Archivo de la categoría: LA BUENA MEMORIA

JAVIER VALDEZ, EL CAZADOR DE HISTORIAS. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO  / LA JORNADA SEMANAL

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Cada día, a las 7 de la mañana, Javier Valdez llegaba a tomar café en el Bistro Miró, en el centro de Culiacán. Se sentaba en una pequeña mesa con dos sillas, pegada a la pared, la 9, y escribía su columna semanal Mala Hierba o platicaba con amigos. Allí le preguntó a una mesera con la que tenía confianza, y que tenía poco de andar de novia, si ya había tenido relaciones. La mujer lo miró durante treinta segundos con una sonrisa luminosa y le dijo: hay preguntas que se contestan con una sonrisa.

Poeta del instante, Javier memorizó la frase. Así le hacía. Cazaba frases e historias que luego compartía en crónicas, conferencias y entrevistas. Era un apasionado narrador de vidas, incluyendo la suya propia.

En una ocasión, un tipo mal encarado se acercó desafiante a una mesa de El Guayabo, la cantina de Culiacán en la que el periodista acostumbraba a ir a echarse un trago, con frecuencia solo, y a tomar notas para sus crónicas en una pequeña libreta. El hombre le soltó sin preámbulo alguno: “Yo sé que tú eres Javier Valdez y que escribes sobre nosotros.”

Valdez temió lo peor. Para sus adentros se dijo: “¡En la madre! ¿Qué me va a pasar?” Y, dejando de lado su estilo desenfadado e irreverente, le respondió temiendo lo peor: “Sí, soy yo.”

En lugar de agredirlo, el hombre se presentó, no con su nombre, sino con su oficio: “Yo soy un matón”, le contó sin pregunta de por medio y sin justificación alguna. “¿Sabes qué es lo que me ha marcado cuando las gentes a las que mato están muriendo? Que te ven a la cara, te sostienen la mirada y te lo cuentan todo.”

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FELICIDADES, MARTA HERNÁNDEZ. SILVIO RODRÍGUEZ

Conocí a Marta Hernández varios años después de los que cuenta Silvio en esta crónica, exactamente en 1984. Trabajamos juntos en el Canal 6 de la Televisión Cubana, al igual  que lo hice con Juanito Vilar y con Juan Pin, hijo de ambos. A todos les agradezco haber sido mis compañeros y amigos (de verdad) en aquellos días de difícil aprendizaje para mí; a Silvio, una vez más, le agradezco su buena y leal memoria al escribir textos como este. Estar con Marta en ocasión de su cumpleaños, debe haber sido una fiesta para los sentimientos. La foto como que lo dice todo. 

SILVIO Y MARTA

Silvio con Marta, a las 11:30 de sus 90

SILVIO RODRÍGUEZ SEGUNDA CITA

En junio de 1967, pocos días después de mi debut televisivo en el programa Música y Estrella, un actor con el que había hecho muy buenas migas me invitó a una reunión en su casa. Se trataba de Humberto García Espinosa, a quien todo el mundo conocía por los sketches semanales que el ICAIC exhibía en los cines. El deseaba presentarme a algunos de sus amigos. Por mi parte yo empezaba a habituarme a que me invitaran a reuniones nocturnas, donde en algún momento alguien me pedía que cantara. Era una especie de ritual que, en aquellos días de descubrimientos, asumía incluso con placer. Por eso acudí, como siempre, acompañado de mi guitarra.

En aquellas reuniones, por modestas que fueran, solía haber alguito de picar, no mucho, y otro poquito de beber… Yo no era muy dado a la bebida. Tenía 20 años y los últimos tres los había pasado en las fuerzas armadas. No había tenido tiempo ni ocasión de aprender. Por eso me limitaba a probar, por cortesía, para no parecer desdeñoso.

Después de presentaciones y saludos, Humbertico dijo a los presentes que me había invitado a su casa porque quería que ellos, sus amigos, escucharan lo que yo hacía. Yo ignoraba que, entre aquellas personas, estarían una bella señora que había estudiado piano y cultivaba un refinado gusto musical, y su marido, un caballero delgado y sonriente, que en aquellos momentos era el administrador general de la radio y la televisión cubanas: me refiero a Marta Hernández y a Juanito Vilar.

Aquella fue una reunión más, de las miles que se celebraban esa noche en La Habana, ciudad de brindis y convites, si los hay. Sin embargo comprendo que para mi fue mucho más que eso, porque entre aquellos amigos amables y amantes, de cierta manera, quedó sellado mi destino. En aquella reunión ocurrió la chispa que después se convertiría en el programa Mientras Tanto y en todo lo que vino después… Fue Marta Hernández la que, por sus estudios musicales, argumentó con sensibilidad y juicios la idea de darle una oportunidad a un muchacho recién desmovilizado que hacía canciones. Y, de todos los presentes, el único que podía tomar una decisión al respecto, o al menos hacer una propuesta a sus superiores, era su esposo, Juan Vilar (quien fue mi amigo hasta que nos dejó).

Lo único que pretendo decir es que, en la cadena de bondades que me han traído hasta hoy, hasta esta mañana de un cálido abril en que me siento a recordar y escribir para ustedes, vibra y suena fuerte el eslabón de aquella señora inteligente y bella que se llama Marta Hernández y que hoy cumple 90 años.

Felicidades, querida amiga de mi alma.

(Publicada el sábado, 14 de abril de 2018)

GONZÁLEZ CASANOVA SE CONVIERTE EN EL COMANDANTE PABLO CONTRERAS. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

El EZLN premia "su trabajo para la vida de los pueblos" / Los zapatistas lo bautizaron así por su pensamiento crítico e independiente

 

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Visiblemente conmovido, el doctor González Casanova correspondió a los abrazos de los zapatistas Foto Daliri Oropeza

LUIS HDEZ NAVARRO 2A partir de ayer, el doctor Pablo González Casanova, de 96 años, es el comandante Pablo Contreras del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-EZLN).

El nombramiento se hizo público en medio de una prolongada y emotiva ovación de los asistentes al conversatorio Miradas, escuchas y palabras: ¿prohibido pensar?, que se realiza en el Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas-Universidad de la Tierra (Cideci-Unitierra) en San Cristóbal de Las Casas, convocado por los zapatistas.

El acuerdo rebelde le fue anunciado al ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por el comandante Tacho. Para ser zapatista –aseguró el tojolabal– hay que trabajar y él ha trabajado para la vida de nuestros pueblos. No se ha cansado, no se ha vendido, no ha claudicado.

Previamente –en una bella e hilvanada intervención en la que realizó un balance de la campaña de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio, para obtener el registro como candidata independiente a la Presidencia de la República– el escritor Juan Villoro narró cómo el pasado 11 de febrero, en la explanada del Palacio de las Bellas Artes en la Ciudad de México, don Pablo celebró su cumpleaños número 96, en el acto final de apoyo a la indígena nahua.

Rector de izquierda

González Casanova, recordó Villoro, es el único rector de izquierda que ha tenido la UNAM. Ese día en Bellas Artes, añadió, nos dio una lección de juventud y rebeldía y se mostró como un auténtico decano y hombre de juicio.

Preparando la sorpresa, el subcomandante Moisés narró cómo los zapatistas se forman como organizadores dando y supervisando tareas. Si las cosas salen bien, dijo el mando, el zapatista es premiado con más trabajo.

