Archivo de la categoría: LA BUENA MEMORIA

LA HISTORIA OLVIDADA DEL ACCIDENTE DE GOIANIA, “EL PEQUEÑO CHERNÓBIL”. RAÚL A. CAPOTE

Fidel cargó a mi hija Natasha y le dio un beso, me di cuenta de cuánta bondad había en su mirada… y confié más que nunca

PEQUEÑO CHERNÓBIL
Terezhina Nunes Fabriano y su hija Natasha, víctimas del accidente radiológico de Goiânia. Foto: Felicia Hondal

RAÚL ANTONIO CAPOTE

CAPOTE 1El 13 septiembre de 1987 ocurrió en la ciudad brasileña de Goiânia, capital del estado de Goiás, en Brasil, lo que fue considerado el peor accidente radiactivo de la historia fuera de una instalación nuclear.

Dos recolectores de basura, en busca de chatarra para vender, entraron a un hospital abandonado y encontraron lo que les pareció una extraña máquina, la desmontaron y la subieron a una carretilla. Una vez en la casa, utilizando destornilladores, abrieron la tapa de plomo que sellaba el aparato, en realidad un equipo de radiografía, y extrajeron un cilindro del interior, luego fueron a un desguace con el ánimo de venderlo.

El dueño del desguace se quedó con el artefacto, días más tarde, entró al local donde había guardado el cilindro y vio que un «hermoso brillo azul» brotaba de la cápsula, pensó que se trataba de algo sobrenatural y la llevó para su casa.
El hombre repartió entre familiares y amigos fragmentos del material que se encontraba en el interior del objeto, un material fácil de desmenuzar, que se convertía en polvo, un polvo brillante. Se trataba de cloruro de cesio enriquecido con isótopo radiactivo, cesio 137.

Pronto, muchas personas enfermaron. Alrededor de una docena fueron trasladados a uno de los hospitales de Goiânia. En total, más de 110 000 personas fueron examinadas, de ellas 249 tenían niveles significativos de material radiactivo en sus cuerpos, cientos de personas presentaban contaminaciones leves y tuvieron que permanecer en refugios especiales.

CUBA RESPONDE

Cinco años después del accidente, en una de las actividades colaterales de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, ECO-92, en Río de Janeiro, –más conocida como Cumbre de la Tierra–, Terezinha Nunes Fabiano, presidenta de la Asociación de Damnificados, recibió la propuesta de Fidel de atender a los afectados por la contaminación radiactiva.

«Conocíamos de la experiencia cubana atendiendo a los niños de Chernóbil, mucha gente dudaba porque había sufrido tantas decepciones, pero cuando en Brasil Fidel cargó a mi hija Natasha y le dio un beso, me di cuenta de cuánta bondad había en su mirada…y confié más que nunca», dijo entonces Terezinha Nunes.

Fue en la histórica Cumbre de la Tierra donde el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, pronunció aquellas proféticas palabras:

«Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre».

Decenas de afectados por la radiactividad recibieron atención médica gratuita en cumplimiento del protocolo de colaboración científica con Brasil, firmado por Fidel durante ECO-92; las víctimas del accidente compartieron el Campamento de Pioneros José Martí de Tarará con 116 niños ucranianos que sufrían las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil, con un grupo de infantes ecuatorianos y con unos 200 cubanos asmáticos y diabéticos bajo tratamiento para esos padecimientos.

En octubre de 1992 regresaron a Brasil los pacientes una vez concluido el programa de atención y tratamiento recibido en la Isla, viajaron acompañados de una delegación de especialistas cubanos que informaron a las autoridades sanitarias brasileñas, de las conclusiones diagnósticas y recomendaciones, resultado de las siete semanas de exámenes a que habían sido sometidos.

El personal cubano de la salud demostró una vez más su profesionalidad, que fue altamente apreciada por los especialistas del gigante sudamericano, pero, sobre todo, demostraron el gran valor humano, la entrega y el espíritu solidario que les caracteriza, fruto de su formación revolucionaria y del ejemplo de Fidel.

Terezinha Nunes, quien viajó a Cuba con sus tres hijas, para recibir diagnóstico y tratamiento, expresó al marcharse: «Me voy con el corazón dividido, porque ahora tengo dos patrias, Cuba y Brasil».

EPÍLOGO DE UNA TRAGEDIA

  • Cuatro personas fallecieron y 249 personas recibieron altos índices de radiación y hoy padecen de múltiples enfermedades, sobre todo cáncer.
  • Las personas afectadas por la radiación en el incidente, hasta el día de hoy sufren de discriminación.

Fuente: GRANMA

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR: POESÍA COMO UN HIMNO. LUIS ROGELIO NOGUERAS

ROBERTO Y SILVIO
Roberto y Silvio

LUIS ROGELIO NOGUERAS

wichy 1Cuentan que, en su lecho de muerte, cierto escritor español le hizo señas de que se acercara a uno de los amigos literatos que lo rodeaban. «Voy a hacerte una confesión» —le susurró con voz apagada; emocionado, el amigo contuvo la respiración y aproximó una oreja a los pálidos labios del moribundo: «Me aburre el Dante.»

No voy a esperar a mi (ojalá lejana) hora postrera para decir cuánto me ha gustado siempre la poesía de Fernández Retamar, esa poesía que desde los gallardos y juveniles endecasílabos de Elegía como un himno (1950) a los maduros versos de Juana y otros poemas… (1980) ha recorrido ya treinta intensos años. Una de las principales virtudes que tiene cualquier antología literaria personal es la de ofrecer —desplegados, por decirlo así, en abanico sincrónico— los avances, estremecimientos y transformaciones de un modo de escribir — en este caso concreto, de un modo de escribir poesía—; pero también —lo cual es, al fin y al cabo, lo más importante— los avances, estremecimientos y transformaciones de un hombre. Es por eso que en Palabras de mi pueblo (selección de poemas de Fernández Retamar publicada recientemente por la editorial Letras Cubanas en su colección Giraldilla) hay algo más que versos: hay tres décadas de una vida, miles de nocturnas y diurnas horas de apasionada fidelidad a la poesía.

Palabras de mi pueblo reúne fragmentos de Elegía como un himno y 131 poemas de otros nueve libros: Patria (1949-1951), Alabanzas, conversaciones (1951-1955), Aquellas poesías (1955-1958), Sí a la Revolución (1958-1952), Buena suerte viviendo (1962-1965), Que veremos arder (1966-1969), Cuaderno paralelo (1970), Circunstancia de poesía (1971-1974) y Juana y otros poemas personales(1980). La selección ilustra magníficamente el porqué del reconocido prestigio de que goza la poesía de Roberto hoy en el mundo de habla hispana.

Íntima y cotidiana. ¿Podrían acomodársele estos adjetivos a la obra poética de Retamar? ¡Y por qué no! Creo —estoy seguro él mismo lo reconocería— es en esos versos suyos, nacidos de experiencias acaso o casi siempre comunes (la Revolución, el amor, la amistad, la muerte), pero que han sido vividas en el papel de una manera íntima e intransferible, donde está lo mejor de su poesía. Los momentos más felices de Alabanzas, conversaciones, de la memorable compilación Con las mismas manos, del intenso cuadernillo Historia antigua, o de Buena suerte viviendo; los grandes poemas de Circunstancia de poesía («Para una torcaza», por ejemplo, o «Aniversario») son aquellos que reconocemos como muy próximos a nuestras más caras y cotidianas experiencias —esos «latidos humanos» del día a día, que van desde la política hasta el amor. No importa si el acercamiento formal a un tema se produce a través de la gravedad o del suave humor (Roberto Fernández Retamar es un maestro del tono, el detalle, la palabra justa). Lo que importa, en este caso, es la convincente, conversadora intimidad que en sus mejores poemas logra trasmitir. Cuando sentimos que un poeta habla por nosotros (el poeta habla por todos, decía Lope); cuando nos reconocemos en sus versos; cuando decimos, después de leerlo, «en efecto: así me fue a mí en este o aquel minuto de mi vida», entonces, se ha producido ese mágico contacto entre el que escribe y el que lee, esa fraternal e invencible relación entre el que habla y el que escucha sin los cuales no vale la pena siquiera hablar de poesía.

Algunos poetas tienen el don tronante de la épica pero no saben susurrar. Poquísimos —como Neruda— truenan y susurran, y en ambos casos el idioma sale enriquecido y ganando el lector.

Roberto Fernández Retamar —el mejor Roberto Fernández Retamar— canta en voz baja. No estoy hablando de esa estúpida y falsa diferenciación entre poetas mayores y menores (¿Garcilaso un poeta menor? ¿Quintana un poeta mayor?) que algunos críticos miopes asocian con el coro y el aria. En voz baja también dijeron lo suyo en su hora Boscán y Machado. ¿Y quién niega que en voz baja no puedan cantarse también himnos?

De esos treinta años de poesía, mi generación ha aprendido mucho. A veces pienso que debe ser una inmensa alegría descubrir (como habrá hecho, en complacido silencio, Retamar) algunas de sus huellas en los poetas que vinieron después. Debe de ser una experiencia estremecedora sobrevivir en la obra de otros, saber que nuestras palabras no cayeron en el vacío, que no escribimos en vano.

