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ACERCA DE LA FUNCIÓN DE LOS INTELECTUALES. ENRIQUE CARPINTERO

Una mirada desde el psicoanálisis

enrique carpintero

ENRIQUE CARPINTERO / REVISTA TOPÍA

Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
Anónimo

Introducción

En un artículo publicado en la revista Topía (1) se comentaba que hace unos años el escritor Antonio Tabucchi (2) había iniciado una polémica con Umberto Eco sobre la función de los intelectuales. Este último decía que “el intelectual trabaja para el largo tiempo, no sirve para el acontecimiento”. Como ejemplo planteaba: “si hay fuego el intelectual debe llamar a los bomberos…” y, continuaba “no se le puede reprochar a Platón el que no hubiera propuesto un remedio para la gastritis”. Por el contrario, Tabucchi afirmaba que la tarea del intelectual es precisamente esa: “reprochar a Platón que no inventara el remedio para la gastritis”. Esa es la “función esporádica” ya que, “no es crear una crisis sino poner en crisis a algo o a alguien que no sólo está en crisis, sino al contrario, que está muy firmemente convencido de sus posiciones”. En este sentido, cualquiera puede ser un intelectual pues éste es un simple “ciudadano que no se contenta con votar según sus necesidades y sus ideas, sino que, tras votar, se interesa por el resultado de ese acto único y, guardando las distancias respecto a la acción necesaria, reflexiona sobre el sentido de esa acción y, según las ocasiones, habla y calla”.

En estos tiempos donde -según Robert Castel- predomina el “individualismo negativo”(3) se nos ha hecho creer que el semblante del intelectual es anticuado o improductivo. Sin embargo, son los políticos de las clases dominantes quienes han abdicado de los ideales para crear un imaginario de seducción y miedo a partir de hechos que ellos mismos producen. Estos políticos pragmáticos sólo hacen política desde y para afianzar su poder y necesitan intelectuales pragmáticos que se transforman en mensajeros de la gestión del político, convirtiéndose en los nuevos intelectuales del determinismo histórico y el economicismo a ultranza. Es decir, un intelectual del poder que construye significaciones sociales acordes con los valores del mercado neoliberal capitalista: las fundaciones de empresas monopólicas, las grandes editoriales, los medios de comunicación, los centros académicos, los laboratorios, las empresas de medicina, etcétera.

Es que, como dice Pierre Bourdieu “…el discurso neoliberal no es un discurso como los demás. A la manera del discurso psiquiátrico en el manicomio, según Erving Goffman, es un discurso fuerte, fuerte y difícil de combatir, porque cuenta a su favor con todas las fuerzas del mundo de relaciones de fuerza que contribuye a que sea tal cual es, especialmente orientado a las opciones económicas de los que dominan las relaciones económicas y añadiendo así su propia fuerza, típicamente simbólica, a esas relaciones de fuerza.” (4)

De esta manera, el pensamiento neoliberal es una ideología totalitaria; no da alternativa: “nosotros o el caos”. En realidad plantean que: “o hacen lo que decimos nosotros o transformamos la sociedad en un caos a través de la economía.” Este pensamiento único, ya no es una técnica sino una ideología que domina el mundo. A cualquiera que quiera cuestionar este orden establecido se lo acusa de mesiánico, de delirante, o de querer volver al pasado ¿cómo alguien va a cuestionar una sociedad moderna, madura y libre, en la que cualquier ciudadano puede comprar en un supermercado desde hamburguesas hasta ideas listas para usar?

En este sentido, la conquista de la libertad de pensar y expresarse está amenazada en todas partes ya no por dictaduras, sino por las fuerzas del mercado. Éstas son las que regulan cuáles libros se encuentran en los estantes de las librerías, quiénes y qué noticias aparecen en los medios de comunicación, o cómo acomodar la ética que plantea el psicoanálisis a las necesidades de las empresas de medicina pre-paga. Es decir, la libertad del mercado capitalista es una falacia que sólo sirve para que las empresas más grandes compren o destruyan a las más chicas, controlando lo que vamos a leer, a consumir, o qué presidente debemos elegir.  Seguir leyendo ACERCA DE LA FUNCIÓN DE LOS INTELECTUALES. ENRIQUE CARPINTERO

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“NIÑO DESORDENADO”. WALTER BENJAMIN

WALTER BENJAMIN / SUEÑOS*

Cada piedra que encuentra, cada flor que recoge, cada mariposa que atrapa es el comienzo de una colección, y ello a pesar de que todas sus propiedades forman para él una sola. Esa pasión nos muestra en él su rostro, esa mirada india tan severa que en anticuarios, investigadores y bibliómanos ya sólo arde sin lustre. En cuanto empieza a vivir, el niño se convierte en un gran cazador. Caza los espíritus, cuya huella rastrea entre las cosas; y entre los espíritus y las cosas van transcurriendo años en los que su campo visual nunca incluye a los hombres. Vive así como en sueños; no conoce nada
permanente, porque todo le pasa, le sucede. Y sus años de nómada son horas dentro del bosque de los sueños. Desde ahí va arrastrando su botín a su casa, a limpiarlo, asegurarlo y desencantarlo. Sus cajones se convierten poco a poco en arsenal y zoo, como en museo criminal y cripta. «Vaciarlos» sería lo mismo que destruir un edificio
lleno de castañas puntiagudas que son luceros del alba, papel de estaño que es plata, cubos de madera que, en realidad, son ataúdes y cactus que son tótems, y monedas de cobre que sin duda alguna son escudos. En el amplio ropero de la madre y en la biblioteca del padre el niño ayuda desde hace mucho tiempo, mientras que en su cuarto todavía es un huésped, siempre belicoso e inconstante.
[OC IV/1, 55]

*Tomado del libro Sueños, de Walter Benjamin. ABADA Editores, 2008. Traducción: Juan Barja y Joaquín Chamorro Mielke. En este libro se reúnen por primera vez los relatos de sueños y reflexiones teóricas sobre éstos publicados en vida de Benjamin o inéditos de su legado. Está dividido en dos partes: 1ª, «Anotaciones de sueños», ofrece las anotaciones que realizó de sus propios sueños, algunas de las cuales forman parte del material manuscrito no publicado hasta ahora. 2ª, «Sobre la percepción onírica. Sueño y despertar», contiene sus reflexiones teóricas sobre los sueños. Para terminar hay un Epílogo de Burkhardt Lindner.