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SIETE AÑOS SIN CHÁVEZ. ATILIO A. BORÓN

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ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3Se cumplen hoy siete años de la desaparición del Comandante Eterno, de una de las grandes figuras de la historia contemporánea de América Latina y el Caribe. Puesto a escribir unas líneas para una breve recordación de un personaje inolvidable caí en la cuenta que siete es un número muy especial. En todas las religiones se le asigna un valor singular: el catolicismo, el judaísmo, el hinduismo e inclusive en la Grecia clásica el siete tenía un significado especial. Para los primeros, porque  siete son los dones del espíritu santo, los pecados capitales, los sacramentos y los días que tardó Dios en crear el mundo. Para la Kabalah, la interpretación mística de la Torá de los judíos el candelabro sagrado debe tener siete brazos, tantas como columnas tenía el templo de Salomón. En el hinduismo siete  son los chakras del ser y las ciudades sagradas de la India. En la Grecia Clásica se hablaba de los 7 sabios, se deleitaban escuchando las siete notas musicales  o contemplando los siete colores del arco iris, mientras sus astrónomos observaban la evolución de las siete fases tiene la luna y tomaban nota de los siete días de la semana.

Esta breve digresión se originó en una lectura perdida en el tiempo de una frase que leí y que en su momento me impresionó vivamente: el siete representaba el puente entre la deidad y los mortales. Y se me ocurrió pensar que justamente el querido Hugo estaría, tal vez hoy, vaya una a saber dónde, cruzando ese puente que lo convirtió en una deidad. Esto es, en un recuerdo, una presencia sorprendentemente cercana, una vivencia, que tiene la capacidad de influir sobre las acciones de quienes aún hoy permanecemos en el mundo de los vivos. Dante Alighieri y Jorge L. Borges se refirieron a menudo a ese número como algo especialísimo. Y Chávez también lo era, de ahí esta curiosa asociación. Reunía aquella condición que, una vez ido de este mundo, lo convertiría en un “recuerdo que mueve a mujeres y hombres”, que los influye, los llama a actuar, a no resignarse ante los crueles desafíos del imperio. Por eso hoy,  a exactos siete años de su siembra, lo necesitamos más que nunca. Esta Latinoamérica lacerada y desgarrada por la agresión del dictador mundial que ocupa la Casa Blanca -erigido en policía, fiscal, juez, jurado y verdugo del resto del mundo-  necesita más que nunca de la entrañable presencia del Comandante, de su saludable influjo. De aquel que en Naciones Unidos dijo “aquí huele a azufre” luego que George W. Bush dejara el podio. Lo necesitamos para que nos guíe con su ejemplo y su inmenso legado, con esa antorcha de la libertad y de la autodeterminación nacional que empuñó tan alto y con tanto brío. Chávez fue, como lo dije tantas veces, el enorme mariscal de campo que Fidel, el genial estratega cubano, necesitaba para propinarle al imperio su derrota más resonante en los ya lejanos días del 2005 en Mar del Plata. Su siembra lejos de borrarlo de la escena política agigantó su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos, comenzando por la heroica resistencia de la entrañable Venezuela ante la guerra que le hace Estados Unidos. Por uno de esos misterios que la historia universal reserva sólo para los grandes, su muerte lo convirtió en un personaje inmortal. Tenía razón Fidel cuando, al enterarse de su muerte dijo: “Ni siquiera él mismo sospechaba cuán grande era.”

SAMIR FLORES: EL AHUEHUETE QUE FLORECE. DALIRI OROPEZA

En este perfil sobre el defensor Samir Flores, diferentes voces narran la relación que tenía Samir Flores Soberanes con la naturaleza, con su familia, con la lucha, con la radio, con su pueblo, con la escuela autónoma que ahora lleva su nombre. Narra la defensa de la vida y da cuenta de la floración que la vida de Samir provocó.

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Amira, hija mayor de Samir Flores, de paseo en los Ahuehuetes de Amilcingo con su familia. Foto: Daliri Oropeza

DALIRI OROPESA*

Daliri_Oropeza.jps_AMILCINGO, MORELOS.- Si mi padre fuera un árbol sería un ahuehuete. Amira habla sobre Samir Flores Soberanes.

Un árbol de raíces pronunciadas y profundas que figuran serpientes estáticas en el perímetro del agua que corre. Entrelazadas, fibrosas. Los ahuehuetes crecen en conjunto formando un pasaje de árboles, ramas y rocas. Son árboles de vida prolongada.

En este entramado de árboles gigantes, Amira se sonríe con su mamá y sus hermanas. Se suben a las ramas, a los troncos. Se toman fotos. Recuerdan la última vez que vinieron con Samir.

—Se subió a ese ahuehuete, con los dos más pequeños, ahí tengo la foto— señala Liliana, compañera del defensor del territorio asesinado hace un año. Se asombra de que no le costó trabajo sostener a sus dos hijos arriba del ahuehuete. —De repente cada idea que se le ocurría… A veces nos llevaba a las 5 de la mañana a ver el amanecer, nos íbamos con las niñas; yo también le seguía sus locuras.

Esta zona de ahuehuetes junto al río se encuentra cerca de los campos donde Samir sembraba maíz, frijol, amaranto.

—Él se metió mucho con la agricultura orgánica y me decía: ‘ya encontré otra forma de cómo sembrar, de cómo alimentar la tierra pero sin dañarla, sin envenenarla’— de acuerdo con Liliana, esa era la relación que tenía Samir con Emiliano Zapata.

—‘¿Cómo nos podemos decir zapatistas o cómo podemos decir que somos de Morelos donde la lucha de Zapata inició por las tierras, por defenderlas, si nosotros estamos haciendo lo contrario? La estamos vendiendo, la estamos matando’, decía él, y era un dilema entre él mismo: ¿Cómo iba a hacer esas contradicciones?, estar defendiendo las tierras, pero a la misma vez, matándola con químicos, metiéndole venenos de fertilizantes al sembrar.

Samir coleccionaba las semillas de maíz propias de su tierra, tenía mazorcas de los más raros colores, pero siempre roja, azul, blanca, morada, y se guardaba las semillas que consideraba más peculiares.

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Los hijos menores de Samir juegan en el paseo de los ahuehuetes en Amilcingo. Foto: Daliri Oropeza

Liliana y sus hijas recorren con las plantas de sus pies las gruesas cortezas desgarradas a lo largo de un riachuelo. El movimiento del agua se hace escuchar en una pequeña caída donde forma una poza. Ahí está el más pequeño de la familia de Samir, rodeado de un resplandor café rojizo reflejado en el agua. Son tres hijas y un hijo.

Samir luchó por que este paseo de ahuehuetes no fuera privatizado para turismo del estado de Morelos. Junto con la comunidad de Amlilcingo lo defendió y quedó para uso abierto a la comunidad. Lo luchó por su familia y sus momentos ahí.

La principal lucha de Samir fue la de la Tierra con la siembra orgánica. Esa fue la primera defensa que dio, que le permitió entrar y participar en las demás.

El crecimiento de los ahuehuetes es lento y sus años de vida se miden en centurias. Requieren de mucha agua para crecer y, al mismo tiempo ayudan a mantener la humedad y los acuíferos.

Al entrar al paseo de estos árboles gruesos da una sensación de calidez y frescura. Los reflejos rojizos de los ahuehuetes colgantes dan cuenta de un viento que sopla espontáneo, mientras quienes tienen sus pies en el agua, observan, voltean al cielo, sonríen.

Samir, el ajonjolí

Las personas más cercanas a Samir concuerdan que era el mil usos, el mil oficios, el ajonjolí de todos los moles.

Agricultor, campesino, herrero, rotulista, maestro de primaria, informático, le gustaba montar caballo, tocaba el bajo en un grupo de música norteña, radialista, locutor, defensor del territorio. Estudió informática en la universidad y luego un año de derecho.

