogmatismo, el tránsito se produjo con los empeños del padre José Agustín Caballero y, sobre todo, con la visión precursora de Félix Varela, desde su acción en la cátedra, sus planteamientos radicales como representante de la colonia en el breve período constitucional en la península y se mantuvo en tanto prédica ininterrumpida hasta su muerte en el exilio. Al mismo tiempo, las voces de los escritores y la obra de los artistas iban forjando las imágenes de nuestra identidad y de nuestro universo simbólico. Agotados los empeños reformistas, se impuso la necesidad de la insurgencia. La Guerra de los Diez Años dio continuidad a la lucha por la independencia política y económica. Dotó a la noción de soberanía de nuevos contenidos. Para configurar el perfil de la nación había que proceder a liquidar la infame institución de la esclavitud. La verdadera liberación nacional incluía la justicia social. Libertos y antiguos esclavos se incorporaron al combate y alcanzaron altos grados en el Ejército Libertador.

Privilegio singular, con visión de futuro, el organizador de la Guerra Necesaria fue un poeta. Los sueños de José Martí surgieron en las aulas de su maestro Mendive, quien tuvo la perspicacia de advertir las cualidades excepcionales de su discípulo. La atroz experiencia del presidio político llevó al adolescente a descubrir en carne propia los «horrores del mundo moral» del coloniaje, según el decir de otro poeta, José María Heredia, y a conocer de cerca lo más soterrado de la sociedad de la época. El exilio fue un largo proceso de aprendizaje. Supo de la España profunda y de las artimañas de la política en la península. Su trabajo cotidiano en varios países de América Latina lo condujo a detectar los males que pesaban sobre las nuevas repúblicas, pendientes todavía de una segunda y definitiva independencia, aherrojadas por tanto a un destino común. Radicado en Estados Unidos, se despojó de la mirada ingenua que dominaba entonces el pensamiento político. Detectó con perspectiva precursora los peligros que anidaban en el imperialismo naciente. Con esa experiencia acumulada, pensó en el diseño de la Cuba futura mientras batallaba por hacerla. Analizó las causas de la derrota de la Guerra de los Diez Años. Se entregó a la tarea de consolidar la unidad con paciencia infinita, apeló a los combatientes de ayer. Venció reservas y resquemores. Comprendió que había que trabajar también con los de abajo, con la base popular, que habría de ser el más sólido sostén de la nación. Mediante la prédica y la acción personal directa, se    vinculó a los obreros de Tampa y Cayo Hueso que le ofrecieron hospedaje y apoyo solidario en las horas difíciles. Para soslayar tentaciones de caudillismo, fundó el Partido Revolucionario Cubano. El concepto de soberanía había adquirido mayor dimensión y densidad. Había que conquistar la independencia política y económica en un empeño justiciero por la plena emancipación humana. Para garantizar el sostén de una república independiente en lo político y en lo económico, había que conjurar las amenazas del imperio naciente y asumir el ligamen con el destino de Nuestra América. Por eso, José Martí incluyó, en un mismo proyecto, la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Convertida en el primer laboratorio de un experimento neocolonial a partir de la intervención norteamericana en la guerra, marginada de las negociaciones para el tratado de paz entre el vecino del norte y el Gobierno de España, Cuba preservó el sueño de conquistar plena soberanía. Lo reivindicó por distintos medios, en lucha frontal contra las dictaduras de Machado y Batista, en el rescate de una memoria histórica, en la investigación de los valores de una cultura nacional integradora de sus distintas fuentes, incluida la afrocubana, en el repensar la nación y en el significativo aporte de la creación artístico-literaria en diálogo fecundo entre lo culto y lo popular, todo ello atenido a los contextos de la contemporaneidad. Era la argamasa sobre la cual, de manera orgánica, habría de construirse el radical proceso transformador de la Revolución. Bajo la conducción de Fidel, una vez más, el concepto de soberanía gana en profundidad. Del antinjerencismo, se pasaba al antimperialismo. El vínculo con el destino de Nuestra América se extendía a un Tercer Mundo lastrado por el coloniaje y el subdesarrollo. De modo consecuente, la noción abstracta de solidaridad internacional se traducía en acciones concretas. El concepto de soberanía se expandió al reconocimiento del imperativo de analizar con cabeza propia nuestra realidad y la del mundo que nos rodea, de impulsar un desarrollo científico en beneficio del crecimiento económico. Cuando todavía se combatía el analfabetismo se renovaba la enseñanza universitaria y se fundaban los primeros centros de investigación. En medio de la precariedad del período especial, se impulsó el trabajo en el campo de la biotecnología. No podíamos renunciar a apoderarnos del saber más avanzado.

Siempre hemos articulado el mirar hacia fuera con el mirar hacia dentro. En un planeta cada vez más interdependiente, las prácticas de dominación apelan a un variado espectro de recursos. No descartan el empleo de las armas. Organizan la subversión mediante el uso de distintas formas de golpes de Estado, por la vía tradicional de ejércitos entrenados a su servicio, por la vía de parlamentos doblegados a sus intereses, por el control de los medios de información a escala universal, por la utilización de fundamentalismos religiosos, por la demonización de las corrientes progresistas y mediante la inoculación sutil de falsas expectativas de vida. Construyen ilusorias aspiraciones de futuro que inducen a los incautos a votar contra sus intereses más legítimos. En el mirar hacia dentro, hay que hurgar en lo profundo de una sociedad compleja que ha mostrado, sin embargo, una admirable capacidad de resistencia en medio de las dificultades del vivir cotidiano. Se impone eliminar el lastre de la mentalidad burocrática, enfermedad que se reproduce a pesar de los reiterados esfuerzos por desterrarla desde la década del sesenta. En ello se refugia el apego a la rutina, el ocultamiento de la verdad en informes complacientes y triunfalistas, el cumplimiento formal de las tareas. Es inminente priorizar la sistemática capacitación y superación de los recursos humanos existentes. Pensar y hacer un país seguirá siendo tarea de todos mientras exista el imperialismo con su implacable voluntad de revancha.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

UNA MIRADA HACIA AMÉRICA LATINA. GRAZIELLA POGOLOTTI

AMÉRICA LATINA 3

GRAZIELLA 1Algo, quizá insuficiente, nos enseñaron los programas escolares acerca de América Latina. De manera superficial, supimos de la conquista y la colonización y de los héroes de la guerra de independencia. A pesar de la advertencia martiana no entendimos las razones esenciales de nuestra americanidad. Nos faltó comprender la sustancia concreta y las complejidades del tejido social de países construidos desde la violencia que castró el desarrollo orgánico de sus habitantes originarios y los convirtió en marginados. Proveer brazos para la extracción de materias primas introdujo la brutal esclavitud africana. En ese contexto, distintas culturas entrechocaban, se contaminaban en cierto grado, aunque sobre todo se ejerciera el dominio de unas por encima de las otras con el sustento, en el plano objetivo, de la opresión económica y, en el plano subjetivo, de un racismo que caló en la conciencia de muchos y subsistió en términos de mala memoria, lesivo a la unidad de nuestros pueblos. Sin embargo, los marginados y olvidados han demostrado una enorme capacidad de resistencia. Empiezan a emerger en situaciones muy adversas. Sus voces y sus valores comienzan a hacerse reconocibles. Contra sus proyectos de renovación, el neoliberalismo desata el poder económico y su instrumento de acción sobre las subjetividades, el monopolio de los medios de comunicación, incluido el trabajo personalizado a través del sofisticado empleo de las redes sociales.

Los acontecimientos ocurridos tras el triunfo de la Revolución nos entregaron un aprendizaje de las realidades profundas de América, ocultas tras las vitrinas esplendorosas de algunas de sus grandes ciudades. Después de la victoria de enero de 1959, muchos vinieron a compartir nuestro trabajo, a intercambiar ideas, a ofrecer conocimientos. Algunos permanecieron para siempre con nosotros. Otros encontraron aquí refugio en días aciagos de exilio. Descubrimos el cine y la música del Brasil. Nos tocó de cerca el drama de las dictaduras que cercenaron vidas y produjeron millares de desaparecidos. Nos familiarizamos con la imagen de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Vivimos con intensidad la oleada transformadora que invadió el continente.

El vuelco progresista que se extendió desde Venezuela hasta el sur acrecentó nuestra proximidad. América Latina asumía un nuevo lenguaje, afirmaba simultáneamente sus valores identitarios y proponía, según las circunstancias de cada cual, modelos de desarrollo que mejoraban las condiciones de existencia de millones de ciudadanos en contraposición a las fórmulas establecidas por el neoliberalismo. Por primera vez, se escuchaba la voz de nuestros pueblos originarios.

Las derrotas electorales en algunos países nos desconcertaron y nos plantearon numerosas interrogantes. Para algunos, los recién salidos de la pobreza comienzan a pensar de otro modo. Hacen suyas las aspiraciones de la pequeña burguesía. Sin tener en cuenta lo ganado, olvidan que el regreso del neoliberalismo los privará de sus conquistas. El argumento no me resulta del todo satisfactorio. Los cambios en la conciencia no se producen con tanta rapidez, sobre todo cuando los beneficios materiales se suman a un trabajo sistemático de educación ciudadana. El asunto merece un estudio en profundidad, porque los fenómenos sociales responden a causas multifactoriales.

La vicepresidenta electa de la Argentina, Cristina Fernández, ha narrado la infame campaña difamatoria a que fue sometida por la gran prensa y por los canales privados de la televisión. Contraviniendo todo principio ético, la infamia transgredió los límites de su vida personal, llegando a poner en dudas su salud mental. Acusada sin pruebas de toda clase de delitos, sufrió el deterioro de su imagen pública y pagó un alto costo en el plano familiar con el quebranto del estado físico de su hija. El barraje propagandístico socavó lo esencial de un proyecto gubernamental de rescate de la nación, ampliación de oportunidades para los más desvalidos, impulso a la ciencia y amparo a la cultura.

El panorama actual evidencia una profunda perversión de las instituciones democráticas. Los golpes de Estado se llevan a cabo con el empleo de otros métodos. La transparencia informativa implica conocimiento y constituye una vía de ejercicio del poder mediante el acceso a la realidad en su complejidad y en las contradicciones propias de la dialéctica de todo devenir histórico. Los sucesos ocurridos en Brasil son reveladores al respecto. La feroz campaña mediática se complementó con el golpe de Estado parlamentario perpetrado contra la presidenta Dilma Rousseff, a pesar de no habérsele imputado delito alguno. Con la complicidad activa del Poder Judicial, en nombre de una causa justa, la lucha contra la corrupción, las condenas se concentran en los personeros del PT. Para conjurar su gran respaldo popular y marginarlo del proceso electoral, sin contar con pruebas y vulnerando principios constitucionales, Luis Inácio Lula da Silva es encarcelado y, por ende, privado de sus derechos políticos con el propósito de ceder el terreno a la extrema derecha.

