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PERFIL DE ALEJANDRO. ARTURO CORCUERA e HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

 

FIDEL 22

ARTURO CORCUERA* 

EL PERFIL DE FIDEL

Para hablar de Fidel
hay que cederle la palabra al mar,
pedir su testimonio a las montañas.
El Turquino canta y cuenta su biografía,
los pájaros la propagan,
saben su edad y repiten su nombre.
La edad de Fidel
es la edad de los framboyanes en flor,
la enhiesta edad de su barba verde olivo.
Todos lo sabemos,
los héroes no tienen edad,
tienen historia,
hacen la historia,
son la historia.
No lo arredra la cuadratura del Pentágono
ni las bravatas al rojo de cara pálida
en la hora oscura de la Casa Blanca.
Quien lo dude puede ver en alerta al héroe
y un millón de cubanos cara al Norte
en el malecón de La Habana.
Él es América Negra,
América Hispana,
América Andina:
el perfil de Fidel
es el perfil
de América Latina.
 
 

HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE** 

CANTAR DE ALEJANDRO

Marchamos hacia el amanecer de la armonía. Nadie podrá decir
que es una flecha oscura nuestro nombre. Con las luces
apagadas, y teniendo como lumbre los ojos acerados
de la aurora, salimos una madrugada de noviembre hacia la Isla.
La historia dice ahora que había mal tiempo
bajo el cielo de los navegantes. Que la lluvia
caía pertinaz sobre los hombres. Y los vientos del Caribe
no sólo presagiaban el constante peligro del naufragio
sino que los vómitos, las fatigas y los imborrables ataques de asma
arañaban nuestro corazón mientras oteábamos la sal del horizonte.
Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.
En aquel yate de color blanco, remontando
un mar de azafrán y vieja cristalería, sentíamos
cómo las olas de la incertidumbre nos herían
de igual manera que nuestro deseo de acabar con el pasado.
Y al momento de registrar nuestro desembarco en las aguas
fangosas de Las Coloradas, con la misma alegría
de los niños que miran el porvenir con los ojos
de Abel, de Frank y de aquel peruanito cuyo nombre
nunca más supimos  y cuya imagen siempre atamos a la de Juan
Pablo, a su sonrisa insepulta, descubrimos
que detrás de cada acto nuestro resplandecía la palabra del  Apóstol.
Después vino la escritura de fuego, el temple
del cuchillo relampagueando en las noches de la Sierra,
la apertura hacia la luz del trabajo voluntario
y, como una mano tibia que se tiende
para estrechar otra, el internacionalismo proletario.
Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.
Nuestro pequeñísimo nombre que hoy atraviesa otras latitudes
en el atavío y el máuser de los compañeros que entre cánticos y                                                                                                                                     /espasmos
marchan hacia el amanecer de la armonía.

Nadie podrá decir que es una flecha oscura nuestro nombre.

———————

CORCUERA 2

 

*ARTURO CORCUERA (1935-2017). Reconocido escritor peruano, Su obra Noé delirante, lo sitúa como uno de los poetas más importantes de habla hispana.

 

HILDEBRANDO 9

 

**HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE (1941) Relevante poeta y periodista peruano. En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas con su ibro Aguardiente forever, del cual forma parte “Cantar de Alejandro”.

COMO SI FUERA LA SOMBRA DE UNA NUBE. FERNANDO PESSOA

pessoa 7

De Álvaro de Campos*

TRAPO

El día ha desembocado en lluvia.
La mañana, con todo, estaba bastante azul.
El día ha sido lluvioso.
Desde la mañana he estado un poco triste.
¿Anticipación? ¿Tristeza? ¿Ninguna de las dos?
No sé: desde que me acuerdo ya estaba triste.
El día estuvo lluvioso.

Bien sé que la penumbra creada por la lluvia es elegante.
Bien sé que el sol oprime, por ser tan ordinario, al elegante.
Bien sé que ser susceptible a los cambios de luz no es muy elegante.
Mas ¿quién le dijo al sol o a cualquier otro que yo quiero ser elegante?
Denme un cielo azul, un sol visible.
Niebla, lluvia, oscuridades – eso ya tengo en mí mismo.
Hoy sólo quiero sosiego.
Hasta añoraría mi hogar, si no tuviese uno.
Hasta llego a soñar con tener deseos de sosiego.
¡No exageremos!
Sólo tengo sueño, sin necesidad de explicación.
El día está lluvioso.

¿Cariños? ¿Afectos? Son sólo memorias…
Es preciso ser un niño para tener algo así…
¡Mi madrugada perdida, mi cielo azul y verdadero!
El día está siendo lluvioso.

La linda boca de la hija del casero,
Pulpa de fruta de un corazón a punto de ser devorado…
¿Cuándo fue eso? No lo sé…
En el azul de la mañana…
El día será siempre lluvioso.

ODA MARÍTIMA (fragmento)

Solo, sobre el muelle desierto, en esta mañana de Verano,
Miro al otro lado de la bahía, miro hacia lo Indefinido,
Miro y me alegra ver,
Pequeño, negro y claro, un buque entrando.
Va a lo lejos, nítido, clásico a su manera.
Deja en el aire distante a su paso la estela vana de su humo.
Viene entrando y con él la mañana y en el río,
Aquí, allá, se despierta la vida marítima,
Se yerguen las velas, avanzan las remolcadoras
Y se entrevén barcos pequeños detrás de los navíos amarrados al puerto.
Hay una brisa vaga.
Pero mi alma está con el que veo menos:
Con el buque que entra,
Porque ella está con la Distancia, con la Mañana,
Con el sentido marítimo de esta Hora,
Con la dulzura dolorosa que sube en mí como una náusea,
Como el comienzo de un mareo, pero del espíritu.

Miro de lejos el buque, con gran independencia del alma,
Y dentro de mí un manubrio comienza a girar, lentamente.

Los buques que entran por la mañana en la bahía
Traen consigo a mis ojos
El misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Trazan memorias de muelles abarrotados y de otros momentos
De otras formas de humanidad en otros puentes.
Todo atracar, todo partir de todo barco
Es – lo siento en mí como mi propia sangre –
Inconscientemente simbólico, terriblemente
Amenazador de significados metafísicos
Que perturban en mí quien yo fui…
¡Ah, todo muelle es una saudade de piedra!

