Archivo de la categoría: LA BUENA MEMORIA

CENTENARIO DE UN GRAN POETA: ELISEO DIEGO. Por VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

El 2 de julio de 1920 fue un gran día para Cuba: nació uno de los mayores poetas de su historia. Eliseo Diego iba a tener una infancia tranquila en su natal La Habana, y crecería hasta convertirse en lo que es, una firma capital de las letras cubanas, de las latinoamericanas y de la lengua española
ELISEO DIEGO 3
El poeta Eliseo Diego. Foto; tomada de cubasi.cu

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

El 2 de julio de 1920 fue un gran día para Cuba: nació uno de los mayores poetas de su historia. Eliseo Diego iba a tener una infancia tranquila en su natal La Habana, y crecería hasta convertirse en lo que es, una firma capital de las letras cubanas, de las latinoamericanas y de la lengua española.

Comenzó por la narrativa con En las oscuras manos del olvido (1942), ya integrado al famoso grupo de la revista Orígenes, capitaneado por su figura descollante, José Lezama Lima, quien saludó ese libro por la prosa prístina, ordenada y de real belleza, propia de quien, solo unos años después, ofrecería en plena juventud biológica una obra esencial de la poesía cubana: En la Calzada de Jesús del Monte (1949), que sigue ofreciendo disfrute y enseñanzas. Da gusto comenzar silabeando el primer verso: En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte. Pareciera que se nos va a introducir en un cuento de hadas, para proseguir: donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo / cansa mi principal costumbre de recordar un nombre… Este libro se convirtió en legendario. Una de las calles de La Habana, hoy llamada 10 de Octubre, alcanzó el privilegio de una oda, de un himno a su populosa existencia.

Eliseo nunca dejó de escribir una excelente prosa, llena de sorpresas de la pincelada exacta, como su propia poesía. Divertimentos (1946) fue su segundo libro de relatos, y también lo fueron Versiones (prosa poética) (1970) y Noticias de la Quimera (1975), para volver a seducirnos con su gracia expresiva. Pero la poesía es el coto suyo de mayor realeza, de resonancias singulares. Poeta del detalle, su labor resulta un nombrar las cosas desde sus intimidades, con puntilloso deseo de que las cosas mismas vivan en los versos. Eliseo Diego es el mayor poeta minimalista de Cuba, capaz de detenerse en lo mínimo para ver en ello la inmensidad del universo.

La secuencia de sus poemarios muestra una poética implícita que tiene en cuenta la levedad, la vida y la muerte, el paisaje urbano, el sentido profundo del ser cubano, la patria, el amor, la familia y la fe. Son ellos: Por los extraños pueblos (1958), El oscuro esplendor (1966), Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña (1967), Los días de tu vida (1977), A través de mi espejo (1981), Inventario de asombros (1982), Cuatro de Oros (1990). Todos los publicó en vida, junto a su volumen de ensayos Libro de quizás y de quién sabe (1989). Tras su deceso en 1994, y bajo el amoroso cuidado de su hija Josefina de Diego, aparecieron, entre otras obras: En otro reino frágil (1999), Aquí he vivido (2000) y Poemas al margen (2000).

Cuatro de oros pareciera jugar con las cartas de la baraja o evocar a la esposa y los tres hijos: así es la poesía de Eliseo, sutil, con dobles lecturas dadas por sus sugerencias, sus juegos de imágenes. Nunca se torna inaccesible, y, como muchas veces él se refirió a las reminiscencias de la infancia, no es raro que publicase su Soñar despierto (1988), ilustrado por su hijo Rapi Diego, donde nos recuerda, entre otros poemas para los niños, la experiencia juguetona de los años felices: Tú solo y el viento de raros silbidos / así son los juegos de los escondidos. Eliseo supo mostrarnos el valor trascendente de lo que parece efímero y de la necesidad humana de la poesía.

Como poeta del centro de la revista Orígenes, compartió con sus coetáneos origenistas muchos puntos de aprehensión poética, como la mirada al campo desde la historia y desde la ciudad, la fijeza de los parques y pequeños pueblos, la idea sobre una tradición cubana que parte de las costumbres del hogar, de las comidas, de los diálogos en familia, del susurro filial, del aposento. Es una intimidad que sale de su escenario doméstico para definir la vida de una comunidad mediante lo que llamamos «lo cubano». Allí está la cercanía al maestro José Lezama Lima, no por el barroquismo sumo de su lenguaje, sino por su esencia captadora de lo peculiar de ser cubano, o la visión pueblerina de Fina García Marruz, o de los parques de Cleva Solís. Allí la aprehensión sutil de un Cintio Vitier y el abanico culto de un Gastón Baquero, pero también el esplendor de la naturaleza insular, tan llena en la obra de Samuel Feijóo.

Eliseo Diego no es (vivo está en su obra) un poeta en soledad. Participa de un conjunto, incluso generacional, que observa la realidad objetiva y de ella extrajo, subjetividad mediante, lo prístino poético, lo delicado y a la vez resistente: la resistencia al tiempo, ese que en su poema Testamento nos dejó como herencia: «Les dejo / el tiempo, todo el tiempo». Si recomendase al lector una breve selección de sus poemas, entre ellos estarían: El primer discursoVoy a nombrar las cosas, Lamentaciones, En el pueblo perdido, Con un gesto, Entre las aguas, La noche, Oro, Oda a la joven luzCristóbal Colón inventa el Nuevo Mundo, Pequeña historia de Cuba, en un manojo de entre la mejor poesía cubana de todos los tiempos.

Eliseo Diego fue un gran conocedor de la obra literaria de lengua inglesa, desde la cual tradujo varios textos, sobre todo poesía, pero también estuvo atento a la literatura para la infancia. Tras el triunfo de la Revolución, se desempeñó de manera continuada en diversas labores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la que fue uno de los fundadores. Recibió en 1986 el Premio Nacional de Literatura y en 1993 el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Alcanzó otros muchos galardones y llegó a publicar sus Prosas escogidas en 1983.

El gran poeta llega ahora a su centenario. Honra de Cuba, el hecho no puede pasar sin la necesaria reverencia a quien nos ofrece el honor de la calidad de su obra, la de aquel que con su mirada aguda nos dijo: La Luz / en mi país resiste a la memoria / como el oro al sudor de la codicia, / perdura entre sí misma, nos ignora / desde su ajenos ser, su transparencia.

Fuente: GRANMA

 

PALABRAS DE FIDEL. MIGUEL BARNET

A partir de Palabras a los intelectuales, pronunciadas por Fidel el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, las cosas tomaron un rumbo diferente, o más bien, se definieron posiciones ideológicas que se cocían en varios ambientes de intelectuales y artistas
FIDEL, NICOLÁS, ALEJO, LILIA Y ALFREDO
Fidel junto a Nicolás Guillén, Alfredo Guevara y Alejo Carpentier, en el II Congreso de la UNEAC; al fondo, Lilia Esteban de Carpentier. Foto: Mario Ferrer

MIGUEL BARNET

El año 1961 produjo un violento giro de inflexión en la vida cultural cubana. A partir de Palabras a los intelectuales, pronunciadas por Fidel el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, las cosas tomaron un rumbo diferente, o más bien, se definieron posiciones ideológicas que se cocían en varios ambientes de intelectuales y artistas.

De una parte, urgía despejar dudas, evitar resquemores y espantar fantasmas que planeaban en los círculos de creadores; de otra, se requería definir plataformas, hallar puntos de contacto, desbrozar caminos que facilitaran la inserción del arte y la literatura en el proceso de transformaciones sociales.

Tuve el privilegio de ser testigo del acontecimiento. Había cumplido 21 años y estaba lejos de imaginar que sería uno de los

participantes más jóvenes del encuentro entre la dirección de la Revolución y un nutrido grupo de creadores, en su inmensa mayoría escritores. Yo trabajaba a la sazón con Argeliers León, compositor, etnólogo e intelectual de sobresaliente ejecutoria que había confiado en mí para asistirlo en la Biblioteca Nacional y orientarme en el campo de la antropología social.

Ya habían transcurrido dos encuentros previos, los días 16 y 23 de junio, en los que no estuve presente. Pero el 30 Argeliers me dice que el Comandante se iba a reunir en el teatro de la Biblioteca. Era tal mi inquietud que Argeliers cargó conmigo, y me senté junto a él en una de las primeras filas. Alguien, con delicadeza, indicó me trasladase a la parte posterior de la sala. Al contarlo mucho después en un panel conmemorativo, utilicé una imagen del béisbol: me pusieron a jugar en los jardines, detrás del diamante. Después de todo, desde allí se oía mejor. Hice apuntes que luego perdí, pero permanecen en mi memoria los hitos fundamentales.

Fue un discurso, para mí, revelador. Me cambió completamente la vida. Yo venía de una clase media y no tenía una formación política, pero sí una vocación sociológica, antropológica y de patria muy grande, que es la que me hizo permanecer aquí. Ese día había olor a manigua, olor a Sierra. Admiré mucho más a aquel hombre, treintañero y desaliñado, con su traje verde olivo, que venía con otro discurso. Yo estaba acostumbrado al lenguaje hueco y mediatizado de algunos de los intelectuales de entonces, que debatían en programas de radio como Ante la prensa, de cmq. Los tiempos de la tiranía también fueron tiempos de una censura brutal. La retórica campeaba, en un lenguaje grandilocuente de lugares comunes. De pronto escuché a Fidel, que ya desde Columbia el 8 de enero de 1959, llevaba adelante un discurso fresco, moderno, directo y coloquial; que llegaba al alma a todo el mundo, porque estaba diciendo verdades contundentes.

¿Cuál hubiera sido mi destino sin la Revolución? Empleado público, oficinista o, cuando más, profesor de español en un colegio norteamericano. Diletante intelectual a lo sumo. Viajero de los ferries a Miami y cazador de fruslerías y dinero. Antes de Palabras a los intelectuales, y mucho más después, supe que mi destino era Cuba, la Cuba que tendríamos que construir y que tanto nos ha costado. Muchos años después, en la Casa de las Américas –Eusebio Leal nunca lo olvida- le dije a Fidel: «Yo no me quedé, me fui quedando».

Esa reunión en la Biblioteca fue crucial para que Fidel midiera la complejidad de aquella numerosa y variopinta asamblea de escritores y artistas. La Uneac, que surgió como resultado del Primer  Congreso de Escritores y Artistas, dos meses después con Nicolás Guillén a la cabeza, ejerció un papel de cohesión. Todo, en medio, de un intenso y polémico debate que produjo, a su vez, un caleidoscopio de ricas expresiones de la cultura cubana.

Solemos congelar en una frase la significación de Palabras a los intelectuales. Debemos ir más allá. Piedra angular de la política cultural de la Revolución no se detuvo en el tiempo. Al volver la vista observo cómo allí Fidel sembró la idea de una verdadera democratización del arte y de la necesaria unidad dentro de la diversidad.

En cuanto a mis intereses más cercanos, el basamento conceptual expresado por él hizo posible la toma de conciencia en torno a la reivindicación de las culturas populares y, de modo particular, las de origen africano, preteridas y marginadas hasta entonces. Fernando Ortiz ya había abierto una brecha, rompiendo esquemas y prejuicios raciales.

