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ELOGIO DEL SENTIDO COMÚN. EDUARDO GALEANO

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Nos reúne, en la mañana de hoy, la búsqueda de áreas de cooperación y de encuentro en este mundo enfermo de desvínculos. ¿Dónde podremos encontrar un gran espacio todavía abierto al diálogo y al trabajo compartido? ¿No podríamos empezar por buscarlo en el sentido común? ¿El cada vez más raro sentido común?

Los gastos militares, pongamos por caso. El mundo está destinando 2.200 millones de dólares por día a la producción de muerte. O sea: el mundo consagra esa astronómica fortuna a promover cacerías donde el cazador y la presa son de la misma especie, y donde más éxito tiene quien más prójimos mata. Nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, escuela y remedios a todos los niños que no tienen. A primera vista, esto traiciona el sentido común. ¿Y a segunda vista? La versión oficial justifica este derroche por la guerra contra el terrorismo. Pero el sentido común nos dice que el terrorismo está de lo más agradecido. Y a la vista está que las guerras en Afganistán y en Irak le han regalado sus más poderosas vitaminas. Las guerras son actos de terrorismo de Estado, y el terrorismo de Estado y el terrorismo privado se alimentan mutuamente. Seguir leyendo ELOGIO DEL SENTIDO COMÚN. EDUARDO GALEANO

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El pensamiento cubano y su expresion en los proyectos culturales del siglo XX

Eduardo Torres Cuevas
Fuente: Revista Caliban

Pensadores CubanosAnte todo quisiera agradecer al Centro Juan Marinello, a su director, nuestro amigo Pablo Pacheco, a la profesora Ana Suárez, el que hayan tenido la deferencia de pedirme estas palabras iniciales.

Quizás era para hacer un elogio del Centro y de la labor que ha hecho este centro durante estos últimos años, fundamentalmente esa labor silenciosa de Pacheco, que realmente, a veces, no está en las grandes portadas de los libros, pero cuánto no le deben estos libros a Pacheco y por tanto creo que algún día tendremos que dedicarle algunas palabras más amplias a lo que ha sido su labor durante tantos años. Seguir leyendo El pensamiento cubano y su expresion en los proyectos culturales del siglo XX

EDMUNDO ARAY

Esta “carta” constituyó el elogio que pronuncié en la cordial ceremonia donde el poeta, cineasta e intelectual venezolano Edmundo Aray, fuera condecorado con la Distinción por la Cultura Nacional, en La Habana, a finales de 2003. La publico como renovado tributo a mi inalterable amigo de toda la vida. La foto que ilustra el texto es de Claudia González Machado.

Cámara rápida. Foto de Claudia González Machado
Cámara rápida. Foto de Claudia González Machado

La Habana, 15 de diciembre de 2003, en días de Festival…

Querido Edmundo:

Como imaginarás, para quienes vivimos el Festival* en su dimensión más íntima y mundana, y no en la pública de las celebridades, el trabajo de hacerlo o haberlo hecho, jamás termina. No hay sosiego posible tratándose de un evento que, sin temor a exagerar, sólo nosotros, tú también, podemos lograrlo. Pero somos mortales, Edmundo; tanto, que el cansancio termina por cerrarnos la mente y ante el grato deber de elogiar a un amigo, sólo se nos ocurre, como único recurso posible, escribirle una carta, así sea una pésima carta de amor.

Cuando Abel y tú, aquella tarde en la sede de la Fundación, me pidieron que hablara en este acto en nombre del Ministerio, tuve la sospecha de que no iba a poder, pero como el ICAIC era el proponente fundamental, no podía negarme, aun cuando sé que entre los muchos amigos que hoy nos acompañan, los hay mil veces más capacitados que yo para decir de ti no sólo elogios, sino pasiones. Heme aquí, entonces, movido por el placer y castigado por el destino. Como en los melodramas.

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Sorprende el espacio que ocupa la estulticia entre nosotros

Texto: Omar González

Imágenes: Sándor González (detalles de obras suyas en b/n) y Claudia González (fotos de su autoria)

Habaneando: Prado Nro. 1. Foto de Sándor González
Habaneando: Prado Nro. 1. Foto de Sándor González

Palabras en el vigésimo aniversario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de escritores y artistas jóvenes, en el Memorial José Martí, Plaza de la Revolución, La Habana, 18 de octubre de 2006.

“Sorprende el espacio que ocupa la estulticia entre nosotros. Y sorprende porque resulta paradójico, además de inexplicable, que en una sociedad como la nuestra, en posesión de todas las herramientas necesarias para fomentar el juicio estético a escala social, encuentren cobija fácil los artificios de la banalidad y la mala costumbre de la pereza intelectual. Están los efectos de la globalización –o del imperialismo, que es como merece llamarse este frenesí de las trivialidades en ciertas zonas del entretenimiento–, y está nuestra propia cosecha de complacencia y mimetismo.”

UNO

No tengo noticias de la existencia de otra organización similar a la Asociación Hermanos Saíz en el resto del mundo. Tampoco la tuve, en su momento, de las que fueron sus antecesoras inmediatas; me refiero a la Brigada que también llevaba el nombre de Sergio y Luís Saíz Montes de Oca, asesinados por la tiranía batistiana cuando apenas se despedían de la adolescencia, al  Movimiento de la Nueva Trova, que tanto contribuyó (y contribuye, pues se trata de un sentimiento y de una actitud ante la vida) a fijar un paradigma no sólo en nuestra música, sino en la amplitud de nuestra cultura, y la Brigada Raúl Gómez García, donde se agrupaban los instructores de arte formados durante los primeros años de la Revolución. De tal experiencia, en la que rebeldía,  aprendizaje y compromiso social iban de la mano; de aquella cofradía de soñadores; en fin, de aquellos idus de otro siglo que muchos aquí evocamos con nostalgia y complicidad, emerge esta asociación, cuyo vigésimo aniversario festejamos ahora, cuando todo es distinto porque, entre otras razones, resulta infinitamente superior.

