Archivo de la categoría: Crónicas

LOS LABIOS DE JEANNE MOREAU. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Fue imposible entonces ir a ver sus muchas película sin apartar los ojos de aquellos labios; al reírse, al llorar, al pronunciar un parlamento cualquiera  con su voz eternamente grave.

Ninguna firma de cosméticos la  hubiera contratado para un anuncio (portadora ella de una belleza tan poco convencional para los años 50-60), y sin  embargo, nunca tuvo el cine labios tan diferentes y explícitos a la hora de expresar un sentimiento.

Desconozco si algunos de los grandes directores que desde muy temprano la buscaron  repararon en ese don. Es de suponer que sí, ellos tan capaces de explotar los movimientos  de su cuerpo (entrenado en el teatro), la expresividad de los ojos, su don de transmitir  una sensualidad tan libre como misteriosa.

Cuando Jeanne Moreau, deidad de la Nueva Ola y protagonista de muchos filmes más, falleció en el 2017 a la edad de 89 años, lo primero que me vino a la mente fue la forma de sus labios y las excelentes películas en las que, una tras otra,  dejó estampadas sus huellas.

Fuente: Periódico Granma

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EL COSTILLAR DE ROCINANTE. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

No fue un hombre de éxito. Herido en Lepanto, conoció los padecimientos de los galeotes. De regreso a España, sufrió miseria y alguna incursión en la cárcel. No alcanzó el favor de los poderosos, que benefició a algunos de sus contemporáneos, también gigantes literarios en aquellos deslumbrantes siglos de oro de la creación peninsular, como sucedió con el pródigo Fénix de los ingenios, el dramaturgo Lope de Vega. Y, sin embargo, el idioma hablado en la actualidad por millones de habitantes del planeta recibe el apelativo de lengua de Cervantes, porque su criatura mayor, Don Quijote, echó a andar un día sobre el lomo de Rocinante junto a su fiel y rústico escudero Sancho Panza. A través del Atlántico llegó de contrabando a las recién conquistadas tierras de América.

Sorprende la extensa difusión de la obra desde fecha temprana, cuando las embarcaciones se movían impulsadas por velas, sujetas al capricho de los vientos. Cabalgando sobre Rocinante, Don Quijote ha cruzado el espacio y el tiempo. Novela de aventuras llena de peripecias, parodia de las historias de caballería, mantiene una singular modernidad. Las empresas nacidas de la aparente locura del protagonista inspiran la risa del lector, movido a la vez por una creciente simpatía. Muchos especialistas han observado la progresiva quijotización del escudero Sancho. En verdad, el rudo y realista aldeano no es contrapartida del hidalgo empobrecido. Uno y otro se complementan, como sueño y conocimiento de la realidad conviven en cada uno de nosotros.

Sobre el paisaje de una España empobrecida, aunque dueña de un extenso imperio donde no se ponía el sol, intolerante con los mozárabes crecidos en ella durante generaciones, sometida a la insolencia de los poderosos, se levanta el perfil justiciero del Quijote. A su lado, el rudo escudero se convierte en Sancho amigo, capaz de impartir justicia de raigambre humana y popular mientras permanece en la ficticia gobernación de la ínsula Barataria. A lo largo de la aventura, en diálogo permanente, se entrecruzan el idioma cultivado del hidalgo y el habla refranera de su acompañante. La lengua de Castilla despliega toda su riqueza expresiva.

Por tradición establecida, de año en año, entre el griterío de los niños, depositamos flores y pronunciamos algunas palabras ante la estatua que evoca la memoria de Miguel de Cervantes en el habanero parque de San Juan de Dios. Es el 23 de abril, Día del idioma, ese indispensable medio de comunicación y conocimiento. Horneado durante siglos, en prolongada cocción de historia y cultura integró fuentes de origen diverso. Sobre la espina dorsal procedente del latín, dejó su huella la presencia secular de los árabes en España. En el cruce del Atlántico hacia la conquista y colonización de América, se hicieron palpables cadencias andaluzas y canarias. Del lado de acá, el contacto con los pueblos originarios y los migrantes voluntarios o traídos por la fuerza siguió acrecentando el caudal.

Sin renunciar a las esencias del legado recibido, los escritores nacidos en esta parte del planeta pegaron el oído a la tierra. Escucharon voces y melodías. Fijaron en la letra formas renovadoras. Enriquecieron así el poderoso torrente común. A pesar de la pequeñez de la Isla y de su tardía llegada a la independencia, Cuba no estuvo al margen de ese proceso.

Heredia anunció el arribo del Romanticismo con tonalidades, que mucho difería del que habría de desarrollarse en España. Precursor reconocido por Rubén Darío, Martí se situaba en el instante inaugural del Modernismo. Con su jolongo cargaría el Apóstol a la hora de emprender viaje hacia Playita de Cajobabo y dejar en su diario, impronta del breve tránsito hasta Dos Ríos, uno de los textos más extraordinarios escritos en nuestra lengua. Fiesta innombrable y reconocimiento de lo que somos, la palabra ha seguido haciéndose cuerpo, fijando matices y modulaciones en la obra de nuestros escritores. Es un tesoro que hemos contribuido a amasar en los trabajos y en los días, en el batallar por la defensa de nuestra soberanía. No podemos permitir que se nos empobrezca en el abandono a la ley del menor esfuerzo, reductora del léxico y la sintaxis en un habla que diluye poco a poco la articulación de las consonantes. El Día del idioma, homenaje a Cervantes, no puede limitarse a la celebración consuetudinaria de un acto formal. Debe convocar a una reflexión imprescindible.

Demasiado acomodado y apacible para mi gusto, persiste en mi memoria la imagen sedente de Cervantes en el parque San Juan de Dios, sitio que daba nombre al barrio de mi infancia. Prefiero a su criatura, el andariego hidalgo sobre el costillar de Rocinante, tal y como la evocara el Che en su carta de despedida. Ahí está, en otro lugar de La Habana, el parque del Quijote, porque al hidalgo manchego, adarga en ristre, le queda camino por andar con muchos entuertos por desfacer.

Fuente: Diario Juventud Rebelde

DE PELÍCULA. DAVID BROOKS

American Curios

DAVID BROOKS / LA JORNADA

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Manifestación en Nueva York contra el bombardeo de Estados Unidos, Reino Unido y Francia contra objetivos en Siria en represalia por el presunto uso de armas químicas contra la población civil en la ciudad de Duma, cerca de Damasco.  Foto Afp

david brooksLa tarea diaria de descifrar y explicar Estados Unidos se ha vuelto infinitamente más difícil en la era de Trump. Reportar de la misma manera que se hacía antes implica pretender que todo es normal dentro de un manicomio, o la alternativa es reportar que un manicomio encabezado por alguien que dice: mi botón es el más grande es quien está a cargo del país más poderoso de la historia. Ante cualquiera de estas opciones, también se tiene que abordar por qué el público sigue en gran medida como espectador ante lo que tantos dicen es no sólo un ataque brutal contra la democracia estadunidense, sino la mayor amenaza al mundo.

Por supuesto hay denuncias y otras expresiones de disidencia que buscan rescatar a este país todos los días –y no sólo de progresistas y conservadores tradicionales, sino desde muy dentro del establishment– junto con, de vez en cuando, algunas de las manifestaciones más grandes en la historia reciente del país repudiando al régimen trumpista.