Es lo que se denomina judicialización de la política. En verdad, la operación responde a las enormes reservas de petróleo existentes en los mares del Brasil y a las materias primas —agua incluida— conservadas en el inmenso territorio del país. Las fórmulas pueden ser aún más extremas. En el caso de Bolivia, se organizan grupos violentos con la intención de desestabilizar la nación en términos de guerra civil. En un trasfondo todavía más siniestro, en un territorio plurinacional, donde han sido reivindicadas las demandas históricas de los pueblos originarios, se recurre al racismo latente.

En todos los casos, el papel tradicional de los tres poderes ha sido anulado. En nombre de la libertad de prensa, se coartan las posibilidades de tomar medidas contra el uso sistemático de la calumnia y la difamación. Meticulosamente preparado, el golpe de Estado fascista se consumó, como trágico vuelco del desarrollo de un proyecto nacional, de rescate de la soberanía, de los riquísimos recursos mineros y de reivindicación de los plenos derechos de nuestros pueblos originarios.

Es una lección que tenemos que aprender. Nuestro conocimiento en profundidad de la América Latina sigue siendo una asignatura pendiente. De la mano del imperio, la derecha oligárquica actúa de manera cohesionada y articula el uso de la violencia con el sistemático empleo de los medios de comunicación y las redes sociales. Paliando diferencias de matices, la izquierda y los movimientos progresistas tienen que forjar, en la teoría y en la práctica, una plataforma común contra el capitalismo salvaje representado por el neoliberalismo. Lo que está en juego en este momento decisivo es mucho. Es nuestro derecho a la vida y el porvenir de nuestros hijos.

IMÁGENES DE CHILE, DESCARGA DESDE EL ALMA. OMAR GONZÁLEZ

OMAR GONZÁLEZ

Marcha 1 millón en Chile

omar gonzalez_coordinador del capitulo cubano de la Red de Redes_foto Ladyrene Perez_Cubadebate 2 [50%]Estuve en Chile en las postrimerías del último gobierno físico de Augusto Pinochet, y también cuando Estados Unidos y la oligarquía criolla no le permitían gobernar a Salvador Allende. Lo que más me llamó la atención tras el golpe de Estado, fue la muerte de la alegría. La gente se resguardaba en sus casas a las 10:00 pm. No había vida nocturna, ni se escuchaban carcajadas sonoras, ni cuecas multitudinarias con pañuelos rojos. Doy fe que nunca más oí la risa, una risa estridente, democrática, como solía decir el gran poeta cubano Nicolás Guillén.

En Valparaíso, la clase media hacía pasarela en los festivales, banalizaba sus lecturas y renunciaba, incluso, a los imprescindibles autores chilenos. Varios  adolescentes no supieron responderme un par de preguntas elementales sobre Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Los cineastas aún desconfiaban y tenían los negativos de sus obras a buen recaudo en los archivos del ICAIC, en La Habana.

Santiago estaba muerta y Concepción muy oscura y desolada, como los pueblos de Rulfo, pero con ínfulas de Múnich.

Varios años después retorné una vez más: Chile estaba norteamericanizándose de tal modo que me fue difícil reconocer algunos lugares otrora frecuentados por mí. Una pitonisa me dijo, así de pronto, que mi aura estaba oscura y que debía evitar los aviones y a los señores viejos y calvos. Algo de razón tenía la pobre mujer.

No olvidaré jamás que aquella visita coincidió con los dos conciertos que iba a ofrecer Michael Jackson en Santiago, de los cuales sólo uno se efectuó, pues los carabineros se negaron olímpicamente a garantizar la seguridad del estadio en la segunda ocasión, y, como es de suponer, hubo que suspenderlo. Pero aquel hecho, no obstante la caprichosa conducta del “rey del pop”, sirvió para probarme que los carabineros eran quienes mandaban realmente en Chile. Pinochet seguía siendo el único, el supremo, el verdadero rey.

Esta vez me fui a Lebu, un pequeño y hospitalario pueblo minero del Sur, a un festival de cine que quizás fuese entonces el más original y humano del mundo, y aproveché la ocasión para saber del poeta Gonzalo Rojas, otro grande pero desconocido amigo a pesar de sus lauros. Los adultos de Lebu y de Chile continuaban tristes, pero los niños no. Los ancianos vivían  un interminable toque de queda. Igual que en Berlín (occidental y oriental) cuando lo visité 30 años después de la derrota del fascismo. Qué raro y corrosivo era el humor entonces, y aún en Chile.

En Lebu escribí estos versos, cuya primera versión fue publicada aquí hace algún tiempo:

 DIÁLOGO SORDO CON UN GATO SIN NOMBRE 

Diles que vengan que esta ciudad me mata,
Que nací allá y ahora vivo la que será mi muerte,
Que aquí la bruma es honda y el sol demora un siglo. 

Diles que estoy tan solo que nadie me conoce;
Cuéntales que envejezco y que nada me asombra.
Hazles saber que lloro mientras tiendo la mano. 

Diles que estoy en Lebu, donde se acaba el mundo;
Que aquí la gente es noble y me arropa y me cuida,
Pero que vivo lejos y he olvidado quién soy. 

Diles que el agua quema y que el fuego es el hielo.

Hoy he vuelto a Chile, y a pesar de mis años salto en la Plaza Italia como el joven que soy. Veo pasar a Víctor con sus manos intactas. Hay esperanzas que nunca mueren.

En fin, sin idealizar la circunstancia actual, este Santiago de hoy me parece sencillamente otro, único en su historia. Ojalá no haya engaños que lo petrifiquen en la que sería mi alma renacida. Ojalá se abran para siempre las grandes alamedas. Ojalá sigan las calles llenas de pueblo. Ojalá Chile logré sepultar el dolor y la tristeza para toda la vida y sea, en alegría universal, como el Chile que los chilenos se merecen y sueñan. Piñera ya es pasado, lo enterró este pueblo, lo borró la historia.

25-26 de octubre de 2019, en La Habana.

MACONDO. GRAZIELLA POGOLOTTI

RICOS Y POBRES 3

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Desde su aparición, Cien años de soledad obtuvo un éxito sensacional y alcanzó una notable diversidad de públicos. Nacido de las vivencias de la primera infancia de Gabriel García Márquez, Macondo devino un no lugar mítico en la representación metafórica del subdesarrollo, de un vivir en el estancamiento progresivo, en la desmemoria y en el desamparo por falta de conciencia de un destino propio, de un sentido de la vida. Progresivamente, los Buendía se iban hundiendo en el pantano. El  subdesarrollo es la resultante concreta del colonialismo y del neocolonialismo.

En procura de riquezas, Marco Polo emprendió una extraordinaria aventura que lo llevó a los confines del Oriente, los portugueses bordearon el África y Cristóbal Colón desembarcó en América impulsado por la codicia del oro que animaba a sus patrocinadores. Por medio de la violencia, sus seguidores, hipnotizados por la leyenda de El Dorado, se impusieron sobre las culturas autóctonas del continente, asentadas en el respeto por la Madre Tierra. Empezó el gran despojo de los metales preciosos que  impulsarían el desarrollo del capitalismo. En intercambio  desigual, las flotas se llevaban los miríficos bienes y las materias primas producidas por mano de obra esclava, y distribuían las mercancías más elaboradas para satisfacer los nuevos hábitos de consumo. La Colonia había sentado las bases del subdesarrollo.

Durante casi dos siglos, los pueblos lucharon por su independencia, desde los albores del XIX, hasta bien avanzado el siguiente, con las batallas de Argelia, de Vietnam y de buena parte del África subsahariana. Sin embargo, se habían elaborado nuevas formas de dominación. Cuba fue, al parecer, el primer experimento neocolonial. A la Enmienda Platt, que establecía prerrogativas de intervención directa en los asuntos internos de la Isla, se añadió el Tratado de Reciprocidad que aherrojaba la economía a Estados Unidos, principal importador de azúcar crudo con destino a sus refinerías, y aseguraba ventajas arancelarias para la exportación de mercancías desde el vecino del Norte y colocaba en desventaja a los competidores tradicionales. Llegados en ferris, junto al puerto de La Habana se estacionaban vagones de ferrocarril procedentes de lugares tan distantes como Portland, Oregón. Cargaban cemento y alimentos de todo tipo. En la zona colindante, se almacenaban las papas y cebollas que, por los efectos del clima, despedían un olor agrio. De esa manera, se desestimulaba la diversificación de la producción nacional, mientras se cerraba el paso al crecimiento de una industria propia. En tales circunstancias, tras la vitrina engañosa de la cara de algunas ciudades, se abría la brecha creciente de la pobreza en su entorno y la miseria infinita de las zonas rurales. Bajo el barniz cosmopolita de una élite reducidísima, se escondían el analfabetismo y el bajísimo nivel de escolarización.

Fidel comprendió que el subdesarrollo expresaba, de manera tangible, el legado neocolonial. Anidaba en el centro del reclamo profundo de una transformación revolucionaria. Sus efectos se cernían sobre gran parte del planeta. Los cubanos tenían que conocer la realidad profunda de su propio país. El 26 de julio de 1959, medio millón de campesinos conmemoraba en la capital el aniversario del asalto al cuartel Moncada. Fueron acogidos en casas de vecinos solidarios y en espacios públicos acondicionados al efecto. Muchos no habían visto el mar. Buena parte de ellos no sabía prender la luz eléctrica. Los jóvenes mostraban rostros sin edad, presa de toda clase de enfermedades curables. El impacto fue estremecedor. Pero el subdesarrollo tarda mucho en cicatrizar. Años más tarde, realizadas ya la Campaña de Alfabetización y la Reforma Universitaria, extendida la atención médica a zonas remotas, enviados los cines móviles a lugares donde nadie hubiera visto antes un filme, por iniciativa de Fidel, estudiantes y profesores marcharon a distintos puntos para llevar a cabo tareas de desarrollo social. Más que a enseñar, iban a aprender. Encontraron en todas partes rastros de aquella monstruosa deformación estructural.

Ahítos de tanta guerra sanguinaria, los pueblos aspiraron a crear un sistema jurídico que garantizara el respeto a la autodeterminación y a la no injerencia en el actuar de los Estados soberanos. Como lo había intentado antes la Liga de las Naciones, la ONU nació como un espacio de entendimiento entre los países con igualdad de derechos al margen de su dimensión y de su poderío económico-militar. Allí acudieron los que recién habían conquistado gobierno propio. El imperio no pudo resignarse a la pérdida de sus antiguos dominios. Abandonó el patrón oro y, sin esa garantía, hizo del dólar la divisa para el comercio mundial. Abandonó las regulaciones que pretendían controlar la hipertrofia de los monopolios. Las corporaciones se transnacionalizaron, prescindieron de intermediarios y se hicieron cargo de los mandos políticos. Las concepciones neoliberales se convirtieron en doctrina y en ideología. Asociado con frecuencia a la noción de modernidad, su vocabulario se va naturalizando en todas partes.

