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PENSANDO COMO PAÍS SIN MIEDO A LA COYUNTURA. MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ

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MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ

“Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen. Y la pelea del mundo viene a ser la de la dualidad hindú: bien contra mal”.

¿Quién no ha recordado esa frase de Martí en estos días desafiantes en que el adversario aprieta el cerco con renovadas esperanzas de rendirnos y lo mejor de Cuba se levanta para enfrentarlo, mientras otros trafican con el malestar y las carencias?

Los primeros, perceptible y poderosa mayoría, elevan la autoestima nacional y energizan más que cien barcos de combustible.

Los he visto en nuestros recorridos por el país. Hombres y mujeres, jóvenes, niños o ancianos, que siguen las noticias, analizan contextos, condenan el abuso y ofrecen sus ideas, esfuerzos y hasta chistes, para enfrentar el indiscutible mal rato que la nueva vuelta de tuerca del imperio prepotente y abusador nos impone.

Ellos están en el bando de los que aman y fundan. Pesando en ellos hemos convocado a pensar como país, con la convicción de que es inagotable la fuente de la inteligencia colectiva.

Hemos convocado a pensar distinto, a ser proactivos, a distinguir las potencialidades del tiempo que vivimos, cualitativamente diferentes, como también lo son los seres humanos, en comparación con otras etapas, no solo porque han pasado los años, sino porque en su transcurso se transformaron el mundo, el país y los cubanos con ellos.

Cuando llamamos a rescatar experiencias de los años más difíciles, a desempolvar prácticas de ahorro y eficiencia del Periodo Especial, lo hacemos pensando en todo lo que entonces aportó la inteligencia colectiva y que erróneamente desechamos en cuanto pasó el peor momento.

Estamos convencidos de que esa búsqueda tiene que tomar en cuenta los nuevos contextos, los avances tecnológicos, los aportes del conocimiento en unos de los periodos más dinámicos de la civilización humana, y no solo en cuanto a lo que hemos avanzado como especie, también en cuanto a lo que hemos perdido bajo el empuje consumista y depredador del sistema capitalista.

No le tememos a las palabras, como no le tememos al desafío. Todo cambia, excepto los principios. En primerísimo lugar la decisión de preservar la soberanía y la independencia nacional y de defender el socialismo, la justicia social, la solidaridad y el internacionalismo al que debemos nuestra propia existencia como nación.

Algo más no cambia: la obsesión del imperio por castigar “el mal ejemplo de Cuba”.

Quizás por eso algunos han cuestionado el término coyuntural con el que hemos descrito la situación energética. En las inciertas condiciones en que opera el mercado internacional de los combustibles y bajo la enfermiza persecución financiera del bloqueo que padece Cuba, lo coyuntural puede sugerir optimismo excesivo, pero no fijar límites a esa situación habría sido innecesariamente pesimista e irresponsable.

Lo que no podíamos hacer de ninguna manera era callar frente a un escenario impuesto por una escalada en la hostilidad del imperio hacia Cuba por nuestra solidaridad con Venezuela.

Lo que debíamos y podíamos hacer era informar de modo amplio y transparente, nuestro plan contra el plan del enemigo. Un Gobierno serio y responsable tiene ese deber con su pueblo.

La situación se ha ido remontando hasta hoy sin tener que recurrir a los apagones. El bando de los que aman y construyen lo ha hecho posible.

En el bando contrario, los del odio tratan de deshacer lo que hacemos, llenos de rabia ante la respuesta popular claman porque los barcos no lleguen, porque las luces se apaguen, porque el cerco se cierre, porque la Cuba independiente y digna se rinda o se muera. Se alegran de cada nueva medida dirigida a reforzar el Bloqueo. Sueñan con la invasión a Cuba.

Como el Caín bíblico, hay quienes escriben, hablan y hasta chillan en las redes sociales, por unas monedas del millonario botín destinado a la subversión contra Cuba. Cada minuto de nuestra resistencia les permite venderse.

No hay peor precio que capitular frente al enemigo que sin razón, ni derecho, te agrede, escribió Fidel (1) . ¡Qué vigente su frase! Tanto como la de Almeida, con la que arrancamos y sostenemos esta pelea. Coyuntural o permanente el ataque: “Aquí no se rinde nadie…” La última palabra la pone el pueblo.

(1) Fidel Castro: “Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre” 31/08/2014. Cubadebate

Fuente: SITIO WEB DE LA PRESIDENCIA

TEORÍA DE LA DESMORALIZACIÓN INDUCIDA: LA METÁSTASIS DEL INDIVIDUALISMO SÍ SERÁ TELEVISADA. FERNANDO BUEN ABAD

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LA SUERTE DEL LIBRO NUNCA ESTUVO EN IGUAL DECADENCIA. SUSAN SONTAG

CARTA DE SUSAN SONTAG (1933-2004) A JORGE LUIS BORGES (1899-1986),  DIEZ AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE

12 de junio de 1996

Querido Borges:

Dado que siempre colocaron a su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. (Borges, son diez años.) Si alguna vez un contemporáneo parecía destinado a la inmortalidad literaria, ese era usted. Usted era en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, sabía cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que resulta bastante mágico. Esto tenía algo que ver con la apertura y la generosidad de su atención. Era el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores… así como el más artístico. También tenía algo que ver con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo bastante prolongado, perfeccionó las prácticas de fastidio e indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental hacia otras eras. Tenía un sentido del tiempo diferente al de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían banales bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, formaba parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores.

Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia. Usted era un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no necesitaba ser indignante. Más bien, tenía que ser inventivo… y usted era, por sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia del ser que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró de qué manera no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que cualquier cosa que le suceda es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted fue un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de morir (Borges, son diez años)– dije en una entrevista: “Hoy no existe ningún otro escritor viviente que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el más grande escritor viviente… Muy pocos escritores de hoy no aprendieron de él o lo imitaron”. Eso sigue siendo así. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando. Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al mismo tiempo que proclamaba, una y otra vez, nuestra deuda con el pasado, por sobre todo con la literatura. Usted dijo que le debemos a la literatura prácticamente todo lo que somos y lo que fuimos. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es sólo una manera de escapar: un escape del mundo diario “real” a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más.

Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible, de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a pedido, y se podrá cambiar su apariencia, formular preguntas, “interactuar” con ese texto. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuaremos” según los criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva regida por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando –y que nos prometen– como algo más “democrático”. Por supuesto, usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección… y del libro.

Por esos tiempos no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca.

Querido Borges, por favor, entienda que no me da placer quejarme. Pero, ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura en sí– que a usted? (Borges, son diez años.)

Todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe.

Traducción: Claudia Martínez

Fuente: DIGO.PALABRA.TXT

UN MINUTO DE POESÍA POR LA PAZ. MIGUEL BARNET

Ser poeta es encarar responsabilidades éticas y un compromiso con la cultura de resistencia que nos caracteriza y la cultura de paz que defendemos

GUERNICA, DE PICASSO
Guernica, de Pablo Picasso

MIGUEL BARNET

Un minuto de poesía vale más que todas las armas del mundo. Un verso firme, poderoso, evocador, tiene la capacidad, si no de desarmar a los enemigos de la paz, al menos de alentar la esperanza en un  mundo cada vez más peligroso para la especie humana.

Hablo no solo de la poesía escrita o cantada, sino  de todo  acto de creación, de pensamiento original, de comunicación espiritual entre los hombres, de signo contrario a esa realidad que se nos quiere imponer desde la pesadilla hegemónica imperial.

Todos los días nos llegan noticias aterradoras. La actual administración norteamericana dice haber sometido a revisión –palabra engañosa, pues de lo que se trata es de regresión- la doctrina nuclear. Rompe acuerdos con Rusia e Irán, y no deja de calentar el ambiente bélico en la península coreana.

Ha vuelto a dar pasos para reanimar la Guerra de las Galaxias. El ocupante de la Casa  Blanca ordenó al Pentágono comenzar el proceso para la creación de  la fuerza espacial que sería la sexta división de las fuerzas armadas. «Cuando se trata de defender a Estados Unidos –ha dicho el Presidente de esa nación- no basta con nuestra presencia en el espacio, tiene que haber un dominio estadounidense del espacio». Otra palabra engañosa aparece en el discurso: en lugar de defender, debe leerse agredir o someter.

Con sus declaraciones, tuitazos, desplantes, arranques histriónicos y un inveterado desprecio hacia países y personas, el presidente Donald Trump se presenta como el enemigo número uno de la paz en el planeta. Algunos llegan a hablar de él como un enfermo mental. Una psiquiatra lo diagnosticó como un narcisista paranoico.  El general retirado  Barry McCaffrey habló abiertamente para el diario The Washington Post sobre el estado mental del presidente Trump: «Creo que el presidente está empezando a tambalearse en su estabilidad emocional y esto no va a terminar bien. El juicio de Trump es fundamentalmente defectuoso, y cuanto más presión ejercen sobre él y más aislado se vuelve, creo su capacidad para hacer daño va a aumentar».

Puede que la psiquiatra y el militar tengan razón. Son  muchos los que afirman que las riendas de Estados Unidos están en manos peligrosas. Sin negar mérito a tal percepción, prefiero mirar más a fondo, pues las decisiones políticas en ese país responden a intereses corporativos muy poderosos.

Es el caso de las ganancias que obtienen por su participación en la carrera armamentista empresas como Boeing, Lockheed Martin, Northrop Grumman Innovation Systems, Raytheon y Aerojet Rocketdyne. O la participación en el desarrollo de tecnología digital en función de los intereses bélicos por parte de las empresas de Silicon Valley.

Recordemos que para el año fiscal 2020 el presupuesto militar de Estados Unidos asciende a 738 000 millones de dólares. ¿A dónde va a parar ese dinero? ¿Quiénes se benefician con esa suma delirante?

Nosotros, los cubanos que hemos decidido tomar las  riendas de nuestro destino, somos los villanos. Históricamente ha existido un gran diferendo entre Estados Unidos y Cuba, una relación difícil, de mucha tensión. El bloqueo norteamericano contra la isla se mantiene y recrudece, de modo que la distensión que hubo durante el periodo presidencial de Barack Obama se revirtió y todo se vino abajo como un castillo de naipes.

La administración de Trump resucita legislaciones que no tienen vigencia, pero las vuelve a poner en acción, como el Título III de la Ley Helms-Burton, algo absurdo e ilegal y, además, criminal. No tiene sentido ninguno que después de 60 años, Washington pida que se le entreguen compañías, propiedades, casas, que no podamos hacer negociaciones con empresas norteamericanas. Es una pena porque Estados Unidos es un país con una gran cultura, nosotros le debemos mucho a esa cultura y ellos nos deben a nosotros mucho, desde la música, la literatura, las artes plásticas. Por la cercanía, deberíamos vivir como países hermanos, pero no quieren dar su brazo a torcer, piensan que son los dueños del mundo, los gendarmes del mundo, los policías del mundo, y les irrita que la Venezuela  bolivariana siga ahí, enhiesta, y que la Revolución cubana avance, y no dejemos de ser martianos, socialistas y fidelistas.

Estas convicciones las expresó de modo muy meridiano el Presidente Miguel Díaz-Canel en el acto por el aniversario 66 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Allí dijo: «Nos quieren cortar la luz, el agua y hasta el aire para arrancarnos concesiones políticas. No se esconden para hacerlo. Declaran públicamente los fondos destinados a la subversión dentro de Cuba, inventan pretextos falsos e hipócritas para reincorporarnos a sus listas espurias y justificar el recrudecimiento del bloqueo. En el colmo del cinismo, apelan al chantaje. Ignorantes de la historia y los principios de la política exterior de la Revolución Cubana nos proponen negociar una posible reconciliación a cambio de que abandonemos el curso escogido y defendido por nuestro pueblo, ahora como antes.  Nos sugieren traicionar a los amigos, echar al cesto de la basura 60 años de dignidad. (…) Cuba, que conoce las distancias éticas y políticas entre esta administración estadounidense y los más nobles ciudadanos de ese país, no ha renunciado a su declarada voluntad de construir una relación civilizada con Estados Unidos, pero tiene que basarse en el respeto mutuo a nuestras profundas diferencias. Cualquier propuesta que se aparte del respeto entre iguales, ¡no nos interesa!».

¿Qué contribución se espera de los artistas e intelectuales en estas batallas por la dignidad y el triunfo de la sensatez? Seguir leyendo UN MINUTO DE POESÍA POR LA PAZ. MIGUEL BARNET

AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

edmundo 1

Hay seres —como Edmundo Aray (1936)– que la muerte no podrá arrebatarnos jamás de la memoria. Perviven en nosotros de la manera más sencilla, que suele ser la más honda e indeleble: como una sonrisa o una palabra que se eleva y, apasionada (siempre apasionada en su caso), silencia al más enardecido de los auditorios. Como si toda la razón y la bondad del mundo hablaran en su voz. Como si un duende paseara por la casa y cada una de sus ocurrencias comportara un desafío. Fiel como el más fiel, cercano siempre, tanto que ya Edmundito es cubano.
Así fue, así lo veo y es para mí este hermano escritor y cineasta venezolano, de quien me dijeron hace unos días, así de golpe, que ahora estaba muerto. Como si fuera posible matar lo que él hacía, la vida misma. 
Edmundo y yo solíamos intercambiar textos y mensajes sobre los más diversos temas, incluidos el cine, la poesía y, por supuesto, la salud y la muerte, a quien jamás llegamos a tomar en serio. Compartimos amigos, dolencias, congojas y un planeta de sueños que él insistía en llamar “Esta alegría”. 
En un signo de confianza y humildad, Edmundito tenía por costumbre pedir opiniones a algunos de sus amigos sobre los textos que llevaba en proceso de escritura. Fue así que a la altura de febrero y marzo de este año, intercambiamos pareceres acerca de su enjundioso ensayo “Ayer y hoy: resistencia y libertad”, el cual probablemente permanezca inédito, al menos en la versión que aquí se ofrece.  Y sobre el Llamamiento que le sirve de colofón, cuya fecha al pie el autor fijara en “febrero del 2021” para burlar el tiempo.
Pero aquel diálogo, como siempre sucede cuando la Muerte asecha y nos acecha, quedó pospuesto por razones mundanas y algún que otro agobio inevitable. Ambos lo vamos a lamentar todo el futuro, entre otros motivos porque estábamos hablando también de poesía. Y Edmundo era un torrente que pensaba en versos, o mejor: el verso torrencial con que pensaba el mundo.
A pesar de que todavía me debe la versión definitiva de su ensayo, aquí les va la que recibí de él la penúltima vez, porque la última, como ya dije, no me ha llegado aún. Quien sabe si –venezolano al fin–, toda esta angustia sea obra de la impuntualidad. También les dejo su mensaje de entonces.
A ver si vuelves, poeta; hoy hay reunión en la Fundación y en la Escuela la mesa está servida. No estaré yo pero estarán los otros.

