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ALBORADA//AUBADE. PHILIP LARKIN

El poeta inglés Philip Larkin (1922-1985)

ALBORADA

Trabajo todo el día y me embriago un poco en la noche.
Despierto a las cuatro bajo la callada oscuridad, y observo.
Con el tiempo los bordes de las cortinas se habrán desgastado.
Hasta entonces veo lo que en realidad siempre está ahí:
la muerte incansable, ahora todo un día más cerca,
haciendo imposible cualquier pensamiento salvo
cómo, dónde y cuándo habré de morir.
Árida interrogación: sin embargo, el temor
de morir, y de estar muerto,
refulge otra vez para maniatar y horrorizar.

La mente en blanco ante el destello. No por remordimiento
—el bien no hecho, el amor no dado, el tiempo
arrancado, desperdiciado— ni con desconsuelo,
porque puede tomar mucho tiempo despejar
los erróneos comienzos de una vida, quizá nunca;
sino por el vacío absoluto y eterno,
la segura extinción hacia la que viajamos
y en la que siempre estaremos perdidos. No estar aquí,
no estar en ningún lado,
y pronto; nada más terrible, nada más cierto.

Esta es una forma peculiar del miedo
que ningún truco disipa. La religión solía intentarlo,
ese brocado musical vasto y deteriorado,
creado para fingir que nunca morimos,
y esa cosa engañosa que dice Ningún ser racional
puede temer algo que no sentirá, sin advertir
que eso es lo que tememos: no ver, no escuchar,
no sentir ni probar ni oler, nada con qué pensar,
nada que amar o a qué vincularnos,
el anestésico del que nadie despierta.

Y así, el asunto queda al margen de la visión,
una mancha pequeña y borrosa, un frío permanente
que desacelera cada impulso hasta la indecisión.
La mayoría de las cosas quizá jamás ocurran: ésta sí,
y la noción de ello arde
en una fragua de miedo cuando quedamos atrapados
sin gente ni bebidas. El valor no es bueno:
implica no asustar a otros. Ser valiente
no salva a nadie de la tumba.
Llorar la muerte no es distinto a resistirla.

Lentamente la luz se intensifica y el cuarto cobra forma.
Se muestra plano como un armario, lo que sabemos
siempre lo hemos sabido, sabemos que no podemos escapar,
pero no podemos aceptarlo. Una parte tendrá que irse.
Mientras tanto los teléfonos se agazapan, disponiéndose a sonar
en oficinas cerradas, y el mundo indiferente,
revuelto, alquilado, comienza a levantarse.
El cielo es blanco como la arcilla, sin el sol.
El trabajo nos espera.
Los carteros como los médicos van de casa en casa.


AUBADE

I work all day, and get half-drunk at night.
Waking at four to soundless dark, I stare.
In time the curtain-edges will grow light.
Till then I see what’s really always there:
Unresting death, a whole day nearer now,
Making all thought impossible but how
And where and when I shall myself die.
Arid interrogation: yet the dread
Of dying, and being dead,
Flashes afresh to hold and horrify.

The mind blanks at the glare. Not in remorse
—The good not done, the love not given, time
Torn off unused—nor wretchedly because
An only life can take so long to climb
Clear of its wrong beginnings, and may never;
But at the total emptiness for ever,
The sure extinction that we travel to
And shall be lost in always. Not to be here,
Not to be anywhere,
And soon; nothing more terrible, nothing more true.

This is a special way of being afraid
No trick dispels. Religion used to try,
That vast, moth-eaten musical brocade
Created to pretend we never die,
And specious stuff that says No rational being
Can fear a thing it will not feel, not seeing
That this is what we fear—no sight, no sound,
No touch or taste or smell, nothing to think with,
Nothing to love or link with,
The anaesthetic from which none come round.

And so it stays just on the edge of vision,
A small, unfocused blur, a standing chill
That slows each impulse down to indecision.
Most things may never happen: this one will,
And realisation of it rages out
In furnace-fear when we are caught without
People or drink. Courage is no good:
It means not scaring others. Being brave
Lets no one off the grave.
Death is no different whined at than withstood.

Slowly light strengthens, and the room takes shape.
It stands plain as a wardrobe, what we know,
Have always known, know that we can’t escape,
Yet can’t accept. One side will have to go.
Meanwhile telephones crouch, getting ready to ring
In locked-up offices, and all the uncaring
Intricate rented world begins to rouse.
The sky is white as clay, with no sun.
Work has to be done.
Postmen like doctors go from house to house.

Versión al español: Alejandro Bajarlia 

POESÍA CUBANA EN MEDELLÍN

Los días 13 y 14 de septiembre siete poetas cubanos leerán su obra en el 30 Festival Internacional de Poesía de Medellín,Colombia, festividad poética en la que más de dos centenares de poetas de 102 naciones se han dado cita para una acción poética planetaria por la paz y la justicia en la tierra, y en respaldo a los 30 años de trabajo del Festival luchando por el enaltecimiento del espíritu humano a través de la poesía y por el fin de la violencia en Colombia, empresa titánica liderada por el poeta Fernando Rendón y sus colaboradores, que le mereciera hace veinte años la adjudicación del Premio Nobel Alternativo por su labor en aras de la Paz  en Colombia y en el mundo.

El domingo 13 de  septiembre  a las 7 pm, hora de Cuba (6 de la tarde hora de Colombia) se realizará la lectura de los poetas Nancy Morejón (Premio Nacional de Literatura y directora de la revista UNIÓN) ; Antonio Herrada (Premio del 30 Festival de Poesía de Medellín), Luis Llorente (Premio de La Gaceta de Cuba en 2020);  Martha Luisa Hernández (Beca de Creación Prometeo 2020 y Premio de la Bienal de Poesía de La Habana de 2020), Giselle Lucía Navarro (Premio David de Poesía de la UNEAC y Karel Leyva, Coordinador general del Festival Internacional de Poesía de La Habana y Presidente de la Sección de Poesía de la UNEAC.