———————————-

*Artículo de Luis Rogelio Nogueras publicado en Granma [La Habana], 4 de noviembre de 1980, p. 6. (Enviado a Segunda Cita por nuestra querida Kitty)


Fuente: SEGUNDA CITA

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR, 1930-2019. ATILIO A. BORÓN

bob 6

ATILIO A. BORÓN

Atilio-BorónEn el día de ayer, sábado 20, a últimas horas de la tarde llegaba Buenos Aires la triste noticia del deceso de Roberto Fernández Retamar. Se consumaba así una pérdida de verdad que irreparable, aunque esto parezca una frase trillada o un lugar común. Roberto deja un hueco en la cultura emancipatoria imposible de llenar, sin que esto signifique menosprecio alguno para tantas y tantos intelectuales revolucionarios de Nuestra América. Pero Retamar era claramente un fuera de serie: un hombre de convicciones firmes y de exquisita cortesía, poseedor de un castellano límpido y preciso, siempre armonioso al oído de su lectora o su lector. Una pluma elegante, que deleitaba con su lectura y a la vez punzante para con los siervos del imperio, los enemigos de la revolución y también para la legión de eclécticos que en momentos como éstos vacilan en condenar categóricamente al imperialismo por la interminable sucesión de crímenes de lesa humanidad que comete a diario. No sólo con sus bombardeos, sus drones, sus guerras sino también con sus bloqueos, como el que padece Cuba desde hace 60 años, o el más reciente perpetrado con saña feroz en contra de la Venezuela bolivariana.

Retamar fue el prototipo del intelectual comprometido, que actuó sin desmayos a lo largo de toda su larga y fecunda vida. Organizador cultural, lector incansable, crítico incisivo pero siempre amigable. Su labor en Casa de las Américas ha sido extraordinaria, en línea con lo que hiciera su predecesora, la gran Haydée Santamaría. No hay palabras suficientes para trasuntar el dolor por su pérdida y la relativa orfandad en que a muchos de nosotros nos deja su partida. Guardo muchos recuerdos de tantos encuentros y conversaciones con él, en La Habana y en Buenos Aires, y muy especialmente las dos últimas cuando en su oficina de Casa de las Américas mientras dialogábamos sobre uno de sus temas favoritos, los intelectuales y la deserción de la academia, le conté al pasar de mi indignación ante las mentiras y tergiversaciones que poblaban un reciente libro de Mario Vargas Llosa (La Llamada de la Tribu) y mi intención de escribir algo al respecto. Pensaba en un artículo que, tal vez, pudiera publicarse en la Revista Casa, le dije con cierta timidez. Quedé paralizado cuanto noté que su cuerpo entero se puso en tensión, abandonó la charla sobre los intelectuales, y me dijo que eso, una simple nota, no sería suficiente y que el personaje de marras merecía algo más que una nota. Un libro, me dijo, “escribe un libro donde expongas todas sus patrañas y traiciones”.

Eduardo Galeano y Roberto Fernández Retamar

Me sorprendió la fuerza con que se expresó y debo reconocer que ese fue el origen de El Hechicero de la Tribu . Sentí que lo que me transmitía con tanto énfasis no era un consejo sino un mandato para realizar un ajuste de cuentas que percibía como urgente y necesario y que tal vez él sabía que ya no tendría tiempo para hacer. Salí de Casa de las Américas confundido y dubitativo. Pero pocas horas después caí en la cuenta de que tenía que hacer lo que Retamar me había dicho. Ni bien regresado a Buenos Aires puse manos a la obra y a lo largo de toda la fase de búsqueda de documentación y por supuesto durante la redacción del libro el intercambio de correos con Retamar era frecuente, casi semanal. Y no eran uno o dos, sino varios cada vez, con sus comentarios, aclaraciones, precisiones y datos de contexto que estaban en su memoria alojados en un enojoso anaquel reservado desde hacía décadas a Vargas Llosa y su relación con la Revolución Cubana. Sus observaciones eran de una precisión quirúrgica e invariablemente acertadas. Estando sumido en toda clase de dudas acerca de cuándo darle el toque final a mi manuscrito pude visitarlo una vez más en La Habana y mantener otra larga conversación con él y con Juan Fornet, otro gran escritor cubano. Allí sentí que Roberto me dio el impulso final para resolver un problema que suele ser muy serio para muchos escritores: poner punto final a la obra, decidir que ya está terminada y que sólo resta entregarla a la imprenta. Me fui de esa reunión preocupado porque si bien Retamar conservaba una lucidez asombrosa su físico se había debilitado considerablemente. Pero me marché aliviado porque me había resuelto el permanente desafío de saber cuándo poner el punto final a mi escrito. Tuve la inmensa satisfacción de que en Febrero del 2019, con ocasión de la Feria del Libro de La Habana, pude entregarle una copia de mi libro impreso por el Instituto Cubano del Libro. Un brillo relampagueó en sus ojos y creo que para sus adentros se habrá dicho: “misión cumplida”.

En su despacho de Casa de las Américas

Concluyo diciendo que no me alcanzará lo que me queda de vida para agradecer la oportunidad única de haber sido agraciado con su amistad, con la de su amada esposa, Adelaida de Juan, y haber sido educado con su magisterio. No tengo palabras para expresar todo lo que siento, y me disculpo ante quienes leen estas líneas y en especial con Laidi, su hija. Ocurrirá con Roberto lo que pasa con las estrellas: aún muertas siguen emitiendo luz. En su caso, sus poemas, ensayos, notas de todo tipo seguirán iluminando la conciencia de los revolucionarios de Nuestra América. Sólo me resta decir que cuando bien pronto regrese a su amada Habana arrojaré una flor al mar, justo enfrente de donde se encuentra Casa de las Américas, para honrar sus cenizas y su memoria y gritar con toda la fuerza de mi alma “¡Hasta la victoria siempre, Roberto. Venceremos!”

Fuente: Blog del autor

ROBERTO Y LA CASA DE TODOS NOSOTROS. FERNANDO BUEN ABAD

bob 11

FERNANDO BUEN ABAD

“Casa de las Américas. La fortaleza moral en la batalla de las ideas”

BUEN ABAD 1Por sí sola Casa de las Américas ha logrado construir la experiencia cultural que muchos gobiernos (u organizaciones internacionales) ni imaginan (ni lograrán). No somos pocos los endeudados con Cuba por el regalo, y legado, continentales que implica Casa de las Américas. Hay que decir a los jóvenes de todo el mundo que se trata de una realidad floreciente y posible porque un pueblo en revolución ha impulsado Casa de las Américas y que Cuba –pese al bloqueo, las injusticias y las calumnias- la ha hecho posible. “Fundada en 1959 por Haydee Santamaría, y actualmente presidida por Roberto Fernández Retamar, la Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura y las artes; cuya comunicación fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo.”1

Casa de las Américas es una de esas obras revolucionarias con la que el pueblo cubano revela su carácter internacionalista y sus mejores ideas socialistas. Casa de las Américas es una realidad de importancia primordial y ejemplo para todo proyecto cultural revolucionario. Eso no quiere decir que sea “perfecta” ni quiere decir que no ejerza (por lógica propia) sus autocríticas. Casa de las Américas es una realidad floreciente que destila las esencias de fraternidad inteligente, es decir, el alma de Martí. Casa de las Américas es un bastión y un “Alma Mater” contra el individualismo y la vanidad de ciertas “inteligencias” (reaccionarias por definición) en un mundo agobiado por el imperialismo que fabrica (a mansalva y rentablemente) miseria e ignorancia. Casa de las Américas en una fuerza de inteligencias y creatividades que impulsa (incluso para la revolución) la nada sencilla tarea de consolidar vínculos, solidarios e internacionalistas, entre los artistas, los escritores, los intelectuales y los científicos latinoamericanos y caribeños. Y es una realidad, y un honor, modelo de combate.

Contra la devastación cultural perpetrada por el capitalismo, Casa de las Américas ha sido ejemplo de praxis en clave de lucha, a gran escala, por el defender el patrimonio cultural de los pueblos y para contribuir a desarrollar, en plena transición hacia el socialismo, una cultura revolucionaria para la emancipación. No son pocos los intelectuales “exquisitos” que “valoran” los premios de Casa de las América, “valoran” sus publicaciones y también sus investigaciones… pero no todos son intelectuales de combate dispuestos a entender que la lucha de Casa de las Américas es la lucha de un pueblo antiimperialista y anticapitalista. No sólo anti-yanquis.

Casa de las Américas ha sido un combatiente ejemplar contra el aislamiento impuesto a Cuba. Gracias a sus actividades (publicaciones, concursos, premios, festivales, exposiciones y encuentros de literatura, teatro, plástica y música) se ha cumplido la tarea de liberar los caudales expresivos (libertad de expresión) para vincular a la Revolución Cubana son los pensadores y creadores más progresistas. Semejante tarea, cálida y fraterna, es el verdadero sustento de este centro cultural tan prestigioso que un pueblo en revolución ha impulsado y sostenido ejemplarmente.

Desde sus ejes temáticos diversos y puntuales, desde sus tareas en disciplinas artísticas variadas y necesarias… el trabajo de Casa de las Américas ha hecho profesión de ejemplo al poner su pasión por la calidad como valor revolucionario fundamental. Desde ese parámetro uno puede hacerle balances y entender por qué proyecta sus tareas como las proyecta. Por qué su espíritu de trabajo es, en lo esencial, un espíritu de servicio revolucionario. Semejante responsabilidad de ser útil debe vincular la política socialista y la emancipación como expresión orgánica que exige verdad y calidad (no sólo artísticas) sintetizadas firmemente en un compromiso de combate sobre el escenario contemporáneo. Casa de las Américas ha probado la importancia de luchar para preservar lo mejor de nuestras tradiciones sin convertirlas en anécdota muerta y, al contrario, hacerlas visibles como fuerza viva que informa y anima al presente y al futuro en plena lucha dialéctica. Tal dinámica de los valores culturales, es conciencia de trabajo de una Casa de las Américas que ha sabido evitar el vicio burocrático de inducir, sugerir o señalar pautas al arte, a la creación o a los idearios de la inteligencia internacional. Eso es un mérito que uno además de reconocer… aplaude y divulga. La variedad y la búsqueda permanente le son consustanciales.