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Querido Hermano:
Te imagino en plena defensa, claro, ante la arremetida del tunante de Washington y su pandilla. En la misma estamos nosotros, como has observado, con el alma en vilo.
Te anexo el texto que revisara en estos días, diagramado de otra manera para enfatizar aún más, y con algunos ajustes.
Un fuerte abrazo.
Edmundo.

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EDMUNDO ARAY

EDMUNDITO 1Vivimos tiempos nuevos, dijimos al despuntar el siglo XXI. (Siempre vivimos tiempos nuevos). Hay cambios en América Latina. Cambios serios, perturbadores del camino emprendido en busca de un futuro digno para nuestros pueblos. El ejercicio socialdemócrata progresista ha sido gravemente golpeado por los triunfos de la derecha reaccionaria en Paraguay, Ecuador, Argentina, Colombia, Brasil. Ni qué decir de las acciones de contenido fascista del grupo de Lima y de los gobernantes pantalleros de la Unión Europea sometidos a la orientación de Washington. La derecha reaccionaria no ceja en sus esfuerzos anti-nacionales por abortar, estimulada por el Imperio, el proceso democrático, ampliamente participativo de Venezuela y las notables y ejemplares conquistas de las clases populares a lo largo del proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez, así como a las contribuciones a la unidad latinoamericana a través del Alba, Celac,  Unasur, Caricom, Petrocaribe.

¿Y el cine? ¿Y los cineastas? ¿Mantenemos los cimientos hacedores de estos años? ¿Somos meros observadores de los acontecimientos? ¿Enajenamos el oficio creador por el oficio de vivir? ¿Somos ciudadanos al margen de las coyunturas de la sociedad? ¿El cine documental testimonia de manera consecuente cuanto acontece en nuestros días de asedio imperial y desafueros fascistas? ¿Acaso los cineastas latinoamericanos no han sido dentro del movimiento cultural del continente y del Caribe, abanderados del proyecto bolivariano-martiano: la Patria es América.

Son interrogantes que permanentemente nos formulamos en el seno de nuestras agrupaciones, en los más diversos encuentros, en la confrontación de las películas con el público, en las aulas de formación, incluyendo las debidas revisiones curriculares, en los foros organizativos, en los organismos de fomento cinematográfico erigidos por los propios cineastas.  Al día de ayer el balance es positivo, no solo por el desarrollo de la producción, sino también por la calidad, la cual se expresa en el abordaje de nuevos temas, en el fortalecimiento argumental y dramatúrgico y en las ambiciosas propuestas estéticas. También es cierto que el espectro pudiera oscurecerse si el fervor popular es avasallado por las ambiciones del capital transnacional, dígase el neo imperialismo rapaz.

Necesario es irrumpir de nuevo, invocar la unidad de acción de los cineastas, defender sus atributos y valores, mantener su inquebrantable fidelidad a la irrevocable aventura del espíritu. Cuando la imagen es combustión ilumina las esencias más profundas de la libertad creadora. Nunca pongamos a media asta la bandera de la imaginación.

Recordemos las exigencias de Glauber Rocha: Para el cineasta su estética es una ética, es una política. ¿Cómo puede –se preguntó– forjar una organización del caos en que vive el mundo capitalista, negando la dialéctica y sistematizando su proceso creador con los mismos elementos formativos de los lugares comunes y mentirosos y entorpecedores? “El cine es un cuerpo vivo, objeto y perspectiva. El cine no es un instrumento, el cine es una ontología”. 

Es de hervores la memoria. ¡Cuántas contiendas en el curso! Se nos fueron unos, nos llevaron a otros con saña mortal, y una y otra vez abrimos y nos cerraron puertas. Pero con enconado fervor se hicieron películas, se discutieron entre compañeros, nos las pusieron entre rejas, pero también florecieron en paredes y pantallas del continente hasta alzarse altivas en los grandes festivales del mundo.

Las relaciones de dependencia y el poder que las mantiene, si bien avasalla, domina y extiende su régimen de agravios, no sepulta los viejos antagonismos, por el contrario, los recrudece, al tiempo que origina nuevas contradicciones No escapa a la lucidez de los cineastas la observación certera de este estadio del desarrollo del capital. Ni tampoco que el neo imperialismo rapaz socave su propio “orden” alimentado por una voracidad que ha conducido a una nueva relación de dependencia: la dependencia financiera, fuente de una crisis sin salida, no sólo porque opone al capital internacional contra los pueblos nacionales, como fuerza opresora, anárquica, incontrolable, sino también porque transparenta sus turbulencias: crisis espiritual, política, ideológica y moral.

La voracidad del capital financiero conduce a una crisis estructural crónica, que afecta directamente a la humanidad toda. Las aberraciones del sector financiero se traducen en una estafa a escala planetaria. Desaparecieron los parámetros. La Casa Blanca es una oscura casa protectora y benefactora de capitalistas delincuentes, de banqueros forajidos. El sistema es un gigantesco basurero. Seguir leyendo AYER Y HOY: RESISTENCIA Y LIBERTAD. EDMUNDO ARAY

HACIA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL DE LA CULTURA Y LA COMUNICACIÓN. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

POLÍTICAS DE CULTURA Y COMUNICACIÓN

FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

buen abad 1Toda organización política (y, por lo tanto, toda organización) debe tener en su “agenda” la problemática histórica actual en materia de Cultura y Comunicación. No es mucho pedir y no hay escapatorias. Ya tuvimos tiempo de sobra para aprender que, entre todas las batallas que la humanidad libra hacia su emancipación, los “territorios” de la Cultura y la Comunicación han sido especialmente colonizados y mayormente plagados con derrotas muy severas.

Pero no se trata de priorizar a la Cultura y a la Comunicación en una “agenda” donde se las entienda exclusivamente como “espectáculo”, “entretenimiento” o “curiosidad”… como suele hacer cierto sector de las oligarquías y sus burocracias. No se trata de fingir, con discursos, que nos ocupa o preocupa la “diversidad” expresiva de los pueblos. No se trata de repetir la mueca clientelista que reparte becas, o subsidios, a los amigos y a los amigos de los amigos. No se trata de convencernos con sesudas disquisiciones academicistas ni convenciones internacionales plagadas con naderías en la práctica. De lo que sí se trata es de habilitar, profundizar y ensanchar el ejercicio de derechos humanos inalienables como son el Derecho a la Cultura y el Derecho a la Comunicación, no sólo en igualdad de “oportunidades” sino, principalmente, en igualdad de condiciones.

Una “agenda” de Cultura y Comunicación para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratización de las herramientas de producción, distribución e interlocución del “sentido”. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semántica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los ámbitos (ciencias, artes, filosofías, tecnologías…) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de “espectador” sometido por un sector social acaparador e históricamente opresor de las mayorías. Tal “agenda” debe interesarse, (inter, multi y transdisciplinariamente) por erradicar los medios y los modos con que los pueblos han sido infiltrados con “valores” o “antivalores” que sólo convienen al statu quo y que han inoculado núcleos de “falsa conciencia” redituables a la ignorancia funcional, al mundo de la mentira como verdad, al sometimiento de consciencias y al mercantilismo desaforado infectado de individualismo y consumismo.

De las fuerzas políticas actuales (que dicen ser emanación de la voluntad popular o de las clases trabajadoras) no podemos espera menos que un modelo comprensivo y dinámico que, en materia de Cultura y Comunicación, se disponga a corregir las asimetrías en el campo de la disputa por el sentido. Que sepa desarrollar un arsenal de herramientas para la crítica (en todos los “sentidos”) ante la hegemonía de la “Iniciativa Privada”; contra el burocratismo clientelista y contra el silenciamiento de las comunidades semánticas más variadas que, además de diversas, son mayoría abrumadora. Que, además de las herramientas para la crítica ponga al alcance de todos los cuerpos legales, las fuentes metodológicas, los espacios de formación, las herramientas de producción, las infraestructuras de transmisión, los modelos de evaluación y la dinámica de la retroalimentación. Abiertas, participativas, autogestionadas, autónomas y de revocabilidad consensuada desde las bases. Para empezar.

No es posible aceptar políticas de Cultura y Comunicación sin consultas desde las bases y desde la historia. No es aceptable abandonarse a los caprichos del mecenazgo, no es recomendable aspirar al mundo feliz de las “industrias culturales” reproductoras de la lógica de la mercancía en el campo de las ideas y las emociones sociales. Cultura y Comunicación no son mercancías, son Derechos Humanos Fundamentales y al Estado compete su desarrollo, ensanchamiento y profundización. O será nada. Seguir leyendo HACIA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL DE LA CULTURA Y LA COMUNICACIÓN. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

UNA FRASE QUE NO DIJO EL QUIJOTE. ABEL PRIETO

CULTURA Y RESISTENCIA

En el Congreso de la Uneac, efectuado recientemente en La Habana, se presentó un documento que afirma: «La batalla de nuestro tiempo es eminentemente cultural, entre la imposición hegemónica y los paradigmas emancipatorios, entre la estulticia y la libertad»

STALLONE

ABEL PRIETO

ABELEl texto «Ballenas y tiburones» provocó el repudio de nuestros enemigos o –más bien– de los empleados de nuestros enemigos. No encontré sin embargo, ninguna tentativa seria de refutarlo; sino insultos y descalificaciones soeces, es decir, lo habitual. La única impugnación de cierto peso, llamémosle así, pretendió ridiculizar el hecho mismo de hablar sobre «cine de tiburones» en un país con tantas dificultades económicas.

Los que sueñan con la restauración capitalista no quieren que se debata en torno a la guerra cultural. Aspiran a que nuestra gente haga suyos los patrones y lentejuelas de la Maquinaria, que se sumerja alegremente en el limbo de la frivolidad y vea estos procesos como algo «divertido». En suma, que se aparte del camino martiano y fidelista de alcanzar la libertad a través de la auténtica cultura.

En el Congreso de la Uneac se presentó un documento que afirma: «La batalla de nuestro tiempo es eminentemente cultural, entre la imposición hegemónica y los paradigmas emancipatorios, entre la estulticia y la libertad».

Graziella Pogolotti se refirió a su vez a la necesidad de contribuir desde la experiencia cubana a enriquecer «un pensamiento de izquierda descolonizador».

Los escritores Víctor Fowler y Alberto Marrero abordaron el intento de absorbernos espiritualmente. El primero explicó que la Maquinaria instala en la mayoría oprimida la idea de que son seres inferiores. El segundo recordó los planes contra la URSS de Allen Dulles, director de la CIA. «Antes que los portaaviones y los misiles», dijo Dulles, enviaremos nuestros símbolos, «universales, glamurosos, modernos», para lograr que «las víctimas lleguen a compartir la lógica de sus verdugos».

En su discurso de clausura, Díaz-Canel citó el mensaje de Raúl a la Uneac en su aniversario 55: «Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y por la oleada colonizadora global». Y añadió Díaz-Canel: «Esta plataforma colonizadora promueve los paradigmas más neoliberales… atentos a los que ponen por delante mercado y no cultura; egoísmo y vanidad personal y no compromiso social de la cultura».

Resuenan ahora los ladridos de la empleomanía anexionista, inquieta ante los aportes al pensamiento cultural revolucionario que hizo en el evento la vanguardia intelectual. Les resulta intolerable que ganemos espacio en la gestación de una mirada penetrante, redimida, lúcida.

«Ladran, Sancho, señal que cabalgamos», es una frase que se atribuye por error al Quijote. Aparece, sin la referencia a Sancho, por supuesto, en un poema de Goethe; y hay quien ha sugerido que el autor de Fausto la tomó de un antiguo proverbio turco. Sea de Goethe o de algún turco remoto y anónimo, nos viene como anillo al dedo para entender las reacciones de la jauría.

En los años 90 del siglo pasado, en la Uneac de entonces, evocábamos a los «antimperialistas diurnos», en horario laboral, que pronto se convertían en «proimperialistas nocturnos», cuando se atiborraban antes de dormir con las más infames películas yanquis. Sufrían un padecimiento similar quizás al estudiado por los siquiatras como «trastorno de identidad disociativo». Nótese que hablábamos de adultos. Y es que la convivencia «disociativa» de antimperialismo político y colonización cultural puede presentarse de un modo u otro en cualquier generación. Seguir leyendo UNA FRASE QUE NO DIJO EL QUIJOTE. ABEL PRIETO

MARTA HARNECKER, LA EDUCADORA POPULAR. LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

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LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

luis hernández navarro 3Desde comienzos de la década de 1960, la chilena Marta Harnecker fue una autora clave en la difusión del marxismo en América Latina. Su obra fue esencial en la formación de sucesivas generaciones de militantes de izquierda en el continente. Sus trabajos fueron parte sustancial y alimentaron el boom del marxismo en la región.

