Archivo de la categoría: Pensamiento

EL SOCIALISMO EN AMÉRICA DEBE SER CREACIÓN HEROICA. JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI

Amauta llega con este número a su segundo cumpleaños. Estuvo a punto de naufragar al noveno número, antes del primer aniversario. La admonición de Unamuno –«revista que envejece, degenera»– habría sido el epitafio de una obra resonante pero efímera. Pero Amauta no había nacido para quedarse en episodio, sino para ser historia y para hacerla. Encarar con esperanza el porvenir. De hombres y de ideas es nuestra fuerza.

La primera obligación de toda obra, del género de la que Amauta se ha impuesto, es esta: durar. La historia es duración. No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento. Amauta no es una diversión ni un juego de intelectuales puros: profesa una idea histórica, confiesa una fe activa y multitudinaria, obedece a un movimiento social contemporáneo. En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. (Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido nacionalista, pequeño burgués y demagógico).

Hemos querido que Amauta tuviese un desarrollo orgánico, autónomo, individual y nacional. Por esto, empezamos por buscar su título en la tradición peruana. Amauta no debía ser un plagio, ni una traducción. Tomábamos una palabra incaica, para crearla de nuevo. Para que el Perú indio, la América indígena, sintieran que esta revista era suya. Y presentamos a Amauta como la voz de un movimiento y de una generación. Amauta ha sido, en estos dos años, una revista de definición ideológica, que ha recogido en sus páginas las proposiciones de cuantos con títulos de sinceridad y competencia han querido hablar a nombre de esta generación y de este movimiento.

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HABLAR DE POESÍA. FINA GARCÍA MARRUZ

 

Con la publicación de fragmentos del artículo Hablar de la poesía, honramos a la destacada intelectual Fina García Marruz, gloria de nuestras letras y nuestra lírica, en el aniversario 95 de su natalicio, el próximo 28 de abril

FINA GARCÍA MARRUZ

Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente. Pero, de pronto, todo podía dar un giro, las cosas, sin abandonar su sitio, empezaban ya a estar en otro. La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido, sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida de lo evidente. (…)

Los espacios y vacíos del verso reflejaban bien aquel vacío, aquella irrupción. Un libro de verdadera poesía detenía el encantamiento. Salvo en aquellos instantes felices de sus súbitas visitas, la belleza misma parecía tener como una limitación. El mar que tenía delante de los ojos era solo aquel mar. En el misterioso deseo, en la nostalgia imprecisa, sentía una mayor intensidad de presencia. (…)

(…)
(…) Nunca he sentido la belleza como una cualidad que puedan tener o no tener las cosas, sino como su esencia constante sosteniéndolas, que puede revelárseme o no. Por esto la poesía y «lo poético» me parecen en realidad cosas antitéticas. Lo que encuentro «poético» está ya limitado por mi particular elección o propósito embellecedor. Es algo demasiado excluyente, caprichoso, temperamental. La belleza, o lo es todo, o sería la misma cosa que la injusticia.

Ahora siento menos que en la adolescencia ese imperio de la memoria y el deseo. El hoy humilde me parece el verdadero alimento. Pan nuestro de cada día, no lo excepcional, sino lo diario que no cansa, ni estraga, y que sustenta. Vivir en esa especie de disparadero del proyecto incesante, menudo o magno, escamotea muchas veces su maná precioso sosteniéndonos. Que ningún acto que realicemos en el día, ni aun el más modesto, sea mecánico. Que podamos tender la cama con la misma inspiración con que antes se iba a ver la caída del crepúsculo. La mujer que cose un roto, la que enciende el fuego, la que barre el polvo, contribuye también al orden del mundo, a la caridad más misteriosa: sirve a la luz. (…)

(…)
(…) Señalar fines a la poesía, por elevados que estos sean, es no comprender que el poeta ha de vivir dentro de ella como dentro de algo que lo excede y no que él maneja a su gusto, de modo que se puede decir que la poesía vive menos dentro de él que él dentro de la poesía, como creyó la vieja teología que no era el alma la que estaba dentro del cuerpo sino el cuerpo dentro del alma. Es porque la poesía no es otra cosa que el secreto de la vida, por lo que siempre escapará, es la noción de fin visible. (…)

(…)
Poeta es ese extraño cazador que solo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre. Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquel que no es como nosotros tiene quizá un secreto de nuestro hombre.

Si pudiéramos hablar de la poesía del mismo modo como ella calla su esencia sin proclamación. Todo poeta siente, al trabajar, que sus palabras son moldeadas por un vacío que las esculpe, por un silencio que se retira y a la vez conduce el hilo del canto, y toda su impotencia y toda su fuerza consiste en la necesidad de desalojar a ese único huésped necesario. El silencio es en la poesía, como en la naturaleza, un medio de expresión. La poesía vive de silencios, y lo más importante es, quizá, ese momento en que el pulso se detiene y va a la otra línea de abajo. (…) Poesía palabrera no es poesía. Cintio me recuerda siempre que la poesía no es decirlo todo sino decir la mitad, o más bien, sugerir una totalidad a través de un límite. (…)

En lo humano, he sentido siempre la poesía en aquellos raros seres capaces de darnos alegría, que no son siempre, necesariamente, los más alegres. (…)

 (…)
¿Quién sabe de qué fuente modesta e inatendida saca el hombre para siempre su decisiva elección del bien o del mal, el desinterés que preside el menor descubrimiento científico, o su ulterior sentido de la belleza? ¡Qué alta pedagogía la que respetase el tiempo libre, no programado, el único quizá, en que se aprenden las cosas que no se aprenden!

(…)

Si lo triste enriquece, contribuye también a la alegría. Lo que más nos importa, en las cosas y sobre todo en las personas, no son sus ideas, no son sus propósitos, por elevados que estos sean, sino su esencia misma, lo que emana de ellas involuntariamente, como el olor de la resina del tronco. Un enteco maestro, un puritano, puede hacer aborrecible la moral a un niño y un payaso en cambio despertarle su sentido del humor, de la compasión, de la simpatía, de la benevolencia. Se reza involuntariamente porque estas cosas no desaparezcan del mundo.

(…)

Todo poeta sabe que los poetas son los otros, los que no escriben versos, y no solo los servidores magnos (como recordaba el poeta Barnet), sino aun los más humildes, la hermana que cose en la habitación de al lado, la bocanada fresca que entra cada mañana cuando abrimos la puerta, el canario en el balcón. Una mujer que se sabe bella, ya lo es menos. Del mismo modo, nadie podría «sentirse» poeta sino por ese único punto en que deja de serlo, y quizá solo hemos sido verdaderos poetas en los raros instantes en que no nos dimos cuenta de ello.

Pensé iniciar estas palabras diciendo que yo no sé lo que es la poesía. (…).  A mis diecisiete años yo sabía muchísimas cosas más acerca de la poesía.

Como cualquier joven ignorante, lo sabía, naturalmente, todo. Recuerdo que escribí un tratado de unas cuarenta páginas del que ahora hubiera podido valerme si no fuera porque un pobre hombre, aprovechando mi previsible distracción, me robó la bolsa que contenía el voluminoso trabajo que solo pude reconstruir después en parte. Por desdicha mía y suya, en la bolsa tenía solo cinco centavos. Siempre compadecí a aquel ladrón que creyó encontrar algo con qué aliviar su miseria y solo halló una arrogante disertación sobre la poesía. Con qué aborrecimiento tiraría mis papeles a un rincón. Poesía sería para él un plato de sopa bien caliente, un colchón nuevo, un abrigo. Muchas veces imaginé el miserable cuartín en que debió haber abierto su desolado tesoro y me sentí maldecida por aquel desconocido que esperaba, sin duda, otra cosa mejor. Poder reparar de una vez por todas ese error, no defraudar de nuevo esa esperanza, siento que es lo único que nos daría a todos el derecho para volver a hablar de la poesía.