Fue entonces cuando el comandante Tacho tomó la palabra y comenzó a explicar, en tercera persona, los méritos y virtudes de don Pablo. Haciendo malabarismos con las cifras concluyó que, a pesar de la diferencia de edades, los zapatistas y González Casanova son contemporáneos. De paso recordó el nombre con el que hace casi un año, durante el seminario Los muros del capital, las grietas de la izquierda: el reloj de arena y el mundo organizado de las fincas, fue bautizado por los rebeldes Pablo Contreras. Y ya encarrerado, anunció su nombramiento como parte del CCRI-EZLN y remató: el regalo que le vamos a dar es más trabajo…

Un año antes, durante el encuentro Los muros del capital, el subcomandante Galeano lo presentó como un hombre de pensamiento crítico e independiente, al que nunca se le indica qué decir o cómo pensar, pero que siempre está del lado de los pueblos. Por eso, explicó, en algunas comunidades zapatistas es conocido como Pablo Contreras. Y añadió que uno de los municipios rebeldes fue bautizado con su nombre.

Inmediatamente después de las palabras de Tacho para anunciar el nombramiento del nuevo comandante, los integrantes de la comandancia y el CCRI presentes en el presídium se pusieron de pie y comenzaron a saludar militarmente a don Pablo con la mano izquierda y a darle un caluroso abrazo, mientras la concurrencia aplaudía de pie durante unos 10 minutos y comenzaba a corear un inesperado ¡Goya, goya, cachún, cachún, ra, ra, ra! ¡Goooooooya! ¡Universidad!

Don Pablo, que comenzó su intervención en el seminario saludando al auditorio en tzotzil y explicando que saludar es reconocer al otro y siguió reivindicando al zapatismo como una aportación universal a las luchas de liberación, correspondió al saludo militar y a los abrazos, visiblemente conmovido, con más saludos y abrazos.

Apenas el 1º de marzo pasado, en la presentación de una obra suya en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, González Casanova respondió a la pregunta de cuál es su receta para vivir con tanta fuerza intelectual: Luchar y amar. Este 21 de abril, ya como comandante del CCRI-EZLN, ratificó nuevamente su vocación de luchar y amar.

GOETHE EN ITALIA, SUEÑOS DE JUVENTUD. HIGINIO POLO

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HIGINIO POLO / EL VIEJO TOPO

higinio polo 3En la segunda mitad del siglo XVIII, el viaje a Italia era una de las obligaciones para cualquier persona culta. Para Goethe, Italia fue mucho más que una obligación: fue una pasión, finalmente satisfecha.

En el número 18 de la Via del Corso romana, frente al palazzo Rondanini, se alojó Goethe durante su estancia en la ciudad, entre 1786 y 1788. Al menos eso afirman los administradores de la casa donde vivió, aunque en realidad llegó a Roma el 1 de noviembre de 1786 y se marchó a Nápoles el 22 de febrero de 1787, para seguir después a Sicilia. No regresó hasta el 8 de junio de 1787, y se marchó para siempre en abril de 1788. Goethe cumplía con los rituales de su época. En la segunda mitad del siglo XVIII, el viaje a Italia era una de las obligaciones para cualquier persona culta: Winckelmann había puesto Pompeya y la civilización romana en el centro del interés de los nobles desocupados y los nuevos burgueses enriquecidos, y creía su deber llevar la grandeza del arte griego a todos los gabinetes de Europa. Inventando disciplinas, dotando al espolio y el robo de la dignidad del estudio y la arqueología, los contemporáneos ricos de Goethe viajaban a Italia para entretener sus días y educar su espíritu. “No se viaja para llegar, sino por viajar”, escribió Goethe, y esa convicción se encuentra a cada paso en sus páginas sobre Italia.

Los rituales modernos y el fetichismo llevaron al municipio romano a abrir esa “Casa de Goethe”, en el centro mismo donde se desbordaban en los días del escritor los carnavales romanos. En ella, en salas silenciosas y solitarias, se ve una edición del Viaggio in Italia, de 1740, cuya primera impresión italiana fue hecha en 1923, junto a vistas de Roma del Piranesi; facsímiles, dibujos, un pequeño cuadro de Franz Ludwig Castel (1778-1856), Veduta del golfo di Napoli con il Vesuvio. Más allá, una copia del célebre óleo de Tischbein, Goethe en la campagna romana, de 1786-87, cuyo original se encuentra en el Instituto Städel de Frankfurt del Meno, la patria del escritor: allí fue el sobrevalorado Warhol, para inspirarse en la tela de Tischbein. Incluso curiosos documentos, como la Carta de una romana desconocida. Al lado, el Retrato de von J. W. Goethe, de Heinrich Kolbe (1771-1836), un óleo pintado en 1826. En su habitación, un molde de yeso de la Juno Ludovisi, como el que tenía en su casa de Weimar; y el Retrato de Goethe, de Angelika Kauffmann (1741-1807), aunque también es una copia. Kauffmann, amiga del escritor, dejaría anotado que el momento de la partida de Goethe “fue uno de los días más tristes de mi vida”. Y, más allá, extractos del Diario de viaje de 1786; vitrinas y documentos, y una pequeña biblioteca. Goethe se quejaba de su habitación, que no tenía chimenea ni estufa, y que apenas utiliza para dormir o “en caso de enfermedad”.

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Cy Twombly. Naples, 1961

Goethe prepara durante años su viaje a Italia, lo aplaza, vuelve a soñar con él, siempre postergando la marcha, hasta que, finalmente, parte de Karlsbad sin avisar a nadie. Hacía una década que vivía en Weimar (a donde había llegado por la invitación del duque Karl August de Sajonia-Weimar-Eisenach y, también, huyendo del fallido compromiso amoroso con Lili Schönemann), donde se entrega a asuntos administrativos e intrigas políticas como miembro del consejo privado, secreto, del duque, un joven inclinado a las intrigas alemanas, a la masonería y a las sociedades secretas, que anudará una gran amistad con el escritor. Meticuloso, Goethe irá tomando notas de los largos meses de viaje por la península italiana: con esos apuntes escribirá y publicará, casi cuarenta años después, su Viaje a Italia. Parte con la guía de Volkmann, entonces imprescindible, un repertorio útil, pero cuyas afirmaciones el escritor no duda en corregir; por ejemplo, cuando discrepa de que en Nápoles haya casi cuarenta mil holgazanes: Goethe no los ve, ni los encuentra, pese a su interés y sus preguntas.  Seguir leyendo GOETHE EN ITALIA, SUEÑOS DE JUVENTUD. HIGINIO POLO

ARMANDO HART EN LA REVOLUCIÓN CUBANA. FREI BETTO

 

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FREI BETTO*

Buenos días a todas y a todos.  Quiero agradecer a Eloísa y a la Asociación (Hermanos Saíz, N. del E.) por esta invitación de estar aquí con ustedes, agradecer a tantos amigos de aquí de Cuba y Brasil, gente con quienes yo tengo una larga historia.  No voy a citar nombres porque si olvido alguno es una tragedia.

Y yo también agradezco a Eloísa, que me ha pasado su ponencia por escrito, que la voy a leer después de precederla en esta intervención.  Yo decía de explotación porque, como me voy mañana, a cada rato hay gente que marca una agenda, una cita, y que si tú puedes, no sé qué cosa, cómo volver a irme, y entonces quiero atender también otras solicitudes.

