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EN EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS MARINAS. TRISTAN TZARA

TRISTAN TZARA
TRISTAN TZARA / POESÍA UNIVERSAL

Qué viento sopla en la soledad del mundo
Para que yo me acuerde de los seres queridos
Frágiles desolaciones aspiradas por la muerte
Más allá de las torpes persecuciones del tiempo
La tempestad se deleitaba ante su fin tan próximo
Que la arena no redondeaba ya su dura cadera
Pero en las montañas las bolsas de fuego
Vaciaban con seguridad su luz de presa
Pálida y corta como un amigo que se extingue
Del cual nadie puede decir ya su contorno con palabras
Y ninguna llamada en el horizonte tiene tiempo de socorrer
Su forma mensurable inicuamente a su desaparición

Y así de un relámpago a otro
El animal tiende siempre grupa amarga
A lo largo de los siglos enemigos
A través de los campos unos por ostentación otros por
avaricia
Y en su ruptura se perfila el recuerdo
Como el tronco que cruje en señal de presencia
Y de dispar necesidad

Existen también los frutos
Y no olvido los trigales
Y el sudor que les ha hecho crecer sube a la garganta
Sabemos sin embargo el precio del dolor
Las alas del olvido y las perforaciones infinitas
A flor de vida
Las palabras que no llegan a apoderarse de los hechos
Apenas por servirse de ellos para reír.
El caballo de la noche galopó desde los árboles al mar
Y unió las riendas de mil oscuridades piadosas
Se arrastró a lo largo de los setos
Donde pechos humanos contenían el asalto
Con todas las protestas colgadas a sus costados
Entre inmensos rugidos que se agarraban
Huyendo de la fuerza del agua
Inconmensurables ellos se sucedían mientras que muy
pequeños murmullos
No podían ser abogados y sobrenadaban
En la invencible soledad por donde desfilaban los túneles
Las selvas los rebaños de ciudades los mares enjaezados
Un solo hombre en el aliento de muchos países
Reunidos en cascada y resbalando sobre una ola lisa
De fuego desconocido que se introduce a veces en la noche
Por la pérdida de quienes el sueño congrega
En su profundo recuerdo

Pero no hablemos más de los que están unidos
A las frágiles ramas a los malos humores de la naturaleza
Aquellos incluso que sufren los golpes duros
Tienden la nuca y en la alfombra de sus cuerpos
Suenan las botas rígidas de los conquistadores
Ellos han salido de mi memoria
Los pájaros buscan otros primaverales empleos
En sus cálculos remunerados
Por rebaños deliciosos de enloquecimientos
Con el viento en sus talones
Que el desierto les sea contado
Al diablo las delicadas advertencias
Las diversiones amapolas y compañía
El frío escarba
El miedo sube
El árbol se seca
El hombre se agrieta
Los postigos golpean
El miedo sube
Ninguna palabra es bastante tierna
Para traer de nuevo al hijo de los caminos
Que se pierde en la cabeza
De un hombre al borde de la estación
Él mira la bóveda
Y mira al abismo
Tabiques estancos

 

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PROGRAMA DE LA MOSCA

Hay personas que no tienen memoria,
O sencillamente que lo olvidaron todo.

Hay de esa gente en cualquier dimensión,
Incluso en las reuniones. Cuando los niños juegan.
Llegan ante nosotros y se atribuyen glorias,
Avisos, caridades. Jamás se equivocaron.
Y desatan su humor y hablan de aquella vez
En que pelaron ¿solos? Entonces lo sabían.

Yo conozco esta especie, me la encuentro a menudo
En las aulas cerradas, allí donde el hastío
Hace olvidar las cosas.

Suelen vestir de pobres, pero en la oreja llevan
No lavanda barata, sino esencias de sándalo.

Este que yo conozco no sabe improvisar.
Tras tanto balbuceo, hay un guión perfecto.
Cuando entra a la sala, ya viene modelando.

Sabe lo que dirá,
Y puede, incluso, saber lo que yo pienso.
No duerme, no descansa.
Hace el amor y piensa cómo cortar las alas
Del que nadie ha elegido, del que llegó cubierto
De polvo y de dolor, del guerrero común.
Y dice que fue él,
Que nadie sino él descubrió la bacteria.
Olvida aquellas veces en que rogaba un guiño
A cualquier pasajero con mandato y con ley.