El próximo año se cumplirán seis décadas de aquel pronunciamiento medular. Estamos en la obligación de desentrañar el hilo conductor entre las ideas expresadas por Fidel y el ulterior desarrollo de la política cultural de la Revolución; de separar lo esencial de lo accesorio. Poner al día, e incluso polemizar en buena lid, con el legado de Palabras a los intelectuales pudiera ser un nuevo punto de partida para una concepción más cabal de la cultura cubana.

Fuente: GRANMA

EL CAPITALISMO Y LA FAMILIA. CARLOS MARX

CARLOS MARX

CARLOS MARX

En tanto la legislación fabril regula el trabajo en las fábricas, manufacturas, etc., ese hecho sólo aparece, ante todo, como intromisión en los derechos de explotación ejercidos por el capital. Por el contrario, toda regulación de la llamada industria domiciliaria, se presenta de inmediato como usurpación de la patria potestad esto es, interpretándola modernamente, de la autoridad paterna, un paso ante el cual el remilgado, tierno parlamento inglés fingió titubear durante largo tiempo. No obstante, la fuerza de los hechos forzó por último a reconocer que la gran industria había disuelto, junto al fundamento económico de la familia tradicional y al trabajo familiar correspondiente a ésta, incluso los antiguos vínculos familiares. Era necesario proclamar el derecho de los hijos.

“Desgraciadamente”, se afirma en el informe final de la Children’s Employment Commission fechado en 1866, “de la totalidad de las declaraciones testimoniales surge que contra quienes es más necesario proteger a los niños de uno u otro sexo es contra los padres.”

El sistema de la explotación desenfrenada del trabajo infantil en general y de la industria domiciliaria en particular se mantiene porque “los padres ejercen un poder arbitrario y funesto, sin trabas ni control, sobre sus jóvenes y tiernos vástagos… Los padres no deben detentar el poder absoluto de convertir a sus hijos en simples máquinas, con la mira de extraer de ellos tanto o cuanto salario semanal… Los niños y adolescentes tienen el derecho de que la legislación los proteja contra ese abuso de la autoridad paterna que destruye prematuramente su fuerza física y los degrada en la escala de los seres morales e intelectuales”. No es, sin embargo, el abuso de la autoridad paterna lo que creó la explotación de la infancia; es, al contrario, la explotación capitalista la que ha hecho degenerar esta autoridad en abuso. Por lo demás, ¿la legislación de la fábrica no es el testimonio oficial que la gran industria ha hecho de la explotación de mujeres y niños por el capital, de este disolvente radical de la familia obrera de antes, una necesidad económica, el testimonio de que ha convertido la autoridad paterna en aparato del mecanismo social destinado a abastecer directa o indirectamente al capitalista los hijos del proletario, el cual, bajo amenaza de pena de muerte, debe jugar su papel de intermediario y de mercader de esclavos? Todos los esfuerzos de esta legislación no pretenden más que reprimir los excesos de este sistema de esclavitud.

Ahora bien, por terrible y repugnante que parezca la disolución del viejo régimen familiar dentro del sistema capitalista, no deja de ser cierto que la gran industria, al asignar a las mujeres, los adolescentes y los niños de uno u otro sexo, fuera de la esfera doméstica, un papel decisivo en los procesos socialmente organizados de la producción, crea el nuevo fundamento económico en el que descansará una forma superior de la familia y de la relación entre ambos sexos. Es tan absurdo, por supuesto, tener por absoluta la forma cristiano-germánica de la familia como lo sería considerar como tal la forma que imperaba entre los antiguos romanos, o la de los antiguos griegos, o la oriental, todas las cuales, por lo demás, configuran una secuencia histórica de desarrollo. Es evidente, asimismo, que la composición del personal obrero, la combinación de individuos de uno u otro sexo y de las más diferentes edades, aunque en su forma espontáneamente brutal, capitalista en la que el obrero existe para el proceso de producción, y no el proceso de producción para el obrero constituye una fuente pestífera de descomposición y esclavitud, bajo las condiciones adecuadas ha de trastrocarse, a la inversa, en fuente de desarrollo humano. 67

Fuente: Carlos Marx, El Capital, Libro I, capítulo XIII

Tomado de: MARXIST

LAS MODISTAS Y LAS COSTURERAS. FEDERICO ENGELS

ENGELS 1

FEDERICO ENGELS

Es una cosa singular que la confección de los artículos que sirven precisamente para la limpieza de las damas de la burguesía esté unida a las consecuencias más penosas para la salud de las personas que los trabajan. Ya hemos visto eso en la fabricación de encajes, y ahora tenemos en las tiendas de moda de Londres una nueva prueba en apoyo de esta afirmación. Estos establecimientos emplean a gran número de chicas jóvenes –hay, según se dice, un total de 15.000- que viven y comen en la casa, la mayor parte originarias del campo, y son así esclavas completas de la patronal. Durante la temporada alta, que dura en torno a cuatro meses al año, la duración del trabajo llega, incluso en las mejores casas, a quince horas y, si surgen asuntos urgentes, dieciocho; pero, en la mayor parte de las casas, se trabaja durante este período sin ninguna fijación de tiempo, aunque las chicas no tienen más de seis horas, a veces tres o cuatro, e incluso dos horas sobre veinticuatro para descansar y dormir, y trabajan de diecinueve a veinte horas por día, cuando no son forzadas –cosa que ocurre con bastante frecuencia– a pasar ¡toda la noche trabajando! El único límite de su trabajo es la incapacidad física absoluta de seguir con la aguja un minuto más. Hemos visto casos en los que estas pobres criaturas se quedaban nueve días seguidos sin desnudarse y sin poder descansar nada más que algunos instantes aquí o allá, encima de un colchón en el que se les servía su comida cortada ya en trozos pequeños, para permitirle tragarlos en el menor tiempo posible; en resumen, estas desgraciadas chicas, como esclavas, bajo la amenaza moral de un látigo que es el miedo a ser despedidas, están mantenidas en un trabajo tan intenso y tan incesante que un hombre robusto, con más razón chicas delicadas de catorce a veinte años, no podría soportarlo. Dicho de otra forma, el agobiante ambiente de los talleres, y también de los barracones, la postura curvada, la habitualmente mala alimentación difícil de digerir,  todo eso, pero, ante todo, el trabajo prolongado y la privación de aire, producen los resultados más penosos para la salud de las chicas. El cansancio y el agotamiento, la debilidad, la pérdida de apetito, los dolores de hombros, espalda y cadera, pero sobre todo los dolores de cabeza, pronto hacen aparición; seguidamente son la desviación de columna vertebral, la elevación y deformación de hombros, el adelgazamiento, los ojos hinchados, llorosos, que provocan dolor y se vuelven miopes pronto, la tos, el asma, la mala respiración, así como todas las enfermedades del desarrollo femenino. Los ojos sufren en muchos casos tanto que se produce una ceguera incurable, una desorganización completa de la vista, y si la visión se mantiene bastante bien como para permitir la continuidad del trabajo, es la tisis la que, normalmente, pone fin a la breve y triste vida de las modistas. Incluso en el caso de aquéllas que dejan el trabajo bien pronto, la salud queda descompuesta para siempre, el vigor de la constitución quebrado; están perpetuamente en particular en el matrimonio, enfermas y débiles, y sólo traen al mundo niños enfermos. Todos los médicos preguntados en torno a este tema por el miembro de la Comisión sobre el trabajo infantil, han sido unánimes en declarar que no se podría imaginar un modo de vida tendente, más que éste, a arruinar la salud y a provocar una muerte prematura.

Por otra parte, con la misma crueldad, de forma solamente un poco más indirecta, es como están explotadas las costureras de Londres. Las chicas que se ocupan de la confección de los corsés tienen un trabajo duro, penoso, extenuante para los ojos; ¿y cuál es el salario que reciben?… El salario de estas costureras asciende, según eso y según diversas declaraciones de obreros y empresarios, por un trabajo sostenido, continuado con intensidad en la noche, al total de ¡2 1/2 a 3 chelines por semana! Y lo que viene a rematar esta vergonzosa barbarie es que las costureras deben dejar una parte del valor de las materias primas que les son confiadas, y ellas, evidentemente, no pueden hacerlo –y los propietarios bien lo saben– más que de una manera: empeñándose, o bien devolviéndolas con pérdidas, o entonces, si no pueden devolverlas, están obligadas a ir al juez de paz, como le ocurrió a una costurera en noviembre de 1834. Una chica pobre, que se encontraba en este caso y que no sabía qué hacer, se ahogó en un canal en agosto de 1844. Estas costureras viven normalmente en la mayor de las miserias, en pequeñas buhardillas, en las que se apiñan en una sola habitación, en tanto como el espacio se lo permita, y en las que, en invierno, el calor animal de las personas presentes es, la mayoría del tiempo, la única fuente de calor. Allí, sentadas y curvadas con su trabajo, cosen desde las cuatro o cinco de la mañana hasta medianoche, arruinan su salud en pocos años y mueren prematuramente, sin poder satisfacer sus necesidades más elementales [Thomas Hood, el mejor de todos los humoristas ingleses contemporáneos y, como todos los humoristas, lleno de sentimientos humanos, pero sin ninguna energía intelectual, publicó, a comienzos de 1844, en el momento en el que la miseria de las costureras rellenaba todos los periódicos, un bonito poema: The song of the shirt (La canción de la camisa), que provoca lágrimas compasivas en los ojos de las chicas de la burguesía, pero sin utilidad. Me falta espacio para reproducirla aquí; apareció primero en el Punch y luego lo hizo en toda la prensa. Habiendo sido tratada la situación de las costureras en todos los periódicos, serían superfluas las citas especiales (Nota de Engels).], mientras que por debajo, a sus pies, corren las brillantes carrozas de la alta burguesía, y mientras puede ser que a diez pasos de allí, un miserable dandy pierde en una noche, jugando al faraón, más dinero de lo que ellas puedan ganar en todo un año.

Fuente: La situación de la clase obrera en Inglaterra, Federico Engels

Tomado de: MARXISTS

LOS CUBANOS EN PRIMER PLANO. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

rodrigo álvarez cambra
El eminente ortopédico cubano Rodrigo Álvarez Cambras fue el primer entrevistado en el programa CUBANOS EN PRIMER PLANO. 

OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

OLAZABAL 2En su momento, Cubanos en Primer Plano fue un programa seguido por un altísimo nivel de audiencia en la Televisión Cubana, hasta que alguien decidió cambiarlo de horario y canal. Surgió en una oficina en el año 2004. Los dos interlocutores coincidían en que era imperdonable que siguieran falleciendo grandes personalidades de todos los campos en la sociedad cubana, y no quedara algo de su palabra y obra registrado para el futuro. Acordaron hacer un programa “piloto”, que se dedicó al insigne Doctor Profesor Rodrigo Álvarez Cambras.

A partir de ahí, los interlocutores se lanzaron en una aventura conjunta que duró cinco años, y gracias a la cual se logró almacenar la voz e imagen de más de 250 conocidos personajes de la vida cubana. Científicos, deportistas, políticos, escritores, artistas, arquitectos. En fin, toda la gama de profesiones en las cuales nuestra pequeña pero inmensa Isla se ha destacado a lo largo de la historia. Se grababan largas entrevistas que serían celosamente archivadas, mientras se editaba el programa de 15 minutos televisivos.

