Archivo de la categoría: Pensamiento

DIEZ CONSEJOS PARA MILITANTES DE IZQUIERDA. FREI BETTO

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1. Mantenga viva la indignación.

Verifique periódicamente si usted es de Izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: para la derecha la desigualdad social es tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La Izquierda, en cambio, la considera una aberración que debe ser erradicada.

Atención: Usted puede estar contaminado por el virus socialdemócrata cuyos principales síntomas son usar métodos de derecha para obtener conquistas de Izquierda y, en caso de conflicto, agraviar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.

2. La cabeza piensa donde pisan los pies.

No se puede ser de Izquierda sin “ensuciarse” los zapatos donde el pueblo vive, sufre, se alegra y celebra sus creencias y sus victorias. Teoría sin práctica es hacerle el juego a la derecha.

3. No se avergüence de creer en el socialismo.

El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y propuestas del Evangelio. Igualmente, el fracaso del socialismo en Europa del Este no debe inducir a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.

El capitalismo, vigente hace 200 años, ha sido un fracaso para la mayoría de la población del mundo. Hoy día somos 6 mil millones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2 mil 800 millones sobreviven con menos de 2 dólares al día; y 1 mil 200 millones con menos de 1 dólar diario. La globalización de la miseria no es todavía mayor gracias al socialismo chino que -a pesar de sus errores- asegura alimentación, salud y educación a 1 mil 200 millones de personas.

4. Sea crítico sin perder la autocrítica.

Muchos militantes de Izquierda cambian de lado cuando pierden la perspectiva. Desplazados del poder se vuelven amargos y acusan a sus compañeros(as) de errore~ y vacilaciones. Como dijo Jesús, ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. No se esfuerzan por mejorar las cosas. Se convierten en meros espectadores y jueces y, al poco tiempo, son cooptados por el sistema.

Autocrítica es no solamente admitir los propios errores. Es aceptar la crítica de los(as) compañeros(as).

5. Conozca la diferencia entre militante y “militonto”.

“Militonto” es aquél que se jacta de estar en todo, de participar en todos los eventos y movimientos, de actuar en todos los frentes. Su lenguaje está repleto de lugares comunes y consignas y los efectos de su accionar son superficiales.

El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, piensa, medita, se califica en una determinada forma y área de actuación o actividad, valoriza los vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios. Seguir leyendo DIEZ CONSEJOS PARA MILITANTES DE IZQUIERDA. FREI BETTO

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MEMORIA Y TRANSMISIÓN

 

El pasado no es libre. Ninguna sociedad lo abandona a sí mismo.
Es regido, administrado, conservado, explicado, narrado,

conmemorado u odiado. Ya sea que se lo celebre o se lo oculte,
sigue siendo un desafío fundamental del presente.

La memoria Saturada, Régine Robin

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Una memoria para construir un pensamiento crítico

Cuando Marcel Proust escribió su monumental obra En busca del tiempo perdido, primero la concibió como un artículo, después como cuento, y luego empezó a escribirla con la intención de hacer una novela breve, pero la totalidad terminó ocupando siete gruesos volúmenes. Ya a partir del primer tomo el editor lo amenazó con hacerle un juicio o interrumpir su publicación, porque a medida que iba corrigiendo las pruebas, Proust agregaba páginas y páginas que aumentaban un tercio o el doble el volumen del libro. En realidad, En busca del tiempo perdido era un libro destinado a quedar inconcluso, no únicamente a causa del frenesí asociativo o de la muerte prematura de su autor, sino por el tema mismo que Proust se impuso: recuperar de la manera más completa posible la memoria de su pasado. Ya sabemos que cada una de nuestras experiencias pueden ser en cierto sentido infinitas, y si algo certifica esta afirmación es el destino de la obra de Proust que, con los frecuentes descubrimientos de manuscritos inéditos y de variantes que realizan los especialistas, sigue escribiéndose sola tres cuartos de siglo después de la muerte de su autor.

En este sentido si la historia es interpretación y toma de distancia crítica del pasado, la memoria, en cambio, implica una participación pasional con ese pasado, es imaginaria y, en alguna medida no es objetiva. La memoria pone los datos dentro de esquemas conceptuales y configura el pasado sobre la base de las exigencias del presente. Debemos mencionar que la etimología latina de la palabra “recordar” está relacionada con la partícula “re” que significa “volver a” y el sustantivo “cor-cordis” que significa “corazón”. De esta forma, el recuerdo evoca la vuelta al corazón y al sentimiento: recordar es volver a vivir. Esto nos lleva a que no debemos olvidar que los recuerdos se ligan con las emociones.

En la teoría freudiana no existe una conceptualización acerca de una pulsión de transmisión. Sin embargo está presente en las pulsiones de vida, del Eros a partir de la inclusión del sujeto en la cultura

Desde esta perspectiva la memoria como un modo propio de autenticación, ya sea individual o colectiva, puede caer fácilmente en la melancolía o la conmemoración. Por lo tanto la necesidad de autenticación de la memoria debe permitir el compromiso con la más crítica subjetividad en cuyo nombre opera. Es así como al posibilitar la autocrítica, la memoria separa el agente recordante de la experiencia recordada. Su resultado va a ser que una memoria crítica puede ser capaz de erigirse como el mejor tipo de análisis histórico. Pero también va a permitir desarrollar un pensamiento crítico que cuestione las formas actuales en las que se sostiene el poder en el capitalismo tardío.

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LA INAPLAZABLE URGENCIA DE UN FRENTE DE RESISTENCIA. RAÚL ROA GARCÍA

DESDE LA IZQUIERDA

Si las formas democráticas de gobierno vienen sometidas a las más duras pruebas en los últimos tiempos, en ninguna parte se han visto tan ferozmente atacadas y puestas en tan grave quebranto como en nuestra América

RAÚL ROA GARCÍA

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«La paz es la aspiración suprema del hombre que siente la libertad como imperativo de conciencia». Foto: Archivo

Si las formas democráticas de gobierno vienen sometidas a las más duras pruebas en los últimos tiempos, en ninguna parte se han visto tan ferozmente atacadas y puestas en tan grave quebranto como en nuestra América. De sur a norte, las logias militares, los señores de la tierra, los mercaderes del poder, las oligarquías montaraces y las grandes empresas, en siniestro consorcio, han ido aboliendo, sin que la onu y la oea les diesen el alto, las libertades fundamentales del hombre y del ciudadano. La cínica adulteración de la voluntad popular, o la violenta sustitución de gobiernos constitucionalmente elegidos por autocracias de típico pergeño totalitario, caracterizan este dramático proceso, que amenaza generalizarse a todo el continente.

El quintacolumnismo seudomarxista y la codicia imperialista señorean hoy sobre un haz de naciones invertebradas, a merced de espadones, gamonales, politicastros, banqueros y empresarios sin escrúpulos. Escasos gobiernos de raíz popular, la mayoría minados por la corrupción administrativa, los desajustes sociales, la demagogia electorera y la explotación colonial, completan este cuadro sombrío. No cabe ya duda de que la suerte de la democracia está echada. La inaplazable urgencia de formar un amplio frente de resistencia, a la desmandada agresividad de los enemigos de las libertades populares, salta a la vista.

Es indiscutible que la concepción democrática de la vida, la sociedad y el estado es consustancial al espíritu y al desarrollo histórico de nuestros pueblos; pero, no lo es menos, que esa concepción está actualmente amenazada por las fuerzas más regresivas y rapaces de nuestra época.

La cuestión céntrica a debatir es cómo galvanizar el régimen democrático, hasta el punto de promover, en los pueblos, la apasionada determinación de defenderlo, a precio de vida, en todas las contingencias y avatares. Un régimen de­mocrático sin contenido económico, sin ancha base social y sin activa participación del pueblo en la orientación del poder público, es un trasto inútil en esta coyuntura histórica de transición. Sobre esto no pueden caber circunloquios ni eufemismos.

El problema fundamental que tiene planteado la democracia, en esta hora, es cómo organizar la sociedad sin que la libertad sufra menoscabo alguno. En un plano universal, resulta ya imperativo que la democracia distinga, nítidamente, los derechos subjetivos de los derechos patrimoniales. Las cuestiones que atañen a la persona humana solo pueden resolverse con el «hallazgo y establecimiento de una estructura jurídica más justa, que permita reducir el problema a sus verdaderos términos».  Seguir leyendo LA INAPLAZABLE URGENCIA DE UN FRENTE DE RESISTENCIA. RAÚL ROA GARCÍA

LAS 14 CARACTERÍSTICAS DEL FASCISMO SEGÚN UMBERTO ECO

ECO REALIZÓ UNO DE LOS DIAGNÓSTICOS MÁS ATINADOS SOBRE LOS REGÍMENES FASCISTAS.