Y cuando el buque parte del muelle
y se repara de repente en el espacio
Que se abre entre muelle y nave,
Viene a mí, no sé por qué, una angustia reciente,
Una niebla de sentimientos de tristeza
Que brilla al sol de mis angustias ya sembradas
Como la primera ventana donde golpea la madrugada,
Y me envuelve como el recuerdo de otra persona
Que fuese misteriosamente mío.
Ah, quién sabrá, quién sabrá,
Si no partí antaño, antes de mí,
De un muelle; si no dejé, embarcado
En el sol oblicuo de la madrugada,
Alguna especie de otro puerto…
Quién sabe si no dejé, antes de la hora
Del mundo externo que yo veo
Irradiar para mí,
Un grande muelle lleno de poca gente,
El muelle de una ciudad medio despierta,
De una enorme ciudad comercial, crecida, apoplética,
Si es que algo así puede ser fuera del Espacio y del Tiempo…

Sí, de algún muelle, de algún muelle de algún modo material,
Real, visible como el muelle verdaderamente real,
El Muelle Absoluto a partir de cuyo modelo inconscientemente imitado,
Insensiblemente evocado,
Nosotros los hombres construimos
Nuestros muelles en nuestros puertos,
Nuestros muelles de piedra actual sobre agua verdadera
Que después de construidos se muestran de repente como
Cosas Reales, Cosas-Espirituales, Entidades en Almas-Piedra,
En aquellos momentos nuestros de sentimiento-raíz
Cuando en el mundo externo como que se abre una puerta
Y, sin que nada se altere,
Todo se revela diverso.

¡Ah, el Gran Muelle desde donde partimos en Naves-Naciones!
¡El Gran Muelle Originario, eterno y divino!
¿De cuál puerto? ¿En qué aguas? ¿Por qué me pongo a pensar en ello?
Gran Muelle como otros muelles, pero el único.
Lleno como ellos de silencios rumorosos en las madrugadas,
Y regando en las mañanas los ruidos de las grúas
Y de las llegadas de los buques llenos mercancías,
Bajo la nube negra, ocasional y leve,
Del trasfondo de las chimeneas de las fábricas próximas
Que apenumbra el suelo negro del minúsculo carbón brillante
Como si fuera la sombra de una nube que atravesase el agua sombría.

¡Ah, qué esencia de misterio y sentido erguida
En divino éxtasis revelador
Es ahora color de silencios y angustias,
No puente entre cualquier muelle y El Muelle!

Muelle negramente reflejado en las aguas estancadas,
Bullicio a bordo de las naves,
El alma errante e inestable de la gente embarcada,
De la gente simbólica que pasa y con quien nada dura,
Que cuando el barco vuelve al puerto
¡Lleva siempre alguna alteración a bordo!

¡Oh fugas continuas, idas y embriaguez de lo Diverso!
¡Alma eterna de los navegantes y las embarcaciones!
¡Cascos reflejados lentamente en las aguas,
Cuando el barco parte del puerto!
Fluctuar como el alma de la vida, partir como voz,
Vivir trémulamente el instante sobre aguas eternas.
Despertarse a días más directos que los días de Europa.
Ver puertos misteriosos en la soledad del mar,
Virar por cabos lejanos para toparse con súbitos paisajes vastos
Por innumerables laderas atónitas…

Ah, las playas lejanas, los muelles vistos a lo lejos,
Y luego las playas próximas, los muelles vistos de cerca.
¡El misterio de cada ida y de cada llegada,
La dolorosa inestabilidad e incomprensibilidad
De este universo imposible
Sentida a flor de piel en cada hora marítima!
La solución absurda que nuestras almas derraman
Sobre la extensión de diversos mares como islas a lo lejos,
Sobre las islas lejanas de las costas por las que pasamos sin detenernos,
Sobre el crecer nítido de los puertos, de sus casas y de su gente,
Para el navío que se aproxima.

Ah, la frescura de las mañanas en las que se llega,
Y la palidez de las mañanas en las que se parte,
Cuando nuestras entrañas se estremecen
Y una vaga sensación parecida al miedo
– El miedo ancestral de alejarse y partir,
el misterioso recelo ancestral a la Llegada y a lo Nuevo –
Nos entumece la piel y nos atormenta,
Y todo nuestro cuerpo de angustias siente,
Como si fuese nuestra alma,
Una inexplicable voluntad de poder sentir esto de otra manera:
¿Una saudade de cualquier cosa,
Una perturbación del cariño por qué vaga patria?
¿Por qué costa?, ¿qué nave?, ¿qué muelle?
Tan así que se indispone en nosotros el pensamiento
Y sólo queda un gran vacío a nuestro interior,
Una vacua saciedad de minutos marítimos,
Y una vaga ansiedad que sería tedio o dolor
Si supiese como serlo…

La mañana de Verano está, aún así, un poco fresca,
Un leve sopor de noche anda todavía en el aire agitado.
Se acelera ligeramente el volante dentro de mí.
Y el buque viene entrando, porque debe venir entrando sin duda,
Y no es porque yo lo vea moverse en su excesiva distancia.

En mi imaginación él ya está vecino y visible
En toda la extensión de las cuerdas de su carajo
Y tiembla en mí todo, toda mi carne y toda mi piel,
A causa de aquella creatura que nunca llega en barco alguno
Y que yo vengo hoy a esperar al muelle, por un mandato oblicuo.

Las naves que ingresan a la bahía,
Las naves que salen del puerto,
Las naves que pasan a lo lejos
(Me imagino viéndolas desde una playa desierta) –
Todas estas naves casi abstractas en su ida,
Todas estas naves me conmueven así como si fuesen otra cosa
Y no meras naves, naves yendo y viniendo.

Y las naves vistas de cerca, aunque uno no se vaya a embarcar en ellas,
Vistas de abajo, desde los botes, murallas altas de chapas,
Vistas desde adentro, a través de sus cuartos, de sus salas, de sus despensas,
Mirando de cerca sus mástiles, enfilándonos desde lo alto,
Acariciando sus cuerdas, descendiendo sus escaleras incómodas,
Oliendo la untada mezcla metálica y marítima de todo aquello –
Las naves vistas de cerca son otra cosa y la misma cosa,
Dan la misma saudade y la misma ansia de otra manera.

¡Toda la vida marítima! ¡Todo en la vida marítima!
Se insinúa en mi sangre toda esa fina seducción
Y pondero indeterminadamente los viajes.
¡Ah, las líneas de las distantes costas, aplanadas por el horizonte!
¡Ah, los cabos, las islas, las playas arenosas!
Las soledades marítimas como en ciertos momentos en el Pacífico
En que no sé por qué sugestión aprendida en la escuela
Se siente pesar sobre los nervios el hecho de que ese es el mayor de los océanos
Y del mundo ¡y el sabor de las cosas se torna un desierto dentro de nosotros!
¡La extensión más humana, más chapoteada, del Atlántico!
¡El Índigo, el más misterioso de todos los mares!
¡El Mediterráneo, dulce, sin misterio alguno ya, clásico, un mar para entregarse
al encuentro de las explanadas conocidas de los jardines próximos a estatuas                                                                                                                                       blancas!
¡Todos los mares, todos los estrechos, todas las bahías, todos los golfos
Quisiera acercarlos a mi pecho, sentirlos bien y después morir!