Por la tarde voy a estar en la Feria presentando dos libros, un libro que se llama Lo que la vida me enseñó, ese libro son trece relatos autobiográficos, y otro libro, que es una novela, que se llama  Alucinado son de tuba.  Es una novela sobre el mundo marginalizado de Brasil, sobre todo niños de la calle, gente que vive en un mundo de la exclusión social.

Bueno, vamos a hablar de nuestro querido Armando Hart.  Yo tenía una amistad muy fraternal, muy íntima, con Armando, por muchas razones, porque yo en la vida no hablo de coincidencias, sino de Cristoincidencias, como incidencias así que tienen la mano de Dios en esas cosas.  Primero porque yo entré en Cuba por primera vez en 1981 por las manos de Armando Hart, que era Ministro de Cultura.  Yo había conocido en el año anterior a Fidel en Managua,  y fue cuando Fidel me preguntó si yo estaría dispuesto a venir a Cuba.

Hay que recordar que en aquel momento todavía estaba la dictadura militar en Brasil, que terminó solamente en el 1985, no había ninguna relación entre Brasil y Cuba, ya yo de hecho había pasado dos veces por la cárcel, y entonces era un riesgo venir a Cuba, tenía que venir vía Lima o Panamá para sacar una visa que no estuviera grabada en el pasaporte.  Pero yo asumí el riesgo a partir del momento en que el Comandante me propuso ayudar al gobierno de Cuba en un acercamiento con la Iglesia católica.  Yo le dije a él: de mi parte, sí, estoy dispuesto al riesgo, pero depende de los Obispos; para un diálogo, un acercamiento, las dos partes tienen que estar dispuestas.  Entonces vine aquí a hablar con los Obispos, incluso en aquel momento los Obispos entre ellos no llegaron inmediatamente a un acuerdo, tenían muchas incertidumbres, y me pidieron salir de la sala, afuera, yo estaba allí afuera.  Una hora después me llamaron porque algunos decían que yo iba a ser manipulado por el Partido y la conspiración comunista y no sé qué cosa y todo eso.  Ah, antes de salir de la sala, yo dije una frase que fue importante y creo que tuvo un peso.  Digo: Bueno, ustedes saben que yo vengo aquí a prestar un servicio.  El gobierno quiere que yo haga este puente entre la Iglesia católica y él; parece que ustedes no quieren, yo no voy a venir más; ahora, la responsabilidad a delante de la historia y delante de Dios es de ustedes. Y salí de la sala y después ellos dijeron: “No, tú tienes que venir”.

Entonces seguí entre comillas haciendo ese trabajo solamente hasta 1991, y esto está todo retratado en dos libros que ustedes conocen: Fidel y la religión y Paraíso Perdido, que salió hace poco. Un detalle es que Fidel revisó completo Paraíso Perdido (hizo una revisión completa), porque como libro trata de los treinta y tres años de mi trabajo en los países socialistas y como la Unión Soviética desapareció, los países del Este europeo también, ya no son socialistas, y una tercera parte del libro trata de Cuba.  Y por eso fue muy importante esta revisión que Fidel hizo del libro porque él apuntó varios equívocos de información que yo tenía, nombres de personas, fechas de algunos episodios.

Pero, ¿volvemos a Hart?  Había aquí un Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos; si me equivoco en alguna cosa, Eloísa me ayuda, porque yo me he puesto viejo, la memoria ya no está tan fresca de muchas cosas y no he preparado nada por escrito; mi empatía con Hart era de corazón a corazón, y yo prefiero hablar desde el corazón.

Entonces yo me recuerdo que en este vuelo, que estaban Fernando Morais y otros de Brasil, había un físico brasileño, el más viejo de toda la delegación, llamado Mario Schenberg, un gran físico, fundador del Partido Comunista Brasileño, que él creó un lío cuando el avión salió de Panamá hacia La Habana.  Llamó a Fernando, que era un poco nuestro jefe, porque era quien tenía más relaciones con el gobierno de Cuba, y dijo: “Yo no voy a bajar de este avión en La Habana, ¿por qué?  Porque yo soy fundador del Partido Comunista Brasileño, y ahora me he dado cuenta de que estoy invitado por una entidad cultural y no por el Comité Central” (RISAS).  Mira, ese es el problema. “Quieres conocer a Juanito, dale un carguito” (RISAS).  Ese es un tema que nosotros tenemos que profundizar a cada rato: el ser humano y su relación con el poder, es muy complicado.  Y eso vale para todo: para el Partido, para la Iglesia, para un centro deportivo.  Válido en cualquier parte.  Y Mario dijo: No voy a bajar en La Habana porque ahora me he dado cuenta de que, por la importancia histórica que tengo en Brasil, debió ser el Comité Central o el Buró Político, el que debió invitarme, no una institución ahí cultural.  Claro, primero, que él no tenía la dimensión de Casa de las Américas, porque hablar de instituciones culturales desde Brasil en tiempos de dictadura, mira, no hay comparación con Casa de las Américas.  Seguir leyendo ARMANDO HART EN LA REVOLUCIÓN CUBANA. FREI BETTO

EDUARDO RAMOS. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO RODRÍGUEZ / SEGUNDA CITA

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Foto: Miguel Clarasó

En la madrugada de hoy, viernes 16 de marzo de 2018, se nos fue Eduardo Ramos Montes, hermano, bajista y uno de los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Pongo la nota que escribí en enero para su último disco, que debe salir pronto. Segunda Cita abraza a Popy, a Elis Regina, a Jean Franco y a Laura, y desea el mejor de los viajes a este amigo querido, excelente músico e impecable caballero en todas las circunstancias de la existencia.

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Hace unos días, pensando las palabras que debía pronunciar como inauguración del Premio Casa de las Américas, cuando recordaba que en el próximo febrero se iba a cumplir medio siglo de que algunos trovadores de mi generación habían cantado por primera vez en aquella importante institución de la cultura Latinoamericana, recordaba que, aquel 19 de febrero de 1968, uno de los presentes concertantes fue Eduardo Ramos.

Yo había conocido a Eduardo un par de meses antes, porque habíamos coincidido en las actividades colaterales al Primer Festival de la Canción Popular, en el famoso balneario de Varadero. Recuerdo hasta la primera vez que hablamos, en los jardines del hotel Kawama, en cuyo cabaret nos habían asignado actuar. Eduardo por entonces era la segunda guitarra del importante grupo Sonorama 6, que dirigía Martín Rojas e integraban músicos que luego fueron de mucha trascendencia como Enrique Pla, Changuito, Carlos del Puerto, Carlos Averoff.

Eduardo ya escribía canciones con unas armonías muy particulares y llegó a desarrollar uno de esos estilos tan peculiares que son únicos. Sus temas me fascinaban, tenían unas atmósferas oscuras, con giros armónicos y melódicos inhabituales, y estoy seguro de que, en aquellos años en que yo me formaba, me sirvió de mucho la honestidad de un autor como él, para completar mi conciencia exigente respecto al arte de la canción.