Fuente: Periódico Granma

MARTÍ, PROFETA Y FORJADOR. FIDEL CASTRO RUZ

Entre los cubanos de alma limpia hay un pacto simbólico: Martí es la idea del bien que nos une y nos alumbra. Fidel, discípulo preclaro del apostolado martiano, comprendió siempre el compromiso ético con el legado de El Maestro

FIDEL CASTRO RUZ

MARTÍ 1Obra Yugo y estrellas, de José Luis Fariñas.

FIDEL 1Martí, admirador de Bolívar, bolivariano hasta la médula, compartió con éste hasta la muerte su sueño de liberación y unión de los países de nuestra América: «…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber  –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso», escribió horas antes de su muerte en combate. Para nosotros, José Martí fue como un Sucre: al servicio de la libertad alcanzó con su pensamiento lo que el gran mariscal de Ayacucho alcanzó con su gloriosa espada.

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Guía y apóstol de nuestra guerra de independencia contra España, nos enseñó ese espíritu internacionalista que Marx, Engels y Lenin confirmaron en la conciencia de nuestro pueblo. Martí pensaba que «patria es humanidad», y nos trazó la imagen de una América Latina unida frente a la otra América imperialista y soberbia, «revuelta y brutal» –como él decía–, que nos despreciaba.

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Nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo.  En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada.  Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.

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Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje, la esclavitud y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal. Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de sus ­cenizas, como Ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

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Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

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¿Qué significa Martí para los cubanos?

En un documento denominado El Presidio Político en Cuba, Martí cuando apenas tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies, afirmó: «Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno».

Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

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Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.  ¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

(Fragmentos de discursos pronunciados por el Comandante en Jefe)

Fuente: Periódico Granma, 26 de marzo de 2018, La Habana, Cuba.

GOYA, PENSADOR. TZVETAN TODOROV

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TZVETAN TODOROV

TODOROV 2Goya no es sólo uno de los pintores más importantes de su tiempo. Es también uno de los pensadores más profundos, al mismo nivel que su contemporáneo Goethe, por ejemplo, o que Dostoyevski, cincuenta años después. Para sus primeros biógrafos, a mediados del siglo XIX, era evidente, aun cuando su interpretación del pensamiento de Goya fuera superficial. «Mezclaba ideas con sus colores», escribió Laurent Matheron en 1858. Charles Yriarte incide en el mismo sentido en 1867: «Debajo del pintor está el gran pensador que dejó huellas profundas […] El dibujo se convierte en idioma con el que formular el pensamiento». En cuanto a sus grabados, dice que poseen «el alcance de la más elevada filosofía». [1] Sin embargo, en el siglo siguiente, a la vez que se consolidaba la gloria de Goya como pintor, se adquirió la costumbre de contemplar con cierta condescendencia la aportación filosófica de este autodidacta, cuya mentalidad Ortega y Gasset describía como bastante similar a la de un obrero, y de cuyas cartas decía que eran propias de un ebanista. [2]

Goya dejó un dibujo con la leyenda Pobre y desnuda va la filosofía (GW 1398, fig. 1), que toma de un poema de Petrarca. En el dibujo vemos a una mujer joven, seguramente una campesina, cuya ropa indica su modesta condición. Es cierto que no va desnuda, pero sí descalza. Sujeta un libro abierto en la mano derecha, y otro, cerrado, en la izquierda. Su rostro es juvenil, algo ingenuo, y alza los ojos interrogantes al cielo. ¿Podría pues encarnarse la filosofía en personas sencillas, en gente descalza que nada sabe de estudios universitarios?

GOYA -POBRE Y DESNUDA VAS LA FILOSOFÍA
Fig. 1. Pobre y desnuda va la filosofía.

Goya rompe con aspectos decisivos de la tradición y anuncia el advenimiento del arte moderno. Por supuesto es ésta una valoración retrospectiva, por no decir anacrónica. Goya no ejerció influencia inmediata en el curso de la pintura en España, y todavía menos en pintores de otros países europeos. Fuera de España sólo empieza a ser conocido a partir de mediados del siglo XIX, décadas después de su muerte. No fue el estruendoso jefe de filas de un movimiento internacional de vanguardia, como Marinetti para el futurismo y Bretón para el surrealismo. Somos nosotros, los que vivimos en el siglo XXI, los que constatamos, cuando echamos un vistazo a la evolución de las artes plásticas en Europa en los últimos doscientos años, que durante ese periodo de la historia se produjo un cambio radical, y que Goya es el artista —no el único, es cierto, pero sí más que cualquier otro— que anticipó los nuevos caminos que se abrían a su arte y dio los primeros pasos en esa dirección.

Pero los cambios de esta envergadura no son, ni podrían ser, meramente formales. Esos cambios radicales no pueden tener su origen sólo en la imaginación de determinados individuos, por más que posean una sensibilidad artística excepcional. Aunque no son consecuencia directa de las profundas transformaciones que sufrió en aquella época la vida social, tienen que ver con ellas. La revolución pictórica que se pone de manifiesto en la obra de Goya forma parte de un movimiento que incluye la importante consolidación de la mentalidad ilustrada, la progresiva secularización de los países europeos, la Revolución francesa y la creciente popularidad de los valores democráticos y liberales. Esta convergencia nada tiene de fortuito. La pintura nunca ha sido un simple juego, un puro divertimento, un elemento decorativo arbitrario. La imagen es pensamiento, tanto como el que se expresa mediante palabras. Siempre es reflexión sobre el mundo y los hombres. Tanto si es consciente de ello como si no, un gran artista es un pensador de primera magnitud.  Seguir leyendo GOYA, PENSADOR. TZVETAN TODOROV

LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

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MARCO CORTÉS 

El capitalismo actual ha devenido en un capitalismo de consumo. Ha mutado en un mercado donde se transan, venden y acumulan emociones. A la economía actual no la constituye el valor de uso tanto como su valor emotivo. ¿No es precisamente en esta era, la de las mercancías inmateriales, cuando las emociones adquieren mayor importancia?

Las emociones cumplen una doble función, no sólo son mercancía, sino también medio de producción. Este nuevo mercado que nos arroja a un consumo constante hace transacciones con las emociones, pues sólo ellas pueden garantizar la productividad y el rendimiento no ya de los obreros, desechados por un capitalismo de tipo industrial, que tenía a la fábrica como modelo social, sino de los consumidores, con el centro comercial con sus vitrinas transparentes de exhibición permanente, como arquetipo social y personal. ¿Un acercamiento a la dictadura del proletariado? ¡Jamás! Convertir al obrero en consumidor, otorgarle la ilusión de la libertad, la de decisión y la felicidad que el pueda alcanzar. El mismo consumidor quien para su búsqueda incesante de la felicidad ve en lo racional el obstáculo de su “desarrollo personal”. De hecho, es interesante ver la forma como durante las décadas cuando más se impulsaron las medidas neoliberales en Occidente (los años 70 y 80 del siglo pasado) la economía también dio paso al despliegue de las emociones para explotar una especie de subjetividad liberada.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han afirma que efectivamente el neoliberalismo de nuestra era trae consigo nuevas técnicas de poder. Tomando como referencia la crítica marxista, y continuando aquella desplegada por el brillante francés Michel Foucault, afirma que nuestra era debe prescindir de la racionalidad porque esta es objetiva, general y permanente, opuesta a la situación subjetiva, situacional y volátil de la emocionalidad.