En la ofensiva neocolonial, el imperio se arroga la potestad de determinar la legitimidad de la línea política de las naciones, de certificar la buena conducta mientras instaura nuevas formas de violencia. La amenaza de la guerra bordea simultáneamente en varias zonas del planeta. Las represalias económicas violatorias de la libertad de comercio con sus implicaciones extraterritoriales se multiplican, a todo lo cual se añaden sofisticadas formas de manipulación de las conciencias. El contrataque se vuelve no solo contra los movimientos revolucionarios. Incluye también las medidas reformistas que no pretenden subvertir las bases del sistema. Mientras esto sucede, la depredación de la Tierra se acelera.

De ahí que la salvación del planeta, la lucha contra el subdesarrollo y la defensa de un sistema de valores solidarios se encuentren estrechamente mancomunados.

ADIÓS DE LOS MARISCALES. EARLE HERRERA

A military member uses his phone near the Generalisimo Francisco de Miranda Airbase in Caracas

 

EARLE HERRERA

EARLE 2

Tres mariscales de campo (o de puente) regresaron sin gloria de Tienditas, frontera caliente de Venezuela y Colombia. Ese 23 de febrero sería la batalla final y, mediante la entrada -sí o sí- de la “ayuda humanitaria”, la liberación definitiva del país. Los presidentes de Paraguay, Chile y Colombia estuvieron allí, pero hubieron de regresar sin combatir, que es lo peor que le puede pasar a un mariscal de campo, trocha o rastrojos, que también los hay.

Desde entonces, Piñera (Chile) y Abdo (Paraguay) se hundieron  en el silencio de su vergonzoso fiasco, mientras a Duque (Colombia) se le desató una verborrea contra Venezuela para ocultar la epopeya de su ridículo bélico. El otro mariscal de campo, Macri (Argentina), se felicitó por no haber estado presente, pero por comprometer su honor en el  derrocamiento de Maduro, el fracaso le develó que el derrocado sin disparar un tiro sería él. La Casa Rosada lo desbordó.
Los ejércitos de estos mariscales estuvieron monitoreados por el halcón John Bolton, quien había informado a Trump que el autoproclamado le prometió la mitad de la FANB para el glorioso día del sí o sí. Todo terminó en nada nada. Bolton rodaría meses después por engañar a su comandante, pero antes respaldó el golpe definitivo del 30 de abril. Nunca se había visto a un veterano de guerra del US Army apoyando un golpe perpetrado desde un distribuidor, con guacales de plátanos verdes apostados estratégicamente, con un objetivo misterioso que todavía intriga a la Nasa y al Pentágono.
Los mariscales de los guacales, debelada la insurrección, huyeron hacia las embajadas más cercanas, en vehículos previamente ubicados por si acaso una vaina, como en efecto ocurrió. Yo aprendí a escribir crónicas de guerra leyendo a Ernest Hemingway, cuando  este genial novelista era corresponsal en la guerra civil española. El me enseñó que la bala más peligrosa es la que no se oye. Pero nunca me reveló la utilidad de los plátanos en algo tan serio como tumbar gobiernos constitucionales.
El humillado adiós de todos aquellos mariscales de puentes, trochas y rastrojos, me recordó la sentencia de mi abuelo: “El plátano alcanza su mayor dignidad en el pabellón con baranda”. De haber tenido ellos un antepasado tan sabio, nunca hubieran confundido la guerra con el fogón.
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EL SUBSUELO DE LA CIUDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

LA HABANA
GRAZKIELLA 2El crecimiento desmesurado de las ciudades atenta contra su sostenibilidad. A lo largo del siglo XX, algunas urbes de América Latina alcanzaron una expansión demográfica que llevó a la concentración de millones de habitantes y sobrepasaron el número de pobladores de países como el nuestro.

Conocí la Ciudad de México cuando todavía era la región más transparente del aire. En pocos años se convirtió en una macrourbe, con gravísimos problemas de contaminación ambiental y serias dificultades para el movimiento de las personas. Los nuevos habitantes procedían de las zonas rurales empobrecidas y se lanzaban en busca de empleo en la servidumbre y en el sector informal de la economía.

Aprendí mucho acerca de la historia de la arquitectura y del desarrollo del urbanismo, una ciencia eminentemente interdisciplinaria destinada a sentar las bases conceptuales de un desarrollo armónico que tenga en cuenta tanto factores técnicos como sociales, con el propósito de procurar un hábitat hecho a la medida de las necesidades materiales y espirituales del ser humano.

Sin embargo, una lectura mucho más remota me había conducido a intuir dónde se encuentra el corazón que asegura la vitalidad de las ciudades. En Los Miserables de Víctor Hugo uno de los pasajes más emocionantes se produce en la persecución del protagonista por su enemigo inveterado, a través de las alcantarillas de París. Por esa extensa red subterránea se elimina buena parte de los desechos generados por la humanidad en su existir natural, junto con todos aquellos derivados del acrecentamiento de los hábitos de consumo. Son las aguas negras que, de no encontrar vías de salida, brotan a la superficie con la consiguiente pestilencia añadida a la aún más grave amenaza contra la salud. Los más acogedores conjuntos urbanos están amenazados por el socavamiento de la higiene que procede del subsuelo.

Por ese territorio invisible se produce el suministro del agua, del gas y, en muchas zonas, de la electricidad; contribuciones del progreso humano para sustentar la vida que conocemos, a partir del desarrollo de la modernidad. Sin ellos, el vivir en concentraciones urbanas resultaría imposible.

A pesar de no haber llegado a las dimensiones de las macrociudades, La Habana creció de manera indetenible en el siglo XX. En la capital del país se concentraba la administración del Gobierno, sostén de una burocracia hipertrofiada durante la República neocolonial por el clientelismo político, las llamadas botellas que compensaban a los electores de los partidos políticos.

Por su situación geográfica, seguía concentrando el acceso a la importación y exportación de mercancías, a la vez que mantenía en su seno el mundo de los negocios. A pesar del desempleo existente, ante la miseria de los campos la inmigración interna fue constante. Así se fue expandiendo horizontalmente. Apareció El Vedado, un conjunto urbano diseñado integralmente, según las tendencias más avanzadas de la época.

Los tentáculos de la ciudad se apoderaron de los municipios colindantes, como Marianao y Santa María del Rosario, mediante urbanizaciones de distinta calidad. Hubo barriadas de lujo, zonas modestas, repartos improvisados por la especulación financiera sobre el valor de los suelos, a veces concebidos con escasa atención a la adecuada infraestructura del subsuelo. También se urbanizaron espacios rurales, como sucedió en el municipio de Arroyo Naranjo.

La construcción del túnel bajo la bahía y el triunfo de la Revolución ampliaron la edificación de viviendas en sentido inverso al tradicional de la ciudad. Se llevó a cabo una marcha hacia el este. En esa dirección se produjeron dos etapas, una de ellas al crearse en 1959 el Instituto de Ahorro y Vivienda, que impulsó una encomiable labor constructiva en esa zona y en otros lugares.

Bajo la presión apremiante del crecimiento demográfico, el movimiento de microbrigadas edificó aceleradamente el barrio de Alamar, donde se concentra en la actualidad un considerable número de pobladores. Las sucesivas coyunturas de precariedad económica, la acción del bloqueo y el posterior derrumbe del campo socialista, unidos a la exigencia de prioridades para otras inversiones, contribuyeron a la falta de mantenimiento del subsuelo y de todo aquello que emerge a la mirada del paseante.

Por lo demás, aparecieron numerosas viviendas improvisadas, con frecuencia desprovistas de las adecuadas redes. Las distancias entre la casa y el centro de trabajo se acentuaron. La urbe que apenas en el siglo XIX derrumbaba las murallas que otrora la protegieron de los ataques piratas, se ha convertido en la gran Habana.

La conmemoración del medio milenio de su nacimiento incita a un necesario análisis interdisciplinario orientado a formular estrategias a corto, mediano y largo plazos, teniendo en cuenta la realidad concreta del presente y las perspectivas que depara el futuro.

Todo parece indicar que el tiempo de las macrociudades está llegando a su fin. Las tecnologías de la comunicación facilitan el trabajo a distancia. El aumento de la automatización de los procesos y la anunciada incorporación de la inteligencia artificial plantearán problemas prácticos y sociales en torno a la distribución del empleo, conjugados con la exigencia de poner coto a la depredación de la naturaleza.

Nuestras debilidades actuales pueden convertirse en fortalezas porque, a pesar de todo, nuestras ciudades conservan la dimensión humana, con el respiradero de sus parques y de sus espacios para la convivencia.

Disponemos de un panorama arquitectónico que, sin desconocer las tendencias de cada época, no se conformó con constituirse en copia mimética. Se ajustó a las características de los materiales disponibles y a las demandas del clima. En el litoral habanero no se levantaron altas barreras que interfirieran el movimiento natural de la brisa.

El encanto de La Habana reside en el carácter de su gente y en la preservación de la narrativa histórica de su paisaje arquitectónico. Favorecer el bienestar de sus moradores, convertir en conciencia activa el amor a su entorno edificado e impulsar un turismo cada vez más cualificado son factores interdependientes que actúan en favor del desarrollo al que aspiramos.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2El incendio de la Amazonia y el inicio de la desaparición de los glaciares debían constituir señales de alerta que estremecieran al mundo. El planeta en que vivimos, en el que habrán de crecer nuestros hijos y nuestros nietos, está amenazado de muerte. Sin embargo, la tónica dominante de la información noticiosa acentúa las contradicciones entre los presidentes de Brasil y de Francia y distrae, con su bombardeo anecdótico, de un análisis profundo de las realidades del planeta, de la posibilidad de concertar una movilización popular contra los rejuegos engañosos de la política.

Todo empezó con la primera Revolución Industrial. La máquina de vapor multiplicó la producción de bienes, impulsada por una filosofía optimista que centraba la fe en las ventajas materiales derivadas del progreso de la técnica. Las ciudades atrajeron a millares de campesinos que sobrevivían en la miseria. El polvo de carbón, fuente principal de energía, fue ennegreciendo el panorama. Los nuevos emigrantes, faltos de vivienda, se mantenían hacinados, carentes de protección ante las amenazas del despido y sometidos a extenuantes horarios de trabajo.

La literatura fue revelando ese otro rostro de la realidad. Charles Dickens, un novelista que nutrió nuestra infancia y primera juventud, bastante olvidado hoy, conmovió a millones de lectores con la visión de la niñez desvalida y de la prisión por deudas que llevaba a la cárcel a familias enteras. La extracción del carbón abría túneles cada vez más profundos, donde la atmósfera irrespirable y la contaminación del polvo acortaban la vida de los trabajadores.