– Eh, tomadme en cuenta, yo soy de los que sirven.
Eso no lo recuerda, lo quisiera olvidar.

Y sigue el timador creyéndose libélula,
Ave del paraíso, y sólo hay un ausente
Capaz de verlo mosca. Pero no quiere hablar.
(¿Acaso lo creerán? ¿Y si el juez no recuerda
La verdadera historia?)

Y vuela y vuela el nuevo trepador,
Y hay gente que lo aplaude, que le brillan los ojos.
Pero cuántos lo creen.

Dos ancianos y un joven empiezan a dudar.
Y en el aire se escucha estrépito de alas,
Y en la leche la mosca, ensuciándolo todo.

Omar González

INVITACIÓN AL REGRESO. LUIS GARCÍA MONTERO

Luis Garcia Montero

LUIS GARCÍA MONTERO

Quien conozca los vientos, quien de la lejanía
haga una voz donde guardar memoria,
quien conozca la piel de su desnudo
como conoce el rastro de su nombre,
y no le tenga miedo, y le acompañe
más allá del invierno encerrado en sus sílabas,
quien todo lo decida sin la noche,
de golpe, como un beso,
que suba entre la niebla por el puente,
que le roce los dedos a su propio vacío,
que salga al mar, que pierda
el temor de alejarse.

En la debilitada
sombra violeta de las olas,
mientras se van hundiendo con el puerto
los antiguos letreros y las luces,
flotarán esperando
nuestras conversaciones en el agua.
Serán el obligado desengaño
que con la brisa caiga desde la arboladura,
devolviendo al recuerdo
la tempestad de hablar
o palabras partidas como mástiles.
Porque los sueños dejan
igual que los naufragios algún resto,
con maderas y cuerpos hundidos en las sábanas,
llenos de dominada libertad.

No es la ciudad inmunda
quien empuja las velas. Tampoco el corazón,
primitiva cabaña del deseo,
se aventura por islas encendidas
en donde el mar oculta sus ruinas,
algas de Baudelaire, espumas y silencios.
Es la necesidad, la solitaria
necesidad de un hombre,
quien nos lleva a cubierta,
quien nos hace temblar, vivir en cuerpos
que resisten la voz de las sirenas,
amarrados en proa,
con el timón gimiendo entre las manos.

Aléjate de allí, vayamos lejos,
sin la ilusión que llama desesperadamente,
sin el dolor que asume su decencia.
La piel, mi piel, los vientos
han preguntado tanto en las orillas,
tanto se han estrellado por ciudades y pechos,
que no conocen patrias ni las cantan,
no recuerdan naciones,
sólo pueblos.

Yo sé que su regreso
es el nuestro sin duda. Porque con voz humana,
como marinos viejos,
sobre el desdibujado dolor de sus espaldas,
vendrán para decirnos:
es el tiempo,
dejémonos volver con la marea.

El coraje y la fuerza del crepúsculo
os llevarán al fondo de lo ya conocido,
y veremos fragatas sobre los charcos negros,
pero la silueta desdoblada de un niño
no será frágil ni tendrá cansancio.

Así, después del viaje,
sorprendidos y mudos delante del fantasma,
mientras surgen despacio con el puerto
los antiguos letreros y las luces,
oiremos la canción de los que llegan,
de los que pisan tierra cuando han sido
durante muchos días esperados.

Y el mar, el dulce mar tan trágico,
a su propia distancia sometido,
sabrá dejar escrito
que el viaje nunca fue nuestro tesoro,
ni tampoco el dolor famoso en los poemas,
sino los sueños puestos en la calle,
los lechos y su bruma,
al despertar de tantas noches largas
donde sólo pudimos presentir,
hablar de los deseos en la sombra.

Al lado de tu pelo, capital de los vientos,
la historia en dos, el ruido de las lágrimas,
tienen que ser pasado necesario,
alejada miseria,
cosas para contar después de algunos años,
si es que alguien pregunta por nosotros.

Aunque también, y necesariamente,
entre la baja noche y esta casa
donde suelo escribir,
yo esperaré los labios
que con llamada extraña de nuevo me pregunten:

¿Prisionero de amor, para quién llevas
un hombro de cristal y otro de olvido?