No había entrevistadores en cámara. Solo la personalidad hablaba, como conversando con su pueblo, a solas, en confianza. Decían secretos sorprendentes de su vida. Desde el verdadero nombre de Mireya Luis, hasta la edad en aquel momento de la lamentablemente recién fallecida Rosita Fornés. ¿Cómo fue el regreso de José Ramón Fernández a la vida militar después de 1959? ¿Qué le dijo Fidel a Luis Báez en un avión que hizo reír tanto a los que allí estaban? ¿Quién es Carlos Acosta?

La serie no solo satisfacía por lo novedoso, también por las manos que dirigían cada una de aquellas piezas audiovisuales. Cubanos en Primer Plano logró reunir a la crema y nata de la documentalística cubana de principios del siglo XXI. Directores como Belkis Vega, Jorge Fuentes, Eduardo de la Torre y Roberto Chile trabajaron en la serie, junto a otros más jóvenes que recién iniciaban sus caminos en la difícil faena de narrar historias con arte. Fue realmente un gozo ver cómo salían esas obras con el gusto y la profesionalidad de quienes, a la vez, disfrutaban haber logrado sacar a la luz los rostros de sus favoritos.

Los finales de cada programa eran esperados. Cada uno de los protagonistas debía decir su opinión sobre Cuba. Puede concluirse que el país cuenta con 250 bellas definiciones de la cubanía, que darían para hacer todo un libro, una de estas tantas cosas que nos quedan por hacer. Desde el humor de Sergio Vitier hasta el folclor de Luis Carbonell, pasando por la poesía de Waldo Leyva y Miguel Barnet. Las expresiones sobre nuestra hermosa Isla de Cuba nos hacen sentir aún más orgullosos.

Cubanos en Primer Plano fue un ejemplo de trabajo conjunto entre dos instituciones audiovisuales cubanas. Cinco años duró esa fiesta creativa que tanto se agradece. Siempre digo que, cuando se unen dos, el resultado es mejor. Algo que, inexplicablemente, es difícil de lograr muchas veces.

En algún momento del futuro debería reponerse la serie. Hacer un resumen de los mejores programas y que los jóvenes disfruten a los héroes. Muchos de los entrevistados ya no están con nosotros. Pero sus nombres sí son conocidos y admirados. Una digna manera de agradecer su legado sería volver a verlos una y otra vez.

La serie también marcó el inicio de una honesta y gran amistad entre las dos personas que, en una oficina en el año 2004, decidieron hacer un esfuerzo necesario por conservar y enriquecer la memoria histórica. Son de los que no exigen ni piden lauros, ni se enojan cuando no son mencionados. Son hermanos de ideas y principios. Son también muy cubanos.

QUE SE ME OLVIDE TODO, MENOS LA CLASE SOCIAL A LA QUE PERTENEZCO. ERNESTO VILLEGAS POLJAK

ernesto 2

ERNESTO VILLEGAS POLJAK

ERNESTO VILLEGAS 2Tenía 16 años cuando empecé en mi primer trabajo. Para poder formalizarlo, mi vieja tramitó un permiso. Un papel rosado plastificado en papel contact. Con ese papel pasé por varios talleres electrónicos, donde reparaba radios, televisores y “tres en uno” –si sabes a qué me refiero mejor sé estricto con tu cuarentena–, hasta que entré a trabajar en la Unidad de Medios Audiovisuales (UMAV) de la Universidad Simón Bolívar, con mi título de Técnico Medio Industrial mención Electrónica, obtenido en la Escuela Técnica Industrial Gregorio MacGregor, de Coche. En la USB aprendí a reparar y dar servicio técnico a máquinas de grabación de video de reel abierto, formato B (foto de arriba, junto al viejo José Funes en la Quebrada de Jaspe) y equipos Umatic (foto de abajo en el laboratorio de electrónica de la UMAV-USB), apoyado en imágenes de un osciloscopio. Mis estudios de Comunicación Social UCV los cursé en turno nocturno, mientras de día trabajaba en la USB. En 1991 cambié destornillador por grabador, cuando mi hermano Vladimir me consiguió trabajo en El Nuevo País, refugio de varios periodistas de izquierda dado el enfrentamiento de su dueño, Rafael Poleo, con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, su compañero de partido, AD. Allí inicié, antes de graduarme, como buena parte de los periodistas, mi periplo por varios medios de comunicación, donde he cumplido la mayor parte de mi vida laboral. Algunos ex compañeros de la USB están jubilados desde hace años, lo cual no me resulta “computable”, para decirlo en palabras del robot de Perdidos en el Espacio. En 2012, después de su triunfo electoral, el comandante Hugo Chávez me convocó a su Gabinete como ministro de Comunicación e Información. Desde entonces el trabajo nunca ha parado, a pesar de la bucólica imagen que en otros tiempos o latitudes se tiene de un funcionario de ese nivel. En casa, la familia demanda atención y reprueba la intromisión del trabajo en cada resquicio de tu tiempo, más todavía con el omnipresente aparato celular que no respeta lugares ni horarios. Quise compartir este resumen hoy 1 de Mayo. Si el Alzheimer toca algún día a mi puerta, que se me olvide todo, menos la clase social a la que pertenezco.

Fuente: FACEBOOK, ERNESTO VILLEGAS

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Ilustración de Sandor González Vilar

Día 17 de mayo de 1895

MARTÍ 1

Gómez sale, con los 40 caballos, a molestar el convoy de Bayamo. Me quedo, escribiendo con Garriga y Feria, que copian las Instrucciones Generales a los jefes y oficiales-conmigo doce hombres, bajo el teniente Chacón, con tres guardias, a los tres caminos; y junto a mí, Graciano Pérez. Rosalío, en su arrenquín, con el fango a la rodilla, me trae, en su jaba de casa, el almuerzo cariñoso: “por usted doy mi vida”. Vienen, recién salidos de Santiago, los hermanos Chacón, dueño el uno del arria cogida antier, y su hermano rubio, bachiller, y como letrado,-y José Cabrera, zapatero de Jiguaní, trabado y franco,-y Duane, negro joven, y como… en camisa, pantalón y gran cinto, y… Avalos, tímido, y Rafael Vázquez, y Desiderio Soler, de 16 años, a quien Chacón trae como hijo.- Otro hijo hay aquí, Ezequiel Morales, con 18 años, de padre muerto con las guerras. Y estos que vienen, me cuentan de Rosa Moreno, la campesina viuda que le mandó a Rabí su hijo único Melesio, de 16 años: “allá murió tu padre: ya yo no puedo ir: tú ve”. Asan plátanos, y majan tasajo de vaca, con una piedra en el pilón, para los recién venidos. Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre,–y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo…

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

Ilustración: Obra de Sándor González Vilar

¡HASTA SIEMPRE, COMPAÑERO JULIO ANGUITA!

¡Que la tierra te sea leve, compañero Julio Anguita!

Secretaría Ejecutiva de la Red en Defensa de la Humanidad (REDH)

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 16 de mayo de 1895

MARTÍ 1Ilustración de ChocoSale Gómez a visitar los alrededores. Antes, registro de los sacos, del Teniente Chacón, Oficial Díaz, Sargento P. Rico, que murmuran, para hallar un robo de 1/ botella de grasa.-Convicción de Pacheco, el Capitán: que el cubano quiere cariño, y no despotismo: que por el despotismo se fueron muchos cubanos al gobierno y se volverán a ir: que lo que está en el campo, es un pueblo, que ha salido a buscar quien lo trate mejor que el español, y halla justo que le reconozcan su sacrificio. Calmo,-y desvío sus demostraciones de afecto a mí, y las de todos. Marco, el dominicano: “i Hasta sus huellas!” De casa de Rosalío vuelve Gómez.-Se va libre el alcalde de La Venta; que los soldados de La Venta, andaluces, se nos quieren pasar.-Lluvia, escribir, leer.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

Ilustración: Obra de Eduardo Roca (Choco)

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 15 de mayo de 1895

MARTÍ 1Ilustración de Ernesto RancañoLa lluvia de la noche, el fango, el baño en el Contramaestre: la caricia del agua que corre: la seda del agua. A la tarde viene la guerrilla: que Masó anda por la Sabana, y nos lo buscan: traen un convoy, cogido en la Ratonera. Lo vacían a la puerta: lo reparte Bellito: vienen telas, que Bellito mide al brazo: tanto a la escolta,-tanto a Pacheco, el capitán del convoy, y la gente de Bellito,-tanto al Estado Mayor: velas, una pieza para la mujer de Rosalío, cebollas y ajos, y papas y aceitunas para Valentín.

Cuando llegó el convoy, allí, el primero Valentín, al pie, como diciendo, ansioso. Luego, la gente alrededor. A ellos, un galón de “vino de composición para tabaco”,- más vino dulce: Que el convoy de Bayamo sigue sin molestar a Baire, repartiendo raciones. Lleva once prácticos, y Francisco Diéguez entre ellos : “Pero él vendrá: él me ha escrito: lo que pasa es que en la fuerza teníamos a los bandidos que persiguió él, y no quiere venir, los bandidos de EL, Brujito, el muerto de Hato del Medio”.- Y no hay fuerzas alrededor con que salirle al convoy, que va con 500 hombres. Rabí,-dicen-atacó el tren de Cuba en San Luis, y quedó allá.-De Limbano hablamos, de sobremesa: y se recuerda su muerte, como la contó al práctico de Mayarí, que había acudido a salvarlo, y llegó tarde. Limbano iba con Mongo, ya deshecho, y llegó a casa de Gabriel Reyes, de mala mujer, a quien le había hecho mucho favor: le dio las monedas que llevaba; la mitad para su hijo de Limbano y para Gabriel la otra mitad, a que fuera a Cuba, a las diligencias de su salida y el hombre volvió, con la promesa de 2,000 pesos, que ganó envenenando a Limbano. Gabriel fue al puesto de la guardia civil, que vino, y disparó sobre el cadáver, para que apareciera muerto de ella. Gabriel vive en Cuba, acusado de todos los suyos: su ahijado le dijo: “Padrino, me voy del lado de usted, porque usted es muy infame”.-Artigas, al acostarnos pone grasa de puerco sin sal sobre una hoja de tomate, y me cubre la boca del nacido.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

