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LA LECCIÓN. ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Me puse a ver una película que, de tan mala, seguí viéndola para comprobar hasta dónde podía llegar el cúmulo de sus impericias.

Historia sosa tomada muy en serio por su director, diálogos reiterativos, decorados que amenazaban con venirse abajo al primer estornudo, escenitas de sexo sin un mínimo de simulacro erótico, tiros a raudales y actuaciones tan lejos de ser consideradas que movían a la risa.

Películas similares las suelo «tumbar» antes de que alcancen los cinco minutos en pantalla, esta, sin embargo, la dejé rodar movido por un ánimo de indagación vinculado a una tendencia que ha venido tomando auge en los últimos tiempos: convertir las películas muy malas en buenas… para reírse de ellas.

El asunto no tiene nada que ver con las hoy consideradas películas de culto filmadas por Ed Wodd a ritmo de inspiradas torpezas y,  en menor  medida, las del mexicano-español Juan Orol, o aquellos filmes de ciencia ficción de los años 50 pletóricos de monstruos y naves espaciales a los que es preferible recordar envueltos en el mismo halo romántico que nos invadió en aquellos días (y pasar así por alto el trucaje de poca monta, en ocasiones imposible de ser disimulado por las cámaras de entonces).

Tampoco se refieren estas líneas a los premios Frambuesas entregados en Hollywood  –en coincidencia con los Oscar– a lo peor del año, y uno de cuyos máximos acaparadores ha sido Sylvester Stallone. Se trata entonces de películas concebidas por sus directores (las antes  mencionadas igualmente) con el ánimo de triunfar en la gran cartelera, pero que terminaron ganando el aplauso de un público ávido en  aglomerarse  en los cines para burlarse en colectivo de ellas.

El término «burla», vinculado con el  arte, no resulta en lo absoluto estimulante, pero es un hecho del cual dan fe cintas como The Room (Tom Wiseau, 2003) rodada a un costo de 6 millones de dólares y considerada por no pocos críticos como la peor película de la historia.

El filme cayó en manos de los cultivadores del cine malo que no faltan en diversos países y hasta celebran sus convenciones, a las que acuden disfrazados de los personajes impugnados y con  diálogos aprendidos de memoria para lanzarse  al ataque  bajo la máxima ( según Carlos Palencia, director de cinecutre.com) de que «ver en soledad películas malas es insoportable, pero verlas en compañía de gente que ríe a carcajadas y disfruta los comentarios y chistes en voz alta es una experiencia extraordinaria».

Un público diferente que, organizado en las redes sociales, sale a cazar filmes que muevan a la risa sin pretenderlo y para el que encontrar una película peor a la anteriormente vista es un pretexto que le permite organizar «fiestones de desquites».

Un público que, sin embargo, le hizo recuperar al actor, escritor y director de The Room el presupuesto invertido en su bodrio, y hasta obtener un dinerito extra. Un Tom Wiseau que, convertido en estrella de nuevo tipo, no ha tenido recato en insinuar que hizo su película tan mala con la mayor intención.

Fuente: Granma

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OTRA VUELTA AL ESPACIO PÚBLICO. GRAZIELLA POGOLOTTI

Admiro estas crónicas de Graziella Pogolotti no sólo por su constancia y pertinencia, sino por la sabiduría que comportan y la capacidad que tienen de expresar lo que sentimos muchísimos cubanos, para no hablar de millones. Esta realidad que nos describe y comenta hoy, la sufro a diario, a tal punto que mi hija le ha dedicado un ejercicio audiovisual en signo de desaprobación. Habría que preguntarles una vez más a los encargados de hacer respetar las normas de comvivencia en nuestro país, por qué no actúan, y a la sociedad en su conjunto, por qué tanta aquiescencia ante lo mal hecho.  En este caso, diríase que nadie es inocente. 

GRAZIELLA POGOLOTTI

Cada mañana, bien temprano, llego a mi centro de trabajo. Es una institución patrimonial consagrada a la preservación y estudio de la obra de Alejo Carpentier, el narrador cubano de más alta jerarquía internacional, uno de los impulsores de la renovación literaria de Nuestra América. A la que fue su casa, sede actual de la Fundación que lleva su nombre, acuden especialistas procedentes de distintos lugares del mundo con el propósito de consultar la documentación que allí preservamos, constituida por textos inéditos y por una extensa papelería reveladora de claves esenciales de su proceso de creación, todo ello organizado por nuestros investigadores, capacitados para ofrecer asesoría pertinente a los visitantes. La complejidad de la tarea exige suma concentración, favorecida por el indispensable silencio.

Sin embargo, la invasión del atronador espacio público nos agrede. La bodega colindante suministra bebidas alcohólicas  y el escándalo de los adictos es cotidiano. Hay también en los alrededores un aficionado al canto lírico. Cabe añadir a todo ello lo usual en el extenso ámbito de la ciudad: el estruendo de la música, acrecentado por el empleo de las bocinas fijas y portátiles, en incontrolada violación de lo establecido por las normativas que regulan la protección del medio ambiente, según lo legislado por nuestra Asamblea Nacional. En este caso, una vez más, siguiendo la tradición heredada desde los tiempos de España, la ley se acata, pero no se cumple.

