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HABANERIDAD. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Calle Peña Pobre en la actualidad

 

GRAZKIELLA 2Estaba a punto de cumplir ocho años cuando llegué a la Isla sin saber una palabra de español. Desde entonces, vivimos 12 años en una callejuela de tres cuadras, nombrada Peña Pobre. El nombre tenía prosapia. Venía del Amadís de Gaula, una de las novelas de caballería que alimentó la mente afiebrada del Quijote. Formaba parte del coto fundador de la ciudad, aunque sus modestas construcciones poco tenían que ver con el ambiente colonial, destruido por el tiempo, por los ataques piratas y por los frecuentes incendios.

Allí, en el barrio, me hice cubana y aprendí a descifrar algunos componentes de nuestra sociedad. Conocía a los vecinos uno por uno. El carpintero del frente, que sin pretensiones de ebanista, hizo una repisa que conserva, 80 años después, su brillo original; los vecinos inmediatos, dependientes de la sastrería J. Vallés y de la droguería Johnson. Las de abajo, una de ellas sargento política, con la que descubrí los secretos de la «paloma mensajera», mediante la entrega de una boleta marcada y, al regreso, el pago de los diez pesos a cambio de una boleta virgen. Las otras, prostitutas por cuenta propia, protagonizaban escándalos cada vez que la paga era insatisfactoria.

La situación me obligaba a emigrar a la Biblioteca Nacional, en el Castillo de la Fuerza, para disponer de alguna tranquilidad. Tenía mi asiento reservado y desde la ventana contemplaba los barcos que entraban, salían y cargaban combustible. Mi madre consideraba a la prostituta de marras víctima de la sociedad, hasta que pude descubrir una maravillosa palabra: lumpen proletario. Así fue, en efecto. Por una denuncia de ella, colaboradora de los esbirros de Ventura, mi madre fue sometida a un interrogatorio en el BRAC. Acosados, tuvimos que abandonar el barrio.

Con la República neocolonial, La Habana Vieja se había convertido en el pequeño Wall Street cubano. Era el centro bancario, de los bufetes de las grandes empresas, de importantes ministerios, del trasiego de mercancías al puerto. Las calles estrechas la hacían intransitable.

La especulación sobre el valor del suelo es uno de los rasgos característicos del capitalismo. La Habana Vieja se contaminaba por la presencia de una población empobrecida y por el entorno prostibulario que, por lo demás, tendía redes en toda la ciudad. En un lugar que resultaba tentador con vistas a la expansión, en el entorno bien comunicado de anchas avenidas, existía una zona relativamente desatendida.

La construcción del actual cine Yara y de los estudios de radio y televisión contribuyó a la veloz subida del valor de los terrenos. La arquitectura cubana había alcanzado la plenitud del movimiento moderno que tendía a la integración de las artes desde los inicios de los proyectos de diseño. Más de un edificio de la época lleva esa marca.

Los clásicos de la vanguardia pictórica se vinculaban con un momento de particular madurez creativa en la arquitectura. Estaba naciendo La Rampa con la representación de agencias de automóviles, filiales de bancos, edificios concebidos para combinar boutiques y parqueos, un cine que se complementaba con una galería de arte y un estanquillo de venta de libros y revistas. Poco peso tenía en aquella atmósfera de refinada modernidad, la tonalidad fúnebre de la más lujosa funeraria habanera. Para    cerrar el ciclo, cuando la década estaba terminando, se edificaba el hotel Habana Hilton, pronto convertido con el ya inminente triunfo de la Revolución en Habana Libre. El cambio de nombre era la representación simbólica del nuevo poder, caracterizado para siempre por las imágenes de los barbudos.

MURAL AMELIA
En la fachada del Hotel Habana Libre, en la calle L, “se desplegaban los inconfundibles colores de Amelia Peláez”

El hotel ostentaba obras de indiscutible valor patrimonial. Lamentablemente perdido, un mural de Cundo Bermúdez aparecía en el costado de la calle 23. En el interior, existe una obra de René Portocarrero. Definitivamente integrado al perfil de la ciudad, en la fachada de la calle L, se desplegaban los inconfundibles colores de Amelia Peláez, una de las reputadas autoras clásicas de nuestra primera vanguardia. La pintora había descubierto el valor artístico de la cerámica en el modestísimo taller de Rodríguez de la Cruz, en Santiago de las Vegas, un verdadero chinchal donde se producían porrones y ceniceros con carácter comercial. Ese sitio olvidado forma parte de la historia de las artes visuales. Sobre el tema existen dos trabajos importantes de María Elena Jubrías. Uno de ellos recoge la historia del taller, donde también se iniciaron artistas de primera línea de la vanguardia, y otro de la propia autora sobre la cerámica de Amelia Peláez. La pintora trabajaba sobre objetos artesanales. Decoraba la pieza que, una vez sometida a la cocción, quedaba definitivamente integrada al barro.

Un accidente lamentable exigió hace algunos años una primera restauración. Dirigía entonces el Consejo de Patrimonio Marta Arjona, destacadísima ceramista que estudió en París las técnicas más modernas. Renunció al arte en favor del servicio público. Se rescataron cuidadosamente las piezas originales del mural de Amelia. El problema radicaba en la diferencia de calentamiento entre el concreto y la cerámica. Colocar una malla protectora que atemperara ese contraste fue la solución más eficaz encontrada para salvar un símbolo asociado a la imagen de la ciudad, de valor patrimonial incontrovertible.

Se comenta que no ha sobrevivido ninguna pieza original. Se dice también que se tratará de recuperar el colorido de la artista sobre material de granito y que, posiblemente, no se vuelva a cubrir la totalidad de la fachada. Aunque mutilada, la Victoria de Samotracia sigue emprendiendo vuelo desde lo alto de la escalera del Museo del Louvre.

En el barrio, me hice cubana. Con el triunfo de la Revolución, La Rampa se hizo de todos nosotros. La presencia de los barbudos simbolizaba una nueva era. Las losas de granito con reproducciones de obras de artistas cubanos entregaban al pueblo lo que había estado confinado en los museos. Los valores patrimoniales no se reducen a lo heredado de tiempos remotos. La Revolución también ha fundado patrimonio. Hay que identificarlo, reconocerlo y defenderlo.

Sobre la historia de la capital hay una extensa bibliografía. Hay investigadores modestos, entregados al trabajo, como Carlos Venegas, que van dejando obras fundamentales. Sobre la arquitectura y el urbanismo, Joaquín Weiss dejó una obra precursora, todavía válida. Lilian Llánez ha abordado el tema de los maestros de obra y de la formación de los arquitectos. El Presidente Díaz-Canel insiste en el vínculo con las universidades. A ellas podríamos añadir los centros de investigación y todas las fuentes de saber útiles para pensar integralmente.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

EL FULGOR DE MIL SOLES. LUIS BRITTO GARCÍA

BOMBA ATÓMICA

LUIS BRITTO GARCÍA

Luis-Britto-Garcia

1

El viejo físico juega con un revólver cargado. Recuerda el día luminoso cuando descubrió la equivalencia entre materia y energía. La una puede ser convertida en la otra con un fulgor inimaginable. Tan inimaginable que quizá la materia no deje nunca de volverse energía y haga desaparecer todo lo creado. Por momentos apoya el arma en su sien, por momentos hace girar el tambor repleto de balas, por momentos apunta a los niños que juegan en el lejano parque de la Universidad de Princeton. No se atreve a apretar el gatillo, tampoco a dejar de hacerlo. Sabe que otros podrían también convertir un trozo de metal en un arma mortífera o una masa crítica de uranio en el Apocalipsis. Albert Einstein vuelve a su casita y escribe al Presidente de Estados Unidos Franklyn Roosevelt: “Dos de agosto de 1939. Recientes trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard, cuya versión manuscrita ha llegado a mi conocimiento, me hacen suponer que el elemento uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato[…] se ha abierto la posibilidad de realizar una reacción nuclear en cadena en una amplia masa de uranio mediante la cual se generaría una gran cantidad de energía[…] Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se puedan construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes.”

Albert Einstein sale de nuevo al parque, entrega a un niño el revólver cargado, y se encierra en la pequeña casa, esperando oír el disparo.

2

En 1941 en la Estocolmo ocupada por los nazis se reúnen casi clandestinamente el físico alemán Werner Heisenberg y el danés Niels Bohr para departir sobre deportes invernales y la aniquilación del mundo. Ambos son comisionados desde bandos opuestos para crear un arma nuclear; ambos se comprometen a no producir tal abominación. Heisenberg cumplirá su palabra, obstaculizando y desviando el proyecto alemán. Bohr faltará a la suya, y colaborará en el proyecto de los Aliados. Ese encuentro decide el destino y quizá el fin del mundo.

3

Los Messershmitt, Heinkel y Stukas de la Luftwaffe acribillan eficazmente estaciones de radar y aeropuertos de la Real Fuerza Aérea. De seguir así, pronto dejarán a Inglaterra indefensa y ganarán la guerra. El Comando Estratégico de los Aliados se reúne para decidir convertir las ciudades alemanas en piras funerarias de civiles indefensos, saturándolas con bombas incendiarias en la llamada “Tormenta de Fuego”. La idea es que por cada civil herido cinco deberán dedicarse a cuidarlo, y que así se incitará a Hitler a desperdiciar su Luftwaffe bombardeando a su vez ciudades inglesas. Así son incineradas Dresden, Hamburgo, Bremen, centros sin objetivos militares, con unos 75.000 civiles incinerados por ataque. Lo mismo se realiza contra las ciudades japonesas: Tokio, Nagoya, Kobe. Al final del conflicto, Curtis Le May se jacta de haber cremado un millón de japoneses. “Si hubiéramos perdido, nos habrían juzgado como criminales de guerra”, añadirá Robert McNamara. Hitler se enfurece, desperdicia sus bombarderos contra Londres, Liverpool y Coventry, y comienza a perder la guerra. Posteriormente, Kenneth Galbraith demostrará que la destrucción de ciudades indefensas, lejos de debilitar el esfuerzo bélico, no dejaba a los sobrevivientes más opción que trabajar en industrias militares, prolongando así el conflicto.

4

Albert Oppenheimer avanza con reluctancia el dedo hacia el tablero que hará reventar Little Boy, como llaman confianzudamente al rechoncho artefacto armado en Los Álamos, una ciudadela provisional construida en el desierto para acuartelar millares de científicos, técnicos y policías con el único propósito de armar la primera bomba atómica. Los cuerpos de seguridad acosan al director del Proyecto Manhattan. Oppenheimer es izquierdista; su ex amante Jean Tatlock es militante, y se ha suicidado al sentirse abandonada por Albert. El físico se cala los lentes de filtro oscuros, disipa sus dudas musitando: “El científico sólo debe responder ante la ciencia”, y aprieta el botón que desencadena el fulgor de mil soles. Sabe lo que ha hecho: atrapado entre la conciencia y el remordimiento recita un versículo del Baghava Ghita: “Me he convertido en la muerte, que avanza destruyendo mundos”. El padre de la bomba atómica será investigado por la Comisión de Actividades Antinorteamericanas y despojado en 1954 de toda participación en investigaciones nucleares.