El novelista Honorato de Balzac nunca supo de la existencia de Carlos Marx. En cambio, este último, conocedor profundo de la literatura, descubrió en el narrador francés ángulos de la realidad social que escapaban a la apreciación de los economistas. Por vía del arte, se reseñaban factores latentes en la subjetividad humana que contribuían a configurar lo subyacente en una época de brutal emergencia del capitalismo. En el complejo entramado de personajes, se manifestaba el poder creciente de las finanzas, la desaparición del pequeño comerciante bajo el embate de las empresas de mayor envergadura. Había, sobre todo, un radical cambio en la escala de valores. El mundo se dividía entre triunfadores y vencidos. La filosofía del éxito se imponía sobre los más elementales principios éticos. Era el germen de un modo de pensar que constituye un componente esencial de la ideología neoliberal contemporánea.

Marx pasó años de miseria extrema inmerso en archivos. Sabía que las claves del sistema podían descubrirse mediante el entendimiento del proceso histórico en que se asentaron sus bases. Para el análisis económico, escogió como campo de estudio a la Gran Bretaña, punto de partida de la Revolución Industrial. Para el examen del acontecer político, se detuvo en el caso francés, cuna de la Revolución, donde intentos sucesivos de rebelión se habían producido a lo largo del siglo XIX, en el año 30, en el 48 y finalmente en la Comuna de París, primer intento de tomar el cielo por asalto. El enfoque crítico de cada uno de esos fenómenos se convirtió en herramienta teórica para el análisis de la realidad. Comprendió que las crisis de superproducción que sacudían regularmente la estabilidad del capitalismo no destruirían por sí solas el sistema. La batalla se libraba ante todo en el terreno de las ideas, a través de la sistemática concientización de las masas. La divulgación simplista de su tiempo condujo a una lectura mecanicista, fuente de muchos errores. Seguir leyendo LAS DOS CARAS DE LA MONEDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

LA POLÍTICA COMO ESPECTÁCULO. GRAZIELLA POGOLOTTI

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La negligencia política y social del gobierno de Jair Bolsonaro ante el incendio en la Amazonia, ha provocado incontables imágenes como esta y la destrucción de decenas de comunidades . Se trata de un crimen contra la Humanidad. Foto: Telesur

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2La globalización neoliberal tiene apellido. Se difunde a través de un cuerpo doctrinario elaborado íntegra y coherentemente por los tanques pensantes del capitalismo. Para sostener la preponderancia del mercado por encima de los principios reguladores del Estado, asocian a la modernidad un conjunto de concepciones que invaden todos los territorios de la sociedad. Incluyen las reformas educacionales, propagan verdades absolutas a través de la academia, anulan y fragmentan el conocimiento de la historia y socavan el papel de la política, conformado de modo parcial por el rápido tránsito de la democracia burguesa.

El dominio de los medios de comunicación, mediante la propagación de la mentira, sustituye el papel otrora desempeñado por los programas de los partidos políticos tradicionales. La conducta aparentemente excéntrica del Presidente de Estados Unidos responde a este modelo. En un tiroteo constante, se entretiene a la opinión pública con la multiplicación de focos de tensión y de áreas de conflicto que amenazan, como espada de Damocles, con una guerra inminente.

La realidad de los intereses del gran capital transnacionalizado se enmascara tras un espectáculo en el que el suceso de hoy borra el acontecimiento de ayer. La manipulación de la opinión pública se dirige al descrédito de la política en una circunstancia en que el drama de «los condenados de la Tierra» se multiplica y el neocolonialismo adopta nuevas fórmulas. Para consumo de los países que cargan con la herencia del subdesarrollo, se establece la idea de que la globalización nos hace ciudadanos de un mundo donde la reivindicación de la identidad no ha lugar.

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Mientras tanto, la consigna de America first convoca a los sectores más retrasados de la sociedad norteamericana, con fuerte componente xenófobo, racista, misógino y homófobo. En el trasfondo de ese pensamiento hay un renacer acelerado de un fascismo que creíamos liquidado con el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Lamentablemente, Europa, que padeció en carne propia los horrores de aquel conflicto, que vivió holocaustos de diversa naturaleza y conoció cámaras de gas en los campos de concentración, atraviesa similar crisis de las ideologías. En ambos lados del Atlántico se levantan muros contra la emigración. El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio marino. Por otra parte, se quebrantan los lazos que hubieran podido reafirmar a la Unión Europea como voz alternativa en un diálogo multilateral.

El eco caricaturesco de esta doctrina se produce en Brasil, donde el Presidente reivindica la dictadura militar, donde se predica el ejemplo de Pinochet, todo ello absolutamente innombrable hace pocos años. El antecedente inmediato es un golpe de Estado parlamentario y la politización de la justicia, así como el empleo de fundamentalismos religiosos en la manipulación primaria de las conciencias.

Las declaraciones públicas y las acciones inmediatas se vuelven contra la educación y la cultura, a la vez que entregan los recursos nacionales al mejor postor y autorizan la expansión del agronegocio en la Amazonía. Los peligros que se ciernen con esta ofensiva incluyen la instauración y naturalización de ideas fascistas, la supresión de conquistas populares resultantes de años de batallar y la amenaza a la supervivencia de la especie en el planeta con la aceleración del cambio climático, a partir de la ruptura de los compromisos reguladores de la contaminación, internacionalmente aceptados.

Para contrarrestar esta ofensiva se impone una rearticulación del pensamiento de izquierda con la relectura de sus fuentes primigenias, el análisis crítico de las experiencias socialistas y reformistas y el rescate de una tradición latinoamericana del pensar.

«El respeto al derecho ajeno es la paz», había dicho el Benemérito de las Américas, Benito Juárez, aquel indio de Oaxaca que aprendió el español por esfuerzo propio, creció en un hacer y un saber en un país que había sufrido la extirpación de gran parte de su territorio por el imperio en expansión y la imposición del emperador Maximiliano de Austria.

México está atrapado entre el chantaje arancelario que amenaza sus exportaciones y el compromiso de afrontar, por ambas fronteras, la del norte y la del sur, la invasión incontenible de los emigrantes. La solución planteada por el presidente López Obrador, dirigida a paliar la presión migratoria mediante políticas de estímulo al desarrollo, ha caído en el vacío. Son problemas de fondo que amenazan el destino de todos, enmascarados por la política convertida en espectáculo, con su consecuente descrédito. Bajo la influencia de esos vaivenes, los pueblos votan contra sus intereses esenciales, aunque tardíamente tomen conciencia del error cometido.

Nuestra América es portadora de un pensamiento emancipador, arraigado en el conocimiento de los males de la Tierra y en la valoración del dramático legado colonial. Las ideas que animaron la Revolución Cubana se inscriben, a la luz de la contemporaneidad, en esa tradición, con su centro de gravitación en la búsqueda de la plenitud humana. Insisto en que la relectura productiva de ese saber acumulado debe traducirse en la rearticulación coherente de una plataforma de izquierda.

Desde esa perspectiva, es indispensable refundar un pensamiento pedagógico con el propósito de entrenar a las generaciones que están naciendo para que descifren la realidad que los rodea y descubran la verdad tras los fuegos artificiales de lo ilusorio. Abandonar los caminos trillados y las fórmulas probadas por la rutina constituye un desafío gigantesco. Pero los grandes desafíos han condicionado el crecimiento de la especie y, en el plano individual, han cargado de sentido el vivir cotidiano.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

HABANERIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Calle Peña Pobre en la actualidad

 

GRAZKIELLA 2Estaba a punto de cumplir ocho años cuando llegué a la Isla sin saber una palabra de español. Desde entonces, vivimos 12 años en una callejuela de tres cuadras, nombrada Peña Pobre. El nombre tenía prosapia. Venía del Amadís de Gaula, una de las novelas de caballería que alimentó la mente afiebrada del Quijote. Formaba parte del coto fundador de la ciudad, aunque sus modestas construcciones poco tenían que ver con el ambiente colonial, destruido por el tiempo, por los ataques piratas y por los frecuentes incendios.

Allí, en el barrio, me hice cubana y aprendí a descifrar algunos componentes de nuestra sociedad. Conocía a los vecinos uno por uno. El carpintero del frente, que sin pretensiones de ebanista, hizo una repisa que conserva, 80 años después, su brillo original; los vecinos inmediatos, dependientes de la sastrería J. Vallés y de la droguería Johnson. Las de abajo, una de ellas sargento política, con la que descubrí los secretos de la «paloma mensajera», mediante la entrega de una boleta marcada y, al regreso, el pago de los diez pesos a cambio de una boleta virgen. Las otras, prostitutas por cuenta propia, protagonizaban escándalos cada vez que la paga era insatisfactoria.

La situación me obligaba a emigrar a la Biblioteca Nacional, en el Castillo de la Fuerza, para disponer de alguna tranquilidad. Tenía mi asiento reservado y desde la ventana contemplaba los barcos que entraban, salían y cargaban combustible. Mi madre consideraba a la prostituta de marras víctima de la sociedad, hasta que pude descubrir una maravillosa palabra: lumpen proletario. Así fue, en efecto. Por una denuncia de ella, colaboradora de los esbirros de Ventura, mi madre fue sometida a un interrogatorio en el BRAC. Acosados, tuvimos que abandonar el barrio.

Con la República neocolonial, La Habana Vieja se había convertido en el pequeño Wall Street cubano. Era el centro bancario, de los bufetes de las grandes empresas, de importantes ministerios, del trasiego de mercancías al puerto. Las calles estrechas la hacían intransitable.

La especulación sobre el valor del suelo es uno de los rasgos característicos del capitalismo. La Habana Vieja se contaminaba por la presencia de una población empobrecida y por el entorno prostibulario que, por lo demás, tendía redes en toda la ciudad. En un lugar que resultaba tentador con vistas a la expansión, en el entorno bien comunicado de anchas avenidas, existía una zona relativamente desatendida.

La construcción del actual cine Yara y de los estudios de radio y televisión contribuyó a la veloz subida del valor de los terrenos. La arquitectura cubana había alcanzado la plenitud del movimiento moderno que tendía a la integración de las artes desde los inicios de los proyectos de diseño. Más de un edificio de la época lleva esa marca.

Los clásicos de la vanguardia pictórica se vinculaban con un momento de particular madurez creativa en la arquitectura. Estaba naciendo La Rampa con la representación de agencias de automóviles, filiales de bancos, edificios concebidos para combinar boutiques y parqueos, un cine que se complementaba con una galería de arte y un estanquillo de venta de libros y revistas. Poco peso tenía en aquella atmósfera de refinada modernidad, la tonalidad fúnebre de la más lujosa funeraria habanera. Para    cerrar el ciclo, cuando la década estaba terminando, se edificaba el hotel Habana Hilton, pronto convertido con el ya inminente triunfo de la Revolución en Habana Libre. El cambio de nombre era la representación simbólica del nuevo poder, caracterizado para siempre por las imágenes de los barbudos.

