Archivo de la categoría: Opinión

SIGAMOS EN CASA. SILVIO RODRÍGUEZ

LIBRO ABIERTO

SILVIO RODRÍGUEZ

SILVIO 3Cierto, como dijo L. E. Aute, que “el pensamiento no puede tomar asiento”. Por eso siempre doy bienvenida a la inconformidad, que es una puerta hacia el aprendizaje. Aunque me reservo, como derecho humano particular, el principio de ser crítico incluso con ideas aceptadas comúnmente como “buenas”. Por eso disculpen si no me fío de voces que aparentan rebeldía, porque me parece que también expresan la enajenación que provoca lo inédito de esta situación que, para salvarnos, nos limita.

El coronavirus empezó como un pegador insólitamente fuerte. Por eso ante su violencia el instinto fue cubrirse, sin chistar. Ahora, tras varias semanas de confinamiento, empiezan a aparecer voces que cuestionan la precaución, incluso vinculando la cautela con retrocesos en conquistas sociales como la libertad. Como si el principal inconveniente de la pandemia fueran las medidas de los gobiernos para mantener a la gente en sus casas. Como si un virus tiránico se hubiera adueñado de las voluntades dirigentes de todo el mundo. A esta tendencia del pensamiento actual no sé si llamarle épica, temeraria o delirante.

Señalan mucho de donde vino el virus, y con él las medidas de enclaustro para combatirlo, medidas que vulneran una suerte de “sentido de libertad occidental”. Y el virus, aunque aún no está claro su verdadero origen, casualmente vino del país al que los más ricos del mundo declararon una guerra comercial no hace mucho.

Los ricos son los que menos soportan el confinamiento, porque son los que más tienen que perder. Los pobres ahora mismo están dando guerra para no carecer de lo poco que tenían.

Por eso no puedo evitar conectar las aparentemente elevadas ideas sobre las libertades que ahora surgen con el deseo de los ricos. Y como los ricos saben bien el beneficio que les espera si se cuidan, dudo mucho que ahora mismo se atrevan a ejercer esa libertad que lloran.

Dios (la sensatez, el espíritu de supervivencia o lo que sea) nos libre de ideas que inciten a la especie –no la plaga– a un suicidio masivo.

Los que no seamos imprescindibles afuera, sigamos en casa.

Y que vivan los médicos, el personal de la salud, y todos los que trabajan ahora mismo para sostener la vida.

Fuente: SEGUNDA CITA

CORONAVIRUS Y PIRATERÍA IMPERIAL. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

BARCO PIRATA 1
luis hernández navarro 3La crisis del coronavirus ha visibilizado el papel que el saqueo desempeña en la reproducción del capitalismo actual. Como si fueran modernos bucaneros, los gobiernos de países poderosos como Estados Unidos o Francia se han dedicado a confiscar, sin recato alguno, pruebas médicas, respiradores y mascarillas que otras naciones han adquirido para combatir la pandemia.

Si en otras épocas los corsarios sirvieron para controlar los mares y las rutas comerciales, ahora, no conformes con el pillaje, los nuevos filibusteros impiden la exportación a otras latitudes de medicamentos y equipos sanitarios, y realizan compras masivas por las que pagan precios tres o cuatro veces por arriba de su valor.

No se trata tan sólo de la gran cantidad de empresarios inescrupulosos o avorazados que utilizan la tragedia para hacer grandes negocios. Tampoco de vivales que venden productos en mal estado, falsificados o caducos o que defraudan a compradores. Aunque todos se han multiplicado como hongos en temporada de lluvias, el asunto va más allá. Se trata de gobiernos imperiales que saquean bienes claves para combatir la enfermedad, o que, defendiendo teóricamente el libre comercio, cierran sus fronteras.

No hay en esta relación entre despojo, nuevos corsarios y capitalismo nada sorprendente. Este modo de producción –explica el antropólogo e historiador Antonio García de León– fue un sistema hecho por piratas y mantenido por piratas. “Piratas en inglés se dice privateers, que es casi como decir privados o iniciativa privada. Fueron incluso parte de la iniciativa privada de la época. Así que la iniciativa privada actual tiene entre sus antepasados más gloriosos a los piratas.”

El material sanitario y de protección disponible en el mercado mundial para hacer frente al Covid-19 es insuficiente y los gobiernos imperiales no dudan en disponer de él de cualquier manera. Todo les está permitido en la guerra de los cubrebocas.

Las acciones de rapiña imperial se suceden vertiginosamente. El nuevo bucanero Emmanuel Macron, presidente de Francia, anunció: Estamos en guerra y emitió un decreto que autoriza confiscar todo material de protección que esté en su país. De manera que, el 5 de marzo, un cargamento de 4 millones de tapabocas de la empresa sueca Mölnlycke, con destino final a España e Italia, que había ingresado al puerto de Marsella y tenía como destino su centro logístico en Lyon, fue incautado. Finalmente, dos semanas más tarde, después de múltiples presiones diplomáticas, el gobierno galo se quedó con 2 millones de mascarillas y aceptó que salieran otras tantas.

Según el diario L’Express https://bit.ly/3dXbQGg ), después del amargo trago, la compañía sueca decidió no llevar sus cargamentos de China a Francia, para evitar las confiscaciones arbitrarias. Un alto funcionario le dijo a ese diario: Tenemos instrucciones de no requisar toda la producción con el fin de dejar un poco a los amigos.

Del otro lado del Atlántico, el magnate Donald Trump, que apenas el pasado sábado 4 de abril reconoció la magnitud del desastre sanitario en su país provocado por la pandemia, sigue siendo el mismo pirata de siempre. Entre otras medidas arbitrarias, pidió a la empresa 3M que no exporte cubrebocas de uso médico. Adicionalmente, le ordenó a la compañía fabricar tantas mascarillas N95 como las autoridades consideraran necesarias para Estados Unidos.

No es el único caso. Según el diario español El Independiente, abastecedores de material sanitario avisaron a comunidades autónomas que no podrán garantizar los pedidos ante las compras masivas que estaría realizando Estados Unidos a fabricantes chinos. Un suministrador con el que trabajamos habitualmente nos ha dicho que van a tener problemas para hacer pedidos porque Estados Unidos ha bloqueado la producción de China y la ha comprado entera. Está pagando la mascarilla a 80 céntimos de euro, cuando nosotros nos hemos hecho con las últimas a 0.45. Y hace 20 días a 29 céntimos.

En el aeropuerto de Bangkok, 200 mil máscaras de protección para la policía de Berlín fueron incautadas. Las autoridades alemanas asumieron que Estados Unidos estaba detrás de la confiscación. El senador Andreas Geise denunció la medida como acto de piratería ­moderna.

La lista de actos de pillaje es interminable. Involucra a Italia contra Grecia, la República Checa contra Italia, Turquía contra España y un largo etcétera. Pero va más allá de los tapabocas. Esta guerra también se ha extendido para los respiradores. Según el Mossad, los países se han visto envueltos en una feroz batalla encubierta para hacerse a toda costa con el limitado número de respiradores que hay en el mercado. Se están vendiendo los respiradores a través de grietas del sistema (https://bit.ly/2wTW5iY).

El contraste no podría ser mayor. Mientras países como Cuba mandan desinteresadamente brigadas médicas a multitud de países para combatir la pandemia, los gobiernos imperiales reproducen la vieja piratería capitalista. Así la ética y la defensa de la humanidad de unos y de otros.

Twitter: @lhan55

Fuente: LA JORNADA

LOS EE.UU. DEBEN PONER FIN A LAS SANCIONES CONTRA IRÁN Y VENEZUELA. DANIEL KOVALIK Y OLIVER STONE

Acciones como la de Cuba con el crucero británico representan una muestra de humanidad y el tipo de solidaridad internacional que el mundo necesita en este momento
Two people tested for coronavirus in New York City following ...
Johannes Eisele/Getty Images

DANIEL KOVALIK Y OLIVER STONE

Con seguridad, algunos de ustedes pueden haber leído acerca de la conmovedora historia de Cuba al permitir que un crucero, rechazado por otros países, atracara en uno de sus puertos, aun cuando llevaba a bordo varios viajeros que habían dado positivo a la COVID-19. Este barco estaba lleno de ciudadanos, en su mayoría británicos, a los que se les permitió volar de vuelta a casa desde La Habana. Además, Cuba, junto con China, está enviando médicos y suministros a diversos países del mundo para ayudarles a combatir la pandemia.

Estas acciones representan una muestra de humanidad y el tipo de solidaridad internacional que el mundo necesita en este momento. Lamentablemente, el gobierno federal de Washington está demostrando lo contrario, al retirar a su personal de los Cuerpos de Paz de todo el mundo y, lo que es peor, al incrementar las sanciones contra países como Cuba, Irán, Venezuela y Nicaragua precisamente en el punto más álgido del brote de COVID-19. Entonces, es correcto decir que los EE.UU. están utilizando el virus contra estos países.

En cuanto a Irán, NPR (Radio Pública Nacional de Estados Unidos) informa que “el gran número de infecciones que atraviesa Irán preocupa a los expertos internacionales de la salud. Las sanciones de los Estados Unidos han estrangulado la economía del país y han dañado su sistema de atención médica”, y su capacidad para enfrentar la pandemia. El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, tweeteó que el país necesitaba urgentemente mascarillas, ventiladores y batas quirúrgicas y culpó a los Estados Unidos de lo que llamó “terrorismo económico”. Según se informa, debido a las sanciones, Irán es el único país del mundo que no puede comprar los medicamentos necesarios para luchar contra la pandemia.

Mientras tanto, Irán informa de que un iraní muere cada 10 minutos a causa de la COVID-19, y advierte de que “millones” de iraníes podrían morir como consecuencia del virus. ¡Millones! Si esto ocurriera, el gobierno de los Estados Unidos tendría una gran responsabilidad moral y legal, ya que estaría contribuyendo a la propagación de la pandemia en Irán.

En cuanto a Venezuela, las actuales sanciones contra ese país son un factor que lo priva de los medicamentos y suministros necesarios para combatir el virus. Y precisamente en medio de la pandemia, el Presidente Trump incrementa las sanciones contra ese país. Y lo hace con el pretexto de que el Presidente Nicolás Maduro está supuestamente traficando  drogas, aunque los propios datos del gobierno de EE.UU. desmientan esta afirmación. Pero el sufrimiento que causará el aumento de las sanciones de Trump será absolutamente real.