De hecho, los artefactos tecnológicos y el incremento exacerbado de las telecomunicaciones nos pulverizan cualquier tipo de “continuidad y construyen inestabilidad”. Y esta falta de certeza es terreno fértil para una economía de consumo que se alimenta de la obsolescencia programada en todos las esferas de nuestra vida. Nos cansamos de la misma pareja, necesitamos artefactos tecnológicos actualizados, incluso precisamos reinventarnos a nosotros mismos todo el tiempo. ¿Pero acaso no es propio del ser humano el cambio? Así es, ¿pero qué cuando ese cambio está basado en las necesidades que impone el mercado?

El capitalismo de consumo necesita generar emociones para estimular y crear necesidades en los compradores que aceleren la adquisición que maximice el consumo. En esta era, las necesidades no existen, se crean constantemente con los productos que la tecnología nos ofrece, que la imagen “hiperreal” que los mass media reproducen.  Seguir leyendo LA TIRANÍA DEL MERCADO DE LAS EMOCIONES. MARCO CORTÉS

LA PARTICIPACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA CONFORMACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA

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CAROLA GARCÍA* / CULTURA Y RESISTENCIA

La presencia de la publicidad en la sociedad contemporánea se vincula de manera estrecha a los procesos de producción social, cuyo núcleo central se establece en la vida cotidiana. Este artículo profundiza en la relación entre medios de comunicación, publicidad y vida cotidiana; considera las características de la sociedad de masas y la inserción de los procesos de producción así como la producción simbólica que se da en la publicidad. En particular, describe la manera en que los mensajes publicitarios operan en la vida cotidiana, en el consumo simbólico y su nexo con el consumo real.

  1. Introducción

Lo que sorprende es que el mundo estimulado, ofrecido por la publicidad no oculta su ser imaginario, su aspiración ideológica no es la de parecerse a la realidad, sino hacer que ésta se le parezca.2

La publicidad, con las características que guarda hoy en día, se ha convertido en una presencia obligada en las sociedades contemporáneas, de manera que pareciera prácticamente imposible sustraerse a su existencia, pues aparece en cada momento; de muchas formas se tiene conocimiento de ella, sale al paso, invade espacios públicos y también se inmiscuye en el espacio privado; se introduce en la casa, en el auto, con mensajes que vinculan marcas y productos con nuestra vida cotidiana y con formas de reconocimiento social que, más allá de su finalidad comercial y del consumo, ponen en juego una serie de asociaciones, representaciones, imágenes e imaginarios.  Seguir leyendo LA PARTICIPACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA CONFORMACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA

DE BOURDIEU, PARA LOS QUE SE CONFUNDEN FÁCILMENTE Y TODAVÍA NO SABEN QUÉ HA SIDO LA “RESTAURACIÓN NEOCONSERVADORA”

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«La política neoliberal puede juzgarse hoy por los resultados conocidos por  todos, a pesar de las falsificaciones basadas en manipulaciones estadísticas que quieren convencernos de que Estados Unidos o Gran Bretaña llegaron al pleno empleo: se alcanzó el desempleo en masa; apareció la precariedad y sobre todo la inseguridad permanente de una parte cada vez mayor de los ciudadanos, aun en las capas medias; se produjo una desmoralización profunda, ligada al derrumbe de las solidaridades elementales, incluidas las familiares, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc.; se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de ser conservadores arcaicos. A todo esto se agrega la destrucción de las bases económicas y sociales de los logros culturales más preciados de la humanidad. La autonomía de los universos de producción cultural respecto del mercado, que no había cesado de crecer a través de las luchas y sacrificios de los escritores, artistas y sabios, se halla cada vez más amenazada. El reino del «comercio» y de lo «comercial» se impone más y más en la literatura (sobre todo por la concentración de la edición, sometida a las restricciones del beneficio inmediato), en el cine (podríamos preguntarnos qué será del cine experimental y de los productores de vanguardia en diez años si no se les ofrecen medios de producción y sobre todo difusión), y ni hablemos de las ciencias sociales, condenadas a obedecer los mandatos directamente interesados de las burocracias de empresas o del Estado o a morir por la censura del dinero.»

PIERRE BOURDIEU
(1930-2002)

5. El neoliberalismo como revolución conservadora [21]

Agradezco al Instituto Ernst Bloch, a su director, Klaus Kufeld, a la ciudad de Ludwigshafen, a su intendente, Wolfgang Schulte y a Ulrich Beck, por su laudatio generosa que me lleva a creer que podremos, algún día no muy lejano, ver realizada la utopía del intelectual colectivo europeo por la que hace tanto tiempo lucho.

Soy consciente de que el honor de ser puesto bajo la égida de un gran defensor de la utopía, ahora desacreditada, maltratada y ridiculizada en nombre del realismo económico, me incita y me autoriza a intentar definir lo que puede y debe ser hoy el rol del intelectual, en su relación con la utopía y en particular con la utopía europea.

Vivimos una era de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora reviste una forma inédita: no se trata, como en otros tiempos, de invocar un pasado idealizado, a través de la exaltación de la tierra y la sangre, temas agrarios, arcaicos. Esta revolución conservadora es algo nuevo, apela al progreso, la razón, la ciencia —por ejemplo, la economía— para justificar la restauración e intenta así desplazar al pensamiento y la acción progresista hacia el arcaísmo. Convierte en normas de todas las prácticas, y por lo tanto en reglas ideales, las regularidades reales del mundo económico abandonado a su propia lógica, la llamada ley del mercado, es decir, la ley del más fuerte. Aprueba y glorifica el reino de los mercados financieros, o sea el retorno a una suerte de capitalismo radical, sin más ley que la del beneficio máximo, capitalismo sin freno ni disimulos pero racionalizado, llevado al límite de su eficacia económica gracias a las formas modernas de dominación —como el management— y a las técnicas de manipulación —como las encuestas, el marketing y la publicidad.

Si esta revolución conservadora confunde es porque ya no tiene nada de aquellos movimientos conservadores de 1930; adopta todas las poses de la modernidad. ¿Acaso no proviene de Chicago? Galileo decía que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Hoy nos quieren hacer creer que es el mundo económico y social el que puede resolverse con ecuaciones. Gracias a las matemáticas —y al poder mediático—, el neoliberalismo se ha convertido en la forma suprema de la sociodicea conservadora que se anunciaba desde fines de los ’60 bajo el rótulo de «fin de las ideologías» o, más recientemente, de «fin de la historia».

Aquello que nos proponen como horizonte insuperable del pensamiento —es decir, el fin de las utopías críticas— no es otra cosa que un fatalismo económico. Y recordemos la crítica que Ernst Bloch formulaba contra lo que había de economicismo y fatalismo en el marxismo: «El mismo hombre —es decir, Marx— que despejó de la producción todo carácter fetichista creyó analizar y exorcizar todas las irracionalidades de la historia como si fueran simples oscuridades surgidas por la situación de clase, por el proceso de producción, oscuridades que no habían sido vistas ni comprendidas. El mismo hombre que expulsó de la Historia todos los sueños y utopías, todo telos [22] proveniente del ámbito religioso, con las “fuerzas productivas” y el cálculo del “proceso de producción” se comporta del mismo modo constitutivo, panteísta y místico; recupera en última instancia la misma potencia determinante que Hegel había reivindicado para la “Idea” o Schopenhauer para su “Voluntad” alógica [23]».

Este fetichismo de las fuerzas productivas reaparece hoy, paradójicamente, en los profetas del neoliberalismo, en los grandes sacerdotes de la estabilidad monetaria y del deutschmark. El neoliberalismo es una teoría económica poderosa, que gracias a su fuerza simbólica duplica la fuerza de las realidades económicas que pretende expresar. Revalida la filosofía espontánea de los dirigentes de las grandes multinacionales y de los agentes de las grandes finanzas, en especial la de los administradores de los fondos de pensión. Es una doctrina coreada en todo el mundo por políticos y altos funcionarios nacionales e internacionales pero muy especialmente por grandes periodistas, casi todos indoctos en la teología matemática fundamental que se transforma en una suerte de creencia universal, un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o mejor dicho la difusa vulgata que nos proponen bajo el nombre de liberalismo, está compuesta por un conjunto de palabras mal definidas —«globalización», «flexibilidad», «desregulación», etc.— que gracias a sus connotaciones liberales o libertarias pueden ayudar a darle una fachada de libertad y liberación a una ideología conservadora que se presenta como contraria a toda ideología.