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En la fachada del Hotel Habana Libre, en la calle L, “se desplegaban los inconfundibles colores de Amelia Peláez”

El hotel ostentaba obras de indiscutible valor patrimonial. Lamentablemente perdido, un mural de Cundo Bermúdez aparecía en el costado de la calle 23. En el interior, existe una obra de René Portocarrero. Definitivamente integrado al perfil de la ciudad, en la fachada de la calle L, se desplegaban los inconfundibles colores de Amelia Peláez, una de las reputadas autoras clásicas de nuestra primera vanguardia. La pintora había descubierto el valor artístico de la cerámica en el modestísimo taller de Rodríguez de la Cruz, en Santiago de las Vegas, un verdadero chinchal donde se producían porrones y ceniceros con carácter comercial. Ese sitio olvidado forma parte de la historia de las artes visuales. Sobre el tema existen dos trabajos importantes de María Elena Jubrías. Uno de ellos recoge la historia del taller, donde también se iniciaron artistas de primera línea de la vanguardia, y otro de la propia autora sobre la cerámica de Amelia Peláez. La pintora trabajaba sobre objetos artesanales. Decoraba la pieza que, una vez sometida a la cocción, quedaba definitivamente integrada al barro.

Un accidente lamentable exigió hace algunos años una primera restauración. Dirigía entonces el Consejo de Patrimonio Marta Arjona, destacadísima ceramista que estudió en París las técnicas más modernas. Renunció al arte en favor del servicio público. Se rescataron cuidadosamente las piezas originales del mural de Amelia. El problema radicaba en la diferencia de calentamiento entre el concreto y la cerámica. Colocar una malla protectora que atemperara ese contraste fue la solución más eficaz encontrada para salvar un símbolo asociado a la imagen de la ciudad, de valor patrimonial incontrovertible.

Se comenta que no ha sobrevivido ninguna pieza original. Se dice también que se tratará de recuperar el colorido de la artista sobre material de granito y que, posiblemente, no se vuelva a cubrir la totalidad de la fachada. Aunque mutilada, la Victoria de Samotracia sigue emprendiendo vuelo desde lo alto de la escalera del Museo del Louvre.

En el barrio, me hice cubana. Con el triunfo de la Revolución, La Rampa se hizo de todos nosotros. La presencia de los barbudos simbolizaba una nueva era. Las losas de granito con reproducciones de obras de artistas cubanos entregaban al pueblo lo que había estado confinado en los museos. Los valores patrimoniales no se reducen a lo heredado de tiempos remotos. La Revolución también ha fundado patrimonio. Hay que identificarlo, reconocerlo y defenderlo.

Sobre la historia de la capital hay una extensa bibliografía. Hay investigadores modestos, entregados al trabajo, como Carlos Venegas, que van dejando obras fundamentales. Sobre la arquitectura y el urbanismo, Joaquín Weiss dejó una obra precursora, todavía válida. Lilian Llánez ha abordado el tema de los maestros de obra y de la formación de los arquitectos. El Presidente Díaz-Canel insiste en el vínculo con las universidades. A ellas podríamos añadir los centros de investigación y todas las fuentes de saber útiles para pensar integralmente.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

EL FULGOR DE MIL SOLES. LUIS BRITTO GARCÍA

BOMBA ATÓMICA

LUIS BRITTO GARCÍA

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El viejo físico juega con un revólver cargado. Recuerda el día luminoso cuando descubrió la equivalencia entre materia y energía. La una puede ser convertida en la otra con un fulgor inimaginable. Tan inimaginable que quizá la materia no deje nunca de volverse energía y haga desaparecer todo lo creado. Por momentos apoya el arma en su sien, por momentos hace girar el tambor repleto de balas, por momentos apunta a los niños que juegan en el lejano parque de la Universidad de Princeton. No se atreve a apretar el gatillo, tampoco a dejar de hacerlo. Sabe que otros podrían también convertir un trozo de metal en un arma mortífera o una masa crítica de uranio en el Apocalipsis. Albert Einstein vuelve a su casita y escribe al Presidente de Estados Unidos Franklyn Roosevelt: “Dos de agosto de 1939. Recientes trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard, cuya versión manuscrita ha llegado a mi conocimiento, me hacen suponer que el elemento uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato[…] se ha abierto la posibilidad de realizar una reacción nuclear en cadena en una amplia masa de uranio mediante la cual se generaría una gran cantidad de energía[…] Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se puedan construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes.”

Albert Einstein sale de nuevo al parque, entrega a un niño el revólver cargado, y se encierra en la pequeña casa, esperando oír el disparo.

2

En 1941 en la Estocolmo ocupada por los nazis se reúnen casi clandestinamente el físico alemán Werner Heisenberg y el danés Niels Bohr para departir sobre deportes invernales y la aniquilación del mundo. Ambos son comisionados desde bandos opuestos para crear un arma nuclear; ambos se comprometen a no producir tal abominación. Heisenberg cumplirá su palabra, obstaculizando y desviando el proyecto alemán. Bohr faltará a la suya, y colaborará en el proyecto de los Aliados. Ese encuentro decide el destino y quizá el fin del mundo.

3

Los Messershmitt, Heinkel y Stukas de la Luftwaffe acribillan eficazmente estaciones de radar y aeropuertos de la Real Fuerza Aérea. De seguir así, pronto dejarán a Inglaterra indefensa y ganarán la guerra. El Comando Estratégico de los Aliados se reúne para decidir convertir las ciudades alemanas en piras funerarias de civiles indefensos, saturándolas con bombas incendiarias en la llamada “Tormenta de Fuego”. La idea es que por cada civil herido cinco deberán dedicarse a cuidarlo, y que así se incitará a Hitler a desperdiciar su Luftwaffe bombardeando a su vez ciudades inglesas. Así son incineradas Dresden, Hamburgo, Bremen, centros sin objetivos militares, con unos 75.000 civiles incinerados por ataque. Lo mismo se realiza contra las ciudades japonesas: Tokio, Nagoya, Kobe. Al final del conflicto, Curtis Le May se jacta de haber cremado un millón de japoneses. “Si hubiéramos perdido, nos habrían juzgado como criminales de guerra”, añadirá Robert McNamara. Hitler se enfurece, desperdicia sus bombarderos contra Londres, Liverpool y Coventry, y comienza a perder la guerra. Posteriormente, Kenneth Galbraith demostrará que la destrucción de ciudades indefensas, lejos de debilitar el esfuerzo bélico, no dejaba a los sobrevivientes más opción que trabajar en industrias militares, prolongando así el conflicto.

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Albert Oppenheimer avanza con reluctancia el dedo hacia el tablero que hará reventar Little Boy, como llaman confianzudamente al rechoncho artefacto armado en Los Álamos, una ciudadela provisional construida en el desierto para acuartelar millares de científicos, técnicos y policías con el único propósito de armar la primera bomba atómica. Los cuerpos de seguridad acosan al director del Proyecto Manhattan. Oppenheimer es izquierdista; su ex amante Jean Tatlock es militante, y se ha suicidado al sentirse abandonada por Albert. El físico se cala los lentes de filtro oscuros, disipa sus dudas musitando: “El científico sólo debe responder ante la ciencia”, y aprieta el botón que desencadena el fulgor de mil soles. Sabe lo que ha hecho: atrapado entre la conciencia y el remordimiento recita un versículo del Baghava Ghita: “Me he convertido en la muerte, que avanza destruyendo mundos”. El padre de la bomba atómica será investigado por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas y despojado en 1954 de toda participación en investigaciones nucleares.

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 El 6 de agosto de 1945 se preparaba un free beer party para las 2 pm en la base aérea de la isla de Tinian. No se requerirían cartas de racionamiento. Habría limonada para los abstemios. Para los cinéfilos, se proyectaría Ha sido un placer, con Sonja Henie y Michael O´Shea. “Use ropas viejas” suplicaban los cartelones: se debía estar cómodo. Las pancartas anunciaban el WELCOME PARTY FOR RETURN OF ENOLA GAY FROM HIROSHIMA MISSION. No estaba previsto cronista social. Nunca sabremos de las expresiones de los muchachos que bajaron tambaleándose del pesado B-29, encandilados por un fulgor que no ha cesado de arder. Ya no importa tanto distinguir entre Tidbits, que se enorgullecíó de haber aniquilado 90.000 prójimos en una fracción de segundo, Beser, que lamentó no haber arrojado la bomba en Berlín, y Eatherly, que enloqueció de remordimiento. A la larga, en los bancos de esa melancólica fiesta nos hemos ido sentando todos, gozosos o reluctantes, rusos o europeos, chinos e israelíes, sobrevivientes de Hiroshima o de los otros. Porque, hasta nueva orden, nuestra condición oficial es la de sobrevivientes.

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El ex presidente Jimmy Carter afirma que “Estados Unidos es la nación más beligerante en la historia del mundo por haber disfrutado de tan solo 16 años de paz en sus 242 años de historia”. Cada día de esos 236 años de agresión está signado por crímenes de lesa humanidad. Conmemoremos con justicia el 6 de agosto como el Día de los Crímenes contra la Humanidad de Estados Unidos.

Fuente: ÚLTIMAS NOTICIAS

 

EL PARTO DE LAS IDEAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

FIDEL EN LA TV, CRISIS DE OCTUBRE

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Término ambiguo como casi todos, la palabra improvisación tiene muchos sentidos. Existen los intérpretes del punto cubano. Hubo, tradicionalmente, los oficiantes de despedidas de duelo, sobre los cuales el fallecido manzanillero Julio Girona, Premio Nacional de Artes Plásticas, ha dejado una deliciosa estampa. Con abundancia de adjetivos y retórica vacía se aprestaban a despedir a cualquier desconocido. Aunque descarten el uso de apuntes, hay otros que no son improvisadores en el sentido cabal del término. Preguntado en una entrevista sobre por qué improvisaba, Fidel respondió, con sabiduría política: «Porque a la gente le gusta asistir al parto de las ideas».

Sin haber estudiado comunicología, sin valerse de generalizaciones abstractas, su aguda percepción de la política, su permanente vínculo con las masas, su atinada visión de las realidades concretas nacionales, lo llevaron a transformar la oratoria en diálogo activo. Logró mantener en vilo a la Asamblea General de Naciones Unidas durante el discurso más prolongado que se haya escuchado en ese lugar. Comprendió como nadie las transformaciones producidas por el paso del dominio de la radio al de la televisión.

Con anterioridad, la radio había sido el medio idóneo para transmitir orientaciones a un pueblo altamente politizado. En un horario estelar de los domingos, las mayorías se conectaban, luego del Himno Invasor, a la voz de Eduardo Chibás. Su poder de convocatoria no se basaba en el desarrollo de conceptos programáticos. En realidad, las bases ideológicas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) fueron elaboradas en gran medida, atemperadas al panorama de la época, por Leonardo Fernández Sánchez, cercano compañero de lucha de Julio Antonio Mella y distanciado del Partido Comunista a partir de la alianza de este con Batista, asesino de su hermano Ivo.