Casa de las Américas ha logrado vivir heroica y ejemplarmente en contra, incluso, de todas las calamidades producto del bloqueo, la ofensiva mediática inclemente contra Cuba, y las hordas de intelectuales (algunos de ellos traidores) que se han servido de Casa de las Américas para lustre individual como francotiradores.

Casa de las Américas, ante el panorama complejo y dramático de nuestros países, ha sostenido su rechazo al imperialismo y ha combatido cuantas maniobras se han urdido contra la vida intelectual emancipadora. Ha impulsado, por eso, valores jóvenes y los ha sumado a la lista de “cabezas” llamadas a configurar una fuerza imaginativa y revolucionaria nueva con respuestas pertinentes (combatientes) en las circunstancias actuales. Su lucha contra fragmentación de nuestras culturas, financiada por el imperialismo, representa un centro vital para la irradiación cultural desde su nacimiento, es un triunfo de la sensibilidad responsable y símbolo de un poder de la revolución y de la creación revolucionarios. Sin igual. Todo esto, sin pedir ni dar cuartel, casi sin recursos y con mucho en contra. Todo esto con la voluntad revolucionaria del pueblo cubano, con la certeza de que la batalla de las ideas deberá impulsar, permanentemente, a la imaginación como herramienta (también) de la revolución permanente. Casa Nuestra.

EN LA MUERTE DE ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR. BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

bob 12

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

boaventura 3Acabo de saber que Roberto Fernández Retamar murió en la tarde ayer, 20 de Julio. Es una pérdida irreparable para la cultura cubana, latinoamericana y mundial. Lo admiré durante toda mi vida profesional y fuimos amigos desde que hace quince años me invitó como jurado del Premio Casa de las Américas. Hace poco más de dos meses, durante la reciente XIII Bienal de Arte de La Habana tuve el privilegio inmenso de compartir con mi querido compañero Jorge Fornet, de la Casa de las Américas, más de dos horas de charla maravillosa con Roberto. Hablamos de todo, de su gran pasión, José Marti, del imperialismo, de sus tiempos en Europa y en los EUA, de la revolución cubana, del rol del intelectual en nuestros días, de poesía, de la cultura latinoamericana.

Roberto fue uno de los más brillantes intelectuales del mundo de los últimos cien años. Lo digo sin ninguna hesitación porque reconocí en él una rarísima calidad en los intelectuales del último siglo: la capacidad de conocer profundamente la cultura  europea sin ser eurocéntrico,  y de conocer profundamente la cultura del “Caliban” latinoamericano sin ser trivialmente decolonial. Si los siglos que los separan no nos criaran tanta confusión, yo diría que Roberto es un ensayista tan notable cuanto Montaigne y solo comparable a él.  Y además de ensayista, era un gran poeta.

Coimbra, 21 de Julio de 2019

RETAMAR HIZO DE CASA DE LAS AMÉRICAS UN FARO DE DIGNIDAD Y EMANCIPACIÓN ANTIMPERIALISTA. GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS

bob 14

GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS

Gilberto López y RivasDesde México, mandamos nuestras sentidas condolencias a los familiares, amigos y camaradas de nuestro entrañable compañero Retamar, quien hizo de Casa de las Américas un faro de la dignidad y la emancipación antiimperialista de Nuestra América.

Uno de los más connotados intelectuales y pensadores revolucionarios que ha dado Cuba.

Un abrazo fraterno,

Gilberto López y Rivas

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR, SIEMPRE EN NOSOTROS. RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD

bob2

El Capítulo Cubano de la Red “En defensa de la humanidad” hace públicas sus condolencias por el fallecimiento de uno de sus miembros fundadores, el gran poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar.

Fue una de las figuras más lúcidas de la vanguardia intelectual que acompañó con su obra y entrega personal la realización de la utopía emancipadora de la Revolución. Contribuyó de manera relevante, desde la Casa de las Américas, a promover en toda nuestra región lazos e intercambios perdurables, basados en fomentar en una auténtica cultura de la resistencia y en el reconocimiento de nuestras comunes raíces
históricas y espirituales.

Caliban, uno de sus ensayos más trascendentes, constituye un referente obligado en la construcción del pensamiento descolonizador, hoy más necesario que nunca.

A su extensa labor investigativa y ensayística, se añade su extraordinaria obra poética, crónica apasionada de los años más difíciles y hermosos de la épica revolucionaria.

A Roberto, ejemplo de lealtad, sencillez y disciplina revolucionarias, no lo vamos a olvidar nunca. Esta es también su Casa.

REDH-Cuba

La Habana, 20 de julio de 2019

LA DERROTA DE LA IGNORANCIA. FÉLIX POBLACIÓN

camps, capa, guerra civil española

FÉLIX POBLACIÓN

félix poblaciónEl lector recordará quizá la noticia por lo fortuito de las circunstancias que la estamparon en los periódicos. Un memorioso ciudadano residente en Barcelona se reencontró con su imagen de adolescente en una de las 3.000 fotografías inéditas de Robert Capa que sobre la Guerra de España se descubrieron en México en enero de 2008. Solo tenía Xavier Camps 15 años cuando se encaramó a la carlinga de un avión alemán abatido en los Jardinets de Gràcia. Le acompañan en la foto sus amigos de aquel mes de enero de 1939, cuando la capital catalana vivía los dramáticos estertores del conflicto.

Xavier Camps

El rescate de esa imagen perdida en la que se identificó su protagonista me recordó la imposibilidad de rememoración que tuvieron los abuelos y padres republicanos durante el franquismo. Entonces solo cabía la versión única del bando vencedor y con esa falsa perspectiva histórica crecieron y fueron adoctrinadas varias generaciones de españoles, hasta que, con la agonía de la dictadura primero y durante la transición democrática después, pudimos elegir otras interpretaciones, unas más objetivas que otras, que permitieron un mayor y mejor conocimiento del conflicto, así como de la Segunda República y el régimen de Franco.

Es sabido que la llamada Guerra Civil española configura uno de los episodios que más bibliografía ha reportado como materia de estudio de cuantos se han sucedido a lo largo de la Historia. En los últimos años, además de una permanente continuidad en la elaboración de libros por parte de nuevos y meritorios autores, hemos asistido en nuestro país a una floración de seudo-historiadores revisionistas, apegados a una derecha mediática revanchista, que pretenden rescatar y hacer valer las razones del Movimiento Nacional para auspiciar el Golpe de Estado fascista que acabó con la Segunda República, llegando al punto de sostener como la más delirante impostura que aquel periodo histórico fue justo y necesario para desembocar en la actual monarquía constitucional y democrática.

Sin embargo, por profusa y creciente que sea la bibliografía en torno a nuestros años treinta del pasado siglo, su calado didáctico efectivo en nuestros planes de enseñanza es precario, con todo lo que implica eso de inconsciencia e irresponsabilidad, pues al pasar por alto ese pasado se corre más riesgo de que sus trágicas y traumáticas consecuencias puedan repetirse en el futuro. Es muy revelador en sentido contrario lo que comentaba en un artículo el escritor Jordi Soler a propósito de una gira por los liceos franceses para hablar de alguna de sus novelas sobre el exilio republicano en México. En lugar de un desconocimiento distante por parte de los escolares, propio del que se da en el país que fue escenario del conflicto, a Soler le sorprendieron el avisado discernimiento e interés de los alumnos, fruto sin duda de la dedicación que sus profesores han concedido a un hecho histórico clave para el entendimiento histórico del siglo XX en Europa. Seguir leyendo LA DERROTA DE LA IGNORANCIA. FÉLIX POBLACIÓN

AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

edmundo 1

Hay seres —como Edmundo Aray (1936)– que la muerte no podrá arrebatarnos jamás de la memoria. Perviven en nosotros de la manera más sencilla, que suele ser la más honda e indeleble: como una sonrisa o una palabra que se eleva y, apasionada (siempre apasionada en su caso), silencia al más enardecido de los auditorios. Como si toda la razón y la bondad del mundo hablaran en su voz. Como si un duende paseara por la casa y cada una de sus ocurrencias comportara un desafío. Fiel como el más fiel, cercano siempre, tanto que ya Edmundito es cubano.
Así fue, así lo veo y es para mí este hermano escritor y cineasta venezolano, de quien me dijeron hace unos días, así de golpe, que ahora estaba muerto. Como si fuera posible matar lo que él hacía, la vida misma. 
Edmundo y yo solíamos intercambiar textos y mensajes sobre los más diversos temas, incluidos el cine, la poesía y, por supuesto, la salud y la muerte, a quien jamás llegamos a tomar en serio. Compartimos amigos, dolencias, congojas y un planeta de sueños que él insistía en llamar “Esta alegría”. 
En un signo de confianza y humildad, Edmundito tenía por costumbre pedir opiniones a algunos de sus amigos sobre los textos que llevaba en proceso de escritura. Fue así que a la altura de febrero y marzo de este año, intercambiamos pareceres acerca de su enjundioso ensayo “Ayer y hoy: resistencia y libertad”, el cual probablemente permanezca inédito, al menos en la versión que aquí se ofrece.  Y sobre el Llamamiento que le sirve de colofón, cuya fecha al pie el autor fijara en “febrero del 2021” para burlar el tiempo.
Pero aquel diálogo, como siempre sucede cuando la Muerte asecha y nos acecha, quedó pospuesto por razones mundanas y algún que otro agobio inevitable. Ambos lo vamos a lamentar todo el futuro, entre otros motivos porque estábamos hablando también de poesía. Y Edmundo era un torrente que pensaba en versos, o mejor: el verso torrencial con que pensaba el mundo.
A pesar de que todavía me debe la versión definitiva de su ensayo, aquí les va la que recibí de él la penúltima vez, porque la última, como ya dije, no me ha llegado aún. Quien sabe si –venezolano al fin–, toda esta angustia sea obra de la impuntualidad. También les dejo su mensaje de entonces.
A ver si vuelves, poeta; hoy hay reunión en la Fundación y en la Escuela la mesa está servida. No estaré yo pero estarán los otros.