—Conoció a un pintor en Izucar (de Matamoros), aprendió con él, iba en las tardes a sus talleres; con óleo pintaba sobre platos, con el dedos. En Amilcingo vendía muy bien sus platos y me decía ‘a esto me voy a dedicar cuando esté viejito’. —recuerda Liliana que su compañero le decía.  Seguir leyendo SAMIR FLORES: EL AHUEHUETE QUE FLORECE. DALIRI OROPEZA

LA MALETA PERDIDA DE CARPENTIER. MARTA ROJAS

Una enorme maleta que se deshizo al ser suspendida, atesoraba en Francia pertenencias valiosas de Alejo Carpentier Valmont (1904-1980), entre ellas textos originales de materiales publicados, y originales sin publicar; cartas íntimas sobre su vida familiar y obras de arte

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MARTA ROJAS

Una enorme maleta que se deshizo al ser suspendida, atesoraba en Francia pertenencias valiosas de Alejo Carpentier Valmont (1904-1980), entre ellas textos originales de materiales publicados, y originales sin publicar; cartas íntimas sobre su vida familiar y obras de arte. Vi el contenido de la maleta, toqué los documentos, las obras de arte de pintores famosos, discos de música, programas de radio que fueron difundidos en su momento por la radio francesa. En fin, un tesoro artístico y humano trascendental. Su dueño, Alejo, la dejó en la casa de huéspedes donde vivía en París y viajó a Cuba. Poco tiempo después estalló la Segunda Guerra Mundial. El creador de la teoría de lo real maravilloso la daría por perdida.

Pero un día Lilia Esteban de Carpentier, su esposa, ya viuda, recibió una nota procedente de París. Se le anunciaba que en un ático, enclavado en una zona rural, había aparecido una maleta con un tesoro para la radio. La había hallado un pariente de los dueños de la casa en cuestión, que era un profesional de la radio francesa, y decía que la maleta perdida había pertenecido a «Alexis», con ese nombre conocían al presunto propietario del tesoro, al huésped que la dejó a guardar. Lilia debía ir a reconocer ese material diverso que contenía la vieja maleta, porque los parientes de las propietarias del ático donde estaba guardada, decían que por su contenido podía ser propiedad de Alejo Carpentier, quien había vivido en París en aquel momento y luego, se le conoció como escritor y diplomático en la Embajada de Cuba en París.

Lilia dio fe absoluta de que todo lo hallado en la maleta que se deshizo al levantarla y abrirla, había sido propiedad de Alejo, su esposo, ya fallecido nueve años antes del hallazgo. Tuve el privilegio de ver y tocar todo el contenido de la maleta que ella trajo a Cuba. ¿Qué tenía la maleta? Desde un recorte de periódico que da fe de la muerte, junto al héroe Sandino, de un cubano, hasta obras maestras de la pintura y una hermosa colección de cartas a famosos intelectuales; así como inconclusas obras del autor, entre otras, de El siglo de las luces, las que le valieron el Premio Cervantes en 1978 (primer latinoamericano en recibirlo), y que de seguro lo habrían hecho candidato al Nobel de Literatura, de no haber fallecido dos años después de merecer el Cervantes.

De todo cuanto leí, escrito de puño y letra por Alejo Carpentier, lo que más me conmovió fue una carta de él a su madre «Toutouche» (Lina Valmont), vísperas de la Segunda Guerra Mundial. La carta me hizo descubrirlo más allá de sus méritos literarios.

«Nunca podrás imaginarte la tristeza enorme que me causó esa carta ¡es una verdadera tragedia! Tu mudada, sobre todo, es algo terrible. ¿Es decir que por seis pesos, no pudiste seguir viviendo con la gente que te quería y cuidaba? ¿Y vives ahora en un cuarto de doce pesos?… «Toutouche, es absolutamente inútil seguir ilusionado: yo no puedo seguir viviendo en Europa. Esto tiene que acabar. Desde ahora mismo voy a comenzar a arreglar mi viaje de regreso».

Fuente: GRANMA

 

HAYDÉE SANTAMARÍA: LA HEROÍNA DEL MONCADA ENTRE FUEGO Y LUZ

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Su amor por la independencia de la Isla la hizo vincularse desde temprano con la causa revolucionaria. Estuvo aquel ajetreado 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba. Haydée Santamaría y su hermano Abel tomaban el hospital Saturnino Lora.

Era joven, como aquellos revolucionarios que luchaban por la libertad de Cuba. Había nacido en el municipio de Encrucijada, en la central provincia cubana de Villa Clara, el 30 de diciembre de 1922, hace 97 años. Y desde su temprana juventud, Haydée Santamaría Cuadrado estuvo del lado de los que arriesgan la vida para el bienestar de un país.

Fue editora de los periódicos clandestinos “Son los mismos” y “El Acusador”, junto a su hermano Abel Santamaría y otros revolucionarios, al tiempo que se mantenía vinculada a otras labores contra la dictadura, tras el golpe de Estado de 1952.

Su amor por la independencia de la Isla la hizo vincularse desde temprano con la causa revolucionaria. Estuvo aquel ajetreado 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba. Fidel Castro y un grupo de combatientes asaltaban el Cuartel Moncada. Haydée Santamaría y su hermano Abel tomaban el hospital Saturnino Lora, muy cercano a la institución militar en manos de la dictadura de Fulgencio Batista.

El objetivo era apoyar el asalto, pero el fracaso de la acción posibilitó que fuera hecha prisionera y, pese a que le dijeron que Abel y su novio Boris Luis Santa Coloma habían sido asesinados, jamás delató a sus compañeros.

Al referirse a la respuesta de Haydée, en su alegato de autodefensa, Fidel Castro expresaría: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana”. Ella se sobrepuso al dolor. Los esbirros de la tiranía le enseñaron los ojos de su hermano y los genitales de su novio. Y Haydée nunca habló. La vida se le hacía pedazos, pero la causa revolucionaria le daba luz.

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ALEJO CARPENTIER, UN LEGADO REAL Y MARAVILLOSO

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El 26 de diciembre se cumplió el aniversario 115 del nacimiento del escritor, reconocido como una de las principales figuras de la literatura latinoamericana.

Era 26 de diciembre y el mundo recibía a uno de los mejores escritores del mundo, el cubano Alejo Carpentier y Valmont (Lausana, Suiza, 26 de diciembre de 1904 – París, Francia, 25 de abril de 1980). Autor de título tan icónicos como Los pasos perdidos, El reino de este mundo, El siglo de las luces, El recurso del método, Concierto barroco o La consagración de la primavera, su fértil imaginación dotaría a la literatura universal de algunos de los más recordados personajes de todos los tiempos.

Nacido en Lausana, Suiza, Carpentier cultivó con éxito, además de la narrativa, la crítica periodística cultural y el ensayo y ostenta el título de ser el primer latinoamericano galardonado con el Premio Cervantes de Literatura. Igualmente, se destacó como teórico del mundo latinoamericano y caribeño, musicólogo y gestor de proyectos editoriales, plásticos y musicales.

Dentro de su extensa obra, son las obras barrocas como El siglo de las luces y El reino de este mundo las que más se conocen a nivel internacional, y son, además, de los más destacados referentes de la novelística latinoamericana, mientras su autor es considerado como uno de los intelectuales más excepcionales y descollantes de la vanguardia estética y el pensamiento cubanos.

Llegada a La Habana

Cuando Carpentier contaba apenas con unos cuatro o cinco años, su padre, un arquitecto francés y su madre una profesora rusa, deciden establecerse en La Habana.