La singularidad de la AHS, estriba no sólo en el alcance de sus proyecciones y en los resultados de una obra que ya la trasciende en lontananza, sino en que su devenir no puede desligarse de lo que ha significado la Revolución en el ámbito de nuestra cultura. Sus casi tres mil integrantes no son los elegidos de una época para conquistar la gloria, sino los continuadores de una práctica histórica donde la conjunción entre vanguardia política y vanguardia artística, garantiza mucho más que la armonía intelectual, garantiza el afán creador de un tipo de sociedad, la nuestra, donde ningún sector es ajeno a esa identificación esencial y, por lo mismo, determinante.

Sin la obra educacional de la Revolución, es imposible imaginar la existencia de organizaciones como ésta. Difícilmente encontraremos uno de sus integrantes que no provenga del sistema de enseñanza artística o no sea un egresado de cualquier otra rama del saber; en contraste con aquellos primeros años fundacionales, cuando los jóvenes intelectuales cubanos empezaban a organizarse para poder reconocerse y así brindar una contribución más efectiva al proyecto social, los avances son ostensibles, verdaderamente incomparables.

Yo recuerdo que, aún a finales de la década de los años sesenta, en las hojas de vida de muchos colegas se leía que eran autodidactas o que habían sido alfabetizados en 1961. Había transcurrido poco menos de dos lustros y todavía pesaba el fardo de la exclusión anterior al 1ro. de enero de 1959; sin embargo, como prueba del alcance de la Revolución, ya teníamos poetas, músicos y pintores cuyo origen jamás les hubiera permitido acceder no ya a la cultura, sino a su creación.

Boca. Foto de Claudia González
Boca. Foto de Claudia González

Y recuerdo también que, cuando solíamos desentrañar en qué radicaba el magisterio de la obra de Thomas Mann, James Joyce o Marcel Proust, no faltaba la dolorosa confesión acerca del otro “tiempo perdido”, el de la infancia transcurrida en una época de esclavitud y sombras, cuando eso que llamamos cultura profunda ni siquiera era imaginable en muchos de nosotros. Toda la luz del mundo terminaba en la noche. Aún más, sé que llenar aquel vacío se ha convertido en una obsesión para no pocos de los jóvenes escritores y artistas de entonces, o, para ser más precisos, de los que son conscientes de sus limitaciones y no se conforman con la rutina de una celebridad más o menos pasajera, ni con el éxito fácil de una fórmula predeterminada, troquelada diría yo, algo demasiado extendido entre nosotros últimamente. También, por supuesto, entre los más jóvenes.

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DOS TEXTOS ACERCA DEL SAQUEO ARTÍSTICO

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Al revisar mis archivos sobre el tema del saqueo del patrimonio de los pueblos por parte de las potencias imperialistas, di con los dos textos que ofrezco a continuación. Uno de ellos pertenece a mi buen amigo Lisandro Otero, lamentablemente ya fallecido, y el otro a Pedro da Cruz.

No obstante tratarse de documentos publicados hace varios años, ambos conservan una vigencia indiscutible.

Recomiendo su lectura.

El saqueo artístico. Se restaura el Partenón

Por Lisandro Otero

Fuente Rebelión

Publicado el agosto 25-11-2006

Noticia para algunos: el altruismo todavía existe. Una familia sueca que conservaba un fragmento de la Acrópolis lo ha devuelto a las autoridades griegas hace pocos días. La circunstancia alcanzó las primeras planas de los periódicos y es la segunda vez en este año que alguien devuelve parte del saqueo de los tesoros griegos. La polémica cuestión de la restitución de tesoros arqueológicos está tomando otro rumbo. El British Museum resiste, sin embargo, la presión internacional para devolver los llamados mármoles Elgin, la colección más importante de fragmentos del Partenón fuera de Grecia.

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Birgit Wiger-Angner, pensionista sueca de 89 años, devolvió a las autoridades griegas, a mediados de noviembre, un fragmento de mármol que su bisabuelo había recogido de la Acrópolis de Atenas. Es una pieza decorativa, muy simbólica, del templo Erecteion. El pasado 4 de septiembre, la universidad alemana de Heidelberg hizo entrega al ministro de Cultura griego, Georgios Voulgarakis, de otro mármol del Partenón. El Gobierno griego aspira a reunir en este museo la colección del Partenón actualmente desperdigada en ocho instituciones europeas, incluidos el British, Louvre y el Vaticano. En 1800 el Partenón aún conservaba el 50% de sus esculturas originales.

Los mármoles del Partenón fueron saqueados en 1823 por el entonces embajador de Su Majestad Británica ante la Sublime Puerta, lord Thomas Bruce, conde de Elgin y Kincardine, quien obtuvo autorización del Sultán otomano para desencajar las esculturas del frontón del Partenón. Durante su traslado a Inglaterra uno de los buques se hundió perdiéndose un inestimable acervo de frisos y metopas. La primera reclamación de las autoridades griegas fue realizada tras su independencia en 1829. Lord Elgin no era un hombre de caudal propio y disfrutaba de la fortuna de su consorte. Cuando años más tarde se vio forzado al divorcio se sumió en una privación que le obligó a vender sus mármoles, en 1816, al Museo Británico por una ridícula suma.

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El Partenón fue construido en diecisiete años, durante el gobierno del esclarecido Pericles. Durante todas las épocas la Acrópolis fue reverenciada. Alejandro Magno hizo colgar del arquitrabe mayor del Partenón los escudos que utilizó en sus conquistas. El emperador Adriano la restauró y enriqueció con nuevas edificaciones. Calígula edificó la escalinata principal que aún hoy conduce a la cumbre. Pero la Acrópolis, colina donde reposa el templo, ha sido también maltratada por el tiempo y por los depredadores de monumentos.