——————–

Querido Hermano:
Te imagino en plena defensa, claro, ante la arremetida del tunante de Washington y su pandilla. En la misma estamos nosotros, como has observado, con el alma en vilo.
Te anexo el texto que revisara en estos días, diagramado de otra manera para enfatizar aún más, y con algunos ajustes.
Un fuerte abrazo.
Edmundo.

——————-

EDMUNDO ARAY

EDMUNDITO 1Vivimos tiempos nuevos, dijimos al despuntar el siglo XXI. (Siempre vivimos tiempos nuevos). Hay cambios en América Latina. Cambios serios, perturbadores del camino emprendido en busca de un futuro digno para nuestros pueblos. El ejercicio socialdemócrata progresista ha sido gravemente golpeado por los triunfos de la derecha reaccionaria en Paraguay, Ecuador, Argentina, Colombia, Brasil. Ni qué decir de las acciones de contenido fascista del grupo de Lima y de los gobernantes pantalleros de la Unión Europea sometidos a la orientación de Washington. La derecha reaccionaria no ceja en sus esfuerzos anti-nacionales por abortar, estimulada por el Imperio, el proceso democrático, ampliamente participativo de Venezuela y las notables y ejemplares conquistas de las clases populares a lo largo del proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez, así como a las contribuciones a la unidad latinoamericana a través del Alba, Celac,  Unasur, Caricom, Petrocaribe.

¿Y el cine? ¿Y los cineastas? ¿Mantenemos los cimientos hacedores de estos años? ¿Somos meros observadores de los acontecimientos? ¿Enajenamos el oficio creador por el oficio de vivir? ¿Somos ciudadanos al margen de las coyunturas de la sociedad? ¿El cine documental testimonia de manera consecuente cuanto acontece en nuestros días de asedio imperial y desafueros fascistas? ¿Acaso los cineastas latinoamericanos no han sido dentro del movimiento cultural del continente y del Caribe, abanderados del proyecto bolivariano-martiano: la Patria es América.

Son interrogantes que permanentemente nos formulamos en el seno de nuestras agrupaciones, en los más diversos encuentros, en la confrontación de las películas con el público, en las aulas de formación, incluyendo las debidas revisiones curriculares, en los foros organizativos, en los organismos de fomento cinematográfico erigidos por los propios cineastas.  Al día de ayer el balance es positivo, no solo por el desarrollo de la producción, sino también por la calidad, la cual se expresa en el abordaje de nuevos temas, en el fortalecimiento argumental y dramatúrgico y en las ambiciosas propuestas estéticas. También es cierto que el espectro pudiera oscurecerse si el fervor popular es avasallado por las ambiciones del capital transnacional, dígase el neo imperialismo rapaz.

Necesario es irrumpir de nuevo, invocar la unidad de acción de los cineastas, defender sus atributos y valores, mantener su inquebrantable fidelidad a la irrevocable aventura del espíritu. Cuando la imagen es combustión ilumina las esencias más profundas de la libertad creadora. Nunca pongamos a media asta la bandera de la imaginación.

Recordemos las exigencias de Glauber Rocha: Para el cineasta su estética es una ética, es una política. ¿Cómo puede –se preguntó– forjar una organización del caos en que vive el mundo capitalista, negando la dialéctica y sistematizando su proceso creador con los mismos elementos formativos de los lugares comunes y mentirosos y entorpecedores? “El cine es un cuerpo vivo, objeto y perspectiva. El cine no es un instrumento, el cine es una ontología”. 

Es de hervores la memoria. ¡Cuántas contiendas en el curso! Se nos fueron unos, nos llevaron a otros con saña mortal, y una y otra vez abrimos y nos cerraron puertas. Pero con enconado fervor se hicieron películas, se discutieron entre compañeros, nos las pusieron entre rejas, pero también florecieron en paredes y pantallas del continente hasta alzarse altivas en los grandes festivales del mundo.

Las relaciones de dependencia y el poder que las mantiene, si bien avasalla, domina y extiende su régimen de agravios, no sepulta los viejos antagonismos, por el contrario, los recrudece, al tiempo que origina nuevas contradicciones No escapa a la lucidez de los cineastas la observación certera de este estadio del desarrollo del capital. Ni tampoco que el neo imperialismo rapaz socave su propio “orden” alimentado por una voracidad que ha conducido a una nueva relación de dependencia: la dependencia financiera, fuente de una crisis sin salida, no sólo porque opone al capital internacional contra los pueblos nacionales, como fuerza opresora, anárquica, incontrolable, sino también porque transparenta sus turbulencias: crisis espiritual, política, ideológica y moral.

La voracidad del capital financiero conduce a una crisis estructural crónica, que afecta directamente a la humanidad toda. Las aberraciones del sector financiero se traducen en una estafa a escala planetaria. Desaparecieron los parámetros. La Casa Blanca es una oscura casa protectora y benefactora de capitalistas delincuentes, de banqueros forajidos. El sistema es un gigantesco basurero. Seguir leyendo AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

KARL MARX VIVE, DOS SIGLOS Y UN AÑO DESPUÉS DE SU NACIMIENTO. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

Después de la desaparición del llamado socialismo «real» –una formulación irónica concebida por sus enemigos para contraponerlo al ideal, porque había sido reducido de río a charco de aguas estancadas–, los burócratas y los positivistas del marxismo renunciaron a Carlos Marx (1818-1883). Los «viejos» tomos de Marx, Engels y Lenin fueron expulsados de sus bibliotecas personales. «Aquellos que no tenían un compromiso con los pobres –me dijo Frei Betto en una entrevista realizada en 1995–, y tenían la liberación como mera ideología teórica, se quedaron muy desorientados».

Paradójicamente, fueron los capitalistas, ajenos a cualquier conflicto de conciencia, quienes empezaron a reivindicar el legado del mayor estudioso del capitalismo, no para subvertirlo, sino para maximizar sus ganancias. En el artículo El regreso de Carlos Marx, de octubre de 1997, que publicara The New Yorker, por ejemplo, el periodista reproducía las palabras de un amigo cuya exitosa carrera de economista lo había llevado a un importante banco neoyorquino: «Mientras más tiempo paso en Walt Street, más me convenzo de que Marx tenía razón. (…) Hay un premio Nobel esperando por el economista que resucite a Marx y componga todo en un modelo coherente. Estoy absolutamente convencido de que el enfoque de Marx es la mejor forma de analizar el capitalismo».

El modelo coherente que reclamaba el banquero no aspiraba desde luego a redimir a los pobres, sino a recomponer el capitalismo, a salvarlo de sí mismo. Pero no podrá: un sistema que amenaza a la Humanidad (a ricos y a pobres por igual) con su destrucción, no puede salvarse, tiene que ser superado. La Revolución Cubana, en cambio, se salvó, porque no renunció a su esencia martiana y marxista, porque contó con el liderazgo de un hombre que unía esas tradiciones: Fidel Castro.

Armando Hart apuntaba en un comentario al artículo citado, escrito también en 1997: «El profeta del socialismo no nos habló solo de economía, sus descubrimientos se refieren a la economía política, tienen fundamentos filosóficos y nacen de una cultura ética fundamentada en la redención universal del hombre». La tradición patriótica cubana, anticolonial y antineocolonial, es y será necesariamente anticapitalista y antimperialista. Los pobres del mundo, en lucha por sus derechos fragmentados –lo que los hace inalcanzables, aunque esa fragmentación ilumine injusticias hasta entonces invisibilizadas–, han reincorporado el marxismo como una necesidad de signo inverso a la de sus explotadores. Hoy pocos dudan de su vigencia, aunque enfrentemos retos y circunstancias desconocidas por el Gigante de Tréveris.

Los problemas globales se agudizan: la pobreza y las desigualdades sociales, la brecha entre ricos y pobres, las discriminaciones de género, raciales, de credo, entre otras, y las desventajas sociales que de ellas se derivan, las migraciones al Norte, las guerras (a veces disfrazadas o revestidas de conflictos étnicos o religiosos, a veces descaradamente enunciadas como actos de fuerza imperial), el deterioro del medioambiente, la explotación de los países pobres por los países ricos… Mientras, nos envuelve una burbuja gigante: falsas noticias, construcción de modelos únicos de pensamiento, ilusionismo hollywoodense. Frente a todo ello, el marxismo es un arma insustituible, porque nos dota de pensamiento crítico y nos llama a la acción.

CARTA DE ANTONIO GRAMSCI AL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA SOVIÉTICO

Hoy hace 82 años que el luchador revolucionario y comunista italiano Antonio Gramsci, falleció en Roma, y hace 93 años que escribiera esta carta dirigida al Comité Central del Partido Comunista soviético, enfrascado entonces en la más aguda y desgarradora de sus pugnas internas.  
Como quien quiere evitar lo inevitable, Gramsci defiende a toda costa la unidad, al tiempo que vislumbra las terribles consecuencias que tal escisión, de concretarse aún más,  pudiera tener para el movimiento obrero y comunista internacional.  
Lo demás, en el caso de una u otra fracción, es historia no sólo conocida, sino padecida. Y lo que es peor, todo indica que la lección aún no ha sido aprendida. 

gramsci 1

Queridos camaradas:

Los comunistas italianos y todos los trabajadores conscientes de nuestro país han seguido siempre con la mayor atención vuestras discusiones. En vísperas de cada congreso y de cada conferencia del P.C.R. hemos estado siempre seguros de que, a pesar de la aspereza de las polémicas, la unidad del Partido no se hallaba en peligro; aún más, estábamos seguros de que al alcanzar una superior homogeneidad ideológica y orgánica, a través de tales discusiones, el Partido estaría mejor preparado y dotado para superar las múltiples dificultades inherentes al ejercicio del poder en un Estado obrero. Hoy, en vísperas de vuestra XV Conferencia no tenemos la misma seguridad que en el pasado; nos sentimos irresistiblemente angustiados; nos parece que la actual postura del bloque de las oposiciones y la dureza de las polémicas en el P.C. de la URSS exigen la intervención de los partidos hermanos. Es precisamente esta profunda convicción la que nos impulsa a dirigiros esta carta. Podría suceder que el aislamiento en que nuestro Partido se ve forzado a vivir nos haya llevado a exagerar los peligros que se refieren a la situación interna del Partido Comunista de la URSS; en todo caso no son exagerados nuestros juicios sobre las repercusiones internacionales de esta situación y, como internacionalistas, queremos cumplir con nuestro deber.