¡Y ustedes, oh cosas navales, los hermosos juguetes de mi sueño!
¡Componen fuera de mí toda mi vida interior!
Quillas, mástiles y velas, ruedas de timón, cordajes,
Chimeneas de vapor, hélices, gavias, banderines,
Galdropes, escotillas, calderas, colectores, válvulas;
¡Caen por mí a montones, se amontonan,
Como el contenido confuso de una gaveta desperdigada en el suelo!
¡Son ustedes el tesoro de mi codicia febril,
Son ustedes los frutos del árbol de mi imaginación,
El tema de mis cantos, la sangre en las venas de mi inteligencia,
Ustedes son el lazo que me une estéticamente al exterior,
Me proveen de metáforas, imágenes, literatura,
Porque real, verdaderamente, en serio, literalmente
Son mis sensaciones un barco de quilla al aire,
Mi imaginación un ancla a medias sumergida,
Mis ansias un remo partido,
Y la punta de mis nervios una red puesta a secar en una playa!

Suena en el ocaso del río un silbato, sólo uno.
Tiembla ya todo el suelo de mi psiquismo.
Se acelera cada vez más el volante dentro de mí.

¡Ah, los buques, los viajes, el no-saber-el-paradero
De Fulano-de-tal, marítimo, nuestro conocido!
¡Ah, la gloria de saber que un hombre que andaba con nosotros
Murió ahogado al pie de alguna isla del Pacífico!
Nosotros que andábamos con él vamos a hablar sobre eso a todos
Con un orgullo legítimo, con una confianza invisible
En que todo eso tiene un sentido más bello y vasto
Que meramente el de haber él perdido el barco adonde iba,
¡De haber ido él a parar al fondo por habérsele metido agua a los pulmones!

¡Ah, los buques, los navíos cargueros, los veleros!
¡Veo escasear – ¡ay de mí! – los veleros en el mar!
Y yo, que amo la civilización moderna, que beso como al alma las máquinas,
Yo, el ingeniero, el civilizado, el educado en el extranjero,
Gustaría de tener al pie de mi vista sólo los veleros y los barcos de madera,
De no saber de otra vida marítima que la antigua vida de los mares!
Porque los mares antiguos son la Distancia Absoluta,
El Puro Lejos, libres del peso de lo Actual…
Y, ah, aquí como que todo me acuerda a esa vida mejor,
Esos mares más grandes porque se navegaban más despacio,
Esos mares más misteriosos porque se sabía menos de ellos.

Todo vapor visto a lo lejos es un barco de vela visto de cerca.
Toda nave distante vista ahora es una nave vista próximamente en el pasado.
Todos los marineros invisibles a bordo de los barcos en el horizonte
Son los marineros visibles del tiempo de los más bellos navíos,
De la época lenta y velera de las navegaciones peligrosas,
De la época de madera y de lona de los viajes que duraban meses.

Se apodera de mí poco a poco el delirio de las cosas marítimas,
Me penetra físicamente el muelle con su atmósfera,
La marea del Tajo me desborda por encima de los sentidos
Y comienzo a soñar, comienzo a envolverme con el sueño de las aguas,
Comienzo a pegar bien las corrientes de transmisión a mi alma
Y la aceleración del volante me sacude nítidamente.

Claman por mí las aguas,
Claman por mí los mares,
Claman por mí, alzando una voz corpórea, las lejanías,
Las épocas marítimas sentidas todas en el pasado, claman.

Traducción de FELIPE BOTERO

Fuente: Revista ARCADIA

*Álvaro de Campos es uno de los heterónimos del poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935),

LAMENTO POR EL SUR. SALVATORE QUASIMODO

SALVATORE 7
Salvatore Quasimodo
 

EL ALTO VELERO

Cuando vinieron los pájaros a mover las hojas
de los árboles amargos junto a mi casa
(eran ciegos volátiles nocturnos
que horadaban sus nidos en las cortezas),
alcé la frente hacia la luna
y vi un alto velero.

Al borde de la isla el mar era sal;
y se había tendido la tierra y antiguas
conchas relucían pegadas a las rocas
en la rada de enanos limoneros.

Y le dije a mi amada, que en sí llevaba un hijo mío
y por él tenía siempre el mar en el alma:
«Estoy cansado de estas olas que baten
con ritmo de remos, y de las lechuzas
que imitan el lamento de los perros
cuando hay viento de luna en los cañaverales.
Quiero partir, quiero dejar esta isla.»
Y ella: «Querido, ya es tarde: quedémonos.»

Entonces me puse a contar lentamente
los vivos reflejos de agua marina
que el aire me traía a los ojos
desde la mole del alto velero.

EN EL PRECISO TIEMPO HUMANO

Yace en el viento de profunda luz
la amada del tiempo de las palomas.
De mí de aguas de hojas,
sola entre los vivos, oh dilecta,
hablas; y la desnuda noche
tu voz consuela
de lucientes ardores y leticias.

Nos decepcionó la belleza, y la desaparición
de toda forma y memoria,
el lábil movimiento revelado a los afectos
a imagen de los internos fulgores.

Pero de tu sangre profunda,
en el preciso tiempo humano,
renaceremos sin dolor.

DE LA TIERNA MUJER ECHADA ENTRE LAS FLORES

Se adivinaba la estación oculta
por el ansia de las lluvias nocturnas,
por los cambios de las nubes en el cielo,
undosas leves cunas;
y yo estaba muerto.

Una ciudad suspendida en el aire
era mi último exilio,
y en torno me llamaban
las suaves mujeres de otros tiempos,
y la madre, renovada por los años,
con su dulce mano escogía entre las rosas
y con las más blancas ceñía mi cabeza.

Afuera era de noche
y los astros precisos seguían
ignotos caminos en curvas de oro
y las cosas vueltas fugitivas
me llevaban a rincones secretos
para hablarme de jardines abiertos de par en par
y del sentido de la vida;
pero a mí me dolía la última sonrisa

de tierna mujer echada entre las flores.

LAMENTO POR EL SUR

La luna roja, el viento, tu color
de mujer del Norte, la llanura de nieve…
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.

Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .

Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.

BAJO LA FRONDA DE LOS SAUCES

¿Y cómo podíamos cantar nosotros
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba helada,
escuchando el lamento de cordero de los niños,
el grito negro de la madre
que corría hacia el hijo
crucificado en un palo de telégrafo?
A la sombra de los sauces
dejamos nuestras cítaras;
oscilaban leves bajo el triste viento.