Desde su aparición en 1969, su libro Los conceptos elementales del materialismo histórico, editado por Siglo XXI, de Arnaldo Orfila, y Cuadernos de Educación Popular, se convirtieron en herramientas teóricas fundamentales en escuelas de cuadros y círculos de estudio. En 1982, se habían publicado 47 ediciones y más de medio millón de copias del primero, además de múltiples ediciones piratas.

Ambos textos, sustituyeron como materiales de estudio a libros como El ABC del comunismo Teoría del materialismo histórico, de Nicolás Bujarin; el Manual de economía política, de P. Nikitin; Los fundamentos de filosofía marxista, de F. V. Konstantinov, o el Manual de marxismo-leninismo, de la Academia de Ciencias de la URSS.

Los conceptos elementales fue escrito por Harnecker en París, al convertir en pequeño manual, el texto sobre materialismo histórico que había preparado para impartir clases a un círculo de estudiantes latinoamericanos. Sin embargo, pueden rastrearse huellas de este trabajo en la revista chilena Punto Final. Buscó así, acercar a nuevos lectores, el redescubrimiento del marxismo realizado por su mentor Louis Althusser. Le apasionaba su enfoque del marxismo como ins­trumento de transformación social.

A pesar de la aparente accesibilidad del libro, Harnecker se topó con la realidad de que su manual de teoría de la historia no era lo suficientemente comprensible. Redactó entonces Cuadernos de educación popular para explicar de la manera más sencilla la teoría marxista y sus conceptos a personas sin instrucción académica.

Católica militante, marcada por el tema de la pobreza, la sicóloga Marta Harnecker había llegado a Francia con una beca en 1963. El libro del filósofo católico francés Jacques Maritain sobre humanismo cristiano era para ella, en ese momento, una especie de Biblia. Se acercó al marxismo. Leyó a George Politzer y a Charles Bettelheim. En 1964 conoció al filósofo Louis Althusser, con quien cultivó una estrecha amistad. Participó en el seminario Para leer El capital (https://vimeo.com/105407390).

De regreso a Chile, militó en la organización revolucionaria Ranquil y luego se incorporó al Partido Socialista. Aprendió periodismo en la práctica, realizó reportajes y, en pleno periodo presidencial de Salvador Allende, dirigió la revista Chile Hoy. Como periodista se dedicó a recoger la voz de los de abajo.

Exilada en Cuba tras el golpe de Estado en su país, comenzó a sistematizar las experiencias de las izquierdas de América Latina, entrevistando a sus principales dirigentes. Reconstruyó así procesos tan diversos, como el de las guerrillas centroamericanas o colombiana, el Frente Amplio de Uruguay, el Movimiento Sin Tierra y el PT de Brasil, y los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. En La izquierda en el umbral del siglo XXI, libro publicado en 1999, al comienzo del ciclo de los gobiernos progresistas en el continente, señalaba que había entrevistado a 38 figuras de izquierda de máximo nivel, y a casi 100 de cuadros dirigentes de segundo nivel.

Como señala Jaime Ortega, entre sus primeros trabajos de educación popular y los posteriores de largo aliento hay una bisagra: las entrevistas a Mario Payeras y Cayetano Carpio. En ellas aborda la elaboración del andamiaje conceptual para comprender la importancia de las luchas centroamericanas.

En uno de sus últimos trabajos, Un mundo a construir, Harnecker sostuvo que la izquierda convertida en gobierno puede usar el aparato de Estado heredado para construir la nueva sociedad. Lo puede hacer, si cumple tres condiciones: que las instituciones estatales estén dirigi­das por cuadros revolucionarios dis­puestos a transformarlas; que el pueblo organizado sea capaz de controlar su quehacer y presionar por transformarse, y que se cambien las reglas del juego ­institucional.

Autora de casi 90 libros, Harne­cker nunca trabajó en una universidad. Su obra es una bitácora de las luchas de liberación latinoamericana. Más que otra cosa, fue una educadora popular. Escribió para dotar a los trabajadores de herramientas para luchar, para reflexionar, documentar su optimismo y construir otro sentido común.

En México, Marta fue más conocida por sus trabajos iniciales sobre materialismo histórico que por su cartografía de las luchas latinoamericanas. Aunque tuvo interlocutores permanentes de enorme altura intelectual como Pablo González Casanova, sus críticos quisieron reducir su obra a una expresión de marxismo de manual. Sin embargo, su legado va mucho más allá de este señalamiento. El marxismo está vivo en el país, en parte, porque encarnó en una generación de dirigentes magisteriales, urbano-populares y campesinos, que se formaron con los libros de Harnecker. Su obra facilitó que herramientas teóricas, antes reservadas a los especialistas, sedimentaran en la práctica política y en la visión del mundo de estos activistas.

Fuente: La Jornada

MARTA HARNECKER: 1937-2019. ATILIO BORON

marta

ATILIO A. BORON

Atilio-BorónPartió Marta Harnecker.  Soltó amarras y salió a navegar por nuevos mundos llevando intacta su vocación revolucionaria. Nos deja un ejemplo luminoso, para mi generación -que es la de ella-y para la de quienes nos vienen siguiendo. Marta fue una bellísima persona: íntegra, valiente, rebelde, estudiosa profunda y comprometida. Una intelectual marxista en el más estricto sentido del término. Rigurosa en sus análisis, firme en sus convicciones, pero siempre abierta al diálogo y la deliberación colectiva. Tuve la suerte de conocerla en Chile y dialogar en torno a su visión del marxismo, exponerle mis reparos con relación a la lectura que Louis Althusser  (su tutor de estudios en Francia) hacía de Marx, así como examinar las peculiaridades de la coyuntura chilena en esos años finales de la década del sesenta. En los momentos en que al calor del debate las discrepancias se acentuaban siempre afloraba su sonrisa y con su afinado sentido del humor disipaba cualquier duda y ratificaba, de ese modo, que ambos compartíamos la misma trinchera en la lucha de clases.

Su pensamiento era abierto, profundamente antidogmático, y su capacidad de aprender -sobre todo aprender desde las experiencias de luchas de las clases y capas populares y no sólo de los libros- me atrevería a decir que era inigualable. Como si lo anterior fuera poco, con su libro Conceptos Elementales del Materialismo Histórico Siglo XXI, 1968) realizó un aporte de primer orden a una izquierda latinoamericana que en esos años había sido ganada por una cierta subestimación por la reflexión teórica, postergada en aras de un activismo inmediatista que no cesaba de cosechar derrotas. Como lo explica en las palabras introductorias de ese libro el objetivo para el cual lo escribió fue “procurar (a los militantes revolucionarios) instrumentos de trabajo intelectual, es decir, los conceptos teóricos necesarios para el conocimiento científico de su realidad concreta, ya que sabemos que sólo un conocimiento científico de ella permitirá transformarla.” ¡Y vaya que logró su objetivo! Su libro fue re-editado en innumerables oportunidades y permitió que centenares de miles de activistas accedieran –y fuera educados por Marta- al conocimiento de las principales tesis del pensamiento marxista, combinando una reflexión teórica sobre la estructura y funcionamiento del capitalismo con aportaciones relativas a los instrumentos necesarios para un correcto análisis de las coyunturas y las correlaciones de fuerza, sin lo cual nada puede ser cambiado.  En su obra Marx, Engels, Lenin, Gramsci, el Che y Fidel se entrelazan en una síntesis brillante y didácticamente expuesta. Tarea que cuando el Chile de Salvador Allende iniciaba su travesía fue reforzada con la publicación de sus Cuadernos de Educación Popular en donde con un lenguaje claro y despojado de todo academicismo y con ilustraciones muy pertinentes el análisis marxista era puesto al alcance del campesino, del poblador, de la mujer proletaria, de los jóvenes desahuciados  por el sistema. Porque Marta siempre supo que el marxismo sólo sería históricamente productivo si se encarnaba en el alma popular y que para eso había que exponer sus principales conceptos y teorías con un lenguaje accesible para el pueblo. Sin ese arsenal teórico mal podría librarse la batalla contra el imperialismo y sus agentes locales. De ahí nacía su incansable tarea pedagógica. Por rescató al marxismo de los claustros y los debates entre los iniciados y bregó por convertirlo en un saber popular, inspirada en una empresa similar que casi un siglo antes había sido realizada por Friedrich Engels con la publicación del Anti-Duhring.

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CONTRA EL REBAÑO DIGITAL (FRAGMENTOS) (II). JARON LANIER

LANIER LIBRO

JARON LANIER

jaron lanier 2Cada causa que pretende salvar al mundo posee una lista de propuestas con «cosas que cada uno de nosotros puede hacer»: ir al trabajo en bici, reciclar, etc.

Yo propongo una lista parecida relacionada con los problemas de los que estoy hablando:

  • No postees comentarios anónimos a menos que realmente puedas correr algún peligro.
  • Si te esfuerzas por colaborar en las entradas de Wikipedia, esfuérzate todavía más en usar tu propia voz y tu expresión personal fuera de wiki para atraer a personas a las que pueden interesarles los temas a los que has contribuido.
  • Crea un sitio web que exprese algo sobre ti que no encaje en el molde disponible de una red social.
  • Cuelga de vez en cuando un vídeo cuya creación te haya exigido cien veces más tiempo que el necesario para verlo.
  • Escribe una entrada de blog que te haya exigido semanas de reflexión hasta que has oído la vocecilla interior que necesitaba salir.
  • Si twitteas, trata de innovar buscando una forma de describir tu estado interior en lugar de recurrir a sucesos externos, para evitar el peligro de creer que los sucesos descritos objetivamente te definen, de la misma manera que definirían a una máquina.

Estas son algunas de las cosas que puedes hacer para ser una persona y no una fuente de fragmentos de los que otros se aprovechan.

Todos los diseños de software aludidos tienen aspectos que se podrían tratar de forma más humanista. Un diseño que comparte la capacidad de Twitter de ofrecer un contacto continuo entre personas quizá pudiera renunciar al entusiasmo de Twitter por los fragmentos. Es algo que desconocemos, pues se trata de un espacio de diseño que todavía no ha sido explorado.

Mientras el software no te defina, estás contribuyendo a ampliar la identidad de las ideas que se anclarán para las generaciones futuras. En la mayoría de las áreas de la expresión humana, está bien que una persona ame el medio con el que trabaja. Ama la pintura si eres pintor; ama el clarinete si eres músico. Ama la lengua (u ódiala). El amor por estas cosas es el amor por el misterio.

Pero, en el caso de los materiales creativos digitales, como MIDI, UNIX o incluso la red global, conviene ser escéptico. Estos proyectos han tomado forma hace muy poco, y poseen un elemento fortuito y accidental. Resiste a las rutinas fáciles que te imponen. Si amas un medio construido con software, corres el peligro de quedar atrapado en las ideas simplistas de otra persona. ¡Lucha contra ello!

Fuente: CONTRA EL REBAÑO DIGITAL. UN MANIFIESTO, Jaron Lanier. Editorial DEBATE, 2011. Traducción: Ignacio Gómez Calvo. Título original: You Are Not a Gadget.

Ver también:

CONTRA EL REBAÑO DIGITAL (FRAGMENTOS) (I). JARON LANIER

ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (IV). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

"A decir verdad no soy muy sentimental y no son las cuestiones sentimentales las que me atormentan. No es que yo sea insensible (ni quiero hacer pose de cínico o de blasé). Mas bien lo que ocurre es que las cuestiones sentimentales se me presentan, y las vivo, en combinación con otros elementos (ideológicos, filosóficos, políticos, etc.), en forma tal que no sabría decir hasta dónde llega el sentimiento y donde empieza cada uno de los otros elementos

(IV)

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FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

El preso 7047

fernc3a1ndez-buey-1.jpgEl proceso contra los dirigentes del Partido Comunista tuvo lugar en Roma entre finales de mayo y comienzos de junio de 1928. Gramsci fue condenado a 20 años, 4 meses y 5 días de reclusión. Él había calculado que sería condenado a un máximo de 14 o 17 años. A pesar de que tuvo la oportunidad de hablar sobre la carta de Ruggero Grieco con otros compañeros mientras permaneció en la cárcel de Roma durante el proceso, es posible que la diferencia de años entre este cálculo y lo que fue la condena haya hecho aumentar en su cerebro la sospecha que le sugirió el juez instructor. O que Gramsci haya pensado que aquella carta desbarataba gestiones diplomáticas en curso que podían haber favorecido su situación. Pero no hay confirmación de estas conjeturas para esa fecha. Es notorio, en cambio, que con la condena y el traslado a la casa penal de Turi empieza una nueva fase de la vida de Gramsci. En la cárcel de Turi estuvo desde julio de 1928 hasta noviembre de 1933. Allí le matricularon con el número 7047.

En la cárcel de Turi Gramsci trató de organizarse siguiendo los mismos criterios resistenciales que le habían sostenido desde su detención en 1926. El fiscal fascista había puesto énfasis en que el régimen quería impedir que aquel cerebro siguiera pensando. Él hizo todo lo que pudo para que aquel designio no se cumpliera: elaboró un nuevo plan de estudios, se organizó para ganar tiempo que dedicar a la lectura, pidió y obtuvo libros que consideraba indispensables, siguió con su trabajo de aprendizaje de distintas lenguas y empezó a traducir textos del alemán, del inglés y del ruso, consiguió permiso para escribir en la celda, entabló un interesante diálogo intelectual con Piero Sraffa y redactó lo esencial de lo que conocemos con el nombre de cuadernos de la cárcel.