La situación interna de nuestro partido hermano de la URSS nos parece diferente y mucho más grave que en las precedentes discusiones, porque hoy vemos producirse y verificarse una escisión en el grupo central leninista que ha sido siempre el núcleo dirigente del Partido y de la Internacional. Una escisión de este género, independientemente de los resultados numéricos en las votaciones del Congreso, puede tener las más graves repercusiones, no sólo si la minoría de oposición no acepta con la máxima lealtad los principios fundamentales de la disciplina revolucionaria del Partido, pero también si sobrepasa, en el curso de su lucha, ciertos límites que son superiores a toda la democracia formal.

Una de las más preciosas enseñanzas de Lenin ha sido la de que debemos estudiar mucho los juicios de nuestros enemigos de clase. Pues bien, queridos camaradas, lo cierto es que los periódicos y los hombres de Estado más notables de la burguesía internacional contemplan atentamente este carácter orgánico del conflicto existente en el núcleo fundamental del Partido Comunista de la URSS, cuentan con la escisión de nuestro partido hermano y están convencidos de que la misma llevará a la disgregación y a la lenta agonía de la dictadura proletaria, que esa escisión determinará esa catástrofe de la revolución que no lograron las invasiones y las insurrecciones de los guardias blancos. La misma fría circunspección con que hoy la prensa burguesa trata de analizar los acontecimientos rusos, el hecho de que procure evitar, en lo que le es posible, la violenta demagogia que le caracterizaba en el pasado, son síntomas que deben hacer reflexionar a los camaradas rusos, hacerles más conscientes de su responsabilidad. Hay aún otro motivo por el que la burguesía internacional cuenta con la posible escisión, o con la agravación de la crisis interna del Partido Comunista de la URSS. El Estado obrero existe en Rusia ya desde hace nueve años. Es cierto que sólo una pequeña minoría de las clases trabajadoras, e incluso de los mismos partidos comunistas en los otros países, está en condiciones de reconstituir en su conjunto todo el desarrollo de la revolución y de encontrar, incluso en los detalles que constituyen la vida cotidiana del Estado de los Soviets, la continuidad del hilo rojo que conduce hasta la perspectiva general de la construcción del socialismo. Y esto no exclusivamente en aquellos países en que no existe la libertad de reunión y la libertad de prensa ha sido completamente suprimida o está sometida a limitaciones inauditas, como en Italia (donde los tribunales han secuestrado y prohibido la impresión de los libros de Trotsky, Lenin, Stalin, Zinoviev y, últimamente hasta del Manifiesto Comunista), sino también en los países en que aún nuestros partidos tienen la libertad de proporcionar a sus militantes y a la masa en general una documentación suficiente. En esos países, las grandes masas no pueden comprender las discusiones que tienen lugar en el Partido Comunista de la URSS, particularmente cuando alcanzan la violencia actual y afectan no a un aspecto de detalle, sino a todo el conjunto de la línea política del Partido. No sólo las masas trabajadoras en general, sino la misma masa de nuestros partidos ven y quieren ver en la República de los Soviets, y en el Partido que está en el gobierno, una única unidad de combate que actúa en la perspectiva general del socialismo. Y sólo en cuanto las masas occidentales europeas ven a Rusia y al partido ruso desde este punto de vista, aceptan voluntariamente, y como un hecho históricamente necesario, que el Partido Comunista de la URSS sea el partido dirigente de la Internacional, sólo por eso hoy la República de los Soviets y el Partido Comunista de la URSS constituyen un formidable elemento de organización y de propulsión revolucionaria.

Los partidos burgueses y socialdemócratas, por la misma razón, explotan las polémicas internas y los conflictos existentes en el Partido Comunista de la URSS; quieren luchar contra la influencia de la Revolución rusa, contra la unidad revolucionaria que en todo el mundo se está forjando en torno al Partido Comunista de la URSS. Queridos camaradas, es sumamente significativo que en un país como Italia, donde las organizaciones estatales y del partido del fascismo logran aplastar toda manifestación importante de vida autónoma de las grandes masas obreras y campesinas, es significativo que los periódicos fascistas, especialmente en las provincias, estén llenos de artículos, técnicamente bien elaborados para la propaganda, con un mínimo de demagogia y expresiones injuriosas, en los que se busca demostrar, con evidente esfuerzo de objetividad, que en la actualidad, según las mismas manifestaciones de los líderes más conocidos del bloque de la oposición del Partido Comunista de la URSS, el Estado de los Soviets está transformándose, de toda evidencia, en un puro Estado capitalista, y que, por tanto, en el duelo mundial entre fascismo y bolchevismo, el fascismo prevalecerá. Esta campaña, si bien muestra cuán enorme es la simpatía de que goza la República de los Soviets en las grandes masas del pueblo italiano, que en algunas regiones no recibe desde hace seis años más que escasa literatura ilegal del Partido, también muestra que el fascismo, que conoce muy bien la real situación interna italiana, ha aprendido a trabajar con las masas y procura utilizar la postura política del bloque de las oposiciones para romper definitivamente la firme hostilidad de los trabajadores al gobierno de Mussolini y para conseguir, al menos, un estado de ánimo en el que el fascismo aparezca como una ineluctable necesidad histórica, no obstante la crueldad y las calamidades que le son inherentes. Seguir leyendo CARTA DE ANTONIO GRAMSCI AL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA SOVIÉTICO

HAYDÉE Y NUESTRA AMÉRICA. ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

Además de cubanos, Haydée mantuvo relaciones estrechas con muchísimos intelectuales latinoamericanos.
Además de cubanos, Haydée mantuvo relaciones estrechas con muchísimos intelectuales latinoamericanos.Foto: Fernando Lezcano

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

RETAMAR 2Heroína del Moncada, la Sierra y la lucha clandestina, Haydée Santamaría era ya una leyenda viva cuando se le encomendó crear, a raíz del triunfo revolucionario en 1959, la Casa de las Américas. Y lo hizo con la misma capacidad y la misma pasión con que hizo todo.

Llevó a la nueva tarea su valor, su carisma, su excepcional inteligencia, su intuición, su bondad, su don para dirigir, su lealtad a Fidel. Martiana de raíz, se volcó en lo que el Maestro había llamado «Nuestra América». Atrajo a grandes figuras del área, como el argentino Ezequiel Martínez Estrada, el guatemalteco Manuel Galich, quien fundó la dirección de Teatro, el uruguayo Mario Benedetti, quien hizo nacer el Centro de Investigaciones Literarias, los cubanos Mariano Rodríguez y Harold Gramatges, fundadores, respectivamente, de las direcciones de Artes Plásticas y Música. (Sobrevivimos en la Casa, del Consejo de Dirección del tiempo de Haydée, las compañeras Marcia Leiseca, Silvia Gil y Chiki Salsamendi y quien esto escribe).

Además de cubanos, Haydée mantuvo relaciones estrechas con muchísimos intelectuales latinoamericanos, como los argentinos Arnaldo Orfila, Julio Cortázar, David Viñas y Haroldo Conti, los uruguayos Idea Vilariño, Ángel Rama y Eduardo Galeano, los colombianos Gabriel García Márquez y Alejandro Obregón, los dominicanos Camila Henríquez Ureña y Juan Bosch, el venezolano Aquiles Nazoa, el mexicano Efraín Huerta, el peruano José María Arguedas, los salvadoreños Claribel Alegría y Roque Dalton, los chilenos Roberto Matta y Víctor Jara, el brasileño Thiago de Mello, el nicaragüense Ernesto Cardenal, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, el puertorriqueño Manolín Maldonado Denis, para solo mencionar a algunos. He contado en otras ocasiones lo aleccionador que era, por ejemplo, ver a un escritor como Cortázar o a un pintor como Matta escuchar a Haydée con inmensa admiración, reconociendo la sabiduría de aquella mujer autodidacta y genial.

Se sabe lo decisiva que fue la defensa que Haydée hiciera de jóvenes músicos cubanos como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola. En ocasión memorable, Silvio dijo que el útero de la Nueva Trova había sido la Casa de las Américas: se refería, en verdad, a Haydée. Igual sentido de justicia la llevó a ella a intensificar su presencia en la Casa durante lo que Ambrosio Fornet llamó «el Quinquenio Gris».

Con la conducción de Haydée la Casa, a semejanza de lo que hizo el Icaic dirigido por Alfredo Guevara, logró que Cuba conservara vínculos con los demás países de nuestra América cuando los gobiernos de estos, salvo la honrosa excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba cumpliendo órdenes imperiales. La conducta inquebrantablemente revolucionaria de Haydée la llevó a presidir, a mediados de 1967, la conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Al inaugurarse dicha conferencia, un telón de fondo ostentaba el rostro de Simón Bolívar; y al clausurarse, el rostro era el del Che, quien peleaba entonces en Bolivia. Su asesinato, meses más tarde, hizo que Haydée le escribiera una conmovedora carta, publicada al frente de la entrega que dedicó al héroe la revista que es órgano de la Casa.