Desde entonces fundamos una amistad invariable, basada siempre en goces y afinidades tanto estéticas como éticas. Recuerdo cuando vivía en el barrio de Pogolotti, con sus padres; recuerdo cuando nació cada uno de sus hijos. Vivimos años inolvidables en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC –donde él quedaba como director cuando Leo Brouwer se ausentaba–. Para aquel grupo legendario Eduardo escribió páginas fundamentales y, como bajista, fue uno de los autores de su sonoridad. En aquella etapa me ayudó con varias orquestaciones y fue el productor de mi álbum Tríptico. Después viajamos juntos a muchos eventos musicales.

Eduardo fue elegido, por aclamación, el segundo dirigente que tuvo el Movimiento de la Nueva Trova, y en los años 90, cuando fundamos los estudios Abdala, fue de los primeros en acudir a echarnos una mano, siempre con la responsabilidad que le caracteriza.

Para mi, más que gusto, es honor presentar este disco de uno de los músicos que más quiero y respeto, por ser siempre intranquilo, por no achantarse, por estar siempre dispuesto a dar un paso más, como hacen los que eligen el arte como forma de vida y se hacen niños para siempre. Así es Eduardo Ramos, quien tiene residencia en el infinito parque de diversiones de la música.

Silvio Rodríguez Domínguez
La Habana, 8 de enero, 2018.

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Fallece el músico cubano Eduardo Ramos a los 71 años

El compositor cubano Eduardo Ramos. Foto de archivo tomada del Facebook de Eduardo Ramos.

CUBA: LECTORES DE TABAQUERÍA, UN PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN. MARTA ROJAS

MartÍ con tabaqueros de Tampa.
Martí con tabaqueros de Tampa. Foto: cortesía de la autora

Los behiques de los aborígenes en sus bohíos o en las grutas de las montañas, cuando había un temporal, no solo descubrirían los hechizos del tabaco en fantásticas humaredas o las supuestas propiedades medicinales, o la fórmula para alejar a los insectos y más… Alrededor de ellos, silenciosos, estarían los demás aborígenes, posiblemente bebiendo de la sabiduría general y de su sacerdote o escuchando respecto a la irrupción alevosa de los conquistadores en sus predios.

Qué lejos estaban entonces de lo que podía convertirse, por caminos impensables, en una realidad cultural, en un modo de transmitir conocimientos. Se trata nada más y nada menos que de la famosa lectura en las tabaquerías, para la cual habrían de transcurrir varios siglos.

Ello ocurrió a partir del siglo XIX. Para entonces había un lector que insuflaba cultura y contribuía, además, a la organización que condujera a los cubanos a conquistar su independencia. Ahora, 500 años después, esa labor de difusión creada en las tabaquerías cubanas ha adquirido el rango de Patrimonio Cultural de la Nación y aspira a ser también Patrimonio Intangible de la Humanidad.

A propósito del aniversario 165 del nacimiento de José Martí, es obvio recordar que él encontró en los ilustrados cubanos (en su inmensa mayoría autodidactas) tabaqueros emigrados en Tampa, Ybor City y hasta Nueva York, colaboradores y contribuyentes indispensables para la causa de Cuba Libre. Ejemplos sobran.

Pero, ¿cómo comenzó todo? ¿Cuándo en Cuba surgió la lectura de tabaquería y obviamente sus protagonistas, el lector y los oyentes?

Hay variadas fuentes de información, pero sin duda el sabio Fernando Ortiz, tercer descubridor de Cuba, y el viajero Jacinto Salas y Quiroga, son los puntos de partida incuestionables para la información de los orígenes de este justo patrimonio intangible de la nación.  Seguir leyendo CUBA: LECTORES DE TABAQUERÍA, UN PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN. MARTA ROJAS

PALABRAS PARA INAUGURAR EL PREMIO CASA DE LAS AMÉRICAS 2018. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO RODRÍGUEZ / SEGUNDA CITA

La Habana, 15 de enero de 2018.

Hermanos que convoca esta Casa:

Si a un siglo de su nacimiento José Martí fue identificado como responsable de los hechos revolucionarios que inauguraron nuestra etapa libertaria de 1953, también pudiera decirse que esta Casa de las Américas fue fundada por nuestro Apóstol, por su compromiso con los próceres que empezaron las guerras de emancipación continental contra el colonialismo. Para colmo, una joven de la generación del centenario del nacimiento de Martí, protagonista de aquella jornada terrible y simbólicamente hermosa fue, a su vez, quien fundó y animó a esta institución, que ha reunido escritores como haciendo un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América.

Otro imprescindible de esta Casa, mi amigo poeta y pensador Roberto Fernández Retamar, el año pasado me pidió estas palabras de inauguración al Premio número nº 59. Y es que Roberto sabe que, aunque este entrañable evento aún no ha incluido la modalidad de canción, es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con guitárrica.

Por ejemplo, el mes que viene hará medio siglo de que varios trovadores de mi generación estuvimos por primera vez en este mismo salón. Aún no se llamaba Che Guevara, aunque ese fue un nombre que nos sobrevoló aquella noche. Lo que era yo, estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores.

Faltaban por llegar muchas novelas, narraciones, piezas de teatro; faltaban inolvidables libros de poesía. Y faltaban por ausentarse, o por sernos arrebatados, varios hermanos queridos. Porque esta Casa y este Premio siempre tuvieron la virtud de reunir a mujeres y a hombres más interesados en la suerte de sus pueblos que en la de sus palabras; gente entregada en el ingenio, pero mucho también en carne y hueso. Así que faltaban por ocurrir sorpresas en muchos escenarios, noticias esperadas o inconcebibles, esperanzas y angustias de diversas honduras.

También faltaban iluminaciones, torpezas, aprendizajes; faltaba tiempo, partícula a partícula, haciendo lo que la brisa y el agua cuando corren. Faltaba, después de la espuma, el sedimento revelador que nos hace reconocer y desafiar, entre las miserias del mundo, lo triste de nuestra propia naturaleza.

A algunos incluso nos faltaba más de la mitad de nuestras vidas, aunque no lo sabíamos. Y todos éramos aprendices de todo: de la historia escrita, de la que pensábamos que faltaba por hacer y escribir y, por supuesto, la de la hormiga cotidiana: la historia real que, entre acorralado y desafiante, ha escrito este pequeño país, capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños.

Algunos sueños acaso no los llegaremos a tocar, al menos del todo, porque el acoso constante sin dudas nos limita. Estamos donde una larga, compleja y desigual batalla nos permite. Esto nos ha hecho desarrollar un arte de defensa que nos sostiene. Y aunque el que se defiende bien a veces logra sobrevivir, verse obligado a basar la existencia bajo esa premisa no es lo más saludable.  Seguir leyendo PALABRAS PARA INAUGURAR EL PREMIO CASA DE LAS AMÉRICAS 2018. SILVIO RODRÍGUEZ

RAÚL MARTÍNEZ, EL PRIVILEGIO DE LO ETERNO*. OMAR GONZÁLEZ

*Palabras pronunciadas en la entrega del PREMIO NACIONAL DE ARTES PLÁSTICAS 1994 a RAÚL MARTÍNEZ, en el Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana.

Iniciando una tradición

OMAR GONZÁLEZ / LA JIRIBILLA

No es obra de la casualidad que, en la primera edición del Premio Nacional de Artes Plásticas, el jurado haya decidido, por unanimidad, conferirle a Raúl Martínez la más alta distinción que, a partir de ahora, se instituye en el seno de esta manifestación artística.

