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LA MIRADA SOCIOLÓGICA. GRAZIELLA POGOLOTTI

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“El jefe de la playa”, niño de la favela Rocinha, en Brasil. (Foto: Iris Della Roca)

GRAZKIELLA 2Afianzada en la Revolución Industrial con la invención de la máquina de vapor, la producción en serie y el consiguiente afán competitivo por garantizar el dominio del mercado mundial tuvieron sus efectos, a ritmo acelerado, sobre la vida de la sociedad. El hollín lo fue invadiendo todo. Las ciudades empezaron a crecer de manera acelerada.  El proletariado se constituyó como clase social. El cambio vertiginoso repercutió en el auge de las ciencias sociales.  La historia modificó su perspectiva, la economía devino referente indispensable, la sicología, la antropología y la sociología adquirieron autonomía. Esta última permeó con su influjo otras disciplinas.

Abaratado el costo del papel, la prensa captó un nuevo público lector. Introdujo el folletín en sus páginas. Era el antecedente de la actual telenovela. Con la aparición de gigantes de la creación literaria, la narrativa alcanzó un auge sin precedentes. El romanticismo social primero y la proliferación del costumbrismo más tarde, difundido este último a través de la novela, aguzaron la mirada sociológica. Los personajes se movían en un contexto específico.

La perspectiva histórica dejó atrás el pasado para modelar el enfoque del presente. Afloraron las contradicciones vigentes en el hacer cotidiano y la exacerbación del individualismo en la lucha por sobrevivir, por acumular poder y fortuna y por ascender en la escala social. Poco leído en la actualidad, Dickens se convirtió en best seller de la época al mostrar el drama de la infancia desamparada en el entorno de la ciudad, captada por la delincuencia y víctima de la prisión por deudas que los castigaba junto a sus padres. Balzac advirtió sobre el dominio del mundo financiero, enriquecido mediante la usura y la consecuente desaparición del pequeño comerciante. Muy seguido otrora por los lectores de tabaquería, Emilio Zola quiso sistematizar el análisis. Articuló la secuencia de sus novelas a una genealogía familiar que le permitía centrar cada una de ellas en un sector específico de la realidad.

En una de sus novelas, Zola examina la seducción ejercida sobre las mujeres por el surgimiento de las primeras tiendas por departamento. Encargadas, según la tradicional división del trabajo, de atender las tareas domésticas, ellas asumen también la responsabilidad de adquirir lo necesario para el hogar. Apremiadas por una necesidad concreta, acuden a la vitrina deslumbrante que ofrece toda clase de tentaciones. A la compra de lo indispensable, se añade lo prescindible, con la aparente ventaja de disponer de una tarjeta de crédito.  Al no tener que extraer dinero del bolso, pierden la noción de lo gastado. Caen en el despeñadero de la deuda que, al cabo, resultará impagable. Era la célula originaria de la política de incentivar el consumismo, desencadenada más de medio siglo después, modo de soslayar las crisis de superproducción características del capitalismo mediante el acrecentamiento constante de la demanda, con sus efectos depredatorios de los bienes del planeta.

Como la historia y la sicología, la sociología se constituyó en ciencia. Abrió perspectivas que desbordaron el campo de los especialistas, influyeron en el llamado periodismo de investigación y pueden contribuir a modelar la mirada de los ciudadanos mejor informados. Ese acercamiento a la realidad replanteaba la compleja naturaleza del vínculo entre el individuo y la sociedad.  Considerado sujeto de la historia, el ser humano edifica sus expectativas de vida a partir de un conjunto de condicionantes, entre las que se cuentan la raigambre clasista, el ambiente familiar y el sistema de enseñanza.

Sobre la conciencia de cada cual actúan otros factores, entre los que se destacan los medios de comunicación, el entretenimiento, la utilización del tiempo libre y la formación de paradigmas. Tiempo atrás, en las favelas misérrimas, donde se carecía de lo esencial, apuntaban las antenas de la televisión. Ahora, en similar contexto, pululan los celulares. Ofrecen vías de escape, proyectadas hacia un mundo ilusorio que no es el propio. La propuesta de modelos de carreras hacia el éxito individual sustituye la imagen de un vivir virtuoso en la lucha por transformar la realidad en beneficio de todos.

Se olvida con frecuencia que entre los fundadores de la ciencia histórica se encontraban Marx y Engels, quienes pusieron el saber al servicio de la revolución emancipadora. El poder hegemónico comprendió el alcance de ese modo de explorar la realidad y encontrar las fórmulas  para intervenir en ella operando sobre la subjetividad humana. La política tiene que potenciar la esencial condición revolucionaria de las ciencias consagradas al estudio de la sociedad, fenómeno viviente y, por tanto, mutante. Es una demanda urgente para calibrar en su justa medida la concreción de los hechos, sin diluirlos en vagas generalizaciones. En las reivindicaciones de los «condenados de la tierra» reside la preservación del futuro de la humanidad. Porque una vez agotadas las reservas de la minúscula Tierra no dispondrá de otro planeta donde habitar.

Fuente: JUVENTUD REBELDE

EL IMPALPABLE FLUIR DE LA VIDA. ÍTALO CALVINO

Italo Calvino

ÍTALO CALVINO

En el siglo XVIII, Voltaire, partiendo de un total pesimismo objetivo, de una noción de naturaleza y de historia que no estaban iluminadas por el rayo de luz de alguna providencia, había sentado las bases para un optimismo subjetivo, confiado en las suertes de la batalla emprendida por la razón humana. Después de él, el pesimismo de las cosas corroe cada vez más los límites de este optimismo de la razón haciendo que la posición del hombre sea cada vez más precaria.

La derrota, la vanidad de la historia, la imposibilidad de comprender la vida dentro de un esquema racional, serán los motivos de fondo que dominarán en la gran narrativa de la mitad del siglo XIX en adelante, hasta llegar a nuestra época, en que la absurda atrocidad del mundo se convertirá en un punto de partida común para casi toda la literatura.

Es fácil interpretar esta parábola -desde el primer desbordamiento de energías humanas de los grandes escritores de las generaciones románticas hasta el sentido de inutilidad del todo que se extiende cada vez más- refiriéndose a la historia de una clase burguesa que va perdiendo el impulso inicial de su revolución económica y política y que ya no sabe expresar otras profecías más que las de su propia crisis. Pero esto nos limitaría a hacer una lectura achatada y sin sorpresas: el color de la concepción del mundo es casi siempre el del que los tiempos dan al escritor, pero sólo es un decorado, un escenario; lo que interesa es saber qué es lo que se le pide al hombre, y, partiendo de esto, qué fuerzas se demandan. Por lo demás, ni Stendhal, ni Pushkin ni Balzac, con toda su energía, eran optimistas; y de la misma forma queremos decir que también de los escritores más negativos y desolados se puede sacar una lección de firmeza y valor.

Es un hecho que cuando con Flaubert la literatura realista alcanza su cota máxima de fidelidad a los datos de la experiencia, el sentido que se desprende es el de la futilidad del todo. Tras haber acumulado minuciosos detalles y construido un cuadro de perfecta veracidad, Flaubert nos da en los nudillos mostrando que debajo está el vacío, que todo lo que ocurre no significa nada. Lo más terrible de esa gran novela que es La educación sentimental consiste en esto: durante centenares y centenares de páginas se ve transcurrir la vida privada de los personajes o la vida pública de Francia, hasta que se siente que todo se deshace entre los dedos como si fuera ceniza. Y hasta en Tolstói, el mayor realista que haya podido existir, hasta en Guerra y paz, el libro más plenamente realista que se haya escrito, ¿qué otra cosa es lo que realmente nos da ese soplo de inmensidad sino el pasar del charloteo de un salón principesco a las voces rotas de un campamento de soldados, como si estas palabras nos llegaran de otro planeta, a través del espacio, como un zumbido de abejas en una colmena vacía?

Vemos, pues que ya no son las acciones y las pasiones humanas la fuerza motriz de la narrativa, sino el impalpable fluir de la vida: los susurros y crujidos que se elevan en el límpido cielo entre las casas de los pescadores de Aci Trezza en la Malavoglia, o también el entrelazarse de los largos períodos de Proust, siguiendo el curso de las sensaciones, de los deseos: de las ansias perdidas, tratando de detener imágenes de rostros, de lugares y de días que tiemblan, se alargan y cambian de dimensión como el resplandor de la luz de una vela. En este fluir que es naturaleza e historia a la vez, la individualidad humana queda sumergida, pierde los contornos que la separan del mar del otro.

Fuente: Italo Calvino, Naturaleza e historia en la novela

Tomado de; CALLE DEL ORCO