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Los cruzados, a su paso armígero hacia la conquista de los lugares santos, convirtieron en iglesias católicas las basílicas ortodoxas que allí había. Los venecianos aprovecharon sus contrafuertes para emplazar artillería y el general Francesco Morosini se llevó a Venecia varias esculturas para conmemorar su victoria. Los turcos convirtieron el Partenón en mezquita, en 1460, y le añadieron un minarete que posteriormente fue desmontado; el Erecteion fue transformado en serrallo. A finales del siglo diecisiete un proyectil, que penetró por el techo durante una batalla, hizo estallar el polvorín depositado en el Partenón. Según los arqueólogos ese fue el mayor perjuicio soportado por el edificio desde que fue erigido. El templo debe haber sufrido considerablemente con el vandalismo teniendo en cuenta que los griegos no asentaban sus piedras con ningún tipo de mezcla sino las ajustaban con precisión gracias al tallado.

El gobierno griego contrató a una compañía de relaciones públicas en un intento supremo de recuperar los mármoles del Partenón que se guardan en el Museo Británico. El Ministerio de Cultura firmó con Burson Marsteller, la cuarta compañía más importante del mundo en materia de publicidad y cabildeo. El Museo ha denegado esta solicitud pese a que importantes figuras del parlamento, la política, cine y el teatro han respaldado la petición, como Judi Dench, Vanessa Redgrave y Julie Christie.

La Burson preparó una consulta pública, cuyos resultados fueron revelados en el diario Daily Telegraph, donde se demostraba que el pueblo británico aprobaba mayoritariamente la devolución de su patrimonio cultural a los griegos. Neil McGregor, director del Museo Británico, dijo con arrogancia colonialista que los mármoles del Partenón, sobrenombrados Elgin en memoria de su raptor, jamás serán devueltos. McGregor dijo jactancioso que los mármoles se hallan mejor en su actual ubicación.

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Napoleón desposeyó a las naciones de Europa de sus caudales artísticos que en parte se devolvieron al ser destronado. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis se apropiaron de no pocas obras maestras, algunas de las cuales fueron a parar a las colecciones particulares de jerarcas como Goering. El multicolor penacho de plumas de Moctezuma se halla en Viena, las máscaras ashanti en Londres, la cabeza de Nefertiti en Berlín y los toros alados asirios en Paris. Quizás un día, en un universo realmente civilizado, los raptores de la memoria de los pueblos devuelvan su expolio a sus legítimos propietarios.

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Robo y tráfico de antigüedades. De Napoleón a Paul Getty

Por Pedro da Cruz

Fuente Blog del autor

Publicado el agosto 27 de 2011

En abril de 2010 se realizó en El Cairo una conferencia internacional para la protección y restitución del patrimonio cultural. Representantes de una veintena de países discutieron estrategias para recuperar obras de sus patrimonios históricos que se encuentran dispersos en museos e instituciones de buena parte del mundo.

Piedra de Rosetta

El organizador de la conferencia fue el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, un arqueólogo doctorado en la Universidad de Pensilvania que ha adquirido renombre internacional gracias a agresivas campañas para que sean devueltos a Egipto piezas importantísimas de su acervo cultural. Entre otras exige la devolución de la piedra de Rosetta al Museo Británico, el busto de Nefertiti al Museo Egipcio de Berlín, y el zodíaco de Dendera al Museo del Louvre.

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El trasfondo de las ásperas polémicas de los últimos años está pautado por la historia del imperialismo occidental, así como por la creciente importancia que han ido adquiriendo los países emergentes. Los países centrales argumentan que han salvado tesoros que pertenecen a toda la humanidad, mientras que los países afectados por robos y saqueos consideran que están suficientemente preparados para asumir la responsabilidad de la conservación de sus acervos.

Sharon Waxman, periodista estadounidense que ha trabajado en el New York Times y el Washington Post, ha escrito sobre este espinoso tema en Saqueo. El arte de robar arte, cuyo título original Loot. The Battle Over the Stolen Treasures of the Ancient World (Saqueo. La batalla sobre los tesoros robados del Mundo Antiguo) se ajusta más al contenido del libro. El estilo es ágil, basado en investigaciones y entrevistas realizadas en Egipto, Turquía, Grecia e Italia, con toques de glamour, como cuando Waxman cuenta que se encontró con Hawass en el apacible café Abou Ali del hotel Nile Hilton.

Tesoros olvidados 

300px-Francois-Louis-Joseph_Watteau_001Como resultado de la competencia imperialista entre Francia e Inglaterra por conquistar nuevos territorios, Napoleón arribó a las costas de Egipto en 1798 seguido de cerca por Lord Nelson. Éste derrotó a la flota francesa en la batalla naval de Abukir, y Napoleón, sin posible retirada por mar, se dirigió hacia El Cairo, donde derrotó a los mamelucos, las tribus que gobernaban Egipto.

zodiacoUn rasgo absolutamente único del ejército francés fue la inclusión de más de ciento cincuenta savants, hombres de ciencia y artistas cuyo objetivo era documentar las costumbres del país conquistado. De esta forma la olvidada civilización del Antiguo Egipto sería conocida por Occidente, lo que desató una fascinación que culminó en un rapaz saqueo cultural. Waxman reitera que los franceses, entre otras cosas, utilizaron dinamita para desprender el zodíaco ubicado en el techo del templo de Hathor en Dendera. El zodíaco fue llevado al Louvre, mientras que en su lugar fue colocada una burda copia de yeso pintada de negro.

Busto de Nefertiti


La brutalidad de los ingleses no fue menor cuando se apoderaron de parte de los mármoles de la Acrópolis de Atenas. Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin, dirigió el desprendimiento de secciones enteras de los frisos del Partenón, así como de esculturas provenientes de los frontones del templo. La rapaz operación fue justificada invocando el deterioro provocado por la desidia de las autoridades turcas (Grecia era parte del Imperio Otomano), aunque debe tenerse en cuenta que lord Elgin se proponía vender los mármoles al gobierno británico para paliar sus propias dificultades económicas.

frisosFinalmente los “mármoles de Elgin” llegaron al Museo Británico, donde desde 1939 están expuestos en la Sala Duveen. Grecia reclama a Inglaterra la devolución, lo que ha tomado renovada fuerza con la construcción del Nuevo Museo de la Acrópolis, destinado a contener todas las obras que formaban parte del entorno del recinto sagrado ateniense.