Por razones de clima y de costumbres arraigadas a través del tiempo, en países como el nuestro las fronteras entre el espacio público y el privado son en extremo porosas. Vivimos, por necesidad, con ventanas y puertas abiertas. Recuerdo el viejo barrio de mi infancia y mi primera juventud. Los vecinos conversaban de balcón a balcón y yo podía escuchar la voz de Joseíto Fernández y la melodía que anunciaba la transmisión de La Novela del Aire. A media mañana, nunca en horas de la madrugada, comenzaba la secuencia de los pregoneros, muestra de un folklore melódico elogiado por Carpentier y recogido por María Teresa Linares.  Era el llamado a la caserita, junto a los tamales que pican y no pican, los mangos mangüé, el caramillo del amolador de tijeras, más afinado entonces que el ahora renacido. Allí estuvo la fuente nutricia del inmortal Manisero. Aquel paisaje sonoro, sujeto a la medida de la voz humana, no resultaba atronador, como ocurre en la actualidad con los músicos que acosan a los turistas en el entorno de La Habana Vieja.

El estruendo generalizado interfiere las relaciones interpersonales. Un encadenamiento incontenible nos induce a hablar a gritos. Desaparece el arte de la conversación, el diálogo persuasivo  y el entendimiento mutuo. Estamos amenazados todos por sordera prematura. La irritabilidad crece y se convierte en factor que promueve la agresividad y puede llegar, en situaciones extremas, a generar conductas violentas. Las consecuencias del ruido que atraviesa las necesarias fronteras entre los espacios públicos y los privados se manifiestan en daños a nuestra salud física y mental. Favorecen un clima propicio a la indisciplina social. Contravienen las esencias de principios de convivencia y solidaridad que siempre hemos animado como razón de ser de nuestro proyecto en construcción.

Por su compleja y delicadísima naturaleza, la preservación del tejido social se sostiene mediante el apretado entrecruzamiento de numerosos hilos. Semejantes a los que produce la araña, habrán de resultar flexibles y resistentes como acero bien templado. De obligatorio cumplimiento, la ley rige para todos. Incluye a las dependencias gubernamentales, a las que corresponde, además, constituirse en ejemplo del cabal cumplimiento de las normas establecidas. Y, sin embargo, el estruendo que nos abruma procede con frecuencia de parques, ferias, medios de transporte y de oficinas  sujetas a regulaciones estatales.

El necesario respeto al otro es un concepto válido que se expresa con frecuente reiteración en publicaciones académicas y permea, en términos abstractos, numerosos debates. Llevado al ejercicio de la práctica concreta, se manifiesta en  la formulación de normas que deben presidir el comportamiento humano, y se encuentra en el sustrato de todo cuerpo jurídico cuando su violación atenta contra la integridad de las personas.

En el plano del vivir cotidiano, el respeto al otro es fundamento constructivo de la formación desde las primeras edades. Asumido conscientemente, convertido en segunda naturaleza, se edifica en la relación mutua entre padres e hijos, entre maestros y alumnos. Se extiende a la relación entre vecinos, a la actitud asumida en la prestación de servicios, a la mano que se tiende al desvalido, al cuidado de las áreas de uso colectivo, al cumplimiento de los compromisos contraídos. Respetemos todos los descansos del insomne y del trabajador nocturno, el recogimiento del enfermo que padece dolor, el sueño reparador de la criatura recién nacida.

Los amaneceres no siempre son apacibles. La necesidad de trasladarnos nos somete a las dificultades de la transportación. Tenemos que afrontar problemas de toda índole, tropezar con los obstáculos que se interponen ante cada trámite. Son realidades objetivas. Limar asperezas y nutrir nuestra subjetividad en manantial de aguas transparentes contribuirá a un mayor grado de bienestar para todos.

CUBA DEFENDIDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

La historia transcurre a través de procesos de larga duración. Los conflictos que hoy desgarran al mundo amenazan la supervivencia del planeta, desencadenan migraciones indetenibles, incitan a la violencia y se expresan en un racismo prepotente. Tuvieron su origen en la colonización desatada hace algo más de cinco siglos promovida por la codicia de las materias primas. Comenzaba así, como lo advirtió Carlos Marx, la acumulación originaria del capital. El oro y la plata venían de una América recién conquistada, pasaba por España para llegar a las naciones que se estaban forjando en el norte de Europa. Vendría luego el enfrentamiento feroz por el dominio de los mercados con la consiguiente exaltación del espíritu competitivo. En apuntes juveniles, el propio Marx señalaba que para multiplicar las ganancias había que estimular la aparición de nuevas necesidades, en un camino de creciente enajenación humana. Sobre la sangre de los vencidos, sobre culturas truncas, los triunfadores enmascaraban el crimen tras la cobertura propagandística de una supuesta misión civilizatoria.

Sin embargo, del universo de los oprimidos fue surgiendo un pensamiento que dinamitaba las bases del gran relato instaurado por las narrativas oficiales. Se basaba en el reconocimiento de las realidades concretas que configuraban contextos específicos que apuntaban, además, a claves comunes, a pesar de las diferencias históricas y culturales. Conectaban a la América Latina con los extensos territorios de Asia y África, proveedores tradicionales de materias primas y de fuerza de trabajo a bajo costo. El estallido de una perspectiva renovadora a escala planetaria se produjo a mediados del siglo pasado, cuando los colonizados de ayer tomaron la palabra en los grandes foros internacionales, mientras se combatía en Vietnam, en Argelia, y triunfaba la Revolución Cubana.