La Casa de las Américas sigue y seguirá siendo la Casa de Haydée. Los que tuvimos el privilegio de trabajar junto a ella, y los nuevos que nos acompañan, sabemos todos que la Casa es su hechura, y que están vivas sus claras orientaciones.

Fuente: GRANMA

NO SABER SI LO MATARON SINO CÓMO LO MATARON. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

GABO Y ESCALONA EN EL HERALDO DE BARRANQUILLA
Gabriel García Márquez y Rafael Escalona en el taller de El Heraldo de Barranquilla en 1950. © Scopell

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Los lectores de novelas policíacas –que somos muchos en el mundo– sabemos que el placer del enigma no es saber quién es el asesino, sino navegar por el archipiélago de las pistas y los despistes hasta descubrirlo en el momento justo en que lo previó el autor. La explicación no es tan tonta como parece y tiene mucho que ver con la ética de la lectura.

Saltar páginas para descifrar el final antes de tiempo es una debilidad moral que la propia conciencia se apresura a castigar. El cine policíaco parece estar un paso adelante: el espectador prefiere que lo hagan cómplice desde el principio y no que lo sorprendan en el minuto final con la revelación del misterio. Es decir: más que encontrar el muerto y a quien lo mató, lo que el espectador agradece es que lo lleven de la mano por los laberintos de la trama para participar en el descubrimiento del secreto.

Pues bien: la primera versión inédita de Crónica de una muerte anunciada pertenecía a esta última estirpe, de modo que la muerte del protagonista se mantenía en la duda hasta el final. Pues era el reportaje crudo y simple del asesinato de un amigo muy querido de mi infancia, cometido en 1951, cuando yo hacía mis primeros pinitos de periodista en El Heraldo de Barranquilla. Mi madre me suplicó entonces que no lo publicara por consideración con la familia de la víctima. Pero veintisiete años después -cuando por fin decidí publicarlo como libro- muchos de los protagonistas mayores ya habían muerto y las nuevas generaciones no tenían noticias del drama. Fue entonces cuando decidí -no sé por qué- que la muerte se revelara en el primer capítulo para que el lector quedara atrapado en la intriga y siguiera leyendo tranquilo página por página, y ojalá línea por línea, no para saber si lo mataron sino cómo lo mataron.

El añadido fue de sólo tres palabras al final del primer capítulo: Ya lo mataron. Sin embargo, ellas solas me cambiaron la perspectiva total del libro que ya creía terminado, y tuve que reescribirlo en su forma definitiva, no como reportaje sino como una novela compacta en primera persona, pero que ya no era vivida sino recordada por un cronista sin nombre que había sido testigo presencial y además había hecho la investigación del crimen al cabo de veintisiete años de olvido.

Fue una de esas inspiraciones inexplicables que suelen ser providenciales en la vida de un escritor. El cambio de género, por supuesto, me obligó a cambiar la estructura lineal y el realismo inmediato y apremiante del reportaje. Me reveló el problema de la responsabilidad colectiva y la moral interna de un drama tremendo que había ocurrido entre adolescentes cuya perplejidad -tal vez- no fue entendida nunca por sus mayores. Comprendí, en fin, que yo mismo ya no era el mismo después de tantos años corridos por debajo de los puentes. ¿Hice bien? Estoy convencido de que sí: la primera versión, como ya estaba escrita, habría sido un desastre sin la química de la nostalgia y los desafueros de la poesía.

Fuente: Gabriel García Márquez, Cambio, marzo de 1999.

Tomado de CALLE DEL ORCO

JULIO, OCHENTA AÑOS DESPUÉS

Ahora que el ICAIC cumple 60, encontré en mis archivos estas palabritas pronunciadas con motivo del 80 cumpleaños de Julio García Espinosa, en septiembre de 2006. También recuerdo que La Jiribilla las publicó. Es basado en la versión de ésta y en mis apuntes de entonces, que logré reconstruirlas. Julio se comportó de tal modo conmigo a lo largo de su vida, que merecerá mi elogio y gratitud siempre. Es el ICAIC que mejor recuerdo. (OG)
julio 1
El gran cineasta e intelectual cubano Julio García Espinosa, uno de los fundadores del ICAIC.

Hace poco celebramos aquí mismo, en la sala Chaplin, el ochenta cumpleaños de Alfredo; ahora el motivo de nuestra alegría es la fiesta de Julio. Sin lugar a dudas ha pasado el tiempo, y nosotros, que llegamos después, sentimos un gran compromiso y la suerte de tener bajo la sombrilla del ICAIC a dos de sus fundadores y a sus dos primeros responsables.

Quizás esto sea bastante singular entre las instituciones cubanas: que exista una relación cimentada en el respeto, en la colaboración y en la ética, entre los compañeros que en diferentes momentos les ha tocado dirigir una institución como esta, de larga vida y muchísimo prestigio en la cultura cubana, en la cultura latinoamericana y, sin ninguna modestia pero con mucho realismo, en la cultura universal.

A esa relación que se dio durante muchos años entre Julio y Alfredo, ese one-two excepcional, se le echa de menos hoy en el ICAIC de nuestros días. Si bien están, su papel es diferente. Entonces el uno complementaba al otro y ambos hicieron posible un momento irrepetible, por el que hay sin lugar a dudas nostalgia entre los antiguos trabajadores del Instituto.

Con Julio nosotros hablamos muy a menudo y de muchos temas, es un asesor absolutamente comprometido, y lo más útil de esas conversaciones, de esos diálogos, es lo que él les aporta. Cada una de esas aproximaciones al cine, al destino del cine en Cuba, al momento que vive el mundo –en el caso del audiovisual, particularmente–, dejan un saldo muy provechoso en quienes participamos de tales pláticas, porque Julio es coherente absolutamente con todo lo que ha escrito y con todo lo que ha hecho.

En su obra cinematográfica a veces uno advierte la impronta de sus palabras, y en estos mismos pasajes que acabamos de ver, hemos sentido cómo se nos “conduce”, cómo se nos hace pensar y sentir lo que él quiere que pensemos o sintamos de una manera directa, no muy elíptica o parabólica precisamente. Eso hace que su obra y su vida tengan un estilo y, eso mismo, un sentido, aunque sea muy difícil lograrlo para cualquier creador. La obra cinematográfica de Julio es perfectamente identificable, reconocible, en el contexto de otras filmografías cubanas; tiene una huella suya, única y constantemente provocadora. Porque Julio es un provocador que con sus reflexiones mueve permanentemente el intelecto en la dirección de la inconformidad. Él es un inconforme dotado de una lucidez renacentista.

Yo digo siempre que a nosotros nos quedan pocos renacentistas, en el sentido en que lo fueron Alejo Carpentier o Lezama Lima. Retamar es uno de esos pocos renacentistas que nos quedan, y está, además y por suerte, en esta sala. Aquí están también otros muchos amigos de Julio: artistas de la Plástica, como Fabelo, cineastas, como Pepe Massip, que estuvo con Julio en la fundación del ICAIC, y muchos otros compañeros de fila. Pero nos están haciendo falta más pensadores y artistas de la talla de Julio.

Con gratitud y responsabilidad, he querido destacar su coherencia, su organicidad como intelectual revolucionario cubano; el hecho de haberse mantenido fiel a ese credo político y estético, su vocación de compartir, de enseñar –hoy es el director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, luego de haber sido también uno de sus fundadores–, precisamente cuando muchos a su edad se dedican a escribir memorias, que también serían enjundiosas en su caso, o a contar la historia de otra manera a como sucedió realmente .

Julio está constantemente buscándose “problemas” –y le quedan muchos todavía por buscarse–; así, está pensando qué va a hacer el año próximo cuando en la Escuela haya que decidir quién será el nuevo director de la institución. En este período que Julio ha sido su director, la escuela ha avanzado muchísimo en el campo de las humanidades, por ejemplo, y en la vinculación con la cultura y la realidad cubanas. A él, démoslo por seguro, jamás le faltará trabajo. Es un artista..

Julio ha estado en todos los momentos, en todas las convocatorias de la cultura cubana y de la sociedad contemporánea a los intelectuales, no sólo como adherente, también como protagonista. No hubo un hecho social o político importante en que él no estuviera aportando su inteligencia, su visión comprometida con el destino de la Patria. En cada espacio, en cada asesoría, en los debates, en los talleres, siempre lleva consigo, y para los demás, esa hondura, esa inconformidad fundamentada, que tan útil resulta en momentos de egoísmo y ligereza.

Cuando se llega a la edad de 80 años (y debo acotar que Julio me decía hace unos días que anhelaba que llegara el 2007, para ver si nadie le recordaba sus cumpleaños); cuando se ha vivido, decía yo, como ha vivido Julio, llegar a los 80 años significa ese signo de renovación al que se refería Víctor (Fowler): se siente que falta mucho, se siente que se está vivo, que queda muchísimo por hacer. (Ahora mismo, por ejemplo, él quiere, cuando deje la Escuela, filmar la película de su papá, y habrá que procurarle el financiamiento necesario para que haga su película.)

Julio querido, para terminar, te digo que todos los que hemos venido a celebrar tu cumpleaños en esta sala, y los muchos que faltan, estamos complacidos y felices contigo y con tu obra, aunque te lo estemos diciendo diecisiete días después de la fecha real de tu onomástico. Así es la vida, hermano, cuando entras y sales de la eternidad tan a menudo como tú.

22 de septiembre de 2006.

MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS

MARLON BRANDO
Marlon Brando Autor: LAZ 

CIRO BIANCHIDicen que aquella visita fue consecuencia de una apuesta. Marlon Brando compartía con amigos en un cabaret de Miami cuando uno de los del grupo se explayó sobre la música cubana, el danzón, el bolero, el novedoso chachachá y de la música afro con sus tumbadoras, bongoes, quijadas de burro.