CANCIÓN ANTIGUA AL CHE GUEVARA. MIRTA AGUIRRE

-¿Dónde estás, caballero Bayardo,index
caballero sin miedo y sin tacha?
-En el viento, señora, en la racha
que aciclona la llama en que ardo.
– ¿Dónde estás, caballero gallardo,
caballero sin tacha y sin miedo?
-En la flor que a mi vida concedo:
en el cardo, señora, en el cardo.
-¿Dónde estás, caballero seguro,
caballero del cierto destino?
-Con la espada aclarando camino
al futuro, señora, al futuro.
-¿Dónde estás, caballero el más puro, caballero el mejor caballero?
– Encendiendo el hachón guerrillero
en lo oscuro, señora, en lo oscuro.
-¿Dónde estás, caballero el más fuerte, caballero del alba encendida?
-En la sangre, en el polvo, en la herida, en la muerte, señora, en la muerte.
-¿Dónde estás, caballero ya inerte,
caballero ya inmóvil y andante?
-En aquel que haga suyo mi guante
y mi suerte, señora, mi suerte.
-¿Dónde estás, caballero de gloria,
caballero entre tantos primero?
-Hecho saga en la muerte que muero:
hecho historia, señora, hecho historia.

BEBIENDO SOLO A LA LUZ DE LA LUNA. LI BAI

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Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, nos alegramos juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.

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Li Bai (701 d. C. – 762 d. C.). Poeta chino considerado el mayor poeta romántico de la dinastía Tang.

HABLAR DE POESÍA. FINA GARCÍA MARRUZ

 

Con la publicación de fragmentos del artículo Hablar de la poesía, honramos a la destacada intelectual Fina García Marruz, gloria de nuestras letras y nuestra lírica, en el aniversario 95 de su natalicio, el próximo 28 de abril

FINA GARCÍA MARRUZ

Lo primero fue descubrir una oquedad: algo faltaba, sencillamente. Pero, de pronto, todo podía dar un giro, las cosas, sin abandonar su sitio, empezaban ya a estar en otro. La poesía no estaba para mí en lo nuevo desconocido, sino en una dimensión nueva de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida de lo evidente. (…)

Los espacios y vacíos del verso reflejaban bien aquel vacío, aquella irrupción. Un libro de verdadera poesía detenía el encantamiento. Salvo en aquellos instantes felices de sus súbitas visitas, la belleza misma parecía tener como una limitación. El mar que tenía delante de los ojos era solo aquel mar. En el misterioso deseo, en la nostalgia imprecisa, sentía una mayor intensidad de presencia. (…)

(…)
(…) Nunca he sentido la belleza como una cualidad que puedan tener o no tener las cosas, sino como su esencia constante sosteniéndolas, que puede revelárseme o no. Por esto la poesía y «lo poético» me parecen en realidad cosas antitéticas. Lo que encuentro «poético» está ya limitado por mi particular elección o propósito embellecedor. Es algo demasiado excluyente, caprichoso, temperamental. La belleza, o lo es todo, o sería la misma cosa que la injusticia.

Ahora siento menos que en la adolescencia ese imperio de la memoria y el deseo. El hoy humilde me parece el verdadero alimento. Pan nuestro de cada día, no lo excepcional, sino lo diario que no cansa, ni estraga, y que sustenta. Vivir en esa especie de disparadero del proyecto incesante, menudo o magno, escamotea muchas veces su maná precioso sosteniéndonos. Que ningún acto que realicemos en el día, ni aun el más modesto, sea mecánico. Que podamos tender la cama con la misma inspiración con que antes se iba a ver la caída del crepúsculo. La mujer que cose un roto, la que enciende el fuego, la que barre el polvo, contribuye también al orden del mundo, a la caridad más misteriosa: sirve a la luz. (…)

(…)
(…) Señalar fines a la poesía, por elevados que estos sean, es no comprender que el poeta ha de vivir dentro de ella como dentro de algo que lo excede y no que él maneja a su gusto, de modo que se puede decir que la poesía vive menos dentro de él que él dentro de la poesía, como creyó la vieja teología que no era el alma la que estaba dentro del cuerpo sino el cuerpo dentro del alma. Es porque la poesía no es otra cosa que el secreto de la vida, por lo que siempre escapará, es la noción de fin visible. (…)

(…)
Poeta es ese extraño cazador que solo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre. Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquel que no es como nosotros tiene quizá un secreto de nuestro hombre.