Acabo de repasar Pensamiento anticolonial de Nuestra América, recopilación de ensayos de Roberto Fernández  Retamar auspiciada por Clacso y Casa de las Américas. Ha sido un regreso a textos leídos, uno a uno, cuando se dieron a conocer por primera vez, apenas salidos del horno, a la vuelta de los 60.  Seguir leyendo CUBA DEFENDIDA. GRAZIELLA POGOLOTTI

SIENA. MIGUEL MEJIDES

Miguel Mejides

MIGUEL MEJIDES / BLOG REDH-CUBA

Esta historia ligada a Siena y a Calvino comenzó en el lejano 1966. Entonces yo era un joven herético, expulsado de cuantas escuelas existían. Mis padres no sabían qué hacer con aquel joven de dieciséis años, con el pelo a media espalda, a quien todos auguraban el peor de los destinos. Ellos habían decidido, apostando a una ilusoria reivindicación, procurarme un trabajo en la central eléctrica en mi pueblo de Nuevitas, y lo lograron. En esa inesperada dimensión pasaba largas horas ante un panel eléctrico, alerta a los diferentes procesos de la industria. No hay nada más abrumador que cuidar el ritmo de las inexpresivas máquinas y como defensa y refugio espiritual me convertí en asiduo visitante de la biblioteca municipal, lugar que para entonces, que ya no hoy, era una verdadera Alejandría. Todos los meses llegaban las novedades literarias publicadas en Ciudad Méjico, Barcelona o Buenos Aires. Y en el descubrimiento de la literatura Italiana leía a Pavese, a Vittorini, a Moravia, a Giorgio Basani, luego a Lampedusa, y a todos los que me condujeron a encontrarme con Italo Calvino.  No fue ni casualidad ni destino el que una tarde de ese año sesenta y seis yo diera con un pequeño tomo titulado Las dos mitades del Vizconde, en italiano: Il visconte dimezzato. Me lo llevé como lectura para mi larga noche de trabajo y desde el primer momento en que lo tuve, supe que aquel libro resumía el ideal supuesto por mí acerca de la creación literaria. Intuí ya que la literatura no es un juego ramplón de un realismo a ultranza, sino magia, ensueño, imaginación, ficción y vida en su estado más puro y provocador. No imaginaba que aquel italiano nacido en mi propia Isla marcaría tanto mi vida. No imaginaba que publicaría crónicas inspiradas en él, y algunos cuentos. No imaginaba aquellas noches entre el ruido ensordecedor de las máquinas, que un escritor italiano, una criatura dedicada a las letras, podía remover la conciencia de un díscolo adolescente y conducirlo en proyectos transformadores de su existencia. Porque desde aquellas largas noche de lectura, atendiendo apenas el proceso industrial, fui solo ojos, mente y alma para lo que leía, me imbuí de la convicción de la huida. Al concluir la lectura regresé a mi casa, dormí por dos días y nunca más volví a aquella sala de paneles electrónicos, fueron solo dos largas jornadas que me convirtieron en otro, solo tendría ojos para encontrar el espejo donde podría mirarme sin vergüenza, el espejo que reflejaría la imagen semejante a la de un escritor como Italo Calvino. Claro, en aquel tiempo era un enfermo del peor de los idealismos y los anhelos, un pedante, que no se percataba que jamás rozaría su talento, no sabía que las épocas nos marcan como el candente acero que sella con su fuego los cueros de las reses. Fueron años de Oblomismo, de días acostado en mi cama leyendo lo que caía en mis manos,  y con el sosiego al ser conducido por el lado hermoso del alma, experimentar la que ya era mi repetitiva e íntima divisa: huir… ¿Pero adónde huir? Entendí así que se podía viajar como en una alfombra persa sobre las páginas de un libro. Supe al leer en El Camino de San GiovanniEl barón rampante, Los cuentos populares italianos, El caballero inexistente, y todos libros de Italo Calvino, que valía la pena vivir en las copas de los árboles sin jamás tocar un ápice del suelo. Vivir en íntima comunión con la lluvia, el sol, la luna, y el cielo, gozar de lo imperecedero. Desde entonces, mi obsesión fue visitar Siena, la Siena donde murió Ítalo Calvino, obsesión hecha realidad años después, y ya no como pretensión, sino como sueño. Siena en mi corazón, Siena como lugar íntimo y cálido.

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LA FERIA, LOS LIBROS, LOS LECTORES. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

Cada año, la convocatoria a la Feria devuelve su protagonismo al libro y la lectura. Como este evento existen y se multiplican otros en muchos lugares del mundo, con propósitos comerciales, en tanto la ocasión es propicia para negociar contratos según las normas de un mercado cada vez más transnacionalizado.

La nuestra, sin embargo, se propone dar vida a un acontecimiento de alcance popular acompañado de fuerte carga simbólica. Emergió con fuerza, no podemos olvidarlo, cuando en medio de ásperas circunstancias económicas, Fidel planteó la necesidad de salvar la cultura. Portador de ella, el pueblo, con plena conciencia, tenía que seguir siendo sujeto de la historia.

Mientras transcurre la Feria el libro adquiere presencia relevante en los medios, tanto en la prensa plana como en la radio y la televisión. No siempre, sin embargo, la divulgación se realiza con la puntería requerida para motivar a un destinatario asediado ahora por eficaces estímulos audiovisuales.

En los años que precedieron a la era digital, la Revolución construyó un inmenso público lector. Desarrolló un diseño gráfico de primerísima calidad que favorecía la rápida identificación de algunas colecciones. Propagó, a la vez, la inolvidable colección Huracán, con sus enormes tiradas en papel gaceta y precario pegamento. Se deshojaban desde la primera lectura, pero entregaron enormes tiradas a numerosísimos lectores para el disfrute de los clásicos de todos los tiempos.

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VIENA-ZÚRICH. LAS CIUDADES IMPERIALES. MIGUEL MEJIDES

Miguel Mejides

MIGUEL MEJIDES / BLOG REDH-CUBA

Los trenes atraviesan el invierno. Trenes que parten hacia ciudades imperiales construidas en el hielo. Trenes con gente que buscan la esperanza de felicidad en las paralelas. Gente que aún cree en los dioses, divinas invenciones del sur.