5

 El 6 de agosto de 1945 se preparaba un free beer party para las 2 pm en la base aérea de la isla de Tinian. No se requerirían cartas de racionamiento. Habría limonada para los abstemios. Para los cinéfilos, se proyectaría Ha sido un placer, con Sonja Henie y Michael O´Shea. “Use ropas viejas” suplicaban los cartelones: se debía estar cómodo. Las pancartas anunciaban el WELCOME PARTY FOR RETURN OF ENOLA GAY FROM HIROSHIMA MISSION. No estaba previsto cronista social. Nunca sabremos de las expresiones de los muchachos que bajaron tambaleándose del pesado B-29, encandilados por un fulgor que no ha cesado de arder. Ya no importa tanto distinguir entre Tidbits, que se enorgullecíó de haber aniquilado 90.000 prójimos en una fracción de segundo, Beser, que lamentó no haber arrojado la bomba en Berlín, y Eatherly, que enloqueció de remordimiento. A la larga, en los bancos de esa melancólica fiesta nos hemos ido sentando todos, gozosos o reluctantes, rusos o europeos, chinos e israelíes, sobrevivientes de Hiroshima o de los otros. Porque, hasta nueva orden, nuestra condición oficial es la de sobrevivientes.

6

El ex presidente Jimmy Carter afirma que “Estados Unidos es la nación más beligerante en la historia del mundo por haber disfrutado de tan solo 16 años de paz en sus 242 años de historia”. Cada día de esos 236 años de agresión está signado por crímenes de lesa humanidad. Conmemoremos con justicia el 6 de agosto como el Día de los Crímenes contra la Humanidad de Estados Unidos.

Fuente: ÚLTIMAS NOTICIAS

 

EL PARTO DE LAS IDEAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

FIDEL EN LA TV, CRISIS DE OCTUBRE

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Término ambiguo como casi todos, la palabra improvisación tiene muchos sentidos. Existen los intérpretes del punto cubano. Hubo, tradicionalmente, los oficiantes de despedidas de duelo, sobre los cuales el fallecido manzanillero Julio Girona, Premio Nacional de Artes Plásticas, ha dejado una deliciosa estampa. Con abundancia de adjetivos y retórica vacía se aprestaban a despedir a cualquier desconocido. Aunque descarten el uso de apuntes, hay otros que no son improvisadores en el sentido cabal del término. Preguntado en una entrevista sobre por qué improvisaba, Fidel respondió, con sabiduría política: «Porque a la gente le gusta asistir al parto de las ideas».

Sin haber estudiado comunicología, sin valerse de generalizaciones abstractas, su aguda percepción de la política, su permanente vínculo con las masas, su atinada visión de las realidades concretas nacionales, lo llevaron a transformar la oratoria en diálogo activo. Logró mantener en vilo a la Asamblea General de Naciones Unidas durante el discurso más prolongado que se haya escuchado en ese lugar. Comprendió como nadie las transformaciones producidas por el paso del dominio de la radio al de la televisión.

Con anterioridad, la radio había sido el medio idóneo para transmitir orientaciones a un pueblo altamente politizado. En un horario estelar de los domingos, las mayorías se conectaban, luego del Himno Invasor, a la voz de Eduardo Chibás. Su poder de convocatoria no se basaba en el desarrollo de conceptos programáticos. En realidad, las bases ideológicas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) fueron elaboradas en gran medida, atemperadas al panorama de la época, por Leonardo Fernández Sánchez, cercano compañero de lucha de Julio Antonio Mella y distanciado del Partido Comunista a partir de la alianza de este con Batista, asesino de su hermano Ivo.

No muy favorecido por la voz, Chibás diseñaba con cuidado la estructura dramatúrgica de sus discursos. Su palabra sacaba a la luz verdades que otros silenciaban. Su tono y su énfasis evidenciaban autenticidad. Por un fallo técnico no salió al aire el disparo mortal que ratificaba su último aldabonazo. Su capacidad movilizadora se fundaba en la denuncia y la exhortación.

Los tiempos eran otros y Fidel cambió las reglas del juego. En circunstancias señaladas, convocaba a las masas a la Plaza de la Revolución. La distancia física y la presencia multitudinaria imponían sus leyes, que Fidel trataba de modificar al formular, a través de preguntas, esbozos de diálogo.

Sobre todo en la primera etapa, en los días en que los cambios se precipitaban en una escalada de golpes y contragolpes, cuando se imponían las respuestas rápidas a las agresiones del enemigo, Fidel concurría a la televisión. Entraba en los hogares en una conversación para todos y, simultáneamente, individualizada. Tanta era la naturalidad del diálogo que, desde la penumbra de sus butacas, muchos asentían y formulaban preguntas.

La palabra se había convertido en arte y en esta materia intervienen el oficio y un largo proceso de aprendizaje. La facundia es un don. La tienen los oficiantes de despedida de duelo que con similar palabrería visten a cualquier santo. Tras la soltura en el uso del verbo, tiene que latir la convicción profunda, la transmisión de la autenticidad, el conocimiento del tema y la percepción clara de las expectativas del destinatario, además de la valoración de las particularidades del contexto en que se produce el discurso.

Una buena amiga, Maruja Iglesias, miembro activo del Frente Cívico de Mujeres Martianas, compartió en sus años estudiantiles la misma casa de huéspedes que Fidel. Contaba dos anécdotas reveladoras. Por lo general, en todas las carreras universitarias, algunas asignaturas inspiran terror. En la Facultad de Derecho, era Economía Política, basada en un texto del liberal Charles Yeats. Mientras preparaba el examen, Fidel leía despaciosamente las páginas con extrema concentración activa, hasta el punto de entablar debate con algunas de ellas. Rasgaba las hojas en la medida que las repasaba. Eran aquellas páginas malamente reproducidas en un mimeógrafo para uso de los universitarios de entonces. Dirigente estudiantil, alguna vez tenía que pronunciar un discurso conmemorativo. Entonces, sentaba a nuestra amiga en el comedor solitario para utilizarla como espectadora de su ejercicio oratorio. El talento nace, pero si no se cultiva, muere por inanición.

Las anécdotas referidas ilustran dos aspectos esenciales. Uno de ellos: el poder de concentración. En sus discursos, Fidel tenía una enorme facilidad para manejar cifras y datos precisos. No eran el resultado de una práctica memorística sino de su esencial interrelación con un profundo análisis que tenía en cuenta multiplicidad de aspectos. Dicen los poetas que el primer verso nace de una inspiración. Tendríamos que preguntarnos entonces cuánto tiempo de meditación inconsciente, de libertad de asociación, de razonamiento entreverado en el quehacer de cada día, se oculta, como lava acumulada, tras el brote volcánico de la oratoria.

Por esas razones, no me gusta escuchar aquí y allá, a veces con pretextos baladíes, citas aisladas, situadas fuera de contexto. En el acumulado infinito de sus discursos, muchos de ellos coyunturales, hay un pensamiento construido sobre sólidos cimientos, en debate con pensadores a lo Gide, en lecturas apasionadas de los testimonios de nuestra historia, en el bombardeo de interrogantes a los que sometía a sus interlocutores. Seguir leyendo EL PARTO DE LAS IDEAS. GRAZIELLA POGOLOTTI

ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DE LA BUROCRACIA. GRAZIELLA POGOLOTTI

BUROCRATISMO INFORMATIZADO

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2Mansa y llena de gracia, la lagartija recupera su cola si, por accidente, resulta mutilada. Similar capacidad de recuperación existe en numerosas especies que pueblan nuestro universo. La burocracia es una de ellas. Una y otra vez se emprenden campañas para extirparla, pero reaparece, perversa y prepotente, con la capacidad de multiplicación característica de las células malignas.

No es un fenómeno asociado tan solo al socialismo. Existe desde hace buen tiempo en otras partes, como lo advirtieron en su momento escritores de la talla de Balzac y Gógol, inscrito el primero en una Francia en plena expansión burguesa y, el otro, en una Rusia periférica, atrasada, en la que prevalecía todavía un régimen de servidumbre.

«Mal de muchos, consuelo de tontos», afirma, con su inveterada sabiduría, el refranero popular. Para nosotros, sin embargo, el problema tiene consecuencias aún mayores. Constituye una contradicción antagónica en un proceso de edificación socialista. Las plantas parasitarias, en lo más intrincado de la selva, succionan los elementos nutritivos de los árboles más poderosos. Los disecan y derrumban. En términos de patología social, la acción y el pensamiento burocráticos frenan el desarrollo de las fuerzas productivas, inducen al estancamiento cuando es necesario imprimir una dinámica renovada, empañan la imagen del Estado cuando es inminente la reafirmación de su papel y, sobre todo, en medio de las dificultades bien conocidas, introduce innecesarias causas de malestar en el pueblo que habrá de desempeñar un creciente papel protagónico.

Recuerdo de mis estudios de bachillerato que la anatomía se centraba en la descripción de los órganos componentes del cuerpo humano. Teníamos en la escuela algunas muestras de huesos y una calavera con la que nos gustaba jugar en el intento por conjurar el miedo y como manifestación del desafío adolescente ante las regulaciones establecidas por la institución. En cambio, la fisiología era la ciencia consagrada al estudio del funcionamiento y las interacciones de los componentes de un cuerpo vivo. Ambas se complementan, aunque la anatomía, ilustrada en célebre cuadro de Rembrandt en época que se condenaba por heréticas tales investigaciones, se inclina, por parte de maestros y discípulos, sobre un cadáver. Siguiendo el curso de la metáfora, al atender el impostergable análisis del fenómeno burocrático, hay que repasar la historia y, bisturí en mano, entrarle al presente.

«Mi trabajo eres tú», decía una consigna olvidada desde tiempos que parecen remotos. En verdad, el burócrata es un servidor de la administración pública, de un país en Revolución, es decir, del pueblo. Como ciudadana y en tanto responsable de un minúsculo centro de trabajo, me siento víctima de la ineficiencia, de la falta de orientación, de la procrastinación —ese dejar para mañana lo que puede hacerse hoy—, de la proliferación infinita de gestiones y documentos, así como de la prepotencia característica de la conducta de algunos funcionarios. Como resultado de todo ello, paso de la exasperación a la parálisis.

Conscientes de los problemas que entraña, los dirigentes de la Revolución intentaron detener las tendencias burocráticas desde temprano. Tal y como ha sucedido en otros casos, la interpretación de las indicaciones dimanadas desde los más altos niveles cayó en manos de ejecutores complacientes y acomodados, víctimas ya de la bacteria transmisora de la patología del pensar burocrático. Con olvido de las esencias, cumplieron la tarea de manera formal. Hubo un cementerio de máquinas de escribir en los alrededores de la Calzada de Rancho Boyeros. En aquellos tempranos 60, el Comandante Ernesto Che Guevara advertía acerca de las deformaciones que pudieran derivarse de la confección de organigramas según modelos abstractos, sin tener en cuenta la necesidad de los cargos y las funciones que habrían de desempeñar los ocupantes de cada puesto de trabajo.

El burocratismo es un modo de actuar y de pensar. Integran esa patología la sordera creciente ante las razones del interlocutor y ante los asuntos que afectan a las masas. Más dañino y con más fuerza expansiva que el caracol africano, lo invade todo. Afecta al solicitante de tierras ociosas, a los reclamantes de los derechos concedidos para la reparación de viviendas, y se extiende hacia el mundo de la investigación y la Academia. Desde hace buen rato, me sentí espoleada por la necesidad de abordar el tema. No lo hice por no reiterar lo dicho en un trabajo anterior. Ahora no pretendo ofrecer las conclusiones de un análisis riguroso. Emito un llamado porque las circunstancias lo requieren con la mayor urgencia. Seguir leyendo ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DE LA BUROCRACIA. GRAZIELLA POGOLOTTI

SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

HABANA 3

GRAZKIELLA 2No asomaban las primeras luces del amanecer cuando, sin haber cumplido aún los 12 años, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, hija del conde de Jaruco y futura condesa de Merlín, escapaba corriendo por las calles solitarias de La Habana colonial de la reclusión forzada en el Convento de Santa Clara y de sus claustros que hoy nos parecen tan hermosos.