No muy favorecido por la voz, Chibás diseñaba con cuidado la estructura dramatúrgica de sus discursos. Su palabra sacaba a la luz verdades que otros silenciaban. Su tono y su énfasis evidenciaban autenticidad. Por un fallo técnico no salió al aire el disparo mortal que ratificaba su último aldabonazo. Su capacidad movilizadora se fundaba en la denuncia y la exhortación.

Los tiempos eran otros y Fidel cambió las reglas del juego. En circunstancias señaladas, convocaba a las masas a la Plaza de la Revolución. La distancia física y la presencia multitudinaria imponían sus leyes, que Fidel trataba de modificar al formular, a través de preguntas, esbozos de diálogo.

Sobre todo en la primera etapa, en los días en que los cambios se precipitaban en una escalada de golpes y contragolpes, cuando se imponían las respuestas rápidas a las agresiones del enemigo, Fidel concurría a la televisión. Entraba en los hogares en una conversación para todos y, simultáneamente, individualizada. Tanta era la naturalidad del diálogo que, desde la penumbra de sus butacas, muchos asentían y formulaban preguntas.

La palabra se había convertido en arte y en esta materia intervienen el oficio y un largo proceso de aprendizaje. La facundia es un don. La tienen los oficiantes de despedida de duelo que con similar palabrería visten a cualquier santo. Tras la soltura en el uso del verbo, tiene que latir la convicción profunda, la transmisión de la autenticidad, el conocimiento del tema y la percepción clara de las expectativas del destinatario, además de la valoración de las particularidades del contexto en que se produce el discurso.

Una buena amiga, Maruja Iglesias, miembro activo del Frente Cívico de Mujeres Martianas, compartió en sus años estudiantiles la misma casa de huéspedes que Fidel. Contaba dos anécdotas reveladoras. Por lo general, en todas las carreras universitarias, algunas asignaturas inspiran terror. En la Facultad de Derecho, era Economía Política, basada en un texto del liberal Charles Yeats. Mientras preparaba el examen, Fidel leía despaciosamente las páginas con extrema concentración activa, hasta el punto de entablar debate con algunas de ellas. Rasgaba las hojas en la medida que las repasaba. Eran aquellas páginas malamente reproducidas en un mimeógrafo para uso de los universitarios de entonces. Dirigente estudiantil, alguna vez tenía que pronunciar un discurso conmemorativo. Entonces, sentaba a nuestra amiga en el comedor solitario para utilizarla como espectadora de su ejercicio oratorio. El talento nace, pero si no se cultiva, muere por inanición.

Las anécdotas referidas ilustran dos aspectos esenciales. Uno de ellos: el poder de concentración. En sus discursos, Fidel tenía una enorme facilidad para manejar cifras y datos precisos. No eran el resultado de una práctica memorística sino de su esencial interrelación con un profundo análisis que tenía en cuenta multiplicidad de aspectos. Dicen los poetas que el primer verso nace de una inspiración. Tendríamos que preguntarnos entonces cuánto tiempo de meditación inconsciente, de libertad de asociación, de razonamiento entreverado en el quehacer de cada día, se oculta, como lava acumulada, tras el brote volcánico de la oratoria.

Por esas razones, no me gusta escuchar aquí y allá, a veces con pretextos baladíes, citas aisladas, situadas fuera de contexto. En el acumulado infinito de sus discursos, muchos de ellos coyunturales, hay un pensamiento construido sobre sólidos cimientos, en debate con pensadores a lo Gide, en lecturas apasionadas de los testimonios de nuestra historia, en el bombardeo de interrogantes a los que sometía a sus interlocutores. Seguir leyendo EL PARTO DE LAS IDEAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DE LA BUROCRACIA. GRAZIELLA POGOLOTTI

BUROCRATISMO INFORMATIZADO

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Mansa y llena de gracia, la lagartija recupera su cola si, por accidente, resulta mutilada. Similar capacidad de recuperación existe en numerosas especies que pueblan nuestro universo. La burocracia es una de ellas. Una y otra vez se emprenden campañas para extirparla, pero reaparece, perversa y prepotente, con la capacidad de multiplicación característica de las células malignas.

No es un fenómeno asociado tan solo al socialismo. Existe desde hace buen tiempo en otras partes, como lo advirtieron en su momento escritores de la talla de Balzac y Gógol, inscrito el primero en una Francia en plena expansión burguesa y, el otro, en una Rusia periférica, atrasada, en la que prevalecía todavía un régimen de servidumbre.

«Mal de muchos, consuelo de tontos», afirma, con su inveterada sabiduría, el refranero popular. Para nosotros, sin embargo, el problema tiene consecuencias aún mayores. Constituye una contradicción antagónica en un proceso de edificación socialista. Las plantas parasitarias, en lo más intrincado de la selva, succionan los elementos nutritivos de los árboles más poderosos. Los disecan y derrumban. En términos de patología social, la acción y el pensamiento burocráticos frenan el desarrollo de las fuerzas productivas, inducen al estancamiento cuando es necesario imprimir una dinámica renovada, empañan la imagen del Estado cuando es inminente la reafirmación de su papel y, sobre todo, en medio de las dificultades bien conocidas, introduce innecesarias causas de malestar en el pueblo que habrá de desempeñar un creciente papel protagónico.

Recuerdo de mis estudios de bachillerato que la anatomía se centraba en la descripción de los órganos componentes del cuerpo humano. Teníamos en la escuela algunas muestras de huesos y una calavera con la que nos gustaba jugar en el intento por conjurar el miedo y como manifestación del desafío adolescente ante las regulaciones establecidas por la institución. En cambio, la fisiología era la ciencia consagrada al estudio del funcionamiento y las interacciones de los componentes de un cuerpo vivo. Ambas se complementan, aunque la anatomía, ilustrada en célebre cuadro de Rembrandt en época que se condenaba por heréticas tales investigaciones, se inclina, por parte de maestros y discípulos, sobre un cadáver. Siguiendo el curso de la metáfora, al atender el impostergable análisis del fenómeno burocrático, hay que repasar la historia y, bisturí en mano, entrarle al presente.

«Mi trabajo eres tú», decía una consigna olvidada desde tiempos que parecen remotos. En verdad, el burócrata es un servidor de la administración pública, de un país en Revolución, es decir, del pueblo. Como ciudadana y en tanto responsable de un minúsculo centro de trabajo, me siento víctima de la ineficiencia, de la falta de orientación, de la procrastinación —ese dejar para mañana lo que puede hacerse hoy—, de la proliferación infinita de gestiones y documentos, así como de la prepotencia característica de la conducta de algunos funcionarios. Como resultado de todo ello, paso de la exasperación a la parálisis.

Conscientes de los problemas que entraña, los dirigentes de la Revolución intentaron detener las tendencias burocráticas desde temprano. Tal y como ha sucedido en otros casos, la interpretación de las indicaciones dimanadas desde los más altos niveles cayó en manos de ejecutores complacientes y acomodados, víctimas ya de la bacteria transmisora de la patología del pensar burocrático. Con olvido de las esencias, cumplieron la tarea de manera formal. Hubo un cementerio de máquinas de escribir en los alrededores de la Calzada de Rancho Boyeros. En aquellos tempranos 60, el Comandante Ernesto Che Guevara advertía acerca de las deformaciones que pudieran derivarse de la confección de organigramas según modelos abstractos, sin tener en cuenta la necesidad de los cargos y las funciones que habrían de desempeñar los ocupantes de cada puesto de trabajo.

El burocratismo es un modo de actuar y de pensar. Integran esa patología la sordera creciente ante las razones del interlocutor y ante los asuntos que afectan a las masas. Más dañino y con más fuerza expansiva que el caracol africano, lo invade todo. Afecta al solicitante de tierras ociosas, a los reclamantes de los derechos concedidos para la reparación de viviendas, y se extiende hacia el mundo de la investigación y la Academia. Desde hace buen rato, me sentí espoleada por la necesidad de abordar el tema. No lo hice por no reiterar lo dicho en un trabajo anterior. Ahora no pretendo ofrecer las conclusiones de un análisis riguroso. Emito un llamado porque las circunstancias lo requieren con la mayor urgencia. Seguir leyendo ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DE LA BUROCRACIA. GRAZIELLA POGOLOTTI

SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

HABANA 3

GRAZKIELLA 2No asomaban las primeras luces del amanecer cuando, sin haber cumplido aún los 12 años, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, hija del conde de Jaruco y futura condesa de Merlín, escapaba corriendo por las calles solitarias de La Habana colonial de la reclusión forzada en el Convento de Santa Clara y de sus claustros que hoy nos parecen tan hermosos.

Casi recién nacida, sus padres la habían dejado en manos de una abuela consentidora que le permitió crecer en plena libertad por el ancho espacio de las haciendas familiares. Para los condes de Jaruco importaba, sobre todo, hacer lobby en la corte de Madrid. Olvidaron la antigua advertencia de la Epístola moral a Fabio, según la cual «las esperanzas cortesanas / prisiones son do el ambicioso muere / y donde al más activo nacen canas».

Apostaron a la carta equivocada, la del invasor José Bonaparte. Sortearon peligros de toda índole para llegar a Francia cuando Fernando VII, «el deseado», recuperó el trono perdido. Pero ya María de las Mercedes se había casado con el conde de Merlín, alto oficial del ejército napoleónico. Tuvo un salón exitoso en París, donde recibía a los grandes músicos de la época. No olvidó del todo su tierra de origen. En el rejuego de la política, el primer reformismo cubano procuró su apoyo, teniendo en cuenta su destacada posición en la sociedad francesa. Viajó a La Habana y dejó un valioso testimonio de su estancia en el país natal.

Aunque criticara el trato abusivo a los esclavos, poco tuvo que ver la visión de la condesa con la historia de Aponte, ajusticiado ejemplarmente por lo que pudo haber hecho y por la amenaza que representaba para el poder colonial y en favor de la emancipación de los esclavos. Descendiente de libertos miembros de los batallones de pardos y morenos, informado de los acontecimientos que sacudieron a la vecina Haití, Aponte, portador de una cultura mestizada, hecha de oficio, de habilidades pictóricas, de conocimiento de la Biblia y de otros mitos, sometidos por él a una muy personal lectura, fue inmolado por intentar la organización de un movimiento contra el opresor con redes que, al parecer, se extendían más allá de la capital.

Años más tarde, nacida de la ficción y convertida en referente de nuestra cultura, la mestiza que hubiera podido parecer blanca, al decir del dramaturgo Abelardo Estorino, nombrada Cecilia Valdés, animaría con sus travesuras los alrededores de la Loma del Ángel.

Después del estallido de la Guerra de los Diez Años, un adolescente llamado José Martí andaba por las calles de la ciudad y pudo contemplar la violencia ejercida en el Teatro Villanueva con motivo del estreno de Perro huevero… Su rebeldía de entonces lo llevó a la dolorosa experiencia de trabajar encadenado en las canteras de San Lázaro. El relato estremecedor de esa vivencia en El presidio político en Cuba debiera ser lectura obligatoria para todos los nacidos en esta Isla.