Si bien las deliberaciones de cualquier tribunal suelen permanecer en secreto, los integrantes del jurado me perdonarán que revele, desde mi estricta posición de convidado de piedra, lo que para nosotros resultó, si no sorprendente —dada la admiración que sentimos por Raúl y su obra—  sí muy revelador y simbólico. Y es que, al reconocerlo, reconocían también el aporte de la plástica cubana al proceso histórico de nuestra cultura. Porque el artista que se distingue hoy con este premio es mucho más que una figura destacada en el ejercicio de su profesión; es todo un símbolo, la síntesis en que se ven reconocidos el resto de los nominados y muchos otros colegas suyos que han hecho del arte una pasión y un modo cabal de expresar la dignidad, la belleza y la espiritualidad de nuestro pueblo.

Raúl Martínez, Premio Nacional de Artes Plásticas 1994

Decidir, entonces, fue un acto difícil, si tomamos en cuenta el esplendor alcanzado por esta manifestación artística en Cuba durante los últimos 36 años, la vigencia y el vigor de sus antecedentes fundacionales y de sus maestros contemporáneos; pero fue, al mismo tiempo, una determinación rápida, justa, inobjetable. Porque nadie en nuestro país puede negar que en Raúl Martínez, tan reacio a los elogios como a las formalidades de las ceremonias prefabricadas, se dan las mejores cualidades del ser humano dedicado al arte: su sencillez, su permanente indagación creadora, su cubanía, su vocación universal, su audacia y valentía en el tratamiento de cualquier tema o asunto, su honestidad y, siempre como quien habla con el corazón, su inclaudicable lealtad a la Patria, a la Revolución y a Fidel.

Por eso Raúl, en quien también se da la virtud del que predica más con los actos que con las palabras, es una figura emblemática. Un paradigma a los ojos de sus contemporáneos y principalmente de los jóvenes creadores, que lo asumieron como maestro y modelo de honestidad intelectual. Todos, entonces, nos identificamos con la decisión que adoptaron los 15 artistas, críticos y profesores que integraron el jurado. Un jurado en el que están representados esos mismos jóvenes discípulos de Raúl y aquellos a quienes el propio artista reconoce también como sus otros hermanos de fila y magisterio. Seguir leyendo RAÚL MARTÍNEZ, EL PRIVILEGIO DE LO ETERNO*. OMAR GONZÁLEZ

CHAPLIN: MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE

CHAPLIN

EFE / REPÚBLICA

En la mañana de Navidad de hace cuarenta años, Charles Chaplin (1889-1977), el gran genio del cine mudo, murió mientras dormía en su residencia de Suiza, donde había vivido el último cuarto de siglo y que ha sido convertida en un museo que hoy recuerda de forma muy especial su vida y su prolífica obra.

Sus películas, con sus singulares personajes e historias, han superado barreras geográficas, culturales y al gran verdugo del tiempo, gracias a que los mensajes que contenían son ahora tan actuales como lo eran entre los años veinte y cincuenta del siglo pasado.

Las redes sociales no cesan de multiplicar esos mensajes y gracias a internet el discurso de El Dictador o las escenas de engranajes de Tiempos Modernos son más difundidas que nunca antes, comentó la jefa de comunicación de “Universo Chaplin “, Annick Barbezat-Perrin.

Las estadísticas que lleva este museo indican que ese discurso ha sido visto 30 millones de veces en Youtube -una cifra inimaginable para una película de 1940, cuando este filme fue estrenado- y que la escena en la que el pequeño barbero judío afeita a un cliente al ritmo del Baile Húngaro Nº 5 de Brahms ha sido reproducida en la misma plataforma 8 millones de veces.

Lo explica el hecho de que los ideales de “Charlot“, centrados en un humanismo que pregona la paz y la tolerancia mutua, resultan de gran actualidad en un mundo sacudido por la violencia y con políticos que promueven la división e incitan a la discriminación y a la xenofobia.

Consciente de que la figura de Charles Chaplin es imperecedera, el museo pone este lunes punto final a una serie de actos conmemorativos que han incluido la puesta en funcionamiento de un globo aerostático desde el cual los visitantes pueden realizar un vuelo de diez minutos sobre la residencia en la que vivía el actor con su familia, en la localidad suiza de Vevey.

Los responsables del museo han asumido esta propuesta como un “símbolo de libertad e inspiración”, por lo que el balón con la figura de “Charlot” viajará en los próximos meses a distintos festivales de globos en Suiza.  Seguir leyendo CHAPLIN: MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE

HAMMETT: NOCHES DE SAN FRANCISCO. HIGINIO POLO

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HIGINIO POLO / EL VIEJO TOPO

POLO 6Hace unos pocos días llegó a las librerías el último libro de Higinio Polo, dedicado a la figura de Dashiell Hammett. Mejor dicho: a la figura de Dashiell Hammet y su época: la de la caza de brujas maccarthyana y la persecución arbitraria de los comunistas en EEUU, en los inicios de la Guerra Fría. Aquí, Polo nos narra una serie de extrañas coincidencias que le acontecieron en cuanto acabó su libro.

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Humphrey Bogart y el halcón.

Cuando, en el otoño de 2006, abrí una carpeta (a la que puse el título provisional de Hammett: noches de San Francisco) con el propósito de reunir en ella todos los materiales que tenía dispersos sobre Dashiell Hammett para escribir un libro sobre su vida, dedicando especial atención a los años infames de la caza de brujas y de la doctrina Truman de contención del comunismo, no imaginaba que tendría insospechadas repercusiones, al menos para mí. Es probable que eligiera ese título, primero, porque no tenía ningún otro y fue el que se me ocurrió en ese momento, y, segundo, porque cuando consideraba la posibilidad de empezar a trabajar en el asunto estuve pensando en esa peculiar urbe norteamericana del océano Pacífico que, antes de que se construyese su actual leyenda de tolerante ciudad de la dorada California, estuvo ligada a todos los abusos de la burguesía, adquirió carácter de tierra de frontera y se transformó con su colonia de chinos —que llegaron allí a miles como mano de obra barata y a quienes el capitalismo norteamericano casi esclavizó—. Pensé también, claro, en El Halcón Maltés, en sus historias de contrabandistas, en los años de la ley seca cuando los gánsters controlaban la vida y las haciendas de media California, en su fama de ciudad corrupta, la más corrupta de los Estados Unidos (que ya es decir). Y, era inevitable, pensé en el personaje de Sam Spade, en sus idas y venidas en las noches de San Francisco; y en la vida del propio Hammett, que vivió allí sus primeros años de escritor de historias para los pulp, y donde trabajó para la Agencia Pinkerton, celebró su matrimonio, y vio el nacimiento de sus hijas.

