Archivo de la categoría: Poesía

DOS POEMAS DE FÉLIX PITA RODRÍGUEZ*

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 RETRATO

Un candor cierto por la persistencia de tu tesis brillante;
un candor y otras cosas que no pueden nombrarse.
Ciertos pájaros claros de evidencia metálica;
cierta anfibia manera de pronunciar la erre,
y una sombra y su acento de haber perdido siempre
varias frutas maduras.
Eso va delatando, como un jardín cualquiera,
tu sentido del tacto.

El color amaranto no te va bien volando.
Te recoge, te ciñe, como un color guerrero.
Y más que no recuerdo.

Parlamenta, convence. Tu ternura sin ruedas, sin ángeles
ni cintas, de placidez de alfombra, puede sacar partido.

Y es lo que no se espera lo que tiene remedio,
lo que puede ser cierto.
Una muerte tan dulce siempre llega a destiempo,
entre el doblado miedo, jícara persistente
donde tu corazón guarda mis arrabales.

¡Oh, mi dulce hoja verde!

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CIERRA LA PUERTA, AGUARDA

Cierra la puerta, aguarda.
Llegará lo que esperas cuando ya no lo esperes.
Ponte en el corazón la verja más segura.

Que no entre nadie, nadie, no hay sitio,
está ocupado hasta el rincón más alto,
donde la última estrella
viene en la madrugada a lavarse las manos.
Cierra la puerta, espera:
te ha de nacer un día el azar más seguro,
y tú serás su dueña.

 

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*Poeta, narrador, ensayista, autor teatral, periodista, crítico literario, traductor, escritor de radio y televisión, son estas las vertientes más significativas de la actividad literaria de Félix Pita Rodríguez, nacido en Bejucal, actual provincia de Mayabeque, el 18 de febrero de 1909. Falleció en La Habana el 19 de octubre de 1990.

ALGUNAS VALORACIONES DE SU OBRA

«Por eso, por ser tan buen poeta, es Pita Rodríguez tan buen cuentista. Un narrador lírico de hondo realismo, cuya prosa es relato y poema, virtud que la sitúa entre las de mayor rango en nuestro idioma, quiere decir el de Cuba y el de España.» (Nicolás Guillén)

«¿Será posible que se pueda hoy leer por gusto un libro como éste Historia tan natural? Claro que será posible. Destápesele ya y siéntase que buen aroma tiene.» (Eliseo Diego)

«En su poesía, en sus cuentos, en sus crónicas ágiles, en sus poemáticas biografías, en toda la brillante producción de este gran artista de la pluma florece siempre la experiencia de su fecunda y aventurera vida. Así ha vivido y así ha soñado.» (Regino Pedroso)

«Su poesía responde a la carencia de normas fijas en su expresión, que lo convierte en un poeta cercano a la escuela surrealista, quizás el único cubano que podemos señalar como representante de tal movimiento.» (Roberto Fernández Retamar)

Fuente: CUBALITERARIA

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PÁJARO SEPIA

En Pretoria hay un ave que debe ser la angustia:
Gime si va a cantar, solloza cuando vuela;
Es un pájaro sepia, arruinado en las plumas,
Solitario en el árbol donde las flores fueron.

He preguntado el nombre de esta luz y esta sombra,
Y ningún transeúnte me sabe responder.

Aquel dice fantasma, este ha dicho la Historia,
Otro melancolía, y el más anciano piensa
Que por sufrir no vuela y que muere de rabia.

En Pretoria hay mil aves (cantoras, democráticas),
Y un negro mira a un blanco como si fuera un negro;
Mas en la jacaranda que poblaron mis ojos,
Yo vi un pájaro sepia que imaginé la angustia.

NECESITAMOS DE LA PAZ Y LA POESÍA

REDH-CUBA

Declaración del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad sobre el Festival Internacional de Poesía de Medellín

REDH-Cuba-poesia

Hemos recibido con pesar y consternación la noticia de que el Ministerio de Cultura de Colombia le ha negado al Festival Internacional de Poesía de Medellín el aporte anual que como evento recibía conforme a la ley, y que hacía posible su celebración.