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Escándalos en Paros

En el debate internacional se han decantado dos posturas. Quienes quieren conservar los objetos donde están, en general representantes de los países centrales, asumen una postura legalista, invocando el contexto de la época imperialista, y el sistema de reparto de los hallazgos entre las autoridades locales y los arqueólogos europeos.

Los defensores de la devolución de los objetos tienen una postura basada en principios éticos. Argumentan que el pensamiento colonial debe ser superado definitivamente, y dan prioridad a la afirmación de las identidades nacionales, así como el respeto a las diferentes culturas.

En 1970 la Unesco dictó una resolución que prohibió la exportación y traspaso ilegales de la propiedad cultural. El objetivo era combatir el comercio basado en la depredación de sitios arqueológicos, y el subsiguiente ocultamiento del origen de los objetos.

 Waxman afirma que varios museos de Europa y Estados Unidos han cometido irregularidades al incorporar nuevos objetos a sus acervos, especialmente al aceptar donaciones, y pone en la mira a instituciones tan prestigiosas como el Metropolitan Museum de Nueva York y el Paul Getty Museum de Los Ángeles.

tesorolidio (1)El caso más comentado relacionado al Metropolitan Museum fue el del llamado “tesoro lidio”, un conjunto de objetos de oro proveniente de Usak, en el sudoeste de Turquía, que el museo compró en 1967-68 al comerciante de arte John J. Kleiman sabiendo que las piezas no tenían procedencia conocida. Las autoridades del museo ocultaron las piezas, y años más tarde, cuando se supo, alegaron que la compra había sido hecha antes de la entrada en vigencia de la resolución de la Unesco de 1970.

El “tesoro lidio” fue finalmente devuelto a Turquía en 1993, en parte gracias al trabajo de investigación y denuncia del periodista turco Özgen Acar, a quién Waxman entrevistó en Ankara. El detallado relato de Acar tiene ribetes novelescos: desde sus encuentros con campesinos saqueadores, hasta la revelación de que la pieza principal del tesoro recuperado que era expuesto en el Museo Antropológico de Usak, un pequeño hipocampo de oro, era una falsificación. Aún se investiga si la sustitución fue realizada por funcionarios del Metropolitan o por el director del museo de Usak, Kazim Akbiyikoglu, que terminó en la cárcel.

Aún más espectaculares fueron los detalles revelados por la polémica sobre la procedencia de un conjunto de piezas originarias de Grecia e Italia adquiridas por el Paul Getty Museum. La curadora Marion True fue objeto de investigación luego de comprar una casa de casi medio millón de dólares en la isla griega de Paros con un préstamo que infringía las normas éticas de la institución. El prestamista era un coleccionista griego que había vendido piezas al museo.

coronafunerariaTrue fue enjuiciada en Roma, y sucesivos procesos revelaron una serie de redes de saqueadores, contrabandistas, galeristas, coleccionistas y funcionarios de museos que continúan infringiendo las leyes internacionales. Finalmente el Getty Museum devolvió varias obras, entre otras una extraordinaria corona funeraria que perteneció a Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, que desde 2007 está en el Museo Arqueológico de Atenas.

El carácter no estatal del tráfico de antigüedades dificulta la aplicación de los acuerdos internacionales. Pero los partidarios de la devolución pueden ser optimistas, ya que instituciones y museos de varios países centrales han comenzado a adoptar posiciones favorables a sus reclamos.

SAQUEO. EL ARTE DE ROBAR ARTE, de Sharon Waxman. Turner, 2011. Madrid, 424 págs. Distribuye Océano.

El País Cultural. No. 1130, 5 de agosto de 2011, Montevideo, Uruguay.

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En el arte, la notoriedad hay que ganársela sobre bases de calidad

La siguiente entrevista, me fue realizada a finales de febrero del año 2009 para El bisiesto, periódico que acompañaba cada edición de la Muestra de Nuevos Realizadores durante su celebración y que después convertimos en un medio permanente de comunicación de los jóvenes cineastas cubanos. Se publicó con el título “Esta Muestra será siempre anticipatoria.” A los efectos de su relectura, además de añadirle las fotos de Claudia González Machado, he preferido identificarla como:

En el arte, la notoriedad hay que ganársela sobre bases de calidad

Entrevista a Omar González, presidente del ICAIC.

Foto de Claudia González
Foto de Claudia González Machado

Hace cinco años, usted comentaba que el ICAIC, con el auspicio a la Muestra de Nuevos Realizadores, se proponía establecer un espacio permanente para el diálogo y la confrontación artística y, con ello, sentar las bases para una recuperación del cine cubano.
Ya estamos en la octava edición de este evento audiovisual, ¿qué se ha logrado y qué ha quedado pendiente hasta hoy?

La Muestra de Nuevos Realizadores es un escenario permanente; no son cinco o seis días, es un programa de trabajo con el que se aspira a que todo el año constituya un espacio de intercambio y que ahí, en esa interacción, se propicie el diálogo, el debate; en fin, que haya diversidad de criterios y diferentes formas de hacer o de ver el proceso de creación del cine. Es un escenario práctico, pero también teórico, donde diseñamos lo que debe ser –o cómo aspiramos a que sea- la institución en el futuro. A quienes se la pasan clamando por el debate, como si se tratara de una consigna, yo les recomendaría ser parte de la Muestra, de la Muestra y de otros eventos y espacios que promueve la institución.

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

Están, por ejemplo, los diálogos intergeneracionales, en los que se intercambia sin obviar las jerarquías artísticas, pero contra toda forma de paternalismo, incluido el paternalismo tardío de quienes se reciclan a sí mismos y quieren pasar ahora por exégetas de lo nuevo. Yo recuerdo que cuando creamos esta Muestra, muy pocos –poquísimos, en realidad- creían en su pertinencia. Hoy, podemos decirlo así porque ocurre todo lo contrario y esto era, precisamente, a lo que se aspiraba. Entonces, la mejor forma de con-vencer a los escépticos, a los incrédulos, es abriendo espacios, haciendo las cosas en las que creemos, defendiendo el derecho, incluso, a equivocarnos. Todo lo demás es paisaje.