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Umberto Eco es una de las personalidades que mejor podrían definir el fascismo, pues en él se combinaron la experiencia propia, la erudición y la lucidez analítica. Como italiano, vivió de cerca el fascismo y sus consecuencias, y como intelectual dedicó no pocos momentos a estudiarlo, entenderlo y explicarlo pero, por encima de todo, denunciarlo y prevenirlo. De todos los males que el ser humano puede gestar para sí mismo, pocos tan nefastos como un régimen totalitario, en el que usualmente el sufrimiento es mucho mayor que los posibles beneficios a obtener.

En esta ocasión compartimos el fragmento de una conferencia que Eco pronunció en 1995 en la Universidad de Columbia; en aquella ocasión, el escritor elaboró una rápida caracterización de lo que llamó “Ur-Fascismo” o “fascismo eterno”, es decir, una ideología y voluntad de gobernar que, independientemente de las circunstancias históricas, parece siempre estar ahí, al acecho, esperando un mínimo descuido para saltar y apoderarse de un gobierno nacional, una sociedad, un país. Eco reconoce que no todos los regímenes totalitarios son iguales, pero al mismo tiempo encontró algunos rasgos comunes o, mejor dicho, recursos, que la mayoría ha empleado para seducir a la población y hacerse del poder político.

Compartimos esta breve lista de las 14 características del fascismo según Umberto Eco. Para los interesados, el texto completo de la conferencia se encuentra en línea con el título “El fascismo eterno”.

1. Culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación recibida en el alba de la historia humana encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas.

2. Rechazo del modernismo. La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el Ur-Fascismo puede definirse como irracionalismo.

3. Culto de la acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas.

4. Rechazo del pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.

5. Miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición.

6. Llamamiento a las clases medias frustradas. En nuestra época el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría.

7. Nacionalismo y xenofobia. Obsesión por el complot.

8. Envidia y miedo al “enemigo”.

9. Principio de guerra permanente, antipacifismo.

10. Elitismo, desprecio por los débiles.

11. Heroísmo, culto a la muerte.

12. Transferencia de la voluntad de poder a cuestiones sexuales. Machismo, odio al sexo no conformista. Transferencia del sexo al juego de las armas.

13. Populismo cualitativo, oposición a los podridos gobiernos parlamentarios. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la voz del pueblo, podemos percibir olor de Ur-Fascismo.

14. Neolengua. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality show.

Terminamos con esta advertencia, también atemporal, de Eco:

El Ur-Fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo.

 

Fuente:  PIJAMASURF 

SARTRE Y EL MARXISMO. BOLÍVAR ECHEVERRÍA

 

BOLÍVAR ECHEVERRÍA

S’il essaye de devenir lui-même une
politique,… [l’éxistentialisme] ne
pourra que déguiser en double oui son
double non proposer q’on corrige la
démocratie par la révolution et
la révolution par la démocratie.”

M. Merleau-Ponty, Sartre et l’ultra-bolchevisme.

  BOLÍVAR ECHEVARRÍA El elogio de Sartre es directo y franco; no tiene nada de irónico, no pretende carcomer al objeto elogiado hasta dejarlo en puro cascarón, pero es un elogio que termina por ser contraproducente. Contradice la conocida afirmación de Marx y Engels en La ideología alemana, que reconoce esa capacidad de “dominar”, de “totalizar el saber”, no a las ideas del proletariado revolucionario, sino a “las ideas de la clase dominante”. A esta descripción, que comparte en principio, Sartre contrapone sin embargo la observación de que, “cuando la clase ascendente toma conciencia de sí misma, esta toma de conciencia actúa a distancia sobre los intelectuales y desagrega las ideas en sus cabezas.” La presencia real del marxismo, insiste, “transforma las estructuras del Saber, suscita ideas y cambia, al descentrarla, la cultura de las clases dominantes”.

   La distinción puede parecer bizantina, pero es sustancial. Mientras Marx habla del dominio de las ideas de los dominantes como un hecho propio de la reproducción del orden establecido, Sartre habla del dominio de la nueva “filosofía” como algo que tiene lugar dentro del enfrentamiento entre ese orden y las fuerzas sociales y políticas que lo impugnan. Puede ser, diría Marx, que la clase de los trabajadores “lleve las de ganar” en esta lucha, y sea “dominante” es este sentido, pero, aquí y ahora, el dominio efectivo sigue estando del lado del capital y las clases a las que favorece. El elogio de Sartre resultaría así contraproducente porque, al elevar al marxismo a la categoría de “el Saber” de nuestro tiempo, desactiva en el discurso de Marx de aquello que su autor más preciaba en él: su carácter crítico. Para Marx, en efecto, el discurso de los trabajadores revolucionarios es un discurso de la transición y para la transición “de la pre-historia a la historia”, y en esa medida carece de la consistencia propia de los saberes históricos que acompañan el establecimiento de un orden económico y social; es un discurso que tiene la misma fuerza y la misma evanescencia que caracteriza al proceso de transición: un discurso parasitario-demoledor, des-constructor del discurso dominante. Su obra inaugural, El capital, no es la “primera piedra” de un nuevo edificio, el del Saber Proletario, no lleva el título de “tratado de economía política comunista”, sino que se autocalifica simplemente de “crítica de la economía política”, una contribución a la crítica general del “mundo burgués” o de la modernidad capitalista.

   Una vez que Sartre ha presentado su definición del “marxismo” como “la filosofía irrebasable de nuestro tiempo”, la pregunta que se impone consecuentemente la formula él mismo: “¿Por qué entonces el “existencialismo” ha guardado su autonomía? ¿Por qué no se ha disuelto en el marxismo?” Y su respuesta es contundente: “Porque el marxismo”, que sólo puede ser una totalización que se re-totaliza incesantemente, “se ha detenido”. Toda filosofía es práctica, añade, “el método es un arma social y política”, y la práctica marxista, habiéndose sometido al “pragmatismo ciego” del “comunismo” estalinista, ha convertido a su teoría en un “idealismo voluntarista”. Sartre no percibe que las miserias de lo que él reconoce como “marxismo” no se deben a un problema de velocidad, a que el marxismo se ha detenido recientemente, sino más bien a una cuestión de sentido, a que lleva ya un buen tiempo –desde las fechas en que el propio Marx tomó distancia de sus discípulos “marxistas”– de haber abjurado de su vocación crítica.

De lo que se trata para el existencialismo, plantea Sartre, es de ayudar al “marxismo” a salir de su marasmo teórico, y de hacerlo introduciendo en él lo que el existencialismo puede mejor que nadie: la exploración de la dimensión concreta, es decir, singular de los acontecimientos, a través de las “instancias de mediación práctico-inertes” que conectan a los individuos con sus entidades colectivas y con la historia. Las condiciones objetivas determinan, sin duda, la realización de todo acto humano, pero ese acto no es el producto de esas condiciones, sino siempre el resultado de una decisión humana libre. El existencialismo puede enseñarle al “marxismo” que la dimensión de “lo vivido” en medio del cumplimiento o la frustración de un proyecto, no es un subproducto del proceso histórico, sino su verdadera substancia.

   El esfuerzo teórico de Sartre en su obra de aporte al “marxismo” es descomunal. Las 755 densas páginas de su Crítica de la razón dialéctica rebosan creatividad; hay en ellas innumerables conceptos y argumentos nuevos -“praxis e historia de la escasez”, la “serialidad” y lo “colectivo”, el “juramento” y el “grupo en fusión”, la “mediación” y “lo práctico-inerte”- que su autor presenta a través de ejemplos concretos de comprensión histórica, tan diferentes entre sí como la toma de la Bastilla, en el un extremo, y la identificación de Flaubert con Madame Bovary, en el otro. Se trata sin embargo de un esfuerzo cuyos resultados efectivos fueron marginales, por no decir nulos. El “marxismo” tenía razón al no querer enterarse de la obra de Sartre y permitir sólo una discusión escasa e insubstancial de la Crítica. Y es que, en verdad, el aporte de Sartre resultaba para él un regalo envenenado.  Seguir leyendo SARTRE Y EL MARXISMO. BOLÍVAR ECHEVERRÍA

LA GUERRA PSÍQUICA Y LA MEMORIA HISTÓRICA. MARCOS ROITMAN ROSENMANN

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MARCOS ROITMAN ROSENMANN

En estos tiempos de capitalismo digital, de la era de la información, con el  Big data como bandera, el grado de ignorancia se multiplica. La manipulación, la mentira y el olvido son armas en una guerra por minar la conciencia. Se trata de acabar con la memoria, esa relación que nos une con el pasado y hace del ser humano un ser social, que vive y se responsabiliza con sus congéneres.