Algunos creen que los escándalos e investigaciones están llevando a que los días de este régimen estén contados. “Tu kakistocracia está colapsando después de su lamentable paso. Como la nación de mayor grandeza conocida en la historia, tenemos la oportunidad de salir de esta pesadilla más fuertes y estamos comprometidos en asegurar una mejor vida para todos los estadounidenses, incluidos aquellos que has engañado tan trágicamente”, tuiteó hace un par de días John Brennan. Pero hay algo muy, muy preocupante cuando un ex jefe de la CIA, entre tantos otros veteranos de la cúpula política del país, advierte contra la amenaza llamada Trump.

Pero día con día se permite que procedan los asaltos crueles contra inmigrantes, mujeres, minorías, las artes, los derechos civiles, el medio ambiente y hasta instituciones gubernamentales. Aún hay –a pesar de que amplias mayorías reprueban este régimen en las encuestas– demasiado silencio. Y aun cuando se rompe el silencio, no ha sido suficiente el ruido opositor como para repeler –con algunas excepciones– el asalto frontal contra casi todos aquí y por el mundo. El comandante en jefe acaba de enviar misiles contra Siria en lo que muchos definen como un acto ilegal, pero no hubo protestas masivas. Sin mayor resistencia, en los hechos eso se traduce en que los espectadores se vuelven cómplices.

Igual en el extranjero, donde gobiernos del mundo, con algunas excepciones notables, no condenan la violación a derechos humanos, normas y acuerdos internacionales cometidos por el gobierno en Washington. Al no hacerlo, se vuelven cómplices, tal como se acaba de exhibir en la recién concluida Cumbre de las Américas. Los historiadores recuerdan otros momentos en los que la colusión de gobiernos democráticos con regímenes que se proclamaban superiores con derecho a desatar guerras unilaterales y reprimir salvajemente a todo disidente llevaron a desastres humanos.

Aquí, todos los días se reporta sobre un régimen apoyado por sectores supremacistas blancos, algunos abiertamente neonazis, que ha amenazado con usar armas nucleares para matar a millones de seres humanos, y que dentro y fuera de este país realiza una masiva persecución de inmigrantes con tácticas sadicas que incluyen arrancar a hijos de los brazos de sus madres. “Mi hijo me dice todos los días ‘tengo miedo mami’, sólo queremos vivir y trabajar aquí porque tuvimos que salir de nuestros países por lo mismo, para escapar del miedo. ¿Qué le digo a mi hijo, cómo le explico esto?”, pregunta una madre guatemalteca que está en santuario en una iglesia de Nueva York, en un acto de resistencia contra estas políticas.

De repente, uno tiene la sensación de que todo esto tiene que ser una película, de que no es posible que estemos reportando esto todos los días. No puede ser tan abiertamente bruto, donde el debate político es de berrinches e insultos de nivel de secundaria (perdón a los estudiantes de secundaria por la comparación). Tiene que ser una reseña de una película, y no un documental aún no editado.

¿Pero es una película satírica, un melodrama de segunda, es una de horror, o sólo una tragicomedia? Depende del día. Por ahora es como una mezcla de Dr. Strangelove, de Kubrick, con Wag the Dog (con De Niro, Dustin Hoffman y Willie Nelson, en la cual para distraer de un escándalo personal sexual del presidente, un equipo de control de daños fabrica una guerra ficticia), y El Padrino (en su nuevo libro James Comey, el ex jefe de la FBI, compara a Trump y su entorno con una familia de la mafia).

No sería difícil elaborar el guión. Como han confesado muchos de los comediantes satíricos que se han vuelto los referentes más confiables todos los días (los grandes bufones de esta corte imperial) para analizar esta coyuntura política, esto se escribe solo.

Tal película podría incluir hasta sorpresas positivas para la relación bilateral con noticias como ésta “reportada por el humorista Andy Borowitz en una nota satírica publicada en The New Yorker: “México sorprendió el mundo (…) al aceptar pagar por el cuidado siquiátrico de Donald J. Trump”. El presidente mexicano declaró que había autorizado el pago “a pesar de críticas en su país de que tal tratamiento podría ser más caro que el muro fronterizo. Argumentó que ‘cuando la seguridad del mundo está en juego, 800 dólares la hora es barato’”.

Y se podría contemplar un final feliz para la película: una estrella porno salva a Estados Unidos. Stormy Daniels decidió romper el silencio y enfrentar al presidente al revelar su aventura sexual con Trump y los intentos para callarla, y con ello ayudó a detonar una investigación federal que podría ser, dicen los que saben, más peligrosa para el futuro de este régimen que otros asuntos. Ahora hay esta percepción de que las estrellas porno podrían salvar al país de esta presidencia por expresar la verdad, comentó Alana Evans, otra estrella de pornografía amiga de Daniels.

Pero para todo cineasta serio (como para los periodistas), la pregunta es cómo, y cuándo responderá el público una vez que salgan de la sala de exhibición a la calle (¿se escuchará algún eco de mayo 1968 en París?)

LAS HERRAMIENTAS DEL PENSAR. GRAZIELLA POGOLOTTI

Ningún fenómeno parcial puede desgajarse de un análisis integral conducente a detectar las causas de las cosas.
El influjo envolvente del audiovisual exige diseñar estrategias para preservar la presencia viva de la palabra y dominar la infinita riqueza de la lengua materna.

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

Desde febrero hasta mayo, la Feria del Libro lleva a cabo un prolongado recorrido a través del país. Al mismo tiempo, los alumnos que transitan el último curso del preuniversitario preparan sus exámenes de ingreso a la Educación Superior. Desconectados en apariencia, ambos acontecimientos tienen un punto de encuentro en el tema de la lectura como vía de acceso al conocimiento en relación con las capacidades que habrá de desarrollar un profesional para responder a las demandas de la sociedad en un mundo sometido a cambios acelerados de toda índole.

Existe más allá de nuestras fronteras un importante debate acerca de la función de las universidades. Las posiciones divergentes se manifiestan en términos teóricos desde las perspectivas conjugadas de la pedagogía, la sicología  y la sociología. En países donde las medidas con inspiración neoliberal han condicionado el creciente deterioro de la universidad pública en favor del imparable florecer de las privadas, se redefine el papel asumido históricamente por las universidades como productoras de nuevos conocimientos en las ciencias básicas y las humanidades para perfilarse ahora con marcado carácter empresarial, como simples proveedoras de fuerza de trabajo según las demandas inmediatas del mercado laboral.

La reforma universitaria cubana de los 60 respondía a un proyecto pedagógico que se había ido configurando, desde la colonia, en estrecha articulación con el propósito de forjar una nación. Félix Varela fue el primero que nos enseñó a pensar en cubano. Los discípulos más preclaros de Luz se incorporaron a la lucha independentista. En Nuestra América, José Martí plantea el programa conceptual de mayor alcance. A pesar de su modestia, la propuesta de Varona desembocaría en la frustración.

La posibilidad de generar conocimiento desde la perspectiva de desarrollo de la sociedad es uno de los factores constitutivos de toda auténtica soberanía. Por eso, docencia e investigación resultan inseparables. La adquisición de habilidades para el ejercicio de una práctica profesional concreta no puede prescindir del  aprender a pensar.

Las matemáticas entrenan para la estructuración de un tipo de pensamiento lógico. De la historia se deduce un modo de entender, en el complejo entrecruzamiento de aristas que trascienden el mero recorrido hechológico, las claves del funcionamiento de una sociedad. Lo fundamental, sin embargo, dimana del dominio de la lengua materna, lamentablemente empobrecido por la interacción de numerosos factores.