Este evento reúne anualmente, desde 1991, a poetas de todas las culturas, generaciones, tendencias expresivas, lenguas y tradiciones poéticas que convergen en un canto a la vida, un llamado a la comunión entre los seres humanos a través del arte y la poesía, y un legítimo e incomparable aporte a la paz. Por esa vocación, en 2006, este Festival fue merecedor del Premio Right Livelihood, también conocido como Premio Nobel Alternativo, «en reconocimiento al coraje y a la esperanza en tiempos de desesperación».

La red de intelectuales, artistas y luchadores sociales En defensa de la humanidad- Cuba une su voz a la de tantas organizaciones, asociaciones, poetas y escritores a favor del Festival de Poesía de Medellín, segura de que la paz no solo se construye deponiendo las armas, sino también despertando las sensibilidades, convocando a la ternura y tendiendo lazos de solidaridad y amor que aporten a la transformación del ser humano y la construcción de un mundo más justo.

Colombia necesita la paz, el mundo necesita la paz. No es posible negarle a la poesía – por su esencia opuesta a la guerra y a la cultura de la muerte- el derecho de ayudar a construirla.

LA ESPERANZA ES ESA COSA CON PLUMAS. EMILY DICKINSON

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Emily Dickinson (1830-1886)

La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,

y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.

La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
mas nunca en la inclemencia
de mí ha pedido una sola migaja.

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HOPE IS THE THING WITH FEATHERS

Hope is the thing with feathers
That perches in the soul,
And sings the tune–without the words,
And never stops at all,

And sweetest in the gale is heard;
And sore must be the storm
That could abash the little bird
That kept so many warm.

I’ve heard it in the chillest land,
And on the strangest sea;
Yet, never, in extremity,
It asked a crumb of me.

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ESCRIBO EN EL OLVIDO / LA PUERTA. JUAN GELMAN

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JUAN GELMAN / POESÍA UNIVERSAL

ESCRIBO EN EL OLVIDO…

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

 

LA PUERTA

abrí la puerta/amor mío
levantá/abrí la puerta
tengo el alma pegada al paladar
temblando de terror

el jabalí del monte me pisoteó
el asno salvaje me persiguió
en esta media noche del exilio
soy yo mismo una bestia.

 

SONETO 83. PABLO NERUDA

Pablo Neruda

PABLO NERUDA

Soneto 83

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,
invisible en tu sueño, seriamente nocturna,
mientras yo desenredo mis preocupaciones
como si fueran redes confundidas.
Ausente, por los sueños tu corazón navega,
pero tu cuerpo así abandonado respira
buscándome sin verme, completando mi sueño
como una planta que se duplica en la sombra.
Erguida, serás otra que vivirá mañana,
pero de las fronteras perdidas en la noche,
de este ser y no ser en que nos encontramos
algo queda acercándonos en la luz de la vida
como si el sello de la sombra señalara
con fuego sus secretas criaturas.

UN POEMA DE AMOR. NICOLÁS GUILLÉN

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NICOLÁS GUILLÉN

No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma
un tiempo enorme, enorme, enorme.
Al fin como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.
Después
( Ya lo sabéis desde los quince años )
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos,
todavía
un amor de “lo amo”
de “usted”, de “bien quisiera,
pero es imposible…” De “no podemos,
no, piénselo usted mejor….”
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aún seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte…
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.

 

1 DE ENERO DE 1965. JOSEPH BRODSKY

JOSEPH BRODSKY

1 DE ENERO DE 1965

Los Reyes Magos olvidarán tu nombre.
Sobre tu cabeza no brillará ninguna estrella.
Sólo persistirá un fatigoso sonido,
el ronco rumor del temporal.
Se proyectarán las sombras desde tus ojos cansados
al morir la solitaria vela junto a tu cama,
pues aquí el calendario sigue criando noches
hasta agotar las reservas de velas.

¿Qué provoca esta melancolía?
Una larga melodía familiar.
Vuelve a sonar. Pues adelante.
Que suene desde esta noche.
Que suene en la hora de mi muerte,
como agradecimiento de los ojos y los labios
por aquello que a veces nos empuja a alzar
la mirada a lo profundo del cielo.