A contracorriente,  negar el papel de la  memoria, trae consigo romper la condición humana. Si la historia se reduce a un conjunto de datos y fechas  ¿qué sentido tiene preguntar el vínculo existente entre  la bomba atómica y la decisión de lanzarla? ¿A quién responsabilizamos?  No tiene objeto recordar, si dicho ejercicio no va precedido de un acto donde el imperativo del deber ser module  la conducta. Hoy,  la renuncia a la memoria histórica, una forma específica de memoria,  la cultural,  tiene enormes consecuencias para el futuro de la humanidad.

La manera de vivir el mundo que se nos propone se asemeja a un ordenador en el cual se pueden instalar programas desechables, inconexos, cuya función consiste en entretener, despistar,  en no pensar y bloquear el acceso al disco duro. Somos adminículos de los algoritmos. Pensamos de manera lineal y rompemos el sentido no lineal de la existencia.  Asistimos a la guerra psíquica de última generación, crear operadores sistémicos, sumisos a la hora de recibir y cumplir órdenes. Se controlan los gustos, afectos, sentimientos, emociones, carácter, no hay anclaje. Todo forma parte de un sistema caracterizado por la inmediatez, la velocidad y la aceleración del tiempo. Reflexionar está prohibido, la nueva inquisición actúa de manera invisible. No le hace falta recurrir a la violencia física, aunque no deja de hacerlo, ahora trabaja en red. Megas de internet, dispositivos  sofisticados para no  pensar.  Actuar, actuar y actuar.  Se vive en un presente perpetuo.

La militarización del poder conlleva trasladar el sistema  militar jerárquico a las relaciones humanas cotidianas en la vida civil. Para lograrlo es obligado romper la voluntad. El ser humano es atacado en su naturaleza, haciendo trizas una de sus cualidades, la capacidad de juicio crítico  bajo un componente ético y moral.  El ser humano, se hace trizas. La vida se constituye a retales.   Robot alegres, pragmáticos, emprendedores, empoderados todos, sin un gramo de conciencia colectiva. Eficaz manera de anular  las responsabilidades que se derivan de los actos que acometemos. La cibernética y la informática son las armas para lograrlo. No por su principio, sino por el control que de las tecnociencias hace el complejo militar industrial y financiero. Los servicios de inteligencia de las grandes potencias han logrado trasladar el campo de batalla. No más  Waterloo, Verdún, Stalingrado. Los muertos  en el cuerpo a cuerpo y bayoneta calada se convierten en víctimas de las nuevas armas estratégicas de la guerra psíquica: Google, Facebook, Amazon, Microsoft, Twitter.

Sin memoria, sin historia, sin relatos, no hay opción de conocimiento,  no hay pasado. Nuestra responsabilidad consiste en traer al presente  ese pasado que nos condiciona,  nos une y nos hace humanos. No es posible evadir esa responsabilidad. La memoria colectiva es el resultado de un proceso, un dialogo permanente que muestra la relación biológica que nos une con nuestros antepasados y el proceso social cultural. Supone  compartir  filogenéticamente un tronco común.  Como señalan los biólogos chilenos Francisco Varela y  Humberto Maturana: ” desde un punto de vista histórico, lo anterior es válido para todos los seres vivos y todas las células contemporáneas: compartimos la misma edad ancestral. Por esto, para comprender a los seres vivos en todas sus dimensiones y con ello comprendernos a nosotros mismos, se hace necesario entender los mecanismos que hacen del ser vivo un ser histórico.” Cuando dejemos de hacerlo, solo  quedará vivir la muerte. Entonces nada  unirá a los seres humanos.

Tomar responsabilidades ético-morales frente al pasado conlleva reconocer los errores cometidos, y al decir de Enrique Florescano: “responder por ellos y hacer las reparaciones del caso a las víctimas y a sus descendientes.”  Cuando la derecha latinoamericana plantea  el olvido, pretende ocultar la verdad, aquella que señala sus crímenes, genocidios y asesinatos. Por  ello reniegan de la memoria y  la conciencia.

POR UNA CULTURA DE VIDA DIFERENTE. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

La ideología revolucionaria, aún cuando sea la vencedora en una Revolución, convive en permanente combate con la ideología contrarrevolucionaria. No llega empaquetada como regalo de cumpleaños: avanza entre obuses y minas enemigas.

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ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

En la historia, los cubanos siempre han interpuesto algún recurso de impugnación a las declaraciones derrotistas: ante el Pacto del Zanjón (la firma en 1878 de un pacto de paz sin independencia con España), la Protesta de Baraguá ese mismo año y luego la Guerra de 1895; ante la debacle del llamado campo socialista europeo, el grito de «socialismo o muerte»; una tradición cultural que engendró y sostuvo a la Revolución antes y después de su triunfo en 1959.

Es una combinación de fe en la victoria –irreconciliable con la idea de la derrota– y de no aceptación de compromisos desmovilizadores, que nos hagan desistir del ideal soñado. «Convertir el revés en victoria», es la frase que Fidel enarboló ante el fracaso de la llamada Zafra de los Diez Millones en 1970, y que puede tomarse como símbolo del espíritu de la Revolución Cubana.

La guerra de las conciencias, la que transcurre en los medios, intenta pautar esa fe y achicar la noción de lo posible. En la década de los noventa, declaró el fin de la historia, es decir, la imposibilidad de superar el capitalismo. Sin embargo, a partir de 1998 fue evidente que la historia se movía y mucho, al menos en América Latina y el Caribe. Veinte años después se habla del fin del ciclo de las izquierdas. Pero los hechos demuestran lo contrario: los pueblos de la región no han renunciado a sus sueños de paz y justicia social, la ofensiva imperialista no se apoya en la reconquista del electorado, sino en actos criminales, golpes de estado, enjuiciamiento de líderes de izquierda que tendrían las mayores posibilidades de victoria en las urnas, asesinato de líderes políticos y sociales.

La ofensiva imperialista intenta arrasar con cada gobierno o líder rebelde, se apropia con cinismo del discurso tradicional de la izquierda y deshuesa sus contenidos, para mellar su alcance. A pesar de ello, casi la mitad del electorado colombiano votó por un candidato de izquierda, y en México no fue posible arrebatarle el triunfo, como otras veces, a López Obrador.

Sin embargo, los triunfos electorales de la izquierda descolonizadora y no sistémica –son no sistémicos todos aquellos gobiernos que rompen un eslabón de la cadena de control imperialista, por pequeño que sea– expresan una «rotura del sistema», porque este es infranqueable, no está hecho para que esa izquierda venza.

Ello no minimiza la conquista, ni escamotea el trabajo en las bases, pero ubica en su contexto el resultado. Una vez conseguida la victoria, la izquierda no puede olvidar que no solo hay que entregar tierras y casas, que no basta con legislar a favor del pueblo; el impulso concientizador de la victoria debe conducir a un cambio de paradigma de vida, debe convertir a las masas en colectividades de individuos, en protagonistas, para iniciar la construcción permanente de una cultura diferente a la capitalista.  Seguir leyendo POR UNA CULTURA DE VIDA DIFERENTE. ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

COLONIALISMO 2.0 EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: ¿QUÉ HACER?* ROSA MIRIAM ELIZALDE

COLONIALISMO 2.0
De los cien sitios de Internet más populares en la región, solo 21 corresponden a contenido local y, por tanto, se transfiere riqueza a Estados Unidos. Foto: www.123rf.com

ROSA MIRIAM ELIZALDE 

ROSA MIRIAM 2Muy tempranamente, el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro alertó que, de la mano de una tecnología revolucionaria, «hay una verdadera colonización en curso. Norteamérica está cumpliendo su papel con enorme eficacia en el sentido de buscar complementariedades que nos harán dependientes permanentemente de ellos»

Desde que internet se convirtió en el sistema nervioso central de la economía, la investigación, la información y la política, las fronteras estadounidenses extendieron sus límites a toda la geografía planetaria. Solo Estados Unidos y sus empresas son soberanos, no existe Estado-nación que pueda remodelar la red por sí solo ni frenar el colonialismo 2.0, aun cuando ejecute normativas locales de protección antimonopólicas e impecables políticas de sostenibilidad en el orden social, ecológico, económico y tecnológico. Todavía menos puede construir una alternativa viable desconectado de la llamada «sociedad informacional».