Ilustración: Obra de Ernesto Rancaño

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

MARTÍ 1Ilustración de Roberto FabeloSale una guerrilla para La Venta, el caserío con la tienda de Rebentoso, y el fuerte de 25 hombres. Mandan, horas después, al alcalde; el gallego José González, casado en el país, que dice que es alcalde a la fuerza, y espera en el rancho de Miguel Pérez, el pardo que está aquí de cuidador, barbero. Escribo, poco y mal, porque estoy pensando con zozobra y amargura. ¿Hasta qué punto será útil a mi país mi desistimiento? Y debo desistir, en cuanto llegase la hora propia, para tener libertad de aconsejar, y poder moral para resistir el peligro que de años atrás preveo, y en la soledad en que voy, impere acaso, por la desorganización e incomunicación que en mi aislamiento no puedo vencer, aunque, a campo libre, la revolución entraría, naturalmente, por su unidad de alma, en las formas que asegurarían y acelerarían su triunfo.-Rosalío va y viene, trayendo recados, leche, cubiertos, platos: ya es prefecto de Dos Ríos. Su andaluza prepara para un enfermo una purga de higuereta, de un catre le hace hamaca, le acomoda un traje: el enfermo es José Gómez, granadino, risueño, de franca dentadura: “Y usted, Gómez, cómo se nos vino para acá? Cuénteme, desde que vino a Cuba.” “Pues yo vine hace dos años, y me rebajaron, y me quedé trabajando en el Camagüey. Nos rebajaron así a todos, para cobrarse nuestro sueldo, y nosotros de lo que trabajábamos vivíamos. Yo no veía más que criollos, que me trataban muy bien: yo siempre vestí bien, y gané dinero, y tuve amigos: de mi paga en dos años, sólo alcancé doce pesos.-Y ahora me llamaron al cuartel, y no sufrí tanto como otros, porque me hicieron cabo; pero aquello era maltratar a los hombres, que yo no lo podría sufrir, y cuando un oficial me pegó dos cocotazos, me callé y me dije que no me pegaría más: y me tomé el fusil y las cápsulas, y aquí estoy.” Y a caballo, en su jipijapa y saco pardo, con el rifle por el arzón de su potranca, y siempre sonriendo.-Se agolpan al rancho, venideros de la Sabana, de Hato del Medio, los balseros que fueron a preguntar si podían arrear la madera: vuelven a Cauto del Embarcadero, pero no a arrearla: prohibidos, los trabajos que den provecho, directo o indirecto, al enemigo. Ellos no murmuran: querían saber: están preparados a salir con el comandante Contiño.-Veo venir a caballo, a paso sereno bajo la lluvia, a un magnífico hombre, negro de color, con gran sombrero de ala vuelta, que se queda oyendo, atrás del grupo y con la cabeza por sobre él. Es Casiano Leyva, vecino de Rosalío, práctico por Guamo, entre los triunfadores el primero, con su hacha potente: y al descubrirse le veo el noble rostro, frente alta y fugitiva, combada al medio, ojos mansos y firmes, de gran cuenca; entre pómulos anchos, nariz pura; y hacia la barba aguda la pera canosa: es heroica la caja del cuerpo, subida en las piernas delgadas: una bala, en la pierna: él lleva permiso de dar carne al vecindario; para que no maten demasiada res. Habla suavemente; y cuanto hace tiene inteligencia y majestad. El luego irá por Guamo .-Escribo las instrucciones generales a los jefes y oficiales.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

Ilustración: Obra de Roberto Fabelo

NO SE NACE LENINISTA. ROQUE DALTON

Ahorita, como quien dice, el excepcional poeta y luchador revolucionario salvadoreño Roque Dalton estaría celebrando 85 años de haber nacido. Con seguridad, no será tan bien recordado en el mundo como merece, a pesar de que lo suyo no era precisamente sentirse a gusto con las formalidades. Fue un ser tan inconforme con lo mal hecho que su sinceridad resultaba inocultable y desafiante para los hipócritas y demagogos. Alguien que lo conoció bien, como el escritor cubano Luis Rogelio (Wichy) Nogueras, me dijo una tarde en la antigua redacción de El Caimán Barbudo que Roque estaba vivo y que no tenía sentido que los jóvenes de entonces, nos empeñáramos demasiado en recordarlo muerto. “Me parece haberlo visto discutiendo esta mañana”, agregó con fina ironía. Así que imagino a ambos mirándome con sorna desde la eternidad, donde, no obstante merecerla, seguramente se sentirán incómodos.
Hace apenas cuatro días que se cumplieron 45 años del asesinato de  Rogue Antonio Dalton García por sus propios compañeros de lucha en Quezaltepeque, El Salvador. Un crimen abominable que ha perseguido y perseguirá hasta en las sombras a sus asesinos y cómplices a pesar de la impunidad. Hacemos bien en no olvidar el hecho ni sus irreparables consecuencias, pero al poeta que fue Roque siempre habrá que recordarlo en vida, como nos pedía Wichy. Eso sí, habrá que recordarlo siempre.
En este blog han sido publicados varios textos de Roque o a propósito de su obra. Algunos, como su poema “Desnuda”, figuran entre los tres más visitados de todos los tiempos. Hoy reproduzco dos fragmentos de su innovador y celebrado Un libro rojo para Lenin, escrito en Cuba entre 1970 y 1973.
En “No se nace leninista”, el intelectual salvadoreño rinde homenaje, por supuesto, al legado de Lenin, a la Revolución cubana y hace un guiño a su amigo y vecino, nuestro entrañable Fernando Martínez Heredia, su “profesor” de Filosofía. En “Contra quién es este libro”, partiendo del propio Lenin, la emprende contra los oportunistas y el oportunismo, un mal de siglos dentro de las izquierdas y la naturaleza humana. De ahí su permanente actualidad.
Quede Roque en nosotros y nosotros con él. (OG)

roque dalton 3

 ROQUE DALTON

Sábado en La Habana
hace un calor anticipado y hay quien dice que por eso
este año habrá más calor y hay quien dice que precisamente por eso
este año habrá menos calor
se rompió otra vez el motor del agua
y Aída no se siente bien
y los niños mayores llegan hasta el mediodía de sus becas pero
para almorzar y no para cargar cubos de agua
y el chiquito llegó ayer por la noche
pero no le vamos a fastidiar su fin de semana
su despertar después de las nueve de la mañana
resultado que he subido y bajado más de treinta veces
tres pisos con dos cubos de agua
y me duelen todos los huesos
menos mal que en el taller dijeron que será cosa de sólo dos semanas
para colmo hoy dieron carne
y pecamos a la francesa con bistecs a lo pobre
es decir
que necesitaría una leve siesta pero
claro que no lo he dicho antes
lo voy a decir ahora
si no
no habría drama y este poema no tendría razón de ser
dentro de quince minutos comienza nuestro círculo de estudio
hoy le abriremos la puerta a Lenin
después de haber planeado sobre (del verbo planear, que se sustantiviza
en un planeador) o sea sobrevolado
a Marx.

Imposible excusas con el transporte o la lluvia
el profesor vive allí enfrente en los bajos
incluso por eso fue posible nuestro acuerdo
yo le guardo la carne en nuestro refrigerador y le fabrico hielo porque él
no tiene temporalmente refrigerador
y él me da un curso sistematizante
de marxismo-leninismo
cuando le queda tiempo
así es la vida
entre personas cojonudas como se dice en el Vedado
él es mejor que yo porque cumple el pacto como
un profesor de piano salvadoreño
amenazado por el fantasma finimensual del hambre
y a mí en ocasiones se me olvida
meter las cajuelas de agua al congelador y una vez le robé un bistec
nunca lo sabrá.

A las tres y cuatro minutos llega
le ofrezco ron o café
el acepta el café
yo beberé un poco de ron
luego lo piensa mejor y se toma mi ron
y yo tomo el café y otro ron
y hablamos un poco de El Salvador y de Chile
y de un abominable homenaje al Che hecho o más bien dicho cometido
anoche por los músicos y compañía
y de un espectáculo que deberíamos escribir
y de una vecina que no viene al caso
pero que sirve para poner las cosas en su lugar
y él comienza a aclarar su voz tosiendo de una manera rarísima
operación que repetirá cada cinco minutos
hasta poner nerviosos a quienes lo oigan por casualidad
o sea sin seguir lo que dice
y como agotamos el prólogo y ninguno de los dos fuma
entra en materia:

No vale la pena en el siglo XX estudiar el marxismo si no se estudia en relación con la revolución, mejor sí con una revolución que estamos haciendo. Los “marxismos” de nuestro siglo deben estudiarse en el seno de la realidad concreta en que se produjeron. En el caso de Lenin, no debemos estudiarlo fuera del contexto de las revoluciones rusas.

El caso de Rusia, para la vieja tradición marxista del siglo XIX, era como es hoy el caso de América Latina para cierta ortodoxia, digamos, europeizante. Europa era, para aquella tradición, el lugar de la revolución. Rusia era un lugar “atrasado”, no cumplía los requisitos que el marxismo parecía exigir para el desarrollo de un proceso revolucionario en el sentido comúnmente admitido entonces.

La explotación nacional de los gran-rusos no era ejercida como la de los ingleses, los franceses.

Y en la economía rusa, había capitales extranjeros en actividad.

Todo un nudo de explotación, de explotaciones entrecruzadas, tendería a extraviar la dirección principal de la toma de conciencia y de la acción inmediata de los explotados:

– La explotación de los pueblos del imperio por la clase dominante rusa.

– La explotación social del pueblo ruso por la monarquía, los nobles y los terratenientes.

– La explotación de los capitales extranjeros.

– La explotación nacional por medio del impuesto.

El imperio inglés, por el contrario, no admitía en su seno capitales extranjeros; proponía el comercio abierto y propugnaba los impuestos.

Mientras el Estado ruso aspiraba a la unidad nacional “desde arriba” (el zar como elemento unificador de la gran nación encabezada por los eslavos), los colonialistas ingleses no aspiraban a que sus explotados se volvieran ingleses.

Además, si el Estado nacional ruso se formó sólidamente en base al absolutismo, los nuevos estados europeos habían surgido de la revolución democrático-burguesa.

En Rusia, el carácter sagrado del zar era la explicación del Estado. Eso quiere decir, para lo que nos interesa que además de la debilidad y complejidad económico-social, había la debilidad y complejidad ideológico-política. La dominación en Rusia no tenía los recursos democrático-burgueses.

Pero, y esta es una diferencia importante con respecto a América Latina, Rusia era un solo Estado unificado, con recursos centralizados.

Llaman a la puerta
es Manolito el hijo de la encargada del edificio
un niño con un potencial energético
como para iluminar Tokio por diez años
trae una circular del Comité de Defensa
advirtiendo que la próxima semana vendrán a medirnos
en la segunda fase de estudio sobre el crecimiento de la población
cubana
le digo a Manolito que nosotros no somos cubanos
y no entramos en el estudio
y que además no nos hicieron la primera medición
de manera que nadie podrá saber si hemos crecido
pero como el niño se niega a creer que no seamos cubanos
tomo la circular y vuelvo a Lenin.

En coalición con los sectores más reaccionarios de diversas zonas de Europa, Rusia se había convertido en el gendarme del continente: gendarme ora antinapoleónico, ora antialemán, ora antiinglés, de acuerdo al interés contratado.

Por cumplir esa función, Rusia tuvo ferrocarriles construidos con capital francés. Y grandes fábricas contradictorias, como la Putílov, que era la más grande del mundo y sin embargo sólo disponía del dos por ciento de la población obrera rusa.

Me llaman de la Central Telefónica
hay definitivas dificultades para llamar a Jill a Nueva York
la comunicación se restablecerá recién mañana por la tarde paciencia
repito todos los números en dos idiomas
pero él ha continuado hablando en todo momento.

A pesar de todo, la ideología demoburguesa tuvo su entrada con el “progreso”. La fractura entre el absolutismo y los intelectuales no llegó a la revolución.

Evidentemente algo me he perdido.

“La explotación que no admite la democratización impide que quienes comen de las sobras de la mesa opulenta puedan hacer su revolución. Los intelectuales rusos tuvieron entonces que “ir al pueblo”.