La realidad actual de nuestro cine no tiene precedentes, no puede compararse con ninguna otra vivida en nuestra sociedad; de ahí que la solución a los problemas no pueda ser la de otras veces. O nos pasará como a la mujer de Lot. Hay que inventar todos los días y desconfiar de los sabelotodo. Casi nada está escrito.

No podemos aspirar a un cine modosito, que eluda el conflicto, donde todo sea color de rosa, y donde la sociedad –en el esplendor de su riqueza y de su complejidad-, no esté reflejada. Desde nuestra cultura y nuestra identidad, debemos reconocernos en la pantalla, lo que no significa que yo esté propugnando algún tipo de normativa estética o de canon excluyentes. La diversidad ha de ser nuestra virtud más responsable.

En el cine cubano necesitamos que los realizadores, que ahora son jóvenes en su mayoría, se acerquen o participen de la institución con honestidad, defendiendo sus posiciones con el argumento de su obra, que será siempre el más perdurable y el más convincente. La notoriedad hay que ganársela sobre bases de calidad y no convirtiendo a la institución en el chivo expiatorio de los fracasos personales. Necesitamos que en esa relación prevalezca la sinceridad, que no haya concesiones y que la simulación –que puede ser recíproca: de los artistas y de los funcionarios- no se convierta en un modo de ser, aún más, en un modo de vida.

El ICAIC es heredero de una larga tradición, que va más allá, incluso, de los límites geográficos y culturales de nuestro país; y ahora, cuando celebramos nuestro 50 cumpleaños, insisto en llamar la atención sobre esta visión de continuidad y de vocación universal que ha de animarnos siempre. Nuestra todavía breve historia no parte de cero, ni tiene raíces únicamente en nosotros. Esto nos salvaría de cualquier estrechez dogmática y, ojalá, del narcisismo de los aldeanos vanidosos y los ignorantes.

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

Ahora no podemos pecar por omisión con respecto a los realizadores independientes; por eso, hablamos de cine cubano, un concepto que no constituye una simplificación del problema, sino que representa un crecimiento estético, un resultado del trabajo cultural de la Revolución, y que evidencia la madurez de un fenómeno; por eso, la relación que tenemos con los realizadores es cada vez más inclusiva, más sincera, más franca y de mayor colaboración, aun cuando algunas dificultades sean mayores que hace nueve años, cuando empezamos a hablar de la Muestra, y otras se hayan atenuado considerablemente. El mejor modo de suplir las carencias actuales es haciendo de la cooperación y del rigor un estilo de trabajo. A ello dedicamos nuestros mayores esfuerzos, sin olvidar que, a veces, pasamos demasiado trabajo para trabajar, ante la indolencia de una burocracia inclemente.

La institución no debe aspirar a “relacionarse” con los creadores, sino a ser cada vez más su espacio natural de confrontación artística. Esta es una identificación que sólo se da cuando se parte del prestigio, del respeto; cuando no hay prejuicios, ni concesiones, ni favoritismos por razones extrartísticas; en fin, cuando se comprende el papel de cada uno y se refuerza el papel determinante de los creadores en la evaluación y el criterio cultural. Si la institución no tiene la verdad absoluta, es porque nadie –entiéndase bien: nadie- la tiene por sí solo. En esto, todos tenemos que aprender muchísimo, aunque parezca lo contrario.

Nuestro objetivo no debe ser sólo la recuperación del cine cubano, entendido éste en los términos de lo que fue y ya no es, sino su reinvención, porque nuestra nostalgia no mira únicamente hacia el pasado, sino, más que nada, hacia el futuro, y es en este sentido que yo creo que la Muestra será siempre anticipatoria.

Foto de Claudia González Machado
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CARTA DE DESPEDIDA DEL CHE A FIDEL

Visiblemente emocionado, el 3 de octubre de 1965 Fidel dio lectura a la carta de despedida del Che, escrita en 1965.

TEXTO DE LA CARTA

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Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera).

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Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria. Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.

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Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario.

He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.

Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre, ¡Patria o Muerte!Te abraza con todo fervor revolucionario

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La mejor contribución de un artista a su pueblo es el aporte inestimable de su obra

En el año 2003, el escritor, periodista y traductor español Manuel Talens –lamentablemente fallecido hace pocos días– y yo, sostuvimos un asiduo intercambio de mensajes acerca de la situación política internacional, especialmente en el caso de Cuba (él la visitaría poco después), y el papel de los intelectuales en aquella difícil coyuntura.

En lo esencial, uno de los primeros resultados de nuestro diálogo, que se prolongó durante más de una década, es la entrevista que aparece a continuación; otro fue la difusión y el análisis, a través de las páginas de Rebelión, de la serie Caminos de Revolución, realizada por el ICAIC. Cada capítulo tuvo el privilegio de ser presentado por el propio Talens con un texto no sólo comprometido con las ideas de la Revolución cubana, sino muy documentado y enjundioso.

Sirva la publicación de nuestra conversación como tributo personal al entrañable amigo que fuera Manuel, no sólo para mí, sino para otros muchos cubanos que jamás lo olvidarán.