Muy tempranamente, el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro alertó que, de la mano de una tecnología revolucionaria, «hay una verdadera colonización en curso. Norteamérica está cumpliendo su papel con enorme eficacia en el sentido de buscar complementariedades que nos harán dependientes permanentemente de ellos». Y añadió: «Viendo esta nueva civilización y todas sus amenazas, tengo temor de que otra vez seamos pueblos que no cuajen, pueblos que a pesar de todas sus potencialidades se queden como pueblos de segunda».

Tal escenario está encadenado con un programa para América Latina y el Caribe de control de los contenidos y de los entornos de participación de la ciudadanía que se ha ejecutado con total impunidad, sin que la izquierda le haya prestado la más mínima atención. En el 2011, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE. UU. aprobó lo que en algunos círculos académicos se conoce como operación de «conectividad efectiva»: plan declarado en un documento público del Congreso estadounidense para «expandir» los nuevos medios sociales en el continente, enfocados en la promoción de los intereses norteamericanos en la región.

El documento explica cuál es el interés en las llamadas redes sociales del continente: «Con más del 50 % de la población del mundo menor de 30 años de edad, los nuevos medios sociales y las tecnologías asociadas, que son tan populares dentro de este grupo demográfico, seguirán revolucionando las comunicaciones en el futuro. Los medios sociales y los incentivos tecnológicos en América Latina sobre la base de las realidades políticas, económicas y sociales serán cruciales para el éxito de los esfuerzos gubernamentales de EE. UU. en la región».

Resume también la visita de una comisión de expertos a varios países de América Latina para conocer in situ las políticas y financiamientos en esta área y concluye con recomendaciones específicas para cada uno de nuestros países, que implican «aumentar la conectividad y reducir al mínimo los riesgos críticos para EE. UU.», gobierno líder en la inversión de infraestructura. «El número de usuarios de los medios sociales se incrementa exponencialmente y como la novedad se convierte en la norma, las posibilidades de influir en el discurso político y la política en el futuro están ahí», señala.

¿Qué hay detrás de este modelo de «conectividad efectiva» para América Latina? La visión instrumental del ser humano, susceptible a ser dominado por las tecnologías digitales; la certeza de que en ningún caso las llamadas plataformas sociales son un servicio neutral que explotan un servicio genérico; se fundan en cimientos tecnológicos e ideológicos y son sistemas institucionalizados y automatizados que inevitablemente diseñan y manipulan las conexiones.  Seguir leyendo COLONIALISMO 2.0 EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: ¿QUÉ HACER?* ROSA MIRIAM ELIZALDE

DISCURSO DE MIGUEL DÍAZ-CANEL EN LA CLAUSURA DEL X CONGRESO DE LA UNIÓN DE PERIODISTAS DE CUBA

Miguel Mario Díaz Canel
El pressidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Foto: Endrys Correa Vaillant

Bueno, para empezar a cumplir los mandatos del Congreso y apoyar a Ronquillo y a la nueva dirección, antes de diciembre estoy en Twitter.

Compañeros de la dirección del Partido, del Estado y el Gobierno aquí presentes;

Estimados Premios Nacionales de Periodismo;

Queridos periodistas:

  Después de nuestros más recientes recorridos por varias provincias y de las jornadas de este Congreso, escenarios ambos que nos permiten compartir experiencias y meditaciones con la prensa nacional de un modo más cercano, he comprendido mejor por qué Fidel les pidió una vez que lo consideraran uno de ustedes.

  Los periodistas cubanos tienen el mérito indiscutible de haber sostenido la voz de la nación en las circunstancias y las horas más adversas, con admirable lealtad, elevado sentido de responsabilidad, talento, inteligencia y contagioso entusiasmo que genera siempre interesantes propuestas.

  No se esperaba y no se espera menos de quienes se enorgullecen de pertenecer a un gremio ennoblecido desde sus orígenes por intelectuales de la talla de José Martí, Fidel Castro y los más brillantes líderes de la Revolución, desde 1868 hasta nuestros días.

  Hoy, tras largos y fatigosos años bajo el asedio simultáneo de las más severas carencias materiales y las inaceptables  incomprensiones de algunas de nuestras propias fuentes, es legítimo reconocer que la mayoría de ustedes ha tenido que batallar muy duro para ejercer con dignidad un oficio que demanda, no solo talento y esfuerzo, también ideales muy elevados para rechazar, en medio de grandes sacrificios económicos, las ofertas de pagos relativamente “generosos” que la lucrativa industria de las campañas contra Cuba, oportunista y cínicamente, pone a disposición de quienes tienen un precio o creen ingenuamente en el falso discurso libertario de los apologistas del mercado.

  Podríamos decir que nunca fue tan retador y desafiante el panorama mediático, pero seríamos injustos con la historia de una Revolución que no ha conocido tregua en su arduo empeño de conquistar toda la justicia y que, desde el primer día, como lo recuerda la frase de Fidel que ha presidido el Congreso, entendió el papel central del periodismo en la defensa de la fortaleza sitiada.

  ¿Cómo imaginar sin la numerosa prensa clandestina y guerrillera o  sin Radio Rebelde el rápido avance del Ejército Rebelde? ¿Qué habría sido de la recién nacida Revolución sin la brillante “Operación Verdad”? ¿Acaso la guerra mediática que robó el nombre del Apóstol, trasmitiendo desde un avión, no fue vencida con tecnologías y nuevos proyectos periodísticos que revolucionaron la radio y la televisión en su momento y  hoy todavía?

  Gracias a la comprensión de que su verdad necesita del periodismo, Cuba pudo construir un sistema de medios públicos cuya principal fortaleza son ustedes, los periodistas, más eficaces mientras más auténticos, originales y creativos al contar a la nación y al mundo la verdad que “los necesita”.

  Lo que podemos decir ahora es que si bien la revolución de las TIC, la era de Internet y la tiranía de las empresas que se dedican al negocio de las comunicaciones, nos plantean desafíos cada vez más fuertes en nuestra condición de economía subdesarrollada, el país no se ha sometido a las reglas de su adversario ni ha cedido soberanía en nombre de la veloz modernidad.

  Y que, por más que lluevan intentos de devolvernos al pasado de sensacionalismo y prensa privada bajo máscaras nuevas, ni los medios públicos cubanos ni sus periodistas están en venta.

  No acuso injustamente. Apunto a la abierta guerra que se nos hace desde medios que, bajo el paraguas de mejores tiempos en las siempre frágiles relaciones con el vecino poderoso que nos desprecia, han ido escalando en el ataque a lo que nos une —el Partido— y lo que nos defiende —nuestra prensa—, descalificando continuamente a ambos y tratando de fracturar y separar lo que viene de una misma raíz y crece en un mismo tronco.

  Aludiendo al tipo de misión que esos medios intentan cumplir con sorprendente articulación que desmiente su supuesta libertad, M. H. Lagarde, ha dibujado con ironía pero sin eufemismos, la nueva clase de líderes que se nos vende, desde esos espacios.  Recomiendo la lectura completa de “Los nuevos revolucionarios” de quienes Lagarde afirma:

  “…Los nuevos revolucionarios juran y perjuran que no son asalariados del pensamiento oficial, pero aceptan becas en universidades de Estados Unidos o reciben cursos de periodismo en Holanda, donde seguro les enseñan a defender el socialismo en Cuba.  Debemos presuponer que tales cursos y becas son gratuitos.

  “Los nuevos revolucionarios llaman a la desobediencia cuando más hace falta la unión. Para ellos, expertos también en política, nada tienen que ver con Cuba la persecución ‘judicial’ de los líderes de izquierda en América Latina, los intentos de golpes blandos e invasiones en Venezuela y Nicaragua.

  “Los nuevos revolucionarios son democráticos y respetuosos de las opiniones contrarias, por eso quienes no compartan sus posiciones son: sumisos, corderos, obedientes, mediocres, talibanes, khmers rojos, estalinistas, oficialistas y represores.

  “La principal misión, por tanto, de los nuevos revolucionarios es la de dividir algo que sin dudas, a veces, consiguen.”

  Es apenas un poco más largo el texto de Lagarde, pero bastan estas ideas, por cuanto definen el más urgente desafío de esta época en esta parte del mundo.