De hecho, esta filosofía no conoce ni reconoce otro fin que no sea la creación incesante de riquezas y, más secretamente, su concentración en manos de una pequeña minoría de privilegiados; conduce por lo tanto a combatir por todos los medios —incluido el sacrificio de los hombres y la destrucción del medio ambiente— cualquier obstáculo contra la maximización del beneficio. Los partidarios del laissez-faire —Thatcher, Reagan y sus sucesores— se cuidan bastante de «dejar hacer», y para abrir el campo a la lógica de los mercados financieros deben emprender la guerra total contra los sindicatos, las conquistas sociales de los siglos pasados, en fin, contra toda la civilización asociada al Estado Social.

La política neoliberal puede juzgarse hoy por los resultados conocidos por todos, a pesar de las falsificaciones, basadas en manipulaciones estadísticas, que quieren convencernos de que Estados Unidos o Gran Bretaña llegaron al pleno empleo: se alcanzó el desempleo en masa; apareció la precariedad y sobre todo la inseguridad permanente de una parte cada vez mayor de los ciudadanos, aun en las capas medias; se produjo una desmoralización profunda, ligada al derrumbe de las solidaridades elementales, incluidas las familiares, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc.; se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de ser conservadores arcaicos. A todo esto se agrega la destrucción de las bases económicas y sociales de los logros culturales más preciados de la humanidad. La autonomía de los universos de producción cultural respecto del mercado, que no había cesado de crecer a través de las luchas y sacrificios de los escritores, artistas y sabios, se halla cada vez más amenazada. El reino del «comercio» y de lo «comercial» se impone más y más en la literatura (sobre todo por la concentración de la edición, sometida a las restricciones del beneficio inmediato), en el cine (podríamos preguntarnos qué será del cine experimental y de los productores de vanguardia en diez años si no se les ofrecen medios de producción y sobre todo difusión), y ni hablemos de las ciencias sociales, condenadas a obedecer los mandatos directamente interesados de las burocracias de empresas o del Estado o a morir por la censura del dinero.

¿Podría alguien decirme qué hacen los intelectuales ante todo esto? No me dedicaré a enumerar —sería demasiado largo y cruel— todas las formas de dimisión o colaboracionismo. Evocaré simplemente los debates de los filósofos «modernos» o «posmodernos» que, cuando no se contentan con «dejar hacer», tan ocupados en sus juegos escolásticos, se encierran en una defensa verbal de la razón y del diálogo racional o, lo que es peor, proponen una variante posmoderna —en el fondo, «radical chic»— de la ideología del fin de las ideologías, con la condena de los «grandes relatos» o la denuncia nihilista de la ciencia.  Seguir leyendo DE BOURDIEU, PARA LOS QUE SE CONFUNDEN FÁCILMENTE Y TODAVÍA NO SABEN QUÉ HA SIDO LA “RESTAURACIÓN NEOCONSERVADORA”

TRUMP EN LA “PRESIDENCIA IMPERIAL”. JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

Ya en marzo de 2017 el gobierno de Trump había superado el promedio mensual de muertes registrado por Obama.

Obama avaló la continuidad y el aumento de las matanzas semanales de “sospechosos de terrorismo” desde aviones no tripulados (drones), otra expresión de la nazificación de esa política exterior.

Aquel discurso de Trump en la ONU nos dejó atónitos. Fue una bofetada a la humanidad, al derecho internacional, empezando por la Carta de Naciones Unidas, como sólo Adolfo Hitler, un criminal de guerra, pudo haber escenificado ante el mundo.

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JOHN SAXE-FERNÁNDEZ / REVISTA MEMORIA

  1. Preámbulo

JOHN SAXE 2La especificación de los referentes empíricos de las configuraciones de clase y Estado resulta condición sine que non para delinear parámetros clave de un acontecimiento político e histórico como el ascenso de Donald Trump a la “presidencia imperial”1 estadounidense. Magnate de la industria inmobiliaria y personaje televisivo, pertenece a esa pléyade de celebridades empresariales con gente como Ted Turner quienes, a decir del economista Jeff Faux, “llenan las páginas de los diarios y las revistas, e inundan el tiempo de la televisión y los espacios de la prensa amarillista. Son iconos que hay que venerar o envidiar como individuos”2 mas, para muchos analistas críticos, no como clase digna de pleitesía.

La vulgaridad, la abismal ignorancia histórica y la ausencia de empatía y tacto con las otras y los otros hacen difícil el trato con Trump en asuntos tan sensibles como los derechos humanos, la guerra y la paz, y el entorno del estado de derecho, doméstico e internacional. Por sus decires y “haceres”, y colocado Trump en las cumbres de un poder en manos de una oficina presidencial con tendencia histórica hacia la usurpación de funciones legislativas y judiciales, ahora a cargo de los resortes de decisión, además de la sustancia de la personalidad hasta ahora revelada, ha demostrado alta potencia para la catástrofe en estos 11 meses en la Oficina Oval.

Con referencia al cargo, la “presidencia imperial“, se mueve bajo dos fuerzas de difícil manejo: por un lado, la desestabilización y el caos desatados doméstica e internacionalmente por la centrifugación capitalista en su etapa monopólica, de financiarización y especulación, que se traduce en la búsqueda de oportunidad, de ganancia, haciendo trizas de paso el tejido social; y por otro, la centripetación del poder policial-militar y de los instrumentos de criminalidad de Estado, conocidos como “comunidad de inteligencia”.

La referida centralización y concentración de proyección coercitiva se orienta a restablecer el orden en ultramar, apenas logrando lo suficiente para garantizar otro ciclo de inversión, explotación y extracción de riqueza de la periferia al centro.3 Esta dinámica imperialista puede, fácilmente, salirse de control.4 Es un proceso visible en cualquier revisión de las imprudentes e insensatas guerras de agresión en pos de recursos naturales vitales –petróleo, gas, minerales, agua, granos–, y posiciones estratégicas en la periferia capitalista, bajo cubierta de una ofensiva antiterrorista (que esconde crecientes contradicciones intercapitalistas) luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (11/S).

Se trata de una vasta campaña desplegada al amparo del 11/S por el régimen de Bush II desde la intervención y ocupación de Afganistán, la catastrófica guerra de agresión contra Irak, y continuada durante los ocho años de Barack Obama quien, por cierto, como premio Nobel de la Paz y conferencista en derecho constitucional en la Universidad de Chicago, presidió la destrucción de Libia, todo un país con su población e infraestructura hechas añicos, pero con los yacimientos de un petróleo de alta calidad, codiciado por las refinerías de integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, financiada y encabezada (mangoneada) por EUA.  Seguir leyendo TRUMP EN LA “PRESIDENCIA IMPERIAL”. JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

NÉSTOR GARCÍA CANCLINI: LA DISOLUCIÓN EN EL CAMPO CULTURAL. JUAN J. MENDOZA

El antropólogo argentino analiza cómo la cultura libresca fue colonizada por la industrial y las ciberculturas.