Si pudiéramos hablar de la poesía del mismo modo como ella calla su esencia sin proclamación. Todo poeta siente, al trabajar, que sus palabras son moldeadas por un vacío que las esculpe, por un silencio que se retira y a la vez conduce el hilo del canto, y toda su impotencia y toda su fuerza consiste en la necesidad de desalojar a ese único huésped necesario. El silencio es en la poesía, como en la naturaleza, un medio de expresión. La poesía vive de silencios, y lo más importante es, quizá, ese momento en que el pulso se detiene y va a la otra línea de abajo. (…) Poesía palabrera no es poesía. Cintio me recuerda siempre que la poesía no es decirlo todo sino decir la mitad, o más bien, sugerir una totalidad a través de un límite. (…)

En lo humano, he sentido siempre la poesía en aquellos raros seres capaces de darnos alegría, que no son siempre, necesariamente, los más alegres. (…)

 (…)
¿Quién sabe de qué fuente modesta e inatendida saca el hombre para siempre su decisiva elección del bien o del mal, el desinterés que preside el menor descubrimiento científico, o su ulterior sentido de la belleza? ¡Qué alta pedagogía la que respetase el tiempo libre, no programado, el único quizá, en que se aprenden las cosas que no se aprenden!

(…)

Si lo triste enriquece, contribuye también a la alegría. Lo que más nos importa, en las cosas y sobre todo en las personas, no son sus ideas, no son sus propósitos, por elevados que estos sean, sino su esencia misma, lo que emana de ellas involuntariamente, como el olor de la resina del tronco. Un enteco maestro, un puritano, puede hacer aborrecible la moral a un niño y un payaso en cambio despertarle su sentido del humor, de la compasión, de la simpatía, de la benevolencia. Se reza involuntariamente porque estas cosas no desaparezcan del mundo.

(…)

Todo poeta sabe que los poetas son los otros, los que no escriben versos, y no solo los servidores magnos (como recordaba el poeta Barnet), sino aun los más humildes, la hermana que cose en la habitación de al lado, la bocanada fresca que entra cada mañana cuando abrimos la puerta, el canario en el balcón. Una mujer que se sabe bella, ya lo es menos. Del mismo modo, nadie podría «sentirse» poeta sino por ese único punto en que deja de serlo, y quizá solo hemos sido verdaderos poetas en los raros instantes en que no nos dimos cuenta de ello.

Pensé iniciar estas palabras diciendo que yo no sé lo que es la poesía. (…).  A mis diecisiete años yo sabía muchísimas cosas más acerca de la poesía.

Como cualquier joven ignorante, lo sabía, naturalmente, todo. Recuerdo que escribí un tratado de unas cuarenta páginas del que ahora hubiera podido valerme si no fuera porque un pobre hombre, aprovechando mi previsible distracción, me robó la bolsa que contenía el voluminoso trabajo que solo pude reconstruir después en parte. Por desdicha mía y suya, en la bolsa tenía solo cinco centavos. Siempre compadecí a aquel ladrón que creyó encontrar algo con qué aliviar su miseria y solo halló una arrogante disertación sobre la poesía. Con qué aborrecimiento tiraría mis papeles a un rincón. Poesía sería para él un plato de sopa bien caliente, un colchón nuevo, un abrigo. Muchas veces imaginé el miserable cuartín en que debió haber abierto su desolado tesoro y me sentí maldecida por aquel desconocido que esperaba, sin duda, otra cosa mejor. Poder reparar de una vez por todas ese error, no defraudar de nuevo esa esperanza, siento que es lo único que nos daría a todos el derecho para volver a hablar de la poesía.

Fuente: Periódico Granma

DEFINICIÓN DEL AMOR. FRANCISCO DE QUEVEDO

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Es hielo abrasador, es fuego helado, 
es herida que duele y no se siente, 
es un soñado bien, un mal presente, 
es un breve descanso muy cansado. 
Es un descuido que nos da cuidado, 
un cobarde con nombre de valiente, 
un andar solitario entre la gente, 
un amar solamente ser amado. 
Es una libertad encarcelada, 
que dura hasta el postrero paroxismo; 
enfermedad que crece si es curada. 
Éste es el niño Amor, éste es su abismo. 
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada 
el que en todo es contrario de sí mismo!