Pero hay al menos tres factores que en la cárcel de Turi determinaron un cambio notable en su manera de entender la relación entre las razones de la razón y las razones del corazón, entre lo público y lo privado, entre el compromiso político-moral y el mundo de los sentimientos. El primero de estos factores fue el constante empeoramiento de su salud. El segundo, el deterioro de su relación afectiva y sentimental con Julia Schucht. Y el tercero, el distanciamiento político respecto de sus compañeros más próximos. Las tres cosas juntas producirían en Gramsci una considerable inestabilidad emocional: cambios de humor muy acentuados, tendencia al aislamiento, irritabilidad en el trato con los más próximos, dificultad temporal para la concentración intelectual, desconfianzas que a veces se le convirtieron en obsesiones, oscilación entre la ironía todavía alegre y distanciada y el sarcasmo amargo, acentuación de la acribia de filólogo en la correspondencia íntima, progresivo sentimiento de derrota personal hasta llegar al sentimiento de muerte.

Lo más notable es que de todo esto, y del sufrimiento que tuvo que conllevar, apenas hay huellas en los cuadernos que simultáneamente estaba escribiendo en la cárcel. Se diría que en las horas, muchísimas horas, que Gramsci dedicó a redactar los cuadernos hizo abstracción casi absoluta de su dolor, de su sufrimiento, de sus cambios de humor, de sus irritaciones, de sus sospechas y de sus obsesiones. Logró imponer ahí un distanciamiento intelectual y una fuerza moral cuya expresión más alta está en un paso de una carta a la madre, en la que dice: “Yo no hablo nunca del aspecto negativo de mi vida, ante todo porque no quiero ser compadecido. He sido un combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata y los combatientes no pueden ni deben ser compadecidos cuando han luchado sin ser obligados a ello si no porque así lo han querido conscientemente”. En esas palabras y en lo que deja entrever en algunas de las cartas a Tatiana escritas desde Turi en los peores momentos de la enfermedad, donde solicita ayuda (pero sólo y exclusivamente la ayuda que él quiere en ese momento y en la forma precisa que su voluntad le dicta), está la clave para entender el carácter de este Gramsci resistencial.

Ya durante la conducción desde la cárcel de Milán a la cárcel de Roma para el proceso y desde Roma a Bari, una vez concluido éste, su salud ha empeorado. En junio de 1928 se le diagnosticó una uricemia crónica. Como consecuencia de ello, ha tenido periodontitis expulsiva. Simultáneamente ha pasado por varios momentos de agotamiento nervioso. En julio sufre un herpes que le produce una inflamación muy dolorosa y pasa varios días de dolores infernales, “retorciéndome como un gusano”, dice. En diciembre de ese mismo año, ya en Turi, tuvo un ataque de ácido úrico que le dejó medio inválido durante tres meses. En noviembre de 1930, el insomnio prolongado se le hace insoportable, duerme una media de dos horas diarias y tiene problemas de concentración. Desde mediados de agosto de 1932 tiene serios problemas intestinales, no atribuibles sólo a la mala alimentación, siente que las fuerzas empiezan a abandonarle, vuelve a sufrir de insomnio y cree que su capacidad de resistencia está quebrándose, que está perdiendo el control de los impulsos y de los instintos elementales del temperamento. En septiembre entra en una fase de exaltación nerviosa. Describe entonces su situación como “un frenesí neurasténico, una obsesión continua y espasmódica que no me deja un momento de quietud”. En diciembre de 1932 vuelve a tener insomnio y pide consejo médico a Tatiana para tomar un somnífero. En marzo de 1933 tiene una crisis grave, desfallece, cae al suelo, no puede valerse por sus propios medios y, durante semanas, tiene que ser asistido en la celda por otros compañeros.

Sólo entonces, después de cinco años de cárcel, ha tenido Gramsci un diagnóstico relativamente preciso de sus males, cuando el doctor Umberto Arcangeli le visita en Turi de Bari. Hasta entonces los médicos que le vieron actuaron de oficio, le recetaron lenitivos o placebos o, en algún caso, le trataron como a un enemigo político. El doctor Arcangeli le diagnostica lesiones tuberculosas en el lóbulo superior del pulmón derecho con emotisis, arterioesclerosis con hipertensión arterial e insomnio permanente, pero, sobre todo, sugiere que tiene el mal de Pott, es decir, una tuberculosis de la columna vertebral que afecta a las vértebras y que suele producir dolor espontáneo por irritación de las raíces de los nervios raquídeos y, cuando se tiene desde de la infancia, cifosis. Es posible que Gramsci haya tenido desde niño el mal descrito por el cirujano británico Percival Pott. Eso explicaría la deformación de su columna y, al no haber sido tratado el mal, la reiteración de los estados de irritabilidad desde su adolescencia. En tales condiciones, ante una enfermedad descubierta muy tardíamente y cuyo tratamiento requiere, para empezar, inmovilización y reposo, se comprende que el doctor Arcangeli concluyera que Gramsci no podría sobrevivir mucho tiempo en las condiciones carcelarias. A pesar de lo cual esta situación se prolongó todavía siete meses, hasta noviembre de 1933, fecha en la que, finalmente, fue trasladado a una clínica en Formia. Gramsci ya no mejorará más que esporádicamente en los años siguientes.

Elección racional y sensibilidad

La relación sentimental de Gramsci con Julia Schucht, que ya había sido difícil en los años anteriores, se fue complicando en los años que pasó en Turi de Bari hasta hacer crisis entre 1932 y 1933. Es difícil decir qué contribuyó más a esta crisis: si la falta de noticias de ella durante meses enteros, los silencios y malentendidos sobre su verdadero estado de salud, las presiones familiares para que ella no viajara a Italia en un momento en el que obviamente el preso lo necesitaba, los equívocos de una comunicación que no llega a ser correspondencia auténtica, la inestabilidad emocional del propio Gramsci, su concepto de la relación entre sentimientos y vida política, o las obsesiones que acabaron carcomiendo al preso 7047.

Poco después de llegar a la cárcel de Turi de Bari, en 1928, Gramsci ha ratificado una decisión que seguramente tuvo una importancia decisiva en la complicación de su relación con Julia. El reglamento carcelario limitaba el número de cartas que podía escribir y decidió elegir como corresponsal principal a Tatiana, no a Julia. Era ésta una elección racional puesto que Tatiana estaba en Italia, podía visitarle y de esta forma se facilitaba una comunicación con el centro exterior del partido (en París y Moscú) a través de Piero Sraffa (que podía viajar, legalmente y con frecuencia, a Italia desde Inglaterra). Por aquellas fechas Tatiana tenía que haber regresado a Moscú para reunirse con su familia, pero unió su decisión a la decisión del otro: se sacrificó por Gramsci contra el deseo de sus padres.

Esta elección racional, que en condiciones de normalidad habría sido una ayuda positiva sin más, se convirtió en otra cosa, tuvo un efecto inesperado. No sólo por la anormalidad que representaba la situación de un preso en una cárcel fascista, sino también por las enfermedades que sufrían uno y otra, y por la complicación psicológica de la pareja a la que Tatiana tenía que ayudar. Tatiana se convirtió así en la Antígona de esta tragedia moderna, pero mediatizó la relación de Antonio y Julia al no enviar a ella las cartas de él que consideraba que podrían molestarla o deprimirla y al no comunicar a él, por razones parecidas, la gravedad de la enfermedad psíquica de ella. Con su bondad, y sin quererlo, contribuyó a disolver uno de los hilos que más había unido sentimentalmente a la pareja desde que se conocieron: la conciencia del sufrimiento que produce el peso desequilibrante del cerebro, la conciencia recíproca de la debilidad que acompaña a la fortaleza moral, esa conciencia que, en situaciones excepcionales, como era el caso, lleva a la ayuda mutua. Es sintomático, en este sentido, el que la relación sentimental entre Antonio y Julia mejorara y se equilibrara eventualmente siempre a partir del reconocimiento de la gravedad de las enfermedades mutuas, esto es, del reconocimiento de las propias debilidades a través de la debilidad del otro.

A pesar de las quejas de Gramsci sobre los silencios de Julia Schucht, de su contención sentimental ahora obligada, de sus discrepancias sobre la educación de los hijos (él pensaba que ella y su familia eran en esto demasiado “románticos”) y de su repetida observación de que se estaba produciendo un distanciamiento sentimental, comprensible dadas las circunstancias, el tono y la forma de las cartas escritas hasta la primera mitad de 1930 no hacían presagiar, ni de lejos, lo que vino después. Pero ya en mayo de ese mismo año Gramsci empieza a sentir que la razón de que Julia no le escriba es que se le estaba ocultando algo. Una semana después, en carta a Tatiana, afirmaba que el aislamiento en que él se encuentra no es sólo consecuencia de la inquina política de los adversarios, cosa esperable, sino también del abandono de los próximos, con lo que no podía contar. Dice entonces sentirse sometido a varios regímenes carcelarios y alude, por primera vez en el epistolario, a “la otra cárcel”, al hecho de que le han echado fuera de la vida familiar: “Los golpes me llegan de donde menos podía esperar”. Enseguida se da cuenta de que está escribiendo precisamente a la persona que más le ha ayudado desde el encarcelamiento, pero, a pesar de ello, quiere que quede claro que en este asunto, bondad aparte, no vale la sustitución de persona.

Al llegar a ese punto de la comunicación de sus impresiones, Gramsci ha escrito algo, entre la confesión y la declaración de principios, que ayuda a entender su concepto de la relación entre razón y sensibilidad:

A decir verdad no soy muy sentimental y no son las cuestiones sentimentales las que me atormentan. No es que yo sea insensible (ni quiero hacer pose de cínico o de blasé). Mas bien lo que ocurre es que las cuestiones sentimentales se me presentan, y las vivo, en combinación con otros elementos (ideológicos, filosóficos, políticos, etc.), en forma tal que no sabría decir hasta dónde llega el sentimiento y donde empieza cada uno de los otros elementos, ni siquiera sabría decir de cuál de todos estos elementos se trata, de tan unificados que están en un todo inescindible y en una vida única. Es posible que esto sea una fuerza, o quizá una debilidad porque lleva a analizar a los otros del mismo modo y, por tanto, a sacar conclusiones tal vez equivocadas.  Seguir leyendo ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (IV). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (III). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Gramsci declara odiar todo lo que es convencional. No quiere verse reducido a una correspondencia convencional. Así era ya en Viena, cuando empezaba a escribir a Julia. Solo que esta sensación se le agudiza ante un carteo que sabe que será, además, convencionalmente carcelario.

(III)

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«Omaggio a Gramsci» (2011), de Gabriele Cancedda.

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Amor y camaradería, una colaboración de quehaceres

fernández buey 1La declaración más explícita en ese sentido la hace Gramsci justo el mismo día en que aparecía su artículo contra el pesimismo: “Te aseguro que si sólo se hubiera tratado de nuestro amor yo no habría insistido como lo he hecho. Pero nuestro amor es y debe ser algo más: una colaboración de quehaceres, una unión de energías para la lucha, además de búsqueda de nuestra propia felicidad. Hasta es posible que la “felicidad consista precisamente en eso”. Lo que más conmueve en esta solicitud de “colaboración de quehaceres” es que el hombre que la hace ha asumido ya una responsabilidad política peligrosa, y lo sabe; se siente viejo como el chino Lao-tsé, nacido a los ochenta años, y sabe, además, que continúa su lucha con el propio “cerebro”, con “las cucarachas se le pasean” por él, con “la araña que le chupa el cerebro”, con los fantasmas, las sombras y “las gotas de metal fundido en la carne”.

En abril de 1924 Gramsci fue elegido diputado por el Véneto en las listas del partido comunista. Comunica a Julia la noticia y al mes siguiente regresa a Italia. Han pasado dos años desde su viaje a Moscú y aquel viaje le ha cambiado la vida. El retorno lo hace sabiendo que Julia tendrá un hijo a los pocos meses y teniendo que renunciar, sin embargo, tanto a su propuesta de encontrarse en Viena para trabajar juntos como a la posibilidad de viajar él mismo, de nuevo, a Moscú.

A pesar de ello, no hay duda de que el sentimiento de la próxima paternidad y la vuelta a Italia, a un ambiente políticamente adverso pero que conoce, han tranquilizado psicológicamente a Gramsci. En las cartas escritas desde Italia entre mayo y agosto de 1924 Gramsci no deja de mencionar la persistencia de los dolores de cabeza y la tristeza que le produce la encrucijada en que están: él querría ir Moscú para encontrarla pero no puede; propone insistentemente que ella vaya a Italia pero no obtiene respuesta. Siente que “una inmensa muralla de espacio y tiempo les separa”. Pero, aun así, cuando aborda la relación sentimental, es más paciente e incluso las bromas domésticas que hay en estas cartas (sobre la discusión familiar acerca del nombre que habrían de poner al niño, sobre la reconocida limitación de su propio papel en esto y sobre la decantación del amor) no son inquietantes; son bromas cariñosas y revelan un estado de ánimo mucho más equilibrado que durante los meses de Viena.