Casi recién nacida, sus padres la habían dejado en manos de una abuela consentidora que le permitió crecer en plena libertad por el ancho espacio de las haciendas familiares. Para los condes de Jaruco importaba, sobre todo, hacer lobby en la corte de Madrid. Olvidaron la antigua advertencia de la Epístola moral a Fabio, según la cual «las esperanzas cortesanas / prisiones son do el ambicioso muere / y donde al más activo nacen canas».

Apostaron a la carta equivocada, la del invasor José Bonaparte. Sortearon peligros de toda índole para llegar a Francia cuando Fernando VII, «el deseado», recuperó el trono perdido. Pero ya María de las Mercedes se había casado con el conde de Merlín, alto oficial del ejército napoleónico. Tuvo un salón exitoso en París, donde recibía a los grandes músicos de la época. No olvidó del todo su tierra de origen. En el rejuego de la política, el primer reformismo cubano procuró su apoyo, teniendo en cuenta su destacada posición en la sociedad francesa. Viajó a La Habana y dejó un valioso testimonio de su estancia en el país natal.

Aunque criticara el trato abusivo a los esclavos, poco tuvo que ver la visión de la condesa con la historia de Aponte, ajusticiado ejemplarmente por lo que pudo haber hecho y por la amenaza que representaba para el poder colonial y en favor de la emancipación de los esclavos. Descendiente de libertos miembros de los batallones de pardos y morenos, informado de los acontecimientos que sacudieron a la vecina Haití, Aponte, portador de una cultura mestizada, hecha de oficio, de habilidades pictóricas, de conocimiento de la Biblia y de otros mitos, sometidos por él a una muy personal lectura, fue inmolado por intentar la organización de un movimiento contra el opresor con redes que, al parecer, se extendían más allá de la capital.

Años más tarde, nacida de la ficción y convertida en referente de nuestra cultura, la mestiza que hubiera podido parecer blanca, al decir del dramaturgo Abelardo Estorino, nombrada Cecilia Valdés, animaría con sus travesuras los alrededores de la Loma del Ángel.

Después del estallido de la Guerra de los Diez Años, un adolescente llamado José Martí andaba por las calles de la ciudad y pudo contemplar la violencia ejercida en el Teatro Villanueva con motivo del estreno de Perro huevero… Su rebeldía de entonces lo llevó a la dolorosa experiencia de trabajar encadenado en las canteras de San Lázaro. El relato estremecedor de esa vivencia en El presidio político en Cuba debiera ser lectura obligatoria para todos los nacidos en esta Isla.

Su fraterno Fermín Valdés Domínguez, compañero en las aulas de Mendive, se comprometió definitivamente con la causa redentora a partir de la vesania cometida por el Cuerpo de Voluntarios al exigir el fusilamiento de sus condiscípulos, los ocho estudiantes de Medicina.

Hay que reconocer que el capitán general, Miguel Tacón, impulsó la primera modernización de la ciudad y se comenzó entonces el derribo de las ya inútiles murallas, al desaparecer el peligro de los ataques piratas. Por lo demás, de poco sirvieron para defender la ciudad a la hora de los mameyes, en ocasión de la ocupación británica. Ahora, los piratas eran otros. Estaban en contubernio con los tratantes de esclavos.

La ciudad se expandió, siguiendo el trazado de las calzadas que señalan los puntos cardinales. Los sacarócratas establecieron sus mansiones en el Cerro, según creían, más salubre que el entorno portuario. Seguir leyendo SÁBANAS BLANCAS EN LOS BALCONES. GRAZIELLA POGOLOTTI

AQUELLOS DÍAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

FIDEL EN GIRÓN
Fidel en la batalla contra la invasión mercenaria por Playa Girón, abril de 1961

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZKIELLA 2A partir del triunfo de la Revolución, la Biblioteca Nacional se había convertido en uno de los centros más activos de la vida cultural habanera. Cumplía su función de rescate, ordenamiento y preservación de libros, periódicos, grabados, mapas y otros documentos que constituían su patrimonio esencial.

La Biblioteca favoreció el desarrollo del interés por la lectura en niños y jóvenes, al ofrecer las novedades literarias en calidad de préstamo. Abrió áreas especializadas para la difusión de la música y de las artes visuales. Impulsó un trabajo de extensión cultural con los sindicatos. En su teatro, ciclos de conferencias abordaban las más diversas temáticas y se escuchaban las voces de los más prominentes intelectuales que visitaban la Isla.

Bajo la dirección de María Teresa Freyre de Andrade, un modelo similar se implantó en la red de bibliotecas, organizada a través de todo el país. En medio de la efervescencia revolucionaria, abiertas oportunidades hasta entonces inimaginables, se multiplicaba la voluntad de aprender, que incitaba un espíritu de superación permanente.

Por sus dimensiones, por la cercanía existente entre el estrado presidencial y el lunetario destinado a los invitados, favorecedor de un diálogo ágil y carente de excesivas fórmulas protocolares, el teatro de la Biblioteca Nacional fue utilizado para el necesario intercambio de ideas entre la dirección del país y los escritores y artistas, a fin de establecer aspectos sustantivos de la política cultural de la Revolución.

El discurso conclusivo de Fidel se conoce con el nombre de Palabras a los intelectuales. Mucho se ha escrito al respecto en panfletos, publicaciones periódicas y hasta en el mundo académico. Poco se ha hecho para intentar el rescate del decisivo e impalpable ambiente epocal. Corría el Año de la Alfabetización. Acababa de producirse la victoria de Girón. Después de haber implementado fórmulas de subversión de toda índole: asesinatos de milicianos, la explosión del vapor La Coubre, quema de campos de caña o la distribución de un fraudulento documento según el cual las familias habrían de ser privadas de sus derechos de patria potestad, la conocida operación Peter Pan –que envió a un destino incierto a miles de menores de edad– la invasión confirmaba que el imperio había declarado una guerra a muerte contra una revolución popular, agraria y antimperialista.

FIDEL 5

El bombardeo al aeropuerto de Ciudad Libertad indicaba el inicio de la agresión armada. Ante una multitud fervorosa, con los fusiles en alto, Fidel declaraba el carácter socialista de la Revolución.

Transcurridos apenas dos años y medio desde el triunfo de enero de 1959 se habían establecido instituciones fundamentales para ofrecer el sostén indispensable al desarrollo y la difusión de la creación artístico-literaria. Cuajaban proyectos que los creadores habían ido forjando, mediante enormes sacrificios personales, desde tiempo atrás.

En su inmensa mayoría no se habían comprometido con la dictadura batistiana, que tomó represalias con el Ballet Alicia Alonso al privarlo de una magra subvención gubernamental, a la vez que los artistas plásticos de todas las generaciones se opusieron a la bienal patrocinada por los regímenes totalitarios de Franco y Batista.

Nada debían a un capitalismo periférico, vuelto de espaldas al patrocinio de una cultura popular nacional. Sin embargo, existían preocupaciones respecto a la doctrina estética del realismo socialista, implantada como política de Estado en la Europa socialista, devenida freno de la experimentación en el terreno del arte, con graves repercusiones en la vida y en la obra de personalidades de alta significación. Seguir leyendo AQUELLOS DÍAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

LA REPÚBLICA NEOCOLONIAL. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

graziellaMuchos se alegraron al ver izarse la bandera nacional un 20 de mayo. Al mismo tiempo, la desilusión se iba apoderando de las conciencias. La guerra había desembocado en la intervención norteamericana, la imposición de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad Comercial. La Isla quedaba en lo político y en lo económico subordinada al mercado norteamericano y con las tierras invadidas por el latifundio.

El panorama se tornaba más sombrío ante el ascenso arribista y el avance desaforado de la corrupción. El escepticismo, que se fue adueñando de las conciencias, se expresó en la voz de los intelectuales y en una tradición costumbrista que venía del siglo XIX. La imagen gráfica del chivo se asoció al fenómeno de la malversación de fondos públicos. La guataca simbolizó al adulador en procura de privilegios.

La narrativa que emergía entonces centró la mirada en lo social. Desde esa perspectiva, hay que repasar la obra de Carlos  Loveira. El protagonista de Juan Criollo nace en la miseria en tiempos de la colonia. Huérfano, recibe la protección humillante de una familia acaudalada. Al estallar la insurrección emigra con sus protectores a México. Obligado a valerse por sí mismo, se instala en un medio situado en los linderos entre la clase obrera y el hampa. Con el fin de la guerra, regresa a Cuba. Padece la pobreza extrema y el desempleo. No tiene contacto con los poderosos que dispensan favores y trabajo. La representación del espectáculo fraudulento de la justicia decide su cambio de rumbo. Entra en el juego de la politiquería. En pocos años conquista fortuna y poder. Para el novelista, Juan Cabrera se ha convertido en Juan Criollo. La visión amarga del proceso no puede ser más derrotista.

Otros ángulos lacerantes, legado fatal del medio siglo republicano, quedaron fuera de la mirada de los narradores. El racismo se afianzó. La base combatiente del Ejército mambí quedó en el abandono. Las creencias de origen africano fueron satanizadas. Las comparsas se prohibieron. Leyendas atroces en torno a los abakuá se divulgaron por todos los medios. La policía secuestró los tambores rituales. Al cumplirse el centenario del sacrificio de Aponte se desató la llamada Guerrita de los negros, contra los Independientes de Color. Fue un genocidio. Aún no se conocen las cifras de las víctimas.

La discriminación se impuso en el otorgamiento de empleos y en el acceso a muchos lugares. En la década de los 50 —lo recuerdo por haberlo vivido— hubo que librar batallas para que las tiendas aceptaran empleadas no blancas. La fragancia de El Encanto incluía el color de la piel. Entonces, simbólicamente, contrataron a una o dos mestizas. Los  bares adquirieron el nombre de club, con porteros que descartaban a los no admisibles.

Un comité de estudiantes universitarios, animado por Walterio Carbonell y respaldado por Fidel, encabezó una campaña contra esa arbitrariedad violatoria de los principios constitucionales. Algo similar ocurría con el alquiler de los apartamentos en la década de los 50.

La Habana reflejaba la típica imagen de las capitales del mundo subdesarrollado. Mostraba una hermosa vitrina con elegantes edificios de apartamentos, hoteles, cabarés y salas de juegos (algunos en poder de la mafia). Tras esa   vitrina anidaba una pobreza extrema y una extensa geografía prostibularia, y unos pocos burdeles destinados a la clientela rica, con cuidadosa aplicación de medidas sanitarias.

Cuando el triunfo de la dictadura de Batista, la represión  política se añadió a la violencia social. La República entregó héroes y mártires. Muchos sucumbieron bajo torturas atroces. Otros sobrevivieron con sus cuerpos marcados por las laceraciones.

Tras la fachada ostentosa subsistía un mundo campesino de precaristas, carentes de acceso al mercado, a la educación y a la medicina, sujetos a la amenaza del desalojo, con los niños devorados por los parásitos y el raquitismo. La tuberculosis alcanzaba cifras exorbitantes. El país transitaba por una crisis política, social y económica.

Mi padre admiraba en su pueblo la capacidad de reponerse de los golpes infligidos por la historia, de recuperar la esperanza y preservar los ideales de República soberana con justicia social, con voz propia en los foros internacionales y transparencia en la gestión administrativa.

La República nació bajo el signo de la intervención norteamericana. Se estrenaba con ella el primer experimento neocolonial de la historia. Vino el desencanto de la demagogia chambelonera de José Miguel Gómez y con los intereses hegemónicos del mayoral de Chaparra Mario García Menocal; algunos como Enrique José Varona se retiraron de la vida política. Fue una etapa transitoria de escepticismo.