La población los acepta como santos modernos que predicaban la emancipación por medio de ideas confusas: la eslavofilia, inclusive. Que creían que la gran familia eslava sin señores, la eslavofilia populista, era la gran solución, sin necesidad de la revolución democrático- burguesa a la europea. Propugnaban entonces la vuelta a la comunidad rural y decían que en Rusia el capitalismo “no era necesario”.

En un marco nacional de tradiciones comunitarias fuertes (otchina, mir), se produjo en 1861la liberación de los siervos de la gleba.

En la práctica, frente a los golpes de la realidad, la solución populista se fue clarificando. Se comprendió que no bastaba con “ir al pueblo”. Y apareció entonces el siguiente planteamiento: “Hay que matar a los señores”. Y nació el terrorismo populista.

Pero cuando se ejecutó a Alejandro II subió al trono otro Alejandro igual o peor, Alejandro III, y el pueblo ruso no se alzó en armas, como se esperaba.

Se dice que Lenin manifestó frente al cadáver de su hermano: “Ese no será nuestro camino”.

Pero no debemos olvidar que el hermano de Lenin, ahorcado por terrorista y por negarse a pedir clemencia, había leído El Capital. Su discurso, en ocasión de ser condenado por el tribunal que lo juzgó, recoge ejemplarmente los puntos de vista avanzados de aquella época.

Los terroristas que configuran un momento importantísimo de la tradición revolucionaria rusa. Hay que leer a Lenin: “a qué herencia renunciamos”.

El marxismo surge en su primera etapa en Rusia entre los no terroristas (Plejánov, por ejemplo), pero no porque fueran no terroristas, sino por su posición frente al problema del capitalismo, frente al problema de si en Rusia iba a haber o no desarrollo capitalista. Y el mismo Plejánov, llamado el padre del marxismo ruso, apoyó en su propaganda a los terroristas. Fue el problema del capitalismo en Rusia el que definió a los verdaderos marxistas, no el hecho de que fueran o no terroristas. ¿Para llegar al socialismo en Rusia había que pasar por el capitalismo? ¿Se podría ir al socialismo por la evolución de las comunas campesinas rusas? ¿Qué sector social dirigiría uno u otro proceso?

Vera Zasúlich y Plejánov comenzaron a predicar a Marx: surgieron las Uniones de Estímulo al Proletariado.

Fueron los marxistas rusos quienes dijeron que la revolución no estaba a la vuelta de la esquina, que había que desarrollar el capitalismo para desarrollar al proletariado, su sepulturero. En la medida en que se absolutizó esta concepción, apareció el marxismo “legal”.

El marxismo ruso estaba aún confuso en lo de ser proletario o burgués y nadaba en el economicismo.

En esas condiciones, la discusión tuvo diversos efectos en cada sector social: “sindicalismo sin política en el movimiento obrero, teoricismo abstracto entre los intelectuales” La evolución de la línea del “socialismo como antieslavofilia” produjo muchos intelectuales traidores. La premisa corruptora y acomodadora era lo suficientemente general: mientras no haya clase obrera desarrollada, lo más que podemos hacer es propaganda. Struve llegaría a ser agente de Stolypin.

Pero entonces llegó el comandante y mandó a parar. Lenin planteó: ¿A qué nivel deberá llegar el desarrollo del capitalismo en Rusia para hacer una revolución anticapitalista? En El desarrollo del capitalismo en Rusia , Lenin dice no (para fines revolucionarios, para ir al socialismo) a la comunidad rusa y demuestra que el desarrollo capitalista en su inmenso país es ya para entonces un hecho indiscutible, una realidad. El problema verdadero era: “cómo y cuándo montarse en ese desarrollo capitalista, para negarlo”.

En este nudo problemático estaban ubicados dos problemas básicos: el de la clase social dirigente y el de la organización revolucionaria dirigente. Si la formación social rusa era de dominante capitalista esa clase social tenía que ser el proletariado y esa organización el partido marxista del proletariado.

Lenin distingue el sujeto teórico-histórico de la revolución (el proletariado como clase, que deriva del modo de producción) y su sujeto político-práctico (la vanguardia, que deriva de la formación social), que representa no ya al proletariado en sí, dominado económica, política e ideológicamente, sino el proletariado para sí, consciente del lugar que ocupa en el proceso de producción y de sus propios intereses de clase.

Hace su primer alto recapitulador en la exposición
y según el método acordado
volvemos al punto de partida para discutir los conceptos
anotados en mi libreta
los niños del vecindario cantan en la calle de mala manera
juegan a imitar al héroe lánguido
de la película “La vida sigue igual”
lo cual es por lo menos incongruente con todo.

—————————————

CONTRA QUIÉN ES ESTE LIBRO

Contra los especialistas en podrir situaciones revolucionarias
y echarlas al cesto de las manzanas para tratar de podrir a las demás
contra los que incluso cuando han abordado de lleno la cuestión
se han esforzado por eludirla
contra los full-backs de la burguesía
contra los filisteos los semifilisteos y los polifilisteos
contra los célebres a lo Eróstrato
que nacieron para acusar de blanquista a la naturaleza y a la historia
contra los que gustan tanto de las citas y las sentencias
que terminan por defenderlas de la revolución
contra quienes piensan que la gran obra de Marx
fue prevenir a la clase obrera contra el revolucionarismo excesivo
y le dan un contenido deportivo a su frase
“hacer saltar toda la maquinaria del Estado”
contra los acólitos de la bernsteiniada de toda época de fuego
contra los radicales pasivos
y los portaestandartes de la espera
contra los que se pasan con armas y bagajes al oportunismo
contra los que van a buscar sus armas y bagajes en el oportunismo
contra quienes no usan sus armas y bagajes contra el oportunismo

Fuente UN LIBRO ROJO PARA LENIN. Poema-collage (La Habana 1970-1973)

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 13 de mayo de 1895

MARTÍ 1foto-inc3a9dita-de-josc3a9-martc3ad-580x7792Esperaremos a Masó en lugar menos abierto, cerca de Rosalfo, en casa de su hermano. Voy aquietando: a Bellito, a Pacheco, y a la vez impidiendo que me muestren demasiado cariño. Recorremos de vuelta los potreros de ayer, seguimos Cauto arriba, y Bellito pica espuelas para enseñarme el bello estribo, de copudo verdor, donde, con un ancho recodo al frente se encuentran los dos ríos: el Contramaestre entra allí al Cauto. Allí, en aquel estribo, que da por su fondo a los potreros de la Travesía, ha tenido Bellito campamento: buen campamento: allí arboleda oscura, y una gran ceiba. Cruzamos el Contramaestre, y, a poco, nos apeamos en los ranchos abandonados de Pacheco. Aquí. fue cuando esto era monte, el campamento de Los Ríos, donde O’Kelly se dio primero con los insurrectos, antes de ir a Céspedes-Y hablamos de las tres Altagracias- Altagracia la Cubana, donde estuvimos.-Altagracia de Manduley.-Y Altagracia la Bayamesa.-De sombreros: “tanta tejedora que hay en Holguín”.-De Holguín, que es tierra seca, que se bebe la lluvia, con sus casas a cordel y sus patios grandes, “hay mil vacas paridas en Holguín”.- Me buscan hojas de zarza, o de tomate, para untarlas de sebo, sobre los nacidos. Artigas le saca flecos a la jáquima que me trae Bellito.-Ya está el rancho barrido: hamacas, escribir; leer; lluvia; sueño inquieto.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 12 de mayo de 1895

MARTÍ 1jose-marti4De La Travesía a La Jatía, por los potreros, aún ricos en reses, de La Travesía, Guayacanes y La Vuelta. La yerba ya es espesa, con la lluvia continua. Gran pasto, y campo, para caballería. Hay que echar abajo las cercas de alambre, y abrir el ganado al monte, o el español se lo lleva, cuando ponga en La Vuelta el campamento, al cruce de todos estos caminos. Con barrancas como las del Cauto asoma el Contramaestre, más delgado y claro y luego lo cruzamos y bebemos. Hablamos de hijos: con los tres suyos está Teodosio Rodríguez, de Holguín: Artigas trae el suyo: con los dos suyos de 21 y 18 años, viene Bellito. Una vaca pasa rápida, mugiendo dolorosa y salta el cercado: despacio viene a ella, como viendo poco, el ternero perdido; y de pronto, como si la reconociera, se enarca y arrima a ella, con la cola al aire, y se pone a la ubre: aún muge la madre.-La Jatía es casa buena, de cedro y de corredor de zinc, ya abandonada de Agustín Maysana, español rico; de cartas y papeles están los suelos llenos. Escribo al aire, al Camagüey, todas las cartas que va a llevar Calunga, diciendo lo visto, anunciando el viaje, al Marqués, a Mola, a Montejo.-Escribo la circular prohibiendo el pase de reses, y la carta a Rabí. Masó anda por la sabana con Maceo, y le escribimos: una semana hemos de quedamos por aquí, esperándolo.-Vienen tres veteranos de las Villas, uno con tres balazos en el ataque imprudente a Arimao, bajo Mariano Torres,- y el hermano, por salvarlo, con uno: van de compra y noticias a Jaguaní: Jaguaní tiene un fuerte, bueno, fuera de la población, y en la plaza dos tambores de mampostería, y los otros dos sin acabar, porque los carpinteros, que atendían a la madera desaparecieron: y así dicen: “vean como están estos paisanos, que ni pagados quieren estarse con nosotros”.-Al acostarnos, desde las hamacas, luego de plátano y queso, acabado lo de escribir, hablamos de la casa de Rosalío, donde estuvimos por la mañana, al café a que nos esperaba él, de brazos en la cerca. El hombre es fornido, y viril, de trabajo rudo, y bello mozo, con el rostro blanco ya rugoso, y barba negra corrida.- “Aquí tienen a mi señora”, dice el marido fiel, y con orgullo: y allí está en su túnico morado, el pie sin medias en la pantufla de flores, la linda andaluza, subida a un poyo, pilando el café. En casco tiene alzado el cabello por detrás, y de allí le cuelga en cauda: se le ve sonrisa y pena. Ella no quiere ir a Guantánamo, con las hermanas de Rosalío: ella quiere estar “donde esté Rosalío”. La hija mayor, blanca, de puro óvalo, con el rico cabello corto abierto en dos y enmarañado, aquieta a un criaturín huesoso, con la nuca de hilo, y la cabeza colgante, en un gorrito de encaje: es el último parto. Rosalío levantó la finca; tiene vacas, prensa quesos: a lonjas de a libra nos comemos su queso, remojado en café: con la tetera, en su taburete, da leche Rosalío a un angelón de hijo, desnudo, que muerde a los hermanos que se quieren acercar al padre: Emilia de puntillas, saca una taza de la alacena que ha hecho de cajones-, contra la pared del rancho. 0 nos oye sentada; con su sonrisa dolorosa, y alrededor se le cuelgan sus hijos.-

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 11 de mayo de 1895

MARTÍ 1A más allá, en la misma Travesía, a casa menos fangosa. Se va Miró, con su gente. Llegando a pronto. A Rosalío Pacheco; que sirvió en toda la guerra, y fue deportado a España en la Chiquita; y allá casó con una andaluza, lo increpa reciamente Gómez-Pacheco sufre, sentado en la camilla de varas al pie de mi hamaca.-Notas, conversación continúa sobre la necesidad de activar la guerra, y el asedio de las ciudades.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 10 de mayo de 1895