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Dashiell Hammett

Como era previsible, la sencilla carpeta de cartón desbordó pronto su escasa capacidad y se convirtió en un montón de recortes de periódico, revistas, libros, hojas con anotaciones y con ideas inservibles, etcétera: ya conocen ustedes los procedimientos. Con el inicio del año nuevo, empecé a pensar en el índice del libro, en posibles capítulos, en el contenido y extensión de cada una de las partes; y mantuve el título de Hammett: noches de San Francisco. Incluso lo incorporé en la carpeta informática que abrí al empezar a escribir las primeras líneas, a la espera de que se me ocurriese un título definitivo más adecuado. (Creo que lo conseguí. Es el siguiente: Dashiell Hammett. Novela negra y caza de brujas en Hollywood. Pueden ir ustedes a adquirir su ejemplar a la librería más próxima).  Seguir leyendo HAMMETT: NOCHES DE SAN FRANCISCO. HIGINIO POLO

A LOS OCHENTA AÑOS DE ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. MIGUEL BARNET

Rogelio Martínez Furé. Foto: Juvenal Balán

Me parece mentira que aquel joven espigado, de estirpe matancera y tez aceitunada hasta la quinta esencia de la mulatez, acabe de cumplir este agosto ya 80 años. El Seminario de Etnología y Folclore del año 60 lo atrajo como un imán. Su solicitud contenía, lo recuerdo bien, un expediente muy nutrido, que entre otras cosas, reseñaba una novela sobre Haití que acababa de escribir y nunca publicó. Había matriculado Derecho en la Universidad de La Habana pero abandonó los estudios jurídicos para dedicarse por entero a la investigación folclórica y a la selección de lo mejor de la poesía africana.

De aquel seminario fue él de los pocos que permaneció sin vacilación a pesar de las estadísticas y las áridas asignaturas de bibliotecología y economía política. En todo sobresalió, pero fueron las noches de juergas bohemias y los estudios sobre los cabildos y las ceremonias funerarias de la Regla de Ocha a lo que más tiempo dedicó, dedicamos mejor, en esos años de formación académica.

Tanto Argeliers León como el resto de los muy talentosos profesores que tuvimos, lo señalaron como el más dotado. Yo siempre admiré su devoción por los valores permanentes de la cultura popular cubana porque su visión no era localista sino universal y proteica como la del maestro que ambos veneramos: Don Fernando Ortiz.

Me incitó a escribir los primeros orikis de la poesía cubana contemporánea. Visitamos innumerables sitios del país donde resonaban los tambores batá evocando a la variedad de culturas yorubas y congas que habían arribado en los barcos negreros a las costas cubanas.  Seguir leyendo A LOS OCHENTA AÑOS DE ROGELIO MARTÍNEZ FURÉ. MIGUEL BARNET

CELEBRACIÓN DE LOS PREMIO CERVANTES A ALEJO CARPENTIER Y DULCE MARÍA LOYNAZ. MIREYA CASTAÑEDA

Al novelista cubano Alejo Carpentier le otorgaron el Premio Cervantes en 1977, luego que en la primera edición el año antes lo recibiera el español Jorge Guillén. Foto: Archivo

EL azar concurrente que tan bien enunciara José Lezama Lima propició este año que un amoroso regalo filial por un aniversario de quien escribe le permitiera llegar a Alcalá de Henares, donde hace ahora 40 y 25 años, respectivamente, fueran acogidos en homenaje literario dos cubanos insignes, Alejo Carpentier y Dulce Maria Loynaz.

Conocer  la urbe cervantina, no obstante, es mas una parada obligatoria que una casualidad, pues estando a solo 30 kilómetros de Madrid hubiera sido impensable no apreciar una ciudad declarada en 1998 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) Patrimonio de la Humanidad.

En la madrileña estación de Atocha se toma el tren que rápidamente lo llevará hasta la milenaria Alcalá de Henares. A la llegada, luego de un café en un bar humorísticamente llamado La oficina, usted indefectiblemente va en busca de calles y monumentos, va en busca de historia y cultura, va en busca del recuerdo del gran novelista y la excelsa poeta.

LA UNIVERSIDAD, EL PARANINFO, EL PREMIO CERVANTES

La famosa Universidad fue construida en 1499 por el cardenal Cisneros y por sus aulas pasaron importantes personalidades. Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, Gaspar Melchor de Jovellanos, Lope de Vega, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina. Y no, la Universidad no puede vanagloriarse del inmortal Cervantes.

Integrada por varios edificios, uno de los históricos es el Colegio Mayor de San Ildefonso, sede hoy del rectorado, con su  bellísima fachada renacentista, la Capilla y  el espectacular Paraninfo.

Al traspasar el pórtico usted ve directamente uno de sus famosos tres patios, ese primero el de Santo Tomás de Villanueva, uno de los más notados alumnos complutenses, y a través de él se llega al legendario Paraninfo, donde se entrega desde 1976, cada 23 de abril en conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes (Madrid, 1616), el Premio de Literatura más importantes en Lengua Castellana.

Hace 25 años la poeta cubana Dulce María Loynaz fue la segunda mujer y la primera latinoamericana en recibir el Premio Cervantes. La primera en 1988 fue la española María Zambrano. Foto: Juvenal Balán

ALEJO CARPENTIER Y DULCE MARÍA LOYNAZ RECIBEN EL CERVANTES  

En el muro entre el Paraninfo mismo y la Sala de Togas se han colocado las efigies en bronce de los galardonados con el Premio y allí vimos, con orgullo y emoción, la del novelista cubano Alejo Carpentier, el segundo Cervantes, de 1977, y la de la también cubana Dulce María Loynaz, la segunda mujer en recibirlo, en 1992.

Ya en el Paraninfo, ese el lugar mágico y estremecedor por excelencia, sorprende en primer lugar la techumbre de la sala, y luego, en uno de los laterales, la Cátedra o tribuna de los oradores.

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EL REFORMISMO EN CUBA (1898-1902): CARTAS REVELADORAS. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

  Este texto es un fragmento del libro “Cuba ¿revolución o reforma?” (2012).
ENRIQUE UBIETA GÓMEZ / DIALOGAR, DIALOGAR / CUBADEBATE

En septiembre de 2001, asistí como ponente a uno de los maratónicos congresos de la Latin American Studies Association (LASA) en Washington. Permanecí en la ciudad otros dos meses, en una fructífera revisión de la papelería manuscrita de José Ignacio Rodríguez, que se conserva en la Biblioteca del Congreso. Se comprenderá por las fechas de mi estancia, que viví el estupor que causó en todos los hombres y mujeres honestos del mundo el desvío de los aviones civiles y el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, y el ataque al Pentágono, en la capital estadounidense.

Viví la histeria belicista que preparó los ánimos para la invasión a Afganistán e Iraq, y el renacimiento del movimiento civil norteamericano contra la guerra.

La pesada puerta de la Biblioteca del Congreso en Washington separaba dos mundos lejanos pero semejantes: afuera, manifestaciones populares que denunciaban la guerra y el terrorismo de Estado, mientras algunos congresistas y políticos cubano-americanos cabildeaban para hacerle más dura la vida a quienes en la Isla de sus orígenes se atrevieron a enarbolar el ideal de independencia absoluta. Adentro, en disímiles caligrafías que transparentaban el temperamento de los autores y en ocasiones, el humor del día, aparecían, desnudos ante mis ojos, personajes y personajillos decimonónicos que conspiraban en Washington y en La Habana para evitar que se produjera la independencia cubana. Las cartas tienen un destinatario: José Ignacio Rodríguez. Y un contexto histórico preciso: los años de la primera ocupación militar norteamericana (1898-1902), después de la derrota de España en la guerra hispano-cubano-americana, aunque algunas misivas son de fechas anteriores y otras de fechas posteriores. El diálogo epistolar se produce entre autonomistas y anexionistas, las dos tendencias políticas del reformismo insular decimonónico.