En la ventanilla, los paisajes de las montañas susurran la poesía de la nieve. A mi lado, en el compartimiento de este coche de segunda clase, va un hombre delgado, de gafas oscuras, con la piel tan blanca que lo hace transparente. Enfrente, un matrimonio y una niña. La mujer es tan pequeña que me dan deseos de tocarla para ver si es verdadera. La niña en sus brazos apenas se mueve. Bebe del pecho de la madre con movimientos pendulares, como si obtuviera todo lo bueno del universo.

Rodilla a rodilla conmigo, viaja su pareja. Tiene ojos negros este hombre, recta nariz como una flecha y pómulos quemados por el invierno. No habla, tiene fija su intensa mirada en el paisaje. A lo mejor es un estado del alma esa actitud contemplativa, porque siempre el paisaje es un estado del alma.

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LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

El puerto dio vida y razón de ser a aquel núcleo primario  de un conglomerado urbano cuando empezaron a juntarse las flotas, en espera del momento propicio para emprender viaje a través del Atlántico cargadas con el oro y la plata de América, fuentes nutricias de la naciente acumulación de capital. Entonces La Habana tuvo que crecer y fortificarse mientras proveía hospedaje, alimentos y recreación a una población flotante que recalaba ociosa, año tras año, en las costas de la Isla. En ese tiempo de espera se reparaban las naves. Con la destreza adquirida en los oficios y la disponibilidad de cedros y caobas se construyeron embarcaciones para responder a las necesidades bélicas de la armada española.

El caserío primario se iba convirtiendo en ciudad. Se trazaron calles. Se establecieron elementales regulaciones urbanas.

En ininterrumpida expansión, la ciudad había adquirido un diseño urbano que ponía en valor plazas, construcciones simbólicas del poder dominante y viviendas de noble presencia, adaptadas a las exigencias del clima tropical. Los patios, ventanales y vidrieras de color destinadas a tamizar la luz solar les confirieron marca de originalidad. Otrora edificadas como medida de protección, las murallas se convirtieron en prisiones. Había empezado la marcha hacia el oeste. El Cerro acogió casas señoriales. Para los terrenos silvestres del Vedado se elaboró una de las concepciones integrales de desarrollo urbano más avanzadas de la época. Abierto a las brisas del mar, sus verdes parques y parterres contribuían a refrescar el ambiente.

Dos hermosas avenidas, G y Paseo, adosadas a la suave colina, ofrecían el disfrute de la visualidad a un espléndido panorama.

La Habana se acerca a su medio milenio. Prosistas, poetas, músicos, pintores, viajeros venidos de otras  latitudes han construido su mitología y han destacado su singularidad. Su presencia se manifiesta extensamente en la obra de Alejo Carpentier.  Seguir leyendo LA CIUDAD DE LAS COLUMNAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL PAPEL SIGUE ESTANDO AHÍ. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

El acelerado desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación ha puesto en crisis la impresión, sobre la base del papel, de libros y periódicos. En más de un sentido, parecería que está llegando a su término la era iniciada por Gutenberg, asociada a una inicial democratización del conocimiento y a una visión humanista del universo.

Por aquel entonces había comenzado la progresiva multiplicación de lectores, junto a la demanda de un personal cada vez más calificado para responder a las necesidades de una modernidad emergente. La industria del libro y la prensa conocieron una expansión sin precedentes a lo largo de los siglos XIX y XX.

Ahora el futuro es incierto. Se puede acceder a muchas obras a través de las computadoras, existe un mercado para el libro electrónico y muchos periódicos se distribuyen por la vía digital. Acogido con euforia por amplios sectores, el cambio plantea interrogantes de variada índole. Entramos, quizá, en una etapa de transición que impone análisis, reflexión y ajustes necesarios. Como suele suceder año tras año, el asunto motivó un enjundioso debate en la Feria del Libro de Guadalajara.

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EL AÑO QUE VIENE. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

El año que termina suele despedirse en medio del bullicio, sobre todo para los jóvenes. La música y el baile dominan el ambiente. Una tradición ya perdida representaba con la quema simbólica de un muñeco la despedida del año viejo en el momento de acoger el recomienzo de un calendario.

En un país donde buena parte de los pobladores sobrepasan la media rueda, son muchos los que permanecen en el espacio más íntimo del hogar. Allí, junto al televisor, esperan las 12 campanadas y el anuncio ritual del año que está naciendo, acaso nostálgicos del ritmo de otrora, portadores de antiguas remembranzas.

Ante el desafío de la página en blanco, me aparto del estruendo general. El forzoso descanso me induce a un paréntesis reflexivo volcado siempre hacia la perspectiva del mañana inminente.
Abundante en efemérides, el 2018 nace bajo el signo del sesquicentenario de nuestra primera guerra de independencia. En el contexto actual, la conmemoración adquiere capital importancia. No podrá reducirse al recuento formal de los hechos acontecidos en aquel entonces. Convoca a una reflexión renovada acerca del vínculo entre cultura, nación y proyecto social.