El lunes 14 de septiembre a las 3 pm (2 de la tarde, hora de Colombia) hará su lectura el poeta Alpidio Alonso Grau, Director de la Revista Amnios de Poesía y Ministro de Cultura de Cuba, quien trasmitirá al evento un saludo a nombre de los poetas cubanos y disertará sobre la misión de la poesía y la responsabilidad de los poetas ante los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Las dos jornadas de lectura de poesía cubana se transmitirán por el canal de Youtube del Festival de Medellín, por el canal de Youtube del Ministerio de Cultura de Cuba y su plataforma de promoción en Facebook. Asimismo, por varios perfiles de Facebook del Festival Internacional de Poesía de La Habana.

Expresión de la excelente relación entre los poetas cubanos y colombianos, de sus festivales de poesía, hermanados en el Movimiento Poético Mundial, estará circulando simultáneamente una edición especial de la revista Prometeo con un amplio dossier de los cubanos presentes en esta 30 edición virtual del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Los medios cubanos acompañarán en sus diversos espacios estos Días de la Poesía Cubana en Medellín.

Fuente: CubaPoesía

VOCES. CONSTANTINO CAVAFIS

CONSTANTINO CAVAFIS

Ideales y profundamente amadas voces
de aquellos que murieron, o de quienes
se perdieron para nosotros como los muertos.

A veces nos hablan en los sueños;
a veces, pensando, la mente los escucha.

Y por un momento con su eco otros ecos
regresan desde la primera poesía de nuestra vida,
como música que extinguieran las lejanas tinieblas.

Fuente: POESÍA UNIVERSAL

LA LOCURA. YOLANDE MUKAGASANA

YOLANDE MUKAGASANA*

Este sol malévolo y cómplice
Que osa sonreír a los asesinos
Que osa iluminar este país maldito
Donde la ley que dirige es la de la sangre
En la que no veo más que el abismo
Donde todo el mundo se hundirá
Un hueco negro donde no hay más que la muerte
Ningún destello, ningún rayo de esperanza
La ausencia de las víctimas es la de los verdugos
La ausencia de los verdugos es la de las víctimas
Tenemos toda la vida en común
Graciosa especie es la humana
Besaba al viento que se ha llevado a mis hijos
Quería besarlo para sentirlos
Estrecharlos muy fuerte entre mis brazos
Para decirles que más nada podrá arrebatármelos
Los seguiré hasta el más allá del más allá
Seguiremos juntos por la eternidad
Esta eternidad que sólo yo comprendo
Porque mi eternidad es también mi presente
El viento sopla sobre mi cuerpo
Quería estar desnuda para sentir su frescura
Tendría calor de estar en lo irreal de lo real
Transpiraba fuerte de ver lo irreal de mi vida
Yo hubiera querido que ese viento me cosquilleara
Poder reír, como antes, de mi tontería
Reír de mi bobada al pensar que el mal es fuerte
Poder aun reír de mí misma.
Reír de dicha en una desgracia demasiado fuerte
Debo salir lo más rápido
De estos sufrimientos que me esterilizan
Que reducen mi cuerpo y mi alma
Cuando el mundo piensa que vivo
Sin embargo fui muerta el día aquel
Los 100 días sin respuesta del más alto
Me hicieron dudar de su existencia
Hasta el desprecio de los que me lo han enseñado

*Mukagasana, Yolande. Ruanda 1954 poetisa y dramaturga sobreviviente al genocidio donde perdió a sus tres hijos y a su marido. Por su obra y labor humanitaria recibió numerosos premios internacionales, entre ellos la mención de honor por la educación por la paz de la UNESCO.

Fuente: CONCEPTOS, 297, Año 90/Nº 493

AUSCHWITZ. LEÓN FELIPE

LEÓN FELIPE

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)

Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud…
Que hablen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!…
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
Aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, “gran cicerone”)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue un aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
acuérdate que en tu “Infierno”
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
Está solo
¡Solo! Sin cicerone…
Esperando que se abran las puertas del infierno
que tú ¡pobre florentino!
No pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!¡Tocad más bajo!…¡Chist!…
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
Y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora aquí…
Rompo mi violín… y me callo.

SEIS DE AGOSTO. SANKICHI TŌGE

9 de agosto, Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad 

SANKICHI TŌGE*

Hiroshima

SEIS DE AGOSTO

¿podemos olvidar ese destello?
súbitamente 30,000 desaparecieron en las calles
en las profundidades despedazadas de la oscuridad
los alaridos de 50,000 se desvanecieron

Cuando los remolinos de humo amarillo se dispersaron
edificios se quebraron, puentes colapsaron
trenes repletos se detuvieron calcinados
y una interminable acumulación de escombros y brasas – Hiroshima
poco después, una línea de cuerpos desnudos caminando en grupos, llorando
con la piel colgando como harapos
manos en pechos
pisando materia cerebral desmoronada
ropa quemada cubriendo caderas

cuerpos yacen en el suelo de la procesión como estatuas de piedra de Jizō, dispersos por doquier
en las orillas del rio, tirados uno encima de otro, un grupo que se había arrastrado hacia una balsa atada
que también poco a poco se transformaron en cadáveres bajo los abrasadores rayos del sol
y bajo la luz de las llamas que atravesaron el cielo del atardecer
el lugar donde madre y hermano menor fueron prensados vivos
también fue envuelto en llamas
y cuando el sol matutino brilló sobre un grupo de colegialas
que habían huido y estaban tiradas
en el piso de la armería, sobre excrementos
sus vientres hinchados, un ojo aplastado, la mitad de sus cuerpos en
carne viva con la piel desollada, sin pelo, sin poder decir quién era quién
todo había dejado de moverse
en un estancado, ofensivo olor
el único sonido las alas de las moscas zumbando alrededor de las
bacinicas metálicas

ciudad de 300,000
¿podemos olvidar ese silencio?
en esa quietud
la poderosa atracción
de las cuencas vacías de las esposas y niños que no regresaron a casa
que nos desgarró el corazón
¿¡puede ser olvidado!?

sankichi-tge*SANKICHI TŌGE. Poeta japonés que se dio a conocer a partir de la bomba atómica de Hiroshima. Aunque escribía poesía desde los 18 años, sobrevivió a la explosión para ofrecer un testimonio invaluable de lo ocurrido, dándose a conocer en el panorama literario y humanitario. Falleció a los 36 años a consecuencia de la radiación a la que estuvo expuesto cuando estalló la bomba.
En el Parque Conmemorativo de Hiroshima existe un monumento en su honor, donde está grabado su más famoso poema; un llamado a la paz, a la fraternidad y a reencontrarse con la raza humana.