No había concluido el segundo decenio del siglo XX cuando  se manifestaron los síntomas de recuperación. Con las cenizas todavía ardientes renacía el espíritu de lucha y se forjaba una cultura de resistencia. El concepto parece algo abstracto. En mi próxima entrega, intentaré descifrar algunos de sus componentes para entender de dónde venimos. Es preciso recorrer una historia que, si bien tuvo sus altibajos, mantuvo una línea de continuidad.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2019-06-01/la-republica-neocolonial

TENÍA APENAS 42 AÑOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARTÍ RANCA
Obra de Ernesto Rancaño

graziellaCuando cayó en Dos Ríos había cumplido obra de gigante. Poeta visionario, se echó sobre los hombros del cuerpo frágil la tarea de hacer patria. Desde el dolor compartido aprendió a conocer con profundidad las contradicciones de los seres humanos concretos.

Descubrió lágrimas en los ojos de Don Mariano, su padre, el soldado, ante el cuerpo del hijo desgarrado por los grillos en el trabajo de las canteras y la brutal violencia ejercida por el poder de sus coterráneos. Separados por la política, nacería entre ambos una complicidad secreta y la comprensión silenciosa del padre ante la entrega del hijo a una causa que, a pesar de todo, no era la suya.

Antes, en los días del Hanábana, José Martí había contemplado con espanto el castigo impuesto al negro esclavo. Desterrado en España, prosiguió el aprendizaje de la historia. Comprendió los rejuegos políticos de liberales y conservadores que en nada se diferenciaban respecto a la necesidad de preservar su dominio sobre la Isla.

Descubrió también la naturaleza del país profundo, por lo cual llegada la independencia, los cubanos no guardarían rencor a los peninsulares que optaran por permanecer en Cuba, modestos trabajadores muchos de ellos. Examinó al detalle la historia viviente de las repúblicas latinoamericanas recién liberadas, para detectar las causas que obstaculizaron la plena realización del proyecto emancipatorio.

Al instalarse en Estados Unidos valoró los avances de la nación en desarrollo en relación con Europa, donde prevalecían regímenes autocráticos, pero descubrió muy pronto el peligro latente en el país que emergía para el futuro de la América Latina. Su saber enciclopédico e integrador y su preclara visión de la naturaleza de los fenómenos financieros le permitieron detectar los peligros que se cernían con la Conferencia Monetaria Panamericana. Su pensamiento de entonces conserva plena vigencia.

En ese contexto, José Martí tenía pendiente la asignatura  Cuba. Había que despejar a fondo las razones del fracaso de la Guerra Grande. No se conocía entonces el patético diario de Francisco Vicente Aguilera, uno de los más poderosos terratenientes de la zona oriental del país. Entregó la fortuna toda a la causa mayor. Por sus contradicciones insalvables con Céspedes y Quesada, fue enviado a representar los intereses de Cuba en el exterior. De una honestidad impoluta, llevaba al detalle las cuentas de los gastos incurridos. Nada guardaba para sí. Se privaba de las atenciones médicas elementales.

A pesar de los bienes heredados, Vicente Aguilera no había completado su aprendizaje en otros países. Desconocía los rejuegos de la alta política. Se vio atrapado en las maniobras de los Aldama, que mucho ofrecían y nada entregaban. Invirtió esfuerzos inútiles con políticos norteamericanos sin desentrañar los intereses reales de los vecinos del norte, nunca dispuestos a reconocer la República en Armas en espera de que la fruta madura cayera en sus manos. Enviado luego a Europa, desconocedor de sus lenguas y culturas, menos pudo hacer. Murió solo, en atroz agonía, devorado por el cáncer.

Martí se dio a la tarea de juntar voluntades, de devolver la fe a quienes la habían perdido. Para ganar la confianza de los veteranos sabía que habría de vencer obstáculos de toda índole. Para los antiguos combatientes era un intelectual inexperto, un improvisado sin experiencia alguna en las armas.

Se dedicó a una incansable labor persuasiva. Inmerso en el dominio de la realidad concreta, en Nueva York, en Cayo Hueso, en Tampa, se volvió hacia los de abajo. Contó con la generosidad extrema de quienes entregaban, sin pedir nada a cambio, los escasos ahorros y ofrecían alojamiento y comida al peregrino de la levita raída.

Centavo a centavo, obtuvo los recursos necesarios. Evitó contraer compromisos que lastraran el futuro de la nación. Trabajaba con sigilo, porque se sabía sometido a una vigilancia permanente. La traición de La Fernandina corroboró sus sospechas. Pero la suerte estaba echada. Había que iniciar la lucha con las manos vacías.

Para hacer patria era indispensable ganar la guerra con esfuerzo propio, libre de intromisiones y compromisos. Parejamente, era impostergable construir conciencia y nutrir el imaginario de la nación. Su palabra fue incansable, para liberarnos del lastre perverso del racismo. Teníamos que librarnos. No hay razas. El combate y la lucha  por la supervivencia en la manigua sería un crisol. La frontera del color era un instrumento del dominio hegemónico que horadaba desde la conciencia prejuiciada la unidad de la nación.

Martí fue reseñando las obras de nuestros escritores y artistas, aunque lo fundamental se revela en su creación personal, en su poesía y en su prosa, desbordante como los grandes ríos del continente, siempre seductora, aunque con frecuencia utilitaria. En sus últimos diarios accede a lo más alto de las letras hispanas. El recorrido de Playita a Dos Ríos, trazado con prisa en los momentos robados al descanso, encuentro tangible con el suelo añorado, con la naturaleza y el escalar montañas que hermana hombres, expresa la plenitud del ser en la fusión del sueño y la realidad.

En lo más profundo del desamparo de la República neocolonial, los intelectuales de la vanguardia iniciaron el rescate de su inmensa obra dispersa. Con el triunfo de la Revolución el trabajo se sistematizó; fueron saliendo sus Obras Completas. Es un capital que no podemos desperdiciar en la reiteración de las mismas citas reducidas a axiomas descontextualizados. Como hiciera en vida, tiene que seguir enseñándonos a pensar, con la pasión que animó su existencia gigante.

Sobrecoge contemplar cómo pudo hacer tanto en vida tan breve. Ante la áspera orilla de Playita de Cajobabo, me sobrevino la imagen del cuerpo endeble, remero inexperto, con las manos ampolladas, que se mantenía impulsando la embarcación al ritmo de sus compañeros de viaje. La férrea voluntad se sobreponía al dolor. Debió sentir una felicidad suprema. En la oscuridad de la noche, percibía la patria cercana.

Fuente. JUVENTUD REBELDE

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

graziella 2La semana laboral transcurre devorada por las múltiples tareas impuestas por mi centro de trabajo. Reservo para los fines de semana el disfrute de establecer este diálogo con interlocutores conocidos y desconocidos.

Es lo que me impide ofrecer respuestas inmediatas a los acontecimientos de la actualidad.

En esta ocasión, aunque hayan pasado muchos días desde su desaparición física, no puedo renunciar a la evocación, desde mi perspectiva personal, de uno de los fundadores de nuestra cultura nacional, de Ramiro Guerra y su contribución efectiva a redondear la imagen de lo que somos.

Todavía muy jóvenes, nos conocimos probablemente en Nuestro Tiempo, agrupación de escritores y artistas progresistas, soñadores de un futuro mejor para la nación y orientada por el Partido Socialista Popular.

Aspirantes a cineastas, teatristas, músicos, escritores y artistas de la Plástica, representantes todos de una vanguardia prometedora, confrontaban ideas y se aventuraban en la experimentación en sus campos respectivos.

Nuestra relación devino amistad verdadera cuando coincidimos en una larga travesía marítima que nos llevaría desde La Habana hasta las costas de Francia. Entonces la aviación civil no era de uso corriente, sobre todo para quienes disponían de pocos centavos, ahorrados trabajosamente, con el propósito de abrirnos a horizontes más amplios, aprender y regresar a Cuba para incorporar los nuevos conocimientos a proyectos de gestación.

El Reina del Mar, con bandera británica, salía de Valparaíso, recogía en los puertos del Pacífico a jóvenes latinoamericanos movidos por inquietudes similares a las nuestras y terminaba el recorrido en Liverpool. En esa ocasión, viajaba también Violeta Casal, la actriz que había representado, con la poderosa expresividad de su voz, los protagónicos de las tragedias griegas estrenadas por Teatro Universitario. Sería más tarde la voz inconfundible que identificaba a Radio Rebelde desde la Sierra Maestra.

En aquellos días difíciles, el ballet Alicia Alonso –despojado de ayuda oficial– sobrevivía con dificultad, aunque hubiera conquistado un sector del público, admirados del talento excepcional de la gran intérprete de Giselle.

En tan ingrato ambiente, Ramiro Guerra soñaba con sentar las bases para el desarrollo de la danza moderna en Cuba. Con el triunfo de la Revolución, los obstáculos se allanaron. Se constituyó el Ballet Nacional de Cuba y en el primer semestre del 59 Isabel Monal recibió el encargo de echar a andar el Teatro Nacional. El edificio de la Plaza de la Revolución era un elefante blanco. Los planos habían desaparecido. La sala Covarrubias resultaba un espacio sordo. Sin embargo, la recién estrenada directora de la institución supo desplegar su capacidad de animadora cultural. Sabía escuchar y se rodeó de un grupo que, desafiando los tiempos difíciles, movido por la fe y la esperanza, había acumulado saber y experiencia. Seguir leyendo EVOCACIÓN DE RAMIRO. GRAZIELLA POGOLOTTI

POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

 

GRAZIELLA POGOLOTTI

Tenía apenas siete años. Vivía en Italia con mi tía abuela. En la escuela gozaba de mucha popularidad entre mis compañeras. Me sentía muy feliz. En aquel verano de 1939, como siempre, estaba pasando las vacaciones en la aldea natal de mi abuelo paterno. Con el grupito de amigos salía a buscar setas en los bosques. Jugábamos en la yerba recién cortada, apilada para preparar el heno que alimentaría a los animales en el duro invierno nevado. Algunos de aquellos muchachos, lo supe mucho después, se alzarían en la resistencia antifascista y morirían en la contienda.

De repente, estalló la tormenta. En la frontera de Polonia había comenzado la guerra. Para mí, Polonia era el nombre desconocido de un lugar ignoto. Con extrema urgencia había que recoger los pocos bártulos que me acompañaron en las vacaciones, marchar a París y seguir viaje a Cuba. En el tren se mostraban las señales de aquelarre. Jóvenes turistas británicos, convocados al servicio militar, llenaban los pasillos portando shorts y raquetas de tenis. Quizá algunos marchaban hacia la muerte.

En París conocí las ventanas tapiadas, la alarma por amenaza de ataques aéreos a cualquier hora, el refugio apresurado en los sótanos, las máscaras antigás. Después de muchos avatares que he contado en otra parte, llegué a Cuba, junto con mis padres. Portaba una hoja con una foto y un sello oficial que se llamaba pasaporte. Nada sabía de la Isla. Caí en medio de un idioma ininteligible, entre personas y costumbres desconocidas. Tuve que esperar por septiembre del año siguiente para integrarme a la escuela. Un mes más tarde ya había aprendido el significado del 10 de Octubre y algo sabía de Carlos Manuel de Céspedes. Pero el trauma del desarraigo tardó mucho en superarse. Fueron noches de dormir inquieto, de irritabilidad siempre a flor de piel. Me llegaron cartas de mis 40 compañeritas de clases que me recordaban y me echaban de menos. Luego, la guerra impuso el silencio.

Comprendí entonces que cualquier acontecimiento político ocurrido en algún lugar del planeta podía tener consecuencias en mi vida y mi destino. Tenía que aprender y entender.

Fui siguiendo el desarrollo de la guerra en un mapa de Europa. Escuchaba la lectura de prensa. En la medida en que mi nueva identidad me iba entrando en la piel y en el alma, me involucré en los sucesos de la nación. Mientras iba madurando, se acrecentaban mi conciencia ciudadana, mi necesidad de explorar las esencias del país y mi voluntad participativa, mi sentimiento solidario con el dolor de nuestra especie.