El escritor, que en algún momento fuera estudiante de arquitectura, debió enfrentarse muy pronto a las duras realidades de la vida, pues no había alcanzado aún la mayoría de edad cuando su padre abandonó la familia y debió procurarse un sustento. Seguir leyendo ALEJO CARPENTIER, UN LEGADO REAL Y MARAVILLOSO

FIDEL SEGÚN LOCKWOOD

Imágenes del líder, el ser humano, que el fotorreportero estadounidense Lee Lockwood logró retratar y que nos regresan vivo, tremendo, vibrante, al Fidel de todos y todas
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Fidel le habla al pueblo de Santa Clara el 6 de enero de 1959. Foto: Lee Lockwood

Entre 1959 y 1969, el fotorreportero estadounidense Lee Lockwood retrató Cuba y al victorioso líder revolucionario Fidel Castro con una libertad sin precedentes. Aquel trabajo incluye una maratoniana entrevista con el propio líder cubano que se extendió durante siete días.

El periodista estadounidense mantuvo su extensa conversación con Fidel en Isla de Pinos en 1965 y ahí retrató al líder revolucionario hablando ante una multitud, sumergido hasta el cuello tras haber buceado, haciendo ejercicio, jugando con su perro Guardián o descansando sobre una hamaca.

“Cada día, durante varias horas, nos sentábamos Fidel, Vallejo (el comandante René Vallejo, que actuó como traductor) y yo alrededor de la mesita del porche a la entrada de la habitación de Castro (en una casa de campo de una sola planta, de madera), con el micrófono en medio de los tres, y hablábamos en voz baja, como en una sesión de espiritismo”, explica Lockwood en el prólogo del libro. “Una conversación con Castro es una experiencia extraordinaria y, hasta que te acostumbras, de lo más desconcertante (…) es uno de los conversadores más entusiastas de todos los tiempos”, asegura el autor.

La editorial Taschen publicó por primera vez en español en mayo de 2016 el libro del fotorreportero Lee Lockwood La Cuba de Fidel. Se trata de un libro de fotos de la primera década de la Revolución Cubana y la larga entrevista, de siete días, que Fidel Castro le concedió al periodista norteamericano.

Cubadebate recoge hoy algunas de esas imágenes del líder, el ser humano, que Lockwood logró retratar y nos regresan vivo, tremendo, vibrante al Fidel de todos.

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Fidel en 1959. Foto: Lee Lockwood
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Fidel sonriente, junto a Almeida y el Dr. Vallejos, en Manzanillo. Foto: Lee Lockwood
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Fidel se prueba un guante en un terreno de béisbol. A su lado el fotógrafo estadounidense Lee Lockwood
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Fidel jugando béisbol.1964. Foto: Lee Lockwood
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Con los trabajadores de una fábrica de cemento, 1964. Foto: Lee Lockwood

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DIMENSIÓN DE EUSEBIO. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO, EUSEBIO, CINTIO Y FINA EN VENECIA
Fina García Marruz, Cintio Vitier, Silvio Rodríguez y Eusebio Leal en Venecia

SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO 3Querido Eusebio. La primera vez que nos cruzamos no tuve forma de adivinar tu verdadera dimensión. Como sé que recuerdas, fue en la oficina que Aida tuvo en San Ignacio y Empedrado. Aquella mañana entraste un momento, le susurraste algo y después continuaste con tu paso silencioso y tu camisa de todos los cubanos. Fueron tan tenues tu entrada y tu salida que pude haber soñado tu presencia. Pero enseguida aquella entrañable mujer me contó que habías estado expuesto a “las crueles realidades de nuestras vidas”. Tú no lo supiste, pero desde ese instante estuve contigo.

Esto debió ocurrir hace apenas medio siglo. No recuerdo si Aida mencionó que eras el nuevo Historiador de la Ciudad. La verdad es que por entonces hablábamos poco de lo que éramos, siempre estábamos en lo que queríamos ser. En una ciudad donde cada jornada era historia vivísima del mundo, podían ser invisibles un estudioso, una funcionaria genial, un trovador.

Después empecé a distinguirte, siempre fugazmente, más allá de terceras y cuartas filas, como si prefirieras los perfiles bajos, como si huyeras de las luces. “Debe ser un vampiro”, pensé una vez que te vi al amparo de las sombras, desplegando tus artes. Pero llegaron los setentas y apareciste aquel equipo de arquitectos al que aporté, casualmente, unas fotos. Entonces comenzaba a perfilarse lo que venías bordando con paciencia de chino, y tuve un atisbo de tu dimensión. Por eso un día, en Camagüey, cuando develabas la placa de Agramonte, te dije bajito: “Hermano, yo creo que Ud. también va para el bronce”.

Nunca olvido aquella semana en que Alfredo nos hizo coincidir y tu explicabas el día que fundaron Venecia, en una plaza San Marcos que para mi sorpresa se anegaba, cerca de Caffe Florian, con Fina y con Cintio bajo el Puente de los Suspiros, donde hubo aquellas fotos. Luego, en la noche, nos descubríamos merodeando La Fenice, locos y emparentados por el mismo apetito.

Somos tan distintos, querido Eusebio, y a la vez tan iguales, que sobrecoge. Tú estuviste junto a tu madre hasta el fin, y yo vivo con la mía hasta que uno de los dos se vaya. Tú, aún cuando lo amado no siempre te ha correspondido, contra viento y marea has continuado amando. Y lo mejor es que has sabido hacerlo dejando fuera lo banal, maravilla cada vez más extraña.

Hoy, cuando tu obra y tu dimensión se hacen casi inabarcables, te confieso que me veo en ti, querido Hermano; no en tu incomparable estatura, benefactora de la ciudad y del país, sino en el cotidiano afán por extraer del fondo de nosotros lo que nos hace buenos.

Gracias por eso, desde y para siempre.

Silvio, 2 de julio y 2017

Fuente: SEGUNDA CITA

IMÁGENES DE CHILE, DESCARGA DESDE EL ALMA. OMAR GONZÁLEZ

OMAR GONZÁLEZ

Marcha 1 millón en Chile

omar gonzalez_coordinador del capitulo cubano de la Red de Redes_foto Ladyrene Perez_Cubadebate 2 [50%]Estuve en Chile en las postrimerías del último gobierno físico de Augusto Pinochet, y también cuando Estados Unidos y la oligarquía criolla no le permitían gobernar a Salvador Allende. Lo que más me llamó la atención tras el golpe de Estado, fue la muerte de la alegría. La gente se resguardaba en sus casas a las 10:00 pm. No había vida nocturna, ni se escuchaban carcajadas sonoras, ni cuecas multitudinarias con pañuelos rojos. Doy fe que nunca más oí la risa, una risa estridente, democrática, como solía decir el gran poeta cubano Nicolás Guillén.

En Valparaíso, la clase media hacía pasarela en los festivales, banalizaba sus lecturas y renunciaba, incluso, a los imprescindibles autores chilenos. Varios  adolescentes no supieron responderme un par de preguntas elementales sobre Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Los cineastas aún desconfiaban y tenían los negativos de sus obras a buen recaudo en los archivos del ICAIC, en La Habana.

Santiago estaba muerta y Concepción muy oscura y desolada, como los pueblos de Rulfo, pero con ínfulas de Múnich.

Varios años después retorné una vez más: Chile estaba norteamericanizándose de tal modo que me fue difícil reconocer algunos lugares otrora frecuentados por mí. Una pitonisa me dijo, así de pronto, que mi aura estaba oscura y que debía evitar los aviones y a los señores viejos y calvos. Algo de razón tenía la pobre mujer.

No olvidaré jamás que aquella visita coincidió con los dos conciertos que iba a ofrecer Michael Jackson en Santiago, de los cuales sólo uno se efectuó, pues los carabineros se negaron olímpicamente a garantizar la seguridad del estadio en la segunda ocasión, y, como es de suponer, hubo que suspenderlo. Pero aquel hecho, no obstante la caprichosa conducta del “rey del pop”, sirvió para probarme que los carabineros eran quienes mandaban realmente en Chile. Pinochet seguía siendo el único, el supremo, el verdadero rey.