 

Imagen: Villa de Adriano, Tivoli, Italia.

POÉTICA. DE VIVA VOZ A G(erardo) D(iego). FEDERICO GARCÍA LORCA

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FEDERICO GARCÍA LORCA

Pero ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.

Aquí está; mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.

En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema.

YO LO PREGUNTO. NEZAHUALCÓYOTL

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NEZAHUALCÓYOTL / POESÍA UNIVERSAL

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

DOS POEMAS DE FÉLIX PITA RODRÍGUEZ*

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 RETRATO

Un candor cierto por la persistencia de tu tesis brillante;
un candor y otras cosas que no pueden nombrarse.
Ciertos pájaros claros de evidencia metálica;
cierta anfibia manera de pronunciar la erre,
y una sombra y su acento de haber perdido siempre
varias frutas maduras.
Eso va delatando, como un jardín cualquiera,
tu sentido del tacto.

El color amaranto no te va bien volando.
Te recoge, te ciñe, como un color guerrero.
Y más que no recuerdo.

Parlamenta, convence. Tu ternura sin ruedas, sin ángeles
ni cintas, de placidez de alfombra, puede sacar partido.

Y es lo que no se espera lo que tiene remedio,
lo que puede ser cierto.
Una muerte tan dulce siempre llega a destiempo,
entre el doblado miedo, jícara persistente
donde tu corazón guarda mis arrabales.

¡Oh, mi dulce hoja verde!

———-

CIERRA LA PUERTA, AGUARDA

Cierra la puerta, aguarda.
Llegará lo que esperas cuando ya no lo esperes.
Ponte en el corazón la verja más segura.

Que no entre nadie, nadie, no hay sitio,
está ocupado hasta el rincón más alto,
donde la última estrella
viene en la madrugada a lavarse las manos.
Cierra la puerta, espera:
te ha de nacer un día el azar más seguro,
y tú serás su dueña.

 

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*Poeta, narrador, ensayista, autor teatral, periodista, crítico literario, traductor, escritor de radio y televisión, son estas las vertientes más significativas de la actividad literaria de Félix Pita Rodríguez, nacido en Bejucal, actual provincia de Mayabeque, el 18 de febrero de 1909. Falleció en La Habana el 19 de octubre de 1990.

ALGUNAS VALORACIONES DE SU OBRA

«Por eso, por ser tan buen poeta, es Pita Rodríguez tan buen cuentista. Un narrador lírico de hondo realismo, cuya prosa es relato y poema, virtud que la sitúa entre las de mayor rango en nuestro idioma, quiere decir el de Cuba y el de España.» (Nicolás Guillén)

«¿Será posible que se pueda hoy leer por gusto un libro como éste Historia tan natural? Claro que será posible. Destápesele ya y siéntase que buen aroma tiene.» (Eliseo Diego)

«En su poesía, en sus cuentos, en sus crónicas ágiles, en sus poemáticas biografías, en toda la brillante producción de este gran artista de la pluma florece siempre la experiencia de su fecunda y aventurera vida. Así ha vivido y así ha soñado.» (Regino Pedroso)

«Su poesía responde a la carencia de normas fijas en su expresión, que lo convierte en un poeta cercano a la escuela surrealista, quizás el único cubano que podemos señalar como representante de tal movimiento.» (Roberto Fernández Retamar)

Fuente: CUBALITERARIA

INTIMIDAD DEL CIERVO

El ciervo siente que lo rodean sospechas.
Mira en su entorno y sabe
que quien lo observa no puede ser su padre.

El ciervo quiere escapar del acoso
y termina escondido en su propia mirada.

Ahora es noche
y es caricia que recibió en su infancia.
Sólo él y su padre en una noche fría.

(La gente ignora que un ciervo
no se resigna al llanto.)

Mientras escucha el agua
y un cazador lo busca,
levanta el vuelo y es curva tierna
en el aire más cálido.

El ciervo siente que lo rodean sospechas
mientras la gente cree que ha salido a volar.