Su fraterno Fermín Valdés Domínguez, compañero en las aulas de Mendive, se comprometió definitivamente con la causa redentora a partir de la vesania cometida por el Cuerpo de Voluntarios al exigir el fusilamiento de sus condiscípulos, los ocho estudiantes de Medicina.

Hay que reconocer que el capitán general, Miguel Tacón, impulsó la primera modernización de la ciudad y se comenzó entonces el derribo de las ya inútiles murallas, al desaparecer el peligro de los ataques piratas. Por lo demás, de poco sirvieron para defender la ciudad a la hora de los mameyes, en ocasión de la ocupación británica. Ahora, los piratas eran otros. Estaban en contubernio con los tratantes de esclavos.

La ciudad se expandió, siguiendo el trazado de las calzadas que señalan los puntos cardinales. Los sacarócratas establecieron sus mansiones en el Cerro, según creían, más salubre que el entorno portuario. Seguir leyendo SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

AQUELLOS DÍAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

FIDEL EN GIRÓN
Fidel en la batalla contra la invasión mercenaria por Playa Girón, abril de 1961

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GRAZKIELLA 2A partir del triunfo de la Revolución, la Biblioteca Nacional se había convertido en uno de los centros más activos de la vida cultural habanera. Cumplía su función de rescate, ordenamiento y preservación de libros, periódicos, grabados, mapas y otros documentos que constituían su patrimonio esencial.

La Biblioteca favoreció el desarrollo del interés por la lectura en niños y jóvenes, al ofrecer las novedades literarias en calidad de préstamo. Abrió áreas especializadas para la difusión de la música y de las artes visuales. Impulsó un trabajo de extensión cultural con los sindicatos. En su teatro, ciclos de conferencias abordaban las más diversas temáticas y se escuchaban las voces de los más prominentes intelectuales que visitaban la Isla.

Bajo la dirección de María Teresa Freyre de Andrade, un modelo similar se implantó en la red de bibliotecas, organizada a través de todo el país. En medio de la efervescencia revolucionaria, abiertas oportunidades hasta entonces inimaginables, se multiplicaba la voluntad de aprender, que incitaba un espíritu de superación permanente.

Por sus dimensiones, por la cercanía existente entre el estrado presidencial y el lunetario destinado a los invitados, favorecedor de un diálogo ágil y carente de excesivas fórmulas protocolares, el teatro de la Biblioteca Nacional fue utilizado para el necesario intercambio de ideas entre la dirección del país y los escritores y artistas, a fin de establecer aspectos sustantivos de la política cultural de la Revolución.

El discurso conclusivo de Fidel se conoce con el nombre de Palabras a los intelectuales. Mucho se ha escrito al respecto en panfletos, publicaciones periódicas y hasta en el mundo académico. Poco se ha hecho para intentar el rescate del decisivo e impalpable ambiente epocal. Corría el Año de la Alfabetización. Acababa de producirse la victoria de Girón. Después de haber implementado fórmulas de subversión de toda índole: asesinatos de milicianos, la explosión del vapor La Coubre, quema de campos de caña o la distribución de un fraudulento documento según el cual las familias habrían de ser privadas de sus derechos de patria potestad, la conocida operación Peter Pan –que envió a un destino incierto a miles de menores de edad– la invasión confirmaba que el imperio había declarado una guerra a muerte contra una revolución popular, agraria y antimperialista.

FIDEL 5

El bombardeo al aeropuerto de Ciudad Libertad indicaba el inicio de la agresión armada. Ante una multitud fervorosa, con los fusiles en alto, Fidel declaraba el carácter socialista de la Revolución.

Transcurridos apenas dos años y medio desde el triunfo de enero de 1959 se habían establecido instituciones fundamentales para ofrecer el sostén indispensable al desarrollo y la difusión de la creación artístico-literaria. Cuajaban proyectos que los creadores habían ido forjando, mediante enormes sacrificios personales, desde tiempo atrás.

En su inmensa mayoría no se habían comprometido con la dictadura batistiana, que tomó represalias con el Ballet Alicia Alonso al privarlo de una magra subvención gubernamental, a la vez que los artistas plásticos de todas las generaciones se opusieron a la bienal patrocinada por los regímenes totalitarios de Franco y Batista.

Nada debían a un capitalismo periférico, vuelto de espaldas al patrocinio de una cultura popular nacional. Sin embargo, existían preocupaciones respecto a la doctrina estética del realismo socialista, implantada como política de Estado en la Europa socialista, devenida freno de la experimentación en el terreno del arte, con graves repercusiones en la vida y en la obra de personalidades de alta significación. Seguir leyendo AQUELLOS DÍAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

LA REPÚBLICA NEOCOLONIAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

graziellaMuchos se alegraron al ver izarse la bandera nacional un 20 de mayo. Al mismo tiempo, la desilusión se iba apoderando de las conciencias. La guerra había desembocado en la intervención norteamericana, la imposición de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad Comercial. La Isla quedaba en lo político y en lo económico subordinada al mercado norteamericano y con las tierras invadidas por el latifundio.

El panorama se tornaba más sombrío ante el ascenso arribista y el avance desaforado de la corrupción. El escepticismo, que se fue adueñando de las conciencias, se expresó en la voz de los intelectuales y en una tradición costumbrista que venía del siglo XIX. La imagen gráfica del chivo se asoció al fenómeno de la malversación de fondos públicos. La guataca simbolizó al adulador en procura de privilegios.

La narrativa que emergía entonces centró la mirada en lo social. Desde esa perspectiva, hay que repasar la obra de Carlos  Loveira. El protagonista de Juan Criollo nace en la miseria en tiempos de la colonia. Huérfano, recibe la protección humillante de una familia acaudalada. Al estallar la insurrección emigra con sus protectores a México. Obligado a valerse por sí mismo, se instala en un medio situado en los linderos entre la clase obrera y el hampa. Con el fin de la guerra, regresa a Cuba. Padece la pobreza extrema y el desempleo. No tiene contacto con los poderosos que dispensan favores y trabajo. La representación del espectáculo fraudulento de la justicia decide su cambio de rumbo. Entra en el juego de la politiquería. En pocos años conquista fortuna y poder. Para el novelista, Juan Cabrera se ha convertido en Juan Criollo. La visión amarga del proceso no puede ser más derrotista.

Otros ángulos lacerantes, legado fatal del medio siglo republicano, quedaron fuera de la mirada de los narradores. El racismo se afianzó. La base combatiente del Ejército mambí quedó en el abandono. Las creencias de origen africano fueron satanizadas. Las comparsas se prohibieron. Leyendas atroces en torno a los abakuá se divulgaron por todos los medios. La policía secuestró los tambores rituales. Al cumplirse el centenario del sacrificio de Aponte se desató la llamada Guerrita de los negros, contra los Independientes de Color. Fue un genocidio. Aún no se conocen las cifras de las víctimas.

La discriminación se impuso en el otorgamiento de empleos y en el acceso a muchos lugares. En la década de los 50 —lo recuerdo por haberlo vivido— hubo que librar batallas para que las tiendas aceptaran empleadas no blancas. La fragancia de El Encanto incluía el color de la piel. Entonces, simbólicamente, contrataron a una o dos mestizas. Los  bares adquirieron el nombre de club, con porteros que descartaban a los no admisibles.

Un comité de estudiantes universitarios, animado por Walterio Carbonell y respaldado por Fidel, encabezó una campaña contra esa arbitrariedad violatoria de los principios constitucionales. Algo similar ocurría con el alquiler de los apartamentos en la década de los 50.

La Habana reflejaba la típica imagen de las capitales del mundo subdesarrollado. Mostraba una hermosa vitrina con elegantes edificios de apartamentos, hoteles, cabarés y salas de juegos (algunos en poder de la mafia). Tras esa   vitrina anidaba una pobreza extrema y una extensa geografía prostibularia, y unos pocos burdeles destinados a la clientela rica, con cuidadosa aplicación de medidas sanitarias.

Cuando el triunfo de la dictadura de Batista, la represión  política se añadió a la violencia social. La República entregó héroes y mártires. Muchos sucumbieron bajo torturas atroces. Otros sobrevivieron con sus cuerpos marcados por las laceraciones.

Tras la fachada ostentosa subsistía un mundo campesino de precaristas, carentes de acceso al mercado, a la educación y a la medicina, sujetos a la amenaza del desalojo, con los niños devorados por los parásitos y el raquitismo. La tuberculosis alcanzaba cifras exorbitantes. El país transitaba por una crisis política, social y económica.

Mi padre admiraba en su pueblo la capacidad de reponerse de los golpes infligidos por la historia, de recuperar la esperanza y preservar los ideales de República soberana con justicia social, con voz propia en los foros internacionales y transparencia en la gestión administrativa.

La República nació bajo el signo de la intervención norteamericana. Se estrenaba con ella el primer experimento neocolonial de la historia. Vino el desencanto de la demagogia chambelonera de José Miguel Gómez y con los intereses hegemónicos del mayoral de Chaparra Mario García Menocal; algunos como Enrique José Varona se retiraron de la vida política. Fue una etapa transitoria de escepticismo.

No había concluido el segundo decenio del siglo XX cuando  se manifestaron los síntomas de recuperación. Con las cenizas todavía ardientes renacía el espíritu de lucha y se forjaba una cultura de resistencia. El concepto parece algo abstracto. En mi próxima entrega, intentaré descifrar algunos de sus componentes para entender de dónde venimos. Es preciso recorrer una historia que, si bien tuvo sus altibajos, mantuvo una línea de continuidad.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2019-06-01/la-republica-neocolonial

TENÍA APENAS 42 AÑOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARTÍ RANCA
Obra de Ernesto Rancaño

graziellaCuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

Antes, en los días del Hanábana, José Martí había contemplado con espanto el castigo impuesto al negro esclavo. Desterrado en España, prosiguió el aprendizaje de la historia. Comprendió los rejuegos políticos de liberales y conservadores que en nada se diferenciaban respecto a la necesidad de preservar su dominio sobre la Isla.

Descubrió también la naturaleza del país profundo, por lo cual llegada la independencia, los cubanos no guardarían rencor a los peninsulares que optaran por permanecer en Cuba, modestos trabajadores muchos de ellos. Examinó al detalle la historia viviente de las repúblicas latinoamericanas recién liberadas, para detectar las causas que obstaculizaron la plena realización del proyecto emancipatorio.

Al instalarse en Estados Unidos valoró los avances de la nación en desarrollo en relación con Europa, donde prevalecían regímenes autocráticos, pero descubrió muy pronto el peligro latente en el país que emergía para el futuro de la América Latina. Su saber enciclopédico e integrador y su preclara visión de la naturaleza de los fenómenos financieros le permitieron detectar los peligros que se cernían con la Conferencia Monetaria Panamericana. Su pensamiento de entonces conserva plena vigencia.