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Lo que diferencia a algunos mensajes hoy son los modos de acceso y los modos en que son leídos. FOTO Gustavo Garello

JUAN J. MENDOZA / REVISTA Ñ

Desde México

El centro de México D.F. es zona de culturas superpuestas, reino privilegiado para la aplicación de la Teoría de la Hibridez que en los años 90 colocó a Néstor García Canclini en el centro de la escena internacional. A la intersección entre lo precolombino y lo colonial, cifrada en el subterráneo Templo Mayor que tiene a la Catedral encima, se agrega el Palacio Nacional, edificio que representa la centralidad del Poder Moderno en México. Y todo eso envuelto por los logos de la globalización: Subway, Sanborns, Café Tacuba. ¿La globalización es una interfaz, el proceso que sintetiza lo precolombino con lo colonial? La hibridez también puede verse en los discursos políticos y televisivos. ¿No es el lector contemporáneo un DJ de fragmentos?: “Las redes han acentuado el pastiche, la hibridación, la mezcla de recursos tomados de fuentes muy diversas: textos, imágenes y sonidos revueltos aparecen para producir otras cosas. Es un procedimiento de acceso múltiple que hacemos saltando hipertextualmente en Internet”.

Sus ideas sobre la Teoría Cultural en los 90 anticiparon las mezclas de la era digital: “Pero lo que me interesa ahora es ver cuando la estratificación de las culturas ya no tiene la nitidez que existía hace treinta años. Antes hablábamos de cultura popular y de cultura de élite. Y la cultura de masas era un mediador entre ambas. Eso sigue existiendo pero la cibercultura ha generado una interacción más dinámica que no permite estratificaciones durables. Eso cambió la estrategia mercadológica de las grandes corporaciones. Antes dirigían ciertos libros, imágenes y narrativas para la clase media y otros para las clases populares. Ahora todo eso está entremezclado. Lo que diferencia algunos mensajes son los modos de acceso y los modos de leerlos”.

Las subjetividades del presente fueron formadas por la cultura libresca, luego colonizadas por la cultura industrial y finalmente recalaron en la cibercultura. ¿Cómo las atraviesa esa estratificación? ¿Los lugares de enunciación y de recepción de discursos son muchos a la vez?: “Me ha interesado estudiar la tensión entre distintas generaciones de productores culturales, de críticos y curadores para diferenciarse en esa interconexión obligada entre imágenes, textos y saberes. Hace algunos años veíamos, cuando estudiamos a los jóvenes creativos en la Ciudad de México, que de los 18 a los 35 años había tres generaciones de productores y usuarios de la música y uno podía distinguir entre los jóvenes ‘más viejos’, de 30 a 35 años, que eran llamados ‘los compilados’ porque todavía les importaban los discos que se compraban físicamente.  Seguir leyendo NÉSTOR GARCÍA CANCLINI: LA DISOLUCIÓN EN EL CAMPO CULTURAL. JUAN J. MENDOZA

ACERCA DE LA FUNCIÓN DE LOS INTELECTUALES. ENRIQUE CARPINTERO

Una mirada desde el psicoanálisis

enrique carpintero

ENRIQUE CARPINTERO / REVISTA TOPÍA

Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
Anónimo

Introducción

En un artículo publicado en la revista Topía (1) se comentaba que hace unos años el escritor Antonio Tabucchi (2) había iniciado una polémica con Umberto Eco sobre la función de los intelectuales. Este último decía que “el intelectual trabaja para el largo tiempo, no sirve para el acontecimiento”. Como ejemplo planteaba: “si hay fuego el intelectual debe llamar a los bomberos…” y, continuaba “no se le puede reprochar a Platón el que no hubiera propuesto un remedio para la gastritis”. Por el contrario, Tabucchi afirmaba que la tarea del intelectual es precisamente esa: “reprochar a Platón que no inventara el remedio para la gastritis”. Esa es la “función esporádica” ya que, “no es crear una crisis sino poner en crisis a algo o a alguien que no sólo está en crisis, sino al contrario, que está muy firmemente convencido de sus posiciones”. En este sentido, cualquiera puede ser un intelectual pues éste es un simple “ciudadano que no se contenta con votar según sus necesidades y sus ideas, sino que, tras votar, se interesa por el resultado de ese acto único y, guardando las distancias respecto a la acción necesaria, reflexiona sobre el sentido de esa acción y, según las ocasiones, habla y calla”.

En estos tiempos donde -según Robert Castel- predomina el “individualismo negativo”(3) se nos ha hecho creer que el semblante del intelectual es anticuado o improductivo. Sin embargo, son los políticos de las clases dominantes quienes han abdicado de los ideales para crear un imaginario de seducción y miedo a partir de hechos que ellos mismos producen. Estos políticos pragmáticos sólo hacen política desde y para afianzar su poder y necesitan intelectuales pragmáticos que se transforman en mensajeros de la gestión del político, convirtiéndose en los nuevos intelectuales del determinismo histórico y el economicismo a ultranza. Es decir, un intelectual del poder que construye significaciones sociales acordes con los valores del mercado neoliberal capitalista: las fundaciones de empresas monopólicas, las grandes editoriales, los medios de comunicación, los centros académicos, los laboratorios, las empresas de medicina, etcétera.

Es que, como dice Pierre Bourdieu “…el discurso neoliberal no es un discurso como los demás. A la manera del discurso psiquiátrico en el manicomio, según Erving Goffman, es un discurso fuerte, fuerte y difícil de combatir, porque cuenta a su favor con todas las fuerzas del mundo de relaciones de fuerza que contribuye a que sea tal cual es, especialmente orientado a las opciones económicas de los que dominan las relaciones económicas y añadiendo así su propia fuerza, típicamente simbólica, a esas relaciones de fuerza.” (4)

De esta manera, el pensamiento neoliberal es una ideología totalitaria; no da alternativa: “nosotros o el caos”. En realidad plantean que: “o hacen lo que decimos nosotros o transformamos la sociedad en un caos a través de la economía.” Este pensamiento único, ya no es una técnica sino una ideología que domina el mundo. A cualquiera que quiera cuestionar este orden establecido se lo acusa de mesiánico, de delirante, o de querer volver al pasado ¿cómo alguien va a cuestionar una sociedad moderna, madura y libre, en la que cualquier ciudadano puede comprar en un supermercado desde hamburguesas hasta ideas listas para usar?

En este sentido, la conquista de la libertad de pensar y expresarse está amenazada en todas partes ya no por dictaduras, sino por las fuerzas del mercado. Éstas son las que regulan cuáles libros se encuentran en los estantes de las librerías, quiénes y qué noticias aparecen en los medios de comunicación, o cómo acomodar la ética que plantea el psicoanálisis a las necesidades de las empresas de medicina pre-paga. Es decir, la libertad del mercado capitalista es una falacia que sólo sirve para que las empresas más grandes compren o destruyan a las más chicas, controlando lo que vamos a leer, a consumir, o qué presidente debemos elegir.  Seguir leyendo ACERCA DE LA FUNCIÓN DE LOS INTELECTUALES. ENRIQUE CARPINTERO

EL AUTOR COMO PRODUCTOR (Fragmentos). WALTER BENJAMIN; PRESENTACIÓN. BOLÍVAR ECHEVERRÍA

Walter Benjamin

PRESENTACIÓN. BOLÍVAR ECHEVERRÍA

B. ECHEVERRÍA

Antecedente directo de su famoso ensayo sobre la obra de arte (La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica), el presente texto fue leído por Benjamin el 27 de abril de 1934 en el Instituto para el Estudio del Fascismo que los emigrantes alemanes, expulsados por la persecución nacionalsocialista, habían fundado en París.