Cabe una aclaración: en la historiografía cubana se acepta sin dificultad que el autonomismo es una corriente reformista, pero algunos autores dudan al calificar el anexionismo. Dos razones parecen interponerse: la creencia de que toda solución violenta es revolucionaria y la errada suposición de que la anexión es una solución radical. Ni lo uno ni lo otro. Se puede ser violento y reformista (y viceversa), y ninguna solución que apostara por la anexión podía solucionar los problemas de la nación desde su raíz. Creo que el anexionismo, por su dependencia de un poder externo que garantice los límites del cambio al que aspira, es esencialmente reformista. Las décadas que transcurren entre el fin y el inicio de los siglos XIX y XX, ofrecen suficientes evidencias de esta confluencia de propósitos e intereses.  Seguir leyendo EL REFORMISMO EN CUBA (1898-1902): CARTAS REVELADORAS. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

“MIGUEL BARCELÓ”. RAMÓN CHAO

RAMÓN CHAO / BLOG DEL AUTOR

 Miquel Barceló

“Triunfar tarde no es triunfar; es alcanzar a la vez la inmortalidad y la muerte”, solía decir Disraeli, según su biógrafo André Maurois. Me lo repitió más o menos igual Juan Carlos Onetti, cuando le pregunté si un día le darían el premio Nobel : “A mí que me devuelvan la juventud; la cambio por todas las recompensas”, respondió. Barceló no tendrá que esperar la muerte para ser inmortal; lo era a sus cuarenta y cinco años, cuando se encontraba en el camino medio de su vida: era, a mi entender, el primer pintor vivo que exponía en el Louvre.

El día de la inauguración – Ilustraciones para la Divina Comedia – evocábamos una de sus primeras exposiciones, hace más de veinte años, en Son Servera de Mallorca. Allí nos llevó Marietta Llorens Artigas; a su guarida (eso parecía) vecina a la iglesia de Santa Eulalia de Palma. Eran las doce de la mañana y aún no se había levantado. Nos recibió cargado de amabilidad y de sueño. Y repasamos su vida. De niño era rico de calles y plazas, de amigos, de iniciativas, de peleas y de algunas atrocidades con los animales, a los que perseguía y capturaba para plasmar en los cuadernos escolares el proceso de putrefacción. “Creo que pinto desde que nací, por lo menos desde el comienzo de mis recuerdos”.  Hacía de todo y a la vez, como los adolescentes inquietos. Un día director de cine, a la siguiente guitarra electrónica y por la noche escritor. “Incluso soñé con ser explorador, y de una forma más confusa, aventurero, lo que tal vez que haya logrado hoy. Con el tiempo la cosa se fue solidificando de forma natural. Como mi madre pintaba, en casa había óleos, pinceles, telas y libros de arte.” Era una casa tan grande que las tres cuartas partes de ella estaban abandonadas, lo que permitía dedicar varios cuartos a los animales: cerdos, conejos, gallinas y otro para Miquel. Tenía mucha facilidad para inventar imágenes. “Mis amigos de la escuela y desde muy pequeñito me las pedían. Y seguí pintando hasta hoy, de modo que no tuve ni que plantearme el futuro.”

El barco que nos llevaría a Francia a mi mujer y a mí saldría a las dos de la tarde, de modo que tuvimos que marcharnos en plena conversación. Pintor reflexivo, pero con un sistema de ejecución brutal. ( intento siempre encontrar el gesto definitivo), Barceló relaciona el uso de los recursos pictóricos posibles con una concepción del arte como terreno de la extrema libertad. “Siempre detesté las estrategias. Todos los reduccionismos y lo pudiéramos llamar posmoderno para mí está liquidado. Estoy harto de todas esas ideas posmodernas norteamericanas que se intentan trasladar aquí y me parecen un gran error. Hay que inventar nuevos lenguajes. Y esto siempre se logra cuando parece que nada es posible, que llegamos al límite de todo, cuando no se puede creer en nada, cuando se agotaron las ideologías.”

Desde muy joven inicia un inacabable ataque contra las convenciones pictóricas tradicionales y se enfrenta a los dogmas teóricos de la vanguardia más reaccionaria. Cortó pronto con la formación tradicional que tuvo de joven para emprender otra vía. “Empecé a ver pintura académica y luego el Arte bruto y Pollock. “Me gustaba la forma de pintar de éste, que terminó pareciéndose a su pintura. Me fascina esta transformación de un pintor, o de un futbolista, cuyo cuerpo se va adecuando a un objetivo. El Pollock de los últimos años, cuando parecía buscar la figuración a partir de sus campos de energía abstractos”.  Seguir leyendo “MIGUEL BARCELÓ”. RAMÓN CHAO

CORCUERA: POESÍA  DE  CLASE. HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE / UARM
Conocí a Arturo Corcuera (Salaverry, 1935 – Lima 2017) en la vieja Casona de San Marcos, entre poemas y canciones que la comunidad sanmarquina celebraba entre fulgurantes  mítines y marchas estudiantiles.Y nuestra amistad se afianzó en las esquinas y parques de Lince. Eran los años 60′. Años con aromas del triunfante verde olivo y de su inolvidable y aguerrido “Platero”. Y fuimos compañeros en innumerables festivales de poesía tanto en nuestro país como en el extranjero.
Hoy lo despedimos entre mítines y marchas y escuchando las resonancias de las arengas del magisterio nacional. Pareciera que no hubiese cambiado nada en 50 años de la historia de nuestro país.¡Pero ha cambiado! Hoy somos otros, sin dejar de ser los mismos.
Poesía de clase la de Arturo Corcuera. Él era un artesano de la palabra. Un orfebre que amorosamente pulía las palabras para que deslumbren y conmuevan eternamente. Su discurso poético está lleno de magia, fantasía, sabiduría y humor. La retórica clásica no tenía secretos para él. Mucho menos las formas discursivas contemporáneas. Su “Noé delirante”, por la gracia y sabiduría de sus versos es una obra maestra de nuestro idioma.
El rigor y creatividad con que se inclinó sobre la página en blanco, hacen de su obra lírica un ejemplo de las bondades líricas de la poesía hispanoamericana y la consecuencia de su militancia social un abanderado de nuestras luchas por la belleza, la paz y la libertad.

JULIO BORGES: “TÚ NO SABES QUIÉN SOY YO”. CAROLA CHÁVEZ

CAROLA CHÁVEZ / COMO TE IBA CONTANDO


CAROLA CHÁVEZYo recuerdo, allá en los años 80 y 90, que era normal ver, en el este del Este, soldados rasos haciendo de choferes, jardineros, mayordomos y conserjes en casas de “ gente importante con contactos”. Era normal ver a un soldado en el estacionamiento del supermercado cargándoles las bolsas a una señora encopetada. Los soldados eran personal del servicio privado, “cachifos” pagados por el Estado. Así como pasaba con los soldados rasos, muchos oficiales también servían de carga bolsas a primeras damas y a primeras barraganas. Entonces la dignidad se pagaba con traslados a zonas hurriblis como Pto. Ayacucho o Guasdualito, donde pululan los zancudos y el restaurant de lujo más cercano queda en Caracas.