El último ejemplo, y bastante cruel, del aumento de la presión contra el país sudamericano, es la decisión del Fondo Monetario Internacional –plegándose a la coerción de EE.UU.–, de negarse a la solicitud de emergencia formulada por Venezuela de un préstamo –bastante modesto, por cierto– de apenas 5.000 millones de dólares para hacer frente a la pandemia del coronavirus.

Mientras sanciona a los países mencionados, Estados Unidos intenta con dificultad hacer frente a la pandemia en su propia casa. Sin embargo, encuentra los recursos y los medios necesarios para continuar sus guerras en Iraq y Afganistán y para apoyar la matanza saudí en Yemen que, entre muchas otras atrocidades, ha provocado el “mayor brote de cólera de la historia moderna, con más de un millón de casos”.

Como han advertido algunas personalidades religiosas, “las plagas exponen los cimientos de la injusticia” en nuestras sociedades. La pandemia actual está exponiendo no sólo las fallas totales de nuestro gobierno para proteger a sus ciudadanos, sino también su profunda falta de decencia en el trato con otras naciones. Es hora de una seria auto-reflexión moral sobre esta realidad tan triste, y de un cambio de rumbo inmediato antes de que se pierdan más vidas debido a la locura de nuestra nación.

Stone es un cineasta y autor premiado por la Academia. Kovalik enseña derechos humanos internacionales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Pittsburgh y es autor de No más guerra: cómo Occidente viola el derecho internacional al utilizar la intervención “humanitaria” para promover sus intereses económicos estratégicos.

  Fuente: NY DAILY NEWS

Traducción: AJ

¿DW o WC? EARLE HERRERA

El Kiosco de Earle
DW2
EARLE 2
El canal alemán DW debería cambiar sus siglas por  WC, en  correspondencia con lo que se denominó “periodismo de albañal” en los Estados Unidos de finales del  XIX. Tiempos gloriosos de una prensa sin gloria que engendró el sensacionalismo y el amarillismo. El 23 de marzo el canal de marras lo dedicó a la expansión del coronavirus en  Latinoamérica. El país al que dedicó más tiempo es el que tiene menos casos gracias a la acción preventiva de su gobierno: Venezuela. Pero DW o WC destacaba que a Guaidó lo reconocen 53 países, sin explicar qué tiene que ver el corona…virus  con las pestañas. El fantasma de  Goebbels dirige este medio teutón cuando se emperra con Venezuela.
Correo del Orinoco / 3 de abril, 2020

BLOQUEOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA. ÁNGEL GUERRA CABRERA

TRUMP PARAGUAS 3

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITAA mediados de marzo, el multimillonario chino Jack Ma y su fundación anunciaron que donarían a Estados Unidos 500 mil kits de detección rápida de Covid-19 y un millón de mascarillas, no obstante la ostensible actitud racista y xenófoba de su presidente, que no paraba de hablar del virus “chino”. Esos recursos eran desesperadamente necesitadas en la gran potencia, cuyo gobierno, en una actitud indudablemente criminal, no tomó entre los meses de enero y marzo las más elementales  medidas para proteger a su población, como lo evidencia el avance acelerado  allí de la pandemia.

El fundador de Alibaba había hecho también importantes donaciones a Corea del Sur, Japón, Italia, Irán y España. Acciones que extendió luego a naciones de América Latina y el Caribe. Sin embargo, la ayuda de Ma no ha podido llegar a Cuba. La compañía estadounidense contratada para fletar los envíos, decidió no hacerlo a La Habana con el argumento de que el bloqueo se lo impedía. Jack Ma, que ha despachado donaciones a más de un centenar de países bajo las etiquetas #Estevirusloparamosentretodos y #Oneworldonefight, no ha renunciado a enviar la ayuda y seguramente encontrará finalmente algún trasportista presto a desafiar el castigo genocida de Washington al pueblo cubano.

No obstante lo significativo de este hecho, que pone de relieve la crueldad por parte de Trump y su grupo al mantener la guerra económica contra Cuba en medio de una situación mundial de pandemia, no hace más que recordar lo que es una penalidad cotidiana en la isla desde hace casi 60 años. Eso sí, reforzada progresivamente, hasta extremos inimaginables, desde que el magnate inmobiliario llegó a la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, aunque la isla caribeña sufre el cerco más largo de la historia contemporánea, existen otros países sometidos a severos castigos económicos por Washington. Venezuela es un caso muy grave de ensañamiento. Pero también son objeto de cruentas, ilegales e inmorales medidas punitivas Irán, Corea del Norte, Siria e incluso Rusia y China. Cabe resaltar que con motivo de la pandemia, tanto el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, como la jefa de la  Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de ese organismo, Michell Bachelet, han llamado a levantar o flexibilizar los bloqueos, particularmente en el caso de Cuba y Venezuela, sin que el promotor número uno de las guerras económicas y de la violación de los derechos humanos en el mundo se haya dado por enterado.

La pandemia ha permitido apreciar en toda su crudeza características que ya conocíamos del capitalismo neoliberal y su sistema político, muy particularmente del que existe en la potencia del norte, pero vistas ahora en su conjunto nos confirman que se trata de un sistema en profunda crisis, genéticamente incapaz de cautelar los intereses y las necesidades de las mayorías, incompatible con la vida. Al punto de que medidas como los planes de apoyo a sus poblaciones aprobados ante la emergencia pandémica en Estados Unidos, España, Italia, El Salvador y otros países han tenido que romper frontalmente con la lógica neoliberal, toda vez que se basan en fuerte intervencionismo estatal en las economías, pero casi siempre con marcado sentido social. Insólito en gobiernos regidos por el mercado, cientos de miles de millones han sido destinados, sin retorno, al bolsillo de los ciudadanos.

 Quiero detenerme en dos puntos muy importantes no solo para América Latina y el Caribe sino para la humanidad, que subrayan la crisis de hegemonía que aqueja a Estados Unidos y la desesperación en que están sumidos Trump y su equipo. Uno es la frenética campaña que desde el año pasado adelanta Estados Unidos contra los médicos y personal de salud cubano, así como la política de solidaria de Cuba. En medio, Washington consiguió hacer salir la cooperación médica isleña de Brasil, Ecuador y Bolivia debido a la existencia en esos países de gobiernos serviles como los de Bolsonaro, Moreno y Áñez, que mueren por congraciarse con la potencia del norte, aunque sea al precio de la mayor abyección. Sin embargo, pese a sus presiones, chantajes y a la charlatanería de sus poderosos medios de difamación mundial no ha podido impedir que decenas de países conserven la muy apreciada colaboración médica cubana ni que un número creciente de Estados caribeños y europeos soliciten la presencia de brigadas médicas y de medicamentos cubanos para combatir el COVID-19. Ello, no obstante el febril activismo contra los galenos cubanos de funcionarios del departamento de Estado, del subsecretario Kozak y del propio secretario Pompeo.

El otro tema mundialmente candente hoy, más allá del criminal bloqueo, es la redoblada belicosidad de la administración Trump contra Venezuela. Les duele que Maduro y el chavismo hayan hecho de Guaidó un cartucho quemado y la derrota de todos los intentos del nuevo ciclo de golpes de Estado iniciado en 2019. Les duele la inquebrantable unidad cívico militar. De eso hablaremos en la próxima entrega.

Twitter:@aguerraguerra

LA PANDEMIA Y EL FIN DE LA ERA NEOLIBERAL. ATILIO A. BORÓN

ILUSTRACIÓN ATILIO 3

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3El coronavirus ha desatado un torrente de reflexiones y análisis que tienen como común denominador la intención de dibujar los (difusos) contornos del tipo de sociedad y economía que resurgirán una vez que el flagelo haya sido controlado. Sobran las razones para incursionar en esa clase de especulaciones, ojalá que bien informadas y controladas, porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión neoliberal del capitalismo.  Y digo la “versión” porque tengo serias dudas acerca de que el virus en cuestión haya obrado el milagro de acabar no sólo con el neoliberalismo sino también como la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción y como sistema internacional. Pero la era neoliberal es un cadáver aún insepulto pero imposible de resucitar. ¿Qué ocurrirá con el capitalismo? Bien, de eso trata esta columna.

Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, y que luego las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial diseminaron el virus de forma incontrolada. Los muy imprecisos cálculos de su letalidad oscilan entre 20, 50 y 100 millones de personas, por lo cual no es necesario ser un obsesivo de las estadísticas para desconfiar del rigor de esas estimaciones difundidas ampliamente por muchas organizaciones, entre ellas la National Geographical Magazine . El capitalismo sobrevivió también al tremendo derrumbe global  producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia –ya advertida por los clásicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive y salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas señaladas por el revolucionario ruso (que de momento no se perciben ni en Estados Unidos ni en los países europeos) ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto. Zizek confía en que a consecuencia de esta crisis para salvarse la humanidad tendrá la posibilidad de recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Pero, como casi todo en la vida social, dependerá del resultado de la lucha de clases; más concretamente de si, volviendo a Lenin, “los de abajo no quieren  y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que hasta el momento no sabemos. Pero la bifurcación de la salida de esta coyuntura presenta otro posible desenlace, que Zizek identifica muy claramente: “la barbarie”.  O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática. “Barbarie”, István Mészarós solía decir  con una dosis de amarga ironía, “si tenemos suerte.”

Pero, ¿por qué no pensar en alguna salida intermedia, ni la tan temida “barbarie” (de la cual hace tiempo se nos vienen administrando crecientes dosis en los capitalismos realmente existentes”) ni la igualmente tan anhelada opción de un “comunismo reinventado”? ¿Por qué no pensar que una transición hacia el postcapitalismo será inevitablemente “desigual y combinada”, con avances profundos en algunos terrenos: la desfinanciarización de la economía, la desmercantilización de la sanidad y la seguridad social, por ejemplo y otros más vacilantes, tropezando con mayores resistencias de la burguesía, en áreas tales como el riguroso control del casino financiero mundial, la estatización de la industria farmacéutica (para que los medicamentos dejen de ser una mercancía producida en función de su rentabilidad), las industrias estratégicas y los medios de comunicación, amén de  la recuperación pública de los llamados “recursos naturales” (bienes comunes, en realidad)? ¿Por qué no pensar en “esos muchos socialismos” de los que premonitoriamente hablaba el gran marxista inglés Raymond Williams a mediados de los años ochenta del siglo pasado? Seguir leyendo LA PANDEMIA Y EL FIN DE LA ERA NEOLIBERAL. ATILIO A. BORÓN

CUBA Y EL CORONAVIRUS. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

MÉDICOS CUBANOS EN LOMBARDÍA
Llegada de los médicos cubanos a Lombardía, Italia.
luis hernández navarro 3En la región de Lombardía, en el norte de Italia, médicos y enfermeros cubanos combaten incansablemente la epidemia del coronavirus en condiciones de campaña. Pertenecen a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve, creada en 2005 por Fidel Castro para ofrecer asistencia a Estados Unidos, después del paso del huracán Katrina por Nueva Orleans.