Según las fuentes, los cuatro primeros poemas fueron traducidos por el escritor Carlo Fabretti

Fuentes: ZENDA y POESÍA UNIVERSAL

SOLEDADES DE SOLANGE. HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE

HILDEBRANDO 8

HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE*

                                                                    Si vieras
                                        cómo escarbo en el aire
                                                             de las calles
                                            buscando inútilmente
                                                             tu presencia
JUAN  OJEDA


PERRO SUELTO

Hay poemas que muerden,
Que arañan sin piedad. Bestias
Insaciables que destrozan
Los fundillos, tus mundillos.
Hay otros que ciegan con su resplandor,
Y cierta gracia que le dicen. Fluyen
Sin tropiezo, hasta el nicho
De una antología preciosista.
No faltan los que han sufrido
Algún accidente gramatical
O los que heredaron
La maldición de un padre borracho.
Hay poemas que son un terremoto,
Un tsunami que te arranca el pellejo,
Las vísceras, tus oscuras duplicidades.
Y qué decir de los perros muertos,
Poemas sueltos
Como este. Perros
Que marchan a la deriva,
Canoas que hacen agua.
Poemas errantes, balas
Perdidas que buscan tus ojos,
Tus abrazos,
Tu perdón. Perros
Querendones como la muerte.
Poemas que labran su resurrección:
Aullidos que se apagan
En algún cuaderno olvidado.

POEMANGO                                  

                                        Este poema es de PM, malgré elle.

El mango es pulposo, jugoso, sabroso. Hay
Que comerlo al natural, de preferencia. Así
No perderá su frenesí divino,
ni  su amable paisaje.
Dicen que hay mangos aéreos, mangos
Marinos. Todos son bienvenidos:
Vienen de geografías santas y llaneras.
El sol, la lluvia, la tierra
y la mano del labriego
Hacen este milagro delicioso que alivia
Tu hambre, amengua mi soledad, enmiela tus delirios.
Mis poemas, en cambio, son ácidos, torpes, imperdonables.
No tienen ni glamour ni editor ni aprueban
El casting que demandan el mercado
impío y el fácil manoseo.
Qué resplandor, qué gracia tiene esta escritura?
Pregunta la muchacha seducida
Por un mango marqueteado. Ella
Prefiere el artificio, el poemango
Bien peinado,
el cutis limpio
De espantos y lunares viejos.
No el poema
Añejo que no sabe  ser ni aéreo
Ni marino,
ni nocturno vicio eterno.

MALARIAS 

                       huelo tu olor / te busco / te estrujo
                                                            Elqui Burgos

La escritura
Es un ozono que se abre
En tu pecho
Golondrino, en tu soñar
Despierto:
Un cataclismo
Que deja al descubierto
La vieja astilla de la soledad.
Rosa que roza lo perfecto.
La escritura es una piel sedosa
Por donde resbalan tus dedos
Congelados, huérfanos
De ternura o de alcohol. A ratos
Es un cuero tosco, papeles
Que nadie lee. Oleajes del desamor.
Una suerte de malaria que no tiene cura,
Unas fiebres que dejan sus huellas
En tu cuerpo desnudo, en la página en blanco.

VERSO APALEADO POR LA LLUVIA

Galopando llega tu escritura
Con encono,
Dardos sombríos que luego alcanzarán
Halagos,
Y uno que otro galardón para el olvido.
En el silencio cenizo que te envuelve
No sabes qué hacer
Con la imagen fugitiva
Que se escapa de tus manos,
Verso apaleado por la lluvia.
Ni con la metáfora que creíste deslumbrante
En un momento pero que ahora borras
Con rabia mal disimulada. Y no sabes aliviar
El azufre que impone ese punto
Y aparte que te saca de la rítmica al uso,
Ese su aletear de tiburón en celo.
En la intemperie está la belleza, dices
Golpeándote la frente
En el abismo
Donde las sierpes gobiernan tu pulso,
Tu lengua descarriada, la vida continúa.

MORIRÁS

Morirás, ¿por qué te sorprendes? Morirás.
Y nadie reconocerá tu aroma.
¿No disfrutaste acaso hasta el delirio
El uso infame del materialismo ratonero?
¿Dó está el polvo enamorado
Con la que engatusabas
A las muchachas desprevenidas?
Morirás, tu película
Gris y sin argumento llega a su fin.
Sólo te queda
Cantar en alguna peña distrital
“Yo te pido guardián que cuando muera,
Borres las huellas de mi humilde fosa”.
Morirás, hipócrita lector. Morirás
Ardiente sombra,
Morirás pájaro pinto,
Morirás caballo bayo,
Morirás tortuga ecuestre,
Morirás mosca azul,
Morirás cuaderno verde de poesía.
Tú también morirás forever.
Y tendrás
Como consuelo un mañana
Cosmopolita, sin hueso ni aguacero.
Y una tristeza renovada
Que te espera con las piernas abiertas,
El corazón cerrado.

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*Hildebrando Pérez Grande es un reconocido poeta peruano nacido en Lima en 1941. Considerado como una de los principales representantes de la Generación del 60’ en la poesía peruana junto a Marco Martos, Javier Heraud y Antonio Cisneros. Ganador del Premio Casa de las Américas 1978, con su poemario Aguardiente y otros cantares. Director de la revista Piélago, co-director de Hipócrita Lector y actualmente de Martín, Pérez Grande es uno de los valores más representativos de la poesía andina, pero además, de la poesía peruana en general.

DECLARACIÓN DEL VICEMINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CUBA, ROGELIO SIERRA DÍAZ

Cuba MINREX

El Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba el pasado 4 de junio emitió una declaración de rechazo y denuncia sobre las acciones de manipulación política acerca del papel de Cuba en el proceso para lograr la paz en Colombia. Esas acciones claramente expuestas en la declaración y notificadas previamente por vías diplomáticas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, facilitaron los pretextos para incluir a Cuba en la espuria lista de Estados que supuestamente no cooperan plenamente en los esfuerzos de Estados Unidos contra el terrorismo.

Días después, EE.UU, nuevamente de manera arbitraria, unilateral y sin fundamentos, incluyó a Cuba en un informe anual del Departamento de Estado sobre terrorismo internacional calificando a nuestro país como “refugio seguro” para terroristas, precisamente por la presencia en Cuba de la delegación de paz del ELN.

Como se conoce, la presencia de la delegación de paz del ELN en La Habana, reconocida por el gobierno del presidente Duque durante los primeros cuatro meses de su mandato, hasta que decidió romper los diálogos a raíz del atentado contra la Escuela de Cadetes de la Policía de Bogotá,  respondió a una solicitud expresa del gobierno colombiano. Esos individuos no viajaron a Cuba huyendo. Viajaron con las correspondientes autorizaciones del estado colombiano.

A raíz del mencionado atentado, Cuba condenó inmediatamente la acción de forma pública y transmitió un mensaje de condolencias a los familiares de las víctimas y al gobierno colombiano. En esa oportunidad, rechazó y condenó todos los actos, métodos y prácticas terroristas en todas sus formas y manifestaciones.