Mi vivencia personal contribuyó a que me estremeciera la lectura del diario de Ana Frank, culpable tan solo de haber nacido judía. Comprendí la violencia brutal ejercida a través de todas las formas de racismo. Sobre todo, porque pude palparlo desde la cercanía, me indignó el crimen cometido contra la inocencia de la infancia a través de la llamada operación Peter Pan.

Ante la falacia propagada acerca de la supuesta privación de la patria potestad, miles de niños fueron enviados hacia lo desconocido. Muchos de ellos padecieron las ásperas condiciones de los orfanatos. La gran mayoría quedó marcada para siempre por una experiencia traumática.

Me concierne la política porque tengo que discernir la verdad en un planeta amenazado por la depredación, por la supresión de la diversidad cultural, por la propagación del racismo, por el arranque doctrinal contra los derechos de la mujer, por la imposición de una filosofía basada en el todo vale, por el ascenso de ideas sustentadas por sectas fanáticas, por la reivindicación de las dictaduras que asolaron buena parte de Nuestra América en nombre de una falsa versión de democracia. Seguir leyendo POR QUÉ ME CONCIERNE LA POLÍTICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

EN LA OPOSICIÓN SE VIVE MEJOR. ROBERTO MALAVER

ROBERTO MALAVER 2

ROBERTO MALAVER 

Amenodoro Valcárcel Villamediana es el presidente de la Organización No Gubernamental –ONG- Organizados Para Pedir Libertad –OPPL-. Está sonriente. Se acaba de bajar de su Mercedes Benz y le dijo a su chofer: “te puedes dar una vuelta por ahí mientras parloteo con este medio masivo de comunicación”. Después de saludarnos, tomó asiento y pidió tomar un café: “si hay, porque con esta situación de desabastecimiento solo se puede pedir libertad, y eso es lo que hace nuestra ONG”- dijo.

“Me voy a sincerar contigo porque eres un viejo amigo -siguió diciendo Valcárcel Villamediana- . En la oposición se vive mejor, porque uno monta su ONG y listo, al momento empiezan a llamarte de todas partes para entrevistarte y lo mejor es que empiezan a llegarte ayudas financieras. Y lo bueno es que, como en este caso, que el Gobierno de Estados Unidos está tratando de salir de Maduro, y eso para nosotros es muy conveniente, porque uno se ofrece, y ellos nos invitan y hasta nos premian, y nos sacan en sus medios de comunicación y eso no da mucha credibilidad. Así que vivimos entregados a luchar por todas las libertades: libertad de prensa, de expresión de pensamiento, de presos políticos, de precios, y somos muy abiertos en eso, y en este país todas esas libertades han sido restringidas, y para eso estamos nosotros”.

Prueba un poco del café que ya, sin darnos cuenta, alguien colocó en la mesa, y dice: “Qué bueno está este café, seguro que es colombiano, porque aquí no se produce nada. Y te sigo diciendo. También uno puede fácilmente colocar un familiar en uno de esos partidos políticos que están luchando a favor de la democracia, y al poco tiempo ese familiar está allí viajando y dando declaraciones y percibiendo un buen sueldo por su trabajo político a favor de la libertad. Porque claro, a medida que vamos trabajando y que conocemos a los dueños de los medios y a los dueños de las empresas y de los partidos políticos, así ampliamos nuestro espectro, y vamos creciendo en familia, eso sí, luchando siempre a favor de la democracia, tú sabes, ese es nuestro caballito de batalla”.

En eso, Valcárcel Villamediana recibió una llamada. Atendió. Esperó y dijo “si, como no”. Me dijo que se iba porque tenía que defender la democracia y me dejó allí con la cuenta del café.

Fuente: ÚLTIMAS NOTICIAS

EN ESPERA DE SILVIO. GRAZIELLA POGOLOTTI

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Haydée y Silvio

GRAZIELLA POGOLOTTI

grazkiella-2-1.jpgEl próximo 26 de abril Silvio ofrecerá uno de sus ya habituales conciertos en la esquina de Tercera y Avenida de los Presidentes, en pleno corazón del Vedado. Será  horas antes del sexagésimo aniversario de la Casa de las Américas, la institución fundada por Haydée Santamaría para tender puentes entre Cuba, la América Latina y el Caribe.

El lugar escogido para nuclear a hombres y mujeres de Nuestra América, hasta entonces aislados, era un edificio que había permanecido silencioso durante años. Se nombraba Sociedad Colombista Panamericana y en su denominación podía reconocerse el rezago de plataformas conceptuales de raigambre colonial y neocolonial. Según algunos investigadores, había algo más. Era una pantalla para el trasiego de sobornos, procedentes en ciertos casos, de la atroz tiranía de Trujillo.

En el año del triunfo de la Revolución el país vestía ropajes nuevos. La deuda con el pasado era inmensa. Simultáneamente, la impaciencia por hacer  y el impulso creador contenido se desataron en todas las direcciones. Se rediseñaba y se expandía la educación y se abrían nuevos cauces para la cultura. La visión resultaba integral e integradora. A la necesaria cohesión interna se añadía el proyecto de afianzar la siempre soñada unidad latinoamericana.

Al volver la mirada hacia atrás, la tarea realizada adquiere dimensiones gigantescas. Articulada a un proyecto transformador de enormes dimensiones, la Casa de las Américas acompañó a la Revolución Cubana en el campo de la cultura. Contra todo pronóstico, en la Isla un puñado de guerrilleros había logrado vencer a un ejército profesional armado y sostenido por Estados Unidos.

En las Naciones Unidas, Fidel afirmaba un programa descolonizador y tercermundista. Desde todas partes las miradas se volvían hacia un pequeño país conocido hasta ese momento, acaso, como productor de azúcar y tabaco. En América Latina la resonancia fue aún mayor. Los escritores y artistas cobijaban propuestas renovadoras desprovistas de vías de realización concreta.

Estaba madurando una literatura que muy pronto conquistaría preeminencia más allá de nuestras fronteras. Para la Casa de las Américas la acción inmediata se tradujo en la convocatoria a un premio literario que amplió progresivamente su perfil y ha subsistido, con rostros ajustados a las demandas de cada época, hasta nuestros días. Ofrecía en recompensa una modesta remuneración y la posibilidad de publicar las obras seleccionadas. De esa manera se dieron a conocer autores que hoy son nombres establecidos en nuestras letras.

La capacidad movilizadora se extendió a las artes visuales, a la música, al teatro. No hubo fronteras entre lo culto y lo popular. Resultado de esos vínculos solidarios y de la apertura hacia los más anchos horizontes, la Casa acumula en la actualidad una excelente colección de arte y de artesanía latinoamericanos.

En su sexagenaria trayectoria ha brindado apoyo a la auténtica alternatividad, aquella que anda a contracorriente del poder hegemónico y subsiste en la precariedad material, silenciada por los medios de comunicación dominantes.

Así ocurrió con los teatristas que estaban construyendo nuevos públicos en el continente, bajo las dictaduras y entre las comunidades chicanas y puertorriqueñas de Estados Unidos. Al convertirse en hogar de la nueva canción, obtuvo mayor alcance popular. Su línea editorial fue entregando un panorama de nuestra literatura y de nuestro pensamiento desde los orígenes hasta la actualidad.

Las revistas Conjunto y Casa constituyen desde hace tiempo referencia obligada para los estudiosos  de América Latina. Casa ha concedido siempre espacio a las artes y a las letras, sin soslayar por ello los debates fundamentales en lo concerniente a las ideas. Al repasar sus páginas, se redescubren las complejidades de un pensamiento en permanente desarrollo, registra las señales de cambio sin perder el rumbo del irrenunciable propósito emancipador. Entre los autores que allí aparecen encontraremos una amplia nómina de intelectuales, escritores, científicos sociales, políticos. Muchos, apenas conocidos cuando firmaban sus primeras colaboraciones, se han convertido en figuras de rango internacional.

Pertenece a la vanguardia, término que se ha vulgarizado un tanto, quien se sitúa en la avanzada de una formación. Son los exploradores que perciben lo que otros no advierten. Tal ha sido el papel esencial desempeñado por la revista, encarnación del espíritu esencial de la institución.

Siguiendo su práctica usual, la OEA intentó aislar a Cuba del continente. Sabido es que, sometidos a dictados, todos los países, salvo México, rompieron las relaciones con Cuba. En tan difíciles circunstancias, los intelectuales mantuvieron su fidelidad a los llamados de Casa de las Américas. Ante los obstáculos interpuestos, los amigos de la Casa cruzaban el Atlántico dos veces. Tenían que llegar a una capital europea para emprender desde allí el vuelo  hasta La Habana. Nada impedía seguir juntándose en la Casa de las Américas, la Casa de Haydée, nuestra Casa, el sitio donde la sabiduría de Haydée Santamaría animó un espíritu de quehacer colectivo, despojado de burocratismo, anclado en la pasión, la inteligencia  y la intuición.

El 26 de abril disfrutaremos el cantar de Silvio. En sus piezas más célebres nos uniremos a su voz para rendir homenaje a la Casa de las Américas.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA LECTURA TIENE QUE CONVERTIRSE EN HÁBITO DESDE LAS PRIMERAS EDADES. GRAZIELLA POGOLOTTI

A propósito de la fiesta del libro

NIÑOS LEYENDO

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Arrancó en La Cabaña y prosigue su andar a través de todas las provincias del país. La Feria del libro, como tantas otras que se presentan por el mundo, ofrece la oportunidad para el intercambio entre especialistas de distintos lugares. Es la ocasión propicia para concertar negocios editoriales.

En Cuba constituye, ante todo, una fiesta popular. En la fortaleza situada en la entrada del puerto de La Habana adquiere visos de campismo, de diversión grupal para la familia y la muchachada. Rompe la rutina de la cotidianidad. De esa manera, una vez al año, el libro se convierte en el centro del acontecer. Ocupa un espacio privilegiado en los medios de comunicación. Luego dormitará en los almacenes de las librerías y las bibliotecas.

Sin embargo, en la batalla por conquistar nuevos lectores, ciudadanos activos, bien informados, motivados por la curiosidad y el hambre de conocimientos, dotados de espíritu crítico, capaces de escapar a la manipulación mediática y al imán seductor de la tontería, se impone la necesidad de concretar las políticas culturales en encadenamientos productivos y eficaces con la participación de todos los factores que dinamizan la vida. Poco importa el soporte utilizado, aunque la impresión en papel dista mucho de haber desaparecido.

La lectura tiene que convertirse en hábito desde las primeras edades. Contra la modorra mental, el acomodamiento al uso de resúmenes simplistas, el empleo fraudulento del corta y pega, acicatea la búsqueda de la verdad, desarrolla la capacidad de concentración e impulsa la imaginación creadora. No pueden concebirse una sociedad del conocimiento y una respuesta adecuada a las demandas de innovación científica prescindiendo de esas cualidades. Subestimados por muchos, el arte y la literatura alientan la facultad de soñar. Los sueños preceden la búsqueda de soluciones técnicas. Adelantado de su tiempo, Leonardo da Vinci diseñó artefactos que, siglos más tarde, habrían de convertirse en realidades tangibles. En pleno siglo XIX, Julio Verne relató las aventuras de viajes submarinos y de exploraciones de la luna que cristalizarían mucho después. Ya Félix Varela advertía en su Miscelánea filosófica que los gustos no brotan espontáneamente. Se forman según el espíritu de una época y la consiguiente instauración de modelos.

Para nosotros, las políticas culturales deben orientarse hacia la revitalización de un clima creador. En ese caso, el encadenamiento productivo tiene como punto de partida los planes editoriales formulados en consulta con los consejos asesores y ejecutados por verdaderos editores encargados de la revisión del texto y la elaboración de pautas para el diseño gráfico, atendiendo a las características del destinatario potencial.