La misión isleña está integrada por un jefe de logística y 35 doctores: 23 médicos generales, neumólogos, especialistas en cuidados intensivos y en enfermedades infecciosas, además de 15 enfermeros. Varios son veteranos en estas lides, que lucharon en 2015 contra el ébola en África Occidental. Su abnegación y profesionalismo son ampliamente reconocidos. En 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) les otorgó el premio de Salud Pública Lee Jong-Wook.

Al llegar a Italia, Carlos Ricardo Pérez Díaz, jefe de la brigada cubana de batas blancas, declaró: Vamos a estar firme y todo el tiempo que sea necesario para ayudar a combatir esta epidemia. Y, en entrevista a la Cadena SER, explicó: Tenemos una formación humanista, basada en el principio de la solidaridad, del compromiso con la profesión y de la medicina.

Ese principio –de acuerdo con el doctor Pérez Díaz– se basa en que no podemos dar lo que nos sobra, sino compartir lo que tenemos. Tenemos que compartir con los demás todo lo que podamos. Ese es el reto. Ese es el real principio de solidaridad.

La solidaridad sanitaria de Cuba en Lombardía no es una excepción, sino la regla. En 2015, 37 mil galenos cubanos cooperaban en 77 países. El apoyo médico a otras naciones comenzó en 1960, con el envío de doctores a Argelia. Y, como bien lo saben muchas naciones africanas y americanas (como Haití), a pesar del inhumano e ilegal bloqueo económico de Estados Unidos en su contra por más de 60 años, el respaldo isleño en momento de grandes desastres ha sido crucial para derrotar plagas y enfermedades.

Cuba es el país con mayor demanda de turismo médico en el planeta. Su gobierno ha formado, en 13 escuelas de ciencias médicas y 25 facultades, doctores y personal sanitario, altamente calificados. Actualmente estudian la carrera de medicina más de 63 mil jóvenes. Pero esa experiencia en la formación de profesionales no se circunscribe a las barreras nacionales. La Escuela Latinoamericana de Medicina acoge estudiantes de 122 países. Cada año se matriculan allí mil 500 estudiantes becados.

Esta nación caribeña está muy lejos de ser candil de la calle y oscuridad de su casa. Por el contrario, su modelo sanitario cubano brilla en todo el mundo. Al destinar los recursos no adonde más precio tienen, ni adonde más demanda hay, sino a partir de las prioridades populares y soberanas, la salud ocupa un lugar clave en el presupuesto estatal. Impulsada desde un primer momento por Fidel Castro, la experiencia sanitaria caribeña, orientada a garantizar el derecho a la salud de sus habitantes y alejada del lucro y la mercantilización, ha cosechado logros trascendentales, como los programas de vacunación a recién nacidos y niños pequeños, el sistema de atención materno-infantil, con el control estricto a los indicadores desde el embarazo, que han posibilitado tasa de mortalidad infantil baja y el aumento de la esperanza de vida.

Y, más allá de su experiencia pedagógica o de atención sanitaria, esta nación ha desarrollado a profundidad la investigación de biotecnología y concretado a contracorriente una industria farmacéutica que ha producido una sorprendente cantidad de medicamentos y vacunas de punta, claves para atender diversas enfermedades.

Pocos países han desplegado ante la crisis del coronavirus la solidaridad que Cuba ha otorgado. Desde el primer momento, sus doctores brindaron ayuda sanitaria en Wuhan, China. Las autoridades chinas utilizaron como herramienta para tratar la enfermedad, junto con otros 30 medicamentos, el interferón alfa 2B, fármaco elaborado en la isla.

Cuando diversas naciones le cerraron las puertas al crucero británico MS Brarmar, porque cinco pasajeros a bordo estaban enfermos de Covid-19, La Habana le permitió embarcar. Como recuerda Abel Prieto (https://bit.ly/2QNJZP1), en menos de dos semanas, como apoyo a la estrategia de contención de la pandemia, 11 brigadas médicas cubanas se han trasladado a Venezuela, Nicaragua, Surinam, Italia, Granada, Jamaica, Belice, Antigua y Barbuda, San Vicente y Las Granadinas, Dominica y Santa Lucía, y pronto, a Angola.

Ante el Covid-19 ha emergido lo peor y lo mejor de la humanidad. De un lado, grandes corporaciones de la industria farmacéutica han encontrado en la crisis una ventana de oportunidad para hacer grandes negocios, mientras acaparadores carroñeros lucran con la tragedia sin escrúpulo alguno. Del otro, con un profundo humanismo, gobiernos, pueblos y comunidades ponen por delante la cooperación, la dignidad, la ética, el apoyo mutuo y la solidaridad para enfrentar el mal. Sin duda, el coloso sanitario que es la pequeña Cuba socialista ocupa un lugar privilegiado entre los segundos. Urge poner fin al criminal castigo que sufre.

Twitter: @lhan55

Fuente: LA JORNADA

SEMIÓTICA DE LA PANDEMIA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Una lista larga de palabras, gestos, tecnicismos y decisiones proferidas por “autoridades”, de extracción muy diversa, abrió en campo semántico “nuevo” en el que reina la ignorancia -o la confusión- de las mayorías y no poca petulancia de algunas minorías especialmente repletas de burócratas en su peor acepción. Con sus honrosas excepciones. Sabiendo, muy relativamente, todo lo inédito del episodio que nos impone el “coronavirus”, (y en general las amenazas a la salud púbica) habríamos de exigirnos dosis generosas de humildad opuestas radicalmente al tonito doctoral de algunos “expertos” oportunistas con micrófonos o con títulos. Eso no implica suspender “lo categórico” de las recomendaciones más útiles para la defensa de la vida. Aunque existan muchos que confundan humildad con debilidad. Nos envuelve un miedo y una ignorancia enorme que estamos resolviendo planetariamente con ayuda de algunos talentos científicos no serviles al sistema. Y algunos “vivos” se aprovechan de eso.

Tal como fue declarada la pandemia del “coronavirus” (11-03-20) generó un paquete se “sentido” complejo, de dudas y certezas, para un escenario global en el que la salud de los pueblos ha sido mayormente abandonada a las aventuras mercantiles del capitalismo. Se trata de una red de “sentido” en la que transitan interrogaciones, y recomendaciones, tamizadas por el miedo (genuino o inducido) y la desconfianza generalizada. En plena crisis de credibilidad mundial nos piden confianza en su capacidad para manejar una crisis. Ahí donde el neoliberalismo pervirtió más rabiosamente el derecho humano a la salud, ahí se han multiplicado las muertes de manera desbordada. Aguardan con obscenidad la multiplicación de los muertos para dar rienda suelta a su circo macabro, interrumpido por avisos publicitarios. Algunos subieron el “rating”. Exacerban el individualismo, deslizan su xenofobia y aplauden soterradamente la lógica del sálvense quien pueda (o más tenga) pero con tono filantrópico burgués… o sea falso. Los “noticieros”, fabricados por los monopolios de medios, han exhibido toda su estulticia y su epistemología fascista de la información. Aunque la maquillen con sonrisas amables, medicuchos conservadores y caras de compungidos.

Demagogia de números. Nuevamente el sistema, mudo casi siempre de realidad, vuelve a relatarla casi exclusivamente con estadísticas. Cifras, porcentajes, comparaciones… y frases “ingeniosas” para hacer creer que se sienten “muy seguros” con las decisiones que asumen sin consultar a los pueblos. Opera una especie de “aristocracia académica” que, con el pretexto de que los pueblos “no saben”, dictan normas y decretos a granel para conducir la crisis por los senderos que, para ellos, son más seguros. En la lógica del combate al “coronavirus” reinan los silogismos del “estado presente” pero con pueblos desmovilizados a punta de pánico o de verdades a medias. “Todos a su casa” a fungir como espectadores de las cifras y de las acciones asumidas por quienes dicen saber qué hacer ante una amenaza de la que saben poco o nada. Nadie se imaginó una movilización de pueblos que, desde sus casas, desarrolle una experiencia de crítica política frente a los vacíos de sentido o contra el relleno semántico impuesto por el capitalismo para salir ganando a pesar de la pandemia. O por eso mismo.

Experimentamos la barbarie de una ocupación ideológica cuyo relato ha desfigurado –profundamente- el tejido social y ha forzado el sometimiento de comunidades enteras. Tal ocupación tiene por objeto establecer las hegemonías políticas y militares de la opresión y acceder a los territorios de la impunidad absoluta frente al saqueo y la explotación. La “guerra mediática” es también una estrategia para la apropiación y explotación de la memoria histórica, de la diversidad cultural y de la identidad de género. Consumimos el palabrerío hegemónico como si se tratase de la verdad.

Pero el “sentido” más importante que se produce, en el escenario de la pandemia, es esa solidaridad humana de la que se habla poco. Esa solidaridad que prospera en el caldo de cultivo que son las contradicciones de un sistema económico, político e ideológico destructor de fuerzas productivas (identidades y patrimonios culturales) a mansalva y ahora se disfraza de “salvador de la humanidad” vestido con “cubrebocas” y batas de salubridad. Nada de lo que hablan los técnicos, los científicos, los políticos, empresarios y farándula informativa del sistema, tiene importancia alguna si no mencionan la base económica y fraterna que aportan los pueblos a pesar del dolor, las incertidumbres, las contradicciones y los errores que (incluso lógicamente) se han cometido y cometerán en medio de una situación de “crisis” cuya dinámica no se reduce a la aparición del virus. Hemos vivido la crisis del capitalismo por demasiadas décadas.

El relato del poder sigue esperando que un “genio individual”, en un laboratorio privado, con dinero y poder suficiente, descubra la “vacuna milagrosa”, la salvación de coyuntura que traerá unos años más de respiro a un capitalismo en corrupción acelerada. Esperanzas del individualismo para un relato que, con su moraleja, nos adiestra para la resignación una vez más. Salvo excepciones, como la cubana, se construye un imaginario burgués que, de antemano, deja en manos de empresas trasnacionales de la salud el negocio inmenso de hacer, distribuir y vender las vacunas y sus adláteres. Ni una sola concepción comunitaria de las soluciones, los tratamientos, la responsabilidad colectiva. “Hay que confiar en los expertos”. Como si no supiésemos que todo el negocio oligarca de la salud, tan desastroso, costoso y mercenario como es, lo han construido y dirigido sus “expertos”. No se puede tapar la lucha de clases con un virus.

