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DESAFÍOS ACTUALES DE LA CULTURA CUBANA. MIGUEL BARNET

 

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MIGUEL BARNET

Desde que se iniciaron los trabajos preparatorios de este IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, los intercambios en las diferentes comisiones y en los comités provinciales de la organización, se ha propiciado entre nosotros una honda reflexión colectiva en torno a los desafíos que encara la cultura cubana en los tiempos actuales, íntimamente vinculados con los que enfrenta hoy la Revolución. Varias preguntas esenciales han estado presentes en todo momento: ¿cómo podemos los escritores y artistas agrupados en la Uneac ayudar más a nuestro país en la presente coyuntura?; ¿cómo contribuir de manera más activa al perfeccionamiento de nuestra política cultural?; ¿cómo combatir con mayor eficacia los intentos de dividirnos y el impacto de la oleada colonizadora global en la sociedad cubana?; ¿cuáles propuestas podernos hacer que nos aproximen a la conquista de nuevos espacios para el crecimiento de la vida espiritual de la nación?

Se hace necesario evaluar en primer término del contexto internacional en que este foro tiene lugar.

Nuestra región logró avances en la pasada década en materia de integración, salud, educación, cultura, inclusión social y soberanía, a partir del impulso que recibieron de Fidel y de Chávez los ideales de Bolívar y Martí. A ellos se sumaron Lula y Dilma, Evo, Correa, Daniel, Néstor y Cristina Kirchner, y se llegó a crear la CELAC –reverso ético y solidario de la desprestigiada OEA– que proclamó a nuestra región como “zona de paz”.

Hoy, como sabemos, la situación ha cambiado de modo trágico. Nuestra América y el Caribe sufren la arremetida del Imperio y de una ultraderecha neofascista que actúa sin ningún pudor. Emplean sistemáticamente la mentira, las llamadas fake news y acuden a la manipulación más sofisticada de la opinión pública a través de los medios y las redes sociales; se apoyan en amañados procesos parlamentarios y judiciales para inhabilitar a líderes de izquierda; y violan las normas más elementales de la convivencia internacional, mientras legitiman la injerencia, la ley del más fuerte y las agresiones de toda índole, incluida la amenaza militar directa.

El gobierno de Estados Unidos ha resucitado la Doctrina Monroe y la filosofía del macartismo para lanzar una ofensiva abierta dirigida de manera particular contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Derrotar a la Revolución cubana es una de sus principales obsesiones. Ha recrudecido de manera feroz e implacable el bloqueo con la activación de la Ley Helms-Burton en todo su alcance; plan de saqueo y recolonización de carácter abiertamente extraterritorial. Persigue sin tregua las transacciones financieras de Cuba y hace lo imposible por desalentar la inversión extranjera y obstruir cada uno de los empeños del país para salir adelante.

Frente a la campaña de mentiras y tergiversaciones que nos ha acosado desde 1959, los escritores y artistas cubanos hemos sido siempre defensores de la causa de la Revolución en todos los escenarios nacionales e internacionales. El lenguaje del arte y de nuestros intelectuales ha llegado muchas veces adonde no pueden acceder diplomáticos y representantes oficiales del país. Ahora las circunstancias exigen más de nosotros. Contamos con innumerables creadores e instituciones a los que podemos acudir en esta hora decisiva. Debemos ser portadores de la verdad de Cuba dondequiera que pueda hacerse escuchar.

La dirección de la Revolución sabe que hoy, como en todas las coyunturas, puede contar con nosotros.

Estamos comprometidos con la vocación de resistencia y transformación revolucionaria de nuestra sociedad. El legado de la generación histórica que nos condujo hasta aquí se afianza y multiplica. Raúl, al frente del Partido, es depositario de la tradición emancipatoria que permanentemente nos convoca.

El presidente Díaz-Canel y la nueva generación de dirigentes, que cuentan con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo y, como parte de él, de nuestros intelectuales y artistas, son hoy expresión de continuidad, inspirada en la obra y el ejemplo de los que fundaron la Cuba que nació en 1959. Nuestro gobierno ha mostrado un estilo de trabajo incansable, transparente, en contacto directo con la población, pendiente siempre de los más necesitados, en una batalla cotidiana contra la burocracia, la corrupción, la rutina y la insensibilidad.

Luego de la aprobación por amplia mayoría de la nueva Constitución de la República, nuestra institucionalidad se halla inmersa en un proceso de cambios trascendentes que se reflejan, de un modo u otro, en la cultura.