Recuerdo al respecto los maravillosos Cocuyo, serie conducida de la mano de Ambrosio Fornet con austero e inconfundible diseño de Raúl Martínez. De formato pequeño conjugaban lo más avanzado de la literatura mundial con páginas olvidadas de autores cubanos. Despertaban en el lector la tentación del coleccionista.

La implementación de una política editorial con el propósito de rescatar los hábitos de lectura, para llegar, como decía la publicidad de un conocido dentífrico, hasta donde el cepillo no toca, requiere conceder la prioridad debida a las librerías y al sistema de bibliotecas públicas y escolares.

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TIEMPOS DE FUNDACIÓN. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Con un inmenso respaldo popular, la Revolución llegó al poder libre de compromisos que la ataran a los desmanes de la política del pasado. Los tenía tan solo con el pueblo y con una historia de independencia mutilada, de inequidad y frustración de un proyecto republicano delineado en un batallar contra el dominio colonial que prosiguió en el siglo XX, a lo largo del cual se forjó un imaginario que alentaba sueños y aspiraciones.

Al arribar a los 60 años de aquella victoria y volver la mirada hacia atrás para valorar un recorrido lleno de obstáculos, la arrancada se perfila como un tiempo de fundación. El nacimiento del Icaic, el 24 de marzo de 1959, colmó muchas expectativas y contribuyó, simbólicamente, a definir el rumbo que tomaría la política cultural revolucionaria.

Las primeras salas de cine se habían abierto entre nosotros casi inmediatamente después de la aparición del nuevo invento. Aparente representación de la realidad  percibida a través del ojo de la cámara, abría las ventanas hacia un universo ilusorio.

Al principio, la imagen mítica de sus grandes días llegaba de Europa. Luego, con la Primera Guerra Mundial, su centro emisor se desplazó hacia Hollywood. Muy pronto sedujo a las grandes mayorías. Con la sustitución del silente por el sonoro apareció un sector del público que se acomodaba mejor a seguir el curso de la narración en español.

La distribución comercial sirvió entonces de base a una producción procedente de México con soporte de corrido y el perfil machista de algunos de sus personajes más reconocidos, así como de la Argentina, consecuente con la gran expansión del tango. Era, sin duda, la expresión artística que por su alcance, su capacidad innovadora y comunicativa configuraba decisivamente la cultura del siglo XX.

Nosotros, los cubanos, pertenecíamos a esa parte de la humanidad condenada, por la falta de respaldo industrial y por nuestra subalternidad dependiente y periférica, a la condición de meros receptores de historias contadas en otras partes. Las pantallas mostraban un universo ancho y, en gran medida, ajeno. Necesitábamos también reconocernos en nuestra voz, nuestra imagen, nuestra sonoridad y nuestros conflictos.

La generación nacida alrededor de los años 30 estaba poblada de cinéfilos y aspirantes a cineastas. Aparecieron los cineclubs y el cine adquirió rango académico en la escuela de verano de la Universidad de La Habana. El tema convocaba al estudio y a la formulación de un pensamiento teórico. En espera de las posibilidades de hacer, ambos fueron madurando en la década del 50.

La Revolución entregó los recursos necesarios. Había que producir con rapidez y eficiencia. Solo Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa habían pasado por un aprendizaje en Roma. Los nuevos cineastas, directores, encargados de la fotografía, sonidistas, productores, todo el equipo técnico oculto tras el resultado final, se formaron sobre la marcha, a través de la realización de documentales y de largometrajes de ficción.

También se fue desarrollando un intenso debate intelectual, animado por el intercambio entre teoría y práctica, por el análisis de las tendencias que dominaban la contemporaneidad, por la relación entre los nuevos lenguajes y la creación artística, y por los desafíos impuestos en un proceso descolonizador.

Investigaron zonas poco exploradas de nuestra realidad, afrontaron la construcción de un relato histórico, plantearon en términos críticos los problemas que entorpecían el crecimiento de un proyecto socialista. Elaboraron, además, un pensamiento original en torno a la relación entre la obra y su destinatario, considerado factor activo en una dialéctica de la creación, nunca consumidor pasivo de un mensaje didáctico y adormecedor. Reaccionaron contra cualquier intento de subestimación del sujeto, potencialmente autocrítico, que ocupaba una butaca en la sala oscura y el que se estaba entrenando en las regiones remotas, carentes de electricidad, donde ese espectáculo estaba llegando por primera vez.

Esencialmente comprometidos con las ideas de la Revolución, se interrogaron acerca del diálogo entre cultura y sociedad con el propósito de encarrilar sus búsquedas en la misma dirección, sin acudir a fórmulas simplonas, sin eludir los desafíos de la complejidad y sin desmedro de la calidad artística.

El sexagésimo aniversario del Icaic coincide con el centenario del nacimiento de Santiago Álvarez, innovador de las fórmulas comunicativas del noticiero y el documental. En el primer caso, estábamos acostumbrados a recibir una información plana, reseña inocua del desfile de los acontecimientos. Santiago propuso al espectador un acercamiento comprometido y crítico de la realidad, mediante el empleo del montaje y de una dialéctica contrastante entre el sonido y la imagen.

El instrumental artístico de la contemporaneidad se puso al servicio del empeño por sacar al espectador de la modorra, de activar la inteligencia y la sensibilidad y hacerlo partícipe del descubrimiento del trasfondo oculto tras los sucesos más significativos de la época. La aventura del conocimiento se sustentaba en el disfrute de la obra hecha con rigor y sin concesiones.

El cine cubano se adentró en la investigación del complejo entramado de la Isla. América Latina, entendida como patria grande, fue su referente inmediato. Estableció un vínculo orgánico con los cineastas que emergían en nuestro ámbito mayor. Con esas premisas, auspició la formación de un público que, todavía hoy, seis décadas más tarde, inclina su preferencia a la obra de nuestros creadores.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LA HISTORIA CONTADA POR LOS JÓVENES. GRAZIELLA POGOLOTTI

VILMA 1

GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1En lo personal y en lo colectivo, la amnesia constituye una patología caracterizada por la pérdida de identidad. En lo personal se traduce en el olvido del nombre, la procedencia, el lugar donde se habita, los recuerdos que eslabonan nuestra existencia, el conocimiento adquirido y los sentimientos que alientan lo más íntimo del ser. Es un vaciado de cerebro.

La desmemoria corroe, a otra escala, el sentido de una existencia que hemos compartido en el barrio, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la alegría, el dolor y el desaliento. Los recuerdos conforman un legado que se transmite a través de las generaciones en variadas narrativas que evocan las anécdotas del abuelo desaparecido, al álbum de fotos que recoge la imagen juvenil de nuestros padres y fija el rostro olvidado de los niños que alguna vez fuimos.

En la narrativa histórica, lo personal y lo colectivo se entrelazan y la visión del presente se amplía hasta encontrar los pasos perdidos en el pasado más remoto. La desmemoria se convierte así en una forma de castración. Por eso, la necesidad de preservar ese legado concita creciente preocupación.

Muchos se interrogan acerca del modo más eficaz de contar la historia. Valdría la pena recordar que la literatura precedió a la historiografía. Un señor conocido por el nombre de Homero relató la guerra de Troya a partir de la cólera de Aquiles y, más tarde, las aventuras sorprendentes de Odiseo en su regreso a Ítaca. Los recursos de la narrativa contribuyen a despertar el interés del destinatario.

Pero ese no es mi tema de hoy. Adultos al fin, pensamos en el modo de dirigirnos a los jóvenes, apuntalados en nuestro saber acumulado. Sería incitante, sin embargo, dar vuelta a la cámara y estimular a los jóvenes a centrar su mirada en el ayer y proyectarlo hacia el presente desde su propia perspectiva.

La editora Ocean Sur ha realizado un experimento en esta dirección. En su Colección Vanguardia, 60 años de Revolución en Cuba, ha publicado ocho libros de pequeño formato que abordan figuras de indudable relevancia histórica como José Martí, de Yusuam Palacios; Mella, de Yosvani Montano; Fidel y Che, ambos de Rodolfo Romero; Camilo, de Daniela Fernández; Celia, de Daily Sánchez; Haydée, de Ana María Cabrera, y Vilma, de Mónica Corrieri. El espacio no me alcanza para detenerme en cada uno de ellos. Todos responden a similar estructura. Una breve introducción, una cronología y una selección de textos en los que alternan lo documental y lo testimonial.

Prefiero centrarme en la figura de Vilma, por su trayectoria en la clandestinidad, en la Sierra, por su desempeño de avanzada en la construcción del socialismo y por la reciente conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Un lugar considerable en el texto ocupa una larga entrevista. Ahí está Vilma en primera persona, viviente y auténtica, narrando en tono familiar el proceso de su formación. Destinada al ejercicio de una carrera profesional, razones éticas la fueron implicando en la lucha revolucionaria hasta empeñar la vida en las más riesgosas acciones.

La brega por la creación de la Universidad de Oriente formó una verdadera comunidad de profesores y estudiantes. Libre de las ataduras que sujetaban al bicentenario centro de estudios habaneros, Santiago pudo integrar al claustro las personalidades del exilio español y se abrió a un amplio espectro ideológico. La formación en una carrera técnica  no fue un obstáculo para que Vilma desarrollara una refinada sensibilidad artística. Pero el contexto social le imponía otras inquietudes. Al rechazo a los gobiernos corruptos se unió el brutal golpe de Estado de Fulgencio Batista. Involucrada en ese compromiso mayor, Vilma se adhirió al Movimiento 26 de Julio. El 30 de noviembre de 1956 ocupaba, junto con Frank País, altas responsabilidades.

El mismo hablar pausado revela indirectamente el rigor de un pensamiento que presidió las directrices fundacionales de la Federación de Mujeres Cubanas y los ajustes sucesivos a tenor de los cambios introducidos en la sociedad.

Para definir las tareas concretas, el respaldo conceptual dimana del conocimiento de la realidad  del país, del análisis pormenorizado de la historia del movimiento feminista cubano y de las tendencias de avanzada dominantes en el mundo. De esa manera, la práctica se sustenta en una base científica. Los factores subjetivos y objetivos son asumidos en su integralidad y en su interrelación.

En efecto, la mujer cubana, en un contexto de subdesarrollo y cultura machista, había sufrido las consecuencias de la pobreza y la marginación. Era portadora, al mismo tiempo, de una tradición de lucha que germinó en las guerras de independencia, prosiguió durante la República neocolonial, con formas organizativas diversas y con la participación activa en acciones revolucionarias de los años 30, así como en el enfrentamiento a la dictadura de Batista en la Sierra y en la clandestinidad.

Con esos antecedentes, se dotó de oficios a las campesinas, se enfatizó en el acceso a altos niveles de educación y se acrecentó su presencia en cargos de dirección. Pudo entonces elaborarse nuestro primer Código de Familia.

En esa brevísima recopilación, volvemos a encontrar la voz de Vilma, cercana, íntima, viviente y, sobre todo, auténtica, traspasada por la visión de una joven autora que, desde su generación, habla para ella. Tiene  presente los códigos comunicativos de quienes no vivieron en carne propia la lucha insurreccional, los días de Girón y de la Crisis de Octubre.