Así ocurrió, no podemos olvidarlo, en el centenario de La Demajagua. Situado en la perspectiva de un proceso histórico centrado en raíces coloniales y neocoloniales, Fidel trazaba la línea de continuidad entre el «ellos entonces» y el «nosotros ahora» teniendo en cuenta las contradicciones fundamentales que configuraron cada época. El  patriciado criollo disponía de información actualizada sobre las ideas más avanzadas de su tiempo en el campo de la filosofía, la economía y la pedagogía. Los próceres más destacados tenían conciencia lúcida de las realidades del país. Para afrontarlas, no bastaba con desplazar un poder metropolitano anacrónico. Céspedes lo entendió así cuando, en gesto simbólico, concedió la libertad a sus esclavos el 10 de octubre. Fragua de cubanía esencial, la guerra ofreció oportunidades y protagonismo a figuras procedentes de las capas más humildes de la sociedad. Modesto agricultor dominicano, Máximo Gómez demostró su talento de estratega militar. En Baraguá, Arsenio Martínez Campos tuvo que parlamentar con Antonio Maceo.  Seguir leyendo EL AÑO QUE VIENE. GRAZIELLA POGOLOTTI

EL LIBRO Y SU MOMENTO. CARLOS ANDIA

CARLOS ANDIA / UN LIBRO AL DÍA
Como seguramente he comentado alguna vez, creo que el libro tiene interés desde varios puntos de vista. Por ejemplo, como objeto físico, con su formato y peso determinados, el ejemplar que tenemos entre manos, junto con la forma en que ha llegado a nosotros (compra, regalo, préstamo), posee sustantividad propia, que forma una unidad con su contenido. Quizá por eso tengo tan poca afición al el libro electrónico, en el que todo esto queda bastante diluido, y solo el texto en sí conserva su importancia.
De la misma forma, tal vez con mayor intensidad, el hecho de leer en un momento y lugar determinados le añade al libro características subjetivas que, si son suficientemente potentes, quedan fundidas con aquello que recibimos del autor. A veces tanto reseñistas como visitantes del blog hemos aludido a alguna de estas circunstancias, y se ha recordado la ocasión, el lugar o el momento preciso en que se
 ha leído un libro concreto. Son recuerdos muchas veces intensos y nítidos que siempre me traen a la memoria situaciones similares que he vivido, libros leídos en circunstancias singulares, que han quedado para siempre indisolublemente unidas a aquellas lecturas. Y me voy a permitir contar algunas de ellas.
Sin lugar a dudas, mi experiencia más intensa con un libro tuvo como protagonista ‘El ruido y la furia’ de William Faulkner. Edición Bruguera de bolsillo, en color gris, titulada más literalmente ‘El sonido y la furia’. Lo leí en lo que probablemente era el entorno menos apropiado, o tal vez todo lo contrario: acompañando a una persona muy querida durante interminables noches en un hospital. Yo era muy joven, y la combinación de la atmósfera irrespirable de los pueblos polvorientos y los personajes desquiciados de Faulkner con la angustia ante la enfermedad y el dolor, resultó demoledora. Muchos años después me siento estremecer con el recuerdo, y hoy es el día en que soy incapaz de volver a abrir aquel libro, casi de tocarlo. La idea de releerlo me atrae, pero estoy seguro de que nunca lo haré.  Seguir leyendo EL LIBRO Y SU MOMENTO. CARLOS ANDIA

SOLSTICIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

En los países templados del hemisferio norte, el solsticio de invierno anunciaba los tiempos duros en que el pasto había de escasear para los animales. Era un momento que exigía resguardarse al calor del hogar. En ese difícil paréntesis habitaba una esperanza, porque los días volverían a alargarse, la primavera florecería y llegaría el solsticio de verano con sus celebraciones colectivas en torno a la recogida de las cosechas.

Olvidados los remotos orígenes, en países que no conocen la nieve, más allá de la diversidad de creencias, el 24 de diciembre es ocasión de encuentro familiar. Pero, según el calendario vigente, el solsticio de invierno, ese instante en que apunta el regreso de la luz, se produce entre el 21 y el 22 del propio mes. Coincide con la jornada en que rendimos homenaje a los educadores, fecha conmemorativa del fin de la Campaña de Alfabetización. La coincidencia tiene una poderosa carga simbólica. El permanente renacer descansa en los escolares que, sucesivamente, transitan por nuestras aulas. No siempre reconocida en todo su alcance, la figura del maestro desempeña un papel social de primer orden. En ella reside la garantía del futuro que se va haciendo día a día en un mundo de aceleradas transformaciones que imponen constantes reajustes en los contenidos de los programas, en los métodos de enseñanza y en la renovación de la didáctica.  Seguir leyendo SOLSTICIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

SERVIR. MADELEINE SAUTIÉ

MADELEINE SAUTIÉ

Entre las más de 15 acepciones que tiene la palabra servir, destaca en primera línea el «estar al servicio de alguien». Y aunque no lo enuncie la lista de significaciones que posee el verbo, no hay labor humana que pueda prescindir, si quiere ser obra completa, de una dosis de entrega que recaiga en el beneficio de los demás.

Servir por placer es mérito de los buenos y provoca un goce que no superan ni lauros ni recompensas. Sería fantástico poder hacer siempre lo que nos viniera en gana; oír solo la dulzura de la orden deseada, vivir de fiesta en fiesta celebrando el antojo feliz y la alegría de consolidar todo el tiempo caprichos y vocaciones, pero de sobra se sabe que vivir es mucho más que saborear complacencias, y hay que educar el ánimo también para emprender aquello que el compromiso impone.