El gobierno de Colombia, además de romper el diálogo con el ELN, desconoció un Protocolo de Ruptura previamente acordado para estos casos y dictó órdenes de captura de Interpol contra los miembros de la delegación de paz del ELN que se encuentra en La Habana, así como formuló la solicitud de extradición de algunos de sus miembros

Para Cuba resulta contradictorio que el gobierno de Colombia haya reconocido en varias ocasiones, tanto pública como privadamente, el papel de garante de Cuba en el proceso de paz con la FARC y, sin embargo, desconozca acuerdos suscritos con nuestro país, también en condición de garantes, en el proceso de paz con el ELN.

El pasado 5 de junio en un comunicado, la Cancillería de Colombia afirmó su agradecimiento y reconocimiento a nuestro país por el papel desempeñado en la implementación del acuerdo de paz con la FARC; asimismo valora nuestro interés en aportar al logro de la estabilidad y seguridad en ese país.

Similar declaración ofreció el Sr. Emilio Archila, Alto Consejero Presidencial para la Estabilización y la Consolidación, el pasado 26 de junio al afirmar que el gobierno colombiano, “nunca, en ningún momento, ha cuestionado las bondades y el agradecimiento que tiene con Cuba en su función de garante de los acuerdos”.

Todos conocen que Cuba siempre ha actuado desde la condición de garante con imparcialidad,  transparencia, discreción y a solicitud de ambas partes. Todo con el propósito de ayudar al anhelo compartido de una paz integral en Colombia.

Tras la declaración del MINREX del 4 de junio, cuba ha recibido múltiples solicitudes en la propia Colombia y de la comunidad internacional, sobre la conveniencia de la continuidad de nuestro papel de garante de los procesos de paz en Colombia.

Ante esta situación, Cuba ha decidido mantener por el momento nuestra condición de garante de la implementación del acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP. Esperamos que el Estado colombiano reconozca la vigencia de los acuerdos suscritos con otros estados y cumpla con esos compromisos, en particular con el protocolo de ruptura del diálogo con el ELN.

La Habana, 9 de julio de 2020

Fuente: Cubaminrex

NUNCA SE EQUIVOCARON SOBRE EL SUFRIMIENTO LOS VIEJOS MAESTROS. W. H. AUDEN

AUDEN 2

W. H. . AUDEN

MUSÉE DES BEAUX ARTS

Nunca se equivocaron sobre el sufrimiento
los Viejos Maestros; qué bien entendieron
su lugar en lo humano; cómo sucede
mientras otros por ahí abren una ventana, comen o en algún
lado caminan sin fijarse;
cómo, mientras los ancianos apasionadamente
esperan el milagroso alumbramiento, debe siempre haber
niños
patinando en un estanque a la orilla del bosque
que no tienen especial interés en que suceda;
nunca olvidaron
que incluso el temible martirio debe seguir su curso
a como dé lugar en una esquina, en algún lugar sucio
donde llevan los perros su vida de perros
y el caballo del verdugo
se rasca el trasero inocente contra un árbol.

En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo se aleja todo,
placenteramente, del desastre; el labrador
pudo haber oído el chapoteo, el desamparado grito,
pero para él no se trataba de un fracaso importante:
el sol brillaba como debía en las blancas piernas
que desaparecían entre las aguas verdes;
y el airoso y delicado buque, que algo asombroso debió ver
—un niño que caía del cielo—
tenía que ir a algún sitio y navegó con calma.

BLUES DEL REFUGIADO

Digamos que hay diez millones en esta ciudad,
unos viven en mansiones, otros viven en agujeros:
con todo, no hay lugar para nosotros, querida, no hay lugar.

Alguna vez tuvimos una patria y nos pareció justo,
mira en el Atlas y ahí la encontrarás:
no podemos ir a ella ahora, querida, no podemos ir.

En el cementerio del pueblo hay un árbol viejo
que año con año florece nuevamente:
los viejos pasaportes no hacen eso, querida, los pasaportes
viejos no.

El cónsul golpeó la mesa y dijo:
“Si no hay pasaporte están oficialmente muertos”:
pero aún vivimos, querida, aún estamos vivos.

Fui a un comité; me ofrecieron una silla;
me pidieron cortésmente que volviera en un año:
pero ¿a dónde iremos hoy, querida? ¿hoy a dónde iremos?

Fui a un mitin público; el orador se puso de pie y dijo:
“Si los dejamos entrar se robarán el pan”;
hablaba de nosotros, querida, hablaba de nosotros.

Creí oír el estruendo de un trueno en el cielo;
era Hitler en Europa diciendo: “¡Deben morir!”;
nos tenía en mente, querida, nos tenía en mente.

Vi un poodle en un saco cerrado con un alfiler,
vi una puerta abierta para que entrara el gato:
no eran judíos alemanes, querida, no eran judíos alemanes.

Bajé a la bahía y me paré junto al muelle,
vi nadar a los peces como si fuesen libres
a cinco metros de mí apenas, querida, a cinco metros de mí.

Crucé un bosque, vi a las aves en los árboles;
no tenían políticos y cantaban a placer:
no eran la raza humana, querida, no eran esa raza.

Soñé que vi un edificio con mil pisos de altura,
mil ventanas y mil puertas;
ninguna era nuestra, querida, ninguna era nuestra.

Me detuve en la pradera entre la nieve que caía;
diez mil soldados marchaban de aquí para allá:
buscándonos, mi vida, buscándonos a ti y a mí

EL NOVELISTA 

Vestido de talento como de un uniforme,
es bien sabido el lugar de un poeta;
puede asombrarnos como una tormenta,
o morir joven, o vivir solo muchos años,

o ir hacia adelante como un húsar.
Pero él debe salir de su don infantil
y aprender cómo ser sencillo y desgarbado,
cómo ser uno al que nadie pensaría en recurrir.

Pues, para lograr su más ínfimo deseo,
debe ser el todo del tedio, sujetarse
a quejas vulgares como el amor, ser Justo
entre los justos, puerco entre los puercos
también, y en su propia persona, si es que puede,
acumular con celo los errores del hombre.

Traducción de Carlos Monsiváis

Fuente: CULTURA UNAM

Y NOMBRARÉ LAS COSAS, TAN DESPACIO… ELISEO DIEGO

ELISEO 5

ELISEO DIEGO

 

EL OSCURO ESPLENDOR

Juega el niño con unas pocas piedras inocentes
en el cantero gastado y roto
como paño de vieja.

Yo pregunto:
qué irremediable catástrofe separa
sus manos de mi frente de arena,
su boca de mis ojos impasibles.

Y suplico
al menudo señor que sabe conmover
la tranquila tristeza de las flores, la sagrada
costumbre de los árboles dormidos.

Sin quererlo
el niño distraídamente solitario empuja
la domada furia de las cosas, olvidando
el oscuro esplendor que me ciega y él desdeña.

 

VOY A NOMBRAR LAS COSAS

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi cuerpo cuando duermo.

Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia,
despojados de sombra, siempre iguales.

Sin olvidar la compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.

Ni el estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.

Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Y nombraré las cosas, tan despacio
que cuando pierda el Paraíso de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarla de pronto con el alba.

 

ELEGÍA CON UN POCO DE AMARGURA

Ésta es otra elegía, pero
dedicada a un hombre desagradable,
vecino mío, que nunca
quiso saludarme.
No sé, por tanto, cómo se llamaba.

Cara de limón, cara de perro malo,
jamás se rebajó a mirarme
siquiera. Vivíamos
los dos en la misma calle.

Un día tras otro nos desencontrábamos.
Primero por la mañana, y luego
por la tarde.

Se murió, y,
naturalmente,
dejó de no saludarme.

Ayer lo vi venir tan él como de costumbre
y me alegró que todo fuese igual que antes.

Pero no era ni por la tarde ni por la mañana,
y en cuanto a él, tampoco era él,
como adrede.

 

ARQUEOLOGÍA

Dirán entonces: aquí estuvo
la sala, y más allá,
donde encontramos los fragmentos
de levísimo barro, el sitio
del calor y la dicha.
Luego

vendrá una pausa, mientras
el viento alisa los hierbajos
inconsolables; pero
ni un soplo habrá que les evoque
la risa, el buenas tardes,
el adiós.

 

TESTAMENTO

Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;

habiendo llegado a este tiempo;

y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;

habiendo llegado a este tiempo;

y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;

y no poseyendo más que este tiempo;

no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;

no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;

decido hacer mi testamento.

Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.

LADY LAZARUS. SYLVIA PLATH

SYLVIA 3

SYLVIA PLATH

LADY LAZARUS

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie

Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.

Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo

Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:

“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien Herr Doktor.
Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebé de oro puro

Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00

Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

Fuente: POESÍA UNIVERSAL

VIENDO LLOVER EN LA LISA. ALPIDIO ALONSO GRAU

LLUVIA Y PARAGUAS

ALPIDIO ALONSO GRAU

VIENDO LLOVER EN LA LISA

                          Para Norberto Medina,
                          dondequiera que esté.

Los demás que no fui
los que pude haber sido
los ajenos
los otros
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol
¿son también de la lluvia?
¿qué flamboyanes miran?
¿dónde están esperándome?

SIN SABER PARA QUIÉN

Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados

Sin saber para quién
escribo estas palabras

sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos

DESHORAS

Este pacto que hago
a solas con la muerte, es mi vigilia.
Me asiste, como ven,
otra razón, por tanto.
Nada digo
del entuerto que soy.
Se independiza
mi haber querido ser
de mi ya sido.
Duden,
descrean de mí,
y  de la excusa que opongo
a mi tardanza.
Aun el tiempo que perdí
me  concierne.
Soy ese
tramado devenir
que mis manos no saben.

Yo me entiendo.

UNA MAÑANA Y OTRA

Un áureo bosque;
una colina
azul,
casi encendida;
una amarilla enredadera:
no mirados aún,
desprovistos
de tus ojos,
indiferentes,
esquivos a tus pobres días;
un presentido horizonte;
una distante orilla a la que
siempre estás llegando
de un viaje inexistente
pero cierto,
una mañana
y otra de tu esperanza.

MANCHEGA

                  Para Senel Paz

No te engaño
yo te ofrezco
mi tamaño

Cuando crezco
soy la altura
que merezco

la locura
de quebrar
mi armadura

mi lugar
mi misión
de soñar

mi razón
de vivir
sin perdón.

LLUVIA. FEDERICO GARCÍA LORCA

Foto De Abstracción De Las Gotas De Lluvia En El Cristal De ...

FEDERICO GARCÍA LORCA

LLUVIA 

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

QUIERO ESTAR A SOLAS CON LA TIERRA. ALEX PAUSIDES

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ALEX PAUSIDES*

 

CONSAGRACIÓN DE LA REINA

                                              para Lesbia

Irás a la fiesta de los sabios
y probarás los manjares sagrados

Los ojos humildes
te asomarás al río blanco del misterio

A un golpe del tambor recitaré en tu oido
bendecida por la buena suerte serás

una cruda tela banca al cuello
bajo los grandes árboles místicos

largo doloroso iluminado camino hacia ti misma

 

DECLARACION

Uno puede andar triste mas la dicha
Es superior a esa ínfima tristeza.

Empuño la alegría porque al fin
Esta voz no acaba en mi garganta.

La voz pase por mí mientras en pie
Esté ante los vientos —sorprendido

 

LITOGRAFIA

Quisiera grabar en estas piedras
a punta de amor
algún resuello, dejar
la imagen
que hospedo difícil en los ojos,
en los puños: el hombre
con su fatiga mínima
la boca joven, su voz
ardiendo
por elevar a tierra y cielos
la esperanza del hombre,
mi esperanza

 

MATINAL

El verso nace sudoroso
crujiente como pan

Que estas manos acaban de empuñar
el arma con que defiendo la risa y el sol

Que vivo latiendo a fogonazos
y qué difícil caballo se abre por la tierra
henchido por la espuela de mi sueño

Que si me dicen novio de la primavera
Es porque la he conquistado
con mi puño y mi amor
y mi fatiga

 

TESTO

Quiero echarme a solas en la tierra
Mi cuerpo no tenga intermediarios
Desnudo entre flores y animales el humus fertilice
una semilla un árbol una flor un fruto
que coman los insectos o tome un niño distraído
Quiero estar a solas con la tierra
Nada impida esa íntima frescura
Mi única absoluta y definitiva pertenencia

 

LA MANO EXTENDIDA

                                                 a Nelson Mandela

Vivió en libertad con la mano extendida
a los pordioseros a los más pobres a los más humildes
a los ninos a las mujeres a los ancianos
a los ministros a los reyes a los príncipes
a los blancos como la nieve
a los amarillos como las espigas maduras del trigo
a los negros como la noche
su mano abierta para todos
como la paz y la justicia
como la resistencia y la ternura

 

*Alex Pusides nació en Pilón de Manzanillo, el 24 de marzo de 1950. Ha publicado una decena de cuadernos de poesía. Fundó el Festival Internacional de Poesía de La Habana y el proyecto editorial Colección SurEditores. Dirige el Centro Cultural CubaPoesía.

PAVESAS. ALPIDIO ALONSO GRAU

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ALPIDIO ALONSO GRAU 

EL TIEMPO ENEMISTADO 

El tiempo enemistado transcurre en el umbral de un tiempo que en el deseo es otro. Instantes hilan márgenes sucesivas de abolida floresta. ¿Alumbran venideros días horas que huyen? ¿Una luz trinadora repasa antiguos fuegos? ¿Envía luces en su vuelo el pájaro? Algo se fuga hacia miradas que todavía no son. Escapan noche adentro voces. Tantea bordes el deseo. Lo hondo ve venir.