ESTA NO ES LA FIESTA FINAL. ALEX PAUSIDES

9 de agosto, Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad

En el poema “Esta no es la fiesta final”, Alex Pausides levanta su voz contra la eventual autodestrucción del mundo, como consdcuencia de una guerra nuclear.

 “No podrá ser / No adivino mi casa destruida, mi hija hecha memoria de nadie / No concibo morir pulverizado por el viento nuclear / Yo no puedo creer que el hombre matará la fiesta final de la belleza”.

Alex PausidesAlex Pausides nació en Manzanillo, Cuba, en 1950. Poeta y editor. Fue director de El Caimán Barbudo. Vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC, Coordinador General del Festival de Poesía de La Habana. Dirige la Colección Sur Editores. Ha publicado más de quince libros. Entre sus títulos más recientes se encuentran Pequeña gloria, Canción de Orfeo, Ensenada de mora, La extensión de la inocencia y Caligrafías.

Obtuvo los Premios Gaceta de Cuba y de la Crítica, entre otros. Sus poemas han sido traducidos al portugués, francés, italiano, inglés, rumano, ruso y alemán e integran numerosas antologías.

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA. JAIME SABINES

JAIME 4

JAIME SABINES

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

PERFIL DE ALEJANDRO. ARTURO CORCUERA e HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

 

FIDEL 22

ARTURO CORCUERA* 

EL PERFIL DE FIDEL

Para hablar de Fidel
hay que cederle la palabra al mar,
pedir su testimonio a las montañas.
El Turquino canta y cuenta su biografía,
los pájaros la propagan,
saben su edad y repiten su nombre.
La edad de Fidel
es la edad de los framboyanes en flor,
la enhiesta edad de su barba verde olivo.
Todos lo sabemos,
los héroes no tienen edad,
tienen historia,
hacen la historia,
son la historia.
No lo arredra la cuadratura del Pentágono
ni las bravatas al rojo de cara pálida
en la hora oscura de la Casa Blanca.
Quien lo dude puede ver en alerta al héroe
y un millón de cubanos cara al Norte
en el malecón de La Habana.
Él es América Negra,
América Hispana,
América Andina:
el perfil de Fidel
es el perfil
de América Latina.
 
 

HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE** 

CANTAR DE ALEJANDRO

Marchamos hacia el amanecer de la armonía. Nadie podrá decir
que es una flecha oscura nuestro nombre. Con las luces
apagadas, y teniendo como lumbre los ojos acerados
de la aurora, salimos una madrugada de noviembre hacia la Isla.
La historia dice ahora que había mal tiempo
bajo el cielo de los navegantes. Que la lluvia
caía pertinaz sobre los hombres. Y los vientos del Caribe
no sólo presagiaban el constante peligro del naufragio
sino que los vómitos, las fatigas y los imborrables ataques de asma
arañaban nuestro corazón mientras oteábamos la sal del horizonte.
Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.
En aquel yate de color blanco, remontando
un mar de azafrán y vieja cristalería, sentíamos
cómo las olas de la incertidumbre nos herían
de igual manera que nuestro deseo de acabar con el pasado.
Y al momento de registrar nuestro desembarco en las aguas
fangosas de Las Coloradas, con la misma alegría
de los niños que miran el porvenir con los ojos
de Abel, de Frank y de aquel peruanito cuyo nombre
nunca más supimos  y cuya imagen siempre atamos a la de Juan
Pablo, a su sonrisa insepulta, descubrimos
que detrás de cada acto nuestro resplandecía la palabra del  Apóstol.
Después vino la escritura de fuego, el temple
del cuchillo relampagueando en las noches de la Sierra,
la apertura hacia la luz del trabajo voluntario
y, como una mano tibia que se tiende
para estrechar otra, el internacionalismo proletario.
Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.
Nuestro pequeñísimo nombre que hoy atraviesa otras latitudes
en el atavío y el máuser de los compañeros que entre cánticos y                                                                                                                                     /espasmos
marchan hacia el amanecer de la armonía.

Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.

———————

CORCUERA 2

 

*ARTURO CORCUERA (1935-2017). Reconocido escritor peruano, Su obra Noé delirante, lo sitúa como uno de los poetas más importantes de habla hispana.

 

HILDEBRANDO 9

 

**HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE (1941) Relevante poeta y periodista peruano. En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas con su ibro Aguardiente forever, del cual forma parte “Cantar de Alejandro”.

COMO SI FUERA LA SOMBRA DE UNA NUBE. FERNANDO PESSOA

pessoa 7

De Álvaro de Campos*

TRAPO

El día ha desembocado en lluvia.
La mañana, con todo, estaba bastante azul.
El día ha sido lluvioso.
Desde la mañana he estado un poco triste.
¿Anticipación? ¿Tristeza? ¿Ninguna de las dos?
No sé: desde que me acuerdo ya estaba triste.
El día estuvo lluvioso.

Bien sé que la penumbra creada por la lluvia es elegante.
Bien sé que el sol oprime, por ser tan ordinario, al elegante.
Bien sé que ser susceptible a los cambios de luz no es muy elegante.
Mas ¿quién le dijo al sol o a cualquier otro que yo quiero ser elegante?
Denme un cielo azul, un sol visible.
Niebla, lluvia, oscuridades – eso ya tengo en mí mismo.
Hoy sólo quiero sosiego.
Hasta añoraría mi hogar, si no tuviese uno.
Hasta llego a soñar con tener deseos de sosiego.
¡No exageremos!
Sólo tengo sueño, sin necesidad de explicación.
El día está lluvioso.