  Sé que los documentos teóricos y los debates del Congreso, sin desconocer, olvidar o desestimar las urgencias internas, que a la postre también resultan estratégicas, han apuntado a la centralidad de esa batalla que jamás cesará, entre la lógica del capital, egoísta y excluyente, y nuestra lógica socialista y martiana, fidelista, solidaria y generosa.

  Porque, aunque nos vendan otra versión de los hechos, la testaruda realidad está demasiado a la vista, pasando dolorosa factura a los que creyeron que el lobo era oveja.

  Se es o no se es, desde los tiempos de Shakespeare.  Seguir leyendo DISCURSO DE MIGUEL DÍAZ-CANEL EN LA CLAUSURA DEL X CONGRESO DE LA UNIÓN DE PERIODISTAS DE CUBA

DE “LA RESPONSABILIDAD DE LOS INTELECTUALES”, UN TEMPRANO INTERCAMBIO DE CARTAS ENTRE GEORGE STEINER Y NOAM CHOMSKY

GEORGE STEINER / NOAM CHOMSKY

Querido profesor Chomsky:

Le escribo para expresar mi admiración por su lúcido y atractivo ensayo en el New York Review of Books. Ese texto significará mucho para todos los que comparten su preocupación y para muchos que ahora empiezan a ver lo vital que ésta es para nuestra sobrevivencia como comunidad Humana.

Pero le escribo también para preguntarle cuál será su próximo párrafo. Las  falsedades que nos rodean requieren exposición. Pero ¿después qué? Usted dice correctamente que todos somos responsables; usted vislumbra correctamente que nuestra situación futura puede no ser mejor que la del consentidor intelectual bajo el nazismo. Pero qué acción solicita o incluso sugiere usted. ¿Anunciará Noam Chomsky que no enseñará más en el MIT ni en ningún otro lugar del país mientras continúen la tortura y el napalm? ¿Emigrará por un tiempo Noam Chomsky a, digamos, Churchill Collage, Cambridge, donde estaríamos, puedo decirlo, orgullosos y dichosos de recibirlo? ¿Ayudará a sus alumnos a escapar a Canadá o México (como ayudó Jeanson a sus alumnos a abandonar Francia durante la crisis argelina)? ¿Renunciará incluso a una universidad muy implicada en este tipo de «estudios estratégicos» que él tan correctamente desprecia? El intelectual es responsable. ¿Qué debe hacer pues?

No pregunto esto como pie a una discusión, sino con gran perplejidad personal. Tal vez estamos en una trampa muy compleja. El Gobierno y el Congreso actuales parecen representar los puntos de vista debidamente expresados de una mayoría de nuestros conciudadanos. Estamos comprometidos con todos los derechos y el poder de esa expresión. Ni un congresista ha sido electo sobre una base realmente antibélica. Sentimos con angustia que nuestras opiniones son mejores, que debe oírse a una élite de conciencia y visión. Pero cómo y en qué forma políticamente activa. Si no podemos actuar políticamente, o tan sólo levemente, ¿entonces qué podemos hacer de modo personal, ahora, en nuestras vidas profesionales y privadas? ¿Cómo podemos ayudar a subvertir la fea, inhumana coexistencia de una brillante cultura intelectual y artística con una política simultánea hacia Viet Nam que muchos de nosotros encontramos frustrante y abominable?

¿No se detiene su ensayo casi en el punto en que debería empezar?

GEORGE STEINER
Programa Schweitzer de Humanidades
Universidad de Nueva York
——————————————————————————-

Querido Señor Steiner:

Muchas gracias por su carta. No sólo aprecio lo que dijo, sino que también estoy de acuerdo sin reservas esenciales con la crítica que hace. Creo que la cuestión crucial, no contestada en el artículo, es qué debe decirse en el próximo párrafo. He pensado mucho en esto, sin haber llegado a conclusiones satisfactorias. He probado varias cosas —hostigar a congresistas, hacer antesalas en Washington, dar conferencias en forums locales, trabajar con grupos estudiantiles en los preparativos de protestas públicas, manifestaciones, teach-ins, etc.—, en todas las formas adoptadas también por otros muchos. El único aspecto en el que he avanzado algo más, personalmente, es la negativa a pagar la mitad de mis impuestos el año pasado, y éste. Creo que hay que negarse a participar en cualquier actividad que ayude a la agresión norteamericana —rechazo a los impuestos y al reclutamiento, al trabajo que pueda ser usado por las agencias del militarismo y la represión, todos me parecen esenciales. No puedo sugerir una fórmula general. Las decisiones detalladas tienen que ser objeto del juicio y la conciencia personales. Me siento incómodo sugiriendo públicamente el rechazo al reclutamiento, ya que es una proposición bastante mezquina de alguien de mi edad. Pero creo que negarse a pagar los impuestos es un gesto importante, porque simboliza una negativa a hacer una contribución voluntaria a la maquinaria bélica y también porque indica una disposición, que creo debe ser indicada, a tomar medidas ilegales para oponerse a un gobierno indecente. He pensado bastante en las sugerencias específicas que usted hace, abandonar el país o renunciar al MIT, que está asociado, más que ninguna otra universidad, a las actividades del departamento de «defensa». Uno de mis colegas, Patrick Wal, abandona el país y el MIT en gran parte por las razones que usted expone, y creo que como inglés está completamente justificado que lo haga.

Tal vez esto sea una racionalización, pero mi conclusión es que, por el momento, no es impropio que un intelectual norteamericano antibelicista se quede aquí y se oponga al gobierno, de un modo tan explícito como pueda, dentro del país y de las universidades que han aceptado en gran escala la complicidad en la guerra y en la represión. De este modo, empleo gran parte de mi tiempo en un curso que, entre otras cosas, trata directamente de asuntos similares a los del artículo en el NYK, y específicamente de las responsabilidades de los científicos y de la intelectualidad en una situación como la de hoy. Me parece particularmente crucial tratar esas cuestiones dentro del estudiantado del MIT, por su potencial influencia y su papel en las decisiones. No me hago ilusiones especiales sobre el éxito que pueda obtenerse en esto, pero en lo que yo puedo ver, las acciones más significativas son las actividades educacionales de este tipo y la negativa personal a participar de algún modo en la implementación de las actividades bélicas del gobierno. Creo que el poco impacto que alguien como yo pudiera tener se perdería de abandonar el país. En lo referente al MIT, creo que su participación en el esfuerzo bélico es trágica e indefendible. Creo que hay que resistirse a esta subversión de la universidad por todos los medios posibles. Los muchos estudiantes y profesores dedicados a esta tarea están llenando una importante responsabilidad, no importa cuál sea la esperanza de éxito.

Estoy muy consciente de que los límites posibles de protesta no han sido alcanzados. Después de todo, hace treinta años les era posible a muchos hombres unirse a brigadas internacionales para luchar contra el ejército de su propio país. Podría pensarse aún en otras acciones realizables —digamos, ir a Viet Nam del Norte como rehén contra futuros bombardeos—. No creo que esto sea ridículo en absoluto. Quizás sea la ausencia de valor y convicción lo que impide que yo y otros hagamos cosas de este tipo. Espero que quede claro que no tomo una actitud autosuficiente sobre todo esto. Fui bastante sincero en el artículo al referirme a la página de la historia en que encontramos nuestro sitio adecuado, los que permanecimos silenciosos y apáticos mientras se desarrollaba esta catástrofe y los que seguimos, hoy, mirando hacia otra parte y limitando nuestra protesta.

NOAM CHOMSKY
Cambridge, Massachusetts

Tomado de The Responsibility of Intellectuals, Noam Chomsky, 1967.
Traducción: Jorge Promio.

EL SOCIALISMO EN AMÉRICA DEBE SER CREACIÓN HEROICA. JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI

Amauta llega con este número a su segundo cumpleaños. Estuvo a punto de naufragar al noveno número, antes del primer aniversario. La admonición de Unamuno –«revista que envejece, degenera»– habría sido el epitafio de una obra resonante pero efímera. Pero Amauta no había nacido para quedarse en episodio, sino para ser historia y para hacerla. Encarar con esperanza el porvenir. De hombres y de ideas es nuestra fuerza.

La primera obligación de toda obra, del género de la que Amauta se ha impuesto, es esta: durar. La historia es duración. No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento. Amauta no es una diversión ni un juego de intelectuales puros: profesa una idea histórica, confiesa una fe activa y multitudinaria, obedece a un movimiento social contemporáneo. En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido nacionalista, pequeño burgués y demagógico).