Sabida es la correlación entre pensamiento y lengua. Quien disponga apenas de un léxico rudimentario y de una sintaxis elemental, podrá satisfacer, acaso, los reclamos básicos de la supervivencia. Gravemente mutilado, el diálogo tropezará con obstáculos infranqueables. Al fallar el recurso de la palabra, en situaciones difíciles, rotos los puentes de la comunicación, acudirá a la violencia.

Ante las deficiencias comprobadas en el dominio de la lengua, hemos atendido a la proliferación de los errores ortográficos.

Obvios por su expresión gráfica en el entorno, con asomos ocasionales en la pantalla del televisor y acceso incontrolado a la cartelística que nos invade con la contaminación de términos tomados del inglés, junto a las abreviaturas usuales en los mensajes electrónicos, los errores ortográficos revelan problemas de mayor alcance respecto al dominio del español.

Ningún fenómeno parcial puede desgajarse de un análisis integral conducente a detectar las causas de las cosas. Resulta en extremo preocupante la pobreza manifiesta en los ejercicios de redacción, la incapacidad de transmitir los detalles significativos en la descripción de un ambiente, de relatar sucesos de la vida cotidiana y de organizar adecuadamente un conjunto de ideas.

Reducida  a lo elemental, la visión del mundo se proyecta en blanco y negro, carente de los matices que cualifican la realidad, desde las relaciones interpersonales hasta los vínculos que entrelazan un mundo cada vez más interdependiente.

Incapaces de ordenar las piezas que componen el universo tangible y de interrelacionar factores de distinta naturaleza, nos estará vedado el acceso al pensamiento abstracto, a la formulación de las interrogantes indispensables para desarrollar una perspectiva crítica y conquistar nuevos espacios de conocimiento.

Llave maestra del pensar, la palabra abre múltiples vías de acceso al saber, siempre sometido a los cambios que acompañarán nuestras vidas. Las herramientas adquiridas a través del eslabonamiento de la escuela, la universidad y el posgrado, concebidas con frecuencia al calor de las demandas del utilitarismo y la inmediatez, resultan insuficientes cuando no alientan la iniciativa y la creatividad, cuando carecen de la savia nutricia crecida en la permanente problematización de la realidad, en la capacidad de establecer el diálogo entre razón e imaginación y el nexo entre experiencia concreta y síntesis conceptual.

El influjo envolvente del audiovisual exige diseñar estrategias para preservar la presencia viva de la palabra y dominar la infinita riqueza de la lengua materna, herramienta indispensable del pensar. Existen experiencias en otros países que vale la pena tener en cuenta. En todos los casos, la plataforma básica se centra en el rescate del disfrute de la lectura, cultivado desde edades tempranas como objetivo central de la enseñanza a distintos niveles, pero que no habrá de circunscribirse al aula.

Concebido de manera integral, habrá de comprometer en la promoción del libro y la lectura al conjunto de instituciones que intervienen en la sociedad y a todos los grupos etarios que componen el espacio íntimo de la familia.

ENSEÑAR Y APRENDER. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Diarios, correspondencia, artículos, crónicas, relatos y estudios teóricos han ido relevando, poco a poco, la extensión de la obra escrita dejada por el Che. Asombra el volumen de un trabajo realizado en una existencia breve, consagrada en gran parte al combate guerrillero y a las altas responsabilidades asumidas en los años que sucedieron al triunfo de la Revolución Cubana en los campos de la industria, la banca, las relaciones internacionales; en lo militar y en la acción política concreta; en la formación de cuadros y en el sistemático contacto con las masas.

En medio de tantas presiones acuciantes, supo que las exigencias de la inmediatez, la respuesta rápida a la demanda del ahora mismo, no podían desgajarse del diseño de una perspectiva a largo plazo fundamentada en el dominio de temas económicos, sociales, políticos, junto con el análisis de la experiencia acumulada a través de la historia del socialismo.

Hubo en Che vocación de escritor. Sin embargo, lo fundamental de sus textos no responde a ese llamado interior. El enfrentamiento con la página en blanco constituye un ejercicio de reflexión, un modo de ordenar ideas, de seleccionar lo esencial a partir de las vivencias, una confrontación permanente entre el perfilarse de los conceptos y el complejo pálpito de la realidad.

En su  peregrinar por el continente palpó el dolor de América y descubrió la maravilla del legado de sus culturas originales. Conoció desde dentro el trágico proceso guatemalteco, la intervención del imperio para impedir una cautelosa reforma agraria y la consiguiente violencia represiva  que habría de prolongarse durante años, con su interminable rastro de sangre.

A partir de ese tránsito iniciático, la lucha guerrillera en Cuba resultó fecundante en más de un sentido. Comprendió en ella, tal y como lo afirmó en uno de sus textos, la dialéctica esencial entre enseñar y aprender. Los supervivientes del Granma eran portadores de ideas que definían un proyecto de nación. Fueron afianzando su base de apoyo en uno de los territorios más preteridos del país. A la extrema precariedad  de sus habitantes, privados  de los derechos a la tierra, a la letra y a la salud, se añadía la aplicación de distintas formas de violencia, desde la exacción económica hasta la acción directa de los cuerpos armados, la guardia civil de siempre y la represión brutal desencadenada por el ejército de la tiranía.

Desde el primer momento, todavía acosados y dispersos, los combatientes establecieron relaciones  respetuosas con los habitantes  de la zona. De esa manera, en el plano de los hechos concretos, se establecía el fundamento de una ética orientada al rescate de la dignidad del ser humano, propósito último de todo proyecto de transformación social. A los fines inmediatos, por esta vía, conquistaron apoyo, colaboración y solidaridad. Era el núcleo generador de una nueva institucionalidad que iría tomando cuerpo paulatinamente con la educación, el cuidado en situaciones críticas de salud, hasta llegar a la convocatoria del congreso campesino.

Traducida a las demandas de un contexto real, las ideas se desprendían de su formulación abstracta, permeadas por una realidad social conformada por factores históricos y económicos objetivos y por una subjetividad construida en el transcurso del tiempo y transmitida a través de generaciones.

Con el respeto mutuo se había sembrado el diálogo productivo entre dos culturas. En el destacamento revolucionario había fraguado un pensamiento a partir del conocimiento de los procesos históricos de Nuestra América y del análisis crítico de los problemas que condujeron a un callejón sin salida a la Cuba neocolonial.

En los hombres de la tierra anidaba una sabiduría hecha de tradición y de la dramática vivencia del desamparo. Ambas convergían en la exigencia apremiante de una acción transformadora. Para conquistarla, las dos perspectivas debían conjugarse en la dialéctica entre enseñar y aprender. Comprendió así el Che que el arraigo a la tierra, fuente nutricia de vida y la garantía de un asentamiento seguro, había configurado sueños, aspiraciones y mentalidades que no podían desconocerse con vistas a la puesta en práctica de un proyecto revolucionario. Los tiempos cambian pero en cada circunstancia, la dialéctica entre enseñar y aprender mantiene plena vigencia.