En una de estas primeras cartas enviadas a Julia desde Italia, mientras sufre de insomnio y se siente débil en una tórrida noche veraniega romana, Gramsci vuelve al tema de la relación entre actividad política y vida sentimental para establecer una generalización que afecta a su personalidad: “No podemos dividirnos y dedicarnos a una actividad única, puesto que la vida es unitaria y cada actividad sale reforzada con la otra”. Se pregunta entonces si el amor no refuerza toda la vida al crear un equilibrio y dar una intensidad mayor a las otras pasiones y a los otros sentimientos, aunque, paradójicamente, enseguida añade que no quiere ponerse doctrinario.

En estas cartas que Gramsci escribe desde Roma a Julia Schucht hasta marzo de 1925, fecha en la que volverían a encontrarse en Moscú y en la que él conocería a su primer hijo, predomina el tema político. Es natural que un hombre que está dedicando gran parte de las horas de su vida al trabajo de organización antifascista haya buscado en las cartas que escribe a la persona amada la complicidad política. Pero la solicitud de colaboración de quehaceres pasa a segundo plano por razones obvias: Julia está ya en avanzado estado de gestación y la situación en Italia, sobre todo después del asesinato de Mateotti, tampoco permite seguir insistiendo en el trabajo intelectual compartido.

Política y paternidad

En agosto de 1924 nació el primer hijo de Julia y Antonio. Después de discutir entre bromas sobre varios nombres simbólicos (Ninel, Lev) le pusieron Delio a propuesta de Antonio. Éste tuvo que renunciar a estar presente en Moscú en el momento del nacimiento. Su actividad política en Italia se había hecho desbordante. El nacimiento del hijo coincidió con el momento en que Gramsci empieza a actuar como secretario general del Partido Comunista. Quiso, en cambio, ayudar materialmente a los suyos enviando algún dinero a Moscú través de amigos italianos, aunque tampoco acertó con la forma adecuada, lo cual provocó un malentendido con Julia, que se sintió ofendida, y una disculpa inmediata de Antonio que contiene una reflexión notable:

Creo que es un recuerdo de mi vida infantil, ligada a las penurias materiales y a las estrecheces… que crea vínculos de solidaridad y afecto que nadie podrá destruir. ¿Crees tú que la mejor de las sociedades comunistas podrá modificar de manera fundamental estos condicionamientos de las relaciones individuales? Yo creo que, al menos por algún tiempo, seguro que no. Y me parece que tales sentimientos son propios de las clases explotadas, no de la burguesía.

Durante los meses que siguieron, Gramsci, además de mostrar a Julia su alegría por el nacimiento del hijo, del que asegura que va a unirles mucho más, y de expresar su malestar por no poder ayudar como querría, confiesa cierta confusión a la hora de hacerse una idea concreta de lo que significa la paternidad reciente: “Pienso en los niños en general, en su peso, en su debilidad, en los peligros que les amenazan a cada momento, pero no consigo pensar en nuestro niño vivo como individuo concreto”. Pide fotografías pero sabe que “la objetividad no es la vida, sino una fría caricatura fotográfica de la vida”; escribe pero sabe que las cartas no pueden sustituir la presencia. Sigue habiendo entonces algunas dificultades en la comunicación con Julia, pero éstas son mayormente externas: retrasos en la correspondencia, esperadas cartas que no llegan, desconfianza en el funcionamiento de los correos y sensación de que estos motivos externos deterioran a veces la relación sentimental. El 18 de septiembre de 1924 Gramsci escribe a Julia: “Hay un montón de cosas que no puedo escribirte porque no me fío del correo”. Dos semanas después confiesa que no es sólo la desconfianza en el correo: “Siento pena cuando no puedo enviarte una carta y tengo que superar un montón de obstáculos psicológicos cuando me pongo a escribirte. Me parece —y creo que tú has tenido la misma impresión— que el papel empobrece todos nuestros sentimientos y se convierte en un filtro a la inversa, o sea, en algo que enturbia lo que es limpio y claro”.

En lo sentimental, Gramsci oscila ahora entre la manifestación de la ternura que le produce la maternidad de Julia, la expresión de la preocupación por su salud, la contención de sus ironías privadas para no hacer daño, cierta perplejidad ante una paternidad para la que no parece sentirse particularmente preparado y la mala conciencia que le produce el estar ausente y lejos en un momento decisivo: “No soy capaz de estimar mi amor por ti: me parece distinto de lo que era hace un año. Tampoco sé imaginar la impresión que tendré al ver al niño vivo y real en lugar de la leve impresión de la cartulina fotográfica”. Narra a Julia sus actividades, sus viajes por Italia y sus impresiones sobre la situación política y social del momento. Pasa constantemente de la anécdota (una conversación escuchada, las impresiones de un viaje, la estancia en una ciudad) a la categoría, al análisis de lo que entonces hay socialmente en Italia y de lo que puede llegar a haber en el próximo futuro.

Algunos pasos de estas cartas son interesantísimos desde el punto de vista del diagnóstico psicosocial de lo que estaba siendo el fascismo, tanto más de apreciar cuanto que apenas se han conservado otras cartas políticas de Gramsci escritas desde el retorno a Italia hasta abril de 1925. Los pasajes políticos de estas comunicaciones a Julia Schucht destacan por la veracidad y la lucidez con que describen ciertos rasgos (el atraso, la ignorancia, la intolerancia, el semibandidismo, la corrupción, el clientelismo) que contribuyen a la consolidación del régimen de Mussolini: “Los niños y los idiotas están convirtiéndose en la expresión política de la situación, y lloran y hacen tonterías bajo el peso de una responsabilidad histórica con la que de repente han tenido que cargar sus espaldas de aprendices ambiciosos e irresponsables. La tragedia y la farsa se suceden en escena sin conexión alguna. El desorden está alcanzando un grado que ni la fantasía más desenfrenada podía imaginar”. Gramsci rectifica ahí sus ilusiones de meses anteriores sobre un próximo fin del fascismo. Absorto en la batalla antifascista y en la reorganización del partido comunista, incluso su juicio sobre las personas más próximas quedará mediatizado por consideraciones políticas. Es lo que ocurre cuando, después de varios intentos fallidos, en febrero de 1925, Gramsci conoce en Roma a Tatiana Schucht, la hermana de Julia, con la que simpatiza en seguida. La opinión que comunica a Julia es que, a pesar de las apariencias y de los rumores, su hermana puede llegar a estar más cerca de los bolcheviques que de los socialistas revolucionarios rusos, entonces muy críticos con el leninismo. Seguir leyendo ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (III). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

TEORÍA DEL CANSANCIO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

fastiga 1

La “fatiga” es uno de esos medios burgueses para escamotearnos la vida.

buen-abadNada nos tiene más “cansados” que el peso del capitalismo sobre nuestros hombros. En cantidad y en calidad, minuto a minuto, el capitalismo es una máquina trituradora de seres humanos exhaustos. Virtualmente ninguna de las definiciones “oficiales” del “cansancio” -o la “fatiga”- (“agotado”, “quemado” o síndrome burnout) alcanza para expresar la repercusión física y psicológica que tiene, en la clase trabajadora, el modelo despiadado de explotación perfeccionado por el capitalismo, sistemáticamente, como tortura de clase convertida en gran negocio. Pero “fatiga” no es sinónimo de derrota. “La acumulación de la riqueza en un polo –escribió Marx sesenta años antes que Sombart- es, en consecuencia, al mismo tiempo de acumulación de miseria, sufrimiento en el trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental en el polo opuesto, es decir, en el lado de la clase que produce su producto en la forma de capital”. León Trotsky[1]

No pocas veces el cansancio se expresa con impotencia y con desesperación. No pocas veces se entra en desánimos y no son pocas las oportunidades en que, extenuados por las jornadas de trabajo irracionales, sucumbimos en abulia e indiferencia escapistas. En todos los casos los signos del cansancio constituyen un relato contradictorio que el capitalismo redacta feliz de la vida, viéndonos sin potencia para golpearlo donde debe de ser golpeado. La fatiga que inocula el capitalismo es también un arma de guerra ideológica y es, por eso, un dispositivo criminal que incurre en delitos de lesa humanidad, de todo tipo, no tipificados. Es, precisamente, la fatiga una de las formas delincuenciales de limitar a la mente.

No se trata de cualquier “cansancio” común o de coyuntura. No se arregla con “reposo”, con “descanso” ni con “vacaciones”. No se trata de “eso” que se arregla con diversiones o con entretenimientos de farándula. No se repara con sedantes, con masajes ni con membresías de “spa” o “fitness laboral”. Es una depredación física y psíquica que enferma y mata. Es una degeneración que aturde, que enajena y que embrutece a seres humanos que debieran, por su trabajo, esclarecerse, emanciparse y desarrollarse felizmente. Es una enfermedad progresiva y mortal de cuerpo y del alma.

Una definición insuficiente dice: “-¿Qué se entiende por fatiga? En la terminología médica es la aparición precoz de cansancio una vez iniciada una actividad. Es una sensación de agotamiento o dificultad para realizar una actividad física o intelectual, que no se recupera tras un período de descanso.”[2] No pocas fuentes dan cuenta de un embrollo diagnóstico y terapéutico -entre palabrería médica- sin resolver y, para peor, no se conocen tratamientos. Hacen malabares con el concepto “fatiga crónica” sólo para concluir que nada se sabe… hasta hoy. No obstante, de la “fatiga” causada por el capitalismo, que no está en la mira de cierta “medicina” reduccionista empantanada en individualismo y ahistoricidad aguda, los trabajadores sí saben mucho. Son los que más saben… a veces sin entenderlo. Ni “fatiga crónica”, ni burnout, ni otro eufemismo, incluso con sus virtudes diagnósticas, sirven para resolver un problema social e histórico que se invisibiliza con capas gruesas de indiferencia e indolencia bajo el peso demencial de la explotación a los seres humanos, en lo individual y en lo colectivo.

Democratizar el descanso no enajenante

La burguesía, con su concepto del “descanso” exhibe, obscenamente, sus antídotos contra la “fatiga” que operan como sistemas de exclusión y maltrato psicológico a la vista de los trabajadores. Sólo unos cuantos pueden pagarlo y el paquete de valores que contiene son acumulación de decadencia en clave de “placer” burgués. Tienen hoteles en playas usurpadas, en montañas secuestradas y en todo lugar o paisaje donde las jornadas extenuantes se “olvidan”. Tienen mano de obra esclavizada para masajearse, alimentarse y embriagarse. Tienen, para sí y los de su clase, transportes ricos en comodidades y tienen dinero para procurarse “vacaciones” y “relax” que sólo pueden tener gracias a la “fatiga” de miles de trabajadores que, extenuados, jamás podrán disfrutar de descanso real. “…Lo que el obrero vende no es directamente su trabajo, sino su fuerza de trabajo, cediendo temporalmente al capitalista el derecho a disponer de ella… Tomás Hobbes, uno de los más viejos economistas y de los filósofos más originales de Inglaterra, vio ya, en su Leviathan, instintivamente, este punto, que todos sus sucesores han pasado por alto. Dice Hobbes: “Lo que un hombre vale o en lo que se estima es, como en las demás cosas, su precio, es decir, lo que se daría por el uso de su fuerza. ” K. Marx[3]

Están fatigadas nuestras fuerzas de producción. Está fatigada nuestra paciencia y está fatigada la razón, la lógica y la sensatez ante un sistema absurdo, criminal y genocida. Ese fardo de absurdos y aberraciones que el capitalismo deyecta diariamente nos tiene extenuados e irascibles. Pero no estamos derrotados porque la fuerza del proletariado mundial está organizándose progresivamente. El problema es que, además, la lucha contra los lastres y estragos de la “fatiga” nos hace perder tiempo y nos desesperan con frecuencia.

La principal causa de la “fatiga” generada por el capitalismo es el trabajo alienado y alienante. ¿Es esto obvio? Quizá. Algunos datos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) dicen que un 29% de los trabajadores en el mundo está durmiendo menos de lo que quisiera para cumplir con todos sus compromisos. La “fatiga” ocasiona envejecimiento prematuro, agotamiento emocional, despersonalización y baja autoestima. El trabajo extenuante y alienante está relacionado con “stress” y con enfermedades cardíacas, dolores de cabeza, problemas del sueño, desórdenes gastrointestinales y recrudecimiento de desórdenes médicos preexistentes. Además, una persona extenuada experimenta, sin control, insatisfacción sobre la duración o la calidad de la vida misma e incluso angustia diaria para conciliar el sueño. Suelen despertar a la mitad de la noche o despertar con sobresaltos. Estos signos se presentan también con secuelas diurnas que acarrean más “cansancio”, “fatiga”, somnolencia, bajo rendimiento, cambios de humor y malestar social, mientras el reloj de patrón sigue corriendo y amenazante. Y los sueldos cada día alcanzan para menos.

Sólo hay que ver a las masas de trabajadores que diariamente arrastran su “fatiga” desde las madrugadas. Hay que verlos retacados en los “transportes” miserables que acarrean sus cuerpos extenuados hasta las mazmorras “productivas” donde el sistema los exprime cada día y cada noche. Hay que verlos, con el cansancio enredado en los pies, caminar las calles y avenidas donde se hacina la fatiga hecha mugre hedionda entre paisajes de basura y abandono. Hay que ver esos millones y millones de rostros somnolientos abofeteados por el amanecer, hijos de la explotación y huérfanos de justicia. Hay que ver cómo la fatiga derrumba voluntades y amansa vidas aturdiéndolas con resignación rutinaria.