Una cosa es segura dentro de toda la parafernalia semiótico-mediática que envuelve y maquilla a la pandemia de estos días: los pueblos están entendiendo una dimensión de la barbarie capitalista que va quedando al desnudo según pasan las horas. El sistema tiembla por todas partes y para esconder sus temores habla en tono “científico” y derrama dinero que antes juraba no tener. Construye un sentido mesiánico de sí mismo. Descubre recursos donde dijo que no existían y reinventa soluciones que juró eran imposibles. Quieren demorar, con dinero, el despertar del los pueblos.

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LA GEOPOLÍTICA EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS. KATU ARKONADA

geopolítica tablero de ajedrez mini
KATU 1
Doce años después de la crisis financiera de 2008 la historia se repite, no sabemos aún si como tragedia más profunda o directamente como farsa. Tres mil millones de personas en el mundo confinadas por un coronavirus, llamado SARS CoV-2, que ha pateado el tablero mundial, pero también ha logrado lo que el socialismo no pudo: que se asuma la imperiosa necesidad del Estado como herramienta para garantizar la reproducción de la vida ante al avance depredador del capital.

La pandemia que arrasa al mundo, deja al descubierto cómo el neoliberalismo fue desmantelando el Estado y su sistema de salud, privatizando y entregando el control a farmacéuticas privadas donde pudo. Y donde aún quedaba Estado del bienestar, como en España e Italia, el sistema de salud ha colapsado.

El maremoto geopolítico ha obligado a Estados Unidos, y a pesar de Trump, a aprobar un rescate en forma de inversión pública de 2 billones de dólares, mientras el número de contagios supera ya los cerca de 82 mil de una China que mediante un Estado autoritario y eficiente con control sobre los medios de producción y alta tecnología, ha podido neutralizar los contagios locales del Covid-19. Camiones rusos entran en Roma, al mismo tiempo que en Alemania y Francia se habla de nacionalizar empresas, mientras Japón posterga los Juegos Olímpicos hasta 2021 e India confina a mil 300 millones de personas. En América Latina los médicos cubanos retornan a Brasil, tras haber sido expulsados por Bolsonaro, a quien se le rebelan unos gobernadores que impulsan una renta básica lulista como medida para afrontar la crisis. Mientras tanto en Chile siendo éste el Israel de Sudamérica, Piñera decreta el estado de excepción constitucional de catástrofe.

Pero todos los anteriores son países del G20 u OCDE. Debe ser por eso que hablamos tanto del coronavirus y no mucho de la malaria, que tan solo en 2019 mató a 400 mil personas en África. Perdón, donde dije personas quise escribir 400 mil pobres y negros. Porque ese es el debate subyacente en México hoy y en muchos otros países. El aislamiento puede ser necesario en muchos lugares para contener la pandemia, pero sólo puede ser sostenible si no condena al hambre a los más vulnerables, quienes no cuentan con redes de protección social ni son parte de la economía formal.

Y es que después de la crisis sanitaria viene la crisis económica y social, una vez que se interrumpa la oferta por la interrupción de las cadenas de suministros y haya un shock de demanda interna y externa.

Sin ir más lejos, en Estados Unidos subsisten 27 millones de personas sin seguro médico y 11 millones más sin documentos. El coronavirus ya ha disparado las peticiones de prestaciones por desempleo hasta el récord histórico de 3.28 millones. Esto sólo en Estados Unidos, porque a escala mundial la OIT calcula un crecimiento del desempleo de 5.3 millones de personas en su hipóte-sis más prudente, y de 24.7 millones en la más extrema. Por comparar, la crisis de 2008-2009 dejó 22 millones de nuevos desempleados. En América Latina la crisis del Covid-19 podría hacer pasar el número de personas en situación de pobreza y extrema pobreza de los 250 millones actuales a 310, la mitad de los 620 millones de personas que habitamos en el subcontinente.

En el plano estrictamente económico, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo calcula perdidas globales por 2 billones de dólares, pero otros estudios hablan de hasta 9 millones, lo que significaría 10 por ciento del PIB global en un mundo en crisis donde la deuda global ya supera los 250 billones de dólares.

Estamos ante una bifurcación con dos posibles salidas: una es el camino que vislumbra Slavoj Zizek, una sociedad alternativa de cooperación y solidaridad, basada en la confianza en las personas y en la ciencia; el otro camino lo define Byug Chul Han como un mayor aislamiento e individualización de la sociedad, terreno fértil para que el capitalismo regrese con más fuerza. 

Pero antes de la bifurcación ya estamos en un momento donde como bien define Carlos Fernández Liria, nos preocupa más que el coronavirus infecte a los mercados que a las personas. Todo ello en un escenario definido por Boaventura de Sousa Santos con el aparente oxímoron de la crisis permanente, donde hemos normalizado la excepción que permite justificar el despojo, la acumulación por desposesión y la doctrina del shock permanente contra nuestros pueblos.

Lo que está claro es que la reproducción del capital, dificultada por la crisis de un capitalismo en fase de descomposición, puede encontrar una ventana de oportunidad en la medida en que desaparece una parte de la población mundial y se crean nuevos mercados.

La salida ante esta nueva crisis debe ser en un primer momento keynesiana, (re)construyendo estados fuertes que rescaten a las personas y no a los bancos ni a las trasnacionales, estados que aprovechen el momentum para transitar hacia otras energías no basadas en combustibles fósiles, mientras se siguen profundizando todas las alternativas posibles posneoliberales.

O quizá no hacen falta tantos malabares teóricos y debemos guiarnos por Britney Spears citando a la escritora Mimi Zhu: Nos alimentaremos mutuamente, redistribuiremos la riqueza, haremos huelga. Comprenderemos nuestra propia importancia desde los lugares donde debemos permanecer. La comunión va más allá de los muros. Todavía podemos estar juntos.

Fuente: LA JORNADA

CORONAVIRUS: AUTODEFENSA DE LA PROPIA TIERRA. LEONARDO BOFF

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LEONARDO BOFF

LEONARDO BOFF 3La pandemia del coronavirus nos revela que el modo como habitamos la Casa Común es pernicioso para su naturaleza. La lección que nos transmite reza así: es imperativo reformatear nuestro estilo de vida en ella, como un planeta vivo que es. Ella nos viene avisando de que, así como nos estamos comportando, no podemos continuar. En caso contrario, la propia Tierra se tendrá que librar de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el conjunto del sistema-vida.

En este momento, ante el hecho de estar en medio de una guerra mundial, es importante que seamos conscientes de nuestra relación hacia ella y de la responsabilidad que tenemos en el destino común Tierra viva-humanidad.

Acompáñenme en este razonamiento, veamos: El Universo existe desde hace ya 13,7 mil millones de años, desde que ocurrió el big bang. La Tierra, hace 4,4 mil millones. La Vida, hace 3,8 mil millones. El ser humano hace 7-8 millones. Nosotros, el homo sapiens/demens actual, hace 100 mil años. Todos, el Universo, la Tierra y nosotros mismos, estamos formados con los mismos elementos físico-químicos (cerca de 100) que se forjaron, como en un horno, en el interior de las grandes estrellas rojas durante 2-3 mil millones de años (por lo tanto hace 10-12 mil millones años).

La Vida, probablemente, comenzó a partir de una bacteria originaria, madre de todos los vivientes. La acompañaron un número inimaginable de microorganismos. Nos dice Edward O. Wilson, tal vez el mayor biólogo vivo: sólo en un gramo de tierra viven cerca de 10 mil millones de bacterias de hasta 6mil especies diferentes (La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008, p. 26). Imaginemos la cantidad incontable de esos microorganismos en toda la Tierra, siendo que solamente el 5% de la vida es visible, y el 95%, invisible: el reino de las bacterias, de los hongos, y de los virus…

Sigan acompañándome en mi razonamiento: hoy es considerado un dato científico, desde 2002, cuando James Lovelock y su equipo demostraron ante una comunidad científica de miles de especialistas en Holanda que la Tierra no sólo tiene vida sobre ella, ella misma está viva. Emerge como un «ente vivo»; no como un animal, sino como un sistema que regula los elementos físico-químicos y ecológicos, como hacen los demás organismos vivos, de tal forma que se mantiene vivo y continúa produciendo una miríada de formas de vida. La llamaron Gaia.

Otro dato que cambia nuestra percepción de la realidad: En la perspectiva de los astronautas, ya sea desde la Luna o desde las naves espaciales, así lo testimoniaron muchos de ellos: no existe distinción entre Tierra y Humanidad… Ambas forman una entidad única y compleja. Se consiguió hacer una foto de la Tierra antes de penetrar en el espacio sideral, fuera del sistema solar: en ella aparece, en palabras del cosmólogo Carl Sagan, como “un pálido punto azul”. Nosotros estamos, pues, dentro de ese pálido punto azul, como aquella porción de la Tierra que, en un momento de alta complejidad, empezó a sentir, a pensar, a amar y a percibirse a sí misma como parte de un Todo mayor. Por lo tanto, nosotros, hombres y mujeres, somos Tierra, que se deriva de humus (tierra fértil), o del Adam bíblico (tierra arable). Seguir leyendo CORONAVIRUS: AUTODEFENSA DE LA PROPIA TIERRA. LEONARDO BOFF

¿VENEZUELA: NARCO ESTADO? MENTIRAS, NÚMEROS Y VERDADES. PASQUALINA CURCIO CURCIO

PASQUALINA CURCIO CURCIO

PASQUALINA 2“Yo era el director de la CIA. Mentimos, engañamos, robamos. Es como si tuviéramos cursos de entrenamiento completos.” Esta confesión la realizó ante un grupo de estudiantes de la Universidad de Texas el 15 de abril de 2019 el hoy Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo.

Se trata del mismo personaje abyecto quien ayer, en un acto carente de ética, incitando al delito ofreció una recompensa de 15 millones de dólares a quien le entregase al presidente constitucional y legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. Entrenado para mentir justificó su ofrecimiento afirmando que Maduro es el responsable del “tráfico internacional de narcóticos”.

Mike Pompeo junto con el Fiscal General de EEUU, William Barr, acusaron a Maduro sin prueba alguna (como suelen hacer los voceros del imperio estadounidense) de “haber participado en una asociación criminal que involucra a una organización terrorista extremadamente violenta, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en un esfuerzo por inundar Estados Unidos de cocaína”.