—Con gusto me iría ahora mismo a La Habana —exclamó el famoso actor de Nido de ratas y Un tranvía llamado Deseo, que había escuchado extasiado el recuento. Vestía pantalones de vaquero, zapatos tipo tenis y abierta camisa deportiva.

—¿Por qué no lo haces así como estás vestido? —inquirió alguien.

—¿Apuestas algo?

—Lo que quieras…

—Pues… a La Habana me voy.

Con aquel vestuario informal, Brando se fue al aeropuerto para coincidir en la sala de espera con Gary Cooper que, vestido de manera impecable, era como el reverso de la medalla. También viajaría a la capital cubana el laureado intérprete de El sargento York. En la terminal aérea habanera los entrevistaría el periodista Alfredo Guas para la emisora radial del aeropuerto.

—Vengo a visitar a mi amigo, el novelista Ernest Hemingway —declaró Cooper.

Brando expresó por su parte:

—Vengo a ver bailar la rumba. A practicar el toque de las tumbadoras y a comprarme un par de bongós.

Iba a hacer realidad un sueño largamente acariciado. Desde sus días de estudiante en Actor Studio, y tal vez desde antes, sentía afición por la música afrocubana, y no era raro que acudiera al Palladium, en Broadway, a bailar al compás de ritmos llegados de la Isla. No pocos de los que volvían de La Habana lo hacían deslumbrados por los tambores que les fue dable escuchar en las casi marginales «fritas» de Marianao, aquellos pequeños y rústicos centros nocturnos que se alineaban entre las dos rotondas de la Quinta Avenida, desde el Rumba Palace a El Niche; paradójicamente frente por frente al Coney Island y al Habana Yacht Club, la instalación recreativa más exclusiva de la capital. Se moría, sobre todo, por conocer y escuchar a Silvano Shueg, el percusionista santiaguero, más conocido como Chori, y que era capaz de sacarle música a los objetos más insospechados.

Puñetazos en Sans Souci

Marlon Brando desconcertaba a los que lo trataban. Ídolo de las multitudes, parecía sin embargo vivir agobiado por su nombre y cansado de la fama. No era remiso a confesar sus ganas de abandonar el cine para, libre de miradas y opiniones ajenas, vivir su propia vida. Se sentía demasiado escrutado por gente que llevaba la cuenta de los pocos romances que se le conocían y el tibio entusiasmo que mostraba por sus parejas. Un día se sintió tan desconcertado que corrió a esconderse en casa de su sicoanalista. Después de todo, él no era culpable de que le exigieran más de lo que quería dar, como aquella vez que el director cinematográfico Elia Kazan le pidió que visitara a Tennesse Williams. El afamado dramaturgo se deslumbró con la buena pinta del muchacho y demoró menos de un minuto en ofrecerle el protagónico en Un tranvía llamado Deseo.

Tratando de mantenerse en la sombra, Brando  buscó alojamiento en La Habana en un hotel de tercera fila en el que se registró como Mr. Baker. Era el 19 de febrero de 1956. No demoró en ponerse en contacto con Clemente «Sungo» Carrera, un pelotero cubano que jugaba en las Grandes Ligas. Esa misma noche irían al cabaret Sans Souci, en la carretera de Arroyo Arenas. Brando quería saludar a la actriz y cantante Dorothy Dandridge, la estrella del show que el centro nocturno tenía en escena, y de paso explorar si alguien conocía de algún bongó en venta. Un bongó ya «curado» por un buen músico cubano.

El bongosero de la orquesta no quiso vender el suyo, y no había nada en venta, que se supiera. Brando no se interesó por ninguno de los instrumentos que los integrantes de la orquesta trataron de meterle por los ojos. Pero el ir y venir de los músicos hasta aquella mesa, llamó la atención del fotógrafo del cabaret, que no demoró en identificar al actor y comenzar a acribillarlo a flashazos. La intrusión sacó de quicio al artista; hubo palabras fuertes y algún que otro puñetazo, mientras que Dorothy trataba de calmar los ánimos desde la pista y Sungo sacaba del establecimiento a su indignado amigo.

Tampoco tuvo suerte Brando en Tropicana, pero allí el maestro Armando Romeu, director de la orquesta de la instalación, le informó que su amigo Armesto Murgada tenía unos bongós muy buenos, aunque desconocía si los vendería. Seguir leyendo MARLON BRANDO EN LA HABANA. CIRO BIANCHI ROSS

SILVIO RODRÍGUEZ: “CUANDO ESCRIBÍ ‘EL NECIO’ ESTABA PENSANDO EN FIDEL”. (VÍDEO DE LA CANCIÓN)

Hace una década, en medio de una entrevista con Radio Nacional de Venezuela, Silvio Rodríguez contó la historia tras “El necio”, una canción publicada en 1992, en un disco titulado simplemente Silvio, donde el trovador evoca al líder de la Revolución cubana, a quien llamó “un maestro del humanismo”.

“Cuando escribí ‘El necio’, estaba pensando en Fidel y, hasta cierto punto, en mí”, comienza el relato de Silvio Rodríguez.

“Lo que me llevó a escribir —dijo el músico— fue el ambiente ideológico de fines de los 80, principios de los 90, el derrumbe del campo socialista. Ya estaba la glásnost en la Unión Soviética y se veía que aquello apuntaba hacia algo catastrófico. Hubo varios periodistas en La Habana que me preguntaban por qué no me pronunciaba al respecto. Y yo pensaba, sigo pensando y siempre pensé igual, que no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede. Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote. Mientras tanto, no puedo hacer nada, ni forzar las cosas, porque no me sale una buena canción”.

Según el trovador cubano, “es mejor quedarse con la boca cerrada a hablar boberías. Y en el caso de la canción, es más imperdonable todavía, porque, ¿cómo tú vas a hacer trascender algo que no vale la pena?”.

Seguir leyendo SILVIO RODRÍGUEZ: “CUANDO ESCRIBÍ ‘EL NECIO’ ESTABA PENSANDO EN FIDEL”. (VÍDEO DE LA CANCIÓN)

ALÍ, QUERIDO ALÍ. ROSA MIRIAM ELIZALDE

alí 4

ROSA MIRIAM ELIZALDE

ROSA MIRIAM 2Tristeza absoluta. Hablamos no hace tanto de agregar un nuevo capítulo a “Antes de que se me olvide” y de la revisión que le debías a un libro dedicado a Magoya, tu jefe en la guerrilla que vino a La Habana herido ya de muerte y “se nos fue como rayo”. Tengo las transcripciones de esa conversación con el Comandante Magoya, a ratos inexplicables, porque se me escapan los nombres de los personajes y los venezonalismos intrincados del viejo revolucionario.

En los últimos tiempos volvíamos una y otra vez a los días de la guerrilla y repasábamos los cuentos de la clandestinidad y de la guerra, con Magoya, El Cabito y el Catire Larralde como protagonistas que, si no fuera por la devoción que le tenías a la verdad, habrían parecido personajes inventados por un loco. “La realidad siempre es más delirante que cualquier novela”, dijiste.

A veces pienso que la del Comandante Fausto fue la etapa más plena de alguien que estuvo, no en los márgenes, sino en los hechos y fechas recordables de la Historia de Venezuela en los últimos 60 años: el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez, la clandestinidad, la guerra y la paz, los informes de la CIA, la Revolución pospuesta, las batallas partidistas y parlamentarias, el Caracazo, Hugo Chávez antes, durante y después de la rebelión de febrero de 1992, la OPEP, el Golpe de Estado del 2002 y el Paro Petrolero, las tensiones de varios ministerios, UNASUR, la Embajada de Venezuela en Cuba…

No hay otro venezolano que haya vivido tan intensamente y por tanto tiempo la Historia en mayúsculas de su país y que lo llevara con tanta humildad, decencia y aplomo. Quizás porque te habías visto tantas veces frente a la muerte y no le temías. “Ya la conozco. De alguna forma ya la conozco”, y me contaste de Samuel Beckett que hablaba de la “extraña obligación de seguir adelante”.

Cada vez que escuche “bella ciao” recordaré que la cantamos juntos con el Malecón de testigo, felices de haber terminado aquel libro tras cinco años de idas y vueltas de La Habana a Caracas. Inevitablemente volveré a abrazar aunque sea mentalmente al amigo, último de los partisanos que nos quedaba en este mundo.

Alí, querido Alí.

GARCÍA MÁRQUEZ: LA PRIMERA NOCHE DEL BLOQUEO

Aquella noche, la primera del bloqueo, había en Cuba unos 482 560 automóviles, 343 300 refrigeradores, 549 700 receptores de radio, 303 500 televisores, 352 900 planchas eléctricas, 286 400 ventiladores, 41 800 lavadoras automáticas, 3 510 000 relojes de pulsera, 63 locomotoras y 12 barcos mercantes. Todo eso, salvo los relojes de pulso que eran suizos, había sido hecho en los Estados Unidos.

Al parecer, había de pasar un cierto tiempo antes de que la mayoría de los cubanos se dieran cuenta de lo que significaban en su vida aquellos números mortales. Desde el punto de vista de la producción, Cuba se encontró de pronto con que no era un país distinto, sino una península comercial de los Estados Unidos. Además de que la industria del azúcar y el tabaco dependían por completo de los consorcios yanquis, todo lo que se consumía en la Isla era fabricado por los Estados Unidos, ya fuera en su propio territorio o en el territorio mismo de Cuba. La Habana y dos o tres ciudades más del interior daban la impresión de la felicidad de la abundancia, pero en realidad no había nada que no fuera ajeno, desde los cepillos de dientes hasta los hoteles de veinte pisos de vidrio del Malecón.