Entre los muchos aspectos notables que ofrece esta conferencia destaca de manera especial uno que tiene que ver con la vocación de su autor, la de crítico de la literatura y el arte. Benjamin, hombre cercano al proceso de producción de tantos literatos y artistas con los que mantenía lazos de amistad, llama a sus interlocutores —intelectuales políticos de izquierda— a depositar toda la confianza en la espontaneidad del carácter revolucionario de la producción artística. Según él, la «alta calidad» de una obra de arte es garantía suficiente de ese carácter. Aunque hay que añadir que, para él, la calidad se mide de acuerdo a un criterio muy especial: la capacidad que muestra una obra de arte para dar cuenta de los problemas técnicos que la historia de su oficio, como un proceso conectado íntimamente con el devenir del conjunto de la sociedad, le plantea en general, y particularmente en el caso de una tecnología y una sociedad modernas, enfrentadas a la inminencia de un cambio radical.

Benjamin se hace portavoz del «vanguardismo» revolucionario más radical. Según él, la afirmación revolucionaria en la obra de arte, si no es ella endógena, es decir, si no resulta de su consistencia misma y del modo en que la técnica es empleada en su producción —y no es solamente una traducción o transposición, por más brillante que sea, del discurso político al lenguaje artístico— resulta una toma de posición no sólo falsa e inofensiva, sino del todo contraproducente e incluso reaccionaria. Si el Ulises de Joyce es una obra revolucionaria no es porque en ella esté cifrado un mensaje pro-comunista, sino porque es una obra literaria cuya construcción va con la revolución, está dentro de ella dado que «refuncionaliza» en sentido «democrático» la relación entre narrador y lector consagrada por la técnica narrativa de los grandes novelistas del siglo XIX.

La falta de actualidad de esta conferencia parece evidente. Se trata de una exposición dirigida a escritores, artistas e intelectuales a quienes, por lo que se desprende de la lectura, parece importarles el pertenecer o no al bando de la izquierda, el ser o no considerados «revolucionarios»; una especie de interlocutores que no existe ya o de la que quedan sólo unos cuantos ejemplares dispersos, afectados por los estragos de la extemporaneidad y el aislamiento. La lectura de su texto setenta años después de que fuera escuchado en París resulta, sin duda, extraña. Sobre todo porque lleva al lector a sorprender a la utopía en el momento mismo en que ella cree estar realizándose. Es un texto que documenta la presencia de una corriente histórica bastante poderosa en la vida social en el momento en que se enfrentaba, con notables posibilidades de éxito, a la organización capitalista del mundo moderno. Presencia que, al hacer falta en nuestros días, parece extender —en medio de la añoranza, si se quiere— una vaciedad de sentido actual sobre todo lo que se hizo y se pensó entonces.

Cabe sin embargo preguntarse: ¿la actualidad de textos como este de Benjamin se agota en verdad con su pertenencia a la figura concreta del discurso público que prevalecía cuando fue escrito, a la coyuntura histórica del enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución en la Europa de los primeros decenios del siglo XX? ¿Se han vuelto en verdad vacías sus afirmaciones en una situación discursiva tan diferente a la de entonces como es la actual?

Del conjunto de problemas estéticos y artísticos propios de las «vanguardias» de finales del siglo XIX y comienzos del XX puede decirse lo que Theodor W. Adorno solía decir de la filosofía: que, aunque alguna vez pudo parecer un modo de reflexión superado por el progreso de la vida real, sigue sin embargo actual porque el instante de su realización adecuada dentro de esa vida llegó, pero pasó sin que fuera aprovechado. En efecto, el hecho de que la izquierda no tenga hoy en día la presencia que entonces tuvo en el escenario de la política y de que, por lo tanto, a los literatos, artistas e intelectuales les pueda tener sin cuidado una hipotética militancia revolucionaria no implica necesariamente que la actitud de izquierda haya dejado de ser necesaria, haya sido superada por la integración en el funcionamiento de lo establecido, y que, por ejemplo, los artistas, los productores de oportunidades públicas de experiencia estética, hayan superado su disfuncionalidad respecto de lo establecido y perdido la capacidad de sentir que el campo de sus posibilidades de acción les está siendo achicado y maleado sistemáticamente por el funcionamiento omniabarcante de la industria cultural. Bien puede ser, por el contrario, que estemos viviendo la gestación de un nuevo escenario de realización de lo político, dentro del cual la izquierda, como resistencia y rebelión frente a la modernidad capitalista, podrá hacerse visible, y en el que puedan recobrar su validez los sueños vanguardistas de una relación liberada entre el arte y la vida. 

EL AUTOR COMO PRODUCTOR (Fragmentos). WALTER BENJAMIN

“Ustedes recuerdan cómo procede Platón con los poetas en el proyecto de su Estado. Les prohíbe permanecer en él, en interés de la comunidad. Platón tenía un concepto elevado del poder de la poesía. Pero la consideraba dañina, superflua; en una comunidad perfecta, se entiende. Desde entonces no ha sido frecuente que la cuestión acerca del derecho de existencia del poeta[1] se planteara con igual énfasis. Sólo pocas veces llega a plantearse en esta forma, y precisamente ahora vuelve a plantearse así. A todos nos es más o menos conocida como la cuestión acerca de la autonomía del poeta, de su libertad para escribir lo que quiera. Y ustedes no se sienten inclinados a reconocerle esta autonomía; piensan que la situación social presente le fuerza a decidir al servicio de quién quiere él poner su actividad. El escritor burgués de literatura para el entretenimiento no reconoce esta alternativa. Ustedes le comprueban que, aunque no lo acepte, trabaja al servicio de determinados intereses de clase. Otro tipo de escritor, más avanzado, reconoce esta alternativa. Al ponerse de parte de proletariado, toma su decisión con base en la lucha de clases. Y se acaba entonces su autonomía. Su actividad se orienta por aquello que es útil al proletariado en la lucha de clases. Como suele decirse, se vuelve un escritor de tendencia.”

(…)

‘Pescadora de cangrejos [Krabbenfischerin], 1927’. ALBERT RENGER-PATZSCH / ARCHIV ANN UND JÜRGEN WILDE, ZÜLPICH / VEGAP.

“La fuerza revolucionaria del dadaísmo consistió en poner a prueba la autenticidad del arte. Para componer una naturaleza muerta bastaban un boleto, un carrete de hilo y una colilla reunidos mediante unos cuantos trazos pictóricos. Todo ello en un marco. Y se mostraba entonces al público: «¡Miren cómo basta un marco para hacer estallar al tiempo! El más pequeño trozo auténtico de la vida cotidiana dice más que la pintura». Tal como la huella de sangre dejada por los dedos de un asesino sobre la página de un libro dice más que el texto. Muchos aspectos de esta intención revolucionaria han sido rescatados en el montaje fotográfico. Basta pensar en los trabajos de John Heartfield, cuya técnica ha convertido las cubiertas de los libros en instrumento político. Pero observemos la trayectoria que sigue la fotografía. ¿Y qué podemos ver? Se vuelve cada vez más diferenciada, más moderna, y el resultado es que ya no puede reproducir una casa de vecindad, un montón de basura, sin sublimarlos. Para no mencionar el hecho de que, al reproducir un dique o una fábrica de cables, sería incapaz de decir otra cosa que «el mundo es hermoso». El mundo es hermoso es el título de la famosa colección de fotografías de Renger-Patsh, en donde el arte fotográfico de la «nueva objetividad» alcanza su apogeo. En efecto, con su procedimiento perfeccionado a la moda, la «nueva objetividad» ha logrado hacer incluso de la miseria un objeto de disfrute. Pues si una función económica de la fotografía consiste en entregar a las masas, mediante una elaboración a la moda, ciertos contenidos que antes estaban excluidos de su consumo —la primavera, los grandes personajes, los países lejanos—, una de sus funciones políticas consiste en renovar desde dentro —es decir, a la moda— el mundo tal como resulta que es.   Seguir leyendo EL AUTOR COMO PRODUCTOR (Fragmentos). WALTER BENJAMIN; PRESENTACIÓN. BOLÍVAR ECHEVERRÍA

LA IDEOLOGÍA ES COMO LA SOMBRA: SIEMPRE NOS ACOMPAÑA. LEONARDO BOFF

LEONARDO BOFF / EL VIEJO TOPO

El tema de la ideología está a la orden del día: ideología de género, política, económica, religiosa etc. Intentemos poner en claro esta cuestión.