Esta vez me fui a Lebu, un pequeño y hospitalario pueblo minero del Sur, a un festival de cine que quizás fuese entonces el más original y humano del mundo, y aproveché la ocasión para saber del poeta Gonzalo Rojas, otro grande pero desconocido amigo a pesar de sus lauros. Los adultos de Lebu y de Chile continuaban tristes, pero los niños no. Los ancianos vivían  un interminable toque de queda. Igual que en Berlín (occidental y oriental) cuando lo visité 30 años después de la derrota del fascismo. Qué raro y corrosivo era el humor entonces, y aún en Chile.

En Lebu escribí estos versos, cuya primera versión fue publicada aquí hace algún tiempo:

 DIÁLOGO SORDO CON UN GATO SIN NOMBRE 

Diles que vengan que esta ciudad me mata,
Que nací allá y ahora vivo la que será mi muerte,
Que aquí la bruma es honda y el sol demora un siglo. 

Diles que estoy tan solo que nadie me conoce;
Cuéntales que envejezco y que nada me asombra.
Hazles saber que lloro mientras tiendo la mano. 

Diles que estoy en Lebu, donde se acaba el mundo;
Que aquí la gente es noble y me arropa y me cuida,
Pero que vivo lejos y he olvidado quién soy. 

Diles que el agua quema y que el fuego es el hielo.

Hoy he vuelto a Chile, y a pesar de mis años salto en la Plaza Italia como el joven que soy. Veo pasar a Víctor con sus manos intactas. Hay esperanzas que nunca mueren.

En fin, sin idealizar la circunstancia actual, este Santiago de hoy me parece sencillamente otro, único en su historia. Ojalá no haya engaños que lo petrifiquen en la que sería mi alma renacida. Ojalá se abran para siempre las grandes alamedas. Ojalá sigan las calles llenas de pueblo. Ojalá Chile logré sepultar el dolor y la tristeza para toda la vida y sea, en alegría universal, como el Chile que los chilenos se merecen y sueñan. Piñera ya es pasado, lo enterró este pueblo, lo borró la historia.

25-26 de octubre de 2019, en La Habana.

¡CREO EN ALICIA! POR EARLE HERRERA

El Kiosco de Earle
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earle herrera
Los poetas, cuando no se convierten ellos mismos en creadores de mundos, se copian de Dios. Si Aquiles Nazoa hizo esto sin rubor y se apropió del Credo para entregarnos su íntima geografía física y espiritual, yo no tengo por qué avergonzarme para plagiarlo y robarle el verso que le dedicó a Isadora Duncan, a la que entrevió _“abatiéndose  como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo”_ , pero yo colocaría esa paloma bajo el cielo del Caribe y allí, donde dice Isadora,  escribiría Alicia Alonso, como decir mariposa, como decir éter, como decir aire:  vida. Ayer, la crónica dijo que Alicia murió a los 98 años. ¡Bah, la crónica no sabe lo que dice!
Fuente: CORREO DEL ORINOCO / 19 octubre, 2019

POR ALICIA

OMAR GONZÁLEZ

Nadie como ella hizo del gesto y el vuelo la insuperable parábola de la belleza; nadie puso tan alto el intenso drama de Giselle. Alicia en este y otros mundos para siempre. La celebro en el recuerdo, la vivo y lloro en este instante. Hay un abismo en la danza. Cuba contigo.

No por sabido deja de ser muy justo recordar que Alicia Alonso figura entre quienes fundaron la Red en Defensa de la Humanidad en 2003 y que su firma y su colaboración no faltaron nunca en los documentos más importantes emitidos por este movimiento en su historia.

La recordamos no sólo adhiriéndose a las convocatorias y denuncias ante cualquier injusticia, sino aportando ideas y exigiendo que no faltara nunca su firma en los pronunciamientos que se emitían. Pedro Simón, su compañero de muchos años, puede dar fe de ello. Alicia fue una de las artistas cubanas más genuinamente leales a la Patria y a la Revolución que he conocido. Bailó para los campesinos,  obreros, soldados, niños y niñas y no vaciló en vestirse de miliciana cuando las circunstancias lo exigieron.

Fidel la admiraba muchísimo (esto era recíproco) y no ocultaba en nada su respeto por ella ni su preocupación porque sus criterios fueran escuchados y atendidos en el Ministerio de Cultura, donde el compañero Matías Maragoto actuaba como enlace permanente con ella, y en otras dependencias del Gobierno y del Estado. Raúl, Almeida, Diaz-Canel y otros compañeros la arropaban con especial sensibilidad y afecto. Era venerada porque lo merecía, no porque lo procuraba.

Fue una criatura divina, excepcional, irrepetible, adorada por su pueblo y el mundo en la dimensión humana de los dioses. Será eterna y será para siempre nuestra.

 

LA MUERTE DEL CHE GUEVARA. EDUARDO GALEANO

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EDUARDO GALEANO

GALEANO 4Diecisiete hombres caminan hacia la aniquilación. El cardenal Maurer llega a Bolivia desde Roma. Trae las bendiciones del Papa y la noticia de que Dios apoya decididamente al general Barrientos contra las guerrillas.

Mientras tanto, acosados por el hambre, abrumados por la geografía, los guerrilleros dan vueltas por los matorrales del río Ñancahuazú. Pocos campesinos hay en estas inmensas soledades; y ni uno, ni uno solo, se ha incorporado a la pequeña tropa del Che Guevara. Sus fuerzas van disminuyendo de emboscada en emboscada.

El Che no flaquea, no se deja flaquear, aunque siente que su propio cuerpo es una piedra entre las piedras, pesada piedra que él arrastra avanzando a la cabeza de todos; y tampoco se deja tentar por la idea de salvar al grupo abandonando a los heridos.

Por orden del Che, caminan todos al ritmo de los que menos pueden: juntos serán todos salvados o perdidos. Mil ochocientos soldados, dirigidos por los rangers norteamericanos, les pisan la sombra. El cerco se estrecha más y más. Por fin delatan la ubicación exacta un par de campesinos soplones y los radares electrónicos de la National Security Agency, de los Estados Unidos. La metralla le rompe las piernas.

Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos. Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza.

El Che le escupe la cara. Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.

En el pueblito de Higueras, el general Barrientos exhibe su trofeo a los periodistas. El Che yace sobre una pileta de lavar ropa. Después de las balas, lo acribillan los flashes. Esta última cara tiene ojos que acusan y una sonrisa melancólica. Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia.

Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca. Vivir es darse, creía; y se dio.

Fuente: GRANMA

‘POR ESO QUEREMOS TANTO A JULIO’. JUAN RULFO Y AUGUSTO MONTERROSO

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Julio Cortázar

JUAN RULFOLo queremos porque es bondadoso. Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no solo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuanto se ha sacrificado por la justicia. Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno. Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos. En realidad, él es nuestro hermano mayor. Nos ha enseñado con sus consejos y a través de los libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes sabe que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo
Por eso queremos tanto a Julio

***

MONTERROSO 3Queremos tanto a Julio: buen plural. Efectivamente, mi mujer Bárbara Jacobs y yo queremos mucho a Julio, tanto que consideramos inútil (el corazón tiene razones que la razón desconoce) explicar el por qué. Ahora bien, si este libro llevara por título Admiramos tanto a Julio, o Leemos tanto a Julio, el número de páginas que me tomaría serían tantas que no terminaría de decirlo en un año. Y seguro que en el caso de la admiración a Julio la razón tiene también innumerables razones que el corazón siempre comparte.

Augusto Monterroso
Innumerables razones

Fuente: CALLE DEL ORCO

SANTIAGO DE CHILE. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO RODRÍGUEZ

Esta canción la hice una mañana como esta, en 1973 (sacar cuenta).

Allí amé a una mujer terrible,
llorando por el humo siempre eterno
de aquella ciudad acorralada
por símbolos de invierno.

Allí aprendí a quitar con piel el frío
y a echar luego mi cuerpo a la llovizna,
en manos de la niebla dura y blanca,
en calles del enigma.

Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.