MARTÍ 1Gomez MartíDe Altagracia vamos a La Travesía. – Allí volví a ver de pronto, a la llegada, el Cauto, que ya venía crecido, con su curso ancho en lo hondo, y a los lados, en vasto declive, los barrancos. Y pensé de pronto, ante aquella hermosura, en las pasiones bajas y feroces del hombre. Al ir llegando, corrió Pablo una novilla, negra, de astas nacientes, y la echan contra un árbol, donde, a vueltas, le van acortando la soga. Los caballos, erguidos, resoplan: les brillan los ojos. Gómez toma del cinto de un escolta el machete, y abre un tajo, rojo, en el muslo de la novilla. – “Desjarreten esa novilla!” Uno, de un golpe, la desjarreta, y se arrodilla el animal, mugiendo: Pancho, al oír la orden de matar, le mete, mal, el machete por el pecho, una vez y otra: tuno, más certero, le entra hasta el corazón; y vacila y cae la res, y de la boca sale en chorro la sangre. Se la llevan arrastrando. Viene Francisco Pérez, de buen continente, enérgico y carirredondo, capitán natural de sus pocos caballos buenos, hombre sano y seguro. Viene el capitán Pacheco, de cuerpo pequeño, de palabra tenaz y envuelta, con el decoro y la aptitud abajo: tomó un arria, sus mismos cubanos le maltrataron la casa y le rompieron el burén, “yo no he venido a aspirar, sino a servir a la patria”, pero habla sin cesar y como a medias, de los que hacen y de los que no hacen, y de que los que hacen menos suelen alcanzar más que el que hace, “¡pero él sólo ha venido a servir a la patria!” “i Mis polainas son éstas!“, – las pantorrillas desnudas: el pantalón a la rodilla, los borceguíes de vaqueta: el yarey, amarillo y púrpura. Viene Bellito, el coronel Bellito de Jaguaní, que por enfermo había quedado acá. Lo adivino leal, de ojo claro de asalto, valiente en hacer y en decir. Gusta de hablar su lengua confusa, en que, en las palabras inventadas, se le ha de sorprender el pensamiento. “La revolución murió por aquella infamia de deponer a su caudillo.” “Eso llenó de tristeza el corazón de la gente.” “Desde entonces empezó la  revolución a volver atrás.” “Ellos fueron los que nos dieron el ejemplo”,-ellos, los de la Cámara .-Cuando Gómez censura agrio las rebeliones de García, y su cohorte de consejeros: Belisario Peralta, el venezolano Barreto, Bravo y Senties, Fonseca, Limbano Sánchez y luego Collado,-Bello habla dándose paseos, como quien espía al enemigo, o lo divisa, o cae sobre él, o salta de él. “Eso es lo que la gente quiere: el buen carácter en el mando.” “No, señor, a nosotros no se nos debe hablar así, porque no se lo aguanto a hombre nacido.” “Yo he sufrido por mi patria cuanto haiga sufrido el mejor General.” Se encara a Gómez, que lo increpa porque los oficiales dejan pasar a Jaguaní las reses que llevan pase en nombre de Rabí.-“Los que sean; y además ésa es la orden del jefe, y nosotros tenemos que obedecer a nuestro jefe.” “Ya sé que eso está mal, y no debe entrar res; pero el menor tiene que obedecer al mayor.” Y cuando Gómez dice: “Pues lo tienen a usted bueno con lo de Presidente. Martí no será Presidente mientras yo esté vivo”: y enseguida, “porque yo no sé qué le pasa a los Ptes., que en cuanto llegan ya se echan a perder, excepto Juárez, y eso un poco y Washington”.-Bello, animado, se levanta, y da dos o tres brincos, y el machete le baila a la cintura: “Eso será a la voluntad del pueblo”: y murmura: “Porque nosotros,-me dijo otra vez, acodado a mi mesa con Pacheco,-hemos venido a la revolución para ser hombres, y no para que nadie nos ofenda en la dignidad de hombre”.- En lluvias, jarros de café, y plática de Holguín y Jaguaní llega la noche. Por noticias de Masó esperamos. ¿Habrá ido a la concentración con Maceo? Miró a oscuras, roe en la púa una paloma rabiche.-Mañana mudaremos de casa.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

 

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 9 de mayo de 1895

José MartíMARTÍ 1Adiós a Banderas,-a Moncada,-al fino Carvajal que quisiera irse con nosotros, a los ranchos donde asoma la gente, saludando con los yareyes : “¡ Dios los lleve con bien, mis hermanos!” Pasamos sin que uno solo vuelva a ella los ojos, junto a la sepultura. Y a poco andar, por el hato lodoso se sale a la sabana, y a unos mangos al fondo: es Baraguá: son los mangos, aquellos dos troncos con una sola copa, donde Martínez Campos conferenció con Maceo. Va de práctico un mayaricero que estuvo allí entonces: “Martínez Campos lo fue a abrazar, y Maceo le puso el brazo por delante, así: ahí fue que tiró el sombrero al suelo. Y cuando le dijo que ya Garcia había entrado, viera el hombre cuando Antonio le dijo: ‘¿quiere usted que le presente a Garcia?‘: García estaba allí, en ese monte; todo ese monte era de cubanos no más. Y de ese lado había otra fuerza, por si venían con traición.” De los llanos de la protesta salimos al borde alto, del rancho abandonado, de donde se ve el brazo del rio, aún seco ahora, con todo el cauce de yerbal y los troncos caídos cubiertos de bejuco, con flores azules y amarillas, y luego de un recodo, la súbita bajada: “¡ Ah, Cauto-dice Gómez,-cuánto tiempo hacia que no te veía!” Las barrancas feraces y elevadas penden, desgarradas a trechos, hacia el cauce, estrecho aún, por donde corren,  turbias y revueltas, las primeras lluvias.

De suave reverencia se hincha el pecho, y cariño poderoso, ante cual vasto paisaje del río amado. Lo cruzamos, por cerca de una ceiba, y, luego del saludo a una familia mambí, muy gozosa de vernos, entramos al bosque claro, de sol dulce, de arbolado ligero, de hoja acuosa. Como por sobre alfombra van los caballos, de lo mucho del césped. Arriba el curujeyal da al cielo azul, o la palma nueva, o el dagame que da la flor más fina, amada de la abeja, o la guásima, o la jatía. Todo es festón y hojeo, y por entre los claros, a la derecha, se ve el verde del limpio, a la otra margen, abrigado y espeso. Veo allí el ateje, de copa alta y menuda, de parásitas y curujeyes; el caguairán, “el palo más fuerte de Cuba”, el grueso júcaro, el almácigo, de piel de seda, la jagua, de hoja ancha, la preñada güira, el jigüe duro, de negro corazón para bastones, y cáscara de curtir, el jubabán, de fronda leve, cuyas hojas, capa a capa, “vuelven raso el tabaco”, la caoba, de corteza brusca, la quiebrahacha, de tronco estriado, y abierto en ramos recios, cerca de las raíces, (el caímitillo y el cupey y la picapica) y la yamagua, que estanca la sangre:-A Cosme Pereira nos hallamos en el camino, y con él a un hijo de Eusebio Venero, que se vuelve a anunciarnos a Altagracia. Aún está en Altagracia Manuel Venero, tronco de patriotas, cuya hermosa hija Panchita murió, de no querer ceder, al machete del asturiano Federicón. Con los Venero era muy íntimo Gómez, que de Manuel osado hizo un temido jefe de guerrilla, y por Panchita sentía viva amistad, que la opinión llamaba amores. El asturiano se llevó la casa un día y en la marcha iba dejando a Panchita atrás, y solicitándola y resistiendo ella.- “¿Tú no quieres porque eres la querida de Gómez?” Se irguió ella, y él la acabó, con su propia mano.-Su casa hoy nos recibe con alegría, en la lluvia oscura y con buen café.- Con sus holguineros se alberga allí Miró, que vino a alcanzarnos al camino: de aviso envió a Pancho Díaz, mozo que por una muerte que hizo se fue a asilar a Montecristi, y es práctico de ‘ríos, que los cruza en la cresta, y enlazador, y hoceador de puercos, que mata a machetazos. Miró llega, cortés en su buen caballo: le veo el cariño cuando me saluda: él tiene fuerte habla catalana; tipo fino, barba en punta y calva, ojos vivaces. Dio a Guerra su gente, y con su escolta de mocetones subió a encontrarnos.-‘Venga, Rafael.“-Y se acerca, en su saco de nípe amarillo, chaleco blanco, y jipijapa de ala corta a la oreja, Rafael Manduley, el Procurador de Holguín, que acaba de salir al campo. La gente, bien montada, es de muy buena cepa. Jaime Muñoz, peinado al medio, que administra bien, José González, Bartolo Rocaval, Pablo García, el práctico astuto sagaz, Rafael Ramírez, Sargento primero de la guerra, enjuto, de bigotillo negro, Juan Oro, Augusto Feria, alto y bueno, del pueblo, cajista y de letra, Teodorico Torres, Nolasco Peña, Rafael Peña, Luis Pérez, Francisco Díaz, Inocencio Sosa, Rafael Rodríguez,-Y Plutarco Artigas, amo de campo, rubio y tuerto, puro y servicial: dejó su casa grande, su bienestar, y “nueve hijos de los diez que tengo, porque el mayor me lo traje conmigo”. Su hamaca es grande, con la almohadilla hecha de manos tiernas; su caballo es recio, y de lo mejor de la comarca; él se va lejos, a otra jurisdicción, para que de cerca “no lo tenga amarrado su familia”: y “mis hijitos se me hacían una piña alrededor y se dormían conmigo”. Aún vienen Miró y Manduley henchidos de su política local; a Manduley “no le habían dicho nada de la guerra”, a él que tiene fama de erguido, y de autoridad moral; trae espejeras: iba a ver a Masó “y yo, que alimentaba a mis hijos científicamente; quién sabe lo que comerán ahora”. Miró, de gesto animado y verbo bullente, alude a su campaña de siete años en La Doctrina de Holguín, y luego en El Liberal de Manzanillo que le pagaban Calvar y Beattie, y donde les sacó las raíces a los “cuad.ilongos”, a los “astures”, a “la malla integrista “. “Dejó hija y mujer, y ha paseado, sin mucha pelea, su caballería de buena gente por la comarca”. Me habla de los esfuerzos de Gálvez, en la Habana, para rebajar la revolución: del grande odio con que Gálvez habla de mí, y de Juan Gualberto: “a usted, a usted es a quien ellos le temen “: “a voz en cuello decían que no vendría usted, y eso es lo que los va ahora a confundir”.-Me sorprende, aquí como en todas partes, el cariño que se nos muestra, y la unidad de alma, a que no se permitirá condensación, y a la que se desconocerá, y de la que prescindirá, con daño, o por lo menos el daño de demora, de la revolución, en su primer año de ímpetu . El espíritu que sembré, es el que ha cundido, y el de la Isla, y con él, y guía conforme a él, triunfaríamos brevemente, y con mejor victoria, y para paz mejor. Preveo que, por cierto tiempo al menos, se divorciará a la fuerza a la revolución de este espíritu, – se le privará del encanto y gusto, y poder de vencer de este consorcio natural, – se le robará el beneficio de esta conjunción entre la actividad de estas fuerzas revolucionarias y el espíritu que las anima. – Un detalle: Presidente me han llamado, desde mi entrada al campo, las fuerzas todas, a pesar de mi pública repulsa, y a cada campo que llego, el respeto renace, y cierto suave entusiasmo del general cariño, y muestras del goce de la gente en mi presencia y sencillez. -Y al acercarse hoy uno: Presidente, y sonreír yo: “No me le digan a Martí Presidente: díganle General: él viene aquí como General: no me le digan Presidente”. “¿Y quién contiene el impulso de la gente, General?“; le dice Miró: “eso les nace del corazón a todos”. “Bueno: pero él no es Presidente todavía: es el Delegado”. – Callaba yo, y noté el embarazo y desagrado en todos, y en algunos como el agravio. – Miró vuelve a Holguín, de Coronel; no se opondrá a Guerra: lo acatará: hablamos de la necesidad de una persecución activa, de sacar al enemigo de las ciudades, de picarlo por el campo, de cortarle todas las proveedurías, de seguirle los convoyes. Manduley vuelve también, no muy a gusto, a influir en la comarca que lo conoce, a ponérsele a Guerra de buen consejero, a amalgamar las fuerzas de Holguín e impedir sus choques, a mantener el acuerdo de Guerra, Miró y Feria. -Dormimos, apiñados, entre cortinas de lluvia. Los perros, ahítos de la matazón, vomitan la res. Así dormimos en Altagracia. – En el camino, el único caserío fue Arroyo Blanco: la tienda vacía: el grupo de ranchos: el ranchero barrigudo, blanco, egoísta, con el pico de la nariz caído entre las alas del poco bigote negro: la mujer, negra: la vieja ciega se asomó a la puerta, apoyada a un lado, y en el báculo amarillo el brazo tendido: limpia, con un pañuelo a la cabeza: “¿Y los patipeludos matan gente ahora?” Los cubanos no me hicieron nadita a mí nunca, – no señor.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