¿Cariños? ¿Afectos? Son sólo memorias…
Es preciso ser un niño para tener algo así…
¡Mi madrugada perdida, mi cielo azul y verdadero!
El día está siendo lluvioso.

La linda boca de la hija del casero,
Pulpa de fruta de un corazón a punto de ser devorado…
¿Cuándo fue eso? No lo sé…
En el azul de la mañana…
El día será siempre lluvioso.

ODA MARÍTIMA (fragmento)

Solo, sobre el muelle desierto, en esta mañana de Verano,
Miro al otro lado de la bahía, miro hacia lo Indefinido,
Miro y me alegra ver,
Pequeño, negro y claro, un buque entrando.
Va a lo lejos, nítido, clásico a su manera.
Deja en el aire distante a su paso la estela vana de su humo.
Viene entrando y con él la mañana y en el río,
Aquí, allá, se despierta la vida marítima,
Se yerguen las velas, avanzan las remolcadoras
Y se entrevén barcos pequeños detrás de los navíos amarrados al puerto.
Hay una brisa vaga.
Pero mi alma está con el que veo menos:
Con el buque que entra,
Porque ella está con la Distancia, con la Mañana,
Con el sentido marítimo de esta Hora,
Con la dulzura dolorosa que sube en mí como una náusea,
Como el comienzo de un mareo, pero del espíritu.

Miro de lejos el buque, con gran independencia del alma,
Y dentro de mí un manubrio comienza a girar, lentamente.

Los buques que entran por la mañana en la bahía
Traen consigo a mis ojos
El misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Trazan memorias de muelles abarrotados y de otros momentos
De otras formas de humanidad en otros puentes.
Todo atracar, todo partir de todo barco
Es – lo siento en mí como mi propia sangre –
Inconscientemente simbólico, terriblemente
Amenazador de significados metafísicos
Que perturban en mí quien yo fui…
¡Ah, todo muelle es una saudade de piedra!

Y cuando el buque parte del muelle
y se repara de repente en el espacio
Que se abre entre muelle y nave,
Viene a mí, no sé por qué, una angustia reciente,
Una niebla de sentimientos de tristeza
Que brilla al sol de mis angustias ya sembradas
Como la primera ventana donde golpea la madrugada,
Y me envuelve como el recuerdo de otra persona
Que fuese misteriosamente mío.
Ah, quién sabrá, quién sabrá,
Si no partí antaño, antes de mí,
De un muelle; si no dejé, embarcado
En el sol oblicuo de la madrugada,
Alguna especie de otro puerto…
Quién sabe si no dejé, antes de la hora
Del mundo externo que yo veo
Irradiar para mí,
Un grande muelle lleno de poca gente,
El muelle de una ciudad medio despierta,
De una enorme ciudad comercial, crecida, apoplética,
Si es que algo así puede ser fuera del Espacio y del Tiempo…

Sí, de algún muelle, de algún muelle de algún modo material,
Real, visible como el muelle verdaderamente real,
El Muelle Absoluto a partir de cuyo modelo inconscientemente imitado,
Insensiblemente evocado,
Nosotros los hombres construimos
Nuestros muelles en nuestros puertos,
Nuestros muelles de piedra actual sobre agua verdadera
Que después de construidos se muestran de repente como
Cosas Reales, Cosas-Espirituales, Entidades en Almas-Piedra,
En aquellos momentos nuestros de sentimiento-raíz
Cuando en el mundo externo como que se abre una puerta
Y, sin que nada se altere,
Todo se revela diverso.

¡Ah, el Gran Muelle desde donde partimos en Naves-Naciones!
¡El Gran Muelle Originario, eterno y divino!
¿De cuál puerto? ¿En qué aguas? ¿Por qué me pongo a pensar en ello?
Gran Muelle como otros muelles, pero el único.
Lleno como ellos de silencios rumorosos en las madrugadas,
Y regando en las mañanas los ruidos de las grúas
Y de las llegadas de los buques llenos mercancías,
Bajo la nube negra, ocasional y leve,
Del trasfondo de las chimeneas de las fábricas próximas
Que apenumbra el suelo negro del minúsculo carbón brillante
Como si fuera la sombra de una nube que atravesase el agua sombría.

¡Ah, qué esencia de misterio y sentido erguida
En divino éxtasis revelador
Es ahora color de silencios y angustias,
No puente entre cualquier muelle y El Muelle!

Muelle negramente reflejado en las aguas estancadas,
Bullicio a bordo de las naves,
El alma errante e inestable de la gente embarcada,
De la gente simbólica que pasa y con quien nada dura,
Que cuando el barco vuelve al puerto
¡Lleva siempre alguna alteración a bordo!

¡Oh fugas continuas, idas y embriaguez de lo Diverso!
¡Alma eterna de los navegantes y las embarcaciones!
¡Cascos reflejados lentamente en las aguas,
Cuando el barco parte del puerto!
Fluctuar como el alma de la vida, partir como voz,
Vivir trémulamente el instante sobre aguas eternas.
Despertarse a días más directos que los días de Europa.
Ver puertos misteriosos en la soledad del mar,
Virar por cabos lejanos para toparse con súbitos paisajes vastos
Por innumerables laderas atónitas…

Ah, las playas lejanas, los muelles vistos a lo lejos,
Y luego las playas próximas, los muelles vistos de cerca.
¡El misterio de cada ida y de cada llegada,
La dolorosa inestabilidad e incomprensibilidad
De este universo imposible
Sentida a flor de piel en cada hora marítima!
La solución absurda que nuestras almas derraman
Sobre la extensión de diversos mares como islas a lo lejos,
Sobre las islas lejanas de las costas por las que pasamos sin detenernos,
Sobre el crecer nítido de los puertos, de sus casas y de su gente,
Para el navío que se aproxima.