Bien despacio, con la mente alerta y el oído aguzado, he vuelto a la papelería del Che. Descubro en ella, a veces apenas perceptible, la voz íntima  de un hombre, de un compañero y amigo al que nunca tuve la oportunidad de conocer personalmente y que resulta ahora cercano y necesario. Pudoroso siempre, afirmó alguna vez que todo revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor. Ese impulso, latente en lo más profundo del ser, no se remite a un concepto abstracto de humanidad, figura retórica vacía de contenido. Alienta el contacto hacia las personas  concretas de los más variados orígenes, próximos en el dolor compartido, en la inmediatez tangible del combate, en los trabajos y el transcurso de los días. Se expresa en la ternura rescatada y en la mirada escrutadora que atraviesa lo más profundo del otro. Aparece en la evocación del Patojo, el amigo de siempre, en la semblanza del Vaquerito, en la brevísima acotación de su Diario boliviano al producirse la caída de Eliseo Reyes. En un texto sobrecogedor, recogido en una publicación reciente de Casa de las Américas, lúcido ejercicio de introspección, se reconoce escindido entre el sueño de disfrutar el calor hogareño y el compromiso ético con una existencia convertida en destino. Agigantado por tan conmovedora cercanía, permanece entre nosotros, cada vez más imprescindible.

UN PIONERO DE LA COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

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El cineasta cubano Santiago Álvarez, creador del Noticiero ICAIC Latinoamericano.

GRAZIELLA 2Cuando tenía dos pesetas, allá en mi lejana juventud, me sumergía en una prolongada tanda cinematográfica. Frecuentaba los ya desaparecidos Verdún y Majestic, situados en una calle célebre por su fama prostibularia. Allí, ajena al mundo que me rodeaba, podía disfrutar un buen largometraje, un paréntesis de muñequitos, y soportaba con resignación la inevitable presencia del noticiero. Era el desfile gris de lo ya sabido, con más visos de crónica social que de información verdadera, sometido a la densa rutina de una cámara inmóvil.

A diferencia de lo ocurrido con la generación de nuestros padres, la mía creció bajo la influencia del cine, incorporado ya a la vida cotidiana. Para muchos constituía mero entretenimiento, tiempo de evasión dominical compartido con amigos y también espacio propio para la aproximación entre las parejas. Una minoría creciente se apasionaba por descifrar los secretos de una manifestación artística que convocaba el interés de las multitudes y que, en medio siglo, desde el mudo hasta el sonoro, había construido su  propia historia y abierto horizontes renovadores al concepto cultural. En algunos maduraba la aspiración —entonces puro sueño de una noche de verano— de convertirse en cineastas.

Los sueños se convirtieron en realidad con el triunfo de la Revolución y la consiguiente creación del Icaic. El auspicio al cine documental y de ficción se complementó con la aparición de un noticiero que, muy pronto, demostró probada eficacia comunicativa bajo la conducción de Santiago Álvarez. Avalada por la Unesco, su obra ha alcanzado reconocimiento internacional. Confieso, sin embargo, que no me gusta el silencio de los  panteones. Prefiero rescatarla viva, como fuente de conocimiento para desentrañar las claves del ayer y los rumbos de la contemporaneidad.

Con la distancia del tiempo podemos descubrir los caminos que se bifurcaban en los 60 del pasado siglo. El proceso descolonizador transitaba por el auge de su onda expansiva. En los intersticios de la Guerra Fría, el Movimiento de los Países No Alineados tomaba la palabra.

En Estados Unidos, la guerra de Vietnam era el detonante que promovía la resistencia entre los jóvenes universitarios. Al mismo tiempo, adquirían visibilidad otras fisuras latentes en la nación. Los excluidos de siempre se manifestaban a través de la acción y la palabra. Era el combate en favor de los derechos civiles de los negros. Las mujeres reclamaban el acceso a una auténtica igualdad, aún no conquistada. También se sumaban los excluidos por distintas razones, entre ellas, las de orientación sexual. De diferentes polos, en un amplio espectro ideológico que se movía entre el reformismo y las posiciones más radicales, convergían aspiraciones a edificar una sociedad más justa.

Menos visibles, otros fenómenos intervenían en la modelación de la realidad. La televisión desplazaba al cine en el monopolio de la comunicación audiovisual. Entraba a los hogares. De carácter comercial, su éxito se sustentaba en asociar la necesidad de reposo a una tendencia al acomodamiento evasivo, refugio del no pensar. Desde el territorio de la intimidad, forjaba gustos y formulaba un recetario acomodaticio y adormecedor.

Ante el embate, algunos Gobiernos subvencionaron alternativas más válidas en lo cultural, aunque han tenido que ceder terreno presionados por las demandas del mercado. En el plano de la economía, avanzaba la rápida transnacionalización del capital. Bajo ese auspicio, cobraba forma el pensamiento neoliberal. Ese contexto da la medida de la envergadura del proyecto emprendido por Santiago Álvarez en sus noticieros y documentales.

Cuba desempeña un papel de primera importancia en el enfrentamiento a las distintas formas de coloniaje. Para lograr ese propósito, había que plantearse también la indispensable descolonización de las mentalidades. Frente a quienes asumían una actitud paternalista de implícita subestimación de las capacidades de entendimiento de las grandes mayorías, se imponía la necesidad de estimular el desarrollo de un interlocutor avispado, inquieto, lúcido, crítico y participativo.

Se planteaba así una modificación sustantiva en las reglas de la comunicación. Había cesado el dominio absoluto del mensaje transmitido mediante la palabra. A través de medios cada vez más invasivos, la información y el relato de los acontecimientos se valían de la acción simultánea de la voz, el sonido y la imagen. Valiéndose de su dominio de los recursos del arte y de una perspectiva conceptual, Santiago Álvarez utilizó de manera consciente la conjunción de distintas expresiones de la creación para estimular el interés del espectador, para tocar las fibras del intelecto, la sensibilidad y la emoción. Tendía un puente dialógico —a veces cómplice y humorístico— con el destinatario, que compartía así la exploración de la realidad viviente.

El poder financiero coloca hoy la comunicación audiovisual al servicio de la manipulación de las conciencias. Como lo hizo Santiago Álvarez en su momento, nos corresponde ahora, descartando rutinas y tentaciones de trasplante mimético, convocar al talento, la creatividad y la imaginación para elaborar un modelo alternativo de comunicación audiovisual.

Fuente: Periódico Juventud Rebelde, 25 de marzo de 2018.

PERIODISMO Y CULTURA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

José Antonio Fernández de Castro es el nombre del premio que se concede a los periodistas del sector cultural. Poco se sabe, sin embargo, de la trayectoria fulgurante y efímera de este singular personaje. Emergió en el contexto de la Primera Vanguardia y del Grupo Minorista, fenómenos que contribuyeron a configurar el entorno de los años 20 en la Cuba del pasado siglo. Perteneció a la generación de intelectuales que impulsó, en la práctica concreta, la renovación de los lenguajes artísticos, la redefinición de los auténticos valores de la cultura nacional mediante el rescate de las tradiciones populares hasta entonces soslayadas, a la vez que hacía sentir su voz en la arena pública, tomando partido en favor de una raigal transformación de la sociedad. Inconformes y abiertos al mundo, el doble impacto de la Revolución de Octubre y de la que se había desencadenado en el vecino territorio de México afianzó en los intelectuales la conciencia de la necesidad de barrer las huellas del coloniaje. Para lograr ese propósito, cultura, sociedad y política debían estar estrechamente entrelazadas.

En aquellos años 20 del pasado siglo, el panorama cubano distaba mucho de ser promisorio. Concluida la Primera Guerra Mundial, los precios del azúcar se hundieron estrepitosamente. Habían llegado «las vacas flacas». La corrupción administrativa se agigantaba. Ante esa realidad, un grupo de intelectuales irrumpió en el espacio público con la llamada Protesta de los Trece, animada por Rubén Martínez Villena. Muy pronto tomaría cuerpo la dictadura de Gerardo Machado. Sin que mediara la filiación partidista, una convergencia en el plano de las ideas establecía nexos subyacentes entre el accionar político de Mella y Rubén con las inquietudes manifiestas en el ámbito de la renovación cultural. Los escritores bisoños procuraron encontrar espacios en periódicos y revistas de amplia circulación. Por esta vía, tendieron puentes hacia sectores más amplios de la sociedad cubana, porque la batalla por la cultura y por la nación debían librarse de manera simultánea. Entre ambas se afianzaba el autorreconocimiento y la afirmación de esenciales valores nutricios.