Quien sufre la “fatiga” responde, ante estímulos menores, con actitudes y sentimientos antipáticos hacia sí y hacia su trabajo. La OIT definió en 1999 el concepto de “trabajo decente” como aquel que “resume las aspiraciones de la gente durante su vida laboral. Significa contar con oportunidades de un trabajo que sea productivo y que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres”.[4] ¡Muy lejos estamos! Seguir leyendo TEORÍA DEL CANSANCIO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (II). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

“Es verdad que desde hace muchos, muchos años me he acostumbrado a pensar que existe una imposibilidad absoluta, casi fatal, para que yo pueda ser amado”.
“No puedo estar sin ti. Eres una parte de mí mismo y siento que no puedo estar lejos de mí mismo. Estoy como suspendido en el aire, como alejado de la realidad. Pienso siempre, con infinita emoción, en el tiempo que hemos pasado juntos, en aquella intimidad, en aquella tan grande expansión de nosotros mismos”.

(II)

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

El peso desequilibrante del cerebro

fernández buey 1Los acontecimientos en curso en Italia (las consecuencias de la marcha fascista sobre Roma que se produjo en octubre) retrasaron el regreso de Gramsci. Pudo entonces asistir al IV Congreso de la III Internacional (noviembre-diciembre) en el que tuvo la oportunidad de escuchar a un Lenin muy pesimista sobre el futuro de la revolución. Aquel discurso se le quedó grabado y está en el origen de su reflexión sociopolítica posterior, en los Quaderni, sobre la revolución en occidente. Muy probablemente Gramsci fue el dirigente comunista occidental que mejor entendió el mensaje del viejo Lenin. Pero por entonces, a finales de 1922, su corazón estaba en otra parte. Mientras espera en Moscú el desarrollo de los acontecimientos en Italia y se entera de la agresión que ha sufrido su hermano Gennaro, herido por los fascistas en Turín, la relación sentimental con Julia progresa hacia el amor entre enero y febrero de 1923. En enero todavía mantiene el tratamiento de respeto y aún sigue jugando con la excusa de visitar a Eugenia para propiciar un nuevo encuentro con Julia y consolidar los lazos, pero Antonio ha pasado ya al “queridísima” y la siguiente carta, que escribe el 13 de febrero, es una declaración de amor.

La primera declaración de amor de Gramsci, al menos por escrito, es complicada y preludia otras muchas complicaciones que habían de venir. Dice a Julia varias veces en esa carta que la quiere y que tiene la certeza de que ella le quiere a él, pero en seguida se enreda en una discusión sobre lo “sencillos” que son ambos, y en particular él mismo, contra las apariencias. Con el amor, Antonio empieza una batalla por dejar de ser el que sentimentalmente fue: “Es verdad que desde hace muchos, muchos años me he acostumbrado a pensar que existe una imposibilidad absoluta, casi fatal, para que yo pueda ser amado”. Gramsci alude aquí a su deformidad física (que, según todos los testimonios, acomplejaba ya en Turín su vida sentimental) y recuerda seguramente las huellas de una infancia y de una adolescencia de sufrimientos, sacrificios y debilidad física; pero se extraña, o dice que se extraña, a su vez, de que Julia note en él “contracciones nerviosas”, tics y “pequeños arrebatos marginales”. E inmediatamente después, en la misma carta, aparece el Gramsci volitivo y persuasivo. Nada de “demasiado pronto” para consolidar la relación, como dice ella, nada de enredos, ni de intrigas psicológicas almibaradas: “Yo no soy un místico ni usted es una virgen bizantina”.

Gramsci no era, desde luego, un místico. Julia Schucht tenía entonces veintiséis años, cinco menos que él. Había nacido en Ginebra, donde sus padres estaban exiliados, en 1896. Su padre, de origen finlandés, antizarista, había conocido la deportación en Siberia; tuvo que salir de Rusia en 1890 y vivió con la familia en Francia, Suiza e Italia. En Roma, Julia se había diplomado como violinista en 1915 y en el otoño de ese año salió hacia Rusia para encontrarse con los suyos que ya vivían en Moscú. Empezó a trabajar como profesora en un liceo musical a cien kilómetros de la capital. Su familia tenía cierta relación con Lenin y ella misma estaba afiliada al partido bolchevique desde 1917. Cuando Gramsci la conoció trabajaba en la sección local del partido en Ivanovo Vosnessiensk, un centro textil al que llamaban “el Manchester de Rusia”. Por su formación y por su trabajo Julia era, en 1922, una mujer de carácter, independiente pero a la vez muy sensible y ligada a la familia, a los padres y a las hermanas.

Se conserva un paso de una carta de Julia Schucht, escrita cuando tenía veinte años, que hace pensar en lo que pudo acercarla sentimentalmente a Gramsci, en sus afinidades y diferencias. Dice así: “Hay algo extraño en mi vida que me impide vivir como yo querría. No me gusta hablar de esta vida que no es como yo quiero. Me pregunto cuál de las dos personas que hay en mí será la auténtica, si la que quiero ser o la que soy. Y ese pensamiento me impide ser yo misma. Hay algo que me molesta, algo que es parte de mí, y ese algo es mi cerebro. No sé ‘ser’; se ver, pensar, alguna veces sentir…”.

Así, pues, la casualidad quiso que se hayan encontrado en Moscú dos adultos, ideológicamente afines, comunistas y revolucionarios, que en su juventud han sentido el peso desequilibrante de lo que llamaban “el cerebro” y la angustia de no llegar a saber ser: él, en Turín, profundamente afectado por persistentes dolores de cabeza, o por lo que dice ser “anemia cerebral”, se refugia primero en el estudio y salta luego a la vorágine de la actividad política huyendo de la soledad; ella, primero en Roma y luego en Moscú, se siente dividida, tiene una profesión, podría ser independiente, pero sabe que hay algo en su “cerebro” que se la impone también como un dolor, aunque no sólo físico, y se siente como perdida al observar introspectivamente que lo que sabe (ver, sentir, pensar) es una constricción que la impide llegar a lo que querría ser. Ambos, él y ella, querrían ser “simples”, pero hay algo en su interior que les dice que no lo son. Están tratando de superar “complicaciones psicológicas” que seguramente, desde el punto de vista clínico, son algo más que las triviales complicaciones ordinarias del normópata cotidiano. Buscan ahora en el amor lo que no acaban de encontrar en la actividad profesional ni en la vida política. No todo es azar, pues, en este primer encuentro: Serebriani bor, el bosque de plata, sería para ellos, con el tiempo, algo más que un nombre, muchas veces recordado y otras muchas aludido precisamente en relación con las depresiones, el malestar y las complicaciones psicológicas.

Mientras tanto, la situación en Italia se ha ido agravado por la detención de varios de los principales dirigentes comunistas y socialistas del momento. Eso es tema del intercambio epistolar de Gramsci con Julia en los meses siguientes: por lo que representaba desde el punto de vista político (Gramsci era entonces uno de los tres miembros comunistas en la comisión formada para una eventual fusión con los socialistas revolucionarios) y porque, evidentemente, el aplazamiento que aquella situación suponía para su regreso significaba, por otra parte, la ocasión para multiplicar los encuentros en Moscú y anudar la relación sentimental. En una de las cartas de Moscú, sin fecha pero muy probablemente de finales de febrero de 1923, aquella misma en que se alude genéricamente a algún otro contacto erótico, Antonio Gramsci insiste autobiográficamente en el tema del “antes” y el “después” del amor. Quiere salir del “erial”, del “frío páramo”, que ha sido su vida hasta entonces y declara estar convencido, sin comedia, de que precisamente eso es lo que le está ocurriendo después de haber conocido a Julia. Que el propósito no era fácil lo prueba el tono con el que, después de otro encuentro, escapándose a escondidas del hotel Lux, en el que residía, reconoce haber sido “un bruto”, haber hecho daño a Julia “demasiado brutalmente”, y que aún necesita quemar muchas cosas de sí mismo.

No se han conservado (o no se han publicado) las cartas de Julia Schucht en Moscú, a las que alude el epistolario de Gramsci, ni tampoco las escritas por éste, si es que las hubo, desde marzo a finales de noviembre de 1923, fecha esta última en que Gramsci partió para Viena. Lo más probable, a juzgar por el contenido y el tono de las escritas ya desde Viena (en las que destaca el dolor por la ausencia de la amada y el reiterado deseo de volver a estar juntos) es que entre marzo y noviembre de 1923 no haya habido cartas justamente porque la relación amorosa se había consolidado y no hacía falta escribir lo que se podía decir con la presencia. Queda el testimonio de Vincenzo Bianco, encargado por Gramsci de ayudar a Julia en Moscú después de su partida, que, con algún lapso de memoria, confirma esta suposición.

Viena: el mundo grande y terrible

Antonio Gramsci vivió en Viena desde principios de diciembre de 1923 hasta mediados de mayo de 1924, apenas un invierno y media primavera. Los recuerdos que nos ha dejado, en las cartas a Julia, de aquel “mundo grande y terrible, y encima en manos de los burgueses”, son, por lo general, melancólicos, muy mediatizados por el sentimiento de la ausencia. Durante aquellos meses su actividad político-organizativa fue muy intensa, pero no llegó a congeniar ni con los propietarios de las casas en que allí vivió ni con sus colaboradores más próximos, como el argentino Mario Codevilla. En Viena le visitaron, con encargos políticos varios, camaradas italianos; y desde Viena escribió Gramsci muchas cartas, algunas de ellas interesantísimas para entender el ambiente político de los revolucionarios sin revolución: a Urberto Terracini, PalmiroTogliatti, Ruggero Grieco, Alfonso Leonetti y otros destacados comunistas italianos.

En Viena tuvo Gramsci la oportunidad de conocer de cerca no sólo las dificultades del trabajo organizativo y periodístico realizado lejos de los lugares en que uno tiene puestos el corazón y la cabeza, sino también de reconocer las debilidades y miserias del sectarismo de algunos de los próximos. Refiriéndose a la mujer de Joseph Frey, secretario general entonces del partido comunista austríaco, en cuya casa vivía, escribe poco después de llegar a Viena: “Maldice continuamente al partido que la obliga a tener en casa a personas tan molestas y antipáticas como yo… pero conserva el carnet del partido porque, si no, la fracción dirigida por su marido en este desgraciadísimo partido perdería el uno por ciento de sus afiliados. También este ‘fenómeno’ me ha puesto bruscamente ante viejas cosas conocidas que se me habían olvidado un poco al cabo de año y medio de alejamiento”.  Seguir leyendo ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (II). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (I). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Tomando en cuenta la extensión del enjundioso estudio que el filósofo español Francisco Fernández Buey (1943-2012) hiciera de la correspondencia de Gramsci, en particular la amorosa, lo publicaremos en varias partes, con el único propósito de facilitar su lectura en estos tiempos de redes sociales y vidas efímeras. 
Cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando no se había querido a nadie, ni siquiera a la propia familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se había amado profundamente a criaturas humanas individuales. ¿No iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante?, ¿no iba a esterilizar y reducir a mero hecho intelectual, a puro cálculo matemático, mi cualidad revolucionaria? 

De una carta de Gramsci dirigida a Julia Schucht, fechada en Viena el 6 de marzo de 1924

(I)

En Viena enterraré mi alma en un álbum  /  con las fotografías y el musgo  /  y rendiré al flujo de tu belleza  /  mi cruz y mi violín barato.  /  Ay, amor, mi amor,  / Toma este vals, toma este vals:  / ahora es tuyo, es  /  todo lo que queda.” 

Leonard Cohen canta el “Pequeño vals vienés”, de Federico García Lorca

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Epistolarios

fernández buey 2La mejor manera de llegar a conocer al Gramsci íntimo es, desde luego, sumergirse en su epistolario. Quien quiera hacerlo con sensibilidad y respeto por la tragedia del hombre tendrá que solventar preliminarmente dos reservas del propio Gramsci.

La primera es que muchas de las cartas que escribió desde la cárcel tenían que pasar por la censura: él lo sabía; sabía que en cierto modo esto las hacía “públicas” y en consecuencia reduplicó durante esos años (1927-1933) su ya notable contención sentimental adoptando a veces el lenguaje de Esopo. Para descifrar ese lenguaje el estudioso y el lector atento tienen que acudir a veces a otras fuentes (testimonios de los familiares y amigos dentro y fuera de la cárcel).

La segunda reserva tiene que ver con la declaración del preso, explícita en alguna de las cartas desde la cárcel pero avanzada ya en otros momentos anteriores, según la cual él mismo sentía una invencible aversión a la epistolografía.

De estas dos cosas juntas el lector no alertado podría deducir apresuradamente que el material disponible será escaso y que en las cartas conservadas va a encontrar muy pocas referencias a la vida privada de un hombre cuya principal dedicación desde los veintitantos años fue la política. Pero en realidad no es así. Se han conservado alrededor de setecientas cartas de Antonio Gramsci. De ellas casi doscientas están escritas entre sus años de estudiante (en Cagliari y en Turín) y el otoño de 1926, momento en que fue detenido por la policía fascista. Otras quinientas fueron redactadas desde las distintas cárceles y sanatorios por los que pasó como preso político hasta su muerte en 1937.

La gran mayoría de las cartas escritas por Gramsci desde Cagliari y Turín, entre 1908 y 1914, están dirigidas a familiares: a los padres y hermanas. Entre 1914 y 1919 esa correspondencia decae y sus cartas a la familia se hacen muy esporádicas. Del bienio revolucionario de 1919-1921 se han conservado poquísimas cartas. Probablemente en esos años de gran actividad política Gramsci tuvo a su lado a la mayoría de las personas con las que quería comunicarse: consejistas y compañeros de L´Ordine Nuovo. Pero es seguro que escribió más cartas que las que se han conservado, sobre todo de contenido político y sindical. En cualquier caso, el epistolario se hace mucho más denso y mucho más interesante a partir de su estancia en Moscú, en 1922, donde conoció a Julia Schucht, durante los cinco meses que vivió en Viena trabajando para el partido comunista de Italia en la Internacional Comunista y luego, ya de regreso a Italia, en Roma (desde mayo de 1923 hasta noviembre de 1926). La correspondencia desde Moscú (noviembre de 1922 a noviembre de 1923) y sobre todo desde Viena (hasta mayo de 1924) y Roma (1924-1926) suma aproximadamente dos tercios de todas las cartas que Gramsci escribió antes de ser detenido y encarcelado.