Ah, la frescura de las mañanas en las que se llega,
Y la palidez de las mañanas en las que se parte,
Cuando nuestras entrañas se estremecen
Y una vaga sensación parecida al miedo
– El miedo ancestral de alejarse y partir,
el misterioso recelo ancestral a la Llegada y a lo Nuevo –
Nos entumece la piel y nos atormenta,
Y todo nuestro cuerpo de angustias siente,
Como si fuese nuestra alma,
Una inexplicable voluntad de poder sentir esto de otra manera:
¿Una saudade de cualquier cosa,
Una perturbación del cariño por qué vaga patria?
¿Por qué costa?, ¿qué nave?, ¿qué muelle?
Tan así que se indispone en nosotros el pensamiento
Y sólo queda un gran vacío a nuestro interior,
Una vacua saciedad de minutos marítimos,
Y una vaga ansiedad que sería tedio o dolor
Si supiese como serlo…

La mañana de Verano está, aún así, un poco fresca,
Un leve sopor de noche anda todavía en el aire agitado.
Se acelera ligeramente el volante dentro de mí.
Y el buque viene entrando, porque debe venir entrando sin duda,
Y no es porque yo lo vea moverse en su excesiva distancia.

En mi imaginación él ya está vecino y visible
En toda la extensión de las cuerdas de su carajo
Y tiembla en mí todo, toda mi carne y toda mi piel,
A causa de aquella creatura que nunca llega en barco alguno
Y que yo vengo hoy a esperar al muelle, por un mandato oblicuo.

Las naves que ingresan a la bahía,
Las naves que salen del puerto,
Las naves que pasan a lo lejos
(Me imagino viéndolas desde una playa desierta) –
Todas estas naves casi abstractas en su ida,
Todas estas naves me conmueven así como si fuesen otra cosa
Y no meras naves, naves yendo y viniendo.

Y las naves vistas de cerca, aunque uno no se vaya a embarcar en ellas,
Vistas de abajo, desde los botes, murallas altas de chapas,
Vistas desde adentro, a través de sus cuartos, de sus salas, de sus despensas,
Mirando de cerca sus mástiles, enfilándonos desde lo alto,
Acariciando sus cuerdas, descendiendo sus escaleras incómodas,
Oliendo la untada mezcla metálica y marítima de todo aquello –
Las naves vistas de cerca son otra cosa y la misma cosa,
Dan la misma saudade y la misma ansia de otra manera.

¡Toda la vida marítima! ¡Todo en la vida marítima!
Se insinúa en mi sangre toda esa fina seducción
Y pondero indeterminadamente los viajes.
¡Ah, las líneas de las distantes costas, aplanadas por el horizonte!
¡Ah, los cabos, las islas, las playas arenosas!
Las soledades marítimas como en ciertos momentos en el Pacífico
En que no sé por qué sugestión aprendida en la escuela
Se siente pesar sobre los nervios el hecho de que ese es el mayor de los océanos
Y del mundo ¡y el sabor de las cosas se torna un desierto dentro de nosotros!
¡La extensión más humana, más chapoteada, del Atlántico!
¡El Índigo, el más misterioso de todos los mares!
¡El Mediterráneo, dulce, sin misterio alguno ya, clásico, un mar para entregarse
al encuentro de las explanadas conocidas de los jardines próximos a estatuas                                                                                                                                       blancas!
¡Todos los mares, todos los estrechos, todas las bahías, todos los golfos
Quisiera acercarlos a mi pecho, sentirlos bien y después morir!

¡Y ustedes, oh cosas navales, los hermosos juguetes de mi sueño!
¡Componen fuera de mí toda mi vida interior!
Quillas, mástiles y velas, ruedas de timón, cordajes,
Chimeneas de vapor, hélices, gavias, banderines,
Galdropes, escotillas, calderas, colectores, válvulas;
¡Caen por mí a montones, se amontonan,
Como el contenido confuso de una gaveta desperdigada en el suelo!
¡Son ustedes el tesoro de mi codicia febril,
Son ustedes los frutos del árbol de mi imaginación,
El tema de mis cantos, la sangre en las venas de mi inteligencia,
Ustedes son el lazo que me une estéticamente al exterior,
Me proveen de metáforas, imágenes, literatura,
Porque real, verdaderamente, en serio, literalmente
Son mis sensaciones un barco de quilla al aire,
Mi imaginación un ancla a medias sumergida,
Mis ansias un remo partido,
Y la punta de mis nervios una red puesta a secar en una playa!

Suena en el ocaso del río un silbato, sólo uno.
Tiembla ya todo el suelo de mi psiquismo.
Se acelera cada vez más el volante dentro de mí.

¡Ah, los buques, los viajes, el no-saber-el-paradero
De Fulano-de-tal, marítimo, nuestro conocido!
¡Ah, la gloria de saber que un hombre que andaba con nosotros
Murió ahogado al pie de alguna isla del Pacífico!
Nosotros que andábamos con él vamos a hablar sobre eso a todos
Con un orgullo legítimo, con una confianza invisible
En que todo eso tiene un sentido más bello y vasto
Que meramente el de haber él perdido el barco adonde iba,
¡De haber ido él a parar al fondo por habérsele metido agua a los pulmones!

¡Ah, los buques, los navíos cargueros, los veleros!
¡Veo escasear – ¡ay de mí! – los veleros en el mar!
Y yo, que amo la civilización moderna, que beso como al alma las máquinas,
Yo, el ingeniero, el civilizado, el educado en el extranjero,
Gustaría de tener al pie de mi vista sólo los veleros y los barcos de madera,
De no saber de otra vida marítima que la antigua vida de los mares!
Porque los mares antiguos son la Distancia Absoluta,
El Puro Lejos, libres del peso de lo Actual…
Y, ah, aquí como que todo me acuerda a esa vida mejor,
Esos mares más grandes porque se navegaban más despacio,
Esos mares más misteriosos porque se sabía menos de ellos.