Cuba importaba de los Estados Unidos casi 30 000 artículos útiles e inútiles pera la vida cotidiana. Inclusive los mejores clientes de aquel mercado de ilusiones eran los mismos turistas que llegaban en el Ferry boat de West Palm Beach y por el Sea Train de Nueva Orleáns, pues también ellos preferían comprar sin impuestos los artículos importados de su propia tierra. Las papayas criollas, que fueron descubiertas en Cuba por Cristóbal Colón desde su primer viaje, se vendían en las tiendas refrigeradas con la etiqueta amarilla de los cultivadores de las Bahamas. Los huevos artificiales que las amas de casa despreciaban por su yema lánguida y su sabor de farmacia tenían impreso en la cáscara el sello de fábrica de los granjeros de Carolina del Norte, pero algunos bodegueros avispados los lavaban con disolvente y los embadurnaban de caca de gallina para venderlos más caros como si fueran criollos.

No había un sector del consumo que no fuera dependiente de los Estados Unidos. Las pocas fábricas de artículos fáciles que habían sido instaladas en Cuba para servirse de la mano de obra barata estaban montadas con maquinaria de segunda mano que ya había pasado de moda en su país de origen. Los técnicos mejor calificados eran norteamericanos, y la mayoría de los escasos técnicos cubanos cedieron a las ofertas luminosas de sus patrones extranjeros y se fueron con ellos para los Estados Unidos. Tampoco había depósitos de repuestos, pues la industria ilusoria de Cuba reposaba sobre la base de que sus repuestos estaban sólo a 90 millas, bastaba con una llamada telefónica para que la pieza más difícil llegara en el próximo avión sin gravámenes ni demoras de aduana.

A pesar de semejante estado de dependencia, los habitantes de las ciudades continuaban gastando sin medida cuando ya el bloqueo era una realidad brutal. Inclusive muchos cubanos que estaban dispuestos a morir por la Revolución, y algunos sin duda que de veras murieron por ella, seguían consumiendo con un alborozo infantil. Más aún: las primeras medidas de la Revolución habían aumentado de inmediato el poder de compra de las clases más pobres, y éstas no tenían entonces otra noción de la felicidad que el placer simple de consumir. Muchos sueños aplazados durante media vida y aun durante vidas enteras se realizaban de pronto. Sólo que las cosas que se agotaban en el mercado no eran repuestas de inmediato, y algunas no serían repuestas en muchos años, de modo que los almacenes deslumbrantes del mes anterior se quedaban sin remedio en los puros huesos.

Cuba fue por aquellos años iniciales el reino de la improvisación y el desorden. A falta de una nueva moral  –que aún habrá de tardar mucho tiempo para formarse en la conciencia de la población–el machismo Caribe había encontrado una razón de ser en aquel estado general de emergencia.

El sentimiento nacional estaba tan alborotado con aquel ventarrón incontenible de novedad y autonomía, y al mismo tiempo las amenazas de la reacción herida eran tan verdaderas e inminentes, que mucha gente confundía una cosa con la otra y parecía pensar que hasta la escasez de leche podía resolverse a tiros. La impresión
de pachanga fenomenal que suscitaba la Cuba de aquella época entre los visitantes extranjeros tenía un fundamento verídico en la realidad y en el espíritu de los cubanos, pero era una embriaguez inocente al borde del desastre.

En efecto, yo había regresado a La Habana por segunda vez a principios de 1961, en mi condición de corresponsal errátil de Prensa Latina, y lo primero que me llamó la atención fue que el aspecto visible del país habla cambiado muy poco, pero que en cambio la tensión social empezaba a ser insostenible. Había volado desde Santiago hasta La Habana en una espléndida tarde de marzo, observando por la ventanilla los campos milagrosos de aquella patria sin ríos, las aldeas polvorientas, las ensenadas ocultas, y a todo lo largo del trayecto había percibido señales de guerra. Grandes cruces rojas dentro de círculos blancos habían sido pintadas en los techos de los hospitales para ponerlos a salvo de bombardeos previsibles. También en las escuelas, los templos y los asilos de ancianos se habían puesto señales similares. En los aeropuertos civiles de Santiago y Camagüey había cañones antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial disimulados con lonas de camiones de carga y las costas estaban  patrulladas por lanchas rápidas que habían sido de recreo y entonces estaban destinadas a impedir desembarcos. Por todas partes se veían estragos de sabotajes recientes: cañaverales calcinados con bombas incendiarias por aviones enviados desde Miami, ruinas de fábricas dinamitadas por la resistencia interna, campamentos militares improvisados en zonas difíciles donde empezaban a operar con armamentos modernos y excelentes recursos logísticos los primeros grupos hostiles a la Revolución.  Seguir leyendo GARCÍA MÁRQUEZ: LA PRIMERA NOCHE DEL BLOQUEO

EL CINE CUBANO Y LA LITERATURA. WICHY NOGUERAS

LUIS ROGELIO NOGUERAS*

El cine cubano de ficción se ha nutrido hasta hoy, básicamente, de guiones originales más que de obras literarias. Ello se ha debido, en parte, a la urgente necesidad de  elaborar un lenguaje propio que tenían –en los primeros años de poder revolucionario– los jóvenes cineastas de la Isla; pero también –es  justo reconocerlo– a que la narrativa,  que  debía haber  aportado una especie de «reserva» (en la cual nuestros realizadores cinematográficos encontraran temas para sus filmes) era y en  cierta medida es aún relativamente escasa en un país que, como Cuba, ha tenido siempre una más sólida y sostenida tradición poética.

No obstante, en los 20 años transcurridos desde la creación del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, se han llevado a la pantalla algunas  obras literarias, la mayor parte de las veces en versiones libres, lo cual, dicho sea de paso, no solo es un derecho legítimo del cine, sino casi una necesidad, habida cuenta que el cine y la literatura son dos sistemas de signos distintos.

La primera novela que entró en nuestra cinematografía fue la célebre obra de los humoristas soviéticos Ilya Ilf y Eugene Petrov Las doce  sillas. En los años iniciales de la Revolución  de Octubre, los burgueses abandonaron masivamente a Rusia; pero imposibilitados de llevarse con ellos sus joyas, y en la errónea creencia de que los bolcheviques no podrían mantenerse por mucho tiempo en el poder, las ocultaron, a veces en sitios inverosímiles. Las doce sillas es, precisamente, la rocambolesca historia de uno de esos tesoros ocultos. Algo similar ocurrió en Cuba después de 1959. Por eso no le resultó difícil al realizador Tomás Gutiérrez Alea adaptar la hilarante obra de Ilf y Petrov y entregarnos así su divertida versión de Las doce sillas, filme, por cierto, que batió en su momento récords de taquilla.

El propio Gutiérrez Alea filmó en 1963 una historia basada en la amarga novela Gobernadores del rocío,  del gran escritor haitiano Jacques Roumain. El filme (titulado Cumbite) no alcanzó ni la calidad ni la popularidad de Las doce sillas, aunque  hoy  podemos reconocerle algunos valores, en especial de ambientación.

En 1967 Julio García Espinosa rueda Las aventuras de Juan Quinquín, sobre la novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho, del poeta, narrador y folclorista villaclareño Samuel Feijóo. El gracejo campesino de los diálogos, la frescura y espontaneidad de la estructura, el bien logrado humor de las situaciones hacen del filme de García Espinosa una obra inolvidable.

Ese mismo año Sergio Giral realiza el documental El cimarrón, inspirado en el bestseller mundial Biografía de un cimarrón, del cubano Miguel Barnet, y al año siguiente (1968), Gutiérrez Alea termina una de las películas cubanas más elogiadas por la crítica internacional: Memorias del subdesarrollo, basada en la novela homónima de Edmundo Desnoes. Como ha ocurrido en muchas ocasiones, la excepcional calidad del filme no se debe tanto a la desigual noveleta de Desnoes como al guion, en el que laboraron el propio escritor y Gutiérrez Alea.

Manuel Herrera utilizó para su filme Girón (1972) no solo testimonios personales de combatientes, sino también las obras Girón en la memoria, de  Víctor Casaus, y Amanecer en Girón, del piloto de  guerra  Rafael del Pino. También en 1972, Sergio Giral filma El otro Francisco, filme que pretende mostrar y rebatir las concesiones ideológicas  que hizo en su Francisco nuestro costumbrista cubano del siglo XIX Anselmo Suárez y Romero.

Cuatro  años más tarde (1976), el propio Giral realiza Rancheador, inspirándose en el extraordinario documento literario Diario de un rancheador, de Cirilo Villaverde.

Lugar aparte merece la coproducción cubano-franco-mexicana El recurso del método, del realizador chileno Miguel Littín. Basado en la célebre novela de Alejo Carpentier, el filme de Littín es una excelente muestra de adaptación cinematográfica de una obra literaria por demás compleja y muy afincada en los secretos de la palabra.

Resulta significativo que la década del 80 se inicie con Cecilia, de Humberto Solás. A 20 años  del  nacimiento de nuestro cine  revolucionario, la más popular obra  literaria  cubana de ficción (Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde) llega a las pantallas, seguramente enriquecida con las enormes posibilidades que brinda el cine y el indiscutible talento de Solás.

Las predicciones en materia de arte resultan siempre fallidas. Pero no es imposible avizorar desde aquí que el cine cubano, dueño ya  de sus recursos expresivos, está en inmejorables condiciones para replantearse la posibilidad de buscar, en las obras literarias que ha producido nuestro país, desde El espejo de paciencia (1608) hasta hoy, nuevas fuentes de inspiración.

*Intelectual cubano (1944-1985). Artículo tomado del libro De nube en nube. Presumiblemente, fue escrito en 1980 para ser presentado como ponencia en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Fuente: GRANMA