Allí, entre los cerros, tuve amigos
que entre bombas de humo eran hermanos.
Allí yo tuve más de cuatro cosas
que siempre he deseado.

Allí nuestra canción se hizo pequeña
entre la multitud desesperada:
un poderoso canto de la tierra
era quien más cantaba.

Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.

Hasta allí me siguió, como una sombra,
el rostro del que ya no se veía.
Y en el oído me susurró la muerte
que ya aparecería.

Allí yo tuve un odio, una vergüenza,
niños mendigos de la madrugada.
Y el deseo de cambiar cada cuerda
por un saco de balas.

Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.

Fuente: SEGUNDA CITA

UN PAPALOTE PARA FRANCISCO TOLEDO. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

IMG-TOLEDO, LA JORNADA

Oaxaca, 15 diciembre de 2014. El artista plástico Francisco Toledo elaboró 43 papalotes con los rostros de los estudiantes de la Escuela Normal Rural, Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Foto: La Jornada

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

luis hernández navarro 3Con dificultades, el papalote se eleva hacia el cielo del andador turístico de Oaxaca, hasta que una ráfaga de aire le permite tomar altura y volar por los aires sin obstáculo alguno. No es el único. Lo acompañan 42 cometas más. Cada uno de ellos lleva el rostro de uno de los normalistas rurales de Ayotzinapa desaparecidos.

Los papalotes fueron creados por el artista plástico Francisco Toledo con la ayuda de trabajadores del Taller Arte y Papel de San Agustín Etla. Fueron su forma de exigir justicia por los estudiantes desaparecidos en Iguala y de abrazar en la distancia a sus familiares. Si se les busca bajo tierra, también hay que buscarlos en los aires. Confío en que sigan con vida, explicó sobre el sentido de su creación.

Su solidaridad con Ayotzinapa no fue un hecho aislado, sino parte de la misión que se propuso para su vida. Fue el mejor defensor de los pueblos de su estado natal. De la lucha contra la instalación de un McDonald’s en el centro histórico de Oaxaca a su oposición al maíz transgénico, de su rechazo al Tren Maya a la comprensión y el apoyo a los pueblos de Los Loxichas salvajemente reprimidos, de su acompañamiento a las protestas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), a su resistencia a la construcción del centro de la antigua Antequera, en su biografía se cruzan arte y defensa de las mejores causas de la humanidad.

Más allá del relieve de su obra, Toledo fue un extraordinario promotor cultural. Fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), dotándola de una formidable biblioteca de libros sobre arte. Promovió el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (Maco). Dio vida a la biblioteca para ciegos Jorge Luis Borges, de libros en Braille. Creó la Fototeca Manuel Álvarez Bravo.

Orgullosamente zapoteco, se sumergió a fondo en la preservación de las lenguas autóctonas, la educación de los pueblos indígenas y la recuperación de los saberes originales. Le abrió espacios inimaginables a artistas jóvenes. Organizó (y financió) encuentros educativos de todo tipo. Su labor dejó huella. Como dice el maestro istmeño Rogelio Vargas Garfias, invadido por la tristeza de la pérdida del pintor: Nos protegió, nos ayudó, nos enseñó.

Creador singular reconocido mundialmente, fue a un tiempo impresor, dibujante, pintor, grabador, escultor y ceramista. Su estética reinventó y refinó la de su pueblo. Sacó del esnobismo cultural y la pedantería a las artes plásticas. Puso fin al divorcio existente entre pintura moderna mexicana y causas sociales. Llevó la gráfica a las comunidades, fuera de galerías y museos, para ponerlas en contacto directo con la gente sencilla, a nivel de sus ojos y sus manos. Artista altruista y comprometido, Toledo patrocinó con su obra (y con el llamado a que otros pintores se sumaran a la causa) la fundación de La Jornada. Su generosidad y compromiso hizo posible que este diario viera la luz y que sorteara algunas de las más enconadas tormentas que ha debido enfrentar.

En Juchitán, la tierra donde el artista plástico nació y de la que siempre estuvo cerca, se vuelan papalotes en las festividades para enaltecer a los muertos y traer las almas de las personas fallecidas. Para honrar la memoria del artista, hoy en la noche, en la azotea del edificio que alberga las oficinas de este diario, surca el firmamento un imaginario cometa con el rostro del maestro. Es que al espíritu libre y creativo de Francisco Toledo hay que buscarlo como él recomendaba hacerle con los desaparecidos de Ayotzinapa: por los cielos.

Twitter: @lhan55

Fuente: LA JORNADA

WALLERSTEIN SIN ANESTESIA. ATILIO A. BORÓN

“Marx es el erudito más interesante de los siglos XIX y XX. No hay dudas al respecto. Nadie es comparable en términos de la cantidad de cosas que escribió, ni por la calidad de sus análisis. Por lo tanto, mi mensaje a la nueva generación es que vale mucho la pena descubrir a Marx, pero hay que leerle, leerle y leerle. ¡Leer a Karl Marx!” Immanuel Wallerstein

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ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3La muerte de Immanuel Wallerstein nos priva de una mente excepcional y de un refinado crítico de la sociedad capitalista.[1] Una pérdida doblemente lamentable en un momento tan crítico como el actual, cuando el sistema internacional cruje ante las presiones combinadas de las tensiones provocadas por la declinación del imperialismo norteamericano y la crisis sistémica del capitalismo. Wallerstein fue un académico de dilatada trayectoria que se extendió a lo largo de poco más de medio siglo. Comenzó con sus investigaciones sobre los países del África poscolonial para luego dar inicio a la construcción de una gran síntesis teórica acerca del capitalismo como sistema histórico, tarea a la que se abocó desde finales de la década de los ochentas y que culminó con la producción de una gran cantidad de libros, artículos para revistas especializadas y notas dirigidas a la opinión pública internacional. Wallerstein no sólo cumplió a cabalidad con el principio ético que exige que un académico se convierta en un intelectual público para que sus ideas nutran el debate que toda sociedad debe darse sobre sí misma y su futuro sino que, además, siguió una trayectoria poco común en el medio universitario. Partió desde una postura teórica inscripta en el paradigma dominante de las ciencias sociales de su país y con el paso del tiempo se fue acercando al marxismo hasta terminar, en sus últimos años, con una coincidencia fundamental con teóricos como Samir Amin, Giovanni Arrighi, Andre Gunder Frank,  Beverly Silver y Elmar Altvater entre tantos otros, acerca de la naturaleza del sistema capitalista y sus irresolubles contradicciones. Su trayectoria es inversa a la de tantos colegas que, críticos del capitalismo en su juventud o en las etapas iniciales de su vida universitaria acabaron como publicistas de la derecha: Daniel Bell y Seymour Lipset, profetas de la reacción neoconservadora de Ronald Reagan en los años ochentas; o Max Horkheimer y Theodor Adorno que culminaron su descenso intelectual y político iniciado en la Escuela de Frankfurt absteniéndose de condenar la guerra de Vietnam. O a la de escritores o pensadores que surgidos en el campo de la izquierda –como Octavio Paz,  Mario Vargas Llosa y Regis Debray–  convertidos en portavoces del imperio y la reacción.

Wallerstein fue distinto a todos ellos no sólo en el plano sustantivo de la teoría social y política sino también por su activa inserción en las luchas sociales por un mundo mejor –asiduo participante en sucesivas reuniones del Foro Social Mundial de Porto Alegre, conversaciones con el Subcomandante Marcos y otros líderes populares en distintas partes del mundo, participación en eventos organizados por movimientos sociales – y, ciertamente, por sus aportes la discusión epistemológica como lo revela su magnífica obra de 1998: Abrir las ciencias sociales. En este texto propone una crítica radical al paradigma metodológico dominante en las ciencias sociales, cuyo núcleo duro positivista condena a éstas a una incurable incapacidad para comprender la enmarañada dialéctica y la historicidad de la vida social.