Todo vapor visto a lo lejos es un barco de vela visto de cerca.
Toda nave distante vista ahora es una nave vista próximamente en el pasado.
Todos los marineros invisibles a bordo de los barcos en el horizonte
Son los marineros visibles del tiempo de los más bellos navíos,
De la época lenta y velera de las navegaciones peligrosas,
De la época de madera y de lona de los viajes que duraban meses.

Se apodera de mí poco a poco el delirio de las cosas marítimas,
Me penetra físicamente el muelle con su atmósfera,
La marea del Tajo me desborda por encima de los sentidos
Y comienzo a soñar, comienzo a envolverme con el sueño de las aguas,
Comienzo a pegar bien las corrientes de transmisión a mi alma
Y la aceleración del volante me sacude nítidamente.

Claman por mí las aguas,
Claman por mí los mares,
Claman por mí, alzando una voz corpórea, las lejanías,
Las épocas marítimas sentidas todas en el pasado, claman.

Traducción de FELIPE BOTERO

Fuente: Revista ARCADIA

*Álvaro de Campos es uno de los heterónimos del poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935),

LAMENTO POR EL SUR. SALVATORE QUASIMODO

SALVATORE 7
Salvatore Quasimodo
 

EL ALTO VELERO

Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas
de los árboles amargos junto a mi casa
(eran ciegos volátiles nocturnos
que horadaban sus nidos en las cortezas),
alcé la frente hacia la luna
y vi un alto velero.

Al borde de la isla el mar era sal;
y se había tendido la tierra y antiguas
conchas relucían pegadas a las rocas
en la rada de enanos limoneros.

Y le dije a mi amada, que en sí llevaba un hijo mío
y por él tenía siempre el mar en el alma:
«Estoy cansado de estas olas que baten
con ritmo de remos, y de las lechuzas
que imitan el lamento de los perros
cuando hay viento de luna en los cañaverales.
Quiero partir, quiero dejar esta isla.»
Y ella: «Querido, ya es tarde: quedémonos.»

Entonces me puse a contar lentamente
los vivos reflejos de agua marina
que el aire me traía a los ojos
desde la mole del alto velero.

EN EL PRECISO TIEMPO HUMANO

Yace en el viento de profunda luz
la amada del tiempo de las palomas.
De mí de aguas de hojas,
sola entre los vivos, oh dilecta,
hablas; y la desnuda noche
tu voz consuela
de lucientes ardores y leticias.

Nos decepcionó la belleza, y la desaparición
de toda forma y memoria,
el lábil movimiento revelado a los afectos
a imagen de los internos fulgores.

Pero de tu sangre profunda,
en el preciso tiempo humano,
renaceremos sin dolor.

DE LA TIERNA MUJER ECHADA ENTRE LAS FLORES

Se adivinaba la estación oculta
por el ansia de las lluvias nocturnas,
por los cambios de las nubes en el cielo,
undosas leves cunas;
y yo estaba muerto.

Una ciudad suspendida en el aire
era mi último exilio,
y en torno me llamaban
las suaves mujeres de otros tiempos,
y la madre, renovada por los años,
con su dulce mano escogía entre las rosas
y con las más blancas ceñía mi cabeza.

Afuera era de noche
y los astros precisos seguían
ignotos caminos en curvas de oro
y las cosas vueltas fugitivas
me llevaban a rincones secretos
para hablarme de jardines abiertos de par en par
y del sentido de la vida;
pero a mí me dolía la última sonrisa

de tierna mujer echada entre las flores.

LAMENTO POR EL SUR

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve…
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

BAJO LA FRONDA DE LOS SAUCES

¿Y cómo podíamos cantar nosotros
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba helada,
escuchando el lamento de cordero de los niños,
el grito negro de la madre
que corría hacia el hijo
crucificado en un palo de telégrafo?
A la sombra de los sauces
dejamos nuestras cítaras;
oscilaban leves bajo el triste viento.

Según las fuentes, los cuatro primeros poemas fueron traducidos por el escritor Carlo Fabretti

Fuentes: ZENDA y POESÍA UNIVERSAL

SOLEDADES DE SOLANGE. HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

HILDEBRANDO 8

HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE*

                                                                    Si vieras
                                        cómo escarbo en el aire
                                                             de las calles
                                            buscando inútilmente
                                                             tu presencia
JUAN  OJEDA


PERRO SUELTO

Hay poemas que muerden,
Que arañan sin piedad. Bestias
Insaciables que destrozan
Los fundillos, tus mundillos.
Hay otros que ciegan con su resplandor,
Y cierta gracia que le dicen. Fluyen
Sin tropiezo, hasta el nicho
De una antología preciosista.
No faltan los que han sufrido
Algún accidente gramatical
O los que heredaron
La maldición de un padre borracho.
Hay poemas que son un terremoto,
Un tsunami que te arranca el pellejo,
Las vísceras, tus oscuras duplicidades.
Y qué decir de los perros muertos,
Poemas sueltos
Como este. Perros
Que marchan a la deriva,
Canoas que hacen agua.
Poemas errantes, balas
Perdidas que buscan tus ojos,
Tus abrazos,
Tu perdón. Perros
Querendones como la muerte.
Poemas que labran su resurrección:
Aullidos que se apagan
En algún cuaderno olvidado.

POEMANGO                                  

                                        Este poema es de PM, malgré elle.

El mango es pulposo, jugoso, sabroso. Hay
Que comerlo al natural, de preferencia. Así
No perderá su frenesí divino,
ni  su amable paisaje.
Dicen que hay mangos aéreos, mangos
Marinos. Todos son bienvenidos:
Vienen de geografías santas y llaneras.
El sol, la lluvia, la tierra
y la mano del labriego
Hacen este milagro delicioso que alivia
Tu hambre, amengua mi soledad, enmiela tus delirios.
Mis poemas, en cambio, son ácidos, torpes, imperdonables.
No tienen ni glamour ni editor ni aprueban
El casting que demandan el mercado
impío y el fácil manoseo.
Qué resplandor, qué gracia tiene esta escritura?
Pregunta la muchacha seducida
Por un mango marqueteado. Ella
Prefiere el artificio, el poemango
Bien peinado,
el cutis limpio
De espantos y lunares viejos.
No el poema
Añejo que no sabe  ser ni aéreo
Ni marino,
ni nocturno vicio eterno.

