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LA LUCHA ELECTORAL EN LA ARGENTINA Y EL CICLO PROGRESISTA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. PAULA KLACHKO

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PAULA KLACHKO

La situación y las elecciones

paulaLa situación que nos han dejado cuatro años de neoliberalismo explícito en la Argentina es calamitosa, en todos los aspectos. La CEOcracia o gobierno de los gerentes de los grupos económicos del capital mas concentrado del país, siempre aliados al gran capital trasnacional -como buenos herederos de la oligarquía que fundó nuestros estados nacionales a sangre y fuego- se ha situado a ambos lados del mostrador y desde allí ha perpetrado un verdadero saqueo a la nación y un enorme retroceso en las condiciones de vida de la población, así como de las conquistas populares en general.

Una rápida mirada sobre los principales indicadores sociales nos muestra la profundidad del desamparo, desempleo, pobreza e indigencia en que han sumido a partes crecientes de la población. Para no hablar de la reducción drástica de nuestros salarios mediante los descomunales tarifazos de los servicios públicos y la suba de precios generalizada de medicamentos y alimentos, y todos los demás bienes de la canasta básica. Al mismo tiempo ni siquiera han sido eficaces en lograr números macroeconómicos para autosatisfacción de las elites supranacionales, sino que la velocidad de la rapiña deja una economía destrozada, un PBI reducido, y un endeudamiento colosal que ata a varias generaciones volviendo al viejo tema de la dependencia generada por la deuda externa, que había sido superada con el gobierno de Néstor Kirchner. Podríamos seguir mencionando decadencias varias que nos deja este gobierno de rapiña neoliberal, pero podemos reducirlas con esa palabra que usamos mas arriba: saqueo.

Pero, por otro lado, no ha cesado la lucha y la resistencia de las y los trabajadores ocupados y desocupados, y, desde el kirchnerismo y el peronismo en general se ha apostado a articular políticamente esa resistencia. Esa unidad estuvo articulada, primero, fuertemente y en las calles por los sindicatos y centrales sindicales mas representativas (verdadera fortaleza de cualquier proyecto popular en la Argentina), y, luego, nuestrxs principales referentes políticxs, sobre todo la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pudieron y supieron tejer esa articulación en una propuesta política unitaria y amplia que hoy genera muchas esperanzas y expectativas para el futuro, aunque no va a ser nada fácil salir del pantano.

Por eso, las elecciones no van a resolver la crisis en lo inmediato, pero sí hay expectativas y posibilidades de superarla en el mediano plazo. Pues, el próximo gobierno y la unidad que simboliza -muy profunda y amplia a nivel social y que articula un pacto entre el empresariado y la clase obrera- va a generar políticas de estado que apunten a mejorar la distribución del ingreso, o, al menos, a elevar la capacidad adquisitiva del salario real y eso va a sentirse en el bolsillo de las y los trabajadores y jubilados, lo cual redundará en una reactivación paulatina del mercado interno. Además, los incrementos presupuestarios para resguardar la salud y la educación públicas, sumado a políticas sociales de inclusión, y retomar una cultura y simbología descolonizadora o progresista en la que volverá a enraizarse el proyecto que va a gobernar, se plasmarán sin duda en el avance de la unidad latinoamericana. Vientos de cambios oxigenantes para los pueblos asoman en Nuestra América.

El próximo nuevo gobierno y el ciclo progresista en América Latina y el Caribe

Por todo eso, el próximo nuevo gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner -impulsado por esta última-, sin duda va a oxigenar al ciclo progresista del siglo XXI en América Latina que se encontraba en reflujo o cierto estancamiento, pero que de ninguna manera estaba agotado (como algunas y algunos analistas se empeñaron en señalar). Por el contrario, ahora de la mano del nuevo gobierno popular en México, de la resistencia de la Revolución Bolivariana en Venezuela, si es que vuelve a triunfar el progresismo en Uruguay y la Revolución Cultural y Democrática en el Estado Plurinacional de Bolivia y permanecen resistiendo y construyendo revolución en Cuba (como hace 60 años) y también Nicaragua, pues, entonces, hay muchas condiciones para re-impulsar el ciclo progresista y restablecer el camino de la unidad latinoamericana. Seguir leyendo LA LUCHA ELECTORAL EN LA ARGENTINA Y EL CICLO PROGRESISTA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. PAULA KLACHKO