Contemplas en silencio la pared.
Tu calcetín mira boquiabierto: no guarda ningún regalo.
Es evidente que eres ya demasiado viejo
para confiar en el bueno de San Nicolás;
que es ya tarde para milagros.
Pero de repente, al levantar los ojos
hacia la luz del cielo, te das cuenta:
tu vida es un puro regalo.

EL ADIÓS. YVES BONNEFOY

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El poeta Yves Bonnefoy, en 2001 en París. ERIC FEFERBERG AFP

EL ADIÓS

Somos devueltos a nuestro origen
Este fue el lugar de la evidencia, mas desgarrado,
Las ventanas entreveraban demasiadas luces,
Las escaleras subían demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora los pájaros vuelan de recámara en recámara
Los postigos caídos, el lecho está cubierto de piedras,
El hogar pleno de restos del cielo que pronto se apagarán,
Allá nosotros hablábamos, la noche, casi a voz baja
A causa de los rumores de las bóvedas, allá sin embargo
formamos nuestros proyectos: mas una barca,
Cargada de piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Posaba ya su ceniza sobre los sueños
Que recomenzábamos sin fin, poblando imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es verdad, amiga mía,
Que no existe más que una palabra para designar
En la lengua que llamamos la poesía
Al sol de la mañana y aquel de la tarde,
Uno sólo el grito de alegría y el grito de angustia,
Uno solo el río arriba desierto y los golpes de hachas,
Uno solo el lecho destruido y el cielo de tormenta,
Uno solo el niño que nace y el dios muerto?

Sí, yo lo creo, quiero creerlo, ¿pero cuáles son
Estas sombras que dominan el espejo?
Y ve, la zarza toma entre las piedras
Sobre la vía de hierba aún mal trazada
Donde se sostenían nuestros pasos hacia los jóvenes árboles.
Me parece hoy, aquí, que la palabra
Es este cántaro medio quebrado, en donde se derrama
Con cada nube de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo busca siempre retejer el mundo.
El paraíso es disperso, lo sé,
Es la mancha terrestre de en ello reconocer
Las flores diseminadas en la hierba pobre,
Mas el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue más repentina que el crepúsculo.

Y como Adán y Eva nosotros caminaremos
Una última vez en el jardín.
Como Adán el primer arrepentimiento, como Eva la primera
Valentía nosotros querremos y no querremos
Franquear la puerta baja que se entreabre
Allá abajo, al otro extremo de los bordes, coloreado
como auguralmente por un último rayo.
El porvenir se toma en el origen
Como el cielo reflejado en un espejo curvo,
¿Podremos recoger de esta luz
que ha sido el milagro de aquí
La semilla en nuestras manos sombrías, para otras charcas
Al secreto de otros campos “tachados de piedras”?

Claro, el lugar para vencer, para nosotros vencer, es aquí
Del cual partimos, esta noche. Aquí sin fin
Como esta agua que se escapa del cántaro.

Versión del poeta y traductor Gustavo Osorio de Ita.
Fuente: Revista electrónica  Círculo de Poesía.

TRES POEMAS DE VIRGILIO PIÑERA

Isla
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
Naturalmente en 1930
Como un pájaro ciego
que vuela en la luminosidad de la imagen
mecido por la noche del poeta,
una cualquiera entre tantas insondables,
vi a Casal
arañar un cuerpo liso, bruñido.
Arañándolo con tal vehemencia
que sus uñas se rompían,
y a mi pregunta ansiosa respondió
que adentro estaba el poema.
Testamento
Como he sido iconoclasta
me niego a que me hagan estatua:
si en la vida he sido carne,
en la muerte no quiero ser mármol.
Como yo soy de un lugar
de demonios y de ángeles,
en ángel y demonio muerto
seguiré por esas calles…
En tal eternidad veré
nuevos demonios y ángeles,
con ellos conversaré
en un lenguaje cifrado.
Y todos entenderán
el yo no lloro, mi hermano….
Así fui, así viví,
así soñé. Pasé el trance.