PAVESAS

Yo vi veleros en sus ojos, vi animales y cuencas de un errante verdor sin pronunciar. Había un camino de limpios soles. Una hilera de árboles era en su mirada una hilera de árboles que se alejaban y a su manera repetían un idéntico adiós. Vi ardiendo pastizales.  Vi un niño haciendo señas con un girasol mudo. Vi cuerpos anegados braceando en la memoria de un paisaje sin tiempo.
Y entonces comprendí.

LOS TESOROS

                          Para Nancy Morejón

Tuyos sean el azar y la gloria
de ver el horizonte
desde una isla abierta a las derivas
del mar y de la Historia

Tuyos el pan compartido
y la lumbre amasada
en la limpia pobreza

Tuyos el roquedal y el cielo
donde en noviembre ocultan
con su ojo de cíclope
su casa los ciclones

Tuyos el misterio y la voz
la leyenda del héroe

Tuyos feroces muertos
la estrella herida y alta
y la hazaña del sueño
entre los olvidados.

EL JUEGO DE LAS AMBIVALENCIAS. VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

 

VIRGILIO 1

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

IRAK

La bomba cayó sobre el piso
La madre está sobre el piso
Dibujada sobre el piso.

La niña duerme soñando.
Despierta sigue soñando
La bomba está sobre el piso.

La niña busca en el suelo
La estrella viva del suelo,
La madre está sobre el piso.

La bomba, la madre, el sueño,
La bomba, el piso, la niña
Dibuja la madre en sueño.

 

COMO SHAKESPEARE

Susúrrame que ya canta la alondra,
no resiste la noche el destello del día
y se fuga y deja al paso el sonido del galope de la luz.
Estaba así dormido al roce de tu mano
cuando sentí cantar al pájaro del viento
que dispersó la noche con un trino.

 

EL JUEGO DE LAS AMBIVALENCIAS

A un caballero de setenta años no le es dado tener un niño, porque el niño podría llegar a los setenta y el caballero no podrá sufrir su vejez.
El caballero de setenta años no debe adoptar a un perro, porque él solo vive catorce y lo abandonaría en la senectud.
Tampoco sería bueno que cultivase rosas. Ellas le recordarían a diario cuán efímero es vivir.
Para un caballero de setenta años puede ser mejor pararse en la ventana, y ver al mundo externo incesantemente fluir.

HASTA QUE TODO SEA OTOÑO O PRIMAVERA. WALDO LEYVA PORTAL

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WALDO LEYVA PORTAL 

                               A Francisco López Sacha

Sé que el mundo en que estoy,
desde el sol que lo alumbra
hasta la última bacteria
del aire o del pantano,
va a desaparecer.
Una fría oscuridad ni siquiera soñada
convertirá en un ojo negro
al universo más hermoso del espacio sin fondo.

Nada, ni lo que escribo ahora, me salvará.
Los arqueólogos siderales del futuro sólo sabrán
que alrededor de la que fue una pequeña estrella viva,
se localizan puntos que pudieran ser parte de un sistema estelar.

Nada, ni el temblor de tu cuerpo al recibirme,
ni lo que escribo ahora, me salvará.

Tal vez esta hoja entre temblando en el futuro
pero no estaré allí.
Ni lo que he escrito ahora
ni lo que aún me falta por escribir, me salvará.

 

A PESAR DEL VIENTO Y LOS CUCHILLOS

Mis pies van hacia el sur, que nadie los detenga, yo esperaré su vuelta si es que vuelven a juntarse de nuevo con mis brazos que partieron también, cada cual hacia el punto cardinal que indicaban. Soy un tronco que espera detenido, vivo, a pesar del viento y los cuchillos, la cabeza en su sitio, dando vueltas, descubriendo lo esférico del mundo, dueña del tiempo y la distancia. Puedo esperar así sobre la tierra hasta que se derritan los relojes, hasta que todo sea otoño o primavera o cualquier estación que el hombre invente.

 

EPITAFIO PARA UN HOMBRE QUE VIVE

Yo conocí este hombre, supe de sus hazañas y sus miedos, recorrí junto a él diversas geografías y lo vi renunciar a la mujer que amaba sin saber que era yo quien la perdía. Muchas veces nos esperó la muerte en idénticos cruces de caminos. Los dos vimos la guerra cara a cara y fuimos vencedores, pero en distintos puntos cardinales. El tiempo fue dejando sus medallas, cicatrizando las roturas, estableciendo sus fronteras. ¿Dónde está el hombre que nació conmigo; qué ha sido de su incurable risa, de su odio mortal a los traidores, de su enfermizo asco a las miserias que siempre nos corroen el rostro y la palabra? Yo estoy donde él decía que era el único sitio, y espero que aparezca, que vuelva a entrar gritando su rabiosa esperanza, su simple humanidad de hombre que cree. No lo busquen. Si acaso se demora, o no regresa, es que perdió en la paz todas sus guerras.

febrero / 1987

LA CURA ES UN DOLOR DESNUDO. LUIS SUARDÍAZ

SUARDÍAZ 1

LUIS SUARDÍAZ

 

CURA DE CABALLO

Para que salga de su melancolía el animal
se le baña con ensañamiento
desde los belfos a la luna casi llena de los cascos.

Las ramazones, los guijarros trazaron cangilones desiguales
en el trapecio, la grupa, las coronas y en ellos entró con rapidez el foete.

Para que despeje los agrios olores del monte,
se le baña de norte a sur y se le aplica el fuego en sus dolores.
Es una ciencia aguda, una cura bárbara
que despliega una herida grande sobre las muchas heridas imprevistas.

Sus ojos de gente en agonía ven llover los ásperos remedios.

Para salvar al animal, para que vuelva entero a los peligros,
de nuevo a los arroyos, de nuevo a la rosa de los vientos.
Para que monte en pelo la aventura en su lomo, para que no haya lejanías
más duras que sus ancas.

La cura es un dolor desnudo y es un rayo
que alza en dos patas la bestia y le hace morder y cargar contra el viento.

La cura pone su galope en el vacío y una creciente espuma tibia
en sus ollares.

Para que se enderece el animal,
para que brillen sus ijares y vuelva entero a los caminos.

 

EL VENADO

Es como la tristeza.
Mira como los hombres en invierno.
Y, como el huérfano, apenas pone
Sus huellas en la yerba.
Es como la tarde.
Crece su piel hacia la soledad oliendo el monte.
(Por su perfil transcurren el disparo y la noche,
La memoria imprecisa del acoso.)
Pero bajo su angustioso ramo de cuernos
No cabe el pensamiento y muere, como de un salto,
Con los ojos abiertos.