LAS BATALLAS ELECTORALES EN LA ARGENTINA: 1983-2019. PAULA KLACHKO

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PAULA KLACHKO

paula 3Quedará en el baúl de los recuerdos del folklore político argentino el reto de patrón de estancias que nos propinó Macri a las y los argentinos al día siguiente de la paliza electoral que recibió en las PASO (elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias) del domingo 11 de agosto. Luego de abandonar el dólar a su suerte pudiendo intervenir desde el banco central para regular su precio como lo dicta el acuerdo con sus jefes del FMI, volver a aumentar locamente las tasas de interés y generar la caída en la bolsa, nos echó la culpa de todo eso a las y los electores porque votamos mal, y al kirchnerismo por el gobierno que tuvo hace 4 años y el que tendrá a partir de diciembre. Pero de todas las barbaridades que dijo, hay una que resaltó mas porque constituye el anhelo político de la clase dominante para un país presidencialista con un importante grado de desarrollo capitalista, dependiente, claro, como la Argentina. A saber, que tenemos que ser como Chile donde, con un férreo control social, vigilancia y disciplinamiento, la sociedad vota entre dos opciones que se disputan la administración del mismo modelo neoliberal: el heredado de los Chicago boys de Pinochet.

Si analizamos las propuestas que se disputaron en cada batalla electoral presidencial desde el regreso de los procedimientos democráticos en 1983, tendremos herramientas para ver si, como dice el presidente caído en desgracia, estuvimos mejor cuando éstas consistían en elegir quienes iban a administrar el mismo modelo de concentración del capital y despojo del pueblo o cuando se pusieron en confrontación dos modelos diferentes de país. Hagamos historia.

1983: democracia o dictadura

A la salida de la dictadura cívico militar, en 1983, por supuesto que la contradicción “democracia o dictadura” teñía el clima político de la época. Y el pueblo elector tendió a apoyar a aquella opción que entendía podía fortalecer mas una nueva institucionalidad democrática y el respeto a los derechos humanos.

Después de la llamada “primavera democrática” con su auge en el juicio a las juntas militares, los tibios intentos reformistas del alfonsinismo espantaron al Dios de Macri: el mercado, que necesitaba culminar el plan económico que la dictadura había comenzado.

Así la llamada “patria contratista” (grandes grupos económicos enriquecidos con el terrorismo de estado entre la que tuvo un lugar predilecto la famiglia Macri) generó un proceso hiperinflacionario que precipitó la salida de Alfonsín y mediante el shock social creado por la virtual desaparición del dinero y del salario (principales mediaciones de las relaciones sociales en el capitalismo) posibilitaron el retorno del proyecto oligárquico en 1989, de la mano de un peronismo metamorfoseado por aquel. Como bien lo ha explicado la economista venezolana Pasqualina Curcio, la hiperinflación es un arma imperial.

1989: hiperinflación o estabilidad

El proyecto neoliberal que se asentó con la convertibilidad, la liberalización del comercio exterior y el proceso de privatizaciones a partir del 91, tal como el que tuvimos que soportar durante los últimos 4 años, consistió fundamentalmente en acelerar la concentración y centralización del capital, entregando los bienes sociales y naturales a los monopolios extranjeros y generando condiciones para maximizar la explotación del trabajo. Lo que multiplicó la “población sobrante” desde el punto de vista del capital.

De manera que en el 89, la batalla electoral se construyó desde las usinas del poder apelando a la vieja figura de “yo o el caos”, es decir: “hiperinflación o estabilidad”. Bajo esa trampa se disputaron las elecciones en toda la década del 90.

1995 y 1999: la administración del modelo neoliberal

Así el fantasma de la hiperinflación y el caos utilizado como arma de terrorismo económico para ocultar la fenomenal transferencia de ingresos hacia el capital mas concentrado, inclinó la balanza popular a favor de su verdugo en 1995, así como en las elecciones de medio término del 97, en las que irrumpió la Alianza entre el viejo radicalismo y el nuevo FREPASO que venía a reciclar al bipartidismo para disputarse durante 10 años con ese PJ prostituido quién administraría el mismo modelo neoliberal. 

Al igual que en las presidenciales de 1995, en las de 1999 se jugó la misma batalla y asumió un rápidamente desgastado Fernando de la Rúa, que nos recuerda a Macri por su desconexión con la realidad, por tener al FMI como única utopía y por el rápido descreimiento popular que se gana. Es importante mencionar que el repudio popular al modelo neoliberal y quienes lo administraban se expresaron en las urnas en las elecciones legislativas de 2001 con el boom del llamado voto bronca (en blanco o anulado). De la Rúa será recordado por haber huido en helicóptero, como otros presidentes latinoamericanos que hambrearon a los pueblos, en medio de una insurrección popular con la que escribimos historia y un profundo quiebre al interior de las clases dominantes.

La aguda crisis económica y de representación política (crisis hegemónica) y los reclamos populares que emergieron de ese proceso de lucha modificaron los escenarios electorales. Seguir leyendo LAS BATALLAS ELECTORALES EN LA ARGENTINA: 1983-2019. PAULA KLACHKO