“LA MONEDA DE HIERRO” Y “EL ENAMORADO”. JORGE LUIS BORGES

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La moneda de hierro

Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos
las dos contrarias caras que serán la respuesta
de la terca demanda que nadie no se ha hecho:
¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?
Miremos. En el orbe superior se entretejan
el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio
y las inalterables estrellas planetarias.
Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.
La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.
En ese laberinto puro está tu reflejo.
Arrojemos de nuevo la moneda de hierro
que es también un espejo magnífico. Su reverso
es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.
De hierro las dos caras labran un solo eco.
Tus manos y tu lengua son testigos infieles.
Dios es el inasible centro de la sortija.
No exalta ni condena. Obra mejor: olvida.
Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?
En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;
en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

PERO EN LA FRÍA NOCHE. BERTOLT BRECHT

Pero ya sólo el hielo, en la fría noche, agrupaba
los cuerpos blanquecinos en el bosque de alisos.
Semidespiertos, escuchaban de noche, no susurros de amor
sino, aislados y pálidos, el aullar de los perros helados.
Ella se apartó por la noche el pelo de la frente, y se esforzó
por sonreír,
él miró, respirando hondo, mudo, hacia el deslucido cielo.
Y por las noches miraban al suelo cuando sobre ellos
infinitos pájaros de gran tamaño en bandadas procedentes
del Sur se arremolinaban, excitado bullicio.
Sobre ellos cayó una lluvia negra.

DOS POEMAS DE EMILY DICKINSON

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EMILY DICKINSON 
A salvo en sus cámaras de alabastro,
Insensibles al amanecer y al mediodía,
Duermen los mansos miembros de la resurrección,
Viga de raso y techo de piedra.
La luz se ríe de la brisa en su castillo sobre ellos,
Murmura la abeja en un oído imperturbable;
Trinan los dulces pájaros en cadencia ignorada,
-Ah, ¡cuánta sagacidad aquí perecida!
Solemnes pasan los años, crecientes, sobre ellos;
Los mundos recogen sus arcos y los firmamentos reman,
Se arrojan diademas y se rinden los dux,
Tácitos como puntos sobre un disco de nieve.
-+-+-+-+-
Cuando cuento las semillas
sembradas allá abajo
para florecer así, lado a lado;
cuando examino a la gente
que tan bajo yace
para llegar tan alto;
cuando creo que el jardín
que no verán los mortales
siega el azar sus capullos
y sortea a esta abeja,
puedo prescindir del verano, sin queja.

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HASTA AQUÍ EL POST DEL AUTOR DEL BLOG.

FÁBRICAS DEL AMOR. JUAN GELMAN

Juan Gelman

JUAN GELMAN / POESÍA UNIVERSAL

Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.

 

LOS HERALDOS NEGROS. CÉSAR VALLEJO

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

 

El poeta César Vallejo nació en Perú, en 1892, y murió en París en 1938.

UN POEMA DE PEDRO SALINAS

PEDRO SALINAS

Serás, amor…

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós

 

SONETO V. GARCILASO DE LA VEGA

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Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribistes, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

IDILIO MUERTO y LOS HERALDOS NEGROS. CÉSAR VALLEJO

Nada como la buena poesía para conservar la memoria; a perderla ayudan los mediocres. "Todo comienza por la frivolidad de no ser uno mismo, de tasarse y venderse, de añorar el pasado y pensar que es presente, de un espejo en la puerta y otro espejo en la mano. Una tragedia jamás será una fiesta. "Le Déjeuner sur l'Herbe", no es posible. Manet ha muerto. La patria llora", ha musitado el viejo poeta piamontés Steve Domus mientras leía las noticias.

IDILIO MUERTO

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

Qué estará haciendo esta hora
mi andina y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: «Qué frío hay… Jesús!»
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

LOS HERALDOS NEGROS

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

 

El poeta César Vallejo nació en Perú, en 1892, y murió en París en 1938.

PIENSO EN TU SEXO… / CÉSAR VALLEJO

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CÉSAR VALLEJO / POESÍA UNIVERSAL

 

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!