GRACIAS A TI. NAZIM HIKMET

NAZIM HIKMET 3

NAZIM HIKMET

 

GRACIAS A TI

Gracias a ti
cada uno de mis días es un mundo
limpio y perfumado que huele a melón.
Gracias a ti todos los frutos
se ofrecen a mi mano como si yo fuera el sol.
Gracias a ti sólo pruebo la miel de la esperanza.
Gracias a ti late mi corazón.
Gracias a ti mis noches más solitarias
son como un kilim de Anatolia que sonríe
desde la pared.
Gracias a ti al final de mi camino,
sin llegar a mi ciudad,
he descansado en una rosaleda.
Gracias a ti, no dejo entrar a la muerte
que con sus cantos llama a mi puerta
vestida con sus más sutiles ropajes
y me invita al gran descanso.

AVESTRUZ. CÉSAR VALLEJO

VALLEJO 1

CÉSAR VALLEJO

 

AVESTRUZ

Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quién volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.

Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él…
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer…!

FIVE O CLOCK TEA. REGINO PEDROSO

REGINO 3

REGINO PEDROSO

FIVE O CLOCK TEA

Voy con las manos sucias de grasa.
Los hermosos vehículos no se detienen cuando los llamo;
y marcho por las calles, pródigo de saludos,
pero los hombres me ignoran, y pasan;
porque en la fiesta espléndida de la ciudad lujosa
llevo las manos sucias de grasa.
Sólo el paisaje y el crepúsculo me abrazan cordiales
y el viejo pavimento
que recuenta el cansado rosario de mis pasos.

Pero las grandes vitrinas de lujo
me cierran sus puertas;
el ascensor de la opulencia no me conduce a las terrazas
donde la vida canta y ríe;
porque en la hora ebria del té fragante de oro,
de enriquecer al mundo,
llevo las manos sucias de grasa.

TODO SILENCIO ES UN ABISMO. VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

VIRGILIO 2

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS*

NOCTURNO

En mi mano, la noche.
Derivación de fruta, de árbol surgente.
Se abre, y un reguero de semillas
titilan, mudas, como torbellinos.

Todo silencio es un abismo.

Entre mis dedos se deshace la noche.
La noche toda se aquieta
es luz virginal y prodigiosa.

¿Para qué sirve la noche?
¿Para qué sirve el poema de la noche?
Tremolante, avara, oscura
se desplaza sin fin.

 

SIMBAD, EL MARINO

No será persa la alfombra de Simbad en su barco de velas
para hacerse a la mar.
A la mar, a donde van los ríos:
el Tigris perfecto,
el Eufrates deleitoso,
las arenas del Ganges,
y debajo ese mar
de bencina, infinito.
El mal: arenas bombardeadas
olvidadas al hambre por la luz de Alá.

 

COMO BASHO

I
Desde tiempos inmemoriales las bandadas de aves saludan al atardecer,
pero yo no he vivido desde los tiempos inmemoriales
y gozo al ver a las bandadas de aves volar en el atardecer.

II
Las aves milagrosas cada día llenan la tarde
y mis ojos vuelan con ellas al pie de la noche.
Pero mi tiempo no es eterno como el vuelo de las aves al atardecer.

 

*El poeta cubano Virgilio López Lemus nació en Fomento, Sancti Spíritus, el 22 de octubre de 1946. Es Doctor en Ciencias Filológicas y un reputado ensayista, crítico de arte y literatura, traductor, profesor universitario e investigador literario. Ha publicado más de treinta libros de poesía y de los demás géneros en que incursiona habitualmente, incluyendo algunos de los más importantes estudios y compilaciones de nuestra literatura contemporánea. Su prestigio y solidez intelectual lo sitúan entre las figuras de mayor y  más justificado renombre dentro de la cultura cubana en la actualidad. Nos complace muchísimo publicar, ahora y próximamente, varios poemas y otros textos de Virgilio en las páginas de El ciervo herido.

LA RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD DEMANDA JUSTICIA PARA GEORGE FLOYD

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La Red en Defensa de la Humanidad suma su voz a las de miles en Estados Unidos y alrededor del mundo para demandar Justicia para George Floyd.

 La imagen de un hombre de ascendencia africana siendo asesinado por un policía racista es muy común en Estados Unidos. De hecho, la policía asesina alrededor de mil personas anualmente; un desproporcionado número de ellas son negros.

El asesinato de George Floyd no fue diferente, pero lo ha sido a nivel exponencial ya que el escenario de su muerte por tortura fue documentado detalladamente mientras le decía al policía blanco “No puedo respirar” –primero apeló a su torturador, luego a otros para que lo escucharan y por undécima vez, mientras su vida se apagaba, pedía por su madre fallecida. Una imagen imborrable se grabó de inmediato en la conciencia de un mundo convulsionado que se tambalea bajo una pandemia y que explotó en las calles de 140 ciudades de los Estados Unidos.

Ni una palabra de compasión, ni un mensaje de conciliación por parte del Comandante en Jefe Trump sobre las causas que llevan a miles de personas a protestar en las calles. En cambio, coquetea con el fascismo y se burla de los gobernadores por no sacar a los militares a las calles para reprimir al pueblo estadounidense.

Ante la noticia de que debió ser llevado a un bunker para su propia protección, no perdió la oportunidad de salir de su guarida para tomarse una foto oportunista frente a una iglesia con una biblia en su mano mientras las fuerzas de seguridad reprimían a su paso a cientos de manifestantes que practicaban el derecho a protestar pacíficamente.

El Estado recibió un golpe de la magnitud del actual levantamiento. Las manifestaciones son multirraciales, compuestas en su mayoría por jóvenes que están tomando conciencia de su propia privación de derechos, debido a la crisis económica que se ha multiplicado por la COVID-19.  Aunque esta crisis parece diferente, ello no ha significado que la clase dominante haya dejado de emplear sus viejos remedios para volver a poner en orden el statu quo de opresión y pobreza.

Ahora, mientras los medios corporativos hacen una distinción entre los manifestantes buenos y los violentos, para tratar de dividir al renaciente movimiento, las palabras de Martin Luther King resuenan en las calles de las grandes ciudades: “un disturbio es el lenguaje de los no escuchados”.

La demanda de justicia para George Floyd es una cuestión básica de derechos humanos, término que Trump utiliza para vulnerar la soberanía de otros países, y la violación de ese derecho es un espejo de sus políticas internas en el que puede verse con claridad cómo el Estado ha fracasado rotundamente al combatir la pandemia de la COVID-19 y al no reconocer y proteger el derecho humano a la salud de los pobres y la clase trabajadora, incluidos las comunidades negras y los inmigrantes indocumentados.

El manejo de la violencia policial por parte de la actual administración es un pilar inherente a las doctrinas y valores de los EE.UU. y solo podrá ser reformado con cambios radicales y profundos.

¡Justicia para George Floyd!

Secretaría Ejecutiva REDH

5 de junio de 2020