Se han conservado casi quinientas cartas escritas por Gramsci desde noviembre de 1926 hasta 1937, pocos meses antes de su muerte. Aunque estas cartas se conocen habitualmente con el nombre de “cartas de la cárcel” no todas ellas fueron escritas propiamente desde las distintas prisiones por las que Gramsci pasó desde su detención. Unas cuantas fueron redactadas desde el destierro en la isla de Ustica, lugar al que fue trasladado junto con otros militantes antifascistas a la espera del juicio y donde Gramsci vivió, vigilado, en una casa particular (diciembre de 1926 – enero de 1927). Otras muchas fueron escritas desde las clínicas a las que fue enviado, ya muy enfermo, desde finales del año 1933: la clínica del doctor Cusumano, en Formia (de diciembre de 1933 a agosto de 1935) y la clínica Quisisana, de Roma, en la que permaneció en libertad condicional desde esa última fecha hasta muy poco antes de morir, en abril de 1937. De estas casi quinientas cartas, la mayoría de las escritas desde la cárcel de Turi de Bari están dirigidas a la cuñada, Tatiana Schucht (una parte de ellas también para Julia o con la intención de que fueran conocidas por Piero Sraffa, el amigo economista que hacía de enlace con la dirección del partido comunista); muchas de ellas están dirigidas a la mujer, Julia Schucht, y a los hijos, Delio y Giuliano (los dos, con la madre, en Moscú). Un número mucho más reducido del epistolario de ese periodo está formado por cartas dirigidas a la madre (que murió en Ghilarza en diciembre de 1932, aunque Gramsci no lo supo hasta bastante tiempo después), al hermano Carlo y a otros parientes.

Por razones obvias (teniendo en cuenta la acusación por la que Gramsci había sido juzgado y encarcelado, y la ilegalización del partido comunista por el fascismo mussoliniano) Gramsci apenas podía escribir directamente desde la cárcel a los amigos políticos. Casi todas las cartas que escribió a éstos entre 1927 y 1935 se han perdido. A partir de 1934 el epistolario con su principal corresponsal, Tatiana Schucht, decae debido al hecho de que ésta y Piero Sraffa podían visitar periódicamente a Gramsci en la clínica, de manera que casi todas las cartas desde esa fecha hasta 1937 están dirigidas a los familiares que vivían en la URSS, a la mujer y a los hijos.

En estas cartas (y en numerosos testimonios) se han basado las dos biografías más completas de Antonio Gramsci publicadas hasta la fecha, la de Giuseppe Fiori y la de Aurelio Lepre. El hermoso retrato que Fiori hizo en los años sesenta de la personalidad de Gramsci es tan preciso como sensible. Muy probablemente en su biografía está en lo esencial para captar el carácter de Gramsci y las circunstancias que modelaron este carácter. Debe tenerse en cuenta, no obstante, que las ediciones que pueden considerarse ya prácticamente definitivas de la correspondencia de Gramsci se han publicado más tarde, en la década de los noventa, y que estas ediciones incorporan varias piezas relevantes para la mejor comprensión de algunos aspectos discutidos de la personalidad de Gramsci y sobre su relación con las personas a las que más quiso y con el grupo dirigente del partido comunista desde 1926 a 1937. La biografía de Lepre tiene en cuenta estas novedades e incorpora los resultados del trabajo de investigación llevado a cabo por otros autores (Paolo Spriano, Valentino Gerratana, Antonio A. Santucci y Aldo Natoli, principalmente) sobre los últimos años de la vida de Gramsci. El propio Fiori, en ensayos publicados en las últimas décadas, ha matizado y actualizado algunas conjeturas de su biografía tanto en lo relativo a las opiniones de Gramsci sobre la política comunista posterior a 1926 como en lo que hace a la complicada y a veces agria relación que desde la cárcel mantuvo con sus íntimos. Seguir leyendo ANTONIO GRAMSCI: AMOR Y REVOLUCIÓN (I). FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

PALABREO DE LA TRAICIÓN. LUIS BRITTO GARCÍA

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LUIS BRITTO GARCÍA

1

El más incondicional   discípulo. El  más fiel entre los fieles. El que  más  se daba golpes de pecho. El más apresurado en preguntar: ¿Seré yo, señor? El más devoto al besar al Maestro al que vendió  por treinta dineros. El Dios del traidor es el provecho.

2

La cautiva, colchón de todos los captores. La esclava que por haberlo sido de tantos pueblos sabía tantas lenguas y pudo aprender la de los más brutales secuestradores. La Malintzin,  reposo del guerrero acorazado y maloliente mientras éste exterminaba  a sus congéneres. La Malinche, o Marina, así bautizada por sus últimos amos y por los cronistas que guardarían su nombre para la eterna infamia. La despojada de todo, incluso de una patria y de una lealtad y de su honor, única insultada y baldonada mientras los totonacas, los tlaxcaltecas, los cholultecas, los pueblos enteros que hicieron causa común con los españoles para vencer a los aztecas y convertirse en esclavos son misericordiosamente honrados y compadecidos. Gran parte de la conquista de América se realizó gracias a la colaboración de pueblos originarios que creyeron obtener alguna ventaja destruyendo a sus congéneres.  El traidor es quien despoja  al humano de todo aquello a lo que hubiera podido ser fiel.

3

En noviembre de 1826 el Libertador, que marcha  a Venezuela a disuadir a Páez de una posible rebelión, juega en Boyta una partida de tresillo con Francisco de Paula Santander. La suerte o la adulancia hacen que el prócer gane algunos centavos, que se guarda con el irónico comentario: “Si así continúo seré dueño del empréstito”. Santander palidece. El Padre de la Patria le advierte así  que conoce sus turbios manejos con la Deuda Pública  que pesará como una lápida sobre nuestras nacientes Repúblicas. De allí al atentado contra Bolívar en septiembre de 1828, al asesinato de Sucre y a la disolución de la Gran Colombia no hay más que tres pasos. Más costosa que la corrupción son las felonías  para ocultarla.

4

El desleal  es el siempre derrotado. El que no pudo acabar con su adversario en el frente de combate. El que ni siquiera apoyado por toda la tropa de la oligarquía y a veces de los gringos pudo ganar de frente. Así viene la bala que acaba con el General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora, con Emiliano Zapata, con el General de Hombres Libres Augusto César Sandino. El alevoso siempre dispara por la espalda.

 5

Acosado por las derechas y por Estados Unidos, el socialista Salvador Allende nombra ministro de la Defensa al más fiel representante de un ejército de castas: César Augusto Pinochet. Más fácil es asesinar a un Presidente electo que a una casta hereditaria.

6

El más ortodoxo, el más rojo rojito, el comunista de comunistas Boris Yeltsin es elegido Presidente por el Soviet Supremo, el cuerpo representativo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.  Cuando el recién elegido Presidente aplica medidas neoliberales, el pueblo protesta y el Soviet amenaza destituirlo; Boris manda cañonear al uno y al otro y disuelve la Unión Soviética en contra de la voluntad del 80%  de sus habitantes. Siguen décadas de desastre, al cabo de las cuales 55% de la población declara que prefería vivir como comunista. No hay enemigo pequeño, sobre todo si finge ser amigo.

7

El más adepto seguidor. El más sumiso  vicepresidente. El más incondicional  de la Alianza País. El elegido por los votos de los seguidores de Correa. Al llegar al poder inicia un proceso de  persecución legal e ilegal contra el Presidente al cual sirvió. De amnistía fiscal para que los ricos no paguen impuestos. De  entrega  al Fondo Monetario Internacional. De negación de derechos para los trabajadores. De retiro de las organizaciones internacionales progresistas. De revocación del asilo político para Julián Assange. De solicitud de intervención conjunta contra Venezuela.  De complicidad con  sobornos en el caso Odebrecht. Al extremo de que Rafael Correa apostrofa: “De ahora en adelante, a nivel mundial la canallada y la traición podrán ser resumidas en dos palabras: Lenín Moreno”. El traidor sólo destruye lo que se ha puesto en sus manos.

Cría incondicionales: te sacarán los ojos.

PD: Desde el apagón mis teléfonos 0212 9914261 y 0212 9910206 reciben llamadas a veces pero no pueden hacerlas, y tampoco funciona su buzón de mensajes. Ojala alguien leyera esto y cumpliera el milagro de arreglarlos.

(TEXTO/FOTO: LUIS BRITTO)

Fuente: BLOG DEL AUTOR

SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA. LUIS BRITTO GARCÍA

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LUIS BRITTO GARCÍA

El adversario intenta arrebatarnos hasta la luz;  esclarezcamos el panorama de lo posible.

Vuelve Venezuela a estar en condiciones de determinar su propio destino, el de América Latina y el del mundo.

El destino  económico del planeta depende de la energía fósil, que mantiene funcionando el sistema productivo, y del oro, único respaldo real del sistema monetario.

Venezuela es el país con mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, con 302.810 millones de barriles. Le siguen en orden decreciente Arabia Saudita, Canadá, Irán, Irak,  Kuwait, Emiratos Árabes, Rusia, Libia, Nigeria, Kazajistán, y Estados Unidos, en un melancólico puesto 12, con 36.520 millones, apenas algo más de la décima parte de las reservas de Venezuela, muy poco para el mayor consumidor de energía fósil del planeta.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) calcula para 2014 que en el planeta habría 1.65 billones de barriles (2014), y que si se mantuviera la producción de 83 millones de barriles al día, quedaría petróleo apenas para unos 54 años  contados desde esa fecha. (https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_proven_oil_reserves)

Quien controle esas reservas  controlará el mundo.

El sistema financiero global fundado en un dólar  no  respaldado por nada salvo por la obligación de los exportadores de petróleo de recibir el pago en papel verde, está a punto de ser sustituido por el de otra moneda que, como el yuan, esté respaldada en oro.

El 15 de diciembre de 2018 Víctor Cano, Ministro del Desarrollo Minero Ecológico, declaró que “Sólo en el área cuatro del Arco Minero del Orinoco, estamos estimando que existan 8 mil toneladas de oro inferido. Tenemos certificadas 2.300 toneladas de esas 8 mil. Eso nos colocaría como la segunda reserva de oro del mundo, pero podríamos ser la primera”. (https://www.conelmazodando.com.ve/venezuela-podria-tener-la-reserva-de-oro-mas-grande-del-planeta)

Quien controle el oro controlará el sistema financiero global.

Por no agobiar al lector no añadimos un inventario de las demás riquezas del país, comenzando por la energía hidroeléctrica de Guayana, el agua, la biodiversidad, el hierro, el aluminio, el coltán, el cobre, el torio, sin omitir una espléndida fuerza de trabajo de 14.167.281 personas, casi la mitad de la población, de la cual  unos 6.274.817 son trabajadores intelectuales, y 2.267.003 específicamente califican como profesionales, técnicos y afines.

Gracias a estas riquezas, Venezuela puede ser dueña de  su propio destino, o esclava de quien se las robe.

Que conservemos  las riquezas que asegurarían el destino  del mundo, de nuestro país y de la integración latinoamericana depende de que mantengamos la coherencia interna necesaria para defenderlas.

Esta coherencia por lo pronto no parece vulnerable ante un ataque externo. Las advertencias de China y de Rusia, respectivamente  primera potencia económica y militar  del planeta, han paralizado la intervención armada estadounidense directa o mediante país títere: si no la han ejecutado, es porque ha dejado de ser  factible.

Esa cohesión tampoco parece vulnerable al ataque violento interno. En dos décadas la oposición ha intentado todo, desde el golpe de Estado hasta el magnicidio, desde la oleada terrorista al sabotaje, sin más resultado que fraccionarse y debilitarse cada vez más.

Esta coherencia es medida por lo menos una vez al año por el sistema electoral más perfecto del mundo, que ha realizado 24 consultas en el curso de dos décadas.

La única forma en que podríamos perderlo absolutamente todo es mediante la derrota electoral. El 6 de diciembre de 2015 evidencia que ésta es posible, y revela cómo podría producirse.

El pueblo podría abstenerse masivamente ante el empeoramiento de las condiciones de vida provocadas por el aumento incontenible e injustificado de precios, la desaparición masiva de bienes por las fronteras, la impunidad de la delincuencia económica, la inseguridad impuesta por bandas de paramilitares.

Si queremos controlar nuestro destino y en alguna forma el del mundo, no tenemos más que seguir cohesionados en la defensa de nuestras riquezas y de la redistribución igualitaria de ellas.

Si queremos depender de otros como esclavos y súbditos, la receta es sencilla: sigamos dejando que el oligopolio de una docena de parásitos  mate de hambre al pueblo con precios incontrolados, que un hampa impune de “bachaqueros” siga desviando en provecho propio los bienes subsidiados destinados a las masas, que un puñado de ratas continúe hambreándolo con  el contrabando de extracción, que  ineptos o cómplices lo sepulten permitiendo la proliferación de terroristas paramilitares, hasta que el elector hastiado retire su apoyo al sistema político y de Venezuela no quede más que un agregado confuso de botín y falsos positivos.