Para asegurar la continuidad de proyectos revolucionarios en tiempos difíciles, la narrativa histórica tiene en cuenta a los testimoniantes de ayer, pero ha de ser conocida también desde la perspectiva de los que ahora emergen, impacientes por levantar vuelo y asumir, con plena responsabilidad, el papel que les corresponde.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

LEO. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA 1Procedentes de distintos lugares, emprendíamos el regreso a La Habana desde el aeropuerto de Berlín. Al llegar, nos sorprendió una mala noticia. Por una de esas frecuentes irregularidades  en el cumplimiento de los horarios establecidos, tendríamos que pasar una larga noche en una triste sala de espera, sin  acomodo previsto para echar un sueñito, privados de alimentos y de agua para saciar la sed. El conglomerado humano era diverso. Creo recordar a la bailarina Josefina Méndez. La irritación acrecentaba el cansancio y el peso de la ropa ajada. Pero, ahí estaba también el maestro Leo Brouwer. Alguien le pidió que tocara algo. Accedió gustoso. Se produjo el milagro. La noche se convirtió en día.

Conservo en la memoria, como tesoro bien guardado, otro encuentro íntimo. Con motivo de un cumpleaños de Alejo Carpentier, Saúl Yelín reunió en la biblioteca del Icaic a unos pocos amigos. Leo tocaría, en un ambiente informal, algunas piezas de su repertorio renacentista, homenaje cómplice a ese músico que el novelista llevaba dentro. A pesar de la distancia generacional existían entre ambos afinidades esenciales. A poco de llegar a Cuba, después de una prolongada estadía en Caracas, Carpentier  descubrió el talento excepcional de un artista que rondaba los 25 años. Había maestría en la ejecución, aportes técnicos que multiplicaban las posibilidades expresivas del instrumento. Había, sobre todo, una inquietud insaciable por explorar nuevos caminos soslayando las tentaciones de la moda, siempre efímeras y veleidosas.

Habían pasado los años de una necesaria reafirmación nacionalista animada por Caturla y Roldán, incorporado el rigor en el dominio de los recursos del oficio por el Grupo de Renovación Musical, llegaba el momento de conquistar la plena libertad en síntesis de lo local y lo universal, de lo clásico y lo contemporáneo. A pesar de su lenguaje aparentemente abstracto, la música, creación artística ante todo, incorpora un sentido de la vida. Leo no cesa de plantearse interrogantes  en su percepción de la literatura, de las artes visuales, del cine. No renuncia tampoco a hacer obra de servicio social. En constante replanteo de una cosmovisión, coincide también con Carpentier.

Discípulo del maestro Isaac Nicola, a los 16 años ofreció su primer concierto en la Sociedad Lyceum. Se vinculó con la Sociedad Nuestro Tiempo, proyecto cultural que agrupaba a artistas progresistas de todas las manifestaciones. Después del triunfo de la Revolución, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para completar su formación en Julliard. De regreso al país, asesor musical del Icaic, ejerció un magisterio al margen de ataduras academicistas. Se trataba nada menos que del Grupo de Experimentación Sonora, a punto de cumplir medio siglo en el año que corre.

El prestigio de su obra como intérprete, compositor y director de orquesta traspasó las fronteras de la Isla. Le otorgó una capacidad de convocatoria que garantizó el éxito de los concursos de guitarra. En los últimos años, ha promovido conciertos protagonizados por figuras de renombre, todo lo cual favorece romper el aislamiento y divulgar las tendencias renovadoras de la música contemporánea.

El talento es una gracia que se nos otorga al nacer. Si no se cultiva, muere por inanición o se estanca, reducido a la repetición de las mismas fórmulas. La cristalización de una obra requiere entrega, disciplina, empeño paciente y sistemático, capacidad autocrítica, antenas abiertas a los más anchos horizontes del mundo, sin dejar por ello de escuchar los rumores de la tierra propia.

Lector insaciable, Leo se vale de su rigurosa formación musical para adentrarse, en plenitud de disfrute, en las entrañas de la literatura. Conservo una carta suya donde comenta que, junto a los textos de autores cubanos, explora los trabajos de Umberto Eco y los cuentos más reciente de Ítalo Calvino.  La vida del espíritu se nutre de los sonidos y los colores de la naturaleza, de la creación humana de acá y de allá, de ayer y de hoy. Por eso, no es una figura mediática. Se mantiene  distanciado de la frívola  espectacularidad  que invade, pervierte y hunde en la desmemoria el mundo en que vivimos.

Por encima de la distancia generacional, el acicate omnívoro de conocer, de indagar acerca del sentido de la vida y acerca de la posible trascendencia de la obra del hombre sobre la Tierra alentaron su diálogo íntimo y cercano con Carpentier. Los textos del narrador cubano le inspiraron las partituras de El reino de este mundo, La ciudad de las columnas, Viaje a la semilla, El arpa y la sombra. Algunas de ellas se conservan en la Fundación.

Leo Brouwer acaba de llegar a sus 80 años. Saberlo vivo e inquieto es una fiesta para todos nosotros, agradecidos por la envergadura de su obra, por su constancia en el hacer una  tarea  que se agiganta con el tiempo y por su  generosa disposición a entregar saber y acción al desarrollo de la cultura nacional.

DIÁLOGO CON FREI BETTO. GRAZIELLA POGOLOTTI

No lo conozco personalmente. He seguido sus pasos a través de su modo de obrar y sus publicaciones. Recién lo escuché en el espacio de la Mesa Redonda de nuestra Televisión. Compartimos, en lo fundamental, nuestras preocupaciones sobre el mundo contemporáneo y el enfoque de los problemas de la educación, situados a contracorriente de las tendencias dominantes en la actualidad.

Coincidimos en defender, cuando gran parte del planeta bordea el abismo, la necesidad de reafirmar la posibilidad de un mundo mejor en el batallar martiano a favor del mejoramiento humano, razones de mi apego tozudo al magisterio como vía de diálogo con las generaciones emergentes.

Junto a Frei Betto, a riesgo de parecer anacrónica, sostengo el rescate de un proyecto humano volcado hacia un horizonte utópico, y por la búsqueda de una felicidad verdadera cimentada en el derecho a soñar, en la participación social responsable y en los valores del espíritu. Lo hago sin desconocer los datos de una realidad que a veces nos abruma, signada por carencias materiales y conductas condicionadas por apetitos insaciables, la envidia, la mezquindad y el arribismo.

Sin embargo, la realidad no se define por el contraste primario entre blanco y negro. Tras la tempestad, se ilumina la hermosa variedad cromática del arcoíris. Las secuelas del devastador tornado que se abatió sobre La Habana ofrecieron una muestra palpable de la diversidad de comportamientos. Se manifestaron los indiferentes y los aprovechados. Se manifestaron también quienes entregaron horas de desvelo a las tareas restauradoras más urgentes y quienes movidos por el impulso de una solidaridad espontánea prestaron ayuda a los más necesitados, ofrecieron agua al sediento y pan al que nada tenía, quienes contribuyeron, en el fango y a mano limpia, sin demandar reconocimiento alguno, a levantar escombros. Muchos eran jóvenes, de esos que observamos con mirada crítica por el modo de vestir y de acomodarse el cabello.

Las palabras de Frei Betto me inspiran una reflexión. La ciencia pedagógica es uno de los puntales básicos de la filosofía. Ambas tienen como propósito desentrañar el sentido de la vida de los seres humanos en la Tierra.

Por ese motivo, no son neutrales. Se comprometen en la política, considerando este término en su acepción más abarcadora, aquella que procede de su origen etimológico, la polis griega. Maestro itinerante, Sócrates fue condenado a muerte. Asumió su destino con la mayor serenidad. Tuvo que beber la cicuta. Giordano Bruno fue condenado a la hoguera. Para proseguir su obra, Galileo Galilei se retractó.

En los días que corren, neoliberalismo y humanismo —concepto este que no debe confundirse con humanitarismo— responden a posiciones antagónicas irreconciliables. En el terreno específico de la enseñanza, el primero propone la producción de especialistas al servicio de las demandas transitorias del mercado laboral. En el segundo caso, se trata de formar a personas para alcanzar el pleno desarrollo de sus facultades, conscientes del proceso histórico, capaces de discernir con espíritu crítico entre la diversidad de caminos que se bifurcan, responsables de sus actos en lo personal y en lo social. Ambas posiciones tienen su correlato ético. El neoliberalismo exacerba la competitividad, el individualismo exalta el triunfo de los más fuertes sobre los perdedores, débiles y vulnerables. Para lograr esos fines todo vale.

Pocos recuerdan a Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Acogió al niño para nutrir su inteligencia, su espíritu y su corazón. Adelantado a su tiempo, fue un precursor. Viajero infatigable, su mirada se proyectó hacia el futuro de nuestra América cuando aún no se habían iniciado las guerras de independencia. Conocía a fondo las tendencias de pensamiento dominantes en Europa. Intuyó las fisuras en la obra de los enciclopedistas, la empresa gigantesca que definió el llamado Siglo de las luces.

En una Francia que incorporó las ideas mercantilistas a partir del programa implantado por Colbert, intendente de hacienda de Luis XIV, los enciclopedistas establecieron una noción de progreso bajo el impulso de la técnica divulgada a través de las espléndidas ilustraciones que acompañaban su gran libro. Discrepante, pobre y solitario, Juan Jacobo Rousseau indagó acerca del origen de la desigualdad entre los hombres, renovó los conceptos prevalecientes sobre la educación y rindió culto a la naturaleza.

Al emprender el camino hacia Roma, donde el Libertador haría su célebre juramento, en marchas emprendidas en gran parte a pie, como peregrinos del saber y de la emancipación humana, Simón Rodríguez impuso un rodeo. Había que pasar por Ginebra, patria chica de Rousseau, para inclinarse ante la memoria del autor de Las ensoñaciones del paseante solitario, Las confesiones y Emilio.

Quise ser maestra. Cuando me someto, como siempre lo hice, al cotidiano examen de conciencia, no dejo de preguntarme si he cumplido mi propósito de manera cabal. Subestimado, mal remunerado en todas partes, el magisterio, más que oficio, es tarea de misionero. Se ejerce dentro y fuera del aula. Lo hizo Fidel con sus compañeros en la prisión de Isla de Pinos. Lo siguió haciendo ante las multitudes de la Plaza, a través de las pantallas de la televisión y en los grandes foros internacionales. Nos estaba enseñando a pensar.

Coincido con Frei Betto en que el cerebro no se reduce a un almacén de conocimientos inertes. No predico la ignorancia. Todo lo contario. Pero, el saber verdadero pasa por la mente y el corazón, es el nutriente esencial de la vida y del espíritu, lo más hermoso que guardamos oculto en nuestro interior, tal y como decía Martí a María Mantilla.

Mi residencia está en la Tierra, cuando mi tiempo se abrevia, cumplido ya mi tránsito mayor. Reclamo junto a Frei Betto la necesidad de no caer en las trampas seductoras de una supuesta modernidad, de seguir andando con la mirada puesta hacia adelante, hacia un horizonte donde perdura la llama de una utopía que ha de convocarnos a la salvación de un planeta amenazado.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

EL PASO DE LOS VIENTOS. GRAZIELLA POGOLOTTI

Dicen que, en días claros, desde Punta de Maisí puede observarse la costa de Haití. Es nuestro vecino más cercano. Hace poco, una breve nota informaba que en el año en curso se conmemoran los 215 de su independencia, la primera en la América Latina y el Caribe. Fue mucho más. Inició en el nuevo mundo las luchas por la emancipación. Liberó a los esclavos, lo que no ocurriría en Estados Unidos hasta la época de Lincoln. Muchos olvidan, además, los estrechos vínculos del devenir económico, social y cultural de la isla vecina con la historia de Cuba.

Privados de sus privilegios por la insurrección armada, numerosos colonos franceses emigraron a Cuba. Con ellos llegaron algunos de sus esclavos. Fundaron cafetales donde construyeron mansiones que en unos pocos casos sobreviven y constituyen hoy parte de nuestro patrimonio cultural.  Introdujeron costumbres, así como expresiones  musicales y danzarias. Dejaron su marca en el Tivolí santiaguero.