Mi gaviota planeadora. Foto de Claudia González Machado

Por Manuel Talens

Fotos, especialmente para esta edición: Claudia González Machado

Fuente Rebelión

Omar González es un hombre de aspecto afable y hablar pausado. Medita las cosas antes de responder, como si buscase que su interlocutor comprenda bien las ideas que quiere transmitir. Nunca alza la voz, pero cuando uno escucha sus palabras siente el calor humano que las alimenta: son como lava que fluye del corazón de un volcán benevolente o, si se me permite la metáfora, como aquellos claveles que brotaron del fusil de los militares portugueses antes de que se apagara la esperanza. Hay algo de contradictorio en esta dicotomía entre su aspecto de padre de familia maduro y apacible y la juvenil radicalidad de su discurso, pero creo haber resuelto el enigma: Omar González es de esos seres que llevan la procesión por dentro. Su trayectoria intelectual en el mundo de la cultura es larga: en 1978 ganó el prestigioso Premio Casa de las Américas en la categoría de literatura infantil y juvenil con su obra “Nosotros los felices”. Un guión suyo, sobre la vida del poeta alemán George Weerth, fue llevado al cine, y libros y textos literarios de su autoría han sido publicados también en Cuba y en otros países. Además, ha practicado el periodismo y fue director asistente del Centro de Promoción Cultural Alejo Carpentier, hoy Fundación; director general del Canal 6 de la Televisión Cubana y presidente del Instituto Cubano del Libro y del Consejo Nacional de las Artes Plásticas. Para aquellos que vivimos en países de la Unión Europea, donde quienes ocupan un cargo público de cierta importancia se convierten en distantes reyezuelos, es un placer conversar con personas como este cubano, que se toma con suma modestia su actual función en el ICAIC y que dedica sus horas libres a escribir poesía y ensayos acerca del impacto de la globalización en el ámbito familiar de la cultura. He aquí las preguntas que respondió en exclusiva para Rebelión:

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

En una época como la actual, de ausencia generalizada de ideología, ¿cuál puede o debe ser la relación entre el arte y la vida social, es decir, la res pública?

Entiendo tu pregunta como una legítima provocación. Definitivamente, no creo que ésta sea una época de ausencia generalizada de ideología, sino todo lo contrario. Esa extendida visión apocalíptica se la debemos a cierto tipo de pensamiento posmoderno, a su liturgia mediática y academicista en momentos de gran desconcierto; al colapso del llamado «socialismo real», cuyas políticas en torno a las Ciencias Sociales, salvo excepciones, fueron por lo general desalentadoras y, sobre todo, al auge del neoliberalismo, que es mucho más que una corriente económica o financiera centrada en la apoteosis del mercado; es la expresión ideológica del imperialismo camino de su fase superior y muy probablemente última, el fascismo. Pero no un fascismo a lo Hitler y Mussolini, si se quiere todavía primitivo y trágicamente experimental, aunque modélico a los fines del ya inminente si no reaccionamos con más fuerza y convergemos en una barricada del tamaño del mundo; se trataría de un fascismo mucho más elaborado, que conserva elementos de aquél y lo supera en ambición, destrucción de la naturaleza y opresión de los pueblos, dado su ilimitado carácter global y su correspondencia con el desarrollo tecnológico de la época en que vivimos. Éste es o pudiera ser un fascismo corporativo y enfáticamente ideológico, que se gesta en una sociedad dizque democrática, pero que se comporta aún peor que la peor de las totalitarias conocidas;en un país que proclama la libertad como medida de todas las cosas y vive secuestrado por una cúpula insaciable de dinero y poder; una nación multiétnica aunque con demasiado espacio para el racismo y la xenofobia; un territorio tan industrializado como desigual, que se dice abierto al mundo y anula o margina las oportunidades de sus ciudadanos para interactuar con otras culturas; una sociedad con el mayor acceso a los medios de comunicación que se conozca, pero desinformada, donde a pesar de disponer de una moderna infraestructura educacional y sanitaria, vastos sectores viven en la ignorancia y la insalubridad más pasmosas; un país del G-7 que alberga un tercer mundo en sus calles y un cuarto mundo en Pine Ridge Reservation; una nación que es muchas otras y cuyos sucesivos gobiernos han sido y son arrogantes y, al mismo tiempo, tan débiles que sólo logran exaltar el «patriotismo» valiéndose del pánico y la paranoia; un país rico y económicamente parásito; un pueblo trabajador y noble y alegre, pero engañado en su intimidad más solitaria, tan cristianizado como desconcertante e indiferente, con una identidad esquilmada durante siglos y finalmente difusa y extraviada, con una intelectualidad de vanguardia y una sociedad trivializada por obra y gracia de los medios masivos, que privilegian la estulticia; en fin, un imperio donde la seguridad estriba en su propia inseguridad; un país-paradoja, donde ahora mismo un gobierno ilegítimo y construido piedra a piedra por la ultraderecha, libra una cruzada en nombre del Bien contra el Mal, en cuyo caso nadie, absolutamente nadie, estaría en condiciones de garantizar que lo primero no signifique lo peor. Seguir leyendo La mejor contribución de un artista a su pueblo es el aporte inestimable de su obra

Omar González: Ser cineasta es participar de la mayor de las utopías, la del arte total

Esta entrevista, realizada por la periodista Reina Hernández Morales, apareció publicada en las revistas Cubanow y Cine Cubano a principios de 2007. Permite conocer, desde el punto de vista institucional, cuál era el estado del cine cubano en aquellos momentos, luego de haber vivido su peor crisis productiva y cultural después de 1959.  Las fotos, especialmente seleccionadas para esta publicación en El ciervo herido, son de Claudia González Machado.

DSC03409 [50%]Cuestionario de Reina Hernández Morales

Fotos de Claudia González Machado

Fuente Revista Cine Cubano

Cuando el escritor y periodista Omar González — premio Casa de las Américas en 1978 –, se hizo cargo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en el año 2000, la institución seguía arrastrando las secuelas de la crisis económica que casi paralizó al país a inicios de los años noventa.

El llamado Período Especial, provocado por la desaparición del campo socialista europeo y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, estuvo a punto de terminar con una historia iniciada en marzo de 1959, unos dos meses después de que Fidel Castro entrara en La Habana al frente del Ejército Rebelde.

Con la extinción del bloque socialista, también se esfumaron las fuentesque proveían al ICAIC de infraestructura logística. La subvención que la institución siempre había recibido del Estado cubano, se limitó a cubrir los salarios de los trabajadores, mantener las instalaciones y aportar recursos financieros en moneda nacional que, si bien mantuvieron abiertas las puertas del ICAIC cuando otras industrias en la Isla cerraban las suyas por falta de insumos, no fueron suficientes para sostener una producción que promediaba entre seis y diez largometrajes anualmente, en la década de 1980.