Antes de que  tantos sean inmolados para satisfacer la vileza de tan pocos, actuemos para defender los derechos de todos.

Fuente: BLOG DE LUIS BRITTO GARCÍA 

‘HOMBRES Y NO COSAS’. PRIMO LEVI

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ELIAS CANETTI , PRIMO LEVI y GILLES DELEUZE

Para ser breve, diría que la supervivencia sobre los demás es para mí el núcleo del sentimiento de poder; y estoy hablando de supervivencia concreta, física, del momento en que se siente uno vivo ante una persona que yace golpeada por la muerte. En ese preciso instante, a una persona se le pasan muchas cosas por la cabeza; primero se tiene miedo, pero también puede ocurrir que se reaccione con indiferencia. Poco a poco, sin embargo, se abre paso, sin que muchas veces llegue uno a confesárselo a sí mismo, un sentimiento de satisfacción por seguir con vida y no haber sido alcanzado por la muerte. En ese sentimiento de satisfacción por haber sobrevivido reside para mí el núcleo del sentimiento del poder. No podemos evitar ese sentimiento, dado que sobrevivimos constantemente a otras personas; pero la forma en que ese sentimiento se asume probablemente sea el más difícil de los problemas morales. La solución que cada individuo da a ese problema es absolutamente decisiva para su valor como ser moral. Quien se conforma fácilmente con la idea de sobrevivir a los demás no puede, a mis ojos, hacer verdaderos progresos morales. Pero no sólo existen aquellos que se confirman fácilmente con eso, también los hay que comprenden con rapidez que la supervivencia puede ser una herramienta para alcanzar un determinado fin, que la supervivencia se puede acumular, que se pueden tener cada vez más muertos a los pies y que del sentimiento de superioridad que emana de ello surge un creciente poder. Y creo que eso es lo que ocurre en la mente del déspota. He analizado en detalle ese sentimiento, he reunido un material importante al respecto. Napoleón, cuya biografía leí siendo aún muy niño, siempre ha formado parte para mí de aquellos hombres a los que no sólo les era indiferente, sino que les resultaba necesario librar guerras, hacer combatir a otros hombres, emprender sin cesar contiendas que, naturalmente, aumentaban su poder cuando vencía, pero que de todos modos le procuraban un sentimiento de supervivencia aun cuando no ganaba. Habría mucho que decir al respecto. Más tarde, cuando analicé más a fondo la personalidad de Napoleón, mi desconfianza hacia los hombres ansiosos de poder se vio confirmada por la descripción de sus últimas semanas en Santa Helena. Allí se ve cómo se aproxima a su propia muerte con espanto inaudito, y es como si ese hombre, responsable de la muerte de cientos de miles de personas, sintiera realmente por primera vez lo que era la muerte. Para mí, lo contrario de esos supervivientes que disfrutan con la muerte de otros son aquellos que no quieren sacrificar ni una sola vida, sino que, al contrario, procuran conservarla. Ése quizá sea uno de los pocos medios que puedo imaginar para superar el horror de la supervivencia, el pecado (empleo conscientemente la palabra pecado) de la supervivencia; hacer algo para mantener por más tiempo con vida a las personas junto a las que se ha vivido. Eso fue exactamente lo que hizo Stendhal. Lo hizo de una manera muy personal. De hecho, en sus libros se refleja, más que en muchos otros autores, cuanto lo rodeó en su vida; sus novelas están llenas de personajes que fueron parte de su vida y a los que se reconoce con facilidad. Están sus libros autobiográficos. Y todo lo que un día representó su vida, todas las personas que formaron parte de ella, incluso a aquellas a las que odió, como su padre, siguen hoy realmente presentes. Hizo lo contrario de los poderosos, de esa tipología de supervivientes; y yo lo quiero y lo venero por ello.

Elias Canetti
Conversación con Gerald Stieg, 1980

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El hecho de haber sobrevivido y de haber vuelto indemne se debe en mi opinión a que tuve suerte. En muy pequeña medida jugaron los factores preexistentes, como mi entrenamiento para la vida en la montaña y mi oficio de químico, que me acarreó algún privilegio durante mis últimos meses de prisión. Quizás también me haya ayudado mi interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano y la voluntad no sólo de sobrevivir (común a todos), sino de sobrevivir con el fin preciso de relatar las cosas a las que habíamos asistido y que habíamos soportado. Y finalmente quizás haya desempeñado un papel también la voluntad, que conservé tenazmente, de reconocer siempre, aun en los días más negros, tanto en mis camaradas como en mí mismo, a hombres y no a cosas, sustrayéndome de esa manera a aquella total humillación y desmoralización que condujo a muchos al naufragio espiritual.

Primo Levi
Si esto es un hombre
Apéndice de 1976

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Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre. El hombre que lo ha dicho, el artista, el escritor que lo ha dicho con mayor profundidad es Primo Levi. Sabe hablar de esa vergüenza de ser hombre y lo hace a un nivel enormemente profundo, porque lo hace tras volver de los campos de exterminio. Dice: “Sí, cuando fui liberado, lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre”. Se trata de una frase espléndida, muy bella, y a la vez no es algo abstracto: la vergüenza de ser hombre es algo muy concreto. Y no quiere decir las tonterías que podrían hacerle decir. No quiere decir “somos todos asesinos”, no quiere decir “somos todos culpables por el nazismo”. Se trata de un sentimiento complejo, no de un sentimiento unificado, y significa, primero, ¿cómo es posible que hombres hayan podido hacer eso? Y, en segundo lugar, ¿cómo es posible que a pesar de ello yo haya transigido? No me he convertido en un verdugo, pero no obstante he transigido bastante para sobrevivir. Y en tercer lugar una cierta vergüenza, propiamente dicha, de haber sobrevivido en lugar de algunos amigos que, por su parte, no sobrevivieron. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre es un sentimiento extraordinariamente compuesto.

Y creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo: cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre no cesa de encarcelar.

Gilles Deleuze
Abecedario con Claire Parnet

Fuente:”La vergüenza de ser hombre”, Primo Levi, CALLE DEL ORCO

ANA CAIRO BALLESTER: PALABRAS EN EL CINCUENTENARIO DE ‘BIOGRAFÍA DE UN CIMARRÓN’, DE MIGUEL BARNET

Duele y dolerá la ausencia de Ana Cairo Ballester en la cultura cubana. La recuerdo en  algunos debates en la UNEAC hace varios años, en la penúltima edición de la Feria del Libro, en los Jueves y otros actos de la revista Temas; la recuerdo entrando y saliendo de la Escuela de Letras con el ímpetu de un arroyo en crecimiento, torrencial a veces, y conversando en la presidencia del ICAIC sobre asuntos de y para el cine cubano. La recuerdo y veo tan vital que nunca podré imaginar su muerte. Ella, que fue profesora y, al mismo tiempo, colegiala inconforme; ella, que jamás calló verdades y siempre fue leal a su Patria. Los estudios cubanos de Ana perdurarán en el tiempo y en la memoria de sus muchos lectores y discípulos. Al recordarla viva, como debiera ser, vuelvo sobre estas palabras suyas, pronunciadas en el panel con motivo de los 50 años de Biografía de un Cimarrón, la célebre novela de Miguel Barnet, en el Pabellón Cuba, el 24 de febrero de 2016. Queden con Ana.

ANA CAIRO BALLESTER

Hoy es 24 de febrero, aniversario del inicio de la Revolución de 1895. Creo que el día se ha escogido muy bien, porque Esteban Montejo, el protagonista de este libro, fue también un combatiente del Ejército Libertador. De este modo, realizamos un homenaje a esos miles de hombres humildes que formaron parte de nuestro Ejército Libertador.

Pienso que el libro de Barnet es esencialmente patriótico. José Martí escribió que “El patriotismo es de cuantas se conocen hasta hoy la levadura mayor de todas las virtudes humanas” [1].

El sentido más fecundo que puede tener el patriotismo es cuando se siente, cuando te emociona y no se dice, cuando no se recalca.

La novela de Barnet enseña a entender al pueblo de Cuba, en su diversidad, en sus contradicciones, en los modos de verse a sí mismo y valorarse en distintos momentos de su historia. Además, quisiera hoy recordar una experiencia que ha sido muy rara, excepcional, en la historia de la intelectualidad cubana.

Barnet es un hombre con mucha suerte. Quizá los santeros dirían que tiene buen aché. En estos días él ha logrado disfrutar la singular emoción de asistir al cincuentenario de la publicación de su novela. Como soy profesora de literatura, evoco al gran poeta, narrador y dramaturgo alemán Goethe, quien, en 1825, festejó el mismo aniversario de su famosa novela romántica Las cuitas del joven Werter.

La novela de Barnet enseña a entender al pueblo de Cuba, en su diversidad, en sus contradicciones, en los modos de verse a sí mismo y valorarse en distintos momentos de su historia.

Goethe escribió y difundió un poema. No sé si Barnet terminará haciendo en estos días un poema a esa situación de extrañeza —evocando a José Lezama Lima— de ver que un libro suyo alcanzó la plena autonomía. Siempre recuerdo a Juan Pérez de la Riva cuando afirmaba que cada libro publicado era una especie de hijo que salía a correr una aventura por el mundo. Me parece muy importante el hecho de que un libro alcance trascendencia precisamente porque ha resistido la prueba del tiempo. Goethe y Barnet tuvieron la experiencia similar de descubrir que desde la primera edición ya el libro comenzaba a recepcionarse como un clásico, adjetivo que sintetizaba un interés mundializado.

Alejo Carpentier leyó el mecanuscrito de Biografía de un cimarrón. Felicitó al joven narrador, quien gestó una obra que se hermanaba con El reino de este mundo (1949). Estuvo entre los primeros en reconocer que Biografía… nacería como libro y ya pertenecería al linaje de nuestros clásicos.

Foto: Yander Zamora

El año 1966 fue muy importante para la literatura cubana. Propongo que en algún momento nos reunamos para festejar el cincuentenario de Paradiso, la gran novela de José Lezama Lima.

A los pocos días de la publicación de Paradiso, Lezama concedió una entrevista a Salvador Bueno en la que expresó su sorpresa y entusiasmo porque la tirada se había vendido completa. Rápidamente devino un clásico. En particular, esa edición ha sido muy cotizada por los bibliófilos nacionales y extranjeros. Amigos de Lezama, quienes tenían ejemplares con dedicatorias, sufrieron lamentables robos.

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LOS MISIONEROS QUE PREDICAN LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA EN CUBA (III). ABEL PRIETO

Los “nostálgicos” de La Habana de los 50

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ABEL PRIETO

ABEL 1Muchos de los misioneros procapitalistas cultivan la “nostalgia” por una espléndida Cuba prerrevolucionaria que nunca existió. Se han especializado en la Habana de los 50, ciudad de hoteles fastuosos, cubierta de luces, con cabarets, música, casinos, con una vida nocturna digna de las grandes capitales del mundo, con un turismo VIP proveniente de Hollywood. Es la Habana rebosante de eso que llaman “glamour”, es decir, de seducción, de encanto irresistible.

Graziella Pogolotti se refirió en su columna semanal de Juventud Rebelde a “La Habana combatiente” y recordó a aquellos jóvenes, muy jóvenes (la mayoría no había cumplido 20 años), que fueron salvajemente torturados y asesinados por los cuerpos represivos de Batista, precisamente en “los dorados 50”. Esos crímenes, nos dice Graziella, formaban parte del rostro oculto de la Habana, desconocido por los turistas que venían los fines de semana a clubes y casinos.

Los “nostálgicos”, por supuesto, no recuerdan la ciudad ensangrentada por la tiranía. Tampoco recuerdan la masa de indigentes, mendigos, niños hambrientos, sin escuelas ni hogar. Ni los prostíbulos. Ni la droga. Ni la presencia de la Mafia.

Esos “padrinos”, por cierto, se aliaron con el dictador y sus acólitos y con poderosos empresarios yanquis para convertir la Habana en lo que sería después las Vegas. En esta ciudad no iba a quedar en pie nada de valor patrimonial, nada de lo que ha restaurado amorosamente Eusebio; porque iban a convertirla sin remedio en una Disneylandia de ruletas, póker, bacará (tan frecuente en la saga de James Bond), blackjack, máquinas “tragamonedas”, letreros de neón, prostitutas, prostitutos y todo lo que pueda desear un pervertido con dinero.

Por eso dije en un tuit (y lo repito ahora) que a la Habana la salvó la Revolución. Por muchos viejos edificios que haya que reconstruir, hoy tenemos una ciudad “a escala humana”, como decía Lezama, que no ha sufrido la agresión del boom inmobiliario propiciado por el lavado de dinero y no dirigido a solucionar los problemas de la gente. El hecho es que los mafiosos tuvieron que mudarse con sus proyectos a las Vegas. El auge de las Vegas, de la llamada “ciudad del pecado”, se debe al triunfo de 1959. Esto no es en lo absoluto una idea mía. Varios investigadores (en especial Enrique Cirules) han demostrado hasta la saciedad el destino funesto que se estaba tejiendo para nuestra capital.

La manipulación de la historia de Cuba por los misioneros procapitalistas va más allá. Algunos han pretendido “lavar” la imagen de una criatura tan abominable como Batista. Cada una de esas maniobras requiere ser desmontada con argumentos, con pruebas, con razones. Dejémosle a ellos el insulto. No tienen nada más.

Fuente: EL VUELO DEL GATO

LOS MISIONEROS QUE PREDICAN LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA EN CUBA (I) 

LOS MISIONEROS QUE PREDICAN LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA EN CUBA (II)