OMAR GONZÁLEZ

PÁJARO SEPIA

En Pretoria hay un ave que debe ser la angustia:
Gime si va a cantar, solloza cuando vuela;
Es un pájaro sepia, arruinado en las plumas,
Solitario en el árbol donde las flores fueron.

He preguntado el nombre de esta luz y esta sombra,
Y ningún transeúnte me sabe responder.

Aquel dice fantasma, este ha dicho la Historia,
Otro melancolía, y el más anciano piensa
Que por sufrir no vuela y que muere de rabia.

En Pretoria hay mil aves (cantoras, democráticas),
Y un negro mira a un blanco como si fuera un negro;
Mas en la jacaranda que poblaron mis ojos,
Yo vi un pájaro sepia que imaginé la angustia.

NECESITAMOS DE LA PAZ Y LA POESÍA

REDH-CUBA

Declaración del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad sobre el Festival Internacional de Poesía de Medellín

REDH-Cuba-poesia

Hemos recibido con pesar y consternación la noticia de que el Ministerio de Cultura de Colombia le ha negado al Festival Internacional de Poesía de Medellín el aporte anual que como evento recibía conforme a la ley, y que hacía posible su celebración.

Este evento reúne anualmente, desde 1991, a poetas de todas las culturas, generaciones, tendencias expresivas, lenguas y tradiciones poéticas que convergen en un canto a la vida, un llamado a la comunión entre los seres humanos a través del arte y la poesía, y un legítimo e incomparable aporte a la paz. Por esa vocación, en 2006, este Festival fue merecedor del Premio Right Livelihood, también conocido como Premio Nobel Alternativo, «en reconocimiento al coraje y a la esperanza en tiempos de desesperación».

La red de intelectuales, artistas y luchadores sociales En defensa de la humanidad- Cuba une su voz a la de tantas organizaciones, asociaciones, poetas y escritores a favor del Festival de Poesía de Medellín, segura de que la paz no solo se construye deponiendo las armas, sino también despertando las sensibilidades, convocando a la ternura y tendiendo lazos de solidaridad y amor que aporten a la transformación del ser humano y la construcción de un mundo más justo.

Colombia necesita la paz, el mundo necesita la paz. No es posible negarle a la poesía – por su esencia opuesta a la guerra y a la cultura de la muerte- el derecho de ayudar a construirla.

LA ESPERANZA ES ESA COSA CON PLUMAS. EMILY DICKINSON

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Emily Dickinson (1830-1886)

La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,

y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.

La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
mas nunca en la inclemencia
de mí ha pedido una sola migaja.

—————————-

HOPE IS THE THING WITH FEATHERS

Hope is the thing with feathers
That perches in the soul,
And sings the tune–without the words,
And never stops at all,

And sweetest in the gale is heard;
And sore must be the storm
That could abash the little bird
That kept so many warm.

I’ve heard it in the chillest land,
And on the strangest sea;
Yet, never, in extremity,
It asked a crumb of me.

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ESCRIBO EN EL OLVIDO / LA PUERTA. JUAN GELMAN

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JUAN GELMAN / POESÍA UNIVERSAL

ESCRIBO EN EL OLVIDO…

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

 

LA PUERTA

abrí la puerta/amor mío
levantá/abrí la puerta
tengo el alma pegada al paladar
temblando de terror

el jabalí del monte me pisoteó
el asno salvaje me persiguió
en esta media noche del exilio
soy yo mismo una bestia.

 

SONETO 83. PABLO NERUDA

Pablo Neruda

PABLO NERUDA

Soneto 83

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,
invisible en tu sueño, seriamente nocturna,
mientras yo desenredo mis preocupaciones
como si fueran redes confundidas.
Ausente, por los sueños tu corazón navega,
pero tu cuerpo así abandonado respira
buscándome sin verme, completando mi sueño
como una planta que se duplica en la sombra.
Erguida, serás otra que vivirá mañana,
pero de las fronteras perdidas en la noche,
de este ser y no ser en que nos encontramos
algo queda acercándonos en la luz de la vida
como si el sello de la sombra señalara
con fuego sus secretas criaturas.