Muy lejos aún de su esplendor, el cine cubano, sin embargo, comienza a dejar atrás su momento más crítico. A finales de 2006, Omar González, quien no oculta su inconformidad con la producción y la gestión del ICAIC, admitió públicamente que, por primera vez en seis años, se sentía contento. La razón está en la ascendente producción de animados y en la inclusión de cinco largometrajes, un cortometraje y doce documentales cubanos entre los 298 títulos estrenados el año pasado. Pero más que las cifras, a González le satisface la diversidad de lo realizado.

 El año 2007 pinta aún mejor en términos cuantitativos, adelantó el presidente del ICAIC, pero aclaró que «es demasiado prematuro y muy arriesgado, plantearse el asunto en términos comparativos de calidad, pues una película no está terminada hasta que no se verifica en su confrontación con el público».

Usted asumió la presidencia del ICAIC en uno de los peores momentos por los que ha pasado la institución. ¿Exactamente con qué se encontró a su arribo?

Llegué al ICAIC en un momento indudablemente complejo, a tal punto, que este que vivimos todavía lo es. Yo venía del Instituto Cubano del Libro, después de haber pasado por otras dos grandes instituciones, como la Televisión Cubana y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas. Todas ellas también en circunstancias muy peculiares, aunque por diversos motivos. De todas las industrias culturales, las más perjudicadas por el impacto de la crisis económica fueron precisamente el libro y el cine, y el cine mucho más porque resulta costoso y por la desaparición de las fuentes de donde importábamos todos los recursos. Seguir leyendo Omar González: Ser cineasta es participar de la mayor de las utopías, la del arte total

MAL QUE BIEN, YO VOY Y VENGO DE LA ESCRITURA

A finales del año 2009 y principios de 2010, la periodista y escritora cubana Consuelo Casanova, me formuló trece preguntas que dieron lugar a la conversación que seguidamente ofrezco a los lectores de El ciervo herido. En ella abordaba aspectos que, por diversas razones, creo necesario recordar en estos momentos.

La entrevista, con otro título y otras fotos, apareció publicada en algunos medios digitales e impresos de entonces.

Entrevista de Consuelo Casanova a Omar González

Fotos de Claudia González Machado

 
 

Foto de Claudia González Machado
Foto de Claudia González Machado

¿Se puede hablar de nuevos nombres en la cinematografía cubana actual?

Durante los últimos diez años, que son los que yo conozco más de cerca –entre otras razones porque los he vivido desde el vórtice de su refulgencia–, los nuevos realizadores audiovisuales han pasado de ser una minoría relegada, a ocupar un lugar prominente en el escenario cinematográfico nacional, algo que los más entusiastas no vacilan en calificar de acontecimiento sin precedentes, no sólo por la magnitud del fenómeno, sino por su diversidad y riqueza expresiva, amén de las circunstancias. Es como si volviéramos a vivir jornadas inaugurales, pero en un contexto muy diferente, si se quiere menos romántico, donde la contaminación adquiere visos múltiples y la experiencia precisa de otra mirada, so pena de convertirse en lastre, en ese fardo pesado que algunos llaman tradición y otros rutina. Desde luego, tal apogeo no ha sido obra de la casualidad ni de las soledades, más o menos heroicas, de esta o aquella institución, de este o aquel individuo, sino de la sociedad en su conjunto, aunque conviene aclarar, para evitar que lo hecho se confunda con ciertos delirios ocasionales, que en el ICAIC no descubrimos a los jóvenes de esta generación ahora, sino en el momento en que se iniciaban o esperaban por alguna oportunidad para probar que existían, cuando ni siquiera sus coetáneos se percataban de su presencia en la dimensión hoy revelada; de ahí que la Muestra de Nuevos Realizadores, surgida a principios de 2001, y curada durante buena parte del año precedente, no pueda desligarse de este proceso de diálogo y legitimación constantes, que trasciende eventos, caprichos y circunstancias, y que jamás ha comulgado con la demagogia de los oportunistas. Porque la Muestra no ha sido ni será un juego floral, ni el montaje de un circo más o menos estruendoso, sino un programa de trabajo, el momento en que se nos revela el fenómeno en su plenitud, y es a partir de ella, y de otras acciones que la complementan, cuando se trazan (y trenzan) los objetivos para el trabajo de un año y la continuidad de una estrategia, que no es estática, sino dialéctica, participativa; en fin, democrática.

Por supuesto, no toda la obra de los jóvenes, ni de los llamados independientes –aunque sea un aguafiestas, he de enfatizar que ambas condiciones no son sinónimos de genialidad– despierta el mismo interés cultural (insisto en esta palabra) en sus contemporáneos y, de hecho, algunos trascienden más por los artificios que por los beneficios de sus manifestaciones. Pero esto no me preocupa demasiado, ya que es consustancial tanto al arte como a la vida.

Lógicamente, y vuelvo a lo esencial, un apogeo tan vasto como el de los jóvenes realizadores, sean o no independientes, comporta individualidades muy pero muy destacadas y, no faltaba más, un regimiento inevitable de pasantes, cuya mejor credencial es la afición. Pudiera mencionarte una veintena de nuevos cineastas y realizadores de televisión y video, todos ellos con obra conocida, pero como las selecciones suelen ser injustas –incluso la selección natural, que no siempre ha significado progreso–, prefiero no hacerlo. (Para qué, sería muy sospechoso.) Se trata de profesionales que han ido haciéndose de una obra sólida y a quienes, en la medida de las posibilidades -y de las imposibilidades-, las instituciones y la sociedad les han ofrecido apoyo y, sobre todo, libertad, que es, después del talento y la formación cultural, el más importante recurso para la creación artística. En un momento así, pudiera resultar decisivo el papel de la crítica, y de otros sistemas de validación más o menos rigurosos, incluyendo las asociaciones profesionales. De cualquier forma, ello no me impide responder afirmativamente a tu pregunta, ni dejar de sentirme optimista respecto al presente y al futuro del cine y la cultura cubanos, y a la continuidad de un proyecto que, tras haber cumplido 50 años, da pruebas de resistencia y lozanía. Te aseguro que son muy pocos los países donde se puede hablar en estos términos. Nosotros tenemos lo fundamental: el movimiento artístico y la institución. Porque el uno sin la otra, no es cuerpo ni es cabeza.