Al ratificar la voluntad de seguir avanzando en la construcción de una sociedad socialista, caracterizada por la sostenibilidad del desarrollo económico y social, la democracia participativa, la solidaridad, la inclusión, la justicia y estrategias que promuevan la equidad; los escritores y artistas tenemos el deber de ayudar desde la creación y el pensamiento a la materialización de las aspiraciones del pueblo cubano.  Seguir leyendo DESAFÍOS ACTUALES DE LA CULTURA CUBANA. MIGUEL BARNET

“¡QUÉ MILAGRO DE PAÍS, EN QUÉ GRAN PUEBLO NOS HEMOS CONVERTIDO!” MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ

Discurso pronunciado por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, en la clausura del IX Congreso de la Uneac, en el Palacio de Convenciones

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MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ

Queridos escritores, artistas, creadores;

Compañeras y compañeros de la Presidencia;

Ministros y viceministros presentes:

Ante todo, reciban el cálido saludo del General de Ejército, del cual soy portador.

Ha concluido su IX Congreso.  No digo estos días de análisis y debate en el Palacio de Convenciones, sino los largos meses de intercambios y aportes desde las bases.  ¡Cuánta inteligencia y talento, cuánto se aprende de ustedes!

Es un proceso que hemos seguido de cerca en frecuentes encuentros con la Comisión Organizadora, tratando de aproximar, en lo posible, soluciones a las insatisfacciones más generalizadas, y confirmando, una vez más, el valor de ir a lo profundo del extraordinario caudal creativo del pueblo cubano. Allí siempre nos espera la verdad.

Permítanme sentirme uno más de ustedes: en la insatisfacción y también en el compromiso, soy un apasionado del arte y de la cultura en sus más diversas expresiones, sea de Cuba o universal.

Los temas que aquí se han tratado suelen ser pan de cada día en nuestra familia y entre amigos. Por las profesiones de mis tres hijos y de mi esposa, la cultura está de manera casi permanente en nuestras vidas.  Por imperiosa necesidad del espíritu, no sabríamos vivir sin acceso a las artes.

La emoción más profunda, junto con la gloria patria, nos la provoca constantemente el contacto con la creación artística. Personalmente no puedo separar el sentido de plenitud, incluso de felicidad, de un disfrute estético determinado.  Y si es cultura cubana, el goce se multiplica.

Lo que quiero decirles es que durante estos meses, estos días, estas horas, más de una vez nos hemos sentido entre ustedes, compartiendo lo que expresan y comprometidos con lo que hacen.

Y por lo que dicen y lo que hacen, sé que muchos de ustedes, alguna vez, pueden haberse sentido en nuestro lugar, desafiados a dar continuidad a un proceso histórico único, de un impacto y alcance universal y de un liderazgo solo comparable a la grandeza de la Revolución misma, hecho cultural superior que transformó desde la raíz a una nación pequeña y atrasada en una indiscutible potencia mundial, no por sus recursos materiales, sino por sus recursos humanos y sentimentales.

Nosotros cuando miramos al mundo y repasamos la historia podemos decir: ¡Qué milagro de país, en qué gran pueblo nos hemos convertido! Es lo que nos ocurre cuando asistimos a una función de ballet o danza, a conciertos de música, lo mismo en un gran teatro que en uno de nuestros barrios; a obras teatrales, a estrenos de cine, a ferias del libro, de artesanías, a galerías, a descargas de rumba o a escuelas de arte.

Un país bloqueado durante seis décadas, perseguido con saña y alevosía hasta en la gestión de medicamentos infantiles, acribillado mediáticamente por los medios más influyentes del planeta, no se ha conformado con resistir y sobrevivir. Como ya dije una vez: “Somos una Revolución que puede presumir de haber sido contada y cantada, desde sus orígenes, con el talento y la originalidad de sus artistas y creadores, intérpretes genuinos de la sabia popular y también de las insatisfacciones y esperanzas del alma cubana.

“Y así seguirá siendo. Intelectuales, artistas, periodistas, creadores, nos acompañarán siempre en el empeño de que este archipiélago que la Revolución puso en el mapa político del mundo siga siendo reconocido también por su singular modo de pelear cantando, bailando, riendo y venciendo”.

Quizás aún no hemos aprendido, y en algunos casos hemos desaprendido, a contar esa maravilla, pero nadie puede ya quitarnos el orgullo de ser una nación para respetar, gracias a una Revolución que siempre ha puesto al ser humano en el centro.

Es algo que nuestra generación les debe a los fundadores en primer lugar, desde Céspedes a Martí. A los creadores que continuaron sus luchas y fundamentalmente a Fidel, el indiscutible intelectual y guía de la generación histórica que, junto con la entrega de la tierra y las fábricas a los que la trabajaban, alfabetizó al pueblo, universalizó la enseñanza, creó poderosas instituciones culturales y en los momentos más difíciles nos enseñó que “la cultura es lo primero que hay que salvar”.