UN POEMA DE AMOR. NICOLÁS GUILLÉN

NICOLÁS 5

NICOLÁS GUILLÉN

No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma
un tiempo enorme, enorme, enorme.
Al fin como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.
Después
( Ya lo sabéis desde los quince años )
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos,
todavía
un amor de “lo amo”
de “usted”, de “bien quisiera,
pero es imposible…” De “no podemos,
no, piénselo usted mejor….”
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aún seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte…
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.

 

1 DE ENERO DE 1965. JOSEPH BRODSKY

JOSEPH BRODSKY

1 DE ENERO DE 1965

Los Reyes Magos olvidarán tu nombre.
Sobre tu cabeza no brillará ninguna estrella.
Sólo persistirá un fatigoso sonido,
el ronco rumor del temporal.
Se proyectarán las sombras desde tus ojos cansados
al morir la solitaria vela junto a tu cama,
pues aquí el calendario sigue criando noches
hasta agotar las reservas de velas.

¿Qué provoca esta melancolía?
Una larga melodía familiar.
Vuelve a sonar. Pues adelante.
Que suene desde esta noche.
Que suene en la hora de mi muerte,
como agradecimiento de los ojos y los labios
por aquello que a veces nos empuja a alzar
la mirada a lo profundo del cielo.

Contemplas en silencio la pared.
Tu calcetín mira boquiabierto: no guarda ningún regalo.
Es evidente que eres ya demasiado viejo
para confiar en el bueno de San Nicolás;
que es ya tarde para milagros.
Pero de repente, al levantar los ojos
hacia la luz del cielo, te das cuenta:
tu vida es un puro regalo.

EL ADIÓS. YVES BONNEFOY

BONNEFOY 1
El poeta Yves Bonnefoy, en 2001 en París. ERIC FEFERBERG AFP

EL ADIÓS

Somos devueltos a nuestro origen
Este fue el lugar de la evidencia, mas desgarrado,
Las ventanas entreveraban demasiadas luces,
Las escaleras subían demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora los pájaros vuelan de recámara en recámara
Los postigos caídos, el lecho está cubierto de piedras,
El hogar pleno de restos del cielo que pronto se apagarán,
Allá nosotros hablábamos, la noche, casi a voz baja
A causa de los rumores de las bóvedas, allá sin embargo
formamos nuestros proyectos: mas una barca,
Cargada de piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Posaba ya su ceniza sobre los sueños
Que recomenzábamos sin fin, poblando imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es verdad, amiga mía,
Que no existe más que una palabra para designar
En la lengua que llamamos la poesía
Al sol de la mañana y aquel de la tarde,
Uno sólo el grito de alegría y el grito de angustia,
Uno solo el río arriba desierto y los golpes de hachas,
Uno solo el lecho destruido y el cielo de tormenta,
Uno solo el niño que nace y el dios muerto?

Sí, yo lo creo, quiero creerlo, ¿pero cuáles son
Estas sombras que dominan el espejo?
Y ve, la zarza toma entre las piedras
Sobre la vía de hierba aún mal trazada
Donde se sostenían nuestros pasos hacia los jóvenes árboles.
Me parece hoy, aquí, que la palabra
Es este cántaro medio quebrado, en donde se derrama
Con cada nube de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo busca siempre retejer el mundo.
El paraíso es disperso, lo sé,
Es la mancha terrestre de en ello reconocer
Las flores diseminadas en la hierba pobre,
Mas el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue más repentina que el crepúsculo.

Y como Adán y Eva nosotros caminaremos
Una última vez en el jardín.
Como Adán el primer arrepentimiento, como Eva la primera
Valentía nosotros querremos y no querremos
Franquear la puerta baja que se entreabre
Allá abajo, al otro extremo de los bordes, coloreado
como auguralmente por un último rayo.
El porvenir se toma en el origen
Como el cielo reflejado en un espejo curvo,
¿Podremos recoger de esta luz
que ha sido el milagro de aquí
La semilla en nuestras manos sombrías, para otras charcas
Al secreto de otros campos “tachados de piedras”?

Claro, el lugar para vencer, para nosotros vencer, es aquí
Del cual partimos, esta noche. Aquí sin fin
Como esta agua que se escapa del cántaro.

Versión del poeta y traductor Gustavo Osorio de Ita.
Fuente: Revista electrónica  Círculo de Poesía.