1. Todo el mundo tiene una determinada ideología. Es decir, cada uno se hace una idea (de ahí ideología) de la vida y del mundo. Tanto el vendedor de palomitas de maíz de la esquina como la persona que atiende el teléfono o el profesor universitario. Es inevitable, porque somos seres pensantes con ideas. Querer una escuela sin ideología es no entender nada de ideología.

2. Cada grupo social o clase proyecta una ideología, una visión general de las cosas. La razón es que la cabeza piensa a partir de donde pisan los pies. Si alguien tiene los pies en la favela, tiene una cierta idea del mundo y de la sociedad. Si alguien tiene los pies en un apartamento de lujo junto a la playa, tiene otra idea del mundo y de la sociedad. Conclusión: no solo el individuo, sino también cada grupo social o clase, elaboran inevitablemente su visión de la vida y del mundo a partir de su lugar social.

3. Cada ideología personal o social, así como todo saber, tiene intereses detrás, no siempre explicitados. El interés del trabajador es aumentar su salario. El del patrón, aumentar su ganancia. El interés de un habitante de la favela es salir de esa situación y tener una casa decente. El interés del morador de un apartamento de clase media es poder mantener ese status social sin estar amenazado por la ascensión de la gente de abajo. Los intereses no convergen porque si aumenta el salario, disminuye la ganancia y viceversa. Aquí se instaura un conflicto.  Seguir leyendo LA IDEOLOGÍA ES COMO LA SOMBRA: SIEMPRE NOS ACOMPAÑA. LEONARDO BOFF

NETFLIX: LA ANTIPOLÍTICA COMO ENTRETENIMIENTO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

REBELIÓN / INSTITUTO DE CULTURA Y COMUNICACIÓN UNLa

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FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

Ya hoy es virtualmente inabarcable la cantidad de producciones, propias o ajenas, que “vende” la empresa Netflix. Otra cosa es la calidad. Se trata de un festín audiovisual variopinto signado por altibajos e irregularidades de todo género y en donde la falencia dominante es la superficialidad de sus contenidos. Con algunas honrosas excepciones. Quizá lo único en lo que profundizan es en el discurso de la anti-política. Así, a veces, se disfrazan de “progres”. La no siempre confiable Wikipedia dice: “Netflix, Inc. es una empresa comercial estadounidense de entretenimiento que proporciona mediante tarifa plana mensual streaming (flujo) multimedia (principalmente, películas y series de televisión) bajo demanda por Internet…”

No será objeto de estudio aquí la paupérrima calidad de las “reseñas”, las traducciones ni los “doblajes”. No será parada extensa el método de clasificación de géneros ni la desorganización frecuente de títulos. No será objeto de trabajo la asimétrica calidad de las producciones ni su “fordismo audiovisual” impuesto para saciar el hambre espectacular de los usuarios. Asuntos, por cierto, que parecen no ser de interés para la masa inmensa de suscripciones que hoy disfrutan su Netflix incluso como una nueva “adicción” simpática. Importa aquí el flujo ideológico que transita impune (a veces imperceptible) gracias al “vehículo excipiente” llamado “entretenimiento”.  Paremos un poco en la anti-política.

Pocas cosas parecen más urgentes, para las burguesías, que ahuyentar a las masas de cualquier interés por participar desde las bases en “política” (y en su transformación democrático-participativa de manera radical). Ha sido histórico el beneficio que las burguesías le arrancan a la abulia, el desinterés y la alergia fabricada para que los pueblos odien a la “política” y a los “políticos”. Cuanto más se desprestigiada la “política” más contentos se ponen los oligarcas porque consiguen así que los pueblos dejen vacío un territorio (que les es propio) y que queda usurpado por los “poderosos” para reinar a sus anchas mientras la gente los odia pero con apatía. Por decir lo más suave. Se trata de un desprestigio rentable y morboso que produce dos efectos (al menos) muy jugosos: por una parte deja abierta la esperanza del “cambio” y la “libertad” (palabras que la burguesía manosea a destajo) y permite hacer del estercolero de corrupción burguesa, sus crímenes, su servilismo y su entreguismo un espectáculo y un negocio muy rentable. Y lo pasan por la “tele” y parece muy “porgre”.  Seguir leyendo NETFLIX: LA ANTIPOLÍTICA COMO ENTRETENIMIENTO. FERNANDO BUEN ABAD DOMÍNGUEZ

FEUERBACH PREMONITORIO + DEBORD TEMPRANO

Ludwig Feuerbach

«Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… Lo que es sagrado para él no es sino la ilusión, pero aquello que es profano es la verdad. Más aún, lo sagrado se engrandece a sus ojos a medida que decrece la verdad y que la ilusión crece, tanto y tan bien que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado.»

 LUDWIG FEUERBACH¨*
(Prefacio a la segunda edición
de la Esencia del cristianismo, que había sido publicado en 1841)

 

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Del libro LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO, de Guy Debord, Cap. 1, La separación consumada

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El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes.

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El espectáculo, considerado en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto de un modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real ni su decoración superpuesta. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenciones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de una elección ya hecha en la producción, y su corolario consumo. La forma y el contenido del espectáculo son idénticamente la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente. Es también el espectáculo la presencia permanente de esta justificación, en tanto que acaparamiento de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

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La sociedad que descansa sobre la industria moderna no es fortuita o superficialmente espectacular, es una sociedad fundamentalmente espectacularista. En el espectáculo, imagen de la economía reinante, la finalidad no es nada, el desarrollo es todo. El espectáculo no quiere llegar a ninguna otra cosa que a sí mismo.

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En tanto que indispensable revestimiento de los objetos producidos ahora, en tanto que exposición general de la racionalidad del sistema, en tanto que sector económico de avanzada que conforma una  Multitud creciente de imágenes-objetos, el espectáculo es la principal producción de la sociedad actual.

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El espectáculo es el heredero de toda la debilidad del proyecto filosófico occidental, que fue una comprensión de la actividad dominada por las categorías del ver; de la misma manera que se funda sobre el incesante despliegue de la racionalidad técnica precisa que ha nacido de tal pensamiento. El espectáculo no realiza la filosofía, transforma en filosofía la realidad. Es la vida concreta de todos que se ha degradado en universo especulativo.

*Citado por Guy Debord en su libro La sociedad del espectáculo, aparecido por primera vez en París, en 1967, por la editorial Buchet-Chastel. Tanto Debord como el propio Feuerbach, deberían ser más tomados en cuenta por investigadores y analistas del impacto de los medios masivos de comunicación en la sociedad contemporánea.

debord la sociedad del espectáculo

 

 

LA MUERTE DEL CENTRO IZQUIERDA Y LOS “TRUMPISTAS”. WOLFANG STREECK

WOLFANG STREECK* / REBELIÓN /  BLOG DEL AUTOR

Las personalidades extrañas surgen en medio de las grietas de las instituciones en proceso de desintegración. A menudo son extravagantes, de encendida retórica y alardean de poder sexual.

El primer Trump de la posguerra fue un rebelde tributario danés, Mogens Glistrup. Fundador del Partido del Progreso Nacional, después de haber puesto sus principios en práctica, fue a prisión por evasión de impuestos. Geert Wilders en los Países Bajos y Boris Johnson en Inglaterra son los Trumpers, rebeldes del pelo y del peinado. Pim Fortuyn y Jörg Haider eran dandies, playboys; murieron en su ley. Beppe Grillo, Nigel Farage, y Jean-Marie Le Pen, solo los tres juntos hacen un Trump completo.