Aseguraron que “los exjefes guerrilleros [de las FARC] que han retomado las armas ´obtuvieron el apoyo del régimen de Maduro´ para operar en la frontera entre Colombia y Venezuela con el objetivo de enviar al territorio estadounidense toneladas de cocaína.”(1)

Barr, al igual que Pompeo, tomó los cursos de entrenamiento para mentir, engañar y robar. Se desempeñó como funcionario de la CIA entre 1973 y 1977.

La actuación protagonizada por Barr y Pompeo es parte del guión para acabar con la Revolución Bolivariana.  En el documento titulado “Plan Maestro para derrocar a la dictadura venezolana” del 23-02-2018 suscrito por el entonces Jefe del Comando Sur, Kurt Tidd, se lee entre los objetivos y estrategias:

“Intensificar notablemente la denuncia contra el régimen de Maduro calificándolo de criminal, ilegítimo, ladrón de la riqueza del pueblo venezolano y saqueador del tesoro nacional (…) Hacer uso de la ´corrupción generalizada´ y  de las ´ganancias originadas por las operaciones de narcotráfico´ para desacreditar su imagen [la de Maduro] ante el mundo y sus seguidores.”

También está entre los planes: “Continuar el fuego en la frontera con Colombia, multiplicar el tráfico de combustible y otros bienes, el movimiento de los paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas, provocando incidentes armados con las fuerzas de Seguridad de la Frontera”…Reclutar paramilitares mayormente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y del Norte de Santander”.

Es y ha sido parte del Plan, entre otros: “Aumentar la inestabilidad interna a niveles críticos… causar víctimas y señalar como responsable al gobierno de Venezuela magnificando, frente al mundo, la ´crisis humanitaria´ a la que ha sido sometido el país…”  (2)

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CORONAVIRUS: EL PERFECTO DESASTRE PARA EL CAPITALISMO DEL DESASTRE. LEONARDO BOFF

SEQUÍA 2

LEONARDO BOFF

LEONARDO BOFF 3La pandemia actual del coronavirus representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de habitar la Casa Común, la forma como producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. Ha llegado la hora de cuestionar las virtudes del orden capitalista: la acumulación ilimitada, la competición, el individualismo, el consumismo, el despilfarro, la indiferencia frente a la miseria de millones de personas, la reducción del Estado y la exaltación del lema de Wallstreet: “greed is good” (la avaricia es buena). Todo esto se ha puesto en jaque ahora. Aquel ya no puede continuar.

Lo que nos podrá salvar ahora no son las empresas privadas sino el Estado con sus políticas sanitarias generales, atacado siempre por el sistema del mercado “libre”, y serán las virtudes del nuevo paradigma, defendidas por muchos y por mí, el cuidado, la solidaridad social, la corresponsabilidad y la compasión.

El primero en ver la urgencia de este cambio ha sido el presidente francés, neoliberal y proveniente del mundo de las finanzas, E. Macron. Lo dijo bien claro: “Queridos compatriotas, “Mañana tendremos tiempo de sacar lecciones del momento que atravesamos, cuestionar el modelo de desarrollo que nuestro mundo escogió hace décadas y que muestra sus fallos a la luz del día, cuestionar las debilidades de nuestras democracias. Lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita, sin condiciones de ingresos, de historia personal o de profesión, y nuestro Estado de Bienestar Social no son costes o cargas sino bienes preciosos, unos beneficios indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado”.

Aquí se muestra la plena conciencia de que una economía sólo de mercado, que mercantiliza todo, y su expresión política, el neoliberalismo, son maléficas para la sociedad y para el futuro de la vida.

Todavía más contundente fue la periodista Naomi Klein, una de las más perspicaces críticas del sistema-mundo, que sirve de título a este artículo: “El coronavirus es el perfecto desastre para el capitalismo del desastre”. Esta pandemia ha producido el colapso del mercado de valores (bolsas), el corazón de este sistema especulativo, individualista y anti-vida, como lo llama el Papa Francisco. Este sistema viola la ley más universal del cosmos, de la naturaleza y del ser humano: la interdependencia de todos con todos; que no existe ningún ser, mucho menos nosotros los humanos, como una isla desconectada de todo lo demás. Más aún: no reconoce que somos parte de la naturaleza y que la Tierra no nos pertenece para explotarla a nuestro antojo; nosotros pertenecemos a la Tierra. En la visión de los mejores cosmólogos y astronautas que ven la unidad de la Tierra y la humanidad, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera. Sobreexplotando la naturaleza y la Tierra como se está haciendo en todo el mundo, nos perjudicamos a nosotros mismos y nos exponemos a las reacciones e incluso a los castigos que ella nos imponga. Es madre generosa, pero puede rebelarse y enviarnos un virus devastador.

Sostengo la tesis de que esta pandemia no puede combatirse solo con medios económicos y sanitarios, siempre indispensables. Exige otra relación con la naturaleza y la Tierra. Si después que la crisis haya pasado no hacemos los cambios necesarios, la próxima vez podrá ser la última, ya que nos convertiremos en enemigos acérrimos de la Tierra. Y puede que ella ya no nos quiera aquí.

El informe del profesor Neil Ferguson del Imperial College de Londres declaró: “este es el virus más peligroso desde la gripe H1N1 de 1918. Si no hay respuesta, podría haber 3.2 millones de muertes en los Estados Unidos y 510,000 en el Reino Unido”. Bastó esta declaración para que Trump y Johnson cambiasen inmediatamente sus posiciones. Mientras, en Brasil al Presidente no le importa, lo trata como “histeria” y en las palabras de un periodista alemán de Deutsche Welle: “Actúa criminalmente. Brasil está dirigido por un psicópata y el país haría bien en eliminarlo tan pronto como sea posible. Habría muchas razones para ello”. Es lo que el Parlamento y la Suprema Corte por amor al pueblo, deberían hacer sin demora. Seguir leyendo CORONAVIRUS: EL PERFECTO DESASTRE PARA EL CAPITALISMO DEL DESASTRE. LEONARDO BOFF

BRASIL: POR SI FUERA POCO, UNA CRISIS CON CHINA. ERIC NEPOMUCENO

Desde Río de Janeiro. En un solo día, el viernes 20, Brasil vivió una formidable secuencia de turbulencias: el número de casos confirmados de coronavirus se acercó a mil, se constató que el crecimiento ocurre a una velocidad comparable al registrado en Italia al principio del surto, el ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta anunció para abril un “colapso” en el sistema público del sector, el gobierno divulgó su nueva proyección de expansión de la economía para cero por ciento y el ultraderechista presidente Jair Bolsonaro afirmó que “por ahora” decretar el estado de sitio “no está en nuestro radar”.

Aprovechó para recordar, con todas las letras, que en caso de que se llegue a esa necesidad, no habría dificultades para implementarla (dependería de aprobación por parte del Congreso, pero siempre existe la salida de un autogolpe sin más demoras).

Impacta que un capitán retirado del Ejército por actos de indisciplina diga todo eso cercado por generales de variadas estrellas, algunos en actividad, la mayoría en retiro, sin que a ninguno de ellos se les ocurra la necesidad de manifestarse. Lo ideal, que sería hacer callar al despotricado presidente, no ocurrirá tan temprano. Pero el silencio es inquietante y estruendoso.

Es decir: una economía colapsada (analistas del mercado financiero hablan claramente de una recesión de hasta el 4%), sistema de salud colapsado, y la democracia, en manos de un ultraderechista desequilibrado, acercándose al colapso. Y no hay salida a la vista.

Todo eso en un solo día sirvió para ocultar otro campo de crisis: Bolsonaro intentó hablar por teléfono con el presidente chino, Xi Jinping, quien se negó a atender la llamada.

El motivo: hace unos días el diputado nacional Eduardo Bolsonaro, uno de los tres hijos hidrófobos del presidente, divulgó por tweet mensajes durísimos acusando a China de ser responsable por la pandemia del coronavirus y, de paso, pidió que se instale un régimen de libertad en el país.

De inmediato el embajador chino en Brasil, el veterano diplomático Yang Wanming, emitió una nota contundente, diciendo que Eduardo, que integró la comitiva del papá a Florida, volvió del viaje contaminado por un “virus mental”.

Se trató de una mención casi explícita al vasallaje de Bolsonaro frente a su mito Donald Trump, alineándose de manera radical con la política de Washington de confrontación con China.

Le tocó entonces al ministro de Aberraciones Exteriores (perdón: Relaciones), el patético Ernesto Araujo, entrar al ruedo. En un comunicado oficial sin nexo ni lógica, exigió que el embajador chino pidiese disculpas al gobierno brasileño. Veteranos diplomáticos en actividad se sorprendieron y se asustaron con el tono de la nota de su jefe, absurda en todos los sentidos.

Y para no dejar dudas sobre la gravedad del caso, la negativa del presidente chino a hablar por teléfono con su desequilibrado par brasileño elevó la temperatura a niveles más que preocupantes.Lo que se comenta por aquí es que mientras el diputado Eduardo Bolsonaro no pida disculpas por sus enloquecidas palabras, la tensión no hará más que subir.

Los chinos – la tan nombrada paciencia china… – sabrán esperar. El problema es si Brasil podrá esperar. Además de ser el país que ofrece al gobierno de Bolsonaro el mayor superávit comercial, China es un país clave para la economía brasileña, gracias a sus pesadísimas inversiones en Brasil. En términos de comercio exterior, basta un ejemplo: el mercado chino es el destino de 78 por ciento de las exportaciones brasileñas de soja. Perder ese mercado hundiría de manera tenebrosa la ya muy caótica economía del país presidido por ese esperpento.

¿Más? Sí, sí, hay más. Seguir leyendo BRASIL: POR SI FUERA POCO, UNA CRISIS CON CHINA. ERIC NEPOMUCENO

CORONAVIRUS: PANDEMIAS Y EL JUEGO DE LA GUERRA. STELLA CALLONI

Mientras la Cancillería china sostiene que el Ejército de Estados Unidos podría haber llevado el coronavirus a la ciudad de Wuhan en octubre de 2019, Washington y sus socios de la OTAN rompen las medidas de control y contención de la pandemia y movilizan 37.000 soldados para los ejercicios militares "Defender Europa 20".