ÓSCAR CHÁVEZ, EL HERMANO GRANDE. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

Autodefinido como fidelista a muerte, tuvo por el comandante gran admiración. Para él, Castro fue un líder fuera de serie, que rompió el molde. Apoyó con todo a la Revolución cubana.
ÓSCAR CHÁVEZ 3
luis hernández navarro 3Óscar Chávez fue una figura nodal en la formación de una cultura crítica de masas y en la educación sentimental de varias generaciones. Mantuvo vivo el cancionero popular mexicano. Recuperó y difundió las canciones de nuestras tres grandes revoluciones sociales. Escribió o interpretó melodías de culto en las luchas sociales de los últimos 50 años.

A lo largo de su trayectoria como cantautor, desde sus primeras tocadas en el movimiento estudiantil de 1968 hasta sus recitales con los zapatistas en Oventic o los grandes conciertos en el Auditorio Nacional, forjó un público transgeneracional masivo y leal, integrado por gente de su edad y por sus nietos y bisnietos.

Óscar nació en la colonia Portales en 1935, vivió en Ixmiquilpan y Puebla y creció en Santa María la Ribera. Creció escuchando a su padre que, aunque nunca se dedicó profesionalmente al canto, en la bohemia era un buen intérprete de música tradicional mexicana, trova yucateca y cubana, y ritmos colombianos.

Arrancó su carrera artística estudiando teatro en la escuela de Bellas Artes, en la academia del maestro Seki Sano y en la UNAM. Participó en obras experimentales tanto como actor o director, en radioteatro, telenovelas y cine. Su papel como El Estilos, en el filme Los caifanes, lo inmortalizó. Hizo cabaret político entre 1970 y 1979 en La Edad de Oro y el Café Corona, cuando la ciudad tenía una agradable y rica vida nocturna.

Rompió con la Asociación Nacional de Actores (ANDA) y fue parte del Sindicato de Actores Independientes (SAI) que dirigió su primo y amigo entrañable Enrique Lizalde. Sus integrantes armaron una buena remambaramba para depurar y democratizar el gremio. Cuando la aventura del SAI llegó a su fin, asfixiada por el autoritarismo gubernamental, se negó a regresar a las filas de la ANDA, que nunca le perdonó la afrenta y le cerró cuanto espacio de actuación pudo. Su congruencia tuvo un gran costo para él, porque le quitaron la posibilidad de actuar en palenques y en otros foros.

En 1963 grabó Herencia lírica mexicana, su primer disco de una lista de cerca de 90. Desde ese momento, comenzó, a través de su obra, un alucinante viaje por la historia de México y América Latina. Recuperó y difundió las canciones de nuestras tres grandes revoluciones sociales (Independencia, Reforma e Intervención Francesa y la de 1910-17). Hizo un vinilo completamente dedicado a Benito Juárez. Musicalizó a José Martí y le cantó a Genaro Vázquez Rojas, a Salvador Allende, a Chiapas y a los pueblos indios que resisten con dignidad.

Se zambulló de lleno en la parodia política. Fuera de la disputa (en la tipología de Federico Arana) entre fans del folklorito venceremos y seguidores del huaraches de ante azul, Óscar desarrolló un estilo propio, más allá de la canción testimonial.

“El dinero –decía– impone lo que se toca, lo que se difunde. Lo hace en todo. Lo hace en la radio, en la televisión, en el cine, en la literatura, en todo. El dinero pone las reglas. Para mucha gente creativa en nuestro continente, esto es muy difícil. Es doble trabajo.” Sin embargo, a pesar de ello, produjo una obra vastísima al margen de las presiones comerciales.

Su apuesta fue transmitir y mantener viva una larga tradición musical que viene de siglos atrás. Este legado fue su raíz y su fuente. “Esto de la canción de protesta o testimonial –explicaba– es una gran tradición en nuestro país. He cantado parodias políticas que se cantaban en el virreinato. Los versos del poeta popular, que era el negrito José Vasconcelos, son críticas a los virreyes y a los gobernantes. Es impresionante. Uno no está inventando nada. Ya existe” (https://bit.ly/2xvmDY2).

A lo largo de su carrera, tuvo varias escaramuzas con el poder. Su disco Mariguana fue censurado durante un tiempo, a pesar de que el material que lo integra son piezas tradicionales mexicanas. La canción Mariguana, por ejemplo, se escribió para criticar a Antonio López de Santa Anna, a quien el autor de Por ti definía como nuestro mejor vendedor.

Óscar creía que, aunque la canción no transforma las cosas, es una herramienta, un arma muy poderosa, muy importante para informar, para opinar, para hablar bien, para hablar mal e incluso para insultar y también para burlarte.

Militante de la Liga Leninista Espartaco de José Revueltas, al lado de Eduardo y Enrique Lizalde, Chávez fue, a lo largo de su vida, solidario con las causas más justas. Autodefinido como fidelista a muerte, tuvo por el comandante gran admiración. Para él, Castro fue un líder fuera de serie, que rompió el molde. Apoyó con todo a la Revolución cubana.

Fue solidario desde los primeros días de levantamiento armado con el EZLN. Sigo apoyándolos, sigo creyendo en ellos. Me merecen mucho respeto. Me merecen más respeto que muchos políticos a los que no les tengo ninguno, decía. En 2018 fue promotor de la iniciativa para incorporar a Marichuy a la boleta electoral como vocera del Concejo Indígena de Gobierno y firme opositor a la construcción del Tren Maya.

En reciprocidad, recibió el cariño y reconocimiento de indios y rebeldes. En 2000, los zapatistas lo llamaron hermano grande. A raíz de su muerte, el Congreso Nacional Indígena saludó su vida solidaria y sus sueños que se atreven a imaginar justicia y hacerla mensaje y música. La vida –decía apenas hace unos meses– hay que vivirla hasta que lo permita la energía. Lo de más es lo de menos. Así lo hizo.

Twitter: @lhan55

Fuente:LA JORNADA

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 8 de mayo de 1895

MartíMARTÍ 1A trabajar, a una altura vecina, donde levantan el nuevo campamento: ranchos de troncos, atados con bejuco, techados con palma. – Nos limpian un árbol, y escribimos al pie. – Cartas a Miró: -de G., como a Coronel, seguro de que ayudará “al Brigadier Ángel Guerra, nombrado Jefe de Operaciones”, – mía, con el fin de que, sin desnudarle el pensamiento, vea la conveniencia y justicia de aceptar y ayudar a Guerra. -Miró hace de árbitro de la comarca, como Coronel. Guerra sirvió los 10 años, y no le obedecería. -Cartas a prominentes de Holguín, y circulares: – a Guadalupe Pérez, acaudalado, – a Rafael Manduley, procurador, – a Francisco Frexes, abogado. – En la mesa, sin rumbo, funge el consejo de guerra de Isidro Tejera, y Onofre y José de la 0. Rodríguez: los pacíficos dijeron parte del terror en que pusieron al vecindario: el capitán Juan Peña y Jiménez. – Juan el Cojo, que sirvió “en las tres guerras”, de una pierna sólo tiene el muñón, y monta a caballo de un salto, – oyó el susto a los vecinos, y vio las casas abandonadas, y define que los tres le negaron las armas, y profirieron amenazas de muerte. – El consejo, enderezado de la confusión, los sentencia a muerte. Vamos al rancho nuevo, de las alas bajas, sin paredes. – José Gutiérrez, el corneta afable que se lleva Paquito, toca a formación. Al silencio de las filas traen los reos; y lee Ramón Garriga la sentencia, y el perdón. Habla Gómez de la necesidad de la honra en las banderas: “ese criminal ha manchado nuestra bandera”. Isidro, que venía llorando, pide licencia de hablar: habla gimiendo, y sin idea, que muere sin culpa, que no le dejarán morir, que es imposible que tantos hermanos no le pidan el perdón. Tocan marcha. Nadie habla. El gime, se retuerce en la cuerda, no quiere andar. Tocan marcha otra vez, y las filas siguen, de dos en fondo. Con el reo implora Chacón y entre rifles, empujándolos. Detrás, solo, sin sus polainas, saco azul y sombrero pequeño, Gómez -Otros atrás, pocos, y Moncada, – que no ve al reo, ya en el lugar de muerte, llamando desolado, sacándose el reloj, que Chacón le arrebata, y tira en la yerba…manda Gómez, con el rostro demudado, y empuña su revólver, a pocos pasos del reo. Lo arrodillan, al hombre, espantado, que aún, en aquella rapidez, tiene tiempo, sombrero en mano, para volver la cara dos o tres veces. A dos varas de él, los rifles bajos. iApunten!, dice Gómez: iFuego! Y cae sobre la yerba muerto. -De los dos perdonados, – cuyo perdón aconsejé y obtuve, -uno, ligeramente cambiando de color pardo, no muestra espanto, sino sudor frío: otro, en sus cuerdas por los codos, está como si aún se hiciese atrás, como si huyese el cuerpo, ido de un lado lo mismo que el rostro, que se le chupó y desencajó.-El, cuando les leyeron la sentencia, en el viento y las nubes de la tarde, sentados los tres por tierra, con el pie en el cepo de varas, se apretaba con la mano las sienes. El otro, Onofre, oía como sin entender, y volvía la cabeza a los ruidos. “El Brujito”, el muerto, mientras esperaba el fallo, escarbaba, doblado, la tierra, – o alzaba de repente el rostro negro, de ojos pequeños y nariz hundida de puente ancho. – El cepo fue hecho al vuelo: una vara recia en tierra, otra más fina al lado, atada por arriba, – y clavada abajo de modo que deje paso estrecho al pie preso. – “El Brujito”, decían luego, era bandido de antes: “puede usted jurar, decía Moncada, que deja su entierro de catorce  mil pesos.”