Fernández de Castro inició su tarea intelectual con la exploración de la cultura cubana del siglo XIX. Reveló zonas desconocidas del crítico reformista Domingo del Monte. Los apremios de la época lo llevaron a volcarse hacia una lectura participativa y desprejuiciada de la compleja realidad de su tiempo. Bajo la égida de la obra inicial de Fernando Ortiz, compartió con algunos de sus coetáneos el acercamiento al territorio marginado de nuestras fuentes de origen africano. Mirar en profundidad hacia adentro contribuía a hacer visible un imaginario latente en la rica creatividad de nuestra percusión y en una fabulación que conserva la memoria viva de una cultura trasplantada mediante el ejercicio de la violencia de la infame trata negrera. La valoración legitimadora de esta herencia formaba parte del proceso descolonizador que tomaba cuerpo en el terreno de la política.

Como Carpentier, Fernández de Castro conoció el bregar periodístico desde la tarea cotidiana en la mesa de redacción. Involucrado en la «causa comunista» de 1927 desatada por Machado, compartió con Carpentier los rigores de la cárcel. Tuvo la audacia de comprometerse en lo político y la astucia necesaria para conquistar un espacio en el conservador Diario de la Marina para difundir, con aguda perspectiva crítica, las obras de la naciente vanguardia literaria cubana.  Seguir leyendo PERIODISMO Y CULTURA. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL PODER DE LA SUBJETIVIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

LA LECCIÓN. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Me puse a ver una película que, de tan mala, seguí viéndola para comprobar hasta dónde podía llegar el cúmulo de sus impericias.

Historia sosa tomada muy en serio por su director, diálogos reiterativos, decorados que amenazaban con venirse abajo al primer estornudo, escenitas de sexo sin un mínimo de simulacro erótico, tiros a raudales y actuaciones tan lejos de ser consideradas que movían a la risa.

Películas similares las suelo «tumbar» antes de que alcancen los cinco minutos en pantalla, esta, sin embargo, la dejé rodar movido por un ánimo de indagación vinculado a una tendencia que ha venido tomando auge en los últimos tiempos: convertir las películas muy malas en buenas… para reírse de ellas.

El asunto no tiene nada que ver con las hoy consideradas películas de culto filmadas por Ed Wodd a ritmo de inspiradas torpezas y,  en menor  medida, las del mexicano-español Juan Orol, o aquellos filmes de ciencia ficción de los años 50 pletóricos de monstruos y naves espaciales a los que es preferible recordar envueltos en el mismo halo romántico que nos invadió en aquellos días (y pasar así por alto el trucaje de poca monta, en ocasiones imposible de ser disimulado por las cámaras de entonces).

Tampoco se refieren estas líneas a los premios Frambuesas entregados en Hollywood  –en coincidencia con los Oscar– a lo peor del año, y uno de cuyos máximos acaparadores ha sido Sylvester Stallone. Se trata entonces de películas concebidas por sus directores (las antes  mencionadas igualmente) con el ánimo de triunfar en la gran cartelera, pero que terminaron ganando el aplauso de un público ávido en  aglomerarse  en los cines para burlarse en colectivo de ellas.

El término «burla», vinculado con el  arte, no resulta en lo absoluto estimulante, pero es un hecho del cual dan fe cintas como The Room (Tom Wiseau, 2003) rodada a un costo de 6 millones de dólares y considerada por no pocos críticos como la peor película de la historia.

El filme cayó en manos de los cultivadores del cine malo que no faltan en diversos países y hasta celebran sus convenciones, a las que acuden disfrazados de los personajes impugnados y con  diálogos aprendidos de memoria para lanzarse  al ataque  bajo la máxima ( según Carlos Palencia, director de cinecutre.com) de que «ver en soledad películas malas es insoportable, pero verlas en compañía de gente que ríe a carcajadas y disfruta los comentarios y chistes en voz alta es una experiencia extraordinaria».

Un público diferente que, organizado en las redes sociales, sale a cazar filmes que muevan a la risa sin pretenderlo y para el que encontrar una película peor a la anteriormente vista es un pretexto que le permite organizar «fiestones de desquites».

Un público que, sin embargo, le hizo recuperar al actor, escritor y director de The Room el presupuesto invertido en su bodrio, y hasta obtener un dinerito extra. Un Tom Wiseau que, convertido en estrella de nuevo tipo, no ha tenido recato en insinuar que hizo su película tan mala con la mayor intención.

Fuente: Granma

OTRA VUELTA AL ESPACIO PÚBLICO. GRAZIELLA POGOLOTTI

Admiro estas crónicas de Graziella Pogolotti no sólo por su constancia y pertinencia, sino por la sabiduría que comportan y la capacidad que tienen de expresar lo que sentimos muchísimos cubanos, para no hablar de millones. Esta realidad que nos describe y comenta hoy, la sufro a diario, a tal punto que mi hija le ha dedicado un ejercicio audiovisual en signo de desaprobación. Habría que preguntarles una vez más a los encargados de hacer respetar las normas de comvivencia en nuestro país, por qué no actúan, y a la sociedad en su conjunto, por qué tanta aquiescencia ante lo mal hecho.  En este caso, diríase que nadie es inocente. 

GRAZIELLA POGOLOTTI

Cada mañana, bien temprano, llego a mi centro de trabajo. Es una institución patrimonial consagrada a la preservación y estudio de la obra de Alejo Carpentier, el narrador cubano de más alta jerarquía internacional, uno de los impulsores de la renovación literaria de Nuestra América. A la que fue su casa, sede actual de la Fundación que lleva su nombre, acuden especialistas procedentes de distintos lugares del mundo con el propósito de consultar la documentación que allí preservamos, constituida por textos inéditos y por una extensa papelería reveladora de claves esenciales de su proceso de creación, todo ello organizado por nuestros investigadores, capacitados para ofrecer asesoría pertinente a los visitantes. La complejidad de la tarea exige suma concentración, favorecida por el indispensable silencio.

Sin embargo, la invasión del atronador espacio público nos agrede. La bodega colindante suministra bebidas alcohólicas  y el escándalo de los adictos es cotidiano. Hay también en los alrededores un aficionado al canto lírico. Cabe añadir a todo ello lo usual en el extenso ámbito de la ciudad: el estruendo de la música, acrecentado por el empleo de las bocinas fijas y portátiles, en incontrolada violación de lo establecido por las normativas que regulan la protección del medio ambiente, según lo legislado por nuestra Asamblea Nacional. En este caso, una vez más, siguiendo la tradición heredada desde los tiempos de España, la ley se acata, pero no se cumple.