 STELLA CALLONI

STELLA 1

El coronavirus, nueva cepa del ya existente, cuya mutación está siendo investigada, puso al mundo entre las dignidades solidarias y la miserabilidad de un sistema que agoniza, capaz de utilizar los efectos de una pandemia para imponer un estado de terror a nivel global y justificar una crisis de las bolsas tanto en Estados Unidos, Japón, Europa y otros, mientras contradictoriamente concentran 37.000 soldados para desarrollar una maniobra en territorio europeo, violentando cuarentenas y toda medida de control de la pandemia reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además de las severas acusaciones sobre la posibilidad de que este virus se haya producido en laboratorios y diseminado en el centro preciso de China -para irradiar hacia todo el país-, en Irán o Italia, por estas horas están llegando a varios países europeos 20.000 soldados estadounidenses, que se unirán a los 10.000 estacionados en las bases militares norteamericanas en Europa y otros 7.000 que aporta esa región para una gran maniobra destinada a «mostrar músculos» a Rusia y China.

Esta llegada de tropas para las maniobras «Defender Europa 20» pone en duda la efectividad de la cuarentena mundial y sorprende que no hayan cancelado estos ejercicios que suponen el traslado de soldados hacia el frente europeo en semejante circunstancias.

A esto se añade una campaña mediática tan terrorífica como la que se desarrolló en los días posteriores a los atentados contra las Torres Gemelas (2001), sobre los que permanecen serias dudas tanto con respecto a los presuntos responsables del hecho como sobre el efecto implosión que desplomó tan rápidamente las poderosas construcciones con bases de acero.

Desde un punto de vista de la utilización de la guerra biológica, a lo que ha recurrido varias veces Estados Unidos -no olvidar el dengue hemorrágico, la fiebre porcina y otros utilizados contra Cuba- y que apoya su socio israelí, esto podría ser el perfecto ensayo de cómo reaccionaría el gigante chino que obsesiona al poder imperial y de cómo actuaría el mundo frente a esta situación, que se caracteriza por un virus «incontrolable» pero menos letal que las comunes epidemias de gripes y neumonías.

Por lo pronto, los poderosos acusan a la pandemia de sus males económicos, pero «la economía ya estaba enferma. El coronavirus es una prueba más de que sólo se mantiene a base de un dopaje continuo», sostiene Eric Toussaint, cientista político, profesor de las universidades de Lieja y de París, quien está al frente del Comité para la Abolición de la Deuda Ilegítima (CADTM).

Toussaint analizó puntillosamente todo lo sucedido en las caídas de las bolsas de esos grandes países, especialmente desde la última semana de febrero de 2020, la peor desde la crisis de octubre de 2008. «Todos los factores para una nueva crisis financiera estaban y están presentes y juntos desde hace varios años, al menos desde 2017-2018. Cuando la atmósfera está saturada de materias inflamables, en cualquier momento, una chispa puede provocar una explosión financiera. Es difícil prever dónde puede producirse la chispa. La chispa es como si fuera un detonador pero no es la causa profunda de la crisis. Todavía no sabemos si la fuerte caída bursátil de fines de febrero de 2020 ‘degenerará’ en una enorme crisis financiera. Pero es una posibilidad real», sostiene Toussaint.

Advierte asimismo que «es importante ver de dónde proviene realmente la crisis y no dejarse engañar por las explicaciones que constituyen una cortina de humo ante las causas reales».

En tanto, lo que se está viendo en Europa es nada más y nada menos que el desenmascaramiento de la destrucción del sistema de bienestar que, con sus bajas y sus altas, se había logrado instalar en esos países. Había una certidumbre -que no existió nunca en nuestra región- de que esto había sido adquirido para siempre.

Nadie comenta el enorme desfalco que significaron para cada uno de los países europeos los gastos en las guerras coloniales de este siglo. Desde un principio, Estados Unidos fue claro con sus asociados en la Organización del Atlántico Norte (OTAN): «Nosotros tenemos el armamento necesario, pero ustedes deben pagarlo».

Cuánto sacrificó Europa para hacerse cargo de una guerra con invasiones y ocupación de países con los que podía negociar y obtener productos como el petróleo pagados en euros, conveniente para unos y otros y en paz.

Las guerras de ocupación colonial contra Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen (ambas aún en curso), y otras en preparación, no solo han destruido países con la pérdida de millones de vidas, desastres humanitarios, destruyendo además sitios, ciudades que eran patrimonios de la humanidad, cunas de la civilización, violando todos los derechos de las naciones victimizadas y las leyes internacionales, amparados por una escandalosa impunidad.

Estas guerras coloniales unilaterales han significado una tragedia para los pueblos de Europa, víctimas además de las imposiciones neoliberales. Para pagar las armas y equipos sofisticados de última tecnología es posible que hayan utilizado, los gobiernos europeos, los casi 290.000 millones de euros que robaron al Estado libio como chacales, ya que estaban colocados a recaudo en bancos europeos ante el bloqueo de Estados Unidos.

Los mayores «beneficiados» en estas guerras coloniales de alta criminalidad son los fabricantes de armas y equipos en Estados Unidos e Israel.

Incluso economistas norteamericanos habían advertido que estas guerras, cuyas estrategias fueron trazadas en grandes mapas en los salones del Pentágono, estaban también destinadas a acabar con el bloque capitalista competitivo que podía ser la Unión Europea. Además de significar también una «guerra contra el euro», defendido a capa y espada por la alemana Ángela Merkel, la gobernante capitalista más política de Europa.

Al final del desastre humanitario que significaron las invasiones y ocupaciones, estas guerras dejaron a las puertas de Europa millones de inmigrantes, desesperados, hambrientos sin hogar, sin país, sin patria. Solo basta con mirar las cifras de organismos internacionales antes de estas invasiones brutales para entender que en Libia o Siria la población tenía un nivel de vida a veces más alto que la de un ciudadano europeo común. Seguir leyendo CORONAVIRUS: PANDEMIAS Y EL JUEGO DE LA GUERRA. STELLA CALLONI

LA CRISIS SE ANUNCIABA ANTES DEL CORONAVIRUS. ALEJANDRO NADAL

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ALEJANDRO NADAL*

Los ciclos y crisis en el capitalismo pueden suceder de manera irregular. Esto es parte del movimiento anómalo de una economía que es intrínsecamente inestable. La gran crisis de 2008 fue resultado de ese tipo de procesos. Y para sacar a flote a una economía que ha caído en el desequilibrio se necesita inyectarle liquidez en buenas cantidades. Por ejemplo, las medidas de política de flexibilidad monetaria aplicadas por la Reserva Federal se hicieron sentir antes de la crisis y sus efectos especulativos comenzaron a difundirse por toda la economía desde 2009-2010. Cantidades astronómicas pasaron a fondos de pensión y departamentos de tesorería de grandes corporaciones, en donde sirvieron para aceitar la especulación a escala mundial. Pero lo que sí no hicieron fue promover la inversión y el empleo.

El proceso de recuperación ha sido muy publicitado, pero la realidad es que si por recuperación se entiende un periodo más o menos prolongado de crecimiento, pues eso sí se ha manifestado. Pero, otro lado, si ese crecimiento ha sido muy lento y la creación de empleos ha sido débil, entonces la recuperación puede caracterizarse como una larga recesión. Aun antes de que se desatara esta gran recesión, era evidente que los esquemas de flexibilidad cuantitativa en materia de política monetaria no estaban funcionando como fomento de la economía real. Lo único que habían logrado era promover la recompra de acciones, las operaciones de carry trade, en la que las grandes corporaciones llevaron la especulación a todos los confines de la tierra, en territorios en los que prevalecían menores rendimientos.

Frente a este panorama de fragilidad, con una economía estadunidense perezosa, creadora de empleos de mala calidad, una Europa reticente y unas economías china e india cayendo en recesión, el fantasma de una guerra comercial con todas sus implicaciones, unos desequilibrios muy marcados en toda la economía mundial y el espectro de una crisis mundial, se manifiesta con mayor claridad. Y frente a la amenaza generalizada de una recesión que se cierne sobre la economía mundial, las cosas se confunden. Y lo primero que hay que observar con claridad es el prospecto de una crisis que se intensifica. El nuevo coronavirus promueve que la gente permanezca en sus hogares y evite viajar, recortando la demanda de transporte aéreo y servicios de hotelería de manera significativa. Los recortes de producción en China y otros lugares han perturbado las cadenas de valor. Este proceso, a su vez, ha detonado un flujo constante de avisos de alarma sobre cómo afectará el ya tristemente célebre virus al resto de la economía.

Por el lado de la economía estadunidense, entre más dure la pandemia y más intensos sean los esfuerzos para contrarrestarla –aunque por el momento la situación sigue siendo muy incierta porque hay muchos sitios afectados y gran cantidad de gente ha sido perjudicada–, la gravedad de la situación no ha podido ser evaluada con precisión.

Para una economía que ya se encontraba en fase de semiestancamiento, la situación se ha complicado mucho. Para comenzar, con China todo depende de la velocidad con que se pueda controlar la epidemia mundial, las perspectivas para frenarla y el proceso de restricciones masivas y cuarentenas nunca vistas. Ese país está sufriendo su primera contracción económica desde 1971 y las consecuencias se dejarán sentir en toda la economía global. Si estos procedimientos no funcionan, la recesión será inevitable.

Varios analistas predicen caídas de 2 y hasta 3 por ciento en el PIB mundial si la recesión se declara y se extiende más tiempo. Pero que nadie se deje engañar en este contexto. Los temblores que se vienen pronosticando están presentes desde hace meses y los remedios que supuestamente estaban diseñados para aplacar el dolor los han intensificado. Las contradicciones del capitalismo se han dejado sentir desde la crisis de 2008 y los remedios no constituyen la superación de estos problemas. De todos modos, los más vulnerables frente a la crisis de la pandemia siguen siendo los más pobres y explotados por el sistema capitalista. Bajo el capitalismo, ésta seguirá siendo la historia y el signo de los explotados de la tierra.

Fuente: LA JORNADA

*Relevante economista, investigador, profesor y articulista mexicano de La Jornada, fallecido el 17 de marzo de 2020.  Esta fue su última colaboración publicada en ese diario.

EN CASA Y SIN TOCAR A LOS OTROS: CORONAVIRUS O REINGENIERÍA SOCIAL A ESCALA PLANETARIA. LUIS BONILLA-MOLINA

LUIS BONILLA-MOLINA

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Preámbulo

LUIS BONILLA-MOLINANuestro modelo societal capitalista se estructuró alrededor de la producción de mercancías y el consumo, con una epistemología derivada de la primera y segunda revolución industrial. Lo que llamamos pensamiento moderno adquirió forma cotidiana a partir del uso del desarrollo científico y tecnológico para nuestra realidad inmediata, así como con los requerimientos para el impulso de una aceleración de la innovación de esta ciencia y tecnología.