En línea con esta perspectiva de análisis sus previsiones sobre el curso de la dominación imperialista no podrían haber sido más acertadas. En uno de sus artículos del año 2011 advertía que “la visión de que Estados Unidos está en decadencia, en seria decadencia, es una banalidad. Todo el mundo lo dice, excepto algunos políticos estadounidenses que temen ser culpados por las malas noticias de la decadencia si la discuten.” [2] En Latinoamérica, en cambio, entre las clases dominantes, los políticos del establecimiento y el mandarinato intelectual predomina aún una visión hollyvoodense sobre la salud del imperio, misma que se penetra en buena parte de la población. Según esta perspectiva, lo que Donald Trump representa es el renovado vigor del imperio y no los desesperados pataleos de quienes se resisten a admitir su lento pero inexorable ocaso.

No obstante, no había un gramo de infantil triunfalismo en ese diagnóstico cuando advertía que si bien “hay muchos, muchos aspectos positivos para muchos países a causa de la decadencia estadounidense, no hay certeza de que en el loco bamboleo del barco mundial, otros países puedan de hecho beneficiarse como esperan de esta nueva situación.”  O, podríamos agregar, podrán sacar ventajas los países cuyos gobiernos adopten una política de autodeterminación nacional que les permitan maximizar sus márgenes de autonomía en la economía y la política mundiales. Quienes en cambio sigan sumisos a los dictados del imperio lo acompañaran en su lenta declinación. El criminal belicismo de la Administración Trump en respuesta al irreparable derrumbe del orden mundial de posguerra que tenía su eje en EEUU confirma las previsiones formuladas por Wallerstein. Seguir leyendo WALLERSTEIN SIN ANESTESIA. ATILIO A. BORÓN

CENTENARIO DEL BENNY. SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO RODRÍGUEZ

BENNY SILVIO

SILVIO 3Lo vi en persona, al frente de su “banda gigante”, en dos o en tres ocasiones, en mi pueblo natal, San Antonio de los Baños, donde todos los fines de semana había bailes con las mejores orquestas de Cuba.

Con él pasaba algo especial: a pesar de tener una de las orquestas que interpretaba la música cubana con más sabor y originalidad, el público, al menos al principio de sus presentaciones, no atinaba a bailar, fascinado por su fuerte personalidad escénica. Es que el Benny se ponía a dirigir la banda con todo su cuerpo y era un espectáculo que ni los bailadores querían perderse. Después, poco a poco, la gente iba “entrando en caja” y moviendo los pies, hasta que todo el salón o la calle –donde fuera el baile– se incorporaba al rito.

Es un privilegio haber coincidido con él en tiempo y espacio. Una de las gracias que merece dársele a la vida. Benny Moré, sin duda alguna, es uno de los músicos más geniales que ha dado esta tierra de excelentes músicos. Hoy cumpliría 100 años. No hace falta pedirle gloria eterna. Siempre la ha tenido y la tendrá.

Fuente: SEGUNDA CITA

LA HISTORIA OLVIDADA DEL ACCIDENTE DE GOIANIA, “EL PEQUEÑO CHERNÓBIL”. RAÚL A. CAPOTE

Fidel cargó a mi hija Natasha y le dio un beso, me di cuenta de cuánta bondad había en su mirada… y confié más que nunca

PEQUEÑO CHERNÓBIL
Terezhina Nunes Fabriano y su hija Natasha, víctimas del accidente radiológico de Goiânia. Foto: Felicia Hondal

RAÚL ANTONIO CAPOTE

CAPOTE 1El 13 septiembre de 1987 ocurrió en la ciudad brasileña de Goiânia, capital del estado de Goiás, en Brasil, lo que fue considerado el peor accidente radiactivo de la historia fuera de una instalación nuclear.

Dos recolectores de basura, en busca de chatarra para vender, entraron a un hospital abandonado y encontraron lo que les pareció una extraña máquina, la desmontaron y la subieron a una carretilla. Una vez en la casa, utilizando destornilladores, abrieron la tapa de plomo que sellaba el aparato, en realidad un equipo de radiografía, y extrajeron un cilindro del interior, luego fueron a un desguace con el ánimo de venderlo.

El dueño del desguace se quedó con el artefacto, días más tarde, entró al local donde había guardado el cilindro y vio que un «hermoso brillo azul» brotaba de la cápsula, pensó que se trataba de algo sobrenatural y la llevó para su casa.
El hombre repartió entre familiares y amigos fragmentos del material que se encontraba en el interior del objeto, un material fácil de desmenuzar, que se convertía en polvo, un polvo brillante. Se trataba de cloruro de cesio enriquecido con isótopo radiactivo, cesio 137.

Pronto, muchas personas enfermaron. Alrededor de una docena fueron trasladados a uno de los hospitales de Goiânia. En total, más de 110 000 personas fueron examinadas, de ellas 249 tenían niveles significativos de material radiactivo en sus cuerpos, cientos de personas presentaban contaminaciones leves y tuvieron que permanecer en refugios especiales.

CUBA RESPONDE

Cinco años después del accidente, en una de las actividades colaterales de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, ECO-92, en Río de Janeiro, –más conocida como Cumbre de la Tierra–, Terezinha Nunes Fabiano, presidenta de la Asociación de Damnificados, recibió la propuesta de Fidel de atender a los afectados por la contaminación radiactiva.

«Conocíamos de la experiencia cubana atendiendo a los niños de Chernóbil, mucha gente dudaba porque había sufrido tantas decepciones, pero cuando en Brasil Fidel cargó a mi hija Natasha y le dio un beso, me di cuenta de cuánta bondad había en su mirada…y confié más que nunca», dijo entonces Terezinha Nunes.

Fue en la histórica Cumbre de la Tierra donde el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, pronunció aquellas proféticas palabras:

«Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre».

Decenas de afectados por la radiactividad recibieron atención médica gratuita en cumplimiento del protocolo de colaboración científica con Brasil, firmado por Fidel durante ECO-92; las víctimas del accidente compartieron el Campamento de Pioneros José Martí de Tarará con 116 niños ucranianos que sufrían las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil, con un grupo de infantes ecuatorianos y con unos 200 cubanos asmáticos y diabéticos bajo tratamiento para esos padecimientos.

En octubre de 1992 regresaron a Brasil los pacientes una vez concluido el programa de atención y tratamiento recibido en la Isla, viajaron acompañados de una delegación de especialistas cubanos que informaron a las autoridades sanitarias brasileñas, de las conclusiones diagnósticas y recomendaciones, resultado de las siete semanas de exámenes a que habían sido sometidos.

El personal cubano de la salud demostró una vez más su profesionalidad, que fue altamente apreciada por los especialistas del gigante sudamericano, pero, sobre todo, demostraron el gran valor humano, la entrega y el espíritu solidario que les caracteriza, fruto de su formación revolucionaria y del ejemplo de Fidel.

Terezinha Nunes, quien viajó a Cuba con sus tres hijas, para recibir diagnóstico y tratamiento, expresó al marcharse: «Me voy con el corazón dividido, porque ahora tengo dos patrias, Cuba y Brasil».

EPÍLOGO DE UNA TRAGEDIA

  • Cuatro personas fallecieron y 249 personas recibieron altos índices de radiación y hoy padecen de múltiples enfermedades, sobre todo cáncer.
  • Las personas afectadas por la radiación en el incidente, hasta el día de hoy sufren de discriminación.

Fuente: GRANMA

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR: POESÍA COMO UN HIMNO. LUIS ROGELIO NOGUERAS

ROBERTO Y SILVIO
Roberto y Silvio

LUIS ROGELIO NOGUERAS

wichy 1Cuentan que, en su lecho de muerte, cierto escritor español le hizo señas de que se acercara a uno de los amigos literatos que lo rodeaban. «Voy a hacerte una confesión» —le susurró con voz apagada; emocionado, el amigo contuvo la respiración y aproximó una oreja a los pálidos labios del moribundo: «Me aburre el Dante.»