Con esa imagen de las Fuerzas Armadas crecimos en el Este, pero llegó Chávez y mandó a parar. De ahí la rabieta de tipos como Julio Borges, como Capriles, de adecos como Ramos Allup, y ni hablar de la de María Corina, una Ma-cha-do, que ahora se tienen que calar que un negro uniformado les hable de tú a tú y, peor, que se niegue a hacerles el mandado. Y el mandado es tumbar a Maduro, coño, y esos bichos no entienden.

Por eso los ataques, los insultos, las molotov, los morteros, las balas, los frascos llenos de pupú, porque en la mente de un sifrino es inconcebible que un negrito se le alebreste sin que tenga que pagar por ello. Por eso las amenazas, que si La Haya, que si la DEA, que si “dónde te vas a meter”. Todo esto, y con la torpeza que los caracteriza, mientras tratan de convencer a esos mismos soldados que bañan en mierda, de que “se unan a su lucha”, sí, esa lucha que de lograr sus objetivos promete desaparecer a los soldados bolivarianos de la faz de la tierra.

Cuán complicado es todo en estos días. Antes, cuando un pendejo cualquiera no quería obedecer, no tenían sino que decirle las palabras mágicas: “Tú no sabes quién soy yo”. Aquello bastaba. El “tú no sabes quién soy” yo se filtró en el tejido del sifrinaje de tal modo, que hasta los niños lo usaban como comodín cuando eran pillados en haciendo alguna trastada. Maestras, porteros del colegio, entrenadores, sometidos a la tiranía de los niños de la gente cree más gente. Del “tú no sabes quién” soy yo no se salvaba ni siquiera los que también se suponía que éramos alguien”. Yo recuerdo una tarde, estábamos en el Club Puerto Azul pescando, y había un niño, un gordito con cara de mala leche, pegándole palazos a unos cangrejitos que ya no encontraban en dónde meterse. Yo, que no puedo ver sufrir a una criaturita, le dije al niño: “Mi amor, no dañes al cangrejito, mira que él tiene su familia y…” El carajito, clavándome una mirada llena de desprecio, me contestó: “Yo en este club hago lo que me da la gana, porque mi tío es de la directiva”. Dicho esto, le acertó el palazo al cangrejo que quedó en el muelle hecho puré. En fin, que es toda una cultura.

Con esa cultura llega el sifrinaje, por fin en mayoría, y con mayor sed de venganza, a la Asamblea Nacional. Llegaron a patear culos, que es lo único que saben hacer. Llegaron, desde el primer día a patotear al chavismo y al comando de la Guardia Nacional Bolivariana que hay en el Palacio legislativo. Llegaron a poner en su sitio a esta cuerda de negros que no sé qué se han creído.   Seguir leyendo JULIO BORGES: “TÚ NO SABES QUIÉN SOY YO”. CAROLA CHÁVEZ

FEDERICO, EL POETA QUE REVERDECE. MADELEINE SAUTIÉ

Federico García Lorca. Foto: Tomada de cervantes.es
MADELEINE SAUTIÉ / GRANMA

MADELEINE SAUTIE.jpgPara decirlo de manera poética, el crimen fue en Granada. Con esa aseveración nombraría Antonio Machado el poema que escribió al saber asesinado a una de las más altas voces de la poesía y el teatro de todos los tiempos en lengua hispana.

Se le vio, caminando entre fusiles / por una calle larga, / salir al campo frío, / aún con estrellas, de la madrugada. / Mataron a Federico / cuando la luz asomaba. / El pelotón de verdugos /no osó mirarle a la cara. / Todos cerraron los ojos; / rezaron: ¡ni Dios te salva! / Muerto cayó Federico / —sangre en la frente y plomo en las entrañas—. /… Que fue en Granada el crimen /sabed — ¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!…

En la misma tierra que lo vio nacer un 5 de junio de 1898 dejó de existir, con solo 38 años, hace 81 años, el poeta español Federico García Lorca, cuya vida arrebató el fascismo sin más razones que su odio monstruoso a aquellos que marcan la diferencia cuando se disponen a hacer el bien y a tomar partido cuando el mundo se pinta como una larga estera de injusticias.

Una sacudida vehemente e intelectual, con nombres y apellidos de proyectos entre los que se encontraban giras con grupos teatrales, lecturas y creación de poesía y teatro del bueno, conferencias impartidas en disímiles escenarios e impulsos vigorosos marcaron los últimos años del autor de La casa de Bernarda Alba cuando se suponía que el azar deslizara la alfombra para el paso de un hombre que sabía hacia dónde iba.

Los primeros se remontan al campo en Fuente Vaqueros. Con 11 años cumplidos la familia se mudará a la ciudad de Granada, la que será escenario perfecto para que la sensibilidad adolescente de Federico halle trigo con que cebar su famélico apetito artístico, que tuvo sus primicias en la música, al fascinarse con Beethoven, Chopin y Debussy, por solo dar fe de algunos. Matricula en la Universidad de Granada Filosofía y Letras y Derecho.  Seguir leyendo FEDERICO, EL POETA QUE REVERDECE. MADELEINE SAUTIÉ

DE “POETA EN NUEVA YORK”, TRES POEMAS. FEDERICO GARCÍA LORCA

LORCA 5

VUELTA DE PASEO

Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

1910

(INTERMEDIO)

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.

Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.

Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!

Nueva York, agosto 1929

IGLESIA ABANDONADA
(BALADA DE LA GRAN GUERRA)

Yo tenía un hijo que se llamaba Juan.
Yo tenía un hijo.
Se perdió por los arcos un viernes de todos los muertos.
Lo vi jugar en las últimas escaleras de la misa
y echaba un cubito de hojalata en el corazón del sacerdote.
He golpeado los ataúdes. ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Saqué una pata de gallina por detrás de la luna y luego
comprendí que mi niña era un pez
por donde se alejan las carretas.
Yo tenía una niña.
Yo tenía un pez muerto bajo la ceniza de los incensarios.
Yo tenía un mar. ¿De qué? ¡Dios mío! ¡Un mar!
Subí a tocar las campanas, pero las frutas tenían gusanos
y las cerillas apagadas
se comían los trigos de la primavera.
Yo vi la transparente cigüeña de alcohol
mondar las negras cabezas de los soldados agonizantes
y vi las cabañas de goma
donde giraban las copas llenas de lágrimas.
En las anémonas del ofertorio te encontraré, ¡corazón mío!,
cuando el sacerdote levante la mula y el buey con sus fuertes brazos
para espantar los sapos nocturnos que rondan los helados paisajes del cáliz.
Yo tenía un hijo que era un gigante,
pero los muertos son más fuertes y saben devorar pedazos de cielo.
Si mi niño hubiera sido un oso,
yo no temería el siglo de los caimanes,
ni hubiese visto el mar amarrado a los árboles
para ser fornicado y herido por el tropel de los regimientos.
¡Si mi niño hubiera sido un oso!
Me envolveré sobre esta lona dura para no sentir el frío de los musgos.
Sé muy bien que me darán una manga o la corbata;
pero en el centro de la misa yo rompere el timón y entonces
vendrá a la piedra la locura de pingüinos y gaviotas
que harán decir a los que duermen y a los que cantan por las esquinas:
él tenía un hijo.
¡Un hijo! ¡Un hijo! ¡Un hijo
que no era más que suyo. porque era su hijo!
¡Su hijo! ¡Su hijo! ¡Su híjo!

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