¿Por qué insistía Fidel en esa idea, que repitió tantas veces? Ustedes lo saben seguramente, pero no está de más recordarlo. Porque “no hay proa que taje una nube de ideas”, diría Martí.

Y Fidel supo advertir el riesgo de perder nuestra mayor fortaleza: la unidad, la identidad, la cultura, con la avalancha colonizadora que avanzaba en los tiempos de la globalización, con el acceso masivo a las nuevas tecnologías, promovido por los mercaderes modernos, no para enriquecer sino para empobrecer la capacidad crítica y el pensamiento liberador.

Consciente de que esas tecnologías de acelerado desarrollo serían una poderosa arma de educación y multiplicación del conocimiento a la que la Revolución no podía renunciar ni acceder tardíamente, Fidel creó la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y paralelamente alertó a la sociedad cubana sobre la importancia de salvar la cultura.

Así como antes, en aquellas reuniones de la Biblioteca Nacional que dieron lugar a sus Palabras a los intelectuales y muy poco tiempo después a la creación de la Uneac, Fidel acudía a la vanguardia intelectual y artística para enfrentar desafíos que solo podía advertir un iluminado, como Barnet lo definió alguna vez.

Si hace 60 años fue vencido el intento de fracturar la unión visceral entre aquella vanguardia y su Revolución, es decir, ella misma y su pueblo, más tarde y muchas veces a lo largo de los años el adversario se empeñaría inútilmente en ello. En el cruce de siglos, la batalla alcanzaría cotas mayores golpeando a las fuerzas progresistas en la región y en el mundo.

Movimientos como la Red en Defensa de la Humanidad y proyectos culturales que florecieron por todo el país demostraron la extraordinaria fuerza de la vanguardia para alimentar y sostener la espiritualidad de la nación.

De la Uneac fundada por Nicolás Guillén y otras cubanas y cubanos universales emergió un compromiso para siempre con el destino de la cultura nacional, que se ha afirmado en estos días. Y es tremendo ver la continuidad de esa obra en una organización dirigida hasta hoy por uno de los más jóvenes delegados a aquella cita de hace 58 años:  el poeta, ensayista, etnólogo, intelectual, en suma, Miguel Barnet.

Aquí se ha hablado varias veces de las Palabras a los intelectuales. No concibo a un artista, a un intelectual, a un creador cubano que no conozca aquel discurso que marcó la política cultural en Revolución. No me imagino a ningún dirigente político, a ningún funcionario o dirigente de la Cultura, que prescinda de sus definiciones de principio para llevar adelante sus responsabilidades.

Pero siempre me ha preocupado que de aquellas palabras se extraigan un par de frases y se enarbolen como consigna. Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la política cultural, también exige una interpretación contextualizada.

Claramente Fidel planteó un punto de partida: la relación entre Revolución, la vanguardia intelectual y artística y el pueblo. Entonces, todos no tenían tan claro como Fidel lo que los artistas e intelectuales irían comprendiendo en el desarrollo de su obra: que la Revolución eran ellos, eran sus obras y era el pueblo.

Por eso resulta reduccionista limitarse a citar su frase fundamental: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”, soslayando que Revolución es más que Estado, más que Partido, más que Gobierno, porque Revolución somos todos los que la hacemos posible en vida y en obra.

Y también sería contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma única e inamovible la política cultural de la Revolución. Eso sería cortarle las alas a su vuelo fundador y a su espíritu de convocatoria.

Hoy tenemos el deber de traer sus conceptos a nuestros días y defender su indiscutible vigencia, evaluando el momento que vivimos, los nuevos escenarios, las plataformas neocolonizadoras y banalizadoras que tratan de imponernos y las necesidades, pero también las posibilidades que con los años y los avances tecnológicos se han abierto.

Hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras. Hacer crecer y fortalecer la política cultural, que no se ha escrito más allá de Palabras… y darle el contenido que los tiempos actuales nos están exigiendo.

Ustedes han hecho bastante. Como hemos apreciado, han trabajado y avanzado mejor allí donde más coordinados han actuado con otras fuerzas intelectuales, como las que crean desde las universidades y otros centros de investigación de las ciencias sociales y humanísticas.

Evidentemente, hay más y mejores resultados donde la creación se apoya en nuevos soportes tecnológicos que facilitan el trabajo.  Seguir leyendo “¡QUÉ MILAGRO DE PAÍS, EN QUÉ GRAN PUEBLO NOS HEMOS CONVERTIDO!” MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