No voy a esperar a mi (ojalá lejana) hora postrera para decir cuánto me ha gustado siempre la poesía de Fernández Retamar, esa poesía que desde los gallardos y juveniles endecasílabos de Elegía como un himno (1950) a los maduros versos de Juana y otros poemas… (1980) ha recorrido ya treinta intensos años. Una de las principales virtudes que tiene cualquier antología literaria personal es la de ofrecer —desplegados, por decirlo así, en abanico sincrónico— los avances, estremecimientos y transformaciones de un modo de escribir — en este caso concreto, de un modo de escribir poesía—; pero también —lo cual es, al fin y al cabo, lo más importante— los avances, estremecimientos y transformaciones de un hombre. Es por eso que en Palabras de mi pueblo (selección de poemas de Fernández Retamar publicada recientemente por la editorial Letras Cubanas en su colección Giraldilla) hay algo más que versos: hay tres décadas de una vida, miles de nocturnas y diurnas horas de apasionada fidelidad a la poesía.

Palabras de mi pueblo reúne fragmentos de Elegía como un himno y 131 poemas de otros nueve libros: Patria (1949-1951), Alabanzas, conversaciones (1951-1955), Aquellas poesías (1955-1958), Sí a la Revolución (1958-1952), Buena suerte viviendo (1962-1965), Que veremos arder (1966-1969), Cuaderno paralelo (1970), Circunstancia de poesía (1971-1974) y Juana y otros poemas personales(1980). La selección ilustra magníficamente el porqué del reconocido prestigio de que goza la poesía de Roberto hoy en el mundo de habla hispana.

Íntima y cotidiana. ¿Podrían acomodársele estos adjetivos a la obra poética de Retamar? ¡Y por qué no! Creo —estoy seguro él mismo lo reconocería— es en esos versos suyos, nacidos de experiencias acaso o casi siempre comunes (la Revolución, el amor, la amistad, la muerte), pero que han sido vividas en el papel de una manera íntima e intransferible, donde está lo mejor de su poesía. Los momentos más felices de Alabanzas, conversaciones, de la memorable compilación Con las mismas manos, del intenso cuadernillo Historia antigua, o de Buena suerte viviendo; los grandes poemas de Circunstancia de poesía («Para una torcaza», por ejemplo, o «Aniversario») son aquellos que reconocemos como muy próximos a nuestras más caras y cotidianas experiencias —esos «latidos humanos» del día a día, que van desde la política hasta el amor. No importa si el acercamiento formal a un tema se produce a través de la gravedad o del suave humor (Roberto Fernández Retamar es un maestro del tono, el detalle, la palabra justa). Lo que importa, en este caso, es la convincente, conversadora intimidad que en sus mejores poemas logra trasmitir. Cuando sentimos que un poeta habla por nosotros (el poeta habla por todos, decía Lope); cuando nos reconocemos en sus versos; cuando decimos, después de leerlo, «en efecto: así me fue a mí en este o aquel minuto de mi vida», entonces, se ha producido ese mágico contacto entre el que escribe y el que lee, esa fraternal e invencible relación entre el que habla y el que escucha sin los cuales no vale la pena siquiera hablar de poesía.

Algunos poetas tienen el don tronante de la épica pero no saben susurrar. Poquísimos —como Neruda— truenan y susurran, y en ambos casos el idioma sale enriquecido y ganando el lector.

Roberto Fernández Retamar —el mejor Roberto Fernández Retamar— canta en voz baja. No estoy hablando de esa estúpida y falsa diferenciación entre poetas mayores y menores (¿Garcilaso un poeta menor? ¿Quintana un poeta mayor?) que algunos críticos miopes asocian con el coro y el aria. En voz baja también dijeron lo suyo en su hora Boscán y Machado. ¿Y quién niega que en voz baja no puedan cantarse también himnos?

De esos treinta años de poesía, mi generación ha aprendido mucho. A veces pienso que debe ser una inmensa alegría descubrir (como habrá hecho, en complacido silencio, Retamar) algunas de sus huellas en los poetas que vinieron después. Debe de ser una experiencia estremecedora sobrevivir en la obra de otros, saber que nuestras palabras no cayeron en el vacío, que no escribimos en vano.

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*Artículo de Luis Rogelio Nogueras publicado en Granma [La Habana], 4 de noviembre de 1980, p. 6. (Enviado a Segunda Cita por nuestra querida Kitty)


Fuente: SEGUNDA CITA

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR, 1930-2019. ATILIO A. BORÓN

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ATILIO A. BORÓN

Atilio-BorónEn el día de ayer, sábado 20, a últimas horas de la tarde llegaba Buenos Aires la triste noticia del deceso de Roberto Fernández Retamar. Se consumaba así una pérdida de verdad que irreparable, aunque esto parezca una frase trillada o un lugar común. Roberto deja un hueco en la cultura emancipatoria imposible de llenar, sin que esto signifique menosprecio alguno para tantas y tantos intelectuales revolucionarios de Nuestra América. Pero Retamar era claramente un fuera de serie: un hombre de convicciones firmes y de exquisita cortesía, poseedor de un castellano límpido y preciso, siempre armonioso al oído de su lectora o su lector. Una pluma elegante, que deleitaba con su lectura y a la vez punzante para con los siervos del imperio, los enemigos de la revolución y también para la legión de eclécticos que en momentos como éstos vacilan en condenar categóricamente al imperialismo por la interminable sucesión de crímenes de lesa humanidad que comete a diario. No sólo con sus bombardeos, sus drones, sus guerras sino también con sus bloqueos, como el que padece Cuba desde hace 60 años, o el más reciente perpetrado con saña feroz en contra de la Venezuela bolivariana.

Retamar fue el prototipo del intelectual comprometido, que actuó sin desmayos a lo largo de toda su larga y fecunda vida. Organizador cultural, lector incansable, crítico incisivo pero siempre amigable. Su labor en Casa de las Américas ha sido extraordinaria, en línea con lo que hiciera su predecesora, la gran Haydée Santamaría. No hay palabras suficientes para trasuntar el dolor por su pérdida y la relativa orfandad en que a muchos de nosotros nos deja su partida. Guardo muchos recuerdos de tantos encuentros y conversaciones con él, en La Habana y en Buenos Aires, y muy especialmente las dos últimas cuando en su oficina de Casa de las Américas mientras dialogábamos sobre uno de sus temas favoritos, los intelectuales y la deserción de la academia, le conté al pasar de mi indignación ante las mentiras y tergiversaciones que poblaban un reciente libro de Mario Vargas Llosa (La Llamada de la Tribu) y mi intención de escribir algo al respecto. Pensaba en un artículo que, tal vez, pudiera publicarse en la Revista Casa, le dije con cierta timidez. Quedé paralizado cuanto noté que su cuerpo entero se puso en tensión, abandonó la charla sobre los intelectuales, y me dijo que eso, una simple nota, no sería suficiente y que el personaje de marras merecía algo más que una nota. Un libro, me dijo, “escribe un libro donde expongas todas sus patrañas y traiciones”.