En ese contexto, José Martí tenía pendiente la asignatura  Cuba. Había que despejar a fondo las razones del fracaso de la Guerra Grande. No se conocía entonces el patético diario de Francisco Vicente Aguilera, uno de los más poderosos terratenientes de la zona oriental del país. Entregó la fortuna toda a la causa mayor. Por sus contradicciones insalvables con Céspedes y Quesada, fue enviado a representar los intereses de Cuba en el exterior. De una honestidad impoluta, llevaba al detalle las cuentas de los gastos incurridos. Nada guardaba para sí. Se privaba de las atenciones médicas elementales.

A pesar de los bienes heredados, Vicente Aguilera no había completado su aprendizaje en otros países. Desconocía los rejuegos de la alta política. Se vio atrapado en las maniobras de los Aldama, que mucho ofrecían y nada entregaban. Invirtió esfuerzos inútiles con políticos norteamericanos sin desentrañar los intereses reales de los vecinos del norte, nunca dispuestos a reconocer la República en Armas en espera de que la fruta madura cayera en sus manos. Enviado luego a Europa, desconocedor de sus lenguas y culturas, menos pudo hacer. Murió solo, en atroz agonía, devorado por el cáncer.

Martí se dio a la tarea de juntar voluntades, de devolver la fe a quienes la habían perdido. Para ganar la confianza de los veteranos sabía que habría de vencer obstáculos de toda índole. Para los antiguos combatientes era un intelectual inexperto, un improvisado sin experiencia alguna en las armas.

Se dedicó a una incansable labor persuasiva. Inmerso en el dominio de la realidad concreta, en Nueva York, en Cayo Hueso, en Tampa, se volvió hacia los de abajo. Contó con la generosidad extrema de quienes entregaban, sin pedir nada a cambio, los escasos ahorros y ofrecían alojamiento y comida al peregrino de la levita raída.

Centavo a centavo, obtuvo los recursos necesarios. Evitó contraer compromisos que lastraran el futuro de la nación. Trabajaba con sigilo, porque se sabía sometido a una vigilancia permanente. La traición de La Fernandina corroboró sus sospechas. Pero la suerte estaba echada. Había que iniciar la lucha con las manos vacías.

Para hacer patria era indispensable ganar la guerra con esfuerzo propio, libre de intromisiones y compromisos. Parejamente, era impostergable construir conciencia y nutrir el imaginario de la nación. Su palabra fue incansable, para liberarnos del lastre perverso del racismo. Teníamos que librarnos. No hay razas. El combate y la lucha  por la supervivencia en la manigua sería un crisol. La frontera del color era un instrumento del dominio hegemónico que horadaba desde la conciencia prejuiciada la unidad de la nación.

Martí fue reseñando las obras de nuestros escritores y artistas, aunque lo fundamental se revela en su creación personal, en su poesía y en su prosa, desbordante como los grandes ríos del continente, siempre seductora, aunque con frecuencia utilitaria. En sus últimos diarios accede a lo más alto de las letras hispanas. El recorrido de Playita a Dos Ríos, trazado con prisa en los momentos robados al descanso, encuentro tangible con el suelo añorado, con la naturaleza y el escalar montañas que hermana hombres, expresa la plenitud del ser en la fusión del sueño y la realidad.

En lo más profundo del desamparo de la República neocolonial, los intelectuales de la vanguardia iniciaron el rescate de su inmensa obra dispersa. Con el triunfo de la Revolución el trabajo se sistematizó; fueron saliendo sus Obras Completas. Es un capital que no podemos desperdiciar en la reiteración de las mismas citas reducidas a axiomas descontextualizados. Como hiciera en vida, tiene que seguir enseñándonos a pensar, con la pasión que animó su existencia gigante.

Sobrecoge contemplar cómo pudo hacer tanto en vida tan breve. Ante la áspera orilla de Playita de Cajobabo, me sobrevino la imagen del cuerpo endeble, remero inexperto, con las manos ampolladas, que se mantenía impulsando la embarcación al ritmo de sus compañeros de viaje. La férrea voluntad se sobreponía al dolor. Debió sentir una felicidad suprema. En la oscuridad de la noche, percibía la patria cercana.

Fuente. JUVENTUD REBELDE

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

graziella 2La semana laboral transcurre devorada por las múltiples tareas impuestas por mi centro de trabajo. Reservo para los fines de semana el disfrute de establecer este diálogo con interlocutores conocidos y desconocidos.

Es lo que me impide ofrecer respuestas inmediatas a los acontecimientos de la actualidad.

En esta ocasión, aunque hayan pasado muchos días desde su desaparición física, no puedo renunciar a la evocación, desde mi perspectiva personal, de uno de los fundadores de nuestra cultura nacional, de Ramiro Guerra y su contribución efectiva a redondear la imagen de lo que somos.

Todavía muy jóvenes, nos conocimos probablemente en Nuestro Tiempo, agrupación de escritores y artistas progresistas, soñadores de un futuro mejor para la nación y orientada por el Partido Socialista Popular.

Aspirantes a cineastas, teatristas, músicos, escritores y artistas de la Plástica, representantes todos de una vanguardia prometedora, confrontaban ideas y se aventuraban en la experimentación en sus campos respectivos.

Nuestra relación devino amistad verdadera cuando coincidimos en una larga travesía marítima que nos llevaría desde La Habana hasta las costas de Francia. Entonces la aviación civil no era de uso corriente, sobre todo para quienes disponían de pocos centavos, ahorrados trabajosamente, con el propósito de abrirnos a horizontes más amplios, aprender y regresar a Cuba para incorporar los nuevos conocimientos a proyectos de gestación.

El Reina del Mar, con bandera británica, salía de Valparaíso, recogía en los puertos del Pacífico a jóvenes latinoamericanos movidos por inquietudes similares a las nuestras y terminaba el recorrido en Liverpool. En esa ocasión, viajaba también Violeta Casal, la actriz que había representado, con la poderosa expresividad de su voz, los protagónicos de las tragedias griegas estrenadas por Teatro Universitario. Sería más tarde la voz inconfundible que identificaba a Radio Rebelde desde la Sierra Maestra.

En aquellos días difíciles, el ballet Alicia Alonso –despojado de ayuda oficial– sobrevivía con dificultad, aunque hubiera conquistado un sector del público, admirados del talento excepcional de la gran intérprete de Giselle.

En tan ingrato ambiente, Ramiro Guerra soñaba con sentar las bases para el desarrollo de la danza moderna en Cuba. Con el triunfo de la Revolución, los obstáculos se allanaron. Se constituyó el Ballet Nacional de Cuba y en el primer semestre del 59 Isabel Monal recibió el encargo de echar a andar el Teatro Nacional. El edificio de la Plaza de la Revolución era un elefante blanco. Los planos habían desaparecido. La sala Covarrubias resultaba un espacio sordo. Sin embargo, la recién estrenada directora de la institución supo desplegar su capacidad de animadora cultural. Sabía escuchar y se rodeó de un grupo que, desafiando los tiempos difíciles, movido por la fe y la esperanza, había acumulado saber y experiencia. Seguir leyendo EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

 

GRAZIELLA POGOLOTTI

Tenía apenas siete años. Vivía en Italia con mi tía abuela. En la escuela gozaba de mucha popularidad entre mis compañeras. Me sentía muy feliz. En aquel verano de 1939, como siempre, estaba pasando las vacaciones en la aldea natal de mi abuelo paterno. Con el grupito de amigos salía a buscar setas en los bosques. Jugábamos en la yerba recién cortada, apilada para preparar el heno que alimentaría a los animales en el duro invierno nevado. Algunos de aquellos muchachos, lo supe mucho después, se alzarían en la resistencia antifascista y morirían en la contienda.

De repente, estalló la tormenta. En la frontera de Polonia había comenzado la guerra. Para mí, Polonia era el nombre desconocido de un lugar ignoto. Con extrema urgencia había que recoger los pocos bártulos que me acompañaron en las vacaciones, marchar a París y seguir viaje a Cuba. En el tren se mostraban las señales de aquelarre. Jóvenes turistas británicos, convocados al servicio militar, llenaban los pasillos portando shorts y raquetas de tenis. Quizá algunos marchaban hacia la muerte.

En París conocí las ventanas tapiadas, la alarma por amenaza de ataques aéreos a cualquier hora, el refugio apresurado en los sótanos, las máscaras antigás. Después de muchos avatares que he contado en otra parte, llegué a Cuba, junto con mis padres. Portaba una hoja con una foto y un sello oficial que se llamaba pasaporte. Nada sabía de la Isla. Caí en medio de un idioma ininteligible, entre personas y costumbres desconocidas. Tuve que esperar por septiembre del año siguiente para integrarme a la escuela. Un mes más tarde ya había aprendido el significado del 10 de Octubre y algo sabía de Carlos Manuel de Céspedes. Pero el trauma del desarraigo tardó mucho en superarse. Fueron noches de dormir inquieto, de irritabilidad siempre a flor de piel. Me llegaron cartas de mis 40 compañeritas de clases que me recordaban y me echaban de menos. Luego, la guerra impuso el silencio.

Comprendí entonces que cualquier acontecimiento político ocurrido en algún lugar del planeta podía tener consecuencias en mi vida y mi destino. Tenía que aprender y entender.

Fui siguiendo el desarrollo de la guerra en un mapa de Europa. Escuchaba la lectura de prensa. En la medida en que mi nueva identidad me iba entrando en la piel y en el alma, me involucré en los sucesos de la nación. Mientras iba madurando, se acrecentaban mi conciencia ciudadana, mi necesidad de explorar las esencias del país y mi voluntad participativa, mi sentimiento solidario con el dolor de nuestra especie.

Mi vivencia personal contribuyó a que me estremeciera la lectura del diario de Ana Frank, culpable tan solo de haber nacido judía. Comprendí la violencia brutal ejercida a través de todas las formas de racismo. Sobre todo, porque pude palparlo desde la cercanía, me indignó el crimen cometido contra la inocencia de la infancia a través de la llamada operación Peter Pan.

Ante la falacia propagada acerca de la supuesta privación de la patria potestad, miles de niños fueron enviados hacia lo desconocido. Muchos de ellos padecieron las ásperas condiciones de los orfanatos. La gran mayoría quedó marcada para siempre por una experiencia traumática.

Me concierne la política porque tengo que discernir la verdad en un planeta amenazado por la depredación, por la supresión de la diversidad cultural, por la propagación del racismo, por el arranque doctrinal contra los derechos de la mujer, por la imposición de una filosofía basada en el todo vale, por el ascenso de ideas sustentadas por sectas fanáticas, por la reivindicación de las dictaduras que asolaron buena parte de Nuestra América en nombre de una falsa versión de democracia. Seguir leyendo POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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