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El audiovisual y su espejo roto

Entrevista con Omar González.

Una versión de esta entrevista apareció publicada en febrero de 2007 en el Portal Cubarte, del Ministerio de Cultura de Cuba.
Las fotos son de Claudia González especialmente para esta edición.

Por Isachi Fernández

(Cubarte) Parecería que todo marcha sobre rieles en el mundo audiovisual si nos atenemos a la información de que su producción crece y llega a estratos sociales a los que antes les era ajena. Omar González, presidente del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC) accede a romper la pompa que significa una verdad a medias.

En entrevista con Cubarte, González desentraña en qué recodo se pierde la diversidad cultural en los medios audiovisuales y vuelve a ubicarnos en una urdimbre bien tejida por donde no suele escurrirse ni diseminarse el poder.

– La categoría audiovisual incluye el cine, la televisión, el video, lo que se hace en el campo de las multimedias, a los productores independientes, a las grandes productoras, las públicas, las privadas… Es una convención que facilita el análisis. Surge a partir de la fusión de las tecnologías y es un concepto también muy cuestionado porque el cine enfatiza más el aspecto cultural, artístico; la televisión, el entretenimiento y la información; el video, la experimentación: es más democrático, está menos sujeto a las leyes del mercado… Nos acercamos a la desaparición de las fronteras, y ahora con el auge de lo digital, el cine y todos los demás medios se van uniendo. Hoy casi todo se digitaliza.

Han aparecido realizadores independientes y producciones audiovisuales en zonas de las sociedades que antes no tenían esta práctica. Esto ha introducido un elemento de mayor diversidad porque esas producciones son portadoras de puntos de vista locales, regionales, a veces nacionales, universales, muy arraigados a ámbitos sociales específicos, pero la globalización comporta una gran paradoja: al mismo tiempo que generaliza el alcance a determinados medios ( entre comillas porque a Internet sólo tiene acceso el 11 por ciento de la población mundial), ha hecho más ostensible la dominación de las corporaciones que controlan la producción; la distribución, que es clave en esto; y la exhibición. Es decir, se producen audiovisuales en Bolivia, hay redes de televisión indígena, pero globalmente no tienen visibilidad (y estamos hablando de audio-visuales). Todo conforma una especie de espejo roto, que no permite ver la fisonomía completa del sujeto, hay una gran dispersión, una fragmentación innegable.

Cañón. Foto de Claudia González
Cañón. Foto de Claudia González

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GIBARA ES UN PAÍS. OMAR GONZÁLEZ

Ante la proximidad de una nueva edición del festival de Gibara –ahora Festival Internacional de Cine de Gibara–, retomo estas palabras dichas en aquel municipio holguinero y publicadas, si mal no recuerdo, en el Diario del propio festival. Cabe desearles muchos éxitos a los organizadores de esta nueva edición, encabezados por el actor cubano Jorge Perugorría.(OG)

Foto de Claudia González Machado

Foto de Claudia González Machado

El Festival Internacional de Cine Pobre es un laboratorio, un foro interactivo que suscita renovado interés entre quienes asumen las nuevas tecnologías y los bajos presupuestos financieros como la opción no sólo más viable, sino imprescindible para que el audiovisual contemporáneo no sucumba definitivamente ante la hegemonía de la trivialidad corporativa. Es un espacio privilegiado para la confrontación artística, un escenario que no soslaya el compromiso social ni los rigores definitorios de la calidad. Desde la perspectiva de quienes trabajamos en una institución como el ICAIC –abocada a un cambio que la sitúe en otra dimensión organizativa, tecnológica e, incluso, estética–, este evento se corresponde con nuestras expectativas, ocupaciones y desafíos más apremiantes y estratégicos. Aún más, los complementa.

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Una tarde con frío

Tendría que preguntarle a Fabelo , pero juraría que estábamos en la década de los años setenta, probablemente en 1975, y que hacía un frío de espanto en La Habana, donde las olas rebosaban el muro del malecón y las salpicaduras y el salitre cubrían, hasta nevarlos, los cristales del hotel Riviera.la-increible-erendira_gabo_fabelo-580x773

El caso es que ambos nos habíamos propuesto conversar con Gabriel García Márquez sin que nadie nos introdujera y sin que fuera necesaria la recomendación de alguna celebridad nacional. Y como yo lo había saludado en Casa de las Américas un par de veces –momentos que, como era de esperar, aproveché para hablarle de La hojarasca, su novela de juventud y, por supuesto, de Rulfo y Pedro Páramo, de Vargas Llosa y Los cachorros, de Carlos Fuentes y Aura y, por qué no, de Los pasos perdidos y Alejo Carpentier, que era (entonces y todavía) la mejor manera de explicarse el boom–; nada más justo, se supone, que yo presumiera ante mi hermano, el dibujante de Guáimaro, de mi estrechísima amistad con el hijo del telegrafista de Aracataca. Y fue tal la determinación que teníamos reflejada en el rostro cuando llegamos a la Carpeta del hotel y preguntamos por el número de la habitación del escritor colombiano, que los empleados nos respondieron sin la menor sospecha de malas intenciones, entre otros motivos porque Fabelo y yo ni siquiera parecíamos impostores. Todavía el arique nos colgaba de los tobillos y el jineterismo a nadie se le ocurría imaginarlo en aquellos años, cuando apenas con 25 pesos (obviamente cubanos) uno podía invitar a la mujer de su vida a contar estrellas y a subir al cielo…, para seguir con las metáforas. Seguir leyendo Una tarde con frío