De estas razones parece no estar muy al tanto una buena parte de la gente, que perdiéndose el gusto de repartir sonrisas y aligerar pesos, pretende borrar de la faz del deber –díganse las funciones laborales y sociales que desempeña, a cambio de un salario que puede ser remunerable o no– la cuota a favor del otro, en su beneficio o utilidad, que con carácter obligatorio todo trabajo contempla. Resumámoslo así: Todo empleo precisa servir y de eso no siempre se está muy convencido.No en todos los casos cubrir o aceptar una plaza laboral lleva consigo la previa interiorización del objeto para el que tal puesto existe. Buscar un trabajo pasa siempre por el tamiz de la conveniencia, como justo derecho a valorar las prebendas que pueden recibirse a cambio de nuestra entrega, pero junto a este análisis debe examinarse también para qué se nos contrata, qué misión social nos corresponde cumplir humanamente.  Seguir leyendo SERVIR. MADELEINE SAUTIÉ

A PROPÓSITO DE UN FESTIVAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

Pronto cumplirá los cuarenta. A lo largo de esa etapa ha dado color, animación y vida a nuestro ambiente cultural en ese diciembre anhelado, cuando el año está llegando a su término. Junto a la invasión de una filmografía rica y variada, surge la expectativa en torno a la entrega de los corales. Pero el significado del Festival del Nuevo Cine sobrepasa en mucho la importancia de su indiscutible repercusión local. Se inscribe en un complejo proceso de alcance latinoamericano.

Imbrica los sueños de los artistas que emergían a mediados del siglo pasado, la necesidad de conquistar un espacio de visibilidad para la voz y la imagen de nuestra América con el propósito de impulsar el desarrollo de auténticas cinematografías nacionales. Desde la Cuba revolucionaria, podía articularse un proyecto alternativo, renovador y antihegemónico.

Tiempo atrás, México y la Argentina habían logrado estabilizar una producción cinematográfica que llegaba a nuestras salas a través de circuitos  secundarios. Los de primer nivel respondían al monopolio de las empresas distribuidoras norteamericanas. Existía, sin embargo, un espectador potencial de raigambre popular que reclamaba un cine hablado en español.

Para satisfacer esos gustos, México y la Argentina ofrecían una producción comercial que eludía el abordaje de los conflictos esenciales de nuestra realidad, proporcionaba un rato de entretenimiento y popularizó intérpretes de indudable arraigo. Recuerdo todavía el revuelo provocado por la visita a La Habana del actor Jorge Negrete. Por aquel entonces, nada sabíamos de Brasil, ese gigante, tan cercano por vía de la música y el cine, introducido ahora también en nuestros hogares mediante la telenovela, su expresión más consumista.

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RECUERDOS EN TIEMPO PRESENTE. GRAZIELLA POGOLOTTI

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GRAZIELLA POGOLOTTI

Descansaba Armando Hart en el Centro de Estudios Martianos fundado por él desde la primera hora de su designación al frente del Ministerio de Cultura. El sitio era demasiado pequeño para acoger a todos aquellos que aspiraban a rendir homenaje a un indispensable de la historia de la Revolución Cubana. Tenía, sin embargo, un indiscutible valor simbólico. Representaba la línea de continuidad entre la tradición martiana, el áspero presente de la contemporaneidad y el trazado de un mañana proyectado hacia la irrenunciable construcción del país, frágil en su  condición insular y sólidamente afincado en el misterio que lo protege.

Bajo el estremecimiento  del duelo, son muchos los que han evocado la trayectoria del joven que, desde sus años  estudiantiles, se entregó sin reservas al empeño de transformar la nación, arriesgó la vida en medio de la clandestinidad, luchó junto a Frank País en las hornadas del 30 de noviembre y recibió el triunfo de enero en la prisión de Isla de Pinos. Ajeno a mezquindades sectarias, fue el ministro de la Campaña de Alfabetización y el llamado a reparar los daños causados por los errores en la aplicación de las políticas culturales durante los 70 del pasado siglo.

En el silencio de la despedida, me asaltaban las voces del recuerdo, de su hacer y pensar cotidiano en la solución de los grandes y pequeños problemas, ninguno insignificante, porque unos y otros se intercalan e interceptan como la piedra en el zapato que entorpece el andar del caminante. Conocí de cerca las cualidades del trabajador infatigable que sostenía el andamiaje de la figura pública. Su capacidad convocante residía en el reconocimiento de su insobornable trayectoria política alentada por la fidelidad a un ideal y por la decencia, virtud primordial que abría cauce a la confianza mutua, fuente de todo diálogo productivo, libre de reservas, prejuicios y mezquindades.

Sus colaboradores más cercanos distaban mucho de ser dóciles ejecutores de decisiones prefijadas. De formación heterogénea, a través de su experiencia de vida forjaron criterios arraigados sobre muchos asuntos.

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HAMMETT: NOCHES DE SAN FRANCISCO. HIGINIO POLO

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HIGINIO POLO / EL VIEJO TOPO

POLO 6Hace unos pocos días llegó a las librerías el último libro de Higinio Polo, dedicado a la figura de Dashiell Hammett. Mejor dicho: a la figura de Dashiell Hammet y su época: la de la caza de brujas maccarthyana y la persecución arbitraria de los comunistas en EEUU, en los inicios de la Guerra Fría. Aquí, Polo nos narra una serie de extrañas coincidencias que le acontecieron en cuanto acabó su libro.

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Humphrey Bogart y el halcón.

