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VIENDO LLOVER EN LA LISA. ALPIDIO ALONSO GRAU

LLUVIA Y PARAGUAS

ALPIDIO ALONSO GRAU

VIENDO LLOVER EN LA LISA

                          Para Norberto Medina,
                          dondequiera que esté.

Los demás que no fui
los que pude haber sido
los ajenos
los otros
los que ya no seré:
ahora mismo sin sol
¿son también de la lluvia?
¿qué flamboyanes miran?
¿dónde están esperándome?

SIN SABER PARA QUIÉN

Soy una simple rama
del árbol mutilado
de mis antepasados

Sin saber para quién
escribo estas palabras

sin conocer qué almas
comerán de ellos
hacia su breve eternidad
tiendo estos frutos

DESHORAS

Este pacto que hago
a solas con la muerte, es mi vigilia.
Me asiste, como ven,
otra razón, por tanto.
Nada digo
del entuerto que soy.
Se independiza
mi haber querido ser
de mi ya sido.
Duden,
descrean de mí,
y  de la excusa que opongo
a mi tardanza.
Aun el tiempo que perdí
me  concierne.
Soy ese
tramado devenir
que mis manos no saben.

Yo me entiendo.

UNA MAÑANA Y OTRA

Un áureo bosque;
una colina
azul,
casi encendida;
una amarilla enredadera:
no mirados aún,
desprovistos
de tus ojos,
indiferentes,
esquivos a tus pobres días;
un presentido horizonte;
una distante orilla a la que
siempre estás llegando
de un viaje inexistente
pero cierto,
una mañana
y otra de tu esperanza.

MANCHEGA

                  Para Senel Paz

No te engaño
yo te ofrezco
mi tamaño

Cuando crezco
soy la altura
que merezco

la locura
de quebrar
mi armadura

mi lugar
mi misión
de soñar

mi razón
de vivir
sin perdón.

PAVESAS. ALPIDIO ALONSO GRAU

alpidio 4

ALPIDIO ALONSO GRAU 

EL TIEMPO ENEMISTADO 

El tiempo enemistado transcurre en el umbral de un tiempo que en el deseo es otro. Instantes hilan márgenes sucesivas de abolida floresta. ¿Alumbran venideros días horas que huyen? ¿Una luz trinadora repasa antiguos fuegos? ¿Envía luces en su vuelo el pájaro? Algo se fuga hacia miradas que todavía no son. Escapan noche adentro voces. Tantea bordes el deseo. Lo hondo ve venir.

PAVESAS

Yo vi veleros en sus ojos, vi animales y cuencas de un errante verdor sin pronunciar. Había un camino de limpios soles. Una hilera de árboles era en su mirada una hilera de árboles que se alejaban y a su manera repetían un idéntico adiós. Vi ardiendo pastizales.  Vi un niño haciendo señas con un girasol mudo. Vi cuerpos anegados braceando en la memoria de un paisaje sin tiempo.
Y entonces comprendí.

LOS TESOROS

                          Para Nancy Morejón

Tuyos sean el azar y la gloria
de ver el horizonte
desde una isla abierta a las derivas
del mar y de la Historia

Tuyos el pan compartido
y la lumbre amasada
en la limpia pobreza

Tuyos el roquedal y el cielo
donde en noviembre ocultan
con su ojo de cíclope
su casa los ciclones

Tuyos el misterio y la voz
la leyenda del héroe

Tuyos feroces muertos
la estrella herida y alta
y la hazaña del sueño
entre los olvidados.

EL FRÍO ÁRBOL DEL MUNDO. ALPIDIO ALONSO GRAU

ALPIDIO ALONSO GRAU*

ALPIDIO 1

 

COSTUMBRES DE PTOLOMEO

Algo habrá visto el hombre
que ha salido en la noche a contemplar
sobre las azoteas destartaladas
el frío árbol del mundo

Algún destello vio perforar el solitario
las menudas cortinas que la niebla dispone

Algo habrá visto en lo alto
entre el abismo y las preguntas que a deshoras
rondan su sangre insomne

Alguna verdad le habrá revelado
el menudo vidrio de fuego que atraviesa
un instante lo negro

Una verdad solo para sus ojos
que aunque ignoramos
bien podría ser también nuestra
pero que por ahora
es solo su verdad

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TALA

Decir alguna vez: con el follaje escribo, las ramas son palabras de una música ausente que el poema repite a pesar tuyo. Decir: oye al deseo. Y aún después, mirando hacia lo lejos: detrás de aquella luz humea un pequeño bosque, y más allá, quedan los vastos almacenes del tedio, las naves del desahucio, las interminables carreteras donde en verano ves amontonarse cuerpos que hacen señales en otro y en el mismo sentido de tu ruta. Decir alguna vez, mirando la ceniza: no hagas caso del gris, todo no es más que brillo amontonado. Y luego, frente a un nudo de hojas que derrama en el vuelo toda su triste levedad de colores: encanto del instante de aquello que se alza. Ser lo que cae, alguna vez decir.

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TU MANO TOCO

Toco tu mano
la palma abierta de tu mano
contra mi mano abierta
los surcos sudorosos de tu mano
apoyados en
los surcos largos y confusos de la mía
Dicen que el destino está en esos surcos
Tu destino enfrentado a mi destino
según los que saben leer
en esas líneas
Son líneas de carne que son líneas de tiempo
Tu tiempo sudoroso
ahora fundido a mi tiempo largo y confuso
Tu carne contra la mía
leída por quienes saben ver en la claridad
el tiempo de los otros
El destino deshojándose
como un collar de vicarias
en las manos de una niña
que no sabe leer
el tiempo en su mano
Esa niña está muerta
Las vicarias son blancas
El tiempo deshojó en tus manos las vicarias
Tú eres esa niña deshojándose en el tiempo
Nuestros destinos ensartados por las manos del tiempo
El tiempo hace blancas líneas
en los pétalos de las vicarias
Las líneas de los pétalos se confunden
con las líneas del tiempo
cuando toco tu mano

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*El poeta, editor e ingeniero cubano Alpidio Alonso Grau nació en 1963, en La Dalia, provincia de Sancti Spíritus. Trabajó en Sed de Belleza, proyecto editorial de la Asociación Hermanos Saíz, fue coordinador del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad, editor fundador de la revista cultural Dédalo y es director de la importantísima revista literaria Amnios, consagrada totalmente a la poesía. Ha publicado, entre otros, los poemarios La casa como un árbol (1995), Alucinaciones en el jardín de Ana (1995), El árbol en los ojos (1998), Ciudades del viento, (2000), Tardos soles que miro (2007), Idas (2012) y País de los viernes (2013). En la actualidad, el poeta Alpidio Alonso es ministro de Cultura de la República de Cuba. Los tres poemas que he seleccionado para El ciervo herido, confirman su depurada sensibilidad y la nobleza de sus sentimientos, trasmutados aquí en espléndida y genuina poesía. Una verdadera fiesta para lectores agradecidos.