Hemos querido que Amauta tuviese un desarrollo orgánico, autónomo, individual y nacional. Por esto, empezamos por buscar su título en la tradición peruana. Amauta no debía ser un plagio, ni una traducción. Tomábamos una palabra incaica, para crearla de nuevo. Para que el Perú indio, la América indígena, sintieran que esta revista era suya. Y presentamos a Amauta como la voz de un movimiento y de una generación. Amauta ha sido, en estos dos años, una revista de definición ideológica, que ha recogido en sus páginas las proposiciones de cuantos con títulos de sinceridad y competencia han querido hablar a nombre de esta generación y de este movimiento.

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HABLAR DE POESÍA. FINA GARCÍA MARRUZ

 

Con la publicación de fragmentos del artículo Hablar de la poesía, honramos a la destacada intelectual Fina García Marruz, gloria de nuestras letras y nuestra lírica, en el aniversario 95 de su natalicio, el próximo 28 de abril

FINA GARCÍA MARRUZ

Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente. Pero, de pronto, todo podía dar un giro, las cosas, sin abandonar su sitio, empezaban ya a estar en otro. La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido, sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida de lo evidente. (…)

Los espacios y vacíos del verso reflejaban bien aquel vacío, aquella irrupción. Un libro de verdadera poesía detenía el encantamiento. Salvo en aquellos instantes felices de sus súbitas visitas, la belleza misma parecía tener como una limitación. El mar que tenía delante de los ojos era solo aquel mar. En el misterioso deseo, en la nostalgia imprecisa, sentía una mayor intensidad de presencia. (…)

(…)
(…) Nunca he sentido la belleza como una cualidad que puedan tener o no tener las cosas, sino como su esencia constante sosteniéndolas, que puede revelárseme o no. Por esto la poesía y «lo poético» me parecen en realidad cosas antitéticas. Lo que encuentro «poético» está ya limitado por mi particular elección o propósito embellecedor. Es algo demasiado excluyente, caprichoso, temperamental. La belleza, o lo es todo, o sería la misma cosa que la injusticia.

Ahora siento menos que en la adolescencia ese imperio de la memoria y el deseo. El hoy humilde me parece el verdadero alimento. Pan nuestro de cada día, no lo excepcional, sino lo diario que no cansa, ni estraga, y que sustenta. Vivir en esa especie de disparadero del proyecto incesante, menudo o magno, escamotea muchas veces su maná precioso sosteniéndonos. Que ningún acto que realicemos en el día, ni aun el más modesto, sea mecánico. Que podamos tender la cama con la misma inspiración con que antes se iba a ver la caída del crepúsculo. La mujer que cose un roto, la que enciende el fuego, la que barre el polvo, contribuye también al orden del mundo, a la caridad más misteriosa: sirve a la luz. (…)

(…)
(…) Señalar fines a la poesía, por elevados que estos sean, es no comprender que el poeta ha de vivir dentro de ella como dentro de algo que lo excede y no que él maneja a su gusto, de modo que se puede decir que la poesía vive menos dentro de él que él dentro de la poesía, como creyó la vieja teología que no era el alma la que estaba dentro del cuerpo sino el cuerpo dentro del alma. Es porque la poesía no es otra cosa que el secreto de la vida, por lo que siempre escapará, es la noción de fin visible. (…)

(…)
Poeta es ese extraño cazador que solo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre. Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquel que no es como nosotros tiene quizá un secreto de nuestro hombre.

Si pudiéramos hablar de la poesía del mismo modo como ella calla su esencia sin proclamación. Todo poeta siente, al trabajar, que sus palabras son moldeadas por un vacío que las esculpe, por un silencio que se retira y a la vez conduce el hilo del canto, y toda su impotencia y toda su fuerza consiste en la necesidad de desalojar a ese único huésped necesario. El silencio es en la poesía, como en la naturaleza, un medio de expresión. La poesía vive de silencios, y lo más importante es, quizá, ese momento en que el pulso se detiene y va a la otra línea de abajo. (…) Poesía palabrera no es poesía. Cintio me recuerda siempre que la poesía no es decirlo todo sino decir la mitad, o más bien, sugerir una totalidad a través de un límite. (…)

En lo humano, he sentido siempre la poesía en aquellos raros seres capaces de darnos alegría, que no son siempre, necesariamente, los más alegres. (…)

 (…)
¿Quién sabe de qué fuente modesta e inatendida saca el hombre para siempre su decisiva elección del bien o del mal, el desinterés que preside el menor descubrimiento científico, o su ulterior sentido de la belleza? ¡Qué alta pedagogía la que respetase el tiempo libre, no programado, el único quizá, en que se aprenden las cosas que no se aprenden!

(…)

Si lo triste enriquece, contribuye también a la alegría. Lo que más nos importa, en las cosas y sobre todo en las personas, no son sus ideas, no son sus propósitos, por elevados que estos sean, sino su esencia misma, lo que emana de ellas involuntariamente, como el olor de la resina del tronco. Un enteco maestro, un puritano, puede hacer aborrecible la moral a un niño y un payaso en cambio despertarle su sentido del humor, de la compasión, de la simpatía, de la benevolencia. Se reza involuntariamente porque estas cosas no desaparezcan del mundo.

(…)

Todo poeta sabe que los poetas son los otros, los que no escriben versos, y no solo los servidores magnos (como recordaba el poeta Barnet), sino aun los más humildes, la hermana que cose en la habitación de al lado, la bocanada fresca que entra cada mañana cuando abrimos la puerta, el canario en el balcón. Una mujer que se sabe bella, ya lo es menos. Del mismo modo, nadie podría «sentirse» poeta sino por ese único punto en que deja de serlo, y quizá solo hemos sido verdaderos poetas en los raros instantes en que no nos dimos cuenta de ello.

Pensé iniciar estas palabras diciendo que yo no sé lo que es la poesía. (…).  A mis diecisiete años yo sabía muchísimas cosas más acerca de la poesía.

Como cualquier joven ignorante, lo sabía, naturalmente, todo. Recuerdo que escribí un tratado de unas cuarenta páginas del que ahora hubiera podido valerme si no fuera porque un pobre hombre, aprovechando mi previsible distracción, me robó la bolsa que contenía el voluminoso trabajo que solo pude reconstruir después en parte. Por desdicha mía y suya, en la bolsa tenía solo cinco centavos. Siempre compadecí a aquel ladrón que creyó encontrar algo con qué aliviar su miseria y solo halló una arrogante disertación sobre la poesía. Con qué aborrecimiento tiraría mis papeles a un rincón. Poesía sería para él un plato de sopa bien caliente, un colchón nuevo, un abrigo. Muchas veces imaginé el miserable cuartín en que debió haber abierto su desolado tesoro y me sentí maldecida por aquel desconocido que esperaba, sin duda, otra cosa mejor. Poder reparar de una vez por todas ese error, no defraudar de nuevo esa esperanza, siento que es lo único que nos daría a todos el derecho para volver a hablar de la poesía.

Fuente: Periódico Granma

MARTÍ, PROFETA Y FORJADOR. FIDEL CASTRO RUZ

Entre los cubanos de alma limpia hay un pacto simbólico: Martí es la idea del bien que nos une y nos alumbra. Fidel, discípulo preclaro del apostolado martiano, comprendió siempre el compromiso ético con el legado de El Maestro

FIDEL CASTRO RUZ

MARTÍ 1Obra Yugo y estrellas, de José Luis Fariñas.

FIDEL 1Martí, admirador de Bolívar, bolivariano hasta la médula, compartió con éste hasta la muerte su sueño de liberación y unión de los países de nuestra América: «…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber  –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso», escribió horas antes de su muerte en combate. Para nosotros, José Martí fue como un Sucre: al servicio de la libertad alcanzó con su pensamiento lo que el gran mariscal de Ayacucho alcanzó con su gloriosa espada.

***
Guía y apóstol de nuestra guerra de independencia contra España, nos enseñó ese espíritu internacionalista que Marx, Engels y Lenin confirmaron en la conciencia de nuestro pueblo. Martí pensaba que «patria es humanidad», y nos trazó la imagen de una América Latina unida frente a la otra América imperialista y soberbia, «revuelta y brutal» –como él decía–, que nos despreciaba.

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Nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo.  En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada.  Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.

***
Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje, la esclavitud y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal. Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de sus ­cenizas, como Ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

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Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

***
¿Qué significa Martí para los cubanos?

En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies, afirmó: «Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno».

Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

***
Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.  ¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

(Fragmentos de discursos pronunciados por el Comandante en Jefe)

Fuente: Periódico Granma, 26 de marzo de 2018, La Habana, Cuba.

GOYA, PENSADOR. TZVETAN TODOROV

GOYA 4

TZVETAN TODOROV

TODOROV 2Goya no es sólo uno de los pintores más importantes de su tiempo. Es también uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goethe, por ejemplo, o que Dostoyevski, cincuenta años después. Para sus primeros biógrafos, a mediados del siglo XIX, era evidente, aun cuando su interpretación del pensamiento de Goya fuera superficial. «Mezclaba ideas con sus colores», escribió Laurent Matheron en 1858. Charles Yriarte incide en el mismo sentido en 1867: «Debajo del pintor está el gran pensador que dejó huellas profundas […] El dibujo se convierte en idioma con el que formular el pensamiento». En cuanto a sus grabados, dice que poseen «el alcance de la más elevada filosofía». [1] Sin embargo, en el siglo siguiente, a la vez que se consolidaba la gloria de Goya como pintor, se adquirió la costumbre de contemplar con cierta condescendencia la aportación filosófica de este autodidacta, cuya mentalidad Ortega y Gasset describía como bastante similar a la de un obrero, y de cuyas cartas decía que eran propias de un ebanista. [2]

Goya dejó un dibujo con la leyenda Pobre y desnuda va la filosofía (GW 1398, fig. 1), que toma de un poema de Petrarca. En el dibujo vemos a una mujer joven, seguramente una campesina, cuya ropa indica su modesta condición. Es cierto que no va desnuda, pero sí descalza. Sujeta un libro abierto en la mano derecha, y otro, cerrado, en la izquierda. Su rostro es juvenil, algo ingenuo, y alza los ojos interrogantes al cielo. ¿Podría pues encarnarse la filosofía en personas sencillas, en gente descalza que nada sabe de estudios universitarios?

GOYA -POBRE Y DESNUDA VAS LA FILOSOFÍA
Fig. 1. Pobre y desnuda va la filosofía.

Goya rompe con aspectos decisivos de la tradición y anuncia el advenimiento del arte moderno. Por supuesto es ésta una valoración retrospectiva, por no decir anacrónica. Goya no ejerció influencia inmediata en el curso de la pintura en España, y todavía menos en pintores de otros países europeos. Fuera de España sólo empieza a ser conocido a partir de mediados del siglo XIX, décadas después de su muerte. No fue el estruendoso jefe de filas de un movimiento internacional de vanguardia, como Marinetti para el futurismo y Bretón para el surrealismo. Somos nosotros, los que vivimos en el siglo XXI, los que constatamos, cuando echamos un vistazo a la evolución de las artes plásticas en Europa en los últimos doscientos años, que durante ese periodo de la historia se produjo un cambio radical, y que Goya es el artista —no el único, es cierto, pero sí más que cualquier otro— que anticipó los nuevos caminos que se abrían a su arte y dio los primeros pasos en esa dirección.

Pero los cambios de esta envergadura no son, ni podrían ser, meramente formales. Esos cambios radicales no pueden tener su origen sólo en la imaginación de determinados individuos, por más que posean una sensibilidad artística excepcional. Aunque no son consecuencia directa de las profundas transformaciones que sufrió en aquella época la vida social, tienen que ver con ellas. La revolución pictórica que se pone de manifiesto en la obra de Goya forma parte de un movimiento que incluye la importante consolidación de la mentalidad ilustrada, la progresiva secularización de los países europeos, la Revolución francesa y la creciente popularidad de los valores democráticos y liberales. Esta convergencia nada tiene de fortuito. La pintura nunca ha sido un simple juego, un puro divertimento, un elemento decorativo arbitrario. La imagen es pensamiento, tanto como el que se expresa mediante palabras. Siempre es reflexión sobre el mundo y los hombres. Tanto si es consciente de ello como si no, un gran artista es un pensador de primera magnitud.  Seguir leyendo GOYA, PENSADOR. TZVETAN TODOROV

LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

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MARCO CORTÉS 

El capitalismo actual ha devenido en un capitalismo de consumo. Ha mutado en un mercado donde se transan, venden y acumulan emociones. A la economía actual no la constituye el valor de uso tanto como su valor emotivo. ¿No es precisamente en esta era, la de las mercancías inmateriales, cuando las emociones adquieren mayor importancia?

Las emociones cumplen una doble función, no sólo son mercancía, sino también medio de producción. Este nuevo mercado que nos arroja a un consumo constante hace transacciones con las emociones, pues sólo ellas pueden garantizar la productividad y el rendimiento no ya de los obreros, desechados por un capitalismo de tipo industrial, que tenía a la fábrica como modelo social, sino de los consumidores, con el centro comercial con sus vitrinas transparentes de exhibición permanente, como arquetipo social y personal. ¿Un acercamiento a la dictadura del proletariado? ¡Jamás! Convertir al obrero en consumidor, otorgarle la ilusión de la libertad, la de decisión y la felicidad que el pueda alcanzar. El mismo consumidor quien para su búsqueda incesante de la felicidad ve en lo racional el obstáculo de su “desarrollo personal”. De hecho, es interesante ver la forma como durante las décadas cuando más se impulsaron las medidas neoliberales en Occidente (los años 70 y 80 del siglo pasado) la economía también dio paso al despliegue de las emociones para explotar una especie de subjetividad liberada.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han afirma que efectivamente el neoliberalismo de nuestra era trae consigo nuevas técnicas de poder. Tomando como referencia la crítica marxista, y continuando aquella desplegada por el brillante francés Michel Foucault, afirma que nuestra era debe prescindir de la racionalidad porque esta es objetiva, general y permanente, opuesta a la situación subjetiva, situacional y volátil de la emocionalidad.

De hecho, los artefactos tecnológicos y el incremento exacerbado de las telecomunicaciones nos pulverizan cualquier tipo de “continuidad y construyen inestabilidad”. Y esta falta de certeza es terreno fértil para una economía de consumo que se alimenta de la obsolescencia programada en todos las esferas de nuestra vida. Nos cansamos de la misma pareja, necesitamos artefactos tecnológicos actualizados, incluso precisamos reinventarnos a nosotros mismos todo el tiempo. ¿Pero acaso no es propio del ser humano el cambio? Así es, ¿pero qué cuando ese cambio está basado en las necesidades que impone el mercado?

El capitalismo de consumo necesita generar emociones para estimular y crear necesidades en los compradores que aceleren la adquisición que maximice el consumo. En esta era, las necesidades no existen, se crean constantemente con los productos que la tecnología nos ofrece, que la imagen “hiperreal” que los mass media reproducen.  Seguir leyendo LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

LA PARTICIPACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA CONFORMACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA

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CAROLA GARCÍA* / CULTURA Y RESISTENCIA

La presencia de la publicidad en la sociedad contemporánea se vincula de manera estrecha a los procesos de producción social, cuyo núcleo central se establece en la vida cotidiana. Este artículo profundiza en la relación entre medios de comunicación, publicidad y vida cotidiana; considera las características de la sociedad de masas y la inserción de los procesos de producción así como la producción simbólica que se da en la publicidad. En particular, describe la manera en que los mensajes publicitarios operan en la vida cotidiana, en el consumo simbólico y su nexo con el consumo real.