Por razones de clima y de costumbres arraigadas a través del tiempo, en países como el nuestro las fronteras entre el espacio público y el privado son en extremo porosas. Vivimos, por necesidad, con ventanas y puertas abiertas. Recuerdo el viejo barrio de mi infancia y mi primera juventud. Los vecinos conversaban de balcón a balcón y yo podía escuchar la voz de Joseíto Fernández y la melodía que anunciaba la transmisión de La Novela del Aire. A media mañana, nunca en horas de la madrugada, comenzaba la secuencia de los pregoneros, muestra de un folklore melódico elogiado por Carpentier y recogido por María Teresa Linares.  Era el llamado a la caserita, junto a los tamales que pican y no pican, los mangos mangüé, el caramillo del amolador de tijeras, más afinado entonces que el ahora renacido. Allí estuvo la fuente nutricia del inmortal Manisero. Aquel paisaje sonoro, sujeto a la medida de la voz humana, no resultaba atronador, como ocurre en la actualidad con los músicos que acosan a los turistas en el entorno de La Habana Vieja.

El estruendo generalizado interfiere las relaciones interpersonales. Un encadenamiento incontenible nos induce a hablar a gritos. Desaparece el arte de la conversación, el diálogo persuasivo  y el entendimiento mutuo. Estamos amenazados todos por sordera prematura. La irritabilidad crece y se convierte en factor que promueve la agresividad y puede llegar, en situaciones extremas, a generar conductas violentas. Las consecuencias del ruido que atraviesa las necesarias fronteras entre los espacios públicos y los privados se manifiestan en daños a nuestra salud física y mental. Favorecen un clima propicio a la indisciplina social. Contravienen las esencias de principios de convivencia y solidaridad que siempre hemos animado como razón de ser de nuestro proyecto en construcción.

Por su compleja y delicadísima naturaleza, la preservación del tejido social se sostiene mediante el apretado entrecruzamiento de numerosos hilos. Semejantes a los que produce la araña, habrán de resultar flexibles y resistentes como acero bien templado. De obligatorio cumplimiento, la ley rige para todos. Incluye a las dependencias gubernamentales, a las que corresponde, además, constituirse en ejemplo del cabal cumplimiento de las normas establecidas. Y, sin embargo, el estruendo que nos abruma procede con frecuencia de parques, ferias, medios de transporte y de oficinas  sujetas a regulaciones estatales.

El necesario respeto al otro es un concepto válido que se expresa con frecuente reiteración en publicaciones académicas y permea, en términos abstractos, numerosos debates. Llevado al ejercicio de la práctica concreta, se manifiesta en  la formulación de normas que deben presidir el comportamiento humano, y se encuentra en el sustrato de todo cuerpo jurídico cuando su violación atenta contra la integridad de las personas.

En el plano del vivir cotidiano, el respeto al otro es fundamento constructivo de la formación desde las primeras edades. Asumido conscientemente, convertido en segunda naturaleza, se edifica en la relación mutua entre padres e hijos, entre maestros y alumnos. Se extiende a la relación entre vecinos, a la actitud asumida en la prestación de servicios, a la mano que se tiende al desvalido, al cuidado de las áreas de uso colectivo, al cumplimiento de los compromisos contraídos. Respetemos todos los descansos del insomne y del trabajador nocturno, el recogimiento del enfermo que padece dolor, el sueño reparador de la criatura recién nacida.

Los amaneceres no siempre son apacibles. La necesidad de trasladarnos nos somete a las dificultades de la transportación. Tenemos que afrontar problemas de toda índole, tropezar con los obstáculos que se interponen ante cada trámite. Son realidades objetivas. Limar asperezas y nutrir nuestra subjetividad en manantial de aguas transparentes contribuirá a un mayor grado de bienestar para todos.

CUBA DEFENDIDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

La historia transcurre a través de procesos de larga duración. Los conflictos que hoy desgarran al mundo amenazan la supervivencia del planeta, desencadenan migraciones indetenibles, incitan a la violencia y se expresan en un racismo prepotente. Tuvieron su origen en la colonización desatada hace algo más de cinco siglos promovida por la codicia de las materias primas. Comenzaba así, como lo advirtió Carlos Marx, la acumulación originaria del capital. El oro y la plata venían de una América recién conquistada, pasaba por España para llegar a las naciones que se estaban forjando en el norte de Europa. Vendría luego el enfrentamiento feroz por el dominio de los mercados con la consiguiente exaltación del espíritu competitivo. En apuntes juveniles, el propio Marx señalaba que para multiplicar las ganancias había que estimular la aparición de nuevas necesidades, en un camino de creciente enajenación humana. Sobre la sangre de los vencidos, sobre culturas truncas, los triunfadores enmascaraban el crimen tras la cobertura propagandística de una supuesta misión civilizatoria.

Sin embargo, del universo de los oprimidos fue surgiendo un pensamiento que dinamitaba las bases del gran relato instaurado por las narrativas oficiales. Se basaba en el reconocimiento de las realidades concretas que configuraban contextos específicos que apuntaban, además, a claves comunes, a pesar de las diferencias históricas y culturales. Conectaban a la América Latina con los extensos territorios de Asia y África, proveedores tradicionales de materias primas y de fuerza de trabajo a bajo costo. El estallido de una perspectiva renovadora a escala planetaria se produjo a mediados del siglo pasado, cuando los colonizados de ayer tomaron la palabra en los grandes foros internacionales, mientras se combatía en Vietnam, en Argelia, y triunfaba la Revolución Cubana.

Acabo de repasar Pensamiento anticolonial de Nuestra América, recopilación de ensayos de Roberto Fernández  Retamar auspiciada por Clacso y Casa de las Américas. Ha sido un regreso a textos leídos, uno a uno, cuando se dieron a conocer por primera vez, apenas salidos del horno, a la vuelta de los 60.  Seguir leyendo CUBA DEFENDIDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

SIENA. MIGUEL MEJIDES

Miguel Mejides

MIGUEL MEJIDES / BLOG REDH-CUBA

Esta historia ligada a Siena y a Calvino comenzó en el lejano 1966. Entonces yo era un joven herético, expulsado de cuantas escuelas existían. Mis padres no sabían qué hacer con aquel joven de dieciséis años, con el pelo a media espalda, a quien todos auguraban el peor de los destinos. Ellos habían decidido, apostando a una ilusoria reivindicación, procurarme un trabajo en la central eléctrica en mi pueblo de Nuevitas, y lo lograron. En esa inesperada dimensión pasaba largas horas ante un panel eléctrico, alerta a los diferentes procesos de la industria. No hay nada más abrumador que cuidar el ritmo de las inexpresivas máquinas y como defensa y refugio espiritual me convertí en asiduo visitante de la biblioteca municipal, lugar que para entonces, que ya no hoy, era una verdadera Alejandría. Todos los meses llegaban las novedades literarias publicadas en Ciudad Méjico, Barcelona o Buenos Aires. Y en el descubrimiento de la literatura Italiana leía a Pavese, a Vittorini, a Moravia, a Giorgio Basani, luego a Lampedusa, y a todos los que me condujeron a encontrarme con Italo Calvino.  No fue ni casualidad ni destino el que una tarde de ese año sesenta y seis yo diera con un pequeño tomo titulado Las dos mitades del Vizconde, en italiano: Il visconte dimezzato. Me lo llevé como lectura para mi larga noche de trabajo y desde el primer momento en que lo tuve, supe que aquel libro resumía el ideal supuesto por mí acerca de la creación literaria. Intuí ya que la literatura no es un juego ramplón de un realismo a ultranza, sino magia, ensueño, imaginación, ficción y vida en su estado más puro y provocador. No imaginaba que aquel italiano nacido en mi propia Isla marcaría tanto mi vida. No imaginaba que publicaría crónicas inspiradas en él, y algunos cuentos. No imaginaba aquellas noches entre el ruido ensordecedor de las máquinas, que un escritor italiano, una criatura dedicada a las letras, podía remover la conciencia de un díscolo adolescente y conducirlo en proyectos transformadores de su existencia. Porque desde aquellas largas noche de lectura, atendiendo apenas el proceso industrial, fui solo ojos, mente y alma para lo que leía, me imbuí de la convicción de la huida. Al concluir la lectura regresé a mi casa, dormí por dos días y nunca más volví a aquella sala de paneles electrónicos, fueron solo dos largas jornadas que me convirtieron en otro, solo tendría ojos para encontrar el espejo donde podría mirarme sin vergüenza, el espejo que reflejaría la imagen semejante a la de un escritor como Italo Calvino. Claro, en aquel tiempo era un enfermo del peor de los idealismos y los anhelos, un pedante, que no se percataba que jamás rozaría su talento, no sabía que las épocas nos marcan como el candente acero que sella con su fuego los cueros de las reses. Fueron años de Oblomismo, de días acostado en mi cama leyendo lo que caía en mis manos,  y con el sosiego al ser conducido por el lado hermoso del alma, experimentar la que ya era mi repetitiva e íntima divisa: huir… ¿Pero adónde huir? Entendí así que se podía viajar como en una alfombra persa sobre las páginas de un libro. Supe al leer en El Camino de San GiovanniEl barón rampante, Los cuentos populares italianos, El caballero inexistente, y todos libros de Italo Calvino, que valía la pena vivir en las copas de los árboles sin jamás tocar un ápice del suelo. Vivir en íntima comunión con la lluvia, el sol, la luna, y el cielo, gozar de lo imperecedero. Desde entonces, mi obsesión fue visitar Siena, la Siena donde murió Ítalo Calvino, obsesión hecha realidad años después, y ya no como pretensión, sino como sueño. Siena en mi corazón, Siena como lugar íntimo y cálido.