Cuando, en el otoño de 2006, abrí una carpeta (a la que puse el título provisional de Hammett: noches de San Francisco) con el propósito de reunir en ella todos los materiales que tenía dispersos sobre Dashiell Hammett para escribir un libro sobre su vida, dedicando especial atención a los años infames de la caza de brujas y de la doctrina Truman de contención del comunismo, no imaginaba que tendría insospechadas repercusiones, al menos para mí. Es probable que eligiera ese título, primero, porque no tenía ningún otro y fue el que se me ocurrió en ese momento, y, segundo, porque cuando consideraba la posibilidad de empezar a trabajar en el asunto estuve pensando en esa peculiar urbe norteamericana del océano Pacífico que, antes de que se construyese su actual leyenda de tolerante ciudad de la dorada California, estuvo ligada a todos los abusos de la burguesía, adquirió carácter de tierra de frontera y se transformó con su colonia de chinos —que llegaron allí a miles como mano de obra barata y a quienes el capitalismo norteamericano casi esclavizó—. Pensé también, claro, en El Halcón Maltés, en sus historias de contrabandistas, en los años de la ley seca cuando los gánsters controlaban la vida y las haciendas de media California, en su fama de ciudad corrupta, la más corrupta de los Estados Unidos (que ya es decir). Y, era inevitable, pensé en el personaje de Sam Spade, en sus idas y venidas en las noches de San Francisco; y en la vida del propio Hammett, que vivió allí sus primeros años de escritor de historias para los pulp, y donde trabajó para la Agencia Pinkerton, celebró su matrimonio, y vio el nacimiento de sus hijas.

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Dashiell Hammett

Como era previsible, la sencilla carpeta de cartón desbordó pronto su escasa capacidad y se convirtió en un montón de recortes de periódico, revistas, libros, hojas con anotaciones y con ideas inservibles, etcétera: ya conocen ustedes los procedimientos. Con el inicio del año nuevo, empecé a pensar en el índice del libro, en posibles capítulos, en el contenido y extensión de cada una de las partes; y mantuve el título de Hammett: noches de San Francisco. Incluso lo incorporé en la carpeta informática que abrí al empezar a escribir las primeras líneas, a la espera de que se me ocurriese un título definitivo más adecuado. (Creo que lo conseguí. Es el siguiente: Dashiell Hammett. Novela negra y caza de brujas en Hollywood. Pueden ir ustedes a adquirir su ejemplar a la librería más próxima).  Seguir leyendo HAMMETT: NOCHES DE SAN FRANCISCO. HIGINIO POLO

PARA LEER LA REALIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Contaba hace poco Marta Rojas en Granma acerca de un mensaje enviado por Fidel a Haydée Santamaría desde la prisión de Isla de Pinos. Se refería entonces el Comandante a sus lecturas en esos días de aprendizaje y de preparación de futuro. Con la madurez adquirida, había vuelto a Cecilia Valdés. Descubría en el clásico de Cirilo Villaverde una penetrante mirada hacia los contextos sociales y económicos de la Cuba colonial y, sobre todo, se le revelaban las mentalidades dominantes en los tiempos que precedieron al estallido de la Guerra de los Diez Años. La sagacidad del análisis literario se aplica al mundo que nos rodea, vale decir, a lo que acostumbramos a llamar realidad.

Así lo hizo siempre Fidel. Entendió de manera ejemplar, válida para nosotros, el papel decisivo de las mentalidades, portadoras de gérmenes de prejuicios lastrantes y aspiraciones a un presente y un porvenir de permanente renovación. Conformadas por la sociedad, actúan también sobre ella. Con el triunfo de la Revolución, Cuba se convirtió en voz respetada más allá de nuestras fronteras. Al aplastamiento derivado de la intervención norteamericana al cabo de largos años de combate por la independencia, siguió el renacer del más legítimo orgullo patrio, revertido de manera concreta en la dignidad acrecentada de cada uno de sus habitantes.

Movediza y susurrante en tanto expresión de la subjetividad, el temple de la mentalidad se reconoce al pegar el oído a la tierra y explorar la realidad mediante el empleo de múltiples vías. Como sucedió en el citado caso de Cecilia Valdés, los artistas más lúcidos descubren algunos aspectos significativos.

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EL ARTE DE ESCUCHAR. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Más vigente que nunca, el pensamiento vivo de Fidel se orienta estratégicamente hacia un horizonte de emancipación, teniendo en cuenta siempre la percepción concreta de la realidad. Así, en sus Reflexiones, avizoró las grandes amenazas que penden sobre el destino de nuestra especie. Enraizada en el conocimiento de los procesos históricos que han conformado nuestro país, su visión no es localista. Tiene alcance universal.

La gran tarea de hurgar en su ideario, indispensable en medio de los desafíos de la contemporaneidad, exige seguir paso a paso, en su integralidad y en sus contextos, la secuencia de sus discursos, adheridos siempre a las demandas de la inmediatez e inscritos en un marco conceptual riguroso y asequible a todos, nunca aferrado a doctrinarismos abstractos. Su rasgo característico reside quizás en su naturaleza dialógica señalada por el Che al describir en El socialismo y el hombre en Cuba su intercambio productivo con las masas en el inmenso espacio de nuestra Plaza de la Revolución. Otra clave imprescindible se encuentra en la singular capacidad de escuchar, aun en esos multitudinarios encuentros, las interrogantes de sus interlocutores. De ese toma y daca dimana la organicidad de sus respuestas y la consiguiente autenticidad de su palabra, hecha de verdad y de convicción profunda.

Para los que no habían nacido entonces y para quienes vivimos esa etapa, vale la pena recordar el inicio de los noventa del pasado siglo. Fidel preparó al pueblo, cuando todavía no se había producido el acontecimiento, ante la posibilidad de que la Unión Soviética se desgajara. Aunque resulte dura, la verdad constituye cimiento de unidad, fuente de confianza y plataforma indispensable para el diálogo. A lo largo de los difíciles años del periodo especial, tuve el privilegio de participar en numerosos encuentros con el Comandante. Había que juntar voluntades para emprender el áspero ascenso hacia la resistencia por la salvaguarda de cada uno y de la patria conquistada. La precariedad económica tenía inevitable repercusión en la vida de la sociedad. En esa coyuntura, los escritores y artistas reunidos en el seno de la Uneac concedieron prioridad al análisis de los problemas que emergían en su entorno.