Eduardo Galeano y Roberto Fernández Retamar

Me sorprendió la fuerza con que se expresó y debo reconocer que ese fue el origen de El Hechicero de la Tribu . Sentí que lo que me transmitía con tanto énfasis no era un consejo sino un mandato para realizar un ajuste de cuentas que percibía como urgente y necesario y que tal vez él sabía que ya no tendría tiempo para hacer. Salí de Casa de las Américas confundido y dubitativo. Pero pocas horas después caí en la cuenta de que tenía que hacer lo que Retamar me había dicho. Ni bien regresado a Buenos Aires puse manos a la obra y a lo largo de toda la fase de búsqueda de documentación y por supuesto durante la redacción del libro el intercambio de correos con Retamar era frecuente, casi semanal. Y no eran uno o dos, sino varios cada vez, con sus comentarios, aclaraciones, precisiones y datos de contexto que estaban en su memoria alojados en un enojoso anaquel reservado desde hacía décadas a Vargas Llosa y su relación con la Revolución Cubana. Sus observaciones eran de una precisión quirúrgica e invariablemente acertadas. Estando sumido en toda clase de dudas acerca de cuándo darle el toque final a mi manuscrito pude visitarlo una vez más en La Habana y mantener otra larga conversación con él y con Juan Fornet, otro gran escritor cubano. Allí sentí que Roberto me dio el impulso final para resolver un problema que suele ser muy serio para muchos escritores: poner punto final a la obra, decidir que ya está terminada y que sólo resta entregarla a la imprenta. Me fui de esa reunión preocupado porque si bien Retamar conservaba una lucidez asombrosa su físico se había debilitado considerablemente. Pero me marché aliviado porque me había resuelto el permanente desafío de saber cuándo poner el punto final a mi escrito. Tuve la inmensa satisfacción de que en Febrero del 2019, con ocasión de la Feria del Libro de La Habana, pude entregarle una copia de mi libro impreso por el Instituto Cubano del Libro. Un brillo relampagueó en sus ojos y creo que para sus adentros se habrá dicho: “misión cumplida”.

En su despacho de Casa de las Américas

Concluyo diciendo que no me alcanzará lo que me queda de vida para agradecer la oportunidad única de haber sido agraciado con su amistad, con la de su amada esposa, Adelaida de Juan, y haber sido educado con su magisterio. No tengo palabras para expresar todo lo que siento, y me disculpo ante quienes leen estas líneas y en especial con Laidi, su hija. Ocurrirá con Roberto lo que pasa con las estrellas: aún muertas siguen emitiendo luz. En su caso, sus poemas, ensayos, notas de todo tipo seguirán iluminando la conciencia de los revolucionarios de Nuestra América. Sólo me resta decir que cuando bien pronto regrese a su amada Habana arrojaré una flor al mar, justo enfrente de donde se encuentra Casa de las Américas, para honrar sus cenizas y su memoria y gritar con toda la fuerza de mi alma “¡Hasta la victoria siempre, Roberto. Venceremos!”

Fuente: Blog del autor

ROBERTO Y LA CASA DE TODOS NOSOTROS. FERNANDO BUEN ABAD

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FERNANDO BUEN ABAD

“Casa de las Américas. La fortaleza moral en la batalla de las ideas”

BUEN ABAD 1Por sí sola Casa de las Américas ha logrado construir la experiencia cultural que muchos gobiernos (u organizaciones internacionales) ni imaginan (ni lograrán). No somos pocos los endeudados con Cuba por el regalo, y legado, continentales que implica Casa de las Américas. Hay que decir a los jóvenes de todo el mundo que se trata de una realidad floreciente y posible porque un pueblo en revolución ha impulsado Casa de las Américas y que Cuba –pese al bloqueo, las injusticias y las calumnias- la ha hecho posible. “Fundada en 1959 por Haydee Santamaría, y actualmente presidida por Roberto Fernández Retamar, la Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura y las artes; cuya comunicación fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo.”1

Casa de las Américas es una de esas obras revolucionarias con la que el pueblo cubano revela su carácter internacionalista y sus mejores ideas socialistas. Casa de las Américas es una realidad de importancia primordial y ejemplo para todo proyecto cultural revolucionario. Eso no quiere decir que sea “perfecta” ni quiere decir que no ejerza (por lógica propia) sus autocríticas. Casa de las Américas es una realidad floreciente que destila las esencias de fraternidad inteligente, es decir, el alma de Martí. Casa de las Américas es un bastión y un “Alma Mater” contra el individualismo y la vanidad de ciertas “inteligencias” (reaccionarias por definición) en un mundo agobiado por el imperialismo que fabrica (a mansalva y rentablemente) miseria e ignorancia. Casa de las Américas en una fuerza de inteligencias y creatividades que impulsa (incluso para la revolución) la nada sencilla tarea de consolidar vínculos, solidarios e internacionalistas, entre los artistas, los escritores, los intelectuales y los científicos latinoamericanos y caribeños. Y es una realidad, y un honor, modelo de combate.

Contra la devastación cultural perpetrada por el capitalismo, Casa de las Américas ha sido ejemplo de praxis en clave de lucha, a gran escala, por el defender el patrimonio cultural de los pueblos y para contribuir a desarrollar, en plena transición hacia el socialismo, una cultura revolucionaria para la emancipación. No son pocos los intelectuales “exquisitos” que “valoran” los premios de Casa de las América, “valoran” sus publicaciones y también sus investigaciones… pero no todos son intelectuales de combate dispuestos a entender que la lucha de Casa de las Américas es la lucha de un pueblo antiimperialista y anticapitalista. No sólo anti-yanquis.

Casa de las Américas ha sido un combatiente ejemplar contra el aislamiento impuesto a Cuba. Gracias a sus actividades (publicaciones, concursos, premios, festivales, exposiciones y encuentros de literatura, teatro, plástica y música) se ha cumplido la tarea de liberar los caudales expresivos (libertad de expresión) para vincular a la Revolución Cubana son los pensadores y creadores más progresistas. Semejante tarea, cálida y fraterna, es el verdadero sustento de este centro cultural tan prestigioso que un pueblo en revolución ha impulsado y sostenido ejemplarmente.

Desde sus ejes temáticos diversos y puntuales, desde sus tareas en disciplinas artísticas variadas y necesarias… el trabajo de Casa de las Américas ha hecho profesión de ejemplo al poner su pasión por la calidad como valor revolucionario fundamental. Desde ese parámetro uno puede hacerle balances y entender por qué proyecta sus tareas como las proyecta. Por qué su espíritu de trabajo es, en lo esencial, un espíritu de servicio revolucionario. Semejante responsabilidad de ser útil debe vincular la política socialista y la emancipación como expresión orgánica que exige verdad y calidad (no sólo artísticas) sintetizadas firmemente en un compromiso de combate sobre el escenario contemporáneo. Casa de las Américas ha probado la importancia de luchar para preservar lo mejor de nuestras tradiciones sin convertirlas en anécdota muerta y, al contrario, hacerlas visibles como fuerza viva que informa y anima al presente y al futuro en plena lucha dialéctica. Tal dinámica de los valores culturales, es conciencia de trabajo de una Casa de las Américas que ha sabido evitar el vicio burocrático de inducir, sugerir o señalar pautas al arte, a la creación o a los idearios de la inteligencia internacional. Eso es un mérito que uno además de reconocer… aplaude y divulga. La variedad y la búsqueda permanente le son consustanciales.

Casa de las Américas ha logrado vivir heroica y ejemplarmente en contra, incluso, de todas las calamidades producto del bloqueo, la ofensiva mediática inclemente contra Cuba, y las hordas de intelectuales (algunos de ellos traidores) que se han servido de Casa de las Américas para lustre individual como francotiradores.

Casa de las Américas, ante el panorama complejo y dramático de nuestros países, ha sostenido su rechazo al imperialismo y ha combatido cuantas maniobras se han urdido contra la vida intelectual emancipadora. Ha impulsado, por eso, valores jóvenes y los ha sumado a la lista de “cabezas” llamadas a configurar una fuerza imaginativa y revolucionaria nueva con respuestas pertinentes (combatientes) en las circunstancias actuales. Su lucha contra fragmentación de nuestras culturas, financiada por el imperialismo, representa un centro vital para la irradiación cultural desde su nacimiento, es un triunfo de la sensibilidad responsable y símbolo de un poder de la revolución y de la creación revolucionarios. Sin igual. Todo esto, sin pedir ni dar cuartel, casi sin recursos y con mucho en contra. Todo esto con la voluntad revolucionaria del pueblo cubano, con la certeza de que la batalla de las ideas deberá impulsar, permanentemente, a la imaginación como herramienta (también) de la revolución permanente. Casa Nuestra.