La escuela y la universidad adquirieron especial relevancia como potenciales generadores del conocimiento y la formación profesional indispensables para la gobernanza (ciudadanía, consumo, hegemonía ideológica), pero esencialmente para la dinamización de esta aceleración de la innovación. La escuela y la universidad jugaban un papel adicional de contención de los más chicos y jóvenes, mientras, el padre primero, y luego también las madres se incorporaban al mundo del trabajo. Los salarios usados para el consumo, cada vez más precario, cerraban el círculo de la sociedad capitalista de la primera y segunda revolución industrial.

El encuentro humano articulaba y expresaba el consumo, sus modalidades y nuevas expectativas. Basta ver toda la publicidad del siglo XX para darnos cuenta que encuentro humano, mercancías y consumo formaban la triada cotidiana de la sociedad capitalista.

La escuela y la universidad contribuyeron a la aceleración de la innovación científica y tecnológica que demandaba el capitalismo, hasta que en los sesenta del siglo XX ocurrió el desembarco de la tercera revolución industrial. Este nuevo periodo generó una nueva fase de concentración del esfuerzo orientado a la aceleración de la innovación, ahora relocalizados en laboratorios privados. Esto se debió a dos grandes agendas, la primera elevar la eficacia entre costos y resultados y segundo, soslayar los controles éticos pues mucho del esfuerzo investigativo estaba orientado al complejo industrial militar (guerra bacteriológica, genoma humano, armamento con soporte informático, biología digital, conocimiento profundo y control de la mente humana, entre otros). Con la llegada de la globalización económica y la mundialización cultural de los ochenta, pero muy especialmente en los noventa, una parte importante de los(as) científicos universitarios pasan a trabajar en laboratorios privados o bajo la tutela y juramento de secreto impuesto por las grandes corporaciones.

La escuela y la universidad no lograron captar la nueva dinámica a pesar que surgieron múltiples voces que alertaron sobre algunas de las expresiones de esta nueva realidad. Era mucho lo que el capitalismo informático de la tercera revolución industrial requería cambiar; pasar del modelo disciplinar a un enfoque transdisciplinario resultaba un giro de ciento ochenta grados en las rutinas, performances y estructuras institucionales y, las instituciones educativas lejos de movilizarse se paralizaron. Hablaron mucho de transdisciplinariedad, pero siguieron operando sobre una lógica disciplinar ya obsoleta para el gran capital.

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ELECCIONES, SANDERS Y CORONAVIRUS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITAEl martes 17 de marzo se consolidó firmemente la tendencia ganadora de Joseph Biden sobre Bernie Sanders por la candidatura presidencial demócrata.  El primero arrasó en las primarias de Florida, Illinois y Arizona y alcanzó 315 delegados más que su rival. Otro dato muy gráfico: el senador por Vermont solo ha ganado 7 de 28 estados.

Pero, ¿cómo ha sido posible este brusco giro en las preferencias, esta caída notable de Sanders, respecto a encuestas que en febrero lo colocaban, o en posición aproximadamente pareja, o de ligera ventaja, en relación con el ex vicepresidente Biden? Hagamos un poco de historia.

Cuando se vio en la tercera semana de febrero que Sanders partía como favorito a la nominación y el empuje ascendente que podía tomar  ante un Biden que parecía un zombie, fue iniciada a todo tren la demolición de su candidatura. Para lograrlo, se coaligaron la maquinaria mediática del establishment, conjuntamente con la electoral del Partido Demócrata desde los días previos al supermartes del 3 de marzo. Aprovecharon un discretísimo reconocimiento de Sanders a la extraordinariamente exitosa campaña de alfabetización de Cuba de 1961 para despedazarlo con el aun poderoso recurso del anticomunismo. Notas periodísticas, entrevistas y participaciones en talk shows arremetieron contra la  supuesta simpatía del candidato independiente por lo que la derecha  llama cínicamente dictadura castrista (Permítaseme un breve paréntesis para reiterar que si hay algo muy democrático en este mundo es esa “dictadura”; mucho más, claro, que la de multimillonarios gobernante en Estados Unidos).   Está claro que los jerarcas demócratas preferirían, en última instancia, continuar con Trump en la Casa Blanca antes que dejar que las llaves de ésta paren en el bolsillo del senador independiente.  Pero si las aspiraciones presidenciales de Sanders sufrieron un duro golpe el martes pasado, él no pareció arredrarse. Esa noche, sin hacer ninguna alusión al resultado de las primarias, presentó un abarcador plan contra el nuevo coronavirus, mucho más ambicioso que el acordado por los diputados demócratas con el equipo de Trump. Incluso si en el Senado se le añadieran las enmiendas que varios legisladores demócratas han propuesto para subsanar insuficiencias  fundamentales que aprecian, como que no garantiza pago por enfermedad a los trabajadores de empresas mayores de 500 trabajadores.

Después de haber subestimado la epidemia irresponsablemente durante semanas, Trump cayó en la  cuenta de la gravedad de la amenaza y, sobre todo, del peligro de no ser relegido como anhela si, en una situación de severa crisis nacional y mundial, no proyecta la imagen de estadista preocupado por sus conciudadanos. Esto ha hecho que no solo llegue rápidamente a acuerdos  con los legisladores demócratas, sino incluso a apelar a una ley de la época de la guerra de Corea que otorga poder al Ejecutivo para ordenar sobre la producción del sector privado. De inicio para obligarlo a producir mascarillas y respiradores artificiales.

Pero la de Sanders es una propuesta a mediano y largo plazo que él mismo califica como el plan de estímulo económico más importante  en Estados Unidos desde el célebre New Deal de Franklin Roosevelt y los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. El plan ascendería a dos billones (trillions) de dólares y entregaría a todo estadounidense 2000 dólares mensuales, no solo mientras dure la contingencia del coronavirus, sino hasta que el país se haya repuesto de ésta y de la crisis económica que la acompaña. Es sabido que esta crisis financiera y económica hunde sus raíces en la codicia de los banqueros y especuladores, quienes, después de 2008, utilizaron los ríos de dinero del “rescate” entregado por los bancos centrales para continuar con las mismas viciosas prácticas que condujeron a la crisis de entonces.

Como era de esperar, el plan de Sanders incluye su central propuesta de un sistema de salud gratuito y universal y, además, impedir que el 1 por ciento se aproveche de la crisis a costa de los trabajadores.  Conceptos que nunca aceptarán los políticos de derecha por más demagogia y politiquería que se les ve dispuestos a desplegar ante la crisis actual. Al exponer su plan en un mensaje a la nación, el rival de Biden ha dicho: Debemos garantizar que cada uno que necesite cuidado (de salud) pueda recibirlo gratuitamente, asegurar que todos los trabajadores reciben sus cheques de nómina de modo que puedan llegar a fin de mes e impedir que las corporaciones gigantes y Wall Street se beneficien de la epidemia.  Sanders de pies a cabeza. Por eso nunca será aceptado por el establishment.

Pero quién sabe si esta crisis podría llevar al surgimiento de una fuerza política nueva, popular e independiente en  Estados Unidos. Sanders expresa una enorme inconformidad social y lo acompañan cientos de activistas jóvenes como las cuatro mujeres diputadas que hacen el famoso squad.

Twitter: @aguerraguerra

                                                                                          A Alejandro Nadal

“CORONAVIRUS: TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE.” BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

000-1oi3k2_0

boaventura 3Existe un debate en las ciencias sociales sobre si la verdad y la calidad de las instituciones de una determinada sociedad se conocen mejor en situaciones de normalidad, de funcionamiento corriente, o en situaciones excepcionales, de crisis. Tal vez ambos tipos de situación induzcan igualmente al conocimiento, pero sin duda nos permiten conocer o revelar cosas diferentes. ¿Qué conocimientos potenciales se derivan de la pandemia del coronavirus?

La normalidad de la excepción

La pandemia actual no es una situación de crisis claramente opuesta a una situación de normalidad. Desde la década de 1980 (a medida que el neoliberalismo se fue imponiendo como la versión dominante del capitalismo y este se fue sometiendo cada vez más y más a la lógica del sector financiero), el mundo ha vivido en un estado permanente de crisis. Una situación doblemente anómala. Por un lado, la idea de crisis permanente es un oxímoron, ya que, en el sentido etimológico, la crisis es por naturaleza excepcional y pasajera y constituye una oportunidad para superarla y dar lugar a un estado de cosas mejor. Por otro lado, cuando la crisis es transitoria, debe ser explicada por los factores que la provocan. Sin embargo, cuando se vuelve permanente, la crisis se convierte en la causa que explica todo lo demás. Por ejemplo, la crisis financiera permanente se utiliza para explicar los recortes en las políticas sociales (salud, educación, bienestar social) o el deterioro de las condiciones salariales. Se impide, así, preguntar por las verdaderas causas de la crisis. El objetivo de la crisis permanente es que ésta no se resuelva. Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de este objetivo? Básicamente, hay dos objetivos: legitimar la escandalosa concentración de riqueza e impedir que se tomen medidas eficaces para evitar la inminente catástrofe ecológica. Así hemos vivido durante los últimos cuarenta años. Por esta razón, la pandemia solo está empeorando una situación de crisis a la que la población mundial ha estado sometida. De ahí su peligrosidad específica. En muchos países, los servicios de salud pública estaban hace diez o veinte años mejor preparados para hacer frente a la pandemia que en la actualidad.

La elasticidad de lo social

En cada época histórica, las formas dominantes de vida (trabajo, consumo, ocio, convivencia) y de anticipación o postergación de la muerte son relativamente rígidas y parecen derivar de reglas escritas en la piedra de la naturaleza humana. Es cierto que cambian gradualmente, pero las alteraciones casi siempre pasan inadvertidas. La erupción de una pandemia no se compagina con este tipo de cambios. Exige cambios drásticos. Y de repente, estos se vuelven posibles, como si siempre lo hubiesen sido. Vuelve a ser posible quedarse en casa y disponer de tiempo para leer un libro y pasar más tiempo con la familia, consumir menos, prescindir de la adicción de pasar el tiempo en los centros comerciales, mirando lo que está en venta y olvidando todo lo que se quiera, pero solo se puede obtener por medios que no sean la compra. La idea conservadora de que no hay alternativa al modo de vida impuesto por el hipercapitalismo en el que vivimos se desmorona. Se hace evidente que no hay alternativas porque el sistema político democrático se vio obligado a dejar de discutir las alternativas. Como fueron expulsadas del sistema político, las alternativas entrarán en la vida de los ciudadanos cada vez más por la puerta trasera de las crisis pandémicas, de los desastres ambientales y los colapsos financieros. Es decir, las alternativas volverán de la peor manera posible.

La fragilidad de lo humano

La aparente rigidez de las soluciones sociales crea en las clases que más se aprovechan de ellas una extraña sensación de seguridad. Es cierto que siempre hay cierta inseguridad, pero hay medios y recursos para minimizarla, ya sean atención médica, pólizas de seguros, servicios de empresas de seguridad, terapia psicológica, gimnasios. Este sentimiento de seguridad se combina con el de arrogancia e incluso de condena respecto de todos aquellos que se sienten victimizados por las mismas soluciones sociales. El brote viral interrumpe este sentido común y evapora la seguridad de la noche a la mañana. Sabemos que la pandemia no es ciega y tiene objetivos privilegiados, pero aun así crea una conciencia de comunión planetaria, de alguna forma democrática. La etimología del término pandemia dice exactamente eso: el pueblo entero. La tragedia es que, en este caso, la mejor manera de mostrar solidaridad es aislarnos unos de otros y ni siquiera tocarnos. Es una extraña comunión de destinos. ¿No serán posibles otros?

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CORONAVIRUS: ¿REACCIÓN Y REPRESALIA DE GAIA? LEONARDO BOFF

LEONARDO BOFF

Gai

BOFFTodo está relacionado con todo: es hoy un dato de la conciencia colectiva de los que cultivan una ecología integral, como Brian Swimme y tantos otros científicos y el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”. Todos los seres del universo y de la Tierra, también nosotros, los seres humanos, estamos envueltos en intrincadas redes de relaciones en todas las direcciones, de suerte que no existe nada fuera de la relación. Esta es también la tesis básica de la física cuántica de Werner Heisenberg y de Niels Bohr.

Eso lo sabían los pueblos originarios, como lo expresan las sabias palabras del cacique Seattle en 1856: “De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están interligadas como la sangre que une a una familia; todo está relacionado entre sí. Lo que hiere a la Tierra hiere también a los hijos e hijas de la Tierra. No fue el hombre quien tejió la trama de la vida: él es meramente un hilo de la misma. Todo lo que haga a la trama, se lo hará a sí mismo”. Es decir, hay una íntima conexión entre la Tierra y el ser humano. Si agredimos a la Tierra, nos agredimos también a nosotros mismos y viceversa.

Es la misma percepción que tuvieron los astronautas desde sus naves espaciales y desde la Luna: Tierra y humanidad son una misma y única entidad. Bien lo declaró Isaac Asimov en 1982 cuando, a petición del New York Times, hizo un balance de los 25 años de la era espacial: “El legado es la constatación de que, en la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad (New York Times, 9 de octubre de 1982)”. Nosotros somos Tierra. Hombre viene de húmus, tierra fértil, el Adán bíblico significa hijo e hija de la Tierra fecunda. Después de esta constatación, nunca más ha apartado de nuestra conciencia que el destino de la Tierra y el de la humanidad están indisociablemente unidos.

Desafortunadamente ocurre aquello que el Papa lamenta en su encíclica ecológica: “nunca maltratamos y herimos a nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos” (n.53). La voracidad del modo de acumulación de la riqueza es tan devastadora que hemos inaugurado, dicen algunos científicos, una nueva era geológica: la del antropoceno. Es decir, quien amenaza la vida y acelera la sexta extinción masiva, dentro de la cual estamos ya, es el mismo ser humano. La agresión es tan violenta que más de mil especies de seres vivos desaparecen cada año, dando paso a algo peor que el antropoceno, el necroceno: la era de la producción en masa de la muerte. Como la Tierra y la humanidad están interconectadas, la muerte se produce masivamente no solo en la naturaleza sino también en la humanidad misma. Millones de personas mueren de hambre, de sed, víctimas de la guerra o de la violencia social en todas partes del mundo. E insensibles, no hacemos nada.

No sin razón James Lovelock, el formulador de la teoría de la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula, Gaia, escribió un libro titulado La venganza de Gaia (Planeta 2006). Calculo que las enfermedades actuales como el dengue, el chikungunya, el virus zica, el sars, el ébola, el sarampión, el coronavirus actual y la degradación generalizada en las relaciones humanas, marcadas por una profunda desigualdad/injusticia social y la falta de una solidaridad mínima, son una reaacción, hasta una represalia de Gaia por las ofensas que le infligimos continuamente. No diría como J. Lovelock que es “la venganza de Gaia”, ya que ella, como Gran Madre que es, no se venga, sino que nos da graves señales de que está enferma (tifones, derretimiento de casquetes polares, sequías e inundaciones, etc.) y, al límite, porque no aprendemos la lección, toma represalias como las enfermedades mencionadas.

Recuerdo el libro-testamento de Théodore Monod, tal vez el único gran naturalista contemporáneo, Y si la aventura humana fallase (París, Grasset 2000): «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora se puede temer todo, realmente todo, inclusive la aniquilación de la raza humana; sería el precio justo de nuestras locuras y crueldades» (p.246).

Esto no significa que los gobiernos de todo el mundo, resignados, dejen de combatir el coronavirus y de proteger a las poblaciones ni de buscar urgentemente una vacuna para combatirlo, a pesar de sus constantes mutaciones. Además de un desastre económico-financiero puede significar una tragedia humana, con un número incalculable de víctimas. Pero la Tierra no se contentará con estas pequeñas contrapartidas. Suplica una actitud diferente hacia ella: de respeto a sus ritmos y límites, de cuidado a su sostenibilidad y de sentirnos, más que hijos e hijas de la Madre Tierra, la Tierra misma que siente, piensa, ama, venera y cuida. Así como nos cuidamos, debemos cuidar de ella. La Tierra no nos necesita. Nosotros la necesitamos. Puede que ya no nos quiera sobre su faz y siga girando por el espacio sideral pero sin nosotros porque fuimos ecocidas y geocidas.

Como somos seres de inteligencia y amantes de la vida podemos cambiar el rumbo de nuestro destino. Que el Espíritu Creador nos fortalezca en este propósito.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Fuente: Blog del autor

APOTEOSIS DE LA MALDAD. ATILIO A. BORON

ATILIO A. BORON

ATILIO 3La historia de la humanidad está signada por infinidad de episodios que desnudan la omnipresencia del mal. Caín ultimando a su hermano Abel da comienzo a esta historia desde los albores míticos de la especie humana. A lo largo de siglos y milenios los ejemplos abundan, en todas las latitudes. Ninguna sociedad se libró del mal y los sufrimientos que ocasiona. Pero la situación de los últimos días nos ofrece un ejemplo de una perversidad pocas veces vista: en medio de una pandemia global la mayor superpotencia del planeta persiste en la aplicación de una política de bloqueo y sanciones económicas  contra terceros países que impiden, o dificultan enormemente, acceder a los medicamentos necesarios para defenderse de la mortal amenaza del coronavirus.

Entre nosotros, Cuba y Venezuela han sido víctimas principales de esa política criminal. Cuba viene soportando con dignidad y estoicismo ejemplares el bloqueo integral más largo de la historia: ningún imperio, ningún déspota, ningún tirano por cruel o bárbaro que haya sido hizo lo que sucesivos gobiernos de Estados Unidos hicieron en contra de la isla rebelde. A lo largo de seis décadas perpetraron en su contra, sin pausa alguna, crímenes de lesa humanidad. Bajo Donald Trump éstos se agravaron hasta llegar a extremos desconocidos por la amplitud y variedad de sus intervenciones y su sistemática vocación de hacer el mal al pueblo cubano. Políticas genocidas encaminadas a exterminar o infligir graves daños a un colectivo, en este caso la nación cubana, que los autoproclamados líderes del mundo pretenden justificar aduciendo que con ellas la democracia, los derechos humanos y la justicia florecerán en Cuba. Detrás de tan altisonantes declaraciones se oculta un propósito inconfesable, perseguido por Estados Unidos desde 1783 según lo dejara sentado por escrito John Adams desde Londres. En efecto, en una célebre carta dijo que la isla era una “extensión natural” del territorio continental de Estados Unidos y que su anexión era necesaria para su seguridad nacional que podía ser nuevamente amenazada por el Reino Unido y que, por lo tanto, su independencia jamás debería ser tolerada. O sea, hay una obsesión de casi dos siglos y medio para apoderarse de la isla, misma que se exacerbó de modo extraordinario en fechas recientes.

Venezuela ha sufrido también la brutal agresión del imperio. Las “sanciones” económicas aplicadas el estado bolivariano y a sus principales dirigentes no tuvieron otro efecto que provocar crueles sufrimientos a la población y causar muertes por la imposibilidad de importar medicamentos y alimentos que o bien ya habían sido pagados o estaba el dinero depositado en bancos europeos para financiar su compra pero que la Casa Blanca ordenó inmovilizar. Otro genocidio de manual, unido al robo descarado de los patrimonios de la República Bolivariana de Venezuela en el exterior –caso CITGO, por ejemplo- y los continuos sabotajes y hostilidades vehiculizados a través de algunos asesinos seriales como Iván Duque  y de bufones corruptos como el “autoproclamado” Juan Guaidó, estúpido de marca mayor que cree que los drones y los misiles de una invasión estadounidense, en caso de producirse, afectarían tan sólo a los chavistas dejando indemnes a sus escasos y cada vez más desmoralizados partidarios.

Washington, que ya inició ya su inexorable declinación como centro imperial, actúa  como un hampón desenfrenado que impone su ley gracias a la mortífera eficacia de sus armas y, también, a la cobardía de gobiernos como los de Europa y Japón que consienten sus tropelías y admiten ovejunamente la “extraterritorialidad” de las leyes de Estados Unidos. Creen que el Calígula neoyorquino en ningún momento se volverá también contra ellos. La pandemia está demostrando lo contrario y también ratifica que la maldad que encarna Donald Trump y la dirigencia política y corporativa de Estados Unidos es incomparable. Nadie, absolutamente nadie, arrojó bombas atómicas sobre dos ciudades indefensas en Japón. Nadie sometió a otro pueblo a un bloqueo de sesenta años o a sanciones económicas destinadas a infligir el mal a una comunidad. En el marco de una pandemia como la actual un mínimo resto de sentimientos humanitarios debería haber impulsado a la dirigencia de Estados Unidos –y no sólo a Trump- a declarar la temporaria suspensión del bloqueo y las sanciones en contra de Cuba y Venezuela. No lo han hecho, ni lo harán. Tenía razón Oscar Wilde cuando, hace poco más de un siglo, dijera que “Estados Unidos es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización”.

Fuente: Blog del autor

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