Esa presencia, unida al trasiego de los militares, dio lugar a que llegaran a la Isla noticias de la insurrección libertaria. La censura  española no pudo contener el andar de las ideas. Hubo que implantar el terror mediante la represión, que llegó a su punto máximo con la Conspiración de la Escalera. Su ramalazo colateral se hizo sentir en los criollos reformistas.

Domingo del Monte se marchó de la Isla para no regresar. El golpe mayor se abatió sobre la capa de negros y mestizos que se desempeñaban como músicos y artesanos, entre ellos, como figura prominente, Gabriel de la Concepción Valdés, el poeta Plácido.

Las consecuencias de la insurrección en la isla vecina tuvieron repercusiones en el diseño de nuestra economía. Sus efectos configuraron los avatares de nuestra historia. Cuba desplazó a Haití como proveedor de materias primas, devino productora de azúcar subordinada a las demandas del mercado mundial, a la vez que importadora neta de alimentos y de bienes manufacturados multiplicados por la primera Revolución Industrial. Con ello, acrecentó  su demanda de mano de obra barata. Por vías legales e ilegales, se agigantó la trata de esclavos.

La deformación estructural se agudizó en el amanecer de la república neocolonial. Sobre un país arruinado por la guerra, el capital norteamericano expandió la producción azucarera con la compra de latifundios y la erección de grandes centrales en las provincias orientales. No faltó la United Fruit, la célebre Mamita Yunai, ya instalada en Colombia y en la América Central.

Con la primera conflagración mundial, el alza de los precios del dulce estimuló el aumento de la producción. Hizo falta mano de obra barata. Abolida la esclavitud, contratos leoninos reclutaron antillanos. En virtud de la cercanía, fueron  numerosos los  haitianos. Con la caída de los precios al término del conflicto bélico se impuso la repatriación forzosa, aunque algunos lograron radicarse definitivamente en Cuba. Fundaron familias y contribuyeron a la configuración de nuestra diversidad cultural. A pesar de todo, a través de los años, siguieron llegando como trabajadores temporeros o como emigrantes.

A la vuelta de los 40 del pasado siglo, según los reclamos del mercado laboral, los trabajadores temporeros haitianos seguían viniendo a Cuba. La influencia de las ideas recorrió un camino inverso.

El movimiento sindical había cobrado fuerza en la Isla, sobre todo en el sector azucarero.  Los que regresaban a Haití eran portadores de la lección aprendida entre nosotros. Dos narradores fundamentales de la nación vecina, Roumain y Alexis, relataron en sus obras el impacto recibido por esa experiencia. Entonces, ya se había establecido una relación entre los intelectuales de acá y de allá.

Como suele suceder en un contexto neocolonial, esos vínculos se anudaron en territorio metropolitano. En París, donde se instalaron por motivos de estudio o de persecución política, compartieron inquietudes y descubrieron en ese intercambio la plataforma subyacente en la América Latina y el Caribe. Encontraron en la antropología una herramienta útil para entender las claves de nuestras culturas.

La Segunda Guerra Mundial motivó, en términos del poeta martiniqués Aimé Césaire, «el regreso al país natal» y su redescubrimiento a partir de la perspectiva adquirida desde la distancia. La coyuntura propició asimismo el desarrollo de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Haití, que tuvieron un efecto significativo en el plano cultural.

Una suave, tierna línea de montañas azules. Nicolás Guillén y Haití, estudio premiado por la Casa de las Américas, de Emilio Jorge Rodríguez, uno de nuestros más prestigiosos investigadores sobre asuntos caribeños, aborda con detalles este tema. Nicolás Guillén viajó a Haití. Alejo Carpentier lo hizo algo más tarde. La presencia de ambos escritores dejó una marca profunda en el país vecino, donde desplegaron una extensa actividad, ahondaron las relaciones con los intelectuales al otro lado del Paso de los Vientos y profundizaron en el conocimiento de la singular contribución de sus antropólogos.

En Carpentier, las consecuencias de ese impacto cristalizarían en la escritura de El reino de este mundo, punto de partida de su obra mayor, texto renovador de la novela histórica articulada a través de un hilo conductor trazado por el esclavo Ti Noël, puente tendido entre la creación literaria del Caribe y la América Latina.

Por vías del azar, las efemérides sugieren coincidencias que incitan a la reflexión. En el 215 aniversario de la independencia haitiana se cumplen 60 años de la publicación de El reino de este mundo. El entrecruzamiento de ambos aconteceres evidencia la profundidad de los ligámenes históricos y culturales que unen nuestro Caribe.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

HOMENAJE A LA CIENCIA CUBANA. GRAZIELLA POGOLOTTI

GRAZIELLA POGOLOTTI

graziellaCiencia, cultura y educación son ramificaciones de un mismo árbol. Las raíces se hunden en lo más fecundo de la tierra y el tronco se nutre de lo más avanzado del mundo, tal y como pensaba José Martí. Cuando la idea de la nación era todavía sueño de poetas que empezaba a adquirir voz propia en el verso de José María Heredia, la matriz de todo había estado en el pensamiento filosófico de José Agustín Caballero y Félix Varela, que sacudía las prisiones del dogmatismo imperante para afincar acción y prédica en la enseñanza.

Se comenzaba entonces a pensar y sentir en cubano. Con vocación de servicio, volcado hacia la salud y el bienestar del país, Tomás Romay introdujo la vacuna contra la viruela. Para conocer el perfil de la Isla, Felipe Poey se dedicó al estudio y descripción de los peces. Como ocurría en los campos de la cultura y la educación, se trataba de esfuerzos individuales, mientras la universidad permanecía anquilosada. Unos pocos podían marchar al extranjero para completar su formación e introducir en la Isla las ideas de renovación.

El médico Albarrán entregó sus aportes a otros países. Poco reconocimiento ha tenido, más allá de nuestras fronteras, la decisiva contribución de Carlos J. Finlay en beneficio de la humanidad, toda vez que viabilizó, entre otras cosas, la construcción del canal de Panamá al descubrir las vías de contagio de la letal fiebre amarilla.

El panorama no cambió mucho durante la República neocolonial. El coloniaje se traduce en subdesarrollo. La dependencia opera en el campo de la economía, reduce los países a la condición de productores de materias primas con escaso valor agregado y coarta el impulso a la formación de un pensamiento científico propio.

A pesar de las buenas intenciones de Enrique José Varona y del impulso transformador de Julio Antonio Mella, la Universidad alentó el espíritu revolucionario, pero no pudo modificar su estructura y sus funciones. Egresaba médicos, abogados y contadores. No había lugar para economistas, biólogos, sicólogos o sociólogos. Preparaba graduados en ciencias físico-matemáticas y físico-químicas cuyo destino profesional se limitaba al ejercicio de la docencia en la enseñanza media. No había laboratorios ni demanda laboral para la investigación científica.

La Revolución asumió el desarrollo de la educación y de la ciencia como elementos sustantivos e inseparables de su proyecto emancipador. La Campaña de Alfabetización ofreció nuevas oportunidades a los marginados de ayer. Seguir leyendo HOMENAJE A LA CIENCIA CUBANA. GRAZIELLA POGOLOTTI

MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS

MARLON BRANDO
Marlon Brando Autor: LAZ 

CIRO BIANCHIDicen que aquella visita fue consecuencia de una apuesta. Marlon Brando compartía con amigos en un cabaret de Miami cuando uno de los del grupo se explayó sobre la música cubana, el danzón, el bolero, el novedoso chachachá y de la música afro con sus tumbadoras, bongoes, quijadas de burro.

—Con gusto me iría ahora mismo a La Habana —exclamó el famoso actor de Nido de ratas y Un tranvía llamado Deseo, que había escuchado extasiado el recuento. Vestía pantalones de vaquero, zapatos tipo tenis y abierta camisa deportiva.

—¿Por qué no lo haces así como estás vestido? —inquirió alguien.

—¿Apuestas algo?

—Lo que quieras…

—Pues… a La Habana me voy.

Con aquel vestuario informal, Brando se fue al aeropuerto para coincidir en la sala de espera con Gary Cooper que, vestido de manera impecable, era como el reverso de la medalla. También viajaría a la capital cubana el laureado intérprete de El sargento York. En la terminal aérea habanera los entrevistaría el periodista Alfredo Guas para la emisora radial del aeropuerto.

—Vengo a visitar a mi amigo, el novelista Ernest Hemingway —declaró Cooper.

Brando expresó por su parte:

—Vengo a ver bailar la rumba. A practicar el toque de las tumbadoras y a comprarme un par de bongós.

Iba a hacer realidad un sueño largamente acariciado. Desde sus días de estudiante en Actor Studio, y tal vez desde antes, sentía afición por la música afrocubana, y no era raro que acudiera al Palladium, en Broadway, a bailar al compás de ritmos llegados de la Isla. No pocos de los que volvían de La Habana lo hacían deslumbrados por los tambores que les fue dable escuchar en las casi marginales «fritas» de Marianao, aquellos pequeños y rústicos centros nocturnos que se alineaban entre las dos rotondas de la Quinta Avenida, desde el Rumba Palace a El Niche; paradójicamente frente por frente al Coney Island y al Habana Yacht Club, la instalación recreativa más exclusiva de la capital. Se moría, sobre todo, por conocer y escuchar a Silvano Shueg, el percusionista santiaguero, más conocido como Chori, y que era capaz de sacarle música a los objetos más insospechados.

Puñetazos en Sans Souci

Marlon Brando desconcertaba a los que lo trataban. Ídolo de las multitudes, parecía sin embargo vivir agobiado por su nombre y cansado de la fama. No era remiso a confesar sus ganas de abandonar el cine para, libre de miradas y opiniones ajenas, vivir su propia vida. Se sentía demasiado escrutado por gente que llevaba la cuenta de los pocos romances que se le conocían y el tibio entusiasmo que mostraba por sus parejas. Un día se sintió tan desconcertado que corrió a esconderse en casa de su sicoanalista. Después de todo, él no era culpable de que le exigieran más de lo que quería dar, como aquella vez que el director cinematográfico Elia Kazan le pidió que visitara a Tennesse Williams. El afamado dramaturgo se deslumbró con la buena pinta del muchacho y demoró menos de un minuto en ofrecerle el protagónico en Un tranvía llamado Deseo.

Tratando de mantenerse en la sombra, Brando  buscó alojamiento en La Habana en un hotel de tercera fila en el que se registró como Mr. Baker. Era el 19 de febrero de 1956. No demoró en ponerse en contacto con Clemente «Sungo» Carrera, un pelotero cubano que jugaba en las Grandes Ligas. Esa misma noche irían al cabaret Sans Souci, en la carretera de Arroyo Arenas. Brando quería saludar a la actriz y cantante Dorothy Dandridge, la estrella del show que el centro nocturno tenía en escena, y de paso explorar si alguien conocía de algún bongó en venta. Un bongó ya «curado» por un buen músico cubano.

El bongosero de la orquesta no quiso vender el suyo, y no había nada en venta, que se supiera. Brando no se interesó por ninguno de los instrumentos que los integrantes de la orquesta trataron de meterle por los ojos. Pero el ir y venir de los músicos hasta aquella mesa, llamó la atención del fotógrafo del cabaret, que no demoró en identificar al actor y comenzar a acribillarlo a flashazos. La intrusión sacó de quicio al artista; hubo palabras fuertes y algún que otro puñetazo, mientras que Dorothy trataba de calmar los ánimos desde la pista y Sungo sacaba del establecimiento a su indignado amigo.

Tampoco tuvo suerte Brando en Tropicana, pero allí el maestro Armando Romeu, director de la orquesta de la instalación, le informó que su amigo Armesto Murgada tenía unos bongós muy buenos, aunque desconocía si los vendería. Seguir leyendo MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS