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LA DEUDA: “DESENSILLAR HASTA QUE ACLARE”. ATILIO A. BORÓN

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ATILIO A. BORÓN

ATILIO 2Tengo la impresión que nuestro gobierno al igual que muchos actores no gubernamentales (partidos, movimientos sociales, sindicatos, etcétera) además de amplios sectores de la sociedad civil subestiman la magnitud de la crisis económica actual. Es comprensible que eso lo haga la derecha, y es el mensaje que transmiten sus compinches mediáticos. Para ellos la crisis es un momentáneo traspié producto de la cuarentena a la cual se oponen presuntamente en nombre de la libertad y los derechos individuales. Confunden a sabiendas (porque no pueden ser tan ignorantes) la causa con el remedio y entonces el culpable es éste, no el virus. La evidencia que ellos optan por desconocer demuestra que el bajón económico venía de antes, de la irresuelta crisis de las “hipotecas subprime” de los años 2007-2008. Esta fue el disparador de la recesión mundial que se extendería hasta finales del 2015 para después dar lugar a una leve e insuficiente recuperación. Lo que hizo la pandemia fue profundizar, vertiginosamente, las contradicciones que se agitaban en el seno del sistema capitalista y corroer las bases de su precario restablecimiento. La hegemonía del capital financiero contaminó a todo el sistema con su proverbial parasitismo y acentuó la fatal disyunción entre la especulación financiera y la economía real. Mientras las ganancias de los tahúres financieros crecían hasta las nubes la producción se desplomaba y la desocupación crecía incontenible. En Estados Unidos las personas que se acercaron a las oficinas de la seguridad social para tratar de obtener el módico y transitorio seguro de desempleo superó la cifra de cuarenta y siete millones.[1] No muy diferente fue el comportamiento en casi todos los demás países. Los pronósticos (conservadores) del FMI para las economías más desarrolladas prevén para este año una caída entre el 8 y el 13 por ciento del producto, cifras que con ligeras variantes se anticipan para los países de la periferia del sistema. La Argentina caería un 9.9 % mientras que en Brasil la caída sería de un 9.1 y en México el descenso sería del 10,5 , al paso que la economía mundial se contraería en un 5 por ciento. Hay que tener en cuenta que todas estas estimaciones están sujetas a una muy posible revisión a la alza en la medida en que la pandemia continúe su curso y las actividades económicas se reduzcan aún más.

Dados estos antecedentes no sorprende que hayan comenzado a oírse con más fuerza las voces de economistas que proponen una moratoria generalizada de la deuda, tanto la soberana como la de los particulares. En ese sentido, y contrariamente a la opinión prevaleciente, la situación de la Argentina está lejos de ser una escandalosa excepción. Una mirada sobria a los datos oficiales de los distintos gobiernos permite comprender las razones de quienes proponen un jubileo global como necesaria estrategia para salir de la crisis. Estados Unidos tiene una deuda pública que supera los 23 billones de dólares (o sea, 23 millones de millones de dólares, lo que en inglés se cita como 23 “trillones” de dólares), equivalente al 98 % de su PIB. ¿Caso único? ¡Para nada! En el Reino Unido esta proporción asciende al 116 %, al 126 % en Italia, en Francia al 213 %, en Holanda llega a 533 % y en Irlanda al 780 %. Por comparación, en China este guarismo apenas si llega al 13 % y en Rusia al 40 %.La Argentina tiene una relación deuda/PIB que según diversas estimaciones fluctúa en torno al 85%.

James K. Galbraith, hijo del eminente economista John  K. Galbraith, y profesor en la Universidad de Texas/Austin ha sido desde hace tiempo uno de los más ardientes defensores de la tesis del jubileo de la deuda.[2] Según él, una vigorosa recuperación de la pandemia sólo será posible a condición de que se produzca una masiva anulación de la deuda. “La enorme maraña de deudas impagas que no podrán ser cobradas exigirá que el sistema financiero sea refundado desde sus bases” dice en su artículo. Galbraith recuerda algunos episodios cruciales del siglo veinte y observa que, afortunadamente, los gobiernos aprendieron de los desastres ocasionados con posterioridad a la Primera Guerra Mundial cuando Alemania fue obligada a pagar una deuda exorbitante como “reparaciones de guerra.” Apenas pudo hacerlo en mínima parte y a poco andar interrumpió sus pagos al Reino Unido, Francia y Bélgica, los que a su vez dejaron de pagar sus propias deudas con Estados Unidos. Cómo Washington presionaba a Londres, París y Bruselas para que pagaran sus deudas éstos hicieron lo propio con Berlín. El resultado: un círculo vicioso de deudas incobrables que en conjunción con otros factores terminó desatando la Gran Depresión y abriendo las puertas para el auge del Nazismo y, tiempo después, la Segunda Guerra Mundial.

Para Galbraith las traumáticas lecciones de la primera posguerra hicieron que los gobiernos adoptaran una actitud completamente diferente y que las deudas originadas por la Segunda Guerra Mundial fueron canceladas o licuadas, reducidas a una mínima expresión. Washington dejó de presionar a Londres y a sus aliados para que cumplieran con sus obligaciones porque sabía muy bien que aquellos no tenían como hacerlo. Una actitud similar se adoptó en relación a Alemania, ratificada luego plenamente en 1953 a resultas de lo cual ese país pagó una ínfima parte de su deuda externa. Y otro tanto ocurrió, siguiendo un trámite aún más complejo, con Japón, que no sólo debía reparaciones de guerra a Estados Unidos sino también las derivadas de su ocupación de China, Indochina (Vietnam), Corea y las Filipinas. Incidentalmente, el Reino Unido tampoco pudo pagar la cuantiosa deuda que al terminar la Segunda Guerra Mundial tenía con la Argentina, lo que precipitó la nacionalización de varias empresas británicas radicadas en este país, entre ellos los ferrocarriles. Según Galbraith, la actitud dominante en ese entonces fue decisiva para viabilizar la construcción del estado de bienestar keynesiano y el auge de la socialdemocracia que abrió el período más luminoso en la historia del capitalismo. Y agrega que algo similar ocurrió dentro de Estados Unidos cuando, en los años de la Gran Depresión la mayoría de las deudas fueron anuladas y la economía pudo, lentamente recuperarse con la gestión de Franklin D. Roosevelt. Seguir leyendo LA DEUDA: “DESENSILLAR HASTA QUE ACLARE”. ATILIO A. BORÓN

LA BATALLA DECISIVA: EL GOBIERNO CONTRA EL PODER. ATILIO A. BORÓN

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ATILIO A. BORÓN

La cuarentena y el caso VicentÍn han exacerbado las ansias revanchistas y desestabilizadoras de la derecha que recurriendo a sus formidables oligopolios mediáticos –inagotables usinas de desinformación y manipulación de cerebros y corazones– y a su infantería de combate partidario trata de maniatar al gobierno, provocar su parálisis y, ¿por qué no?, su dimisión. Sería una ingenuidad pensar que una ofensiva tan furiosa y tan bien concertada pueda tener otra cosa que no fuese un objetivo de máxima. Suena un tanto exagerado pero la historia argentina enseña que los grupos dominantes rara vez movilizan sus recursos y destinan tanto tiempo y energía si no es por el premio mayor. Aquí lo que está en juego no es una concejalía o una subsecretaría sino lisa y llanamente el pronto retorno a la Casa Rosada.

El presidente Alberto Fernández ha sido blanco de un encarnizado ataque, en donde se mezclan insultos personales, descalificaciones y burlas, siguiendo meticulosamente los consejos que Eugene Sharp formulara en el manual de golpes de Estado que redactara para la CIA. [1] Partamos de la base que si alguien abre el buscador de Google con esta frase: “Alberto Fernández dictador” encontrará más de cuatro millones de resultados. Basta con recorrer las primeras páginas para comprobar la gravedad y extensión de tan maligna caracterización. Para el megaempresario Martín Varsavsky “Alberto tiene “un pequeño dictador escondido”, y lo mismo opinan el diputado nacional del radicalismo Alejandro Cacace, el abogado Carlos Maslaton, Elisa Carrió y las lumbreras que acuñaron el término “infectadura”, amén de tantos otras y otros para los cuales el dictador no está oculto sino que se exhibe con toda su prepotencia a plena luz del día. Para combatir a un dictador Sharp aconseja, aparte de muchas otras medidas, “practicar la desobediencia civil, acosar a funcionarios, burlarse de ellos, difundir sátiras que ridiculicen al gobernante, despliegue de banderas y colores simbólicos, gestos groseros, no-cooperación administrativa, etcétera.” Es decir, las medidas e iniciativas que proponen los ideólogos de la “infectadura” y están llevando a cabo los líderes de la “oposición democrática” en las últimas semanas.

Al día de hoy el presidente se encuentra objetivamente a la defensiva: el “periodismo de guerra” ejercido por órganos que son cualquier cosa menos periodísticos trabaja a destajo para desacreditarlo y deslegitimarlo ante los ojos de la población. El objetivo: erosionar por completo su autoridad y preparar la siniestra figura del “vacío de poder”, tantas veces utilizada en la historia de Latinoamérica para justificar golpes de Estado. Mientras, la pandemia prosigue su curso y la prolongada cuarentena es cada vez más difícil de sostener. Para las clases y capas populares quedarse en casa no es una opción realista o eficaz, sea por el hacinamiento de sus viviendas y barrios y por la naturaleza de sus medios de vida que las obligan a salir a diario a la calle a conseguir unos pesos. Algunos sectores de las capas medias pueden adaptarse a los rigores de la cuarentena, pero un prolongado encierro en un pequeño departamento para un grupo familiar de cuatro o cinco personas puede tener consecuencias psicológicas y médicas muy graves, aparte de las económicas. En resumen: una situación que puede, pasado tanto tiempo, desquiciar a una sociedad por más integrada que ésta sea.

Para paliar estos efectos se requiere de un Estado potente, dotado de los recursos necesarios para enfrentar en simultáneo un triple desafío: combatir la pandemia en los hospitales, asegurar la efectividad de la cuarentena y hacer llegar a millones de hogares el dinero o los bienes (alimentación, medicamentos, etcétera) necesarios para sobrevivir bajo estas durísimas condiciones. Dinero para quienes están en la informalidad; para los precarizados, o para los que conservaron sus empleos pero se encuentran suspendidos y sólo reciben parte de su salario; dinero para sostener el consumo de lo desocupados y también para las miles de pymes que se encuentran al borde de la bancarrota si es que no cayeron en ella. Y el problema es que las arcas del Estado están exhaustas por el enorme esfuerzo ya hecho en estos meses, agravado por la caída a pique de la recaudación fiscal y por las gravosas secuelas de “la otra pandemia”, la producida por los cuatro años del desastroso gobierno de Cambiemos.

Derrotada la pandemia aún quedará en pie tener que lidiar con una crisis económica que todo indica no será de fácil o pronta resolución. En Estados Unidos se extenderá hasta finales del 2021, según lo declarara Jerome Powell, el Chairman del Federal Reserve Board. Pensar en una inmediata recuperación del nivel de actividad económica en la Argentina es una expresión de deseos más que el resultado de un sobrio análisis de la realidad. Téngase en cuenta que en nuestro país la pandemia difícilmente será controlada antes de Septiembre, y ojalá que no más tarde. Luego, muy lentamente se podrá salir a circular por las calles para comenzar a normalizar la vida económica y las actividades escolares, culturales y recreativas.

La gente querrá trabajar pero cerca de un tercio de las pymes, las grandes dadoras de empleo en la Argentina, habrá cerrado sus puertas, muchas de ellas de forma definitiva. Poner en marcha los motores de la economía requerirá, tanto en Estados Unidos como en la Argentina, una enorme inyección financiera por parte del Estado. Así lo expresó Powell para su país, y no será diferente sino aún más necesario en la Argentina. Sin esta ayuda buena parte de esas pymes habrán desaparecido para siempre. Otras sobrevivirán, pero a condición de que cuenten con una generosa ayuda del gobierno. Y el problema es que no habrá mucho incentivo para producir y contratar trabajadores porque la gente sólo tendrá dinero para adquirir lo más esencial. O sea, una crisis que de modo simultáneo incide por el lado de la oferta y de la demanda. Seguir leyendo LA BATALLA DECISIVA: EL GOBIERNO CONTRA EL PODER. ATILIO A. BORÓN

UN NOBEL VERDADERAMENTE MERECIDO. ÁNGEL GUERRA CABRERA

MÉDICOS CUBANOS CONTRA EL ÉBOLA 

ÁNGEL GUERRA CABRERA  

GUERRITAUn grupo de importantes personalidades ha lanzado la iniciativa de pedir el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a las brigadas médicas cubanas que combaten la covid-19 en 27 países y que a lo largo de los años han intervenido heroicamente en el enfrentamiento a numerosos desastres naturales y epidemias alrededor del mundo. La idea es muy justa y oportuna pues los médicos internacionalistas cubanos son, en estos tiempos de pandemia, desigualdad extrema e insoportable injusticia social, un paradigma difícilmente igualable de solidaridad humana y entrega a la causa de salvar vidas. Ello, en marcado antagonismo con el desenfrenado egoísmo de America First enarbolado por Donald Trump, cuando la Casa Blanca expone la salud y la vida de millones de estadounidenses en el altar de business is business, gatillando la propagación desbocada del virus y la muerte, como si fueran pocas las gravísimas violaciones a los derechos humanos que comete sistemáticamente, dentro y fuera de sus fronteras.  Si el Nobel ha de ser un galardón a quienes buscan el bien común, la justicia y la cooperación internacional, estos candidatos son sus merecedores, pues como afirmó Noam Chomsky ningún país ha tenido una actitud internacionalista como la de Cuba ante la pandemia. Para apoyar la propuesta, firmar en www.CubaNobel.org

Chomsky es precisamente uno de quienes aboga por la entrega del galardón a los galenos cubanos junto a los Premios Nobel Adolfo Pérez Esquivel y Alice Walker, el líder del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil Joao Pedro Stédile, el periodista Ignacio Ramonet, los actores Danny Glover y Mark Ruffalo, los músicos Chico Buarque, Silvio Rodríguez y Tom Morello, los escritores Luis Britto y James Early y los realizadores Oliver Stone y Pedro Costa. Una campaña de apoyo a la iniciativa ha sido lanzada en Brasil por el teólogo Leonardo Boff y el capítulo brasileño de la Red En Defensa de la Humanidad y existen convocatorias semejantes en Francia, Argentina e Italia. El movimiento se expande velozmente mientras desde Washington, con Pompeo a la cabeza y un odio irrefrenable, se vierten veneno y amenazas contra la cooperación médica cubana un día sí y el otro también. Es natural que a un grupo filofascista, como el que hoy detenta el gobierno en la potencia del norte, le provoque rabia una actividad de tan hondo contenido humanista y totalmente contraria a la lógica del mercado. Se trata también de privar a Cuba de su primera fuente de divisas, ya que aunque en países pobres la cooperación de Cuba es casi gratuita, hay otros muchos que sí dan una contraprestación.

La mitad de los 6250 médicos de que disponía Cuba en 1959 desertó poco después del triunfo de la Revolución. Pero en 1960, La Habana envió una brigada médica a a asistir a las víctimas del megaterremoto que asoló a Chile. En 1963 envió una brigada de 55 médicos a la Argelia recién independizada. A partir de entonces fue común encontrar galenos cubanos en África. En 1970 despachó una brigada médica a Perú para atender a las victimas del terremoto de Áncash.  La visión y la voluntad política de Fidel Castro hizo que muy temprano se emprendiera un programa de formación de personal de salud que ha llevado a que hoy existas 13 universidades médicas y a que Cuba sea uno de los países que posee mas médicos por habitantes en el mundo. También condujo a la creación del gran complejo de centros de investigación biomédica, que ha sido imprescindible para producir medicamentos de punta a pesar del cada vez más asfixiante bloqueo yanqui, proteger a la población de muchas enfermedades infecciosas y producir nacionalmente ocho de las vacunas que se administran anualmente.

Desde 1963 más de 600 mil trabajadoras y trabajadoras de la salud cubanos han brindado sus servicios en más de 164 países. Más de 2000 combaten el coronavirus en 28 naciones, alrededor de 700 en México. En el Caribe lo hacen más de 600.

En 2005, a raíz del paso del huracán Katrina por Nueva Orleans, Fidel propuso al gobierno de Estados Unidos el envío de una importante fuerza médica para asistir a los damnificados. Con Bush en la presidencia la respuesta fue negativa pero el hecho dio lugar a la creación por el comandante del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve. Reeve fue un joven de Brooklyn que murió combatiendo en las filas independentistas cubanas, donde por su valor y capacidad ganó muy joven el grado de brigadier y una gran admiración y cariño de los cubanos.

Desde su creación, el contingente ha actuado ante terremotos (Paquistán, 2005; Indonesia, 2006; Perú, 2007, China, 2008; Haití, 2010; Chile, 2010; Nepal, 2015; Ecuador, 2016), lluvias intensas (Guatemala, 2005; Bolivia, 2006; México, 2007; El Salvador, 2009; Chile, 2015; Venezuela, 2015), emergencias médicas (cólera en Haití, 2010; ébola en Sierra Leona, Guinea Conakri, Liberia, 2014) y huracanes (Dominicana, 2015; Islas Fiji, 2016; Haití, 2016).

Twitter: @aguerraguerra

EL CHAVISMO HACIA LA PELEA ELECTORAL. ÁNGEL GUERRA CABRERA

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ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITAVenezuela celebrará elecciones parlamentarias en diciembre próximo cumpliendo con el mandato constitucional. El obstáculo restante para poder convocar los comicios fue subsanado mediante una resolución “por omisión legislativa” del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que nombró a los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) en uso de sus atribuciones. Este trámite debió haberse solventado por la Asamblea Nacional, pero jamás la directiva opositora lo puso en el orden del día, a pesar de responder a un acuerdo en la mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición. Ésta puso como condición para presentarse a los comicios la renovación en pleno del CNE pese a que fue el mismo órgano electoral que, sin chistar, le reconoció su victoria en las parlamentarias y a que sus funcionarios no terminaban su mandato en esta fecha. Fue una de las concesiones que el gobierno hizo en la mesa del diálogo para estimular la participación política de los opositores interesados en la vía democrática, e incluso, de atraer a ella a los opositores declaradamente golpistas y cómplices de los planes conspirativos de Washington.

De modo que el chavismo se ha propuesto rescatar la mayoría, que conservó durante diecisiete años, en la Asamblea Nacional. Esta semana el presidente Nicolás Maduro instó a Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a trabajar cuanto antes con los partidos aliados del Polo Patriótico para proceder a la elección de los candidatos de la revolución al cuerpo legislativo.

Después de la muerte de Hugo Chávez (2013), la oposición se alzó, en 2015, con su única victoria electoral de gran importancia en 17 años, desde la elección a la presidencia del líder bolivariano en 1998 y hasta hoy, al capturar 112 de los 167 cargos de diputados.

Pero la oposición no supo administrar su resonante victoria y dilapidó el capital político adquirido, principalmente por su total subordinación a los objetivos golpistas y desestabilizadores del gobierno de Estados Unidos, desesperado por salir de Maduro de una vez por todas. Embriagada por un éxito que no esperaba, tan pronto se instaló en el parlamento la directiva opositora anunció que a Maduro le quedaban tres meses y pretendió comenzar a gobernar por sobre los demás poderes del Estado. Lo que, unido a la codicia de dinero, fácil y rápido, heredada por los líderes de los partidos tradicionales de la cuarta república y por las nuevas formaciones surgidas  con fines terroristas en el período chavista creó el caldo de cultivo para la destrucción de los partidos opositores. Sea como guarimbas, como intentos de golpe de Estado, invasiones, ataques a cuarteles o la inmisericorde guerra económica del imperio, hay una parte de los partidarios de la oposición que los desaprueba pues los percibe como quiebres de la Constitución y tendentes al derramamiento de sangre, que no desean.

El TSJ ha respondido a solicitudes de amparo de miembros de partidos opositores contra la negativa de sus ejecutivas a participar en las elecciones y a organizar comicios internos. Esto ha dado lugar al remplazo de Henry Ramos Allup, presidente durante 19 años del viejo Acción Democrática, por Bernabé Gutiérrez, el hace 17 años secretario general, partido que de socialdemócrata nunca tuvo más que un barniz, fundado por Rómulo Batancourt. Ya en 1948 organizó una asonada que derrocó al presidente Luis Medina Angarita en unión de un sector golpista del ejército.

El fracaso de todos los intentos subversivos de la oposición golpista, y de Juan Guaidó en particular, por derrocar al presidente Maduro ha sido evidente: intento magnicida contra el gobierno en pleno (2018), plan, concierto fake mediante, para provocar un enfrentamiento armado en la frontera colombo venezolana el 23 de febrero de 2019, con el ingreso de la supuesta ayuda humanitaria, conato de golpe de Estado del 30 de abril de 2019, fallida y desarticulada invasión armada de militares desertores y mercenarios gringos desde Colombia, vía un contrato firmado por Guaidó y adláteres con un agencia proveedora de mercenarios de Miami, que, de triunfar, habría supuesto la disolución del Estado nacional venezolano, enriquecimiento escandaloso de Guaidó con los dineros robados a Venezuela y entregados al presidente encargado (es un decir) por el departamento del tesoro de Estados Unidos. Así como la apropiación por él y Henry Ramos Allup de la filial Monómeros en Colombia, de la estatal PDVSA. Como si fuera poco sus vínculos con el sanguinario grupo narcoterrorista Los Rastrojos y su asociación con el impopular presidente colombiano Iván Duque. Ha trascendido que el autoproclamado está padeciendo una crisis depresiva y se la ha prescrito reposo. No es para menos. Competirán con el chavismo partidos despedazados por la política fascista de Estados Unidos contra Venezuela y un grupo de pequeñas formaciones que por ahora declaran su deseo de una solución política y sin tutelaje externo. El chavismo tiene la mesa servida.

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COVID-19: POLÍGRAFO DE ESTOS TIEMPOS. PASQUALINA CURCIO

Abrebrecha

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PASQUALINA CURCIO

pasqualina 6Cual detector de mentiras, el covid-19 ha dejado en evidencia por lo menos dos fenómenos que se han venido sucediendo desde hace ya varios años: la decadencia del imperio estadounidense y el fracaso del capitalismo.

Decadencia del imperio estadounidense. Desde que finalizó la II Guerra Mundial, EEUU se perfiló y así se vendió como la gran superpotencia económica, militar, tecnológica y energética. Entre 1947 y 1991 y en el marco de una Guerra Fría sustentada en la Doctrina de Contención [del Comunismo] de Truman (1947), EEUU impuso su poder en el mundo. El Plan Marshall fue la carnada para incursionar sigilosamente en Europa Occidental y evitar la propagación del socialismo en esas tierras, claro que apoyado con su brazo armado, la OTAN (1949).

La principal arma utilizada por EEUU para imponerse ha sido el dólar, que desde 1944, en Bretton Woods, se decidió que fuese la moneda de referencia mundial. El haber otorgado el privilegio a un solo país de que su moneda rigiese todo el sistema monetario del planeta ha sido un grave error que hemos cometido como humanidad.

Pero es que la humanidad cometió un segundo error, y fue haber permitido que EEUU se desprendiese del patrón oro en 1971 y basara el precio del dólar, al cual seguían referenciadas el resto de las monedas, en algo tan etéreo y manipulable como la confianza/desconfianza. Un tercer error fue haberle permitido que se impusiera obligando a que todo el petróleo se comprase en dólares, lo que implicó graves consecuencias: la inundación de dólares en el mundo y el establecimiento de un sistema de compensación de pagos dominado por el país del norte, el Swift.

Hay que reconocerlo, fue la estrategia perfecta de dominación. Es por el poder del dólar que EEUU ha amenazado y chantajeado al mundo entero. Cuando los países no se doblegan a sus intereses, proceden a bloquearlos financieramente en el sistema Swift, y si tampoco les resulta, comienzan a atacar sus monedas y a manipular su precio referenciado al dólar.

Desde hace ya varios años, EEUU ha estado perdiendo ese súper poder, su economía ha perdido espacio y el dólar se ha venido a pique. Sus reservas internacionales no cubren ni siquiera el 2% de la exorbitante deuda externa y no les alcanzan ni para 2 meses de importaciones (por eso el desespero de abrir su economía en plena pandemia). Desde hace décadas, en EEUU es más lo que se importa que lo que se exporta, y su dependencia comercial sobre todo con China es cada vez mayor. No tiene el oro suficiente para respaldar su moneda y, por si fuera poco, desde hace rato se quedó sin reservas petroleras.

El covid-19 no solo ha dejado en evidencia la debilidad económica de EEUU, que se manifiesta en la actitud prepotente y malcriada de su gobierno en plena pandemia, además, pareciera ser un catalizador del reordenamiento mundial que desde hace años se está gestando.

El mundo está avanzando hacia un orden multipolar basado en nuevas rutas, pero sobre todo con normas comerciales no impuestas por EEUU y que respeten la autodeterminación de los pueblos. Un orden con un sistema monetario reconfigurado en el que no volvamos a cometer el error de referenciarlo a una sola moneda, sino que sean varias, muchas. Un mundo en el que no sea solo el Swift la alcabala financiera sino que una gran variedad de sistemas de compensación de pagos esté disponible y que sea decisión de los Estados soberanos, cuál o cuáles utilizar.

Fracaso del Capitalismo. Otra gran verdad que ha puesto al descubierto el covid-19 es el fracaso del capitalismo y en particular del neoliberalismo (su expresión más salvaje). Fracaso que no es precisamente para la burguesía la cual no ha dejado de acumular y concentrar capitales durante todo el siglo XX y lo que va del XXI, sino para las clases asalariadas, que a pesar de que con su fuerza de trabajo han generado un aumento de la producción mundial de 1127% después de la II Guerra Mundial, la desigualdad y la pobreza han sido cada vez mayores.

En estos tiempos de pandemia ha quedado claro que son los 3.700 millones de pobres, o sea, la mitad de la población mundial, los que se han visto más afectados por el virus. El Banco Mundial en su reciente informe estima un aumento de 180 millones de pobres en 2020.

Paradójicamente y con profunda indignación, el mundo entero lee la noticia de que “desde el 18 de marzo de 2020 los multimillonarios estadounidenses se han enriquecido en US$ 565.000 millones, han aumentado 19% su riqueza desde que comenzó la pandemia” mientras 42,5 millones de personas han perdido sus empleos en ese país. Seguir leyendo COVID-19: POLÍGRAFO DE ESTOS TIEMPOS. PASQUALINA CURCIO

EL MALESTAR EN LA MENTIRA. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Desaparición forzada de la verdad: Las “Fake News” son un “delito de lesa humanidad” 

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FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Aunque algunos se esmeran en reducir la pandemia de falsedades (“Fake News”) al solo campo de los expertos en lo “comunicacional”, para que pontifiquen diagnósticos y pronósticos, la dimensión del problema ha escalado latitudes de gravedad inusitada. ¿Están haciéndonos adictos a lo falso? Informarse es un derecho transversal a múltiples derechos y responsabilidades. Incluye a la educación, a la democracia, a la justicia… a la política. La información y su relación con la verdad no pueden ser marionetas del circo mercantil mediático, servil a la manipulación ideológica de algunos gobiernos y empresarios oligarcas. Es inaceptable, se lo mire desde donde se lo mire, y cada caso de falacias mediáticas constituye una agresión a la realidad, a sus protagonistas y a la historia de los pueblos. Al modo de conocer y al modo de enunciar la realidad. Nada menos.

En la praxis está la clave. Verdades o mentiras no deben presentarse como “opciones” antojadizas que se ofrecen en el “menú” cotidiano de las conveniencias manipuladoras. Eso es una obscenidad. Aunque la moral burguesa tenga, para sí, un repertorio amplio de justificaciones a la hora de mentirnos. “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. Marx.

En las “Fake News” se establece claramente una fractura que corrompe el carácter objetivo y social de una verdad. Los comerciantes de falsedades pasan horas pergeñando qué estrategia del desfalco cognitivo es más funcional a sus intereses sin tener que someter sus “Fake” a la prueba de los hechos. Eso convierte al “consumidor” de falacias en un glotón de embustes disfuncional y sofisticado. Mientras tanto, la producción de mentiras genera relaciones de producción que, para sostenerse, requiere de extinguir la verdad objetiva. Sitúa a los grupos sociales como animales de noria –como si fuese su destino– para motorizar el saber de lo falso. Desfigura las verdades objetivas y la práctica colectiva que las sustenta.

Esta demolición de la verdad objetiva, se genera para negar la posibilidad de conocer el mundo y con ello la posibilidad de transformarlo. Atenta contra el derecho humano fundamental de crear condiciones mejores de existencia y desarrollo de capacidades, sin límite, gracias al goce de las riquezas naturales y las del producto del trabajo. Hasta ese punto la pandemia de “Fake News” intoxica la vida y las culturas. Es escandaloso. Entre las agresiones perpetradas por las máquinas de falacias mediáticas, que desempeñan un papel considerable, están los tipos de quiebres decisivos en el punto de vista de la vida que convierte al “auditorio” en holgazán sin pensamiento crítico y lo reduce (a los ojos de la burguesía y sus cómplices) en inútil, incómodo e impertinente. La pandemia de falacias aplasta al raciocinio libre y lo hace adicto a cualquier chatarra idealista; la adicción a las falacias aplasta todo lo que de ingenioso o profundo tiene el pensamiento crítico.

Por lo general las “Fake News” son extravagancias de la irracionalidad que, como todas las extravagancias, desfiguran a la experiencia. Hay quienes borran con falacias mediáticas la propia vivencia y la sepultan bajo los escombros del “sinsentido” común hegemónico. Emboscados por la pandemia de “Fake News” no podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de entender e intervenir en un proceso social evaluándolo con independencia de praxis. Nos vemos sometidos a restringir nuestros derechos humanos (el derecho a la información) y, a cambio de ponemos al servicio de los propios fines del engaño, damos al traste con la realidad y nos volvemos puramente contemplativos de las mentiras que hacemos propias. Despojados de nuestros derechos, mutamos y nos hacemos parásitos de generalizaciones abstractas y especulaciones subjetivas que obran como “verdades” placebo. Es la burocratización de la verdad.

Despojarnos del derecho a informarnos no sólo es privarnos de “datos”, es sepultar una necesidad social que reduce el acto de informar al capricho convenenciero de una guerra ideológica alienante. Eso implica una ofensiva contra la consciencia emboscada con una realidad deformada, desfigurada, desinformada. Es un fraude de punta a punta. No es una “omisión” más o menos interesada o tendenciosa…no es una “falla” del método; no es un accidente de la lógica narrativa; no es un incidente en la composición de la realidad; no es una “peccata minuta” del “descuido”; no es una errata del observador; no es miopía técnica ni es, desde luego, “gaje del oficio”. Es lisa y llanamente una canallada contra el conocimiento, un delito de lesa humanidad. Es como privar a los pueblos de su Derecho a la Educación.

A estas alturas de la Historia y, especialmente de la historia de los “medios de comunicación”, es insustentable e insoportable cualquier excusa para informar oportuna, amplia y responsablemente. No hay derecho que justifique la acción deliberada de tergiversar lo que ocurre y, en el poco probable caso de que un “medio de información” no se entere de lo que ocurre, ese medio realmente no merece respeto alguno. La excusa de “no saber”, de “no conocer”, de “no tener información” para, por ello, no asumir la responsabilidad profesional y ética… es francamente sospechosa y ridícula. Ningún pueblo debería soportar la falacia inducida al transmitir la información que es propiedad social. Hay tecnología y metodología suficientes que invalidan toda palabrería esmerada en excusar las intenciones míseras de los que des-informan y mienten. Incluso si lo hacen mintiendo con emboscadas finamente elaboradas en laboratorios de guerra psicológica.

Léase críticamente: Artículo: 19 “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos. A la vista de todas las canalladas inventadas por el capitalismo para violar el legítimo derecho de los pueblos a la mejor información –evaluada ética y científicamente por las sociedades– bien vendría instruir una revolución jurídico-política hacia una nueva Justicia Social, irreversible, que tuviera como ejes prioritarios los que competen a la Cultura y a la Comunicación como inalienables. O dicho de otro modo, que nunca más la Cultura, la Comunicación –ni la Información– puedan ser reducidas, retaceadas ni regateadas por el interés de la clase dominante contra las necesidades de las clases oprimidas, impunemente. Informarse –bien– es un Derecho.

LA POST-PANDEMIA Y EL CAPITALISMO QUE VIENE. MARCOS ROITMAN

PLANTAS LETALES

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS 2La versatilidad del capitalismo no tiene límite, salvo la extinción de la especie y el colapso del planeta. Pero mientras esto sucede, sus cambios se aceleran en busca de una mayor tasa de explotación e incremento de beneficios. Si la lucha por la apropiación del plusvalor es una de las características de la contradicción capital-trabajo, hoy nos enfrentamos a una reinvención de las formas de dominación, enajenación del excedente y construcción de hegemonía. El capitalismo digital se pone al día utilizando las nuevas tecnologías bajo la pandemia del Covid-19. Si hacemos historia, es un proceso similar al sufrido por el capitalismo histórico entre los siglos XVI y XVIII, donde la proto-industrialización y los descubrimientos científicos aceleraron el proceso de acumulación de capital y la revolución industrial. Sus fases van desde el capitalismo colonial, la esclavitud hasta el imperialismo y la consolidación de la dependencia industrial, tecnológica y financiera. Sin embargo, su evolución ha tenido reveses. Los proyectos emancipadores anticapitalistas han trastocado sus planes, aunque sea de forma momentánea. Las luchas de resistencia, los procesos revolucionarios y los movimientos populares han alterado su itinerario, obligándolo a retroceder. El siglo XX ha dejado una huella difícil de borrar en su desarrollo. Fueron dos guerras mundiales, seguido del holocausto nuclear no exento de conspiraciones, golpes de estado y procesos desestabilizadores cuyos efectos los reconocemos en un crecimiento exponencial de la desigualdad, el hambre, la miseria y la sobrexplotación de un tercio de la población mundial. En este recorrido, el fascismo, eje de la modernidad, se proyecta en el siglo XXI. El neoliberalismo asume sus principios y los gobernantes adoptan sus proclamas bajo un llamado a la xenofobia, el racismo y el discurso anticomunista. Como señaló George Mosse en su ensayo La nacionalización de las masas, Hitler y el nazismo se explican bajo un simbolismo, una liturgia y una estética que atrapó a la población bajo el culto al pueblo. Una nueva política que atrajo no sólo a los nacionalsocialistas, también a miembros de otros movimientos que encontraban su estilo atractivo y útil para sus propios propósitos. Léase Trump, Bolsonaro, Piñera o Duque.

En pleno siglo XXI, asistimos a tiempos convulsos. El capitalismo busca su reacomodo. Hacer frente a los problemas de organización, costos de explotación y reajustar la función del gobierno en la gestión privada de lo público. Igualmente debe pensar en una nueva división internacional de los mercados, la producción y el consumo. La digitalización, el big-data, la robotización y las tecnociencias se subsumen para responder a las lógicas del capital. Asimismo, la dinámica de la complejidad aplicada al proceso productivo fija pautas en la especialización flexible, la deslocalización y el proceso de toma de decisiones. La realidad aumentada acelera la concentración de las decisiones y el acceso inmediato a los datos modifica las lógicas de un poder que se hace más arbitrario, violento y omnímodo. El traslado del mando real del proceso de decisiones a una zona gris, de difícil acceso, facilita eludir las responsabilidades políticas o bien las oculta bajo el manto de la post-verdad o las mentiras en red.

La transición del capitalismo analógico al digital es ya una realidad. Algunos ejemplos nos dan pistas. Basta ver el mensaje lanzado por Inditex en España. El dueño de Zara, benefactor de la sanidad pública, hará desaparecer más de mil 200 tiendas en todo el mundo, bajo la necesidad de estar en sincronía con las nuevas formas de compra-venta on line. Así, realizará una inversión de mil millones de euros en su reconversión digital en dos años (2020-2022), destinando mil 700 millones para trasformar sus locales al concepto de tienda integrada. Un servicio permanente al cliente allá donde se encuentre. En otras palabras, tendrá en su dispositivo portátil una aplicación de Zara. En esta versión digital del capitalismo, otro de los cambios que llega para quedarse es el teletrabajo o trabajo en casa. Una vuelta de tuerca a la sobrexplotación. Los horarios, la disciplina y el control lo ejerce el trabajador sobre sí, lo cual supone un elevado nivel de estrés y jornadas ilimitadas. En cuanto a la educación, sólo en las universidades se baraja la idea de articular clases en las aulas con lecciones virtuales. Las lecciones presenciales irán perdiendo peso, hasta desdibujar el sentido que las vio nacer, forjar ciudadanía y aprender el valor de la crítica colectiva. La universidad se reducirá a expedir títulos donde el aprendizaje muta en autodidactismo.

El capitalismo post-pandemia acelera el cambio del mundo cotidiano. Las firmas digitales, las videoconferencias, el control biométrico, los diagnósticos por ordenador, son algunos de los cambios que terminarán generando una modificación antropobiológica del ser humano. Y tal vez en este sentido, la lenta sustitución del dinero en efectivo, por el pago con tarjetas será fuente no sólo de mayor control social y poder de la banca, supondrá una mayor exclusión social. Quiénes tendrán y quiénes no tendrán tarjetas de crédito o débito. Suecia anuncia que el papel moneda se extinguirá dentro de la siguiente década. Más pobres, más esclavos de los bancos. Ese es el futuro incierto del capitalismo que viene tras la pandemia.

Fuente: LA JORNADA

 

CASO TRUMP: OBSOLESCENCIA PROGRAMADA. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

TRUMP DE ESPALDAS 1

OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

OLAZABAL 3En el año 2017, al ver mi reacción ante el discurso de Donald Trump en Miami, en el que anunciaba el fin de las medidas de la Administración Obama hacia Cuba, un amigo muy sabio me dijo: “Paciencia, Omar, paciencia”. Me explicó con lujo de detalles la diferencia entre un imberbe en la política y un presidente. Cómo dirigir un país tan poderoso necesita de mucha experiencia, de la cual carece Trump. Y concluyó diciendo: “su permanencia está programada por sus actos. En breve sus impulsos se harán ya obsoletos. Nadie le hará caso”

Tres años han transcurrido desde esa excepcional traducción de lo que sería la Administración Trump. Cuando la analizas desde todos los enfoques y ángulos posibles, se ratifica que ha estado plagada de errores y falta de liderazgo político, por mucho que el multimillonario se haya esforzado en dar una imagen de hombre poderoso. En su país, a pesar de tener un significativo número de fanáticos seguidores, las burlas y los “memes” son permanentes en las redes sociales e, incluso, en la gran prensa estadounidense. Sus bases, formadas sobre todo por supremacistas blancos y, en alguna medida, por temerosos inmigrantes o minorías que lo apoyan pensando que así salvarán su estatus, comienzan a debilitarse.

Poco a poco, sus acciones internas y a nivel internacional han provocado repulsa y enojo. Con golpes destinados solamente a llamar la atención, ha causado un gran daño al volátil equilibrio mundial. Desde aquella imagen grosera, cuando en una Cumbre en Europa empujó a un mandatario de un pequeño país para ponerse delante, pasando por los anuncios altaneros de retirada de tratados logrados con mucho esfuerzo, como el de la lucha contra el cambio climático, o el cese del financiamiento a la OMS, o los castigos a los jueces de la Corte Penal Internacional.

Más que peligrosos, por sus alcances, han sido sus arrebatos de odio contra Irán, así como el rompimiento definitivo con el pueblo árabe al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Ha intentado descollar como un caso único de desafío a lo logrado después de la Segunda Guerra Mundial, que ha sido muy poco, y ha colocado al mundo ante el peligro de un nuevo desequilibrio, esta vez posiblemente inmanejable. Con sus decisiones, que son apoyadas por un grupo de corruptos de los que se ha rodeado en su gobierno, ha tratado de minar el papel de la ONU como lugar para tratar los temas más peliagudos entre las naciones, convirtiendo la arena internacional en un circo de desacuerdos y encontronazos.

La corrupción y el mal uso de los recursos de los contribuyentes norteamericanos salen a la luz con pruebas. Sus continuos viajes a sus propiedades en la Florida causan un deterioro de muchos millones a las arcas públicas. Su Secretario de Estado, que se ha convertido en el vocero de las mentiras cotidianas de Trump, está envuelto también en acusaciones de uso de miembros del Servicio Secreto para pasear a su mascota personal. Ya de otros “asesores” de los que empujan a Trump a otras aventuras en América Latina hemos hablado y no vale la pena repetir sus historias de corrupción y negocios dudosos.

Y, para completar el cuadro, el horrible manejo de la crisis causada por la pandemia que ha provocado decenas de miles de norteamericanos fallecidos y millones de desempleados ha puesto sobre el tapete la falta de liderazgo de quien llegó a la Casa Blanca gracias a un sistema electoral que le permitió ser presidente, aunque haya perdido el voto popular por más de tres millones en relación con su rival. Un multimillonario mediático, acostumbrado a ofender y a satisfacer su ego en un programa llamado “El aprendiz”, en el cual les gritaba a los perdedores del show:  “You´re fired!” (¡Estás despedido!), ha tratado de trasladar ese modus vivendi a su accionar en el gobierno. Y ya ha sonado la alarma en el establishment.

Todos los expresidentes que aún viven, entre ellos un republicano, han declarado que votarán por el candidato demócrata. Han denunciado que Trump ha colocado la solemne figura presidencial en el máximo del ridículo. En el ejército (ojo con esto) es masiva, según los propios medios estadounidenses, la percepción de que el actual presidente no tiene la altura de un Comandante en Jefe, salvo las atribuciones que le otorga la Constitución norteamericana, así como el peligroso detalle del maletín nuclear que siempre viaja con los mandatarios de ese país. Pero muchos generales en retiro, que públicamente pueden hablar del tema, se refieren al clima de desconfianza en la capacidad de Trump para dirigir un país como los Estados Unidos. Los dos últimos ejemplos de esa incapacidad son el mal manejo de la crisis sanitaria y la reacción ante el estallido social por el abuso policial en el país.

Un presidente que, ante los ataques, ha reaccionado mandando 200 tweets en un día, en lugar de trabajar por tratar de salvar vidas de estadounidenses, no se ha dado cuenta que se ha convertido en una figura obsoleta. Que son ya mayoría, según las encuestas, los norteamericanos que exigen un cambio en la Casa Blanca y en el sistema. Tenía razón mi amigo el sabio, cuando hace tres años me dijo: “su obsolescencia está programada por sus actos”. Y muchos esperamos que, en noviembre, sea el pueblo de los Estados Unidos el que le espete en la cara a Donald Trump: “You´re fired!”

ESTADOS UNIDOS: MOVIMIENTO DE MASAS RADICAL. ÁNGEL GUERRA CABRERA

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Foto: Bill Hackwell

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITAEl asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis ha desencadenado masivas protestas en más de 75 ciudades de Estados Unidos, respondidas con una salvaje represión de los cuerpos policiales y de la guardia nacional. Las manifestaciones son iguales o mayores que las históricas de 1968, año de gigantescas marchas por los derechos civiles, contra la discriminación racial, la guerra de Vietnam y el asesinato de Martin Luther King, líder muy querido por la comunidad afroestadounidense. La nutrida presencia en ellas de jóvenes latinos, blancos y asiáticos, además de los negros, es un hecho solidario muy importante. ¿Por qué se produce tamaña explosión social en este momento?, cuando la muerte injustificada de negros, latinos y pobres por la policía es un hecho cotidiano. Aunque no existen datos exactos una investigación en la Oficina de Estadísticas de Justicia encontró 1348 muertes potenciales relaciondas con arrestos en solo 10 meses, desde junio de 2015 a marzo de 2016, un promedio de 135 mensuales o casi cuatro por día, muy por encima de las estadísticas de otros países desarrollados. Pero esta cuenta deja fuera a las víctimas de cuerpos federales.

El racismo y la violencia policial contra los afroestadounidenses tienen hondas raíces cuatro siglos atrás con el inicio de la esclavitud negrera y el genocidio de los pueblos originarios en las entonces 13 colonias de Inglaterra. La esclavitud terminó formalmente con el fin de la guerra civil pero las leyes Jim Crow mantuvieron una bochornosa segregación en el sur hasta avanzados los sesentas del siglo XX. Prohibía a los negros ocupar los mismos espacios que los blancos en escuelas, iglesias, hoteles, trasportes públicos, restaurantes, baños y urbanizaciones. No obstante, la potencia del norte, aunque más sutilmente, sigue segregando hasta hoy. Autores señalan al racismo como un complemento básico del neoliberalismo en Estados Unidos. Argumentan que para suprimir los impuestos a las grandes fortunas y corporaciones se hizo creer a la clase media blanca que los fondos recaudados estaban dirigidos a los programas sociales para negros.

Las circunstancias que enmarcan el homicidio de Floyd lo hacen un hecho particularmente deleznable, pero detrás del desencadenamiento de este estallido social hay otros agravios, también muy profundos,  que ya se han vuelto intolerables. Uno de ellos, el más importante, es la hiriente y creciente desigualdad social, expresada de manera bárbara en algunos de los más recientes datos económicos.  Mientras más de uno de cada cuatro trabajadores, casi 43 millones en total, ha solicitado por primera vez subsidios de desempleo durante la pandemia y hacen colas de horas para recibir comida, en el mismo período de tiempo los billonarios han aumentado su fortuna en 665 mil millones de dólares, según un estudio publicado la semana pasada por el Instituto de Estudios Políticos. La riqueza de los billonarios suma ahora 3.5 billones (en español), 19 por ciento más que al inicio de la pandemia. Y es que paralelo al grave deterioro social en Estados Unidos, la bolsa de valores alcanza alturas de vértigo recordándonos que allí no se produce verdadera riqueza material, ni menos espiritual, pero sí se captura la riqueza a quienes verdaderamente la crean con su trabajo. En estas condiciones, las actuales protestas, que ya se han convertido en un pujante movimiento de masas, podrían presionar a potentados y corporaciones para que cedan algunos de sus privilegios en favor de la salud pública y la educación gratuitas, la renta básica universal, programas de infraestructura para crear millones de empleos, el verdadero derecho al voto –crecientemente escamoteado mediante chicanas– y formas de democracia participativa. Son las demandas de Bernie Sanders, que seguramente gozan del apoyo de muchos de los jóvenes que protestan, pues el apoyo principal del senador por Vermont es eminentemente juvenil.

 Por ahora, el movimiento se concentra en exigir el fin de la impunidad y de la violencia policiaca, no solo en el caso de George Floyd sino de muchos anteriores y pide también una profunda restructuración de los departamentos de policía sobre bases democráticas y comunitarias y la reorientación a la salud y la educación de una parte del astronómico presupuesto de estas corporaciones. Por sí solas estas demandas son muy radicales frente a un trumpismo cada vez más fascistoide y es alentador ver como ya las legislaturas de varias ciudades y estados analizan la prohibición legal de maniobras letales como la utilizada para asesinar a Floyd y antes a otros afroestadounidenses.

Pero este movimiento gravitará sobre la elección del 3 de noviembre, cuando puede convertirse en decisivo para exigir que, de ganar el demócrata Joe Biden, aplique el programa de Sanders, seguramente enriquecido. Enfrente estará un Trump, apaleado hoy en las encuestas, redoblando su actuación fascistoide, a la Nixon, para llevarse el voto más conservador y reaccionario.

Twitter:@aguerraguerra

UNA SERIE QUE DEVELA LA COLUSIÓN CRIMINAL DE LA POLÍTICA EN LA FLORIDA. OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

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OMAR OLAZÁBAL RODRÍGUEZ

OLAZABALAcaba de estrenarse en Netflix, la plataforma de streaming, una miniserie documental de cuatro capítulos que dará que hablar. Bajo el muy intencionado título “Jeffrey Epstein: Asquerosamente Rico”, es una producción de la compañía Radical Media y otras tres casas productoras. La directora, Lisa Bryant, hace un recorrido aterrador y muy objetivo sobre las acciones de uno de los depredadores sexuales más peligrosos de los últimos tiempos en los Estados Unidos, no solo por el alcance de su perversidad al abusar de mujeres adolescentes, menores de edad, sino también por el poder político y económico del criminal.

Jeffrey Epstein era un financista estadounidense que apareció muerto, ahorcado, en agosto de 2019 en una celda del Centro Correccional de Manhattan, en Nueva York. Desde el año 2005, la policía de Palm Beach, en la Florida, había comenzado a investigarlo a raíz de varias denuncias de muchachas que, siendo atraídas al domicilio de Epstein, habían recibido abuso sexual por parte del multimillonario. A pesar de todas las declaraciones acumuladas, incluyendo no solo a las víctimas, sino también de testigos de la presencia de menores en la residencia, no pudo concretarse la condena por estos hechos y en el año 2008 solo se le aplicó una sanción de 13 meses por solicitar prostitutas y tentar a menores a la prostitución. Fueron identificadas 36 víctimas, entre ellas varias de solo 14 años.

A pesar de ser una figura introvertida, que trataba de mantener un perfil muy bajo, Epstein gozaba de amistades muy influyentes en la sociedad estadounidense. Desde el actual presidente Donald Trump, pasando por abogados de la categoría de Alan Dershowitz (el encargado de la defensa de Trump en el proceso de impeachment), y de otras figuras de la política y del “jet set” internacional. Sus relaciones en la sociedad norteamericana hicieron posible que evadiera una condena real por sus actos criminales. En esto jugó un papel importante uno de los mejores amigos del senador Marco Rubio, el también cubanoamericano y exsecretario de Trabajo de los EEUU, Alexander Acosta.

Desde su posición como Fiscal General del Sur de la Florida del 2005 al 2009, Acosta llegó a un acuerdo con Epstein para que éste no fuera condenado por abuso sexual contra menores y solo por los dos cargos que mencioné anteriormente. A pesar de las pruebas irrefutables, el Fiscal no tuvo reparos en someterse a las presiones de varios amigos del depredador y logró salvarle el pellejo en aquel momento al multimillonario con una leve sanción.  Siete años después, su gran amigo Marco Rubio fue el encargado de presentarlo, en la audiencia del Senado, como nominado de Trump al cargo de secretario del Trabajo. Con palabras de elogio, Rubio alabó las aptitudes de Acosta y su “ejemplar” trayectoria. Pero al cabo de tres años,  la terrible verdad saldría a la superficie.

Las protestas en algunos sectores de la sociedad estadounidense, y especialmente en la ciudad de Nueva York, hicieron que las autoridades judiciales de esa urbe arrestaran a Epstein en julio de 2019. Cayó en medio de la campaña emprendida por cientos de mujeres que habían sufrido abusos sexuales por parte de poderosos magnates norteamericanos. Y no estaba en la Florida, rodeado de sus amigos y donde podía ejercer influencia en el entramado político de ese estado. Al verse perdido, todo parece indicar que Epstein decidió ahorcarse. Sabía muy bien lo que les espera a los de su calaña en la cárcel.

El exfiscal Acosta tuvo que renunciar, a pesar de que su amigo del alma, Marco Rubio, había dicho que no iba a pedir su destitución. Al infame senador, que no se sonroja al compartir en su Twitter textos del Nuevo Testamento, no le importó que su amigo había encubierto a un depredador sexual, violador empedernido de niñas de 14 años. Su ética, o la falta de ella, que le permite defender a los adoradores de armas, le impidió criticar a Acosta. Forma parte de la “cultura” política de su estado, esa que lo llevó al Senado y, lo peor, a presidir su Comisión de Inteligencia.

En ese ambiente podrido se pueden cocinar los hechos más horribles. Si se defiende a un violador, ¿qué impide lograr condenas y sanciones contra inocentes? Si seguimos el hilo de la política en la Florida nos damos cuenta fácilmente de hasta dónde son capaces de llegar para lograr que sus posiciones se mantengan incólumes y sus padrinos sin condena. Así ha funcionado siempre.

En fin, la serie nos enseña algo de eso. No profundiza, como quizá uno quisiera, en las raíces de esas actitudes y estratagemas jurídicas. Pero si nos muestra una parte dolorosa y cruel de la sociedad norteamericana. Esa que tratan de esconder, pero que de alguna manera sale a la luz de vez en cuando. Ojalá los que la vean puedan aprender algo.

LA DERECHA ESPAÑOLA SE MOVILIZA AL SON DEL IDIOTA SOCIAL. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

CARACOLES 2

 

MARCOS ROITMAN ROSENMANN

MARCOS ROITMANMientras Madrid resiste al coronavirus, la ciudad muestra sus desigualdades, carencias y distintas formas de habitarla. Barrios burgueses viven el confinamiento como si se tratase de una prisión. Se sienten atrapados en sus casas de cientos de metros cuadrados o en sus chalets con amplios jardines y servicio doméstico. No aceptan la cuarentena, buscan culpables y lo encuentran en adjetivar el gobierno como un régimen filo-comunista, bolivariano y terrorista. Cansados de ser tratados como iguales ante la ley, aducen a sus derechos individuales para violar las normas que rigen el estado de emergencia. Ellos pueden hacer y deshacer a su antojo. No les pidan responsabilidad social. La pandemia no va con ellos. En una Comunidad Autónoma como Madrid, gobernada desde hace décadas por la derecha, la cifra de muertos por coronavirus alcanza ya 19 mil 175 personas, de las cuales 5 mil 972 son ancianos fallecidos en sus residencias. Los señoritos, hasta ahora intocables, miran hacia otro lado. Se retratan. Su actitud ha sido renegar de cualquier muestra de reconocimiento al personal sanitario y de paso a lo público. No participan de los aplausos que se producen día tras día a las 20 horas para honrar a los muertos y apoyar la sanidad pública.

La derecha madrileña vive en su mundo. Ellos no dan palmas. ¿Por qué deben salir a sus balcones a mostrar su respeto a los trabajadores de los servicios esenciales que han mantenido en pie el abastecimiento de la ciudad? ¿A los del trasporte público, supermercados, farmacias o gasolineras? No hay motivo. Eso sería tanto como proteger el bien común. Su razonamiento es otro. Se les ha privado de la libertad de movimientos. Se consideran rehenes de un Estado totalitario. Y las analogías no faltan. Sus ideólogos no pierden el tiempo para movilizar al idiota social. Vargas Llosa, Aznar, Casado, Rivera, acompañados de las autoridades locales emprenden una nueva cruzada. En Madrid su alcalde, Díaz Almeida, y la presidenta, Díaz Ayuso, se han trasformado en adalides del idiota social. Ellos los consideran un referente. Solicitan que se manifiesten y rompan el sistema carcelario, dirán, impuesto por un gobierno que busca acabar con la economía de mercado.

Promovidas por la derecha, violando las normas mínimas de salud impuestas en cuarentena, sus huestes buscan notoriedad. En sus afiebrados actos, como idiotas sociales, no respetan la distancia de seguridad, ni son capaces de entender que su comportamiento pone en riesgo la vida de los demás. Van a lo suyo. Hacen ruido, mucho ruido, golpean cacerolas, a la par que gritan consignas pidiendo la dimisión del gobierno, dan vítores a las fuerzas armadas y sus equipos de música emiten marchas militares, acompañadas del himno nacional. Ondean banderas, y se cubren el cuerpo con ellas. Portan cristos, celebran misas y rezan pidiendo a Dios les conceda sus peticiones. Reclaman acabar con el confinamiento. Quieren ir de compras, comer en los restaurantes estrellas Michelin, pasear por la Milla de Oro, consumir y sobre todo explotar a sus trabajadores, con el pretexto de retomar la actividad productiva y empresarial. Se consideran los únicos damnificados. No tienen conciencia social ni sentido del bien común, les mueve el egoísmo, el odio y la codicia. Aprovechan cualquier situación para expresar su descontento e inundar las redes de noticias falsas. Todo es válido si el objetivo, hacer caer el gobierno, se consigue. No les preocupan los miles de víctimas del Covid-19, consecuencia de un sistema sanitario debilitado por las privatizaciones y residencias de la tercera edad, donde la finalidad ha sido siempre ganar dinero. Los mayores son un buen negocio. Hay que explotarlo. La democracia es cuestión de pobres. Son los muertos de hambre, los sin techo, sin trabajo, los jubilados, los trabajadores a tiempo parcial, con contratos basura quienes exigen cambios y políticas públicas de calidad. Ellos, por el contrario, son gente de bien, empresarios, emprendedores. Sus barrios cuentan con zonas verdes, centros comerciales, cines, teatros, restaurantes de lujo, colegios y clínicas de uso exclusivo. Gozan de un servicio de recolectores de basuras ad-hoc, sus calles están iluminadas y una policía complaciente les rinde pleitesía. Ahora demandan recuperar lo que han dejado de ganar. Ellos no solicitan las migajas del pastel, se sienten dueños del pastel. Por eso se manifiestan. Así, las derechas del mundo movilizan al idiota social, cuya característica esencial es no poseer un ápice de inteligencia. Fácilmente manipulable hace lo que se le ordena. Incapaz de ejercer el juicio crítico y la reflexión, simplemente actúa como parte de un rebaño. En conclusión, respetar el bien común, preocuparse por sus conciudadanos, es cosa de necios. Así, un ejército de idiotas sociales recorre el mundo como expresión de una derecha que ha perdido los papeles y sólo le interesa la política de cuanto peor, mejor. Ellos salvarán a la patria.

Fuente: LA JORNADA

 

ESTADOS UNIDOS: DEL “I HAVE A DREAM” AL “I CAN’T BREATH”. KATU ARKONADA

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Foto: Bill Hackwell

KATU ARKONADA

KATU 1El asesinato policial de George Floyd ha provocado un levantamiento antirracista y antifascista en Estados Unidos, que retoma el Black Lives Matter puesto en marcha en 2013 tras el asesinato por un disparo policial en el pecho del adolescente Trayvon Martin, y que cobró fuerza en 2014 tras ser abatido a tiros en Ferguson, también por la policía, Michael Brown.

Tal y como transcurren los acontecimientos, es probable que la muerte de una persona tenga cuanto menos la misma incidencia en el resultado de la elección presidencial de noviembre que la crisis del Covid-19 que ya ha cobrado la vida de más de 110 mil estadunidenses.

A Floyd, guardia de seguridad que había quedado desempleado por la pandemia, le ahogaron durante ocho minutos y 46 segundos con la rodilla en su cuello por haber pagado un plato de comida con un billete de 20 dólares falso.

Pero el asesinato de George Floyd es la punta del iceberg de un sistema basado en el racismo y el clasismo que permite, según la web Mapping Police Violence, que 99 por ciento de las muertes a manos de la policía entre 2013 y 2019 hayan quedado impunes.

Tan sólo en 2019 hubo mil 42 personas muertas por disparos policiales. De ellas, según una investigación del Washington Post, por cada millón de habitantes 12 eran blancas, 23 hispanas, y 31 afroamericanas. Es decir, en Estados Unidos tienes casi tres veces más probabilidades de morir por disparos de la policía si eres negro.

Otra estadística terrorífica muestra que, aunque en EU aproximadamente 50 por ciento de las personas asesinadas son blancas, 80 por ciento de los condenados a muerte lo son por haber matado a una persona blanca.

Y si pensamos la pandemia de coronavirus que azota el planeta, en Estados Unidos, con 13 por ciento de la población afroamericana, 26 por ciento de las muertes por Covid-19 son de raza negra. Se hace necesario darle un vistazo al proyecto The Covid Racial Data Tracker para comprobar que quienes más están muriendo por Covid-19 son personas afroamericanas, latinas e indígenas.

Todo ello, a menos de cinco meses para una elección presidencial donde,en principio, era casi segura una relección de Trump, basada en los buenos datos del crecimiento económico y la reducción del desempleo, frente a un Partido Demócrata en crisis y un candidato gris como Joe Biden. Sin embargo, hoy, con una crisis sanitaria que se traduce en una crisis económica y social sin precedente, que ha dejado más de 40 millones de desempleados entre marzo y mayo, y una previsión del FMI de contracción del PIB de 6 por ciento, Trump ya no está tan seguro de la victoria y comienza a dar síntomas de nerviosismo.

Por eso el magnate se repliega sobre su núcleo duro tuiteando el 29 de mayo “ When the looting starts, the shooting starts” (el saqueo lleva a los disparos), que hace referencia a expresiones utilizadas por policías y racistas en 1967 en pleno auge del movimiento por los derechos civiles, y en 1968, año del asesinato de Martin Luther King. El 31 tuitea: “ Law order!”, la misma frase con la que Richard Nixon ganó las elecciones en 1968.

Enfrente de Trump, la población afroestadunidense, migrantes, estudiantes, mujeres y ambientalistas, con la duda de si Biden va a ser capaz de articular todas sus demandas y sumar además de los sectores del establishment a los que representa, la izquierda que acaudilla Bernie Sanders. Para ello va a ser importante su acompañante como vicepresidenta, que con toda seguridad va a ser una mujer.

Es difícil que sea Amy Klobuchar, con un perfil de centro parecido a Biden, pero tampoco Elizabeth Warren, muy a la izquierda para el establishment demócrata. La elección de vicepresidenta podría estar entre tres mujeres afroestadunidenses, la senadora por California, Kamala Harris, la ex candidata a gobernadora de Georgia, Stacey Abrams, y la congresista por Florida, estado clave, Val Demings.

Y así como el Make America great again fue un mensaje potente que permitió a Trump ganar una elección, el Black lives matter está dando también una batalla en redes sociales, donde una de las figuras más importantes está siendo Bernice King, hija de Martin Luther King, quien publicó una carta de 1963 de su padre desde la cárcel, donde afirma que la mayor piedra con la que se tropieza la liberación negra no es el Ku Kux Klan, sino los blancos moderados, que prefieren una paz negativa entendida como ausencia de tensión, a una paz positiva comprendida como realización de la justicia. Luther King señalaba en esa carta que la experiencia les ha enseñado de manera dolorosa que la libertad nunca es dada voluntariamente por el opresor, sino que debe ser exigida por las y los oprimidos.

Del Make America great again al Black lives matter. Del I have a dream, de Martin Luther King en 1963, al I can’t breath, de George Floyd en 2020, la pandemia está cambiando el tablero geopolítico, y el levantamiento del pueblo estadunidense contra el racismo estructural en su sociedad podría cambiar también el resultado de las elecciones presidenciales.

Mientras tanto, no hay suficiente fuego que pueda traer justicia por el asesinato de George Floyd y el resto de víctimas de la violencia policial y racial en Estados Unidos.

Fuente: LA JORNADA

ESTADOS UNIDOS, ¿BAJO ASEDIO DE TRUMP? JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

EE.UU. GUARDIA NACIONAL MONUMENTO A LINCOLN

JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

Aplazo la segunda entrega del trabajo sobre el sector energético bajo asedio porque tal parece que con Donald Trump, la ultraderecha y sus cuerpos de acción en la Casa Blanca, el que está bajo asedio es Estados Unidos. En la potencia norteña se sabe, desde el inicio mismo del siglo XXI, y el 11/ S, que es posible lanzar en EU una intentona contra la Constitución y los derechos civiles tan frecuentes en sus operativos diplo-militares en Latinoamérica y el Caribe. Al menos 40 ciudades de EU están bajo toque de queda con la Guardia Nacional en 15 estados, por la protesta general ante la atroz ejecución de George Floyd perpetrada por la policía de Minneapolis.

Asesinar afroestadunidenses: he ahí la marca de la esclavitud y del endémico racismo, admirado por el régimen nazi y alentado por un Trump agazapado en el búnker de la Casa Blanca durante días de protestas ¿en embeleso con el modus operandi de los nazis, lanzando dinamita al tanque del estallido social vía tuits, como queriendo incendiarlo todo como en el incendio del Reichstag? Él tampoco convocó a la unidad nacional. Jerrold Nadler, coordinador de Asuntos Judiciales de la Cámara de Diputados de EU dijo que Trump siempre ha querido ser un dictador.

Luego de varios días, sale Biblia en mano para la foto y mientras dice apoyar manifestaciones pacíficas, su policía en simultáneo lanzó gas lacrimógeno, granadas cegadoras y balas de goma. Acusa a demócratas y a terroristas de izquierda de los saqueos y amenaza con despliegues militares. A sabiendas que la ley permite al Ejecutivo ese despliegue sólo a petición de los gobernadores, Trump dijo si ante desmanes los gobernadores no me lo solicitan, lo haré por ellos. El sesgo hitleriano de Trump me lo advirtió Roberto Fernández Retamar, el notable historiador y presidente de Casa de las Américas, enviándome copia del libro de James Whitman, Hitler’s American Model (El modelo estadunidense de Hitler, Princeton, 2017).

Al revisar un acervo documental del Tercer Reich, Whitman se topó con valiosos testimonios en los abundantes registros taquigráficos de lo dicho en sesiones convocadas por Hitler desde el Ministerio de Justicia para generar las leyes raciales del Reich, tarea a cargo del ministro Franz Gurtner, quien presidió las reuniones entre abogados expertos en la elaboración e interpretación de leyes, con integrantes clave de la cúpula gubernamental nazi. Al inicio Gurtner presentó un memorándum especificando al detalle las leyes raciales de EU, material base en las sesiones, referido por los participantes como el modelo estadunidense de legislación racial. Para Whitman “es de lo más significativo que los nazis más radicales ahí presentes, de manera recurrente mencionaron esas leyes como la pauta a seguir por Alemania. De ahí emanó una atrocidad judicial: la feroz legislación antijudía, que incluyó a mestizos, mulatos y gente de color. Entre los admiradores del supremacismo blanco del sur de EU estaba Roland Freisler, quien luego presidió la Corte del Pueblo Nazi, cuya actuación fue aterrorizante, expresión clave de la salvajada judicial de las Leyes Nuremberg. En ese registro taquigráfico, Whitman encuentra sorprendente, en particular, descubrir que los nazis más radicales presentes eran los campeones más ardientes de las lecciones y perspectivas raciales de EU para Alemania”. Las fuentes del involucramiento nazi con la ley racial son variadas. A finales de los años 20 y 30, dice Whitman, “los nazis y el mismo Hitler se interesaron en la legislación racista de EU. En Mi Lucha, Hitler celebra a EU como el único estado que ha progresado hacia la creación de un orden racista del tipo de las Leyes de Nuremberg que estamos intentando establecer”.

El nacional trumpismo opera desde una base electoral que apoya la relección del magnate, objetivo central de su actuación orientada al fomento de la conflictividad, auxiliado por quienes saquean, queman y violentan ofreciéndole oportunidades para aparecer, según su preferencia electorera. La ley y el orden encubren su fracasado manejo del Covid-19 con resultados tan trágicos o aún más, que los cosechados por su par brasileño, el otro rotundo fracaso epidemiológico que arrastra enorme sufrimiento a millones de familias. A Trump sólo le importa su relección, con él de campeón de la mano dura, no como quien preside una economía que añade 40 millones de desempleados, en un medio global que va hacia una crisis, como advirtió Istvan Mészáros, que hará parecer a la Gran Depresión como una tarde de té en la vicaría, con EU como epicentro de eso y de la pandemia. El despliegue de la fuerza militar contra su población con la equívoca idea de eliminar su imagen como la personificación de la decadencia intelectual y moral de EU es asunto de alto riesgo mundial.

En EU persiste un atroz racismo escudado en un diseño judicial corrupto. Ambos deben desaparecer.

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Fuente: LA JORNADA

COVID–19, SECRETOS CUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

 ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITACuba posee varios medicamentos únicos en el mundo por su efectividad en la sobrevivencia de los pacientes graves y críticos de la COVID-19. Mientras a escala internacional solo se salva alrededor de 20% de los contagiados en esas categorías, en Cuba sobrevive el 80%, aproximadamente.

En cuanto a la tasa de mortalidad sobre el total de contagiados, la isla exhibe 4.2%, menor al 11.5 de España, 5.9 de Estados Unidos y 5.5 de Irlanda. Con 82 fallecidos hasta la fecha, cuando ya transcurren varios días sin que se reporten defunciones o una diaria cuando más, la mortalidad por 100 000 habitantes es 0.72, entre las más bajas. Hasta el 27 de mayo solo cinco países de América Latina y el Caribe han logrado recuperar más de 50% de sus contagiados detectados: Cuba, con 78.4; Uruguay, 75.5; México, 66.7; Panamá, 65.6, y Costa Rica, 64.3.

Los fármacos con que la isla combate la COVID-19 existían antes del surgimiento de la enfermedad para tratar patologías virales u otras como artritis y soriasis. No fueron diseñados expresamente para ese propósito, pero poseen cualidades fundamentales para fortalecer el sistema inmune, lo que se llama inmunidad no específica o innata, un escudo contra la entrada al aparato respiratorio del nuevo coronavirus.

Tienen también otras virtudes que les han permitido evitar el fallecimiento de la mayoría de pacientes cubanos en estado grave o crítico. En el caso del interferón (INF) alfa 2b humano recombinante, reseñado en este espacio anteriormente, existen nueve países que lo utilizan, entre ellos China y España. Sin embargo, los hospitales de Estados Unidos no pueden acceder a él, ni a ningún remedio cubano, debido al bloqueo contra Cuba.

“A mí me han llamado médicos desesperados de hospitales en Nueva York para preguntarme cómo pueden conseguir el interferón alfa 2B”, dice Helen Yaffe, académica latinoamericanista de la Universidad de Glasgow y autora del libro We are Cuba. “No va a ser posible”, añade.

Pero además del INF alfa 2b, Cuba dispone del CIGB 258, gestado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, y del itolizumab, desarrollado por el Centro de Inmunoensayo. De ambos, fue presentada la solicitud al Centro Estatal para el Control de los Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), para su uso en pacientes confirmados de COVID-19 en los estadios grave y crítico, la que fue aprobada.

Estos fármacos han sido muy efectivos para tratar la famosa tormenta de citosinas, con ostensible reacción favorable de una mayoría de pacientes en el curso de 72 horas. Estas medicinas, junto con otras, han formado parte del coctel con que se ha tratado a los contagiados de COVID-19. También se han aplicado con carácter preventivo a toda la población las gotas homeopáticas sublinguales PrevengHo Vir, y a pacientes confirmados o sospechosos con factores de riesgo, la biomodulina T, ambos para reforzar el sistema inmune.

Pero ello no explicaría por sí solo el enorme éxito alcanzado por la isla en el enfrentamiento a la enfermedad. Existen esos medicamentos porque hace décadas Fidel Castro impulsó con gran energía y previsión la creación de un verdadero sistema de centros de investigación, al que dedicó innumerables jornadas de trabajo y al que acicateó con ambiciosas metas.

No me refiero solo a la biomedicina, con todo y su principal protagonismo en el combate al nuevo coronavirus, pues también han tomado parte en él científicos de la matemática, la informática y las ciencias sociales.

Cuba previó un cuidadoso y detallado plan de combate a la COVID-19 desde enero, con activa participación de la comunidad científica, tanto de los centros de investigación como del Ministerio de Salud Pública y otras dependencias y sigue una política muy agresiva para acorralar al patógeno.

Miles de médicos de familia y estudiantes de medicina y estomatología recorren diariamente decenas de miles de hogares en la vigilancia epidemiológica. No se ha esperado por los contagiados, se les ha ido a buscar, además de establecer rigurosas medidas de aislamiento de los enfermos o de vigilancia en casa de los casos leves. Se acondicionaron suficientes camas y equipos para los pacientes sospechosos, los sin complicaciones y los graves. Las medidas de confinamiento y distancia social, las cuarentenas en zonas, municipios y provincias han permitido romper la cadena de contagios y que los hospitales no se hayan visto presionados por la demanda de enfermos.

Pese al asfixiante y criminal bloqueo de Estados Unidos, ahora recrudecido hasta el delirio, Cuba tiene un robusto sistema de salud pública totalmente gratuito. Atención primaria en las cuadras, policlínicos, hospitales generales y de especialidades, con el apoyo de una población consciente, organizada y disciplinada.

El país al que Washington despojó de miles de médicos, hoy es el que más galenos por habitante tiene en el mundo. Además de poder enviar personal sanitario a más de una veintena de países para combatir la pandemia.

II

Ha existido negligencia, dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel con relación a un nuevo brote de covid-19 reportado en La Habana. Este hecho “nos ha demostrado que, aun con la experiencia que tenemos en el enfrentamiento a la enfermedad”, todavía cometemos errores, y cuando hay un descuido, “miren lo que sucede”, añadió. En efecto, cuando parecía que la pandemia iba en retirada, sin nuevos casos ni defunciones en la inmensa mayoría de las provincias, la capital cubana sufrió dos nuevos brotes. El lunes 1 de junio se reportaron 38 nuevos casos, la cifra más alta de los últimos 28 días, 32 de ellos debidos al nuevo foco de que habló el presidente, causado por negligencias administrativas en la tienda La Época, donde una trabajadora estuvo asistiendo cinco días a laborar, a pesar de presentar síntomas. Díaz-Canel comentó que era el mayor brote enfrentado en el país. Mientras, el gobernador de La Habana explicó que de los 57 casos reportados en los dos últimos días, 44 corresponden al foco en la tienda, lo que ha modificado el ostensible descenso del mal que se venía observando en la capital. Seguir leyendo COVID–19, SECRETOS CUBANOS. ÁNGEL GUERRA CABRERA

LA CHISPA DE MINNEAPOLIS. ATILIO A. BORÓN

ilustración atilio

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 3En 1944 Gunnar Myrdal, un sueco que había recibido el Premio Nobel de economía, escribió un libro titulado “El dilema norteamericano” para desentrañar las raíces del llamado “problema negro” en Estados Unidos. Su investigación demostró que los afroamericanos eran percibidos y tratados por los blancos -salvo un sector que no compartía esa creencia- como una “raza inferior” a la cual se le negaba el disfrute de los derechos supuestamente garantizados por la Constitución. Por eso los afroamericanos quedaban en situación estructural de desventaja con los blancos: bajos ingresos, menor educación y mayor desempleo construyeron la trama profunda de un círculo vicioso heredado de la larga historia de la esclavitud y cuyas sombras se proyectan hasta el presente. Myrdal concluyó su estudio diciendo que Estados Unidos tenía un problema, pero era de otro color: blanco. Una población denostada, agredida y discriminada, que incluso después de un siglo de abolida la esclavitud debía luchar contra la cultura del esclavismo que sobrevivió largamente a la terminación de esa institución.

El Informe de la Oficina del Censo de EEUU del año 2019 confirma la validez de aquel lejano diagnóstico de Myrdal al demostrar que si el ingreso medio de los hogares estadounidenses era de $ 63.179 y  el de los hogares “blancos” $ 70.642 el de los afroamericanos se derrumbaba hasta los $ 41.361 y el de los “hispanos” caía pero estacionándose en $ 51.450. Los blancos son el 64 % del país, pero el 30 % de la población carcelaria; los negros suman el 33 % de los convictos siendo el 12 % de la población. El 72 % de los jóvenes blancos que terminan la secundaria ingresan ese mismo años a una institución terciaria, cosa que sólo hace el 44 % de los afrodescendientes. Las recurrentes revueltas de esa etnia oprimida atestiguan el fracaso de las tímidas medidas adoptadas para integrarla, como la tan discutida “acción afirmativa.” La pandemia del Covid-19 agravó la situación, poniendo de manifiesto la escandalosa discriminación existente: la tasa de mortalidad general por ese virus es de 322 por millón de habitantes y baja a 227 para los blancos, pero sube bruscamente entre los negros a 546 por millón. Y la depresión económica que la pandemia potenció exponencialmente tiene entre sus primeras víctimas a los afrodescendientes. Son ellos quienes figuran mayoritariamente entre los inscriptos para obtener el módico y temporario seguro de desempleo que ofrece el gobierno federal. Y además son el grupo étnico mayoritario que está en la primera línea del combate a la pandemia.

    Esta explosiva combinación de circunstancias sólo necesitaba un chispazo para incendiar la pradera. El asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis filmado minuto a minuto y viralizado en instantes aportó ese ingrediente con los resultados ya conocidos. La criminal estupidez de un Trump desquiciado por más de cien mil muertos a causa de su negacionismo y por el abismo económico que se abrió a sus pies a cinco meses de la elección presidencial hicieron el resto. En un tuit amenazó a los manifestantes con “meter bala” si proseguían los disturbios, igual que los esclavócratas sureños del siglo diecinueve. Signos inequívocos de un fin de ciclo, con violencia desatada, saqueos y toques de queda desafiados en las principales ciudades. Cualquier pretensión de “volver a la normalidad” que produjo tanta barbarie es una melancólica ilusión.

CINE “FAKE”. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

La cultura de las falacias es una pandemia... también.

buen abad

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Abunda en la industria cinematográfica la tendencia “Fake”, no pocas veces disfrazada de “ficción” e incluso de “documental”. “Todos mienten” dice el Dr. House en la “tele-serie” con el mismo nombre. Eso incluye a la catarata de “series televisivas” de moda. Si hubiese una auditoría ética para la producción cinematográfica, en la que primara el rigor de la verdad, basado en evidencias y documentos certificados, quedarían en pie muy pocas “realizaciones” industriales o “independientes”. No caben aquí los nombres de los productores y directores cómplices de esta pachanga. Manipulación simbólica en pantalla. Sálvense todas las excepciones, que las hay y muy honrosas.

Buena parte del negocio basado en hacer películas pertenece a la maquinaria de guerra ideológica responsable de infestar audiencias con el “sentido común” de la mentalidad burguesa. A esa identidad pertenece casi toda la producción de cine bélico, las historias fílmicas de “vaqueros contra indios”, cierta retahíla de “biografías fílmicas” y, desde luego, el “american way of life” en comedias, relatos románticos o “trillers” con su siempre “Fake” de idolatría por la “justicia”, los tribunales, los detectives y la policía. Sin faltar la industria del “porno”.

No se cometerá aquí el improperio de reducir todo cine (o toda realización artística) a un amasijo de falsedades condenando la imaginación libre a una pataleta “conspiranoica”. Muy lejos de esa emboscada. Todo lo contrario, es necesaria una reivindicación emancipadora de las herramientas de producción creativa y de las relaciones de producción para la imaginación, sin la dictadura semántica de la ideología dominante. Tampoco se perpetrará aquí la insolencia de culpar a las víctimas que “consumen” la industria cinematográfica “Fake”, sin tener a mano los dispositivos críticos necesarios que la Educación Pública debe proveer y que hasta hoy, dicho con suavidad, es escandalosamente insuficiente.

Se trata de poner al desnudo el andamiaje ideológico, subordinado por la lógica mercantil, para adulterar toda relación con la realidad -desde los procesos del conocimiento hasta su enunciación- en los soportes de la “cultura de masas”. Y ahí reina la mentira. Hay que recordar siempre que el capitalismo es un sistema económico e ideológico basado en mentirle a los trabajadores sobre la producción de la riqueza. La plusvalía es una realidad pasteurizada por la lógica “Fake” del sistema. El reformismo es una “fake” sistematizada para esconder la lucha de clases que es “el motor de la historia” y la madre de todas las batallas.

Son unos cuantos los dueños de la industria cinematográfica dominante. (“…Algunos empresarios, como Adolf Zukor y Marcus Loew (fundadores de la Paramount), comenzaron su carrera explotando salas de exhibición, antes de volverse productores. Los que siguieron absorbieron simultáneamente las redes de distribución y de explotación. Esta combinación entre el star system y la integración vertical dio nacimiento a los grandes estudios de Hollywood (Metro Goldwyn Mayer, Warner Bros., 20th Century Fox, Paramount, United Artists, RKO, etc.).”[1] Añádase Netflix y sucedáneas. De sus “modelos de negocio”’ salen los “guiones” que filmarán escenas de todo género, adaptadas a los intereses del negocio y del “sistema”. Ahí se decide cómo se tratará el amor y el desamor, la riqueza y la pobreza, la justicia y el delito. Ahí se eligen -e imponen- los estereotipos “raciales”, laborales, religiosos y sexuales. Quién gana y quién pierde. Ahí se estudian las “audiencias” o “target”, y también los ritmos de la circulación de la obra en las salas cinematográficas que están monopolizadas. Ahí se decide la “verdad” y la mentira. Sus disfraces y sus retruécanos. Mientras comemos “pop corn” o “nachos”. Un cantante mexicano, paladín de la cursilería, de quien aquí no se hará publicidad, compungía la voz para decir melodiosamente: “miénteme más que me hace tu maldad feliz”.

No diremos que la “pandemia” de “Fake” ocurrió sin darnos cuenta. Ha sido un proceso largo. Hace tiempo que se ensayan los mecanismos de infiltración y se han desarrollado todas las estrategias, que el talento opresor ha tenido, para sembrarnos en la cabeza falacias que se hicieron “verdades” a fuerza de repetirlas e invisibilizarlas. Muchas de ellas llegaron a nuestras vidas en forma de “entretenimiento”. Aceptamos los dichos de las “autoridades” (religiosas, gubernamentales, militares y académicas) como verdades; aceptamos que nadie somos para poner en duda el relato hegemónico y que más nos vale ser dóciles ante el discurso del poder si queremos llevar “la fiesta en paz”. Entramos a la era de la “pos-verdad” arriados por los perros pastores mediáticos. Entramos al campo del disfrute por el engaño porque interpelar a “la voz del amo” exige esfuerzos, compromisos e incomodidades ajenas, sensiblemente, al confort del rebaño. Y nos derrotaron, a punta de falacias, también. “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza[2] dijo Simón Bolivar.

Llegamos al punto, necesario, de tener que generar un movimiento planetario para frenar a pandemia de falsedades generadas por la industria de las mentiras. En todas sus modalidades. Pero lo asimétrica que es la batalla contra las “Fake”, no impide advertir sobre su necesidad en los terrenos más patentes y más latentes. En lo que se ve y en lo que no se ve. En las superficies y en las profundidades. En la diversidad de todo engaño y en la abundancia de técnicas desplegadas para eso. La lucha no es sólo contra casos aislados, la lucha es contra una sistema de mentiras diseñado para dominar la economía y la ideología. En su tratado de Semiótica General, Umberto Eco la define como “la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir” pero necesitamos, además de estudiar las falacias, combatirlas. No podemos dedicarnos sólo a desactivar casos específicos, hay que ir a las fuentes teóricas y prácticas de los fabricantes de “Fakes”. Y no hay punto de reposo. De verdad.

[1] https://www.insumisos.com/diplo/NODE/686.HTM

[2] http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/buscador/spip.php?article9987

 

¿QUÉ ES LO NORMAL? ¿QUÉ ES LO NUEVO? FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Nueva “normalidad”, si, pero anticapitalista

normal buen abad

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Si nos descuidamos, una cierta emboscada conservadora nos atrapará en el reclamo que implora, a los cuatro vientos, “volver a la normalidad”. Es un “reclamo” que cree que lo “normal” es estar como antes. Volver a lo “normal” indica, acaso, estar como cuando no teníamos problemas o volver a los problemas a que estamos acostumbrados. No serán considerados aquí casos referidos a la Biología o la Química, por ejemplo. Lo “normal” sería: situación mundial de guerras, de falacias mediáticas, de usuras bancario-financieras… lo “normal” sería el capitalismo. Discúlpese la obviedad pero el diccionario de la RAE dice: Normal. Del lat. normālis. 1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. 2. adj. Habitual u ordinario. 3. adj. Que sirve de norma o regla 4. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. 5. adj. Geom. Dicho de una línea recta o de un plano: Perpendicular a otra recta o a otro plano. Apl. a línea, u. t. c. s. f. 6. adj. Geom. Dicho de una línea: Perpendicular en el punto de contacto al plano o recta tangentes a una superficie o línea curvas. U. t. c. s. f. 7. f. escuela normal. condiciones normales diapasón normal onda normal valor normal. ¿Lo “normal” es según el cristal con que se impone?

¿Cuál sería la “novedad” en la “normalidad”. Es una “nueva” vieja historieta que ya Lenin, por ejemplo, combatió en su Materialismo y Empiriocriticismo[1] (1908) contra algunos vivales que traficaban con lo “novísimo”, que no era más que lo viejo sólo que disfrazado de nuevo con vocabularios enredosos. “Apoyándose en todas estas supuestas novísimas doctrinas, nuestros destructores del materialismo dialéctico llegan intrépidamente hasta el fideísmo neto…” La cosa parece ser ahora la misma. ¿De qué ilusionismo hay que echar mano para que lo viejo parezca nuevo? Hay que estar atentos a que la “Nueva Normalidad” no sea la misma vieja normalidad opresora sólo que refrita en las sartenes del Reformismo auto-remozado. “…toman las nuevas formulaciones de los antiguos errores por descubrimientos novísimos…” Lenin.

“Normal” sería, quizá, cierto estado en el que las cosas no cambian o cierta “estabilidad” de vida, de ánimo, de empleo, de salud, de felicidad… es decir, lo “normal” sería una ilusión, una utopía o un engaño. Ir a una “Nueva Normalidad” en oposición al estado de pandemia, por ejemplo, significaría haber superado los contagios, la debacle económica, la rutina laboral y los hábitos asentados antes de que el COVID-19 se detectara y se propagara. Sería una especie de “vuelta de página” superadora de un momento pretérito. Entonces ir a lo “normal” “nuevo” no debe ser un retroceso, una reversa del tiempo. Pero ¿cuándo hubo normalidad? ¿Podría temporizarse, fecharse, datarse? En un mundo azolado por la anarquía del capital, el dispendio y la fanfarronada oligarca, donde unos muy pocos controlan la inmensa mayoría de las riquezas… ¿es eso lo normal? ¿queremos volver a eso? Si es que alguna vez salimos.

Nada más anormal que el sistema económico que depreda al planeta y a la especie humana. Nada más anormal que poner al capital por encima de las personas; nada más anormal que el sufrimiento de la inmensa mayoría para el disfrute de una minoría insensible, indolente e irresponsable. Es absolutamente anormal lo que ocurre en el capitalismo, en su esencia y en su “ADN”. Aunque estemos muy acostumbrados. Siempre por imperativo ideológico, para afirmar categóricamente un acierto o un error, nos trafican el retruécano de la “normalidad” o la “anormalidad”. Algunos esconden así sus moralismos conservadores. “…impulsados por la ciega confianza que les inspiran los “novísimos” profesores reaccionarios…” Lenin. Pero esa parafernalia no es más que el núcleo contradictorio de la conciencia oligarca y sus patologías axiológicas. Lo “anormal” para ellos es lo distinto. Lo “normal” les permite diluir contradicciones en todos los fenómenos y su dialéctica. Lo “anormal” les complica el paisaje. No fue “normal” (aunque fuera lógica)  la revolución bolchevique, a los ojos de los enemigos que la combatieron –y la combaten– dentro y fuera de ella. A cierta burguesía le encanta la idea de “normalidad” porque con ella diluye los abismos de clase fingiéndonos a todos iguales, pero sin derechos iguales para todos. Lo “normal” es que los ricos vivan bien y que los pobres padezcan. Por eso la normalidad burguesa es ofrecer igualdad de oportunidades, pero jamás la igualdad de condiciones.

Aceptar esa “normalidad” hegemónica nos somete y nos diferencia, nos resta identidad, es la forma de tenernos asustados para no salirnos de los límites. Y la “normalidad” les sirve, también, para discriminar a personas y grupos que no aceptan los estereotipos. Para ellos las “periferias” somos “anormales”, raros, diferentes. Y la idea de “normalidad”, entonces, ratifica y amplifica los estigmas de clase por geografía, historias, género y etnia. Impone su religión y su opio mediático. “Es lo normal”, dicen ellos.

Al otro lado de la realidad, lo “normal” es la disidencia, implícita y explícita. Nadie quiere vivir en la miseria “normalizada”, aunque se la publicite como muy renovada. Nadie anhela el espectáculo macabro del belicismo imperial como la “norma” que heredará a su prole. Nadie anhela la ignorancia, la desnutrición, la intemperie ni el desempleo que son tan “normales” en la lógica burguesa. Lo “normal”, y lógico, es que cada vez más personas, lo expliquen o no, repudien la idea de entregarse a un sistema de explotación fabricante de esclavos, enfermos y pueblos despojados. Lo “nuevo” es que la rebeldía salga por algún lado, que se vuelva organización, consciente y transformadora, y se vuelva lucha contra las injusticias, las enfermedades, la frustración o las desesperaciones diversas. Objetiva y subjetivamente. Lo único realmente nuevo, que no ha sido norma, es la comunidad que se organiza para sí, libre de clases y sometimiento. Lo “normal” ha fracasado.

[1] http://ciml.250x.com/archive/lenin/spanish/lenin_materialismo_y_empiriocriticismo_spanish.pdf

PIDEN LIBERTAD PORQUE YA NO CONSIGUEN QUE EL PUEBLO GRITE ¡VIVAN LAS CADENAS! LUIS GARCÍA MONTERO

MANIFESTACIONES VOX 2

LUIS GARCÍA MONTERO

LUIS GARACÍA MONTERO 5Si hablamos sólo de política y dejamos a un lado la seria amenaza que suponen para la lucha contra la epidemia, las concentraciones en el barrio de Salamanca son una curiosidad tranquilizadora. Hasta tienen su gracia. Que se reúnan personas adineradas y pijos de baba para pedir libertad, animados por políticos herederos de la dictadura franquista, es un homenaje a los esperpentos de Valle-Inclán y un acto de soberbia impotente. La criada con cofia entra en la sala y anuncia: señores, son las nueve, es la hora de la protesta. La tragedia se convierte en farsa. Parece que todas las campañas para extender el odio entre las mayorías populares están fracasando. Por eso son llamados a filas los familiares más impresionables de las élites para que le den a la cacerola y defiendan sus derechos democráticos y su libertad de manifestación.

Las conspiraciones políticas más peligrosas en España invirtieron siempre el dinero en sacar a los pobres a la calle para que gritaran “vivan las cadenas”. La cosa se pone seria cuando ese grito sale de bocas hambrientas. Algo raro le está pasando a los conspiradores de siempre cuando son sus familiares los que tienen que pasearse por el barrio de Salamanca exigiendo una libertad que nadie les ha quitado.

Más que falta de libertad, supongo que sienten la falta de un país, España, entendido como propiedad privada y definido por las doctrinas que conforman su manera particular de pensar y sus negocios en blanco y negro. Resulta que España no es la propiedad particular de nadie, sino una comunidad de destinos hacia el bien común que debe armonizar intereses económicos y territoriales diversos. Y eso pone muy nerviosos a los que se consideran propietarios únicos.

En esta dinámica, igual que el tradicionalismo católico entiende ciertas debilidades sexuales, hay que ser compresivos con las dinámicas de corrupción que han caracterizados algunos comportamientos políticos. No es que se trate de malas personas, es que tomaban para llevárselo a su casa o a su hotel aquello que consideraban de papá y mamá. Cuando las cosas se ponen difíciles, en nombre de su España, nada más lógico que tocar la cacerola.

¿Y qué puede hacer la otra parte de España, la que no está acostumbrada a utilizar la bandera como negocio particular o como arma arrojadiza contra la cabeza de un compatriota? Mi amor a España tiene que ver con Galdós, García Lorca, María Zambrano o Max Aub. Cada vez que citaba en esta columna “al viejo Max”, me escribía su hija Elena para darme un abrazo. Hoy no podrá escribirme, se nos murió el jueves a los 90 años, después de una vida de exilios, regresos, cultura y luchas por España y la democracia.

En estos tiempos tristes, para consolarme de la crispación manipulada y atender a la verdad humana de las pérdidas, he establecido una larga conversación con Galdós. En un Episodio Nacional de la segunda serie, Memorias de un cortesano, cuenta la atmósfera de corrupción generalizada que se desató en Madrid en 1814 cuando los absolutistas dieron su primer grito de muera la libertad y la inteligencia y acabaron con la Constitución de 1812. El reparto de cargos, negocios, estafas y ruinas se extendió con impunidad, hundiendo para mucho tiempo el futuro del país. La sagrada bandera importaba menos que quedarse con unas tierras o condenar al exilio a alguien para que un familiar pudiese ocupar su cargo y su hacienda.

En medio de este panorama aparece Gabriel Araceli, protagonista de la primera serie de los Episodios, y hace un breve análisis de futuro. Los liberales y constitucionalistas que habían llegado al poder con voluntad tolerante y democrática, después de sufrir la indigna bajeza de los absolutistas, se cargaron de odio, empezando a actuar de manera desquiciada en 1820. Se pregunta y responde Gabriel: “¿Qué les impulsaba en 1812? La ley. ¿Y en 1820? La venganza”.

No voy a entrar aquí en las complejas meditaciones galdosianas sobre la clase media, el liberalismo, la nación, las mentalidades reaccionarias y las mezquindades políticas. Tampoco me voy a detener en figuras como la del viejo don Elías de La fontana de oro, que se dedicaba a repartir entre la plebe mentiras y dinero para provocar disturbios que favoreciesen la vuelta del absolutismo. Simplemente quiero recordarme las viejas historias de Galdós para calmar los arrebatos de indignación cada vez que veo a los facciosos manipular una epidemia y olvidar de manera tan insolidaria los riesgos nacionales, disfrazándose de perseguidos políticos para pedir libertad y declarar su vocación constitucionalista.

Mejor defender la ley que caer en los instintos de venganza. Y dejemos que se entretengan y pidan libertad ya que ahora no consiguen que el pueblo salga a la calle para gritar su vivan las cadenas.

Fuente: INFOLIBRE

¿VOLVER A LA NORMALIDAD? ATILIO A. BORÓN

TRUMP ALLENDE

ATILIO A. BORÓN

ATILIO 2La cruel pandemia que azota a la humanidad ha despertado reacciones de todo tipo. Unos pocos la ven como la cruel pero fecunda epifanía de un mundo mejor y más venturoso que brotará como remate inexorable de la generalizada destrucción desatada por el coronavirus. Si Edouard Bernstein creía que el solo despliegue de las contradicciones económicas ineluctablemente remataría en el capitalismo, sus actuales (e inconscientes) herederos apuestan a que el virus obrará el milagro de abolir el sistema social vigente y reemplazarlo por otro mejor El trasfondo religioso o mesiánico de esta creencia salta a la vista y nos exime de mayores análisis. Otros la perciben como una catástrofe que clausura un período histórico y coloca a la humanidad ante un inexorable dilema cuyo resultado es incierto. Quienes abrevan en este argumento están lejos de ser un conjunto homogéneo pues difieren en dos temas centrales: la causalidad, o la génesis de la pandemia, y el mundo que se perfila a su salida. En relación a lo primero hay quienes adjudican la responsabilidad de su aparición a una entelequia: “el hombre”, como los ecologistas ingenuos que dicen que aquél -entendido en un sentido genérico, como ser humano- es quien con su actividad destruye la naturaleza y entonces el Covid-19 habría también sido causado por “el hombre.” Pero la verdad es que no es éste sino un sistema, el capitalismo, quien destruye naturaleza y sociedades como lo demuestra el pensamiento marxista e, inclusive, aquellos que sin adherir a él son analistas rigurosos de la realidad, como Karl Polanyi. Sistema que con sus políticas privatizadoras y de “austeridad” (para los pobres, más no para los ricos) hizo posible la gran expansión de la pandemia.
Pruebas al canto: el Covid-19 desnudó la responsabilidad de las clases dominantes del capitalismo y sus gobiernos, comenzando por el de Estados Unidos y sus “vasallos” en el resto del mundo. Cuando se compara el número de muertes ocurridas en los países con gobiernos capitalistas con los que se registran en estados socialistas, como China, Vietnam, Cuba, Venezuela, los resultados son espeluznantes. En China los muertos por millón de habitantes son 3; en Vietnam hasta el 18 de mayo no había muerto nadie a causa del virus, y eso que tiene una población de 96 millones de personas; Cuba, con poco más de 11 millones tiene una tasa de muertos por millón igual a 7 y en la República Bolivariana de Venezuela esta ratio es de 0,4. En Argentina, con un gobierno acosado por el sicariato mediático y la gran burguesía el número es 9, pero se triplica cuando se observa al “oasis neoliberal” de Sebastián Piñera, con una ratio de 27 muertos por millón de habitantes. México, cuyo gobierno al principio cometió el error de subestimar al coronavirus está con 44 decesos por millón, por encima del promedio mundial que es 41,8. Pero luego viene el escándalo: Ecuador, donde manda el más rastrero lamebotas de Donald Trump, se lleva todas las fúnebres palmas de Nuestra América con 161 muertos por millón de habitantes, 54 veces más que China y 23 más que en Cuba. Suiza, la elegante guarida fiscal europea, registra una obscena ratio de 219 muertos por millón y Estados Unidos 283 por millón, o sea, 95 veces más que China y unas 40 veces mayor que la agredida y bloqueada Cuba. No les va mejor a la rica Bélgica, campeona mundial con un escandaloso récord de 790 muertos por millón de habitantes y a quienes le siguen en el podio: España con 594, Italia con 532 y el Reino Unido con 521.
Conclusión: los gobiernos que apostaron a la “magia de los mercados” para atender los problemas de salud de su población exhiben índices de mortalidad por millón de habitantes inmensamente superiores a los de los estados socialistas que conciben a la salud como un inalienable derecho humano. Esto se comprueba aún en países como Cuba y Venezuela pese a padecer múltiples sanciones económicas y los rigores del criminal bloqueo impuesto por Washington. En las antípodas se encuentra Brasil que con sus 18.130 muertos ocupa el sexto lugar en la luctuosa estadística de víctimas del coronavirus y con sus 85 muertos por millón de habitantes registra una incidencia 12 veces mayor que Cuba y 28 mayor que China. A su vez Chile, paradigma neoliberal por excelencia, tiene una tasa 9 veces mayor que la de China y casi cuatro veces superior a la de la acosada isla caribeña. Párrafo aparte merece el Uruguay, que gracias a los quince años de activismo estatal de los gobiernos frenteamplistas, en los cuales la inversión en salud pública fue prioritaria, registra una tasa de 6 muertos por millón de habitantes. Es de esperar que su actual presidente, Luis Lacalle Pou, confeso admirador de Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera, tome nota de esta lección y se abstenga de aplicar sus letales fantasías neoliberales al sistema de salud público del Uruguay.
Esta disímil respuesta ofrecida por los estados capitalistas y socialistas (más allá de algunas necesarias precisiones sobre esta caracterización, que deberían ser objeto de otro trabajo) es suficiente para fundamentar la necesidad de que el nuevo mundo que se asomará una vez concluida la pesadilla del Covid-19 se caracterice por la presencia de rasgos definitivamente no-capitalistas. Es decir, un ordenamiento socioeconómico y político que revierta el desvarío dominante durante cuatro décadas cuando al impulso de la traicionera melodía neoliberal casi todos los gobiernos del mundo se apresuraron a seguir las directivas emanadas de la Casa Blanca y privatizar y mercantilizar todo lo que fuera privatizable o mercantilizable, aún a costa de violar derechos humanos, la dignidad de las personas y los derechos de la Madre Tierra. Un mundo que, siguiendo algunos razonamientos de Salvador Allende, podría ser caracterizado como “protosocialista”; es decir, como una imprescindible fase previa para viabilizar la transición hacia el socialismo. Este período es requerido para robustecer al estado democrático; introducir rígidas limitaciones al “killing instinct” de los mercados y su descontrolada actividad, especialmente de su fracción financiera; la nacionalización y/o estatización de las riquezas básicas de nuestros países; la estatización del comercio exterior y los servicios públicos; la desmercantilización de la salud y los medicamentos; y una agresiva política de redistribución de la riqueza que supone una profunda reforma tributaria y una muy activa política social de eliminación del flagelo de la pobreza. Habida cuenta del tendal de víctimas que ha dejado el Covid-19 (que está lejos de haber llegado a su pico) sería una monumental insensatez intentar “volver a la normalidad”. Sólo espíritus pervertidos por un insaciable afán de lucro pueden pretender reincidir en sus crímenes y volver a sacrificar a millones de personas y a la propia naturaleza en el altar de la ganancia, considerando a tales crímenes como una “normalidad” que no puede ni debe ser puesta en cuestión. ¿Cómo pensar que un holocausto social y ecológico como el que produjo el capitalismo, potenciado hiperbólicamente por la pandemia, pueda ahora ser concebido como algo “normal”, como una situación beneficiosa a la cual deberíamos retornar sin mayor demora? Una “normalidad” como esa debe ser definitivamente desterrada como opción civilizatoria. Solo podría ser impuesta por una recomposición neofascista del capitalismo, poco probable ante el desprestigio y la deslegitimación que éste ha sufrido en tiempos recientes y la acumulación de fuerzas sociales alineadas en contra de los verdugos del pasado. Claro que la historia no está cerrada pero estoy seguro, volviendo a las palabras de Salvador Allende, que luego de la pandemia “se abrirán las grandes alamedas para que pasen hombres y mujeres para construir una sociedad mejor.”

RECUERDOS DEL TERRORISMO YANQUI. ÁNGEL GUERRA CABRERA

ATAQUE TERRORISTA EMBACUBA WASHINGTON
Durante el acto terrorista contra la Embajada de Cuba en Washington, uno de las 32 proyectiles disparados impactó en la escultura dedicada a José Martí por el artista plástico cubano José Villa Soberón. Foto: AP

ÁNGEL GUERRA CABRERA

GUERRITALa Seguridad del Estado de Cuba ha documentado 581 agresiones en 41 países contra representaciones de la isla en el exterior.

Aquí hablo de dos que me tocaron cerca afectivamente. La bomba de alto poder estalló en la embajada de Cuba en Lisboa cerca de las 5 de la tarde cuando estaban al entrar al lugar los pequeños hijos de los diplomáticos cubanos que regresaban de la escuela.  Como un rayo, fulminó a Adriana Corcho Calleja y a Efrén Monteagudo Rodríguez, de 35 y 33 años, funcionarios de la sede diplomática. El dispositivo fue dejado junto a la puerta de uno de los departamentos que formaban parte de la representación cubana por un individuo que entró al vetusto edificio y se retiró apresuradamente. Era el 22 de abril de 1976, cuatro meses después de que tropas cubanas derrotaran una importante agresión esmeradamente organizada por la CIA contra la naciente República Popular de Angola. Estados Unidos lanzó una potente columna del ejército racista surafricano, numerosas fuerzas del vecino Zaire y experimentados mercenarios blancos contra el joven Estado. Al percatarse de lo que se avecinaba el presidente angolano Agustino Neto, solicitó el apoyo de Cuba.

Yo había conocido a Adriana durante una misión reporteril en la Lisboa de la revolución “de los claveles” y esto hizo que  mi estremecimiento fuera mayor ante la noticia del atentado. Muy cerca de donde estalló la bomba conversamos en más de una ocasión y pude aquilatar su pensamiento revolucionario, competencia profesional y buen talante. Esta primera derrota militar ante Cuba en Angola -todavía faltaba otra mucho más contundente en 1988- enfureció al gobierno del presidente Gerald Ford y en particular a la CIA.  Justo seis meses después del crimen en Lisboa y en nuevas circunstancias luctuosas por el sabotaje contra un avión de Cubana en vuelo donde murieron sus 73 ocupantes, Fidel expresó: “En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por días y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas.”

El 11 de septiembre de 1979, Félix García, mi amigo y diplomático de la misión de Cuba ante la sede de la ONU en Nueva York, se dirigía a una cena en el barrio de Queens después de haber acompañado a amigos chilenos en la recordación al presidente Salvador Allende, asesinado exactamente seis años antes en un golpe de Estado orquestado por la CIA, pero no pudo llegar a su destino. Al detenerse su auto en un semáforo el terrorista Pedro Remón, entrenado en ese tipo de acciones por la central de inteligencia gringa, le descargó desde una moto una ráfaga de tiros que puso fin a su vida. Ya nunca más Félix iluminaría mi oficina en la revista Bohemia con sus dicharachos criollos y simpatía personal.

Félix es el único caso de un diplomático acreditado ante la ONU que haya sido asesinado en Nueva York. Remón reivindicó el crimen en llamadas a los medios pero no fue hasta avanzados los ochentas que resultó juzgado y condenado por un tribunal estadounidense, cuando sus sangrientas acciones terroristas habían comenzado a perjudicar intereses de Washington. Por cierto, en cuanto cumplió su condena continuó con absoluta impunidad su actividad terrorista contra Cuba dentro y fuera de Estados Unidos.

Los dos anteriores están entre los más notables atentados contra sedes y funcionarios diplomáticos cubanos, pero también en muchos otros ha corrido sangre, no solo cubana sino de personas de otras nacionalidades. Aquí mismo en México el ya mencionado terrorista Pedro Remón tomó parte en un intento de secuestro en 1976 de Daniel Ferrer Hernández, cónsul de Cuba en Mérida, en el que resultó asesinado el técnico de pesca cubano Artagnan Díaz Díaz. La historia del terrorismo contra Cuba y, en particular, contra sus sedes diplomáticas, es larga.  Pero hay razones para pensar que la mafia fascista de Miami y sus amigochos en el (des)gobierno de Trump se proponen estimular la vuelta a esas prácticas. Estados Unidos continúa su mutismo cómplice sobre el ametrallamiento de la embajada de Cuba en Washington. Ni una palabra sobre un hecho tan grave parece esconder algo inconfesable. Si este atentado no es investigado y esclarecido con apego a las leyes de Estados Unidos y a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas sentará un nefasto precedente.

Twitter: @aguerraguerra