Los Trumpers generan su carisma populista desafiando las convenciones. Lucen como extraordinarios para aquellos que viven intimidados por los mecanismos democráticos de control social. (1) En retrospectiva, pareciera que las democracias capitalistas han estado esperando por sus Trumpers.

La promesa de Donald Trump de volver a hacer grande a Estados Unidos es un reconocimiento que su nación es un imperio en decadencia. Los Estados Unidos han sido incapaces, desde Vietnam, de ganar, o incluso de terminar, las guerras que comenzaron. Trump, con su discurso xenófobo y sus llamados al proteccionismo económico ha cuestionado los dogmas de los internacionalistas liberales.

Cuestionando la política de las últimas décadas los Trumpistas se preguntan: ¿Los acuerdos de libre comercio son realmente beneficiosos para todos? ¿Entonces, por qué el gobierno de Estados Unidos dejó que su país se desindustrializa? ¿Por qué si tenemos una política de inmigración legalmente establecida el país tiene once millones de inmigrantes ilegales? Los trumpers de otros países dicen que esto hay que cambiarlo, y los Trumpistas, en otras partes del mundo, están de acuerdo con el cambio.
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LA UNIVERSIDAD POPULAR. ANTONIO GRAMSCI

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ANTONIO GRAMSCI / EL VIEJO TOPO

Tenemos aquí delante el programa de la Universidad popular para el primer período 1916-1917. Cinco cursos: tres dedicados a las ciencias naturales, uno de literatura italiana, uno de filosofía. Seis conferencias sobre diversos temas: de ellas, sólo dos dan, por el título, alguna certeza de seriedad. Nos preguntamos, a veces, por qué en Turín no ha sido posible asegurar un organismo para la divulgación de la cultura, por qué la Universidad popular sigue siendo la mísera cosa que es, y no ha logrado imponerse a la atención, al respeto, al amor del público; por qué no ha conseguido formarse un público. La respuesta no es fácil, o es demasiado fácil. Problema de organización, sin duda, y de criterios informativos. La mejor respuesta debería consistir en hacer algo mejor, en la demostración concreta de que se puede hacer mejor y de que es posible reunir un público en torno a un foco de cultura, con tal de que ese foco sea vivo y caliente de verdad. En Turín, la Universidad popular es una llama fría. No es ni universidad, ni popular.

Sus dirigentes son unos aficionados en el asunto de la organización de la cultura. Lo que les hace actuar es un blando y pálido espíritu de beneficencia, no un deseo vivo y fecundo de contribuir a la elevación espiritual de la multitud a través de la enseñanza. Como en los institutos de beneficencia vulgar, ellos en la escuela distribuyen bolsas de víveres que llenan el estómago, producen tal vez indigestiones, pero no dejan rastro, pero no van seguidos de una vida nueva, de una vida distinta. Los dirigentes de la Universidad popular saben que la institución que dirigen debe servir para una determinada categoría de personas, que no ha podido seguir los estudios regulares en las escuelas. Y esto es todo.

No se preocupan de cómo esta categoría de personas pueda ser acercada al mundo del conocimiento del modo más eficaz. Encuentran un modelo en los institutos de cultura ya existentes: lo copian, lo empeoran. Hacen más o menos este razonamiento: quien frecuenta los cursos de la Universidad popular tiene la edad y la formación general de quien frecuenta las universidades públicas, por tanto, démosle un sucedáneo de éstas. Y desatienden a todo el resto. No piensan que la universidad es la desembocadura natural de todo un trabajo precedente: no piensan que el estudiante, cuando llega a la universidad, ha pasado por las experiencias de las escuelas medias y éstas han disciplinado su espíritu de investigación, han refrenado con el método sus impulsos de aficionado, en suma, ha llegado a ser, y se ha espabilado lenta, tranquilamente, cayendo en errores y levantándose, titubeando y volviendo a tomar el camino recto. No comprenden estos dirigentes que las nociones, arrancadas por todo este trabajo individual de investigación, no son si más ni menos que dogmas, que verdades absolutas. No comprenden que la Universidad popular, así como ellos la dirigen, se reduce a una enseñanza teológica, a una renovación de la escuela jesuítica, en la cual el conocimiento se presenta como algo definitivo, apodícticamente indiscutible. Eso no se hace ni siquiera en las universidades públicas.

La enseñanza, desarrollada de ese modo, se convierte en un acto de liberación. Posee la fascinación de todas las cosas vitales. Ese modo de enseñanza, debe afirmar especialmente su eficacia en las Universidades populares, cuyos asistentes carecen precisamente de la formación intelectual que es necesaria para poder encuadrar en un todo organizado cada uno de los datos de la investigación. Para ellos, especialmente, lo que es más eficaz e interesante es la historia de la investigación, la historia de esa enorme epopeya del espíritu humano, que lenta, paciente, tenazmente toma posesión de la verdad, conquista la verdad. Cómo desde el error se llega a la certeza científica. Es el camino que todos deben recorrer. Mostrar cómo lo han recorrido los demás es la enseñanza más fecunda en resultados. Es, entre otras cosas, una lección de modestia, que evita que se forme la muy fastidiosa caterva de sabelotodos, de esos que creen haber llegado al fondo del universo cuando su memoria feliz ha conseguido encasillar en sus repertorios un cierto número de fechas y de nociones particulares.Ahora estamos persuadidos de que una verdad es fecunda sólo cuando se ha hecho un esfuerzo para conquistarla. Que no existe en sí y por sí, sino que ha sido una conquista del espíritu; que en cada individuo es necesario que se reproduzca aquel estado de ansia que ha atravesado el estudioso antes de alcanzarla. Y, por tanto, los enseñantes que son maestros dan en la enseñanza una gran importancia a la historia de su materia. Esta representación en acto para los oyentes de la serie de esfuerzos, de los errores y las victorias a través de los cuales los seres humanos han pasado para alcanzar el actual conocimiento, es mucho más educativa que la exposición esquemática de este mismo conocimiento. Forma al estudioso, da a su espíritu la elasticidad de la duda metódica que convierte al aficionado en una persona seria, que purifica la curiosidad, vulgarmente entendida, y la hace convertirse en estímulo sano y fecundo de un conocimiento cada vez mayor y más perfecto. Quien escribe estas notas habla un poco también por experiencia personal. De su aprendizaje universitario, recuerda con más intensidad aquellos cursos en los que el enseñante le hizo sentir el trabajo de investigación a través de los siglos para conducir a su perfección el método de investigación. Para las ciencias naturales, por ejemplo, todo el esfuerzo que ha costado liberar el espíritu de los seres humanos de los prejuicios y de los apriorismos divinos o filosóficos para llegar a la conclusión de que las fuentes de agua tienen su origen en la precipitación atmosférica y no en el mar. Para la filología, cómo se ha llegado al método histórico a través de las tentativas y los errores del empirismo tradicional, y cómo, por ejemplo, los criterios y las convicciones que guiaban a Francesco de Sanctis al escribir su historia de la literatura italiana no eran más que verdades que venían afirmándose a través de fatigosas experiencias e investigaciones, que liberaron a los espíritus de las escorias sentimentales y retóricas que habían contaminado en el pasado los estudios de literatura. Y así para las otras materias. Esta era la parte más vital del estudio: este espíritu recreador, que hacía asimilar los datos enciclopédicos, que los fundía en una llama ardiente de nueva vida individual.

Pero las Universidades populares, como la de Turín, prefieren tener más bien los cursos inútiles y fastidiosos sobre “El alma italiana en el arte literario de la últimas generaciones”, o lecciones sobre “la conflagración europea juzgada por Vico”, en las cuales se atiene más al lustre que a la eficacia, y la personita pretenciosa del conferenciante aplasta la obra modesta del maestro, que también sabe hablar a los incultos.

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