  1. Introducción

Lo que sorprende es que el mundo estimulado, ofrecido por la publicidad no oculta su ser imaginario, su aspiración ideológica no es la de parecerse a la realidad, sino hacer que ésta se le parezca.2

La publicidad, con las características que guarda hoy en día, se ha convertido en una presencia obligada en las sociedades contemporáneas, de manera que pareciera prácticamente imposible sustraerse a su existencia, pues aparece en cada momento; de muchas formas se tiene conocimiento de ella, sale al paso, invade espacios públicos y también se inmiscuye en el espacio privado; se introduce en la casa, en el auto, con mensajes que vinculan marcas y productos con nuestra vida cotidiana y con formas de reconocimiento social que, más allá de su finalidad comercial y del consumo, ponen en juego una serie de asociaciones, representaciones, imágenes e imaginarios.  Seguir leyendo LA PARTICIPACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA CONFORMACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA

DE BOURDIEU, PARA LOS QUE SE CONFUNDEN FÁCILMENTE Y TODAVÍA NO SABEN QUÉ HA SIDO LA “RESTAURACIÓN NEOCONSERVADORA”

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«La política neoliberal puede juzgarse hoy por los resultados conocidos por  todos, a pesar de las falsificaciones basadas en manipulaciones estadísticas que quieren convencernos de que Estados Unidos o Gran Bretaña llegaron al pleno empleo: se alcanzó el desempleo en masa; apareció la precariedad y sobre todo la inseguridad permanente de una parte cada vez mayor de los ciudadanos, aun en las capas medias; se produjo una desmoralización profunda, ligada al derrumbe de las solidaridades elementales, incluidas las familiares, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc.; se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de ser conservadores arcaicos. A todo esto se agrega la destrucción de las bases económicas y sociales de los logros culturales más preciados de la humanidad. La autonomía de los universos de producción cultural respecto del mercado, que no había cesado de crecer a través de las luchas y sacrificios de los escritores, artistas y sabios, se halla cada vez más amenazada. El reino del «comercio» y de lo «comercial» se impone más y más en la literatura (sobre todo por la concentración de la edición, sometida a las restricciones del beneficio inmediato), en el cine (podríamos preguntarnos qué será del cine experimental y de los productores de vanguardia en diez años si no se les ofrecen medios de producción y sobre todo difusión), y ni hablemos de las ciencias sociales, condenadas a obedecer los mandatos directamente interesados de las burocracias de empresas o del Estado o a morir por la censura del dinero.»

PIERRE BOURDIEU
(1930-2002)

5. El neoliberalismo como revolución conservadora [21]

Agradezco al Instituto Ernst Bloch, a su director, Klaus Kufeld, a la ciudad de Ludwigshafen, a su intendente, Wolfgang Schulte y a Ulrich Beck, por su laudatio generosa que me lleva a creer que podremos, algún día no muy lejano, ver realizada la utopía del intelectual colectivo europeo por la que hace tanto tiempo lucho.

Soy consciente de que el honor de ser puesto bajo la égida de un gran defensor de la utopía, ahora desacreditada, maltratada y ridiculizada en nombre del realismo económico, me incita y me autoriza a intentar definir lo que puede y debe ser hoy el rol del intelectual, en su relación con la utopía y en particular con la utopía europea.

Vivimos una era de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora reviste una forma inédita: no se trata, como en otros tiempos, de invocar un pasado idealizado, a través de la exaltación de la tierra y la sangre, temas agrarios, arcaicos. Esta revolución conservadora es algo nuevo, apela al progreso, la razón, la ciencia —por ejemplo, la economía— para justificar la restauración e intenta así desplazar al pensamiento y la acción progresista hacia el arcaísmo. Convierte en normas de todas las prácticas, y por lo tanto en reglas ideales, las regularidades reales del mundo económico abandonado a su propia lógica, la llamada ley del mercado, es decir, la ley del más fuerte. Aprueba y glorifica el reino de los mercados financieros, o sea el retorno a una suerte de capitalismo radical, sin más ley que la del beneficio máximo, capitalismo sin freno ni disimulos pero racionalizado, llevado al límite de su eficacia económica gracias a las formas modernas de dominación —como el management— y a las técnicas de manipulación —como las encuestas, el marketing y la publicidad.

Si esta revolución conservadora confunde es porque ya no tiene nada de aquellos movimientos conservadores de 1930; adopta todas las poses de la modernidad. ¿Acaso no proviene de Chicago? Galileo decía que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Hoy nos quieren hacer creer que es el mundo económico y social el que puede resolverse con ecuaciones. Gracias a las matemáticas —y al poder mediático—, el neoliberalismo se ha convertido en la forma suprema de la sociodicea conservadora que se anunciaba desde fines de los ’60 bajo el rótulo de «fin de las ideologías» o, más recientemente, de «fin de la historia».

Aquello que nos proponen como horizonte insuperable del pensamiento —es decir, el fin de las utopías críticas— no es otra cosa que un fatalismo económico. Y recordemos la crítica que Ernst Bloch formulaba contra lo que había de economicismo y fatalismo en el marxismo: «El mismo hombre —es decir, Marx— que despejó de la producción todo carácter fetichista creyó analizar y exorcizar todas las irracionalidades de la historia como si fueran simples oscuridades surgidas por la situación de clase, por el proceso de producción, oscuridades que no habían sido vistas ni comprendidas. El mismo hombre que expulsó de la Historia todos los sueños y utopías, todo telos [22] proveniente del ámbito religioso, con las “fuerzas productivas” y el cálculo del “proceso de producción” se comporta del mismo modo constitutivo, panteísta y místico; recupera en última instancia la misma potencia determinante que Hegel había reivindicado para la “Idea” o Schopenhauer para su “Voluntad” alógica [23]».

Este fetichismo de las fuerzas productivas reaparece hoy, paradójicamente, en los profetas del neoliberalismo, en los grandes sacerdotes de la estabilidad monetaria y del deutschmark. El neoliberalismo es una teoría económica poderosa, que gracias a su fuerza simbólica duplica la fuerza de las realidades económicas que pretende expresar. Revalida la filosofía espontánea de los dirigentes de las grandes multinacionales y de los agentes de las grandes finanzas, en especial la de los administradores de los fondos de pensión. Es una doctrina coreada en todo el mundo por políticos y altos funcionarios nacionales e internacionales pero muy especialmente por grandes periodistas, casi todos indoctos en la teología matemática fundamental que se transforma en una suerte de creencia universal, un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o mejor dicho la difusa vulgata que nos proponen bajo el nombre de liberalismo, está compuesta por un conjunto de palabras mal definidas —«globalización», «flexibilidad», «desregulación», etc.— que gracias a sus connotaciones liberales o libertarias pueden ayudar a darle una fachada de libertad y liberación a una ideología conservadora que se presenta como contraria a toda ideología.

De hecho, esta filosofía no conoce ni reconoce otro fin que no sea la creación incesante de riquezas y, más secretamente, su concentración en manos de una pequeña minoría de privilegiados; conduce por lo tanto a combatir por todos los medios —incluido el sacrificio de los hombres y la destrucción del medio ambiente— cualquier obstáculo contra la maximización del beneficio. Los partidarios del laissez-faire —Thatcher, Reagan y sus sucesores— se cuidan bastante de «dejar hacer», y para abrir el campo a la lógica de los mercados financieros deben emprender la guerra total contra los sindicatos, las conquistas sociales de los siglos pasados, en fin, contra toda la civilización asociada al Estado Social.

La política neoliberal puede juzgarse hoy por los resultados conocidos por todos, a pesar de las falsificaciones, basadas en manipulaciones estadísticas, que quieren convencernos de que Estados Unidos o Gran Bretaña llegaron al pleno empleo: se alcanzó el desempleo en masa; apareció la precariedad y sobre todo la inseguridad permanente de una parte cada vez mayor de los ciudadanos, aun en las capas medias; se produjo una desmoralización profunda, ligada al derrumbe de las solidaridades elementales, incluidas las familiares, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc.; se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de ser conservadores arcaicos. A todo esto se agrega la destrucción de las bases económicas y sociales de los logros culturales más preciados de la humanidad. La autonomía de los universos de producción cultural respecto del mercado, que no había cesado de crecer a través de las luchas y sacrificios de los escritores, artistas y sabios, se halla cada vez más amenazada. El reino del «comercio» y de lo «comercial» se impone más y más en la literatura (sobre todo por la concentración de la edición, sometida a las restricciones del beneficio inmediato), en el cine (podríamos preguntarnos qué será del cine experimental y de los productores de vanguardia en diez años si no se les ofrecen medios de producción y sobre todo difusión), y ni hablemos de las ciencias sociales, condenadas a obedecer los mandatos directamente interesados de las burocracias de empresas o del Estado o a morir por la censura del dinero.

¿Podría alguien decirme qué hacen los intelectuales ante todo esto? No me dedicaré a enumerar —sería demasiado largo y cruel— todas las formas de dimisión o colaboracionismo. Evocaré simplemente los debates de los filósofos «modernos» o «posmodernos» que, cuando no se contentan con «dejar hacer», tan ocupados en sus juegos escolásticos, se encierran en una defensa verbal de la razón y del diálogo racional o, lo que es peor, proponen una variante posmoderna —en el fondo, «radical chic»— de la ideología del fin de las ideologías, con la condena de los «grandes relatos» o la denuncia nihilista de la ciencia.  Seguir leyendo DE BOURDIEU, PARA LOS QUE SE CONFUNDEN FÁCILMENTE Y TODAVÍA NO SABEN QUÉ HA SIDO LA “RESTAURACIÓN NEOCONSERVADORA”