MALARIAS 

                       huelo tu olor / te busco / te estrujo
                                                            Elqui Burgos

La escritura
Es un ozono que se abre
En tu pecho
Golondrino, en tu soñar
Despierto:
Un cataclismo
Que deja al descubierto
La vieja astilla de la soledad.
Rosa que roza lo perfecto.
La escritura es una piel sedosa
Por donde resbalan tus dedos
Congelados, huérfanos
De ternura o de alcohol. A ratos
Es un cuero tosco, papeles
Que nadie lee. Oleajes del desamor.
Una suerte de malaria que no tiene cura,
Unas fiebres que dejan sus huellas
En tu cuerpo desnudo, en la página en blanco.

VERSO APALEADO POR LA LLUVIA

Galopando llega tu escritura
Con encono,
Dardos sombríos que luego alcanzarán
Halagos,
Y uno que otro galardón para el olvido.
En el silencio cenizo que te envuelve
No sabes qué hacer
Con la imagen fugitiva
Que se escapa de tus manos,
Verso apaleado por la lluvia.
Ni con la metáfora que creíste deslumbrante
En un momento pero que ahora borras
Con rabia mal disimulada. Y no sabes aliviar
El azufre que impone ese punto
Y aparte que te saca de la rítmica al uso,
Ese su aletear de tiburón en celo.
En la intemperie está la belleza, dices
Golpeándote la frente
En el abismo
Donde las sierpes gobiernan tu pulso,
Tu lengua descarriada, la vida continúa.

MORIRÁS

Morirás, ¿por qué te sorprendes? Morirás.
Y nadie reconocerá tu aroma.
¿No disfrutaste acaso hasta el delirio
El uso infame del materialismo ratonero?
¿Dó está el polvo enamorado
Con la que engatusabas
A las muchachas desprevenidas?
Morirás, tu película
Gris y sin argumento llega a su fin.
Sólo te queda
Cantar en alguna peña distrital
“Yo te pido guardián que cuando muera,
Borres las huellas de mi humilde fosa”.
Morirás, hipócrita lector. Morirás
Ardiente sombra,
Morirás pájaro pinto,
Morirás caballo bayo,
Morirás tortuga ecuestre,
Morirás mosca azul,
Morirás cuaderno verde de poesía.
Tú también morirás forever.
Y tendrás
Como consuelo un mañana
Cosmopolita, sin hueso ni aguacero.
Y una tristeza renovada
Que te espera con las piernas abiertas,
El corazón cerrado.

————————————————-

*Hildebrando Pérez Grande es un reconocido poeta peruano nacido en Lima en 1941. Considerado como una de los principales representantes de la Generación del 60’ en la poesía peruana junto a Marco Martos, Javier Heraud y Antonio Cisneros. Ganador del Premio Casa de las Américas 1978, con su poemario Aguardiente y otros cantares. Director de la revista Piélago, co-director de Hipócrita Lector y actualmente de Martín, Pérez Grande es uno de los valores más representativos de la poesía andina, pero además, de la poesía peruana en general.

NUNCA SE EQUIVOCARON SOBRE EL SUFRIMIENTO LOS VIEJOS MAESTROS. W. H. AUDEN

AUDEN 2

W. H. . AUDEN

MUSÉE DES BEAUX ARTS

Nunca se equivocaron sobre el sufrimiento
los Viejos Maestros; qué bien entendieron
su lugar en lo humano; cómo sucede
mientras otros por ahí abren una ventana, comen o en algún
lado caminan sin fijarse;
cómo, mientras los ancianos apasionadamente
esperan el milagroso alumbramiento, debe siempre haber
niños
patinando en un estanque a la orilla del bosque
que no tienen especial interés en que suceda;
nunca olvidaron
que incluso el temible martirio debe seguir su curso
a como dé lugar en una esquina, en algún lugar sucio
donde llevan los perros su vida de perros
y el caballo del verdugo
se rasca el trasero inocente contra un árbol.

En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo se aleja todo,
placenteramente, del desastre; el labrador
pudo haber oído el chapoteo, el desamparado grito,
pero para él no se trataba de un fracaso importante:
el sol brillaba como debía en las blancas piernas
que desaparecían entre las aguas verdes;
y el airoso y delicado buque, que algo asombroso debió ver
—un niño que caía del cielo—
tenía que ir a algún sitio y navegó con calma.

BLUES DEL REFUGIADO

Digamos que hay diez millones en esta ciudad,
unos viven en mansiones, otros viven en agujeros:
con todo, no hay lugar para nosotros, querida, no hay lugar.

Alguna vez tuvimos una patria y nos pareció justo,
mira en el Atlas y ahí la encontrarás:
no podemos ir a ella ahora, querida, no podemos ir.

En el cementerio del pueblo hay un árbol viejo
que año con año florece nuevamente:
los viejos pasaportes no hacen eso, querida, los pasaportes
viejos no.

El cónsul golpeó la mesa y dijo:
“Si no hay pasaporte están oficialmente muertos”:
pero aún vivimos, querida, aún estamos vivos.

Fui a un comité; me ofrecieron una silla;
me pidieron cortésmente que volviera en un año:
pero ¿a dónde iremos hoy, querida? ¿hoy a dónde iremos?

Fui a un mitin público; el orador se puso de pie y dijo:
“Si los dejamos entrar se robarán el pan”;
hablaba de nosotros, querida, hablaba de nosotros.

Creí oír el estruendo de un trueno en el cielo;
era Hitler en Europa diciendo: “¡Deben morir!”;
nos tenía en mente, querida, nos tenía en mente.

