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LA VERDAD AUSENTE

el país, recitifcaciones tardías

OTRA MANERA DE HACER LA GUERRA MEDIÁTICA, DEMORAR LA VERDAD

Siete meses después de haber publicado en primera plana y en otras páginas interiores, la evidente fake news que “el régimen de Maduro quemó la ayuda humanitaria en la frontera con Colombia”, el diario español El País, en su columna “Defensor del lector”, a cargo de Carlos Yárnoz, hace como quien rectifica y reconoce –cuando nadie medianamente informado lo duda en este mundo (ni Bolton, EPD)–, que aquella noticia era falsa, que los corresponsales tenían mucho trabajo, que se trataba de dos puentes fronterizos y no consiguieron la ubicuidad, que la información del New York Times fue “impoluta”, etcétera, etcétera, etcétera.

Verdaderamente, este patético mea culpa deja más dudas que certezas, más evidencias de desapego a la verdad que confianza en la palabra del diario, pues si el periódico fuera menos dado a mentir, tendría que continuar rectificando lo que ahora acaba de confesar en la nota con que pretende enmendar aquel dislate. El autor parece más preocupado por quedar bien con la directora del diario y sus colegas que por la a todas luces amarga verdad para él y los suyos.

A estas alturas del partido, cabría preguntarse: ¿Qué queda del otrora autoproclamado vocero de la izquierda española?

Y esto para no hablar de la persistencia inefable de la mentira en sus páginas con respecto a otros temas latinoamericanos y caribeños.

Da para más, pero dejo el asunto en standby

(Si tiene paciencia y quiere comprobar lo dicho, pinche aquí y acá)

LA MENTIRA EN EL BOMBILLO. ENRIQUE MILANÉS LEÓN

Los mal disimulados guiños de Juan Guaidó al rubio peligroso dejan claro que persigue entregarle a precio de arepa una de las naciones más ricas del mundo.

En la enciclopedia que la maledicencia política ha dejado correr en Venezuela durante los años de su Revolución, un recio embuste parece pujar todavía por el «premio Pinocho». ¿No recuerdan? Resulta que los bombillos ahorradores entregados casa a casa hace años, en virtud de un programa hermanado con Cuba, tenían una inaudita prestación tecnológica que permitía a ciertas fuerzas ocultas grabar lo que ocurría en las habitaciones donde eran instalados.

Más que la edad de oro de la posverdad, vivimos el apogeo de la plusmentira, pero ahora que las únicas detonaciones en Venezuela son las de las fake news, hay que comenzar todo análisis aclarando lo principal: el chavismo lleva 20 años lidiando con ellas.

Con su acostumbrado discernimiento, el intelectual venezolano Luis Britto García ha llamado «gangsterismo informático» al capítulo digital de esta práctica que convierte la tecnología en una línea de producción en serie de mentiras. De un solo clic desfilan por la pantalla invenciones tan variopintas que muchos deciden adoptarlas y, en su reproducción irresponsable o mal intencionada, pueden causar un considerable daño en un país con el 80 % de los medios en manos privadas y opositoras, con amplio acceso a la red y –como ha aclarado Britto García– más teléfonos que habitantes. Aunque emblema de la época, internet es también la frontera más grande que cada país debe vigilar y cuidar.

Mientras las potencias se rearman misil a misil a costa del hambre de los pobres de este mundo, otro arsenal
–acaso más sencillo, pero igual de letal– se incrementa de manera más dinámica. Es la maraña de páginas digitales y redes sociales con su norte en la derecha que Dominique Albertini, periodista francés del diario Libération, ha llamado «armas de intoxicación masiva». Intoxicada sin remedio, la oposición a Maduro pretende intoxicar.

A 121 febreros del falso positivo del Maine en la bahía de La Habana, por los días en que el magnate de periódicos  William Randolph Hearst, del New York Journal, le exigía al dibujante Frederick Remington –aburrido de esperar en el calor del trópico un conflicto invisible en su horizonte– que mandara los dibujos, pues la guerra la pondría él, uno aprecia en Venezuela cuánta escenografía añade el capital a sus farsas. Ahora Hearst publicaría, con todo desenfado, el tuit y hasta el supuesto video de un malvado buzo español, con armadura, yelmo y todo, colocando la mina en el casco del acorazado que perdió su corazón. ¡Y que viva la guerra! Seguir leyendo LA MENTIRA EN EL BOMBILLO. ENRIQUE MILANÉS LEÓN