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EN DEFENSA DE LA CULTURA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI / JUVENTUD REBELDE

Cinco cubanos concurrieron, en 1937, al Congreso que reuniría en España a intelectuales procedentes de las más diversas regiones del mundo. Eran Juan Marinello, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez  y Leonardo Fernández Sánchez. Por aquel entonces, Marinello contaba ya con obra reconocida. Su proyección política se había perfilado en la lucha contra Machado. Su  trayectoria le había valido reconocimiento entre sus colegas de México y de la península.

Nicolás Guillén era ya autor de Motivos de son. Con sus textos marcaba la impronta original de la poesía  nueva, preñada por el signo de nuestro mestizaje cultural. En Carpentier no había cuajado todavía el gran narrador latinoamericano, pero contaba con labor significativa en los campos de la musicología y el periodismo. En Félix Pita Rodríguez maduraba el escritor que, muy pronto, habría de tener perfil propio en nuestra literatura. Leonardo Fernández Sánchez era un intelectual entregado de lleno al ejercicio de la política.

Al igual que los cubanos, los congresistas de Valencia llegaban desde lejos y respondían a variadas tendencias estéticas.   Seguir leyendo EN DEFENSA DE LA CULTURA. GRAZIELLA POGOLOTTI

CULTURA Y COMUNICACIÓN. GRAZIELLA POGOLOTTI

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El cineasta Julio García Espinosa acostumbraba decir que todo hecho cultural tiene que convertirse en un acontecimiento. El arte y la literatura alcanzan su plena realización en la conciencia, la mente y los sentimientos de sus destinatarios. Depositados en esa memoria, se enriquecen con asociaciones imprevistas, despiertan inquietudes y curiosidades, crecen en multiplicidad de sentidos. Silenciado, el libro dormirá en los anaqueles de librerías y bibliotecas, la función teatral sufrirá las consecuencias de un público anémico y el concierto contará con la presencia de unos pocos especialistas. Resulta entonces que un enorme esfuerzo de creación y producción cae en el vacío.

Los animales procuran sus medios de subsistencia. Construyen su hábitat. En caso de necesidad, entrenan a los recién nacidos hasta que disponen de la aptitud de valerse por sí mismos y articulan una organización colectiva cuando requieren la protección de la manada. Solo nuestra especie ha sido capaz de desarrollar una impresionante creatividad en la ciencia, el arte y la literatura. Fuente todas ellas de una riqueza espiritual que le permite superar la adversidad, afincar valores y mejorar la calidad de vida.

Cuando Silvio recorre los barrios periféricos, crecidos muchas veces en medio de la improvisación y la precariedad, los conciertos desencadenan la participación colectiva en la solución de problemas prácticos, en la inventiva de los carteles, en la intensa comunión silenciosa que supera, a pesar del entorno físico poco favorable, la que se produce en reputadas salas de conciertos. Al final, se levanta el coro de voces unidas para entonar las canciones icónicas, preñadas de nostalgia, de esperanza, de autorreconocimiento, de confianza en lo mejor que anida en cada uno de nosotros. No me lo han contado. Lo he vivido.

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TERREMOTO EN MÉXICO: HUMANAMENTE DEVASTADOR. RUBÉN PÉREZ LÓPEZ

MENSAJE DE UN JOVEN MÉDICO CUBANO DESDE EL CLIMAX DE LA TRAGEDIA

Mi introducción en Facebook. Rubén Pérez Valladares

Aquí les comparto las primeras 12 horas vividas por mi hijo (médico, joven de 25 años), recién llegado de su Servicio Social en el Zapotal – Chiapas-, donde el primer terremoto de hace unos días, partió su consultorio en ese pueblito por la mitad. Ya él estaba aquí, en la Capital. No podía imaginarse, ni nadie, que vendría otro justo en un aniversario más del terremoto del 85.

Lo que sigue es un correo que les escribió ayer a mis padres, en medio de una noche larga de guardia. Un abrazo a todos, seguimos en pie.

HUMANAMENTE DEVASTADOR. RUBÉN PÉREZ LÓPEZ 

Les escribo rápido pues ahora estoy en una guardia que está muy complicada, pues la paciente perdió mucha sangre y bueno, hay que estar al pendiente. 

Les escribo primero la parte humana del asunto: 

Jamás pensé ver a un México (una Ciudad de México) tan unida, tan solidaria, tan conectada. Para ser una ciudad tan grande es increíble la comunicación no verbal que hay con todos y el despliegue de ayuda desinteresada de todos. Una energía en el ambiente, una unión. Desmond Morris algo menciona sobre la facilidad de unir a las masas cuando hay una catástrofe. En este caso el terremoto. De verdad, después de esto, me arraigué más a la ciudad. Se nota en la memoria colectiva el suceso del 85.  

Me metí a los lugares con derrumbes para ofrecer ayuda que en realidad fue poca, pues había miles de personas en todos lados, muchísimos médicos en guardia, ingenieros, arquitectos, de todo. Uno de ellos era Alejandro Springall, pues a dos cuadras de su casa murieron 30 personas entre dos edificios de departamentos.  Coincidimos en el mismo lugar pero nunca lo supe en su momento. Me enteré en la noche por mi papá, que a su vez lo supo por Bertha. Además no lo conozco personalmente.  Seguir leyendo TERREMOTO EN MÉXICO: HUMANAMENTE DEVASTADOR. RUBÉN PÉREZ LÓPEZ