Vi un poodle en un saco cerrado con un alfiler,
vi una puerta abierta para que entrara el gato:
no eran judíos alemanes, querida, no eran judíos alemanes.

Bajé a la bahía y me paré junto al muelle,
vi nadar a los peces como si fuesen libres
a cinco metros de mí apenas, querida, a cinco metros de mí.

Crucé un bosque, vi a las aves en los árboles;
no tenían políticos y cantaban a placer:
no eran la raza humana, querida, no eran esa raza.

Soñé que vi un edificio con mil pisos de altura,
mil ventanas y mil puertas;
ninguna era nuestra, querida, ninguna era nuestra.

Me detuve en la pradera entre la nieve que caía;
diez mil soldados marchaban de aquí para allá:
buscándonos, mi vida, buscándonos a ti y a mí

EL NOVELISTA 

Vestido de talento como de un uniforme,
es bien sabido el lugar de un poeta;
puede asombrarnos como una tormenta,
o morir joven, o vivir solo muchos años,

o ir hacia adelante como un húsar.
Pero él debe salir de su don infantil
y aprender cómo ser sencillo y desgarbado,
cómo ser uno al que nadie pensaría en recurrir.

Pues, para lograr su más ínfimo deseo,
debe ser el todo del tedio, sujetarse
a quejas vulgares como el amor, ser Justo
entre los justos, puerco entre los puercos
también, y en su propia persona, si es que puede,
acumular con celo los errores del hombre.

Traducción de Carlos Monsiváis

Fuente: CULTURA UNAM

Y NOMBRARÉ LAS COSAS, TAN DESPACIO… ELISEO DIEGO

ELISEO 5

ELISEO DIEGO

 

EL OSCURO ESPLENDOR

Juega el niño con unas pocas piedras inocentes
en el cantero gastado y roto
como paño de vieja.

Yo pregunto:
qué irremediable catástrofe separa
sus manos de mi frente de arena,
su boca de mis ojos impasibles.

Y suplico
al menudo señor que sabe conmover
la tranquila tristeza de las flores, la sagrada
costumbre de los árboles dormidos.

Sin quererlo
el niño distraídamente solitario empuja
la domada furia de las cosas, olvidando
el oscuro esplendor que me ciega y él desdeña.

 

VOY A NOMBRAR LAS COSAS

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi cuerpo cuando duermo.

Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia,
despojados de sombra, siempre iguales.

Sin olvidar la compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.

Ni el estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.

Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Y nombraré las cosas, tan despacio
que cuando pierda el Paraíso de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarla de pronto con el alba.

 

ELEGÍA CON UN POCO DE AMARGURA

Ésta es otra elegía, pero
dedicada a un hombre desagradable,
vecino mío, que nunca
quiso saludarme.
No sé, por tanto, cómo se llamaba.

Cara de limón, cara de perro malo,
jamás se rebajó a mirarme
siquiera. Vivíamos
los dos en la misma calle.

Un día tras otro nos desencontrábamos.
Primero por la mañana, y luego
por la tarde.

Se murió, y,
naturalmente,
dejó de no saludarme.

Ayer lo vi venir tan él como de costumbre
y me alegró que todo fuese igual que antes.

Pero no era ni por la tarde ni por la mañana,
y en cuanto a él, tampoco era él,
como adrede.

 

ARQUEOLOGÍA

Dirán entonces: aquí estuvo
la sala, y más allá,
donde encontramos los fragmentos
de levísimo barro, el sitio
del calor y la dicha.
Luego

vendrá una pausa, mientras
el viento alisa los hierbajos
inconsolables; pero
ni un soplo habrá que les evoque
la risa, el buenas tardes,
el adiós.

 

TESTAMENTO

Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;

habiendo llegado a este tiempo;

y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;

habiendo llegado a este tiempo;

y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;

y no poseyendo más que este tiempo;

no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;

no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;

decido hacer mi testamento.

Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.

LADY LAZARUS. SYLVIA PLATH

SYLVIA 3

SYLVIA PLATH

LADY LAZARUS

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie

Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.

Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo

Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:

“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien Herr Doktor.
Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebé de oro puro

Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00

Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

Fuente: POESÍA UNIVERSAL

VIENDO LLOVER EN LA LISA. ALPIDIO ALONSO GRAU

LLUVIA Y PARAGUAS

ALPIDIO ALONSO GRAU

VIENDO LLOVER EN LA LISA

                          Para Norberto Medina,
                          dondequiera que esté.

Los demás que no fui
los que pude haber sido
los ajenos
los otros
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol
¿son también de la lluvia?
¿qué flamboyanes miran?
¿dónde están esperándome?

SIN SABER PARA QUIÉN

Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados

Sin saber para quién
escribo estas palabras

sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos

DESHORAS

Este pacto que hago
a solas con la muerte, es mi vigilia.
Me asiste, como ven,
otra razón, por tanto.
Nada digo
del entuerto que soy.
Se independiza
mi haber querido ser
de mi ya sido.
Duden,
descrean de mí,
y  de la excusa que opongo
a mi tardanza.
Aun el tiempo que perdí
me  concierne.
Soy ese
tramado devenir
que mis manos no saben.

Yo me entiendo.

UNA MAÑANA Y OTRA

Un áureo bosque;
una colina
azul,
casi encendida;
una amarilla enredadera:
no mirados aún,
desprovistos
de tus ojos,
indiferentes,
esquivos a tus pobres días;
un presentido horizonte;
una distante orilla a la que
siempre estás llegando
de un viaje inexistente
pero cierto,
una mañana
y otra de tu esperanza.

MANCHEGA

                  Para Senel Paz

No te engaño
yo te ofrezco
mi tamaño

Cuando crezco
soy la altura
que merezco

la locura
de quebrar
mi armadura

mi lugar
mi misión
de soñar

mi razón
de vivir
sin perdón.

LLUVIA. FEDERICO GARCÍA LORCA

Foto De Abstracción De Las Gotas De Lluvia En El Cristal De ...

FEDERICO GARCÍA LORCA

LLUVIA 

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!