Sentado en un baúl, en el rancho, alrededor de la vela de cera, Moncada cuenta la última marcha de Guillermo moribundo; cuando iba a la cita con Masó. A la prisión entró Guillermo sano, y salió de ella delgado, caído, echando sangre en cuajos a cada tos. Un día, en la marcha, se sentó en el camino, con la mano en la frente: “me duele el cerebro”; y echó a chorros la sangre, en cuajos rojos. -“Estos son de la pulmonía” -decía luego Guillermo, revolviéndolos; – “y éstos, los negros, son de la espalda.” Zefí cuenta, y Gómez, de la fortaleza de Moncada. “Un día, dice, lo hirieron en la rodilla, y se le montó un hueso sobre el otro, así”, y se puso al pecho un brazo sobre otro: “no se podía poner los huesos en lugar, y entonces, por debajo de los brazos lo colgamos, en aquel rancho más alto que éste, y yo me abrace a su pierna, y con todas mis fuerzas me dejé descolgar, y el hueso volvió a su puesto, y el hombre no dijo palabra.” Zefí es altazo, de músculo seco: “y me quedo de bandido en el monte si quieren otra vez acabar esto con infamias”. “Una cosa tan bien plantificada como está, dice Moncada, y andar con ella trafagando”. – Se queja él, con amargura, del abandono y engaño en que tenía a Guillermo, Urbano Sánchez. -Guillermo, ansioso siempre de la compañía blanca: “le digo que en Cuba hay una división horrorosa”. Y se le ve el recuerdo rencoroso en la censura violenta a Mariano Sánchez, cuando en el Ramón de las Yaguas abogó porque se cumpliese al Teniente rendido la palabra de respetarle las armas, y M. que se veía con escopeta, y otros más, quería echarse sobre los 60 rifles.-“¿Y usted quién es, dice N. que le dijo M., para dar voto en esto? “-Y G. expresa la idea de que M. “no tiene cara de cubano, por más que usted me lo diga,-y dispénseme”. Y de que el padre anda fuera, y mandó al hijo adentro, para estar a la vez en los dos campos. Mucho vamos hablando de la necesidad de picar al enemigo aturdido, y sacarlo sin descanso a la pelea,-de cuajar con la pelea el ejército revolucionario desocupado, -de mudar campos como éste, de 400 hombres, que cada día aumentan y comen en paz y guardan 300 caballos, en fuerza más ordenada y activa, que: “yo, con mis escopetas y mis dos armas de precisión, sé cómo armarme”, dice Banderas: Banderas, que pasó allá abajo el día, en su hamaca solitaria, en el rancho fétido.

DIARIO DE CAMPAÑA DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS. JOSÉ MARTÍ

Día 7 de mayo de 1895

jamaica_martiMARTÍ 1De Jagua salimos, y de sus mambises viejos y leales, por el Mijial. En el Mijial, los caballos comen la piña forastera, y de ella, y de cedros hacen tapas, para galones. A César le dan agua de hojas de guanábana, que es pectoral bueno, y cocimiento grato. En el camino nos salió Prudencio Bravo, el guardián de los heridos, a decirnos adiós. Vimos a la hija de Nicolás Cedeño, que habla contenta, y se va con sus 5 hijos a su monte de Holguín. Por el camino de Barajagua – “aquí se peleó mucho”, “todo esto llegó a ser nuestro” -vamos hablando de la guerra vieja. Allí, del monte tupido de los lados, o de los altos y codos enlomados del camino, se picaban a las columnas, que al fin, cesaron: por el camino se va a Palma y a Holguín. Zefí dice que por ahí trajo él a Martínez Campos, cuando vino a su primera conferencia con Maceo: “El hombre salió colorado como un tomate, y tan furioso que tiró el sombrero al suelo, y me fue a esperar a media legua.” Andamos cerca de Baraguá. Del camino salimos a la sabana de Pinalito, que cae, corta al arroyo de las Piedras, y tras él, a la loma de La Risueña, de suelo rojo y pedregal, combada como un huevo, y al fondo graciosas cabezas de monte, de extraños contornos: un bosquecillo, una altura que es como una silla de montar, una escalera de lomas. Damos de lleno en la sabana de Vio, concha verde, con el monte en torno, y palmeras en él, y en lo abierto un cayo u otro, como florones, o un espino solo, que da buena leña: las sendas negras van por la yerba verde, matizada de flor morada y blanca. A la derecha, por lo alto de la sierra espesa, la cresta de pinos. Lluvia recia. Adelante va la vanguardia, uno con la yagua a la cabeza otro con una caña por el arzón, o la yagua en descanso, o la escopeta. El alambre del telégrafo se revuelca en la tierra. Pedro pasa, con el portabandera desnudo, – una vara de…: A Zefí, con la cuchara de plomo en la cruz de la bandolera, le cose la escarapela el ala de atrás. A Chacón, descalzo, le relumbra, de la cintura a la rodilla, el pavón del rifle. A Zambrana, que se hala, le cuelga por la cadera el cacharro de hervir. Otro, por sobre el saco, lleva una levita negra. Miro atrás, por donde vienen, de cola de la marcha, los mulos y los bueyes, y las tercerolas de retaguardia, y sobre el cielo gris veo, a paso pesado, tres… Y uno, como poncho, lleva por la cabeza una yagua. Por la sabana que sigue, por Hato del Medio, famosa en la guerra, seguimos con la yerba ahogada del aluvión, al campamento, allá detrás de aquellas pocas reses. “Aquí, me dijo Gómez, nació el cólera, cuando yo vine con doscientas armas y 4,000 libertos, para que no se los llevasen los españoles, y estaba esto cerrado de reses, y mataron tantas, que del hedor se empezó a morir la gente, y fui regando la mancha con cadáveres: 500 cadáveres dejé en el camino a Tacajó.” Y entonces me cuenta lo de Tacajó, el acuerdo entre Céspedes y Donato Mármol. Céspedes, después de la toma de Bayarno desapareció. Eduardo Mármol, culto y funesto, aconsejó a Donato, la dictadura. Felix Figueredo pidió a Gómez que apoyase a Donato, y entrase en lo de dictadura, a lo que Gómez le dijo que ya lo había pensado hacer, y lo hacía, no por el consejo de él, sino para estar dentro, y de adentro impedirlo mejor: “Sí, decía Félix, porque a la revolución le ha nacido una víbora.” “Y lo mismo era él”, me dijo Gómez. De Tacajó envió Céspedes a citar a Donato a conferencia cuando ya Gómez estaba con él, y quiso Gómez ir primero, y enviar luego recado. Al llegar donde Céspedes, como Gómez se venía con la guardia que halló como a un cuarto de legua, creyó notar confusión y zozobra en el campamento, hasta que Marcano salió a Gómez que le dijo: “Ven acá, dame un abrazo”. – Y cuando los Mármol llegaron, a la mesa de cincuenta cubiertos, y se habló allí de la diferencia, desde las primeras consultas se vio que, como Gómez, los demás opinaban por el acatamiento a la autoridad de Céspedes. “Eduardo se puso negro. ” “Nunca olvidare el discurso de Eduardo Arteaga: El sol, dijo, con todo su esplendor, suele ver oscurecida su luz por repentino eclipse; pero luego brilla con nuevo fulgor, más luciente por su pasajero oscurecimiento: así ha sucedido al sol Céspedes.” Habló José Joaquín Palma. “¿Eduardo? Dormía la siesta un día, y los negros hacían bulla en el batey. Mandó callar, y aún hablaban. ‘¿Ah, no quieren entender?’ Tomó el revólver, -él era muy buen tirador: y hombre al suelo, con una bala en el pecho. Siguió durmiendo.“- Ya llegamos, a son de corneta, a los ranchos, y la tropa formada bajo la lluvia, de Quintín Banderas. Nos abraza, muy negro, de bigote y barbija, en botas, capa y jipijapa, Narciso Moncada, el hermano de Guillermo: i“Ah, solo que falta un número!” Quintín, sesentón, con la cabeza metida en los hombros, troncudo el cuerpo, la mirada baja y la palabra poca, nos recibe a la puerta del rancho: arde de la calentura: se envuelve en su hamaca: el ojo, pequeño y amarillo, parece como que le viene de hondo, y hay que asomarse a él: a la cabeza de su hamaca hay un tamboril. Deodato Carvajal es su teniente, de cuerpo fino, y mente de ascenso, capaz y ordenada: la palabra, por afinarse, se revuelve, pero hay en él método y mando, y brío para su derecho y el ajeno: me dice que por él recibía mis cartas Moncada. Narciso Moncada, verboso y fornido, es de bondad y pompa: “en verbo de licor, no gasto nada”: su hermano está enterrado – “más abajo de la altura de un hombre, con planos de ingeniero, donde solo lo sabemos unos pocos, y sí, yo me muero, otro sabe, y si ese se muere, otro, y la sepultura siempre se salvará”. “ ¡Y a nuestra madre, que nos la han tratado como si fuera la madre de la patria!” ‘Dominga Moncada ha estado en el Morro tres veces: y todo porque aquel General que se murió la llamó para decirle que tenía que ir a proponerles a sus hijos, y ella le dijo: Mire, General, si yo veo venir a mis hijos, por una vereda, y lo veo venir a V. por el otro lado, les grito: huyan, mis hijos, que este es el general español.” A caballo entramos al rancho, por el mucho fango de afuera, para podernos desmontar, y del lodo y el aire viene hedor, de la mucha res que han muerto cerca: el rancho, gacho, está tupido de hamacas. A un rincón, en un cocinazo, hierven calderos. Nos traen café, ajengibre, cocimiento de hojas de guanábana. Moncada, yendo y viniendo, alude al abandono en que dejó Quintín a Guillermo. – Quintín me habla así: “y luego tuvo el negocio que se presentó con Moncada, o lo tuvo el conmigo, cuando me quiso mandar con-Masó, y pedí mi baja”. Carvajal había hablado de las decepciones sufridas por Banderas. Ricardo Sartorius, desde su hamaca, me habla de Purnio, cuando les llegó el telegrama falso de Cienfuegos para alzarse: me habla de la alevosía con su hermano Manuel, a quien Miró hurtó sus fuerzas, y “forzó a presentarse”: “le iba esto”, la garganta. -Vino Calunga, de Masó, con cartas para Maceo: no acudirá a la cita de M. muy pronto, porque está amparando una expedición del Sur, que acaba de llegar. Se pelea mucho en Bayamo. Está en armas Camagüey. Se alzó el Marqués, y el hijo de Agramonte. -Hiede.

DE CABO HAITIANO A DOS RÍOS

A %d blogueros les gusta esto: