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LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES. JAMES O’BRIEN

JAMES O’BRIEN / LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES*

Introducción

James O’Brien

Sherlock Holmes es el personaje más reconocible en toda la literatura. La primera historia de Sherlock Holmes, Estudio en escarlata (STUD) se publicó en 1887. Hoy, más de 125 años más tarde, cuando se ve una gorra de doble visera en un libro, una película, un anuncio en televisión o en una valla publicitaria, el público automáticamente piensa en «Sherlock Holmes». Viejas películas se pasan por televisión una y otra vez. Nuevas películas se hacen con regularidad. Se representan obras por todo el país y todo el mundo. Editoras respetables publican revistas sobre Sherlock Holmes. Hay incluso varias enciclopedias sobre Sherlock Holmes (Tracy 1977; Bunson 1994; Park 1994). Aunque limitadas a las sesenta historias originales escritas por Arthur Conan Doyle, los fans de Sherlock Holmes buscan con avidez nuevas historias de Holmes escritas por supuestos Conan Doyles. Ellos llaman «pastiches» a tales historias y son blancos fáciles incluso para la literatura marginal. Los pretendidos autores basan frecuentemente sus historias en uno de los más de cien casos mencionados de pasada por Doyle sin hacer un relato completo de los mismos (Redmond 1982, XV; Jones 2011). Por supuesto, también son codiciadas las «historias sobre las historias». Existen numerosas sociedades Holmes en los Estados Unidos y en todo el mundo. En los Estados Unidos, la máxima aspiración de un fan de Sherlock Holmes es recibir una invitación para ser un «Baker Street Irregular», un grupo aparentemente tan singular como los golfillos de la calle de Holmes de quienes toman su nombre.

¿A qué se debe todo esto? Una razón del atractivo de Holmes es que es un personaje con defectos. Por ejemplo, contrariamente a la imagen que se suele tener, él no siempre resuelve correctamente sus casos. Admite que fracasó cuatro veces. Cuando el lector lee una historia de Sherlock Holmes no puede estar seguro de que se vaya a resolver, pues incluso el maestro de detectives falla a veces. Otro defecto es su bien conocida drogodependencia, de la que se discute más habla adelante.  Seguir leyendo LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES. JAMES O’BRIEN