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LA FERIA, LOS LIBROS, LOS LECTORES. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

Cada año, la convocatoria a la Feria devuelve su protagonismo al libro y la lectura. Como este evento existen y se multiplican otros en muchos lugares del mundo, con propósitos comerciales, en tanto la ocasión es propicia para negociar contratos según las normas de un mercado cada vez más transnacionalizado.

La nuestra, sin embargo, se propone dar vida a un acontecimiento de alcance popular acompañado de fuerte carga simbólica. Emergió con fuerza, no podemos olvidarlo, cuando en medio de ásperas circunstancias económicas, Fidel planteó la necesidad de salvar la cultura. Portador de ella, el pueblo, con plena conciencia, tenía que seguir siendo sujeto de la historia.

Mientras transcurre la Feria el libro adquiere presencia relevante en los medios, tanto en la prensa plana como en la radio y la televisión. No siempre, sin embargo, la divulgación se realiza con la puntería requerida para motivar a un destinatario asediado ahora por eficaces estímulos audiovisuales.

En los años que precedieron a la era digital, la Revolución construyó un inmenso público lector. Desarrolló un diseño gráfico de primerísima calidad que favorecía la rápida identificación de algunas colecciones. Propagó, a la vez, la inolvidable colección Huracán, con sus enormes tiradas en papel gaceta y precario pegamento. Se deshojaban desde la primera lectura, pero entregaron enormes tiradas a numerosísimos lectores para el disfrute de los clásicos de todos los tiempos.

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VIENA-ZÚRICH. LAS CIUDADES IMPERIALES. MIGUEL MEJIDES

Miguel Mejides

MIGUEL MEJIDES / BLOG REDH-CUBA

Los trenes atraviesan el invierno. Trenes que parten hacia ciudades imperiales construidas en el hielo. Trenes con gente que buscan la esperanza de felicidad en las paralelas. Gente que aún cree en los dioses, divinas invenciones del sur.

En la ventanilla, los paisajes de las montañas susurran la poesía de la nieve. A mi lado, en el compartimiento de este coche de segunda clase, va un hombre delgado, de gafas oscuras, con la piel tan blanca que lo hace transparente. Enfrente, un matrimonio y una niña. La mujer es tan pequeña que me dan deseos de tocarla para ver si es verdadera. La niña en sus brazos apenas se mueve. Bebe del pecho de la madre con movimientos pendulares, como si obtuviera todo lo bueno del universo.

Rodilla a rodilla conmigo, viaja su pareja. Tiene ojos negros este hombre, recta nariz como una flecha y pómulos quemados por el invierno. No habla, tiene fija su intensa mirada en el paisaje. A lo mejor es un estado del alma esa actitud contemplativa, porque siempre el paisaje es un estado del alma.

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LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

El puerto dio vida y razón de ser a aquel núcleo primario  de un conglomerado urbano cuando empezaron a juntarse las flotas, en espera del momento propicio para emprender viaje a través del Atlántico cargadas con el oro y la plata de América, fuentes nutricias de la naciente acumulación de capital. Entonces La Habana tuvo que crecer y fortificarse mientras proveía hospedaje, alimentos y recreación a una población flotante que recalaba ociosa, año tras año, en las costas de la Isla. En ese tiempo de espera se reparaban las naves. Con la destreza adquirida en los oficios y la disponibilidad de cedros y caobas se construyeron embarcaciones para responder a las necesidades bélicas de la armada española.

El caserío primario se iba convirtiendo en ciudad. Se trazaron calles. Se establecieron elementales regulaciones urbanas.

En ininterrumpida expansión, la ciudad había adquirido un diseño urbano que ponía en valor plazas, construcciones simbólicas del poder dominante y viviendas de noble presencia, adaptadas a las exigencias del clima tropical. Los patios, ventanales y vidrieras de color destinadas a tamizar la luz solar les confirieron marca de originalidad. Otrora edificadas como medida de protección, las murallas se convirtieron en prisiones. Había empezado la marcha hacia el oeste. El Cerro acogió casas señoriales. Para los terrenos silvestres del Vedado se elaboró una de las concepciones integrales de desarrollo urbano más avanzadas de la época. Abierto a las brisas del mar, sus verdes parques y parterres contribuían a refrescar el ambiente.

Dos hermosas avenidas, G y Paseo, adosadas a la suave colina, ofrecían el disfrute de la visualidad a un espléndido panorama.

La Habana se acerca a su medio milenio. Prosistas, poetas, músicos, pintores, viajeros venidos de otras  latitudes han construido su mitología y han destacado su singularidad. Su presencia se manifiesta extensamente en la obra de Alejo Carpentier.  Seguir leyendo LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL PAPEL SIGUE ESTANDO AHÍ. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

El acelerado desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación ha puesto en crisis la impresión, sobre la base del papel, de libros y periódicos. En más de un sentido, parecería que está llegando a su término la era iniciada por Gutenberg, asociada a una inicial democratización del conocimiento y a una visión humanista del universo.

Por aquel entonces había comenzado la progresiva multiplicación de lectores, junto a la demanda de un personal cada vez más calificado para responder a las necesidades de una modernidad emergente. La industria del libro y la prensa conocieron una expansión sin precedentes a lo largo de los siglos XIX y XX.

Ahora el futuro es incierto. Se puede acceder a muchas obras a través de las computadoras, existe un mercado para el libro electrónico y muchos periódicos se distribuyen por la vía digital. Acogido con euforia por amplios sectores, el cambio plantea interrogantes de variada índole. Entramos, quizá, en una etapa de transición que impone análisis, reflexión y ajustes necesarios. Como suele suceder año tras año, el asunto motivó un enjundioso debate en la Feria del Libro de Guadalajara.

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EL AÑO QUE VIENE. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

El año que termina suele despedirse en medio del bullicio, sobre todo para los jóvenes. La música y el baile dominan el ambiente. Una tradición ya perdida representaba con la quema simbólica de un muñeco la despedida del año viejo en el momento de acoger el recomienzo de un calendario.

En un país donde buena parte de los pobladores sobrepasan la media rueda, son muchos los que permanecen en el espacio más íntimo del hogar. Allí, junto al televisor, esperan las 12 campanadas y el anuncio ritual del año que está naciendo, acaso nostálgicos del ritmo de otrora, portadores de antiguas remembranzas.

Ante el desafío de la página en blanco, me aparto del estruendo general. El forzoso descanso me induce a un paréntesis reflexivo volcado siempre hacia la perspectiva del mañana inminente.
Abundante en efemérides, el 2018 nace bajo el signo del sesquicentenario de nuestra primera guerra de independencia. En el contexto actual, la conmemoración adquiere capital importancia. No podrá reducirse al recuento formal de los hechos acontecidos en aquel entonces. Convoca a una reflexión renovada acerca del vínculo entre cultura, nación y proyecto social.

Así ocurrió, no podemos olvidarlo, en el centenario de La Demajagua. Situado en la perspectiva de un proceso histórico centrado en raíces coloniales y neocoloniales, Fidel trazaba la línea de continuidad entre el «ellos entonces» y el «nosotros ahora» teniendo en cuenta las contradicciones fundamentales que configuraron cada época. El  patriciado criollo disponía de información actualizada sobre las ideas más avanzadas de su tiempo en el campo de la filosofía, la economía y la pedagogía. Los próceres más destacados tenían conciencia lúcida de las realidades del país. Para afrontarlas, no bastaba con desplazar un poder metropolitano anacrónico. Céspedes lo entendió así cuando, en gesto simbólico, concedió la libertad a sus esclavos el 10 de octubre. Fragua de cubanía esencial, la guerra ofreció oportunidades y protagonismo a figuras procedentes de las capas más humildes de la sociedad. Modesto agricultor dominicano, Máximo Gómez demostró su talento de estratega militar. En Baraguá, Arsenio Martínez Campos tuvo que parlamentar con Antonio Maceo.  Seguir leyendo EL AÑO QUE VIENE. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL LIBRO Y SU MOMENTO. CARLOS ANDIA

CARLOS ANDIA / UN LIBRO AL DÍA
Como seguramente he comentado alguna vez, creo que el libro tiene interés desde varios puntos de vista. Por ejemplo, como objeto físico, con su formato y peso determinados, el ejemplar que tenemos entre manos, junto con la forma en que ha llegado a nosotros (compra, regalo, préstamo), posee sustantividad propia, que forma una unidad con su contenido. Quizá por eso tengo tan poca afición al el libro electrónico, en el que todo esto queda bastante diluido, y solo el texto en sí conserva su importancia.
De la misma forma, tal vez con mayor intensidad, el hecho de leer en un momento y lugar determinados le añade al libro características subjetivas que, si son suficientemente potentes, quedan fundidas con aquello que recibimos del autor. A veces tanto reseñistas como visitantes del blog hemos aludido a alguna de estas circunstancias, y se ha recordado la ocasión, el lugar o el momento preciso en que se
 ha leído un libro concreto. Son recuerdos muchas veces intensos y nítidos que siempre me traen a la memoria situaciones similares que he vivido, libros leídos en circunstancias singulares, que han quedado para siempre indisolublemente unidas a aquellas lecturas. Y me voy a permitir contar algunas de ellas.
Sin lugar a dudas, mi experiencia más intensa con un libro tuvo como protagonista ‘El ruido y la furia’ de William Faulkner. Edición Bruguera de bolsillo, en color gris, titulada más literalmente ‘El sonido y la furia’. Lo leí en lo que probablemente era el entorno menos apropiado, o tal vez todo lo contrario: acompañando a una persona muy querida durante interminables noches en un hospital. Yo era muy joven, y la combinación de la atmósfera irrespirable de los pueblos polvorientos y los personajes desquiciados de Faulkner con la angustia ante la enfermedad y el dolor, resultó demoledora. Muchos años después me siento estremecer con el recuerdo, y hoy es el día en que soy incapaz de volver a abrir aquel libro, casi de tocarlo. La idea de releerlo me atrae, pero estoy seguro de que nunca lo haré.  Seguir leyendo EL LIBRO Y SU MOMENTO. CARLOS ANDIA

SOLSTICIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

En los países templados del hemisferio norte, el solsticio de invierno anunciaba los tiempos duros en que el pasto había de escasear para los animales. Era un momento que exigía resguardarse al calor del hogar. En ese difícil paréntesis habitaba una esperanza, porque los días volverían a alargarse, la primavera florecería y llegaría el solsticio de verano con sus celebraciones colectivas en torno a la recogida de las cosechas.

Olvidados los remotos orígenes, en países que no conocen la nieve, más allá de la diversidad de creencias, el 24 de diciembre es ocasión de encuentro familiar. Pero, según el calendario vigente, el solsticio de invierno, ese instante en que apunta el regreso de la luz, se produce entre el 21 y el 22 del propio mes. Coincide con la jornada en que rendimos homenaje a los educadores, fecha conmemorativa del fin de la Campaña de Alfabetización. La coincidencia tiene una poderosa carga simbólica. El permanente renacer descansa en los escolares que, sucesivamente, transitan por nuestras aulas. No siempre reconocida en todo su alcance, la figura del maestro desempeña un papel social de primer orden. En ella reside la garantía del futuro que se va haciendo día a día en un mundo de aceleradas transformaciones que imponen constantes reajustes en los contenidos de los programas, en los métodos de enseñanza y en la renovación de la didáctica.  Seguir leyendo SOLSTICIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

SERVIR. MADELEINE SAUTIÉ

MADELEINE SAUTIÉ

Entre las más de 15 acepciones que tiene la palabra servir, destaca en primera línea el «estar al servicio de alguien». Y aunque no lo enuncie la lista de significaciones que posee el verbo, no hay labor humana que pueda prescindir, si quiere ser obra completa, de una dosis de entrega que recaiga en el beneficio de los demás.

Servir por placer es mérito de los buenos y provoca un goce que no superan ni lauros ni recompensas. Sería fantástico poder hacer siempre lo que nos viniera en gana; oír solo la dulzura de la orden deseada, vivir de fiesta en fiesta celebrando el antojo feliz y la alegría de consolidar todo el tiempo caprichos y vocaciones, pero de sobra se sabe que vivir es mucho más que saborear complacencias, y hay que educar el ánimo también para emprender aquello que el compromiso impone.

De estas razones parece no estar muy al tanto una buena parte de la gente, que perdiéndose el gusto de repartir sonrisas y aligerar pesos, pretende borrar de la faz del deber –díganse las funciones laborales y sociales que desempeña, a cambio de un salario que puede ser remunerable o no– la cuota a favor del otro, en su beneficio o utilidad, que con carácter obligatorio todo trabajo contempla. Resumámoslo así: Todo empleo precisa servir y de eso no siempre se está muy convencido.No en todos los casos cubrir o aceptar una plaza laboral lleva consigo la previa interiorización del objeto para el que tal puesto existe. Buscar un trabajo pasa siempre por el tamiz de la conveniencia, como justo derecho a valorar las prebendas que pueden recibirse a cambio de nuestra entrega, pero junto a este análisis debe examinarse también para qué se nos contrata, qué misión social nos corresponde cumplir humanamente.  Seguir leyendo SERVIR. MADELEINE SAUTIÉ